SC10294-2014 [2008-00077-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

Magistrado Ponente  

SC10294-2014  

Radicación           No.  52001-31-03-002-2008-00077-01   

(Aprobado en sesión de nueve de junio de dos  mil catorce)   

Bogotá D. C., cinco (5) de agosto de dos mil  catorce (2014)   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  la  parte demandante contra la sentencia de segunda  instancia proferida dentro del proceso ordinario de la referencia.   

I. ANTECEDENTES  

A. La pretensión  

Graciela  del Carmen Cadena promovió proceso  de  pertenencia  en  contra  de  los  herederos  indeterminados de Jorge Ignacio  Delgado  Villota  y  María  Luisa  De  la  Rosa  de  Delgado  y demás personas  indeterminadas  que  se  creyeran  con derecho de intervenir en el litigio, para  que  se  declarara que adquirió por prescripción extraordinaria el dominio del  lote  de  terreno  denominado  «Tasnaque»  con  extensión  superficiaria  de  30 hectáreas, ubicado en la  vereda del mismo nombre del municipio de Yacuanquer, Nariño.   

Como  consecuencia  de  la  prosperidad de la  anterior  petición,  solicitó  la  inscripción  del  fallo  en  el  folio  de  matrícula   inmobiliaria   No.   240-183060   de  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  la  ciudad de Pasto, que se asignó al referenciado  bien.   

B. Los hechos  

1. Los esposos Jorge  Ignacio  Delgado  Villota  y  María  Luisa  De  la  Rosa  García no procrearon  descendientes  durante  la vigencia de su unión matrimonial, razón por la cual  en  el  año  1951  decidieron  recibir  a  la demandante, quien entonces tenía  cuatro meses de edad, a quien siempre trataron como su hija.   

2. El señor Delgado  Villota,  padre  de  crianza  de  la  actora,  adquirió la propiedad del predio  objeto  de  las  pretensiones  en virtud de la división material que se hizo de  las  hijuelas  de  la  sucesión de sus progenitores, consignada en la escritura  pública   No.   574  de  19  de  abril  de  1956  de  la  Notaría  Segunda  de  Pasto.   

3.   El  27  de  diciembre  de  1979  falleció  el titular del dominio, en tanto el deceso de la  señora De la Rosa ocurrió el 24 de marzo de 2008.   

4.  Desde el mismo  momento  en  que  ocurrió  la  muerte  de  su  padre,  la  demandante entró en  posesión  del  inmueble  con  ánimo  de  señora  y  dueña,  pues  antes  del  fallecimiento,  el  señor  Delgado  Villota decidió dejárselo, lo que fue del  conocimiento de la señora María Luisa De la Rosa.     

5.  La  actora  ha  ejecutado  actos  posesorios  de manera pública, pacífica e ininterrumpida por  un  término  superior  a veinte años, siendo el más destacado la explotación  del   predio  a  través  de  cultivos  de maíz, frijol, arveja, trigo, café, árboles frutales y madereros,  entre otros.   

6.  También  ha  celebrado  contratos  de  aparcería  con suministro de insumos; construyó y le  hizo  ampliación  a  las  casas en las que han vivido sus aparceros, y realizó  mejoras  consistentes  en  la adecuación de un acueducto y la introducción del  servicio de energía eléctrica.   

7.  La  poseedora  nunca  ha reconocido dominio ajeno sobre el predio y ha recibido la mitad de las  ganancias  de  las  cosechas,  asumiendo  en  los  últimos  años el porcentaje  correspondiente en las pérdidas de la producción agrícola.   

          8.  Los actos de señorío fueron conocidos  por  la  señora  María  Luisa  De  la  Rosa  García, a quien la demandante le  procuró  lo necesario para atender su congrua subsistencia, y con ella residió  en  la  ciudad  de Pasto en una casa de habitación de la que era propietaria la  actora, ocupada también por su hija Aida Lucy Cadena.   

          9.   La   madre   de  crianza  de la usucapiente no reclamó su porción  conyugal  o  legítima  de gananciales en la sucesión ilíquida de su cónyuge,  por  lo  que  renunció  a los derechos reales y materiales que pudiera ostentar  sobre el inmueble.    

C.    El   trámite   de   la  primera  instancia   

1.  El  libelo  fue  admitido por el Juzgado  Segundo  Civil  del  Circuito  de  Pasto,  mediante  auto  de 30 de abril de 2008, que dispuso el traslado de  rigor   y   el   emplazamiento   de   las   personas  indeterminadas. [Folio 64, c. 1]   

2.  Compareció  al  proceso el señor Pedro  Elías  Delgado Delgado como heredero de Jorge Ignacio Delgado Villota, quien se  opuso a las pretensiones elevadas en el escrito introductorio.   

En relación con los hechos en que se apoyó  el   petitum,  precisó  que  la  demandante no ejerció la alegada posesión, la  cual  fue  detentada por Ignacio Delgado Villota y a su muerte, por María Luisa  De  la  Rosa,  quien  nunca renunció a sus derechos, de ahí que hubiera pagado  durante  28  años  los  impuestos  catastrales  y  los  servicios  de  energía  eléctrica   y   acueducto;  además,  continuó  los  contratos  de  aparcería  celebrados  por  su  cónyuge  y suministró la mitad de las expensas requeridas  para   explotar   económicamente   el   predio,   recibiendo   el  50%  de  las  cosechas.   

Con   base   en   lo  anterior,    planteó    las   excepciones   de  «carencia  de acción para  demandar   y/o  falta  de  legitimación  en  la  causa  por  activa»     y     «mala     fe». [Folio 80, c.1]   

3.  El  curador  ad  litem  de los herederos  indeterminados  de Jorge Ignacio Delgado Villota y de María Luisa De la Rosa de  Delgado,   contestó   la  demanda de manera extemporánea. [Folio 202, c. 1]   

El  auxiliar  de  la  justicia  a  quien  se  designó  para  representar  a  los  terceros  interesados  en  intervenir en el  juicio,  no  se  opuso  a  las  pretensiones elevadas por la actora, ni formuló  excepciones. [Folio 192, c. 1]   

4.   El   a  quo  negó  la  declaración de pertenencia, por considerar  que  no  se  demostró que la demandante hubiera detentado -de manera exclusiva-  la  posesión  sobre  el  inmueble  durante  el  término establecido en la ley.  [Folio 248, c. 1]       

6. Mediante fallo de  18 de abril de 2012, el Tribunal confirmó la anterior decisión.   

D. La providencia impugnada  

En sustento de su decisión, el ad  quem  sostuvo que Pedro Elías Delgado  Delgado  se hallaba legitimado para intervenir en la causa judicial en virtud de  su  vocación  hereditaria  respecto del fallecido titular del dominio, dado que  acreditó  su  derecho  a  sucederlo  en  representación  de  su padre Nicolás  Justiniano  de Jesús Delgado Villota (hermano del propietario) en los términos  del  artículo 1040 del Código Civil, de ahí que no existía razón legal para  desestimar   las   pruebas  aducidas  y  solicitadas  por  él  en  el  proceso.   

Dentro   de   los   indicados   medios  de  convicción,   se   incorporaron  al  expediente  como  prueba  trasladada,  las  actuaciones  surtidas en la acción de pertenencia impetrada por Tobías Miramag  Lasso  contra  María  Luisa  De  la  Rosa  García, en la que la actora rindió  declaración  sobre  la condición de poseedora de la primera, la cual -sostuvo-  era  constitutiva  de  confesión  que  no debía ratificarse por provenir de la  parte contra la cual se adujo.   

Esa  probanza  y  algunos de los testimonios  recepcionados,  como  lo fueron los de José Luis Santacruz, Heriberto Miramag y  José  Anatolio  Yela  Rojas,  revelaron  que la demandante no tuvo la posesión  exclusiva  del  predio  objeto  de su solicitud declarativa de pertenencia, pues  ejerció  la  misma de manera conjunta con la señora De la Rosa, y a partir del  deceso  de  ésta,  la  actora  fue  la  única poseedora, sin que a la fecha de  presentación  de  la  demanda  hubiera transcurrido el tiempo fijado por la ley  para   que   se   configurara   el   modo   originario   de   adquisición   del  dominio.   

En  virtud  de  lo  anterior,  confirmó  la  decisión del juez de primera instancia.   

II.   LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

          Cuatro  cargos se plantearon bajo el amparo de la causal contemplada  en   el   numeral   1°   del   artículo   368  del  Código  de  Procedimiento  Civil.   

De ellos se hará  un    análisis   conjunto   porque  todas  las  acusaciones  -dirigidas  por la vía indirecta- muestran  una  orientación  semejante,  en tanto que, en esencia, apuntan a cuestionar la  valoración  de los medios de prueba referentes al ejercicio de la posesión por  la  demandante  como  requisito  de  procedencia  para  la  declaratoria  de  la  prescripción adquisitiva extraordinaria.   

CARGO PRIMERO  

          Se  denunció  el quebranto del artículo 1044 del Código Civil por  indebida  aplicación  como  consecuencia del error de hecho en el que incurrió  el  ad  quem  al  dejar  de  apreciar      los     documentos     «obrantes  en el cuaderno No. 3, correspondiente a las pruebas de la  parte   demandante,  folios  352  a  434»1,   con  los  cuales  se  demostraba que el señor Pedro Elías Delgado Delgado, quien acudió  al  proceso invocando la condición de heredero, no tenía vocación sucesoral y  por  ende,  carecía  de la legitimación en la causa que le fue reconocida para  intervenir en la acción de pertenencia.   

          La  razón  de  lo  anterior  reside  en  que  los  indicados medios  demostrativos  dejaban en evidencia que los únicos hermanos del propietario del  predio  a  usucapir  eran  Nicolás  Justiniano de Jesús (padre de Pedro Elías  Delgado)  y  Fausto  Ramón María Delgado Villota, quienes fallecieron antes de  que  ocurriera  el  deceso  del  primero,  de  ahí  que  a ese momento, solo le  sobrevivía  su  cónyuge María Luisa De la Rosa de Delgado, persona que tenía  derecho  a heredarlo en la totalidad de sus bienes, de acuerdo con la previsión  contenida  en el inciso 2° del artículo 1047 del Código Civil en razón de la  «falta   absoluta   de  hermanos,    ascendientes,    descendientes,    hijos    adoptivos    y   padres  adoptantes».2   

          En  virtud  de  su  falta  de  legitimación  para  oponerse  a  las  pretensiones  de  la  actora,  Pedro  Elías  Delgado  no  estaba facultado para  ejercer  un  derecho exclusivo de las partes cual era la petición de decreto de  pruebas  y  la  aducción  de  estas,  de  ahí  que  los  medios de convicción  indebidamente  solicitados  y  aquellos  que  aportó, no alcanzaban pleno valor  demostrativo;  por  tanto,  no  desvirtuaron  las aseveraciones contenidas en la  demanda, ni los hechos demostrados por la demandante.    

CARGO SEGUNDO  

          Con  fundamento  en las mismas razones expuestas para desarrollar la  acusación  formulada en el ataque precedente, la sentencia de segunda instancia  fue  acusada  de  ser  violatoria de la ley sustancial al inaplicar el artículo  1047  del  Código  Civil,  infracción que tuvo origen en el desacierto de tipo  fáctico  cometido  al  preterir la valoración de los documentos mencionados en  la primera censura.   

CARGO TERCERO  

          La  transgresión  indirecta  por  interpretación  errónea  de los  artículos  762,  981,  2518,  2522, 2523, 2531 y 2532 de la codificación civil  -en  criterio  de  la  impugnante- se produjo con la valoración que el Tribunal  realizó  de unos medios demostrativos de carácter documental y testimonial, de  forma  que  contrariaba  el  contenido  material  de los mismos, incurriéndose,  entonces, en error de facto.   

          El  desacierto  respecto  de la prueba trasladada, dentro de la cual  se  encuentra  la  declaración rendida por la usucapiente Graciela Cadena en el  proceso  de  prescripción  adquisitiva de dominio promovido por Tobías Miramag  contra     María     Luisa     De     la    Rosa3,  radicó  en  soslayar que el  objeto    de    su    testimonio    correspondía   a   un   bien   «totalmente distinto al predio que en el  presente       asunto       (se)      pretende       usucapir»,  pues mientras las pretensiones del señor Miramag recayeron sobre  los  lotes  de  terreno  conocidos  como «El  Pantano»,  «La   Laguna»         y         «Cuatro       Esquinas»,  el  fundo reclamado en usucapión por  la    actora   era   el   denominado   «Tasnaque»,  circunstancia  en  virtud  de la cual resultaba improcedente que el sentenciador  de     segunda     instancia    fundara    la    negativa    del    petitum    de   la   demanda   en   esa  probanza.    

          Las   manifestaciones  de  los  declarantes  José  Luis  Santacruz,  Segundo  Anatolio  Yela  Rojas  y  Jorge  Heriberto  Miramag fueron –de  la  misma  manera-  indebidamente  apreciadas,  dado  que  los  dos  primeros  depusieron  acerca  de  la posesión  ejercida  por  María Luisa De la Rosa sobre el fundo de la vereda Tasnaque y el  ad   quem  entendió  que  habían  aludido  a  la  finca  «Tasnaque»,  es  decir,  se  equivocó  en  cuanto  al bien al que realmente  hicieron referencia los testigos.   

          Aunque   el  segundo  de  los  declarantes  sostuvo  que  el  predio  correspondía  al  denominado  «Tasnaque»  ubicado  en la vereda del mismo nombre, indicó no conocer dicho  inmueble   y  por  tanto,  no  lo  identificó  en  su  ubicación,  linderos  y  extensión,  lo que tampoco hizo el primer deponente, de tal modo que sus dichos  no  proporcionaban certeza al juzgador sobre la identidad del bien objeto de sus  aseveraciones  y  aquel  cuya  prescripción  adquisitiva  alegó la demandante.   

          De  la  declaración  de Jorge Heriberto Miramag sostuvo el fallador  que  con  posterioridad  a  la  muerte  de  Jorge  Ignacio  Delgado  Villota, la  posesión  del  predio  del  cual  era  propietario,  la  detentaron  de  manera  «al       menos  compartida»  María Luisa De  la  Rosa  y  Graciela Cadena, cuando en realidad el testigo afirmó que desde el  fallecimiento    del    propietario    «quien  ha  quedado  mandando  sobre la finca Tasnaque es la señora  GRACIELA  CADENA,  y  es  ella  a quien se la conoce como señora y dueña de la  finca   en  comento,  por  cuanto  él  y  otras  personas  más  trabajan  como  aparceros»  de  ella, quien  les   ha  dado  «semillas,  fungicidas,    abonos,    órdenes…».4   

          Al  deducir,  entonces,  que la señora De la Rosa fue poseedora del  predio,  el  ad quem le dio a  la     prueba    «una  interpretación    ostensiblemente    contraria   a   su   contenido» por cuanto, por el contrario, ese medio  de  persuasión  reveló  que  la  poseedora  exclusiva siempre ha sido Graciela  Cadena.   

          De  no  incurrirse  en  los  yerros  advertidos,  el  sentido  de la  decisión  hubiera  sido  contrario  al  que se consignó en el fallo impugnado,  pues  en  lugar  de  confirmar  lo  resuelto  por el a  quo,  se habría revocado su determinación y en forma  consecuente,   la   corporación   judicial   habría  accedido  a  declarar  la  pertenencia que impetró la demandante.   

CARGO CUARTO  

          La  falta  de  apreciación  de  las  pruebas  testimoniales  que se  practicaron  por  solicitud  de  la  parte  demandada dio origen a la violación  indirecta  de los artículos 762, 981, 2518, 2522, 2523, 2531 y 2532 del Código  Civil,   por   cuanto   a   dichos   preceptos   se   les   dio  una  equivocada  interpretación.   

          El  Tribunal  tuvo por inexistentes las declaraciones rendidas en el  proceso  por  Luis  Guzmán,  Sergio  Delgado, Campo Delgado, Javier De la Rosa,  Alicia  Sotelo y Celimo Guaitarilla, quienes testificaron que María Luisa De la  Rosa  tenía «únicamente el  usufructo  de  la finca Tasnaque hasta los días de ella, más no dicen que ella  fuese  poseedora»,  de ahí  que  si  hubiera  valorado tales medios de convicción, no habría concluido que  la  señora  De  la  Rosa había ejercido los actos posesorios sobre el fundo de  consuno  con  Graciela  Cadena,  pues  esos  medios de convicción le permitían  colegir  que esta última era la única poseedora y, por ende, no había lugar a  exigirle  la  interversión  del  título de tenencia, pues debió aceptarse que  cumplió  los  requisitos  legales  para adquirir la propiedad por el modo de la  prescripción extraordinaria.    

          Pedro   Elías   Delgado  –agregó  la  recurrente-  fundó  su defensa en que la demandante no  era  poseedora,  empero,  no  demostró  que  le  hubiere conferido permiso para  ejecutar  los actos de señora y dueña demostrados en el proceso, ni que María  Luisa  De  la Rosa hubiera sido la propietaria del terreno objeto de la acción.   

III. CONSIDERACIONES  

          1.  La  prescripción con que se adquieren  las  cosas  -desde  el momento en que se trata de un modo de ganar el dominio de  los  bienes  corporales,  raíces  o  muebles, que están en el comercio humano-  impone  como  requisito  imprescindible  haberlas poseído durante cierto tiempo  con  los requisitos legales (artículo 2518 del Código Civil).  De ello se  sigue  que  no  puede  existir  usucapión  sin posesión, en razón de que esta  última es uno de sus fundamentos esenciales.      

          Quien  no  tiene  la propiedad de la cosa que posee puede adquirirla  por  el  indicado modo originario o, como lo han comprendido la jurisprudencia y  la  doctrina  en  unidad de criterio, la posesión comporta la función de crear  el  derecho,  es  decir,  la  victoria  de  la  posesión  sobre la negligencia.   

          Es  por ello por lo que la persona que de manera consciente conserva  una  cosa  en su poder, tiene por eso la intención de ejercer sobre la misma un  derecho.  Mas  de  la  naturaleza  de  aquel,  dependerá  el  que  exista  o no  posesión,  ya  que  no  es  suficiente  el  ánimo de ejercer sobre la cosa una  facultad  cualquiera,  sino  que  es indispensable que se tenga la intención de  dominio, o cuando menos, la de un derecho real.   

«No   existe  -ha   reiterado  la  Corte-  ningún  elemento  objetivo  para distinguir entre el  poseedor  y el simple tenedor. Ambos revelan un poder efectivo sobre la cosa. El  único  elemento  que  diferencia  a  uno  y otro se halla en el ánimo, el cual  corresponde  al plano psicológico y es, por lo tanto, subjetivo. De ahí que en  la  mayoría  de los casos sea prueba suficiente para establecer la posesión el  elemento  objetivo,  porque  la  posesión  en  tales circunstancias se presume.  (Artículo.  780 y ord. 1° del 2531» (CSJ SC, 25 Nov.  1938).   

          Son  dos, entonces, los elementos configurativos de la posesión: el  primero,  la  tenencia  o aprehensión material del bien, también conocido como  corpus;   y   el  segundo  elemento,  que  es  de  carácter subjetivo, es el sentimiento de quien tiene la  cosa  como  suya,  en  cuanto señor y dueño de ella; a éste se le conoce como  ánimus.   Es,             pues, la prueba de ese hecho, junto con la de  los  demás  elementos  determinados en la ley, la que dirá al juzgador si debe  atenderse  la  pretensión  de  quien  por  haber  poseído el tiempo requerido,  adquirió  el  derecho  a  que  se le declare titular del dominio sobre el bien.   

          Mas   esos  medios  de  convicción  no  son  aquellos  que  al  ser  examinados  presenten  dudas, vacíos o lagunas que deba suplir el fallador para  edificar  su  conclusión.  La  prueba, en otros términos, debe ser fehaciente,  compleja,  contundente  y  con  aptitud suficiente para persuadir al juzgador de  que  los  actos  posesorios  fueron  ejercidos  por el usucapiente en la forma y  términos que exige la ley.   

          Se  comprende  sin  dificultad que una institución de la naturaleza  que  se  indicó  y  de  acentuada  importancia  en la vida de la sociedad, debe  contar  con  la  adecuada  reglamentación  y  por ello, la ley es especialmente  exigente  en  cuanto hace referencia a la prueba que corresponde proporcionar al  que  aspira  a  que la jurisdicción declare que su condición ha mudado a la de  propietario.   

         

2. Si de ordinario  los  actos realizados por el prescribiente -y en que se fundamenta la posesión-  pueden  ser  apreciados  por  quienes  lo  rodean en el círculo social en donde  estos   se  cumplen,  es  inevitable  predicar  que,  así  no  sea  la  única,  evidentemente    es    la   testimonial, la prueba más idónea llamada a auxiliar al juez.   

          Es  por  ello,  la «ciencia del dicho del  testigo»  referida  a  la fuente del conocimiento que  tenga  respecto  a  los  hechos  sobre los cuales depone, uno de los principales  derroteros  encaminados  a brindar al fallador un seguro elemento de juicio para  valorar  el  alcance  probatorio  del testimonio, el cual, por lo mismo, deberá  ser claro, exacto y responsivo.   

          En  la  valoración  de  los  testimonios el sentenciador aplica, en  esencia,   las   reglas   de  la  sana  crítica,  que  constituyen  la  llamada  apreciación  racional  de  las pruebas a que alude el artículo 187 del Código  de  Procedimiento  Civil,  y  cuyo valor demostrativo no se puede hacer depender  exclusivamente  del  libre  arbitrio  judicial  o  de la soberanía absoluta del  juez en la apreciación de los medios de convicción,  en   razón   a   que   el   texto   mismo   dispone   valorar   las  evidencias  disponibles     «en  conjunto»,   exponiendo  «siempre razonadamente el  mérito que le asigne a cada prueba».   

3.  En  lo  que  concierne  al ataque en casación fundado en supuestos yerros en la apreciación  probatoria,  la  jurisprudencia  de esta Sala ha reiterado de manera constante e  invariable  que  mientras  el  argumento expresado por el fallador no se muestre  abiertamente  contraevidente, la exposición de puntos de vista antagónicos por  parte  del  censor  no  puede  considerarse  como una demostración del error de  hecho  manifiesto,  por  faltar  en ese caso el requisito exigido por el segundo  inciso del artículo 374 de la ley procesal.   

Frente   a   ese  tema,  la  Corte  tiene  establecido     que     el     fallador     goza     de     una     «discreta     autonomía»  en la ponderación de los diferentes  elementos  de  persuasión  incorporados  al  proceso  y  por  ello «sus conclusiones al respecto tienen la  especial   característica   de   ser  intangibles  en  casación,  mientras  el  recurrente  no  logre demostrar con certeza que el ad quem al efectuar el examen  probatorio  y  jurídico  cometió  yerro notorio de hecho o uno de valoración,  por  cuanto  la  disímil apreciación que de la prueba haga el censor a través  del  aludido recurso no es suficiente por sí misma para aniquilar o anonadar la  providencia  impugnada,  ni  siquiera en el eventual caso en que la Corporación  pueda  separarse  del  estudio que haya hecho el juzgador para admitir como más  razonable  la  conclusión  objeto de ataque…» (CSJ  SC-080, 18 Sep. 1998).    

En    el   mismo   sentido,   la   Sala  expresó:   

(…) el error de  hecho  a  que  se refiere la causal primera de casación, ha de ser ostensible y  manifiesto,  debe  emerger  con  resplandor de su sola enunciación sin que para  advertirlo  se  requieran  esforzados razonamientos; lo cual implica que para la  prosperidad   del   recurso   de   casación   por  tal  concepto,  es  preciso,  primeramente,  que  “la  equivocación  del  sentenciador  haya  sido  de  tal  magnitud,  que sin mayor esfuerzo en el análisis de las probanzas se vea que la  apreciación  probatoria  pugna  evidentemente  y  de  manera  manifiesta con la  realidad  del proceso”. (G.J. t. LXVII, p. 380) (CSJ  SC, 14 Mar. 2000, Rad. 5177)    

                           3.1.   Precisamente,  en  razón  de  que  la  impugnante  censuró  el  análisis de las pruebas efectuado por el ad quem,   

lo  primero  que  dilucidará  la Corte es si  aquel  cometió   yerros  de orden fáctico protuberantes y trascendentes a  tal  punto  que  de  no  haber  existido,  habría  resuelto  la litis de manera  disímil  a  la  que  aparece  consignada  en  la  sentencia  objeto del recurso  extraordinario.   

          En  ese  orden  de  ideas,  es  necesario reparar en que el Tribunal  estimó  que  no se encontraban cumplidos los requisitos exigidos en la ley para  declarar  la  pertenencia  a favor de la actora del predio rural que identificó  en su libelo y sobre el cual versó el litigio.   

Tal conclusión la derivó de la ponderación  de  los  testimonios  de José Luis Santacruz, José Heriberto Miramag Riascos y  Segundo  Anatolio  Yela  Rojas,  la  prueba trasladada consistente en copias del  proceso  de pertenencia adelantado por Tobías Miramag contra María Luisa De la  Rosa  y  dentro  de aquel, la  declaración   rendida   por  Graciela  del  Carmen  Cadena,  demandante  en  el  proceso.    

3.2.  La  casacionista, en el cargo tercero de  su  demanda, alegó que el sentenciador de segunda instancia cometió errores de  hecho  que consistieron en creer que los testigos José Luis Santacruz y Segundo  Anatolio  Yela  Rojas  hicieron referencia al predio objeto de la demanda cuando  realmente  aludieron  a un inmueble distinto, pues afirmaron que no lo conocían  y  únicamente  lo identificaron por la vereda en que se localizaba. Además, le  censuró  haber  tergiversado  las  manifestaciones  de José Heriberto Miramag,  porque  éste  nunca  aseveró  que  María  Luisa  De  la  Rosa hubiera sido la  poseedora del bien.   

En  esas  condiciones, de la referida prueba  testimonial  el  juzgador  no  podía derivar certeza acerca de la identidad del  fundo  referido  en  sus  declaraciones  y  aquel cuya prescripción adquisitiva  pidió  declarar la demandante, por lo que no podía deducirse a partir de ellas  que  la  actora  había  ejercido  la  posesión de consuno con la señora De la  Rosa.   

          3.3. Sin embargo, con vista en los apartes  de  las  declaraciones  rendidas  por  los  citados  deponentes  -relativos a la  identificación   del   inmueble-   no   se   advierte   que  aquellos  hubieran  experimentado  alguna  confusión  acerca  del  bien  que  constituía el objeto  material del litigio.   

          En efecto, José Luis Santacruz afirmó:   

          «Yo  la  conozco a ella a doña Graciela  Cadena   en   (cuanto)  al  inmueble,    la    finca,    ubicada    en    la    vereda    de   Tasnaque   de  Yacuanquer…».    Al  preguntársele  si  sabía  de  algún problema que hubiera tenido la demandante  «como  dueña  de la finca  Tasnaque»,   respondió:  «No,   yo   no   tengo  conocimiento   que   haya   tenido   problemas,   todo   ha  sido  normal  hasta  ahora…»  y luego, indagado  por  los  actos  de  señorío  ejercidos  por  María  Luisa  De  la Rosa en la  «finca Tasnaque»,       indicó:       «Yo  siempre  miré que Graciela llevaba  la  finca,  cuando estaba doña María Luisa bien entre las dos administraban la  finca,  Graciela  me  pedía  la  plata».5   

          El  testigo  Segundo Anatolio Yela Rojas, por su parte, en relación  con el predio de la litis, afirmó:   

          «(…)  lo  único  que  sabía  que  la  compañera  me  decía  que  esta  señora  Graciela  tenía  la  finca allá en  Tasnaque  que  se llama Tasnaque mismo…»  y  posteriormente,  al  solicitarle  que señalara el nombre de la  finca  que  Graciela  Cadena  decía  que  era  suya,  y  el  lugar en el que se  encontraba       ésta,       el      deponente      aseveró:      «La  finca  dijo  que  estaba ubicada en  Tasnaque    con    el    mismo   nombre».6   

3.4. En cumplimiento  de   lo   previsto   en   el   artículo   228   del  Código  de  Procedimiento  Civil7  y  según  se  consignó  en  las  actas  que  recogen los citados  testimonios,  el juez suscintamente les informó a los declarantes acerca de los  hechos  objeto  de  su  declaración,  en  respuesta  a  lo  cual estos hicieron  referencia  al  predio  administrado  por  la actora, correspondiente a la finca  «Tasnaque»  ubicada en la  vereda del mismo nombre del municipio de Yacuanquer (Nariño).   

De  las  aseveraciones de los testigos no se  advierte  que  aquellos  hubieran  aludido  a  un inmueble diferente a aquel que  está  involucrado  en  la controversia; por el contrario, habiéndose precisado  por  los  apoderados  judiciales  de  las partes que se trataba del predio rural  denominado  «Tasnaque», los  deponentes  relataron  lo  que  les  constaba  sobre los actos ejecutados por la  actora  en  el  mismo,  y  no se pronunciaron en relación con otro distinto que  también   estuviera  localizado  en  la  vereda  que  lleva  el  mismo  nombre.   

Ahora   bien,   la  casacionista  también  cuestionó  la valoración del testimonio de José Heriberto Miramag Riascos por  darle  «una interpretación  ostensiblemente        contraria        a        su        contenido»,  en  virtud  de  que  el  ad  quem  extrajo  de  esa  probanza  que  ocurrido  el  fallecimiento de Jorge Ignacio Delgado Villota, la posesión sobre  el  inmueble  de su propiedad la detentaron de manera compartida María Luisa De  la  Rosa y Graciela del Carmen Cadena, no obstante que el testigo sólo aseguró  que  la  dirección  de  la  finca  había  sido  ejercida  por  la  demandante,  reconocida      como      única      señora      y      dueña      de     ese  terreno.        

El  aludido  declarante  sostuvo  que  ha  trabajado  con  la  demandante,  quien –según   él-   desde  que  la  conoció  dispuso  la  explotación  agrícola del predio, y enseguida relató lo siguiente:   

(…)  Primero  estuvimos  trabajando con el patrón JORGE IGNACIO DELGADO VILLOTA de ahí ya se  murió  y  quedamos  con  la  hija  decían  que era de él o ahijada no sé que  sería  que  hicieron ellos, pero nosotros quedamos trabajando con la mamá y la  hija.  Después la mamá ya murió y quedamos con la hija hasta ahora. Cuando me  refiero  a  la  mamá  me  refiero a MARIA LUISA DE LA ROSA y la hija a GRACIELA  CADENA…  En  las  semillas  la que nos está dando es la señora GRACIELA, las  cosechas  nos  recibía  la señora GRACIELA, ella y la mamá bajaban a recibir.  Hasta  hoy  nos  recibe  las  cosechas  la  señora  GRACIELA CADENA.8    

Agregó  luego que desde que «murió  el patrón JORGE DELGADO VILLOTA, doña GRACIELA CADENA era  la  que  mandaba  al  peón para que recib(iera) las cosechas. La plata para los  fungicidas   nos   daban   de  la  plata  de  las  cosechas,  entre  ella  y  la  mamá»,  y al preguntarle  sobre  qué  persona  administraba  la  finca, respondió que María Luisa De la  Rosa  «bajaba con su hija,  de  las dos no sé cual era la que administraba, allí estaban ambas».9   

En  la declaración precedente, contrario a  lo  expuesto  por  la recurrente, no se advierte que el testigo hubiera afirmado  en  forma  inequívoca que era la actora, la persona que ostentaba la condición  de  poseedora del fundo sobre el cual recayó el litigio, pues éste afirmó que  con  posterioridad  a  la  muerte  de  su  propietario,  siguió  trabajando con  «la  mamá y la hija», es  decir,  laboró  para  María  Luisa De la Rosa y Graciela del Carmen Cadena sin  saber  cual de ellas administraba el predio, lo que ocurrió hasta que falleció  la  primera,  momento  a  partir  del  cual,  la única persona al frente de las  parcelas ha sido la demandante.   

3.5.   Luego,  al cotejar los aludidos medios de prueba con lo que de  ellos  se aseveró en la providencia impugnada, queda claro que la impugnante no  demostró  los errores de hecho que le atribuyó al ad  quem   con   las  características  exigidas  de  ser  manifiestos  y  transcendentes,  pues  no dejó en evidencia la manera en que al  valorar  las  mencionadas  probanzas,  el  Tribunal  no  consultó  el contenido  objetivo  de las mismas, el cual resultaba opuesto a lo que real y materialmente  se desprendía de esos elementos de convicción.   

          Es  preciso recordar que se incurre en equivocación de facto cuando  se  extrae  «una conclusión  probatoria  que  no  se aviene a los elementos de persuasión y que se aleja sin  mediar  explicación  razonable  y  en  forma  ostensible  del  significado  que  aquellos  ofrecen  en  realidad, pues no encaja lógicamente dentro del marco de  las  alternativas  probatorias  posibles».10   

Si la apreciación que efectuó la censura de  las  indicadas pruebas no se erige en la única admisible y por el contrario, la  realizada  por  el juez de segunda instancia denota una contemplación que no se  muestra  irrazonable  de  acuerdo  con  la  materialidad de las mismas, en tanto  concluyó  que  con  posterioridad a la muerte de Jorge Ignacio Delgado Villota,  la   posesión   del   predio  «Tasnaque»  fue  ejercida  de  manera  conjunta  por María Luisa De la Rosa  García  y  Graciela  del  Carmen  Cadena,  no  encuentra la Sala establecido el  defecto  de  valoración  que  adujo  la  recurrente,  para  cuya  demostración  –se  insiste-  no resulta  suficiente  presentar  deducciones antagónicas a las expuestas en la sentencia,  porque   ellas  solas  no  tienen  entidad  para  demostrar  desacierto  alguno.   

3.6.   En   la  valoración    de    las   pruebas   –  ha  destacado  la jurisprudencia- los juzgadores de las instancias  gozan  de  discreta  autonomía,  lo  que  en la apreciación de los testimonios  comporta  que  el  juzgador  puede valorar de manera autónoma su concordancia o  discordancia  y  la  suficiencia de la razón del dicho de los declarantes, para  establecer  la  veracidad  de  sus  manifestaciones  y  la  credibilidad  que le  ofrezcan  tales  medios  de convicción; es por eso que la mencionada labor solo  puede  cuestionarse  con base en la existencia de un yerro fáctico manifiesto y  trascendente.     

El  desacierto  que no brota a simple vista,  sino  que  para  percibirlo  es  necesario  escudriñar  en las valoraciones del  fallador,  lo  que  lo  hace recóndito, no puede dar lugar a casar la sentencia  recurrida,  lo  que  también  se  predica  del   desatino  que  no resulta  determinante o decisivo para fijar el sentido de dicha providencia.   

Solamente  el  yerro  paladino  u ostensible  «es     decir,    de  naturaleza     tal     que     exista     palmaria  contradicción    entre    lo    allí  afirmado  y  la  realidad  que  surja  de  los  autos»   (CSJ   SC,   3   Jun.  2008,  Rad.  1997-11872-01) -ha dicho la  Corte-       configura      el      «error  de hecho manifiesto» al que hace  referencia  el  inciso  2º  del   numeral   3º  del  artículo  374  del Código  de    Procedimiento   Civil,   de   ahí         que         analizados  el  contenido material de las  pruebas  referidas  y  las conclusiones a las que, en cuanto a ellas, arribó el  Tribunal,  la  Sala  no  advierte  que  la  citada corporación judicial hubiere  incurrido  en  un  error  de  la  señalada  naturaleza al apreciarlas, pues sus  deducciones   fácticas   acompasan   con  lo  que  se  podía  extraer  de  los  testimonios,  circunstancia  que por sí misma impide reconocer prosperidad a la  crítica de la casacionista.   

4.  En  el  cargo  cuarto  de la demanda, la  recurrente    reprochó   al   ad   quem  que  hubiera  dejado  de  apreciar los testimonios de «LUIS  GUZMAN,  SERGIO  DELGADO,  CAMPO  DELGADO,  JAVIER  DE  LA  ROSA,  ALICIA  SOTELO,  CELIMO GUAITARILLA»,     los     cuales     –sostuvo-   se   hallaban  dentro  del  cuaderno  de  pruebas  de  la  parte  demandada, pues tales medios demostrativos  llevaban  al  convencimiento  de que María Luisa De la Rosa tenía «únicamente  el  usufructo  de la finca  Tasnaque   hasta   los   días   de   ella,   más   no  dicen  que  ella  fuese  poseedora»,  por  lo que el  Tribunal  no  podía  estimar  que  dicha señora tuvo la posesión del inmueble  junto  con  la  actora.  En  lugar  de eso, debió tener por acreditado que esta  última  «cumplía con todos  los  requisitos  necesarios  para  adquirir  la finca tasnaque por prescripción  extraordinaria…».11     

La  acusación  precedente,  no obstante, se  estructuró  de  manera  defectuosa,  pues  el  censor  la  formuló  con  total  alejamiento  de  las  reglas  técnicas  que  disciplinan  el  ataque  por  vía  indirecta  cuando se alega la comisión de errores de hecho, pues no atendió su  carga  de  separar  y  analizar  aisladamente  cada una de las declaraciones que  mencionó,  colocando  de presente los hechos cuya demostración emanaba de cada  testimonio  individualmente  considerado, confrontando su contenido objetivo con  lo  que  de  ellos  debió  inferir  el  juzgador,  y  de  esa  manera, dejar al  descubierto  que  la  tesis sostenida en el fallo frente a la posesión conjunta  de  las  señoras  De  la  Rosa  y  Cadena  era  contraevidente,  y  por  tanto,  insostenible,   para  indicar  posteriormente  de  qué  manera  se  produjo  la  violación de la ley sustancial.   

Sobre  este  puntual  aspecto,  la  doctrina  jurisprudencial  de  esta  Corporación  ha  sido  enfática  en destacar que al  censor  que  acuda a la vía indirecta alegando que el sentenciador incurrió en  desatinos  de  orden fáctico, le corresponde hacer expresa mención de cada una  de  las  probanzas  respecto de las cuales aquel habría incurrido en la anotada  infracción,   y  adicionalmente  -se  reitera-  alegar  un  yerro  «tan  grave y notorio que a simple vista  se  imponga  a  la mente, sin mayor esfuerzo ni raciocinio o en otros términos,  de  tal  magnitud  que  resulta  absolutamente  contrario  a  la  evidencia  del  proceso». (CSJ SC, 18 Dic. 2012, Rad. 2007-00071-01 y  CSJ SC, 13 Sep. 2013, Rad. 1998-37459-01).   

Luego,   si   la  impugnante  se  refirió  genéricamente  a  las  pruebas  testimoniales,  cuando  su  crítica  ha debido  hacerla  de manera concreta frente a cada una de las declaraciones supuestamente  preteridas,  la  enunciación  así  realizada  no  se considera suficiente para  demostrar  el  equívoco  del  administrador de justicia, porque con ella apenas  expresó  su  inconformidad  con  el  pronunciamiento judicial sin ocuparse, tal  como  se  le  exige,  de  desvirtuar las bases esenciales del mismo, tarea mucho  más  exigente  y calificada que ha de desplegarse si se persigue el buen suceso  de la censura en sede extraordinaria.     

Además,  el reproche se muestra desenfocado  desde  que  la recurrente cuestionó que el Tribunal hubiera exigido a la actora  la     prueba    de    la    «interversión    del  título»,  cuando lo cierto es que el pronunciamiento  de  segunda  instancia  no  contiene  mención alguna de dicho fenómeno; por el  contrario,  la  discusión  asumida  por  el fallador en sus motivaciones versó  sobre  los  presupuestos  de  «posesión exclusiva de  quien   demanda»   y  de  prolongación  de  aquella  «por  el  tiempo  de  ley»  como  requisitos  de  la  prescripción  adquisitiva,  a la vez que aludió a la  falta de acreditación de una suma o agregación de posesiones.   

Los  argumentos  del censor referentes a la  falta  de demostración del derecho de propiedad en cabeza de María Luisa De la  Rosa  y  del  otorgamiento  de  permiso  por  parte de Pedro Elías Delgado a la  demandante  para  ejercer  actos  de  señora  y  dueña,  no guardan, asimismo,  simetría  con  las  reflexiones  que  sirvieron  al  fallador para sustentar su  determinación  de confirmar lo decidido por el juez a  quo.   

4.1.  En virtud de  lo  que  hasta  ahora  se  dejó  consignado,  los  fundamentos  de la sentencia  recurrida   se  mantienen  sólidos,  pues  si  el  sentenciador  otorgó  mayor  credibilidad  a  las  declaraciones de las que extrajo la ausencia del requisito  de  posesión  exclusiva  de  la  demandante  por el término establecido por el  legislador,  sobre  aquellas  que  la  recurrente  relacionó  en  su demanda de  casación,  que -en su criterio- serían demostrativas del cumplimiento cabal de  los  presupuestos  de  la  usucapión,  tal apreciación debe respetarse en esta  sede,  en  tanto  no  se  estableció  que  el juicio valorativo de la autoridad  judicial  hubiera  sido  contraevidente,  y  la  apreciación  del  ad  quem tuvo lugar bajo los postulados de  la sana crítica.   

En  ese  sentido,  la  jurisprudencia  ha  enfatizado en lo siguiente:   

(…)  no  hay  error  de  hecho  cuando  la  interpretación del juzgador del acervo probatorio  resulta  razonable  y  lógica, a pesar de que la que exponga el censor también  puede  serlo, ni cuando obedezca a la selección hecha  por   el   Tribunal   de   un   grupo  de  testigos  frente  a  otro,  dado  que  al  acoger  el  sentenciador  el grupo que le ofrezca  mayores  elementos  de  convicción, desestimando los demás, está en ejercicio  de  la  autonomía  que  se  señaló  anteriormente, claro está, dentro de los  márgenes    de    la    lógica    y   la   razón,   pues   “…cuando  militan pruebas en diversos sentidos, el acogimiento por el  sentenciador   de  las  que  le  ofrezcan  mayores  bases  de  credibilidad  con  desestimación  de  otras,  no conforma yerro a no ser que incurra en absurdos o  que   la   apreciación   del   fallador   riña   con   la  lógica”.   (Cas.  Civil  de  5  de  diciembre  de  1990).  (CSJ  SC,  15 May. 2001, Rad. 6562; en el mismo sentido: CSJ SC, 14  Dic  2010,  Rad.  2004-00170-01;  18  Dic. 2012, Rad. 2007-00313-01) (el subrayado no es del texto).    

4.2.    En  síntesis,  los  cargos  tercero  y  cuarto  formulados  por  la casacionista no  acreditaron  la  infracción atribuida al fallador de haber incurrido en errores  de  hecho  ostensibles,  palmarios  e  incontestables  con  entidad  para que, a  primera  vista,  se  advirtiera  la  necesidad  de  valorar las pruebas en forma  completamente   diferente   a  como  lo  hizo  el  Tribunal,  ponderación  que,  precisamente,     correspondía     a     aquella    que    planteó    en    la  censura.      

De  manera insistente ha predicado la Corte  que  para  la  adecuada  demostración  de  los  yerros fácticos son necesarios  «argumentos     tan  concluyentes  que  la  sola exposición del recurrente haga rodar por el piso la  labor    probatoria    del    Tribunal   (cas.   civ.   febrero   23   de   2000,   exp.   5371)»    y   ese  propósito  «no        se        alcanza       contraponiendo       ‘la interpretación que de las pruebas  hace     el     censor    con    la    que    hizo    el    Tribunal’,   sino  confrontando     ‘la  sentencia    con   el   derecho   objetivo   y   la   violación   patente   del  sentenciador’, de suerte  que  para  exhibir  la  evidencia  y  la  trascendencia  del error, se  torna  indispensable  ‘cotejar  lo expuesto en el fallo con lo representado por la prueba,  a  fin  de  que  de  esa confrontación brote el desacierto del sentenciador, de  manera  clara  y  evidente»  (CSJ  SC,  29  Feb. 2000, Rad. 6184, reiterada en CSJ  SC,  31  Mar.  2001, Rad. 7141 y en CSJ SC, 9 Feb. 2004, Rad. 7577) (El subrayado no pertenece al texto original).   

4.3. Si las pruebas  a  las  que se hizo alusión en forma precedente al analizar las acusaciones, le  proporcionaban  apoyo  firme  a  la  decisión  adoptada  en  segunda instancia,  resultan  intrascendentes  las críticas planteadas en relación con la falta de  apreciación  de  los medios de convicción relacionados con la legitimación de  Pedro  Elías  Delgado  en  el proceso, es decir, de los documentos «obrantes   en   el   cuaderno  No.  3,  correspondiente   a   las   pruebas   de  la  parte  demandante,  folios  352  a  434»12, es  decir,  los  que  fueron aportados en el trámite de liquidación notarial de la  sucesión  del  señor Jorge Ignacio Delgado Villota que -sostuvo la impugnante-  demostraban  la  falta  de  vocación  hereditaria  de  dicho interviniente, las  cuales  están  contenidas  en  los cargos primero y segundo de casación, y por  esa razón no se hace necesario su estudio.   

La  razón  de lo anterior radica en que la  decisión  del  ad quem no se  fundó  exclusivamente  en  los  medios de convicción que aportó el opositor a  las  pretensiones  de  la  prescribiente  y  los que se decretaron por solicitud  suya,  entre  estos  la declaración que aquella rindió dentro de la acción de  pertenencia  promovida  por  Tobías  Miramag  contra  María  Luisa  De la Rosa  García,  incorporada  al expediente como prueba trasladada en los términos del  artículo  185 del Código de Procedimiento Civil, pues tal como se explicó con  anterioridad,  la  sentencia  se soportó adicionalmente en las pruebas respecto  de  las  cuales  no  se  demostró  la  presencia  de  un  yerro  fáctico en su  valoración,  y que por sí solas le prestan férreo sustento a dicha decisión.   

4.4.    La  casacionista,  entonces,  no  logró  desvirtuar las presunciones de legalidad y  acierto  que  amparan al fallo recurrido, en el que se determinó que los medios  persuasivos  no  demostraban  de  manera  fehaciente, inequívoca e indubitable,  como  lo  requiere  el  tema  objeto  de  la litis, la posesión exclusiva de la  demandante  por  el  tiempo exigido en la ley para que se hiciera al dominio por  vía   de  la  prescripción  adquisitiva  extraordinaria,  del  inmueble  rural  conocido  como  «Tasnaque»  en  la  vereda de idéntico apelativo, localizado en el municipio de Yacuanquer,  Nariño.     

          5.  Los    cargos  auscultados, por lo tanto, no están llamados a prosperar.   

IV. DECISIÓN  

        Por  lo  anteriormente  expuesto,  la Corte Suprema de Justicia, en  Sala  de  Casación  Civil,  administrando justicia en nombre de la República y  por  autoridad de la ley, NO  CASA    la   sentencia  proferida el dieciocho de abril de dos mil doce   por     la     Sala  Civil    –    Familia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Pasto   en   el  proceso  referenciado.   

        Costas  del  recurso extraordinario a cargo de la recurrente. En la  correspondiente  liquidación,  inclúyase  como  agencias en derecho la suma de  seis  millones  de pesos ($6.000.000,oo) como agencias  en  derecho  a  favor  de  la contraparte,  dado  que  formuló  réplica  a la demanda de casación.   

En su oportunidad, devuélvase el expediente  a la Corporación de origen.   

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1 Folio  25, c. Corte.   

2  Ibídem.0   

3  Expediente  2004-0029  conocido  por  el  Juzgado  Tercero Civil del Circuito de  Pasto.   

4 Folio  28, c. Corte.   

5 Folio  21, c. 3.   

6 Folio  24, c. 3.   

7  Modificado por el artículo 23 de la Ley 794 de 2003.   

8 Folio  43, c. 3.   

9 Folio  46, c. 3.   

10  CCXXVIII, 1267.   

11  Folio 29, c. Corte.   

12  Folio 25, c. Corte.     

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