SC10223-2014 [2005-01034-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

                         CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado ponente  

SC10223-2014  

Radicación    n.°  11001-31-10-013-2005-01034-01   

Bogotá, D. C., primero (1°) de agosto de dos  mil catorce (2014).   

          Se   decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  parte  demandada  contra la sentencia proferida el 24 de febrero de 2011 por la Sala de  Familia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bogotá, dentro del  proceso  ordinario  instaurado  por  Sonia  Yadira y Claudia Rocío Silva Murcia  frente  a Ligia Mejía de Silva, Clemencia, Martha Lucía, Ligia y Andrés Silva  Mejía.   

1.  ANTECEDENTES   

          1.  Solicitaron  las  actoras declarar que son hijas y herederas del  causante  José  Roberto  Silva  Rojas,  con  derechos  iguales  a  los  de  los  demandados   Clemencia,  Martha  Lucía,  Ligia  y  Andrés  Silva  Mejía  y  a  cualquiera  otro  heredero  sobre  los  bienes  por  él dejados, por derecho en  proindiviso  con éstos y en la proporción legalmente correspondiente, sobre la  herencia y los frutos civiles que la misma produzca.   

          2.  Fundamentaron  las  pretensiones  en los hechos que enseguida se  compendian.   

          a)  José  Roberto  Silva Rojas, por casi 50 años y hasta su muerte  el  19 de marzo de 2005, tuvo relaciones sexuales con Flor María Murcia, de las  cuales  nacieron  en 1961 y 1963 Sonia Yadira y Claudia Rocío, respectivamente,  a  quienes  siempre  atendió  económica,  afectiva  y  moralmente, pero no las  reconoció como hijas.   

          b)  El  fallecido  estuvo  casado con Ligia Mejía, con quien formó  sociedad  conyugal,  disuelta   a  raíz  de  su  deceso, vínculo del cual  nacieron  los demandados determinados. La pareja adquirió los bienes enlistados  en  el libelo, los cuales producen frutos, pero ignoran si se ha abierto proceso  sucesorio      del      de      cujus.   

          3.   Los  opositores  contestaron  la  demanda  oponiéndose  a  las  pretensiones;  y  en  cuanto  a  los  hechos,  negaron que el finado haya tenido  relaciones  con  la  progenitora  de las demandantes y que los bienes produjeran  frutos;  admitieron  los  relativos  al matrimonio, a la sociedad conyugal, a su  disolución  y  a  los  hijos  habidos  en  él.  De  los  restantes  dijeron no  constarles.      Adujeron      como      excepción      la      “prescripción  ordinaria de la acción”,  fundada como aparece a folios 84, 143, 161 y 190, 191, 193 y 194.   

          4.   Mediante  auto  de  30  de  octubre  de  2006  el  a  quo  aceptó el desistimiento que hizo  el   extremo  activo  de  la  demanda  y  sus  súplicas  contra  los  herederos  indeterminados   de   José   Roberto  Silva  Rojas1.   

          5.  Por  sentencia  de  25 de septiembre de 2009 el Juzgado Trece de  Familia  de  Bogotá  desestimó  la excepción; declaró que Sonia Yadira Silva  Murcia  era  hija  de  José  Roberto  Silva  Rojas,  con  «(…)  derecho  a  heredar  a  su  padre  (…),  en  su  calidad  de hija  extramatrimonial»;     y     con    «(…)  el  mismo  derecho  sobre los mayores valores percibidos por  los  bienes  relictos  dejados por el causante»; negó  las súplicas de la otra promotora.   

          6.   Al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  los  contradictores,  el  ad quem  en fallo de 24 de febrero de 2011 lo confirmó.   

2.  LA  SENTENCIA  DEL  TRIBUNAL   

          2.1.  Puntualizó  que  la  alzada  se  ceñía,  exclusivamente,  a  determinar  si  era  menester,  acorde  con  el  artículo  81  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  la  vinculación de los herederos indeterminados, y si el  litisconsorcio  por  pasiva estaba deficientemente integrado por haber desistido  de  ellos  las actoras, de tal modo que impusiera una resolución inhibitoria, y  no estimatoria o desestimatoria.   

          2.2.  En  esa  dirección, apoyado en precedentes de esta Sala, hizo  ver  cómo  en los pleitos de investigación de paternidad la decisión de fondo  tenía   efectos   absolutos  erga  omnes  cuando  se  producía  frente  a  legítimos  contradictores   –padre e hijo–   y,  relativos  si,  luego  del  deceso  del  pretendido  progenitor,  se  adelantaba  de cara a los herederos de  éste,  por  cuanto,  conforme a las normas sustanciales, según lo previsto por  el  artículo  332  ibídem,  para  los  asuntos atañederos al estado civil lo resuelto solo afectaba a quien  había sido formalmente vinculado a la contienda.   

          2.3.  Al  no  tratarse  de un litisconsorcio necesario, era inviable  emitir  decisión  inhibitoria;  y  como a esto se limitó el descontento de los  apelantes,   confirmaba   la   que  había  sido  objeto  de  alzada,  sin  más  motivaciones.   

3.   LA   DEMANDA  DE  CASACIÓN   

          Dos   cargos   proponen   los   recurrentes  contra  la  providencia  combatida;  el  inicial  amparado  en  la  causal  quinta de las previstas en el  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil, y el siguiente, apoyado en la  primera  de  este  precepto;  la Corte los desatará en conjunto, por cuanto los  principales   motivos   son   comunes   a  uno  y  otro.       

CARGO   PRIMERO   

          Acusan  la  sentencia de haber sido dictada en un proceso viciado de  nulidad,    por    falta    de    motivación    respecto   de   la   paternidad  declarada.   

          1.  Después  de  advertir  que  la  obligación de motivar el fallo  subsiste     a     la     luz     de    los    artículos    304    ibídem y 228 de la Carta Política, cuya  inobservancia  vulnera  el  artículo 29  por quebrantar el debido proceso,  que   invalida   la   actuación,   y  luego  de  editar  cuanto  en  su  sentir  jurisprudencia  y  doctrina  dicen sobre el particular, los acusadores hacen ver  cómo  su  omisión infringe el aludido derecho y genera nulidad alegable según  la  causal  5ª del artículo 368 ejúsdem.   

          2.   Yendo   al   caso,   dicen   que  el  Tribunal,  basado  en  la  justificación  según  la cual la inconformidad de los apelantes se redujo a la  integración  del  contradictorio  con  los  herederos  indeterminados  de José  Roberto,   destinó  su  laborío  a  definir  el  punto,  y  seguidamente,  sin  motivación    alguna   estimó   que   no   eran   necesarias   consideraciones  «(…)  sobre  el  reconocimiento  de  la paternidad  extramatrimonial  declarada a favor de la codemandante Sonia Yadira Silva Murcia  (…)»2.   

          Con  esa  orientación, manifiestan entonces que de los escritos con  los  cuales la parte demandada sustentó la alzada no se establece que haya sido  limitada  a  la integración del litisconsorcio de que trata el artículo 81 del  Código  de  Procedimiento  Civil.  No  podía  el  ad  quem  agotar  su  competencia  con el análisis de las  razones que sirvieron para confirmar la paternidad.   

          Si  la inconformidad procesal allí consignada los opugnadores no la  extendieron  a  otros  aspectos,  también  es  cierto  que  en esos escritos no  expresaron  que  tal  tema  fuera  el único que los afectara, de modo que al no  prosperar  su  insatisfacción sobre dicho aspecto, el fallador quedara excusado  de  examinar  la  legalidad  de la filiación, pues conforme al artículo 357 la  apelación  se  entiende interpuesta en lo desfavorable al impugnante, y si bien  según  el  352 del Código de Procedimiento Civil se debe sustentar el recurso,  su  acatamiento  no  recorta  la  competencia  del  superior  para  decidir más  allá.   

          Por  tanto,  cuando  el  Juez de segundo grado consideró que por no  haber  extendido  su  disentimiento  al  aspecto  sustancial  de la controversia  quedaba  exculpado  de  analizarlo, dejó sin motivación la confirmación de la  declaración  de  paternidad  que  la  sentencia de primera instancia hizo, pues  solo  estableció  la concurrencia de los presupuestos procesales para emitir un  fallo  de  mérito, cuando le correspondía, de acuerdo con los artículos 304 y  357  citados, dar las razones por las cuales patentaba la decisión desfavorable  a  los  demandados,  dado  que  la  mera  confirmación  no significa que aquél  hubiese  acogido  el  fundamento del a quo ni siquiera tácitamente.   

          Afirman  que  del  modo  señalado,  el  sentenciador,  incurrió en  nulidad  por  falta  de  motivación  del  fallo,  para cuya deprecación están  legitimados,   por  cuanto  les  impide  conocer  y  controvertir  los  soportes  confirmatorios  de  la  filiación,  y  que  el vicio no ha sido saneado, ya que  surgió    con   la   señalada   providencia,   razón   por   la   cual   debe  reconocérsela.   

          CARGO SEGUNDO   

          En  éste  atacan  la sentencia por quebrantar, de manera indirecta,  los  artículos  1321,  1322,  1323,  1324  del  Código  Civil, por aplicación  indebida;   152   ejúsdem,  modificado  por  los  artículos 1° de la Ley 1ª de 1976 y 5° de la Ley 25 de  1992,  1820  de  la misma codificación, reformado según el 25 de la Ley 1ª de  1976,  y  1828  ibídem, por  falta  de  aplicación,  como consecuencia de los errores de hecho cometidos por  el juzgador en el manejo de las pruebas.   

          1.   A  vuelta  de  aludir  a  las  acciones  judiciales  ejercidas,  transcribir  algunas  de  las súplicas, señalar ciertas resoluciones adoptadas  en  el fallo de primera instancia, aseverar que esa decisión fue impugnada solo  por  la  parte  opositora,  y  de  afirmar  que la sentencia combatida carece de  argumento   en   cuanto   se   relaciona  con  la  ratificación  que  hizo  del  reconocimiento  de  la paternidad y de la petición de herencia; hacen ver cómo  el   ad  quem,  cuando  la  confirmó,  implícitamente  acogió  y  compartió  las  bases del a   quo;   es   decir,  hizo  suyos  los  argumentos de éste sobre el particular.   

          Con  ese  cardinal  entendimiento,  no  sin  antes  traer  un pasaje  jurisprudencial  en  torno del artículo 1321 del Código Civil y de apuntar que  el  cónyuge  supérstite  no  es heredero del causante, ni siquiera cuando opta  por  porción conyugal, aseveran que la resolución judicial, es el resultado de  los  errores  de  hecho cometidos en el manejo de las pruebas que discriminaran,  al  extender los efectos patrimoniales de la petición de herencia a la cónyuge  sobreviviente.   

La  sola  prosperidad  de  la  filiación no  conlleva  el  despacho  favorable  de  la  acción  petitoria, menos frente a la  cónyuge,  pues  para ello es necesario que el actor muestre cómo el demandado,  ostentando  la condición de heredero, ocupa todo o parte del acervo para que se  ordene  la  restitución,  si  su condición es prevalente, o su readjudicación  con  el  demandado,  si  es  concurrente  con  la  de  aquél.      

          2.  El  Tribunal  no  vio  que  en la sucesión de José Roberto, la  cónyuge   optó   por  gananciales  en  su  condición  de  socia  conyugal,  y  “(…)   no  es persona que esté ocupando los bienes que le correspondieron  en     la     liquidación     de     la     sociedad     (…)     –como  consecuencia  de la disolución  del    matrimonio    por    causa    de   muerte-   como   heredera   de   dicha  sucesión”3.   

          En  auto  de  25  de  agosto  de 2005, el Juzgado Doce de Familia de  Bogotá  declaró  abierta  dicha sucesión y reconoció a Ligia Mejía de Silva  como  cónyuge  sobreviviente, quien optó por gananciales conforme al artículo  594    del    Estatuto   Procesal   Civil.   El   ad  quem  omitió  reparar  que en el trabajo partitivo se  liquidó  la  mentada  sociedad  y  sobre los gananciales del difunto se hizo la  partición  de los bienes entre sus herederos conocidos; también se sustrajo de  observar  que  aquel  Juzgado  en  sentencia  de  16 de junio de 2006 aprobó la  liquidación  de  la  sociedad  conyugal  formada  entre Silva Rojas y Mejía de  Silva,   y   la   partición   de   los   bienes   del   causante,   entre   sus  herederos.   

          De  no  haber  incurrido  en  tales  dislates,  el  fallador habría  deducido  que  la  cónyuge no recibió del haber hereditario ningún bien y que  al  no  ser  heredera  no  estaba  legitimada  para  contradecir la petición de  herencia  ni  era  sujeto  pasible  de ninguna de las declaraciones inherentes a  ésta,  y  que,  por  ende,  la  adjudicación  y  la  restitución de las cosas  hereditarias  “(…)  no podía hacerse extensiva a  los  bienes  recibidos  por  ella  a  título de gananciales y, por lo tanto, no  podía  afectarla, en tanto los bienes que le fueron adjudicados no los recibió  a   título   de   heredera,   sino   como   socia   de   la  sociedad  conyugal  (…)”4.   

          3.  Como  consecuencia  de  las descritas equivocaciones, el Juez de  segundo  grado  dispuso  que  Sonia  Yadira  tenía derecho a heredar a su padre  “(…)  con  los  inherentes derechos patrimoniales  que  esto  conlleva  y  en  la  proporción  que  la  ley determina. Es menester  precisar  que  los  derechos patrimoniales de (…) Sonia Yadira no se limitan a  los  bienes  hereditarios  dejados  (…) por el causante, sino igualmente a los  mayores   valores   (…)   percibidos   por   la  herencia  como  universalidad  jurídica”5, violando así las normas identificadas en el cargo.   

4. CONSIDERACIONES  

          4.1.  Uno  de  los  motivos que el legislador tiene establecido para  procurar  obtener,  en  vía  de  casación,  el  aniquilamiento de la sentencia  censurada,  conforme  a  la  causal  quinta  del  artículo  368  del Código de  Procedimiento  Civil,  radica  en  que  al  asunto  le aqueje, cuando menos, una  anomalía  tal que con arreglo a la misma normatividad procesal determine alguna  de las causales de anulación taxativamente establecidas.   

          El  estatuto  procesal  destina el Capítulo II del Título XI de su  libro  segundo  a  regular las nulidades, compuestas por normas que enlistan las  causas  que  las  generan  en todos los procesos y en algunos especiales, de las  oportunidades   para   alegarlas,   de   la   forma   para   declararlas  y  sus  consecuencias,   y  de  los eventos llamados a sanearlas; en este contexto,  los artículos 140 y 141 señalan los motivos de anulación.   

Por el principio democrático que permea toda  la   estructura   jurídica   del   Estado   Social   de  Derecho,  la  doctrina  jurisprudencial  de la Corporación, de vieja data, admite como circunstancia de  invalidez  la  falta  de motivación del fallo, a condición de que tal carencia  sea rotunda.     

          El  ordenamiento  impone  al funcionario suministrar las razones con  base  en  las cuales emite resoluciones judiciales de fondo, por cuanto son esos  motivos  los  que  precisamente  permiten  conceptuar sobre la juridicidad de la  respectiva   decisión.   Así,   los   artículos   303   y   304  ejusdem estipulan:   

«(…)  a  excepción  de los autos que se  limiten  a  disponer  un  trámite,  las providencias serán motivadas de manera  breve   y   precisa   (…)»  y  que  «en  la  sentencia  (…)  [l]a  motivación  deberá limitarse al examen crítico de las pruebas  y   a  los  razonamientos  legales,  de  equidad  y  doctrinarios  estrictamente  necesarios  para  fundamentar  las  conclusiones,  exponiéndolos con brevedad y  precisión,   y   citando  los  textos  legales  que  se  apliquen».     

Varios   principios   y  derechos  en  los  regímenes  democráticos  imponen  la  obligatoriedad  de  motivar la sentencia  judicial:  el de publicidad porque asegura la contradicción del fallo y muestra  la  transparencia con que actúan los jueces, pues si hay silencio en las causas  de  la  decisión no habrá motivos para impugnar; el de racionalidad como medio  para  disuadir  el  autoritarismo  y la arbitrariedad; el de legalidad porque el  fallo  debe  estar  afincado  en  las normas aplicables al caso y en las pruebas  válidamente  recaudadas;  los  de  seguridad  jurídica y confianza legítima y  debido  proceso,  entre  otros,  para  materializar  el  principio de igualdad y  aquilatar el Estado constitucional.   

El principio de publicidad, también conocido  como  el  de  conocimiento  del  proceso,  propende,  siempre,  y sin excepción  alguna,  porque  las  actuaciones  surtidas   en el seno de una determinada  controversia  judicial  sean  difundidas  o  conocidas por la comunidad y por el  núcleo  de  quienes  deben  acceder  a  su  curso  o de quienes tienen interés  directo,  salvo  las  restricciones  impuestas  por el ordenamiento. Procura que  partes   e  intervinientes  puedan  defender  de  modo  adecuado  sus  derechos,  ejerciendo las facultades previstas en la ley.   

Este  postulado  permite construir el debido  proceso,  en  tanto  y en cuanto posibilita la adecuada defensa de los intereses  sometidos  a  decisión  judicial,  y evita las injusticias de las tramitaciones  secretas,  aún  vigentes  en  algunos regímenes despóticos. Por el contrario,  hoy, la publicidad es fuente de transparencia.   

El  deber de motivar toda providencia, salvo  las  que  tengan  por  única  finalidad  impulsar  el  trámite,  reclama  como  presupuesto  sine  qua  non,  que  la  jurisdicción  haga  públicas  las  razones que ha tenido en cuenta al  adoptar  la  respectiva  resolución,  de  tal  manera que tras conocérselas se  tenga  noticia  de  su  contenido  para que no aparezca arbitraria, caprichosa y  antojadiza,  sino producto del análisis objetivo y reflexivo, de los diferentes  elementos  de  juicio  incorporados al plenario, dentro del marco trazado por el  objeto y la causa del proceso.   

          En la dirección expuesta la Sala ha adoctrinado:   

«(…) el principio de la motivación de la  sentencia  no  aparece  en  forma  expresa en la Constitución Política de 1991  (…)»;   empero  «(…)  surge  del  principio  de  publicidad de la actuación judicial, explícitamente  reconocido  por  los  artículos  29 y 228, porque con ella se da a la luz, a la  publicidad,  las  razones  de  convencimiento  que  tuvo el juez para adoptar la  decisión,  permitiendo  desterrar  de  la  sentencia  la  discrecionalidad y la  arbitrariedad,  haciendo  de  ella una obra razonable y racional (no emocional),  que  por  contera  garantiza  el  control del fundamento de la decisión por las  partes,  el  juez  de  la impugnación y la opinión pública en general, según  explicación  de  Liebman.  De manera que la motivación de la sentencia es  una  exigencia  que se entronca con el propio Estado Social de Derecho, en tanto  se  constituye  como  un  factor legitimante de la actividad judicial, siempre y  cuando  guarde  coherencia  y  tenga fuerza persuasiva, pues a partir de ella se  hace  la  jurisprudencia,  que no es otra cosa que el imperio de la ley aplicado  al  caso  particular.  Por  consiguiente, esa motivación debe ser concreta y en  relación  con  el  caso,  porque  la jurisprudencia debe ser concebida desde el  problema  y  “sus  conceptos  y  sus proposiciones tienen que estar ligados de  modo   especial  con  el  problema”»  6.   

          La  jurisprudencia  de  esta Corte, en coherencia con lo sostenido y  con  el  inciso  sexto  del artículo 142 del Estatuto Procesal Civil, según el  cual  «la  nulidad  originaria  en  la sentencia que  ponga  fin  al  proceso,  contra  la  cual  no  proceda recurso, podrá alegarse  también  en  la  oportunidad y forma consagradas en el inciso 3°»,  admite  la  posibilidad  de  que  la  ineficacia  procesal  pueda  originarse  en la sentencia, entre otras razones, por falta de motivación; pero  condicionada  a  la  carencia radical, absoluta y total, por cuanto una omisión  de  tales características «(…) va de frente contra  lo  que  constitucional  y legalmente se consagra como una de las más preciosas  garantías  individuales,  cual es la de que a las partes se les permita conocer  las  razones,  los argumentos y los planteamientos en que se edifican los fallos  jurisdiccionales»7.   

          A      contrario     sensu,  cuando  la  sentencia está motivada, así sea en medida mínima,  lacónica,    parca   o   confusa,   el   vicio   in  procedendo  no  se configura, porque lo sancionable no  es  nada  de  ello,  sino,  itérase,  el  hecho  de que el sentenciador se haya  sustraído  rotundamente  de  dar  las  razones  que  expliquen  o  que permitan  conocer,   a   ciencia  cierta,  el  porqué  de  la  decisión,  «(…)  desde luego que el razonamiento confuso, deficiente, escaso,  exiguo,  incompleto, insuficiente o parco no traduce ni conduce a significar que  el    fallo    carezca    de    fundamentación»8.   

          4.2.  Según  el  cargo primero, para los opugnadores la providencia  es  nula  porque  en  ella  no  se  motivó  la  confirmación  que  hizo  de la  declaración  de  paternidad  que  el de primera instancia había establecido en  relación  con la demandante Sonia Yadira.  Este aserto no concuerda con la  realidad,  por cuanto, como ellos mismos lo admiten a lo largo de la acusación,  el  Tribunal  suministró  las  razones  por las cuales redujo su exposición al  ámbito, en últimas, allí plasmado.   

          Por  adelantado  explicó,  que  la  alzada  había  sido  limitada,  únicamente,  a  determinar  si  era  menester,  acorde  con el artículo 81 del  Código  de Procedimiento Civil, la vinculación de los herederos indeterminados  del  difunto, y si el litisconsorcio por pasiva estaba mal integrado por haberse  desistido  de ellos, de tal modo que impusiera una resolución inhibitoria, y no  de  fondo.  Finalizó  sosteniendo  que  al  no  tratarse  de  una  integración  obligada,  era  imposible  emitir  sentencia  inhibitoria,  y que como a esto se  circunscribía  el  descontento de los apelantes, forzosamente confirmaba la que  había    sido    objeto   de   alzada,   sin   más   razones,   por   no   ser  necesarias.   

          El  ad  quem no  solo  explicó  la  razón  por  la  cual  se  contraía,  con  exclusividad,  a  escudriñar  lo  atinente  al litisconsorcio por pasiva, sino que expresó, a la  par,  su sentir acerca de este último tópico. Por consiguiente, si de ese modo  hizo  pública  su convicción sobre lo que estimó era objeto de la competencia  específica  que  le  concernía,  mal hacen los opugnadores en atribuirle haber  proferido  un fallo sin motivación, incluida la declaración de filiación y de  petición  de  herencia, pues aquellas expresiones, aunque pudieran tildárselas  de  escasas,  permiten  entender,  sin  hesitación  alguna,  la  razón  de  la  determinación final.     

          Como lo ha señalado la Sala,   

«(…) “…para que sea posible hablar de  falta  de  motivación  de  la sentencia como vicio invalidativo del proceso, se  requiere  que  aquella  sea  total  o  radical”.  O  sea  que  (…) puede ser  perfectamente  posible  “que  en un caso dado a los razonamientos del juzgador  les   quepa   el   calificativo  de  escasos  o  incompletos   –o    impertinentes,    se    agrega  ahora–  sin que por  tal  razón  sea  dable  concluir  que  la  sentencia  adolece  de  carencia  de  fundamentación.   

«Esto,  por  supuesto, se explica no sólo  porque  lógicamente  se  está en frente de conceptos distintos (una cosa es la  motivación  insuficiente  y  otra  la  ausencia  de motivación), sino también  porque  en  la  práctica no habría luego cómo precisar cuándo la cortedad de  las  razones  es  asimilable  al  defecto  de  las mismas, y cuándo no lo puede  ser”  (Cas.  Civ.  29  de  abril  de  1988,  sin  publ.).  (…)  [A]un  cuando  se  pensara  que  todo  el  discurso  del  juzgador apunta exclusivamente hacia la declaratoria de dominio y  que,  por  ende,  quedó  huérfana  de motivación la resolución atinente a la  cancelación  del  gravamen,  no  por  tal circunstancia se podría decir que se  configura  el  defecto  denunciado  (…)  en vista de que el mismo sólo emerge  cuando   es   la   sentencia    –considerada  como  un todo–   la  que  se  tiene como falta de argumentación, lo cual se  infiere  de  lo  prescrito por el inciso final del artículo 303 del C. de P. C.  cuando  dice  que  “a  excepción  de  los  autos que se limiten a disponer un  trámite,  las  providencias  serán  motivadas de manera breve y precisa…”.  Amen  de  que,  por exclusión de lo que preceptúa el artículo 305 ib., la ley  no  exige  que  haya  congruencia  entre  la  parte motiva y la resolutiva de la  sentencia,  lo  que  se traduce en que las reflexiones ofrecidas por el juzgador  pueden  ser  pertinentes  o  no,  pues  en  el  punto  todo  depende tanto de su  sapiencia  como del cuidado que el caso le merezca»9.   

          4.3.  Ahora  bien,  aunque no es aspecto pertinente al análisis que  naturalmente  debe  desarrollarse  para  establecer si el vicio denunciado en el  cargo   primero  se  presentó  o  no,  en  cuanto  hace  al  argumento  de  los  recurrentes,  según  el  cual  de  los  escritos de folios 514 y 84 a 86 de los  cuadernos  1  y 11 no se establece que los opositores hayan limitado la alzada a  la  integración  del litisconsorcio, es decir, en ellos no dijeron que el de la  integración  fuera  el único tema que los afectara, de tal modo que así se le  impidiera  al  fallador  agotar  su  competencia  examinando  la  legalidad  del  reconocimiento  de  filiación, ha de verse cómo tal aseveración no se acomoda  a cuanto en realidad expresa esa particularizada actuación.   

          Ciertamente,   en   el  primero  expresaron  interponer  recurso  de  apelación   a   fin   de   que  se  revoque  en  su  integridad  «(…)   y   en   su   lugar   se   profiera  sentencia  inhibitoria  (…)», y que «(…) desde  ahora (…)» sustentaban   

«(…) brevemente  el  recurso  en  las  siguientes  razones  jurídicas:  De  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  81  del  Código  de Procedimiento Civil, en los  procesos  de  conocimiento, es necesario dirigir la demanda contra los herederos  determinados  si  se  conocen  sus  nombres y contra todos los indeterminados, a  quienes  en el auto admisorio de la demanda se ordenará emplazarlos en la forma  y para los fines dispuestos en el artículo 318 ibídem.   

«No  obstante dicha exigencia procesal, la  parte   actora  desistió  expresamente  de  la  demanda  contra  los  herederos  indeterminados,  petición  que  fue  aceptada  por  el  Juzgado  en auto que se  encuentra  ejecutoriado.  Esto significa que al excluirse de la demanda aquellos  herederos  por  razón  del  desistimiento,  se  desintegró  el libelo quedando  solamente  dirigido  contra los herederos conocidos, lo que pone de presente que  faltó  el  complemento  del  presupuesto  procesal  indispensable  para  que el  Juzgado  pudiera  pronunciarse  de fondo, sin que contrariara como contrario, el  imperativo     expresado   en   el   mentado   artículo   81»10.   

          Y  en  el  segundo  de  los  individualizados  escritos afirmaron la  improcedencia  para dictar sentencia de fondo, en razón de aquel desistimiento,  por  lo cual, se quebrantaba el artículo 81 del Código de Procedimiento Civil,  del  que  se  deduce  que  «sean  conocidos o no los  herederos,   es  imperativo  demandar  a  los  herederos  indeterminados  aunque  distinto   puedan   pensar   otras   altas  instancias  judiciales»,  pues  dicho precepto «es integrador de  los  presupuestos  procesales  que  por  su  naturaleza  es  también  de linaje  procesal (…)» y que   

«(…) el desacato  del  precepto (…) tantas veces mencionado, quebrantó además, el artículo 29  del  orden superior, que consagrada el debido proceso como principio rector para  toda  clase  de  actuaciones (…). En tal virtud la ritualidad de la demanda en  forma,   en   el  sub-júdice,  exige  que  estuvieran  comprendidos  todos  los  demandados  que  la ley procesal señala y que son los herederos conocidos y los  indeterminados.  (…) [C]omo por causa del desistimiento de la demanda respecto  a  los  herederos indeterminados, se dejó incompleto este presupuesto procesal,  que  por  mandato legal, es indispensable para proferir sentencia de mérito, el  fallo  de  segunda instancia tendrá que ser inhibitorio por fuerza de todas las  consideraciones      jurídicas      expuestas»11.   

          Las  transcripciones  antecedentes  muestran  con elocuente claridad  cómo,  contrario  a  lo  pregonado  en el cargo primero, los opositores de modo  expreso  limitaron  el  ámbito  de la alzada al tema relativo a la integración  del  contradictorio  por  pasiva,  sustrayendo  de  tal  trazado  cualquier otro  aspecto.   

          Inclusive,  sin  reparar  mientes no solicitaron el proferimiento de  un  fallo  desestimatorio  de las súplicas de la demanda, sino uno inhibitorio.  El  alegato está circunscrito a develar la ausencia de un presupuesto procesal,  que  por  su  naturaleza  y  según  su  entender  imponía una decisión de esa  índole, y no la denegatoria de las súplicas.   

          La  circunstancia de que en aquellos escritos no hayan expresado que  el  allí involucrado fuese el único tema que los afectara, no significa que la  competencia  funcional  del  Tribunal fuera general o panorámica para auscultar  todos  los  contornos  de la litis, pues si bien es verdad conforme al artículo  357  la  apelación  se  entiende  interpuesta en lo desfavorable al impugnador,  como  así  lo  enfatizan  los  censores en el cargo primero, no lo es menos que  este  mismo  precepto seguidamente recalca que «(…)  el    superior    no   podrá   enmendar  la  providencia en la parte que no fue objeto del recurso (…)»  (negrillas fuera de texto).   

          4.4.   Coherente   es,  entonces,  que  desde  el  pórtico  de  sus  motivaciones  el ad quem haya  puntualizado  cómo  la  alzada se contraía apenas a establecer si era menester  la  vinculación de los herederos indeterminados y si la integración por pasiva  no  era  la  adecuada  por  haber  desistido las actoras de ellos, al extremo de  imponer una resolución inhibitoria.   

          El  artículo 352 del Código de Procedimiento Civil exige sustentar  la  apelación  a  más  tardar  dentro de las oportunidades establecidas en los  artículos   359   y   360,   según   el   caso,  so  pena   de   la   declaración   de  deserción.  Esta  preceptiva,  en  el  mismo  sentido,  ordena al promotor de la apelación que le  exprese  al  juez  de  segundo  grado,  de  modo  específico,  los  motivos  de  insatisfacción  que  tiene  frente  a  la  resolución  judicial  objeto  de su  lamento, en pos de que emita respuesta en torno a ese ámbito.   

          Ello  concuerda  con la parte final del inciso primero del señalado  precepto,    según    el    cual   para   la   fundamentación   «(…)   será  suficiente  que  el  recurrente  exprese,  en  forma  concreta,  las  razones  de  su  inconformidad con la providencia».  Por  supuesto, si quien hace uso del medio de impugnación no pone  al  juez  de  segunda  instancia  al corriente de lo que en verdad embiste de lo  motivado  o  resuelto por el inferior, ese funcionario carecerá de soporte para  establecer  cuál  es,  en realidad, el verdadero motivo, y cuál la extensión,  de la arremetida con lo decidido.   

          Por  efecto  del principio dispositivo que campea a lo largo y ancho  de  esta  especialidad  de la jurisdicción ordinaria, es a las partes a quienes  compete   suministrarle   al   juez   las   razones   por  las  cuales  acude  a  él.   

          Si    bien    es    cierto    el    artículo    357    ibídem    prescribe:    «[l]a  apelación  se  entiende  interpuesta  en  lo desfavorable al  apelante»,  aserto  legal  que  en  principio podría  hacer    suponer   que   la   atribución   del   ad  quem  es  panorámica  de cara al grueso ámbito de la  correspondiente  disputa  judicial,  no  lo  es  menos  que  este mismo precepto  seguidamente  se  afana  en puntualizar que «(…) el  superior  no  podrá  enmendar  la providencia en la parte que no fue objeto del  recurso».   

          Esa  aserción lleva a sostener, inexorablemente, que la competencia  del  juez  de la alzada, por el mero hecho de la opugnación, no es totalizadora  ni  ilimitada,  de  tal  modo  que  se  pueda  entrometer  en  cualquiera de los  escenarios  por  los  cuales  ha  circulado  el  debate, sino circunscrita a los  aspectos  motivo  expreso  de  la  apelación, «(…)  salvo  que  en  razón  de  la  reforma fuere indispensable hacer modificaciones  sobre   puntos  íntimamente  relacionados  con  aquélla  (…)»  (art.     357,     ejusdem).   

          Por  el contrario, si el director del proceso, en la resolución del  recurso,  termina  inmiscuyéndose  en temas que el interesado no planteó en el  escrito     de    sustentación,    genera,    ipso  iure,  un  vicio procesal insaneable, en términos del  artículo  144,  in fine, del  Estatuto    Procesal    Civil,    precisamente    por   falta   de   competencia  funcional.        

          4.4.1.  Recurrir  y  sustentar  por  vía de apelación no significa  hacer   formulaciones   genéricas  o  panorámicas12,       más       bien  supone:   

          1.  Explicar  clara  y coherentemente las causas por las cuales debe  corregirse  una  providencia.  Es  sustentar y manifestar las razones fácticas,  probatorias     y     jurídicas    de    discrepancia    con    la    decisión  impugnada.   

          2.  Demostrar los desaciertos de la decisión para examinarla, y por  tanto,  el apelante debe formular los cargos concretos, y cuestionar las razones  de  la  decisión  o  de los segmentos específicos que deben enmendarse, porque  aquello  que no sea objeto del recurso, no puede ser materia de decisión, salvo  las  autorizaciones  legales  necesarias y forzosas (art. 357 del C. de P. C., y  328 del C. G. del P.).   

          3.  Apelar no es ensayar argumentos disímiles o marginales que nada  tengan que ver con lo decidido en la providencia impugnada.   

          4.  Tampoco  es  repetir  lo  ya argumentado en una petición que ha  sido  resuelta  de manera contraria, sin atacar los fundamentos de la decisión,  ni  es  mucho  menos,  remitirse a lo expresado con antelación a la providencia  que se decide.   

          5.  Es  hacer  explícitos  los  argumentos  de  disentimiento  y de  confutación,  denunciando  las  equivocaciones,  porque son éstos, y no otros,  los  aspectos  que  delimitan  la  competencia y fijan el marco del examen y del  pronunciamiento de la cuestión debatida.   

         

          Sobre el particular, la Corporación tiene dicho:   

«(…)  la exigencia legal de sustentar el  recurso   de   apelación,   reserva   al   recurrente  la  tarea  de  denunciar  explícitamente  los  aspectos  de  la  decisión  de  primera  instancia que le  resultan  desfavorables  e  implica  que  el  impugnante  tiene  la  opción  de  descartar  algunas aristas de la decisión, siempre y cuando tales restricciones  se  deriven  nítidamente del contenido de la sustentación, caso en el cual, la  competencia  del  juzgador  de  segunda  instancia  se  encuentra  anudada a los  intereses  expresados  por  quien  intenta aniquilar el fallo. En el fondo de lo  que  se trata es de poner dique al poder del juez de segundo grado para que este  no  pueda irrumpir con su particular criterio para edificar una impugnación que  el  recurrente  no  hizo.  En  suma, hay un desvío de poder si el juez, ante el  silencio  y  abandono  del  apelante  sobre  ciertas  zonas  del litigio, decide  involucrar  su propia visión para completar o adicionar la impugnación omitida  por  el  recurrente,  y  hacerlo  cuando  las  partes  ya nada pueden hacer para  oponerse.  En  este  escenario,  el  no apelante se preguntaría válidamente si  debió  defenderse de los argumentos de su antagonista, o si debe replicar a las  razones  que de su propio cuño abonó el juez, para completar los silencios del  impugnador.    

«(…)  

«Frente  a  los medios de impugnación, el  (…)  principio  dispositivo  reserva  a  la  parte  afectada con una decisión  judicial,  la  facultad  de  interponer el recurso, lo cual exige a la luz de la  legislación  vigente,  como  ya  quedó  reseñado,  exponer los argumentos que  soportan          su          inconformidad13;   así,   son  ellas  las  encargadas  de  fijar  el  alcance  de  tales recursos, de manera que el acto de  impugnación  constituye una conducta procesal que traza al juzgador ad quem los  contornos  del  malestar  y  su  propia  competencia,  y  a  la  contraparte los  márgenes   definidos   sobre  los  cuales  discurrirá  el  debate  en  segunda  instancia.   

«Así,  dispone el artículo 357 del C.P.C  que  la  “apelación se entiende interpuesta en lo desfavorable al apelante, y  por  lo  tanto  el  superior  no  podrá enmendar la providencia en la parte que  no  fue objeto del recurso,  salvo  que  en  razón  de  la  reforma fuere indispensable hacer modificaciones  sobre  puntos  íntimamente relacionados con aquélla. Sin embargo, cuando ambas  partes  hayan  apelado  o  la  que  no  apeló  hubiere  adherido al recurso, el  superior resolverá sin limitaciones” (subraya la Sala).   

«En  un  primer momento la norma establece  que  la apelación se entiende interpuesta “en lo desfavorable al apelante”,  regla  de  alto  valor  constitucional  pues  consagra  la  interdicción  de la  reformatio  in pejus. En suma, esta primera regla impide desmejorar la posición  del  apelante  único;  no obstante, esa parte del precepto no puede leerse como  una  autorización  al juez de segundo grado para hacer el escrutinio y ad nutum  y  determinar  líbremente  “qué  es lo desfavorable al recurrente”, pues a  reglón  seguido  la  norma  establece  una segunda prohibición complementaria,  según  la  cual “no podrá el ad quem enmendar la providencia en la parte que  no    fue    objeto    del   recurso”  (resalta  deliberadamente  la Sala)»14.   

          En posterior ocasión, sobre el particular reseñó:   

«(…) es conocido, en virtud del principio  de  la  personalidad  del  recurso,  inclusive  de cara a una competencia plena,  evento  que  sólo  tiene  lugar cuando ambas partes se han alzado (…), que el  ad-quem,  en  los  casos  en que la propia parte agraviada lo solicita, no puede  “enmendar  la  providencia  en la parte que no fue objeto del recurso”. Esto  significa  que  el  juez  de segunda instancia igualmente se encuentra maniatado  por  la  voluntad  expresamente  manifestada  por  los recurrentes, como cuando,  respecto  de  determinadas  decisiones  que  les  son  adversas,  las  aceptan o  solicitan que sean confirmadas.   

«Por  lo  tanto,  si  las  disposiciones  favorables  de  una  parte  son  excluidas  del  ámbito de la apelación por el  propio  agraviado,  es  claro  que a pesar de la doble apelación, no pueden ser  “objeto  del  recurso”,  al  tornarse  en  incólumes  e  inmodificables. El  sentenciador  de  segundo grado (…) “no tiene más poderes que los que le ha  asignado  el  recurso  formulado,  pues  no  está autorizado para modificar las  decisiones  tomadas  en  la  sentencia que no han sido impugnadas por la alzada,  puesto  que  al  efecto no tiene competencia, como quiera que se trata de puntos  que  escapan  a  lo  que  es  materia  del ataque”15.   

«En suma, el juez de la apelación no puede  violar  el principio prohibitivo de la reforma en perjuicio del único apelante,  tampoco  enmendar  la  providencia  en  lo  que  expresamente  la  propia  parte  perjudicada  no involucró como “objeto del recurso”, así la sentencia haya  sido  apelada  también  por  la  otra  parte,  al punto que, en casación, para  conjurar  lo  primero se instituyó una causal autónoma (artículo 368, numeral  4º  del  Código  de Procedimiento Civil), y esto último, la nulidad originada  en  la  sentencia  (numeral 5º), como así tiene precisado la Sala, al expresar  que  cuando  el  ad-quem  desborda  el  “objeto  del recurso”, “incurre en  nulidad   por  falta  de  competencia  funcional”16,  nulidad  que  entre otras  cosas  es  de  carácter insaneable (artículos 140, numeral 2º y 144, in fine,  ibídem)»17.           

          4.5. Por tanto, el cargo primero no sale avante.   

          4.6.  Ahora  bien, como lo tangible es, conforme a lo escrutado, que  el  Tribunal no se pronunció sobre ningún otro aspecto de la litis, porque los  apelantes  ciñeron  su  inconformidad  a la integración del contradictorio; el  fundamento  del  cargo  segundo,  según  el cual, ante ese silencio el fallador  implícitamente   acogió   e   hizo   suyas   las   razones   del  a  quo  en torno de la filiación y de la  petición  de  herencia,  en  particular  frente  a  la  cónyuge, es por entero  ficticio,  y  per  sé da al  traste  con  la  crítica,  por  notorio desenfoque, al emplazar al ad  quem por una temática que no circuló  en la escena del fallo.   

          En  la  señalada  acusación  se  critica la sentencia por no haber  visto  en  la sucesión del finado José Roberto: el trabajo de partición allí  verificado,  el  auto  de  25  de  agosto  de  2005 dictado por el Juzgado 12 de  Familia  de  Bogotá  que declaró abierta esa mortuoria y la sentencia de 16 de  junio  de  2006  que  en  tal  proceso  aprobó  la  liquidación de la sociedad  conyugal,  piezas  y  actuaciones de las cuales habría deducido, de no haberlas  omitido,  que  como a la cónyuge no se le adjudicó en la sucesión, sino en la  sociedad conyugal, no podía ser condenada a devolver gananciales.   

          La  queja  así blandida es del todo desorientada, porque, según ya  se  dijo,  el  juez de segundo grado no emitió ni una sola palabra acerca de lo  que  de  esa manera los casacionistas le enrostran; sencillamente, itérase, por  cuanto  ese  aspecto  no  tuvo  suceso  en  el  fallo  atacado, por la elemental  circunstancia  de  que  los  apelantes a él no extendieron su manifestación de  inconformidad.   

«La Sala, en doctrina reiterada y uniforme,  ha  hecho  ver  cómo la crítica casacional tiene que estar dirigida a combatir  los  fundamentos  del  fallo  de  segunda  instancia, y no otros, pues al fin de  cuentas  son  ellos,  y  no  nada distinto, los que sustentan la decisión   adoptada;  por  tanto,  si  ella  se despliega con base en la causal primera, al  opugnador  no le es dable quitar la mirada de esos motivos. Es en torno de ellos  como  debe  describir  y poner de presente las equivocaciones que ha de develar,  de  tal modo que si plantea la crítica en un ámbito diverso, deja incólume el  respectivo   soporte»  18.   

          4.7.  Comparado con criterio lógico el meollo del cargo segundo con  las  disposiciones  del fallo objeto del medio extraordinario, brota como única  conclusión  la  de  que  los  acusadores  plantean  una  controversia  inocua y  estéril,  sin  adversario:  las  restituciones  ordenadas  por  el a  quo  lo  fueron,  como ellos mismos lo  reconocen,  de los bienes herenciales, y no de los que a la cónyuge corresponde  adjudicar en la liquidación de la sociedad conyugal.   

          En  ese  orden,  si  las  reivindicaciones  procuradas  en  nada  se  relacionan  con  lo  que ella recibe como gananciales, no se comprende entonces,  dónde  pueda  residir  un  motivo  objetivo de inconformidad frente a cuanto el  juez  dispuso regresar, siendo que en todo caso las restituciones las limitó al  ámbito de la masa herencial.     

          La  circunstancia  de  que  el  ordinal  cuarto de la resolución de  primera  instancia  declare  que  Sonia Yadira «(…)  tiene  derecho a heredar a su padre (…) en su calidad de hija extramatrimonial  (..)»  y  que  «(…)  le  asiste  el  mismo  derecho  sobre  los mayores valores percibidos por los bienes  relictos  dejados por el causante, en armonía con el contenido considerativo de  la         presente         determinación»19,  no  da  lugar para afirmar  que  ahí  se  halle  un  mandato restitutorio de algo que Ligia Mejía de Silva  haya  recibido  producto  de liquidar la sociedad conyugal, por el solo hecho de  ser  la  cónyuge  o  por haber sido demandada en esta causa.  Nada de ello  expresa tal resolución.   

          Como  lo  decidido en torno de los derechos económicos de la actora  triunfante  se  concretó  a  cuanto contiene aquella transcripción del ordinal  cuarto,  los  recurrentes  caen en un embate vano y no entendible, al atribuirle  al Juzgador yerros fácticos   

          El  fallo  del Tribunal en el punto no es vacilante ni equívoco. Ni  siquiera  integrado  de  la  manera como la censura lo insinúa, no concibe a la  cónyuge  como heredera, tampoco dictaminó que alguno de los bienes le hubieran  sido  adjudicados  en  tal  calidad,  ni  precisó que ella ocupara bienes de la  sucesión;  y,  desde  luego,  mucho  menos ordenó devolver algo que no hiciera  parte de los derechos hereditarios.      

          4.8.   Por   tanto,   el  cargo  segundo  se  desestima.                     

5.  DECISIÓN   

          En  armonía  con lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala  de  Casación  Civil,  administrando  justicia  en nombre de la República y por  autoridad   de   la   ley,   NO   CASA   la  sentencia  de  24 de febrero de 2011, pronunciada por la Sala de  Familia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bogotá, dentro del  proceso ordinario identificado en esta providencia.   

          Condénase  a  la parte recurrente a pagar las costas causadas en el  recurso  extraordinario;  se  fijan  como  agencias  en  derecho la suma de seis  millones      de      pesos     ($6’000.000).   

Cópiese,   notifíquese   y   devuélvase   

JESÚS  VALL  DE  RUTÉN  RUIZ   

Aclaración de voto  

Aclaración de voto  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Aclaración de voto  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

Radicación           n°  11001-31-10-013-2005-01034-01   

De  conformidad  con lo anunciado en la Sala  presentamos  a  continuación  aclaración  de  voto  respecto  de  la sentencia  dictada en el asunto de la referencia.   

Aun  cuando  en  lo  sustancial,  estamos de  acuerdo  con la decisión adoptada, en sus consideraciones se alude a un aspecto  que  en  fallo anterior de esta Sala significó propiamente la rectificación de  su  jurisprudencia, atinente a lo que debía entenderse por falta de motivación  de  la  sentencia  como  causal  de nulidad procesal, rectificación que, por lo  demás,  es  el  fruto  de una posición reiteradamente asumida por la Sala como  juez constitucional.   

En   efecto,   con  miras  a  resaltar  la  justificación  constitucional  de la necesidad de que las sentencias expliciten  las  razones  fácticas  y  jurídicas  tenidas  en  cuenta por el juzgador para  adoptar  la  decisión,  se  reafirma en el fallo la añeja doctrina de la Corte  acerca  de  la  nulidad  por  falta de motivación, esto es, aquella que solo se  estructura   a   condición   de   que   esa   carencia   sea,   “radical,   absoluta   y   total”,  como  enfáticamente se advierte.   

Tal  posición,  que  parte de distinguir la  ausencia  de  motivación  de  la  insuficiencia  o impertinencia de la misma, a  efectos  de  conferirle  efectos  aniquiladores  solo  a la primera, había sido  reiterada  con  utilización  del  mismo  pasaje  jurisprudencial que este fallo  asimismo  repite  (Cfr.  S.C.  del  29  de  abril de 1988, repetida en numerosas  sentencias,  como  en la S.C. del 12 de nov. de 1998, rad. No. 5077, SC. de 1 de  sep.   de   1995   rad.  No.  4219,  SC  del  29  de  ago.  de  2008,  rad.  No.  11001-0203-000-2004-00729-01,   SC   del   29   de   jun.   de  2012,  rad.  No.  11001-3103-016-2001-00044-01, entre otras).   

Pero  no  puede  pasarse por alto, así este  aspecto  del  fallo cuya aclaración concreto aquí sea en verdad complementario  y  por  ello sin incidencia alguna en la decisión adoptada, que en sentencia de  revisión  del  29 de agosto de 2008 (SR-085-2008), tuvo a bien la Sala analizar  exhaustivamente  el asunto, y al efecto pasó revista a su evolución histórica  en  el  ámbito  internacional,  a  la praxis judicial, así como a las diversas  decisiones  que  en  sede de tutela esta Sala ha prohijado con miras a exigir de  los  jueces  el  acatamiento  al  deber  de  motivación  de  los fallos. En esa  sentencia  de  revisión,  en relación con la posición que en esta materia fue  perfilando como juez constitucional, dijo:   

“La  muestra  recogida,  evidencia  de  manera  ostensible la imposibilidad de ocultar que los  defectos  de  argumentación son y han sido causa de aniquilación de los fallos  judiciales.  Además,  la  recensión  hecha demuestra abrumadoramente el efecto  deletéreo  que tiene sobre una sentencia el déficit absoluto de argumentación  y  cómo a pesar de que en todos los casos examinados en sede constitucional las  providencias  mostraban  objetivamente  unas  razones,  ellas fueron obviamente,  inaceptables  por insuficientes, precarias o contradictorias como ya se vio. Por  supuesto  que en tales casos la presencia objetiva de argumentos no fue bastante  para  dar  por cumplida la exigencia de motivar, pues en cada caso se determinó  que   los   argumentos   eran   intolerables,   y   apenas   cumplían  como  la  apariencia.   

Más adelante argumentó:   

Se  ha  dicho  usualmente  que  la  nulidad  originada  en  la  sentencia,  cuando  de  argumentación  se  trata,  supone la  ausencia  total  de  motivación.  No  obstante,  en  ese  contexto  casi sería  imposible  hallar  una  sentencia  totalmente carente de razones, lo cual impone  que  en el camino de aplicar la carencia de argumentos como fuente de la nulidad  de  la  sentencia,  sea  necesario un esfuerzo adicional, ya que normalmente los  juzgadores  abonan  algunos  motivos  para  decidir,  de  modo  que  resultaría  estéril  la  búsqueda  de  una  sentencia radicalmente ayuna de fundamentos. A  partir  de  esta circunstancia, parece necesario dejar  sentado  como  premisa,  que  no basta la presencia objetiva de argumentos en la  sentencia  para que el fallo quede blindado y a resguardo de la nulidad, pues la  mirada  debe  penetrar  en  la  médula  misma  del  acto  de  juzgamiento, para  averiguar  si  la  motivación puesta apenas tiene el grado de aparente, y si de  ese    modo    puede    encubrir    un    caso    de   verdadera   ausencia   de  motivación;  (SCR,  29  de  agosto de 2008, rad. 11001-02-03-000-2004-00729-01).   

De  modo  que  si esta Sala especializada ha  venido  precisando el concepto de lo que debe entenderse por deficiencias graves  de  motivación  de  un fallo, tanto en sede constitucional -en donde el defecto  debe  tener  ribetes  protuberantes-,  como  en desarrollo de sus funciones como  máximo  juez  de  la  jurisdicción  ordinaria  civil y de familia, tornar a su  vieja  jurisprudencia,  sin recoger al menos explícitamente la posición que en  su  reemplazo  había  adoptado,  y  que los suscritos acogen, puede confundir a  ciudadanos  y jueces al no tener certeza sobre qué precedente aplicar, toda vez  que  en  ocasiones  recientes,  en  las  cuales  el debate se suscitó de manera  directa  y  con  efectos  relevantes,  la  posición  mayoritaria  de la Sala se  inclinó  por  mantener  el  sentido  marcado por el fallo de agosto 29 de 2008,  antes  referido.  (Ver  al  respecto  las sentencias STC2967 de mar. 11 de 2014,  rad.    2014-00257-00    y    STC3271    de    mar.    17    de    2014,    rad.  2014-00388-00)   

No está por demás poner de presente que la  ocasión  no  se muestra apropiada para abordar el tema, pues la razón de fondo  para  el  despacho  adverso  del  cargo  primero  no  estriba  en  si hubo poca,  impertinente  o ninguna motivación en el fallo del ad  quem,  sino en que la motivación que echa de menos el  recurrente  apunta a una faceta del pleito, dejada de lado por él en el recurso  de  apelación  que  entonces había interpuesto, lo que de suyo hubo de limitar  la  órbita  de  competencia  del  Tribunal  y  por  ende, condujo a que este no  aludiera a lo que ahora, en casación, extraña el impugnante.   

Fecha    ut  supra   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

Magistrada  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado  

JESUS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Magistrado  

    

1  Folios 208 a 210.   

2  Folio 23.   

4  Folio 29.   

5  Folio 29.   

6  CSJ  SC  072  de  24  de  agosto de 1998, radicación  4821.   

7   CSJ   SC   374  de  8  de  noviembre  de 1989; en similar sentido las de 29 de  abril  de  1988,  23  de septiembre de 1991, y 24 de agosto de 1998, radicación  4821.   

8 CSJ  SC 361 de 19 de diciembre de 2005, radicación 8484.   

9  CSJ  SC 105 de 1º de septiembre de 1995, radicación  4219.   

10  Folio 51, cuaderno 1.   

11  Folios 84 y 86, cuaderno del Tribunal.   

12  COLOMBIA,  C. Const. Sentencias C-365 de 18 de agosto  de 1994; C-165 de 17 de marzo de 1999, expediente D-2188.   

13  Inciso   2º   del   artículo   348  (reposición),  parágrafo  1º  del  artículo  352  (apelación), inciso 2º del artículo 363  (súplica),  numeral 3º del artículo 374 (casación), inciso 6º del artículo  378  (queja),  numeral  4º  del  artículo  382  (revisión) – todas las normas  citadas   corresponden   al   Código   de   Procedimiento   Civil-.      

14  CSJ  SC  de  8  de  septiembre  de  2009, radicación  11001-3103-035 2001-00585-01.   

15  Sentencia  de  4  de  julio  de  1979,  CLIX-236/241,  reiterada  en sentencias 77 de 29 de junio de 2007, expediente 1993-01518, entre  otras.   

16  Sentencia 158 de 12 de octubre de 2004, expediente 7922.   

17 CSJ  SC     de    04    de    diciembre    de    2009,    radicación    25899-31-03-002-2005-00103-01.   

18  CSJ  SC  de  8  de  septiembre  de  2009, radicación  11001-3103-035-2001-00585-01.   

19   Folio  512.   

20  Folio 27.     

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *