SC5686-2018 (2004-00042-01) _3

2018

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MARGARITA  CABELLO BLANCO  

Magistrada  ponente  

  

  

SC5686-2018  

Radicación  n.° 05736 31 89 001 2004 00042 01  

(Aprobado  en sesión de veintiuno de febrero de dos mil dieciocho)  

Bogotá,  D. C., diecinueve (19) de diciembre de dos mil dieciocho (2018).  

  

Procede  la Corte a decidir el recurso extraordinario de casación  interpuesto tanto por los demandantes José  Crispín Sánchez Rodríguez y otros,  como por la demandada Sociedad  Oleoducto Central S.A. (OCENSA),  frente a la sentencia proferida el 16 de julio de 2013, por la Sala  Civil-Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Antioquia, dentro del proceso ordinario adelantado por los primeros  frente a la segunda, al que fueron vinculadas Royal  & Sun Alliance Seguros Colombia S. A., Chubb de Colombia Compañía  de Seguros S.A., Chubb y AIG.  Colombia Seguros Generales, AIG.  

  

            

I. ANTECEDENTES  

  

1.-  Inicialmente, José Crispín Sánchez Rodríguez  formuló demanda contra la Sociedad Oleoducto Central S.A.,  OCENSA, sustituida posteriormente para incluir las pretensiones de  María Inés Mosquera Mosquera y María Gilma  Rodríguez de Sánchez, a su vez reformada e integrada en  un solo escrito el 20 de junio de 2005, en la que se pretende:  

  

primero:  Que se declare que la sociedad oleoducto  central s. a. “ocensa”,  es  civil  y extracontractualmente responsable  de los daños materiales y los perjuicios morales ocasionados a  los señores josé  crispín sánchez rodríguez, maría gilma  rodríguez de sánchez y ana o maría inés  mosquera mosquera,  como consecuencia de la muerte de su compañera, hijos, nietos  y sobrinos rosa  herenia mosquera murillo, neidy perea sánchez, franquin  antonio sánchez mosquera, maria yurany sánchez mosquera  y yorman ibarguen perea,  por la explosión e incendio de los miles de barriles de  petróleo derramados sobre el lecho del río Pocuné  el 18 de octubre de 1998 en la población de Machuca del  municipio de Segovia (Antioquia) en su calidad de propietario del  oleoducto “Cusiana – Coveñas” y operador del  mismo.  

segundo:  Que como consecuencia de la anterior declaración, se condene a  la sociedad demandada a pagar:  

2.1.  A  título de transmisibilidad del daño moral de rosa  herenia mosquera murillo  o daño moral hereditario:  mil (1.000) salarios mínimos legales mensuales, suma que será  decretada a favor de su compañero permanente josé  crispín sánchez rodríguez.  

  

  

2.2.  A  título de transmisibilidad del daño moral de neidy  perea sánchez o  daño moral hereditario  mil (1.000) salarios mínimos legales mensuales suma que será  decretada a favor de su abuela maria  gilma rodríguez de sánchez.  

2.3.  A  título de transmisibilidad del daño moral del menor  franquin  antonio sánchez mosquera o  daño moral hereditario:  mil (1.000) salarios mínimos legales mensuales, suma que será  decretada a favor de su madre ana  o maría  inés mosquera mosquera».  

2.4.  A  título de transmisibilidad del daño moral de la menor  maria  yurani sánchez mosquera  o daño moral hereditario;  mil (1.000) salarios mínimos legales mensuales, suma que será  decretada a favor de su padre josé  crispín sánchez rodríguez.  

tercero:  Condenar a la sociedad oleoducto  central s. a. “ocensa”,  a  pagar a título de perjuicios por daño moral por el  dolor físico o psicológico sufrido por el fallecimiento  de su compañera permanente, hijos, nietos, y sobrinos:  

3.1  Por  el daño moral sufrido por la muerte de rosa  herenia mosquera murillo  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales, a favor del compañero permanente josé  crispín sánchez rodríguez.  

3.2  Por  el daño moral sufrido por la muerte de neidy  perea sánchez;  las siguientes sumas a favor de cada unode los demandantes a saber:  a) maria  gilma rodríguez de sánchez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales. b) josé  crispín sánchez rodríguez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales.  

3.3  Por  el daño moral sufrido por la muerte del menor franquin  antonio sánchez mosquera;  las siguientes sumas a favor de cada uno de los demandantes a saber:  a) josé  crispín sánchez rodríguez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales. b) ana  o  maria  inés mosquera mosquera:  la suma de quinientos (500)  salarios mínimos legales mensuales. c) maria  gilma rodríguez de sánchez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales.  

3.4  Por  el daño moral sufrido por la muerte de la menor maria  yurani sánchez mosquera;  las siguientes sumas a favor de cada uno de los demandantes a saber:  a) josé  crispín sánchez rodríguez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales. b) maria  gilma rodríguez de sánchez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales.  

cuarto:  Condenar a la sociedad oleoducto  central s. a. “ocensa”,  a  pagar a título de perjuicios por daño  a la relación de vida por la muerte de su compañera  permanente, hijos, nietos y sobrinos que está afectando su  calidad de vida futura y su dignidad como ser humano lo siguiente:  

4.1  Por  la muerte de rosa  herenia mosquera murillo  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales, a favor del compañero permanente josé  crispín sánchez rodríguez.  

4.2  Por  la muerte de neidy  perea sánchez;  las siguientes sumas a favor de cada uno de los demandantes a saber:  a) maria  gilma rodríguez de sánchez;  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales. b) josé  crispín sánchez rodríguez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales.  

4.3  Por  la muerte del menor franquin  antonio sánchez mosquera:  las siguientes sumas a favor de cada uno de los demandantes a saber:  a) josé  crispín sánchez rodríguez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales. b) ana  o maria  inés mosquera mosquera:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales. c) maria  gilma rodríguez de sánchez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales.  

4.4  Por  la muerte de la menor maria  yurani sánchez mosquera:  las siguientes sumas a favor de cada uno de los demandantes a saber:  a) josé  crispín sánchez rodríguez;  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales  mensuales. b) maria  gilma rodríguez de sánchez:  la suma de quinientos (500) salarios mínimos legales mensuales  

quinto:  Condenar a la sociedad oleoducto  central s.a. “ocensa”  a pagar a  título de perjuicios materiales por lucro cesante  los siguientes valores que los occisos le[s] habrían otorgado  económicamente a los dependientes de no haber fallecido,  calculado desde el lapso comprendido del deceso a la esperanza  probable de vida y de acuerdo con su última remuneración:  

5.1  Por el fallecimiento del menor franquin  antonio sáchez mosquera:  dos  mil quinientos cuarenta y cuatro (2.544 smlm) salarios mínimos  legales mensuales,  suma que será decretada a favor de la madre de éste ana  o maria  inés mosquera mosquera.  

5.2  Por el fallecimiento de la señora neidy  perea sánchez: dos mil setecientos treinta y seis (2.736 smlm)  salarios mínimos legales mensuales,  suma que será decretada a favor de la abuela de ésta  maria  gilma rodríguez de sánchez.  

sexto:  Ordenar expedir copias pertinentes con destino a la Fiscalía  General de la Nación para que inicie investigación  contra los administradores  principales y suplentes de la empresa ocensa  que ocuparon los cargos de Representante legal y miembros de la Junta  Directiva desde la creación de la empresa hasta el 18 de  octubre de 1998 por los presuntos delitos contra la Vida y la  Integridad Personal de homicidio culposo de 80 personas y lesiones  personales culposas con deformidad física permanente de otras  40.  

séptimo:  Condénese a la empresa ocensa  s.a.  a pagar el 20% del valor de las anteriores pretensiones por las  costas y agencias en derecho […].  

octavo:  Se  declare que todas las sumas de dinero a que sea condenada la sociedad  demandada […], actualizada e indexadas devengarán un  interés comercial y moratorio desde la ejecutoria de la  sentencia hasta su cancelación total»  (negrillas y subrayado del texto original).  

  

  

2.1.-  La demandada, en desarrollo de su objeto social  y en calidad  de  propietaria del «oleoducto  “Cusiana- La Belleza, Vasconia – Coveñas”»,  cuyo trazado «atraviesa  la población de Fraguas o Machuca ubicada en el municipio de  Segovia del departamento de Antioquia»,  solicitó al Ministerio del Medio Ambiente la expedición  de licencia ambiental ordinaria para su construcción y  operación, dentro de cuyo trámite se celebró una  audiencia pública en el municipio de Zaragoza (Antioquia), en  desarrollo de la cual la  Defensoría del Pueblo presentó un documento de fecha 18  de mayo de 1995 titulado «Análisis  y Recomendaciones frente al proyecto oleoducto Cusiana – La Belleza,  Vasconia – Coveñas»,  en el cual recomendó tener en cuenta «[e]l  terrorismo como una variable que debe calcularse en los proyectos  petroleros»  y la «[u]rgencia  de planes de contingencia adecuados»,  pues, «[e]ludirla  sería tapar el sol con la mano»,  porque cada atentado «es  una vulneración del Derecho Internacional Humanitario»,  y casos «como  el ocurrido el 19 de noviembre de 1992 en la vereda La Mariana de  Remedios, cuando como consecuencia de un atentado contra el oleoducto  Colombia se derramaron seis mil barriles de petróleo en la  quebrada La Escuela y en el río Ite y se ocasionó un  incendio de tales proporciones que produjo graves quemaduras y la  muerte a diez personas […], son condenados como infracciones  al derecho de protección de la población civil en los  conflictos y deben ser prevenidos y mitigados consecuentemente por el  Estado Colombiano»,  pero ni Ocensa ni sus administradores acataron tales recomendaciones.  

  

2.2.-  El 30 de marzo  de 1995 la Dirección General Ambiental Sectorial del  Ministerio del Medio Ambiente emitió el  Concepto  Técnico No. 339 por medio del cual solicitó información  sobre impacto por esas actividades, «en  particular en las veredas de machuca,  puerto calavera  y el  cenizo»;  empero, la demandada y sus administradores no  complementaron  y actualizaron la información del Estudio de Impacto  Ambiental.  

  

2.3.-  Mediante Resolución nº. 952 de 31 de agosto de 1995, el  Ministerio del Medio Ambiente otorgó a la demandada la  licencia solicitada, en la que le señaló  que «en  las audiencias públicas dentro del trámite de la  licencia ambiental se presentaran como solicitudes comunes la  colaboración de Ocensa en la capacitación de la  comunidad en educación ambiental».  También condicionó  a dicha empresa a «que  presentara el Plan de contingencia para la operación del  oleoducto con seis meses de anticipación al inicio de la  misma»,  y le impuso  las obligaciones de construir el trazado «alejado  de los corregimientos, cabeceras municipales y poblados nucleados y  sus áreas de expansión urbana»;  de presentarle al Ministerio «el  Plan de Gestión Social antes y durante el proceso de  construcción, para lo cual debía tener en cuenta las  distintas solicitudes expuestas por las comunidades en desarrollo de  las audiencias públicas dentro del trámite de la  licencia ambiental»;  de «realizar  talleres de contenido ambiental a todas las comunidades e  instituciones del área de influencia del oleoducto teniendo en  cuenta el componente de análisis de riesgo y seguridad para la  población frente al proyecto y plan de contingencia»,  y que en dicho componente «debía  dar información sobre aspectos técnicos y de  señalización que pudieran poner en peligro la vida de  los pobladores»,  y una vez desarrollados estos, «debía  presentar al Ministerio un acta en el cual se consignara el alcance  obtenido y las correspondientes firmas de asistencia por parte de la  comunidad beneficiada».  

  

2.4.-  El Ministerio  del Medio Ambiente, mediante auto 382 del 17 de junio de 1997, señaló  que «Ocensa  en su Plan de Contingencia presenta deficiencias en las variables  tenidas en cuenta en el análisis de riesgo»;  que en este divide en «análisis  de riesgos operacionales y de riesgos geotécnicos»;  que para dicha empresa «el  principal factor de origen antrópico para el análisis  del riesgo operacional es el orden público y los posibles  atentados producidos por terceros»;  que «Ocensa  en su Plan de Contingencia estableció que las secciones del  oleoducto de alta pendiente representan alto riesgo»,  por ende, «la  necesidad de instalar válvulas de cheque en secciones del  oleoducto de alta pendiente»,  dado que «[l]a  población de Fraguas o Machuca está ubicada en la parte  baja de una sección del oleoducto de alta pendiente que  representa alto riesgo».  

  

2.5.-  En el mismo auto el ente ministerial adujo que «Ocensa  en su Plan de Contingencia afirmó que los daños  causados por terceros ser[í]an los más significativos»,  y en el literal f del numeral 3° afirmó que «sorprende  que el Plan de Contingencia de Ocensa no tuviera en cuenta la  problemática de orden público [ni] la operación  de grupos al margen de la ley que en algunos casos actúan  realizando atentados contra la infraestructura de transporte de  hidrocarburos en especial de crudo»  y «en  el literal g) del numeral 3 ordenó a Ocensa que complementara  su Plan de Contingencia e incluyera la variable de amenaza por  atentados [y]  para  que definiera los sectores de mayor afectación por la causa de  atentados»;  en el literal g), le ordenó que «que  definiera los sectores de mayor afectación por la causa de  atentados y luego redefiniera las áreas críticas y  sensibles por contingencias».  

  

2.6.-  Ocensa y sus administradores no adelantaron ninguna gestión  tendiente a evitar que la construcción del oleoducto en la  población de Fraguas o Machuca trajera consecuencias negativas  a la vida humana, puesto  que no lo instalaron «fuera  del corredor de riesgo de terreno de 850 metros de distancia del  tubo»,  sino «a  150 metros de distancia del caserío»,  hecho que resaltó la  Dirección Regional del Zenufaná de la Corporación  Autónoma Regional del Centro de Antioquia, Corantioquia,-  mediante la Resolución No. 99 00004 de 26 de enero de 1999,  donde señaló que «en  inmediaciones del corregimiento de Fraguas o Machuca “en un  tramo, el oleoducto pasa a menos de cien metros del área  urbana del corregimiento”»,  lo que convirtió  el poblado «en  sitio o punto crítico del oleoducto de posible afectación  a las comunidades por amenazas de incendio y explosión del  oleoducto medido en función de la radiación térmica»,  y a sabiendas de que en el plan de contingencia había  establecido que las secciones de alta pendiente «representan  alto riesgo»,  y que era necesario «instalar  válvulas de cheque en [tales] secciones»,  estas no se colocaron; además, la querellada no contaba con  una «estrategia  de información y divulgación de su Plan de Contingencia  previa a la ocurrencia de cualquier emergencia, sino que tenía  previsto acceder a las comunidades e instituciones solo cuando se  presentara la emergencia».  Tampoco «tuvieron  en cuenta las distintas solicitudes expuestas por las comunidades en  desarrollo de las audiencias públicas dentro del trámite  de la licencia ambiental»;  no «colaboraron  en la capacitación de la comunidad en educación  ambiental»;  no «analizaron  la situación de derrame de crudo con incendio»,  ni realizaron  los talleres de contenido ambiental a «todas  las comunidades e instituciones del área de influencia del  oleoducto teniendo en cuenta el componente de análisis de  riesgo y seguridad para la población frente al proyecto y plan  de contingencia»,  a la vez que incumplieron la carga de que «en  el componente de análisis de riesgo debía dar  información sobre aspectos técnicos y de señalización  que pudieran poner en peligro la vida de los pobladores»,  así como que «debía  presentar al Ministerio un acta en el cual se consignara el alcance  obtenido y las correspondientes firmas de asistencia por parte de la  comunidad».  

  

2.7.-  El Oleoducto «fue  objeto de un atentado por primera vez el 27 de septiembre de 1997 a  la altura del kilómetro 485+518 metros»,  punto que se ubica en una sección de «alta  pendiente»  del conducto, a una distancia aproximada de la «población  de Fraguas o Machuca […] de un (1) kilómetro en línea  recta»,  por zona boscosa, el cual causó «abolladuras  al tubo»,  que fueron reparadas por Ocensa; sin embargo, esta y sus  administradores no  adelantaron  «ninguna  gestión tendiente a proteger el oleoducto de un segundo  atentado»  en dicho sector, y omitieron «construir  un muro o casquete de concreto al rededor del tubo con el fin de  evitar el riesgo de futuros atentados en el mismo sitio»,  y no solicitaron a las autoridades militares y de policía  reforzar  la seguridad en ese lugar.  

  

2.8.-  El 1º de marzo de 1998 el oleoducto fue objeto de un segundo  atentado en esa localidad «a  la altura del kilómetro 485+500 metros»,  dieciocho metros más adelante del sitio en que ocurrió  el anterior hecho violento, el cual «causó  abolladuras al tubo»  que reparó la demandada, pero no adelantó «ninguna  gestión tendiente a proteger el oleoducto de un tercer  atentado»  en la misma población.  

  

2.9.-  En el punto «distinguido  como 485+500 metros»  el 18 de octubre siguiente se presentó un tercer ataque, que  «causó  rotura al tubo»  y produjo el derrame de aproximadamente «22.000  barriles o 924.000 galones»  de petróleo, y el estallido y «el  olor a combustible despertaron y desalojaron temporalmente de sus  hogares a las familias del caserío de Fraguas o Machuca»,  y posteriormente, cuando la comunidad había retornado a sus  hogares «y  conciliaba el sueño»,  el hidrocarburo derramado se incendió.  

  

2.10.-  El sitio donde se inició la combustión está  ubicado aproximadamente a «cuatro  (4) kilómetros del lugar donde ocurrió la explosión  del tubo»,  y esta «arrasó  […] gran parte de la población de Fraguas o Machuca»;  «lesionó  […] gravemente a ciento veinte 120) personas»;  ocasionó «la  muerte a ochenta (80) personas entre niños, jóvenes,  adultos y ancianos por quemaduras de cuarto grado o carbonización»  y «heridas  a cuarenta (40) personas entre niños, jóvenes, adultos  y ancianos por quemaduras de tercer grado»,  y quienes lograron sobrevivir «quedaron  con secuelas físicas, psíquicas y sicológicas de  por vida por deformidad permanente por cicatrización de la  clase retráctil que les impide algunos movimientos y la  adopción de determinadas posiciones»,  y «requieren  de cirugías plásticas de injertos por resultar afectado  el cincuenta (50%) por ciento de la porción de sus cuerpos».  También «ocasionó  […] daños a la flora, fauna, recursos hidrológicos,  aguas, suelo, aire e infraestructura de la población de  Fraguas o Machuca».  

  

2.11.-  La Dirección Regional del Zenufaná de la Corporación  Autónoma Regional del Centro de Antioquia, Corantioquia, el 20  de octubre de 1998, después de realizar una inspección  ocular a la población de Fraguas o Machuca, emitió el  informe técnico 0000.3-14828 en el que señaló  que el derrame del hidrocarburo ocasionó daños a la  flora (destrucción de bosques de galería de dos micro  cuencas afluentes del río poco de en una longitud de 800 m con  pérdidas de especies, pastos, árboles frutales) y fauna  (silvestre y doméstica, percibiéndose un fuerte olor  nauseabundo lo que indica gran mortandad animal), a los recursos  hidrobiológicos (murió gran cantidad de peces), al  suelo (deterioro de las márgenes de los afluentes,  estancamiento del crudo en las quebradas tributarias, carbonización  del suelo vegetal), al aire y a la infraestructura, ya que «se  quemaron 30 viviendas aprox. Postes y transformadores de energía,  algunos vehículos y un puente colgante que comunicaba el  corregimiento con unas veredas».  

  

Adicionalmente,  señaló que el principal problema a resaltar es que  «el  oleoducto se encuentra ubicado en la ladera noroccidental al frente  del casco urbano del corregimiento, de tal forma que cada vez que  haya derrames se afectará los afluentes que vienen al río  Pocuné del cual se sirve la población de Machuca para  distintos usos, salvo el de acueducto que proviene de otra fuente.”»,  y destacó que «sigue  latente la amenaza de conflagración sobre la vida e  infraestructura de los moradores»,  y «existen  otras situaciones de peligro entre las cuales menciona “a  título de ejemplo que el oleoducto pasa por el nacimiento de  la micro cuenca Popales en el sector de las Tres Marías, que  abastece el sistema de acueducto del municipio de Segovia, por lo  cual un derrame de crudo allí sería causa de una  emergencia sanitaria.”»;  por tanto, recomendó que «para  evitar que se repita la tragedia es necesario evaluar la situación  con el fin de determinar la solución posible»,  esto es, «reubicar  total o parcialmente el oleoducto o el caserío».  

2.12.-  El 28 de octubre de 1998 la  Defensoría del Pueblo publicó el resultado de «la  gestión realizada por un equipo de profesionales delegados  para valorar en el lugar de los hechos, los efectos causados a la  población de Fraguas o Machuca»,  en el que señaló que «funcionarios  de Ocensa le informaron que “en el mismo sitio habían  sucedido dos atentados anteriormente”»;  que el lugar de su ocurrencia «está  localizado en una sección de alta pendiente del oleoducto»;  que el citado poblado «está  ubicad[o] a orillas del río Pocuné en la parte baja del  sitio [de los] atendado[s]»,  a una distancia aproximada de un kilómetro,  por  zona boscosa. También  afirmó que «el  incendio no ocurrió inmediatamente a la voladura del  oleoducto, éste se presentó en un lapso aproximado de  30 minutos posterior a la rotura del tubo».  

  

2.13.-  Se quejan que Ocensa y sus administradores no adelantaron gestión  alguna «tendiente  a atender el derrame del hidrocarburo»,  a  controlar su avance, ni «limitaron  su acción destructiva»;  en esa población, dado que no habían diseñado  «un  plan de contingencia que permitiera mitigar en forma oportuna y  eficaz la contaminación producida por derramamiento de crudo»  y por tanto no respondieron operativamente, ni asumieron «la  dirección y coordinación de todas las actividades  necesarias para atender[lo]»;  no adoptaron «las  medidas para reducir el impacto ambiental»  en forma inmediata, para evitar que «se  afectaran los recursos suelo y agua»;  tampoco se aseguraron que «se  tomaran las medidas de control y combate requeridas para evitar  consecuencias negativas a la vida humana, al medio ambiente y a la  propiedad»  e impedir que el combustible siguiera el cauce del  río  Pocuné y bordeara el caserío; no suministraron «apoyo  de personal, equipo y logística requerido durante el derrame»,  ni contaron con «un  equipo de respuesta del plan de contingencia para la atención  del derrame».  

  

2.14.-  El Ministerio del Medio Ambiente «mediante  Auto 051 del 24 de febrero de 1999 concluyó que Ocensa en la  emergencia del 18 de octubre de 1998 no había asumido el  riesgo por atentados como una realidad para la operación de su  proyecto y por lo tanto no había adoptado medidas tendientes a  prevenirlo y manejarlo»,  como también, que «la  población de Machuca nunca tuvo conocimiento de los riesgos a  los que estaba expuesta en caso de que se presentara un atentado».  

  

Asimismo,  dicho  organismo  mediante  auto 847 del 30 de octubre de 2001 señaló que Ocensa  «determinó  e identificó 45 sitios o puntos críticos del oleoducto  de posible afectación a las comunidades por amenazas de  incendio y explosión del oleoducto medido en función de  la radiación térmica»;  que «el  corredor de riesgo aceptable para el oleoducto “Cusiana – La  Belleza, Vasconia – Coveñas” corresponde a una franja o  corredor de terreno de 850 metros de distancia del tubo»;  y, que los poblados que se encuentren dentro de la misma, «son  considerados sitios o puntos críticos del oleoducto de posible  afectación a las comunidades por amenazas de incendio y  explosión del oleoducto medido en función de la  radiación térmica».  

  

2.15.-  El Juzgado Segundo Penal Del Circuito Especializado de Antioquia en  sentencia de 25 de mayo de 2004 dictada en el proceso seguido por el  atentado ocurrido el 18 de octubre de 1998, «concluyó»  que «se  llevaron a cabo plurales exámenes técnicos por personal  experto en la materia con el fin de establecer la causa del incendio»  y, en uno de ellos, Ocensa conceptuó que «La  atmósfera de hidrocarburos es altamente explosiva debido a que  el crudo en mención es un Crudo Liviano (40.4 Grados API), con  una gran cantidad de componentes volátiles (Etano, Propano y  Butano), por lo que cualquier fuente de ignición produce la  llama que viaja desde el caserío de Machuca hasta el sitio de  la Rotura, ubicado a 900 metros del mismo»;  que para el proceso constituye un misterio la manera como inició  el incendio, el cual «bien  pudo obedecer a un hecho accidental de alguno de los mismos  habitantes del caserío»;  que «la  actuación no permite establecer siquiera el v[í]nculo  de causalidad entre la conducta de los justiciables y la ejecución  de dichos eventos típicos, en la mediad [sic] en que se  desconoce cómo y por qué se originó el fuego»,  el cual «no  fue coetáneo con la explosión del tubo conductor de los  combustibles»,  sino que «la  conflagración se inició una hora después de la  voladura del oleoducto»  y, que «se  encuentra plena demostración en los testimonios recepcionados  a quince (15) personas residentes en la vereda La Fragua para la data  de autos, que al unísono, en cuanto a los hechos, coinciden en  narrar que siendo aproximadamente las 12:30 de la madrugada del día  18 de octubre de 1998, se escuchó una explosión a lo  lejos, y media hora después se escuchó otra detonación  mucho más fuerte que al parecer fue la que prendió el  pueblo en llamas, principalmente las viviendas ubicadas en la ribera  del río»,  amén que la Corporación Autónoma Regional del  Centro de Antioquia señaló que «minutos  después de la voladura se inició el incendio  (posiblemente iniciado por el gas) en una longitud de 4 Km. Por el  caudal del río (llamas hasta de 100 mts. De altura según  moradores)».  

  

2.16.-  El 19 de noviembre de 2004 el Tribunal Superior de Antioquia revocó  la anterior sentencia «en  lo referente a la imputación por el delito de terrorismo por  el tercer atentando al oleoducto ocurrido el 18 de octubre de 1998 en  la población de Fraguas o Machuca ubicado en el municipio de  Segovia (Antioquia) y por lo tanto absolvió a todos y cada uno  de los procesados respecto de dicho delito»,  al considerar que «están  ausentes en el proceso las voces de quienes activaron la carga  explosiva con la cual atentaron contra el oleoducto»;  «se  evadió el compromiso judicial de explicar c[ó]mo era  ineluctable, cu[á]ndo, en qu[é] circunstancias y en  cu[á]l forma precisa y concreta, los procesados ordenaron  dinamitar el oleoducto»;  y «resultaba  menester presentar la prueba certera que los procesados convinieron  de consuno ordenar a otros la voladura del oleoducto en dicho lugar y  en las conocidas circunstancias».  

  

Precisó  que «no  se probó […] la orden precisa y concreta que habrían  dado los procesados individualmente o en conjunto para que se  ejecutara en aquella fecha el específico atentado criminal  contra el oleoducto»;  amen que «la  interceptación lograda por el Ejército de unos  supuestos diálogos que habrían sostenido por radio al  día siguiente de los hechos nicolás  rodríguez bautista  y luis  guilermo roldan»  no podía aducirse como prueba válida sin quebrantar los  principios de necesidad y legalidad que establecen los artículos  232 y 233 del C. de P. P.  

  

Agregó  que, «el  video-casete contentivo de una entrevista que concedió nicolas  rodríguez bautista  (a. gabino)  el  11 de noviembre de 1998 al noticiero de televisión “En  Vivo” sobre los trágicos hechos ocurridos en el  corregimiento de machuca, es un documento donde “…no hay  una aceptación de responsabilidad individual de rodríguez  bautista  en los hechos, ni cargo alguno suyo personalizado contra uno  cualquiera de los miembros de la organización subversiva. En  él, como dato de importancia, únicamente se sitúa  la voladura del poliducto en Cabeza de los integrantes de la compañía  “Cimarrones”, adscrita al frente “José  Antonio galán” del Ejército de Liberación  Nacional, y se revelan unos errores y excesos de los ejecutores de la  explosión […]”».  

  

2.17.-  La población  de Fraguas o Machuca fue fundada en 1950 y está integrada por  familias de ascendencia afrocolombiana que poseen una cultura y  tradiciones propias, y una de sus prácticas de producción  «es  la actividad minera con barequeo que han utilizado  consuetudinariamente para garantizar la conservación de la  vida y el desarrollo auto sostenible»,  labor que «realizan  a través del núcleo familiar, el cual incluye a menores  desde la edad de los siete (7) años, mediante el lavado de  arenas por medios manuales sin ninguna ayuda de maquinaria o medios  mecánicos y con el objeto de separar y recoger oro contenido  en arenas del río Pocuné».  Así, las personas que murieron y las que quedaron heridas, se  dedicaban al «barequeo»  lo que les producía ingresos mensuales a cada minero de  «cuatro  (4) salarios mínimos legales».  

  

2.18.-  Los mineros se  opusieron a que el oleoducto se construyera «tan  cerca del caserío por temor a una tragedia»,  pero Ocensa y sus administradores hicieron caso omiso a dichas  súplicas y no les importó que en el sector de Machuca  se hubieran presentado «repetitivos  derrames de miles de barriles de petróleo»  que generaron incendio y muertes, hechos que fueron de público  conocimiento por su difusión en radio, prensa y televisión.  

  

Además,  estos «procedieron  negligente e imprudentemente al abandonar a su suerte a los mineros  de Machuca»,  pues, reiteran que «omitieron  dar instrucciones y orientar las acciones para que esa población  minera actuara y previniera los riesgos»  en caso de «derrame  de petróleo»,  no previeron «la  ocurrencia de un derrame de petróleo»  en ese sector,  pese  a lo «ALTAMENTE  PROBABLE de una actividad PELIGROSA, como lo es el transporte de  crudo»;  no se preocuparon para que «se  les se diera entrenamiento o realizara un solo simulacro de manejo de  emergencias por derrames de petróleo sobre las aguas del río  Pocuné»;  que incurrieron en «culpa  por negligencia»,  puesto que no los capacitaron frente a las precauciones y al  comportamiento que debían adoptar «durante  una eventual emergencia producida por el derrame, explosión e  incendio del crudo»;  no diseñaron campañas de información  para el  conocimiento de  «las  amenazas y las medidas preventivas individuales y comunitarias»;  ni les informaron sobre «los  procedimientos tendientes a conservar la vida y la integridad física  de las personas en el evento de encontrarse amenazadas por el derrame  del hidrocarburo para que se desplazaran a través y hasta  lugares de menor riesgo»,  no capacitaron a la comunidad «ni  conformaron un grupo de bomberos voluntarios o remunerados, para  enfrentar y atender el máximo nivel de riesgo probable por  derrames de crudo en aguas fluviales»;  tampoco adoptaron «medidas  preventivas en el corregimiento de Machuca ni la prepararon para  evacuar el lugar ante los efectos nocivos del siniestro»,  por lo que «esta  comunidad minera siempre ignoró los riesgos a los que estaban  expuestos».  

  

2.19.-  Por causa de «las  graves lesiones sufridas por el incendio de los miles de barriles de  petróleo derramados sobre las aguas del río Pocuné»,  perdieron la vida Rosa Herenia Mosquera, Neidy Perea Sánchez,  Franquin Antonio Sánchez Mosquera, quienes para la época  tenían 37, 20 y 16 años de edad, respectivamente y  devengaban 4 SMLM, como trabajadores en labores de barequeo;  asimismo, María Yurani Sánchez Mosquera y Yorman  Ibarguen Perea, de 6 y 3 años de edad.  

  

2.20.-  Rosa Herenia Mosquera Murillo «era  la compañera permanente del demandante José Crispín  Sánchez Rodríguez y estos dos eran los padres de la  menor maria  yurani sanchez mosquera»;  Franquin Antonio Sánchez Mosquera, «era  hijo de los demandantes José Crispín Sánchez  Rodríguez y Ana Inés o María Inés  Mosquera Mosquera»;  Neidy Perea Sánchez «era  nieta de la demandante Maria Gilma Rodríguez de Sánchez  y ésta a su vez era la abuela paterna de los occisos Franquin  Antonio Sánchez Mosquera y María Yunary Sánchez  Mosquera;  ésta  occisa también era sobrina del demandante José Crispín  Sánchez Rodríguez»;  el menor Yorman Ibarguen Perea «era  hijo de Neidy Perea Sánchez».  

2.21.-  La señora María Gilma Rodríguez de Sánchez,  «dependía  económicamente»  de su nieta Neidy Perea Sánchez, y Ana o María Inés  Mosquera Mosquera, de su hijo Franquin Antonio Sánchez  Mosquera, por lo que tras su muerte, sufrieron la carencia de los  ingresos por la ayuda económica que recibían, así  como perjuicios morales por la pérdida de la vida de sus  familiares, que son indescriptibles. Además, es incuestionable  el dolor sufrido por los demandantes «al  ver a sus seres queridos QUEMADOS  por  el fuego y sin poder hacer nada, no poder ayudarlos, no tener a la  mano los recursos médicos para calmar sus dolores, y por  hallarse el hospital más cerca de Machuca a más de 30  Km. a SEGOVIA  o  ZARAGOZA  los  cuales los une por una carretera en pésimo estado»,  amén que los vehículos que los auxiliaron tardaron 4,  5, 6 o más horas, y la mayoría «no  estaban equipados para transportar heridos por quemaduras, algunos  tenían piso de madera o metálico, sin camillas,  simplemente tirados en el piso, al llegar a los hospitales se  tuvieron que someter a filas para poder ser atendidos debido a la  cantidad de heridos»,  y al verlos morir en medio de gritos de dolor producidos por las  quemaduras. Asimismo, «al  ver su patrimonio y a la vez el de sus familias reducidas a cenizas»,  pues, «el  ahorro y el trabajo de toda una vida, igual que sus sueños se  esfumaron junto con sus seres queridos y todos sus bienes».  

  

2.22.-  La reparación  del daño moral sufrido por las personas que fallecieron  «genera  un derecho a la indemnización y que a su vez se transmita a  sus herederos, por tratarse de un derecho personal o crédito,  porque si estos hubieran sobrevivido habrían podido obtener  una indemnización máxima equivalente de mil (1.000)  salarios mínimos legales mensuales conforme a lo dispuesto en  el artículo 97 del Código Penal que indica ese tope  como indemnización»  y, en caso de muerte de una persona, «se  deben aplicar los principios generales y no pueden variar por la  jurisdicción ante la que se pretenda su resarcimiento. Igual  dolor y perjuicio material le causa a sus herederos la muerte de un  ser querido cuando lo ha sido por una falla en el servicio del  Estado, por actos hechos u omisiones de autoridad pública, por  daño derivado de conducta punible o por negligencia e  imprudencia de los  Administradores de la empresa OCENSA»  (negrilla del texto).  

  

El  pronóstico psicológico de los demandantes por la  pérdida de sus seres queridos determina «la  existencia de graves trastornos de personalidad por el sentimiento de  orfandad y soledad que significa la destrucción física  de su familia, así como irreparables consecuencias  relacionadas con la recordación del hecho dañino»,  «la  presencia de sentimientos de frustración permanente, orfandad  y dolor por la p[é]rdida de sus seres queridos, así  como también por las cicatrices como consecuencia del hecho»,  además, que estos padecen de «elevados  niveles de soledad y tristeza por la destrucción de buena  parte de su familia, [que] los hacen altamente sensible a los  desequilibrios síquicos y sicológicos.  

  

Las  «secuelas  psíquicas y psicológicas que de por vida deben,  injustamente, soportar los demandantes por la pérdida de sus  familiares como consecuencia de la negligencia e imprudencia de los  administradores de OCENSA, al omitir el cumplimiento estricto de sus  deberes y obligaciones en el ejercicio de una actividad peligrosa […]  que se traducen en la desaparición de una familia completa y  en la desmembración absurda de varios núcleos  familiares, obliga de conformidad con la ley, a que se repare el daño  moral causado».  

  

La  muerte violenta, intempestiva e injusta de promisorias vidas humanas,  afectó en su calidad de vida presente y futura y su dignidad  como seres humanos a los demandantes, ya que «les  impide superar o al menos mitigar con prontitud, las circunstancias  que deben afrontar en la cotidianidad a causa del padecimiento que  implica la pérdida de sus seres queridos»  y, como secuela de su fallecimiento, «dejaron  de recibir lo necesario para su subsistencia y fueron privados de la  compañía, ternura y cariño de sus consanguíneos  precisamente en el período en que más lo necesitaban en  el núcleo familiar».  

  

2.23.-  Los daños materiales y los perjuicios morales causados a los  demandantes fueron consecuencia directa de la explosión,  derrame sobre el lecho del río Pocuné e incendio de  miles de barriles de petróleo y «corresponde  al propietario y explotador del oleoducto pagarlos, solidariamente  con [sus] administradores».  

  

3.-  El Juzgado Promiscuo del Circuito de Segovia (Antioquia), que conoció  la demanda en primera instancia, el cinco (5) de marzo de dos mil dos  (2002), la admitió y dispuso los traslados pertinentes.  Igualmente aceptó en proveídos de seis (6) de julio de  dos mil cuatro (2004) y doce (12) de julio de dos mil cinco (2005),  la sustitución de la misma y su reforma.  

  

4.-  La sociedad convocada se notificó el 11 de agosto de 2004 y, a  través de apoderado, contestó el libelo, oponiéndose  a las pretensiones. Formuló las excepciones de mérito  que denominó «Ausencia  de relación de causalidad»,  «hecho  de un tercero»  y «Caducidad  y Prescripción»,  y la previa de «Falta  de competencia»;  igualmente. Y llamó en garantía a las aseguradoras  Royal & Sun Alliance Seguros (Colombia) s. A., Chubb de Colombia  Compañía de Seguros S. A. “CHUBB” y A. I.  G. Colombia Seguros Generales. S. A. “A.I.G.”.  

  

5.-  CHUBB  y A.I.G. (antes La Interamericana Compañía de  Seguros Generales S.A.),  mediante sendos mandatarios judiciales, se  opusieron  a las súplicas de los actores.  Pero mediante  proveído de 12 de abril de 2007 el a  quo   aceptó el desistimiento de la citación que hizo la  demandada respecto de estas aseguradoras.  

  

6.-  Royal &  Sun  Alliance Seguros (Colombia) S.A. se opuso a la prosperidad de  las peticiones, con la formulación de los medios exceptivos de  fondo que nominó «Ausencia  de responsabilidad por no existir relación de causalidad entre  la actuación de OCENSA y los daños cuya indemnización  se redaman»;  «Interrupción  del nexo causal por hecho de un tercero»;  «Excepción  Genérica».  Asimismo, frente a su citación como garante invocó como  defensas de fondo la «Prescripción  de la acción en el contrato de seguro»;  «No  cobertura por ser un riesgo excluido»;  «Nulidad  Relativa del contrato de seguro por reticencia e inexactitud respecto  de hechos y circunstancias que impliquen agravación objetiva  del estado del riesgo, de conformidad con lo dispuesto en el art.  1058 del C.Co, pues no informó ni declaró completamente  los hechos o circunstancias conocidos por ella y que implicaba  claramente la agravación objetiva del riesgo asegurado»,  y «Nulidad  relativa del contrato de seguro por incumplimiento de la garantía  establecida en la cláusula 15.3 de las condiciones generales  de la póliza, como quiera que en la citada cláusula se  estableció la obligación del asegurado de notificar a  la compañía tan pronto sea razonablemente posible  cualquier hecho o suceso que cambie materialmente la información  suministrada a la fecha de expedición de la póliza».  

  

  

7.1.-  Radicado 2004-00043, presentado el 18 de octubre de 2001 por Luz Mary  Ibarguen Mosquera (ff.  15-20 cuad. 26),  admitida el 24 de enero de 2002 (f.  21 ibídem),  sustituida el 3 de junio de 2004 (ff.  38-59 ibíd.)  para acumular los procesos impetrados por José Mosquera  (2004-00055), Marco Antonio Ramírez Sánchez  (2004-00060), Nury María Mosquera Mosquera, quien actúa  en nombre propio y en representación de Claudia María  Ibarguen Mosquera, Keiner y Dubán Ibarguen Mosquera  (2004-00063), María de los Ángeles Mosquera Ramírez  (2004-00065), Luz Mercedes Mosquera Ramírez (2004-000103), e  incluir como demandante a Madison Ramírez Palacio. Mediante  providencia del 12 de julio de 2005 fue admitida la reforma a la  demanda  

  

Buscan  obtener la indemnización de los perjuicios sufridos por la  muerte de María Marcelina Ramírez Palacio, de 37 años  (hija  de Marco Antonio Ramírez Sánchez, madre de Luz Mercedes  Mosquera Ramírez y Madison Ramírez Palacio);  María Yomelia Ramírez Palacio, de 40 años (hija  de  Marco  Antonio Ramírez Sánchez y madre de María de Los  Ángeles Mosquera Ramírez);  María Nellys Mosquera Ramírez, de 18 años (hija  de José Mosquera, nieta de Marco Antonio Ramírez  Sánchez, hermana de Luz Mercedes Mosquera Ramírez y  Madison Ramírez Palacios, y prima de María de los  Ángeles Mosquera Ramírez);  Cristóbal Antonio Ibarguen Mosquera, de 43 años  (compañero  permanente de Nury María Mosquera Mosquera, padre de Claudia  María, Kennier y Duvan Ibarguen Mosquera, hermano de Luz Mary  Ibarguen Mosquera y José Mosquera),  Luis  Ángel Ibarguen Rivas, de 24 años (Hermano  de Luz Mary Ibarguen Mosquera)  , así como por  las lesiones físicas padecidas por  Marco Antonio Ramírez Sánchez y Madison Ramírez  Palacios (hijo  de la fallecida María Marcelina Ramírez Palacio, nieto  de  Marco  Antonio Ramírez Sánchez).  

  

7.2.-  Radicado 2004-00044, formulada el 18 de octubre de 2001 por Miguel  Ángel Henao Ospina (ff.  25-29 cuad. 190),  admitida el 11 de diciembre de 2001 (f.  30 ibídem),  sustituida el 31 de mayo de 2004 (ff.  47-663 ib.)  para acumular los procesos de Deisy Eugenia Patiño González  (rad. 2004-00097), Henry de Jesús Henao Estrada quien actúa  en nombre propio y en representación de su hijo Andrés  Felipe Henao Patiño (rad. 2004-00066); Orfa, René de  Jesús y Resfa Inés Henao Estrada (rad. 2004-00089), y  Julián Eduardo Henao Estrada (rad.2004-00059), y reformada el  9 de junio de 2005 (ff. 193-235 ib.), admitidas estas dos últimas  actuaciones el 6 de julio de 2004 (f.  138 ib.)  y 12 de julio de 2005 (f.  439 ib.),  respectivamente, notificada el 11 de agosto de 2004 (f.  153 ib.).  

  

Se  reclama indemnización de perjuicios por la muerte de María  Eva Estrada García, de 56 años (madre  de Orfa, Henry de Jesús, Julián Eduardo, René de  Jesús y Resfa Inés Henao Estrada, compañera  permanente de Miguel Ángel Henao Ospina, Abuela del menor  Andrés Felipe Henao Patiño),  y las heridas por quemaduras sufridas por Andrés Felipe Henao  Patiño, 10 años (Hijo  de Henry de Jesús Henao Estrada y Deysi Eugenia Patiño  González);  Deisy Eugenia Patiño González, de 21 años;  Julián Eduardo Henao Estrada, de 22 años; y Henry de  Jesús Henao Estrada, de 27 años.  

  

7.3.-  Radicado 2004-00045, impetrado el 18 de octubre de 2001 por Octavio  Madrid Morales (ff.  20-25 cuad. 43),  admitida el 3 de diciembre siguiente (f.  26 ibídem),  sustituida el 2 de junio de 2004 (ff.  45-61 ibíd.),  para acumular las procesos formulados por Pedro Rengifo Madrid  (2004-00057), Fanny de Jesús Madrid (2004-00062), Martha Lucía  Buriticá quien actúa en nombre propio y en el del menor  Haider Madrid Londoño, en su condición de Curadora  (2004-00076) y Francisco Antonio Vélez González  (2004-00080), reformada el 20 de junio de 2005 (ff.  200-249 ib.),  para incluir como demandantes a Yeison Alberto y Carlos Albeiro  Jaramillo Montoya y Dora Lucía Montoya Roldán que  interviene en su nombre y en el de los menores Zuleima Montoya Roldán  y Robinson Mario Jaramillo Montoya, admitidas estas dos últimas  actuaciones el 14 de julio de 2004 (f.  151 ib.)  y 23 de agosto de 2005 (f.  463 ib.),  respectivamente, notificada el 1° de septiembre de 2004 (f.  155 ib.).  

  

Se  reclama la indemnización de perjuicios por la muerte de María  Elena Londoño Buriticá, de 41 años (Madre  de Haider Madrid Londoño y Darley Yalides Vélez  Londoño, Compañera de Francisco Antonio Vélez  González);  Octavio Madrid, de 60 años (padre  de Haider Madrid Londoño y Octavio Madrid Morales, hermano de  Fanny de Jesús Madrid, tío de Pedro Rengifo  Madrid);  Darley Yalides Vélez Londoño, de 8 años 10 meses  (Hija  de Francisco Antonio Vélez González);  Luz Enith Jaramillo Montoya, de 15 años (hija  de Dora Lucía Montoya Roldán, hermana de Yeison  Alberto, Robinson Mario y Carlos Albeiro Jaramillo Montoya, y Zuleima  Montoya Roldán);  y las heridas de Haider Madrid Londoño (hijo  de María Helena Londoño Buriticá y Octavio  Madrid, Hermano de María Elena Londoño Buriticá),  Pedro Rengifo Madrid (sobrino  de Octavio Madrid),  Álvaro Montoya y Ángel Montoya (estos  dos primos de Yeison Alberto, Robinson Mario y Carlos Albeiro  Jaramillo Montoya, y Zuleima Montoya Roldán, sobrinos de Dora  Lucía Montoya Roldán).  

  

El  18 de agosto de 2005 (ff.  457-458 cuad. 43),  la apoderada actora renunció a las pretensiones de Dora Lucía  y Zuleima Montoya Roldán, Robinson Mario, Yeison Alberto y  Carlos Albeiro Jaramillo Montoya, relacionadas con los lesionados  Álvaro y Luis Ángel Montoya.  

  

7.4.-  Radicado 2004-00046, presentado el 18 de octubre de 2001 por Flor  María Muñoz Sepúlveda (ff.  23-27 cuad. 60),  admitida el 7 de diciembre siguiente (f.  28 ibídem),  sustituida el 31 de mayo de 2004 (ff.  44-57 ibíd.)  y reformada el 9 de junio de 2005 (ff.  145-184 ib.),  admitidas estas el 6 de julio de 2004 (f.  91 ib.)  y 12 de julio de 2005 (f.  362 ib.),  respectivamente, notificada el 11 de agosto de 2004 (f.  105 ib.).  

  

Reclama  la indemnización de perjuicios por la muerte de su hija María  Flor Múnera Muñoz, de 32 años y la de sus nietos  Fidel Albeiro Pino Múnera, de 14 años; y Elizabeth Pino  Múnera, de 16 años.  

  

7.5.-  Radicado 2004-00047, presentada el 18 de octubre de 2001 por Alfredo  de Jesús Marulanda García (ff.  21-26 cuad. 70),  admitida el 16 de noviembre siguiente (f.  27 ibídem),  sustituida el 7 de julio de 2004 para acumular los procesos de  Roberto Julio Méndez Nisperuza (2004-00051), Bernardo Antonio  Durango (2004-00052), Libia Maryori Zapata Vásquez  (2004-00061), Martha Irene Posada Madrid(2004-00064), Rigoberto y  Álvaro Sánchez Rojas (2004-00073), Ana Griselda  Mosquera Palacio (2004-00083), Oscar de Jesús Montoya Metaute  (2004-00090), Manuel Espíritu Santo Mosquera Sánchez  (2004-00093) y Diomedes Evelio González (2004-00096),  reformada el 20 de junio de 2005 para incluir como demandantes a  Frengil Collazos Gómez y Rosa María Muslaco (ff.  173- 216 ib.),  admitidas estas el 26 de julio de 2004 (f.  131 ib.)  y 3 de agosto de 2005 (f.  407 ib.),  respectivamente, notificada el 8 de septiembre de 2004 (f.  134 ib.).  

  

Se  reclaman los perjuicios por la pérdida de bienes patrimoniales  y por las heridas sufridas por Diomedes Evelio González.  

  

7.6.-  Radicado 2004-00048, presentado el 18 de octubre de 2001 por Beatriz  Osmany Hincapié Muñetón (ff.  32-36 cuad. 90),  admitida el 24 de enero de 2002 (f.  37 ibídem),  sustituida el 2 de junio de 2004 (ff.  56-72 ibíd.),  para agregar como demandantes a Rosa Nury Muñetón  Velásquez y Flor Milena Hincapié Muñetón,  reformada el 20 de junio de 2005 (ff.  178-224 ib.)  para incluir las pretensiones de Luis Ángel Zorrilla,  admitidas estas actuaciones el 6 de julio de 2004 (f.  123 ib.)  y 18 de julio de 2005 (f.  423 ib.),  notificada el 11 de agosto de 2004 (f.  138 ib.).  

  

Buscan  la indemnización por la muerte de Wbeimar Alonso Hincapié  Muñetón, de 15 años (hijo  de Rosa Nury Muñetón Velasquez);  Lucely Salazar Muñetón, de 26 años (hija  de Rosa Nury Muñetón Velasquez);Jaime  Alberto Sajonero Hincapié, de 5años (hijo  de Flor milena Hincapié Muñetón)  Marisol, Ender y Laura Vanessa Sáenz Salazar, esta última  de 3 meses (menores,  nietos de Rosa Nury Muñetón Velásquez y sobrinos  de Flor Milena y Beatriz Osmany Hincapié Muñetón);  y las heridas padecidas por Luis Ángel Zorrilla.  

  

7.7.-  Radicado 2004-00049,  presentada el 18 de octubre de 2001 por Isabellina Palacio Herrera,  quien actúa en nombre propio y en el de su nieta Yulieth  Andrea Herrera Palacio (ff.  24-28 cuad. 99),  admitida el 4 de diciembre de esa anualidad (f.  29 ibídem),  sustituida el 2 de junio de 2004 (ff.  54-73 ibíd.),  para acumular los procesos formulados por Deyi Milena Ospina Oquendo,  Aira Ruth, Jesús Antonio y Álex Eloy Herrera Oquendo  (2004-00058); Rodrigo Arcesio Herrera Palacio (2004-00085); y Carmelo  de Jesús Herrera Palacio (2004-00067); reformada el 20 de  junio de 2005, para incluir como demandantes a Carmelo Antonio  Herrera Oquendo, representado por su padre Carmelo de Jesús  Herrera Palacio; Berta Elena Oquendo Hernández, quien a la vez  representa a sus hijos Verónica Paola y Jhon Anderson Agudelo  Oquendo; «Leydi  o Dayana Ballesteros Ospina»,  representada por su madre Deyi Milena Ospina Oquendo; Robertina  Oquendo Hernández que acude asimismo en nombre de sus hijos  Cindy Patricia y Carlos Andrés Jaramillo Oquendo; Luz Elena  Chavarría Hurtado, obrando también como representante  de su descendiente Angie Yimaira Chavarría Hurtado; y Blanca  Rosa Chavarría, obrando también en nombre de su hija  Viviana Patricia Chavarría; admitidas estas dos figuras  jurídicas en providencias dictadas el 8 de julio de 2004 (f.  133 ib.)  y 23 de agosto de 2005 (f.  531 ib.).  La demandada se notificó el 11 de agosto de 2004 (f.  147 ib.).  

  

Reclaman  la indemnización por la muerte de Ana Rubiela Oquendo  Hernández, de 40 años (esposa  de Carmelo de Jesús Heerera Palacio, hermana de Berta Elena y  Robertina Oquendo Hernández, tía de Cindy Patricia y  Carlos Andrés Jaramillo Oquendo, Verónica Paola y Jhon  Andersón Agudelo Oquendo, madre de Deyi Milena Ospina Oquendo,  Aira Ruth, Carmelo Antonio Jesús Antonio y Alex Eloy Herrera  Oquendo);  Beatriz Elena Herrera Oquendo, de 3 años de edad (hija  de Carmelo de Jesús Herrera Palacio, Sobrina de Berta Elena y  Robertina Oquendo Hernández, prima de Cindy  Patricia y Carlos Andrés Jaramillo Oquendo, Verónica  Paola y Jhon Andersón Agudelo Oquendo, y hermana de Deyi  Milena Ospina Oquendo, Aira Ruth, Carmelo Antonio Jesús  Antonio y Alex Eloy Herrera Oquendo);  Luis Ángel Lotero Herrera, de 20 años, y José  Gilberto Herrera Palacio, de 18 años (Nietos  de Isabelina Palacio de Herrera y sobrinos de Carmelo de Jesús  y Rodrigo Arcesio Herrera Palacio, hermanos de Yulieth Andrea Herrera  Palacio, primos de Aira Ruth, Carmelo Antonio Jesús Antonio y  Alex Eloy Herrera Oquendo).  Igualmente, por las lesiones de Carmelo Antonio Herrera Oquendo (hijo  de Carmelo de Jesús Herrera Palacio, hermano  de Aira  Ruth, Jesús Antonio y Alex Eloy Herrera Oquendo, y de Deyi  Milena Ospina Oquendo, sobrino de Berta Elena y Robertina Oquendo  Hernández, primo de Cindy Patricia y Carlos Andrés  Jaramillo Oquendo, y de Verónica Paola y Jhon Anderson Agudelo  Oquendo).  

  

El  18 de agosto de 2005 (ff.  525-526 ib.)  la apoderada actora renunció a las pretensiones elevadas a  favor de Angie Yimaira Chavarría Hurtado, Viviana Patricia y  Blanca Rosa Chavarría, Asimismo, a las peticiones formuladas  pro Carmelo De Jesús Herrera Palacio, Aira Ruth Herrera  Oquendo, Deyi Milena Ospina Oquendo, Leidy Dayana Ballesteros Ospina,  Luz Elena Chavarría Hurtado, y Carmelo Antonio Herrera Oquendo  por el fallecimiento de la menor Leidy Lorena Herrera Chavarría.  

  

7.8.-  Radicado 2004-00050, presentado el 18 de octubre de 2001 por José  Efrén Mosquera (ff.  15-19 cuad. 112),  admitida el 1° de febrero de 2002 (f.  20 ibídem),  sustituida el 7 de julio de 2004 (ff.  36-49 ibíd.)  para acumular el proceso adelantado por María Orfelina Perea  Mosquera contra Ocensa (2004-00094) e incluir como demandante a  Viviana Patricia Valencia Perea, reformada el 9 de junio de 2005 (ff.  164-201 ib.), admitidas estas el 9 de agosto de 2004 (f. 122 ib.), y  12 de julio de 2005 (f.  383 ib.),  respectivamente, notificada el 8 de septiembre de 2004 (f.  125 ib.).  

  

Se  busca la indemnización por las heridas sufridas por Viviana  Patricia Valencia Perea, de 15 años y José Efrén  Mosquera, de 40 años.  

  

7.9.-  Radicado 2004-00053, presentada el 18 de octubre de 2001 por Miguel  Ángel González Llano, en nombre propio y en el de su  hija Yuli Yoana González Valdés (ff.  17-22 cuad. 123),  admitida el 1° de febrero de 2002 (f.  23 ibídem),  sustituida el 3 de junio de 2004 (ff.  33-46 ibíd.)  para acumular la demanda formulada por Eddy Adrián González  Valdés (2004-00084) y reformada el 20 de junio de 2005 (ff.  134-184 ib.)  para incluir como demandantes a Edwin Orlando Monsalve Guarín,  Ana Porfiria Durán, Pedro Adán Henao Galeano y Lina  María Solano Henao, quien obra en su nombre y representación  de sus hijos Duber Alexander y Esteban Daniel Mesa Solano; admitida  estas figuras jurídicas el 6 de julio de 2004 (f.  81 ib.)  y 23 de agosto de 2005 (f.  446 ib.),  respectivamente, y notificada el 11 de agosto de 2004 (f.  95 ib.).  

  

Reclaman  la indemnización por los perjuicios ocasionados con la muerte  de María Lucelly Valdés Viana, de 33 años  (compañera  permanente de Miguel Ángel González Llano, madre de  Eddy Adrián y Yuly Yoana González Valdés);  Liliber Estefanía González Valdés, de 4 años  (hija  de Miguel Ángel González Llano y María Lucelly  Valdés Viana, hermana de Eddy Adrián y Yuly Yoana  González Valdés);  Nilson Alfonso Monsalve Guarín, de 11 años (Hermano  de Edwin Orlando Monsalve Guarín);  Francisco José Monsalve Velasquez (Padre  de Nilson Alfonso Monsalve guarín y compañero  permanente de Ana Porfiria Durán);   luis Ángel Solano Romero, de 66 años y Ana Concepción  Henao Galeano, de 36 años (padres  de Lina María solano Henao, abuelos de Duber Alexander y  Esteban Daniel Mesa Solano, y la última, hermana de Pedro adán  Henao Galeano);  Asimismo, por las heridas de Eddy Adrián González  Valdés.  

  

En  escrito presentado el 18 de agosto de 2005, la apoderada de los  demandantes Duber y Alexander Mesa solano renunció a sus  pretensiones.  

7.10-  Radicado 2004-00054, presentada el 18 de octubre de 2001 por Jhon  Jairo Luna Longa (ff.  15-20 cuad. 132),  admitida el 10 de diciembre de 2001 (f.  36 ibídem),  sustituida el 3 de junio de 2004 (ff.  49-64 ídem)  para acumular los procesos de Aura Elisa Longa Mena (2004-00056),  Flor María, Ceneth, Fredy y Heiler Luna Longa (2004-00078), e  integrar como demandantes a Mariela Mosquera Mosquera, en nombre  propio y en el de su menor hijo Deyler Ayala Mosquera, y a Fanny  Mosquera Mosquera, y reformada el 20 de junio de 2005 (ff.  208-250 ib.),  para incluir las pretensiones de Luz Dary Tilano, quien actúa  en nombre propio y en representación de sus menores hijos  Eliécer Mauricio y Johan Sebastián Méndez  Tilano, admitidas estas dos actuaciones el 6 de julio de 2004 (f.  153 ib.)  y 23 de agosto de 2005 (f.  465 ib.),  respectivamente; y notificada el 11 de agosto de 2004 (f.  168 ib.).  

  

Buscan  la reparación de los perjuicios por la muerte de Jefferson y  Jhon Darwin Luna Mosquera, de 10 meses y 6 años, (hijos  de Jhon Jairo Luna Longa y Fanny Mosquera Mosquera, sobrinos de  Mariela Mosquera Mosquera, sobrinos de Fredy, Heíler, Flor  María y Cenén Luna Longa, nietos de Aura Elisa Luna  Mena),   y las lesiones padecidas por Jhon Jairo Luna Longa (padre  de los menores fallecidos, hijo de aura Elisa luna Mena),  Fanny Mosquera Mosquera (madre  de los occisos),  Deiller Ayala Mosquera (hijo  de Mariela Mosquera Mosquera),  Luz Dary Tilano (madre  de Jhoan Sebastián Méndez Tilano y Eliecer Mauricio  Méndez Tilano),  y Johan Sebastián Méndez Tilano, de 14 meses (hijo  del luz Dary Tilano y hermano de Eliecer Mauricio Méndez  Tilano).  

  

El  17 de agosto de 2005 (ff.460-461  ib.)  la apoderada renunció a las pretensiones de relacionadas con  las lesiones padecidas por Robinson Agredis Gutiérrez Tilano,  de los demandantes Luz Dary Tilano, Jhoan Sebastián y Eliezer  Mauricio Méndez Tilano.  

  

7.11.-  Radicado 2004-00068, presentada el 18 de octubre de 2001 por María  Cecilia Mosquera (ff.  27-33 cuad. 144),  admitida el día 10 del mismo mes y año (f.  34 ibíd.);  sustituida para acumular la demanda impetrada por Yolanda Hernández  Valero (2004-00072) e incluir las pretensiones de Angel de Jesús  David García (ff.  52-67 ib.),  y reformada el 9 de junio de 2005 (ff. 166-206 ib.), admitidas estas  dos figuras jurídicas el 8 de julio de 2004 (f.  112 ib.)  y 12 de julio de 2005 (f.  396 ib.)  respectivamente. La demandada se notificó el 11 de agosto de  2004 (f.  126 ib.).  

  

Pretenden  obtener la indemnización de los perjuicios sufridos por la  muerte de los menores Jonatan Alexis David Mosquera, de 10 años  (hijo  de María Cecilia Mosquera y Ángel de Jesús David  García);  Leidi Johana y Maira Alejandra Sánchez Mosquera, de 15 y 7  años, respectivamente (hijas  de María Cecilia Mosquera);  y Arturo Manuel Hernández Valero, de 27 años (hijo  de Yolanda Hernández Valero).  

  

7.12.-  Radicado 2004-00069 presentada el 18 de octubre de 2001 por Luz  Marina Londoño Echavarría, quien actúa en su  nombre y en el de sus hijos Yermigton Alfonso y Kelly Yojana Murillo  Londoño (ff.  2-7 cuad. 155),  admitida el 12 de diciembre de 2001(f.  27 ibídem),  sustituida el 3 de junio de 2004 (ff.  49-62  ibíd.)  y reformada el 20 de junio de 2005 (ff.  149-196 ib.),  para incluir como demandantes a María Felisa Moreno Caicedo,  Francisco Murillo Moreno y Luis Ceferino Murillo Gutiérrez,  admitidas estas últimas actuaciones el 6 de julio de 2004 (f.  98 ib.)  y 23 de agosto de 2005 (f.  415 ib.),  respectivamente, notificada el 11 de agosto de 2004 (f.  112 ib.).  

  

Pretenden  se ordene la indemnización por la muerte de Víctor  Manuel Murillo Moreno o Caicedo, de 27 años (padre  de  Yermigton  Alfonso y Kelly Yojana Murillo Londoño, compañero de  Luz Marina Londoño Echavarría, hijo de María  Felisa Moreno Caicedo);  Francisco Javier, Yimison Luis y Nelly Yovana Murillo Moreno, de 17,  15 y 13 años, respectivamente (hijos  de Luis Ceferino Murillo Gutiérrez y  María  Miguelina Moreno Caicedo);  y María Miguelina Moreno Caicedo, de  35 años  (compañera  de este último y madre de los tres menores, prima de Francisco  Murillo Moreno).  

  

El  17 de agosto de 2005 la apoderada renunció a las pretensiones  de Francisco Murillo, así como a las peticiones de Luis  Ceferino Murillo Gutiérrez respecto a Yimison Luis y Nelly  Yovana Murillo Moreno  

  

7.13.-  Radicado 2004-00070,  formulada el 18 de octubre de 2001 por Elsy de Jesús Monsalve  Mejía (ff.  10-15 cuad. 167),  admitida el 3 de diciembre siguiente (f.  35 ibíd.),  sustituida el 31 de mayo de 2004 (ff.  52-67 ib.),  para acumular pretensiones de Hada Disney Aguirre Bedoya, quien actúa  en nombre propio y en el de su hijo Breiner Alexis García  Aguirre (2004-00082); Cecilia García Monsalve, en nombre  propio y en el de su hijo Helmer Johan Herrera García; Jesús  Emilio y Fernelli García Monsalve (2004-00077), este último  en nombre propio y en representación de su hija Yesenia Johana  Mira García, y reformada el 9 de junio de 2005 (ff.  147-190 ib.),  para incluir las pretensiones de María Alejandra Oviedo  Jaramillo, representada por Ariel de Jesús Oviedo Bohórquez,  admitidas estas últimas actuaciones el 8 de julio de 2004 (f.  123 ib.)  y 23 de agosto de 2005 (f.  485 ib.),  respectivamente, y notificada el 11 de agosto de 2004 (f.  137 ib.).  

  

Buscan  el resarcimiento de los perjuicios por la muerte de Jesús  Emilio García Cadavid, de 50 años (cónyuge  de Elsy, padre de Jesús Emilio, Cecilia, y Fernelli, abuelo de  Breiner, Helmer y Yesenia;);  Gabriela Romero de Jaramillo, de 35 años (abuela  de María Alejandra, suegra de Ariel);  Pedro Antonio Jaramillo Jaramillo, de 37 años (abuelo  de María Alejandra, suegro de Ariel);  Gloria Lucía Jaramillo Romero, de 11 años (tía  de María Alejandra, Cuñada de Ariel);  y las lesiones padecidas por Elsy de Jesús Monsalve Mejía  (madre  de Cecilia,  Jesús  Emilio y Fernelly, abuela de Breiner);  Breiner Alexis García Aguirre (hijo  de Hada),  Ariel de Jesús Oviedo Bohórquez y María  Alejandra Oviedo Jaramillo.  

  

El  18 de agosto de 2005 la apoderada demandante renunció a las  pretensiones elevadas a favor de Ariel de Jesús Oviedo  Bohórquez, así como también las de María  Alejandra Oviedo Jaramillo respecto de la señora Gloria Lucía  Jaramillo ( ff. 481-482 ib.).  

  

7.14.-  Radicado 2004-00071, presentada el 18 de octubre de 2001 por Flor  Alba Fernández Cano, actuando en su nombre propio y  representación de su nieta Nazly Yomara Cardona Madrigal (ff.  22-27 cuad. 179),  admitida el 3 de diciembre de 2001 (f.  28 ibíd.),  sustituida el 31 de mayo de 2004 (ff.  37-49 ib.)  y reformada el 20 de junio de 2005 (ff.  126-167 ib.),  admitidas estas actuaciones el 26 de julio de 2004 (f.  83 ib.)  y 12 de julio de 2005 (f.  345 ib.),  respectivamente, y notificada el 8 de septiembre de 2004 (f.  86 ib.).  

  

Buscan  el resarcimiento de los perjuicios por la muerte de Jhon Fredy  Cardona Fernández, de 23 años (hijo  de Flor alba Fernández Cano y padre de Nazly Yomara Cardona  Madrigal).  

  

7.15.-  Radicado 2004-00074, formulada el 18 de octubre de 2001 por Luis  Alfredo Restrepo Cárdenas (ff.  19-24 cuad. 205),  admitida el 7 de diciembre siguiente (f.  25 ibídem),  sustituida el 31 de mayo de 2004 (ff.  46-65 ib.)  para acumular los procesos de Emiliano Sandoval Díaz y María  Virgelina Ortiz Castaño (2004-00075), Fanny de Jesús  Sandoval Ortiz (2004-00092), Manuel Salvador Navarro (2004-00095) y  Euclides Navarro Benítez (2004-00102), e incluir como nueva  demandante a Alba Rocío Torres Sandoval, reformada el 20 de  junio de 2005 (ff.  189-239 ib.),  para integrar las pretensiones de Ana Isabel Cárdenas de  Restrepo, Jesús Emiro, Ana Olga, María Belisa, Iván  de Jesús, Jesús Aníbal, Héctor Emilio,  Jesús Alberto, Jesús Horacio y Ema de Jesús  Restrepo Cárdenas, admitidas estas últimas actuaciones  el 6 de julio de 2004 (f.  135 ib.)  y 23 de agosto de 2005 (f.  466 ib.),  coincidentemente, y notificada el 11 de Agosto de 2004 (f.  149 ib.).  

  

Reclaman  la indemnización de perjuicios por la muerte de Yensy Tatiana  y Lucelly Restrepo Sandoval, de 9 años 11 meses y 8 años  11 meses, respectivamente, (hijas  de Luis Alfredo y Fanny, nietas de Ana Isabel, Emiliano y María  Virgelina, sobrinas de Jesús Emiro, Ana Olga, Iván De  Jesús, Jesús Emiro, Ana Olga, Iván de Jesús,  Jesús Aníbal, Héctor Emilio, Jesús  Alberto, Jesús Horacio, Ema De Jesús, María  Belisa y Ruth Janeth, hermanas de Alba Rocío);  Froilán de Jesús Sandoval Ortiz, de 15 años  (hijo  de Fanny de Jesús, hermano de Alba Rocío, nieto de  Emiliano y María Virgelina);  Ruth Janeth Sandoval Ortiz, de 25 años (hija  de Emiliano y María Virgelina, madre de los menores Carlos  Andrés y Yeny Paola, tía de Alba Rocío);  Carlos Andrés y Yeny Paola Navarro Sandoval, de 1 y 2 años,  respectivamente, (hijos  de Euclides, nietos de Manuel Salvador, Emiliano y María  Virgelina,  sobrinos de Fanny de Jesús).  

  

El  18 de agosto de 2005 la apoderada demandante renunció a las  pretensiones elevadas a favor de María Belisa Restrepo  Cárdenas.  

  

7.16.-  Radicado 2004-00087 presentada el 18 de octubre de 2001 por María  Fermina Sánchez Rodríguez, quien actúa en su  nombre y en el de su hijo Anger Andrés Arango Sánchez  (ff.  20-25 cuad. 220),  admitida el 3 de diciembre siguiente (f.  26 ibídem),  sustituida el 2 de junio de 2004 (ff.  46-62 ibíd.),  para acumular los procesos de Luz Mery Estrada Saavedra, quien  representa a la vez a Edwar Esteban Alzate Estrada (2004-00088), y  Luis Enrique Estrada Escalante, reformada el 20 de junio de 2005 (ff.  185-242 ib.), para integrar como demandantes a Delio de Jesús  Cardona Córdoba, María del Rosario López de  Cardona, Olga Ester Marulanda Quiroz, Bernardo de Jesús, Delio  de Jesús, Fray Alberto, Luis Alfonso, Francisco Luis y Luis  Enrique Cardona López, admitidas estas actuaciones el 6 de  julio de 2004 (f.  131 ib.),  y 23 de agosto de 2005 (f.  496 ib.),  respectivamente, y notificada el 11 de agosto de 2004 (f.  145 ib.).  

En  dicha acción buscaban obtener el resarcimiento de los  perjuicios por la muerte de Omar de Jesús Arango Hernández,  de 31 años (hijo  de Lorenzo de Jesús Arango y Carmen Tulia Hernández,  tío de Anger Andrés Arango  Sánchez;  Jorge Iván Arango Hernández, de 28 años, (hijo  de Lorenzo de Jesús Arango y Carmen Tulia Hernández,  padre de Anger Andrés Arango  Sánchez, Compañero  de Luz Mery Estrada Saavedra);  Nayiber Asdrúbal Alzate Estrada, de 7 años (hijo  de Luz Mery estrada Saavedra, nieto de Luis Enrique Estrada  Escalante, hermano de Edwar Esteban Alzate Estrada);   Manuel Antonio Cardona López, de 32 años y Luis Carlos  Cardona López, de 19 años de edad (hijos  de Delio de Jesús Cardona Córdoba y María  Rosario López de Córdoba, hermanos de Bernardo de  Jesús, Delio de Jesús, Fray Alberto, Luis Alfonso,  Francisco Luis y Luis Enrique Cardona López),  Daniel Cardona Carmona, de 2 meses y Luisa Fernanda Cardona Carmona,  de 2 años (nietos  de Delio de Jesús Cardona Córdoba y María del  Rosario López de Córdoba, sobrinos de Bernardo de  Jesús, Delio de Jesús, Fray Alberto, Luis Alfonso,  Francisco Luis y Luis Enrique Cardona López),  Tibisay del Carmen Carmona Sierra, de 35 años (Compañera  de Manuel Antonio Cardona López, madre de  Daniel  y Luisa Fernanda Cardona Carmona, nuera de Delio de Jesús  Cardona Córdoba y María del Rosario López  córdoba, cuñada de  Bernardo  de Jesús, Delio de Jesús, Fray Alberto, Luis Alfonso,  Francisco Luis y Luis Enrique Cardona López), Maivis  Johana Bedoya Marulanda, de 19 años (Compañera  de Luis Carlos Cardona López, hija de Olga Ester Marulanda  Quiroz, Madre de Carlos Andrés Sánchez Bedoya)  y Carlos Andrés Sánchez Bedoya, de 3 años (hijo  de Maivis Johana Bedoya Marulanda).  Asimismo por las lesiones sufridas por Luz Mery Estrada Saavedra  (compañera  de Jorge Iván Arango Hernández, madre de Edwar Esteban  y Nayiber Asdrúbal Alzate Estrada, hija de Luis enrique  Estrada Escalante),  y  Edwar  Esteban Alzate Estrada (hijo  de Luz Mery Estrada Saavedra y Jorge Iván Arango Hernández,  hermano de Nayiber Asdrúbal Alzate Estrada y nieto de Luis  Enrique Estrada Escalante).  

  

El  18 de agosto de 2005 (ff. 488-489 ib.) la apoderada de los  demandantes renunció a las pretensiones elevadas a favor de  Bernardo de Jesús y  Fray Alberto Cardona López;  igualmente, las peticiones de Delio de Jesús Cardona Córdoba,  María del Rosario López de Cardona, Delio de Jesús,  Luis Alfonso, Francisco Luis y Luis Enrique Cardona López,  respecto de los fallecidos Daniel y Luisa Fernanda Cardona Carmona.  

  

7.17.-  Radicado 2004-00091, presentada el 18 de octubre de 2001 por Martha  Gladis Muñoz Restrepo (ff.  25-30 cuad. 230),  admitida el 4 de diciembre siguiente (f.  31 ibídem),  sustituida el 7 de julio de 2004 (ff.  51-63 ib.),  para señalar que actúa también en nombre propio  y en representación de sus hijos menores Arbey Antonio Gómez  Muñoz, Libardo de Jesús y Doris Adriana Muñoz  Restrepo; reformada el 9 de junio de 2005 (ff.  167-207 ib.),  para acumular pretensiones de Dora Rocío Parra Tapias, quien  actúa en nombre propio y en representación de su hija  Yanibia Andrea Cataño Parra, admitidas estas últimas  actuaciones el 9 de agosto de 2004 (f.  121 ib.),  y 23 de agosto de 2005 (f.  397 ib.),  respectivamente, notificada el 15 de septiembre de 2004 (f.  129 ib.).  

  

Reclaman  la reparación de los perjuicios sufridos por la muerte de  Francisco Antonio Cataño Henao, de 35 años de edad,  (padre  de  Yanibia Andrea, compañero de Dora Rocío);   así como las lesiones padecidas por Libardo de Jesús  Muñoz Restrepo y Arbey Antonio Gómez Muñoz, de 9  y 4 años, (hijos  de Martha Gladis Muñoz Restrepo y hermanos de Doris Adriana  Muñoz Restrepo).  

  

8.  El 29 de octubre de 2009 el a-quo  (Juez Promiscuo del Circuito de Segovia) profirió sentencia,  complementada el 12 de diciembre de 2011, con las cuales acogió  parcialmente las pretensiones formuladas, al concluir que se  encontraba demostrada la responsabilidad de la empresa Ocensa en los  hechos que enlutaron a la población de Fraguas –  Machuca, ocurridos el 18 de octubre de 1998, por no haber tomado las  precauciones necesarias en cuanto a la protección del  oleoducto Cusiana – la Belleza – Vasconia – Coveñas  en el tramo que comprende dicha localidad, ante el riesgo creado con  la construcción del mismo y que por demás, era una  actividad altamente peligrosa, lo que la hacía responsable  civilmente de los perjuicios morales sufridos por los demandantes.  

  

Asimismo,  declaró no probadas las excepciones planteadas por la llamada  en garantía Royal & Sun Alliance Seguros Colombia S.A., y  descartó la nulidad relativa del contrato de seguro por  reticencia e inexactitud, pues, versaba sobre hechos o circunstancias  que especifican el estado de riesgo, y no sobre aquellos que  determinan el incumplimiento del contrato, conforme al artículo  1058 del C. de Co.  

  

9.  Apelado el citado fallo por ambos extremos de la litis y la llamada  en garantía, el Tribunal, en providencia de 16 de julio de  2013, confirmó en parte lo resuelto por el a-quo,  en cuanto  tuvo por no probadas las excepciones de fondo planteadas por la parte  demandada y la declaró civilmente responsable de los  perjuicios causados a los demandantes con ocasión de los  hechos ocurridos el 18 de octubre de 1998; revocó parcialmente  la decisión que declaró no probadas las defensas  propuestas por la aseguradora, y en su lugar, dispuso la prosperidad  del medio denominado “NO  COBERTURA POR SER UN RIESGO EXCLUIDO”;  modificó las condenas impuestas por daños, así  como las costas, y adicionó la decisión en el sentido  de desestimar las pretensiones de algunos querellantes.  

  

10.  Ante esta determinación, las partes recurrieron en casación  y la Corte, en su momento, admitió tales recursos.  

            

II. LA          SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

  

Luego  de un detallado resumen del devenir procesal en las instancias, con  particular énfasis en el contenido de las pruebas y los  alegatos de la alzada, sienta el juzgador de segunda instancia las  siguientes consideraciones:  

  

1.        Encuentra  acreditados los presupuestos formales del proceso.  

  

2.        Recuerda  lo que los apelantes piden:  

  

2.1.        Los  demandantes, que se revoque parcialmente la sentencia del a  quo en cuanto a que se “reconozcan  perjuicios materiales y a la vida de relación, e igualmente se  condene al daño moral hereditario deprecado por algunos de los  demandantes y se efectúe la correspondiente condena en costas  por su totalidad y no de manera proporcional”  (f. 2425).  

  

2.2.        La  sociedad demandada, que se revoque íntegramente la sentencia  para que en su lugar se reconozca la prosperidad de los medios  exceptivos, principalmente la configuración de una causa  extraña por el hecho de un tercero que da lugar a la ruptura  del nexo causal.  

  

2.3.        La  llamada en garantía, que se revoque la decisión por la  que se le condenó solidariamente, y en su lugar se le dé  prosperidad a los medios exceptivos propuestos por ella.  

  

  

3.1.        Si  la empresa demandada ejerce una actividad peligrosa.  

  

3.2.        Establecido  el anterior, si concurren los presupuestos axiológicos de la  acción de responsabilidad civil extracontractual.  

  

3.3.        De  acreditarse esto, si ocurrió el hecho de un tercero invocado  como causa extraña.  

  

3.4.        De  no quedar comprobada la causa extraña, si hay la  responsabilidad de la llamada en garantía Royal & Sun  Alliance Seguros (Colombia) S.A., con el examen sobre:  

  

i.        La  cobertura del riesgo reclamado.  

  

ii.        Si  hubo reticencia o inexactitud de la asegurada respecto de los hechos  o circunstancias que implicaban objetivamente agravación del  estado del riesgo.  

  

iii.        Si  hubo incumplimiento de la garantía establecida en el numeral  15.3 de las condiciones generales de la póliza.  

  

iv.        Si  operó la prescripción de la acción de OCENSA  frente a la aseguradora.  

  

3.5.        Finalmente,  se propone analizar la condena en costas a favor de los demandantes.  

  

4.        En  cuanto al ejercicio de actividades peligrosas, luego de definir lo  que por tal concepto entiende en la jurisprudencia de esta  Corporación, pasa revista el ad  quem a la comprensión que le  asigna el Consejo de Estado. Alude luego a las diversas posturas que  a través del tiempo ha adoptado la Corte Suprema de Justicia,  a tono con las teorías que han pretendido morigerar la prueba  de la culpa para adoptar, en su lugar, ya el riesgo creado, el  riesgo-beneficio, la presunción de responsabilidad o la  presunción de culpa, los conceptos de guardián de la  actividad y de la exoneración de este mediante la prueba de  una causa extraña.  

  

Opta  por concluir que del artículo 2356 del Código Civil se  colige que se estructura “la  responsabilidad sobre un factor objetivo consagrando una presunción  de responsabilidad en la que es suficiente demostrar la existencia  del perjuicio irrogado y el nexo causal entre el ejercicio de la  actividad peligrosa y la ocurrencia del daño, prescindiendo  del elemento culpa”  (f.2428 vto.).  

  

Pasa  a examinar el fenómeno de la ruptura del nexo causal entre el  daño y la actividad peligrosa, mediante el análisis de  los elementos axiológicos del caso fortuito o fuerza mayor, el  hecho exclusivo de un tercero y la culpa exclusiva de la víctima,  para así arribar al examen de la actividad ejercida por la  demandada.  

  

En  primer lugar, el juzgador  colegiado destaca  que en el objeto social de la sociedad interpelada figura la  operación, explotación y manejo de un sistema de  transporte de petróleo de uso público en instalaciones  de su propiedad, “cuyo líquido  de por sí es inflamable”  (f. 2430), según calificación que la jurisprudencia ha  dado al petróleo en sentencia del 18 de septiembre de 2009.  Sin embargo, comoquiera que la demandada desconoce que la actividad  de conducción del petróleo por el oleoducto sea  peligrosa, el sentenciador de segunda instancia acude a  jurisprudencia del Consejo de Estado y particularmente de la Corte  Suprema de Justicia en la que se califica de peligrosa la actividad  que tiene por objeto la producción, distribución y  almacenamiento de gases metano y propano, gas en forma líquida  y gas para uso doméstico, lo mismo que la manipulación  de materiales inflamables y susceptible de explosión  (SC081-99).  

  

Con  tales bases, estima que el transporte de hidrocarburos resulta ser  una actividad que conlleva la potencialidad de causar daño, en  apoyo de lo cual, además, acude a los testimonios del geólogo  Edgar Enrique Roa Acosta (para quien tal actividad comporta riesgos  asociados imputables a fallas humanas, técnicas y fenómenos  naturales), del ingeniero civil con experiencia en el campo de  petróleos y partícipe en la construcción del  oleoducto de OCENSA, Roberto Eladio Espriella Fernández,  (quien manifiesta que los hidrocarburos cuando entran en contacto con  una llama se incendian y pueden prenderse tanto el petróleo  como sus derivados), del ingeniero mecánico experto en  petróleos y conocedor del oleoducto de OCENSA Robin George  Heels (quien señala que el petróleo es un material  inflamable y que mientras permanece en el tubo es seguro, pero en el  momento en que se libera se vuelve un riesgo potencial).  

  

5.        En  lo tocante a los elementos de la responsabilidad civil por  actividades peligrosas, esto es, el daño y el nexo causal  entre éste y la actividad ejercida por la demandada, procede  del Tribunal a examinar y valorar las pruebas recaudadas así:  

  

5.1.        No  les da mérito probatorio a:  

  

i.        Los  documentos emanados de la Fiscalía que fueron aportados en  fotocopia simple, por no reunir los requisitos del artículo  252 del Código de Procedimiento Civil, a saber: resultados  obtenidos de la investigación remitidos por parte de la  policía judicial de Antioquia a la Fiscal Regional de la  Unidad Nacional de Derechos Humanos; constancia sobre la  comparecencia de Luis Ceferino Murillo para denunciar a algunas  personas que dijo hicieron parte del atentado, dictamen técnico  del Jefe del Grupo Antiexplosivos sobre el material utilizado para  romper el tubo; declaración de John Jairo Luna; entrevista  realizada por Jumirson Murillo y estudio topográfico del  lugar.  

  

  

iii.        Declaraciones  de parte en lo que no sea constitutivo de confesión.  

  

iv.        La  declaración de confesos de los demandantes, en vista de que  deben cumplirse los requisitos previstos en el artículo 210  del Código de Procedimiento Civil y en esa medida tal  inasistencia solamente será constitutiva de un indicio en  contra de aquellos.  

  

5.2.        En  cuanto a los hechos sucedidos el 18 de octubre de 1998 en el  corregimiento de Machuca, dice el Tribunal que  

“los  testigos allegados al proceso y que se encontraban en el lugar al  momento de ocurrir la tragedia, coinciden en narrar que se presentó  una primera explosión, alrededor de las 12 de la noche y entre  los 30 o 40 minutos siguientes escucharon una segunda explosión  que fue la que dio lugar al incendio y consecuentes pérdidas  humanas y materiales”  (f. 2430 vto).  

  

5.3.        “Los  registros civiles, las actas de inspección del cadáver  y necropsias, reconocimientos clínicos e informes psicológicos  dan cuenta de los daños padecidos por los habitantes del  corregimiento aquel fatídico día y las fotografías  muestran una imagen desgarradora del lugar, una vez pasado el  acontecimiento” (ib.).  

  

5.4.        Pasa  a examinar la declaración del geólogo Edgar Enrique Roa  Acosta quien explica que los riesgos en esos casos pueden presentarse  en la etapa de transporte de crudo liviano asociados a situaciones de  eventos naturales como sismos, dinámica fluvial, proceso de  remoción de masa principalmente, así como a situaciones  de orden humano (malos diseños, procesos constructivos  deficientes, incumplimientos de normas y procedimientos, sabotajes).  

  

Concluye  entonces que  

  

“en  el sub examine quedó plenamente establecido la ocurrencia de  los elementos axiológicos propios de la acción de  responsabilidad civil extracontractual, por cuanto como se ha dicho  aparece probado la causación del daño por causa de la  actividad peligrosa ejercida por la parte demandada, encontrando de  tal manera respuesta positiva al segundo interrogante planteado”  (f. 2435 vto).  

  

5.6.        Sobre  la ruptura del nexo causal comienza el órgano colegiado por  examinar la condena proferida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito Especializado de Antioquia del 25 de mayo de 2004 contra  algunos miembros de “un grupo insurgente” la cual fue  revocada por el Tribunal y casada parcialmente por la Corte en  sentencia del 7 de octubre de 2007, en la que finalmente se declaró  penalmente responsable a los procesados en calidad de coautores del  concurso de delitos integrado por rebelión, terrorismo,  homicidio simple múltiple y lesiones personales múltiples.  Con base en lo anterior, y en el reconocimiento público que el  dirigente del grupo subversivo hizo sobre el atentado, pasa a  examinar si ello es causal eximente de responsabilidad.  

  

5.6.1.                Tiene  en cuenta el Tribunal la estructura del oleoducto, en cuanto a su  grosor (13.32 mm), profundidad a que fue enterrado (8.85 mts.) la  cual es superior a las establecidas en el código de Estados  Unidos, normatividad fuente a falta de legislación en nuestro  país. Asimismo, toma en consideración la falta de  restricciones en esa nación en cuanto a la ubicación de  gasoductos en áreas urbanas (a 15 metros de éstas) y la  casi nula accidentalidad que allí se reporta.  

  

5.6.2.                De  igual forma, constata que OCENSA contaba con equipos de contingencia  en Zaragoza y Remedios, puntos más próximos al lugar de  los hechos, que realizaba vuelos periódicos en el área  (40 sobrevuelos, como acciones de protección y vigilancia  entre agosto y octubre de 1998).  

  

5.6.3.                Alude  al informe preparado por John Phillips, vicepresidente de una firma  internacional de diseño de ingeniería de gestión  de proyectos y servicios de campo en el sector de petróleo,  quien ratifica el mayor espesor de la pared del tubo frente al  utilizado en Canadá y Estados Unidos, su profundidad promedio  de lectura de cubrimiento (dos metros), así como los  procedimientos de derecho de vía diseñados para ser  productivos y preventivos, todo lo cual fue además ratificado  por los testigos Alexander Higuera Cely, Orlando Francisco Mendigaña,  Juan Camilo Pérez, Frank Bercha, Phillips John Jackson,  Frederick Bruce Claridge, Roberto Eladio Espriella Fernández y  Julio Enrique Alonso López. El Tribunal, en detalle, se  refiere a las particularidades de las medidas de prevención,  seguridad y mantenimiento que estos deponentes explicaron.  

  

De  dichas pruebas, dice la colegiatura que “en  cuanto al diseño y construcción del oleoducto la  empresa demandada acudió a los mejores estándares de  calidad y seguridad”  (f. 2438), no obstante lo cual advierte que en lo relacionado con las  estadísticas sobre accidentalidad se tuvo como punto de  referencia los Estados Unidos, donde la situación de orden  público dista mucho de la de este país.  

  

5.6.4.                En  relación con los planes o programas de información a la  comunidad, puso su atención en las declaraciones de María  Victoria Bernate y Mábel Janeth Mojica. Asimismo, se fijó  en el dicho de Demetrio Castro Mejía en lo tocante al  mantenimiento mecánico y planes de contingencia del oleoducto,  simulacros que se realizaron con participación de la comunidad  lo que se corroboró por parte del Tribunal con los folletos  allegados y la grabación de los programas emitidos por OCENSA.  

  

A  pesar de lo anterior, establece la corporación que de acuerdo  con lo manifestado por María Victoria Bernate, las campañas  de información no tenían un componente de seguridad  pues los programas estaban enfocados más bien en lo  relacionado con la construcción del oleoducto y su posterior  operación, el empleo y planes de manejo ambiental, qué  pasaba con los derrames y la gestión social de OCENSA.  

  

5.6.5.                En  cuanto a los actos administrativos del Ministerio del Medio Ambiente,  destaca las aprobaciones que dicha entidad impartió a la  construcción del oleoducto, a los estudios técnicos  definitivos y a la licencia ambiental que le fue otorgada mediante  resolución 952 de 1995, en la que se le impuso entre otras  obligaciones,  

  

“la  de brindar talleres educativos y de orientación ambiental  dirigidos a la comunidad y que comprenderán componentes como  el del análisis de riesgo y seguridad para la población  frente al proyecto, esto es, el plan de contingencia, el cual una vez  presentado fue aceptado por auto No. 382 del 17 de junio de 1997, en  el que se requiere a la empresa para que lo complemente incluyendo  dentro del análisis de riesgo para la línea principal  la variable de orden público, la probabilidad de atentados,  para definir los sectores de mayor afectación por esa causa.  En dicho acto se dice que pese a que se indica que el daño  mayor son los causados por terceros, el plan de contingencia  presentado desconoce la problemática de orden público y  operación de grupos al margen de la ley”  (f 2439 y vto.).  

  

No  obstante, advierte el juez de segundo grado que dicho acto  administrativo fue revocado por el auto 471 del 21 de julio de 1997  aceptando que la empresa iniciara operaciones una vez verificado el  estado de preparación logística y humana, concediéndole  un término de tres meses para que complementara el plan de  contingencias “en los términos  indicados en el acto recurrido”  (ib.).  

  

Resalta  que después del derrame del crudo, mediante auto 051 del 24 de  febrero de 1999 la Subdirección de Licencias Ambientales del  Ministerio del Medio Ambiente requirió a OCENSA para que diera  cumplimiento a lo exigido en los autos anteriores, esto es el 382 y  el 471 de 1997, en cuanto al análisis del riesgo y en  particular el derivado de los atentados terroristas. Asimismo da  cuenta la Corporación ad quem  de que dicho acto administrativo fue recurrido por OCENSA y resuelta  la impugnación mediante providencia 472 del 1° de octubre  de 1999 en el que se incluyó una variable:  

  

“el  derrame, explosión e incendio por rotura de la línea”,  aun cuando la probabilidad de que ello ocurra por causas  operacionales o naturales, sea mínima; y lo requiere para que  presente informe sobre los resultados de la aplicación de la  metodología propuesta en el análisis piloto sobre el  riesgo de incendio y explosión de derrames que se produzcan en  el oleoducto como consecuencia de causas externas a la operación.  Excluye del análisis de riesgo la variable de orden público  y la probabilidad de atentados bajo el entendido de que esta variable  debe ser tomada en cuenta por los organismos del Estado”  (f. 2440).  

  

De  todo ello concluye la corporación ad  quem que la licencia ambiental y los  requerimientos realizados fueron cumplidos por OCENSA, no obstante lo  cual, “dejan  entrever la renuencia de la empresa a incluir en el plan de  contingencia en cuanto al riesgo la variable de orden público,  por la probabilidad de atentados, incendio y explosión por  derrames” (ib.) y que  se trataba de una realidad social.  

  

En  refuerzo de lo anterior, se refiere a lo indicado por el Ministerio  del Medio Ambiente en el auto 382 de 1997 en la que la Subdirección  de Ordenación y Evaluación Ambiental destacó el  desconocimiento del principal factor de amenaza antrópica  referente al orden público y posibles atentados producidos por  terceros y la sorpresa que le causaba que en el plan de contingencia  no estuviese planteada esa temática.  

  

  

5.6.6.                De  las declaraciones de dos exmilitares y el informe rendido a  Corantioquia por la misma demandada infiere la colegiatura que en el  área había una alteración grave de la situación  de orden público por la época del siniestro, de  conocimiento de OCENSA.  

  

5.6.7.                Del  informe pericial del experto Luis Carlos Henao, extracta algunas  conclusiones referidas al lugar del atentado, los caños que  bajan de allí hasta el río, la distancia de aquellos  hasta el pueblo, el grado de las pendientes, la corriente del río,  la localización de Machuca (hondonada rodeada de altas  colinas, “atravesada  por el río de oriente a occidente en forma tal que se  facilitaría la represión de las aguas o por lo menos  que las inundaciones se desborden por dentro del poblado en época  de invierno”, f. 2442),  el hecho de que si un atentado ocurriese en el mismo punto o varios  kilómetros más hacia arriba u oriente los derrames del  fluido caerían al río y por tanto “no  hay obra posible para contrarrestar el derramamiento”  (ib.).  

  

5.6.8.        Luego  de aludir a la velocidad del río Pocuné en la zona de  Machuca, al régimen torrencial y a las lluvias registradas en  el período de agosto a diciembre de 1998, de acuerdo con la  prueba pericial, concluye el Tribunal, con apoyo en texto de los  hermanos Mazeaud y de todo lo anterior, que “no  puede estimarse cumplido el presupuesto de imprevisibilidad del hecho  del tercero que se alega como eximente de responsabilidad, teniendo  en cuenta que antes de lo sucedido el 18 de octubre de 1998 fueron  reiterados los ataques o atentados al oleoducto de la demandada, lo  que le imponía una obligación mayor de seguridad para  evitar causar daños a terceros”  (f. 2443).  

  

En  suma, el Tribunal advierte que la empresa demandada es guardiana de  la actividad de transporte de hidrocarburos, actividad que representa  un riesgo para otros, el tramo del oleoducto que pasa por Machuca se  encuentra bastante cercano a la población, el dictamen  pericial determinó que por las características del  terreno y la pendiente alta donde ocurrió el accidente uno  similar posterior tendría las mismas consecuencias, es decir,  “las conclusiones  acerca del dictamen pericial, son contundentes en cuanto al peligro  que conlleva la ubicación del ducto respecto del corregimiento  de Machuca”  (f. 2443 vto.). Resalta asimismo que el punto más cercano del  tubo al caserío toma entre 10 y 20 minutos caminando, que por  las características del río Pocuné el  desplazamiento del crudo en caso de derrame, más en invierno,  permite suponer cómo habría de deslizarse hasta el  pueblo y que la demandada debió prever la gravedad de las  consecuencias por la posibilidad de difusión del hidrocarburo  en consideración a los reiterados ataques de los grupos  subversivos contra el ducto y la cercanía de la población,  maximizando las medidas de seguridad, las que no son suficientes con  simples sobrevuelos sino que, para el Tribunal, debían ser de  carácter permanente.  

  

Como  no se puede presentar la causa extraña en concurrencia con la  culpa del demandado, remata el juez de la alzada que no es de recibo  la excepción propuesta por OCENSA, para lo cual, además,  refuerza su inferencia con jurisprudencia de la Corte en la que se  señala que los ataques guerrilleros no pueden ser considerados  como causa extraña en eventos como el de esta litis cuando la  demandada tiene conocimiento del acecho de la guerrilla y de sus  intentos fallidos por reventar el ducto.  

  

A  lo anterior suma el hecho de que no obstante que la interpelada tenía  dispuesto un plan de contingencia y ya había realizado  simulacros, “omitió  contar en el lugar con un mecanismo de aviso a la comunidad frente a  una emergencia como la ocurrida, que por razón de la hora (en  el albor de la madrugada del 18 de octubre de 1998) sorprendió  a muchas de las víctimas dormidas”  (f. 2445).  

  

No  desconoce el juzgador colegiado que las consecuencias dañosas  también tuvieron su causa en los hechos terroristas del grupo  subversivo, pero, con apoyo de doctrina nacional y extranjera  concluye que de todos modos si se presentaron fallas en la vigilancia  y control del oleoducto la demandada incurrió en culpa,  suficiente para comprometer su responsabilidad, a más de que  el hecho del tercero no le era imprevisible.  

  

6.        En  cuanto a la prescripción de la acción de  responsabilidad extracontractual anota el Tribunal que de conformidad  con el artículo 2356 del Código Civil corresponde a una  acción ordinaria cuyo término es de 10 años,  lapso que no había transcurrido cuando los demandados se  notificaron.  

  

7.        En  lo tocante al daño y su reparación, luego de una  explicación teórica a lo que por tal debe entenderse y  su diversa tipología (daños patrimoniales en sus  vertientes de daño o emergente y lucro cesante, y daños  extrapatrimoniales ya sea daño moral propio o hereditario o a  la vida de relación), pasa a verificar lo que encuentra  demostrado:  

  

7.1.        El  Tribunal manifiesta que accederá a los perjuicios  extrapatrimoniales en virtud del dolor padecido por la muerte o  lesión de las víctimas con sustento en uniones  maritales, matrimoniales o simplemente relaciones afectivas,  parentales incluyendo a los abuelos, filiales, fraternales siempre  que existan elementos de convicción idóneos (registros  civiles) que permitan determinarlos. Sin embargo, en cuanto a los  menores de siete años, “habrá  de fijarse un menor monto como compensación del daño  moral, teniendo en cuenta que dichas reglas e incluso la psicología  enseña que en razón de su corta edad su razonamiento y  procesamiento de la información es inmaduro, por lo que la  muerte no tiene la misma significación para ellos frente a  personas de mayor edad”  (página 510 de la sentencia).  

  

Accederá  al perjuicio moral “propio”,  esto es, el que sufrieron las víctimas por razón de sus  quemaduras y lesiones y que se tradujo en dolor físico. Más,  en cuanto al perjuicio moral  heredado, dice la Corporación  que sólo procederá en la medida en que las víctimas  hayan sobrevivido por lo menos un día luego de ocurrida la  conflagración, para lo cual, manifiesta que acudirá a  los registros civiles de defunción, actas de necropsias y  levantamientos de cadáver aportados.  

  

7.2.        Cuanto  al daño a la vida de relación,  manifiesta que reconocerá dicho perjuicio, en cuantía  proporcional a las lesiones, “respecto  de las víctimas directas, si se demuestran las lesiones  físicas causadas que hayan afectado la posibilidad de realizar  actividades vitales, que, pese a no conllevar un rendimiento  patrimonial hacen agradable la existencia y asimismo, se reconocerá  a las víctimas de reflejo siempre que exista prueba fehaciente  que permitan establecerlos”  (página 512 de la sentencia).  

  

En  suma, dispone que en lo que hace al daño  moral sufrido por los demandantes a  raíz de la muerte de sus seres queridos habrá de  establecer una suma de $27.500.000,oo en favor de los padres, hijos,  esposos y compañeros permanentes; la mitad de ese valor en  favor de los hermanos y abuelos, esto es $13.750.000,oo; y a favor de  los niños menores de siete años y demás  parientes la suma de $6.875.000,oo.  

  

En  lo que hace al daño moral  hereditario indica que lo  determinará de acuerdo con el tiempo que haya sobrevivido la  víctima repartiéndose el monto proporcionalmente entre  los herederos conforme a las normas sucesorales, acotando además  que por cada día de sobrevivencia de la víctima,  reconocerá la suma de $100.000,oo., “más  aún cuando no hay certeza de que dichas víctimas hayan  tenido conciencia de su crítico estado de salud durante el  tiempo de supervivencia”  (f. 2453).  

  

  

7.4.        Recuerda  que las víctimas aducen que percibían ingresos en  cuantía de cuatro salarios mínimos legales mensuales.  Sobre este tema, referido al lucro  cesante, manifiesta la colegiatura  que los testigos no son coherentes en sus dichos pues algunos dicen  que los ingresos eran constantes y otros explican que eran  irregulares; además, tal ingreso no concuerda con la  descripción de la población donde ocurrió la  conflagración, pues según Damaris Stella Castañeda,  para 1998  

  

“la  mayoría de las casas encontraban construidas en madera y zinc,  estructura poco predicable de familias con solvencia económica  y de personas con los ingresos aludidos en el libelo genitor y menos  aún en grupos familiares donde habían dos o más  personas dedicadas a la misma actividad que al decir de la demanda  generada para cada uno ingresos de cuatro salarios mínimos  legales mensuales vigentes”(página  515).  

  

Concluye  entonces, conforme a la jurisprudencia, que será el salario  mínimo legal mensual vigente para la época, el que debe  presumirse que reportaban como ingreso estas víctimas,  presunción que asimismo se aplicará en las personas  productivas y  a las amas de casa.  

  

8.        Expresa  que no reconocerá lucro cesante en menores de 16 años,  respecto de los cuales se adujo que percibían ingresos en  labores de barequeo, pues no existe certeza de ello,  

  

“máxime  cuando algunos apenas contaban con siete años de edad y se  trataba de infantes en edad escolar, quienes según lo dicho  incluso por las mismas partes en los interrogatorios, estudiaban y  luego de su jornada académica se desplazaban el río,  entendiendo esta sala que más bien se trataba de una ayuda o  compañía brindada a sus padres”  (página 516 de la  sentencia).  

  

Mas,  habrá de condenar al lucro cesante en los mayores de 16 años,  siempre que exista prueba de que efectivamente desplegaban alguna  labor y no obstante que el Código de la Infancia y la  Adolescencia (artículo 113) requiera autorización para  ello pues, dice el Tribunal, tal requisito se predica cuando el  trabajo implica una relación laboral de dependencia, mas no en  este caso en donde, de acuerdo con testigos, era costumbre del lugar  que las personas a temprana edad se dedicaran a la minería  para subvenir a sus necesidades, sin que pueda tildarse de ilícita  esa actividad pues, de conformidad con el decreto 2655 de 1988, se  trataba de minería de subsistencia, permitida por dicho  estatuto, bajo la modalidad de barequeo prevista en los artículos  134 y 135.  

  

En  cuanto al tiempo de lucro cesante, toma el Tribunal para los hijos  menores la edad de 18 años salvo que exista prueba de que se  encontraban estudiando o preparándose para ejercer una  profesión, caso en el cual adopta la edad de 25 años. Y  en cuanto al lucro cesante con fundamento en alimentos recibidos de  las víctimas, el Tribunal considera que de ser acreditada tal  circunstancia en cuanto a los mayores de edad, por ejemplo los padres  respecto de los hijos, liquidará dicho lucro hasta la vida  probable más corta.  

  

El  salario mínimo que utiliza es el vigente para la época  ($203.825 mensuales), los que serán indexados a la fecha de la  sentencia, resultado al cual le descontará el 25% que se  entiende como porción que la víctima destinaba para su  propio sustento.  

  

Finalmente,  examina el hecho de que algunas víctimas hubiesen recibido de  la Red de Solidaridad Social sumas y subsidios de vivienda, para  indicar que de conformidad con la Ley 782 de 2002, correspondía  a una ayuda humanitaria y por tal razón, no se trata de una  indemnización por parte del Estado que impida acumular la  pretensión indemnizatoria pretendida en este proceso.  

  

Se  aplica entonces a los casos particulares, que la Corte, en gracia de  la brevedad, explicará en detalle si el examen del cargo así  lo amerita.  

  

9.        En  cuanto hace al llamamiento en garantía que la demandada hizo a  Royal & Sun Alliance Seguros Colombia S.A., antes Seguros Fénix,  constata que en efecto, esta empresa aseguradora expidió el  certificado de renovación de la póliza de seguro de  responsabilidad civil n° 12-193 vigente desde el 1° de enero  al 31 de diciembre de 1998, cuya tomadora, asegurada y beneficiaria  es OCENSA. Asimismo, luego de anticipar la desestimación de  los medios exceptivos propuestos por la aseguradora frente a la  demanda genitora de este proceso, se detiene en las defensas  propuestas al llamamiento de que fue objeto, referidas a las  exclusiones pactadas (daños ocasionados directa o  indirectamente de actos de guerra, invasión, acto de enemigo  extranjero, hostilidades -sea que haya o no declaración de  guerra-, guerra civil, rebelión, revolución,  insurrección, golpe de cuartel militar o usurpación del  poder), así como también invocó la ausencia de  cobertura del riesgo por la exclusión legal prevista en el  artículo 1105 del Código de Comercio, la ausencia de  cobertura por la exclusión pactada en la cláusula 14.1  de la póliza, nulidad relativa del contrato de seguro por  reticencia e inexactitud de la llamante asegurada, nulidad relativa  por incumplimiento de las garantías establecidas en la póliza,  límites de la cobertura y prescripción de la acción  derivada del contrato de seguro. Para desestimar este llamamiento,  expone las siguientes razones:  

  

9.1.                Además  del marco teórico relacionado con el contrato de seguro, con  el de responsabilidad civil extracontractual y la acción  directa de los damnificados contra la empresa aseguradora que opera  en este, examina la Corporación si el suceso desencadenante de  la responsabilidad de OCENSA se encuentra cubierto, cuestión  que enseguida dilucida por la negativa, en razón a que, tal  como fue propuesto como medio exceptivo por la compañía  aseguradora, en la póliza se pactó que no se amparaba  la responsabilidad “ocasionada  directa o indirectamente por, o que ocurra  a raíz o en  consecuencia de guerra, invasión, acto de enemigo extranjero,  hostilidades (sea que haya declaración de guerra o no), guerra  civil, rebelión, revolución, insurrección, golpe  de cuartel militar o usurpación del poder”  (página 627 de la sentencia).  

  

9.2.                En  efecto, recuerda que dentro de los elementos constitutivos del seguro  descuella el riesgo asegurable, sucesos inciertos que el asegurador  estudia y elige los que puede asumir. “La  guerra es precisamente uno de los riesgos interpretados como  extraordinarios, siendo catalogado propiamente como un riesgo  catastrófico”  (página 629 de la sentencia), y que se entiende excluido del  contrato de seguro, al tenor de lo dispuesto en el artículo  1105 del Código de Comercio, en caso de silencio del contrato  sobre este tópico, razón esta que aduce el Tribunal  para no estudiar su ubicación en la póliza pues más  allá de si debía estar en caracteres destacados en la  primera página según lo exige el artículo 184 n°  2 literal C del Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, tal  exclusión opera por ministerio de la ley.  

  

9.3.                Con  miras a establecer si dicha exclusión se aplica al caso,  examina lo que se entiende por guerra civil, de acuerdo con las  definiciones que trae el artículo 1° del Protocolo  Adicional II a los convenios de Ginebra y el literal F del artículo  8.2 del Estatuto de la Corte Penal Internacional. De allí  colige que “cuando  en el territorio de un Estado se presenta una confrontación  entre las Fuerzas Armadas de ese Estado y fuerzas armadas disidentes  o grupos armados organizados que luchan contra las fuerzas del  Estado”(página  632 de la sentencia); o aún más, cuando las fuerzas  disidentes o los grupos armados organizados se enfrentan contra las  fuerzas del Estado o cuando ellos se enfrentan entre sí,  cuando la fuerza insurgente ocasiona ataques destructivos en ausencia  actual de esa confrontación, como ocurrió en el  presente caso, se está en presencia de un conflicto  armado no internacional. Avala su  conclusión con concepto de autorizados autores nacionales  para, como epílogo, establecer que las situaciones expuestas  resultan aplicables al artículo 1105 del Estatuto Mercantil,  más aún de cara al concepto que de rebelión trae  el artículo 467 del Código Penal.  

  

9.4.                En  consecuencia, como los daños reclamados se originaron en  hechos de guerra, se encuentran enmarcados dentro de la exclusión  legal y por tanto no procede la condena que OCENSA persigue frente a  la llamada en garantía.  

Finalmente,  luego de tratar un asunto atinente a las costas, ajeno a la casación,  a modo de resumen establece un cuadro en el que figuran los  beneficiarios de las condenas, los perjuicios y su cuantía en  relación con la víctima directa.  

  

Decide,  pues, la Corporación ad quem,  confirmar la falta de prosperidad de las excepciones de fondo  propuestas por la parte demandada, revocar la decisión del  juzgado de primera instancia en lo tocante a no haber declarado  probadas las excepciones propuestas por la llamada en garantía,  para en su lugar acoger la denominada “no cobertura por ser un  riesgo excluido” aducida por Royal & Sun Alliance Seguros  (Colombia) S.A. y en consecuencia absolverla de las pretensiones  formuladas contra ella.  

  

10.        Confirma  además que OCENSA es civilmente responsable de los perjuicios  causados a los demandantes con ocasión de los hechos ocurridos  el 18 de octubre de 1998, condenándola las sumas que por los  diversos tipos de daños encontró acreditados en cada  demandante.  

  

Adiciona  la sentencia impugnada, tanto la inicial como la complementaria, para  declarar que se desestiman las pretensiones de Kennier Ibarguen  Mosquera, Duván Ibarguen Mosquera, Fanny de Jesús  Madrid, Yeison Alberto Jaramillo Montoya, Alfredo de Jesús  Marulanda García, Ana Griselda Mosquera Palacio, Marta Irene  Posada Madrid, Oscar de Jesús Montoya Metaute, Bernardo  Antonio Durango, Roberto Julio Méndez Nisperuza, Libia Maryori  Zapata Vásquez, Manuel Espíritu Santo Mosquera,  Rigoberto y Álvaro Sánchez Rojas,  Frengil  Collazos  Gómez, Rosa María Muslaco, Cindy Patricia Jaramillo  Oquendo, Carlos Andrés Jaramillo Oquendo, Verónica  Paola Agudelo Oquendo, John Anderson Agudelo Oquendo, Rodrigo Arcesio  Herrera Palacio, Luz Elena Chavarría Hurtado, Ana Porfidia  Durán, Freddy Luna Longa, Senén Luna Longa, Flor María  Luna Longa, Luz Marina Londoño Echavarría, Helmer Johan  Herrera García, Yesenia Johanna Mira García, María  Alejandra Oviedo Jaramillo, Jesús Emiro Restrepo Cárdenas,  Ana Olga Restrepo Cárdenas, Iván de Jesús  Restrepo Cárdenas, Jesús Aníbal Restrepo  Cárdenas, Héctor Emilio Restrepo Cárdenas, Jesús  Alberto Restrepo Cárdenas, Jesús Horacio Restrepo  Cárdenas, Ema de Jesús Restrepo Cárdenas, Dora  Rocío Parra Tapias y José Efrén Mosquera.  

            

III. EL          RECURSO DE CASACION  

  

Lo  interpusieron y sustentaron, de un lado, los demandantes señores  José Crispín  Sánchez Rodríguez, María Inés y Nury  María Mosquera Mosquera, María Gilma Rodríguez  de Sánchez, Luz Mary y Claudia María Ibarguen Mosquera,  Marco Antonio Ramírez Sánchez, Luz Mercedes y María  De Los Ángeles Mosquera Ramírez, José Mosquera,  Madison Ramírez, Miguel Ángel Henao Ospina; Henry De  Jesús Henao Estrada; Julián Eduardo, Orfa, Resfa Inés  y Rene de Jesús Henao Estrada; Deisy Eugenia Patiño  González, Andrés Felipe Henao Patiño, Octavio  Madrid Morales, Francisco Antonio Vélez González, Pedro  Rengifo Madrid, Martha Lucía Buriticá, Jaider Madrid  Londoño, Dora Lucía y Zuleima Montoya Roldán,  Robinson Mario Jaramillo Montoya, Flor María Muñoz  Sepúlveda, Diomedes Evelio González, Rosa Nury Muñetón  Velásquez, Flor Milena y Beatriz Osmany Hincapié  Muñetón, Luis Ángel Zorrilla, Isabelina Palacio  Herrera, Julieth Andrea y Carmelo De Jesús Herrera Palacio,  Carmelo Antonio Herrera Oquendo; Deyi Milena Ospina Oquendo; Aíra  Ruth; Jesús Antonio; Alex Eloy Herrera Oquendo; Robertina y  Bertha Elena Oquendo Hernández, Orfelina Perea Mosquera,  Viviana Patricia Valencia Perea, Miguel Ángel González  Llano, Yuli Yoana y Eddy Adrián González Valdez, Edwin  Orlando Monsalve Guarín, Pedro Adán Henao Galeano, Lina  María Solano Henao, Jhon Jairo Luna Longa; Luz Dary Tilaño,  Eliecer Mauricio y Jhan Sebastián Mendez Tilano; Fanny y  Mariela Mosquera Mosquera, Deiller Ayala Mosquera, Aura Elisa Longa  Mena; Heiller Luna Longa, María Cecilia Mosquera, Yolanda  Hernández Valero, Ángel De Jesús David García,  Luz Marina Londoño Echavarría, Yermigton Alfonso y  Kelly Yojana Murillo Londoño, María Felisa Moreno  Caicedo, Luis Ceferino Murillo Gutiérrez, Francisco Murillo  Moreno, Elsy de Jesús Monsalve Mejía, Hada Disney  Aguirre Bedoya, Breiner Alexis García Aguirre; Jesús  Emilio, Fernelli y Cecilia García Monsalve, Helmer Johan  Herrera García, Flor Alba Fernández Cano, Nazly Yomara  Cardona Madrigal, Luis Alfredo Restrepo Cárdenas, Emiliano  Sandoval Díaz, María Virgelina Ortiz Castaño,  Fanny De Jesús Sandoval Ortiz, Euclides Navarro Benítez,  Manuel Salvador Navarro, Alba Rocío Torres Sandoval, Ana  Isabel Cárdenas de Restrepo, María Fermina Sánchez  Rodríguez En nombre propio y representación de su hijo  Anger Andrés Arango Sánchez, Luz Mery Estrada, Edward  Esteban Álzate Estrada, Delio de Jesús Cardona López,  María del Rosario López de Cardona, Delio de Jesús  Cardona Córdoba, Luis Alfonso, Francisco Luis y Luis Enrique  Cardona López, Olga Ester Marulanda Quiroz Luis, Libardo de  Jesús y Doris Adriana Muñoz Restrepo, Arbey Antonio  Gómez Muñoz, y Yanibia Andrea Cataño Parra.  

  

De  otro, la demandada Sociedad Oleoducto Central S. A. OCENSA.  

  

En  razón a que los cargos que eleva la empresa demandada se  dirigen, bien a desvirtuar total o parcialmente su responsabilidad,  la lógica impone que en primer lugar se examine esta demanda,  para luego proseguir con la de los demandantes, que en general  persiguen el reconocimiento del derecho o de una suma mayor a la ya  reconocida. Mas, como quiera que buena parte de esos embates de la  demandada se repiten en sus argumentaciones, normas sustanciales y  tipo de error, la Corte los agrupará, incluso para efectos de  su síntesis, en dos grandes grupos, según la clase de  error endilgado. Finalmente examinará los cargos relacionados  con la responsabilidad de la llamada en garantía.  

  

Superado  este estudio, procederá la Sala al abordaje de los embates de  los demandantes, en el orden propuesto en el libelo con el que  sustentan su recurso extraordinario.  

  

Debe  ponerse de presente que como los recursos extraordinarios que se  desatan fueron propuestos en vigencia del Código de  Procedimiento Civil, es este ordenamiento el llamado a regular su  trámite y decisión, por así disponerlo los  artículos 624 y 625 del Código General del Proceso.  

  

IV. DEMANDA DE  OCENSA (DEMANDADA)  

  

Ciento  setenta y tres (173) cargos se dirigen contra la sentencia impugnada,  que la Corte examinará comenzando por los de mayor alcance  infirmativo, para seguidamente ocuparse de los relativos al  reconocimiento y tasación de perjuicios, agrupándolos,  según estos ameriten consideraciones comunes, ya por el tipo  de causal alegada (incongruencia), el error probatorio endilgado (de  hecho o de derecho) o bien el propósito común en ellos  de buscar comunidad de suerte con la llamada en garantía.  

  

SECCIÓN  I  

  

En  esta primera sección se analizan los embates dirigidos a  desvirtuar la responsabilidad civil de OCENSA.  

  

CARGO  1°  

  

Se  acusa la sentencia de ser violatoria de los artículos 2356 del  Código Civil, por aplicación indebida, y 2341 ibídem,  por falta de aplicación, como consecuencia de yerro  de derecho al haberle dado valor  probatorio al testimonio de Edgar Enrique Roa Acosta, con infracción  medio de los artículos 174 y 228 numeral 4° del Código  de Procedimiento Civil.  

  

En  procura de su demostración, indica que dicha probanza fue  pedida por la parte demandante y decretada por el juzgado de  conocimiento, iniciándose su práctica el 23 de  noviembre de 2006 en dos sesiones, una a las 9:00 am, en la que el  absolvente respondió las preguntas que le formuló la  apoderada de los actores, y la otra a las 2:00 pm, en la que empezó  a interrogarle la apoderada de la demandada, pero la diligencia se  suspendió cuando apenas comenzaba a ser utilizada la  oportunidad de esa parte para contrainterrogar al declarante en  garantía del derecho de contradicción, sin que su  culminación, a la sazón, fuese terminada a pesar de las  solicitudes reiteradas de la interpelada sobre la necesidad de fijar  la fecha y hora para finalizarla, cuestión que pidió  entonces ante la segunda instancia. El Tribunal, en efecto, ordenó  la evacuación de la parte restante de la atestación y  para el efecto comisionó al juez civil municipal de Bogotá,  lugar de nueva residencia del deponente, sin que este hubiese  asistido a la diligencia programada.  

  

Con  fundamento en lo anterior, aduce que la prueba no fue practicada en  forma regular porque sólo fue interrogado el testigo por una  sola de las partes y no por ambas, razón por lo cual el  Tribunal no podía darle valor probatorio. No obstante, ese  juzgador utilizó la declaración de Roa Acosta para  sustentar que la actividad desarrollada por OCENSA tenía el  carácter de peligrosa, lo que le condujo a la violación  del artículo 2356 del Código Civil por haberlo aplicado  indebidamente y a la falta de aplicación del artículo  2341 del mismo estatuto.  

  

CARGO  2°  

  

Como  consecuencia de errores de hecho  en la apreciación de las pruebas determinadas en el cargo, se  acusa la sentencia de violar, por aplicación indebida, el  artículo 2356 del Código Civil, y por falta de  aplicación, el artículo 2341 del mismo cuerpo  normativo.  

  

El  impugnante se propone en este embate demostrar que los dislates  fácticos condujeron al Tribunal a concluir que la actividad de  OCENSA tenía el carácter de peligrosa.  

  

Al  efecto, comienza por el testimonio de Edgar Enrique Roa Acosta,  haciendo la claridad de que lo incluye por si la Corte concluye en el  fracaso del cargo anterior.  

  

Luego  de indicar que el Tribunal dijo que éste deponente había  afirmado que el transporte de crudo liviano comporta riesgos  asociados a fallas humanas, técnicas y fenómenos  naturales, le imputa a esa Colegiatura haberlo cercenado pues el  testigo no expresó ninguna valoración específica  acerca de la presunta peligrosidad derivada de la operación  del oleoducto sino meras disquisiciones teóricas, por demás  descontextualizadas, en prueba de lo cual transcribe segmentos que  comenta, para finalmente indicar que  

  

«toda  actividad humana implica un riesgo, pero no se puede confundir la  potencialidad de una actividad para generarlo, con la calificación  de una actividad como peligrosa en sí misma, y, mucho menos,  puede derivarse de ello que dicha actividad es susceptible de  calificarse como peligrosa»  (f. 1242 c. Corte n°. 3).  

  

Pasa  seguidamente a analizar el dicho de Roberto Eladio Espriella  Fernández de quien dice que el Tribunal lo desfiguró  pues el deponente agrega a lo resaltado por la Colegiatura, que el  petróleo y sus derivados, “mientras  estén confinados en un tubo o tanque no se prenden».(f.  1243 C. Corte n°. 3).  

  

En  cuanto hace a la versión de Robin George Heels, señala  que no obstante haber mencionado el  ad quem el verdadero aporte de este  en el sentido de que aclara que mientras el petróleo, material  inflamable,  permanece en el tubo es  perfectamente seguro pero liberado se vuelve un riesgo potencial,  termina por concluir que la actividad de OCENSA es peligrosa.  

Agrega  que al indicar que el petróleo de  por sí es inflamable y ofrece peligrosidad,  el juzgador sentó una aseveración carente de sustento  probatorio. Y si la extrajo del certificado de existencia y  representación legal, en el que se describe el objeto social  de la demandada, ahí –arguye- no se afirma lo anterior.  Igual cosa sucede con el aserto de que el petróleo “de  por sí” sea inflamable pues no hay prueba alguna en el  expediente que lo constate.  

  

En  punto de las pruebas omitidas, el casacionista se refiere al informe  de Bercha Group en el que se afirma que la probabilidad de que una  persona muera como resultado del proyecto de construcción,  mantenimiento y operación de un oleoducto en un año es  mínima. Agrega que este documento acude a una jerarquía  de niveles de riesgo, adoptada por compañías de  petróleo y gas en Canadá, Estados Unidos y el Reino  Unido, con base en la cual, luego de examinar las medidas de  mitigación implementadas por OCENSA, concluye que los riesgos  son insignificantes.  

  

Asimismo,  agrega que pasó por alto el testimonio de Frank Bercha, quien  expuso que los niveles de “riesgo individual específico”  para el oleoducto son aceptables e insustanciales, entendido aquel  concepto, según la antedicha jerarquía, como una  fatalidad por millón en un año. También expresó  que la demandada tiene un plan de mitigación de riesgos y usó  una mayor profundidad a la acostumbrada en la instalación del  tubo, entre otras actividades de previsión. Y reconoció  que el crudo en un oleoducto no puede incendiarse bajo condiciones  normales ni bajo la mayoría de las condiciones porque requiere  oxígeno y una fuente de ignición fuerte. Todas estas  aseveraciones, remata, fueron omitidas por el Tribunal, pues de haber  reparado en ellas le hubieran llevado concluir que la actividad de  OCENSA no podía tomarse como peligrosa.  

  

De  la misma manera, alega que prescindió de la declaración  de John Phillips III, experto en transporte de hidrocarburos, quien  manifestó que los ductos o tuberías suelen pasar por  ambientes urbanos, por lo que en su opinión los habitantes de  la zona de influencia no corren peligro debido a que el oleoducto  está diseñado, construido, operado y mantenido de  acuerdo con el código de los Estados Unidos que asegura alta  confiabilidad, más en el caso de OCENSA en el que el espesor y  la profundidad de la pared exceden los requerimientos del mencionado  código.  

  

Excluyó  de su análisis el informe de Quest Consultants Inc, de  septiembre de 2004, en el que se indica que los riesgos de mortalidad  del oleoducto son inferiores a los de otros gasoductos y plantas pues  en el periodo de 17 años para el que se cuenta con  estadísticas del Departamento de Transporte de Estados Unidos,  no se registró una sola muerte entre el público en  general ocasionada por accidente que estuviese involucrado un  oleoducto.  

  

De  esas aseveraciones concluye la censura que, contrario a lo afirmado  por el Tribunal, “el  método más seguro para la conducción del  petróleo que existe en el mundo es aquel que se realiza a  través de oleoductos”  (f.1259 cuad, n° 3 Corte), así como que el tubo mismo no  representa ningún riesgo pues se trata de un cuerpo inerte que  está enterrado a más de un metro de profundidad.  

  

No  analizó el testimonio de Rafael Nieto Loaiza quien indicó  que no era el oleoducto el que generaba peligro sino los atentados  terroristas. Ni tampoco el dibujo ilustrativo comparativo entre el  oleoducto de OCENSA y la gráfica sobre la medida ponderada del  espesor del oleoducto, del cual fácilmente se infiere que  aquél es más grueso y se encuentra enterrado a una  profundidad mucho mayor de la exigida en los estándares  internacionales.  

  

Omitió  también la declaración de Orlando Francisco Mendigaña  Páez, quien expresamente afirmó que el oleoducto es una  estructura segura pues cuenta con un sistema de operación y  monitoreo denominado SCADA, y la empresa ha realizado convenios con  las Fuerzas Militares para desarrollar la vigilancia a lo largo del  mismo.  

  

Se  desentendió tanto de la explicación ofrecida por el  testigo Carlo Magno Naranjo Vega en cuanto a las extremas medidas de  seguridad que tomó la compañía convocada para  minimizar los riesgos asociados al funcionamiento del oleoducto, con  transcripción de segmentos que consideró pertinentes,  como de la información de Julio Enrique Alonso López  atinente a las características del oleoducto central en lo que  hace a los diámetros y espesores de sus paredes, distancia  mínima cuando pasa cerca a comunidades (“distanciamientos  mínimos de cualquier infraestructura o construcción  habitada a 10 metros al lado y lado del eje de la tubería”),  aviso del sistema SCADA en caso de baja presión con respuesta  en tiempo inferior a un minuto, aun cuando la dinámica del  fluido implique que el producto siga saliendo hasta cuando se  desocupe el sector del tubo.  

  

Pasa  seguidamente a explicar cómo ese cúmulo de errores  llevaron el Tribunal a la violación de las normas sustanciales  invocadas en el cargo, pues de haber aplicado el régimen de  responsabilidad civil de culpa probada previsto en el artículo  2341 del Código Civil, debía haber concluido que los  demandantes tenían a su cargo acreditar sobre el daño  la culpa o dolo de OCENSA en la causación de los perjuicios.  Acude a pronunciamientos de la Corte Suprema referidos al concepto de  actividad peligrosa, con base en los cuales indica que la demandada  aportó suficiente material probatorio que permitía  desestimar el calificativo de peligrosa a su actividad, pues  

  

«…su  obrar diligente estuvo orientado desde el primer momento a  neutralizar cualquier viso de peligrosidad que podría  conllevar el ejercicio de su actividad. De esta forma, no puede ser  catalogado como peligroso el transporte de crudo por oleoducto que  realiza Ocensa, toda vez que sus elementos determinantes se  desvanecen ante la presencia de numerosas y fuertes medidas de  seguridad, con el propósito de brindar total seguridad que la  operación en sí misma no representa un peligro para  terceros o para el ambiente»  

  

En  cuanto al producto transportado y la probabilidad de que sea  catalogada entonces la actividad OCENSA como peligrosa por razón  del mismo, asevera la censura que al encontrarse el crudo al interior  del oleoducto enterrado (sin oxígeno y sin fuente de ignición  o chispa) queda neutralizada la naturaleza peligrosa que se le  pudiera endilgar al material transportado.  

  

CONSIDERACIONES  

  

Desde  cuando en los años treinta del siglo pasado la Corte se enfocó  en darle una nueva lectura al artículo 2356 del Código  Civil para distinguirlo del precepto 2341 de la misma obra y concluir  que el primero no podía ser repetición del segundo, que  a juzgar por sus ejemplos y su posición en el articulado  concerniente a la responsabilidad extracontractual, disciplinaba un  especie de culpa aquiliana distinta, caracterizada porque el daño  puede  imputarse a malicia o negligencia   (Cfr. GJ. CLXI n°s. 2040-2041, pág. 379), comenzó  a perfilarse en Colombia una particular especie de responsabilidad,  quizás siguiendo la doctrina que la corte de casación  francesa adoptó en el memorable asunto Jand’heur  (y antes el Teffaine),  que luego ese Tribunal galo abandonó, atinente a la  responsabilidad por el hecho de la cosa “en  razón de los peligros que ella puede hacer correr a otro”.  

  

Desde  esa época hasta la presente ha acudido la Corporación   a diversos criterios para determinar cuándo se está  frente a una actividad que pueda calificarse como “peligrosa”  y asimismo ha reputado como tal algunas en las que la razón  natural o sindéresis  impone esa conclusión (“la  conducción de vehículos (SC 14 mar. 1938); «un  convoy de ferrocarril en movimiento» (CSJ SNG 19 may. 1939, GJ  t. XLVIII, pág. 801); el manejo de un avión (CSJ SNG 15  jun. 1944, GJ t. LVII, pág. 851); el uso de un tractor (SC 2  may. 2007, rad. 1997-03001-01); la manipulación de armas a que  se refiere expresamente el ordinal primero del citado artículo  2356 del Código Civil (SC 20 ene. 2009, rad. 1993-00215-01);  la realización de obras de construcción (SC 27 abr.  1972, GJ t. CXLII pág. 173 y 9 dic. 2008, rad. 1999-00206-01);  la generación, transformación, transmisión y  distribución de energía eléctrica (SC 8 oct.  1992, CCXIX, p. 523 y SC 19 dic. 2008, rad. 1999-02191-01); y labores  de explotación en una mina subterránea de carbón  (SC9788-2014)1”,  quema de predios (SC 16 abril 1970, GJ CXXXIV, pág. 41),  manejo de ascensores (SC del 1° oct. 1963, GJ CIII, n°s.  2268-2269, pág. 173), contaminación ambiental (SC 30  abril 1976, GJ CLII y SC 16 mayo 2011, rad.  52835-3103-001-2000-00005-01), manipulación de embalses (SC  017ª-2004 de 3 marzo, rad. C-7623), etc.  

  

Dijo  la Corte:  

  

“La  presunción a la que le brinda apoyo el artículo 2356  del Código Civil tiene cabida en la medida en que fuere  razonable su aplicación, es decir “… En aquellos casos  en que el daño proviene de un hecho que la razón  natural permite imputar a la incuria o imprudencia de su autor…”  (G.J. T. CIJ/, pág. 108)” (SC del 4 jun 2002, rad. 3382,   GJ CCLVI, n°. 2455 pág. 500. En el mismo sentido entre  otras, SC012-1999 del 5 de mayo de 1999, rad. 4978).  

  

En  una aproximación al concepto de actividad peligrosa ha acudido  este órgano de cierre al riesgo, al peligro potencial  inherente a la cosa o actividad, al desequilibrio y multiplicación  de fuerzas y energías, a la incapacidad de control de estas en  procura de impedir sus efectos, entre los tópicos más  usuales. Así,  ha expresado:  

  

“Si  los hombres que viven en sociedad ven amenazada a cada paso su  integridad por el ejercicio de nuevas o viejas actividades de las que  la doctrina ha llamado peligrosas, nombre que dimana de que  normalmente crean riesgos; si el peligro, entonces, no proviene del  humano discurrir, sino que lo crea la actividad peligrosa que se  desarrolla, es apenas acompasado con la equidad, que quienes son los  creadores del riesgo, quienes alteran el sosiego de las personas y  atentan así contra su seguridad, sean llamados, en el caso de  ocurrir un accidente que se derive del ejercicio de aquella  actividad, a responder por los perjuicios causados a sus víctimas…  Estas llamadas actividades peligrosas llevan en sí la  posibilidad inminente de causar con su ejercicio daños a  terceros, aunque se desarrollen con suma prudencia,  (SC del 18 de marzo de 1976, GJ CLII,  n°. 2393, pág. 73).  

  

“Porque  cuando el hombre utiliza en su propia labor una fuerza  extraña, él aumenta la suya y este aumento rompe el  equilibrio que antes existía entre el autor del accidente y la  víctima. Se  coloca así a los demás asociados, por el ejercicio de  una actividad de la naturaleza dicha, en inminente peligro de recibir  lesión aunque se desarrolló observando toda la  diligencia que ella exige… La culpabilidad se presume, sí,  pero en aquellos casos en que el daño proviene de un hecho que  la razón natural permite imputar a la incuria o imprudencia de  su autor”  (SC del 30 de abril de 1976, GJ CLII, n°. 2393, pág. 108).  

  

La  ha descrito como una actividad “que  de por sí implica riesgos”  (SC del 26 de mayo de 1989, GJ CXCVI pág. 153), que es  “generadora  de riesgos o peligros para la comunidad, en cuanto con la misma se  incrementan aquellos a los que normalmente las personas se encuentran  expuestas”  (SC  de 24 ag. 2009, rad. 11001-3103-038-2001-01054-01),  en la que  el hombre, utiliza “en  sus propias labores fuerzas de las que no puede tener siempre  absoluto control y por tanto capaces de romper el equilibrio antes  existente”  (SC del 4 de junio de 1992, GJ CCXVI n°. 2455, pag. 504), siendo  de destacar que  

“en  la aplicación exacta de este sistema de imputación de  la obligación resarcitoria…, no tiene relevancia, al  menos en principio, el que en la producción del daño  cuya reparación se demanda, hayan intervenido cosas que no  tienen por fin el movimiento en un lugar fijo -como las máquinas  de una industria- o desplazándose -como sucede con los  automotores en marcha-, toda vez que, tanto las cosas inertes como  las que no lo sean, pueden ser puestas circunstancialmente por el  hombre en situación de riesgo inminente para terceros”  (SC022-1995 del 22 de febrero de 1925, rad. 4345)  

  

Con  esas aproximaciones, y con afán de precisión, dijo en  otra oportunidad:  

  

Aunque  el Código Civil patrio, expressis  verbis,  no define la actividad peligrosa, ni fija pautas o reglas llamadas a  desarrollarla o regularla, ésta Sala ha tenido oportunidad de  precisar que, por tal, debe entenderse la que “…aunque  lícita, es de las que implican riesgos de tal naturaleza que  hacen inminente la ocurrencia de daños,…”(G.J.  CXLII, pag. 173, reiterada en G.J. CCXVI, 504), y más  recientemente, la que “… debido a la manipulación  de ciertas cosas o al ejercicio de una conducta específica que  lleva ínsito el riesgo de producir una lesión o  menoscabo, tiene la aptitud de provocar un desequilibrio o alteración  en las fuerzas que –de ordinario- despliega una persona  respecto de otra” (sentencia de Octubre 23 de 2001, Exp. 6315).  (SC-192-2002  del 30 sep. 2002, rad. 7069,  en el mismo sentido, entre otras providencias, SC del 14 de marzo de  2000, exp. 5177, SC199-2001 del 23 oct 2001, rad. 6315).  

  

En  esa misma línea, y en busca de acotar el eventual  desbordamiento de calificar de peligrosa toda actividad, hubo de  puntualizar la Corporación:  

  

“Como  cualquier actividad humana puede ser ejercida generando  peligro o riesgo para los demás, una interpretación  ligera o caprichosa del artículo 2356, haría de éste  la regla general de responsabilidad. De ahí entonces, que el  carácter peligroso de la actividad no pueda quedar al capricho  o voluntad del operador jurídico, sino sujeto a criterios  objetivos, no absolutos, teniendo en cuenta ‘la naturaleza  propia de las cosas y las circunstancias en que aquella se realiza y…  el comportamiento de la persona que ejecuta o se beneficia de aquella  actividad, en relación con las precauciones adoptadas para  evitar que la cosa potencialmente peligrosa cause efectivamente un  daño’, según pautas propuestas por autor  nacional. De manera que la  peligrosidad es una cuestión de hecho que  debe ser examinada con apoyo en criterios objetivos como los  indicados, en cada caso concreto, salvo que se esté en  presencia de una anticipada calificación legal”  (SC081-1999, de 25 de octubre de  1999,  rad. 5012)  

  

Las  anteriores precisiones conceptuales ponen de presente que la  determinación de si una actividad –sin cosas o con  cosas, inactivas o en movimiento- es peligrosa lo dicta por lo  general la razón natural, esa capacidad del hombre de juzgar  rectamente (sindéresis), la que, además, bien puede  apoyarse en conceptos técnicos y demás elementos de  juicio, cada vez más importantes dada la complejidad  tecnológica que día a día se acrecienta, para  arribar sólidamente a dicha calificación. No es por  consiguiente una suposición a la que se llega sin más,  sobre todo en los tiempos que corren  y en ciertas actividades pues  su índole misma, o la de la cosa con la que se despliega  aquella, puede dar lugar, en la mayoría de los casos, a  concluir en la peligrosidad o riesgos potenciales de que es capaz de  desatar en desmedro de los derechos de terceros, pero en otros exigir  precisiones sobre su naturaleza, composición, carácter  riesgoso, etc. En procura de buscar esa particularidad no debe  atenderse forzosamente al hecho de si la actividad en cuestión  ha sido revestida de prevenciones especiales que puedan minimizar sus  efectos perturbadores, pero ello es un buen indicador si esas pautas  precautorias son de alguna manera necesarias y excepcionales. En esa  medida, quizás por entender su guardián que se trata de  una actividad que ofrece riesgos potenciales a terceros, generando un  desequilibrio en desmedro de estos, se afana en guarecerla con  vigilancia extrema y diseños especiales que minimicen sus  riesgos, como en efecto, en este caso, asegura la demandada que  dejaron acreditados los testimonios y demás medios precisados,  que según ella, fueron mal apreciados por el Tribunal.  

  

La  actividad peligrosa es pues,  aquella que,  ya en su estructura ora en su comportamiento, con cosas  inertes o en movimiento o raramente sin el uso de ellas,  genera más  probabilidades de daño de las que usualmente puede un ser  humano promedio soportar y repeler, es aquella cuyos efectos se  vuelven incontrolables, imprevisibles, devastadores por la  multiplicación de energía y movimiento que supone o le  es inherente, efectos además inciertos por su capacidad de  destrozo mayor. En esta tarea, que el legislador ha delegado  tácitamente al juez, pues no existe definición de lo  que ha de entenderse por actividad peligrosa ni menos un catálogo  de las que se tengan por tales, debe echar mano aquel de todos estos  tópicos, de modo que no sea el capricho o el mero subjetivismo  el criterio que predomine a la hora de encasillar una en particular  dentro de esta categoría.  

  

Al  examinar los referidos medios de convicción encuentra la Corte  que Roberto Eladio Espriella Fernández (fls. 718 a 728, c.  243, caja 10), quien dijo haber participado en la construcción  del oleoducto, en su trazado en el mantenimiento del mismo, hizo  mención a las medidas de seguridad adoptadas por OCENSA en la  construcción y mantenimiento del oleoducto, pero, además  expresó que  

  

“una  carga explosiva no la aguanta un oleoducto ni ninguna tubería  y la prueba está en todos los atentados del oleoducto Caño  Limón Coveñas, que si no estoy mal llevan dos  atentados”. Que  “todos  estos hidrocarburos cuando entran en contacto con una llama se  incendian y pueden prenderse, tanto el petróleo como sus  derivados mientras estén confinados en un tubo o tanque no se  prenden”  

  

Robin  George Heels explicó que el incidente ocurrió  

  

“en  el kilómetro 485 del oleoducto creo que la válvula más  cercana aguas arriba se encuentra en el kilómetro 439 y aguas  abajo en el 516, pero es lo que me parece recordar, las válvulas  habían sido inspeccionadas en septiembre de ese año,  entiendo que estaban funcionando entonces pese a que fallaron esa  noche, sin embargo debido a las elevaciones del oleoducto una vez se  detuvo el bombeo las válvulas no hubieran servido para nada,  no hubieran tenido ningún objetivo” (folio  1181, c. 243, T, II, caja 10). Agregó que “los  oleoductos pueden estar enterrados o en la superficie pero debido a  que la mayoría de los accidentes ocurren por impactos de  terceros, en su gran parte los oleoductos que cruzan países  están enterrados”.  

  

Aludió  además, a que  

  

“el  principal determinante de la cantidad de petróleo liberado era  la altura de la tubería hacia el sur, incluso cuando había  detenido el bombeo había unos veinte kilómetros de  oleoducto que simplemente drenarían por efectos de la  gravedad, causa principal de la cantidad de petróleo que salió  del agujero”;  que “el  sistema SCADA funcionó cual era su intención, no había  nada más que hacer para reducir la cantidad de petróleo  liberado… La única forma que lo hubiera podido hacer  era si hubiera más válvulas controladas el número  de válvulas en el oleoducto de OCENSA hubiera sido determinado  por consideraciones de seguridad, facilidad de acceso, facilidad de  mantenimiento y costo el número de válvulas realmente  instalado estaba dentro de los números de los estándares  internacionales”.  También explicó que “el  petróleo es un material inflamable, mientras está en el  tubo es perfectamente seguro, en el momento en que se libera se  vuelve un riesgo potencial… yo creo que no hay ningún  requisito internacional para control de incendios de esta naturaleza”  (fls. 1178 a 1183 C.-243 de apelación Tomo II).  

  

En  consecuencia, en ningún yerro probatorio de tipo fáctico  incurrió el Tribunal si de las anteriores declaraciones pudo  concluir que la actividad de transporte de hidrocarburos es  peligrosa. No encuentra la Corte desfase en el trabajo intelectivo  del juzgador, puesto que, si bien es cierto que los testigos  aludieron a las medidas de cuidado adoptadas por dicha empresa para  el transporte del combustible a través de un oleoducto,  cuestión que en este cargo no se discute y queda al margen de  la naturaleza de la actividad, también lo es que se  pronunciaron específicamente frente a los riesgos en los  eventos en que por causas, ya de la naturaleza, ora del hombre, se  produce el derrame del hidrocarburo, y enfatizaron que dependiendo de  las condiciones del lugar en que este ocurre, puede generar explosión  o combustión y causar perjuicios, de incontrolables efectos.  

  

Ahora  bien, en precisa referencia a la acusación contenida en el  primer cargo, por error de derecho al darle mérito probatorio  a la declaración de Roa Acosta, debe memorarse que, de  entrada, el Tribunal estableció que es peligrosa la actividad  de transporte de hidrocarburos, líquido que “de por sí  es inflamable y ofrece peligrosidad”; pero como la demandada  adujo que su actividad no podía calificarse así, hubo  de adentrarse el ad  quem en el  examen de ese punto, acudiendo análogamente a sentencia de la  Corte que enlista de peligrosa la producción, distribución  y almacenamiento de gases metano y propano, gas en forma líquida  y gas para uso doméstico, a la par que al testimonio de Edgar  Enrique Roa Acosta, Roberto Eladio Espriella Fernández, Robin  George Heels.  

  

Aquel  primer cargo sólo controvierte la legalidad de la apreciación  de la prueba testimonial referida a Roa Acosta, razón por la  cual, la conclusión del   ad quem,  visto este ataque insularmente, se mantendría en pie, toda vez  que los demás pilares en que se apoyó quedan enhiestos.  Mas, si en aplicación del artículo 51 del decreto 2651  de 1991, se acudiese a la conjunción de esta acusación  junto con las que figuran en el cargo segundo, nota enseguida la  Corporación que allí también se controvierte ese  medio de persuasión, pero por error de hecho, por lo que  constatando que ciertamente el Tribunal no debía dar mérito  probatorio alguno a una prueba que no había sido debidamente  controvertida, está demás el análisis del  carácter persuasivo, del cercenamiento o desfiguración  de este medio, desde luego que la corporación debió  haberlo excluido de sus consideraciones. Pero, al margen de este  aserto, el ataque es intrascendente, dado que no desvirtúa la  conclusión a la que arribó el sentenciador, con base en  las declaraciones de los restantes testigos y la naturaleza  inflamable del hidrocarburo, que la misma casacionista admite en el  cargo.  

  

En  relación con los elementos de convicción que según  el recurrente no tuvo en cuenta el Tribunal,  estima la  Corte que tampoco en ellos fue reo de yerro fáctico, toda vez  que, si bien esos medios dan cuenta de las medidas de seguridad que  adoptó OCENSA en la construcción y mantenimiento del  oleoducto, y que para tal efecto observó estándares  internacionales de prevención, que incluso superó, pues  entre otros, utilizó un tubo de mayor espesor, lo instaló  a más profundidad, apostó válvulas de control  del paso del fluido, etc., siendo estas las razones por las que  consideró seguro el transporte del combustible, lo cierto es  que tales medios de persuasión no sólo no hacen  referencia a las contingencias que se presentan en eventos en los que  por cualquier causa –natural o humana-, el combustible deja de  estar confinado en el tubo que lo transporta, sino que en sí  mismos acreditan la diligencia de la demandada mas no la naturaleza  no peligrosa de su actividad, que por lo demás está  ínsita en la adopción de esas medidas. Ya antes se  concluyó que el hecho de ofrecer seguridades, si se quiere  extremas, no desnaturalizan una actividad o una cosa de por sí  peligrosa.  

  

En  asunto anterior expresó esta Sala:  

  

Debido  a la fuente de energía que se le reconoce a las aguas y a la  capacidad destructora que las mismas per se tienen, su manipulación  en los embalses, por retención de caudales destinados a la  generación eléctrica, sin duda alguna que constituye  una actividad peligrosa, porque sin  parar mientes en las precauciones que se puedan adoptar en su manejo,  de todas formas encierra potenciales peligros  para los asociados, quienes por no haber participado en la creación  del riesgo, tampoco están obligados a soportar los daños  que ellas puedan causar.  (SC de 3 de maro de 2004, rad. C-7623).  

  

Se  itera, entonces, que las manifestaciones contenidas en dichos medios  de persuasión no logran poner de manifiesto un desacierto en  la valoración efectuada por el Tribunal, que hubiere incidido  adversamente en la decisión del litigio.  

  

En  consecuencia, el cargo no prospera.  

  

CARGO  3°  

  

También  por la indebida aplicación del artículo 2356 del Código  Civil a consecuencia de errores de hecho en la apreciación de  determinadas pruebas, se acusa al sentenciador de no  haber advertido que se encontraba acreditada una causa extraña  como eximente de responsabilidad de la demandada,  en tanto estimó que el hecho de un tercero alegado por OCENSA  no revistió el carácter de imprevisible, a  más de afirmar que medió culpa de ésta,  pues, al decir de la autoridad judicial, según lo reproduce la  impugnación, «si  se presentaron fallas en la vigilancia y control del oleoducto,  incurrió la llamada a resistir en culpa que dio lugar a que su  infraestructura fuera objeto del atentado causante del derrame y  posterior incendio del crudo».  

  

Esas  conclusiones, se arguye, fueron el producto de errores cometidos en  la apreciación de unas pruebas y en el desconocimiento de  otras, que llevaron el fallador a no dar por probado, estándolo,  que el atentado fue un suceso súbito y repentino y a tener por  demostrado sin estarlo, que OCENSA no maximizó las medidas de  seguridad y vigilancia en la zona para evitar los daños,  incumplió los requerimientos del Ministerio del Medio  Ambiente, no previó las consecuencias de esos hechos y debió  analizar las circunstancias de orden público en el área.  

  

En  relación con las medidas de seguridad y vigilancia, recuerda  que el juzgador colegiado, amparado en prueba testimonial, llegó  a la conclusión de que para la época de los  acontecimientos habían transcurrido por lo menos dos meses  desde la presencia de la Fuerza Pública en el lugar, y que los  sobrevuelos que la empresa hizo en el tramo del oleoducto fueron  insuficientes porque se requería una vigilancia permanente,  ante la grave situación de orden público, máxime  si el sector fue objeto de dos atentados anteriores.  

  

Se  tilda al Tribunal de haber desconocido que la resistente tomó  todas las precauciones a su alcance para la salvaguarda del orden  público en la zona, a pesar de no tener la obligación  de solicitar protección a las autoridades e implementar  medidas de seguridad propias.  

  

Para  la censura, esa colegiatura analizó parcialmente el dibujo  ilustrativo comparativo entre el oleoducto de OCENSA y la gráfica  sobre la medida ponderada del espesor del oleoducto, pues en él  se evidencia que la convocada lo construyó por encima de los  estándares internacionales en cuanto a la profundidad de su  enterramiento y al grosor.  

Hizo  lo mismo con el estudio elaborado por Quest Consultants Inc., en el  que se concluye, y no lo hizo el juez colegiado, que «los  oleoductos construidos en seguimiento de los estándares  internacionales más elevados reducen al mínimo los  riesgos asociados a su funcionamiento».  

  

En  lo que respecta a la gráfica sobre ubicación del equipo  y personal para 1998, el informe sobre vuelos periódicos y el  de funcionarios de OCENSA, manifiesta que no obstante haberlos visto  y evidenciar esos documentos que las medidas adoptadas por la empresa  eran extraordinarias, tal probanza da cuenta de que «contaba  con equipos de contingencia contra incendios y ayudantes de  contingencia y que adicionalmente se realizaban vuelos periódicos  con el fin de inspeccionar el derecho de vía del oleoducto»,  lo que “le  resta por completo valor al momento de fallar”.  

  

Con  el informe elaborado por John Phillips III, en el que se acredita que  OCENSA colocó un tubo con más espesor del requerido en  los códigos norteamericanos y a una profundidad mayor de la  que esa normativa exige, y que tanto durante la construcción  como después se realizaron pruebas y se adoptaron medidas y  programas para aumentar la seguridad, la impugnante indica que es  evidente el error del Tribunal porque cercenó la prueba pues  llegó a una conclusión contraria a lo que ella dice,  esto es, que la interpelada maximizó sus estándares de  seguridad, con la descripción de una serie de detalles que el  Tribunal omitió y que le hizo concluir que OCENSA había  incurrido en culpa.  

  

En  lo que hace a los testimonios recaudados de Frederic Bruce Claridge,  Juan Camilo Pérez Niño, Roberto Eladio Espriella  Fernández y Carlomagno Naranjo Vega, en relación con  los cuales el Tribunal extrajo conclusiones atinentes a la  construcción con adopción de pautas de seguridad  superiores a las recomendadas por los estándares  internacionales, el impugnante afirma que el Tribunal cercenó  esas pruebas pues pasó por alto que todos esos testimonios  sustentan una conclusión contraria a la cual arribó la  sentencia, esto es, que medió culpa de OCENSA.  

  

Pasa  seguidamente a las declaraciones de Jorge Pineda Carvajal y Rubén  Darío Mosquera, vinculados en su tiempo a las Fuerzas  Militares, sobre los cuales el Tribunal dijo que habían  corroborado lo que los testigos de la parte actora dijeron, en el  sentido de que dos meses atrás ya no había presencia de  ellas en el área de la tragedia y que conocieron el convenio  de OCENSA con el Ministerio de Defensa. Para la censura, también  acá el Tribunal tergiversó las pruebas porque el primer  testigo, entonces comandante de la Brigada, no dijo nada acerca de la  ausencia de la Fuerza Pública en la zona el día de la  tragedia sino, muy al contrario, afirmó que sí había  tropa sobre el oleoducto en desarrollo de operaciones, aduciendo la  recurrente que de ese dicho se desprende que la interpelada sí  fue diligente, pues por conducto de su coordinador de seguridad fue  que se enteró del atentado.  

  

En  cuanto al informe de las Naciones Unidas, y del cual el Tribunal  intenta fundamentar su conclusión acerca de la previsibilidad  de los ataques de la guerrilla, manifiesta la censura que también  deformó el juzgador colegiado la prueba en vista de que,  mirada de contexto, lo que denota es que en el momento de la tragedia  el país enfrentaba factores coyunturales en relación  con su delicada situación de orden público. Se pregunta  entonces si las mismas Naciones Unidas reconocen que la coyuntura del  país excedía al propio Estado, ¿cómo  puede el Tribunal imponerle a OCENSA requisitos mayores?.  

  

Se  ocupa seguidamente de la declaración del teniente coronel  Zalatiel Soriano, de quien el juzgador de segundo grado dijo que  había afirmado que para la fecha del atentado no había  tropas en el comando operativo pues estaban en otros sitios y a una  distancia de 17 kilómetros y un tiempo de llegada de cinco a  ocho horas en situación táctica. A semejanza de las  anteriores probanzas, también en esta le achaca de ser reo de  mutilación de la misma pues el oficial informó que el  jefe de seguridad de OCENSA fue quien había notificado a las  Fuerzas Militares sobre el aciago suceso, y que a instancias de esa  empresa las tropas se desplazaron hacia Fraguas pero sin traspasar  los límites de su jurisdicción. Por lo demás,  arguye que atribuir a la interpelada el hecho de que el Ejército  no estuviese bien distribuido en la zona sería  responsabilizarla de algo que está fuera de su control y que  corresponde a una función constitucional ajena a ella.  

  

Con  el informe a Corantioquia rendido por la demandada también  estima que fue cercenado burdamente, pues sólo se tuvo en  cuenta lo que soporta la conclusión y se omite el resto,  atinente a que las medidas de seguridad de OCENSA fueron  inmediatamente desplegadas e impecablemente utilizadas y el plan de  contingencia fue puesto en marcha en su totalidad sin que hubiese  manifestación de inconformidad alguna sobre afectaciones a  cuerpos de agua o recursos naturales renovables en el área.  

  

En  cuanto al oficio que el representante legal de OCENSA envió al  Ministro de Defensa de entonces, solicitándole de las Fuerzas  Militares continuidad en el mantenimiento del nivel de protección  física sobre el oleoducto, al paso que el ad  quem deduce de la misma que la  empresa conocía de la delicada situación de orden  público, lo cual era un hecho notorio, no vio que esa  comunicación es prueba contundente de que la Empresa pedía  ayuda al Estado para que incrementara las medidas de protección  del tubo.  

  

En  definitiva, para la censura el Tribunal ajustó las pruebas a  su conclusión preestablecida.  

  

Con  miras además a edificar que la deducción del Tribunal  fue errada en torno a la falta de maximización de las medidas  de seguridad adoptadas por la interpelada, tilda a este fallador de  haber omitido los acuerdos celebrados por la sociedad resistente con  el Ministerio de Defensa durante los años 1997 a 2002, que  están reflejados no sólo en los documentos en que ellos  constan sino también en las declaraciones de algunos  deponentes (Rafael Nieto Loaiza, Julio Enrique Alonso López)  que corroboraron el desarrollo de esas medidas de protección  de las fuerzas militares en virtud de los acuerdos aludidos,  incluyendo el auxilio de la empresa en esa tarea (Carlo Magno  Naranjo) y certificaciones que aluden a esos apoyos.  

  

Asimismo,  y sobre la base de que a la demandada no se le puede reprochar el  incumplimiento de una obligación a cargo del Estado, le  endilga al fallador colegiado haber omitido la apreciación de  los autos 382 del 17 de junio de 1997 y 472 del 1° de octubre de  1999 así como el testimonio de Rafael Nieto Loaiza, pruebas  estas que evidencian que el Estado reconoció que OCENSA no  tenía por qué ocuparse de la situación de orden  público en la zona. Recuerda que mediante el primero, el  Ministerio del Medio Ambiente instó a OCENSA para que  complementara el plan de contingencia en el sentido de incluir dentro  de las amenazas antrópicas la variable de orden público  y la probabilidad de atentados, lo cual modificó mediante Auto  051 admitiendo que tal variable es de responsabilidad de los  organismos del Estado, en un todo de acuerdo con lo previsto en los  artículos 2°, 217 y 218 de la Constitución  Política. En suma, de acuerdo con el cargo, OCENSA no tenía  obligación alguna de considerar la probabilidad de atentados  terroristas y mucho menos de acudir al Estado y solicitar su  protección. En consecuencia, no puede el juez condenarla por  no haber cumplido una obligación que no le era exigible.  

  

En  apoyo adicional de sus asertos, la impugnante acude a jurisprudencia  del Consejo de Estado en la que se ratifica que la sola circunstancia  de que el afectado no haya solicitado protección previa  especial no siempre es causal que permita exonerar a la  administración de su deber de amparo y vigilancia.  

En  lo que hace a la conclusión del ad  quem acerca de que OCENSA incumplió  los requerimientos del Ministerio del Medio Ambiente, la impugnación  se dirige a demostrar el defectuoso análisis, por  cercenamiento, que el Tribunal llevó a cabo de los autos 382 y  472 de 1997 así como del 051 de 1999, para lo cual se aplica a  hacer un recuento de la imposición inicial de la variable de  orden público dentro del plan de contingencia (auto 382) la  que finalmente fue excluida por interposición de las  impugnaciones procedentes por parte de OCENSA al auto 051 del 24 de  febrero de 1999, a resultas de lo cual, mediante auto 472, se  modificó el punto pertinente a lo relacionado con la  mencionada variable (orden público y atentados terroristas)  por ser de la incumbencia de las autoridades y no de las empresas  privadas. La censura indica que estas circunstancias no fueron  tomadas en cuenta por el Tribunal por haber parcializado las  probanzas anteriores, a resultas de lo cual se pregunta cómo  puede el Tribunal condenar a la demandada por el supuesto  incumplimiento de requisitos que la misma autoridad encargada de  imponerlos no lo hizo.  

  

En  lo relacionado con la imputación del Tribunal acerca de que el  atentado no fue súbito y repentino, la censura le achaca no  haber apreciado debidamente el dictamen pericial de Luis Carlos  Henao, quien dijo que si se repitiese un atentado en el mismo punto o  varios kilómetros más arriba, como las características  topográficas y geográficas del terreno se conservan, no  hay obra posible para contrarrestar el derramamiento pues la única  alternativa sería el traslado del oleoducto a otro lugar más  retirado por otra cuenca geográfica y que en los últimos  años se han instalado cierres automáticos a través  de válvulas que minimizan otros atentados de similares  características. Sin embargo, el juzgador de segunda instancia  concluyó que en ese dictamen se había afirmado que por  las características del relieve y la pendiente alta desde  donde corrió el crudo, siempre que se presentara un derrame  como el acaecido, el recorrido sería el mismo y el crudo  desembocaría en el río con idénticas  consecuencias sin que hubiese forma de evitar los efectos, lo cual  denota la peligrosidad de la ubicación del ducto respecto del  corregimiento de Machuca.  

  

Dice  el recurrente que el perito no dijo que el oleoducto representara  peligro alguno, lo que sí afirmó el Tribunal, contra  toda la evidencia antes mencionada acerca de que se trata de una de  las estructuras más seguras de su clase, sin dejar de reiterar  que “el trazado  del oleoducto no corresponde a caprichos OCENSA sino a un proceso  establecido por el Estado, en el cual, se reitera, todos y cada uno  de los factores del producto fueron analizados junto con varias  alternativas, discutidos y aprobados por autoridades competentes”  (f. c. Corte).  

  

Pasa  seguidamente a indicar que en relación con el dictamen  pericial del IDEAM, también el juez de la alzada lo cercenó,  pues no reparó en que para el mes de octubre de 1998 la  velocidad estimada del río era ostensiblemente mayor al mes  anterior y al siguiente, así como que el 17 de octubre de 1998  se presentaron fuertes lluvias que afectaron la velocidad del río  y consiguientemente la propagación del incendio hasta la  comunidad de Machuca.  

  

Indica  la censura que el Tribunal desconoció lo expresado por Jorge  Pineda Carvajal, comandante de la Brigada 14 para el día de  los hechos, quien señaló que por esa época había  mejorado mucho el orden público y el atentado lo perpetraron  los guerrilleros haciendo presencia como civiles, lo que hacía  difícil para el mismo Ejército la identificación  e imprevisible el atentado para OCENSA, lo que no advirtió el  ad quem.  

  

Se  refiere la censura posteriormente a las declaraciones de Frank Bercha  y el informe elaborado por Quest Consultants, en cuanto a la casi  nula presencia de muertes en accidentes en el que estén  involucrados oleoductos, lo que sumado a que el de OCENSA tiene una  extensión de 850 kilómetros, para esta empresa y para  cualquiera es imposible  predecir en qué punto de este largo  trazado se iba a atentar contra él.  

  

De  otra parte, indica que con las declaraciones de Robin Heels, Frank  Bercha, Juan Camilo Pérez y Carlo Magno Naranjo, que el  Tribunal no analizó, quedaba acreditado el carácter  irresistible del incendio por la magnitud del atentado, pues la  explosión de 100 kilos de dinamita produjo el inevitable  derrame del crudo que en menos de 12 minutos en contacto con el  oxígeno y con varios puntos de ignición se incendió,  siendo imposible según estos declarantes contenerlo y lo mejor  que se podía hacer era dejarlo que se incendiara, pero  cortando la fuente.  

  

Critica  del fallador haber concluido que OCENSA no previó las  consecuencias de los hechos, que no tomó las medidas  necesarias de prevención, pues, al decir de aquel, omitió  contar en el lugar con mecanismos de aviso a la comunidad (sirena,  señal luminosa) en una emergencia como la ocurrida que  sorprendió dormidas a muchas personas. Pero tal conclusión,  en criterio del censor, es producto de una indebida apreciación  de las pruebas.  

  

En  efecto, dice que desconoció el plan de contingencia aprobado  por el Gobierno Nacional y que cumplía con todos los  requisitos exigidos por la ley, diseñado para minimizar  cualquier impacto adverso que pudiese ocurrir al público y al  medioambiente como resultado del proyecto, plan que tenía un  componente educativo (adiestramiento al personal operativo y a la  comunidad en caso de accidente) y uno preventivo (procedimientos  detallados en caso de emergencias, incluyendo evacuación,  control de derrames).  

  

En  la misma línea, no reparó en el Auto 471 del 21 de  julio de 1997 en el cual se indica que OCENSA cuenta con la  preparación de los equipos necesarios para atender cualquier  emergencia, sin que figuren las sirenas o señales luminosas,  que solamente se encuentran en la imaginación del Tribunal,  requisito ex post  que no le era exigible a OCENSA pues no le fue impuesto.  

  

Tampoco  valoró el testimonio de Carlo Magno Naranjo Vega quien dentro  de sus funciones estaba el de mantener el equipo de contingencia por  encima de un 98% de operatividad, los cuales mantiene en un 100%.  

  

No  reparó en el auto 382 del Ministerio del Medio Ambiente, en el  cual, al referirse al análisis del riesgo efectuado por  OCENSA, indica que se tienen en cuenta la explosión, incendio,  colapso estructural y accidentes y diseño y construcción,  circunstancias todas corroboradas por los testigos Robin Heels y  Roberto Eladio Espriella quienes aseguraron que gracias a los  sistemas implementados por OCENSA (sistema SCADA) fue posible cerrar  las válvulas en pocos minutos  y mitigar los efectos del  ataque poniendo en práctica su capacidad operativa y técnica  que permitió que en corto tiempo se implementarán las  acciones de “parada de emergencia”, como lo relató  el señor Heels.  

  

No  advirtió lo que dijeron Jorge Pineda, Rubén Darío  Hernández y Orlando Mendigaña quienes relataron cómo  OCENSA activó su sistema de respuesta a emergencias del plan  de contingencia para derrames de hidrocarburos y el plan de  evacuación médica de la compañía,  utilizando siete helicópteros y un avión, así  como la evacuación de heridos por tierra, y brindando apoyo al  ejército, habiendo por tanto reaccionado de manera diligente,  activando el plan de contingencia de conformidad con lo que dispone  el contrato de concesión su cláusula 19ª.  

  

Dice  la censura que el superior también cometió error de  hecho al dar por probado sin estarlo que OCENSA debió haber  analizado las circunstancias de orden público en Machuca, pues  ello fue el producto de no haber apreciado los autos 472 de octubre  de 1999 y 847 de octubre de 2003, así como el concepto técnico  de agosto de 1995 del Ministerio del Medio Ambiente y el oficio  radicado por OCENSA ante ese Ministerio en octubre de 1997,  documentos todos que exoneran a OCENSA de ser la responsable del  análisis del orden público, pues es una obligación  del Estado, razón por la cual el análisis de las  circunstancias de orden público en las zonas por las cuales  cursaría el oleoducto no le fue exigido a OCENSA para recibir  los permisos necesarios para construir y operarlo.  

  

Como  corolario de lo anterior, indica la censura que en los términos  de interpretación adoptada por el Tribunal al artículo  2356 del Código Civil y de la necesaria comprobación de  una causa extraña para que el responsable de la actividad  peligrosa se exonere, quedó demostrado que el Tribunal violó  indirectamente tal artículo como producto de los errores de  hecho antes mencionados.  

  

CONSIDERACIONES  

  

Como  es sabido, en la labor de los  jueces de instancia de examinar y ponderar las pruebas con las cuales  pretenden probarse los hechos relevantes del proceso, cuentan con  cierta discrecionalidad inherente a su delicada misión. Esa  “discreta autonomía”, como usualmente la ha  denominado la Corte, debe ser respetada por esta Corporación,  no sólo porque la casación no es una tercera instancia,  sino porque los hechos, thema  decidendum  del proceso, vienen en principio ya establecidos en la forma como los  dejó plasmados el Tribunal en la sentencia impugnada, siendo  entonces ese fallo y no la causa litigiosa lo que constituye el  objeto de escrutinio de la Corte en sede de casación, a  efectos de ejercer el control de legalidad sobre la decisión  con miras a la tutela del derecho objetivo y la unificación de  la jurisprudencia.  

  

Solo  por excepción ha autorizado el legislador el examen de la  cuestión probatoria cuando quiera que los dislates en este  campo, y por ende en los hechos del proceso, condujeron a la  trasgresión de normas de derecho sustancial; mas, cuando se  trata de errores de hecho, esto es, de equivocaciones por la  suposición, omisión o tergiversación de las  pruebas, lo que incluye el cercenamiento y la adición en su  contenido, en aras del respeto de esa discreta autonomía,  tales pifias deben ser evidentes o manifiestas. En estos casos, y al  decir de la Sala, la labor del recurrente  

  

se  ve exigida en mayor grado en orden a técnica y fuerza  convictiva, ya que, a más de la infracción final, han  de señalarse los medios ignorados, tergiversados o supuestos”  y, además, “comprobarse la contraevidencia y su influjo  cierto en el sentido de la decisión, adoptada en virtud de  tales trastornos”. Por ello, -prosigue la Corte- “no es  suficiente la presentación de conclusiones empíricas  distintas de aquellas a las que llegó el Tribunal, pues la  mera divergencia conceptual no demuestra por sí sola error de  hecho”, para fundar en ella la casación de la sentencia  recurrida. Es más, para ello no basta ni siquiera la  existencia del error de esta clase, sino que se requiere que éste  sea manifiesto, protuberante, es decir que surja al primer golpe de  vista, que se imponga a la mente con la sola comparación entre  la sentencia objeto del recurso extraordinario y lo que aparece en el  expediente, pues, en doctrina reiterada se tiene por sentado que el  yerro de este linaje “como antecedente de la transgresión  legal, no se presenta, entonces, sino cuando la única  apreciación acertada sea la sustitutiva que se propone, una  vez acreditada la falta. Por manera que, la demostración del  cargo ha de conducir al convencimiento de la contraevidencia,  inconcebible cuando el resultado que se censura es producto de una  labor de sopesar distintas posibilidades, que termina con la  escogencia de la más probable, sin que ninguna de ellas esté  plenamente contradicha con otras pruebas del proceso, según el  prudente arbitrio del juzgador a quien la ley requiere para que  analice con objetividad los hechos traídos al plenario y de  cuenta de la manera como formó su concepto” (G.J. T.  CXXIV, pág. 95).  (CSJ SC 042-1996 del 24 de junio de 1996, rad. 4662).  

  

De  acuerdo con lo anterior, si esta Corporación “…  ha  de recibir la cuestión fáctica tal como ella se  encuentre definida en el fallo sujeto al recurso extraordinario…”  (G.J.  CXXX, pág. 63), aquellos cargos sustentados en la  causal primera de casación por violación indirecta de  normas sustanciales a consecuencia de yerros de hecho, que se  estructuran a partir de líneas argumentativas que plantean una  contraste de pareceres, un diferencia de opinión, un  planteamiento divergente de lo que en su sentir las pruebas  demuestran, por muy perspicaces que ellos se presenten, deben ser  descalificados por la Corte pues de otro modo entraría, por  esta vía, a sustituir al juez de instancia en el examen  probatorio. “De  ahí que el thema  decidendum,  en la esfera casacional, estribe en la decisión judicial  (sentencia) y no en la litis,  propiamente dicha, como tal, ya agotada”  (SC  055-2005 de 8 abril 2005, rad. 7731).  

  

Son  pertinentes estas consideraciones previas pues el juicioso examen que  presenta a consideración de la Corte el casacionista no logra  demostrar con la contundencia exigida para el yerro de hecho, que las  conclusiones adoptadas por el Tribunal hayan sido arbitrarias o  ajenas al sentido común. No debe perderse de vista, en efecto,  que al tenor de lo dispuesto en el artículo 368 del Código  de Procedimiento Civil la infirmación de la sentencia por  razón de violación indirecta de normas sustanciales  como producto de yerros de hecho supone, como ya se adelantó,  la necesaria ocurrencia de un dislate fáctico que además  de influyente en lo dispositivo de la resolución judicial,  consista en una desfiguración evidente, perceptible a simple  vista, que vaya contra toda razón, pues  

  

“para  que los juicios del sentenciador de instancia no admitan censura en  casación, basta que no degeneren en arbitrariedad por no  situarse ostensiblemente afuera del sentido común, aunque se  pueda organizar otro análisis de los medios probatorios más  profundo y sutil, más severo, más lógico o de  mayor juridicidad en sentir de la crítica o de la misma Corte”  (sentencias de 17 de, junio de 1954, G.J. t. 107, pág. 288; 21  de marzo de 1980; 21 de junio de 1984; y 6 de julio de 1987, G.J.  CLXXXVIII, pág. 56)” (SC del 7 feb 1996, rad. 4660)  

  

Es  que el Tribunal sí apreció en toda su dimensión  las pruebas referidas a la diligencia desplegada por la demandada en  la operación y construcción  propiamente dicha del oleoducto en cuanto a la profundidad de  colocación y espesor de la pared del tubo, baja accidentalidad  y ubicación permitida en cercanías de viviendas y  escuelas según el código de los Estados Unidos,  ubicación del equipo y personal para 1998, equipos de  contingencia contraincendios y ayudantes de contingencia en Zaragoza  y Remedios, puntos más próximos al lugar de los hechos;  sobrevuelos periódicos con el fin de inspeccionar las áreas  de los derechos de vía del oleoducto  (40  entre el 1° de  agosto y el 18 de octubre de 1998). El Tribunal advirtió que  la demandada disponía del denominado sistema SCADA, para la  oportuna toma de decisiones y conocimiento de cualquier cambio que se  presentara en el oleoducto, que tenía certificados sus  sistemas de gestión en seguridad industrial, salud ocupacional  y medio ambiente, que la construcción del oleoducto superó  los estándares internacionales y nacionales, con  especificaciones superiores a las establecidas, que es de  características de seguridad óptimas y mejores a otros  oleoductos de Latinoamérica; que la distribución de  válvulas a lo largo del trazado cumple y excede los  requerimientos internacionales; que se utilizaron medidas para poner  más confiable el producto (rayos X en el 100% de las  soldaduras, al paso que el código de los Estados Unidos exige  sólo el 10%); que se cumplía el procedimiento de  mantenimiento del derecho de vía, el programa de gestión  de corrosión e integridad de los productos; que se disponía  de un plan de contingencia que excede los objetivos y componentes  mencionados, así como que transportar crudo por oleoducto  representa menores riesgos frente a otros métodos.  

  

No  es cierto que haya omitido o tergiversado el dibujo ilustrativo  comparativo entre el oleoducto de OCENSA y la gráfica sobre la  medida ponderada del espesor del producto, ni el estudio elaborado  por la firma Quest Consultants Inc., ni la gráfica sobre la  ubicación del equipo y del personal para la época de  los hechos. Del mismo modo, el Tribunal apreció el informe  elaborado por John Phillips III, así como los testimonios que  daban cuenta de las anteriores conclusiones (declaraciones de  Frederic Bruce Claridge, Juan Camilo Pérez Niño,  Roberto Eladio Espriella Fernández y Carlomagno Naranjo Vega),  pruebas todas de las cuales concluyó que  

  

  

Sólo  que le llamó la atención el hecho de que  

  

el  informe sobre estadísticas de accidentalidad tuvo como punto  de referencia los Estados Unidos, donde la situación de orden  público dista mucho de la de este país.  

  

Tampoco  puede tildarse que el Tribunal no haya hecho referencia ni haya  apreciado los actos administrativos proferidos por el Ministerio del  Medio Ambiente, atinentes al otorgamiento de la licencia ambiental,  la aprobación de estudios preliminares, los estudios técnicos  definitivos, la petición de informe sobre el trazado del  oleoducto. En particular, en relación con el plan de  contingencia, reconoce el ad quem  que fue aceptado por auto 382 del 17 de junio de 1997 “en  el que se requiere a la empresa para que lo complemente incluyendo  dentro del análisis de riesgo para la línea principal  la variable de orden público, la probabilidad de atentados,  para definir los sectores de mayor afectación por esa causa”  (f. página 427 del fallo), resaltando que en dicho acto  administrativo la autoridad advierte que ese plan desconoce la  problemática de orden público.  

  

Asimismo,  constató el juzgador colegiado que mediante auto 471 del 21 de  julio de 1997 la autoridad ambiental revocó el anterior,  aceptando que la empresa iniciara operaciones, concediéndole  un término de tres meses para que complementara el plan en los  términos del auto recurrido, esto es, el 382. Así  estaban las cosas cuando ocurrió el fatídico atentado  del 18 de octubre de 1998, es decir, estaban vigentes las órdenes  dirigidas a la empresa referidas al principal factor de amenaza  antrópica (el orden público y los atentados de  terceros) según se había dispuesto un año antes.  

  

Pero  también miró detenidamente la Corporación cuya  sentencia se cuestiona, que tiempo después del fatídico  suceso, el 24 de febrero de 1999 la Subdirección de Licencias  Ambientales del Ministerio del Medio Ambiente requirió a  OCENSA para que diera cumplimiento a lo exigido en los autos 382 y  471 de 1997, en lo referente al análisis del riesgo pues “la  actividad que desarrolla conlleva un riesgo implícito que debe  ser asumido con mayor responsabilidad y le hace un llamado de  atención por cuanto el proyecto debió tener en cuenta y  nunca negar que dentro de las circunstancias, eventualidades y  contingencias, los atentados terroristas se constituyen en una  amenaza de alta probabilidad”  (pág. 490 de la sentencia). Y también el Tribunal se  percató de que contra dicho requerimiento OCENSA interpuso los  recursos del caso que fueron decididos con auto 472 de octubre de  1999, en el que excluye del análisis del riesgo la variable de  orden público y la probabilidad de atentados bajo el entendido  de que son del resorte de los organismos del Estado. Como también  lo hizo con respecto al auto 847 del 30 de octubre de 2000 mediante  el cual declaró que la metodología propuesta por la  empresa en referencia al análisis de riesgo por incendio y  explosión cumple con los objetivos esperados por el  ministerio.  

  

De  todo este recorrido la corporación de segunda instancia  concluyó que OCENSA cumplió con las gestiones  encaminadas a obtener la licencia ambiental y los requerimientos  realizados en virtud del proyecto; pero también colige, sin  que en ello se aprecie error fáctico alguno ni menos con las  características de evidente o protuberante que se exige en  sede de casación, que dicha empresa fue renuente a incluir en  el plan de contingencia en cuanto al riesgo la variable de orden  público (de cuya alteración tenía conocimiento),  por la probabilidad de atentados, incendio y explosión por  derrames, a pesar de los requerimientos del Ministerio que, resalta  la Corte, estaban vigentes para la fecha del atentado2.  Recuérdese que destacó asimismo que la información  que OCENSA brindó a la población, no tenía un  componente de seguridad (página 486 de la sentencia), según  lo manifestó la testigo María Victoria Bernate León,  conclusión que no impugnó la censura en este cargo y  que corrobora la aludida resistencia.  

  

En  otras palabras, para el día en que se hizo detonar por parte  del grupo insurgente ELN la dinamita que ocasionó la rotura  del oleoducto, se encontraban vigentes los requerimientos de la  autoridad ambiental en el sentido de que se incluyera dentro del  análisis de riesgo esa variable de orden público, dados  los repetidos atentados a la infraestructura de transporte del crudo,  y no estaba cubierta la eventualidad de incendio del petróleo  derramado; por eso el Ministerio insistió un año  después del acto extremista perpetrado, que esos “atentados  terroristas se constituyen en una amenaza de alta probabilidad”,  sin que haga la diferencia el hecho de que tiempo después de  sucedido, el Ministerio haya consentido en excluir el orden público  por ser obligación del Estado mantenerlo.  

  

Tampoco  encuentra la Corte que el Tribunal haya cometido yerro manifiesto de  hecho en la apreciación de las declaraciones de Jorge Pineda  Carvajal, Rubén Darío Mosquera, Zalatiel  Soriano, las  que junto con el informe de la comisionada de las Naciones Unidas y  el informe que la misma demandada rindió ante Corantioquia le  permitieron colegir, sin que ello luzca desacertado, que la alterada  situación de orden el público del país para la  época del siniestro era del conocimiento de la empresa  demandada. Tal conclusión no luce arbitraria ni significa que  el Tribunal hubiese inferido que a cargo de la empresa estuviese la  obligación de repeler los atentados a la infraestructura del  oleoducto, más allá de que pudiera tener diseñados  planes de mitigación de efectos derivados de esos atentados.  En el mismo sentido, no luce irrazonable que el Tribunal entendiese  que la empresa era sabedora de las inseguridades propiciadas por los  actos subversivos a partir de la comunicación que le envió  al Ministro de Defensa de entonces, en agosto de 1997.  

  

De  otra parte, debe destacarse que a partir del dictamen pericial  elaborado por Luis Carlos Henao y el informe técnico del IDEAM  referido a la velocidad del río Pocuné, su régimen  torrencial, la topografía ondulada de altas pendientes por  donde transita cerca del pueblo, infirió el ad  quem la equivocada  ubicación del oleoducto en  relación con la población de Machuca. En efecto, dijo  esa Corporación:  

  

“las  conclusiones resaltadas del dictamen pericial, son contundentes en  cuanto al peligro que conllevaba la ubicación del ducto  respecto del corregimiento de Machuca, advertido también por  los demandantes habitantes del lugar al expresar que caminando del  caserío al punto más cercano del oleoducto se llevan  entre 10 y 20 minutos aproximadamente. De igual manera, dadas las  características de la corriente del río Pocuné,  especificadas en el dictamen rendido en esta instancia, permiten  suponer la forma como se desplazaría el crudo en caso de  derrame, presentándose en Fraguas para la época de la  tragedia un tiempo lluvioso, lo que acorde a lo dictaminado por el  perito del IDEAM teniendo en cuenta el carácter torrencial del  río favorece el aumento de su caudal, lo que de contera  incrementa la velocidad de su curso y por ende al derramarse el crudo  o cualquiera otro líquido en tal arroyo hace que dicha  sustancia fluya rápidamente a través de su cauce, lo  que indudablemente eleva la potencialidad del daño en los  riberanos, acotando aquí que la cercanía del oleoducto  respecto del río es un hecho que de manera alguna puede  considerarse como una circunstancia imprevisible para la entidad  demandada” (página  496 del fallo impugnado).  

  

Esta  conclusión resalta una falla en el diseño, esto es, una  conducta culposa que el Tribunal advirtió en el trazado del  oleoducto; es decir, si bien es cierto que en general el juicio de  reproche que se investiga en asuntos de responsabilidad civil suele  ser el que desplegó el agente con ocasión del daño,  las más de las veces en cercanías o proximidades  temporales, también lo es que puede retrotraerse a  circunstancias antecedentes que vienen a influir decididamente en el  perjuicio que se materializa por el acaecimiento de un evento dañoso  tiempo después, como en forma descriptiva lo plantea la  corporación de segundo grado. Si el guardián de una  actividad peligrosa fue además el responsable del diseño  y la construcción de la cosa con la cual ejecuta la misma, y,  al margen de acontecimientos fortuitos como el hecho de un tercero  alegado (concausa), el defecto de ubicación o de instalación  de dicha cosa contribuyó decididamente junto con el hecho del  tercero a la aparecimiento del perjuicio, la culpa está  demostrada y ella sola basta para endilgar responsabilidad a ese  guardián, que lo es tanto del comportamiento de la cosa como  de su estructura, la que no se limita al grosor, enterramiento y  demás particularidades demostradas si no a una que el Tribunal  resaltó, atinente a la ubicación del tubo en relación  con el pueblo. Para decirlo con otras palabras: si la relación  causal se fractura cuando irrumpe un hecho nuevo que excluye la  eficacia causal propia del hecho precedente y  lo sustituye, en este caso, la sola  defectuosa ubicación del tubo hace responsable a su guardiana,  al margen de la causa próxima o inmediata que hiciera aparecer  el perjuicio a la población, derivada de su rotura voluntaria  por el atentado terrorista. Es que, sencillamente, si en el diseño  del tubo se hubieran tomando las medidas de precaución  tendientes a suprimir todo efecto en la población en caso de  que éste se rompiera por cualquier causa, necesariamente  hubiese tenido que ser  instalado por otra parte, lo que se  constituye en una condición sine  qua non del perjuicio padecido por  los reclamantes.  

  

Sobre  este aspecto, solo atinó el casacionista a indicar que “el  trazado del oleoducto no corresponde a caprichos de OCENSA, sino a un  proceso establecido por el Estado, en el cual, se reitera, todos y  cada uno de los factores del oleoducto fueron analizados junto con  varias alternativas, discutidos y aprobados por las autoridades  competentes”.  

  

Tal  afirmación, huérfana de enlazamiento con un medio de  convicción existente en el proceso, no puede ser corroborada  dado lo dispositivo del recurso extraordinario. Sin embargo, es de  ver que más allá de que las varias propuestas  presentadas por la demandada  fueran analizadas conjuntamente con el Gobierno Nacional3  y fuese éste quien escogiera la que habría de ser  implementada, y más allá de que ambos ponderaran cuál  de todas ellas ofrecía más seguridades dada la  situación de orden público, entre otros tópicos,  es lo cierto que en relación con el trazado óptimo que  iría a tener el oleoducto, la circunstancia concreta descrita  en el dictamen pericial referida a los evidentes riesgos que la  población de Machuca corrió y corre por la ubicación  del ducto no puede significar más que una falla en el diseño  de ese recorrido, conclusión que para la Corte, dista mucho de  ser arbitraria o irrazonable, máxime si, como se instruye en  la resolución 952 de 1995 por medio de la cual el Ministerio  del Medio Ambiente otorgó licencia ambiental para la  construcción del oleoducto, que su trazado “deberá  alejarse de los corregimientos, cabeceras municipales y poblados  nucleados y sus áreas de expansión urbana”.  Y, de acuerdo con el dictamen pericial de Luis Carlos Henao  (topógrafo) la distancia entre el lugar donde se produjo el  atentado y la población de Machuca es de 994 metros  aproximadamente, siendo de destacar que la distancia más  cercana entrambos es de 150 metros.  

  

Es  más, si desde antes de instalarlo estuvo presente en quienes  diseñaron el trazado del oleoducto que ora por el contenido  (petróleo de diverso origen, algunos de alta volatilidad) o ya  por la situación de orden público constituía el  oleoducto un riesgo latente, es decir, una actividad con probabilidad  más o menos suficiente como para extremar las medidas de  vigilancia, control y diseño que en efecto se ejecutaron, no  se remite a duda que el solo hecho de haber aceptado tomar el riesgo  de pasarlo por donde finalmente fue dinamitado, no es más que  una culpa incidente en la causación del daño.  

  

Tal  inferencia permanece incólume a pesar de las críticas  del recurrente pues ninguna de ellas se dirige a combatirla. Ello es  así pues el censor, en lo que hace al dictamen de Luis Carlos  Henao, intenta rebatir una afirmación antecedente referida a  que un derrame igual o similar al acaecido el 18 de octubre de 1998  tendría consecuencias idénticas, arguyendo que el  Tribunal la sacó de contexto, en vista de que el experto  afirmó que  

  

no  hay obra posible para contrarrestar el derramamiento, en donde la  única alternativa sería el traslado del oleoducto a  otro lugar más retirado por otra cuenca geográfica. En  los últimos años se han instalado cierres automáticos  a través de válvulas de seguridad, que minimizan otro  atentado de similares características”.  

  

Respuesta  esta que obedeció a la pregunta que le hicieron:  

“determinar  que persiste la amenaza de que en cualquier momento se pueda repetir  la tragedia debido a que se mantienen las condiciones que la hicieron  posible”.  

  

Pero  para esta Sala esa pregunta y su respuesta no hacen más que  ratificar la conclusión reflexiva del Tribunal en cuanto a la  equivocada ubicación del oleoducto en relación con la  población de Fraguas o Machuca.  

  

Para  abundar: aún de concluirse que la diligencia suma de la  empresa durante la operación de la actividad de transporte del  crudo por el oleoducto impidiera achacarle una negligencia o descuido  para la fecha del atentado, y aún de encontrar súbita,  repentina e irresistible la acción criminal del grupo  subversivo frente a ella, es lo cierto que esa circunstancia, como  también lo hubiera podido ser un desastre natural, debió  haberse previsto frente a las consecuencias que un derrame del  petróleo tenía en la población de Machuca, con  ocasión del diseño del trazado del ducto, sin que pueda  ser eximente alguno el hecho de que la escogencia de una de las  alternativas propuestas por la empresa haya sido el producto de  sesudos estudios, si en cuenta se tiene que tal recorrido a la altura  de la población afectada enfrentaba una dificultad en cuanto a  la insuperable posibilidad de refrenar los efectos perniciosos del  derrame del crudo, se itera, cualquiera fuese la causa que lo  ocasionara.  

  

Es  que sin importar el sistema o tipo de responsabilidad  extracontractual que haya de ser aplicable al asunto que se investiga  (por el hecho propio, por el hecho un tercero, por el hecho de las  cosas o por actividades peligrosas) la comprobación de una  conducta culposa del agente lo compromete aún cuando la  negligencia concurra con un factor extraño, si se quiere  imprevisible e irresistible. Conducta culposa que por supuesto debe  contribuir eficazmente al surgimiento del daño, así  este emerja de la acción posterior de un elemento ajeno  (concausa), pues si en un análisis retrospectivo se elimina el  mal diseño (por su peligrosa ubicación) del trazado del  oleoducto, también desaparecería la irrupción  del crudo al pueblo, lo que denota la incidencia causal definitiva  que la culpa en ese trazado tuvo OCENSA en el desastre de que trata  este proceso.  

  

En  adición a lo anterior debe recordarse que la doctrina ha  previsto estas eventualidades al deducir la responsabilidad del  guardián de las cosas cuyo peligro es latente o se generó  con ocasión de su construcción:  

  

“Respecto  a tales cosas para conjurar el peligro es necesario prevenirlo,  creándolas y conservándolas de manera que no sean  peligrosas en su origen, ni puedan llegar a serlo. Quien esto no  hace, es responsable de haber alimentado el peligro por no hacer lo  que habría sido necesario para impedirlo y haber influido  causalmente por este camino en la producción del daño”  (De Cupis, El daño, Bosch, Barcelona, 1975, pág. 730).  

  

En  consecuencia, este cargo no prospera.  

  

SECCIÓN  II. CARGOS POR INCONGRUENCIA  

  

Con  estribo en la causal segunda de casación formuló esta  recurrente nueve cargos contra la sentencia (11°, 25°, 28°,  31°, 37°, 39°, 42°, 44° y 83°) los que serán  decididos agrupando los cargos 25°, 28°, 31°, 37°,  39° y 42°,  de una parte, y los restantes de otra, por  compartir cada grupo consideraciones similares.  

  

Subsección  1: Cargos 25°, 28°, 31°, 37°, 39° y 42°  

  

CARGO  25°: Orfa Henao Estrada/incongruencia  

  

Al  amparo de la causal segunda de casación, se acusa la sentencia  por incongruencia, en la modalidad extra  petita, en relación con las  pretensiones formuladas por Orfa Henao Estrada, toda vez que la  demandante no elevó reclamación alguna de reparación  de daño moral por las quemaduras sufridas por Henry de Jesús  Henao Estrada y Julián Eduardo Henao Estrada; sin embargo, la  colegiatura acusada condenó a la sociedad accionada al pago de  perjuicios morales en su favor, en cuantía de un millón  de pesos ($1.000.000,oo) por el primero y un millón doscientos  cincuenta mil pesos ($1.250.000,oo) por el segundo.  

  

CARGO  28°: Julián Eduardo Henao Estrada/incongruencia  

  

En  en este cargo la sentencia del Tribunal por incongruente en la  modalidad extra petita,  toda vez que el fallador de segunda instancia condenó a la  sociedad resistente a pagar a Julián Eduardo Henao Estrada por  concepto de daño moral por las heridas padecidas por Henry de  Jesús Henao Estrada la suma de un millón de pesos  ($1’000.000,oo), sin que dicha solicitud se la hubiera  realizado el demandante.  

  

CARGO  31°: Henry de Jesús Henao Estrada/incongruencia  

  

La  incongruencia en la modalidad extra petita que en este cargo se le  atribuye al Tribunal, la hace radicar la censura en que dicha  autoridad judicial condenó a Ocensa al pago de perjuicios por  daño moral en favor de Henry de Jesús Henao Estrada, en  razón de las lesiones padecidas por su hijo Andrés  Felipe Henao Patiño, su compañera Deisy Eugenia Patiño  González y su hermano Julián Eduardo Henao Estrada, las  sumas de ochocientos mil pesos ($800.000,oo), un millón ciento  cincuenta mil pesos ($1’150.000,oo) y un millón  doscientos cincuenta mil pesos ($1’250.000,oo),  respectivamente, pese que  en la reforma de la demanda no elevó solicitud alguna en tal  sentido.  

  

CARGO  37°: Andrés Felipe Henao Patiño/incongruencia  

  

Al  abrigo de la causal segunda de casación, se acusa la sentencia  por incongruencia, en la modalidad extra  petita, en relación con las  pretensiones formuladas por Andrés Felipe Henao Patiño,  toda vez que el Tribunal le otorgó una indemnización  que no solicitó.  

  

Anota  que en la reforma del libelo el demandante no elevó  reclamación alguna de reparación de daño moral  por las quemaduras sufridas por Henry de Jesús Henao Estrada y  Deisy Eugenia Patiño González; sin embargo, la  colegiatura acusada condenó a la sociedad accionada al pago de  estos en su favor, en cuantía de dos millones de pesos  ($2’000.000,oo) por el primero, y un millón de pesos  ($1.000.000,oo) por esta última.  

  

CARGO  39°: Resfa Inés Henao Estrada/incongruencia  

  

Al  amparo también de la causal segunda de casación, se  acusa en este cargo la sentencia del Tribunal por incongruente en la  modalidad extra petita,  toda vez que el fallador de segunda instancia condenó a la  sociedad resistente a pagarle a Resfa Inés Henao Estrada por  concepto de daño moral por las heridas padecidas por Henry de  Jesús y Julián Eduardo Henao Estrada las sumas de un  millón de pesos ($1’000.000,oo) por el primero y un  millón doscientos cincuenta mil pesos ($1’250.000,oo)  por el último, sin que dicha solicitud se la hubiera realizado  la demandante.  

  

CARGO  42°: Deisy Eugenia Patiño González/incongruencia  

  

Con  fundamento en lo dispuesto en la regla segunda del artículo  368 del C. de P. C., acusa el fallo de incongruente por extra  petita al no estar en consonancia  con las pretensiones de la demanda, puesto que el Tribunal condenó  a Ocensa al pago de perjuicios por daño moral en favor de  Deisy Eugenia Patiño González, en razón de las  lesiones padecidas por su hijo Andrés Felipe Henao Patiño,  su compañero Henry de Jesús Henao Estrada, las sumas de  ochocientos mil pesos ($800.000,oo) y dos millones de pesos  ($2’000.000,oo), respectivamente, pese que en la reforma del  libelo no elevó solicitud alguna en tal sentido.  

CONSIDERACIONES  

  

1.  El principio de congruencia, establecido en el artículo 305  del Código de Procedimiento Civil, impone al juzgador la  obligación de proferir sentencia «en  consonancia con los hechos y las pretensiones aducidos en la demanda  y en las demás oportunidades que este código contempla,  y con las excepciones que aparezcan probadas y hubieren sido alegadas  si así lo exige la ley».  

  

Por  tanto, el juez no puede dirimir el asunto sometido a la jurisdicción,  por fuera de los lineamientos que le imponen las partes, ya sea al  hacer ordenamientos excesivos frente a las pretensiones de estas  (ultra  petita),  al dejar de lado algunas sometidas a su escrutinio (mínima  petita), o  al resolver sobre puntos que no habían sido puestos a su  consideración (extra  petita),  salvo que se trate de condenas o excepciones que por disposición  legal puedan disponerse de manera oficiosa.  

  

En  providencia que compendia el fenómeno, dijo la Corporación:  

  

A  la luz del principio dispositivo que rige primordialmente el  procedimiento civil, debe el juez, al dictar el fallo con el cual  dirime la controversia, respetar los límites o contornos que  las partes le definen a través de lo que reclaman  (pretensiones o excepciones) y de los fundamentos fácticos en  que se basan ante todo los pedimentos, salvo el caso de las  excepciones que la ley permite reconocer de oficio, cuando aparecen  acreditadas en el proceso, o de pretensiones que, no aducidas,  asimismo deben declararse oficiosamente por el juez.  

A  eso se contrae la congruencia de la sentencia, según lo  establece el artículo 305 del Código de Procedimiento  Civil, dirigido no sólo a disciplinar que esa respuesta de la  jurisdicción corresponda con lo que las partes le ponen de  presente, sino, subsecuentemente, a  impedir que el juez desconozca  el compromiso de fallar dentro del marco de referencia que le trazan  las partes,  y cuyo incumplimiento es de antaño inscrito en  una de estas tres posibilidades: en primer lugar, cuando en la  sentencia se otorga más de lo pedido, sin que el juzgador  estuviese facultado oficiosamente para concederlo (ultra petita); en  segundo lugar, cuando en la sentencia olvida el fallador decidir, así  sea implícitamente, alguna de las pretensiones o de las  excepciones formuladas (mínima petita); y en tercer lugar,  cuando en el fallo decide sobre puntos que no han sido objeto del  litigio, o, de un tiempo a esta parte, en Colombia, con apoyo en  hechos diferentes a los invocados (extra petita)  (CSJ SC 1806-2015, del 24 de febrero de 2015, rad. n.°  85001-3189-001-2000-00108-01)  

  

Para  la debida fundamentación de un ataque al amparo de esta  causal, se impone al recurrente hacer un parangón entre las  pretensiones y hechos de la demanda, las excepciones planteadas por  el demandado o reconocibles de oficio, y la parte dispositiva de la  sentencia, a efecto de que de allí brote la falta de  consonancia de la decisión.  

  

2.  En el caso, encuentra la Sala que la sentencia no incurrió en  los excesos de que se la acusa pues los actores (Miguel Ángel  Henao Ospina, Deisy Eugenia Patiño González, Henry de  Jesús Henao Estrada, Andrés Felipe Henao Patiño,  Orfa, René de Jesús, Resfa Inés y Julián  Eduardo Henao Estrada), pidieron en el escrito de reforma de la  demanda con radicado 2004-00044 (fls. 193 a 235, c. 190, legajo 22,  caja 17), que como consecuencia de que se declarase civilmente  responsable a Ocensa S.A., se la condenara a pagar:  

  

3.2.  Por  el daño moral por  las quemaduras sufridas por cada uno de  los demandantes,  las siguientes sumas a saber (subrayado  del texto)  

a)  HENRY DE JESÚS HENAO ESTRADA la suma de quinientos (500)  salarios mínimos legales mensuales.  

b)  JULIÁN EDUARDO HENAO ESTRADA la suma de quinientos (500)  salarios mínimos legales mensuales.  

c)  ORFA HENAO ESTRADA la suma de quinientos (500) salarios mínimos  legales mensuales.  

d)  RESFA INÉS HENAO ESTRADA la suma de quinientos (500) salarios  mínimos legales mensuales.  

e)  ANDRÉS FELIPE HENAO ESTRADA la suma de quinientos (500)  salarios mínimos legales mensuales.  

f)  DEISY EUGENIA PATIÑO GONZÁLEZ la suma de quinientos  (500) salarios mínimos legales mensuales. (Destaca  la Corte, f. 223, c. 190).  

  

De  suerte que si el Tribunal reconoció a Orfa Henao Estrada su  derecho a la reparación del daño moral por las  quemaduras sufridas por Henry de Jesús Henao Estrada y Julián  Eduardo Henao Estrada; si a Julián Eduardo Henao Estrada le  concedió el derecho al pago por daño moral a raíz  de las heridas padecidas por Henry de Jesús Henao; si a éste  le reconoció también daño moral por las lesiones  padecidas por su hijo Andrés Felipe Henao Patiño, su  compañera Deisy Eugenia Patiño González y su  hermano Julián Eduardo Henao Estrada; si a Andrés  Felipe Henao Patiño le concedió el derecho a la  reparación del daño moral por las quemaduras sufridas  por sus padres Henry de Jesús Henao y Deisy Eugenia Patiño  González; si a Resfa Inés Henao le reconoció el  daño moral por las heridas padecidas por Henry de Jesús  y Julián Eduardo Henao Estrada; si a Deisy Eugenia Patiño  González le fue concedido el derecho a la reparación  del daño moral por las lesiones padecidas por su hijo Andrés  Felipe Henao Patiño, su compañero Henry de Jesús  Henao Estrada, debe concluirse sin hesitación alguna que tales  condenas se encontraban pedidas de conformidad con el acápite  3.2 arriba trascrito en tanto que en la forma como se redactó  su encabezado quedaban lógicamente incluidas las reparaciones  por daño moral propio padecido por cada uno de los demandantes  en relación con los sufrimientos de sus allegados.  

  

Ahora  bien, si lo que se quiere dar a entender es que en la expresión  arriba subrayada los demandantes pedían nada más el  daño moral padecido por sus propias heridas, otra sería  la causal de casación idónea para desarrollar tal  embate, más no la de incongruencia, en donde no caben críticas  a las interpretaciones al libelo genitor, como quizás lo dejan  entrever los cargos pues en todos ellos se indica que hubo una  “errónea valoración del texto de la demanda “  o una “falta de examen correcto de la reforma de la demanda”.  

  

Así  las cosas, resultan infundados estos cargos.  

  

Subsección  2: Cargos 11°, 44° y 83°  

  

CARGO  11°: Marco Antonio Ramírez/incongruencia  

  

En  este cargo se acusa la sentencia por incongruencia en la modalidad  extra petita,  por no estar en consonancia con las pretensiones de la demanda –en  particular las establecidas en la reforma a la misma- pues el  demandante no elevó ninguna referida al daño a la vida  de relación y el Tribunal lo benefició con una condena  a cargo de OCENSA por tal concepto en la suma de $11.500.000.  

  

CONSIDERACIONES  

  

En  punto de la acusación de incongruencia por haber otorgado el  Tribunal un objeto diferente de lo pedido (extra  petita),  con sujeción a las premisas generales que se expusieron en el  acápite anterior,  se impone señalar que esa  corporación juzgadora sí incurrió en los yerros  que la censura endilgó al fallo.  

  

En  efecto, se aprecia que en la parte resolutiva, dispone el Tribunal en  el numeral tercero de su sentencia, condenar a la sociedad demandada  a pagar a Marco Antonio Ramírez Sánchez por concepto de  daño a la vida de relación la suma de $11.500.000 (pág.  648 de la sentencia).  

  

Sin  embargo, en la reforma de la demanda (folios 239 a 284 del cuaderno  26, exp. 2004-00043) consta que Marco Antonio Ramírez Sánchez  pidió que se condenase a la empresa demandada por los  perjuicios por él padecidos en concepto de daño moral  por la muerte de María Yomelina Ramírez Palacios, María  Nellys Mosquera Ramírez y por las quemaduras sufridas, sin que  exista pretensión alguna dirigida a una condena por daño  a la vida de relación a favor de este demandante.  

  

Este  cargo en consecuencia, sale airoso.  

  

CARGO  44°: Haider Madrid Londoño/incongruencia  

Al  amparo de la causal segunda de casación, se acusa la sentencia  por incongruencia, en la modalidad extra  petita, en relación con las  pretensiones formuladas por Haider Madrid Londoño, toda vez  que el Tribunal le otorgó una indemnización que no  solicitó.  

  

Anota  que en la reforma del libelo el demandante no elevó  reclamación alguna de reparación de daño moral  hereditario por la muerte de Darley Yalidez Vélez Londoño;  sin embargo, la colegiatura acusada condenó a la sociedad  accionada al pago de esta en su favor, en cuantía de  $600.000,oo.  

  

CONSIDERACIONES  

  

Esta  acusación también prospera, pues al constatar la Corte  lo pedido por el menor Haider Madrid Londoño en relación  con el resarcimiento del daño moral hereditario, se aprecia en  la reforma de la demanda (F. 235, C. 43 caja 5, exp. 2004-00045) que  reclamó el de María Elena Londoño Buriticá  y Octavio Madrid, mas no el de Darley Yalidez Vélez Londoño,  pretendido por Francisco Antonio Vélez González.  

  

Este  cargo en consecuencia, se acoge.  

  

CARGO  83°: Yulieth Andrea Herrera Palacio/incongruencia  

  

Con  fundamento en lo dispuesto en la regla segunda del artículo  368 del C. de P. C., acusa el fallo de incongruente por extra  petita, toda vez que el fallador de  segunda instancia condenó a la sociedad resistente a pagarle a  Yulieth Andrea Herrera Palacio por concepto de daño moral por  la muerte de Luis Ángel Lotero Herrera y José Gilberto  Herrera Palacio la suma de $13’750.000,oo por cada uno, sin que  dicha solicitud la hubiera realizado la demandante.  

  

CONSIDERACIONES  

  

Esa  corporación juzgadora sí incurrió en el yerro in  procedendo  descrito por la censura, pues no obstante que a nivel general en la  primera pretensión se pidió que se declarara la  responsabilidad civil de OCENSA por los perjuicios patrimoniales y  morales ocasionados, entre muchos otros, a “Isabelina  Palacio de Herrera, quien obra en su propio nombre y en el de su  nieta menor Yulieth Andrea Herrera Palacio “  (f. 222, c. 99 , caja 9, exp. 2004-00049), en el numeral destinado a  las condenas por los daños morales propios a raíz de la  muerte de Luis Ángel Lotero Herrera y José Gilberto  Herrera Palacio no se incluyó a Yulieth Andrea Herrera Palacio  (f. 224), no obstante lo cual el Tribunal resultó condenando a  la empresa resistente al pago de $13,750,000 por cada uno de estos  fallecidos en favor de la demandante mencionada y a título de  daño moral propio.  

  

El  cargo sale avante.  

  

SECCIÓN  III CARGOS POR VIOLACIÓN INDIRECTA  

Con  estribo en la causal primera de casación y por errores  de derecho  probatorios que condujeron a la infracción del artículo  2356 del Código Civil, formuló esta recurrente contra  la sentencia, los cargos 7°, 9°, 12°, 14°, 16°,  18°, 21°, 23°, 26°, 29°, 32°, 34°, 40°,  45°, 47°, 51°, 53°, 55°, 59°, 62°, 65°,  67°, 69°, 71°, 73°, 75°, 77°, 79°, 81°,  84°, 88°, 91°, 93°, 95°, 98°, 100°, 104°,  107°, 110°, 112°, 115°, 117°, 119°, 123°,  125°, 127°, 129°, 131°, 133°, 135°, 137°,  139°, 143°, 147°, 149°, 151°, 153°, 162°  y 164°, los que serán decididos al abrigo de las mismas  consideraciones dada la abierta afinidad que denotan.  

  

En  la siguiente sección de esta providencia se abordará,  con la misma metodología de conjunción de los cargos,  los ataques que por la vía indirecta y a causa de errores  de hecho  le imputa la recurrente al Tribunal sobre, en esencia, las mismas  pruebas a que se refieren los cargos por error de derecho.  

  

Ambas  secciones comparten estas consideraciones teóricas que hace la  recurrente:  

  

En  la explicación general aplicable a todos los cargos, OCENSA  indica que en relación con el daño  moral,  deben estar acreditadas no sólo su existencia sino su  intensidad. Transcribe (página 126) sentencia del 28 de  febrero de 1990 en la que la Corte apunta que si bien el daño  moral puede presumirse en los parientes, dicha presunción es  simplemente una aplicación de una regla de experiencia y por  consiguiente admite prueba en contrario.  

  

En  cuanto a la cuantificación de ese daño, expresa que el  juez debe acudir al arbitrio judicial para que conforme a los hechos  y circunstancias particulares probados en el caso establezca la  cuantía. Esas especificidades tienen que ver con, entre otras  cosas, la intimidad del occiso con la persona que reclama el daño  y su afectación.  

  

Concluye  que quien pretende reclamar la indemnización por daño  moral de un pariente cercano deberá demostrar plenamente (i)  la existencia del evento lesivo (hecho), (ii) la relación del  evento lesivo con alguna conducta del supuesto autor (nexo de  causalidad) y, (iii) el parentesco y vínculo estrecho con la  víctima directa del daño y la intensidad de la  afectación sufrida (daño).  

  

Respecto  del daño  moral hereditario  arguye OCENSA que para que proceda la transmisibilidad de este  perjuicio debe haberse radicado el derecho a reclamarlo en el  patrimonio del difunto de manera previa a su muerte, por lo que su  defunción no puede haber acaecido en el mismo instante en que  se produjo la conducta lesiva. El demandante debe probar por  consiguiente, tanto el daño extrapatrimonial padecido por su  causante como el título del heredero que le habilita para  reclamarlo para la sucesión.  

  

En  lo que hace al daño  a la vida de relación,  observa que consiste en la afectación de la actividad social  no patrimonial de la persona que adquiere trascendencia o se refleja  sobre la esfera externa del individuo. Para su reconocimiento debe  estar acreditada la existencia y la intensidad del daño; esto  es, «que  se sufrió una lesión, que de esta lesión surgió  una perturbación funcional y que esa perturbación  funcional generó dificultades concretas y precisas sobre las  actividades sociales no económicas del individuo».  

  

Sobre  el lucro  cesante  también recalca OCENSA la necesidad de que con prueba idónea  se demuestre su entidad y extensión. En caso de que quien  reclame sea una persona distinta de la víctima directa,  aquélla debe demostrar la relación de dependencia  económica que tenga con el afectado directo.  

  

En  relación con la prueba  del parentesco,  subraya que de conformidad con el artículo 5° del Decreto  1260 de 1970 los hechos y actos relativos al estado civil de las  personas deben ser inscritos en el registro civil y, de conformidad  con el 105, los hechos y actos relacionados con el estado civil de  las personas ocurridos con posterioridad a la vigencia de la Ley 92  de 1938 se probarán con copia de la correspondiente partida o  folio, o con certificados expedidos con base en los mismos. Los  estados civiles generados antes de 1938 pueden probarse mediante  copias eclesiásticas o del registro civil, los posteriores  pero anteriores al 5 de agosto de 1970 lo pueden ser con el registro  civil y en subsidio con las actas eclesiásticas y a partir de  1970 sólo con copia del registro civil.  

  

Las  copias y certificados de las actas y folios de registro civil deben  contener, de conformidad con el artículo 110 del decreto 1260  de 1970, “cuando  menos, los datos esenciales de toda inscripción y los de  aquella de cuya prueba se trate”.  El 115 precisa que los de nacimiento se reducen a la expresión  del nombre, sexo y lugar y fecha de nacimiento, el 80 señala  que los de defunción deben contener la fecha de fallecimiento  del nombre y sexo del occiso. Por lo que, según la sociedad  demandada, la ausencia de alguno de esos requisitos hace que el  documento no pueda ser considerado como un certificado.  

  

En  referencia al estado  sicológico de las personas  víctimas y demandantes, la prueba idónea es la pericial  pues es la que lleva al proceso hechos que requieren especiales  conocimientos científicos. Esta prueba pericial exige una  serie de requisitos como la imparcialidad de la persona que la  práctica, el pleno conocimiento del saber necesario para  elaborarla y por supuesto garantizarse que sea objeto de  controversia. En este caso, en lugar de haberse practicado un  dictamen pericial, los demandantes aportaron unos documentos  denominados “informe psicológico población  afectada por la explosión del oleoducto central Machuca –  Antioquia” que carecen de los requisitos de idoneidad que  caracterizan al dictamen pericial, que no pudo ser cuestionado en  cuanto a la imparcialidad de los que la elaboraron, de los  fundamentos fácticos y científicos que lo motivaron. Y  como fue un informe, esto es, un documento, OCENSA reclama el no  haber podido interrogar a sus autores. Y por ello no podía  entender el Tribunal que se encontraba demostrada la existencia e  intensidad los daños extrapatrimoniales con base en esa prueba  que no era idónea.  

  

Con  este marco teórico procede al desarrollo de los cargos, que la  corte resume iniciando por los que imputan   errores probatorios de  derecho.  

  

Subsección  1/ERROR DE DERECHO: Cargos 7°, 9°, 12°, 14°, 16°,  18°, 21°, 23°, 26°, 29°, 32°, 34°, 40°,  45°, 47°, 51°, 53°, 55°, 59°, 62° 65°,  67°, 69°, 71°, 73°, 75°, 77°, 79°, 81°,  84°, 88°, 91°, 93°, 95°, 98°, 100°, 104°,  107°, 110°, 112°, 115°, 117°, 119°, 123°,  125°, 127°,  129°, 131°, 133°, 135°, 137°,  139°, 143°, 147°, 149°, 151°, 153, 162°, 164°  

  

Con  base en la casual primera de casación prevista en el artículo  368 del C. de P. C., en estos cargos se acusa la sentencia de ser  indirectamente violatoria del precepto 2356 del Código Civil,  por aplicación indebida, como consecuencia de error  de derecho  al haber conferido el Tribunal mérito probatorio: a) en  algunos cargos, a interrogatorios de parte sobre hechos que  favorecían a la persona que los rendía, con violación  medio del artículo 195 del Código de Procedimiento  Civil; b) en otros, a certificados de registro civil de nacimiento o  defunción, en los que se omite el sexo de las personas a las  que se refieren, con infracción medio de los artículos  80 (referido a lo que debe contener el registro de defunción),  105 (sobre la necesidad de probar los actos y hechos relacionados con  el estado civil, dependiendo del régimen legal vigente, y en  la actualidad, con copia de la correspondiente partida o folio, como  certificados expedidos con base en los mismos), 110 (sobre la  facultad de los funcionarios encargados de llevar el registro de  expedir copias y certificados de las actas y folios que reposan en  sus archivos, debiendo contener los certificados cuando menos, los  datos esenciales de toda inscripción y los de aquella de cuya  prueba se trate), 115 (en cuanto a que las copias y los certificados  de las actas, partidas y folios del registro de nacimiento se reducen  a la expresión del nombre, el sexo y el lugar y la fecha de  nacimiento, y la designación de los progenitores y la calidad  de la filiación a petición de parte) del Decreto 1260  de 1970 y 174 (sobre la necesidad de la prueba regular) y 178  (rechazo in  limine de  la prueba) del Código de Procedimiento Civil. Documentos  con  los cuales llegó al convencimiento el ad  quem de  haber quedado debidamente demostrados los vínculos de  parentesco entre demandantes y víctimas directas del atentado,  o el nacimiento, la defunción, la identidad de la persona a la  que referían esos certificados, a pesar de que en ellos se  omitió el sexo de la persona a la que se referían; c)  en algunos embates más, al ameritar documentos denominados  “informe psicológico población afectada por la  explosión del oleoducto central Machuca – Antioquia”,  realizados por profesionales de esa disciplina en relación con  una víctima individualizada, al dar por establecido con base  en los mismos, que el daño moral se encontraba probado en su  existencia e intensidad, siendo que algunos de esos informes no  aparecen suscritos por quien lo elaboró, o no fueron  ratificados por su autor, con violación medio del artículo  277 (valor probatorio de los documentos emanados de terceros) del  Código de Procedimiento Civil.  

  

Por  esas diversas falencias llegó entonces a condenar  indebidamente a OCENSA a pagar indemnización a los pretensores  por concepto de: a) daño moral sufrido por ellos a raíz  del deceso o las quemaduras de sus allegados; b) daño a la  vida de relación sufrido por los demandantes a raíz del  deceso o las quemaduras y cicatrices de sus próximos; c) lucro  cesante por el fallecimiento de sus familiares.  

  

Como  consecuencia de dichos errores, el Tribunal aplicó  indebidamente el artículo 2356 del Código Civil.  

  

1.        En  el cargo 7°  (María  Gilma Rodríguez de Sánchez), el yerro de derecho recayó  en el certificado de registro civil de nacimiento de José  Crispín Sánchez Rodríguez, con el cual tuvo por  probado el parentesco entre María Gilma Rodríguez y  José Crispín Sánchez Rodríguez, siendo  dicho instrumento inconducente para tal efecto, por cuanto no hace  mención alguna al sexo  de la persona allí referenciada. Lo anterior le condujo a  condenar indebidamente a OCENSA al pago de $41.750.000 a la señora  Luz Mercedes Mosquera Ramírez, por el daño  moral  sufrido por las muertes de María Marcelina Ramírez  Palacio y de María Nelly Mosquera Ramírez.  

  

2.        En  el cargo 9°  (Marco Antonio Ramírez) el dislate probatorio de derecho  ocurrió en los certificados de registro civil de nacimiento y  defunción de María Yomelina Ramírez Palacio,  pues ninguno hace mención al sexo  de la persona allí referenciada, y por consiguiente son  inconducentes. Como consecuencia, condenó a la demandada a  pagar $27.500.000 a Marco Antonio Ramírez Sánchez por  el daño  moral  supuestamente sufrido por la muerte de María Yomelina Ramírez  Palacio.  

  

3.        En  el cargo  12º  (Luz Mercedes Mosquera Ramírez), el yerro estribó en  darle mérito probatorio a los certificados de registro civil  de nacimiento de Luz Mercedes Mosquera Ramírez, de defunción  de María Marcelina Ramírez Palacios, de nacimiento de  María Nellys  Mosquera Ramírez y de defunción de María Nelly  Mosquera Ramírez, siendo que en todos ellos se omitió  la mención al sexo  de la persona sobre la que recaía el certificado, condenando  indebidamente a OCENSA al pago de $41.750.000,00 a favor de Luz  Mercedes Mosquera Ramírez, por el daño  moral  supuestamente sufrido por las muertes de María Marcelina  Ramírez Palacio y de María Nelly Mosquera Ramírez.  

  

4.        En  el Cargo  14º  (Madison Ramírez Palacio), la equivocación se concretó  en los certificados de registro civil de nacimiento de Madison  Ramírez Palacio, de defunción de María Marcelina  Ramírez Palacios, de nacimiento de María Nellys  Mosquera Ramírez y de defunción de María Nelly  Mosquera Ramírez, pues en ninguno se hace mención  alguna al sexo  de la  persona allí referenciada, dislate con base en el cual  «condenó  indebidamente a OCENSA al pago de $28.000.000,00 al señor  Madison Ramírez Palacio, por los daños sufridos por la  muerte de María Marcelina Ramírez Palacio,  $13.750.000,00 por el daño  moral  propio sufrido por la muerte de María Nelly Mosquera Ramírez,  $2.500.000,00 por el daño moral propio causado por las  quemaduras padecidas, $7.500.000,00 a título de daño  a la vida de relación  por las quemaduras sufridas y $13.246.610,73 a título de lucro  cesante  por la muerte de María Marcelina Ramírez Palacio».  

  

5.        En  el cargo  16º  (María de Los Ángeles Mosquera Ramírez), por  razón del certificado de registro civil de defunción de  María Yomelina Ramírez Palacio, que no hace mención  al sexo  de la  persona referenciada, prueba inconducente con la cual el Tribunal dio  por probado el parentesco de esta con la reclamante, condenando a  OCENSA a pagarle $27.500.000 por los daños  morales  sufridos por la muerte de María Yomelina Ramírez  Palacio.  

  

6.        En  el cargo  18º  (José Mosquera), por los certificados de registro civil de  nacimiento de María Nellys  Mosquera  Ramírez y de defunción de María Nelly  Mosquera Ramírez, que omiten el sexo  de las certificadas, y tornan así inconducentes dichas  pruebas, soporte del Tribunal para condenar a OCENSA al pago de  $28.700.000 a José Mosquera como reparación del daño  moral por  la muerte de María Nellys Mosquera Ramírez.  

  

  

8.        En  el cargo  23º  (Luz Mary Ibarguen Mosquera), por cuanto el Tribunal dio mérito  probatorio al certificado de registro civil de nacimiento de Luz Mary  Ibarguen Mosquera, que no menciona el sexo  de la persona allí referenciada, con base en el cual condenó  a la demandada al pago de $13.750.000 por el daño  moral  sufrido por la muerte de Luis Ángel Ibarguen Mosquera.  

  

9.        En  el cargo  26º  (Orfa Henao Estrada) se le reprocha haber conferido valor probatorio  a los certificados de registro civil de nacimiento de Orfa Henao  Estrada, Henry de Jesús Henao Estrada, Julián Eduardo  Henao Estrada y de defunción de María Eva Estrada  García, ausentes en todos ellos la indicación sobre el  sexo de  la persona certificada, documentos con los cuales el Tribunal condenó  a la resistente al pago de $27.720.000 en favor de Orfa Henao Estrada  por el daño  moral  sufrido por la muerte de María Eva Estrada García.  

  

10.        En  el cargo  29º  (Julián Eduardo Henao Estrada) se alega que al conferirle  mérito a los certificados de registro civil de nacimiento de  Henry de Jesús Henao Estrada y Julián Eduardo Henao  Estrada, así como el de defunción de María Eva  Estrada García, en los cuales no hay mención alguna al  sexo  de la persona certificada, el Tribunal condenó a la  interpelada a pagar $27.720.000 a Julián Eduardo Henao Estrada  por el daño  moral  sufrido por la muerte de María Eva Estrada García,  $1.000,000 por el daño  moral por  las quemaduras sufridas por Henry de Jesús Henao Estrada,  $7.500.000 por el daño  moral por  las quemaduras sufridas y $10,000,000 por el daño  a la vida de relación.  

  

11.        En  el cargo  32º  (Henry de Jesús Henao Estrada) se reprocha al juzgador  colegiado que haya valorado los certificados de registro civil de  nacimiento de Henry de Jesús Henao Estrada, Andrés  Felipe Henao Patiño, Julián Eduardo Henao Estrada, el  de defunción de María Eva Estrada García, en los  que no se hace mención alguna al sexo  de los  sujetos sobre los que recaen las certificaciones, así como la  confesión derivada de los interrogatorios  de parte  rendidos por Henry de Jesús Henao Estrada y Deisy Eugenia  Patiño, yerros probatorios que le llevaron a condenar  indebidamente a la interpelada a pagar $27.720.000,00  a Henry de Jesús Henao Estrada, por el supuesto daño  moral  causado por la muerte de María Eva Estrada García,  $800.000 por el supuesto daño  moral  causado por las lesiones sufridas por Andrés Felipe Henao  Patiño, $1.150.000 por el supuesto daño  moral  causado por las lesiones sufridas por Deisy Eugenia Patiño,  $1.250.000 por el supuesto daño  moral  causado por las lesiones sufridas por Julián Eduardo Henao  Estrada.  

  

12.        En  el cargo  34°  (René de Jesús Henao Estrada), el reproche al ad  quem recae  en la eficacia demostrativa que otorgó a los certificados de  registro civil de nacimiento de René de Jesús Henao  Estrada y de defunción de María Eva Estrada García,  no obstante omitir la indicación del sexo  del sujeto  sobre que recaen, dislate que le condujo a tener por demostrado el  vínculo de parentesco entre ellos y así, condenar a  OCENSA a pagar al primero, por daño  moral  causado por la muerte de la segunda, $27.720.000.  

  

13.        En  el cargo  40°  (Resfa Inés Henao Estrada), surgió el yerro por causa  los certificados de registro civil de nacimiento de Resfa Inés  Henao Estrada y de defunción de María Inés  Estrada García, sin que en ellos se incluyera el sexo  de las  personas a las que aludía, procediendo a condenar a la  interpelada a pagar, por el daño  moral que  halló demostrado que sufrió la primera en razón  de la muerte de la segunda, $27.720.000.  

  

14.        En  el cargo  45°  (Haider Madrid Londoño), al estimar con valor demostrativo los  certificados de registro civil de nacimiento de Haider Antonio Madrid  Londoño y Darley Yalides Vélez Londoño, y de  defunción de Octavio Madrid, María Elena Londoño  Buriticá y Darley Yalides Vélez Londoño,  inconducentes  para efectos de acreditar el parentesco, la identidad, el nacimiento  y los decesos, toda vez que no hacen mención alguna al sexo  de las personas allí referenciadas, y por esta vía,  condenar a OCENSA al pago de $14.150.000.00 a Haider Madrid Londoño,  por el daño  moral  sufrido por la muerte de María Elena Londoño Buritica,  de $13.750.000.00 por el daño  moral  sufrido por la muerte de Octavio Madrid, de $6.875.000.00 por la  muerte de Darley Yalidez Vélez Londoño, $9.000.000.00  por el daño  moral  sufrido por las quemaduras sufridas, $11.000.000.00 a título  de reparación del daño  a la vida de relación  y $86.547.866,31 a título de reparación del lucro  cesante por la muerte de sus padres.  

  

15.        En  el cargo  47°  (Octavio Madrid Morales), por causa de darle valor probatorio al  documento denominado “informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca-Antioquia”, el cual fue elaborado por Ana  Milena Correa Serrano, a quien se le citó para su  reconocimiento pero no compareció, lo que implica que el juez  no podía estimarlo; pero al hacerlo, cometió el error  de derecho que le condujo a condenar a la interpelada a pagar a  Octavio Madrid Morales, por el daño  moral  sufrido por la muerte de Octavio Madrid, la suma de $27.600.000.  

  

16.        En  el cargo  51°  (Dora Lucía Montoya Roldán)  como consecuencia de  haberle reconocido valor probatorio a los certificados de registro  civil de nacimiento de Luz Enith Jaramillo Montoya sin  que en él se haga mención a su sexo.  Por esa vía, condenó indebidamente a OCENSA al pago de  $27.500.000 a Dora Lucía Montoya Roldán, por el daño  moral  sufrido por la muerte de luz Enith Jaramillo Montoya.  

  

17.        En  el cargo  53°  (Robinson Mario Jaramillo Montoya), al reconocerle valor probatorio a  los certificados de registro civil de nacimiento de Luz Enith  Jaramillo Montoya y Robinson Mario Jaramillo Montoya, sin que en  ellos se haga mención al sexo  de las  personas allí referenciadas, y dejar así establecidos  los vínculos de parentesco entre estos para deducir la condena  a OCENSA al pago a favor del segundo y por la muerte de la primera, a  título de daño  moral, por  valor de $13.750.000.  

  

18.        En  el cargo  55°  (Zuleima Montoya Roldán), al conferirle valor demostrativo al  certificado de registro civil de nacimiento de Luz Enith Jaramillo  Montoya, no obstante que el mismo no cumple con el requisito de  incluir el sexo  de la  persona allí referenciada, llevándole ese dislate a  condenar a OCENSA a pagar a Zuleima Montoya Roldán la suma de  $13.750.000 por el daño  moral  sufrido por la muerte de Luz Enith Jaramillo Montoya.  

  

19.        En  el cargo  59°  (Rosa Nury Muñetón Velásquez), al conferirle  valor demostrativo a los certificados de registro civil de nacimiento  y de defunción de Lucelly Salazar Muñetón, en  los que no se menciona su sexo,  por ende son ineficaces para ser tenidos como tales, error que le  condujo a condenar a la empresa demandada al pago de $27.600.000,00 a  Rosa Nury Muñetón Velásquez, por el daño  moral  sufrido por la muerte de Wbeimar Hincapié, $28.200.000,00 por  el daño  moral  sufrido por la muerte de Lucelly Salazar y $13.750.000,00 por Jaime  Alberto Sajonero Hincapié.  

  

20.        En  el cargo  62°  (Beatriz Osmany hincapié Muñetón), al tener por  demostrada la existencia de un daño moral propio con base en  el interrogatorio  de parte  rendido por Beatriz Osmany Hincapié en hechos que a ella  favorecían, en punto de la existencia e intensidad del daño  moral, lo que condujo al ad  quem a  condenar a la demandada a pagarle a aquella por el daño  moral en  razón de la muerte de Wbeimar Hincapié, la suma de  $6.875.000.  

  

21.        En  el cargo  65°  (Deyi Milena Ospina Oquendo) al otorgar mérito probatorio a  los certificados de registro civil de nacimiento de Deyi Milena  Ospina, Carmelo Antonio Herrera Oquendo, de defunción de Ana  Rubiela Hernández, en los que no se incluye el sexo  de las  personas a la que se refieren, así como al interrogatorio  de parte  rendido por Deyi Milena Ospina Oquendo al apreciar lo que a ella  favorecía, dislates que incidieron en la condena a OCENSA  a  pagar  $27.560.000,00 a Ana Rubiela Oquendo [sic], por el daño  moral  sufrido por la muerte de Ana Rubiela Herrera Oquendo, $13.750.000,00  por el daño  moral  sufrido por la muerte de Beatriz Helena Herrera Oquendo y Carmelo  Antonio $1.500.000,00.  

  

22.        En  el cargo  67°  (Aira Ruth Herrera Oquendo), al conferirle mérito demostrativo  a los certificados de registro civil de nacimiento de Aira Ruth  Herrera Oquendo y Carmelo Antonio Herrera Oquendo, y de defunción  de Ana Rubiela Oquendo Hernández. Asimismo, en los que se  omite el sexo  de las personas a los que refiere, así como el interrogatorio  de parte  de Aira Ruth Herrera Oquendo, dislates que le llevaron a condenar a  OCENSA al  pago de $27.560.000,00 a Aira Ruth Herrera Oquendo, por el daño  moral  sufrido por la muerte de Ana Rubiela Herrera Oquendo, $13.750.000,00  por el daño  moral  sufrido por la muerte de Beatriz Helena Herrera Oquendo y Carmelo  Antonio $1.500.000,00.  

23.        En  el cargo  69°  (Alex Eloy Herrera Oquendo), al concederle valor demostrativo a los  certificados de registro civil de nacimiento de Alex Eloy y Beatriz  Elena Herrera Oquendo,         y de defunción de Ana Rubiela Oquendo  Hernández, en ninguno de los cuales se menciona el sexo  de los  sujetos a los que se refiere. Asimismo, el interrogatorio  de parte  de Alex Eloy Herrera Oquendo, del cual dedujo la existencia e  intensidad del daño  a la vida de relación  con base en hechos que solo favorecían al declarante, a  resultas de lo cual condenó a OCENSA a pagar $27.560.000,00 a  Alex Eloy Herrera Oquendo, por el daño  moral  sufrido por la muerte de Ana Rubiela Herrera Oquendo, $13.750.000,00  por el daño  moral  sufrido por la muerte de Beatriz Helena Herrera Oquendo y Carmelo  Antonio $1.500.000,00.  

  

24.        En  el cargo  71°  (Jesús Antonio Herrera Oquendo), al haberle reconocido valor  probatorio a los certificados de registro civil de nacimiento de  Jesús Antonio y Carmelo Antonio Herrera Oquendo, y de  defunción de Ana Rubiela Oquendo Hernández. Asimismo, a  pesar de no incluir ninguno de ellos el  sexo  de las  personas a las que se refiere. De la misma manera, con el   interrogatorio  de parte  de Jesús Antonio Herrera, al tener por demostrada la  existencia e intensidad del daño moral con base en hechos que  solo favorecían al declarante, a resultas de lo cual condenó  indebidamente a OCENSA al pago de $27.560.000 a Jesús Antonio  Herrera Oquendo, por el daño  moral  sufrido por la muerte de Ana Rubiela Herrera Oquendo, $13.750.000 por  el daño  moral  sufrido por la muerte de Beatriz Helena Herrera Oquendo y $1.500.000  por las supuestas quemaduras sufridas por Carmelo Antonio.  

  

25.        En  el cargo  73°  (Carmelo Antonio Herrera Oquendo), por  haberle reconocido  valor probatorio a los certificados de registro civil de nacimiento  de Carmelo Antonio Herrera Oquendo y Beatriz Helena Herrera, y de  defunción de Ana Rubiela Oquendo Hernández,  por cuanto dichos  instrumentos resultan inconducentes para tal efecto, toda vez que no  hacen mención alguna al sexo  de las  personas allí referenciadas, y por esa vía, tener por  demostrado el parentesco y así condenar indebidamente a OCENSA  al pago de $27.560.000,00 a Carmelo Antonio Herrera Oquendo, por el  daño  moral  sufrido por la muerte de Ana Rubiela Herrera Oquendo, $13.750.000,00  por el daño  moral  sufrido por la muerte de Beatriz Helena Herrera Oquendo,  $9.000.000,00 a título de daño  moral por  las quemaduras sufridas, $10.000.000,00 a título de daño  a la vida de relación  por las quemaduras sufridas y $43.713.520,00 a título de lucro  cesante  por la muerte de Ana Rubiela Herrera Oquendo.  

  

26.        En  el  cargo  75°  (Carmelo de Jesús Herrera Palacio), al haberle reconocido  valor probatorio a los certificados de registro civil de nacimiento  de Carmelo de Jesús Herrera Palacio, Carmelo Antonio Herrera  Oquendo y Beatriz Helena Herrera Oquendo, y de defunción de  Ana Rubiela Oquendo Hernández, tener así por demostrado  el vínculo de parentesco, a pesar de que dichos instrumentos  no mencionan el sexo  de las  personas a las que se refieren, dislates que lo llevaron a   condenar  indebidamente a OCENSA al pago de $27.800.000,00 a Carmelo de Jesús  Herrera Palacio, por el daño  moral  sufrido por la muerte de Beatriz Helena Herrera Oquendo,  $27.500.000,00 por el daño  moral  sufrido por la muerte de Ana Rubiela Herrera Oquendo y Carmelo  Antonio $3.000.000,00.  

  

27.        En  el cargo  77°  (Bertha Elena Oquendo Hernández), al haberle reconocido valor  probatorio al certificado de defunción de Ana Rubiela Oquendo  Hernández, que no menciona su sexo,  y por ello es inconducente para demostrar el vínculo de  parentesco, lo que le llevó a condenar indebidamente a OCENSA  al pago de $13.750.000.00 a Berta Elena Oquendo Hernández a  título de reparación por el daño  moral  causado por la muerte de Ana Rubiela Oquendo.  

  

28.        En  el cargo  79°  (Robertina Oquendo Hernández), al  haberle reconocido  valor probatorio al certificado de defunción de Ana Rubiela  Oquendo Hernández, tener por demostrado el vínculo de  parentesco con esta y así, condenar a OCENSA al pago de  $13.750.000,00 a Robertina Oquendo Hernández a título  de reparación por el daño  moral, no  obstante que dicho certificado carece de la mención al sexo  de la persona allí referenciada.  

  

29.        En  el cargo  81°  (Isabelina Palacio de Herrera), al haberle dado valor probatorio a  los certificados de registro civil de nacimiento de Luis Ángel  lotero Herrera y José Gilberto Herrera Palacio, en los que no  se menciona el sexo  de las personas a las que se refieren, así como al documento  denominado “informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca-Antioquía” y por esa vía,  condenar indebidamente a OCENSA al pago de $13.750.000,00 a Isabelina  Palacio de Herrera a título de reparación por el daño  moral  causado por la muerte de Luis Angel Lotero Herrera y de  $13.750.000,00 por el daño  moral  causado por la muerte de José Gilberto Herrera Palacio, como  quiera que con los primeros halló demostrado el vínculo  de parentesco y con el informe referido, la existencia e intensidad  del daño moral sufrido, no obstante que dicho documento no fue  reconocido  por Ana  Milena Correa Serrano a quien se le citó para dicha diligencia  sin haber comparecido.  

  

30.        En  el cargo  84°  (Yulietth Andrea Palacio de Herrera) al haberle conferido mérito  probatorio a los certificados de registro civil de nacimiento de Luis  Ángel Lotero y José Gilberto Herrera Palacio, en los  que no se menciona su sexo,  así como el documento denominado “informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca-Antioquia”, pues no fue reconocido por quien lo  elaboró, Ana Milena Correa Serrano a quien se le citó  sin que compareciera. Con base en estas pruebas que no tenían  mérito para ser tenidas por tales, condenó  indebidamente a OCENSA al pago de $13.750.000,00 a Isabelina Palacio  de Herrera a título de reparación por el daño  moral  causado por la muerte de Luis Angel Lotero Herrera y de  $13.750.000,00 por el daño  moral  causado por la muerte de José Gilberto Herrera Palacio.  

  

31.        En  el cargo  88°  (Eddie Adrián González Valdés) al haberle  reconocido valor probatorio al certificado de defunción de  María Lucelly Valdés Viana, en el que no se menciona su  sexo  y, asimismo, al documento denominado “Informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca – Antioquia”, para deducir de allí la  existencia e intensidad del supuesto daño moral sufrido por la  reclamante, no obstante que el mismo carecía de reconocimiento  por quien fue elaborado, Ana Milena Correa Serrano, a quien se le  citó para que lo hiciera pero no compareció. Con tales  probanzas el Tribunal condenó indebidamente a OCENSA al pago  de $27.700.000,00 a Eddy Adrián González Valdés  a título de reparación por el daño  moral  causado por la muerte de María Lucelly Valdés Viana, al  pago de $7.500.000,00 a título de reparación por el  daño  moral  causado por las quemaduras sufridas, al pago de $10.000.000,00 a  título de reparación por el daño  a la vida de relación y  al pago de $1.121.546,33 a título de reparación por el  lucro cesante.  

  

32.        En  el cargo 91  (Yuli Joana González Valdés) al haberle dado mérito  probatorio al certificado  de defunción de María Lucelly Valdés Viana, sin  que el se hiciera mención alguna a su sexo,  con lo cual entendió probado el deceso de esta y, por esa vía,  condenar a OCENSA  al pago de $27.700.000,00 a Eddy Adrián González Valdés  a título de reparación por el daño  moral  causado por la muerte de María Lucelly Valdés Viana, al  pago de $7.500.000,00 a título de reparación por el  daño  moral  causado por las quemaduras sufridas, al pago de $10.000.000,00 a  título de reparación por el daño  a la vida de relación  y al pago de $1.121.546,33 a título de reparación por  el lucro  cesante.  

  

33.        En  el cargo  93°  (Edwin Orlando Monsalve Guarín), al  haberle reconocido  valor probatorio al certificado de registro civil de nacimiento de  Edwin Orlando Monsalve Guarín, en el que se omite su sexo,  y por tanto no cumple con los requisitos esenciales para ser tenido  como prueba, no obstante lo cual con base en dicho instrumento,  condenó a OCENSA a pagar a aquel la suma de $13,750,000 por el  daño  moral  causado por la muerte de Nilson Alfonso Monsalve Guarín.  

  

34.        En  el cargo  95°  (Lina María Solano Henao), al conferirle valor de prueba al  “informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca-Antioquia”, y así condenar a OCENSA a  pagar a Eddy Adrián González Valdés $27,700,000,  como reparación del daño moral causado por la muerte de  María Lucelly Valdés Viana, $7,500,000  por el daño  moral  causado por las quemaduras sufridas, $10 millones por el daño  a la vida de relación  y $1.121,546,33 como reparación del lucro  cesante, a  pesar de que dicho documento no podía ser estimado pues no fue  reconocido por Ana Milena Correa Serrano, su autora, a quien se le  citó para que lo hiciera y no compareció.  

  

35.        En  el cargo  98°  (John Jairo Luna Longa), al haberle otorgado mérito probatorio  al certificado de defunción de Jefferson Luna Mosquera así  como el documento denominado “informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca-Antioquia” no obstante que, en relación  con el primero, no se hace mención alguna al sexo  de la persona allí referenciada; y en relación con el  segundo, elaborado por Ana Milena Correa Serrano, a quien se le citó  para su reconocimiento  pero no compareció, por lo que el juez no podía  estimarlo. Pero con base en tales dislates condenó a OCENSA al  pago de $27.650.000,00 a John Jairo Luna longa, por el daño  moral  sufrido por la muerte de Jefferson Luna Mosquera, $29.100.000,00 por  el daño  moral  sufrido por la muerte de Darwin Luna Mosquera, $2.500.000,00 por el  daño  moral  sufrido por las quemaduras sufridas por Fanny Mosquera,  $12.500.000,00 a título de daño  moral por  las quemaduras sufridas, $12.500.000,00 a título de daño  a la vida de relación  por las quemaduras sufridas y $164.867.802,69 a título de  lucro  cesante  por las quemaduras sufridas.  

  

36.        En  el cargo  100°  (Luz Dary Tilano), al haberle dado mérito probatorio al  “informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca-Antioquia” y al interrogatorio  de parte  a la demandante, con lo cual dio por acreditada la cercanía  familiar y la existencia de un perjuicio moral, hechos  que favorecían a su pretensión,  y de este modo, terminó condenando a OCENSA al pago de 4  millones de pesos a título de daño  moral por  las quemaduras sufridas, $100.000 por daño  moral  causado por las quemaduras sufridas por Johan Sebastián Méndez  Tilano y 5 millones de pesos por el daño  a la vida de relación  sufrido por las quemaduras.  

  

37.        En  el cargo  104°  (Fanny Mosquera Mosquera), al conferirle mérito demostrativo a  los certificados de defunción de Jefferson y Jhon Daruin Luna  Mosquera, en los que no se menciona su sexo,  no obstante lo cual, el Tribunal, con base en tales probanzas,  condenó a la empresa demandada a pagar a Fanny Mosquera  Mosquera $29.100.000 por daño  moral por  la defunción de John Daruin Luna, $27.600.000 por daño  moral por  la defunción de Jefferson Luna, $7.500.000 por daño  moral propio  por las quemaduras sufridas y 10 millones de pesos a título de  reparación del daño  a la vida de relación.  

  

  

39.        En  el cargo  110°  (María Cecilia Mosquera) al  haberle reconocido  valor probatorio a los certificados de registro civil de nacimiento  de Leydy Johanna Sánchez y Jonathan Alexis David Mosquera,  teniendo así demostrado el parentesco, a pesar de que en  dichos instrumentos no se hace mención alguna al sexo  de las  personas allí referenciadas, yerro de derecho que lo llevó  a condenar a la empresa demandada al pago de $28.000.000,00 a María  Cecilia Mosquera a título de reparación por el daño  moral  causado por la muerte de Leydi Johana Sánchez Mosquera y de  $27.650.000,00 por el daño  moral  causado por la muerte de Jonathan David Mosquera, $7.500.000,00 a  título de daño  moral y  $10.000.000,00 por las quemaduras.  

  

40.        En  el cargo  112°  (Ángel de Jesús David García) al estimar el  certificado de registro civil de nacimiento de Jonathan Alexis David  Mosquera, por inconducente para la demostración del  parentesco, por cuanto en él no figura el sexo  de la persona referenciada, dislate que lo llevó a condenar a  la empresa demandada a pagar $27.650.000,00 a Ángel de Jesús  David García, a título de reparación por el daño  moral  causado por la defunción de Ángel de Jesús David  García.  

  

41.        En  el cargo  115°  (María Felisa Moreno Caicedo), al  de haber reconocido  valor probatorio al certificado de defunción de Víctor  Manuel Murillo Caicedo, en la que no se menciona su sexo,  teniendo por demostrado el óbito, y de allí, el daño  moral  causado a María Felisa Moreno Caicedo, condenando por ese  concepto a OCENSA al pago de $27.500.000.  

  

42.        En  el cargo  117°  (Yerminton Alfonso Murillo Londoño), al haber estimado como  prueba el certificado de registro civil de nacimiento de Yerminton  Alfonso Murillo Londoño y el de defunción de Víctor  Manuel Murillo Moreno, sin que colmaran los requisitos legales por  cuanto en ellos no figura la mención al sexo  de la persona allí referenciada, dislate que lo llevó a  condenar a OCENSA al pago de $27.700.000 por daño  moral y  $29.009.998,47 por lucro  cesante en  favor de Yerminton Alfonso Murillo.  

  

43.        En  el cargo  119° (Kelly  Johana Murillo Londoño) al haber reconocido valor probatorio a  los certificados de registro civil de nacimiento de Kelly Yohana  Murillo Londoño y de defunción de Víctor Manuel  Murillo Moreno, y tener por demostrado el parentesco y el  fallecimiento, con base en instrumentos que no mencionan el sexo  de los  allí referenciados, y por esa vía, condenar a OCENSA al  pago de$27.700.000,00 a la señora Kelly Yohana Alfonso [sic]  Murillo Londoño a título de daño  moral propio,  y de $23.564.334,55 a título de lucro  cesante.  

  

44.        En  el cargo  123°  (Jesús Emilio García Monsalve) al haber conferido  mérito probatorio a los certificados de registro civil de  nacimiento de Breiner Alexis García Aguirre y de defunción  de Jesús Emilio García Cadavid, ninguno de los cuales  menciona el sexo  de la  persona a la que se refieren, falencia probatoria que le condujo  equivocadamente a condenar a OCENSA al pago de $27.800.000,00 al  señor Jesús Emilio García Monsalve, por los  daños  morales  sufridos por la muerte de Jesús Emilio García Cadavid y  de $1.650.000,00 por los daños  morales  sufridos por las quemaduras de Elsy de Jesús y $2.650.000,00  por los daños  morales  sufridos por las quemaduras de Breiner Alexis García Aguirre  

  

45.        En  el cargo  125° (Fernelli  García Monsalve), al haber reconocido valor probatorio al  certificado de defunción de Jesús Emilio García  Cadavid, en el cual no se hace mención alguna a su sexo,  teniendo con este documento demostrado el óbito, y por esa vía  proceder a condenar a la interpelada al pago de $27.800.000,00 a la  señora Fernelli García Monsalve, por los daños  morales sufridos  por la muerte de Jesús Emilio García Cadavid y de  $1.650.000,00 por los daños  morales  sufridos por las quemaduras de Elsy de Jesús  

  

46.        En  el cargo  127°  (Breiner Alexis García Aguirre), al haber reconocido valor  probatorio al certificado de registro civil de nacimiento de Breiner  Alexis García Aguirre, sin que allí se mencione el sexo  del sujeto, condenando indebidamente a OCENSA al pago de  $13.750.000,00 a Breiner Alexis García, a título de  reparación por el daño  moral  causado por la muerte de Jesús Emilio García Cadavid,  $7.500.000,00 por el daño  moral  causado por las quemaduras sufridas y $10.000.000.00 por el daño  a la vida de relación  sufrido por las quemaduras, y tuvo por probado el parentesco con  Breiner Alexis García Sánchez  

  

47.        En  el cargo  129°  (Elsy De Jesús Monsalve Mejía) al dar mérito  probatorio al documento denominado “informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca-Antioquia” suscrito por Ana Milena Correa, a  quien se le citó para su reconocimiento sin que hubiese  comparecido, lo cual impedía que el Tribunal lo estimara; así  como al otorgar mérito de prueba al interrogatorio de parte a  la demandante con base en hechos que sólo a  ella favorecían,  dando así por acreditada la existencia e intensidad del daño  moral  supuestamente por ella padecido. esos errores llevaron al Tribunal a  condenar a OCENSA al pago de $5.000.000 por daño  moral.  

  

48.        En  el cargo  131°  (Hada Disney Aguirre Bedoya), al apreciar como prueba el certificado  de registro civil de nacimiento de Breiner Alexis García  Monsalve, sin que allí figure el sexo  de la  persona a la que se refiere, dando así por acreditado el  vínculo de parentesco, el nacimiento y la identidad de este, a  resultas de lo cual, condenó a la empresa demandada a la  reparación del supuesto daño  moral  sufrido por las quemaduras de Breiner en favor de Hada Disney Aguirre  Bedoya por la suma de $2.650.000.  

  

49.        En  el cargo  133°  (Flor Alba Fernández Cano) al haberle reconocido valor  probatorio a los certificados de registro civil de nacimiento y de  defunción de John Fredy Cardona Fernández, en los que  no consta el sexo  de la  persona a la que se refieren, y por esa vía, proceder a  condenar a la compañía demandada  al pago de  $27.500.000,00 a Flor Alba Fernández Cano a título de  daño  moral  propio por la muerte de Jhon Fredy Cardona.  

  

50.        En  el cargo  135°  (Nazly Yomara Cardona Madrigal), al haber dado mérito de  prueba al certificado de defunción de John Fredy Cardona  Fernández, en el que no figuran los apellidos  de los progenitores  ni algún número  de identificación  que permita tener certeza sobre la identidad de los allí  mencionados, dislate que condujo al Tribunal a condenar a OCENSA al  pago de $27.900,000 para Nazly Yomara Cardona Madrigal por daño  moral  propio por la muerte de John Fredy Cardona y $78.705.834 como lucro  cesante.  

  

51.        En  el cargo  137°  (Fanny de Jesús Sandoval Ortiz) al haber dado mérito  demostrativo a los certificados de registro civil de nacimiento de  Yensi Tatiana y  Lucelly Restrepo Sandoval y de defunción de Froilán  Restrepo Sandoval, en los que no se mencionan el sexo  de las personas a las que ellos se refieren, así como al  documento denominado “Informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca – Antioquia” dado que no fue objeto de  reconocimiento  por parte  de quien lo suscribió, Ana Milena Correa Serrano, quien  citada, no compareció. Por esta vía, condenó a  la sociedad a pagar $28.700.000,00 a la señora Fanny de Jesús  Sandoval Ortiz a título de reparación por el daño  moral  sufrido por la muerte de Froilán de Jesús Sandoval,  $27.500.000,00 a título de reparación por el daño  moral por  la muerte de Yensy Tatiana Restrepo Sandoval, $27.500.000,00 a título  de reparación por el daño  moral por  la muerte de Lucelly Restrepo Sandoval, $27.500.000,00 a título  de reparación por el daño  moral por  la muerte de Carlos Alberto Navarro Sandoval y $27.500.000,00 a  título de reparación por el daño  moral por  la muerte de Yenni Paola Navarro Sandoval.  

  

52.        En  el cargo  139°  (Luis Alfredo Restrepo Cárdenas), al haberle conferido valor  de prueba a los certificados de registro civil de nacimiento de Yensi  Tatiana y Lucelly Restrepo Sandoval, en los que no se menciona el  sexo  de las  personas a las que se alude, y por esa vía, condenar a la  sociedad al pago de $27.500.000,00 a título de reparación  por el daño  moral por  la muerte de Yensy Tatiana Restrepo Sandoval a Luis Alfredo Restrepo  Cárdenas, y $27.500.000,00 a título de reparación  por el daño  moral por  la muerte de Lucelly Restrepo Sandoval  

  

53.        En  el cargo  143°  (Alba Rocío Torres Sandoval) al haberle reconocido valor  probatorio a los certificados de registro civil de nacimiento de  Yensy Tatiana y Lucelly Restrepo Sandoval, sin que en ellos se  mencione el sexo,  a resultas de lo cual tuvo por probado el parentesco de la reclamante  con Froilán y Yensy Tatiana, condenando a la empresa demandada  al pago, por cada uno de los occisos, en cuantía de   $13.500.000 por el daño  moral  sufrido por la muerte de Froilán de Jesús Sandoval,  Yensy Tatiana Restrepo Sandoval, Lucelly Restrepo Sandoval, Carlos  Alberto Navarro Sandoval y Yenni Paola Navarro Sandoval.  

54.        En  el cargo  147°  (Ana Isabel Cárdenas de Restrepo) al  haberle reconocido  valor probatorio a los certificados de registro civil de nacimiento  de Yensi Tatiana y Lucelly Restrepo Sandoval, en los que se omite el  sexo  de los  sujetos o más a resultas de lo cual terminó condenando  a la compañía demandada al pago de $13.500.000, a  título de daño  moral, por  cada una de los fallecidas.  

  

55.        En  el cargo  149°  (Ángel Andrés Arango Sánchez) al haberle  reconocido valor probatorio al certificado de registro civil de  nacimiento de Anger Andrés Arango Sánchez y de  defunción de Jorge Iván Arango, sin que en éstos  se mencione el sexo  de las  personas a las que se refiere, y de este modo irregular tener por  probado el parentesco del reclamante y por esa vía, terminar  condenando a la empresa demandada al pago de $32.100.000,00 al señor  Anger Andrés Palacio por el daño  moral y de  $42.930.477,00 por el lucro  cesante  causado por la muerte de Jorge Iván Arango.  

  

56.        En  el cargo  151°  (luz Mery Estrada Saavedra) al haberle reconocido valor probatorio a  los certificados de registro civil de nacimiento de «Nayiber  Asdrubal Álzate Álzate» y Edwar Esteban Álzate,  sin que en ellos se haga mención al sexo  de las personas a las que se refieren, y por esa vía, condenar  a OCENSA al pago de $27.500.000,00 a Luz Mery Estrada Saavedra por el  daño  moral  sufrido por la muerte de Nayiber Asdrubal Álzate Estrada,  $10.000.000,00 por el daño  moral de  las quemaduras sufridas, $2.500.000,00 por el daño  moral por  las quemaduras sufridas por Edward Esteban Alzate Estrada y  $12.500.000,00 por el daño  a la vida de relación  sufrido.  

  

57.        En  el cargo  153°  (Edwar Esteban Alzate Estrada) al haberle reconocido valor probatorio  a los certificados de registro civil de nacimiento de Edwar Esteban  Alzate en los que no se hace mención alguna al sexo  de los allí referenciados, y por esa vía, terminar  condenando a la empresa demandada al pago de $3.500.000 Edward  Esteban Alzate Estrada por el daño  moral  sufrido por las quemaduras padecidas por Luz Mery Estrada, $7.500.000  por el daño  moral  sufrido por las quemaduras sufridas, y $10.000.000,00 por el daño  a la vida de relación  sufrido.  

  

58.        En  el cargo  162°  (Olga Ester Marulanda Quiroz) al haberle reconocido valor probatorio  al certificado de defunción de «Maivis Johana Bedoya»  en el que no se hace mención alguna al sexo  de la  persona allí referenciada, dislate con el cual condenó  a la empresa demandada al pago de $27.800.000, para Olga Ester  Marulanda Quiroz por razón del daño  moral  sufrido por la muerte de Maivis Johana Bedoya y $13.150.000 por el  daño  moral  sufrido por la muerte de Carlos Andrés Sánchez Bedoya.  

  

59.        En  el cargo  164°  (Martha Gladys muñoz Restrepo, al haberle dado mérito  probatorio al documento denominado “informe  psicológico  población afectada por la explosión del poliducto  central machuca-Antioquía”, elaborado por Ana Milena  Correa serrano quien no asistió a la diligencia de su  reconocimiento,  habiendo sido presidente citada, desatino que sirvió al  Tribunal para condenar a OCENSA al pago de $2.500.000 a Marta Gladys  Muñoz Restrepo por el daño  moral  causado por las quemaduras del Arbey Antonio Gómez.  

  

CONSIDERACIONES  

  

1.        Cuando  el examen de la situación base de la responsabilidad civil se  enfoca en la existencia del daño resarcible, que en materia  procesal equivale a su prueba, acuden a su esclarecimiento todos los  medios de convicción que, lícitos y conducentes  ofrezcan directa o indirectamente, individualmente o en conjunto, un  panorama tal que persuada al juzgador de la clara configuración  de este elemento esencial del débito aludido.  

  

Tratándose  de perjuicios morales,  las máximas de la experiencia, el  sentido común y las presunciones simples o judiciales que  brotan las más de las veces de la situación de hecho  que muestra el caso sometido a consideración del juez serán  suficientes a los efectos perseguidos. Es sabido que no hay prueba  certera que permita medir el dolor o la pena, ni menos cuando han  pasado años desde el acaecimiento del evento dañoso. De  tal modo que, ante la imposibilidad de una prueba directa y de  precisar con certidumbre absoluta si existe o no y en qué  grado el dolor, congoja, pánico, padecimiento, humillación,  ultraje y en fin, el menoscabo espiritual de los derechos inherentes  a la persona de la víctima,  como  consecuencia del hecho lesivo, opta válidamente el juez por  atender a esas particularidades del caso e inferir no sólo la  causación del perjuicio sino su gravedad. Es que el daño  moral se manifiesta in  re ipsa,   es decir, por las circunstancias del hecho y la condición del  afectado.  

  

Con  todo, si bien es cierto que cualquier tipo de perjuicio injustamente  causado da lugar a una acción que busque su reparación,  en esto del resarcimiento de daños morales, no puede dejarse  de admitir que como en la vida en sociedad es usual que los seres  humanos tengamos molestias, inquietudes, incertidumbres y  perturbaciones de ánimo, todas ellas no pueden llegar a ser  resarcibles, como simples molestias que son parte del diario vivir.  Tampoco puede actuarse mecánicamente, desde luego que, así  como acontece con el daño patrimonial, en aquel debe existir  certidumbre, lo que implica que en el proceso existan medios de  convicción que den cuenta de su existencia e intensidad, «“…  toda  vez que -para decirlo con palabras de la Corte- es apenas su  cuantificación monetaria, y siempre dentro de restricciones  caracterizadamente estrictas, la materia en la que al juzgador le  corresponde obrar según su prudente arbitrio…”C.S.  J. Auto de 13 de mayo de 1988 sin publicar)»  (CSJ SC del 25 de noviembre de 1992, rad. 3382, G.J. CCIX, n°2458,  pág. 670).  

  

De  esas presunciones judiciales o de hombre, de la mayor importancia,  como lo ha reconocido de antaño esta Corporación, es la  que procede de los estrechos vínculos de familia a efectos de  deducir los perjuicios morales que padecen los allegados a la víctima  directa, en atención a que se presume, por los dictados de la  experiencia, que entre ésta y aquellos existen fuertes lazos  de afecto por lo que, sin duda, el interés jurídico  tutelado y transgredido con el acto dañoso no es, en criterio  de la Corte, únicamente el dolor psíquico o físico  dado que este suele ser una consecuencia (pero no la única) de  la trasgresión a un derecho inherente a la persona, a un bien  de la vida o un interés lícito digno de protección,  como en este caso son las relaciones de la familia como núcleo   esencial de la sociedad, dolor que quizás no se manifiesta en  infantes ni menos en recién nacidos, pero no por ello ha de  concluirse que el menoscabo a un bien extrapatrimonial de que gozaba  o podía llegar a gozar ese menor no deba ser objeto de  resarcimiento.  

  

Ha  doctrinado este Órgano de cierre:  

  

Es  del caso hacer ver que cuando se predica del daño moral que  debe ser cierto para que haya lugar a su reparación, se alude  sin duda a la necesidad de que obre la prueba, tanto  de su existencia como de la intensidad que lo resalta, prueba que en  la mayor parte de los supuestos depende en últimas de la  correcta aplicación, no de presunciones legales que en este  ámbito la verdad sea dicha el ordenamiento positivo no  consagra en parte alguna, sino de simples presunciones de hombre cuyo  papel es aquí de grande importancia,  toda vez que quien pretenda ser compensado por el dolor sufrido a  raíz de la muerte de un ser querido, tendrá que poner  en evidencia -según se lee en brillantes páginas que  forman parte de los anales de jurisprudencia administrativa nacional-  no sólo el quebranto que constituye factor atributivo de la  responsabilidad ajena “… sino su vinculación con  el occiso (…) su intimidad con él, el grado de su  solidaridad y, por lo mismo, la realidad de su afectación  singular y la medida de esta…”, añadiéndose  que a tal propósito “… por sentido común y  experiencia se reconocen presunciones de hombre de modo de partir del  supuesto de que cada cónyuge se aflige por lo que acontezca al  otro cónyuge, o a los progenitores por las desgracias de sus  descendientes y a la inversa, o que hay ondas de percusión  sentimental entre parientes inmediatos” (Consejo de Estado,  Sección Tercera, expediente 1651, aclaración de voto  del conjuez doctor Fernando Hinestrosa, 25 de febrero de 1982),  siendo por cierto esta línea de pensamiento la misma prohijada  por la Corte (cfr. Casación Civil de 28 de febrero de 1990,  arriba citada), hace poco menos de tres años, al proclamar sin  rodeos y con el fin de darle el tema la claridad indispensable, que  cuando en el campo de la prueba del daño no patrimonial la  jurisprudencia civil ha hablado de presunción “ha  querido decir que esta es judicial o de hombre. O sea que la prueba  dimana del razonamiento o inferencia que el juez lleva a cabo…”  (CSJ SC de 25 de noviembre de 1992, rad. 3382, G.J. CCXIX, n°.  2458, págs. 670 y 671).  

  

2.        Siendo  por tanto el parentesco y más concretamente el primer círculo  familiar (esposos o compañeros permanentes, padres e hijos),  uno de los fuertes hechos indicadores que ha tomado en consideración  la jurisprudencia para derivar de allí la inferencia o  presunción de que, en razón de los afectos que en ese  entorno se generan, la muerte, la invalidez o los padecimientos  corporales de unos integrantes hiere los sentimientos de los otros  por esa cohesión y urdimbre de que se habla -surgiendo así  por deducción la demostración de la existencia y la  intensidad del daño moral-, ha de presentarse cabalmente una  prueba de esos lazos y es por ello que debe acudirse al decreto 1260  de 1970, estatuto que organiza lo concerniente al estado civil, esto  es, el atributo de la personalidad que al tenor del artículo  1°, es definido como la situación jurídica de una  persona en la familia y la sociedad, que determina su capacidad para  ejercer ciertos derechos y contraer ciertas obligaciones, con las  notas de ser indivisible, indisponible e imprescriptible,  correspondiendo su asignación a la ley.  

  

Del  mismo modo debe probarse la calidad de heredero con que actúa  una persona en representación de la comunidad hereditaria  dejada por la víctima (jure  hereditario),  reclamando los daños padecidos por esta y aún buscando  demostrar su condición de alimentario, o mejor, la de  dependiente del occiso. Claro está, podrá demostrar tal  condición con auto en que se le reconoció esa  condición, tópico que no viene al caso.  

  

Prescribe  el prenombrado ordenamiento la forma de hacer la inscripción y  los funcionarios competentes para ello. Dentro de tales preceptos, y  a los efectos del despacho de los cargos que se examinan, es útil  memorar que el artículo 21 establece que toda inscripción  debe expresar la naturaleza del hecho o acto que se registra, el  lugar y la fecha en que se hace, el nombre completo y el domicilio de  los comparecientes, su identidad y el documento con que ella se  estableció y la firma de los comparecientes y la del  funcionario.  

  

Disciplina  en detalle el registro de los nacimientos, las defunciones y el  matrimonio, indicando en el artículo 52 que la inscripción  del nacimiento se descompone en dos secciones: una genérica en  donde aparecen datos que el propio legislador en ese precepto  instituye en requisitos esenciales de esa inscripción, a  saber, el nombre del inscrito, su sexo, el municipio y la fecha de su  nacimiento, la oficina donde se inscribió y los números  del folio y general de la oficina central.  

  

Del  mismo modo, en lo que hace a los matrimonios, el artículo 69  hace lo propio, al indicar qué debe expresar ese registro  (lugar y fecha de su celebración, nombre, estado civil,  domicilio e identidad de los contrayentes y código del folio  de registro de su nacimiento y el lugar de su inscripción,  nombre de los padres de los contrayentes, funcionario o sacerdote que  celebró el matrimonio, y los legitimados en el matrimonio,  fecha, notaría y lugar otorgamiento de la escritura por la  cual los contrayentes pactaron capitulaciones matrimoniales),  prescribiendo en el 70 sus requisitos esenciales.  

  

En  lo que se refiere a la defunción, su registro expresará,  según el artículo 80, una serie de datos dentro de los  cuales son esenciales, según ese precepto, la fecha de  fallecimiento, el nombre y sexo del occiso.  

  

Al  tenor de lo dispuesto en el artículo 140, esas inscripciones  pueden ser nulas desde punto de vista formal por carencia de  competencia del funcionario cuando actúe fuera de los límites  territoriales a su cargo, cuando los comparecientes no hayan prestado  aprobación al texto de la inscripción, cuando no  aparezca la fecha y el lugar de la autorización o la  denominación legal del funcionario, cuando no aparezca  debidamente establecida la identificación de los otorgantes o  testigos, o sus firmas, o cuando no existan soportes documentales  necesarios como presupuestos de la inscripción o de la  alteración o cancelación de éstas (certificados  médicos, acta de matrimonio, etc.). Con todo, pueden ser  objeto de corrección y reconstrucción, con la finalidad  de enmendar errores con miras a ajustarla “a  la realidad y no para alterar el estado civil”  (artículo 91).  

  

Ahora  bien, una cosa es la inscripción del estado civil y otra su  prueba. Como quiera que en nuestro país han existido tres  etapas diferenciadas en lo que hace a la prueba del estado civil4,  y contrayéndose la Corte a la última de ellas que es la  que importa a los efectos de estos cargos, ha de indicarse que según  el artículo 105 del estatuto comentado, tales actos y hechos  relacionados con el estado civil de las personas deben probarse con  copia de la correspondiente partida o folio, de una parte, o con  certificados expedidos con base en los mismos. La copia, que puede  ser expedida mediante la transcripción literal de su contenido  o con reproducción mecánica (artículo 114), se  extiende bajo la firma del funcionario que la autoriza. Y los  certificados, también bajo su rúbrica, deben contener  según el artículo 110 los datos esenciales de toda  inscripción y los de aquélla de cuya prueba se trate.  Por lo que tratándose de nacimientos ese certificado debe  incluir aquellos datos insertados en la sección genérica  (nombre del inscrito, sexo, municipio, fecha de su nacimiento,  oficina donde se inscribió y números del folio y  general de la oficina central) y aquella particular que pretende  acreditarse (nombre de los padres para demostrar parentesco, por  ejemplo); y tratándose de defunciones dicho certificado debe  incluir la fecha del fallecimiento, nombre y sexo del occiso.  

  

No  obstante, una norma posterior, el artículo 115, estatuye que  “las  copias y los certificados de las actas, partidas y folios del  registro de nacimiento se reducirán a la expresión del  nombre, el sexo y el lugar y la fecha de nacimiento”  

  

Con  todo, esta regulación detallada del contenido de los  certificados no contiene una sanción establecida para cuando  tales documentos carezcan de uno o más de los requisitos antes  mencionados; es decir, si bien es cierto que esa normativa habla de  elementos esenciales y que el funcionario competente debe atender a  lo dispuesto en cuanto al contenido de los certificados o en cuanto a  la copia fidedigna del acta o folio de registro, no hay en el  estatuto una disposición que sancione de alguna forma o  cuestione el valor probatorio del certificado propiamente dicho, como  sí se establece para lo concerniente a la validez de la  inscripción en cuanto tal con la sanción de la nulidad  formal, sin que en las causales que dan lugar a ello, se contemplen  situaciones que no puedan ser susceptibles de enmendarse a través  de correcciones. Es evidente que como acto administrativo, la  ausencia de firma lo haría inexistente; pero en lo demás,  la apreciación objetiva del mismo es la que habrá de  determinar si tal documento ofrece las particularidades necesarias  para individualizar a la persona sobre la que se trate y los hechos o  actos que se pretenden demostrar, atinentes al estado civil, insertos  en dicha constancia.  

  

Por  consiguiente, la firma del certificado hace nacer a la vida jurídica  el mismo pues se trata de un acto administrativo –naturaleza  que algunos cuestionan-  mediante el cual el funcionario o el  particular en ejercicio de funciones públicas concluye una  actuación administrativa -que ha comenzado con la petición  de tal certificación o inscripción- con ese documento  que produce efectos jurídicos y por consiguiente, en lo  mínimo, es existente.  

  

Por  lo que si lo concerniente a la demostración de la existencia  de perjuicios, en particular morales, se basa esencialmente en  inferencias -para lo cual, debe estar acreditado el hecho indicador  que, usualmente, en tratándose de daños morales como  consecuencia del fallecimiento, la invalidez o de daños  corporales sufridos por allegados familiares, es el vínculo de  parentesco del que se deduce el “trato familiar efectivo”-,  se demostrará aquel hecho en la forma establecida en el  decreto 1260 de 1970, sin que las anomalías por omisiones de  datos establecidos en este estatuto que presente un certificado per  se lo  invaliden y por consiguiente no pueda el juez estimar su contenido,  desde luego siempre que allí figuren elementos cardinales que  permitan establecer el dato a probar, esto es, la filiación,  el nacimiento, la identificación de las partes, y por supuesto  la individualidad de la persona de que se trate. Recuérdese  que al respecto el artículo tercero del decreto en mención  establece que “toda  persona tiene derecho a su individualidad, y por consiguiente, al  nombre que por ley le corresponde”  (artículo 3°). Similares consideraciones son válidas  también cuando lo que se quiere demostrar es la calidad de  heredero con el certificado de registro o la copia del folio  respectivo.  

  

3.        De  otra parte, la existencia e intensidad del daño puede ser  demostrada con otros medios probatorios pues en esto no hay una  prueba tasada, ni en teoría el daño moral se  circunscribe a las relaciones de familia, en donde apenas se presume.  De forma que medios de convicción idóneos o conducentes  -que no necesarios- como el dictamen pericial pueden ser útiles  para conocer el estado psicológico de la persona afectada,  bien con repercusiones meramente internas o ya en la vida de  relación, y pueden llegar a ofrecer elementos de juicio  importantes a efecto de establecer la gravedad del perjuicio. Pero,  como lo ha reiterado esta Corporación, son por lo general las  circunstancias fácticas que rodearon el hecho dañoso,  las que ofrecen una aproximación de las dificultades y dolores  padecidos por la víctima y por quien reclama en nombre de esta  o en el suyo el daño moral del caso.  

  

4.        En  lo que hace al informe psicológico que los demandantes  aportaron en prueba de su estado psíquico como consecuencia de  los hechos desastrosos a que se contrae esta causa, es cierto que en  algunos de los prenombrados documentos no aparece la firma de quien  aparece como su autor y en otros más no hubo ratificación  de quien los firmó, habiéndolo así pedido la  parte demandada. Pero el yerro es intrascendente pues el Tribunal,  además de tomar pie en estos informes, dedujo la existencia y  circunstancias modales de los daños extrapatrimoniales  reclamados a partir del parentesco acreditado y de la cruda situación  fáctica descrita en las demandas, de que dan cuenta los  informes de las entidades, así como el abundante caudal  probatorio, que el juzgador colegiado detalló de modo prolijo  (páginas 158 a 266 sobre prueba documental, y en particular  las declaraciones que el Tribunal resume, fls. 266 a 270, de Miriam  de Jesús Madrid, Martín Alfonso Patiño  Jaramillo, Damaris Stella Castañeda Vélez, Ensa Carmela  Hurtado, Vladimir Moreno Viveros), para luego establecer el valor que  habría de darles y, consecuencialmente, a partir de un  análisis conjunto de la prueba, llegar  a la conclusión  de la brutalidad del ataque y de los padecimientos de las víctimas  y sobrevivientes, análisis en el que, ciertamente, un informe  psicológico, realizado seis años después de la  tragedia, no es el puntal a partir del cual hubiese la corporación  entendido la magnitud del tormento.  

5.        En  consecuencia:  

  

5.1.        En  tanto el reproche consiste en la omisión del sexo  de la persona a la que se refieren los certificados de registro  civil, no prosperan los cargos 7° (María Gilma Rodríguez  de Sánchez), 9° (Marco Antonio Ramírez), 12°  (luz Mercedes Mosquera Ramírez), 14º (Madison Ramírez  Palacio), 16° (María de Los Ángeles Mosquera  Ramírez), 18° (José Mosquera), 21° (Claudia  María Ibarguen Mosquera), 23° (luz Mary Ibarguen  Mosquera), 26° (Orfa Henao Estrada), 29° (Julián  Eduardo Henao Estrada), 34° (René de Jesús Henao  Estrada), 40° (Resfa Inés Henao Estrada), 45° (Jaider  Madrid Londoño), 51° (Dora Lucía Montoya Roldán),  53° (Robinson Mario Jaramillo Montoya), 55° (Zuleima Montoya  Roldán), 59° (Rosa Nuri Muñetón Velásquez),  73° (Carmelo Antonio Herrera Oquendo), 75° (Carmelo de Jesús  Herrera Palacio), 77° (Bertha Elena Oquendo Hernández),  79° (Robertina Oquendo Hernández), 91° (Yuli Joana  González Valdés), 93° (Edwin Orlando Monsalve  Guarín), 104° (Fanny Mosquera Mosquera), 107° (Aura  Elisa Longa Mena), 110° (María Cecilia Mosquera), 112°  (Ángel de Jesús David García), 115° (María  Felisa Moreno Caicedo), 117°  (Yerminton Alfonso Murillo Londoño),  119° (Kelly  Johana Murillo Londoño), 123° (Jesús Emilio García  Monsalve), 125° (Fernelli García Monsalve),  127° (Breiner  Alexis García Aguirre),  131° (Hada Disney  Aguirre Bedoya), 133°  (Flor Alba Fernández Cano),  139° (Luis Alfredo Restrepo  Cárdenas), 143° (Alba Rocío Torres Sandoval), 147°  (Ana Isabel Cárdenas de Restrepo), 149° (Ángel  Andrés Arango Sánchez), 151° (Luz Mery Estrada  Saavedra), 153° (Edwar Esteban Alzate Estrada) y 162° (Olga  Ester Marulanda Quiroz).  

  

No  está demás advertir una inexactitud, que en técnica  casacional deviene en falta de simetría entre lo argumentado y  lo asentado por el Tribunal, que en lo relacionado con el cargo 77°,  el señor Carmelo de Jesús Herrera Palacio era esposo de  la difunta Ana Rubiela Oquendo Hernández, padre de Carmelo  Antonio Herrera Oquendo y de la fallecida Beatriz Helena Herrera  Oquendo; por tanto, para probar el parentesco se tuvieron en cuenta  los registros civiles de los hijos, pero no el de nacimiento del  citado demandante, por lo que la apreciación del cargo es  inexacta.  

  

Igual  predicamento debe hacerse respecto de la crítica elevada en el  cargo 91°, pues en  f. 511 c. 123 se encuentra la copia auténtica del registro de  defunción de María Lucelly Valdés Viana, que  indica ser de sexo femenino, de estado civil soltera, número  de identificación, fallecida el 22 de octubre de 1998 con  indicación de sus padres, Jesús Antonio Valdés y  Lili de Jesús Viana.  

  

En  lo atinente los cargos 104° y 107”, es de advertir que en  f. 10, c. 132 aparece copia del certificado de defunción de  John Daruin Luna Mosquera, ocurrida el 19 de noviembre de 1998 en el  municipio de Medellín, de sexo masculino, estado civil  soltero. Y en f. 1, c.132, copia del certificado de defunción  de Jefferson Luna Mosquera Mosquera, ocurrida el 21 de nuevo de 1998  en el municipio de Medellín, de sexo masculino, estado civil  soltero, siendo por tanto infundados los ataques que la censura hace  en estos.  

  

Respecto  del cargo 110°, en f. 445 ibíd. se aprecia copia del  certificado de defunción de Leydy Johana Sánchez  Mosquera que señala que nació el 1 de enero de 1983 en  el municipio de Medellín, de sexo femenino, estado civil  soltera,  con tarjeta de identidad No. 0332655434, fallecida en el  municipio de Medellín el 23 de octubre de 1998 y que el nombre  de la madre es María Cecilia Mosquera.  

  

En  el folio 441 del mismo cuaderno aparece certificado del registro  civil de nacimiento de Jhonatan Alexis David Mosquera, ocurrido en  Segovia, Antioquia, el 14 de noviembre de 1988, hijo de María  Cecilia Mosquera y Ángel de Jesús David García.  No señala sexo del registrado ni identidad de los padres.  

  

Aparece  también en el folio 446 la copia auténtica del registro  de defunción de Jonathan Alexis David Mosquera que señala  que es de sexo masculino, estado civil soltero y que falleció  el 21 de octubre de 1998 en Medellín, Antioquia, que sus  padres son Ángel de Jesús y María Cecilia.  

  

5.2.        Referente  a la crítica sobre el valor demostrativo del “informe  psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca-Antioquia”, de que tratan los cargos 47°  (Octavio Madrid Morales), 95° (Lina María Solano Henao),  129° (Elsy de Jesús Monsalve Mejía) y 164°  (Martha Gladys Muñoz Restrepo), tampoco prosperan estos  embates, por estar sustentada la inferencia del Tribunal acerca de la  existencia de los daños extrapatrimoniales reclamados, a  partir de la presunción judicial o de hombre a que se hizo  referencia, que se mantiene en pie a falta de ataque idóneo de  la misma, resultando por tanto intrascendente el yerro de derecho que  la censura reclama que sea reconocido a efectos del quiebre del  fallo.  

  

En  adición, en el cargo 129° se reclama que el Tribunal haya  tomado en consideración los hechos que favorecían a la  demandante Elsy de Jesús Monsalve Mejía,  respecto del  cual son aplicables las consideraciones que, seguidamente (punto  5.4.) se hacen, en cuanto a la falta de desarrollo argumental del  reclamo.  

  

5.3.  En  estos cargos se presentan conjuntamente las dos anteriores  acusaciones, atinentes a la omisión del sexo en los  certificados y a la apreciación del informe psicológico,  embates que por tanto no tienen tampoco prosperidad: 81°  (Isabelina Palacio de Herrera), 84° (Yulietth Andrea Palacio de  Herrera), 88° (Eddie Adrián González Valdés),  (98° (John Jairo Luna Longa) y 137° (Fanny de Jesús  Sandoval Ortiz.  

  

Debe  precisarse de todos modos, que en cuanto al reproche de que trata el  cargo 88°, en f. 511 c. 123 reposa la copia del registro de  defunción de María Lucelly Valdés Viana, en el  que se indica su fecha y lugar de nacimiento, su sexo, estado civil,  número de identificación y nombre de sus padres. Igual  acontece con el cargo 98°, pues en  f. 10 c. 132 figura copia del certificado de defunción de John  Daruin Luna Mosquera, ocurrida el 19 de noviembre de 1998 en el  municipio de Medellín, sexo masculino, estado civil soltero.  

  

5.4.        En  los cargos 32° (Henry de Jesús Henao Estrada, rad.  2004-00044), 65° (Deyi Milena Ospina Oquendo), 67° (Aira Ruth  Herrera Oquendo), 69°(Alex Eloy Herrera Oquendo) y 71° (Jesús  Antonio Herrera Oquendo), a más de los reproches alusivos a la  falta de mención del sexo de los sujetos a los que se refieren  los certificados, se aduce que el Tribunal tomó en  consideración los hechos declarados por Henry de Jesús  Henao Estrada y Deisy Eugenia Patiño en el cargo 32°, y  por los respectivos demandantes en los restantes, pero en parte  alguna de los ataques se desarrolla tal enunciado que, como suele  puntualizar gráficamente la Corte, quedó  entonces en  el pórtico de la casación, esto es, parqueadas las  acusaciones a mitad de camino, en suma, sin sustentación  concreta que las desarrollara y demostrara, estableciendo cuáles  fueron las aseveraciones de los deponentes que el Tribunal tomó  en consideración, siéndoles favorables, para concluir  en el acogimiento de sus pretensiones. En razón de lo  anterior, estas acusaciones no son atendibles.  

  

Sobre  el punto ha indicado esta Corporación que “en  lo que a la valoración probatoria se trata, además de  invocar el precepto sustancial infringido, se requiere una labor  demostrativa de la relevancia de la equivocación,  por haberse proferido una sentencia contraria a lo que arroja una  idónea tasación de los medios de convicción,  pero  tomando en consideración sus particularidades”  (AC4028-2016,  de 15 de julio de 2016, rad. n° 11001-31-03-002-2012-00149-01),  lo que equivale a explicitar el fundamento argumentativo de la  acusación en forma clara y precisa, cuestión que, por  lo demás, quedó ahora explícita en el Código  General del Proceso, refrendando con ello la jurisprudencia de la  Corporación, al prescribir el artículo 344 que “en  todo caso, el recurrente deberá demostrar el error y señalar  su trascendencia en el sentido de la sentencia”  (artículo 344, inc. 5°)  

  

  

A  las otras imputaciones de estos cargos  –referidas a la omisión  del sexo en los certificados- les son aplicables los razonamientos  antes plasmados en este proveído sobre el punto, por lo que  están en ese sentido debidamente despachadas y malogradas  según lo indicado. No obstante, debe señalarse que el  certificado de registro civil de nacimiento de Deyi Milena Ospina sí  contiene la indicación del sexo femenino (f. 26, c. 110).  

  

En  el cargo 100° la censura plantea que el Tribunal se basa en el  interrogatorio de parte al demandante, pero, a semejanza de la  falencia referida a acusación igual en los cargos  precedentemente despachados, tampoco desarrolla el casacionista el  ataque.  

  

En  cuanto se refiere al cargo 135° (Nazly Yomara Cardona Madrigal),  en efecto se aprecia en folio 4 del cuaderno 179 de la caja número  16 la copia del certificado expedido por la Notaría Única  del Círculo de Zaragoza (Antioquia), en el acápite  correspondiente a las observaciones, que Nazly Yomara Cardona  Madrigal, de sexo femenino y nacida  el 9 de octubre de 1998, tiene  como padres a “John Fredy y Alba Lucía”. Pero es  lo cierto también que en el folio siguiente figura el  certificado de registro civil de defunción de John Fredy  Cardona Fernández, cuyo nombre además aparece en el  listado del Personero Municipal de Segovia (folio 19 del cuaderno 179  mencionado), mismo además que corresponde al acta de  levantamiento del cadáver visible en el folio 61.  

  

Por  consiguiente, si de conformidad con el artículo 115 del  decreto 1260 de 1970, “las  copias y certificados que consignen el nombre de los progenitores y  la calidad de la filiación, solamente podrán expedirse  en los casos en que sea necesario demostrar el parentesco”,  debe concluirse que en el caso presente, tal certificado incluye el  nombre de los progenitores, debiéndose entender -salvo que por  error de hecho se demuestre lo contrario-, que el primer apellido del  padre y el primero de la madre corresponden a los que en ese orden  lleva el sujeto a que se refiere el certificado de nacimiento. Y así  en efecto acontece. De allí se sigue que no existe la más  mínima duda acerca de que el certificado de nacimiento con el  cual la menor demandante demostró su filiación en  relación con el occiso, su padre, es un certificado idóneo  que además se corrobora con el resto de la información  que brinda el expediente en cuanto al deceso de John Fredy Cardona y  su parentesco con la reclamante. Lo dicho es suficiente para concluir  en el fracaso de este cargo.  

  

Finalmente,  en el cargo 62° (Beatriz Osmany Hincapié Muñetón)  debe decirse que si bien es cierto que el Tribunal tuvo en cuenta el  interrogatorio que esta demandante absolvió, destacando que  vivía con sus hermanos y sobrinos, también lo es que se  apoyó en el informe psicológico realizado a la misma  así como en la presunción judicial derivada de la  relación de parentesco que dejó acreditada (f. 2472,  cdno. Trib.), a resultas de lo cual el cargo dejó de combatir  los demás fundamentos fácticos en que se basó la  colegiatura, los cuales se critican en cargo separado (error de  hecho), que asimismo no prosperan por las razones que se explicarán  en su lugar.  

  

Estos  cargos, en consecuencia, no prosperan.  

  

Subsección  2. ERROR DE HECHO  

  

En  este acápite de la sentencia se abordará el estudio de  los cargos de la parte demandada que imputan al Tribunal la violación  indirecta de la norma sustancial contenida en el artículo 2356  del Código Civil como consecuencia de la comisión de  errores de  hecho  probatorios, por indebida apreciación de los certificados de  registro civil en tanto en ellos no se encuentra, para la censura,  adecuadamente identificada la persona a la que se refiere porque en  algunos se evidencian inconsistencias en los nombres, o no figura  mención alguna al número de identificación que  permita concluir con certeza la identidad de los allí  relacionados, o no se menciona su sexo, o es diferente con iguales  consecuencias. Similar crítica se eleva, en algunos casos, a  las actas de levantamiento de cadáver y las necropsias. En  casi todos los cargos hace la advertencia la censura acerca de que el  yerro de facto atribuido al ad  quem se  desarrolla en estos embates sin perjuicio del yerro de derecho  recaído sobre los registros civiles en tanto en ellos se  violan los preceptos que regulan su elaboración (decreto 1260  de 1970) y postulado en cargos separados.  

  

En  cuanto al documento denominado “informe psicológico  población afectada por la explosión del oleoducto  central Machuca-Antioquia”, estima la censura que al haberlo  tomado el Tribunal para entender acreditada la existencia y la  intensidad del daño moral, incurrió en error de hecho  en vista de que no existe certeza sobre los fundamentos de las  declaraciones que contienen esas documentos de idoneidad e  imparcialidad de su autor, si en cuenta se tiene, además, que  tal pieza es un simple relato de los efectos aparentemente derivados  del atentado, “cuando  la existencia e intensidad de cada daño en particular,  elementos necesarios para que surja la obligación  indemnizatoria, esta huérfana de prueba en el proceso”.  

  

Cargos  5° y 6°: José Crispín Sánchez  Rodríguez/error de hecho. María Inés  Mosquera/error de hecho  

  

Para  la censura, el error de hecho del Tribunal recayó en la  apreciación de registros civiles de nacimiento, necropsias,  certificados de registro civil de defunción y en el informe  psicológico mencionado,  con los cuales tuvo por demostrado la defunción de María  Yurani Sánchez Mosquera y Franquin Antonio Sánchez  Mosquera y consecuencialmente que José Crispín Sánchez  sufrió un daño moral.  

  

En  el sexto, se acusa al juzgador de haber condenado a OCENSA por el  daño moral sufrido por María Inés Mosquera como  consecuencia de la muerte de su supuesto hijo Franquin Antonio  Sánchez Mosquera.  

  

Explica  que si bien se ha considerado que la prueba de la existencia del daño  moral se puede suplir mediante una presunción judicial cuando  está plenamente acreditado el parentesco y la relación  de cercanía familiar entre la víctima y el demandante,  la intensidad sí debe estar plenamente demostrada. En esa  medida, considera que el Tribunal se equivocó al tener por  acreditado el deceso de María Yureni  Sánchez con base en la necropsia realizada a María  Yurani  Sánchez, el registro civil de nacimiento de María  Yureni  Sánchez Mosquera y el certificado de registro civil de  defunción de María Yureni Sánchez.  

  

En  la necropsia de María Yurani Sánchez se indicó  que era un cadáver de sexo  masculino cuando en el registro  civil de nacimiento se dice que es de sexo femenino. Igualmente, en  el registro civil de nacimiento y en el certificado de registro civil  de defunción figura el nombre  de María Yureni  Sánchez pero en la necropsia aparece María Yurani  Sánchez, luego no hay  coincidencia. Y como no hay un número  de identificación y  existe la disparidad de sexo,  debe concluirse que no es posible tener plena certeza de la identidad  de la persona allí enlistada.  

  

En  relación con el otro hijo del demandante y del hijo de la  actora María Inés Mosquera, dice la censura que se  cometieron los mismos errores pues en el registro civil de nacimiento  figura el nombre de Franquin Antonio  Sánchez Mosquera, en el certificado de defunción  aparece como Franklin  Antonio Sánchez Ojeda  y en el acta de levantamiento del cadáver y la necropsia como  Franklin Sánchez  Tejada.  

  

Y  finalmente en lo tocante al documento denominado “informe  psicológico población afectada por la explosión  del oleoducto central Machuca – Antioquia” (en adelante  “informe psicológico”), reclama la censura que el  Tribunal haya encontrado acreditada la prueba de la intensidad y  existencia del daño moral, según lo anotado  anteriormente, esto es, no obstante la falta  de certeza sobre la idoneidad e imparcialidad del autor de dicho  documento.  

  

Cargo  8: María Gilma Rodríguez de Sánchez/error de  hecho  

  

La  censura desarrolla la argumentación en los mismos términos  establecidos en los cargos anteriores, esto es, achacándole al  Tribunal la comisión de yerros de hecho en la apreciación  de los registros civiles de nacimiento y defunción, así  como la necropsia María Yureni Sánchez Mosquera, los de  nacimiento y defunción de Franquin (en el de defunción  figura como Franklin Sánchez Quejada) Antonio Sánchez  Mosquera y el acta de levantamiento del cadáver de Franquin  Sánchez Tejada, su necropsia, el certificado de registro civil  de nacimiento de José Crispín Sánchez Rodríguez  y el “informe psicológico”, piezas con las cuales  dio por demostrado que María Gilma Rodríguez de Sánchez  había sufrido un daño moral por la muerte de sus  supuestos nietos Franquin y María Yurani Sánchez  Mosquera.  

  

Cargo  10°: Marco Antonio Ramírez/error de hecho  

  

El  dislate del ad quem  recayó en la apreciación del certificado de registro  civil de nacimiento de María Yomelina Ramírez Palacios  y el “informe psicológico”,  lo que le condujo a condenar a OCENSA en favor de Marco Antonio  Ramírez Sánchez por el daño moral sufrido por la  muerte de María Yomelina Ramírez Palacio, por las  quemaduras sufridas en su cuerpo y por el supuesto daño a la  vida de relación por razón de las quemaduras.  

  

En  desarrollo de dicha acusación, sostiene  que al valerse del  certificado de registro civil de nacimiento de María Yomelina  Ramírez Palacio para acreditar el vínculo de parentesco  con el demandante, el Tribunal no se percató que en el mismo  no existe el número de  identificación que  permita concluir con certeza la identidad de los allí  mencionados. En el mismo sentido, para tener por acreditada la  defunción de María Yomelina se valió del  registro civil de defunción aportado en el que no aparece con  certeza quién es la persona porque falta el número de  identificación.  

  

  

Cargo  13°: Luz Mercedes Mosquera Ramírez/error de hecho  

  

El  error de hecho fue cometido por el sentenciador de segundo grado en  la apreciación de los certificados de registro civil de  nacimiento de Luz Mercedes Mosquera Ramírez y María  Nellys Mosquera Ramírez, los de defunción de María  Marcelina Ramírez Palacio y María Nelly Mosquera  Ramírez y el acta de levantamiento de cadáver de  Marcelina Ramírez Palacio, dislates que le condujeron a tener  por probada las defunciones de María Marcelina Ramírez  Palacio y María Nellys Mosquera Ramírez Palacio, que  María Marcelina Ramírez Palacios sufrió un daño  moral, que ésta es madre de Luz Mercedes Mosquera Ramírez  y que María Nellys Mosquera Ramírez Palacio es hermana  de Luz Mercedes Mosquera Ramírez.  

Como  resultado, terminó condenando equivocadamente a OCENSA al pago  a favor de Luz Mercedes Mosquera Ramírez por los perjuicios  morales sufridos por las muertes de María Marcelina Ramírez  Palacio y María Nelly Mosquera Ramírez.  

Arguye  que el Tribunal profirió la  condena sin que estuviesen demostrados los requisitos concernientes  al daño moral hereditario, esto es, la existencia e intensidad  del daño moral padecido por la víctima directa y la  legitimación hereditaria del reclamante. En efecto, aduce que   el supuesto certificado de registro civil de defunción de  María Marcelina Ramírez Palacio no tiene el número  de identificación que  permita tener plenamente demostrada la identidad de la persona a que  se refiere dicha pieza probatoria. Y en todo caso, el  mismo demostraría nada más que el deceso de la persona  allí referida.  

  

En  cuanto al acta de levantamiento del cadáver de María  Marcelina Ramírez Palacio, dice que tan solo demostraría  circunstancias físicas por las cuales supuestamente se produjo  su deceso, mas  no el fallecimiento.  

  

En  consecuencia, arguye que no existe en el plenario elemento probatorio  que permita establecer claramente la existencia e intensidad de un  daño moral susceptible de ser trasmitido. Con todo, para dar  por verificado el parentesco entre María Marcelina Ramírez  Palacio y Luz Mercedes Mosquera, el Tribunal se valió del  certificado de registro civil de nacimiento de Luz Mercedes sin  percatarse de que no contiene el número  de identificación, lo que  hace imposible establecer con certeza la identidad de la persona allí  referenciada.  

  

En  cuanto al certificado de registro civil de nacimiento de Luz Mercedes  Mosquera Ramírez y del certificado de registro civil de  defunción de María Marcelina Ramírez Palacio, se  aduce que omiten el número de  identificación que permita  establecer la plena identidad de las personas allí enlistadas,  a más de que no existe concordancia  con el nombre plasmado el  certificado de nacimiento de María Nellys  Mosquera Ramírez con el certificado de defunción de  María Nelly  Mosquera Ramírez.  

  

Cargo  15°: Madison Ramírez Palacio/error de hecho  

  

Según  la censura, los errores de hecho del Tribunal recayeron en la  apreciación del acta de levantamiento del cadáver de  Marcelina Ramírez Palacio, el certificado de registro civil de  defunción de María Marcelina Ramírez Palacios,  el de nacimiento de Marín son Ramírez Palacio y de  María Nellys Mosquera Ramírez así como el de  defunción de María Nelly Mosquera Ramírez, que  condujeron al Tribunal a condenar a OCENSA al pago en favor de  Madison Ramírez por daños morales por las muertes de  María Marcelina Ramírez Palacio, y María Nelly  Mosquera Ramírez, por daño moral propio causado por las  quemaduras padecidas, por daño a la vida de relación  por las quemaduras sufridas y por lucro cesante por la muerte de  María Marcelina Ramírez Palacio.  

  

En  cuanto a la condena por daño  moral hereditario generado  con  ocasión de la muerte de María Marcelina Ramírez  Palacio, el Tribunal se fundamentó en el supuesto certificado  de registro civil de su defunción sin que en este apareciese  el número de identificación  que permitiese tener plenamente demostrada la identidad de la persona  a que hace referencia el documento. Con todo, de dicho documento  solamente se puede concluir el deceso de la persona allí  enunciada, por lo que no existe  elemento probatorio alguno que permita deducir la existencia e  intensidad del daño moral.  

  

Además,  con el fin de demostrar el parentesco entre María Marcelina  Ramírez Palacios y Madison Ramírez Palacio el Tribunal  se fundamentó en el certificado de registro civil de  nacimiento de este último, que carece del número  de identificación de  la persona allí referenciada  

  

En  cuanto a la condena por daño moral propio con ocasión  de la muerte de María Marcelina Ramírez Palacio,  también se reconviene al Tribunal no haberse percatado de que  en los certificados de registro civil de nacimiento de Madison  Ramírez y de defunción de María Marcelina  Ramírez no figura el número  de identificación y por ende,  está ausente la plena identidad de las personas allí  enlistadas.  

  

En  lo que hace a la condena por daño moral propio con ocasión  de la muerte de María Nellys Mosquera Ramírez, se dice  lo mismo: falta en los certificados de registro civil de nacimiento  de Luz Mercedes Mosquera Ramírez, de María Nellys  Mosquera Ramírez y del de defunción de esta, el número  de identificación de esas  personas a que se refieren los certificados. Además, no existe  concordancia en el certificado de registro civil de nacimiento de  María Nellys  Mosquera Ramírez con el de defunción de María  Nelly  Mosquera Ramírez.  

  

Cuanto  hace al daño a la vida de relación, la censura dice que  el Tribunal cometió error de hecho al dar por acreditada la  existencia de dicho daño con base en el reconocimiento  clínico que no  determina la ocurrencia de una perturbación funcional,  ni dificultades o limitaciones producto de quemaduras.  

  

En  lo referente al lucro cesante tilda a la corporación de  incurrir en yerro fáctico al tener por acreditada la  realización de la entidad económica por parte de María  Marcelina Ramírez Palacios con base en los testimonios  de Bladimir Moreno y Martín Alonso Patiño; el primero  se limitó a decir que la occisa se dedicaba al bahareque sin  explicitar la razón de la ciencia  de su dicho ni las circunstancias de tiempo, modo y lugar  que rodearon el hecho. Y el segundo se limitó a afirmar que  conocía María Marcelina Ramírez Palacios “en  la misma hilera que se quemó ese día de la tragedia”.  Con base en lo anterior no se puede deducir con certeza que María  Marcelina se dedicaba a alguna actividad económica como la  minería y a más de lo anterior, no son suficientes los  testimonios mencionados para acreditar la actividad mencionada por  falta de evidencias como la inscripción ante la Alcaldía  de que trata el artículo 136 del decreto 2655 de 1988, la  ausencia de certificaciones de cotización el sistema de  seguridad social, recibos que den cuenta del ejercicio de la  actividad, o, en fin, declaraciones tributarias.  

  

Cargo  17°: María de Los Ángeles Mosquera Ramírez/error  de hecho  

  

Para  el impugnante, la apreciación equivocada o defectuosa del  certificado de registro civil de nacimiento de María de los  Ángeles Mosquera Ramírez, el de defunción de  María Yomelina Ramírez Palacio, el acta de  levantamiento del cadáver de esta elaborada por el Instituto  de Medicina Legal y Ciencias Forenses y el “informe  psicológico”  condujeron el Tribunal a condenar indebidamente a OCENSA al pago en  favor de María de Los Ángeles Mosquera Ramírez  por los daños sufridos por la muerte de María Yomelina  Ramírez Palacio  

  

En  cuanto al daño moral  hereditario con ocasión de la  muerte de María Yomelina Ramírez Palacio, explica que  el Tribunal no solamente afirmó que no había certeza de  que las víctimas hubieran tenido conciencia de su crítico  estado de salud durante el tiempo de supervivencia sino que además  se apoyó en el certificado de registro civil de defunción  de esta, el cual carece de un número  de identificación que  permita tener plenamente demostrada la identidad de la persona a que  hace referencia. Con todo, ese documento solamente demuestra la  defunción de la persona allí listada. Igual reparo hace  al acta de levantamiento del cadáver de María Yomelina  Ramírez, pues no aparece su número de identificación.  

  

De  otra parte, para tener por demostrado el vínculo de  parentesco, el Tribunal se apoyó en el certificado de registro  civil de nacimiento de María de Los Ángeles Mosquera en  el que se indica que es hija de  Antonio Mosquera y Ormelina Ramírez pero no de María  Yomelina Ramírez Palacio  

  

En  cuanto al daño moral propio  por razón de la defunción de María Yomelina  Ramírez Palacio, el Tribunal se basó en el certificado  de defunción de esta, el cual carece de  número  de identificación que dé  certeza sobre la identidad de la persona a que hace referencia. Lo  mismo acontece con el certificado de nacimiento de María de  Los Ángeles Mosquera, que no incluye el número  de identificación y por tanto  no puede demostrar el parentesco.  

  

En  lo que hace a la prueba de la existencia e intensidad del daño  supuestamente sufrido por María de Los Ángeles Mosquera  Ramírez, el Tribunal cometió error de hecho al fundarse  en el “informe psicológico”, respecto del cual no  hay certeza acerca de la idoneidad e imparcialidad de su autor,  prueba que evidentemente no es apta para demostrar la existencia del  daño moral, amén de que se refiere supuestamente a la  totalidad de los efectos sufridos por el demandante por lo que se  olvida que cada uno de esos daños debe ser apreciado de manera  individual.  

  

Cargo  19°: José Mosquera/error de hecho  

  

La  censura  achaca al Tribunal la comisión de errores de hecho en  la apreciación de los certificados de registro civil de  nacimiento de María Nellys  Mosquera Ramírez y de defunción de María Nelly  Mosquera Ramírez así como la omisión del  interrogatorio de parte del señor José Mosquera, lo  cual condujo al Tribunal a tener por probada la defunción de  María Marcelina Ramírez Palacio (sic, pág. 206  de la demanda), a tener por demostrado que la señora María  Nellys Mosquera sufre un daño moral, a tener por acreditado  que ella es hija de José Mosquera y que este sufrió un  daño moral. Consecuencialmente, en forma equivocada condenó  OCENSA al pago, en favor de José Mosquera, de perjuicios por  la muerte de María Nellys Mosquera Ramírez.  

En  procura de demostrarlo, indica que en relación con el daño  moral hereditario supuestamente  generado con ocasión de la muerte de María Marcelina  Ramírez Palacio (sic) el Tribunal consideró que estaban  demostrados los requisitos para su configuración, esto es la  existencia e intensidad del daño moral padecido por la víctima  directa y la legitimación hereditaria del reclamante, y para  ello se fundó en el supuesto certificado de registro civil de  defunción de María Nelly Mosquera Ramírez, no  obstante que el mismo carece de número  de identificación que  permita tener certeza de la identidad de la persona que se refiere y,  además, solo probaría la defunción como tal.  

  

Frente  al daño moral propio  con ocasión de la muerte de María Nellys Mosquera  Ramírez sostiene que esa falta del número de  identificación le resta toda la fuerza probatoria para  demostrar cualquier vínculo entre María Nelly Mosquera  y el reclamante, sin dejar de lado el hecho de que no  existe coincidencia entre el nombre  plasmado en el certificado de nacimiento (Nellys) y el mencionado en  el de defunción (Nelly).  

  

En  relación con el interrogatorio  de parte del señor José  Mosquera relata la censura que cuando se le preguntó con quién  vivía para la época del atentado manifestó que  únicamente en familia con Florencia Pedroza, su mujer.  

  

Cargo  20°: Nury María Mosquera Mosquera/error de hecho  

Acá,  la apreciación defectuosa por parte del ad  quem, del testimonio  de Martín Alfonso Patiño  Jaramillo, pues tuvo por demostrado que Nuri María Mosquera  Mosquera era la compañera permanente de Cristóbal  Antonio Ibarguen Mosquera y que Nuri María Mosquera Mosquera  sufrió un daño moral, lo llevó a tener por  verificada la convivencia marital cuando lo único que el  declarante manifestó era que Nuri dependía  económicamente “de su marido, que le decían  Morolio” aserto del cual no se puede extraer relación  alguna entre el señor Cristóbal y la señora  Nury. Por esta vía, terminó condenando a OCENSA al  pago, en favor de Nury María Mosquera Mosquera, por el daño  moral sufrido por la muerte de Cristóbal Antonio Ibarguen  Mosquera.  

  

Cargo  22°: Claudia María Ibarguen Mosquera/error de hecho  

  

La  errada apreciación del testimonio de Martín Alfonso  Patiño Jaramillo, el certificado de registro civil de  nacimiento de Claudia María Ibarguen Mosquera y el acta de  levantamiento de su cadáver, condujeron el Tribunal, según  este cargo, a tener por probado el daño moral padecido por  Cristóbal Antonio Ibarguen y que entre este y Claudia María  Ibarguen Mosquera existió un vínculo de parentesco así  como que la última había sufrido un daño moral.  Se afirma que el ad quem  erró al tener por probado que Claudia María Ibarguen  dependía económicamente de Cristóbal Antonio  Ibarguen Mosquera y que Claudia María Ibarguen sufrió  un lucro cesante. Por ese camino, indebidamente condenó a  OCENSA a pagar a Claudia María Ibarguen por los daños  sufridos por la muerte de Cristóbal Antonio Ibarguen.  

  

En  lo que respecta al daño moral  hereditario generado supuestamente  con ocasión de la muerte de Cristóbal Antonio Ibarguen  Mosquera, el Tribunal no sólo afirmó que no existía  certeza de que las víctimas hubiesen tenido conciencia de su  crítico estado de salud durante el tiempo de su supervivencia  sino que, además, dio por demostrados la existencia, la  intensidad del daño moral y la legitimación hereditaria  del reclamante, con base en el certificado de registro civil de  defunción, pero allí cometió yerro fáctico  pues el mismo carece de un número  de identificación que  permita tener plenamente demostrada la identidad de la persona a que  hace referencia el documento y, tan solo probaría la  defunción.  

  

En  relación con el daño  moral propio sufrido por la  reclamante con ocasión de la muerte de Cristóbal  Antonio Ibarguen Mosquera, la mentada ausencia del número  de identificación de la  persona a que se refiere el certificado de registro civil de  nacimiento de Claudia María Ibarguen Mosquera impide que se  tenga certeza del vínculo de parentesco de ésta con  Cristóbal Antonio Ibarguen Mosquera.  

  

En  lo que hace al lucro cesante,  para deducir la dependencia económica del reclamante con  respecto al difunto, el Tribunal se valió del testimonio  de Martín Alfonso Patiño Jaramillo quien respondió  que Cristóbal trabajaba en la minería sin expresar  circunstancias de su manifestación, con lo cual valoró  un  testimonio que no es prueba suficiente para acreditar la  actividad económica a que se dedicaba el occiso, ni en el  plenario existen otros medios de convicción tales como la  inscripción en la Alcaldía (decreto 2655 de 1988),  certificaciones de cotización al sistema de seguridad social  en salud o declaraciones tributarias.  

  

En  adición, la dependencia económica de Claudia María  Ibarguen con respecto a Cristóbal Antonio Ibarguen Mosquera  tuvo sustento en el dicho de Martín Alfonso Palacio quien dijo  que Claudia María “era barequera también”,  lo que no observó el juez colegiado. Resalta además que  hizo mención a un tal Morolio y no al señor Cristóbal  por lo que no queda establecida la identidad del mismo.  

  

Cargo  24°: Luz Mary Ibarguen Mosquera/error de hecho  

  

Para  la censura, el error de hecho del Tribunal recayó en la  apreciación de los certificados de registro civil de  nacimiento de Luz Mary Ibarguen Mosquera y de Luis Ángel  Ibarguen Rivas, el de defunción de éste y el “informe  psicológico”, lo  que le condujo a tener por demostrado que Luz Mary Ibarguen Mosquera  tenía vínculo de consanguinidad con Luis Ángel  Ibarguen Rivas y condenar por este medio a OCENSA a pagar a aquella  por el daño moral sufrido por la muerte de éste.  

  

El  yerro en concreto estriba en que en el certificado de registro civil  de nacimiento de luz Mary Ibarguen no se menciona el número  de identificación que  permita establecer la plena identidad de la persona allí  listada.  

  

Además,  el Tribunal cometió yerro de hecho en la apreciación  del mencionado “informe psicológico” pues el mismo  no brinda certeza sobre los  fundamentos de las declaraciones que contiene ni sobre la idoneidad e  imparcialidad del autor.  

  

Cargo  27°: Orfa Henao Estrada/error de hecho  

  

Se  acusa al Tribunal de haber apreciado defectuosamente el certificado  de registro civil de nacimiento de Orfa Henao Estrada, de defunción  de María Eva Estrada García, el acta de levantamiento  del cadáver de esta elaborada por el Instituto Nacional de  Medicina Legal y Ciencias Forenses, el certificado de registro civil  de nacimiento de Henry de Jesús Henao Estrada y de Julián  Eduardo Henao Estrada, yerros estos que le condujeron a tener por  demostrado que María Eva había sufrido un daño  moral, que Orfa Henao Estrada es hija de aquella, que ésta es  hermana de Henry de Jesús y de Julián Eduardo Henao  Estrada, lo que a su vez llevó al Tribunal a condenar  indebidamente a OCENSA a pagar a la señora Orfa Henao Estrada  por el daño moral sufrido por la muerte de María Eva  Estrada García.  

  

En  relación con el supuesto daño  moral hereditario generado con  ocasión de la muerte de María Eva Estrada García,  dice que el Tribunal, a más de haber considerado que no había  certeza acerca de que las víctimas hubiesen tenido conciencia  de su crítico estado de salud durante el tiempo de su  supervivencia, estimó acreditadas las condiciones para su  prosperidad, esto es, la existencia e intensidad del daño  moral y la legitimación hereditaria del reclamante, con apoyo  en el certificado de registro civil de defunción de María  Eva el cual carece del número  de identificación que  permita tener plenamente acreditada la identidad de la persona a que  hace referencia el documento. Con todo, tal pieza no demostraría  nada diferente de la defunción. Lo mismo afirma del acta de  levantamiento del cadáver de María Eva Estrada García.  

  

En  relación con el daño moral propio, el Tribunal cometió  yerro de hecho en la apreciación del certificado de registro  civil de María Eva porque no tiene número  de identificación según  lo anotado.  

  

En  cuanto a la demostración del vínculo de parentesco de  la occisa con Orfa Henao Estrada el Tribunal lo dio por acreditado  con base en el certificado de registro civil de nacimiento de esta,  el cual carece del número de  identificación que permita  tener certeza de la identidad de la persona que allí se lista.  

  

En  lo que hace a parentesco de Henry de Jesús Henao Estrada y  Julián Eduardo Henao Estrada, se dice lo mismo, pues los  certificados de registro civil de nacimiento de Orfa y de éstos  carecen del mencionado número  de identificación.  

  

Cargo  30°: Julián Eduardo Henao Estrada/error de hecho  

Afirma  la censura que, como consecuencia de errores de hecho en la  apreciación del certificado de defunción de María  Eva Estrada García, del acta de levantamiento de su cadáver,  del certificado de registro civil de nacimiento de Henry de Jesús  Henao Estrada y de Julián Eduardo Henao Estrada, tuvo el  Tribunal equivocadamente por demostrado que María Eva sufre un  daño moral, que Julián Eduardo Henao es hijo de María  Eva, hermano de Henry de Jesús y que Julián Eduardo  sufrió un daño moral. En consecuencia, condenó  indebidamente a OCENSA a pagar a Julián Eduardo Henao Estrada  por el daño moral sufrido por la muerte de María Eva  Estrada, por el daño moral por las quemaduras sufridas y por  el daño a la vida de relación.  

  

En  lo que tiene que ver con el daño  moral hereditario con ocasión  de la muerte de María Eva Estrada García, el Tribunal  dio por acreditado los requisitos para su configuración, esto  es la existencia e intensidad del daño moral y la legitimación  hereditaria del reclamante, a pesar de haber llegado a afirmar que no  había certeza de que dichas víctimas hubiesen tenido  conciencia del crítico estado de salud de María Eva  Estrada García durante el tiempo de supervivencia.  

  

Cometió  el Tribunal error de hecho en la apreciación del certificado  de registro civil de defunción de María Eva Estrada  García porque carece del número  de identificación que  permita tener plenamente demostrada la identidad de la persona a que  hace referencia el documento, ni en todo caso, sólo probaría  el deceso en cuanto tal. Igual reparo le hace al acta de  levantamiento del cadáver de María Eva Estrada García.  

  

En  referencia al daño moral  propio por la defunción de  María Eva Estrada García le achaca al Tribunal error de  hecho en la apreciación del certificado de registro civil de  nacimiento de esta en el que no figura el número  de identificación que permita  su certera individualización. Lo mismo acontece con el  certificado de registro civil de nacimiento de Julián Eduardo  Henao Estrada para probar el parentesco entre este y las demás  víctimas directas.  

  

En  cuanto al daño a la vida de  relación expresa la censura  que el Tribunal debió abstenerse de declarar la  responsabilidad civil de OCENSA porque no hay prueba que acredite la  ocurrencia de este tipo particular de perjuicio, en vista de que el  reconocimiento clínico  no determinó ninguna perturbación funcional  producto de las quemaduras e igualmente en el interrogatorio  de parte cuando se le pidió  identificarse mencionó que trabajaba en las minas lo cual  demuestra la inexistencia de dificultades o limitaciones producto de  las quemaduras.  

Cargo  33°: Henry de Jesús Henao Estrada/error de hecho  

  

En  este embate, el dislate fáctico lo cometió el Tribunal,  según la censura, en la apreciación de certificados de  registro civil de nacimiento de Henry de Jesús Henao Estrada,  de defunción de María Eva Estrada García, del  “informe psicológico”,  de la confesión de la unión marital, de la historia  clínica de la Institución León XIII de Medellín,  del reconocimiento clínico, de los certificados de registro  civil de nacimiento de Andrés Felipe Henao Patiño y de  Julián Eduardo Henao Estrada.  

  

A  consecuencia de los errores cometidos, el Tribunal condenó  indebidamente a la empresa demandada a pagar a Henry de Jesús  Henao Estrada por el daño moral causado por la muerte de María  Eva Estrada García, por el supuesto daño moral causado  por las lesiones sufridas por Andrés Felipe Henao Patiño,  por el supuesto daño moral causado por las lesiones sufridas  por Deicy Eugenia Patiño, por el supuesto daño moral  causado por las lesiones sufridas por Julián Eduardo Henao  Estrada, por el supuesto daño moral causado por las lesiones  sufridas en su cuerpo, y por el supuesto daño a la vida de  relación causada por las lesiones sufridas en su cuerpo.  

  

En  lo que hace al daño moral  hereditario generado aparentemente  con ocasión de la muerte de María Eva Estrada, el  casacionista recuerda que el Tribunal se fundamentó, para  hallar la legitimación hereditaria del reclamante, en el  certificado de registro civil de defunción de María Eva  Estrada García, documento que además de no ser  conducente para la prueba de defunción, carece del número  de identificación que  permita tener plenamente demostrada la identidad de la persona a que  hace referencia el mismo. Con todo, lo que demostraría sería  el deceso.  

  

Enseguida  dice que para tener por demostrado el óbito de María  Eva Estrada García, el Tribunal se valió del  prenombrado certificado, que a más de no ser conducente según  se denuncia otro cargo, carece del mentado número  de identificación y por  consiguiente no da la certeza de la identidad de quien allí  está listado.  

  

Lo  mismo dice del certificado de registro civil de nacimiento de Andrés  Felipe Henao Patiño en cuanto a la ausencia de un número  de identificación.  

  

En  relación con el daño  moral concedido al reclamante con  ocasión de las heridas sufridas por Deisy Eugenia Patiño,  nada se dice.  

  

En  lo que toca con el daño moral  propio por las heridas sufridas por  Julián Eduardo Henao Estrada, recuerda que el Tribunal se basa  en el certificado de registro civil de nacimiento de este, el cual  también carece de un número  de identificación que permita  establecer la identidad de la persona allí listada.  

  

Para  establecer la existencia e intensidad del daño moral padecido  por Henry de Jesús Henao Estrada se basó el Tribunal en  el  “informe psicológico”, sobre el cual no  se tiene certeza de sus fundamentos, de la idoneidad e imparcialidad  de su autor, lo que lo hace inidóneo  para demostrar la existencia del daño moral.  

  

Cargo  35°: René de Jesús Henao Estrada/error de hecho  

Los  errores cometidos por el ad quem, en este cargo, se refieren a la  apreciación de los certificados de registro civil de  nacimiento de René de Jesús Henao Estrada y de  defunción de María Eva Estrada García en tanto  que con ellos llegó a la conclusión de tener por  acreditado el parentesco y por ende el daño moral padecido por  el reclamante en razón de la muerte de María Eva  Estrada García. Sin embargo, anota la censura, no se percató  el Tribunal de que dichos certificados no ofrecen certeza de la  persona a la cual se refieren por faltarles el número  de identificación que  permitiese identificarlas. Aun así, en el caso del certificado  de registro civil de nacimiento, dice la censura que dicha piezas tan  sólo demuestra el deceso de la persona allí anunciada.  

  

Cargo  36°: Miguel Angel Henao Ospina/error de hecho  

En  este cargo el error de hecho, según la censura, lo cometió  el ad quem  en la apreciación del registro civil de matrimonio de Miguel  Ángel Henao Ospina y María Eva Estrada García,  con base en el cual condenó a OCENSA a pagar al reclamante por  el daño moral sufrido por la muerte de María Eva  Estrada García, no advirtiendo el juzgador colegiado que en el  certificado civil de matrimonio no se menciona algún número  de identificación que  permita concluir con certeza la identidad de las personas allí  relacionadas.  

  

Cargo  38°: Andrés Felipe Henao Patiño/error de hecho  

Para  el impugnante, el “informe  psicológico” y el  reconocimiento clínico a Andrés Felipe Henao Patiño,  fueron defectuosamente apreciados por el Tribunal, a resultas de lo  cual tuvo por demostrado que este sufrió daño moral por  las quemaduras padecidas y un daño a la vida de relación,  condenando a OCENSA a pagar por tales conceptos. Sin embargo, ese  informe versa sobre los efectos psicológicos generales que  tuvieron los hechos del 18 de octubre de 1998 pero no sobre las  consecuencias de las quemaduras; esto es, el grado y duración  de la afectación moral de las mismas para configurar el daño  moral propio. Del mismo modo, al utilizar el reconocimiento  clínico para deducir el  daño a la vida de relación, el Tribunal no se percató  que en el mismo no se determinó la existencia de alguna  perturbación funcional sufrida por el demandante producto de  las quemaduras ni se demostró dificultad o limitación  que tuviese como consecuencia de ellas.  

  

Cargo  41°: Resfa Inés Henao Estrada/error de hecho  

  

La  violación indirecta del artículo 2356 del Código  Civil fue consecuencia, para el impugnante, de errores en la  apreciación del certificado de registro civil de nacimiento de  Resfa Inés Henao Estrada y del acta de levantamiento del  cadáver de María Eva Estrada García, documentos  con los cuales el juzgador colegiado tuvo como probado que Resfa  sufrió un daño moral por la muerte de María Eva.  

  

Dice  que para tener acreditada la certeza e intensidad del daño  moral hereditario el Tribunal se  valió del acta de  levantamiento del cadáver de  María Eva Estrada García el cual contiene únicamente  información relativa a la causa y circunstancia de la muerte  pero no sobre la magnitud de los sufrimientos de esta.  

  

Además,  que para tener por probado el vínculo de parentesco el  Tribunal se apoyó en la partida del libro de registro civil de  nacimiento de René de Jesús Henao Estrada, que dice que  es hijo de María Estrada de Henao a lo que se suma el hecho de  que dicho registro no contiene el número  de identificación de  la persona a la cual se refiere  

  

Cargo  43°: Deisy Eugenia Patiño González/error de hecho  

Afirma  la censura que como consecuencia de errores en la apreciación  del documento “reconocimiento  clínico a Deisy Eugenia  Patiño”, tuvo por probado el juzgador colegiado de  segunda instancia que aquella sufrió un daño moral y un  daño a la vida de relación, a resultas de lo cual  condenó a OCENSA al pago del daño moral sufrido por las  quemaduras padecidas, por las quemaduras de Henry de Jesús  Henao Estrada, por las quemaduras de Andrés Felipe Henao  Patiño y por el daño a la vida de relación.  

  

En  cuanto hace al daño moral  dice la censura que sólo se  acreditó una lesión física sin consecuencias  sicológicas y por  consiguiente no se corroboró la existencia ni la intensidad de  este perjuicio inmaterial.  

  

Respecto  del daño a la vida de  relación, el casacionista le  atribuye al Tribunal yerro fáctico en el reconocimiento  clínico mencionado puesto que allí no  se determinó la existencia de ninguna perturbación  funcional sufrida por la demandante  como producto de las quemaduras ni se demostró que tuviese  dificultades o limitaciones como consecuencia de ellas.  

  

Cargo  46°: Haider Madrid Londoño  

  

El  error de hecho que se le atribuye al Tribunal en este cargo consistió  en la defectuosa apreciación de los registros civiles de  nacimiento de Haider Antonio Madrid Londoño y de Darley  Yalides Vélez Londoño así como la boleta de  salida y resumen final de la atención de la Fundación  Hospitalaria San Vicente de Paul, documentos con los cuales el  Tribunal halló acreditado que Haider es hijo de María  Elena Londoño Buriticá y de Octavio Madrid, que es  hermano de Darley Yalides Vélez, que sufrió un daño  moral y un daño a la vida de relación, equivocaciones  que le condujeron a condenar a OCENSA por el daño moral  sufrido por la muerte de María Elena Londoño Buriticá,  por el daño moral sufrido por la muerte de Octavio Madrid, por  la muerte de Darley Yalides Vélez Londoño, por las  quemaduras sufridas, por el daño a la vida de relación  y por el lucro cesante por la muerte de sus padres.  

  

Respecto  del daño moral hereditario  arguye la censura que tuvo en cuenta el Tribunal el certificado de  registro civil de nacimiento de Haider Madrid Londoño el cual  no cuenta con algún número  de identificación que  permita tener certeza de la identidad del que allí está  relacionado.  

  

Frente  al daño moral propio,  los certificados de registro civil de nacimiento de Jaider y Darley,  de defunción de Octavio Madrid, María Elena Londoño  y de Darley Yalides Vélez Londoño no debieron ser  apreciados por el Tribunal por cuanto en los mismos no aparece un  número de identificación  que permita dar certeza sobre la identidad de las personas  referenciadas.  

  

En  lo tocante al daño a la vida  de relación, sin  determinación de prueba específica alguna,  dice la censura que a través de la defectuosa apreciación  de varias de las pruebas recaudadas en el proceso, el Tribunal tuvo  como responsable a OCENSA de este tipo de perjuicio sin que se  hubiese demostrado alguna perturbación funcional o dificultad  o efectos adversos en su vida producto de la perturbación por  parte del demandante.  

  

En  cuanto hace al lucro cesante  y no sin antes recordar que el demandante debe demostrar el motivo  por el cual de no haber ocurrido la conducta lesiva hubiera recibido  los beneficios económicos proveniente de la víctima  directa, a más de la dependencia económica del  reclamante con respecto al difunto. Continúa indicando que el  Tribunal se fundamentó en los certificados de registro civil  de defunción de Octavio Madrid y de María Elena Londoño  Buriticá, “documentos  que no cumplen con el lleno de los requisitos legales establecidos  para su existencia, toda vez que no hace mención al sexo  de los referidos” (página  313 de la demanda), e infirió que estos estar en capacidad de  laborar, teniendo el primero 59 años y la segunda 41, sin  demostración alguna de la existencia de relaciones laborales u  oficios previos.  

  

Cargo  48°: Octavio Madrid Morales/error de hecho  

  

Como  consecuencia de haber apreciado defectuosamente el certificado de  registro civil de nacimiento de Octavio Madrid Morales y el “informe  psicológico”, el  Tribunal violó la norma sustancial contenida en el artículo  2356 del Código Civil, por causa de yerros probatorios que le  condujeron a tener por probado que Octavio Madrid Morales es hijo de  Octavio Madrid y que el primero sufrió un daño moral  por la muerte del segundo, condenando a OCENSA por este rubro.  

Seguidamente,  la censura indica que en relación con el daño  moral hereditario,  el Tribunal tuvo  en cuenta el certificado de registro  civil de defunción de Octavio Madrid sin que dicho documento  de cuenta de la certeza y magnitud del perjuicio moral transmisible;  asimismo, para tener por acreditado el parentesco, el deceso y la  causa del mismo el Tribunal se basó en el certificado de  registro civil de nacimiento de Octavio Madrid Morales sin que en él  figure algún número  de identificación que  permita tener certeza de la identidad.  

  

En  cuanto al daño moral propio,  manifiesta que el Tribunal se fundamentó en ese registro civil  de Octavio Madrid Morales, que no tiene número  de identificación. Y para la  acreditación de la existencia e intensidad del perjuicio se  basó en el informe psicológico, elaborado por Ana  Milena Correa Serrano, a quien se le  citó sin que hubiese comparecido, lo que implica que el juez  no podía estimar dicho documento.  

  

Cargo  49°: Pedro Rengifo Madrid/error de hecho  

  

Como  consecuencia de yerro probatorio de facto, por la defectuosa  apreciación tanto del “informe  psicológico”, como  del reconocimiento médico  realizado por la especialista a Pedro Antonio Rengifo Madrid,  documentos con los cuales tuvo por demostrado que Pedro Antonio  Rengifo Madrid sufrió un daño moral y un daño a  la vida de relación.  

  

En  relación con el preindicado informe, dice la censura que el  mismo versa sobre las consecuencias  sicológicas significativas, a nivel general, que tuvieron los  hechos del 18 de octubre, mas no sobre las consecuencias de las  quemaduras parecidas por el  reclamante.  

  

En  cuanto al daño a la vida de  relación, expresa que no se  demostró que el demandante tuviese una perturbación  funcional o dificultades en la vida producto de la perturbación,  a pesar de que obra en el proceso un reconocimiento  clínico que no se refiere a  ninguna anomalía.  

Al  igual que el  

Cargo  50°: Francisco Antonio Vélez/ error de hecho  

  

El  error de hecho que se le atribuye el Tribunal recae en el certificado  de registro civil de nacimiento de Darley Yalides Vélez  Londoño con el cual tuvo por probado que esta es hija de  Francisco Antonio Vélez, lo que le llevó a condenar a  OCENSA en favor de este reclamante al pago del daño moral  pretendidamente sufrido como consecuencia de la muerte de aquella.  

  

En  cuanto concierne al daño moral  hereditario, recaba en el hecho de  que el registro civil de defunción  de Darley Yalides Vélez Londoño no da cuenta de la  certeza y magnitud de un perjuicio moral transmisible.  Y en cuanto al daño moral  propio, el Tribunal, al basarse en  el preindicado certificado de nacimiento de Darley Yalides, cometió  yerro de facto porque en el mismo no hay número  de identificación que  permita tener certeza de la identidad del sujeto a que se refiere.  Todo ello le condujo a la violación del artículo 2356  del Código Civil.  

  

Cargo  52°: Dora Lucía Montoya Roldán/error de hecho  

Como  consecuencia de apreciar defectuosamente el certificado de registro  civil de nacimiento de Luz Enith Jaramillo Montoya, dice la censura  que el Tribunal, erró de facto, al tener por demostrada que  ésta es hija de la demandante Dora Lucía Montoya, quien  sufrió un daño moral, condenando a la sociedad  demandada por ese concepto.  

  

Sin  embargo, dice el impugnante, el certificado carece del número  de identificación que  permita concluir con certeza la identidad del sujeto a que se  refiere.  

  

Cargo  54°: Robinson Mario Jaramillo Montoya/error de hecho  

  

Para  el recurrente, fue la apreciación errada de los certificados  de registro civil de nacimiento de Luz Enith Jaramillo Montoya y  Robinson Mario Jaramillo Montoya lo que condujo al Tribunal a  condenar a OCENSA al pago de daños morales por la muerte de  Luz Enith en favor de Robinson Mario Jaramillo, pues el certificado  carece del número de  identificación que  permita concluir con certeza a quien se refiere el mismo.  

  

Cargo  56°: Zuleima Montoya Roldán/error de hecho  

  

La  violación normativa fue, para la censura, producto de yerro  fáctico cometido por el Tribunal en la apreciación de  los certificados de registro civil de nacimiento de Luz Enith  Jaramillo Montoya y Robinson Mario Jaramillo Montoya, con los cuales  dio por demostrado el parentesco de éstos con la reclamante y  de allí, el daño moral a que condenó a OCENSA en  favor de aquella. No obstante, tales certificados no mencionan el  número de identificación  y por consiguiente no hay certeza con ellos de la identidad de la  persona a los que se refieren.  

  

Cargo  57°: Flor María Muñoz Sepúlveda/error de  hecho  

  

Asimismo,  la apreciación defectuosa de los registros civiles de  nacimiento de María Flor Múnera Muñoz, Fidel  Albeiro Pino Múnera y Elizabeth Pino Múnera, para el  casacionista, condujo al Tribunal a tener por acreditado el  parentesco, sin que en ellos figure algún número  de identificación que  brinde certeza sobre la identidad de la persona a los que se refiere.  Por ese camino condenó a OCENSA a pagar a Flor María  Muñoz Sepúlveda por el daño moral sufrido por la  muerte de estos.  

  

Cargo  58°: Diomedes Evelio González/error de hecho  

  

Fue  el reconocimiento clínico  de Diomedes Evelio lo que condujo erradamente al Tribunal a condenar  a OCENSA al pago en favor de este demandante por concepto del daño  a la vida de relación, a pesar de que en el mismo no se  determina la existencia de perturbación funcional producto de  quemaduras o la presencia de dificultades o limitaciones por razón  de las mismas, cometiendo así yerro fáctico  trascendente.  

  

Cargo  60°: Rosa Nury Muñetón Velásquez/error de  hecho  

  

La  apreciación errada de los certificados de registro civil de  nacimiento de Wbeimar Alonso Hincapié Muñetón,  de nacimiento y defunción de Luceli Salazar Muñetón  y el de nacimiento de Jaime Alberto Sajonero Hincapié, llevó  al Tribunal a tener por demostrado la condición de hijos -los  dos primeros- y nieto -el tercero- de Rosa Nury Muñetón  Velásquez, con lo cual dedujo el daño moral sufrido por  el fallecimiento de ellos, condenando a OCENSA por tal concepto.  

  

En  cuanto concierne al daño moral  hereditario, y al daño  moral propio dice la impugnación  que los certificados de registro civil anotados carecen del número  de identificación que  permita tener certeza sobre la identidad de la persona a la que se  refiere cada uno.  

  

  

Para  la censura, en estos cargos, el Tribunal cometió error de  hecho en la apreciación de los certificados de registro civil  de nacimiento de Wbeimar Alonso Hincapié Muñetón  y Jaime Alberto Sajonero hincapié, pues no contando ellos con  mención alguna del número  de identificación de la  persona a los que se refieren, mal podía tener certeza el  Tribunal de hallar con ellos la acreditación del parentesco  que le condujera a condenar a OCENSA en favor de éstas  demandantes por la reparación de los perjuicios inmateriales  que solicitaron.  

  

Cargo  64°: Luis Ángel Zorrilla/error de hecho  

  

En  este cargo, la prueba defectuosamente apreciada por el Tribunal,  según el casacionista, fue el reconocimiento clínico  realizado a Luis Ángel Zorrilla, pues con base en él  condenó a OCENSA a pagar por los daños morales sufridos  por el demandante en razón de las quemaduras y por el daño  a la vida de relación. Respecto del primero, asevera que no  hay prueba en el expediente que  así lo acredite; y respecto del segundo, el daño a la  vida de relación, recuerda que el Tribunal se valió del  reconocimiento clínico  en el que se manifiesta que el paciente tiene una incapacidad  funcional del tercer, cuarto y quinto dedo de la mano izquierda,  valoración médica que no es suficiente para el  casacionista para tener acreditado el perjuicio reclamado puesto que  si bien se demuestra la lesión no así la perturbación  funcional. Corrobra lo anterior el hecho de que en el interrogatorio  de parte al señor Luis  ángel Zorrilla indicó trabajaba en la mina “barequiando  por ahí, sembrando comidita”.  

  

Cargo  66: Deyi Milena Ospina Oquendo/error de hecho  

  

En  este embate, la violación indirecta del artículo 2356  del Código Civil a consecuencia de error de hecho aconteció  por la apreciación defectuosa, según la censura, que el  Tribunal hizo de los certificados de registro civil de nacimiento de  Deyi Milena Ospina Oquendo y Carmelo Antonio Herrera Oquendo, el  registro civil de nacimiento de Beatriz Helena Herrera Oquendo, el  certificado de registro civil de defunción de Ana Rubiela  Oquendo Hernández, así como los interrogatorios  de parte rendidos por Aíra  Ruth Herrera, Alex Eloy Herrera y Jesús Antonio Herrera. Con  tales dislates, llegó el Tribunal el convencimiento equivocado  de que estaba demostrado que Ana Rubiela Oquendo Hernández y  Deyi Milena Ospina Oquendo sufrieron un daño moral, que esta  última es hija de Ana Rubiela, que Carmelo Antonio Herrera y  Beatriz Elena Oquendo Hernández son hermanos de Deyi Milena  Ospina Oquendo. Ello le condujo a condenar a OCENSA por el pago del  daño moral sufrido por la muerte de Ana Rubiela, Beatriz  Helena y Carmelo Antonio Herrera Oquendo.  

  

En  lo que hace al daño moral  hereditario, señaló la  censura que el Tribunal se valió del certificado de defunción  de Ana Rubiela Oquendo Hernández que carece del número  de identificación que  permita brindar certeza sobre la identidad de la persona allí  referenciada. Asimismo acudió al acta  de levantamiento del cadáver  de Ana Rubiela Oquendo Hernández, la cual contiene información  relativa a la causa y circunstancia de la muerte pero no  existe una manifestación sobre la existencia y magnitud de los  sufrimientos que supuestamente  padeció Ana Rubiela.  

  

Agrega  que para la demostración del parentesco el Tribunal acudió  asimismo a los certificados de la partida del libro de registro civil  de nacimientos de belli Milena Ospina, el cual carece del número  de identificación que permita  concluir con certeza la identidad de los allí mencionados.  

  

Para  probar el vínculo con Carmelo Antonio Herrera Oquendo también  se valió el Tribunal del certificado de su partida del libro  de registro civil en el que no aparece el número  de identificación de los allí  relacionados. Lo mismo acontece con la demostración del  vínculo con Beatriz Elena Oquendo Hernández pues su  certificado omite el aludido número  de identificación.  

  

En  relación con el daño moral propio, la censura también  desconoce la demostración del vínculo de parentesco con  base en los certificados adosados a la causa por carece de ellos del  número de identificación  que con certeza pudiese identificar a los allí mencionados.  

  

En  adición a lo anterior, señala la impugnación que  el Tribunal se valió del interrogatorio de parte rendido por  Deyi Milena Ospina Oquendo así como de los interrogatorios de  parte de Aira Ruth, Alex Eloy y Jesús Antonio Herrera Oquendo,  en relación con los cuales, salvedad hecha de la censura que  plantea en otro cargo por haberle dado mérito probatorio el  Tribunal a declaraciones favorables a los demandantes, dice acá  que los rendidos por Aira Ruth y Alex Eloy no hacen mención a  Deyi Milena Ospina Oquendo, mientras que Jesús Antonio Herrera  Oquendo indicó que para la época del atentado vivía  “con mi mamá y mis  hermanos Beatriz Elena Herrera Oquendo y Deyi Milena Ospina Oquendo”,  lo que evidentemente contraría  lo que dice la demandante en  su interrogatorio de parte pues manifestó que vivía con  su hija Leidy Dayana Ballesteros Arango y Jesús Nubaldo  Ballesteros.  

  

Cargo  68°: Aira Ruth Herrera Oquendo/error de hecho  

También  por la causal primera de casación y por error de hecho en la  apreciación probatoria, se acusa al Tribunal de haber  apreciado en forma defectuosa los certificados de registro civil de  nacimiento de Aira Ruth y Carmelo Antonio Herrera Oquendo, el  registro civil de nacimiento de Beatriz Elena Oquendo Hernández,  el certificado de registro civil de defunción de Ana Rubiela  Oquendo Hernández y los interrogatorios  de parte rendidos por de Deyi  Milena, Alex Eloy y Jesús Antonio Herrera Oquendo, errores que  lo llevaron a condenar a OCENSA en favor de la demandante al pago del  daño moral sufrido por las muertes de Ana Rubiela, Beatriz  Elena y Carmelo Antonio Herrera Oquendo, sin advertir que ninguno de  los certificados y registros civiles contiene mención alguna  al número de identificación  de la persona a la que ellos se refieren, con lo cual queda la duda  sobre la identidad de los allí mencionados.  

  

Respecto  de los interrogatorios de parte, la impugnación indica que en  el practicado a Deyi Milena Ospina no se aprecia mención  alguna a una convivencia con Aira Ruth; Alex Eloy manifestó  que vivía solo; omitiendo toda manifestación sobre Aira  Ruth.  

  

Cargo  70°: Alex Eloy Herrera Oquendo/error de hecho  

  

Como  consecuencia de error de hecho en la apreciación de los  certificados de registro civil de nacimiento de Alex Eloy y Carmelo  Antonio Herrera Oquendo, del registro civil de nacimiento de Beatriz  Helena Herrera Oquendo, del certificado de registro civil de  defunción de Ana Rubiela Oquendo Hernández, los  interrogatorios  practicados a Deyi Milena, Alex Eloy y Jesús Antonio Herrera  Oquendo, el Tribunal llegó a tener por demostrado que Ana  Rubiela Oquendo Hernández y Alex Eloy Herrera Oquendo sufre un  daño moral, que éste es hijo de Ana Rubiela, que  Carmelo Antonio Herrera es hermano de Alex Eloy, que Beatriz Elena es  hermana de Alex Eloy. Por esta vía condenó a la  demandada al pago de daños morales sufridos por Alex Eloy a  raíz de la muerte de Ana Rubiela, por daños por él  sufridos por la muerte de Beatriz Helena y Carmelo Antonio Herrera  Oquendo en favor de Alex Eloy. En concreto, el yerro fáctico  estriba en no haber advertido el Tribunal que el acta de  levantamiento del cadáver de Ana Rubiela Oquendo demuestra la  causa la circunstancia de la muerte pero no la existencia y magnitud  de los sufrimientos y dolores que supuestamente sufrió la  occisa; además, que los certificados y registros civiles  aportados no contiene el número  de identificación que  permita concluir con certeza la identidad de los allí  mencionados.  

  

De  otro lado en relación con los interrogatorios practicados a  las partes, sostiene que allí no se aprecia ningún  hecho que haga mención a la magnitud y certeza del daño  reclamado. Deyi Milena no realizó ninguna mención a la  convivencia con Alex Eloy; Aira Ruth manifestó que vivía  con Carmelo Antonio, Ana Rubiela, Carmelo de Jesús, Jesús  Antonio, Beatriz Elena, Alex Eloy y una sobrina. Jesús Antonio  que convivía con Ana Rubiela, Deyi Milena y Beatriz Elena,  omitiendo toda manifestación frente a Alex Eloy. Por  consiguiente no se puede derivar con certeza la convivencia de Alex  Eloy con sus hermanos.  

  

Cargo  72°: Jesús Antonio Herrera Oquendo/error de hecho  

Como  consecuencia de error de hecho en los certificados de registro civil  de nacimiento de Jesús Antonio y Carmelo Antonio Herrera  Oquendo, el registro civil de nacimiento de Beatriz Helena Herrera  Oquendo, el certificado de defunción de Ana Rubiela Oquendo  Hernández y de los interrogatorios de parte de Deyi Milena  Ospina Oquendo, aire Ruth y Alex Eloy Ospina Oquendo, dice el  impugnante que el Tribunal tuvo por demostrado que Ana Rubiela  Oquendo Hernández y Jesús Antonio Herrera Oquendo  sufrieron  un daño moral, dando por probado que Jesús  antonio es hijo de Ana Rubiela, que Carmelo Antonio es hermano de su  Antonio y que Beatriz Elena es hermana de Jesús Antonio  también.  

  

En  relación con el daño  moral hereditario, manifiesta que el  Tribunal se valió del acta de  levantamiento del cadáver que prueba la causa y la  circunstancia de la muerte mas no la magnitud y existencia de los  sufrimientos padecidos por la occisa Ana  Rubiela, a más de que los registros civiles y certificados no  dan cuenta del número de  identificación de las  personas a las que ellos se refieren.  

  

Frente  al daño moral propio,  el recurrente recalca que le certificados y registros civiles no  mencionan el número de identificación de la persona a  la que se refieren, restándole certeza.  

  

En  relación con los interrogatorios  manifiesta que Deyi Milena Ospina no realizó mención  alguna a una convivencia con Jesús Antonio. En su  interrogatorio Aira Ruth manifestó que vivía con  Carmelo Antonio, Ana Rubiela, Carmelo de Jesús, Jesús  Antonio, Beatriz Elena, Alex Eloy y una sobrina. En su interrogatorio  Alex Eloy manifestó que vivía solo, omitiendo toda  manifestación frente a Alex Eloy. Como se puede apreciar a  simple vista, no es posible derivar con certeza la convivencia de  Jesús Antonio con sus hermanos, ya que a pesar de que Aira  Ruth indique que efectivamente vivía con Jesús Antonio,  ni Deyi Milena, ni Alex Eloy manifiesta que no vivían con él.  Aunado a lo anterior de reconocérsele valor al Interrogatorio  de parte del demandante en este se podrá observar que este no  indicó que viviera con Aira Ruth.  

  

Cargo  74°: Carmelo Antonio Herrera Oquendo/error de hecho  

  

La  violación del artículo 2356 ocurrió de manera  indirecta como consecuencia de haber apreciado defectuosamente los  certificados de registro civil de nacimiento de Carmelo Antonio  Herrera Oquendo, de defunción de Ana Rubiela Oquendo Hernández  y el registro civil de nacimiento de Beatriz Elena Oquendo Hernández,  dando como consecuencia que el Tribunal diera por probado que Ana  Rubiela y Carmelo Antonio sufrieron un daño moral.  

  

En  punto del daño moral  hereditario indica que el acta  de levantamiento del cadáver  de Ana Rubiela Oquendo sólo demuestra la causa y las  circunstancias de su muerte mas no la existencia y magnitud de los  sufrimientos o dolores por ella padecidos; en cuanto concierne al  vínculo de parentesco ninguno de los certificados y registros  dan cuenta del número de  identificación que  permita ver certeza sobre la identidad de la persona a la que ellos  se refieren.  

  

  

Menciona  que para demostrar la intensidad del daño moral el Tribunal se  fundamentó en “informe  psicológico” de  Carmelo de Jesús Herrera Palacio, padre del demandante, lo  cual es impertinente porque el daño tiene un carácter  personal.  

  

En  lo tocante al daño a la vida  de relación el Tribunal se  valió de la boleta de salida  de la fundación hospitalaria San Vicente de Paul,  documento que no determina la existencia y de la perturbación  funcional producto de las quemaduras ni la existencia de dificultades  por tal razón.  

  

En  lo tocante al lucro cesante  agrega que el error del Tribunal consistió en entender probada  la actividad económica con base en el testimonio  de Damaris Estela Castañeda  Vélez quien expresó que Ana Rubiela Oquendo Hernández  al momento del atentado era ama de casa sin que se evidencie que  percibiese algún ingreso por esa actividad por lo que es  contrario a la lógica entender probada la dependencia  económica de Carmelo Antonio Herrera Oquendo, ya que no había  ningún ingreso del que pudiera depender.  

  

Cargo  76°: Carmelo de Jesús Herrera Palacio/error de hecho  

La  violación normativa en que se basa este cargo ocurrió  como consecuencia de la defectuosa apreciación que el Tribunal  hizo de los certificados de registro civil de nacimiento de Carmelo  Antonio Herrera Oquendo, de defunción de Ana Rubiela Oquendo  Hernández, con los cuales tuvo por demostrado el daño  moral supuestamente parecido por Ana Rubiela Oquendo Hernández.  Manifiesta la censura que ninguno de los certificados aparece mención  alguna sobre el número de  identificación de las  personas a las que se refieren dichos certificados; que el acta de  levantamiento del cadáver de Ana Rubiela Oquendo Hernández  sólo demuestra la causa la circunstancia es un muerte mas no  su padecimiento.  

  

Cargo  78°: Berta Helena Oquendo Hernández/error de hecho  

Dice  la censura que como consecuencia de la apreciación equivocada  de los certificados de registro civil de nacimiento de Berta Helena  Oquendo Hernández y de defunción de Ana Rubiela Oquendo  Hernández el Tribunal dio por probado que Berta Helena Oquendo  Hernández era hermana de la Rubiela, sin advertir que en  ninguno de dichos certificados hay mención alguna a documento  de identidad que permita tener  certeza sobre la identidad de las personas allí referenciadas.  

  

Cargo  80°: Robertina Oquendo Hernández/error de hecho  

En  este cargo se le atribuye al Tribunal error de hecho en la  apreciación de los certificados de registro civil de  nacimiento de Robertina Oquendo Hernández y de defunción  de Ana Rubiela Oquendo Hernández, con base en los cuales el  Tribunal dio por probado sin estarlo que Robertina era hermana de Ana  Rubiela y por consiguiente había sufrido un daño moral,  condenando por tal concepto ha OCENSA. Repite que ninguno de los  certificados hace mención alguna al documento  de identidad de las personas a  las que ellos se refieren.  

  

Cargo  82°: Isabelina Palacio de Herrera/error de hecho  

  

La  infracción normativa ocurrió, para el casacionista,  como consecuencia de error de hecho del Tribunal en la apreciación  de los certificados de registro civil de nacimiento de Luis Ángel  lotero Herrera y de defunción de José Gilberto Herrera  Palacio, dando por probado el daño moral de isabelina por la  muerte de Luis Ángel lotero y José Gilberto Herrera  Palacio, sin advertir que en dichos certificados no se hace mención  alguna al número de  identificación que  permitiese tener certeza sobre la persona a que se refieren.  

  

Cargo  85°: Yulieth Andrea Palacio de Herrera/error de hecho  

  

Para  la censura, el Tribunal cometió yerro de facto en la  apreciación de los certificados de registro civil de  nacimiento de Luis Ángel Lotero y de defunción de José  Gilberto Herrera Palacio dando por acreditado el daño moral  sufrido por Isabelina Palacio de Herrera al entender que Luis Ángel  Lotero y José Heriberto Herrera eran nietos de aquella. Pero  no advirtió el Tribunal que ninguno de dichos certificados  hace mención alguna al número  de identificación de la  persona a la que se refieren.  

  

Cargo  86°: Bibiana Patricia Valencia Perea/error de hecho  

  

La  infracción el artículo 2356 del Código Civil  devino como consecuencia de error de hecho en la apreciación  del “informe psicológico”  y el reconocimiento clínico  realizado a Bibiana Valencia Perea, con lo cual el Tribunal entendió  que esta había sufrido un daño moral, condenando por  tal rubro ha OCENSA.  

  

Indica  que en cuanto al informe psicológico este versa sobre las  consecuencias psicológicas a nivel general pero no sobre las  consecuencias individuales de las quemaduras. Y en cuanto al daño  a la vida de relación, en donde debe quedar acreditada la  perturbación funcional, el Tribunal se valió del  reconocimiento clínico realizado a bien a Valencia Perea, en  el cual nada se dice sobre el particular.  

  

Cargo  87: Orfelina Perea Mosquera/error de hecho  

  

Para  la censura, el dislate fáctico cometido por el Tribunal recayó  en el certificado de registro civil de nacimiento de Bibiana Patricia  Perea, con el cual halló demostrado el carácter de hija  de Orfelina Perea Mosquera y de allí, el sufrimiento por daño  moral que supuestamente padeció ésta; pero tal  inferencia fue el producto de valorar erróneamente esa prueba  al no percatarse de que en la misma no figura la identidad  clara de la persona a la que se  refiere certificado pues está ausente el número  de su identificación. Por  lo demás en el informe  psicológico sólo  se plasman las consecuencias sicológicas a nivel general pero  no las individuales derivadas de las quemaduras.  

  

Cargo  89°: Eddy Adrián González Valdez/error de hecho  

  

El  precepto 2356 del Código Civil fue indirectamente violado por  el Tribunal como consecuencia de haber apreciado erróneamente  el interrogatorio  de parte de Eddy Adrián González Valdez, los  testimonios  de Vladimir Moreno Viveros, Martín Alfonso Patiño  Jaramillo, el reconocimiento médico a Eddy Adrián  González Valdez, el “informe  psicológico”, todo  lo cual llevó al Tribunal a dejar acreditado sin estarlo que  María Lucelly Valdés realizaba una actividad económica,  que devengaba el salario mínimo, que Eddy Adrián  González era dependiente económico de María  Lucelly Valdés, y que aquél sufrió un daño  moral y un daño a la vida de relación.  

  

No  tuvo en cuenta el Tribunal que los certificados carecen del número  de identificación que  permita tener certeza sobre la identidad de las personas allí  referenciadas; que el reconocimiento  clínico aludido  no determina la existencia de la perturbación funcional de la  existencia de dificultades o limitaciones producto de las quemaduras;  que Vladimir Moreno, en su testimonio sólo indicó que  María Lucelly Valdés trabajaba en minería y era  ama de casa, sin manifestar como lo exige el ordenamiento jurídico  la razón de la ciencia de su dicho, con las circunstancias de  modo, tiempo y lugar que rodearon cada hecho, por lo cual no se puede  deducir con certeza que la occisa se dedicaba a alguna actividad  económica como la minería, dada la ausencia de  fundamento, a lo que se suma el desconocimiento de Martin Alfonso  Patiño Jaramillo sobre María Lucelly. Aun así,  de dársele valor a esos testimonios ellos no son prueba  suficiente de la actividad económica de la minería,  dado que no se inscribió en la Alcaldía, no se  aportaron certificación de cotizaciones el sistema de  seguridad social y están ausentes declaraciones tributarias  que brinden luz sobre el particular.  

  

En  cuanto al interrogatorio de parte de Eddy Adrián, dice él  que para la época del atentado se dedicaba a estudiar y  trabajar indicando que barequeaba; por su parte, Miriam Madrid dijo  que éste dependía económicamente del papá,  de todo lo cual se puede deducir que Eddy Adrián no dependía  de su madre porque al trabajar como barequero y depender su padre no  dependía de María Lucelly.  

  

Cargo  90°: Miguel Ángel González Llano/error de hecho  

  

Arguye  la censura que el Tribunal incurrió en error de hecho en la  apreciación del certificado de registro civil de nacimiento de  Edy Adrián González Valdez, con el cual tuvo por  demostrado que es hijo de Miguel Angel González Llano y de  esta forma, condenó a OCENSA en favor de este al pago del daño  moral causado por las lesiones ocasionadas a Eddy Adrián  González, sin tomar en consideración que el mencionado  certificado no contiene algún documento  de identidad que  permita tener certeza de la persona allí referenciada.  

  

Cargo  92°: Yuli Johana González Valdés/error de hecho  

  

Para  la censura, el Tribunal incurrió en error de hecho al apreciar  los testimonios  de Vladimir Moreno Viveros, Martin Alfonso Patiño Jaramillo  así como el certificado de defunción de María  Lucelly Valdés Viana, de los cuales equivocadamente dedujo que  María Lucelly realizaba una actividad económica, que  devengaba el salario mínimo, que Yuli Johana era dependiente  de ella y que además sufrió un daño moral  condenando a OCENSA por daños morales por las quemaduras  sufridas, por daño a la vida relación y por lucro  cesante.  

  

Frente  al daño moral,  indica la impugnación que el Tribunal se fundamentó en  el certificado de defunción pero en él no figura el  número de identificación  que permita concluir con certeza la identidad de los allí  mencionados. Para tener por acreditado el parentesco entre Yuli con  Johana y María Lucelly Valdés acudió al  certificado de registro civil de nacimiento de la primera en donde  tampoco figura mención alguna a un documento  de identidad que dé certeza  sobre la persona a la que se refiere el mismo, lo que tampoco  advirtió con los certificados restantes.  

  

  

Indica  además que Vladimir Viveros manifestó que tanto Eddy  como Yuli Johana estudiaban y trabajaban barequeando mientras que  Martin Alfonso Patiño Jaramillo sólo manifestó  conocerlos pero no expresó nada respecto a qué se  dedicaban.  

  

Cargo  94: Edwin Orlando Monsalve guarín/error de hecho  

  

En  ese cargo se acusa la sentencia de violar indirectamente el artículo  2356 del código civil como consecuencia de haber apreciado  defectuosamente el Tribunal el certificado de registro civil de  nacimiento de Edwin Orlando Monsalve Guarín y de esta forma  tener por demostrado que es hermano de Nilson Alonso Monsalve Guarín,  condenando a OCENSA a pagar a título de reparación del  daño moral causado por las muertes de Nilson Alfonso, sin  advertir que en el certificado no figura el número  de identificación que  brinde certeza acerca de la identidad del allí relacionado.  

  

Cargo  96°: Lina María Solano Henao/error de hecho  

  

En  este cargo se acusa la sentencia del Tribunal de violación del  mismo precepto como consecuencia de error de hecho en el  interrogatorio de  parte de Edy Adrián González Valdez, el cual no  apreció, así como de la equivocada apreciación  de los testimonios  de Martin Alfonso Patiño Jaramillo, el reconocimiento  médico a Eddy Adrián  González Valdez y el “informe  psicológico”. Tales  dislates condujeron el Tribunal a tener por demostrado que María  Lucelly Valdés realizaba una actividad económica, que  devengaba el salario mínimo, que Edy Adrián era  dependiente económico de María Lucelly Valdés,  que sufrió daño moral y  a la vida de relación.  

  

Manifestó  la recurrente que no tuvo en cuenta el Tribunal que el informe  psicológico elaborado por Ana Milena Correa Serrano no fue  reconocido por ella pues no acudió cuando se le citó  para tal menester. Asimismo dio por acreditado el parentesco de Lina  María Solano con Adán Henao Galeano y Luis Ángel  Solano Romero sin prueba alguna que así lo demostrara.  

  

En  cuanto al lucro cesante  el Tribunal se basó en el testimonio de Vladimir Moreno  Viveros. Asimismo, en el de Martin Alonso Patiño Jaramillo  quien solamente expresó que Ana Rubiela Oquendo Hernández  era ama de casa, sin que se evidencie que percibiera algún  ingreso por esa actividad.  

  

Cargo  97°: Pedro Adán Henao Galeano/error de hecho  

  

El  Tribunal apreció defectuosamente los certificados de registro  civil de nacimiento de Pedro Adán Henao Galeano y Ana  Concepción Henao Galeano, con los cuales tuvo por demostrado  que el primero es hermano de la segunda y por esa vía, condenó  a OCENSA a pagar daños extrapatrimoniales  

  

Indica  que para tener por demostrado el parentesco entre el reclamante y Ana  Concepción Henao Galeano, el Tribunal se fundamentó en  los certificados de registro civil de nacimiento allegados pero en  ellos no figura el número  de identificación que  permita tener certeza sobre la existencia e identidad de un familiar  en común.  

  

Cargo  99°: John Jairo Luna Longa/error de hecho  

  

En  este cargo se acusa la sentencia de violación indirecta del  artículo 2356 del Código Civil como consecuencia de  error de hecho en la apreciación defectuosa de los  certificados de registro civil de defunción de Jefferson Luna  Mosquera, John Daruin Luna Mosquera y de nacimiento de John Darwin  Luna Mosquera, con los cuales tuvo por demostrado que éste  sufrió un daño moral, que Jefferson Luna Mosquera  sufrió un daño moral, que existe un vínculo de  parentesco entre John Jairo Luna Longa y John Darwin Luna Mosquera.  Por esa vía, condenó a OCENSA a pagar a John Jairo Luna  Longa por el daño moral sufrido por la muerte de Jefferson  Luna Mosquera, por la muerte de Darwin Luna Mosquera, por las  quemaduras sufridas por Fanny Mosquera, por las quemaduras del  demandante, por daño la vida relación y por lucro  cesante por las quemaduras sufridas.  

  

En  relación con el daño  moral hereditario el Tribunal se  basó en los certificados de defunción que no mencionan  el número de identificación  y no permite tener certeza de la identidad de los allí  mencionados.  

  

En  relación con el daño  moral propio, arguye la censura que  también se basó el Tribunal en los certificados  mencionados que no contienen referencia a ningún número  de identificación y por  consiguiente no permiten la certeza acerca de la identidad de los  allí relacionados.  

  

En  cuanto al daño a la vida de  relación, la impugnación  indica que “el demandado” no acreditó la  realización de actividades que le reportaran rendimiento,  previas a la ocurrencia del atentado y como después de este le  surgieron limitaciones u dificultades para su realización.  

  

En  relación con el lucro cesante,  expresa que para dar por probada la actividad económica de  John Jairo Luna Longa el Tribunal se basó en el testimonio  de Vladimir Viveros quien manifestó que aquél ejercía  la actividad de bareque, sin expresar la razón y la ciencia de  su dicho. Además Freddy Luna no es el reclamante sino John  Jairo Luna Longa por lo que no hay prueba alguna de la actividad  económica del reclamante, sin que figuren además otras  evidencias como la cotización al sistema de seguridad social,  declaraciones tributarias, inscripción en la alcaldía.  

  

Cargo  101°: Luz Dary Tilano/error de hecho  

  

Como  consecuencia de la defectuosa apreciación del certificado de  registro civil de nacimiento de Breiner Alexis García Aguirre  y del reconocimiento médico  a este realizado, dio por acreditado el Tribunal que la demandante  sufrió un daño moral y un daño a la vida de  relación, condenando a OCENSA a pagarle por el daño  moral causado por las quemaduras sufridas por ella y por Joan  Sebastian Méndez y por el daño a la vida de relación  en razón de las quemaduras.  

  

En  cuanto al daño moral,  manifiesta la censura que el Tribunal se basó en el “informe  psicológico”, que  versa sobre las consecuencias que a nivel general tuvieron los hechos  pero no sobre las consecuencias individuales de las quemaduras como  tales.  

  

En  lo referente al daño a la vida  de relación la corporación  ad quem  se valió del reconocimiento clínico, pero ese documento  según la censura no determina la perturbación funcional  producto de las quemaduras, ni la existencia de dificultades o  limitaciones producto de ellas.  

  

Cargo  102°: Eliecer Mauricio Méndez Tilano/error de hecho  

  

La  violación del artículo 2356 del Código Civil fue  para la censura producto de error de hecho al suponer demostrado que  el reclamante sufrió un daño moral, para pasar así  a condenar a OCENSA a pagarle por ese concepto a raíz de las  quemaduras sufridas por Luz Dary Tilano y Johan Sebastian Méndez  Tilano.  

  

Cargo  103°: Johan Sebastian Méndez Tilano/error de hecho  

  

  

En  cuanto concierne al daño  moral, OCENSA manifiesta que no  hay prueba que demuestre la  existencia y magnitud del daño moral reclamado.  

  

En  lo tocante al daño a la vida  de relación, manifiesta que  el reconocimiento médico con el cual se basó el  Tribunal no determina la existencia de perturbación alguna ni  de dificultades por razón de las quemaduras.  

  

Cargo  105°: Fanny Mosquera Mosquera/error de hecho  

  

La  violación normativa fue el producto de error de hecho en la  apreciación del registro civil de defunción de  Jefferson Luna Mosquera, del certificado de registro civil de  defunción de John Daruin Luna Mosquera y del reconocimiento  médico Luz Dary Tilano, con los cuales tuvo el Tribunal  equivocadamente por demostrado que John Darwin y Jefferson Luna  Mosquera sufrieron un daño moral y que Fanny Mosquera Mosquera  sufrió un daño a la vida de relación.  

  

En  relación con el daño  moral hereditario dice que el  Tribunal tuvo por demostrado el parentesco entre Jefferson Luna  Mosquera y John Jairo Luna Longa con el certificado de registro civil  de nacimiento, documento que no contiene el número  de identificación que  permita tener con certeza acreditada la identidad del allí  relacionados.  

  

En  cuanto concierne al daño moral  propio, el Tribunal se basó  en los certificados anotados que no contienen ningún número  de identificación.  

  

Sobre  el daño a la vida de relación  anota que el reconocimiento  médico no determina la  existencia de perturbación funcional ni  de dificultades o limitaciones producto de las quemaduras.  

  

Cargo  106°: Luz Mariela Mosquera Mosquera/error de hecho  

  

Fue  la apreciación defectuosa del certificado de registro civil de  nacimiento de Deiler Ayala como el Tribunal cometió el error  de hecho de que se le acusa, al tener por acreditado el parentesco  para condenar a OCENSA en favor de Luz Mariela  por las quemaduras  sufridas por Deiler Ayala. El deslate consistió en no advertir  el Tribunal que dicho certificado no contiene mención alguna a  un número de documento de  identificación que dé  certeza de la persona allí referenciada.  

  

Cargo  108°: Aura Elisa Longa Mena/error de hecho  

  

La  violación indirecta del artículo 2356 del código  civil fue el producto de errores de hecho cometidos por el Tribunal  en la apreciación del registro civil de defunción de  Jefferson Luna Mosquera y del certificado de registro civil de  defunción de John Darin Luna Mosquera con los cuales tuvo por  demostrado que Aura Elisa Longa Mena sufrió un daño  moral, condenando a OCENSA a pagarle por tal concepto derivado de la  muerte de John Darwin y Jefferson, sin percatarse  de que tales  certificados no contienen el número  de identificación que  tiene certeza acerca de la identidad de la persona allí  referenciada .  

  

Cargo  109°: Deiler Ayala/error de hecho  

  

El  error de hecho recayó en la apreciación del “informe  psicológico” y en  el “seguimiento en la Fundación Universitaria San  Vicente de Paul”, con los cuales tuvo por demostrado el  Tribunal que Deiller Ayala sufrió un daño moral y un  daño a la vida de relación, indicando respecto del  primero que no había elemento demostrativo que permitiese  inferir tal perjuicio. Y en cuanto hace al daño a la vida de  relación, indica que el Tribunal se valió del  seguimiento clínico,  documento que no determina la  existencia una perturbación funcional  ni de dificultades o limitaciones producto de quemaduras.  

  

Cargo  111°: María Cecilia Mosquera/error de hecho  

  

La  violación indirecta del artículo 2356 del código  civil fue para OCENSA el producto de errores de hecho cometidos por  el Tribunal en la apreciación de los registros civiles de  defunción y nacimiento de Leidy Johana Sánchez y de  Jonathan Alexis David Mosquera, con los cuales tuvo por demostrado  que Leidy Johana es hija de María Cecilia Mosquera, que  aquella  y esta sufrieron un daño moral, que Jonathan Alexis  es hijo de María Cecilia Mosquera y que también sufrió  un perjuicio moral. Tales pruebas no demuestran la existencia y la  magnitud del daño reconocido por el Tribunal pues solamente  dan cuenta del deceso a más de que no contienen el número  de identificación que  permita concluir con certeza la identidad de los allí  mencionados.  

  

En  relación con el daño a  la vida de relación,  manifiesta el casacionista que el Tribunal se basó en el  reconocimiento clínico  realizado a María Cecilia Mosquera que aun cuando demuestra la  existencia de una lesión y la perturbación funcional  consiguiente, no permite determinar si se siguieron consecuencias  negativas en su vida en razón de dicha perturbación.  

  

Cargo  113°: Ángel de Jesús David García/error de  hecho  

  

La  violación indirecta del artículo 2356 del código  civil fue, para la censura, producto de error de en la apreciación  de los registros civiles de nacimiento y de defunción de  Jonathan Alexis David Mosquera, con los cuales tuvo el Tribunal por  demostrado que Jonathan Alexis y Ángel de Jesús David  Mosquera padecieron un perjuicio moral, que el primero es hijo de  María Cecilia Mosquera (sic), condenando a OCENSA a pagarles  tal rubro por razón de la defunción de Ángel de  Jesús David García (sic, página 557 de la  demanda).  

  

En  cuanto hace al daño  moral hereditario  se censura al Tribunal no haber advertido que los certificados  carecían del número  de identificación  de la persona a la que se referían, en detrimento de la  certeza de la identidad de la misma. Lo mismo respecto del daño  moral propio  

  

  

Cargo  114°: Yolanda Hernández Valero/error de hecho  

  

En  relación con el daño  moral, sólo indica la censura  que hubo una errónea interpretación de las pruebas y  que de haberse valorado correctamente no hubiera encontrado  acreditado el vínculo alegado, ni la certeza, ni la intensidad  del perjuicio reclamado.  

  

En lo que  hace al lucro cesante,  manifiesta que el Tribunal se valió del testimonio  de Myriam Madrid que tuvo por suficiente para acreditar la actividad  económica por parte de Arturo Manuel Hernández, sin más  evidencias, como la inscripción ante la alcaldía de que  trata el decreto 2655 de 1988, certificaciones de cotización  al sistema de Seguridad Social, recibos, declaraciones tributarias.  

  

Cargo  116°: María Felisa Moreno Caicedo/error de hecho  

Los  errores de hecho que se le atribuyen al Tribunal se focalizan en el  certificado de registro civil de defunción de Víctor  Manuel Murillo Caicedo y el “informe  psicológico”,  que le condujerom a condenar a OCENSA en favor de María Felisa  por supuesto daño moral causado por la muerte de Víctor  Manuel Murillo.  

  

En  relación con el certificado de registro civil, achaca al  Tribunal no haber advertido que en el mismo no  se menciona el sexo  de la  persona allí referenciada ni se hace mención alguna a  su número  de identificación  

  

En  cuanto a la existencia e intensidad del daño moral  supuestamente sufrido por María Felisa Moreno, el Tribunal se  basó en el “informe psicológico”, el cual  relata la totalidad los efectos supuestamente sufridos por el  demandante con ocasión del atentado terrorista pero que, dice  la censura, no puede emplearse para establecer la existencia e  intensidad del daño porque cada uno de estos daños debe  ser apreciado de manera individual. Lo anterior, sin perjuicio de  ineptitud probatoria del documento por cuanto no hay certeza de sus  fundamentos ni de la imparcialidad de su autor.  

  

Cargo  118°: Yerminton Alfonso Murillo Londoño/error de hecho  

  

Para  la censura, los certificados de registro civil de defunción de  Víctor Manuel Murillo Moreno y de nacimiento de Yerminton  Alfonso Murillo Londoño, con los cuales tuvo por demostrado el  Tribunal que este es hijo de Víctor Manuel Murillo Moreno, no   mencionan el número  de identificación  que permitiese concluir con certeza la identidad de los allí  mencionados, razón por la cual cometió la corporación  error de hecho en su apreciación, condenando a OCENSA al pago  de daño moral propio Yerminton Alfonso Murillo Londoño.  

  

En  relación con el lucro cesante, rubro con el cual también  condenó a la resistente en favor de este demandante,  manifiesta que el Tribunal se basó en el testimonio  de Ensa Carmen Hurtado, prueba insuficiente para acreditar la  realización de actividades económicas como la minería,  lo a la ausencia de otras evidencias como certificados tributarios,  de seguridad social o de inscripción en la alcaldía.  

  

Cargo  120°: Kelly Yohana Alfonso Murillo Londoño/error de hecho  

  

Las  pruebas defectuosamente apreciadas por el Tribunal, en este cargo,  son el certificado de registro civil de defunción de Víctor  Manuel Murillo Moreno, el de nacimiento de Kelly Yohana Murillo  Londoño y el testimonio de Ensa Carmen Hurtado, con los cuales  condenó a OCENSA a pagar en favor de la demandante el supuesto  daño moral propio padecido y el lucro cesante, sin advertir  que el certificado de defunción de Víctor Manuel no  menciona el sexo  y el de  nacimiento de Kelly Johana no menciona el número  de identificación.  

  

En  relación con el daño  moral hereditario  el Tribunal se basó también en el registro civil de  nacimiento de Kelly Johana que, como ya se dijo, no menciona el  número  de identificación.  

  

En  cuanto hace al lucro  cesante,  manifiesta la censura que el Tribunal lo tuvo por acreditado a partir  del testimonio  de Ensa Carmen hurtado, medio probatorio que no es suficiente para  acreditar la realización de una actividad económica  como la minería, ante la ausencia de otras evidencias tales  como la inscripción en la alcaldía, certificaciones de  cotización el sistema de Seguridad Social o declaraciones  tributarias.  

  

Cargo  121°: Luis Seferino Murillo Gutiérrez/error de hecho  

  

Como  consecuencia de una equivocada apreciación del certificado de  registro civil de defunción de Francisco Javier Murillo Moreno  el Tribunal dio por probado que Luis Ceferino Murillo Gutiérrez  sufrió un perjuicio moral, condenando a la empresa demandada a  pagarle por el daño moral propio a raíz de la muerte de  Francisco Javier Murillo Moreno, por cuanto el Tribunal dio por  demostrados sin estarlo tanto la existencia como la intensidad del  daño moral, ya que no  hay prueba  en el expediente que lo acredite, sin perjuicio de tener presente que  si bien con el vínculo de parentesco se presume la existencia  del daño moral, no pasa lo mismo con la intensidad del mismo  que debe ser demostrada  

  

Cargo  122°: Cecilia García Monsalve/error de hecho  

  

Al  apreciar equivocadamente los certificados de registro civil de  nacimiento de Cecilia García Monsalve y de defunción de  Jesús Emilio García Cadavid, tuvo el Tribunal por  demostrado que Jesús Emilio y Cecilia García Monsalve  habían sufrido un daño moral y que ésta es hija  de Jesús Emilio y  de Elsy de Jesús Monsalve. De esta  forma, condenó a OCENSA a pagarle Cecilia García por  los daños morales sufridos por la muerte de Jesús  Emilio García Cadavid y por los daños morales por las  quemaduras de Elsy de Jesús.  

  

En  relación con el daño  moral hereditario  se valió el Tribunal del registro civil de defunción de  Jesús Emilio García en el cual no  se especifica la existencia ni la intensidad de algún dolor  o daño moral que hubiera podido ser transmitido, a más  de que el registro civil de nacimiento de Cecilia García  Monsalve no da claridad sobre el sexo  y tampoco menciona el número  de identificación  que  permitiese concluir con certeza la identidad.  

  

Cuanto  hace al daño  moral propio,  dice la censura que el Tribunal lo dejó acreditado con la  copia del registro civil de nacimiento de Schiller García que,  “le falta claridad sobre el sexo” y no menciona su número  de identificación.  Además se valió del informe  psicológico  elaborado por Ana Milena Correa quien habiendo sido citada no  compareció para reconocerlo lo que implica que el juez no  podía estimarlo; pero aún así, debe tenerse en  cuenta que en él se menciona que Cecilia no presenta síntomas  significativos de depresión ni de estrés postraumático.  

  

Cargo  124°: Jesús Emilio García Monsalve/error de hecho  

  

El  error de hecho cometido por el Tribunal, en este cargo, recae en la  apreciación del certificado de registro civil de nacimiento de  Jesús Emilio García Monsalve, el de Breiner Alexis  García Aguirre y el de defunción de Jesús Emilio  García Cadavid, con los cuales tuvo por demostrado que Jesús  Emilio García Monsalve es hijo de Jesús Emilio García  Cadavid y de Elsy de Jesús Monsalve Mejía, condenando a  OCENSA a pagarle al demandante por los daños morales sufridos  por la muerte de Jesús Emilio darse Cadavid, por las  quemaduras de Elsy de Jesús y por daños morales por las  quemaduras de Breiner Alexis García Aguirre. No reparó  el Tribunal en que el certificado de registro civil de nacimiento de  Jesús Emilio García no menciona número  de identificación,  el de Breiner Alexis García no menciona el sexo  de la  persona allí referenciada ni el número de  identificación que permita establecer la identidad  

  

Cargo  126°: Fernelli García Monsalve es/error de hecho  

  

  

Para  la demostración del daño moral producido por las  quemaduras sufridas se basó el Tribunal en el “informe  psicológico”  que se refiere de modo general a las consecuencias sicológicas  significativas que a nivel general tuvieron los hechos del 18 de  octubre de 1998, más no a las consecuencias de las quemaduras.  

  

Cargo  128°: Breiner Alexis García/error de hecho  

  

Para  la censura, la defectuosa apreciación del certificado de  registro civil de nacimiento de Breiner Alexis García Aguirre  y del reconocimiento  médico  realizado al demandante mencionado, condujo al Tribunal a hallar  demostrado un daño a la vida de relación, condenando a  OCENSA a pagarle a título de reparación por daño  moral por la muerte de Jesús Emilio García, por el daño  moral causado por las quemaduras sufridas y por el daño a la  vida de relación.  

  

En  relación con el daño  moral propio  el Tribunal se basó en el “informe  psicológico”  que sólo a nivel general trata de las consecuencias  sicológicas significativas que tuvieron los hechos divisorio  de octubre como mas no sobre las consecuencias de las quemaduras.  

  

Respecto  del daño  moral hereditario,  dice que se basó en el certificado de registro civil de  nacimiento de Breiner en el que se omite mención alguna al  sexo  ni se  indica el número  de identificación.  

  

Sobre  el daño a la vida de relación el Tribunal se basó  en el reconocimiento clínico que no determina la existencia de  perturbación funcional ni de dificultades o limitaciones  producto de las quemaduras.  

  

Cargo  130°: Elsy de Jesús Monsalve Mejía/error de hecho  

  

La  violación normativa en este caso fue el producto de la  apreciación defectuosa del reconocimiento  médico  realizado a la demandante con lo cual tuvo por demostrado el Tribunal  el daño a la vida de relación, siendo que dicho  documento no determina la ocurrencia de una perturbación  funcional ni de dificultades o limitaciones producto de las  quemaduras.  

  

Cargo  132°: Hada Disney Aguirre Bedoya/error de hecho  

  

La  violación indirecta de la norma tantas veces mencionada fue el  producto de la defectuosa apreciación del certificado de  registro civil de nacimiento de Breiner Alexis García Aguirre,  y de esta forma tuvo el Tribunal por demostrado que este es hijo de  Hada Disney Aguirre bedoya, condenando a OCENSA a pagar al demandante  por las quemaduras sufridas por Breiner Alexis García Aguirre.  Pero no tuvo en cuenta el Tribunal que el certificado no cumple con  los requisitos establecidos en la ley pues omite el sexo  de la  persona allí referenciada ni tampoco ofrece el número  de identificación  que priva establecer con claridad su identidad.  

  

Cargo  134°: Flor Alba Fernández Cano/error de hecho  

  

La  transgresión indirecta al artículo 2356 del código  civil la cometió el Tribunal, según la censura, como  efecto de la defectuosa apreciación de los certificados de  registro civil de nacimiento y defunción de John Fredy Cardona  Hernández, a partir de los cuales condenó a OCENSA a  pagar a Flor Alba Fernández Cano por el daño moral  propio por la muerte de John Fredy Cardona, sin percatarse de que el  certificado de registro civil de nacimiento no menciona el  sexo  y por ende  no cumple con los requisitos legales, como tampoco contiene el número  de identificación.  

  

Cargo  136°: Nazly Yomara Cardona Madrigal/error de hecho  

  

Para  el impugnante el Tribunal cometió error de hecho en la  apreciación de los certificados de registro civil de  nacimiento de Nazly Yomara Cardona Madrigal y de defunción de  John Fredy Cardona Fernández, con los cuales halló  acreditado que la primera es hija del segundo, y que por ende sufrió  un perjuicio moral, condenando a OCENSA a pagarle a título de  daño moral propio por la muerte de John Fredy así como  por el lucro cesante, sin advertir que en el registro civil de  nacimiento de Nazly no  se mencionan los apellidos de los progenitores ni  a algún número de identificación  que permita tener certeza sobre su identidad.  

  

En  lo que se refiere al lucro  cesante  manifiesta la censura que el Tribunal se basan testimonios-que  no menciona- y que, dice la censura, no son prueba suficiente para  acreditar la realización de la actividad económica como  la minería o arriería, por falta de otras evidencias  

  

Cargo  138°: Fanny de Jesús Sandoval Ortiz/error de hecho  

  

En  este cargo se acusa la sentencia de haber violado el Tribunal el  artículo 2356 del Código Civil como consecuencia de  error de hecho en la apreciación de los certificados de  registro civil de nacimiento de Yensy Tatiana Restrepo Sandoval,  Lucelly Restrepo Sandoval, Alberto Navarro, Yeny Paola Navarro  Sandoval, Froilán de Jesús Sandoval Ortiz, el de  defunción de Froilán de Jesús Sandoval Ortiz y  el “informe  psicológico”,   documentos con los cuales tuvo por demostrado que Fanny de Jesús  Sandoval Ortiz sufrió un perjuicio moral, es la madre de  Froilán, Yensy Tatiana, Lucelly, Carlos Alberto y Yenni Paola.  A raíz de esos dislates, condenó a OCENSA a pagar a la  demandante a título de reparación por el daño  moral sufrido por la muerte de Froilán de Jesús  Sandoval, Yensy Tatiana Restrepo Sandoval, Lucelly Restrepo Sandoval,  Carlos Alberto Navarro Sandoval y Yeny Paola Navarro Sandoval.  

  

En  concreto, reprocha del Tribunal no haber advertido que el certificado  de registro civil de defunción de Froilán no cumple con  los requisitos legales pues omite el sexo  de la persona allí referenciada, ni menciona el número  de identificación  lo que no hace posible determinar su identidad; el de Yensy Tatiana  no menciona el sexo incumpliendo un requisito legal ni algún  número  de identificación;  el de Lucelly tampoco. Además, frente al parentesco de Carlos  Alberto Navarro Sandoval y Yeny Paola Navarro Sandoval el Tribunal  manifestó que Fanny de Jesús era su madre, siendo  contrario a lo contenido en los certificados que manifiestan que era  Ruth Janeth.  

  

Además  el Tribunal se basó en el informe psicológico  mencionado, elaborado por Ana Milena Correa quien citada, no  compareció a su reconocimiento  

  

  

Los  errores de hecho en la apreciación de los certificados de  registro civil de nacimiento de Yensy Tatiana Restrepo Sandoval y  Lucelly Restrepo Sandoval, llevaron al Tribunal a condenar a OCENSA  en favor del demandante, a pagarle por el daño moral por la  muerte de Yensy y Lucelly cuando es lo cierto que tales certificados  no cumplen con los requisitos legales porque omiten el sexo  de la persona y referida ni mencionan algún número  de identificación  que brinden certeza sobre la plena identidad.  

  

Cargo  141°: Emiliano Sandoval Díaz/error de hecho  

  

Al  apreciar equivocadamente el certificado de registro civil de  nacimiento de Ruth Janeth Sandoval Ortiz, el Tribunal violó  indirectamente el artículo 2356 del código civil, al  condenar a OCENSA a pagar al demandante a título de daño  moral por la muerte de Ruth Janeth Sandoval, entendiendo que era el  padre de esta, sin percatarse de que dicho certificado de registro  civil de nacimiento no menciona el número  de identificación ni  en sí mismo prueba la existencia e intensidad del daño  padecido.  

  

Cargo  142°: María Virgelina Ortiz Castaño/error de  

  

Por  una apreciación equivocada del Tribunal del registro civil de  nacimiento de Ruth Yaneth Sandoval Ortiz en vista de que no menciona  un número  de identificación  que  acredite la identidad de la persona allí referenciada, término  condenando a OCENSA a pagar en favor de la demandante María  Virgelina los daños morales supuestamente padecidos por ella  por el fallecimiento de Ruth Janeth Sandoval, cometiendo así  error de hecho que le condujo a la violación del artículo  2356 del Código Civil  

  

  

Cargo  144°: Alba Rocío Torres Sandoval/error de hecho  

  

En  este cargo, como consecuencia de una apreciación equivocada de  los certificados de registro civil de nacimiento de Alba Rocío  Torres Sandoval, Yensy Tatiana Restrepo Sandoval, Lucelly Restrepo  Sandoval, Froilán de Jesús Sandoval Ortiz, Alberto  Navarro, Yeny Paola Navarro Sandoval, el de defunción de  Froilán de Jesús Sandoval Ortiz así como el  “informe  psicológico”,  el Tribunal dio por probado, sin estarlo, que Alba Rocío  Torres es hermana de Froilán, Yensy, Lucelly, Alberto y Yenny  Paola y que por ende Fanny sufrió un daño moral a  consecuencia de sus muertes, condenando a OCENSA por tales conceptos  sin advertir que el certificado de registro civil de nacimiento de  Froilán omite toda mención algún número  de identificación,  y que el de Yensy Tatiana y Lucelly, además, no menciona el  sexo.  En cuanto al parentesco de Carlos Alberto Navarro Sandoval con Yenni  Paola Navarro el Tribunal indicó que Fanny de Jesús era  su madre, pero los registros civiles aportados manifiestan que era  Ruth Janeth, demandante con la que no se demostró el  parentesco con el posible familiar en común como lo afirmó  el Tribunal. En fin, esa corporación encontró  acreditadas la existencia e intensidad del perjuicio moral sin obrar  prueba alguna que así lo corrobore.  

  

Cargo  145°: Manuel Salvador Navarro/error de hecho  

  

El  yerro fáctico en la apreciación de los registros  civiles de nacimiento de Alberto Navarro Sandoval y Yenni Paola  Sandoval, con los cuales tuvo por demostrado que Manuel Salvador  Navarro tiene un vínculo con Carlos Alberto Sandoval, que  Yenni Salvador Navarro tienen un vínculo con carácter  Sandoval y, en fin, que Manuel Salvador Navarro sufrió un  perjuicio moral, condenando a OCENSA por el perjuicio indicado a raíz  de la muerte de Ruth Janeth Sandoval.  

  

No  obstante, el certificado de registro civil de nacimiento de Yenni y  Alberto no contiene un número  de identificación  que  permita tener certeza de la identidad de los allí referidos, a  más de que no obra prueba alguna que permita acreditar la  existencia e intensidad del perjuicio sufrido, toda vez que la  presunción se aplica sólo para hijos, padres hermanos y  cónyuge de la víctima  

  

Cargo  146°: Euclides Navarro Benítez/error de hecho  

  

En  el mismo sentido que los anteriores cargos, en este se atribuye al  Tribunal haber apreciado defectuosamente los certificados de registro  civil de nacimiento de Alberto Navarro Sandoval y Yenni Paola  Sandoval, condenando a OCENSA al pago del daño moral por la  muerte de Ruth Janeth Sandoval a Emilio Sandoval (sic, página  671 de la demanda). Manifiesta que los certificados mencionados  omiten cualquier número  de identificación  que permita tener certeza de la identidad de los allí  referidos. l  

  

Cargo  148°: Ana Isabel Cárdenas de Restrepo/error de hecho  

  

En  este cargo se tilda al Tribunal de haber apreciado erróneamente  los certificados de registro civil de nacimiento de Yensy Tatiana y  Lucelly Restrepo Sandoval, a resultas de lo cual dio por probado que  Ana Isabel Cárdenas sufrió un perjuicio moral, que  Fanny de Jesús Sandoval Ortiz es la madre Yensy Tatiana (sic  página 677 de la demanda) y de Lucelly, condenando a OCENSA al  pago en favor de Ana Isabel Cárdenas por el perjuicio moral  sufrido por las muertes de Yensy Tatiana Restrepo Sandoval y Lucelly  Restrepo Sandoval.  

  

Arguye  que para entender probado el daño moral de Froilán de  Jesús Sandoval, el Tribunal se valió del certificado de  defunción en el que no se menciona el sexo  de la  persona allí referenciada (sic, página 678 de la  demanda). Asimismo se valió de los certificados de registro  civil de nacimiento de Yensy Tatiana y Lucelly, documentos que  tampoco cumplen con la mencionada exigencia a más de que no  contienen un número  de identificación  que  permita tener con certeza acreditada la identidad.  

  

Cargo  150°: Ánger Andrés Arango Sánchez/error de  hecho  

Como  consecuencia de la defectuosa apreciación del certificado de  registro civil de nacimiento de Ánger Andrés Arango, el  Tribunal tuvo por probado que es hijo de Jorge Iván Arango y  que éste realizaba una actividad económica, condenando  a OCENSA al pago en favor del actor Anger del daño moral y al  lucro cesante por la muerte de Jorge Iván Arango, con  violación indirecta del artículo 2356 del Código  Civil.  

  

En  cuanto al daño  moral, se  indica que el Tribunal se valió del certificado de registro  civil de defunción, el cual no cumple con el lleno de los  requisitos legales pues no menciona el sexo  de la  referida, a más de que está ausente algún número  de identificación  que dé certeza sobre su identidad. Por lo demás,  similares falencias presenta el certificado de registro civil de  Ánger Andrés Arango.  

  

Sobre  el lucro  cesante,  manifiesta la censura que el Tribunal se valió del testimonio  de Martin Alfonso Patiño, prueba insuficiente dada la ausencia  de otras evidencias.  

  

Cargo  152°: Luz Mery estrada Saavedra/error de hecho  

  

Al  equivocarse en la apreciación de los registros civiles de  nacimiento de Nayiber Asdrúbal Alzate y Edward Esteban Alzate,  cometió el Tribunal error de hecho, pues tuvo por demostrado  que Luz Mery Estrada sufrió un perjuicio moral -tanto por el  óbito de Nayiber como por las quemaduras sufridas por ella- y  un daño a la vida de relación al considerarla madre de  Nayiber y de Edward, todo por no haber advertido que tales  certificados no cumplen con los requisitos de mencionar el sexo  de la persona a la que se refieren ni tampoco mencionan un número  de identificación  que otorgue plena certeza sobre la identidad.  

  

Para  tener por demostrado el daño  a la vida de relación  se valió del reconocimiento  clínico  realizado a Luz Mery Estrada Saavedra en el que se indica que tenía  “alteración adecuada motilidad mano izquierda”,  valoración que no es suficiente para acreditar tal perjuicio,  pues se requiere que a la perturbación funcional se siga una  consecuencia negativa en su vida de relación por surgir  dificultades o impedimentos.  

  

Cargo  154°: Edward Esteban Alzate Estrada/error de hecho  

  

Acá  recae el error del Tribunal, según la censura, en el  certificado de registro civil de nacimiento de Edward Esteban Alzate  y el reconocimiento clínico realizado a este demandante, pues  por esa vía condenó a la empresa demandada a pagar por  el daño moral sufrido a raíz de las quemaduras  padecidas por Luz Mary Estrada y por las infligidas a Eduard además  del daño a la vida de relación.  

  

El  dislate se focaliza en la apreciación del certificado de  registro civil de nacimiento de Edward Esteban Alzate pues no tiene  el lleno de los requisitos legales debido a que se omite la mención  al sexo  del referenciado como tampoco menciona algún número  de identificación.  

  

Para  tener por acreditado el daño  de la vida de relación  el Tribunal acudió al reconocimiento  clínico  realizado al demandante en el que se indica que tiene una retracción  en flexión quinto dedo mano derecha y pierna derecha, lo que  “no es suficiente” pues si bien se acredita la lesión  en la perturbación funcional, ello no permite determinar que  tenga consecuencias negativas, por haber surgido dificultades o  impedimentos en su vida de relación.  

  

  

Como  consecuencia de errores fácticos en los certificados de  registro civil de nacimiento de Edward Esteban Alzate Estrada y de  Luz Mery Estrada Saavedra, el Tribunal violó el artículo  2356 del Código Civil, al condenar a OCENSA al pago del daño  moral causado por las quemaduras sufridas por Luz Mery Estrada y por  el lucro cesante ocasionado por las quemaduras de Edward Esteban. El  cargo no se refiere a las pruebas.  

  

Cargo  156°: Delio de Jesús Cardona Córdoba/error de hecho  

  

Como  consecuencia de errores de hecho, tuvo por acreditado el Tribunal que  Manuel Antonio Cardona López es hijo de Delio de Jesús  Cardona Córdoba y que éste sufrió un perjuicio  moral, a raíz de la defectuosa apreciación del registro  civil de nacimiento del primero, dislate que lo llevó a  condenar a la empresa demandada al pago de daños morales por  la muerte del segundo, sin advertir que el mentado certificado  carecía del número  de identificación de  la persona a la cual se refería.  

  

Cargo  157° (María del Rosario López de Cardona), 158°  (Delio de Jesús Cardona López), 159° (Luis Alfonso  Cardona López), 160° (Francisco Luis Cardona López),  161° (Luis Enrique Cardona López)/error de hecho  

  

Con  estribo en la causal primera de casación, en estos embates se  acusa la sentencia del Tribunal de infracción indirecta del  artículo 2356 del código civil, como consecuencia de  errores de apreciación probatoria dl certificado de registro  civil de nacimiento de Manuel Antonio Cardona López,  del cual  dedujo el Tribunal que éste era hijo de María del  Rosario López de Cardona y hermano de los demás  demandantes, en cuyo favor condenó a OCENSA al pago del  respectivo perjuicio moral por su fallecimiento.  

  

Sostiene  la censura que no advirtió la Corporación que no figura  en el mentado certificado mención alguna a los números  de identificación  que permitan arrojar certeza sobre la identidad de la persona a la  que se refiere.  

  

Cargo  163°: Olga Ester Marulanda Quiroz/error de hecho  

  

Como  consecuencia de la apreciación equivocada de los certificados  de registro civil de nacimiento y defunción de Maivis Johana  Bedoya así como el de nacimiento de Carlos Andrés  Sánchez Bedoya, sostiene la censura que el Tribunal terminó  condenando a OCENSA al pago del perjuicio moral sufrido por Olga  Ester Marulanda Quiroz por la muerte de Maivis Johana Bedoya y de  Carlos Andrés Sánchez Bedoya, que entendió  acreditado con el certificado de registro civil de defunción  de Maivis, que no cumple con los ritos legales pues no menciona el  sexo  de la  persona allí referenciada y además, del no se puede  desprender la certeza y magnitud del perjuicio moral sino solamente  el lugar y la muerte de la persona. Se valió asimismo el  certificado de registro civil de nacimiento de los occisos, no  advirtiendo que en ellos no hay número  de identificación  que permita acreditar plenamente la identidad de las personas allí  referenciadas  

  

Cargo  165°: Martha Gladis Muñoz Restrepo/error de hecho  

  

Por  causa de la comisión de yerros fácticos sobre el  “informe  psicológico”  y del registro civil de nacimiento de Arbey Antonio Gómez  Muñoz, manifiesta la censura que el Tribunal violó  indirectamente el artículo 2356 del código civil, al  condenar a OCENSA a pagar a la demandante por el daño moral  causado por las quemaduras de Arbey Antonio, dando por probado que  éste es hijo de aquella. Deducción a la que llegó  sin tomar en cuenta que el anotado registro civil de nacimiento  carece del número  de identificación  que permita tener certeza de la identidad de esta persona y el  informe psicológico no fue objeto de reconocimiento por parte  de su autora, Ana Milena Correa Serrano, quien, citada para ello, no  compareció.  

  

Cargo  166°: Libardo de Jesús Muñoz Restrepo/ error de  hecho  

  

La  violación del artículo 2356 del código civil fue  el producto de la apreciación equivocada, y de ahí el  error de hecho que se le endilga al Tribunal, del reconocimiento  clínico  realizado por el especialista en cirugía general y del  “informe  psicológico”,  con los cuales tuvo por demostrado el ad quem que Libardo de Jesús  Muñoz Restrepo sufrió un daño a la vida de  relación y un daño moral, sin advertir que el mentado  informe sólo da cuenta de las consecuencias sicológicas  significativas a nivel general que tuvieron los hechos del 18 de  octubre de 1998, más no las consecuencias de las quemaduras  como tales. Como tampoco advirtió que el reconocimiento  clínico no determinó la existencia de una perturbación  función al producto de las quemaduras ni la existencia de  dificultades o limitaciones a consecuencia de ellas.  

  

Cargo  167°: Doris Adriana Muñoz Restrepo/error de hecho  

  

La  violación indirecta normativa en este cargo se atribuye el  Tribunal como consecuencia de error de hecho en la apreciación  del registro civil de nacimiento de Arbey Antonio Gómez Muñoz,  con el cual tuvo por demostrado que era hermano de Doris Adriana  Muñoz Restrepo, en cuyo favor condenó a OCENSA a  pagarle por el daño moral causado a raíz de las  quemaduras de aquel, sin percatarse el ad  quem de  que tal certificado no contiene número  alguno de identificación  que permita tener certeza sobre la identidad del allí  relacionado, ni del familiar en común .  

  

Cargo  168°: Arbey Antonio Gómez Muñoz/error de hecho  

  

El  yerro fáctico en este caso recae en el reconocimiento clínico  realizado por el especialista en cirugía general y en el  “informe  psicológico”,  pues con tales probanzas dio por demostrado el Tribunal que Arbey  Antonio Gómez Muñoz sufrió daños morales  y a la vida de relación.  

  

No  reparó el Tribunal en que el informe psicológico versa  sobre las consecuencias que en ese plano y a nivel general tuvieron  los hechos de esta causa, mas no sobre las consecuencias de las  quemaduras, y que el reconocimiento clínico no determina la  existencia de perturbación funcional producto de quemaduras ni  de dificultades o limitaciones a causa de ellas.  

  

Cargo  169°: Yanibia Andrea Cataño Parra/error de hecho  

  

La  censura critica al Tribunal de haber apreciado equivocadamente el  “informe  psicológico”  y el registro civil de nacimiento de Arbey Antonio Gómez  Muñoz, pues con tales dislates tuvo por probado, sin estarlo,  que Arbey Antonio es hijo de Marta Gladys Muñoz Restrepo y,  por esa vía, condenó a OCENSA al pago en favor de  Yanibia Andrea Cataño por el daño moral causado y por  lucro cesante por la muerte de Francisco Alberto Cataño Henao  (sic,  página 737 de la demanda).  

  

En  relación con el daño  moral,  dice la censura que para tener por probado el vínculo entre  Yanibia Andrea Cataño y Francisco Alberto Cataño, se  valió del registro civil de nacimiento de Yanibia, el cual no  cumple con los requisitos legales pues no contempla el sexo  de la referida además de que no hace mención alguna al  número de identificación por lo que es imposible tener  certeza sobre la identidad del referenciado. Y en lo que hace al  lucro cesante, manifiesta que el ad  quem se  basó en el interrogatorio de parte de Dora Rocío Tapias  y en el testimonio de Mirian Madrid, pruebas que a juicio de la  censura no son suficientes para acreditar la actividad de la minería,  dada la ausencia de otras evidencias  

  

CONSIDERACIONES  

  

1.        Estos  cargos tienen en común reproches que ameritan su despacho  conjunto en la medida en que todos están enfocados en  atribuirle al Tribunal la comisión de yerros fácticos  en la apreciación de las pruebas con base en las cuales halló  acreditado el parentesco del reclamante con la víctima  directa, o de medios de convicción a partir de los cuales  dedujo el daño moral, el daño moral hereditario, el  daño a la vida de relación del reclamante, o el lucro  cesante bien por haberlo sufrido directamente o ya, sobre todo en el  último, por ser un daño de rebote.  

  

A  nivel general puede decirse respecto de todos ellos, que la  apreciación de los elementos fácticos del proceso en  sede casacional es, contra lo que pudiera pensarse -por la notable  cantidad de cargos en las demandas de casación que suelen  aludir a yerros de hecho-, un evento de suyo ciertamente excepcional  si se tiene en cuenta que la sentencia objeto de escrutinio por esta  vía extraordinaria, viene amparada a la Corte Suprema de  Justicia por una especie de presunción de acierto y legalidad,  producto de dos instancias, tanto en el tratamiento de las pruebas  como de la normatividad aplicable al caso.  Por lo demás, ha  sido proverbial el respeto que la Corte Suprema de Justicia ha tenido  y debe tener en la discreta y ponderada autonomía de que el  Tribunal, por razones de su oficio, debe gozar en la apreciación  del caudal probatorio, respeto que, en adición, distingue a la  casación de las instancias que le preceden.  

  

En  lo que hace a la questio  facti, en  sistemas casacionales eclécticos como el colombiano, puede el  tribunal llamado a decidir este recurso extraordinario, entrar a  constatar  errores de hecho del juzgador de instancia y casar  consecuencialmente el fallo, cuando estos transgreden el raciocinio  normal y se convierten en dislates mayúsculos, que desafían  las leyes de la lógica, que son evidentes o que a simple vista  afloran y además inciden de modo decisivo en el sentido de la  decisión impugnada. Son indudablemente los errores de hecho  una forma de introducirse la Corte en el proceso en cuanto tal (tema  decisum), pero lo hace en forma inusual, no solo por razón de  las preindicadas exigencias sino porque solo le es dado seguir  la  precisa senda trazada por el casacionista por cuanto lo suyo es el  control de legalidad del fallo y no de la causa.  

Ha  dicho la Corte que el error de hecho que recae en la apreciación  de las pruebas puede cometerse por el juzgador cuando omite la  prueba, cuando la tergiversa o cuando la supone. Respecto de la  tergiversación o desfiguración del medio caben dos  posibilidades: que el juzgador le agregue contenidos que no se  desprenden de la misma o la cercene de modo tal que con base en tal  mutilación deduzca cuestiones distintas de las que esa  probanza indica con fluidez.  

  

En  adición a lo anterior, ha precisado que riñe con la  técnica del recurso y acusa confusión el cargo que  respecto de una misma prueba desarrolle el embate dirigido a la  demostración del error escogido como cometido por el tribunal,  entremezclando el de derecho con el de hecho, o desarrollando uno con  argumentos propios del otro.  

  

En  ese sentido,  

  

(,,,)  Como es sabido, cuando se acusa la violación de una norma de  derecho sustancial por la vía indirecta, esto es, por haber  incurrido el sentenciador en error de apreciación probatoria,  debe denunciarlo ya como de hecho en orden a verificar que  determinadas pruebas fueron omitidas, adicionadas o cercenadas en su  contenido, lo que se traduce en una distorsión de la misma en  el plano material; o ya como de derecho, que supone la fidelidad con  el contenido objetivo de la prueba, pero se reclama su indebida  estimación por mediar la violación de normas de  disciplina probatoria que atañen con la aportación,  admisión, producción o estimación de la misma.  

  

Unos  y otros, sin embargo, no se pueden confundir ni entremezclar, toda  vez que por su naturaleza son excluyentes respecto de los mismos  medios de prueba; de allí que no resulta idóneo invocar  el de hecho, pero sustentarlo como si fuese de derecho, ni viceversa,  pues se entiende que si el cargo se desvía de ese modo, la  acusación deviene imprecisa y carente de claridad, amén  de que en el fondo carece de una real sustentación (CSJ, SC  del 30 de septiembre de 2002, Rad. n.° 7572; se subraya).  (AC718-2016, de 16 de febrero de 2016, rad. n°  76001-31-10-010-2008-00329-02)  

  

En  otra ocasión este máximo órgano:  

  

«Desde  el punto de vista de la técnica del recurso…, la  demostración de los yerros de apreciación probatoria  por cuya causa puede el sentenciador llegar a transgredir una norma  de índole sustancial (…) asume diferente significación  según sea la clase de error, pues al paso que en el de hecho  la apreciación cumplida por el juzgador debe ser examinada  teniendo como punto de referencia la objetividad del medio  probatorio, en el de derecho la estimación cumplida se ha de  pasar por el tamiz de las normas que disciplinan la actividad  probatoria. Sin embargo, vista la cuestión desde otra  perspectiva, se trata, en ambas clases de error, de llevar a cabo una  labor de confrontación, cuyos pasos deben ser los siguientes:  (…) En el error de hecho debe ponerse de presente, por un  lado, lo que dice, o dejó de decir, la sentencia respecto del  medio probatorio, y, por el otro, el texto concreto del medio, y,  establecido el paralelo, denotar que existe disparidad o divergencia  entrambos y que esa disparidad es evidente. (…) En el error de  derecho -cuyo ineludible punto de partida es la percepción  material u objetiva del medio por parte del sentenciador-, también  es del caso llevar a cabo una comparación entre la sentencia y  el medio, según se ha anticipado, mas en este supuesto lo será  para patentizar que conforme a las reglas propias de la petición,  decreto, práctica o apreciación de las pruebas, el  juicio del sentenciador no podía ser el que…consignó.  En consecuencia, si dijo que la prueba era apta para demostrar el  hecho o acto, debe hacerse notar que no lo era en realidad; o si la  desestimó como idónea, debe puntualizarse que sí  era adecuada. Todo, con sujeción a las susodichas normas  reguladoras de la actividad probatoria…” (Sentencia de 13 de  octubre de 1995, expediente 3986; reiterada en la de 6 de abril de  2011, expediente 54001-3103-004-2004-00206-01) …  

  

“es  un desacierto en la formulación del cargo o cargos confundir  los dos yerros, puesto que a pesar de tener la misma consecuencia, o  sea el quebranto de la ley sustancial, de todos modos presentan  diferencias que les dan entidad propia. En efecto, se da el error de  hecho cuando el fallador equivocadamente cree en la existencia o  inexistencia en el proceso del medio de prueba, o también,  cuando al existente le da una interpretación manifiestamente  contraria a su contenido. Por el contrario el error de derecho  ocurre, cuando existiendo la prueba en el proceso y partiendo el  Juzgador de dicha existencia, no le concede la eficacia probatoria  que le asigna la ley o le niega la que sí le otorga, por  interpretar erradamente las normas que regulan la producción o  ineficacia de la prueba”  (Sentencia 11 de Junio de 1.992, reiterada en sentencia del 25 de  mayo de 2010, exp. 7300131100042004-00556-01).  

  

2.        Aplicadas  las anteriores enseñanzas a los cargos que se examinan, y sin  perjuicio de explicaciones ulteriores que estima la Corte necesario  precisar en ataques concretos, se pasa a examinar los diversos  embates, agrupándolos en cuanto ostenten similares bases  fácticas:  

  

2.1.  Así, en lo que hace al reproche consistente en no advertir el  Tribunal que los certificados, registros y actas de levantamiento de  cadáver no contenían el número  de identificación  de las personas a las que se refieren, realmente envuelve la aducción  de un requisito que el recurrente estima necesario para una adecuada  identificación del sujeto. Lo anterior conduce a entender,  entonces, que ese acusado error -que no es por suposición de  una prueba, ni por tergiversación al cercenarle su contenido o  agregarle otro, ni por omisión de la misma sino que es, según  lo plantea la censura, por ausencia de un elemento al parecer  determinante-, no hace más que establecer una exigencia a la  prueba que no aparece en la ley, a resultas de lo cual convierte el  casacionista tal dislate anunciado como de hecho en un error de  derecho, sin que la Corte pueda, subsecuentemente, trocar el ataque  en gracia de una interpretación laxa de los embates, pues nada  lograría, dado que no hay mención alguna de normas  probatorias infringidas ni menos una explicación de dicha  trasgresión, requisitos estos previstos en el último  inciso del artículo  374 del Código de Procedimiento  Civil. Lo anterior conduce a desestimar entonces el embate anterior,  contendido en los cargos 5°, 6°, 8°, 10°,13°,  15°, 17°, 19°, 22°, 24°, 27°, 30°, 33°,  35°, 36°, 41°, 46°, 48°, 50°, 52°, 54°,  56°, 57°, 60°, 61°, 63°, 66°, 68°, 70°,  72°, 74°, 76°, 78°, 80°, 82°, 85°, 87°,  89°, 90°, 92°, 94°, 97°, 99°, 105°, 106°,  108°, 111°, 113°, 116°, 118°, 120°, 122°,  124°, 128°, 132°, 134°, 136°, 138°, 140°,  141°, 142°, 144°, 145°, 146°, 148°, 150°,  152°, 154°, 156°, 157° a 161°, 163°, 165°,  167° y 169°.  

  

2.2.        En  el mismo sentido, el recurrente en varios de los cargos aduce que el  Tribunal no debió haber considerado esos registros,  certificados y actas por cuanto en ellos no figura el sexo  de la  persona a la que se referían, lo cual, como se recordará,  fue también aducido como yerro de derecho por violación  de las normas que regulan la elaboración de los certificados  de registro civil de que trata el decreto 1260 de 1970. Ahora en  estos ataques, echa de menos tales menciones al sexo de las personas  como constitutiva esa omisión de yerro fáctico que  igual consideración deben recibir, según lo explicado  en precedencia, toda vez que no acusa una desfiguración del  medio apreciado sino el reclamo por una especificidad que, si se  quiere, haría más profuso el documento en orden a  probar la individualidad del sujeto a que se refiere el medio, pero  que no se traduce en una omisión, suposición, adición  o cercenamiento que refleje, en consecuencia, un dislate fáctico.  

  

Los  cargos que tienen esas acusaciones, y que por tanto no prosperan,   son el 5°,  6°, 8°,  46°, 116°, 120°, 122°, 124°, 126°, 128°,  132°, 134°, 138°, 140°, 144°, 148°, 150°,  152°, 154°, 163° y 169°.  

  

2.2.1.        Afín  a este ataque, en los cargos 5°, 6°, 8°,  se le achaca al  Tribunal no haberse percatado de que el sexo indicado en el  certificado es equivocado; afirmación que el recurrente da por  segura, es decir, que el sexo mencionado no es el de la persona a la  que se refiere el documento, pero para que esta hipotética  equivocación quede adecuadamente demostrada, debe ofrecerse  una prueba que indique que el sexo que aparece en el certificado no  es, en efecto, el de la persona allí referenciada, denunciando  por supuesto la prueba omitida que da cuenta de esa falencia, en el  marco del error de hecho. Pero, con todo, ya se dijo que este  elemento no es indispensable para la individualización  requerida. Se trata, en realidad, a lo sumo, porque se itera no fue  en efecto corroborado, de una equivocación en la elaboración  del certificado, del acta o del registro que no afecta la  materialidad ni la información restante que ofrece el  documento. Lo mismo cabe decir de los errores mecanográficos  resaltados en estos mismos cargos 5, 6 y 8: son inocuos e  intrascendentes. No obstante, es preciso aclarar que en lo que hace  al reparo referido a Franquin (o Franklin) Antonio Sánchez  Mosquera es de ver que mediante escritura pública 498 del 22  de noviembre de 1991, otorgada en la notaría Única de  Segovia, María Inés Mosquera corrigió el segundo  apellido de Franquin Antonio Sánchez que inicialmente aparecía  como Tejada.  

  

2.3.        Los  siguientes cargos reprochan al Tribunal confusiones en relación  con los nombres de personas relacionadas por vínculos de  parentesco: 5°, 6°,  8°, 17°, 19°, 41°, 99°,  136°. De los tres primeros cargos, ya se dijo que se trataba de  simples e intrascendentes errores mecanográficos.  

  

2.3.1.        En  el cargo 17° (María de Los Ángeles Mosquera  Ramírez/error de hecho), indica la censura que el certificado  de registro civil de nacimiento no demuestra que la demandante sea  hija de María Yomelina Ramírez Palacio sino de  “Ormelina Ramírez”, lo que en criterio de la Corte  corresponde a un error mecanográfico, si se tiene en cuenta  que todas las declaraciones dan cuenta de que el núcleo  familiar de Marco Antonio Ramírez Sánchez (abuelo) es  el siguiente: Es padre de María Yomelina y María  Marcelina, es abuelo de Juan Alexander, quien es hermano de María  de los Ángeles, ambos hijos de María Yomelina, pues  María Marcelina tuvo a María Nelly y a Luz Mercedes  Mosquera Ramírez, entramado familiar del cual se desprende que  más que de tratarse de una persona distinta, el nombre  Ormelina obedeció a un lapsus calami.  

  

2.3.2.        En  el cargo 19° (José Mosquera/error de hecho), figuran  evidentes errores mecanográficos que, por supuesto, no  conducen, si el ad  quem los  inadvirtió, a un mayúsculo error de hecho cometido por  el Tribunal pues, racionalmente pueden entenderse, que las letras  divergentes que aparecen (Nellys y Nelly) no son más que  yerros de aquel talante, de suyo intrascendentes.  

  

2.3.3.        En  el cargo 41° (Resfa Inés Henao Estrada/error de hecho) la  censura anuncia al comienzo error en la apreciación de un  registro civil de nacimiento (el de Resfa Inés Henao), pero en  su desarrollo alude a otro, a saber, el de René de Jesús  Henao Estrada con lo cual se incurre en una confusión,  infringiendo el requisito de claridad y precisión que debe  ostentar la fundamentación del cargo, de conformidad con lo  dispuesto en el artículo 373 del Código de  Procedimiento Civil, a resultas de lo cual, el cotejo que la Corte  debe hacer siguiendo la senda trazada por censura, no lo puede  adelantar  en razón de esa confusión y  dado lo  dispositivo del recurso.  

  

En  todo caso, el Tribunal condenó a la empresa interpelada a  pagar a esta demandante por los siguientes rubros: daño moral  hereditario (de María Eva Estrada García), daño  moral propio (por el fallecimiento de María Eva Estrada  García), y daños morales propios por las heridas  sufridas por Henry y Julián Eduardo Henao Estrada, condenas  para las cuales tuvo en cuenta el certificado visible a folio 82 del  c. 190 (exp. 2004-00044) en el que, en efecto, se corrobora que Resfa  Inés Henao Estrada es hija de María Eva Estrada de  Henao. Por tanto, no sale airoso este embate.  

  

2.3.4.        En  el cargo 99° (John Jairo Luna Longa) dice la censura con miras a  desestimar la reclamación por lucro cesante que el Tribunal  reconoció,  que Fredy Luna no es el reclamante sino John Jairo  Luna Longa, apoyándose en el testimonio de Vladimir Viveros.  

Este  demandante pidió, entre otras cosas, que se condenara a OCENSA  a pagarle por lucro cesante, en razón de su incapacidad  permanente total, la cantidad de 2184 salarios mínimos  mensuales, para lo cual el Tribunal relacionó dentro de las  pruebas que valoró, a más de las fotografías  sobre el estado en que su cuerpo quedó, el escrito firmado por  médico legista en el que se estableció que aquel no  podía volver a trabajar pues había perdido el 80% de su  capacidad, probanza a partir de la cual determinó la  existencia del anotado lucro cesante, para cuya cuantificación  acudió, a falta de prueba sobre los ingresos, a la presunción  de que devengaba el salario mínimo, procediendo entonces a  efectuar la liquidación que arrojó la suma de  $100.464.752 como lucro cesante consolidado y $64.403.049,99 como  lucro cesante futuro, para un total de $164.867.802,70, decisión  que, como se ve no tuvo apoyatura en el testimonio de Viveros, que,  es cierto menciona a Freddy Luna pero que es intranscendente frente a  los fundamentos referidos, que permanecen incólumes pues no  fueron blanco de ataque.  

  

2.3.5.        En  el cargo 136° (Nazly Yomara Cardona Madrigal/error de hecho), la  censura pone de presente que el certificado de registro civil de  nacimiento de Nazly Yomara Cardona no contiene mención alguna  de los apellidos de sus progenitores. Pero ya se dijo, con ocasión  del despacho del cargo 135°donde atribuye al Tribunal yerro de  derecho al haberle dado mérito al mentado certificado, que tal  reparo es intrascendente y aquí se dan por reproducidas las  mismas explicaciones que valen para este yerro fáctico  endilgado.  

  

2.4.                En  relación con el embate dirigido a desestimar el poder  persuasivo del informe psicológico por no ser una prueba que  permita establecer la existencia y magnitud de los daños  morales o los daños a la vida de relación, por cuanto  en dichos informes sólo se hace referencia a las consecuencias  totales y generales que a nivel psicológico sufrió la  persona más no al concreto perjuicio a la vida de relación  o al daño moral, es dable reiterar lo que a espacio se examinó  en cargo precedente, cuando se dijo, en síntesis, que los  daños morales por lo general quedan adecuadamente probados a  partir de las circunstancias que rodearon el hecho (in  re ipsa),  de modo que un mero informe como al que alude la censura no viene a  ser más que un elemento más de convicción de los  muchos que tuvo a la mano el Tribunal para llegar a la certidumbre  del padecimiento moral y del daño a la vida de relación  que las víctimas sobrevivientes y parientes de los fallecidos  hubieron de sufrir.  

  

Por  lo demás, no encuentra la Corte que haya cometido el Tribunal  un error de hecho evidente cuando a partir de los informes  sicológicos que a los parientes de las víctimas o a  éstas –sobrevivientes- les fueron practicados seis años  después de acaecido el desastre, pudo deducir de ellos, pero  como refuerzo de otras pruebas, la magnitud del padecimiento moral y  de deterioro en su vida de relación, sin que sea necesario,  como lo pretende la censura, que en dicho informe aparezca de modo  directo la demostración del perjuicio, en cualquiera de los  dos tipos extrapatrimoniales referidos, tanto en su existencia como  en su intensidad.  

  

Aún  más, al haberle conferido mérito probatorio a una  prueba que para la censura es impertinente, rozó con tal  argumentación el impugnante, los linderos del error de derecho  por cuanto, como es sabido, este se configura cuando el juez brinda  valor legal a una prueba que no lo tiene. Y, como lo expuso a espacio  en las consideraciones generales sobre los cargos referidos a errores  de hecho y de derecho, consideró el casacionista que el  mentado informe psicológico era inconducente  para demostrar los perjuicios anotados, por cuanto que la prueba  idónea, según su parecer, y en especie de tasación  o tarifa legal, era el dictamen pericial.  

  

La  misma consecuencia debe seguirse en cuanto a que los prenombrados  informes psicológicos no fueron reconocidos por una de las  profesionales que los elaboraron, la cual fue citada y no compareció  al despacho judicial para tal diligencia,  solo que, como  complemento, debe recalcarse que tal acusación también  se desvía hacia la senda del yerro de derecho en tanto acusa  al Tribunal de haber apreciado un medio que la ley ordena no estimar.  

  

Por  tanto, no tienen prosperidad los ataques de esta naturaleza  contenidos en los cargos 5°, 6°, 8°, 10°, 17°,  24, 33°, 38°, 48°, 49°, 74°, 86°, 87°,  89°, 96°, 101°, 109°, 116°, 122°, 126°,  128°, 138°, 165°, 166°, 168° y 169°, debiendo  agregarse respecto de este último embate, que la impugnante no  muestra argumento alguno que sustente su reproche a esta prueba,  quedando por consiguiente el ataque incompleto.  

  

2.4.1.        Con  todo, debe señalarse que en el cargo 74° (Carmelo Antonio  Herrera Oquendo/error de hecho), varía el censor el fundamento  de su ataque, pues señala que el informe psicológico de  que se valió el Tribunal fue el realizado a Carmelo de Jesús  Herrera Palacio, padre del demandante, y por tanto considera que es  impertinente para derivar de allí el daño moral que  reclama Carmelo Antonio, que es personal.  

  

Está  claro que el Tribunal echó mano de la consabida presunción  judicial al entender acreditada la existencia y magnitud del daño  moral padecido por este reclamante a partir de la demostración  de las relaciones de parentesco (f. 2474 vto), y, en lo tocante al  daño a la vida de relación, se valió de las  fotografías de los accionantes en donde se muestran las  lesiones sufridas, en particular por Carmelo Antonio, en la boleta de  su salida del 28 de diciembre de 1998 con diagnóstico  definitivo de quemaduras de II y III del 55%, en el informe de rayos  X en el que se indica que Carmelo padeció quemaduras de tercer  grado y paro cardiorespiratorio (fls. 103 y 104, c. 99, caja 9, exp.  2004-00049) y en el informe psicológico que le fue realizado a  Carmelo Antonio (pág. 561 de la sentencia, f. 2476 vto. C.  Trib) y no, como dice la censura, en el practicado a su padre Carmelo  de Jesús, consideraciones suficientes para demeritar el ataque  de la censura.  

  

2.4.2.  Asimismo, en el cargo 89° (Edy Adrián González  Valdés/error de hecho) se anuncia como prueba erróneamente  apreciada el informe psicológico sin embargo, no desarrolla el  ataque, quedando trunco o incompleto.  

  

2.5.        En  algunos cargos el impugnante reprocha del Tribunal la apreciación  defectuosa u omisión de los interrogatorios de parte  practicados a varios de los demandantes.  

  

2.5.1.        En  el cargo 19° (José Mosquera) se duele de que el Tribunal  haya omitido la declaración de parte de este actor por cuanto  allí confesó que para la época del atentado  vivía en familia con Florencia Pedrosa, su mujer. Sin embargo,  con tal afirmación -que en efecto se constata en la lectura de  la declaración de parte (f. 32, c. 15 de pruebas de la parte  demandada), no puede derivarse, yerro alguno de hecho, ni menos  protuberante como se exige, por cuanto la circunstancia de no vivir  en la misma casa  de su hija no supone la ausencia de daño  moral del padre por la muerte de aquella. Por lo demás, debe  señalarse que el interrogado aclaró que frente a él  vivían “los hijos y la mujer que murió ahí  Marcelina Palacios, Rosa Nelly Mosquera Ramírez y Cristóbal  Ibarguen Mosquera” (ib.) Además de que aclaró que  no por el hecho de vivir con Florencia Pedroza no respondiera por su  familia.  

  

2.5.2.        En  el cargo 30° (Julián Eduardo Henao Estrada/error de  hecho), se cuestiona al Tribunal haber reconocido a este demandante  el daño a la vida de relación no obstante haber  admitido que trabajaba en las minas, lo cual, según la  censura, demuestra la inexistencia de dificultades o limitaciones  producto de las quemaduras, parecer que, ni por asomo puede siquiera  considerarse, habida cuenta de que, según el planteamiento de  la censura, el daño a la vida de relación sólo  puede tener lugar cuando la víctima queda paralizada,  totalmente incapacitada para laborar, limitación que el  recurrente hace de esta tipología de daños y que la  retrotrae a la época en que tuvo lugar su reconocimiento, ya  superado, equivalente a un mero daño fisiológico.  

  

Por  lo demás, el Tribunal reconoció a Julián Eduardo  Henao Estrada la suma de $10 millones como daño a la vida de  relación, con base, entre otras probanzas, en el  reconocimiento clínico en que el experto en cirugía  dictaminó en este actor quemaduras en el 37% de su cuerpo, con  deformidades dérmico-epidérmicas irreversibles, con  alteraciones estéticas visibles, lo que permite inferir que  muy lejos estuvo el ad  quem de  cometer yerro fáctico al condenar a OCENSA al pago de la suma  antes mencionada, deduciendo de tal cuadro una afectación a la  vida de relación del reclamante.  

  

2.5.3.        En  el cargo 64° (Luis Ángel Zorrilla/error de hecho),  asimismo, el casacionista reprocha del Tribunal que le hubiese  reconocido el padecimiento de un daño a la vida de relación,  no sólo con base en el reconocimiento clínico en el que  se deja constancia de que tenía una incapacidad, sino por el  hecho de que en el interrogatorio de parte hubiese admitido este  demandante que trabajaba “barequiando por ahí y  sembramdo comidita”. Similar consideración merece esta  deducción, que, entre otras cosas no rebate eficazmente la  deducción del Tribunal, fincada en el reconocimiento realizado  por médico especialista en cirugía, que da cuenta de  cicatrices hipertróficas en aproximadamente el 63% de la  superficie corporal, con secuelas de quemaduras en segundo y tercer  grado, daños corporales que, a no dudarlo, pesaron  decididamente en el reconocimiento del daño cuestionado, más  allá de que el reclamante continuara laborando.  

  

2.5.4.        En  el cargo 66° (Deyi Milena Ospina Oquendo/error de hecho) arguye  que el daño moral que le fue reconocido por el Tribunal tuvo  como sustento el interrogatorio a este demandante, así como  los rendidos por Aira Ruth, Alex Eloy y Jesús Antonio Herrera  Oquendo, pues entre ellos se encuentran contradicciones, dado que  mientras esta pretensora (Deyi Milena) manifestó que vivía  con su hija y Jesús Neubaldo Ballesteros, Antonio Herrera  afirmó que ella vivía con su mamá, con él  y sus hermanos.  

  

2.5.5.        En  los cargos 68° (Aíra Ruth Herrera Oquendo/error de hecho),  70° (Alex Eloy Herrera Oquendo/error de hecho) y 72° (Jesús  Antonio Herrera Oquendo/error de hecho), se reprocha lo mismo.  

  

Pero  a todos esos embates, debe tan solo resaltarse que la Corporación  de segundo grado encontró acreditada la relación de  parentesco con base en los “registros  civiles aportados”  (pág. 557 de la sentencia), y, expresamente dijo que tenía  en cuenta el vínculo marital y de consanguinidad que une a  esos demandantes y que “hace  presumir el dolor sufrido por ellos dada la muerte de su esposa,  progenitora y hermana respectivamente”  (ib.); por lo que más allá de las eventuales  contradicciones en interrogatorios rendidos mucho tiempo después  del acontecimiento, es lo cierto que la relación familiar fue  el sustento que la corporación tuvo para condenar a OCENSA al  pago de daños morales propios y hereditarios en favor de estos  pretensores.  

  

2.5.6.        En  el cargo 89° (Edy Adrián González Valdez/error de  hecho),  que va dirigido a cuestionar la conclusión del  Tribunal acerca del reconocimiento a este demandante por el daño  moral causado por la muerte de María Lucelly Valdés  Viana, por las quemaduras sufridas por el demandante, por la  reparación del daño a la vida de relación y por  el lucro cesante que le fue reconocido, sostiene la censura que el  actor admitió que se dedicaba a estudiar y trabajar, razón  por la cual no dependía económicamente de su madre  María Lucelly, lo que se corrobora además por cuanto  Miriam Madrid afirmó que Edy Adrián dependía  económicamente de su papá.  

  

  

Resulta  por tanto desenfocado este ataque, dado que el recurrente olvida que  el Tribunal, en el acápite de las consideraciones generales  que habría de tener en cuenta para el reconocimiento de  perjuicios como éste del lucro cesante, claramente dejó  establecido, de un lado,  que reconocería como ingreso dejado  de percibir el valor de un salario mínimo mensual para las  personas productivas, aún si se tratara de amas de acogiendo  línea jurisprudencial del Consejo de Estado (f. 2454, c.  Tribunal). Y de otro, que  habiendo admitido que estudiaba no  resultaba un desatino mayúsculo entender que no obstante  admitir también que laboraba, debía por tanto el  demandante recibir  sustento de su madre por su minoridad, para así  dedicar parte de su tiempo al estudio.  

  

2.5.7.        En  el cargo 96° (Lina María Solano Henao/error de hecho), se  alude a pruebas y errores de hecho que, ciertamente, no corresponden  a esta demandante pues hacen referencia al interrogatorio de parte de  Eddy Adrián González, al informe psicológico  practicado a este demandante y a supuestos errores cometidos por el  Tribunal referidos a que María Lucelly Valdés realizaba  una actividad económica, ganaba el salario mínimo,  ayudaba económicamente a Eddy Adrián González  Valdés, quien sufrió un daño moral y un daño  a la vida de relación, yerros todos que, obviamente,  corresponden a lo que el censor dejó argumentado en otro  cargo.  

  

Pero  en lo que se refiere al interrogatorio de parte, de todos modos, no  se encuentra fundamentación alguna en el cargo, razón  por la cual el ataque quedó, a más de desenfocado, sin  soporte argumentativo y por ende, vacío de contenido.  

  

2.5.8.        En  el cargo 114° (Yolanda Hernández Valero/error de hecho) se  arguye que para reconocerle a esta demandante el lucro cesante como  daño reflejo de la muerte de Arturo Hernández Valero,  se valió el ad  quem del  interrogatorio de parte de Miriam Madrid (que después califica  como testimonio), en el que tan sólo indica que no es prueba  suficiente para demostrar la actividad económica de Arturo  Manuel Hernández. Baste por tanto indicar que la falta de  argumentación o de fundamentación de este ataque, lo  hace inane, a más de que en una especie de tarifa legal,  parece sostener la censura que ese solo interrogatorio o declaración  no basta para persuadir al juez dado que deben obrar en el plenario  otros medios de prueba que corroboren el dicho de aquella. A lo  anterior suma el hecho de que el Tribunal estimó que aun  cuando la víctima directa, persona productiva en vida, fuese  ama de casa, ameritaba el reconocimiento del lucro cesante como daño  reflejo en las personas que dependiesen económicamente de  aquella.  

  

2.5.9.        En  el cargo 169° (Yanibia Andrea Cataño Parra/error de hecho)  se arguye que el Tribunal reconoció el lucro cesante como daño  reflejo a esta demandante por el fallecimiento de Francisco Alberto  Cataño Henao, con base en el interrogatorio de parte de Dora  Rocío Tapias y el testimonio de Miriam Madrid, respecto de los  que, en igual falencia que en el cargo anterior, los descalifica por  considerarlos insuficientes para acreditar la actividad económica  como la minería o la conducción que arguyen, ejercía  el occiso.  

  

2.6.        En  otros cargos la censura sencillamente nada dice o  el ataque se  muestra incompleto.  

  

2.6.1.        Es  lo que pasa en el cargo 33° (Henry de Jesús Henao  Estrada/error de hecho) en relación con el reconocimiento que  le fue hecho sobre el daño moral por razón de las  heridas sufridas por Deisy Eugenia Patiño.  

  

2.6.2.        O  en el cargo 46° (Haider Madrid Londoño, de 4 años  para la fecha del suceso) en el que, para cuestionar el  reconocimiento para este demandante del daño a la vida de  relación, se arguye que el Tribunal hizo una defectuosa  apreciación de “varias  de las pruebas recaudadas dentro del proceso”  (f. 1539), pero no precisa y desarrolla ninguna en particular.  Admite, sí, que obran en el expediente los certificados de  egreso de la Fundación Hospitalaria San Vicente de Paul, en  los que no se expresa que haya perturbación funcional alguna.  

  

Pero  revisados esos documentos, encuentra la Corte que en la boleta de  salida y en el resumen final de la historia clínica (fls. 76 y  77, c. 43 , caja número 5, exp. 2004-00045) se determina como  diagnóstico definitivo quemaduras de segundo y tercer grado en  el 55% de su cuerpo, estableciéndose como tratamiento el  injerto de piel, y así en efecto lo dejó dicho el  Tribunal, juzgador que también se apoyó en las  fotografías aportadas que muestran las cicatrices (cfr. f.  2467 vto), razón por la cual el cargo no es próspero,  en la medida en que en lo atinente a las primeras pruebas (boleta de  salida y epicrisis) no ofrece razones de por qué esas  quemaduras de segundo y tercer grado no parecen significarle  al  impugnante un daño a la vida de relación de Haider  Madrid. Y a ello se suma el no haber impugnado otra prueba que avala  la conclusión del Tribunal, según se vio (las  fotografías).  

  

2.6.3.        O  en el 114° (Yolanda Hernández Valero/error de hecho), en  el que para cuestionar el daño moral que se le reconoció  a esta demandante, sólo se indica que hubo errónea  apreciación de las pruebas, tan solo aludiendo en el  encabezamiento del cargo, al interrogatorio de parte efectuado a  Miriam Madrid.  

  

Esta  demandante reclamó por la muerte de su hijo Arturo Manuel  Hernández. El Tribunal tuvo en consideración el informe  psicológico que le fue practicado a la actora, la prueba  testimonial (Miriam Madrid, Damaris Estela Castañeda y Ensa  Hurtado), el interrogatorio de parte, pruebas a partir de las cuales  dedujo la existencia e intensidad del daño moral que padeció  por el fallecimiento de su hijo Arturo, a más del lucro  cesante en la medida en que encontró que había certeza  de la dependencia económica que tenía de él.  

  

De  modo pues que denota este cargo no sólo la falta de su  fundamentación si no la ausencia de ataque certero de las  demás pruebas que el Tribunal tuvo a bien considerar para  llegar a la condena que profirió sobre el perjuicio moral que  halló acreditado.  

  

Pero  es cierto también que el cargo se refiere al mentado  “interrogatorio de parte”, que después califica de  testimonio, de la señora  Madrid para indicar que no es  suficiente el mismo en orden a la comprobación del lucro  cesante que le fue reconocido a esta reclamante, olvidando el  recurrente, acá también, el adecuado ataque de los  demás medios de prueba tenidos en cuenta por el Tribunal a más  del combate, por la vía técnica adecuada, de la  doctrina jurisprudencial acogida por el Tribunal.  

  

2.6.4.        Igual  ocurre con el lucro cesante reconocido a Nazly Yomara Cardona  Madrigal (cargo 136°), en el que se critica que el Tribunal se  haya basado en testimonios (f. 1893, cdno. Corte), sin mencionarlos  ni hacer ningún cotejo entre lo que ellos dicen y lo que el  Tribunal concluyó, para sencillamente decir que no son prueba  suficiente para acreditar la actividad económica de John Fredy  Cardona.  

  

No  obstante lo anterior falencia, que frustra el análisis de  fondo el cargo, encuentra la Corte que, en efecto, el Tribunal se  refirió al dicho de Ensa Carmela Hurtado, Vladimir Viveros,  Martin Alfonso Patiño para negarle el lucro cesante a Flor  Alba Fernández (madre del occiso) y concederlo a Nazly Yomara  Cardona, hija menor del fallecido y quien, de acuerdo con los  testigos, velaba por ella. En consecuencia, en ningún error de  hecho incurrió el Tribunal en lo atinente a esta acusación.  

  

2.6.5.        En  fin, en el cargo 155 ° (Enrique Estrada Escalante/error de  hecho), se habla de yerros fácticos, anunciando que los mismos  se cometieron en la apreciación de los certificados de  registro civil de nacimiento de Edwar Esteban Alzate Estrada y Luz  Mery Estrada Saavedra. Pero sin fundamentación, tan sólo  indicando que el Tribunal condenó a la empresa demandada sin  prueba que obrase en el proceso que permitiera así concluir.  Es evidente que en este cargo, olvidó el recurrente que a  partir de los mentados certificados podía deducirse, conforme  lo reconoció en los aspectos generales que indicó al  comienzo de los embates, que con base en los mismos, demostrativos  del parentesco, podía inferirse allí el daño  moral, según lo que en precedencia se explicó.  

  

2.7.        En  algunos cargos se critica al Tribunal por haberle dado mérito  probatorio persuasivo al  reconocimiento clínico (en algunos  pocos se menciona la boleta de salida, seguimiento clínico o  similares conceptos) como medio para demostrar la perturbación  funcional y así, condenar a la empresa demandada al pago del  daño a la vida de relación. En algunos se hace énfasis  en que a pesar de acreditar ese reconocimiento clínico un daño  corporal, estima la censura que forzosamente de allí no se  sigue que el damnificado padezca una perturbación funcional  que dé pie para reconocerle un daño a la vida de  relación. En otros se arguye que ese reconocimiento nada dice.  O, en fin, no se desarrolla argumento alguno sobre la prueba.  

  

Aplicadas  las anteriores nociones, se aprecia que es notable que el  casacionista limita el concepto del daño a la vida de relación  al perjuicio estrictamente fisiológico, es decir, identificado  con esas dificultades que una persona padece en su desenvolvimiento  en la vida en sociedad por la lesión física derivada de  daños corporales a él inferidos. Tal concepción  fue superada y llegó entonces a establecerse un daño a  la vida de relación que no sólo comprende tales  limitaciones sino en general cualquiera otra que se manifieste en la  órbita del desenvolvimiento en la vida, no patrimonial,  producto del evento dañoso, mas con la precisión que  acaba de hacerse en cuanto a la mayor cobertura de este daño.  

  

En  todo caso, tal como ocurre con el daño moral, en este de la  vida de relación puede inferirse a partir de constataciones  claras como lo son las cicatrices dejadas en el cuerpo de la persona,  pues es dable inferir –presunción judicial-  fácilmente  que las mismas han de afectar no sólo su movilidad sino su  desenvolvimiento normal en la vida. Asimismo, puede igualmente  inferirse el daño de que se trata cuando los acontecimientos  –distintos del daño meramente corporal- le afectan en su  vida de relación. Repárese, con todo:  

  

2.7.1.1.        En  el cargo 15° (Madison Ramírez), contrario a lo que indica  la censura, el Tribunal no se fundamentó en ningún  reconocimiento clínico a este demandante, sino en el  testimonio de Martín Alfonso Patiño Jaramillo y en las  fotografías al cuerpo del demandante (fls. 98 a 101, c. 26,  exp. 2004-00043) que, de acuerdo con el Tribunal, y ciertamente lo  constata la Corte, revelan cicatrices en sus manos, lado derecho de  la cara, espalda y extremidades inferiores.  

  

2.7.1.2.  En el cargo 30° (Julián Eduardo Henao Estrada), se aduce  que el Tribunal con base en el reconocimiento clínico concedió  dicho tipo de perjuicio extrapatrimonial, sin que en esa pieza  hubiese determinado alguna perturbación funcional que afectara  al demandante, quien en el interrogatorio de parte admitió que  trabajaba en la mina, lo cual denota que no tenía dificultades  y limitaciones producto de las quemaduras, aserción que debe  descartarse según lo anotado en precedencia, no estando de más  precisar que la argumentación de la censura pareciera ubicar  el perjuicio extrapatrimonial en cuestión únicamente  para los casos extremos de parálisis corporal.  

  

2.7.1.3.        En  el cargo 38° (Andrés Felipe Henao Patiño), se  argumenta también que en ese reconocimiento clínico no  se determinó la existencia de ninguna perturbación  producto de quemaduras ni se demostró dificultades o  limitaciones que ellas le aparejaran  

  

2.7.1.4.        En  el cargo 43° (Deisy Eugenia Patiño González), el ad  quem le  reconoció $7,500,000 por concepto del daño a la vida de  relación en atención a que esta reclamante presentaba  quemaduras en el 13% de su superficie corporal, con deformidades  dérmico-epidérmicas irreversibles, según lo  extractó del reconocimiento clínico que, en efecto, así  lo indica (f. 97, c. 190, caja número 17, expediente  2004-00044) deteniéndose allí además en las  áreas de cicatrices queloides hipercromáticos múltiples  en zona posterior bilateral de brazos y antebrazos y dorso bilateral  de sus pies, secuelas que  permiten, sin asomo de duda alguna,  inferir que le fue causado un daño a su vida de relación.  

  

2.7.1.5.        En  el cargo 46° (Jaider Madrid Londoño) se arguye,  simplemente, que el demandante no demostró la existencia de  una perturbación funcional, pues los certificados de egreso de  este reclamante, de la Fundación San Vicente nada dicen de  ello.  

  

2.7.1.6.        En  el cargo 49° (Pedro Rengifo Madrid), la corporación de  segunda instancia se valió del reconocimiento médico  realizado por especialista, en el que aseveró, y así en  efecto lo constata la Corte, que este reclamante sufrió  quemaduras en un 18% de su piel con consecuencias en deformidades  dérmico-epidérmicas irreversibles, alteraciones  estéticas visibles (f. 105  c. 43, caja número  cinco, expediente 2004-00045), cicatrices que se pueden ver en las  fotografías que le fueron tomadas (folios 84 a 87), evidencias  de las cuales es racionalmente entendible que hubiese encontrado  demostrado el ad  quem el  daño a la vida de relación.  

  

2.7.1.7.        En  el cargo 64° (Luis ángel Zorrilla), se arguye que fue  defectuosamente apreciado el reconocimiento clínico realizado  a este demandante pues allí se dice que es una incapacidad  funcional del tercer, cuarto y quinto dedo de la mano izquierda pero,  en criterio de la censura, ello no es suficiente pues si bien se  demuestra la lesión y la perturbación funcional  consiguiente, eso no permite deducir que tenga consecuencias  negativas en la vida de relación. En el mismo sentido, en el  cargo 111° (María Cecilia Mosquera), a la que en su  reconocimiento clínico aparece retracción en flexión  en segundo y tercer dedo de la mano derecha.  

Al  punto bien vale recordar que la inferencia del Tribunal a partir de  la demostración de las perturbaciones funcionales anotadas no  pueden tildarse de contraevidentes por lo que no son suficientes esas  simples alegaciones de la censura para demostrar la existencia de un  yerro fáctico en sede casacional.  

  

2.7.1.8.        En  el cargo 74° (Carmelo Antonio Herrera Oquendo), de nueve años  para la época de los hechos, se dice que el Tribunal se valió  de la boleta de salida de la Fundación Hospitalaria San  Vicente de Paul, documento que no determina la existencia de  perturbación funcional alguna; pero olvidó combatir la  censura otro medio de convicción que tuvo a la mano el  Tribunal y que lo dejó explicitado en su providencia: las  fotografías de este demandante, en las que se evidencian las  cicatrices que lleva en el brazo y extremidades inferiores afectando  su imagen estética (f. 2476 vto, c. Trib.), siendo por  consiguiente un ataque incompleto y por ende, frustráneo.  

  

2.7.1.9.        En  el cargo 86° (Bibiana Patricia Valencia Perea), el Tribunal, con  base en la historia clínica de esta actora, procedente del  Hospital León XIII y el reconocimiento clínico, llegó  al convencimiento de que había padecido un daño a la  vida de relación porque tenía zonas hipercromáticas,  “bordes  irregulares cara anterior del antebrazo izquierdo y cara posterior  del antebrazo derecho, cuarto y quinto dedo cara dorsal de la mano  derecha con secuelas de quemaduras antiguas de primero y segundo  grado en un 9% de superficie corporal y deformidades  dérmico-epidérmicas irreversibles, con alteraciones  estéticas visibles”.  Así se constata, en efecto, en las pruebas anunciadas,  visibles en folios 58 a 62 del cuaderno 112, caja número 10,  expediente 2004-00050)  

  

2.7.1.10.        En  el cargo 89° (Edy Adrián González Valdés),  la Corte corrobora que la apreciación que hizo el Tribunal del  reconocimiento clínico que el especialista en cirugía  hizo a este demandante da cuenta de que su cuerpo quedó  quemado en un 17%, con deformidades dérmico-epidérmicas  irreversibles, alteraciones estéticas visibles, alteración  en su manejo laboral diario por retracción en flexión  mano izquierda con compromiso de maniobras de extensión,  retracción en flexión pie izquierdo (f. 60 c. 123, caja  11, expediente 2004-00053).  

  

2.7.1.11.        En  el cargo 99° (John Jairo Luna Longa) se arguye que el demandante  no demostró actividades anteriores que le reportaran  rendimiento pecuniario y que después del atentado, surgieran  limitaciones que le impidieran la realización de las mismas,  con lo cual la censura confunde este daño extrapatrimonial con  el material (lucro cesante) que puede derivarse de una lesión  corporal, echando de menos una prueba que, ciertamente, luciría  en todo caso impertinente. Pero se  trata de un alegato de instancia  dado que el reproche no recae en una prueba supuesta u omitida por la  corporación de segundo grado.  

  

Pero  aún más falaz resulta este argumento del casacionista  si se tiene en cuenta que el Tribunal constató, con base en el  resumen final de atención en el Hospital Universitario San  Vicente de Paúl que a éste reclamante le diagnosticaron  quemaduras en el 60% de su cuerpo, con incapacidad del médico  legista que, que la tasó en el 80%.  

  

2.7.1.10.        En  el cargo 101° (Luz Dary Tilano/expediente 2000-400054). El  reconocimiento clínico que el doctor Fernando Pereira  Paternina hizo a Luz Dary Tilano (f. 254, c. 132, caja 12, expediente  2004-00054) da cuenta de secuelas de quemaduras en “áreas  hipocrómicas, bordes irregulares dimensión aproximada  de seis centímetros en cara posterolateral brazo izquierdo”,  que son secuelas de quemaduras antiguas de primero, segundo y tercer  grado en un porcentaje del 4.5% de la superficie corporal, con  deformidades dérmico-epidérmicas irreversibles y  alteraciones estéticas visibles. De esta probanza, pero  también del informe psicológico, el Tribunal dedujo que  se encontraban demostrados los perjuicios fisiológicos así  como los morales, razón por la cual, cuando la censura  establece que este último informe fue solo tenido en cuenta  por la corporación de segundo grado para la demostración  del daño moral, omitió que en forma global el Tribunal  se basó en ambos medios de convicción para, entre otras  cosas, ayer acreditada la existencia e intensidad del daño a  la vida de relación, pues nótese que antes de concluir  en la procedencia de la condena por dicho perjuicio, pasó  revista la corporación tanto a las pruebas antes mencionadas  como a las declaraciones de Damaris Estela Castañeda y de la  propia demandante para finalmente expresar que “así  que demostrado los perjuicios fisiológicos causados a los  demandantes”  (f. 2488 c. Trib.). Así pues, es evidente que el cargo no  atacó la totalidad de los fundamentos o pilares probatorios en  que se basó el ad quem, por lo que el ataque es incompleto.  

  

No  obstante lo anterior, y si se entendiera que el Tribunal solo se  fundamentó en el reconocimiento clínico mencionado,  debe mantenerse la conclusión fáctica del Tribunal toda  vez que de la prueba antes nombrada no puede entenderse o inferirse  que aquella autoridad judicial haya cometido un error o dislate  mayúsculo que es el que se exige para el yerro de facto, si de  las cicatrices irreversibles, la alteración estética de  que da cuenta el reconocimiento clínico pudo deducir la  existencia de un daño a la vida de relación. Es  impróspero este ataque.  

  

2.7.1.11.        En  el cargo 103° (Johann Sebastián Méndez  Tilano/expediente 2004-00054). El reconocimiento que el profesional  especialista en cirugía mencionado hizo de este demandante   (f. 155, c. 132, caja 12, expediente 2004-00054), da cuenta de una  superficie corporal total quemada del 9% con deformidades  dérmico-epidérmicas irreversibles y alteraciones  estéticas visibles, con valoración y manejo prioritario  por oftalmología, todo lo cual apreció el Tribunal (f.  2487 vto. c. Trib.). Resulta entonces que iguales consideraciones a  las inmediatamente precedentes son aplicables a este ataque.  

  

No  obstante lo anterior, es de resaltar que el Tribunal, en sus  consideraciones indicó que Joan Sebastián Méndez  Tilano, según el informe psicológico, “estaba  muy pequeño cuando ocurrieron los hechos, y por ende no  existen recuerdos que afecten su estado emocional; que las quemaduras  que presentó tuvieron una excelente cicatrización y no  son muy evidentes”  (f. 2487, c. Trib.). Concluyó entonces que se encontraban  demostrados los perjuicios fisiológicos causados a los  demandantes, no obstante lo cual, contradictoriamente, anticipó  que no habría de disponer reparación por daño a  la vida de relación en favor de los hijos de Luz Dary Tilano,  dentro de los cuales está este actor (Johan Sebastián),  por carecer de sustento probatorio. Sin embargo en cuadro sinóptico  que precede a la parte resolutiva de la sentencia, y en este segmento  además, condenó a la demandada a pagar a Joan Sebastián  Méndez Tilano $250,000 por daño a la vida de relación.  

  

Es  evidente entonces que se encuentra una contradicción, que no  se puso de presente por lo demás en el cargo, en las diversas  disquisiciones que el Tribunal dejó sentada en su sentencia.  Sin embargo, si se repara en el hecho de que el Tribunal advirtió  la presencia de cicatrices en el cuerpo del menor Johan Sebastián  y finalmente lo favoreció con una condena por daño a la  vida de relación, en ningún yerro fáctico  protuberante incurrió, en estimación de la Corte, pues  no por el hecho de que un menor de edad tenga hacia el futuro la  posibilidad de que sus cicatrices puedan desaparecer (lo que no se  sabe si en la actualidad terminó siendo así) debe  inferirse que cuando las sobrellevó no tuvo consecuencias en  su entorno relacional.  

  

Es  que debe recordarse una vez más que el daño a la vida  de relación se caracteriza, entre otras cosas, por  manifestarse “en  impedimentos, exigencias, dificultades, privaciones, vicisitudes,  limitaciones  o alteraciones, temporales o definitivas, de mayor o menor grado,  que él debe soportar o padecer, las cuales, en todo caso, no  poseen un significado o contenido monetario, productivo o económico”  (SC035-2008, del 13 de mayo de 2008, rad.  11001-3103-006-1997-09327-01. Subraya esta vez la Sala).  

  

2.7.1.12.  En el cargo 105° (Fanny Mosquera Mosquera/expediente 2004-00054).  El Tribunal condenó a la empresa resistente al pago de 10  millones de pesos por el daño a la vida de relación que  padeció esta reclamante, conclusión a la cual arribó  con base en el documento de admisión de Fanny Mosquera en la  clínica Las Vegas el 18 de octubre de 1998, el reporte de  atención de urgencias de la fundación hospitalaria San  Vicente de Paul y la evolución diaria de esta, “sufriendo  quemaduras en el 40% del cuerpo que compromete epidermis y dermis  encara y pies; y según el informe radiológico sobre el  estudio de rayos X de tórax realizado, se concluye que  hallazgos compatibles con proceso de tipo bronco neumónico”  (f. 2486, c. Trib.).  

  

2.7.1.13.                En  el cargo 109° (Deiler Ayala/expediente 2004-00054). Con base en  el seguimiento en la Fundación Universitaria San Vicente de  Paul, que registra quemaduras de segundo y tercer grado padecidas por  este demandante en el 60% de su superficie corporal, y  fundamentalmente con base en las fotografías (el Tribunal dejó  registro de las mismas en el folio 230 del c. Trib) que patentizan  descarnadamente las cicatrices que quedaron en el menor reclamante,  concluyó el Tribunal que, en efecto, padeció un daño  a la vida de relación. Pero, al igual que en otras   acusaciones, la censura intenta desacreditar estas pruebas en la  medida en que en ellas no figura de manera expresa la descripción  de una perturbación funcional en la víctima, como si a  eso se limitase el concepto de daño a la vida de relación.  

  

A  lo anterior se suma el hecho de que le faltó atacar, y por  ende el cargo es incompleto, las fotografías del menor que  sirvieron de puntal al Tribunal para reconocer el anotado perjuicio  extrapatrimonial, a resultas de lo cual ese soporte fáctico  queda enhiesto y por ende el cargo no sale airoso.  

  

2.7.1.14.                En  el cargo 128° (Breiner Alexis García Aguirre/2004-00070)  dejó establecido el Tribunal, con base en la historia clínica,  que el menor demandante Breiner Alexis sufrió quemaduras de  segundo y tercer grado en el 19 por ciento de su superficie corporal  con deformidades dérmico-epidérmicas irreversibles y  alteraciones estéticas visibles con cicatrices físicas  representativas, según lo dedujo del informe psicológico.  Por consiguiente, si de acuerdo con el cargo que se examina, el  ataque referido al perjuicio a la vida de relación se sustentó  en que el Tribunal lo dedujo del reconocimiento clínico,  resulta claro que además de la historia clínica ya  mencionada, la corporación de segundo grado se valió  del informe psicológico, que en este aspecto quedó por  fuera de cuestionamiento en el cargo. En todo caso, a semejanza de  como se ha indicado en los cargos anteriores, en ningún error  de hecho incurrió el Tribunal si a partir de la descripción  de las quemaduras y cicatrices padecidas por el menor pudo deducir,  racionalmente, la existencia y dimensión de un daño a  la vida de relación de este actor. Este ataque resulta por  tanto impróspero.  

2.7.1.15.                En  el cargo 130° (Elsy de Jesús Monsalve Mejía), tan  sólo se indica en el reconocimiento clínico no se  determina la ocurrencia de una perturbación funcional; pero en  el reconocimiento clínico hecho por médico cirujano, se  determinó que tenía un porcentaje del 12% de su  superficie corporal quemada con secuelas de quemaduras de segundo y  tercer grado y deformidades dérmico-epidérmicas  irreversibles con alteraciones estéticas visibles  

  

2.7.1.16.                En  el cargo 152 (luz Mery Estrada Saavedra) se alega que el  reconocimiento clínico no es suficiente para tener por  acreditado el daño a la vida de relación no obstante  admitir el cargo que existe una lesión y una perturbación  funcional consiguiente. El Tribunal estableció que de  conformidad con el reconocimiento médico realizado por el  Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses la demandante padecía  una merma su capacidad laboral del 60% con deformidades  dérmico-epidérmicas irreversibles y alteraciones  estéticas visibles.  

  

2.7.1.17.                En  el cargo 154° (Eduard Esteban Alzate Estrada) admite también  la censura que en el reconocimiento clínico se constató  que este actor tiene una retracción en flexión quinto  dedo mano derecha y pierna derecha pero como tal certificado no  establece la consecuencia negativa de su vida de relación,  esto es, que surgieron en efecto dificultades o impedimentos,  entiende que no se encuentra demostrado el perjuicio a la vida de  relación, perjuicio que el Tribunal dedujo de ese  reconocimiento en el que el médico especialista constató  la presencia de quemaduras de primero, segundo y tercer grado en un  50% de su superficie corporal, con deformidades dérmico-  epidérmicas irreversibles y alteraciones estéticas  visibles  

  

  

2.7.1.18.                En  el cargo 166° (Libardo de Jesús Muñoz  Restrepo/2004-00091). El Tribunal resaltó que el  reconocimiento clínico registraba secuelas irreversibles  dérmico epidérmicas por quemaduras por explosión  y que el porcentaje de superficie corporal quemada es del 46%.  Asimismo, destacó el diagnóstico definitivo de secuelas  por las quemaduras, elaborado por la Fundación Hospitalaria  San Vicente de Paul, (30% de la superficie corporal quemada), el plan  de tratamiento, el seguimiento que debía hacerse, probanzas  con las cuales, junto al informe psicológico que le fue  realizado (“cambios a nivel familiar, académico y  social”, retraimiento a causa de las burlas que recibe de sus  compañeros, rechazo por las quemaduras, f. 2500), reconoció  el daño a la vida de relación, medios de convicción  que de manera contundente permiten declararlo, sin que por tanto la  insistente posición de la casacionista dirigida a que en las  pruebas resalte la perturbación funcional o la limitación  o dificultad producto de ella, tenga asidero alguno, sobre todo si se  tiene en cuenta que varias pruebas fueron las que soportaron la  decisión del Tribunal, las cuales no fueron mencionadas por la  censura.  

  

2.7.1.19.                En  el cargo 168° (Arbey Antonio Gómez Muñoz/2004-00091).  Para el reconocimiento del daño a la vida de relación  de este menor demandante, se valió el Tribunal de la solicitud  de atención suscrita por la enfermera jefe de la sala de  quemados de la Fundación Hospitalaria San Vicente de Paul, la  boleta de salida del 14 de diciembre de 1998, el reconocimiento  clínico del especialista en cirugía y el informe  psicológico que le fue practicado a Arbey Antonio. En lo  tocante al daño a la vida de relación, según se  indicó en líneas precedentes, la empresa casacionista  destaca que el Tribunal se apoyó en el reconocimiento clínico,  con lo cual dejó sin embate alguno todas las pruebas antes  mencionadas que junto a esta, sirvieron al Tribunal para dicho  reconocimiento. El  ataque es incompleto.  

  

2.8.          En relación con la prueba testimonial, fundamentalmente  criticada por el impugnante en relación con el reconocimiento  del lucro cesante a favor de algunos demandantes, debe señalarse  que en efecto, en los cargos 15°, 20°, 22°, 74°, 89°,  92°, 96°, 99°, 114°, 118°, 120° y 169°  basa su reproche en el hecho de que la parquedad de los testigos por  no explicitar circunstancias de tiempo, modo y lugar que rodearon la  aserción atinente a la actividad económica que  afirmaron desarrollaba la víctima, impedía que el  Tribunal concediese al demandante el lucro cesante reclamado por  este, bien porque tan sólo indicaron que aquella se dedicaba  al bareque o a la minería (cargos 15° y 22°), o era  ama de casa (cargo 74°), o ambas cosas (cargo 89° y 92°).  En otros más se limita a mencionar al testigo sin desarrollar  el ataque (cargos 96 y 169°) o con la afirmación de que  esa declaración testimonial no era prueba suficiente de la  actividad de minería pues estaban ausentes otros medios de  convicción como las certificaciones de cotización al  sistema de Seguridad Social, la inscripción en la alcaldía  municipal o declaraciones tributarias (cargo 114°, 118°,  120°). En el cargo 20° se cuestiona el hecho de que el  declarante alude a la víctima con su apodo (Morolío) o  se refirió a una persona distinta del perjudicado directo  (cargo 99°)  

  

Tuvo  a bien el Tribunal en resumir las declaraciones de los diversos  testigos cuyas declaraciones el recurrente fustiga. Así,  destacó que los allegados por la parte actora le merecían  credibilidad por cuanto en su mayoría eran residentes del  corregimiento de Machuca, se encontraban en el día de la  tragedia, conocían a los demandantes y sus familias y de forma  espontánea relataron los hechos de la tragedia, la situación  de las víctimas advirtiendo en su opinión “claridad  en lo manifestado” (f. 2432, cdno. Trib.).  

  

En  lo concerniente al lucro cesante dejó esclarecido que ante la  falta de prueba contundente sobre la cuantía de  ingresos  regulares de las víctimas acudía a la presunción,  prohijada por esta corporación, concernientes a la utilización  del salario mínimo legal vigente para la época.  Asimismo, más que en la actividad propiamente dicha, puso  énfasis la Corporación ad  quem en  que estas personas fuesen productivas y por ello, acudiendo a  precedente del Consejo de Estado, reconoció en las amas de  casa víctimas directas de la tragedia, la posibilidad de  generar ingresos equivalentes asimismo, al salario mínimo  legal (f. 2454).  

  

De  modo que ante la falta de ataque certero de este fundamento del  Tribunal, resultan vanas las contradicciones, parquedades y demás  inconsistencias que se esfuerza la censura en resaltar, si a fin de  cuentas no fustigó una posición que se sustenta en que  el lucro cesante ha de reconocerse sobre la base de la capacidad  productiva mermada de la víctima directa, más que en la  actividad lucrativa concreta desplegada por ella.  

  

Las  anteriores consideraciones son suficientes para desestimar estos  cargos.  

  

SECCIÓN  IV  

  

En  esta sección se abordará el examen de los cargos  dirigidos a cuestionar las conclusiones del Tribunal atinentes al  llamamiento en garantía que hizo la demandada a Royal &  Sun Alliance Seguros (Colombia) S.A.  

  

CARGO  4°. Violación directa de norma sustancial  

  

Se  acusa la sentencia de ser directamente violatoria del artículo  2356 del Código Civil, por aplicación indebida, como  consecuencia de un error de hecho  al haber atribuido la causa de los daños derivados de la  tragedia ocurrida el 18 de octubre de 1998 exclusivamente a la  supuesta culpa de OCENSA, en tanto que, como fundamento para absolver  a la llamada en garantía imputó la plena  responsabilidad del atentado a un «acto  de guerra» al ELN.  

  

A  efectos de justificar la queja, manifiesta el recurrente que el  Tribunal no halló configurado «el  hecho de un tercero como causal eximente de responsabilidad al mediar  una supuesta culpa de Ocensa y al ser el atentado previsible»,  ser su actividad peligrosa y por ende tener a su cargo la guarda de  la misma a más de haber omitido contar en el lugar con un  mecanismo de aviso a la comunidad frente a una emergencia como la  ocurrida; mientras que para acoger las defensas de la aseguradora «sí  tuvo al atentado como un hecho imprevisible que se constituyó  como un “acto de guerra”»,  pues consideró que la reparación de los daños  sufridos por los demandantes no estaba cubierta por la póliza  de responsabilidad civil, «por  haber tenido origen en un acto de guerra perpetrado por el ELN»,  pese a que «previamente había  descartado, de manera rotunda, que la actuación del ELN  hubiera influido en la cadena causal del atentado».  

  

Aduce  que atendiendo ese «incoherente  razonamiento», el Tribunal  aplicó erróneamente la norma sustancial invocada al  considerar que «no se  configuraba el hecho de un tercero como causal eximente de  responsabilidad».  

  

Cargo  170°: Violación directa de norma sustancial  

  

En  este cargo se acusa la sentencia del Tribunal de haber infringido,  recta vía,  el artículo 1105 del Código de  Comercio, pues considera  que solo se aplica a los seguros de daños,  que recae sobre bienes concretos y es diferente del de  responsabilidad civil, que recae sobre el patrimonio, y por tanto  atienden a objetos y finalidades distintas. De suerte que  cuando el  Tribunal utilizó la norma aludida y entendió excluidos  las pérdidas o daños que sufran los objetos asegurados  o los demás perjuicios causados por, entre otros eventos,  guerra civil o movimientos subversivos, confundió el seguro de  daños reales con el de responsabilidad civil, sobre el cual la  doctrina ha concluido que esas exclusiones, previstas en el precepto  1105,  no sólo no son aplicables sino que son inconducentes e  innecesarias por corresponder a típicos casos fortuitos que  por definición exoneran de responsabilidad al demandado y mal  podrían entonces estar cubiertas por el anotado tipo de  seguro.  

  

Por  lo demás, entender amparado por el seguro de responsabilidad  civil esos eventos es tanto como permitir que una guerra iniciada por  el asegurado, y por ende con dolo, fuese objeto de cobertura, en  contravención del artículo 1055 que establece que el  dolo y los actos meramente potestativos del tomador, asegurado  beneficiario son asegurables.  

  

Cargo  171°: Violación directa de norma sustancial  

  

Acusa  la sentencia infracción directa de los artículos 1105  por aplicación indebida y 1127 por falta de aplicación,  ambos del Código de Comercio. En su desarrollo, señala  que el Tribunal “atribuyó  la causación de los daños derivados de la tragedia  ocurrida el 18 de octubre de 1998 exclusivamente a la supuesta culpa  de OCENSA”;  y posteriormente, esto es, tras considerar que la actuación  del ELN no fue la causa, ni tuvo intervención causal en esos  hechos, aplicó una normativa que no guarda coherencia con sus  consideraciones fácticas al haber concluido que el seguro  contratado por OCENSA no cubre el acto de guerra perpetrado por el  ELN. Por consiguiente, si el Tribunal hubiera considerado como causa  de los daños sufridos por los demandantes la actuación  de ese grupo subversivo, necesariamente hubiera tenido que reconocer  la influencia de dicho hecho en el nexo causal y establecer la  respectiva exoneración de la responsabilidad atribuida a  OCENSA; pero en forma incoherente consideró que esos daños  eran imputables culposamente a OCENSA y que la reparación de  los mismos no estaba cubierta por la póliza, al haber tenido  origen en un acto de guerra del ELN.  

  

  

Con  estribo en la causal de casación prevista en el numeral 3°  del artículo 368 del estatuto procesal, se busca el quiebre  del fallo pues se aduce que la sentencia del Tribunal contiene en su  parte resolutiva disposiciones contradictorias. Para tal fin,  parangona los numerales 1.1. (que confirma la sentencia de primera  estancia en cuanto que declaró no probadas las excepciones de  fondo propuestas por la parte demandada) y 1.2 (que revocó esa  decisión en cuanto que había declarado no probadas las  excepciones de fondo propuestas por la llamada en garantía,  para su lugar declarar la prosperidad de la excepción  denominada no  cobertura por ser un riesgo excluido aducida  por Royal & Sun Alliance Seguros (Colombia( S.A.), lo que se  traduce en haber indicado que un mismo hecho, el atentado del ELN,  revistió el carácter de exterioridad para constituirse  como una exclusión de la póliza y simultáneamente  denegar tal característica para tenerlo como como causal de  eximente de responsabilidad para OCENSA.  

  

Con  el afán de explicar el contenido de la primera resolución  recuerda que el Tribunal, para arribar a la denegatoria de las  excepciones de OCENSA, estimó que esta había incurrido  en fallas en la vigilancia y control del oleoducto y que el atentado  no le era imprevisible por lo que no revestía las  características de ser un hecho de un tercero. Y para acoger  la excepción de la llamada en garantía, denominada “no  cobertura por ser un riesgo excluido” se fundamentó  tanto en la exclusión legal del artículo 1105 del  código de comercio como en lo estipulado en el numeral 14.3 de  la póliza atinente a que la misma no cubre la responsabilidad  “ocasionada directa o indirectamente por, o que ocurra a raíz  o en consecuencia de, guerra, invasión, acto de enemigo  extranjero… guerra civil, rebelión…”.  

  

De  allí concluye el recurrente que el mismo hecho, el atentado,  fue valorado de distinta manera, y se pregunta: “¿por  qué para liberar de responsabilidad a la llamada en garantía  el atentado si reviste el carácter de «acto de guerra»  totalmente ajeno a OCENSA mientras que para sustentar el hecho un  tercero no es suficiente?” (Página 759 de la demanda).  

  

CONSIDERACIONES  

  

1.        Es  patente que todos estos cargos tienen un común denominador,  consistente en la distinta consideración que, en criterio de  la censura, mereció del ad  quem el  atentado dinamitero del ELN según si lo calificaba a la luz de  la excepción planteada por OCENSA (hecho de un tercero) o de  cara a la exclusión establecida en el artículo 1105 del  Código de Comercio y refrendada en la póliza de  seguros.  

  

En  efecto, los cargos 4° y 171°, desde diversos ángulos y  con invocación de normas sustanciales, contienen la queja  común de que el atentado del ELN no fue visto como hecho de  tercero respecto de OCENSA y por ende no fue tenido como su causa, a  la vez que sí se tuvo como un hecho imprevisible, acto de  guerra, a los efectos de la póliza. El cargo 170°, por su  parte, recrimina al Tribunal la aplicación del artículo  1105 del Código de Comercio por haberlo extendido al seguro de  responsabilidad civil, siendo que tal precepto se contrae al campo de  los de daños porque las exclusiones allí previstas son  típicos casos de fuerza mayor que excluyen de responsabilidad  civil al asegurado. El cargo 174°, consecuentemente, tilda la  sentencia de contradictoria, al haber otorgado a ese atentado la  calidad de hecho externo y tenerlo así como hecho excluido de  la cobertura de la póliza y, ahí mismo, negarle esa  condición para exonerar de responsabilidad a OCENSA.  

  

2.        Al  margen de inconsistencias de cada cargo en particular,  preliminarmente ha de observarse que todos esos embates olvidan que  el Tribunal no señaló como única causa del  evento dañoso a que se contrae este proceso el atentado  terrorista del ELN, pues  muy claro estableció que la conducta dolosa de esta concurrió  con aquel (folio 2507 in fine). Dejó averiguado que “no  puede presentarse la concurrencia de la causa extraña con la  culpa del demandado”,  aserto que le guio  para descartar “la  excepción propuesta por la parte demandada atinente a la  existencia de un hecho exclusivo de un tercero, dado que la conducta  del agente no puede tener incidencia alguna en la ocurrencia del  daño”  (f. 2444, vto.)  

  

Por  lo que no es cierto que el juzgador haya establecido una conducta  exclusiva de OCENSA.  

  

Y  en efecto, sabido es que el artículo 23445  del Código Civil sienta un principio de solidaridad pasiva  cuando en el resultado dañoso ha intervenido causalmente en  forma activa desde el punto de vista jurídico la conducta  (facere o  non facere)  de dos o más personas, sin que al efecto se requiera que dicha  intervención sea coetánea o simultánea, pues lo  decisivo es que “los  diversos comportamientos concurran en la lesión del mismo  interés”  en frase de De Cupis que la Sala tomó para aplicar la  solidaridad pasiva en obligados a título contractual y  extracontractual (SC172-2002 del 11 de septiembre de 2002, rad.  6430).  

  

Ni  lo es que haya exonerado a la llamada en garantía por ser  imprevisible el acto de guerra perpetrado por ese grupo guerrillero.  Dejó establecido que lo de la previsibilidad de la guerra en  una situación como la que padece el País, era un asunto  que más bien debía ser propuesto en escenarios  legislativos, pues es el artículo 1105 del Código de  Comercio el que entiende excluido del contrato de seguro, sin que por  ello sea menester un pacto específico, las pérdidas o  daños que sufran los objetos asegurados como consecuencia de  guerra civil o internacional, motines, huelgas, movimientos  subversivos o en general, conmociones populares de cualquier clase.  

  

Ahora  bien, a lo largo de la densa sentencia y de los cargos ídem  elevados contra la misma, surge evidente que el atentado del grupo  guerrillero se constituye en una causa próxima6  o inmediata y hasta –si se quiere- natural o física,  preponderante y eficiente en la cadena desencadenante de la tragedia  de Machuca; pero eso no significa, que sea ella una causa exclusiva,  requisito éste indispensable para la configuración de  este eximente, pues como hubo de examinarse en cargo anterior, la  culpa por negligencia de OCENSA la materializó el Tribunal no  sólo en los actos de operación del oleoducto, en tanto  había sido objeto de anteriores atentados en zonas muy  próximas al último y fatal (aspecto este en el que la  Corte no fijó su atención porque, conforme lo puso de  presente la censura en cargo antes analizado, la diligencia en el  mantenimiento y cuidado del oleoducto fue un tema suficientemente  probado por OCENSA), sino en el hecho de que en el diseño del  mismo incurrió en fallas al no advertir que una ruptura, por  cualquier causa, podía desencadenar consecuencias aciagas como  las que pasaron, en atención a la posición de altura y  cercanía del tubo frente al pueblo, al régimen  torrencial del río Pocuné, a las quebradas que  desembocan en él y que sirven –y sirvieron- para  conducir el petróleo derramado al río y al pueblo.  

  

En  lo que hace al cargo cuarto,  a lo anterior debe agregarse que se encuentra confusamente planteado,  pues a vuelta de indicar que la infracción normativa acusada  habrá de ser desarrollada por la vía directa, endilga  al Tribunal yerros probatorios de hecho, y bien sabido se tiene que  aquella forma de violación excluye toda discrepancia del  censor con las conclusiones que en el terreno de la fáctico  haya adoptado el Tribunal, pues la crítica que debe  desarrollar debe ser estrictamente jurídica, esto es, sin  separarse de, y menos criticar, las conclusiones fácticas o  probatorias del juzgador.  

  

Pero  si se pensara que obedeció tal confusión a un lapsus,  pues el cargo no menciona medio de convicción alguno sobre el  cual recaiga el yerro ambiguamente anunciado, debe entonces  entenderse que el cuestionamiento al juzgador estriba en no haber  extendido como causa del daño la actuación del ELN para  efectos de exonerar a la demanda, como sí lo hizo para  considerar tal hecho como riesgo excluido y absolver a la llamada en  garantía. Con lo que de entrada, y bajo el ropaje de una  contradicción argumentativa, aflora en tal postura un típico  alegato de instancia, en el que olvida la censura que si al margen de  consideraciones fácticas achacaba al juzgador la infracción  de normas sustanciales, su cometido sólo se cumplía  poniendo de presente cómo el precepto anunciado como  transgredido fue inaplicado o indebidamente aplicado o, en fin,  erróneamente interpretado –sin que por ello se entienda  que la Corte haya revivido y exija acierto en el denominado concepto  de la violación-, planteando entonces un debate de tinte  estrictamente jurídico, pero no, como se aprecia, volviendo  como eje de la argumentación su queja sobre la falta de  coherencia del Tribunal.  

  

En  suma, la lectura desprevenida de este embate permite distinguir que  el recurrente muestra dudas en cuanto a si su ataque debe ser  enderezado por la vía directa, como lo anuncia, o por la  indirecta por errores de hecho, como después prefiere, sin que  por lo demás anuncie cuál es la prueba omitida,  tergiversada o supuesta por parte de la corporación de segundo  grado. Se trata más propiamente de una alegación propia  de la instancia, que parte además de una premisa equivocada y  es la de equiparar el acto de guerra, fortuito o no, excluido de la  póliza, del atentado si se quiere también acto de  guerra, pero en el entendimiento del Tribunal según se vio en  el cargo anterior, enteramente previsible, y en todo caso, confluente  con una culpa de OCENSA.  

  

Respecto  de los cargos 170° y 171°  debe también señalarse que, a pesar de manifestar la  censura que mostrará apego a las conclusiones fácticas  adoptadas por el Tribunal en la sentencia combatida, luego de su  desarrollo teórico tendiente a demostrar que el artículo  1105 del Código de Comercio no es aplicable a los seguros de  responsabilidad civil, manifiesta que “los  hechos causa del siniestro fueron causados única y  exclusivamente por el grupo guerrillero del ELN, resultando ser  constitutivos de un factor eximente de responsabilidad”  (página 745 de la demanda de casación de OCENSA). Y,  como se ha reiterado, muy otra fue la conclusión a que el  Tribunal llegó, como se aprecia en este pasaje del fallo, que  por su contundencia y síntesis se reproduce:  

  

“la  responsabilidad se imputa en su condición de guardiana de la  actividad de transporte de hidrocarburos, que como se dijo representa  un riesgo para otros, que le impone extremar las medidas de seguridad  y vigilancia para evitar daños como los causados a los  habitantes del corregimiento de machuca, máxime cuando como ha  quedado plasmado en las declaraciones de testigos, informes y actos  administrativos, el tramo del oleoducto que pasa por dicho lugar se  encuentra bastante cercano a la población; lo mismo que en el  dictamen pericial en que el topógrafo nítidamente  dictaminó que por las características del relieve del  terreno y la pendiente alta desde donde corrió el crudo,  siempre que hubiera un derrame como el acaecido el 18 de octubre de  1998, el recorrido sería el mismo, desembocaría al río  Pocuné y las consecuencias serán idénticas, sin  que haya forma de evitarlas, situación ésta que fue  advertida además por los testigos expertos. Las conclusiones  resaltadas del dictamen pericial, son contundentes en cuanto al  peligro que conllevaba la ubicación del ducto respecto del  corregimiento de machuca, advertido también por los  demandantes habitantes del lugar al expresar que caminando del  caserío al punto más cercano del oleoducto se llevan  entre 10 y 20 minutos aproximadamente. De igual manera dadas las  características de la corriente del río Pocuné,  especificadas en el dictamen rendido en esta instancia, permiten  suponer la forma como se desplazaría el crudo en caso de  derrame, presentándose en fraguas para la época de la  tragedia un tiempo lluvioso, lo que acorde a lo dictaminado por el  perito del ideam teniendo en cuenta el carácter torrencial del  Río favorece el aumento de su caudal, lo que de contera  incrementa la velocidad de su curso y por ende al derramarse el crudo  o cualquiera otro líquido en tal arroyo hace que dicha  sustancia fluya rápidamente a través de su cauce, lo  que indudablemente eleva la potencialidad del daño en los  veranos, acotando aquí que la cercanía del oleoducto  respecto del Río es un hecho que de manera alguna puede  considerarse como una circunstancia imprevisible para la entidad  demandada, la que al transportar el crudo por el ducto de su  propiedad no es ajena a que en determinadas circunstancias que  generan el derrame del líquido, éste vierta sobre el  río conllevando peligro para las personas y bienes situados en  el perímetro de su ribera, descartándose así uno  de los presupuestos constitutivos de la causa extraña como lo  es la imprevisibilidad” (página  496 de la sentencia del Tribunal)  

  

Ahora  bien, debe manifestarse que el seguro de responsabilidad civil busca  no sólo la cobertura del riesgo consistente en el surgimiento  de una obligación a cargo del asegurado, con ocasión  del incumplimiento de un deber jurídico concreto o genérico  causante de daños a terceros, sino la posibilidad de que éstos  tengan a la mano un recurso adicional que les permita contar con más  garantías de obtención de la reparación. Es un  seguro cuyo interés asegurable se focaliza en el patrimonio  del asegurado responsable  de un daño que debe reparar, por lo  que el detonante del siniestro lo constituye la obligación  indemnizatoria a cargo de aquel surgida de la responsabilidad en que  incurre de acuerdo con la ley (art. 1127 del c. de co). Es pues un  seguro que no se dirige en general a proteger el interés  asegurable que puede recaer sobre un bien, esfera propia de los  seguros de daños reales,  sino que apunta al patrimonio, y por ello es un seguro  de daños patrimoniales.  

  

Más  allá de la desafortunada redacción que al texto del  artículo 1127 del Código de Comercio le imprimió  el artículo 84 de la Ley 45 de 1990, en lo que concierne a  este caso resalta la Corte que tal precepto aún permite que se  asegure la responsabilidad contractual y la extracontractual, y por  supuesto, la delimitación del riesgo (acontecimiento futuro e  incierto que, acaecido, da lugar a la obligación de la  compañía aseguradora de pagar el siniestro), objeto del  contrato de seguro es asunto que queda en la órbita de la  autonomía de la voluntad de las partes, siendo de destacar, en  todo caso, que no todos los riesgos que afecten el patrimonio del  asegurado son asegurables (v. gr. los actos dolosos del tomador,  asegurado o beneficiario no lo son, así como tampoco las  sanciones de carácter penal o policivo, art. 10557  c. de co.) ni todos los que son asegurables se entienden asegurados.  En esa medida, es usual que las pólizas circunscriban los  riesgos a determinadas causas  (un contrato, una actividad, etc.), por un tiempo  definido (bien para sucesos acaecidos y/o a reclamos efectuados en  vigencia de la póliza), en un espacio  también delimitado (predios del asegurado, en el territorio  nacional, etc.) con cobertura de determinados  daños –patrimoniales o  extrapatrimoniales, corporales, morales, o todos los causados, etc.).  En suma, la naturaleza y alcance del riesgo suele y debe estar  perfectamente determinado en el contrato.  

  

En lo que  hace a las causas, suele la técnica aseguradora aconsejar la  exclusión de los denominados riesgos catastróficos, en  los que en “la causa que los  motiva se produce con periodicidad tan variable y tan distanciada, y  con efectos económicos tan diferentes, que resulta imposible  tanto la determinación estricta de su posible ocurrencia como  la fijación a priori  de los daños que pueda ocasionar”  (Benítez de Lugo, Luis, tratado de seguros, volumen II, Reus,  Madrid, página 85). Tienen origen en acontecimientos  extraordinarios, bien de la misma naturaleza (erupciones volcánicas,  terremotos) o de origen humano (revoluciones, conmociones, guerra)  que por su propia anormalidad y acaecimiento, capacidad de  destrucción y por ende, elevada intensidad y cuantía de  los daños que generan en un territorio más o menos  extenso e inclusive, en todo un país, son particularmente  difíciles de proyectar y medir a efectos de sentar las bases  técnicas que permitan calcular la probabilidad de su  frecuencia, el cálculo de la prima, entre otras variables de  no poca importancia en la actividad aseguradora. La eventual   inasegurabilidad de estos riesgos está determinada, no por  aspectos legales ni porque no puedan ser cubiertos,  pues de hecho  muchos de ellos se amparan, sino por circunstancias técnicas  como la indeterminación de su frecuencia, su poca dispersión  y su intensidad, y en últimas, por la posibilidad de que el  asegurador y el sector mismo sufra una pérdida tan grande que  pueda acabar con la actividad. Claro está, como se dijo, estos  riesgos pueden ser asegurados, pero debe mediar una manifestación  expresa del asegurador, según lo ya indicado.  

  

De allí  que el artículo 1105 del Código de Comercio, contenido  en el capítulo II referente a los seguros  de daños, y en concreto, a  los principios comunes  que los regulan (tanto los de cosas como los patrimoniales),  establezca que se entienden igualmente excluidos del contrato de  seguro las pérdidas o daños que sufran los objetos  asegurados o los demás perjuicios causados por: 1) guerra  civil o internacional, motines, huelgas, movimientos subversivos o,  en general, conmociones populares de cualquier clase, y  2)   erupciones volcánicas, temblores de tierra o cualesquiera  otras convulsiones de la naturaleza.  

  

Ahora  bien, que buena parte de esos riesgos extraordinarios pueden también  ser calificados, en un caso particular, como eventos de caso fortuito  y por ende ser tenidos en cuenta a efectos de considerar que rompen  la relación causal entre la conducta del eventual responsable  y el daño reclamado, no significa que por esa razón el  seguro de responsabilidad civil no los tenga en cuenta, en principio.  Se trata, se reitera, de un asunto de técnica del seguro en el  que se hallan involucradas materias complejas como la ley de los  grandes números, el cálculo de probabilidades, los  resultados de estadísticas sobre los riesgos asegurables,  entre otras variables, que aconsejan que eventos inciertos de ese  linaje se entiendan excluidos.  

  

Dicho lo  anterior, debe concluirse que no asiste razón a la censura al  indicar que como la guerra, las acciones de movimientos subversivos y  demás riesgos catastróficos pueden llegar a ser  irresistibles y hasta imprevisibles, ese carácter de caso  fortuito excluye la responsabilidad y por ende mal haría en  ser objeto de cobertura en seguros de responsabilidad civil, aserto  que si bien esconde parte de verdad, omite las consideración  de que no suelen amparase por ser riesgos catastróficos, más  que imprevisibles e irresistibles.  

  

En todo  caso, aun de ser cierto que no se asegura lo que justamente  constituye la exclusión de responsabilidad civil del  asegurado, no se ve el interés jurídico del  planteamiento que la censura desarrolla en el cargo, si, a fin de  cuentas, por la razón que sea cuando un hecho como el de este  proceso se encuentra en principio excluido y tal hecho –junto  con el de la demandada- causó el daño, la obligación  del asegurador no nace por estar ese evento excluido, a nivel general  en la ley, y particular en el contrato.  

  

En  síntesis, si un resultado dañoso puede ser atribuido a  diferentes causas -la conducta del demandado y el hecho de un  tercero-, desde el punto de vista de la responsabilidad civil el  primero queda obligado a indemnizar y, desde el ángulo del  seguro, la aseguradora no adquiere la obligación por  estar  excluida la cobertura cuando en el evento detonante del siniestro  intervino el hecho del tercero mencionado como causal excluyente  (guerra).  

  

  

Cargo  172°: Violación indirecta de normas sustanciales  

  

En  este cargo se acusa la sentencia de violación indirecta, por  aplicación indebida, de los artículos 1105 y 1127 del  Código de Comercio como consecuencia de una indebida  apreciación de la póliza de seguros suscrita entre  OCENSA y Royal & Sun Alliance Seguros (Colombia) S.A., pues los  actos de guerra “no  se pueden tener como jurídicamente excluidos bajo la  naturaleza de la póliza suscrita pues, además de que no  se entienden como excluidos dentro de un seguro de responsabilidad  civil y su exclusión sólo aplica para los seguros de  daños reales, su misma ocurrencia al ser calificados como  hechos catastróficos, los configura bajo la óptica de  causales de exoneración de responsabilidad para con el  asegurado”.  

  

En  consecuencia, afirma que las partes siempre estuvieron persuadidas de  la eliminación de esa exclusión legal así como  de cualquier otro riesgo catastrófico ligado a la misma por  razón de la desestabilización política de  entonces. De allí que el objeto y fin por el cual OCENSA  suscribió un seguro de responsabilidad civil con Royal &  Sun Alliance Seguros Colombia S.A. no atendía propiamente a  los riesgos propios de la actividad del transporte sino a evitar todo  tipo de hechos que pusieran en riesgo el desarrollo de sus labores  por el clima de desestabilización política y social al  que se veía sometido el país por la presencia de grupos  al margen de la ley en la región en la que operaba.  

  

Debió  entonces el juzgador interpretar el contrato para darle efectividad a  la voluntad convencional, según lo ha pregonado la Corte  Suprema, por lo que si es ostensible que OCENSA tuvo como objetivo  amparar todo riesgo, el Tribunal rompió la unidad de la póliza  haciéndole producir efectos contrarios a los que de su  conjunto se deducen, como lo fue excluir de toda responsabilidad a la  aseguradora siendo que por el contexto en que ella se suscribió  debían entenderse asegurados todos los riesgos y no sólo  los de la actividad del transporte. En suma, las cláusulas  dispuestas en la póliza deben atender al fiel reflejo de lo  que fue la voluntad de los contratantes, siendo entonces reo de error  de hecho el Tribunal al haberla apreciado indebidamente porque los  riesgos de guerra y los eventos relacionados con la misma debían  entenderse cubiertos en razón del clima de desestabilización  política y social del país.  

  

CONSIDERACIONES  

  

El  embate que se analiza parte de la base de que los actos de guerra no  se pueden tener como jurídicamente excluidos en la póliza  de responsabilidad civil. Son hechos catastróficos que  exoneran de responsabilidad para  con el asegurado.  Y luego se argumenta que por no apreciar correctamente la póliza,  no vio el Tribunal que las partes entendían esos actos de  guerra como incluidos dentro de los riesgos asumidos por la llamada  en garantía.  

  

A  más de la inextricable presentación de ese argumento,  lo cierto es que la mayor parte del cargo desarrolla la última  parte, atinente a que esos riesgos extraordinarios están  cubiertos en la póliza,  pues las partes así lo  quisieron, lo que se deduce del  contexto  (f. 1970), a más de que si las cláusulas de la póliza  son susceptibles de significados diversos, no puede aceptarse tal  como aparecen,  pues hay que atender a la voluntad de los  contratantes.  

  

En  cargo anterior (170°) la demandada arguyó que “la  exclusión legal del artículo 1105 es aplicable única  y exclusivamente al seguro de daños reales porque su  aplicación para el seguro de responsabilidad civil es  inconducente e innecesaria”,  pues si una exclusión obedece a un evento que hipotéticamente  puede estar en principio cubierto por el seguro (“tiene  la vocación con la potencialidad de ser objeto del seguro”,  f. 1960) pero que las partes o la ley lo entienden excluido, “carece  de toda lógica que los hechos de «guerra civil o  internacional, motines, huelgas, movimientos subversivos o, en  general, conmociones populares de cualquier clase»…  sean objeto  de cobertura bajo un seguro de responsabilidad civil, cuando  precisamente se trata de hechos un tercero y hecho de fuerza mayor o  caso fortuito que son eximente de responsabilidad”  (fls. 1960 y 1961)  

Es  patente entonces que se encuentra una clara contradicción  entre lo que se asevera en este ataque y lo que antes -en el cargo  170- se dijo en relación con el mismo asunto. Por lo que la  Corte debe recordar que, según el artículo 51 del  decreto 2651 de 1991, convertido en legislación permanente por  el artículo 162 de la ley 446 de 1998,  

no  son admisibles cargos que por su contenido sean entre sí  incompatibles. Si se presentan y adolecen de tal defecto, la Corte  tomará en consideración los que, atendidos los fines  propios del recurso de casación por violación de la  ley, a su juicio guarden adecuada relación  con la sentencia  impugnada, con los fundamentos que le sirven de base, con la índole  de la controversia específica mediante dicha  providencia  resuelta, con la posición procesal por el recurrente adoptada  en instancia y, en general, con cualquiera otra circunstancia  comprobada  que para el propósito indicado resultante  relevante.  

  

En  esa medida, se advierte que el argumento tendiente a considerar no  cubiertos en pólizas de responsabilidad civil eventos tales  como los actos de guerra por ser inconducentes dado que precisamente  exoneran de responsabilidad al asegurado, en su condición de  sucesos que tienen las características de fuerza mayor, guarda  consonancia con la insistente posición de OCENSA y la llamada  en garantía en cuanto a que, cada una por su lado, propuso  como excepción de mérito el hecho  de un tercero  que, que, bien se sabe, debe ostentar las características de  ser imprevisible e irresistible para el eventual responsable, según  lo ha doctrinado esta Corporación. Si ello es así, debe  seguirse que este cargo, en el que contradictoriamente ahora está  la demandada pregonando que ambas partes sí entendieron  incluido el acto de guerra en los riesgos asumidos en la póliza  base del llamamiento, es inadmisible y ello bastaría para  considerar su fracaso.  

  

No  obstante lo anterior, debe señalarse que la única  prueba  que la censura considera indebidamente apreciada por el  Tribunal es la póliza de seguros expedida por Seguros Fénix  -ahora Royal & Sun Alliance seguros (Colombia) S.A.-.  Y a partir  de ella se afirma, sin precisión de otro medio de convicción  que así lo corrobore, que las circunstancias que rodearon la  suscripción y renovación daban  a entender que siempre  se tuvo por las partes el consenso de que la guerra y cualquier otro  riesgo catastrófico estaba incluido, que del contexto de la  póliza ello se desprende y que el juez debe auscultar y  privilegiar la voluntad real. Se trata, como es ostensible, de  afirmaciones sin demostración alguna, lo que aunado al defecto  anterior, también impide a la Corte realizar la comparación  o cotejo entre lo que las prueban dicen y lo que el Tribunal de ellas  extrajo.  

  

En  otras palabras, si lo que quería era demostrarse que las  circunstancias que rodearon la suscripción y renovación  de la póliza hacían entender cómo cubiertos esos  riesgos extraordinarios, el recurrente debió establecer con  precisión y claridad qué pruebas omitió el  Tribunal que daban cuenta de tal afirmación. Porque lo que  aparece estipulado es esto:  

  

“Cláusula  de exclusión de guerra y guerra civil (aprobada por Lloyd’s  Underwiters Non-Marine Association): no obstante estipulación  alguna en contrario contenida en este documento , la presente póliza  no cubre pérdidas ni daños ocasionados ni  indirectamente (sic) por, o que ocurran por razón o a  consecuencia de, guerra, invasión, acto de enemigos  extranjeros, hostilidades (sea que haya declaración de guerra  o no ), guerra civil, rebelión, revolución,  insurrección, golpe de cuartel militar o usurpación del  poder, o confiscación o nacionalización o requisición  , o destrucción de daños a bienes por o bajo una orden  de cualquier gobierno o autoridad pública o local”.  

  

Bien  vale entonces recordar que en materia de hermenéutica  contractual el criterio predominante, cual lo hace querer poner de  presente la censura, es el previsto en el artículo 1618 del  Código Civil, según el cual “conocida  claramente la intención de los contratantes, debe estarse a  ella más que a lo literal de las palabras”.  

  

Pero  si ello es cierto, también lo es que esa comunis  intentio  debe demostrarse. No en vano esta corporación ha señalado  que la aplicación de ese precepto  

no  se supedita a aquellos casos en que las palabras usadas por los  contratantes no son absolutamente claras y por tanto exigen que el  intérprete ausculte la verdadera intención de aquellas,  pues va más allá, como que muy a pesar de la claridad  del texto contractual, si la voluntad común de las partes es  diferente y  se conoce,  a ella hay que plegarse más que al tenor literal. No es por  consiguiente de recibo pleno el brocardo “in  claris non fit interpretatio”,  que sugiere que si el sentido de las palabras usadas en el contrato  es claro, no hay para qué mirar más allá, pues  se substituiría la intención cierta de los contratantes  por la incierta del intérprete; pero a no dudarlo es un  presupuesto de secular aceptación del cual ha de partirse -y  que como se verá líneas después es de particular  aplicación en el contrato de seguro-, dado que “cuando  el pensamiento y el querer de quienes concertaron un pacto jurídico  quedan escritos en cláusulas claras, precisas y sin asomo de  ambigüedad, tiene que presumirse que estas estipulaciones así  concebidas son el fiel reflejo de la voluntad interna de aquellos y  que, por lo mismo, se torna inocuo cualquier intento de  interpretación”  (Sentencia  de Casación Civil del 5 de julio de 1983).  (SC 139-2002 del 1° de agosto de 2002, rad. 6907, reiterada,  entre otras en SC038-2015, del dos de febrero de 2015, rad. 11001 31  03 019 2009 00298 0l).  

  

Las  anteriores consideraciones son suficientes para concluir en el  fracaso de este cargo.  

  

SECCION V.   DEMANDA DE LA PARTE DEMANDANTE  

  

PRIMER  CARGO  

  

Se  alega que como  consecuencia de los yerros  probatorios de hecho  que el Tribunal cometió en la apreciación de algunas  pruebas, no reconoció el daño a la vida de relación  pretendido  por algunos actores como ocasionados por la tragedia de que trata  esta causa. Tales dislates condujeron al sentenciador a infringir   los artículos 174, 175, 187 del Código de Procedimiento  Civil, así como los preceptos 2341, 2342,  2356, 1494, 1613,  1614 y 1615 del Código Civil, y el artículo 16 de la  ley 446 de 1998.  

  

Aun  cuando el sustento de la acusación referida a cada uno de los  demandantes se hace en forma individual, en general en todas ellas la  censura indica que el Tribunal dejó de reconocer el daño  a la vida de relación al encontrar que no se encontraba  demostrado, sin advertir que mediante una presunción de hombre  o judicial podía inferir por la magnitud de los hechos  acaecidos, que dicho perjuicio se patentizaba en la abrupta  incineración del poblado en que vivían las personas  reclamantes, de sus casas, de las casas de sus vecinos, amigos y  familiares, todo lo cual obra en los informes de varias autoridades  que dan cuenta de la destrucción parcial del pueblo, de la  gente que se fue, el trabajo que disminuyó, de las amenazas  ahora reales de la guerrilla, de la privación de la  tranquilidad, de la rutina del trabajo, de los amigos, “sin  que tal afectación necesariamente deba radicar en una prueba  directa que así lo diga, porque el juez en uso de su amplio  arbitrio, puede, deducir estas circunstancias de la valoración  de todas las pruebas”  (folio 200, equivalente a la página 26 de la demanda de  casación de los demandantes)  

  

Asimismo,  todos ellos reclaman que el Tribunal no hubiese hecho una apreciación  en conjunto de las pruebas, en los siguientes términos:  

  

“La  apreciación conjunta de las piezas procesales que componen el  plenario, y a las que me he referido, no dejan espacio para albergar  la más mínima duda que el demandante si sufrió  daño de la vida de relación, así no haya una  prueba que lo afirme de manera explícita, porque con el  conjunto de pruebas ya referidas se infiere que el mismo existe y fue  sufrió en particular por el demandante sufrió  considerablemente siendo el mismo trascendente para su proyecto de  vida y para demostrar el grave error de la apreciación  probatoria en que incurrió el ad quem, al haber omitido  observar las pruebas que acreditaban el daño y su grado máximo  de  afectación en la esfera de los, comportamiento en relación  con otros, esperanza de vida, forma de enfrentar y sentir el futuro  por esta demandante, ante la tragedia vivida y ante la muerte de sus  parientes próximos, más allá del daño  moral que pueda habérsele reconocido ya que dadas las  circunstancias en que el hecho dañoso se dio, y las  consecuencias di mismo para la vida de este demandante, no se  requieren mayores ni más profundas consideraciones porque ante  circunstancias como estas, que de hecho altera todo su proyecto de  vida y la limitarla para desarrollarse adecuadamente”  

  

1.        En  cuanto a José Crispín Sánchez Mosquera, Luz  Mercedes Mosquera Ramírez, José Mosquera, María  de los Ángeles Mosquera Ramírez, Nury María  Mosquera Mosquera, Beatriz Osmany Hincapié Muñetón,  Carmelo de Jesús Herrera Palacio, Viviana Patricia Valencia  Perea y Euclides Navarro Benítez el Tribunal dejó de  apreciar:  

  

a)  La copia del comunicado del 24 de octubre de 1998, enviado por la  Defensoría del Pueblo a la Procuraduría General de la  Nación (folios 233 a 243 del cuaderno principal del radicado  2004-042) en el cual, dice la censura, “se  relacionan los efectos de la tragedia vivida en la población  de Fraguas el 18 de octubre de 1998 y las graves consecuencias  derivadas de la misma, como la quemadura de gran parte del caserío,  la contaminación del río Pocuné, la devastación  y la afectación de vidas humanas por muerte y lesiones”  (f. 200 que equivale a la página 76 de la demanda de los  demandantes).  

  

b)        La  copia del certificado expedido el 23 de octubre de 2001 por el  Personero Municipal de Segovia, donde se concreta el número de  muertos y heridos que dejó como consecuencia la mencionada  tragedia.  

  

c)          El informe sobre cada uno de los demandantes, que realizó la  psicóloga Sandra Milena Pinilla Gómez, así:  

  

–        Respecto  de José Crispín Sánchez Rodríguez (folios  465 a 468 del cuaderno principal del radicado 2004-0042): recoge las  apreciaciones profesionales sobre el estado del demandante, traducido  en sentimientos de desesperanza y aflicción.  

  

–        En  cuanto a Luz Mercedes Mosquera Ramírez (folios 102 a 103, caja  principal del radicado 2004-00 43): sentimientos de desesperanza y  aflicción.  

  

–        En  relación con José Mosquera (folios 149 a 161 del  cuaderno principal del radicado 2004-0043): aflicción,  tristeza, desesperanza hacia el futuro, recuerdos constantes del  acontecimiento.  

  

–        En  relación con María de Los Ángeles Mosquera  Ramírez (folios 124 a 136 del cuaderno principal del radicado  2004-0043): cuadro depresivo de gravedad e ideas suicidas, aflicción.  

  

–        En  cuanto a Nury María Mosquera Mosquera (folios 114 a 123 del  cuaderno principal del radicado 2004-0043): angustia y desprotección  por la pérdida de su compañero permanente, constante  angustia por la situación económica derivada de los  hechos.  

  

–        En  referencia a Beatriz Osmany Hincapié Muñetón  (folios 99 a 106 del cuaderno principal del radicado 2004-0048):  sentimientos de tristeza, melancolía, abatimiento, angustia y  desesperanza.  

  

–        Sobre  Carmelo de Jesús Herrera Palacio (folios 275 a 287 del  cuaderno principal del radicado 2004-0049): sentimientos de tristeza  profunda, abatimiento, desesperanza e incertidumbre.  

  

–        De  Viviana Patricia Valencia Perea (folios 87 a 98 del cuaderno  principal del radicado 2004-0050): conductas evasivas, deseos de  huir, respuestas fisiológicas como sudoración,  palpitación, problemas de sueño.  

  

–        Sobre  Euclides Navarro Benítez (folio 108 a 115 del cuaderno  principal del radicado 2004-0074): depresión de tipo grave,  constante angustia y agitación, estado de tristeza, melancolía  profundos, síntomas de estrés postraumático a  pesar de haber transcurrido seis años, sentimientos de miedo,  cambio drástico de su vida por la muerte de su familia  

  

2.        En  referencia a María Inés Mosquera Mosquera, María  Gilma Rodríguez de Sánchez, Claudia María  Ibarguen Mosquera, Orfa Henao Estrada, Resfa Henao Estrada, René  de Jesús Henao Estrada, Miguel Angel Henao Ospina, Francisco  Antonio Vélez González, Zuleima Montoya Roldán,  Robinson Mario Jaramillo Montoya, Flor María Muñoz  Sepúlveda, Rosa Nury Muñetón Vásquez,  Flor María Hincapié Muñetón, Carmelo  Antonio Herrera Oquendo, Deyi Milena Ospina Oquendo, Aíra Ruth  Herrera Oquendo, Jesús Antonio Herrera Oquendo, Alex Eloy  Herrera Oquendo, Robertina Oquendo Hernández, Berta Helena  Oquendo Hernández, Orfelina Perea Mosquera, Miguel Angel  González Llano, Yuli Yoana González Valdés,  Edwin Orlando Monsalve Guarín y Pedro Adán Henao  Galeano el Tribunal dejó de apreciar:  

  

a)  La copia del comunicado del 24 de octubre de 1998, enviado por la  Defensoría del Pueblo a la Procuraduría General de la  Nación (folios 233 a 243 del cuaderno principal del radicado  2004-042) en el cual, dice la censura, se relacionan los efectos de  la tragedia vivida en la población de Fraguas el 18 de octubre  de 1998 y las graves consecuencias derivadas de la misma, como la  quemadura de gran parte del caserío, la contaminación  del río Pocuné, la devastación y la afectación  de vidas humanas por muerte y lesiones.  

b)        La  copia del certificado expedido el 23 de octubre de 2001 por el  Personero Municipal de Segovia, donde se concreta el número y  nombre de los  muertos y heridos que dejó como consecuencia la  mencionada tragedia.  

  

  

a)        La  referida copia del comunicado del 24 de octubre de 1998 de la  Defensoría del Pueblo al Procurador General de la Nación;  

  

b)        La  aludida copia del certificado del 23 de octubre de 2001 del Personero  Municipal de Segovia;  

  

c)        El  informe profesional de la psicóloga Ana Milena Correa Serrano,  respecto de los siguientes demandantes, en el que se recogen las  apreciaciones profesionales del estado afectivo, así:  

  

–        Sobre  Octavio Madrid Morales (folios 133 a 144 del cuaderno principal del  radicado 2004-0045): se recoge las apreciaciones profesionales sobre  el estado de afectación en la esfera afectiva y relacional del  demandante traducido en sentimientos de ansiedad continuos.  

  

–        En  relación con Lina María Solano Henao (folios 214 a 226  del cuaderno no principal del radicado 2004-0053): sentimientos de  angustia por la vida de sus hijos, de amor, aflicción,  inhibición motivacional, trastornos de inhibición  motivacional, disminución del deseo sexual, apatía  social, indiferencia, abatimiento, pesadumbre.  

  

–        Respecto  de Yolanda Hernández (folios 207 a 219 del cuaderno principal  del radicado 2004-0068): constante angustia, agitación, estado  de tristeza, melancolía profunda, pobre conceptualización  positiva de sí misma y del futuro, sentimientos de miedo de  indefensión.  

  

–        Cuanto  hace a María Felisa Moreno Caicedo (folios 507 a 519 del  cuaderno principal del radicado 2004-0069): constante angustia,  agitación, estado de tristeza, melancolía profunda,  pobre conceptualización positiva de sí misma y del  futuro, sentimientos de miedo e indefensión.  

  

–        En  referencia a Jesús Emilio García Monsalve (folios 205 a  217 del cuaderno principal del radicado 2004-0070): sentimientos de  tristeza, depresión leve, abatimiento, indefensión,  pobre visión del futuro, evasión de pensamientos que le  producen dolor.  

  

–        En  cuanto a Fanny de Jesús Sandoval Ortiz (folios 99 a 103 del  cuaderno principal del radicado 2004-0074): sentimientos continuos de  tristeza, desesperanza hacia el futuro, apatía social,  sentimientos de soledad por la pérdida de una familia  numerosa, estrés postraumático, recuerdos recurrentes  que provocan sensaciones negativas, malestar psicológico.  

  

4.        Sobre  Dora Lucía Montoya Roldán y Manuel Salvador Navarro se  alega que el Tribunal no apreció las dos copias de los  comunicados de la Defensoría y de la Personería, ya  citados, así como el informe psicológico rendido por la  profesional en psicología Tiana Alexandra Anaya Plata en el  que se recogen las apreciaciones de la profesional sobre el estado  afectivo y relacional del demandante, así:  

  

–        En  cuanto a Dora Lucía Montoya Roldán (folios 539 a 550  del cuaderno principal del radicados 2004-0045): sentimientos de  aflicción, intranquilidad, incertidumbre, dificultad para  conciliar el sueño.  

  

–        Sobre  Manuel Salvador Navarro (folios 552 a 556 del cuaderno principal del  radicado 2004-0074): recuerdos de familiares, compañeros y  vecinos del afectan su salud mental y estilo de vida; altos niveles  de vulnerabilidad en cuanto su forma de actuar con impedimentos en su  realización personal, social y familiar.  

  

5.        En  lo que hace a Eddy Adrián González Valdez y Luz Mery  Estrada Saavedra se alega que el Tribunal no apreció las  ya  mencionadas dos constancias de la Defensoría del Pueblo y la  Personería, así como el reconocimiento clínico  efectuado por el doctor Fernando Pereira Paternina (folio 59 del  cuaderno principal, radicado 2000-053), que da cuenta de la situación  física en que quedaron los demandantes, el primero con  cicatrices visibles ocasionadas que afectan su presencia, su  desarrollo y su desempeño laboral, y la segunda con  alteraciones estéticas visibles, alteración de la  movilidad de la mala izquierda y el 50% de la superficie corporal  quemada.  

  

Y  en relación con Eddy Adrián González Valdez, se  aduce que el Tribunal no apreció en toda su dimensión  las mencionadas copias de los comunicados y las fotografías  (folio 75 a 77 del cuaderno mencionado) en las cuales se evidencia la  condición estética del demandante por razón de  sus cicatrices, así como el informe psicológico rendido  por la psicóloga Ana Milena Correa Serrano  

  

Se  indica que el Tribunal negó el reconocimiento de este  perjuicio a la vida de relación a pesar de la situación  crítica que cada uno de los demandantes mencionados debió  vivir, sufrir y sobrevivir, no sólo por la muerte de sus  parientes más cercanos sino por la abrupta incineración  del poblado en que vivían, de las casas de sus vecinos, amigos  y familiares, situaciones todas que se infieren con la llamada  presunción de hombre o judicial, que permite concluir que  cuando en un contexto trágico como el padecido por los  demandantes, es evidente que se genera un daño a la vida de  relación en los términos que la jurisprudencia de la  Corte ha establecido.  

  

CONSIDERACIONES  

  

Es  evidente que en este cargo, cual lo hace notar la réplica,  denota una mixtura de errores de hecho y de derecho, por lo que,  frente a un caso como el presente en el que el ataque en forma  prioritaria se centra en la ausencia de inferencia a partir de  diversos medios probatorios sobre el pretendido daño a la vida  de relación, debe aplicarse la Corte a interpretar el real  sentido de lo que la censura expresa y es, en criterio de la Sala, la  crítica consistente en no haber entendido el Tribunal que a  partir de las pruebas antes referidas, que analizó y respecto  de las cuales se pronunció, brotaba, si se las enlazaba, la  demostración fehaciente de la existencia del menoscabo  extrapatrimonial mencionado, consistente en la abrupta y disvaliosa  modificación de las condiciones externas, del modus  vivendi de  los reclamantes, a partir de la destrucción parcial del  pueblo, su entorno, sus casas, la pérdida de familiares y  amigos, la devastación de la vegetación y la fauna, la  contaminación del río, la asolación de las  heredades y, en suma, la degradación abrupta de su rutinaria  actividad social no patrimonial, concretada en el diario vivir en un  pueblo, a la sazón en buena parte consumido por las llamas.  

  

Si la Corte,  con ánimo de interpretar estos ataques a la luz del error de  derecho, se da a la tarea de cotejar lo que las pruebas especificadas  por la censura dicen frente a lo que el juzgador colegiado concluyó  de ellas, encuentra que el cargo es próspero, pues el Tribunal  fue enfático en limitar la procedencia del reconocimiento del  daño a la vida de relación, cuando dijo:  

  

“Se  reconocerá respecto de las víctimas directas, si se  demuestran las lesiones físicas causadas que hayan afectado la  posibilidad de realizar actividades vitales que, pese a no conllevar  un rendimiento patrimonial, hacen agradable la existencia y asimismo,  se reconocerá a las víctimas de reflejo siempre que  exista prueba fehaciente que permitan establecerlos. El monto de la  indemnización se determinará de manera proporcional a  la gravedad de las lesiones y las secuelas que las mismas impliquen,  a cuyo efecto se acudirá a la valoración clínica  y psicológica que les fue realizada por el médico  especialista en cirugía y por las profesionales en el de la  psicología y demás pruebas que permita deducirlos”  

  

  

En  efecto, debe recordarse que el daño a la vida de relación,  autónomo y diferenciado del daño moral, comenzó  a ser reconocido, en primer término, por la jurisprudencia del  Consejo de Estado a partir de 1993, designándolo en su devenir  de diversas maneras (v.gr., daño a la salud, daño a la  vida de relación, alteración de las condiciones de  existencia, perjuicio fisiológico), pero a fin de cuentas  extendiendo el concepto para comprender en él no solo las  dificultades en el desenvolvimiento del diario vivir que produce una  minoridad física ocasionada por el evento dañoso en el  sujeto que la padece, sino en general, aquel menoscabo que “rebasa  la parte individual o íntima de la persona y además le  afecta el área social, es decir, su relación con el  mundo exterior  (sentencia del 1 de agosto de 2007, exp. AG 2003-385).  

  

Solo  cuando esta Corte tuvo ocasión de tratar el asunto, pues le  fue puesto a conocimiento en el marco de un recurso que como el de  casación es de suyo limitado y extraordinario, prohijó  buena parte de los esfuerzos de la jurisprudencia contencioso  administrativa, y dio cabida al daño a la vida de relación,  que en esta jurisdicción ordinaria sigue denominándose  de tal forma, describiéndolo, en su fallo de casación  del 13 de mayo de 2008, en síntesis, como una lesión  autónoma, extrapatrimonial, originada en lesiones físicas  o psíquicas, o a derechos fundamentales u otros intereses  lícitos, que se refleja en la esfera externa del individuo,  las más de las veces por impedimentos o limitaciones  temporales o definitivas, y en todo caso sin significado pecuniario.  Puede ser padecido por la víctima directa o de rebote. Se dijo  entonces:  

  

Es  una noción que debe ser entendida dentro de los precisos  límites y perfiles enunciados, como un daño autónomo  que se refleja en la afectación de la actividad social no  patrimonial de la persona, vista en sentido amplio, sin que pueda  pensarse que se trata de una categoría que absorbe, excluye o  descarta el reconocimiento de otras clases de daño –  patrimonial o extrapatrimonial – que posean alcance y contenido  disímil, ni confundirlo con éstos, como si se tratara  de una inaceptable amalgama de conceptos, puesto que una indebida  interpretación conduciría a que no pudiera cumplirse  con la reparación integral ordenada por la ley y la equidad,  como infortunadamente ha ocurrido en algunos casos, en franco  desmedro de los derechos que en todo momento han de asistir a las  víctimas.   (SC 035-2008, de 13 de mayo de 2008, rad.  11001-3103-006-1997-09327-01, refrendado en otras providencias, como  SC16690-2016 de 17 de noviembre de 2016, rad. n.°  11001-31-03-008-2000-00196-01).  

  

En  sentencia del en fallo de 20 de enero de 2009, exp. 000125, después  reiterar el precedente anteriormente transcrito señaló  que  

  

“Ha  de comprenderse entonces, que el reseñado perjuicio, se  aprecia a partir de los comportamientos o manifestaciones de la  víctima o los afectados, que permitan inferir o evidenciar la  pérdida o disminución del interés por participar  en actividades de las que antes realizaban como parte del disfrute o  goce de la vida en el ámbito individual, familiar o social,  con fines recreativos, deportivos, artísticos, culturales, de  relaciones sociales, o aun de hábitos o rutinas de  esparcimiento para el aprovechamiento del tiempo libre, etc.  

  

Puede  sostenerse, en consecuencia, que al paso que el perjuicio moral  atiende a las consecuencias extrapatrimoniales internas de la  víctima, el atinente a la vida de relación busca  compensar todas aquellas alteraciones extrapatrimoniales, producto de  lesiones corporales, psíquicas o de bienes e intereses  tutelados que terminan por afectar negativamente el desenvolvimiento  vital de la víctima en su entorno.  

  

Dijo  la Corte en esa primera ocasión de 2008 que este tipo de daño  debe ubicarse dentro de los precisos contornos definidos y no excluye  ni descarta otros daños patrimoniales o extrapatrimoniales. Si  bien ello es cierto, debe precisarse que en un caso como el que se  examina, en donde se encuentra adecuadamente acreditada la existencia  de un medio devastado, de un pueblo arrasado por las llamas, con  infraestructura de servicios públicos calcinada, con  vegetación y fauna asolada, con el río Pocuné y  sus afluentes contaminados, con peces muertos, vaho y pestilencia  producto de la mortandad de animales silvestres y domésticos,  con familiares, núcleos completos de familias, amigos,  fallecidos y viéndolos sufrir durante la tragedia, no hay cómo  no inferir que tales episodios dantescos no hayan incidido en forma  grave en el proyecto de vida que la persona sobreviviente, mayor o  menor de edad, estaba desarrollando en su comunidad. Se dice eso  porque además de las consecuencias en la vida de relación  tienen las lesiones físicas o psíquicas padecidas por  la víctima, y que ha permitido, por lo frecuente que los casos  se presentan, que la Corte establezca como daño autónomo  el perjuicio a la vida de relación a partir de ello, en este  caso resulta procedente incluir expresamente aspectos como los  mencionados que, dicho esto sin hesitación alguna, frustran  temporal o permanentemente el diario y rutinario vivir, imponiéndole  a la víctima desplazamientos forzados, desarraigos,  permanentes o transitorios, cambios bruscos y negativos en el modus  vivendi,  preexistente situación jurídica lícita de que  antes gozaba y que en manera alguna debe quedar desprotegida por el  derecho. No se trata de que la Corte ahora amplíe el concepto  de daño a la vida de relación sino de precisar que en  él habían quedado incluidas y en efecto pueden  incluirse situaciones como las descritas. No en vano en la sentencia  del 13 de mayo de 2008, esta Sala estableció que  

  

“a  diferencia del daño moral, que corresponde a la órbita  subjetiva, íntima o interna del individuo, el daño a la  vida de relación constituye una afectación a la esfera  exterior de la persona, que puede verse alterada, en mayor o menor  grado, a causa de una lesión infligida a  los bienes de la personalidad o a otro tipo de intereses jurídicos”,  en desmedro de lo que la Corte en su momento denominó  «actividad social no patrimonial»  (Subrayas no son del original).  

  

Por  ese camino, debe quedar establecido que el entendimiento que la Corte  tiene sobre el daño a la vida de relación, abarca las  repercusiones en la esfera externa no patrimonial del individuo,  ocasionadas por lesiones corporales, físicas o psíquicas,  o por lesiones de algunos bienes e intereses intangibles lícitos,  lo cual incluye, sin que esto sea una clasificación  exhaustiva, y hecha esta sólo para los efectos del caso que se  analiza, las pérdidas anatómicas y funcionales, el  perjuicio al placer (préjudice d’agrément del derecho  francés), el perjuicio estético (que en esta causa  litigiosa cobra valor debido a las cicatrices y deformaciones con la  que quedaron numerosas víctimas y que el Tribunal reconoció  como único componente del daño a la vida de relación)  y el daño por la dramática alteración de las  condiciones de existencia, término este adoptado por la  jurisprudencia del Consejo de Estado, que la Corte, con todo, estima  que desde cuando abrigó esta el concepto quedaron incluidas  dentro del daño a la vida de relación, situaciones como  la descrita en esta causa.  

  

En  los hechos de la demanda se resalta la insistente postura de toda la  comunidad en torno a las consecuencias de todo orden, de seguridad,  ecológicas, ambientales, económicas que pudiesen  derivarse de la construcción del oleoducto en cercanías  de la población, conformada en su mayoría por familias  de ascendencia afro colombiana, con una actividad lucrativa principal  (barequeo) realizada en el río contaminado. Además, se  destaca que la conflagración ocasionada con la explosión  y consecuencial derrame del crudo significó para la población,  en los términos de los hechos narrados en el escrito genitor,  que se arrasara gran parte de la población de Fraguas o  Machuca, que terminaran lesionadas 120 personas, 80 fallecidas entre  niños, jóvenes adultos y ancianos con quemaduras de  cuarto grado o carbonizados, que quedaron heridas 40 y que quienes  lograron sobrevivir quedaron con secuelas físicas, psíquicas  por deformidad permanente debido a la cicatrización. Se  destacó asimismo que esa explosión ocasionó  daños a la flora, fauna, a los recursos hidrológicos, a  las aguas, suelo, el aire y a la infraestructura de la población,  aspectos estos refrendados por la Corporación Autónoma  Regional del Centro de Antioquia en su informe técnico  0000.3-14828.  

  

En  fin, puede sostenerse que una interpretación armónica  de la demanda permite llegar a la conclusión de que el daño  a la vida de relación incoado tuvo como causa la explosión  dinamitera del oleoducto y el subsecuente derrame  e incendio del  crudo, el asoleamiento de buena parte de la población tal como  lo evidencian las fotografías aéreas que se aportaron  al expediente, el fallecimiento de familiares cercanos y amigos, la  destrucción de sus viviendas, la de su entorno, la devastación  de la infraestructura de servicios, en suma, una tajante, dramática  mutación del proyecto de vida de la población dado que  por numerosos flancos (viviendas, amigos, servicios públicos,  fauna, flora, río contaminado, etc.) quedaron los  sobrevivientes afectados.  

  

El  comunicado del 24 de octubre de 1998 enviado por la Defensoría  del Pueblo a la Procuraduría General de la Nación se  refiere a las causas preliminarmente investigadas por esa entidad a  pocas horas de la tragedia, así como a los efectos demoledores  que tuvo el atentado dinamitero en la población, tanto en  número de muertos (41), heridos (67), casas quemadas (64),  puentes destruidos, infraestructura de servicios públicos  arrasada por las llamas, etc., evidencias que asimismo reflejan otras  pruebas y que, en definitiva, ninguno puso en tela de juicio, sólo  que, a los efectos de la acreditación del daño a la  vida de relación reclamado, el Tribunal no las relacionó,  en tanto se orientó por un concepto restringido, según  lo anotado.  

  

El  certificado del 23 de octubre de 2001 expedido por el Personero  Municipal de Segovia da cuenta del número de fallecidos y  heridos, su edad y nombre, y si a esta relación se le agrega  la descarnada situación descrita en el informe de la  Defensoría, fácil es concluir, a partir de una  concepción por supuesto más amplia de este tipo de  perjuicio, que el mismo se encuentra suficiente demostrado.  

  

Ahora  bien, en relación con Marco Antonio Ramírez Sánchez,  debe advertirse que si bien se sustenta en la demanda el  reconocimiento al daño a la vida de relación, es lo  cierto que en el libelo original dicho demandante no formuló  pretensión alguna sobre este tipo de perjuicio. Precisamente  por eso prosperaron los embates de la parte demandada, en cuanto al  reconocimiento que el Tribunal hizo por daño a la vida de  relación por sus quemaduras (cargo 11°). Lo anterior  conduce entonces al fracaso de este ataque.  

  

Finalmente,  es menester indicar que en relación con Eddy Adrián  González Valdés debe señalarse que el Tribunal  sí vio las consecuencias de las quemaduras sufridas por este  reclamante y como consecuencia de ello reconoció en su favor  la suma de $10,000,000.oo por tal concepto, por lo que en ningún  error de hecho pudo incurrir el Tribunal.  

  

En  consecuencia, y salvo por lo anotado en precedencia, este cargo  prospera.  

  

SEGUNDO  CARGO  

  

En  este se acusa la sentencia de violación indirecta de los  artículos 174,  175 y 187 del Código de Procedimiento  Civil como violación medio de las normas sustanciales  contenidas en los artículos 2341, 2342, 2343 y 2356, 1494,  1613, 1614, 1615 del Código Civil y 16 de la Ley 446 de 1998  como consecuencia de errores  de hecho  en la valoración de las pruebas que llevaron al Tribunal a  negar la plena indemnización a cada uno de los demandantes  mencionados en el cargo en relación con la cuantificación  que otorgó al daño  moral,  para lo cual pone de presente jurisprudencia de esta corporación  que alude a que para la valoración del quantum  del daño moral en materia civil deben considerarse las  condiciones de modo, tiempo y lugar de los hechos, la situación  o posición de la víctima y los perjudicados, la  intensidad de la lesión a los sentimientos y demás  factores incidentes, sin dejar de lado que la prueba dimana de la  inferencia del juez con base en reglas de experiencia.  

  

El  cargo se orienta a la reclamación que sobre este tipo de daño  elevaron los siguientes demandantes (se mantienen los mismos números  de la demanda, que identifican los ataques según el  reclamante):  

  

1.  JOSÉ CRISPÍN SÁNCHEZ RODRÍGUEZ (Radicado  2004-00042), quien solicitó el pago  del daño moral por  la muerte de sus hijos Franquin Antonio y María Yurani Sánchez  Mosquera en cuantía de 500 salarios mínimos legales  mensuales por cada uno, al paso que el Tribunal le reconoció  por dichos conceptos la suma de $27,500,000 por cada uno.  

  

Aducen  los recurrentes que el Tribunal redujo el monto de la condena  inicialmente establecida en la primera instancia, como si se tratara  de una tarifa legal, pues no valoró las pruebas que demuestran  el sufrimiento grave padecido por ellos debido a la atroz muerte de  sus hijos y nietos, respectivamente. En efecto, le reprochan al  Tribunal haber cercenado en su alcance los registros civiles de  nacimiento de los menores María Yurany Sánchez Mosquera  y Franquin Antonio Sánchez,  las actas de levantamiento de sus  cadáveres y las necropsias, medios que dan cuenta de las  circunstancias de su fallecimiento (“calcinados, absorbidos por  las llamas a tan temprana edad, sus ojos quemados, f. 316 c. 3  Corte).  

De  haber valorado esas pruebas, remata la censura, el Tribunal habría  fijado unas indemnizaciones superiores como la que la Corte en  sentencia del 9 de julio de 2012 estableció para parientes  cercanos (padres e hijos) en cuantía de 55 millones de pesos  por un solo hijo.  

  

  

3.        MARÍA  GILMA RODRÍGUEZ DE SÁNCHEZ (radicado 2004-00042) quien  solicitó el reconocimiento del daño moral sufrido por  la muerte de sus nietos Franquin Antonio Sánchez Mosquera y  María Yurany Sánchez Mosquera en cuantía de 500  a de los mínimos legales mensuales, al paso que el Tribunal  reconoció por cada nieto la suma de 13 millones vecinos 50,000  pesos, disminuyendo la condena inicialmente establecida por el  juzgado de primera instancia, equivocación que fue producto de  no valorar objetivamente las pruebas en toda su dimensión, las  cuales reflejan las circunstancias personales de la pérdida de  sus nietos.  

  

Los  dislates recayeron en los registros civiles de nacimiento de María  Yurany Sánchez Mosquera y Franquin Antonio Sánchez,  hijos de José Crispín Sánchez (quien es a su vez  hijo de la demandante de acuerdo con el registro civil de nacimiento,  folio 409), y el acta de levantamiento de sus cadáveres en la  que se indica que fueron calcinados, absorbidos por la llamas con los  ojos quemados, lo cual merecía una indemnización muy  superior.  

  

4.        MARCO  ANTONIO RAMÍREZ SÁNCHEZ (radicado 2004-00043), quien  solicitó el resarcimiento de perjuicios morales a raíz  de la muerte de su hija María Marcelina Ramírez  Palacios y su nieta María Nellys Mosquera Ramírez, a  razón del equivalente en pesos a 500 salarios mínimos  legales mensuales, al paso que el Tribunal le reconoció por el  fallecimiento de la primera la suma de $27.500.000,oo y por el deceso  de la segunda la cantidad de $13.750.000,oo. En adición,  reclamó el equivalente a 500 salarios mínimos legales  mensuales como daño moral por razón de las quemaduras  que él sufrió (llamado en el proceso como daño  moral propio) y que el Tribunal, disminuyendo la condena inicial del  juzgado, tan sólo reconoció en la suma de  $10.000.000,oo.  

  

Recuerda  la censura que el Tribunal redujo condena a la empresa demandada,  cual si se tratara de una tarifa legal, sin haber valorado las  pruebas que evidenciaban el enorme perjuicio padecido por este  demandante, en concreto, los registros civiles de nacimiento de su  hija y su nieta que dan cuenta de la cercanía parental, los  certificados de defunción que acreditan su fallecimiento con  dolor a raíz de las quemaduras experimentadas y que permiten  colegir el sufrimiento de este demandante, así como las  fotografías y el reconocimiento médico a Marco Antonio  Ramírez Sánchez que advierten sobre sus deformidades y  cicatrices derivadas del hecho dañoso, con el 60% de su cuerpo  quemado.  

  

5.        LUZ  MARY IBARGUEN MOSQUERA (radicado 2004-00043), quien por razón  del fallecimiento de su hermano Luis Ángel Ibarguen Rivas  pidió, a título de daño moral, el equivalente a  500 salarios mínimos legales mensuales, al paso que el  Tribunal, reduciendo la condena inicial del juzgado, le concedió  la suma de $13,750,000., que la censura entiende equivocada como  producto de haber cercenado el juzgador el registro civil de  nacimiento de Luis Ángel y de Luz Mary (f. 562 c. ppal. exp.  2004-00043), que acreditan su hermandad, así como el  certificado de defunción del primero que permite determinar la  forma violenta en que murió, envuelto en llamas. De la misma  manera, el Tribunal no se percató del informe psicológico  realizado a la demandante Luz Mary Ibarguen en el que se aprecia cómo  le cambió su vida a partir de la muerte trágica de su  hermano Luis Ángel, con cuadro de estrés postraumático  y depresión leve.  

  

6.  LUZ MERCEDES MOSQUERA RAMÍREZ (radicado 2004-00043), pidió  el reconocimiento del daño moral por la muerte de su mamá  María Marcelina Ramírez Palacio y su hermana María  Nellys Mosquera Ramírez, a razón de 500 salarios  mínimos legales por cada una, al paso que el Tribunal le  concedió, disminuyendo la condena inicial del juzgado,  $27,500,000 por el fallecimiento de su madre y $13,750,000 por el de  su hermana.  

  

Considera  la censura que, además de la mentada tarifa legal que critica  del Tribunal, esta Corporación cercenó los registros  civiles de nacimiento de Luz Mercedes Mosquera Ramírez y María  Nellys Mosquera Ramírez así como los certificados de  defunción de María Marcelina Ramírez Palacio, y  de su hermana María Nelly Mosquera Ramírez que  demuestran la forma trágica en que fallecieron. De la misma  manera el Tribunal no vio el informe psicológico realizado a  Luz Mercedes donde se advierte “la  supresión o evitación de los pensamientos intrusivos  respecto de la muerte de su madre y hermana”,  medios de convicción todos que si se hubieran analizado  hubieran permitido concluir en un monto equivalente al tope máximo  por tratarse del vínculo más cercano de parentesco  (madre e hija/hermanos).  

  

7.        MARÍA  DE LOS ÁNGELES MOSQUERA RAMÍREZ (radicado 2004-00043),  quien reclamó el daño moral por la muerte de su madre  María Yomelina Ramírez Palacio en cuantía de 500  salarios mínimos legales mensuales, al paso que el Tribunal le  concedió la suma de $27,500,000.  

  

Se  arguye que la reducción del monto por parte del Tribunal fue  el producto de errores probatorios de hecho que recayeron en el  registro civil de nacimiento de la reclamante que muestra su cercanía  parental con la fallecida (madre-hija) así como el certificado  de defunción de María Yomelina Ramírez Palacio,  que demuestra la forma atroz en que murió, con su cuerpo  quemado en un 95%. Adicionalmente, le endilga al Tribunal no haber  apreciado el informe psicológico realizado a esta demandante,  donde se aprecian los sentimientos de indefensión, miedo y  tristeza.  

  

8.        JOSÉ  MOSQUERA (radicado 2004-00043), quien pidió el reconocimiento  del daño moral por la muerte de su hija María Nelly  Mosquera Ramírez en cuantía de 500 salarios mínimos  legales mensuales, al paso que el Tribunal le reconoció la  suma de $27,500,000, reduciendo así  la condena que había  proferido el juez de primera instancia, como producto de un error del  ad quem  en la valoración del registro civil de nacimiento de María  Nelly que acredita la cercanía parental (padre- hija), el  certificado de su defunción que acredita la forma trágica  en que murió, y el informe psicológico realizado a José  Mosquera en el que se aprecia que quedó afectado, con un  estado constante de depresión y ansiedad.  

  

9.  NURY MARÍA MOSQUERA MOSQUERA (radicado 2004-00043), quien  solicita el equivalente a 500 salarios mínimos legales  mensuales por daño moral por el fallecimiento de su compañero  permanente Cristóbal Antonio Ibarguen Mosquera, y que el  Tribunal concedió pero en cuantía menor, de  $27,500,000. Esa reducción, que a modo de tarifa legal impuso  el Tribunal, fue el producto de errores probatorios cometidos por el  ad quem  en la declaración rendida por el testigo Martín Alonso  Patiño, quien da cuenta de la cercanía entre la  demandante y Cristóbal Antonio Ibarguen como compañeros  permanentes, el certificado de defunción de Cristóbal  Antonio Ibarguen que acredita la forma atroz (envuelto en llamas)  como falleció y el informe psicológico realizado a Nury  María Mosquera Mosquera  del que se concluye que presenta una  situación de desprotección y considerable angustia.  

  

10.        CLAUDIA  MARÍA IBARGUEN MOSQUERA (radicado 2004-00043), quien pidió  el reconocimiento del daño moral padecido por la muerte de su  padre Cristóbal Antonio Ibarguen Mosquera en cuantía de  500 salarios mínimos legales mensuales, y que el Tribunal  concedió tan sólo en la suma de $27,500,000, como  consecuencia de la reducción que hizo a la condena  inicialmente impartida por el juzgado de conocimiento. Tal decisión,  manifiesta la censura, fue el producto de errores de hecho cometidos  por el juzgador colegiado en la apreciación (omisión o  cercenamiento) del registro civil de nacimiento de Claudia María  Ibarguen Mosquera que demuestra cercanía parental con  Cristóbal Antonio Ibarguen (padre-hija) y el certificado de  defunción de este que acredita la forma atroz como falleció  (envuelto en llamas).  

  

11.        MADISON  RAMÍREZ PALACIO (radicado 2004-00043), quien pidió el  reconocimiento por daño moral sufrido por la muerte de su mamá  María Marcelina Ramírez Palacio y su hermana María  Nellys Mosquera Ramírez así como por las quemaduras por  él sufridas, a razón de 500 salarios mínimos  legales mensuales por cada uno de estos ítems. El Tribunal  reconoció, reduciendo los montos  decretados por el a quo, por  el fallecimiento de la madre la suma de $27,500,000, por el de la  hermana $13,750,000 y por las quemaduras la cantidad de $2,500,000.  

Se  arguye que el Tribunal no observó, omitió o cercenó  el registro civil de nacimiento de Madison Ramírez Palacio que  acredita la cercanía parental con María Marcelina  Ramírez Palacio (madre hija) y el registro civil de nacimiento  de María Nelly Mosquera Ramírez que demuestra su  condición de hermana, así como los certificados de  defunción de María Marcelina y María Nelly que  acreditan la forma atroz en que fallecieron (envueltas en llamas), el  registro fotográfico de las lesiones sufridas por el menor  Madison Ramírez en sus extremidades, manos y rostro  

  

12.        MIGUEL  ÁNGEL HENAO OSPINA (radicado 2004-00044) reclamó daños  morales por el fallecimiento de su esposa María Eva Estrada  García en cuantía de 500 salarios mínimos  legales mensuales, que el Tribunal en efecto reconoció, pero  en menor valor al decretado por el juzgado: $27,500,000.  

  

La  resolución, a manera de una tarifa legal, fue el producto de  yerros probatorios en la apreciación del registro civil de  matrimonio del demandante con la fallecida, el registro civil de  defunción de esta donde se acredita su trágico deceso  (“calcinada,  padeciendo día tras día el interminable dolor producido  por las heridas y por las quemaduras”,  página 223 de la demanda).  

  

13,  14 y 16.        HENRY DE JESÚS HENAO ESTRADA (radicado 2004-00044),  JULIÁN EDUARDO HENAO ESTRADA y RESFA INÉS HENAO ESTRADA  (mismo radicado) quienes reclamaron daños morales por el  fallecimiento de su madre María Eva Estrada García y  por las quemaduras sufridas por ellos, en cuantía de 500  salarios mínimos legales mensuales por cada concepto, que el  Tribunal concedió, disminuyendo la condena del a quo, en la  suma de $27,500,000 por el primer concepto y en $6,000,000,oo por las  quemaduras sufridas por el primero de los demandantes, $7,500,000 por  las padecidas por Julián Eduardo Henao Estrada.  

  

Arguye  la censura que la anterior decisión fue el producto de errores  probatorios cometidos en la apreciación del registro civil de  nacimiento del menor Henry de Jesús Henao, que acredita su  condición de hijo de la fallecida, el registro de defunción  de esta que corrobora su muerte trágica, la historia clínica  de Henry Henao de la clínica León XIII de Medellín  que demuestra el grado de sus quemaduras (30% de su cuerpo), el  informe psicológico que le fue practicado por la psicóloga  Tania Alexandra Anaya Plata.  

  

En  lo que hace al reclamante Julián Eduardo Henao, se indica que  el Tribunal no apreció, además de los registros civiles  que demuestran el parentesco, el resumen médico del hospital  Pablo Tobón Uribe en el que se puede verificar la gravedad de  las quemaduras sufridas por el actor catalogadas como de grado III en  rostro y cuerpo.  

  

En  lo que respecta a la demandante Resfa Inés Henao Estrada se  mencionan como pruebas no apreciadas por el Tribunal el registro de  nacimiento de Orfa Henao Estrada (sic, f. 360, c. 3 Corte), el de  defunción de María Eva Estrada, las fotografías  de la demandante Resfa Inés Henao Estrada que denotan las  deformaciones y cicatrices que le dejó el trágico  suceso.  

  

15  y17.        ORFA HENAO ESTRADA y RENE DE JESÚS HENAO ESTRADA  (Radicado 2004-00044), hermanos de los actores inmediatamente  anteriores, y quienes piden el reajuste del daño moral que les  reconoció el Tribunal disminuyendo la condena inicial del  juzgado, condena igual a la cantidad de aquellos, con base en  idénticos errores probatorios (registro civil de nacimiento  que demuestran su parentesco filial con María Eva Estrada y el  registro civil de la defunción de esta que acredita el  padecimiento y las condiciones de su muerte)  

  

18.  DEISY EUGENIA PATIÑO GONZÁLEZ (radicado 2004-00044),  quien pidió el reconocimiento de daños morales por  razón de las quemaduras sufridas por ella, a razón de  500 años mínimos legales mensuales y que el Tribunal  concedió en la cantidad de $6,800,000, disminuyendo la condena  inicialmente impuesta por la autoridad judicial de primera instancia,  todo como producto del cercenamiento del reconocimiento clínico  realizado por el doctor Fernando Pereira Paternina a la reclamante,  en el que concluyó que sufrió quemaduras corporales del  13% con deformidades dérmico-epidérmicas irreversibles.  

  

19.        OCTAVIO  MADRID MORALES (radicado 2004-00045), quien reclamó perjuicios  morales por la muerte de su padre Cristóbal Octavio Madrid en  cuantía de 500 salarios mínimos legales, y que el  Tribunal reconoció, aminorando la condena inicial, en tan solo  $27.500.000, como producto de yerro fáctico por cercenamiento  y omisión de su registro civil de nacimiento, que demuestra su  condición de hijo del occiso, el certificado de defunción  de éste y el informe psicológico que da cuenta del  sufrimiento padecido, pues su podré murió envuelto en  llamas.  

  

20.        FRANCISCO  ANTONIO VÉLEZ GONZÁLEZ (radicado 2004-00045), quien  pidió el reconocimiento y pago por el daño moral  sufrido por la muerte de su hija Darley Yalidez Vélez Londoño  en cuantía del equivalente en pesos a 500 salarios mínimos  legales mensuales vigentes y que el Tribunal reconoció,  reduciendo la inicial condena,  a la suma de $27,500,000, como  producto del cercenamiento de las pruebas de registro civil de  nacimiento de la hija y de su defunción (“envuelta y  absorbida por las llamas”, f. 371, c. 1 Corte).  

  

21.        PEDRO  RENGIFO MADRID (radicado 2004-00045), quien pidió al  reconocimiento y pago del equivalente a 500 salarios mínimos  legales mensuales como consecuencia del daño moral que padeció  por razón de sus quemaduras, y que el Tribunal reconoció,  pero bajando el monto del juzgado a la suma de $5.000.000,oo, como  producto de yerro fáctico en la apreciación del informe  psicológico que le fue practicado y en el que se concluye que  presenta trastorno de estrés postraumático,  experimentación del miedo y percepción de indefensión  no generalizada, así como el reconocimiento médico que  hizo el especialista y que acreditan las quemaduras en un 18% de su  piel con consecuencias de deformidades irreversibles y alteraciones  estéticas visibles. De la misma manera, se achaca al Tribunal  no haber apreciado el registro fotográfico en donde se  constatan esas lesiones en manos, rostro y espalda.  

  

22  y 268.        HAIDER  MADRID LONDOÑO (radicado 2004-00045) quien solicitó el  reconocimiento y pago del daño moral sufrido por el  fallecimiento de su madre María Elena Londoño Buriticá,  su padre Octavio Madrid y su hermana Darley Yalidez Vélez  Londoño, así como por las quemaduras por él  padecidas, en cuantía de 500 salarios mínimos legales  mensuales por cada concepto. El Tribunal, bajando el monto reconocido  por el a quo, le reconoció la suma de $13,750,000 por la  muerte de su madre, $13,750,000 por la de su padre y $6,875,000 por  el fallecimiento de su hermana, así como $9.000.000 por las  quemaduras que sufrió. La reducción del monto  indemnizatorio que el Tribunal hizo en relación con la condena  impartida por el juez de primera instancia fue el producto de errores  probatorios que la censura achaca al juzgador en la apreciación  del registro civil de nacimiento de Jaider Madrid Londoño  (acredita su condición filial respecto de María Elena  Londoño y Octavio Madrid), los certificados de defunción  de sus padres y de su hermana que acreditan las condiciones trágicas  de su óbito.  

  

23.        DORA  LUCÍA MONTOYA ROLDÁN (radicado 2004-00045), quien  solicitó el reconocimiento y pago del daño moral  sufrido por la muerte de su hija Luz Enith Jaramillo Roldán en  cuantía de 500 salarios mínimos legales mensuales y que  el Tribunal reconoció, disminuyendo el monto asignado por el  juzgado, en $27,500,000, como producto de yerro fáctico en la  apreciación del registro civil de nacimiento que da cuenta de  su relación materno filial, el certificado de defunción  de su hija que acredita cómo falleció envuelta en  llamas y el informe psicológico efectuado por la especialista  Tiana Alexandra Anaya Plata que recrea el impacto fuerte con  pensamientos recurrentes, tristeza controlable bajo resignación,  dificultad para conseguir y mantener el sueño, malestarres  padecidos por la actora.  

  

24.        ZULEIMA  MONTOYA ROLDÁN (radicado 2004-00045), quien pidió el  reconocimiento y pago de los daños morales sufridos por la  muerte de su hermana Luz Enith Jaramillo Roldán en cuantía  de 500 salarios mínimos legales mensuales vigentes y que el  Tribunal reconoció, pero disminuyendo la condena inicial del  juzgado, a la suma de $13,750,000, como producto de yerro fáctico  cometido por el ad  quem en la  apreciación de los registros civiles de nacimiento de ella y  su hermana fallecida y que dan cuenta de su parentesco de hermanas,  el certificado de defunción y el acta de levantamiento del  cadáver y la necropsia que acreditan que quedó  totalmente carbonizada con fallecimiento por shock traumático  por las quemaduras en grado III en un 100% de su cuerpo.  

  

25.        ROBINSON  MARIO JARAMILLO MONTOYA (radicado 2004-00045),  quien solicitó  el reconocimiento y pago por perjuicios morales por razón de  la muerte de su hermana Luz Enith Jaramillo Roldán en el  equivalente a 500 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  pero el Tribunal por ese concepto  le reconoció la suma de  $13,750,000, reducción que hizo de la suma inicialmente  concedida por el a  quo, como  consecuencia de error de hecho por la falta de apreciación o  cercenamiento de los registros civiles de Robinson Mario y Luz Enith  acreditan su condición de hermanos, el certificado de  defunción del acta de levantamiento del cadáver de la  última que registrar que murió totalmente carbonizada  por shock traumático por quemaduras en un ciento por ciento de  su cuerpo.  

  

27.        FLOR  MARÍA MUÑOZ SEPÚLVEDA (radicado 2004-00046),  quien pidió que se le reconociera el daño moral que  sufrió por la muerte de su hija María Flor Múnera  Muñoz y sus nietos Fidel Albeiro Pino Múnera y  Elizabeth Pino Múnera, a razón de 500 salarios mínimos  legales por cada uno, pero el Tribunal condenó a la empresa  interpelada a pagarle $27,500,000 como daño moral por la  muerte de su hija y $13,750,000 por cada uno de sus nietos (dos),  condenas que se vieron reducidas frente a las que decretó el  juzgado de primera instancia, como producto de error de hecho en que  incurrió por la falta de apreciación o cercenamiento de  los registros civiles que dan cuenta de su relación de madre e  hija y los certificados de defunción de esta última y  los de sus nietos, así como el acta de levantamiento de  cadáver de Fidel Albeiro Pino que alude a su muerte por razón  de quemaduras en el ciento por ciento de su cuerpo y las demuestran  la forma atroz como falleció.  

  

29.        DIOMEDES  EVELIO GONZÁLEZ (radicado 2004-00047), quien pidió el  reconocimiento de daños morales en cuantía de 500  salarios mínimos legales mensuales como consecuencia de las  quemaduras que sufrió a raíz del atentado, y que el  Tribunal –disminuyendo la condena del juzgado- tan sólo  reconoció condenando a la empresa demandada a pagar por ese  concepto la suma de $3,500,000, como consecuencia del cercenamiento  del informe psicológico que la profesional Tiana Alexandra  Anaya Plata, en el que concluyó que había evidenciado  la explosión de Machuca en un marco de angustia y terror y que  se encontraba inmerso en sentimientos fuertes de tristeza y  pesadumbre. Asimismo cercenó el reconocimiento médico  realizado por médico especialista al demandante que da cuenta  de las quemaduras en su cuerpo (16%), junto al registro fotográfico  que así lo avala.  

  

30.        ROSA  NURY MUÑETON VELÁSQUEZ (radicado 2004-00048), pidió  el reconocimiento del daño moral por la muerte de sus hijos  Wbeimar Alonso Hincapié Muñetón y Lucely Salazar  Muñetón, sus nietos Jaime Alberto Sajonero Hincapié  y Marisol Sáenz Salazar, en cuantía de 500 salarios  mínimos legales mensuales por cada uno, pero el Tribunal le  reconoció, reduciendo la condena impartida por el juzgado de  primera instancia, por el daño moral por la muerte de su hijos  $27,500,000 por cada uno y por el deceso de su nieto Jaime Alberto  Sajonero $13,750,000, reflejo de una inadecuada valoración de  las siguientes pruebas (cercenamiento) por parte del juzgador  colegiado: los registros civiles que dan cuenta de la aludida  relación de parentesco, los certificados de defunción  de Wbeimar Alonso Hincapié Muñetón, Lucelly  Salazar Muñetón y su nieto Jaime Alberto Sajonero  Hincapié así como el acta de levantamiento del cadáver  de sus hijos Wbeimar y Lucely y la de su nieto Jaime Alberto que  registran quemaduras de segundo y tercer grado en un 90, 85 y 80 por  ciento de su cuerpo respectivamente, lo cual demuestra la forma atroz  en que fallecieron.  

  

  

32.        BEATRIZ  OSMANY HINCAPIÉ MUÑETON (radicado 2004-00048), quien  reclama perjuicios morales por el fallecimiento de su hermano  Wbeimar, su hermana Lucely y sus sobrinos Laura Vanessa y Ender Sáenz  Salazar y Jaime Alberto Sajonero, a razón de 500 salarios  mínimos mensuales legales vigentes por cada uno, pero el  Tribunal reconoció por la muerte de su hermano la suma de  $13,750,000. La disminución que esa colegiatura impartió  a la condena inicialmente concedida por el juzgado fue el fruto de  una valoración equivocada de las pruebas por cercenamiento de  su alcance. En particular, los registros civiles que dan cuenta de la  relación de hermanos, los certificados de defunción y  el acta de levantamiento del cadáver de Wbeimar Alonso  Hincapié que corroboran su muerte cruel así como el  informe psicológico de la profesional Sandra Milena Pinilla  Gómez donde consta que la demandante sufre un daño  psicológico, emocional con síntomas de depresión  moderada y sentimientos de tristeza, melancolía y angustia.  

  

27.        LUIS  ÁNGEL ZORRILLA (radicado 2004-00048) quien pidió el  reconocimiento del daño moral por las quemaduras sufridas por  él en la suma de 500 salarios mínimos legales mensuales  vigentes, pero el Tribunal le reconoció solamente la suma de  $11.000.000, disminuyendo el monto inicialmente reconocido por el  juzgado, fruto de error de hecho en la falta de apreciación o  cercenamiento del reconocimiento médico realizado a este  demandante por parte del Dr. Carlos Carvajal que da cuenta de  quemaduras que sufrió en un 63% de su piel, con deformidades  irreversibles y alteraciones estéticas visibles.  

  

34.        CARMELO  DE JESÚS HERRERA PALACIO (radicado 2004-00049) quien solamente  recibió condena a su favor por el daño moral a raíz  de la muerte de su hija Beatriz Helena Herrera y su esposa Ana  Rubiela Oquendo Hernández, a razón de $27,500,000 por  cada una; pero ésta decisión, que implicó la  reducción del monto decretado por el juzgado,  fue el producto  de la aplicación de una especie de tarifa legal, y de la falta  de apreciación o cercenamiento de los certificados de registro  civil de defunción de Ana Rubiela Oquendo Hernández,  del certificado de registro civil de matrimonio de ella con Carmelo  de Jesús, del acta de levantamiento y del acta de inspección  judicial al cadáver de Ana Rubiela con las que se puede  constatar las múltiples quemaduras por todo su cuerpo, el  informe de la sicóloga Sandra Milena Pinilla a Carmelo de  Jesús Herrera en el cual se evidencia su depresión, con  sentimiento de abatimiento, desesperanza e incertidumbre, así  como los certificados de registro de nacimiento de Ana Rubiela  Oquendo, su hija Ana Luisa Hernández y José Antonio  Oquendo.  

  

35  y 36.        BERTHA ELENA OQUENDO HERNÁNDEZ y ROBERTINA OQUENDO  HERNÁNDEZ ( radicado2004-00049), quienes pretenden el  reconocimiento de daños morales por la muerte de su hermana  Ana Rubiela Oquendo Hernández, en relación con el cual  el Tribunal les asignó, disminuyendo la inicial condena y como  si fuese una tarifa legal, la suma de $13,750,000, fruto de la falta  de valoración objetiva por cercenamiento del certificado de  registro civil de defunción de Ana Rubiela Oquendo, el acta de  levantamiento y el acta de inspección judicial al cadáver  donde se constata que tenía múltiples quemaduras por  todo el cuerpo, el certificado de registro de nacimiento de Ana  Rubiela y el de Bertha Elena Oquendo Hernández de donde se  desprende su condición de hermanas.  

  

37.        ISABELINA  PALACIO HERRERA (radicado 2004-00049). Esta demandante pretende el  pago del perjuicio moral que padeció por la muerte de sus  nietos Luis Ángel Lotero Herrera y José Gilberto  Herrera Palacio, concepto en relación con el cual el Tribunal  le reconoció la suma de $13,750,000 por cada uno, disminuyendo  el monto inicialmente otorgado por el juzgado, conclusión que  obedeció a una indebida valoración de las pruebas por  cercenamiento de las mismas al no dimensionar las circunstancias  personales de la afectada. Los medios de convicción sobre los  cuales recayó el dislate de que acusa al Tribunal son los  certificados de registro civil de defunción de Luis Ángel  Lotero Herrera y José Gilberto Herrera Palacio, el acta de  levantamiento del cadáver de José Gilberto en el que se  constata que sufrió quemaduras de tercer grado en un 90% de su  cuerpo, así como el  informe psicológico practicado a  Isabelina Palacio por la especialista Ana Milena Correa, quien  identificó en ella un duelo complejo, sentimientos continuo de  tristeza y soledad, apatía social y desesperanza.  

  

38.        DEYI  MILENA OSPINA OQUENDO (radicado 2004-00049), quien pide el  reconocimiento y pago del daño moral sufrido por la muerte de  su hermana Beatriz Helena Herrera y de su madre Ana Rubiela Oquendo  Hernández, conceptos por los cuales el Tribunal, reduciendo el  monto inicialmente establecido por la primera instancia, le asignó  la suma de $27,500,000 por su madre y $13,750,000 por su hermana,  conclusión a la que llegó como fruto de la errada  valoración de las pruebas, al cercenarlas y no ver las  circunstancias particulares de la muerte parecieron. Son ellas el  certificado de registro civil de defunción, el acta de  levantamiento y el acta de inspección judicial al cadáver  de Ana Rubiela Oquendo, el registro nacimiento de ella y el de  nacimiento de Beatriz Helena Herrera Oquendo que demuestran su  condición de hermanas, el registro de nacimiento de Deyi  Milena o Ospina Oquendo.  

  

39,  40 y 50.        AÍRA RUTH HERRERA OQUENDO, JESÚS ANTONIO  HERRERA OQUENDO y ALEX ELOY HERRERA OQUENDO a quienes el Tribunal les  reconoció, reduciendo el monto inicial,  a cada uno la suma de  $27,500,000 por el daño moral parecido a raíz de la  muerte de su madre Ana  Rubiela Oquendo Hernández y $13,750,000 por el fallecimiento  de su hermana  Beatriz Helena Herrera, fruto ello de una equivocada  valoración del acervo probatorio en el que se demostró  la magnitud del daño sufrido por ellos. Se arguye que el  Tribunal cercenó el certificado de registro civil de defunción  de Ana Rubiela Oquendo, el acta de levantamiento y el acta de  inspección judicial de su cadáver en el que se  registran múltiples quemaduras en todo su cuerpo, certificado  de registro de nacimiento de Ana Rubiela Oquendo Hernández, el  de Beatriz Helena Herrera Oquendo, el de Aíra Ruth Herrera  Oquendo.  

  

51.        YULIETH  ANDREA HERRERA PALACIO (radicado 2004-00049) a quien el Tribunal  disminuyó el monto de la indemnización por daño  moral por la muerte de sus hermanos Luis Ángel Lotero Herrera  y José Gilberto Herrera Palacio que había decretado el  juzgado de primera instancia, para en su lugar reconocerle la suma de  $13,750,000 por cada uno, cual si se tratara de una tarifa legal,  como fruto de una equivocada apreciación por cercenamiento de  los certificados de defunción y nacimiento de Luis Ángel  Lotero Herrera, y José Gilberto Herrera Palacio, el acta de  levantamiento y necropsia de José Gilberto Herrera quien  padeció quemaduras de tercer grado en el 90% de su cuerpo, así  como el registro civil de nacimiento de Yulieth Andrea Herrera  Palacio  

  

52.  EDDY ADRIÁN GONZÁLEZ VALDEZ (radicado 2004-00053),  quien solicitó el reconocimiento y pago de los perjuicios por  el daño moral sufrido por sus propias quemaduras, por la  muerte de su hermana Lilibier Estefanía González Valdés  y su mamá María Lucelly Valdés Viana a razón  de 500 salarios mínimos legales mensuales por cada una, al  paso que el tribunal reconoció la suma de $27,500,000 por la  muerte de la mamá y $7,500,000 por las quemaduras sufridas,  disminuyendo el monto a que fue condenada la empresa demandada en la  primera instancia, en aplicación de una tarifa legal, producto  de errores de hecho por no haber valorado de forma objetiva las  pruebas, en concreto el registro civil de nacimiento del menor Eddy  Adrián González que establece el parentesco de hijo con  la fallecida, el registro civil de defunción de María  Lucelly Valdés que demuestra la forma cruel como falleció  (calcinada padeciendo día tras día el dolor producido  por las heridas), el reconocimiento clínico realizado a Eddy  Adrián por el médico Fernando Pereira quien diagnosticó  quemaduras en un 17% de su cuerpo, con deformidades irreversibles y  alteraciones estéticas visibles, las fotografías  tomadas al menor donde se observan las cicatrices, el informe  psicológico que a este demandante le hizo la psicóloga  Ana Milena Correa en el que se evidencia sus afectaciones laborales,  sociales, familiares, emocionales, cognitivas y físicas además  del trastorno postraumático  

  

53.  YULY JOHANNA GONZÁLEZ VALDÉS (radicado 2004-00053)  quien solicitó el reconocimiento y pago de perjuicios morales  por la muerte de su hermana Lilibier Estefanía González  Valdés y su mamá María Lucely Valdés  Viana, al paso que el tribunal reconoció por esos conceptos la  suma de $27,500,000 por la muerte de su madre, reduciendo la codena  del juzgado, como si se tratara de una tarifa legal, producto ello de  una equivocada valoración de las pruebas, pues no vio la  situación dolorosa en la que murió la madre, de  conformidad con los medios de convicción siguientes: el  registro civil de nacimiento de Johanna que da cuenta de su relación  filial con María Lucely Valdés Viana, el de defunción  de esta, que murió calcinada en los hechos.  

  

54. EDWIN  ORLANDO MONSALVE GUARÍN (radicado 2004-00053), quien pidió  reconocimiento y pago por daños morales por la muerte de su  hermano Nilson Monsalve Guarín en cuantía de 500  salarios mínimos legales mensuales y el tribunal reconoció,  bajando la condena del juzgado a la suma de $13,500,000, como se  tratara de una tarifa legal, y como producto del equivocado examen de  las pruebas que cercenó al no haber visto la magnitud del  dolor padecido. Tales pruebas son los registros civiles de nacimiento  de Edwin Orlando Monsalve Guarín, de Nilson Alonso Monsalve  Guarín, de defunción de este así como de  levantamiento de cadáver y necropsias del mismo el que se  determina que murió por quemaduras mortales en el ciento por  ciento de su superficie corporal  

  

55.  LINA MARÍA SOLANO HENAO (radicado 2004-00053), quien solicitó  el reconocimiento y pago por daño moral sufrido por la muerte  de sus padres Ana Concepción Henao Galeano y Luis Ángel  Solano Romero por la suma de 500 salarios mínimos legales  mensuales por cada uno, al paso que el tribunal reconoció,  disminuyendo el monto inicialmente reconocido por el juzgado,  por  tales conceptos la suma de $27,500,000 por cada uno de los  progenitores, fruto ello de un error de hecho en la valoración  de los registros civiles de nacimiento de la actora, que demuestra su  filiación con cada uno de ellos, de defunción de Ana  Concepción Henao que demuestra la forma otros en que murió  con quemaduras en el ciento por ciento de su superficie corporal, el  acta de levantamiento del cadáver de la misma que así  lo corrobora y el informe psicológico de la psicóloga  Ana Milena Correa en la que se puede ver el estado de depresión  leve, síntomas de estrés postraumático de la  demandante.  

  

56.  PEDRO ADÁN HENAO GALEANO (radicado 2004-0053) quien solicitó  el reconocimiento y pago por el perjuicio moral sufrido por la muerte  de su hermana Ana Concepción Henao Galeano en una suma  equivalente a 500 salarios mínimos legales mensuales y que el  tribunal reconoció pero en una cantidad inferior, a saber,  $13,750,000 “por cada uno” (sic, f. 440), fruto ello de  error de hecho en la apreciación (cercenamiento) del registro  civil de nacimiento de Pedro Adán Henao que comprueba su  condición de hermano de Ana Concepción Henao Galeano,  el acta de levantamiento del cadáver y la necropsia al cuerpo  de esta, su registro civil de defunción, elementos de  convicción que demuestran la forma como falleció por  quemaduras que calcinaron todo su cuerpo  

  

57.        JHON  JAIRO LUNA LONGA (radicado 2004-00054), quien pide el reconocimiento  y pago por perjuicios morales a raíz de la muerte de sus hijos  Jefferson Luna Mosquera y John Darwin Luna Mosquera en cuantía  de 500 salarios mínimos legales mensuales y que el tribunal  reconoció pero en cantidad de $27,500,000 por cada uno. Pidió  además el pago de 500 salarios mínimos legales  mensuales por razón de sus propias quemaduras al paso que el  Tribunal le reconoció, reduciendo el monto del juzgado,  la  suma de $12,500,000, fruto ello de cercenamiento de las pruebas  siguientes: el registro civil de nacimiento de los menores, el  registro de su defunción en el que se aprecian las condiciones  crueles de su deceso, el resumen final de atención de John  Jairo Luna Longa en el hospital San Vicente de Paul que acredita que  por razón de la explosión sufrió quemaduras y  deformidades el 80% de su superficie corporal, el reconocimiento  médico realizado por especialistas Fernando Pereira queda  cuenta de las deformidades irreversibles y estéticas, las  fotografías tomadas al causante que si lo corrobora, el  informe de la psicóloga de Ana Milena Correa que evidencia el  padecimiento de los demandantes.  

  

58.        FANNY  MOSQUERA MOSQUERA (radicado 2004-00054), quien solicitó el  reconocimiento y pago de 500 salarios mínimos legales  mensuales por sus quemaduras (daño moral propio) y por la  muerte de sus hijos Jefferson Luna Mosquera y John Darwin Luna  Mosquera, a razón de 500 salarios mínimos legales  mensuales por cada uno. El Tribunal le concedió $7,500,000 por  ese daño moral propio y  $27,500,000 por cada uno de sus hijos  fallecidos.  Y la recurrente estima que la reducción que el  Tribunal hizo en relación con la condena que había  impartido el juzgado de primera instancia fue el fruto de errores de  hecho que le impidieron ver el carácter atroz del  fallecimiento de sus hijos así como las quemaduras sufridas  por la demandante. Le atribuye el cercenamiento de los registros  civiles de nacimiento de los menores Jefferson y John Darwin luna  Mosquera, el de defunción de los mismos -queda cuenta de las  quemaduras mortales si el deudor físico que tuvieron que  padecer-, la historia clínica de la demandante y el documento  de admisión de la clínica Vanegas en el que se puede  determinar el grado de las quemaduras detectaron el 40% de su cuerpo.  

  

59.        DEILLER  AYALA MOSQUERA (radicado 2004-00054) solicitó el  reconocimiento y pago el daño moral propio por las quemaduras  sufridas a razón de 500 el mínimo legales mensuales, al  paso que el Tribunal reconoció, disminuyendo el monto a que  condenó el juzgado a la suma de $10.000.000,oo como resultado  de yerro fáctico por cercenamiento de la historia clínica  en la que se determina que el demandante presenta deformidades  irreversibles y lesiones producidas por quemaduras por explosión  y llamas, que si hubiera apreciado en toda su dimensión  hubiese concluido que el daño moral fue grave, profundo y  notorio y hubiera impartido una condena superior.  

  

60.        MARÍA  CECILIA MOSQUERA (radicado 2004-00068) solicitó el  reconocimiento y pago de perjuicios morales con el fallecimiento de  sus hijos Jonathan Alexis David Mosquera Mosquera, Leidy Johanna  Sánchez Mosquera y María Alejandra Sánchez  Mosquera en cuantía de 500 salarios mínimos legales  mensuales por cada uno así como igual suma por las quemaduras  que recibió; pero el Tribunal reconoció por daño  moral propio la suma de $7,500,000 y por el fallecimiento de sus dos  hijos, por cada uno, $27,500,000. La reducción que impartió  en relación con la condena que el juzgado de primera instancia  había decretado por estos conceptos, fue el fruto del  cercenamiento de los registros civiles de nacimiento y defunción  de sus hijos, el que se demuestra el parentesco y las quemaduras  graves padecimientos de ellos, el reconocimiento médico  realizado por el especialista en el que se señala que sufrió  la demandante deformidades irreversibles y alteraciones estéticas  visibles en el 26% de su cuerpo y la historia clínica que  acredita la gravedad de las lesiones  

  

61.        YOLANDA  HERNÁNDEZ VALERO (radicación 2004-00068) a quien  el  Tribunal disminuyó la condena inicialmente concedida por el  juzgado a raíz de la muerte de su hijo Arturo Manuel Hernández  Valero, a $27,500,000, como fruto de yerro fáctico por  cercenamiento de los certificados de nacimiento y defunción de  su hijo, del certificado expedido por el corregidor de Fraguas donde  consta que fórmula denuncia por la pérdida de su casa  con todos sus enseres, del informe psicológico de la población  afectada por la explosión en el que la psicóloga  concluyó que la demandante tenía un profundo cuadro de  depresión y soledad.  

  

62  y 63.        YERMINGTON ALFONSO MURILLO LONDOÑO Y KELLY JOHANA  MURILLO LONDOÑO así como MARÍA FELISA MORENO  CAICEDO (radicado 2004-00069)  a quienes  el Tribunal disminuyó  la condena inicialmente concedida por el juzgado a raíz de la  muerte de su padre (las dos primeras) e hijo Víctor Manuel  Murillo Moreno, asignándole a cada uno una suma de  $27,500,000, cual si fuese la tarifa legal, todo como producto de  error fáctico por cercenamiento del registro civil de  nacimiento de los reclamantes, de las actas de necropsias y  levantamientos de cadáver de su padre e hijo en el que se  constata que sufrió quemaduras de tercer grado del 90% de su  cuerpo, así como el certificado de su defunción.  Adicionalmente, cercenó el Tribunal el informe psicológico  realizado a María Felisa moreno por la psicóloga Ana  Milena Correa en el que se concluye la gran depresión que  padece.  

  

65.  LUIS CEFERINO MURILLO GUTIÉRREZ (radicado 2004-00069) a quien  el Tribunal disminuyó la condena de que fue beneficiario por  su daño moral a raíz del fallecimiento de su hijo  Francisco Javier Murillo Moreno asignándole una suma de  $27,500,000, disminución de la condena del juzgado a la que  llegó como producto de error de hecho por cercenamiento de los  registros civiles de nacimiento del reclamante y de defunción  de su hijo, las actas de levantamiento de cadáver y necropsias  de este, pruebas que demuestran que murió totalmente calcinado  y evidencian el profundo daño moral parecido.  

  

66  y 67.        JESÚS EMILIO GARCÍA MONSALVE y  FERNELLI GARCÍA  MONSALVE (radicado 2004-00070), a quienes por el fallecimiento de su  padre Jesús Emilio García Cadavid reconoció el  Tribunal la suma de $27,500,000, a cada uno, como si se tratara de  una tarifa legal, disminuyendo la condena que había decretado  por este rubro el juzgado de primera instancia y que los recurrentes  estiman que fue el producto del cercenamiento de los registros  civiles de su nacimiento así como el de defunción de su  padre que da cuenta el parentesco y por consiguiente del profundo  dolor que padeció. En adición, cercenó el  Tribunal el informe psicológico realizado a Fernelli García  Monsalve que estableció que padecía de tristeza  profunda, abatimiento, desesperanza incertidumbre  

  

68.        FLOR  ALBA FERNÁNDEZ CANO (radicado 2004-00071), a quien el Tribunal  concedió por daño moral a raíz de la muerte de  su hijo John Fredy Cardona Fernández la suma de $27,500,000,  cual si fuese una tarifa legal disminuyendo la cuantía  reconocida por el juzgado,, como producto del cercenamiento por error  de hecho en la apreciación del registro civil de nacimiento de  su hijo, el acta de levantamiento de su cadáver en el que se  constata que sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en el  90% de su cuerpo y que permite evidenciar el profundo dolor que  padeció la reclamante.  

  

69.        NAZLY  YOMARA CARDONA MADRIGAL (radicado 2004-00071), a quien el Tribunal  concedió, disminuyendo la inicial cantidad reconocida por el a  quo, la suma de $27,500,000 como cuantía para indemnizar el  daño moral que padeció por la muerte de su padre John  Fredy Cardona Fernández y que la recurrente estima no se  compadece con el profundo dolor que padeció a raíz de  la cruenta forma como ocurrió el deceso de su progenitor, todo  por causa de error de hecho (cercenamiento) en el registro civil de  nacimiento de ella y que se ratifica su vínculo parental con  el señor John Fredy Cardona Fernández, el actas de  levantamiento de su cadáver en el que se constata que sufrió  quemaduras de segundo y tercer grado en el 90 por ciento de su  cuerpo.  

  

70  y 71.        LUIS ALFREDO RESTREPO y FANNY DE JESÚS SANDOVAL  (radicado 2004-00074), a quienes el Tribunal concedió a cada  uno, la suma de $27,500,000 por cada una de sus hijas, Yensy Tatiana  Restrepo Sandoval y Lucelly Restrepo Sandoval, para indemnizar el  daño moral que parecieron por sus muertes acaecidas en los  hechos de esta causa, decisión –que implicó  disminuir la cantidad reconocida por el juzgado-, que fue producto de  error de hecho cometido por el juzgador en la apreciación de  los registros civiles de nacimiento de estos menores fallecidos, de  los de defunción que denotan el profundo dolor padecido por  sus hijos quemados, calcinados y absorbidos por las llamas. Tampoco  apreció en su justa dimensión el informe psicológico  que les fue practicado en el que se constata que la tragedia fue de  gran impacto para su vida familiar, emocional, social y laboral y que  posee sentimientos de soledad, estrés postraumático e  intranquilidad en el futuro.  

  

72.        ANA  ISABEL CÁRDENAS DE RESTREPO (radicado 2004-00074), abuela de  Yensy Tatiana  Restrepo Sandoval y Lucelly Restrepo Sandoval, y a quien el Tribunal  reconoció la suma de $13,750,000 por daño moral por la  muerte de cada una, reduciendo la condena inicialmente concedida por  el juzgado, como fruto de error de hecho en la apreciación de  los registros civiles de nacimiento de las menores y los de  defunción.  

73.        EMILIANO  SANDOVAL DÍAZ (radicado 2004-00074), a quien el Tribunal,  reduciendo la condena inicial,  reconoció la suma de  $27,500,000 por el daño moral que le ocasionó el  fallecimiento trágico de su hija Ruth Janeth Sandoval Ortiz y  que el recurrente considera que fue el producto de error de hecho en  la valoración de las pruebas que demuestran la magnitud del  daño, en concreto, los registros civiles de nacimiento y  defunción de Ruth Janeth Sandoval.  

  

74.        MARÍA  VIRGELINA ORTIZ CASTAÑO (radicado 2004-00074), a quien el  Tribunal disminuyó la condena que a su favor impartió  el juzgado de primera instancia a la suma de $27,500,000 por el  fallecimiento de Ruth Janeth Sandoval Ortiz en los hechos trágicos  de este proceso, decisión judicial que fue el producto de del  cercenamiento de los registros civiles de nacimiento que da cuenta de  su cercanía parental (abuela-nieta) y el de defunción  de Ruth Yaneth Sandoval.  

  

75.        MANUEL  SALVADOR NAVARRO (radicado 2004-00074), a quien el Tribunal reconoció  el daño moral que padeció por el fallecimiento de sus  nietos Carlos Andrés Navarro Sandoval y Yeny Paola Navarro  Sandoval, condenando a la demandada a pagarle la suma de $13,750,000  por cada una, cual si fuese una tarifa legal, y ello como producto de  error de hecho por cercenamiento de los registros civiles de  nacimiento de estos menores, el defunción de Yeny Paola  Navarro Sandoval y el informe psicológico que se le practicó  en donde se establece un cuadro depresivo, dificultades de sus  actividades sociales, laborales y familiares.  

  

76.  ALBA ROCÍO TORRES SANDOVAL (radicado 2004-00074), quien sufrió  daño moral por la muerte de sus hermanos Froylan de Jesús  Sandoval Ortiz, Yensy Tatiana Restrepo Sandoval, Lucelly Restrepo  Sandoval, y a quien el Tribunal, disminuyendo la condena del juzgado,  concedió por tal concepto la suma de $13,750,000 por cada uno  (en total $41,250,000), tasación que fue el producto de error  de hecho en la apreciación de los registros civiles de  nacimiento de la demandante y sus hermanos y los de defunción  de estos.  

  

77.  EUCLIDES NAVARRO BENÍTEZ (radicado 2004-00074), quien el  Tribunal disminuyó la condena inicialmente impartida por la  primera instancia, para tasar el daño moral por la muerte de  sus hijos Carlos Navarro Sandoval y Yeny Paola Navarro Sandoval,  condenando a la pasiva al pago de $27,500,000 por cada uno, como si  se tratara de una tarifa legal, y ello como producto de error de  hecho en la apreciación del registro civil de su nacimiento y  los de defunción y nacimiento de sus hijos así como el  informe que le practicó la psicóloga Sandra Milena  Pinilla y en el que se hizo constar que padece de angustia constante  y agitación, depresión grave y en estado de tristeza y  melancolía.  

  

78.  ANGER ANDRÉS ARANGO SÁNCHEZ (radicado 2004-00087), a  quien el Tribunal concedió, disminuyendo la condena inicial,  la suma de $27,500,000 por concepto del daño moral inferido a  este por el fallecimiento de su padre de Jorge Iván Arango  Hernández, producto de error de hecho en la apreciación  de los registros civiles de nacimiento del demandante y de defunción  del padre, del acta de inspección del cadáver de este  que dan cuenta de su relación parental y de la profunda  gravedad de su dolor.  

  

79.  DELIO DE JESÚS CARDONA CÓRDOBA (radicado 2004-00087), a  quien el Tribunal concedió como daño moral la suma de  $27,500,000 por el fallecimiento de su hijo Manuel Antonio Cardona  López, disminuyendo la condena inicial impartida por el  juzgado de primera instancia, como si se tratara de una tarifa legal,  y ello por incurrir en error de hecho en la apreciación  (cercenamiento) de los registros civiles de nacimiento y defunción  de Manuel Antonio Cardona, los registros civiles de nacimiento de  Delio de Jesús, Luis Alfonso, Francisco Luis, Luis Enrique y  Manuel Antonio Cardona López, con los cuales se evidencia el  profundo dolor por la pérdida de su hijo.  

  

80.  MARÍA DEL ROSARIO LÓPEZ CARDONA (radicado 2004-00087),  quien perdió a su hijo Manuel Antonio Cardona López en  los trágicos sucesos de este proceso, causa del daño  moral que padeció y que el Tribunal reconoció en la  suma de $27,500,000, tarifa legal que fue el producto de error de  hecho en la apreciación de los certificados de registro civil  de nacimiento y defunción de su hijo que dan cuenta de la  gravedad del padecimiento de la demandante.  

  

81,  82 y 84. LUIS ALFONSO CARDONA LÓPEZ,  FRANCISCO LUIS CARDONA  LÓPEZ y LUIS ENRIQUE CARDONA LÓPEZ (radicado  2004-00087),  a quienes el Tribunal reconoció a cada uno la  suma de $13,750,000 por el fallecimiento de su hermano Manuel Antonio  Cardona López y que, a semejanza del anterior fue el producto  de error de hecho por cercenamiento de los registros civiles de  nacimiento de defunción de Manuel Antonio, de los registros  civiles de nacimiento de delio de Jesús, Luis Alfonso,  Francisco Luis, Luis Enrique y Manuel Antonio Cardona López,  prueba se dan cuenta de la gravedad de su daño moral (esta  acusación se encuentra repetida, ver página 382).  

  

83.        DELIO  DE JESÚS CARDONA CARDONA (radicado 2004-00087), a quien el  Tribunal le reconoció la cantidad de $27,500,000 por el  fallecimiento de su hijo Manuel Antonio, a título de daño  moral, lo cual fue fruto de error fáctico en la apreciación  de pruebas que demuestran la magnitud del daño sufrido, como  lo son los certificados de registro civil de nacimiento y defunción  de Manuel Antonio Cardona López, la declaración  extrajuicio rendido por el actor, la copia auténtica del  registro civil de nacimiento de delio de Jesús, Luis Alfonso,  Francisco Luis, Luis Enrique y Manuel Antonio Cardona López  

  

85.  YANIBIA ANDREA CATAÑO PARRA (radicado 2004-00091), a quien el  Tribunal reconoció la suma de $13,750,000 como reconocimiento  al daño moral que padeció por la muerte de su padre  Francisco Cataño Henao, que fue el producto de error de hecho  por cercenamiento de los registros civiles de nacimiento de la  demandante y de defunción de su padre, que denota no sólo  la relación parental sino el profundo dolor que padeció  por su pérdida  

  

CONSIDERACIONES  

  

1.        Preliminarmente,  debe advertir la Corte que el cargo se orienta hacia la demostración  de errores de hecho, evidentes y trascendentes, que condujeron al  juzgador de segunda instancia a no conceder una reparación  acorde con la magnitud de los hechos dañosos de que trata esta  causa.  

  

2.        Es  sabido que la lesión antijurídica a un interés  lícito, pues en últimas en eso consiste el daño  resarcible, es un elemento esencial para la estructuración de  la responsabilidad civil. Atrás quedaron las teorías  que sólo protegían con acciones  de reparación  los menoscabos, supresiones y lesiones tan sólo a derechos  subjetivos o a intereses jurídicamente protegidos.  

  

Sobre  el particular bien vale recordar que esta Sala de Casación,  recientemente, afirmó que  “en  el plano jurídico y, más exactamente, en el del derecho  de daños, el perjuicio es “todo detrimento, menoscabo o  deterioro, que afecta bienes o intereses lícitos de la  víctima, vinculados con su patrimonio, con su esfera  espiritual o afectiva, o con los bienes de su personalidad” y,  como tal, es “el elemento estructural más importante de  la responsabilidad civil, contractual y extracontractual, al punto  que sin su ocurrencia y demostración, no hay lugar a  reparación alguna”  (SC 5516-2016 del 29 de abril de 2016, rad n.°  08001-31-03-008-2004-00221-01)  

  

Además  de los daños patrimoniales o materiales, que son los que una  persona sufre en su patrimonio -conjunto de bienes, derechos y  obligaciones de contenido económico- la jurisprudencia de modo  consistente desde principios del siglo pasado ha venido reconociendo  la existencia de los perjuicios extrapatrimoniales9,  que en un principio se circunscribían a los denominados daños  morales, concepto este que abarcaba tanto el tradicional dolor  psíquico o físico que una persona padece, y que  mayoritariamente domina el escenario jurisprudencial patrio, como  –posteriormente- otros bienes o derechos inherentes a la  persona como la libertad, la intimidad y la familia; o la honra, el  buen nombre y la dignidad, facetas estas últimas que quizás  históricamente fueron las primeras en evidenciarse desde  épocas tribales.  

  

Esta  primera división del daño, con todo, no ha estado  exenta de confusión: repárese al respecto en los otrora  nombrados daños morales objetivados, hoy considerados como  daños patrimoniales en la modalidad de lucro cesante, y los  daños morales subjetivos.  

  

En  todo caso, los daños morales han sido objeto, desde remotos  tiempos, de reconocimiento y es así como, bajo este concepto  quedaban comprendidos, desde la época del derecho romano, la  reparación de los sufrimientos que las personas experimentaban  por su familia, o por la privación de placeres como la paz y  la tranquilidad de que gozaban. “La  jurisprudencia romana llegó en esto a la idea de que, en la  vida humana, la noción de valor no consiste solamente en  dinero; sino que, al contrario, además del dinero, existen  otros bienes a los que el hombre civilizado atribuye un valor y que  quiere ver que los proteja el derecho”10.  

  

Este  concepto abarcaba todo daño extrapatrimonial, tanto aquellos  que se ubicaban en la  parte social del patrimonio moral,  -los que afectaban al individuo en su honor o su reputación-  como esos otros que perjudicaban la parte  afectiva del patrimonio moral,  distinción esta que hubo de utilizar la Corte para ir  precisando el concepto por el lado negativo, al decir que  

“no  son los derechos patrimoniales ni la persona física, sino la  personalidad moral del damnificado…  El daño moral se puede entender de dos maneras que dan lugar a  su subdivisión: en perjuicios  morales propiamente dichos,  que son los que afectan la parte social del patrimonio moral como los  atentados contra el honor, la reputación, las consideraciones  sociales (…) Y en perjuicio  de afección  que son los que hieren la parte afectiva del patrimonio moral, las  convicciones y los sentimientos de amor dentro de las vinculaciones  familiares, como la pérdida de o el daño a personas  queridas (…) Ambas especies del daño moral se han  tenido por nuestra jurisprudencia como fuentes generadoras de la  obligación de reparar…”  (AC del  3 de mayo de 1988, en AC365 de 29 nov 1994, rad. 4366).  

  

Pero  además de la distinción entre la parte social y la  parte afectiva del patrimonio moral, la doctrina, de otro lado,  reconoció que había otros daños no pecuniarios  que debían entrar en la categoría de los perjuicios  morales, de vasta y agotadora enumeración, como los atentados  contra las convicciones y las creencias, los daños que afectan  a la persona física sin disminuir su capacidad de trabajo, las  cicatrices, heridas, sufrimientos que atentan contra la estética,  entre muchos más.  

  

La  mayor parte de esos ítems fueron reconocidos por la Corte, a  medida que a su conocimiento llegaban reclamos de esa naturaleza.  Desde el célebre caso Villaveces de 1922 ha recorrido la  Corporación esta senda. Y dado que en nuestro ordenamiento  jurídico no existe un catálogo de perjuicios  indemnizables, pues tan solo figura el daño emergente y el  lucro cesante como tipos de  daños materiales o patrimoniales  (a estos se ha agregado jurisprudencialmente la pérdida de la  oportunidad como daño patrimonial autónomo), y el daño  moral previsto en normas aisladas, como en el artículo 1006  del Código de Comercio -hoy derogado por la ley 1564 de 2012-,  la jurisprudencia, con una mesura digna de encomio, ha sido la que ha  venido tipificando otras modalidades de daños  extrapatrimoniales como los llamados “a la vida de relación”.  

  

Bien  podría decirse que al lado del típico daño moral  (subjetivo), caracterizado por recaer en un interés  esencialmente extrapatrimonial y cuya proyección o efecto es  lo que le ha dado entidad pues al afectar la esfera interna del  individuo se le define a partir de la aflicción, congoja,  tristeza o dolor que padece a consecuencia del evento dañoso  que afectó aquel interés, hoy en día el daño  extrapatrimonial comprende, en la jurisprudencia de esta Sala, el  daño a la vida de relación, así como –en  forma eminentemente residual-  cualquier perjuicio relevante no susceptible de valoración  económica y que sufra una persona en sus derechos  fundamentales, teniendo cuidado de no incurrir en doble indemnización  y de no equiparar el daño resarcible con la mera violación  de aquellos derechos, pues no es la trasgresión (hecho dañoso)  en sí misma lo que se indemniza o sanciona a modo de daño  punitivo, sino la lesión antijurídica acreditada y  derivada de esa vulneración (lo que propiamente se ha dado en  llamar perjuicio). De otro modo la prosperidad de una acción  de tutela aparejaría de modo inexorable la configuración  y subsecuente cobro del resarcimiento por un daño  extrapatrimonial. Este último tipo de perjuicio es al que se  refiere la Corte en reciente providencia, con salvamentos y  aclaraciones, en la que, en una primera aproximación,  instituyó como daño extrapatrimonial adicional, el  irrogado a los bienes personalísimos de especial protección  constitucional que constituyen derechos humanos fundamentales (CSJ  SC10297-2014 de 5 ag. 2014, rad. 11001-31-03-003-2003-00660-01),  distinción que, evidentemente, es ajena a este caso, no sólo  porque la jurisprudencia que los reconoció es posterior, sino  también en razón a que tal especie no fue objeto de  pedimento y menos de discusión en el proceso.  

  

Es  que, por otra parte, esa tesitura  abierta de  los perjuicios extrapatrimoniales con una tipología de daños  de ese linaje, ha experimentado en el derecho comparado una, para  algunos, exagerada profusión de modalidades, proclive tal  categorización a la dispersión, carente de rigor por  comprender los mismos intereses, quizás yuxtapuestos y no  claramente diferenciados unos de otros. En efecto, se habla de  perjuicio sexual, daño estético, perjuicio juvenil,  psico-físico, por pérdida de la calidad de vida,  anatómico-funcional, perjuicio del sufrimiento, al placer,  daño a la serenidad familiar, daño existencial, al  proyecto de vida, daño a la vida de relación, daño  biológico, etc.11  Tendencia esta que llega entonces a consolidarse conceptualmente en  la concesión de tantos resarcimientos como intereses  extrapatrimoniales resulten afectados, al margen de la denominación  con que  se la distinga.  

  

Esa  especie de inflación  de daños extrapatrimoniales ha dado lugar a que se proclame la  necesidad de ir con prudencia a la hora de implementar o establecer  nuevos perjuicios de ese linaje en tanto los mismos no se encuentren  técnicamente definidos de modo tal que, más que el bien  directamente afectado, se mire y precise el interés jurídico  lesionado, de suerte que no sea objeto de múltiple reparación  por encontrarse protegido o solapado en dos o más clases,  pues, como ya es sabido, la responsabilidad civil es meramente  resarcitoria, de modo que no puede convertirse en fuente de lucro  para el damnificado ni en factor de expoliación para el  dañador, como lo sostiene un autorizado expositor12.  

  

En  lo que hace al daño extrapatrimonial como género, y en  atención a esas diversas manifestaciones y tipologías,  la doctrina se ha preguntado si “debe  hacerse de cada perjuicio un capítulo distinto a los fines de  su reparación por separado, o si deben reagruparse como un  perjuicio único totalizador del daño moral”13.  Cuestión que en Italia, abanderada en esa especie de profusión  un tanto desordenada, se ha venido restringiendo sobre la base de  entender que  

  

“sólo  en el caso de consecuencias perjudiciales que se deriven, según  los principios de la regularidad causal, de la lesión a  intereses de rango constitucional, se resarcen daños distintos  del daño biológico y del daño moral subjetivo,  si es que ellas tienen, como estos últimos, naturaleza no  patrimonial. Lo que no impide, justamente por ello y dentro de la  óptica de una concepción unitaria de la persona, que la  valoración equitativa de todos los daños  extrapatrimoniales pueda también ser única, sin  distinguir -lo que puede ser oportuno pero no siempre indispensable-  entre lo que se reconoce a título de daño moral  subjetivo y lo que se reconoce a título de alivio de  perjuicios diferentes del mero sufrimiento psíquico; o entre  lo que debe ser liquidado a título de resarcimiento por el  daño biológico en sentido estricto (si se verifica una  lesión a la integridad psicofísica) y lo que  corresponde al alivio de los perjuicios mencionados; y que tampoco  impide que la liquidación del daño biológico, el  daño moral subjetivo y los perjuicios adicionales resarcibles  se exprese en una única suma de dinero, para cuya  determinación deben no obstante tenerse en cuenta todas las  proyecciones dañosas del hecho lesivo”14.  

  

Todo  cuanto viene dicho se justifica en casos como los que pone de  presente este cargo, en la medida en que para la reparación  del daño moral es menester que se tenga certeza, no solo de  las circunstancias que rodearon el hecho,  sino de la existencia de  los diversos intereses extra pecuniarios afectados y de su intensidad  para de allí arribar a una cuantía de dinero que, a  modo de satisfacción, se constituya en la reparación o  indemnización, palabras todas hueras frente al inasible dolor  que por este medio se intenta mitigar. Pero debe aclarase que bajo el  rubro aludido -daño moral- no han de quedar comprendidas  vulneraciones o menoscabos que propiamente están cobijados por  el denominado daño a la vida de relación, que son los  dos tipos de daños extrapatrimoniales reclamados por los  demandantes en esta causa. Además, debe resaltarse, eso sí,   que el perjuicio moral mal puede quedar limitado al pretium  doloris y  por tanto, engloba en este caso, afectaciones dañosas a los  denominados derechos de la personalidad, ahora llamados también  como derechos fundamentales, que no se reducen al honor, la dignidad  o el buen nombre sino que abarcan, en particular en este caso, los  derechos a la familia, entre otros ítems de valía.  

  

Recientemente  esta Sala entendió como daño moral, de acuerdo con los  lineamientos generales que de este perjuicio se han descrito en  doctrina y jurisprudencia, el que  

  

“está  circunscrito a la lesión de la esfera sentimental y afectiva  del sujeto, ‘que corresponde a la órbita subjetiva,  íntima o interna del individuo’ (sentencia de 13 de mayo  de 2008), de ordinario explicitado material u objetivamente por el  dolor, la pesadumbre, perturbación de ánimo, el  sufrimiento espiritual, el pesar, la congoja, aflicción,  sufrimiento, pena, angustia, zozobra, desolación, impotencia u  otros signos expresivos”, que se concretan “en el  menoscabo de los sentimientos, de los afectos de la víctima y,  por lo tanto, en el sufrimiento moral, en el dolor que la persona  tiene que soportar por cierto evento dañoso”.  (Sentencia  de Casación Civil de 18 de septiembre de 2009. Exp.:  2005-406-01).  (SC10297-2014 de 5 ag. 2014, Rad: 11001-31-03-003-2003-00660-01).  

  

Se  trata, estima ahora la Corte, de una concepción restringida,  afín al primigenio pretium  doloris,  del derecho común y del antiguo derecho germánico, que  pone énfasis en el sufrimiento o padecimiento psíquico  o físico, pero que bien vistas las cosas, deja de lado otro  tipo de menoscabos, como los atentados al honor, a la reputación,  al patrimonio moral, que la Corte ya antes había entendido  como modalidades de daño moral en sentido estricto,  comprendiendo el que la doctrina dio en llamar perjuicio  de afección,  distinción que se debe a Josserand.  

  

En  consecuencia, para los efectos del despacho de este cargo, considera  la Corporación que dentro del rubro daños  morales ha  de quedar comprendido tanto los dolores y padecimientos del fuero  interno del individuo, descritos en la sentencia transcrita, como las  afectaciones asimismo internas de daños infligidos a los  derechos de la personalidad, verdaderas disminuciones de bienes  extrapatrimoniales, lo que excluye por supuesto los efectos de la  denominada actividad  social no patrimonial  (SC 13 de mayo de 2008), que constituye propiamente el daño a  la vida de relación.  

  

Se  dice lo anterior por cuanto  el Tribunal entendió que si los  menores no tienen capacidad de comprender cabalmente la muerte de un  ser querido, el daño moral en ellos no puede tener la misma  dimensión o intensidad que en la de los adultos, teniendo por  supuesto en mente el concepto restringido de daño moral como   pretium  doloris.  En esa medida, no tendrían los recién nacidos ni el  hijo póstumo, ni los infantes de corta edad, derecho alguno a  reconocimiento de daños morales, según lo ya anotado.  Es que este tipo de perjuicios parte de la lesión a un derecho  de la personalidad que repercute en una afectación en la  esfera psicofísica, siendo el dolor o congoja un  efecto de  esa vulneración. Hay que entender que en el daño moral  reclamado en esta causa deben estar comprendidos tanto los  sufrimientos morales y psíquicos, la grave perturbación  del estado de ánimo derivada de la lesión a un interés  extrapatrimonial, lo que incluye la ruptura grave, la frustración  de intereses legítimos, constitucionalmente protegidos, como  el de tener una familia y no ser separado de ella, derechos estos  fundamentales de los niños, en los términos del  artículo 44 de la Constitución, a los que se añaden  el cuidado y el amor,  también incluidos en el canon,  truncados ilícitamente por el acontecimiento dañoso.  Repárese en que dentro de este concepto de daño moral  no han de quedar incluidos las repercusiones que en la esfera social  tiene la vulneración de esos intereses legítimos dignos  de protección. Lo que la Corte quiere resaltar es el hecho de  que el daño moral no queda limitado al dolor –manifestación  más elocuente- sino que abarca otro tipo de menoscabos  internos producidos por el hecho dañoso.  

  

Ahora  bien, debe quedar entendido que la reparación del daño  moral tiene una función de compensación o satisfacción,  en la que no se persigue remplazar el dolor ni suplir la ausencia del  ser querido, sino hacer que la víctima obtenga un poco de  alivio. En palabras de Mazeaud, “en  la esfera del perjuicio material, suele resultar imposible reponer  las cosas en el estado en que estaban y la «reparación»  consistirá entonces en conceder aquello que, por una  evaluación con frecuencia grosera, se considera como un  equivalente… «Reparar» un daño no es  siempre rehacer lo que se ha destruido; casi siempre suele ser darle  a la víctima la posibilidad de procurarse satisfacciones  equivalentes a lo que ha perdido. El verdadero carácter del  resarcimiento de los daños y perjuicios es un papel  «satisfactorio»”15.  

  

Desde  bien temprano ha afirmado esta Corporación que la dificultad  en determinar la cuantía o monto de la reparación no es  un asunto que, por difícil o imposible, fuese obstáculo  para reconocer el derecho al resarcimiento, para lo cual entendió  y aun entiende que si la responsabilidad civil busca, quizás  utópicamente, dejar a la víctima en la misma o análoga  situación que tenía antes del perjuicio padecido, en  materia de daños morales esa reparación, o mejor  compensación, no puede obedecer a parámetros  matemáticos de equivalencia entre lo sufrido o padecido frente  a la condena al responsable, sino que ha de buscarse una razonable  cuantía –si de suma de dinero se trata, pues la  reparación simbólica no está descartada aunque  en su aplicación surgen problemas referidos a la congruencia-  de modo que, así sea idealmente, se mitigue el atentado al  fuero interno, al estado emocional perdido o frustrado, con esa  fuente de alivio o bienestar (G.J. n°. 1926, página 367).  Ha prevalecido el establecimiento de una suma de dinero que la Corte,  de tiempo en tiempo reajusta en cuantías que establece además  como guías para las autoridades jurisdiccionales inferiores en  la fijación de los montos a que ellas deban condenar por este  concepto, pues ha creído esta Sala que en tal arbitrio  judicial debe prevalecer la mesura, la condena no debe ser fuente de  enriquecimiento para la víctima a más de que deben  sopesarse las circunstancias de cada caso, incluyendo dentro de  ellas, por qué no, las especificidades de demandante y  demandado, los pormenores espacio temporales en que sucedió el  hecho, todo ello con miras a que dentro de esa discrecionalidad, no  se incurra en arbitrariedad.  

  

No  obstante, a la anterior doctrina, que aún prohíja esta  Corporación, debe agregarse el hecho de que a falta de  normativa explícita que determine la forma de cuantificar el  daño moral, el precedente judicial del máximo órgano  de la jurisdicción ordinaria tiene un cierto carácter  vinculante, para cuya separación es menester que el juez  ofrezca razones suficientes de su distanciamiento, pues, en los  términos establecidos por la Corte Constitucional:  

  

“La  fuerza normativa de la doctrina dictada por la Corte Suprema proviene  (1) de la autoridad otorgada constitucionalmente al órgano  encargado de establecerla y de su función como órgano  encargado de unificar la jurisprudencia ordinaria; (2) de la  obligación de los jueces de materializar la igualdad frente a  la ley y de igualdad de trato por parte de las autoridades; (3) el  principio de la buena fe, entendida como confianza legítima en  la conducta de las autoridades del Estado; (4) carácter  decantado de la interpretación del ordenamiento jurídico  que dicha autoridad ha construido, confrontando la continuamente con  la realidad social que pretende regular”  (C-836 de 2001)  

  

Como  se recordará, el Tribunal accedió a la petición  de perjuicios extrapatrimoniales en virtud del dolor padecido por la  víctima fallecida o lesionada, con base en uniones maritales,  matrimoniales, relaciones afectivas, de parentesco filial y fraterno,  al igual que les reconoció a los abuelos estos perjuicios,  todo sobre la base de la prueba idónea en tanto la inferencia  de la existencia del perjuicio la derivó del parentesco,  fijando su cuantía en una suma que disminuyó a medida  que el lazo de cognación se iba distanciando. Y disponiendo  que, en cuanto a los menores de siete años, “habrá  de fijarse a su favor un menor monto como compensación del  daño moral, teniendo en cuenta que dichas reglas e incluso la  psicología enseñan que en razón de su corta edad  su razonamiento y procesamiento de la información es inmaduro,  por lo que la muerte no tiene la misma significación para  ellos frente a personas de mayor edad, siendo así como un  infante no alcanza a comprender la relación entre la vida y la  muerte”  (página 500 de la sentencia).  

  

Dentro  de estos rubros de perjuicios extrapatrimoniales reconoció el  Tribunal el “perjuicio moral propio” derivado de las  quemaduras y lesiones sufridas por las víctimas directas.  

  

Consideró  que el daño moral podía ser objeto de transmisibilidad  y en tal medida estableció que las víctimas fallecidas  debían haber sobrevivido por lo menos un día luego de  ocurrida la conflagración, reconociéndole la suma de  $100,000 por cada día de sobrevivencia, aspecto este que al  haber quedado por fuera de ataque casacional debe mantenerlo la Corte  tal como el Tribunal lo concibió, sin más.  

  

Hechas  las anteriores apreciaciones tasó en $27,500,000 el daño  moral propio sufrido por los demandantes a raíz de la muerte  de sus padres, hijos, esposos y compañeros permanentes, esto  es, lo que se ha dado en llamar el primer círculo familiar; la  mitad de ese valor en favor de los hermanos, abuelos y nietos, esto  es $13,750,000; mientras que a favor de los niños menores de  siete años y demás parientes la suma de $6,875,000,  amén de haber cuantificado el daño moral por razón  de quemaduras con el mismo rasero.  

  

Estima  la Corte que las circunstancias más o menos uniformes que  padecieron las víctimas directas, fallecidas y sobrevivientes,  y sus allegados ligados con vínculos de parentesco así  como el cuidado que tuvo el Tribunal de tazar el mayor o menor valor  de acuerdo con su arbitrio para los daños morales derivados de  las quemaduras y cicatrices padecidas por algunas de las víctimas,  permiten suponer, salvo que exista prueba concluyente que lo infirme,  que la magnitud o intensidad de los perjuicios morales fue similar,  por lo que no encuentra la Sala equivocación alguna del  Tribunal al usar la metodología de cuantificación del  perjuicio moral en la forma como lo hizo, esto es, partiendo de una  suma máxima y aminorándola a medida que los lazos de  parentesco fuesen distanciándose.  

  

En  lo que si no está de acuerdo este órgano de cierre, y  en ello ve un evidente error de hecho del juzgador colegiado, que  trascendió a su decisión, es que hubiese considerado,  sin ninguna razón valedera esgrimida, distinta del arbitrio  judicial, y en contravía de la jurisprudencia para cuya  separación debía explicitar razones suficientes, que la  suma máxima y a partir de allí las siguientes, fuese la  que indicó, a pesar de que para la época, la Corte ya  había establecido un tope mucho mayor, cuya aplicación  estaba plenamente justificada en este caso, que registra sufrimiento  indecible por donde se le mire, algo que el Tribunal constató,  pero cercenando sus efectos, y de ahí la comisión del  yerro fáctico que se le achaca y la Corte en efecto constata.  

  

En  fallo reciente reiteró esta Corporación lo que había  señalado en providencia del 28  may. 2012, Rad. 2002-00101-01. Dijo:  

  

En  el ejercicio del arbitrium judicis orientado a fijar el quantum en  dinero del resarcimiento del perjuicio moral, se tendrán en  cuenta, además de las orientaciones jurisprudenciales que han  sido citadas, las circunstancias personales de la víctima; su  grado de parentesco con los demandantes; la cercanía que había  entre ellos; y la forma siniestra en que tuvo lugar el deceso.  

Y,  en cuanto al monto de dicha reparación, recientemente, la  Corte, en sentencia CSJ SC13925-2016, rad. 2005-00174-01, lo fijó  en $60.000.000.  Al efecto, expuso:  

  

Siguiendo  las pautas reseñadas, se tasarán los perjuicios morales  sufridos por los demandantes en la suma de $60’000.000 para  cada uno de los padres; $60’000.000 para el esposo; y  $60’000.000 para cada uno de los hijos.  

  

El  anterior monto se estima razonable, puesto que esta Sala, en  circunstancias fácticas similares, ha condenado en el pasado  al pago de $53.000.000 (SC del 17 de noviembre de 2011, Exp.  1999-533), y $55.000.000 (SC del 9 de julio de 2012, Exp.  2002-101-01).(SC15996-2016  de 29 de sept 2016, rad. n° 11001-31-03-018-2005-00488-01)  

  

Pues  bien, el Tribunal parece que redujo a la mitad el valor que el  precedente de una época quizás cercana a la elaboración  del proyecto por el ponente, había adoptado la Corte  ($55.000.000,oo), proceder que en consecuencia, amerita el quiebre  del fallo. Razón que también ampara el reajuste que  amerita hacerse de las condenas por daño moral padecido por la  víctima en razón de sus quemaduras y cicatrices  

  

Finalmente,  debe resaltarse la improcedencia de endilgarle yerro fáctico  al juzgador por las condenas por daño moral que reconoció  en quienes padecieron heridas, deformaciones y cicatrices y sus  allegados pues, ciertamente, la Corte no tiene tasada una suma que de  alguna forma sea precedente y genere vínculo a las  jurisdicciones inferiores por estos rubros y por ende, en este  aspecto, el arbitrium  judicis  aplicado por el Tribunal cobra fuerza en toda su dimensión,  salvedad hecha, como lo ha venido diciendo la jurisprudencia, que el  mismo se encuentre manifiestamente desfasado a punto tal que resulte  absurdo, que no es el caso, pues el Tribunal en atención a las  particularidades que vio en cada uno de los perjudicados directos, en  cuanto a la extensión de sus heridas y cicatrices, tasó  según su parecer el monto de la condena por perjuicio moral  como compensación por el sufrimiento que aquello le produjo a  sus allegados.  

  

  

SECCIÓN  VII. SENTENCIA SUSTITUTIVA  

  

1.        De  conformidad con las anteriores explicaciones, al salir airosos los  cargos 11°, 44° y 83° que achacaron al Tribunal vicios in  procedendo  por incongruencia extra  petita  debe la Corte revocar las resoluciones del Tribunal en cuanto a que:  

  

1.1.  Condenó a OCENSA a pagar en favor de Marco Antonio Ramírez  la suma de $11.500.000 por daño a la vida de relación.  

  

1.2.        Condenó  a OCENSA a pagar en favor de Haider Madrid Londoño la suma de  $600.000 por concepto de daño moral hereditario por la muerte  de Darley Yalidez Londoño.  

  

1.3.        Condenó  a OCENSA a pagar en favor de Yulieth Andrea Herrera Palacio la suma  de $27.500.000  por la muerte de Luis Ángel Lotero Herrera y  José Gilberto Herrera Palacio a razón de $13.750.000  por cada uno.  

  

2.        Como  fracasaron los cargos relativos a la ausencia de responsabilidad de  OCENSA, bien por alegar infructuosamente que no es peligrosa su  actividad o ya por argüir ausencia de culpa y una causa extraña,  que no se encontró exclusiva, nota esencial esta para el  rompimiento del vínculo causal de su actuar con el daño  producido (cargos 1°, 2°, 3°), y en adición, como  naufragaron aquellos otros embates de la parte demandada encaminados  a que se declare la responsabilidad de la llamada en garantía  o la aplicación de su eximente de responsabilidad también  a OCENSA (Cargos 4°, 170°, 171°, 173°), deben  mantenerse incólumes los numerales primero y segundo de la  sentencia combatida, en cuanto a que allí se declararon no  probadas las excepciones de fondo propuestas por la parte demandada,  se acogió la de la llamada en garantía denominada “no  cobertura por ser un riesgo excluido” y, en fin, se declaró  civilmente responsable a la sociedad Oleoducto Central S.A. OCENSA  por los perjuicios causados a los demandantes con ocasión de  los hechos ocurridos el 18 de octubre de 1998.  

  

En  el mismo sentido, la ausencia de ataque de la desestimación de  las pretensiones de los demandantes a que se refiere el numeral  cuarto queda en firme, como también lo atinente a la  absolución a la Aseguradora Royal & Sun Alliance Seguros  (Colombia) S.A. de que trata el numeral quinto del fallo impugnado en  esta sede extraordinaria.  

  

3.        Lo  atinente a las costas, queda asimismo igual a la forma como lo  sentenció esa corporación pues la modificación  que habrá de hacerse en este proveído al del Tribunal  dice relación con revocaciones según se anunció  arriba, con el reconocimiento del daño a la vida de relación  en la modalidad examinada (esto es, por la devastación del  entorno) y con el aumento de la cuantía que por daño  moral juzga la Corte debe ser condenada la empresa interpelada,  tópicos que no ameritan una revisión de estas  obligaciones procesales.  

  

  

En  efecto, las circunstancias del inmenso dolor que se refleja en la  ferocidad y barbarie de las acciones padecidas por los demandantes  daban, con toda seguridad, lugar a que el Tribunal impusiera una  condena acorde con esa realidad, así fuese tomando la suma que  como guía por entonces tenía la Corte establecida desde  2012 y que, frente a la indecible atrocidad de los eventos narrados y  probados en este proceso ameritan –para este caso particular-  una suma mayor a la que entonces tenía dispuesta  ($60,000,000.oo) y que hoy reajusta a setenta y dos millones de pesos  ($72,000,000.oo)  para el daño moral propio sufrido por los  demandantes a raíz del fallecimiento de padres, hijos, esposos  y compañeros permanentes, la mitad de ese valor para hermanos,  abuelos y nietos  y la cuarta parte para el resto de parientes,  conservando de esa forma el criterio establecido por la sala de  decisión civil del Tribunal en cuanto a que, las  circunstancias modales que hubieron de sufrir los reclamantes fueron,  en términos generales, las mismas y el parámetro de una  tasación similar, en consecuencia, se impone.  

  

El  resto de las condenas permanece igual, salvedad hecha de las  revocatorias mencionadas por causa de la prosperidad de algunos  cargos (puntos 1 y 2 de esta sustitutiva) y el incremento de la  condena por daño a la vida de relación respecto de  quienes resultó próspero el recurso de casación  en ese preciso tópico.  

  

Ya  se  anticipó que la Corte no comparte el criterio del Tribunal  atinente a la reducción de condenas por daños morales  cuando el beneficiario es un menor de siete años en tanto que  si bien es cierto que el dolor físico o psíquico de las  personas ha sido una constante en la definición de este tipo  de perjuicios, y los menores pueden no llegar a tener cabal  conciencia de la magnitud de la desaparición de sus seres  queridos, también lo es que tales padecimientos son apenas una  de las consecuencias negativas e internas que sufren en general las  personas, cuando intereses extrapatrimoniales inherentes a su  personalidad les  han quedado vulnerados, frustrados o arrebatados  por el hecho dañoso. Porque en el caso de los pequeños  descuella la transgresión de derechos fundamentales que  inciden en su normal crecimiento, como los de “tener  una familia y no ser separados de ella, el cuidado y amor”,  a que se refiere el artículo 44 de la Constitución, en  el listado de los derechos fundamentales de los niños, de  prevalencia frente a otros.  

  

Y  en cuanto al daño a la vida de relación habrá de  condenarse a la demandada a pagar la suma de cincuenta millones de  pesos ($50,000,000.oo) a los demandantes que reclamaron este tipo de  perjuicio y lo sustentaron en el recurso de casación en el  cargo que resultó próspero, sin que toque la Corte lo  que el Tribunal reconoció por razón de las quemaduras y  cicatrices padecidas, pues la óptica del embate airoso fue  poner de presente otra faceta de este tipo de daño y no  propiamente el de las asociadas a secuelas, cicatrices o  deformidades.  

  

En  consecuencia, con las condenas que quedaron en firme y tras la  modificación o revocación resultantes de la prosperidad  de los embates según se ha indicado, teniendo en cuenta la  causa  petendi,  resultan así las sumas a cargo de la demandada, que se  traducirán en una cifra exacta en la parte resolutiva de este  proveído, de acuerdo con esta discriminación:  

                                                                        

DEMANDANTE                                                                      

PRETENSIONES                          RECONOCIDAS POR TRIBUNAL                                                                      

CONDENA                          TRIBUNAL                                                                      

CONDENA                          CORTE DAÑO MORAL                                                                      

CONDENA                          CORTE DAÑO VIDA DE RELACIÓN                                                                      

TOTAL                          CONDENA          

1)                          José Crispín Sánchez                          Rodríguez (2004-00042)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Franquin Antonio Sánchez                          Mosquera (hijo 16 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

194.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de María Yureni Sánchez                          Mosquera (hija 6 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00          

2)                          María Inés Mosquera Mosquera                          (2004-00042)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Franquin Antonio Sánchez                          Mosquera (hijo 16 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.000.000,00          

3)                          María Gilma Rodríguez de                          Sánchez (2004-00042)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Franquin Antonio Sánchez                          Mosquera (nieto 16 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.000.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de María Yureni Sánchez                          (nieta 6 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

4)                          Marco Antonio Ramírez Sánchez                          (2004-00043)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Yomelina Ramírez                          Palacios (hija)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

82.000.000,00          

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

           

5)                          Luz Mercedes Mosquera Ramírez                          (2004-00043)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Marcelina Ramírez                          Palacios (mamá)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

158.500.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de María Nellys Mosquera Ramírez                          (hermana 18 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de María Marcelina Ramírez                          Palacios (mamá)                                                                      

500.000,00                                                                      

           

6)                          Madison Ramírez Palacio                          (2004-00043) 14 años                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Marcelina Ramírez                          Palacios (mamá                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

131.746.610,73          

Daño                          moral propio por muerte de María Nellys Mosquera Ramírez                          (hermana 18 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de María Marcelina Ramírez                          Palacios (mamá)                                                                      

500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por sus propias quemaduras (14 años 11 meses)                                                                      

2.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

7.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Lucro                          Cesante por muerte de María Marcelina Ramírez                          Palacios (mamá)                                                                      

13.246.610,73                                                                      

           

7)                          María de Los Ángeles                          Mosquera Ramírez (2004- 00043)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Yomelina Ramírez                          Palacios (mamá)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.200.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de María Yomelina Ramírez                          Palacios (mamá)                                                                      

200.000,00                                                                      

           

8)                          José Mosquera (2004-00043)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Nellys Mosquera Ramírez                          (hija 18 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

123.200.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de María Nellys Mosquera                          Ramírez (hija)                                                                      

1.200.000,00                                                                      

           

9)                          Nury María Mosquera (2004-00043)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Cristóbal Antonio Ibarguen                          Mosquera (compañero)                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.000.000,00          

10)                          Claudia María Ibarguen Mosquera                          (2004-00043) 15 años 4 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Cristóbal Antonio Ibarguen                          Mosquera (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

135.580.720,79          

Daño                          moral hereditario por muerte de Cristóbal Antonio Ibarguen                          Mosquera (Padre)                                                                      

2.300.000,00                                                                      

           

Lucro                          Cesante por muerte de Cristóbal Antonio Ibarguen Mosquera                          (padre)                                                                      

11.280.720,79                                                                      

           

11)                          Luz Mary Ibarguen Mosquera (2004-00043)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Luis Angel Ibarguen Mosquera (hermano)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

                                                                       

36.000.000,00          

12)                          Orfa Henao Estrada (2004-00044)                                                                      

Daño                          moral hereditario por muerte de su María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

220.000,00                                                                      

                                                                       

50.000.000,00                                                                      

124.470.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00          

Daño                          moral propio por quemaduras de Henry de Jesús Henao                          (hermano)                                                                      

1.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por las quemaduras de Julian Eduardo Henao (hermano)                                                                      

1.250.000,00                                                                      

           

13)                          Julián Eduardo Henao Estrada                          (2004-00044)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Eva Estrada García                          (madre                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

90.720.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

220.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

7.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por lesiones de Henry de Jesús Henao Estrada                          (hermano)                                                                      

1.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

14)                          Henry de Jesús Henao Estrada                          (2004-00044)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

91.420.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

220.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

6.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

800.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por las quemaduras de Deicy Eugenia Patiño                          (compañera )                                                                      

1.150.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por muerte de María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

1.250.000,00                                                                      

                                                                       

           

15)                          René de                          Jesús Henao Estrada (2004-00044)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.220.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

220.000,00                                                                      

           

16)                          Resfa Inés Henao Estrada                          (2004-00044)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

124.470.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de María Eva Estrada García                          (madre)                                                                      

220.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por las lesiones Henry de Jesús Henao Estrada                          (hermano)                                                                      

1.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por las lesiones de Julian Eduardo Henao (hermano)                                                                      

1.250.000,00                                                                      

           

17)                          Miguel Ángel Henao Ospina                          (2004-00044)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Eva Estrada García                           (compañera)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.000.000,00          

18)                          Andrés Felipe Henao Patiño                          (2004-00044) 10 años                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

                                                                       

                                                                       

10.650.000,00          

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

5.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por las lesiones de Deisy Eugenia Patiño                          (madre)                                                                      

1.150.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por lesiones Henry de Jesús Henao (padre)                                                                      

2.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

19)                          Deisy Eugenia Patiño (2004-00044)                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

4.000.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

14.300.000,00          

7.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por las lesiones de Andrés Felipe Henao Patiño                          (hijo 10 años)                                                                      

800.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por las lesiones de Henry de Jesús Henao                          (compañero)                                                                      

2.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

20)                          Jaider Madrid Londoño (2004-00045)                          4 años                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Octavio Madrid (padre)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

268.947.866,31          

Daño                          moral propio por muerte de María Elena Londoño                          Buriticá (madre)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por muerte de Darley Yalides Vélez Londoño                          (hermana 8 años 10 meses)                                                                      

6.875.000,00                                                                      

18.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de María Elena Londoño                          Buriticá (madre)                                                                      

300.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Octavio Madrid (padre)                                                                      

100.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Darley Yalides Vélez                          Londoño (hermana 8 años 10 meses)                                                                      

600.000,00                                                                      

                                                                       

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

9.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por sus cicatrices                                                                      

11.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

Lucro                          Cesante por muerte de María Elena Londoño Buriticá                          (madre) y  Octavio Madrid (padre)                                                                      

86.547.866,31                                                                      

                                                                       

           

21)                          Octavio Madrid Morales (2004-00045)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Octavio Madrid (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.100.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de Octavio Madrid (padre)                                                                      

100.000,00                                                                      

           

22)                          Pedro Antonio Rengifo Madrid (2004-00045)                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

5.000.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

12.500.000,00          

Daño                          a la vida de relación por sus cicatrices                                                                      

7.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

23)                          Francisco Antonio Vélez González                          (2004-00045)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Darley Yalides Vélez Londoño                          (hija 8 años 10 meses)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.600.000,00          

Daño                          moral hereditario de Darley Yalides Vélez Londoño                          (hija)                                                                      

600.000,00                                                                      

24)                          Dora Lucía Montoya Roldán                          (2004-00045)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Luz Enith Jaramillo Roldán (hija                          15 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.000.000,00          

25)                          Robinson Mario Jaramillo Montoya                          (2004-00045) 10 años 9 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Luz Enith Jaramillo Roldán                          (hermana 15 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

86.000.000,00          

26)                          Zuleima Montoya Roldán (2004-00045)                          5 años 5 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Luz Enith Jaramillo Roldán                          (hermana 15 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

86.000.000,00          

27)                          Flor María Muñoz Sepúlveda                          (2004-00046)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Flor Munera Muñoz                          (hija)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

194.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Fidel Albeiro Pino Munera (nieto 14                          años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

Daño                          moral propio por lamuerte de Elizabeth Pino Munera (nieta 16 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

28)                          Diomedes Evelio González                          (2004-00047)                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

3.500.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

10.500.000,00          

Daño                          ala vida de relación por sus quemaduras, deformidad al                          cicatrizar                                                                      

7.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

29)                          Rosa Nury Muñetón Velásquez                          (2004-00048)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Wbeimar Alonso Hincapié Muñetón                          (hijo 15 años)                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

230.800.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Lucelly Salazar Muñetón                          (hija)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Jaime Alberto Sajonero hincapié                          (nieto)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de Lucelly Salazar Muñetón                          (hija)                                                                      

700.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Wbeimar Alonso Hincapié                          Muñetón (hijo 15 años)                                                                      

100.000,00                                                                      

           

30)                          Beatriz Osmany Hincapié Muñetón                          (2004-00048)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Wbeimar Alonso Hincapié Muñetón                          (hermano 15 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

92.875.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Jaime Alberto Sajonero hincapié                          (sobrino 5 años)                                                                      

6.875.000,00                                                                      

           

31)                          Flor Milena Hincapié Muñetón                          (2004-00048)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jaime Alberto Sajonero hincapié                          (hijo 5 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

158.500.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Wbeimar Alonso Hincapié Muñetón                          (hermano 15 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de Jaime Alberto Sajonero Hincapié                          (hijo 5 años)                                                                      

500.000,00                                                                      

           

32)                          Luis Ángel Zorrilla (2004-00048)                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

11.000.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

23.500.000,00          

Daño                          a la vida de relación por su cicatrización                                                                      

12.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

33)                          Deyi Milena Ospina Oquendo (2004-00049)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ana Rubiela Oquendo (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

159.560.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Beatriz Elena Herrera (hermana 3 años)                                                                      

36.000.000,00          

Daño                          moral propio por quemaduras de Carmelo Antonio Herrera Oquendo                          (hermano)                                                                      

1.500.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Ana Rubiela Oquendo (madre)                                                                      

60.000,00                                                                      

           

34)                          Aira Ruth Herrera Oquendo (2004-00049)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ana Rubiela Oquendo (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

159.560.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Beatriz Elena Herrera (hermana 3 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

Daño                          moral propio por quemaduras de Carmelo Antonio Herrera Oquendo                          (hermano)                                                                      

1.500.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Ana Rubiela Oquendo (Madre)                                                                      

60.000,00                                                                      

           

35)                          Alex Eloy Herrera Oquendo (2004-00049)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ana Rubiela Oquendo (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

159.560.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Beatriz Elena Herrera (hermana 3 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

Daño                          moral propio por las quemaduras de Carmelo Antonio Herrera Oquendo                          (hermano)                                                                      

1.500.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario de por muerte de Ana Rubiela Oquendo (madre)                                                                      

60.000,00                                                                      

           

36)                          Jesús Antonio Herrera Oquendo                          (2004-00049)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ana Rubiela Oquendo (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

159.560.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Beatriz Elena Herrera (hermana 3 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

Daño                          moral propio por las quemaduras de Carmelo Antonio Herrera Oquendo                          (hermano)                                                                      

1.500.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Ana Rubiela Oquendo (madre)                                                                      

60.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por muerte de Ana Rubiela Oquendo (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

                                                                       

50.000.000,00                                                                      

154.023.520,00          

Daño                          moral propio por muerte de Beatriz Elena Herrera (hermana 3 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Ana Rubiela Oquendo (madre)                                                                      

60.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

9.000.000,00                                                                      

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

           

Lucro                          Cesante por muerte de Ana Rubiela Oquendo Hernández                           (madre)                                                                      

43.713.520,00                                                                      

           

38)                          Carmelo de Jesús Herrera Palacio                          (2004-00049)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ana Rubiela Oquendo (esposa)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

197.300.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Beatriz Elena Herrera (hija 3 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00          

300.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por quemaduras de Carmelo Antonio Herrera Oquendo                          (hijo)                                                                      

3.000.000,00                                                                      

           

39)                          Berta Helena Oquendo Hernández                          (2004-00049)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ana Rubiela Oquendo (hermana)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

86.000.000,00          

40)                          Robertina Oquendo Hernández                          (2004-00049)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ana Rubiela Oquendo (hermana)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

86.000.000,00          

41)                          Isabelina Palacio (2004-00049)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Luis Ángel Lotero (nieto)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

                                                                       

72.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de José Gilberto Herrera Palacio                          (nieto 18 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

           

42)                          Yulieth Andrea Herrera Palacio                          (2004-00049) 9 años 1 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Luis Ángel Lotero Herrera                          (hermano)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

–                                                                      

                                                                       

0,00          

Daño                          moral propio por muerte de José Gilberto Herrera Palacio                          (hermano)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

–          

43)                          Viviana Patricia Valencia Perea                          (2004-00050) 15 años                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

3.000.000,00                                                                      

                                                                       

50.000.000,00                                                                      

57.000.000,00          

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

4.000.000,00                                                                      

           

44)                          Orfelina Perea Mosquera (2004-00050)                                                                      

1.500.000,00                                                                      

                                                                       

50.000.000,00                                                                      

51.500.000,00          

45)                          Eddy Adrián González Valdés                          (2004-00053) 7 años                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Lucelly Valdés                          (mamá)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

140.821.646,33          

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

7.500.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de María Lucelly Valdés                          Viana (mamá)                                                                      

200.000,00                                                                      

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

           

Lucro                          cesante por muerte de María Lucelly Valdés Viana                          (mamá)                                                                      

1.121.646,33                                                                      

           

46)                          Yuli Yoana González Valdés                          (2004-00053) 14 años 5 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de María Lucelly Valdés                          (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

137.898.348,89          

Daño                          moral hereditario por muerte de María Lucelly Valdés                          Viana (madre)                                                                      

200.000,00                                                                      

           

1.250.000,00                                                                      

           

Lucro                          Cesante por muerte de María Lucelly Valdés Viana                          (mamá)                                                                      

14.448.348,89                                                                      

           

47)                          Miguel Angel González Llano                          (2004-00053)                                                                      

Daño                          moral propio por quemaduras de Eddy Adrián González                          Valdés (hijo 7 años)                                                                      

3.500.000,00                                                                      

                                                                       

50.000.000,00                                                                      

53.500.000,00          

48)                          Edwin Orlando Monsalve Guarín                          (2004-00053) 11 años 7 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Nilson Alfosnso Monsalve Guarín                          (hermano 11 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

86.000.000,00          

49)                          Lina María Solano Henao                          (2004-00053)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ana concepción Henao Galeano                          (madre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

194.811.187,18          

Daño                          moral propio por muerte de Luis Ángel Solano Romero (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00          

Lucro                          cesante por muerte de sus padres                                                                      

811.187,18                                                                      

50)                          Pedro Adán Henao Galeano                          (2004-00053)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ana concepción Henao Galeano                          (hermana)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

86.000.000,00          

51)                          John Jairo Luna Longa (2004-00054)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jefferson Luna Mosquera (hijo 10 meses)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

338.117.802,69          

Daño                          moral propio por muerte de John Darwin Luna Mosquera (hijo 6 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

12.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral hereditario por muerte de John Darwin Luna Mosquera (hijo 6                          años)                                                                      

1.600.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Jefferson Luna Mosquera (hijo 10                          meses)                                                                      

150.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por las quemaduras de Fanny Mosquera Mosquera                          (compañera )                                                                      

2.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

12.500.000,00                                                                      

           

Lucro                          cesante por incapacidad del demandante a raíz de las                          quemaduras                                                                      

164.867.802,69                                                                      

                                                                       

           

52)                          Fanny Mosquera Mosquera (2004-00054)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jefferson Luna Mosquera (hijo 10 meses)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

167.350.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de John Darwin Luna Mosquera (hijo 6 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

7.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral hereditario por muerte de John Darwin Luna Mosquera (hijo 6                          años)                                                                      

1.600.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por las quemaduras de John Jairo Luna Longa                          (compañero)                                                                      

4.150.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Jefferson Luna Mosquera (hijo 10                          meses)                                                                      

100.000,00                                                                      

           

53)                          Aura Elisa Longa Mena (2004-00054)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jefferson Luna Mosquera (nieto 10                          meses)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

27.500.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de John Darwin Luna Mosquera (nieto 6                          años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

                                                                       

           

54)                          Deiler Ayala Mosquera (2004 00054) 5 años                          10 meses                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

21.500.000,00          

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

11.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

55)                          Luz Mariela Mosquera Mosquera (2004-00054)                                                                      

Daño                          moral propio por las quemaduras de Deiller Ayala Mosquera (hijo)                                                                      

3.750.000,00                                                                      

                                                                       

3.750.000,00          

56)                          Luz Dary Tilano (2004-00054)                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

4.000.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

9.100.000,00          

Daño                          moral propio por quemaduras de Johan Sebastián Méndez                          Tilano (hijo)                                                                      

100.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

5.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

57)                          Eliecer Mauricio Méndez Tilano                          (2000 400054) 2 años 8 meses                                                                      

Daño                          moral propio por quemaduras de Luz Dary Tilano (madre)                                                                      

1.300.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

1.350.000,00          

Daño                          moral propio por quemaduras de Johan Sebastián Méndez                          Tilano (hermano 1 año y 2 meses)                                                                      

50.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

200.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

1.750.000,00          

Daño                          moral propio por quemaduras de Luz Dary Tilano (madre)                                                                      

1.300.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por cicatrización de sus                          quemaduras                                                                      

250.000,00                                                                      

                                                                       

           

59)                          María Cecilia Mosquera (2004-00068)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jonathan Alexis David Mosquera Mosquera                          (hijo 10 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

162.150.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Leidy Johanna Sánchez Mosquera                          (hija 15 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

7.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Leidy Johanna Sánchez                          Mosquera (hija 15 años)                                                                      

500.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Jonathan Alexis David Mosquera                          Mosquera (hijo 10 años)                                                                      

150.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

60)                          Ángel de Jesús David García                          (2004-00068)                                                                      

Daño                          moral hereditario por muerte de Jonathan Alexis David Mosquera                          Mosquera (hijo 10 años)                                                                      

150.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

27.650.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Jonathan Alexis David Mosquera Mosquera                          (hijo)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

61)                          Yolanda Hernández Valero                          (2004-00068)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Arturo Manuel Hernández Valero                          (hijo)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

238.922.569,25          

Lucro                          cesante futuro por muerte de Arturo Manuel Hernández Valero                          (hijo)                                                                      

           

Lucro                          cesante consolidado por muerte de Arturo Manuel Hernández                          Valero (hijo)                                                                      

94.185.674,28                                                                      

           

62)                          María Felisa Moreno Caicedo                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Víctor Manuel Murillo Moreno                          (hijo)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.000.000,00          

63)                          Yerminton Alfonso Murillo Londoño                          (2004-00069) 8 años 9 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Víctor Manuel Murillo Moreno                          (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

101.209.998,47          

Daño                          moral hereditario por muerte de Víctor Manuel Murillo                          Moreno (padre)                                                                      

200.000,00                                                                      

                                                                       

           

Lucro                          Cesante por muerte de de Víctor Manuel Murillo Moreno                          (padre)                                                                      

29.009.998,47                                                                      

                                                                       

           

64)                          Kelly Johana Murillo Londoño                          (2004-00069) 9 años                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Víctor Manuel Murillo Moreno                          (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

95.764.334,55          

Daño                          moral hereditario por muerte de Víctor Manuel Murillo                          Moreno (padre)                                                                      

200.000,00                                                                      

                                                                       

           

Lucro                          Cesante por muerte de Víctor Manuel Murillo Moreno (padre)                                                                      

23.564.334,55                                                                      

                                                                       

           

65)                          Luis Ceferino Murillo Gutiérrez                          (2004-00069)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Francisco Javier Murillo Moreno (hijo                          17 años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

66)                          Cecilia García Monsalve                          (2004-00070)                                                                      

Daño                          moral hereditario por  muerte de Jesús Emilio García                          Cadavid (padre)                                                                      

300.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

29.450.000,00          

Daño                          moral propio por quemaduras de Elsy de Jesús Monsalve Mejía                          (madre)                                                                      

1.650.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por muerte de Jesús Emilio García                          Cadavid (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

67)                          Jesús Emilio García Monsalve                          (2004-00070)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jesús Emilio García                          Cadavid (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

126.600.000,00          

Daño                          moral propio por quemaduras de Elsy de Jesús Monsalve                          (mamá)                                                                      

1.650.000,00                                                                      

           

Daño                          a la vida de relación por quemaduras de Breiner Alexis                          García Aguirre (hijo de 4 años 11 meses)                                                                      

2.650.000,00                                                                      

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Jesús Emilio García                          Cadavid (padre)                                                                      

300.000,00                                                                      

           

68)                          Fernelli García Monsalve (unos                          1004-00070)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jesús Emilio García                          Cadavid (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

73.950.000,00          

Daño                          moral hereditario por muerte de Jesús Emilio García                          Cadavid (padre)                                                                      

300.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por quemaduras de Elsy de Jesús Monsalve Mejía                          (madre)                                                                      

1.650.000,00                                                                      

                                                                       

           

69)                          Breiner Alexis García Aguirre                          (2004-00070) 4 años 11 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jesús Emilio García                          Cadavid (abuelo)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

31.250.000,00          

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

7.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          a la vida de relación por cicatrización de sus                          quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

70)                          Elsy de Jesús Monsalve Mejía                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

5.000.000,00                                                                      

                                                                       

12.500.000,00          

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

7.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

71)                          Hada Disney Aguirre (2004-00070)                                                                      

Daño                          moral propio por quemaduras de Breiner Alexis García                          Aguirre (hijo de 4 años 11 meses)                                                                      

2.650.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

2.650.000,00          

72)                          Flor Alba Fernández Cano                          (2004-00071)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jhon Fredy Cardona Fernández                          (hijo)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

72.000.000,00          

73)                          Nazly Yomara Cardona Madrigal (2004-00071)                          4 años 11 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jhon Fredy Cardona Fernández                          (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

151.105.834,75          

Daño                          moral hereditario por muerte de Jhon Fredy Cardona Fernández                          (padre)                                                                      

400.000,00                                                                      

                                                                       

           

Lucro                          Cesante por muerte de Jhon Fredy Cardona Fernández (padre)                                                                      

78.705.834,75                                                                      

                                                                       

74)                          Luis Alfredo Restrepo Cárdenas                          (2004-00074)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Yensi Tatiana Restrepo Sandoval (hija 9                          años 11 meses)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

144.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Lucelly Restrepo Sandoval (hija 8 años                          11 meses)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

           

75)                          Fanny de Jesús Sandoval Ortiz                          (2004-00074)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Froylán de Jesús (hijo 15                          años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

322.200.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Yensy Tatiana Restrepo Sandoval (hija 9                          años 11 meses)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Lucelly Restrepo Sandoval (hija 8 años                          11 meses)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Carlos Alberto Navarro Sandoval                          (sobrino 1 año)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por muerte de Yeni Paola Navarro Sandoval (sobrina 2                          años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

Daño                          moral hereditario por muerte de Froylán de Jesús                          Sandoval Ortiz (hijo 15 años)                                                                      

1.200.000,00                                                                      

           

76)                          Alba Rocío Torres Sandoval                          (2004-00074)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Froylán de Jesús Sandoval                          Ortiz (hermano 15 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

                                                                       

135.500.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Yensi Tatiana Restrepo Sandoval                          (hermana 9 años 11 meses)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por muerte de Lucelly Restrepo Sandoval (hermana 8                          años 11 meses)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por muerte de Carlos Alberto Navarro Sandoval (primo                          1 año)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por muerte de Yenny Paola Navarro Sandoval (prima 2                          años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

                                                                       

           

77)                          Ana Isabel Cárdenas de Restrepo                          (2004-00074)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Yensi Tatiana Restrepo Sandoval (nieta                          9 años 11 meses)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

                                                                       

72.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Lucelly Restrepo Sandoval (nieta 8 años                          11 meses)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

           

78)                          Emiliano Sandoval Díaz (2004-00074)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Ruth Janeth Sandoval Ortiz (hija)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

72.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Ruth Janeth Sandoval Ortiz (hija)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

72.000.000,00          

80)                          Euclides Navarro Benítez                          (2004-00074)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Carlos Alberto Navarro Sandoval (hijo 1                          año)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

194.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Yenny Paola Navarro Sandoval (hija 2                          años)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00          

81)                          Manuel Salvador Navarro (2004-00074)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Carlos Alberto Navarro Sandoval (nieto                          1 año )                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

50.000.000,00                                                                      

122.000.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Yenny Paola Navarro Sandoval (nieta 2                          años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00          

82)                          Ánger                          Andrés Arango Sánchez (2004-00087) 9 años                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Jorge Iván Arango Hernández                          (padre)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

117.330.477,40          

Lucro                          Cesante por muerte de Jorge Iván Arango Hernández                          (padre)                                                                      

42.930.477,40                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral hereditario por muerte de Jorge Iván Arango Hernández                          (padre)                                                                      

2.400.000,00                                                                      

                                                                       

           

83)                          Luz Mery Estrada Saavedra (2004-00087)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Nayiber Asdrubal Alzate Estrada (hijo)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

                                                                       

50.000.000,00                                                                      

102.500.000,00          

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

           

Daño                          moral propio por las quemaduras de Edward Esteban Alzate Estrada                          (hijo)                                                                      

2.500.000,00                                                                      

           

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

12.500.000,00                                                                      

84)                          Edwar Esteban Alzate Estrada (2004-00087)                          3 años 8 meses                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras                                                                      

7.500.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

21.000.000,00          

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por lesiones de Luz Mery Estrada Saavedra (madre)                                                                      

3.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

85)                          Luis Enrique Estrada (2004-00087)                                                                      

Daño                          moral propio por las quemaduras de Edward Esteban Alzate Estrada                          (nieto)                                                                      

1.500.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

5.000.000,00          

Daño                          moral propio por lesiones de Luz Mery Estrada Saavedra (hija)                                                                      

3.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

86)                          Delio de Jesús Cardona Córdoba                          (2004-00087)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Manuel Antonio Cardona López                          (hijo)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

72.000.000,00          

87)                          María del Rosario López de                          Cardona (2004-00087)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Manuel Antonio Cardona López                          (hijo)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

72.000.000,00          

88)                          Delio de Jesús Cardona López                          (2004-00087)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Manuel Antonio Cardona López                          (hermano)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

89)                          Luis Alfonso Cardona López                          (2004-00087)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Manuel Antonio Cardona López                          (hermano)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

                                                                       

36.000.000,00          

90)                          Francisco Luis Cardona López                          (2004-00087)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Manuel Antonio Cardona López                          (hermano)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

                                                                       

36.000.000,00          

91)                          Luis Enrique Cardona López                          (2004-00087)                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Manuel Antonio Cardona López                          (hermano)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

36.000.000,00                                                                      

                                                                       

36.000.000,00          

92)                          Olga Ester Marulanda Quiroz (2004-00087)                                                                      

Daño                          moral hereditario por muerte de Maivis Johana Bedoya Marulanda                          (hija)                                                                      

3.300.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

44.550.000,00          

Daño                          moral propio por muerte de Maivis Johana Bedoya Marulanda (hija)                                                                      

27.500.000,00                                                                      

                                                                       

           

Daño                          moral propio por muerte de Carlos Andrés Sánchez                          Bedoya (nieto 3 años)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

                                                                       

           

93)                          Libardo de Jesús Muñoz                          Restrepo (2004-00091) 9 años                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras (9 años)                                                                      

9.000.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

19.000.000,00          

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras                                                                      

10.000.000,00                                                                      

                                                                       

94)                          Arbey Antonio Gómez Muñoz                          (2004-00091) 4 años                                                                      

Daño                          moral propio por sus quemaduras (4 años)                                                                      

10.000.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

21.000.000,00          

Daño                          a la vida de relación por sus quemaduras (4 años)                                                                      

11.000.000,00                                                                      

                                                                       

           

95)                          Marta Gladys Muñoz Restrepo                          (2004-00091)                                                                      

Daño                          moral propio por las quemaduras de Arbey Antonio Muñoz                          Restrepo (hijo 4 años)                                                                      

2.500.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

2.500.000,00          

96)                          Doris Adriana Restrepo (2004-00091) 7 años                                                                      

Daño                          moral propio por las quemaduras de Arbey Antonio Muñoz                          Restrepo (hermano 4 años)                                                                      

1.250.000,00                                                                      

                                                                       

                                                                       

1.250.000,00          

97)                          Yanibia Andrea Cataño Parra                          (2004-00091) 3años 3 meses                                                                      

Daño                          moral propio por muerte de Francisco Alberto Cataño Henao                          (padre)                                                                      

13.750.000,00                                                                      

72.000.000,00                                                                      

                                                                       

166.000.098,30          

Lucro                          Cesante por muerte de Francisco Alberto Cataño Henao                          (padre)                                                                      

94.000.098,30                                                                      

                                                                       

     

  

  

  

DECISIÓN  

  

  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala  de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley, CASA  PARCIALMENTE  la sentencia pronunciada por la Sala Civil-Familia del Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Antioquia dentro del proceso  identificado en el encabezamiento de esta providencia, y en sede de  segunda instancia  

  

RESUELVE:  

  

PRIMERO:  Modificar parcialmente el numeral tercero de la parte resolutiva de  la sentencia del 16 de julio de 2013, proferida por la Sala  Civil-Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Antioquia, dentro del proceso ordinario adelantado por los primeros  en contra de la segunda, al que fueron vinculadas Royal & Sun  Alliance Seguros Colombia S. A., Chubb de Colombia Compañía  de Seguros S.A., Chubb y AIG  Colombia Seguros Generales, AIG, el  cual quedará así:  

  

TERCERO:  En consecuencia, se condena a la  Sociedad Oleoducto Central S.A.  (OCENSA), demandada, a pagar las sumas de dinero que se discriminan a  continuación.  

  

  

1)  Para José Crispín Sánchez Rodríguez  (2004-00042) la suma de $194,000,000  

2)  Para María Inés Mosquera Mosquera (2004-00042) la suma  de $122,000,000  

3)  Para María Gilma Rodríguez de Sánchez  (2004-00042) la suma de $122,000,000.  

4)  Para Marco Antonio Ramírez Sánchez (2004-00043) la suma  de $82,000,000.  

5)  Para Luz Mercedes Mosquera Ramírez (2004-00043) la suma de  $158,500,000.  

6)  Para Madison Ramírez Palacio (2004-00043) la suma de  $131,746,610.73.  

7)  Para María de Los Ángeles Mosquera Ramírez  (2004- 00043) la suma de $122,200,000.  

8)  Para José Mosquera (2004-00043) la suma de $123,200,000  

9)  Para Nury María Mosquera (2004-00043) la suma de $122,000,000.  

10)  Para Claudia María Ibarguen Mosquera (2004-00043) la suma de  $135,580,720.79  

11)  Para Luz Mary Ibarguen Mosquera (2004-00043) la suma de $36,000,000.  

12)  Para Orfa Henao Estrada (2004-00044) la suma de $124,470,000.  

13)  Para Julián Eduardo Henao Estrada (2004-00044) la suma de  $90,720,000.  

14)  Para Henry de Jesús Henao Estrada (2004-00044) la suma de  $91,420,000.  

15)  Para René de Jesús Henao Estrada (2004-00044) la suma  de $122,220,000.  

16)  Para Resfa Inés Henao Estrada (2004-00044) la suma de  $124,470,000.  

17)  Para Miguel Ángel Henao Ospina (2004-00044) la suma de  $122,000,000.  

18)  Para Andrés Felipe Henao Patiño (2004-00044) la suma de   $10,650,000.  

19)  Para Deisy Eugenia Patiño (2004-00044) la suma de $14,300,000  

20)  Para Jaider Madrid Londoño (2004-00045) la suma de  $268,947,866.31  

21)  Para Octavio Madrid Morales (2004-00045) la suma de $122,100,000.  

22)  Para Pedro Antonio Rengifo Madrid (2004-00045) la suma de  $12,500,000.  

23)  Para Francisco Antonio Vélez González (2004-00045) la  suma de $122,600,000.  

24)  Dora Lucía Montoya Roldán (2004-00045) la suma de  $122,000,000.  

25)  Para Robinson Mario Jaramillo Montoya (2004-00045) la suma de  $86,000,000.  

26)  Para Zuleima Montoya Roldán (2004-00045) la suma de  $86,000,000.  

27)  Para Flor María Muñoz Sepúlveda (2004-00046) la  suma de $194,000,000.  

28)  Para Diomedes Evelio González (2004-00047) la suma de  $10,500,000.  

29)  Para Rosa Nury Muñetón Velásquez (2004-00048) la  suma de $230,800,000.  

30)  Para Beatriz Osmany Hincapié Muñetón  (2004-00048) la suma de $92,875,000.  

31)  Para Flor Milena Hincapié Muñetón (2004-00048)  la suma de $158,500,000.  

32)  Para Luis Ángel Zorrilla (2004-00048) la suma de $23,500,000.  

33)  Para Deyi Milena Ospina Oquendo (2004-00049) la suma de $159,560,000.  

34)  Para Aira Ruth Herrera Oquendo (2004-00049) la suma de $159,560,000.  

35)  Para Alex Eloy Herrera Oquendo (2004-00049) la suma de $159,560,000.  

36)  Para Jesús Antonio Herrera Oquendo (2004-00049) la suma de  $159,560,000.  

37)  Para Carmelo Antonio Herrera Oquendo (2004-00049) la suma de  $154,023,520.  

38)  Para Carmelo de Jesús Herrera Palacio (2004-00049) la suma de  $197,300,000.  

39)  Para Berta Helena Oquendo Hernández (2004-00049) la suma de  $86,000,000.  

40)  Para Robertina Oquendo Hernández (2004-00049) la suma de  $86,000,000.  

41)  Para Isabelina Palacio (2004-00049) la suma de $72,000,000  

42)  Para Yulieth Andrea Herrera Palacio (2004-00049) se niegan sus  pretensiones  

43)  Para Viviana Patricia Valencia Perea (2004-00050) la suma de  $57,000,000.  

44)  Para Orfelina Perea Mosquera (2004-00050) la suma de $51,500,000.  

45)  Para Eddy Adrián González Valdés (2004-00053) la  suma de $140,821,646.33.  

46)  Para Yuli Yoana González Valdés (2004-00053) la suma de  $137,898,348.89.  

47)  Para Miguel Angel González Llano (2004-00053) la suma de  $53,500,000.  

48)  Para Edwin Orlando Monsalve Guarín (2004-00053) la suma de  $86,000,000.  

49)  Para Para Lina María Solano Henao (2004-00053) la suma de  $194,811,187.18.  

51)  Para John Jairo Luna Longa (2004-00054) la suma de $338,117,802.69.  

52)  Para Fanny Mosquera Mosquera (2004-00054) la suma de $167,350,000.  

53)  Para Aura Elisa Longa Mena (2004-00054) la suma de $27,500,000.  

54)  Para Deiler Ayala Mosquera (2004 00054) la suma de $21,500,000.  

55)  Para Luz Mariela Mosquera Mosquera (2004-00054) la suma de  $3,750,000.  

56)  Para Luz Dary Tilano (2004-00054) la suma de $9,100,000.  

57)  Para Eliecer Mauricio Méndez Tilano (2000 400054) la suma de  $1,350,000.  

58)  Para Jhoan Sebastián Méndez Tilano (2004-00054) la suma  de $1,750,000.  

59)  Para María Cecilia Mosquera (2004-00068) la suma de  $162,150,000.  

60)  Para Ángel de Jesús David García (2004-00068) la  suma de $27,650,000.  

61)  Para Yolanda Hernández Valero (2004-00068) la suma de  $238,922,569.25  

62)  Para María Felisa Moreno Caicedo la suma de $122,000,000.  

63)  Para Yerminton Alfonso Murillo Londoño (2004-00069) la suma de  $101,209,998.47.  

64)  Para Kelly Johana Murillo Londoño (2004-00069) la suma de  $95,764,334.55.  

65)  Para Luis Ceferino Murillo Gutiérrez (2004-00069) la suma de  $72,000,000.  

66)  Para Cecilia García Monsalve (2004-00070) la suma de  $29,450,000.  

67)  Para Jesús Emilio García Monsalve (2004-00070) la suma  de $126,600,000.  

68)  Para Fernelli García Monsalve (unos 1004-00070) la suma de  $73,950,000.  

69)  Para Breiner Alexis García Aguirre (2004-00070) la suma de  $31,250,000.  

70)  Para Elsy de Jesús Monsalve Mejía la suma de  $12,500,000.  

71)  Para Hada Disney Aguirre (2004-00070) la suma de $2,650,000.  

72)  Para Flor Alba Fernández Cano (2004-00071) la suma de  $72,000,000.  

73)  Para Nazly Yomara Cardona Madrigal (2004-00071) la suma de  $151,105,834.75.  

74)  Para Luis Alfredo Restrepo Cárdenas (2004-00074) la suma de  $144,000,000.  

75)  Para Para Fanny de Jesús Sandoval Ortiz (2004-00074) la suma  de $322,200,000.  

76)  Para Alba Rocío Torres Sandoval (2004-00074) la suma de  $135,500,000.  

77)  Para Ana Isabel Cárdenas de Restrepo (2004-00074) la suma de  $72,000,000.  

78)  Para Emiliano Sandoval Díaz (2004-00074) la suma de  $72,000,000.  

79)  Para María Virgelina Ortiz Castaño (2004-00074) la suma  de $72,000,000.  

80)  Euclides Navarro Benítez (2004-00074) la suma de $194,000,000.  

81)  Para Manuel Salvador Navarro (2004-00074) la suma de $122,000,000.  

82)  Para  Ánger Andrés Arango Sánchez (2004-00087)  la suma de $117,330,477.40.  

83)  Para Luz Mery Estrada Saavedra (2004-00087) la suma de $102,500,000.  

84)  Para Edwar Esteban Alzate Estrada (2004-00087) la suma de  $21,000,000.  

85)  Para Luis Enrique Estrada (2004-00087) la suma de $5,000,000.  

86)  Para Delio de Jesús Cardona Córdoba (2004-00087) la  suma de $72,000,000.  

87)  Para María del Rosario López de Cardona (2004-00087) la  suma de $72,000,000.  

88)  Para Delio de Jesús Cardona López (2004-00087) la suma  de $13,750,000.  

89)  Para Luis Alfonso Cardona López (2004-00087) la suma de  $36,000,000.  

90)  Para Francisco Luis Cardona López (2004-00087) la suma de  $36,000,000.  

91)  Para Luis Enrique Cardona López (2004-00087) la suma de  $36,000,000.  

93)  Para Libardo de Jesús Muñoz Restrepo (2004-00091) la  suma de $19,000,000.  

94)  Para Arbey Antonio Gómez Muñoz (2004-00091) la suma de  $21,000,000.  

95)  Para Marta Gladys Muñoz Restrepo (2004-00091) la suma de  $2,500,000.  

96)  Para Doris Adriana Restrepo (2004-00091) 7 años la suma de  $1,250,000.  

97)  Para Yanibia Andrea Cataño Parra (2004-00091) la suma de  $166,000,098.30.  

  

De  acuerdo con las condenas anteriormente efectuadas, se niegan las  demás pretensiones formuladas en la demanda por los precitados  accionantes.”  

  

Sin  costas por la prosperidad parcial de los recursos extraordinarios.  

  

Notifíquese,  

  

  

AROLDO  WILSON QUIROZ MONSALVO  

Presidente  de Sala  

  

  

  

MARGARITA  CABELLO BLANCO  

  

  

  

ÁLVARO  FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

  

  

LUIS  ALONSO RICO PUERTA  

  

  

  

ARIEL  SALAZAR RAMÍREZ  

  

  

  

OCTAVIO  AUGUSTO TEJEIRO DUQUE  

  

  

  

LUIS  ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

SALVAMENTO  DE VOTO  

  

  

Con  todo respeto hacia los magistrados que suscribieron la providencia,  me permito expresar las razones por las cuales considero que la  decisión adoptada por esta Corte en la sentencia de casación  de la referencia no tuvo la solución que en derecho  corresponde.  

  

1.  Me resulta imposible aceptar los argumentos que utilizó la  Corte para atribuir responsabilidad civil a la empresa demandada por  los daños ocasionados exclusivamente por el grupo guerrillero,  pues, en mi criterio, contienen tal cantidad de incoherencias,  contradicciones y confusiones conceptuales, que podría decirse  que desconocen por completo los lineamientos legales, doctrinales y  jurisprudenciales en materia de responsabilidad civil  extracontractual; así como el material probatorio que obra en  el proceso.  

  

Si  bien nadie podría poner en duda que las víctimas del  atentado terrorista merecen ser indemnizadas por los graves daños  que sufrieron, no puede negarse que la responsabilidad de tales  perjuicios es atribuible únicamente al grupo subversivo que  causó la explosión, pues así fue declarado por  esta misma Corte en sentencia de casación penal del 7 de  octubre de 2007, que condenó a varios miembros del grupo  guerrillero en calidad de coautores de los delitos de rebelión,  terrorismo, homicidio simple múltiple y lesiones personales,  por los hechos ocurridos en la población de Machuca el 18 de  octubre de 1998.  

  

Las  víctimas del acto terrorista podrían tener derecho,  inclusive, a ser resarcidas por el Estado a través de los  fondos de solidaridad legalmente establecidos para tal efecto. Pero  en ningún caso los daños derivados de los actos  perpetrados por un grupo guerrillero podían atribuirse a la  empresa dueña del oleoducto como  suyos, pues la  demandada no fue sino una víctima más y no un agente  coautor de los perjuicios que ocasionó la guerrilla.  

Para  arribar a su conclusión, esta Corte realizó una extraña  mezcla de distintos criterios de responsabilidad (objetiva, por culpa  y por actividades peligrosas), de suerte que nunca quedó claro  cuál fue el factor de imputación jurídica por el  cual la empresa demandada está obligada a responder por los  daños causados por el hecho de un tercero.  

  

Quedó  establecido, con razón, que la labor de conducción o  transporte de petróleo es una actividad peligrosa, pues así  lo ha determinado nuestra jurisprudencia con base en el mandato legal  del artículo 2356, dadas las consecuencias desastrosas,  imprevisibles, catastróficas e incontrolables a que puede dar  lugar. Mas, precisamente por ello, resultaba completamente  irrelevante adentrarse en el examen de los deberes de conducta que  cumplió o infringió la empresa, dado que la presunción  de culpa contenida en la proposición normativa no puede ser  desvirtuada por la demandada.  

  

Luego,  era innecesario afirmar que la empresa «fue  renuente a incluir en el plan de contingencia en cuanto al riesgo la  variable de orden público (de cuya alteración tenía  conocimiento), por la probabilidad de atentados, incendio y explosión  por derrames, a pesar de los requerimientos del Ministerio que,  resalta la Corte, estaban vigentes para la fecha del atentado».  [Folio 113]  

  

Además  de ser innecesario adentrarse en el ámbito de la culpa en  materia de responsabilidad por actividades peligrosas, tal  razonamiento fue equivocado, porque una vez el Ministerio del Medio  Ambiente revocó el aludido requerimiento, excluyendo «del  análisis del riesgo la variable de orden público y la  probabilidad de atentados bajo el entendido de que son del resorte de  los organismos del Estado»,  la conclusión que se imponía no era la de que “los  requerimientos del Ministerio estaban vigentes para la fecha del  atentado”, como  lo afirmó esta Corte, sino que al haber reconocido la entidad  gubernamental que “la  variable de orden público y la probabilidad de atentados son  resortes del Estado”  –como no podía ser de otra manera–, entonces  ningún deber de cuidado o posición de garante tenía  la empresa frente a los hechos terroristas producidos por terceros.  

De  manera que si lo que la Corte pretendía era circunscribir la  resolución del caso al ámbito de la culpa, la única  conclusión posible a partir del material probatorio recopilado  en la actuación era reconocer que la empresa obró con  diligencia y cuidado frente al riesgo creado con la construcción  del oleoducto, pues quedó demostrada «la  diligencia desplegada por la demandada en la operación y  construcción propiamente dicha del oleoducto en cuanto a la  profundidad de colocación y espesor de la pared del tubo, baja  accidentalidad y ubicación permitida en cercanías de  viviendas y escuelas según el código de los Estados  Unidos, ubicación del equipo y personal para 1998, equipos de  contingencia contraincendios y ayudantes de contingencia en Zaragoza  y Remedios, puntos más próximos al lugar de los hechos;  sobrevuelos periódicos con el fin de inspeccionar las áreas  de los derechos de vía del oleoducto (40 entre el 1º de  agosto y el 18 de octubre de 1998). El Tribunal advirtió que  la demandada disponía del denominado sistema SCADA, para la  oportuna toma de decisiones y conocimiento de cualquier cambio que se  presentara en el oleoducto, que tenía certificados sus  sistemas de gestión en seguridad industrial, salud ocupacional  y medio ambiente, que la construcción del oleoducto superó  los estándares internacionales y nacionales, con  especificaciones superiores a las establecidas, que es de  características de seguridad óptimas y mejores a otros  oleoductos de Latinoamérica; que la distribución de  válvulas a lo largo del trazado cumple y excede los  requerimientos internacionales; que se utilizaron medidas para poner  más confiable el producto (rayos X en el 100% de las  soldaduras, al paso que el código de los Estados Unidos exige  sólo el 10%); que se cumplía el procedimiento de  mantenimiento del derecho de vía, el programa de gestión  de corrosión e integridad de los productos; que se disponía  de un plan de contingencia que excede los objetivos y componentes  mencionados, así como que transportar crudo por oleoducto  representa menores riesgos frente a otros métodos». [F.  110]  

  

Al  no haber prueba de la infracción de los deberes de cuidado en  el ejercicio de la conducción o transporte del petróleo,  ni mucho menos de la posición de garante de la empresa frente  a los atentados terroristas perpetrados por terceros, la Corte tuvo  que acudir a un forzado razonamiento que terminó por confundir  la imputación jurídica con la “causalidad sine  qua non” y con  la culpa; por lo que, finalmente, nunca se supo cuál fue el  criterio jurídico que permitió atribuirle  responsabilidad civil a la demandada.  

  

En  palabras de la Corte: «Si el guardián  de la actividad peligrosa fue además el responsable del diseño  y la construcción de la cosa con la cual ejecuta la misma, y,  al margen de acontecimientos fortuitos como el hecho de un tercero  alegado (concausa), el defecto de ubicación o de instalación  de dicha cosa contribuyó decididamente junto con el hecho del  tercero al aparecimiento del perjuicio, la culpa está  demostrada y ella sola basta para endilgar responsabilidad a ese  guardián, que lo es tanto del comportamiento de la cosa como  de su estructura…».  

  

La  incoherencia del anterior razonamiento es evidente, puesto que no  derivó “la culpa” de la infracción de  deberes de cuidado o prudencia frente a situaciones previsibles –como  debe hacerse cuando se analiza este elemento subjetivo–, sino  de la mera ubicación del oleoducto en las cercanías de  la población afectada y “del  comportamiento de la cosa como de su estructura”.  Es decir que el juicio de reproche varió del criterio  subjetivo o culpabilístico, al objetivo o por el hecho de las  cosas, pues endilgó responsabilidad a la demandada por el  simple hecho de haber construido el oleoducto, obviando, claro está,  la circunstancia de que el oleoducto se construyó con la  debida licencia ambiental y la respectiva autorización de la  entidad gubernamental competente.  

  

Para  ahondar en contradicciones, el fallo aludió a una rara mezcla  de causalidad y culpabilidad, que le permitió atribuir la  autoría del daño a la empresa a pesar de haber  reconocido el “rompimiento” del nexo causal, lo que,  desde luego, se erige en una verdadera novedad jurisprudencial: «si  la relación causal se fractura cuando irrumpe un hecho nuevo  que excluye la eficacia causal propia del hecho precedente y lo  sustituye, en este caso, la sola defectuosa ubicación del tubo  hace responsable a su guardiana, al margen de la causa próxima  o inmediata que hiciera aparecer el perjuicio a la población,  derivada de su rotura voluntaria por el atentado terrorista».  

  

Si  la Corte de verdad hubiera aplicado la postura que cree defender  acerca de la necesidad de realizar un juicio de causalidad “de  hecho” como paso antelado a un juicio de imputación  jurídica, tendría que haber concluido, sin más,  que el hecho de un tercero significó una “ruptura”  de la relación causal, lo que bastaba para eximir de  responsabilidad a la demandada.  

  

  

No  es posible en este salvamento de voto ahondar en explicaciones acerca  de la trivialidad, inutilidad práctica e imposibilidad teórica  de la distinción entre una “imputación de hecho”  y una “imputación de derecho”. Pero lo que sí  queda claro, por ser ostensible, es que la causa sine  qua non en que se  sustentó la decisión, extrañamente amalgamada  con una culpa que jamás quedó demostrada, no comportan  un verdadero juicio de imputación, entendido como atribución  jurídica de una consecuencia a un agente.  

  

Al  respecto afirmó esta Corte: «Es  que, sencillamente, si en el diseño el tubo se hubieran tomado  las medidas de precaución tendientes a suprimir todo efecto en  la población en caso de que éste se rompiera por  cualquier causa, necesariamente hubiese tenido que ser instalado por  otra parte, lo que se constituye en una condición sine qua non  del perjuicio padecido por los reclamantes».  

  

Desde  luego que cualquier intervención propia o ajena, o aun del  infortunio, que incide en la producción de un resultado es una  causa sine qua non  del mismo. De ahí la inutilidad de ese concepto, como bien ha  sido explicado por la doctrina. Si al realizar el ejercicio mental o  contrafáctico de “prognosis posterior” se obtiene  como resultado la exclusión de todas las condiciones que no  son causas necesarias de un resultado, lo que quedará será  una infinitud de causas necesarias o condiciones sine  qua non, lo que no  serviría absolutamente de nada para atribuir responsabilidad.  

  

Todo  hecho que se considere “causa” sine  qua non del resultado  lesivo sería, según tal enfoque, suficiente para  endilgar responsabilidad; lo que daría como resultado un  verdadero despropósito, pues cualquier intervención  causal “necesaria”, como por ejemplo la construcción,  fabricación, venta o distribución de un artefacto,  bastaría por sí misma para imponer al agente  interviniente la obligación de indemnizar los daños  causados con la cosa.  

  

Tal  fue la postura que acogió esta Corte al afirmar que la sola  construcción del oleoducto en cercanías a la población  de Machuca fue suficiente para atribuirle responsabilidad civil a la  empresa: «no se  remite a duda que el solo hecho de haber aceptado tomar el riesgo de  pasarlo [el  oleoducto] por donde  finalmente fue dinamitado, no es más que una culpa incidente  en la causación del daño».  [Folio 120]  

  

  

La  empresa, en suma, podía tomar todos los riesgos inherentes a  la labor económica que desplegaba y esa sola circunstancia no  la hacía civilmente responsable de los daños que no se  derivaron del ejercicio normal de esa actividad peligrosa sino del  aprovechamiento intencional de esa situación por un tercero.  

  

Para  ser un poco más gráficos, podría compararse la  situación con un caso extremo: el transporte aéreo que,  como se sabe, comporta responsabilidad objetiva. Nadie duda del  riesgo inherente al transporte aéreo y, sin embargo, sería  absurdo imputar responsabilidad a una aerolínea por los daños  sufridos por los pasajeros cuando un tercero aprovecha ese riesgo  para perpetrar un acto terrorista. Tal es el caso típico de  una causa extraña como factor excluyente de responsabilidad; y  si excluye la responsabilidad objetiva, con mayor razón  tendría que excluir la responsabilidad por actividades  peligrosas.  

  

El  criterio o factor de atribución en tratándose de  actividades peligrosas no es ni puede ser la simple creación  de un riesgo (aunque ésta sea su principal característica),  sino la existencia de una norma jurídica de adjudicación,  que establece una posición de garante y permite endilgar los  daños ocasionados a terceros al agente que tenía el  deber y la posibilidad de evitar los perjuicios derivados de ese  riesgo.16  

  

No  es, como creyó esta Corte, la mera creación del riesgo  lo que permite responsabilizar a un agente de los daños  ocasionados a terceros, pues tal evento se parecería más  a un tipo de responsabilidad objetiva y sin sustento legal; sino -se  reitera- la posibilidad de evitar el riesgo de realización del  perjuicio cuando se tiene el deber jurídico de evitarlo.17  

  

Desde  luego que la empresa demandada no tuvo nunca, ni pudo tener, el deber  jurídico de evitar las consecuencias lesivas generadas por los  actos terroristas perpetrados por un grupo guerrillero, pues no era  su deber -ni es el de ningún particular- evitar los daños  ocasionados por los grupos que operan al margen de la ley; pues tal  deber de seguridad es exclusivo de las fuerzas del Estado, o al menos  así había sido hasta la presente sentencia.  

  

Luego,  aún si una entidad gubernamental hubiera impuesto ese deber a  la empresa (que como quedó probado, no se lo impuso porque tal  exigencia fue producto de un error que se enmendó mediante la  revocación del respectivo acto administrativo); en todo caso  tal imposición habría sido arbitraria y antijurídica,  y no podía dejar de ser enmendada por el juez que conoció  del proceso de responsabilidad civil. Es decir, que aun en el evento  hipotético de que una entidad del Estado hubiera impuesto a la  empresa la obligación de salvaguardar el orden público  y evitar los actos lesivos ocasionados por un grupo guerrillero, o de  resarcir los perjuicios que sufren los terceros en virtud de tales  actos, tal imposición sería arbitraria e ilegítima  en el ámbito de la responsabilidad civil extracontractual y,  por tanto, tenía que ser desconocida por el juez.  

  

Este  criterio jurídico de atribución de un daño a un  agente fue el que no se demostró en el proceso; pues la única  circunstancia que tuvo en cuenta la Corte para atribuir  responsabilidad a la empresa demandada fue la simple construcción  del oleoducto en cercanías de la población, incurriendo  de esa forma en una especie de responsabilidad objetiva no prevista  en nuestro ordenamiento jurídico; lo que no es más que  un sinsentido, pues a tal respecto hay que resaltar que la  responsabilidad objetiva o estricta  tiene que estar taxativamente establecida como tal en la ley y el  juez no puede inventársela a partir de su “sano juicio”.  

  

Según  el peculiar razonamiento de esta Corte, la sola circunstancia de  haber construido el oleoducto en cercanías a la población  constituyó “culpa” de la empresa demandada, pues  el riesgo creado era previsible. Desde luego que tal explicación  es conceptualmente caótica, pues si el factor de atribución  de responsabilidad fue la sola creación del riesgo, entonces  se está hablando de un tipo de responsabilidad objetiva de  elaboración jurisprudencial y no había, por tanto,  ninguna necesidad de aludir a la “culpa” ni a la  “previsibilidad” de las consecuencias, sobre todo cuando  el marco teórico de la sentencia pareció sustentarse en  la responsabilidad por actividades peligrosas, las cuales son  imprevisibles por definición.  

  

Afirmar,  como hizo esta Corte, que la sola exposición a un riesgo, por  haber construido el oleoducto cerca a la población, es  constitutivo de “culpa”, porque de no haber sido por ese  hecho el daño no se habría producido, no es más  que una ligereza conceptual con matices de arbitrariedad; porque si  se analiza esa aseveración con mayor detenimiento y reflexión,  habría que deducir que toda incidencia causal de cualquier  persona o del azar en la construcción del oleoducto fue un  factor determinante sin el cual el daño no se habría  producido. Mas, esa reflexión no tiene ninguna relación  con el elemento subjetivo de la responsabilidad, así que no se  entiende cómo pudo esta Corte derivar “culpa” de  la sola “causalidad de hecho”, olvidando que ambos  elementos son conceptualmente autónomos y discernibles.  

  

Según  esta Corte «la  comprobación de una conducta culposa del agente lo compromete  aun cuando la negligencia concurra con un factor extraño, si  se quiere imprevisible e irresistible».  

  

La  anterior afirmación no podría ser más falsa y  contradictoria: en primer lugar, ya quedó explicado que la  culpa no se probó (ni había necesidad de probarla) y lo  que esta Corte tuvo por tal no fue una infracción de los  deberes de cuidado o prudencia, sino el simple hecho de haber  construido el oleoducto cerca de la población, lo cual no  tiene nada que ver con la previsibilidad ni, desde luego, con la  culpa, pues simplemente obedece a la creación de un riesgo.  

  

Finalmente,  no se supo si el instituto jurídico que rigió el caso  fue la responsabilidad objetiva (por el simple hecho de haber  construido el oleoducto cerca a la población afectada); o la  responsabilidad por actividades peligrosas (imprevisibles e  incontrolables y, por tanto, ajenas al elemento de la culpa pero  jurídicamente atribuibles a la demandada como  suyas); o la  responsabilidad por culpa de un tercero (al no haber previsto la  empresa dueña del oleoducto las consecuencias nefastas de un  derrame de petróleo ocasionado por un grupo guerrillero).  

  

Claro  está que lo que menos preocupó a esta Corporación  fue el tipo de responsabilidad de que se trataba, pues lo único  que le interesó fue conceder a las víctimas una  indemnización moralmente loable pero jurídicamente  infundada, a expensas de quien no estaba llamado a responder  civilmente; para lo cual tuvo que valerse de argumentos desacertados:  «sin importar el sistema o tipo de  responsabilidad extracontractual que haya de ser aplicable al asunto  que se investiga (por el hecho propio, por el hecho de un tercero,  por el hecho de las cosas o por actividades peligrosas) la  comprobación de una conducta culposa del agente lo compromete  aun cuando la negligencia concurra con un factor extraño, si  se quiere imprevisible e irresistible».  

  

No  es verdad que la concurrencia de la culpa del agente con un factor  extraño compromete su responsabilidad. Nada más ajeno  al instituto de la responsabilidad civil, si se tiene en cuenta que  el factor excluyente de responsabilidad por excelencia es la “causa  extraña”. Es completamente inentendible cómo la  culpa del agente puede concurrir con una causa extraña. Tal  tesis es una invención teórica que requería de  una profunda reflexión, dada su indiscutible rareza.  

  

En  el entendimiento de la Corte, la conducta culposa «debe  contribuir eficazmente al surgimiento del daño, así  éste emerja de la acción posterior de un elemento ajeno  (concausa), pues si en un análisis retrospectivo se elimina el  mal diseño (por su peligrosa ubicación) del trazado del  oleoducto, también desaparecería la irrupción  del crudo al pueblo, lo que denota la incidencia causal definitiva  que la culpa en ese trazado tuvo OCENSA en el desastre de que trata  este proceso».  [Folio 122]  

  

Una  vez más, el razonamiento de la Corte está sustentado en  premisas falsas.  

  

Quedó  explicado con precedencia la inutilidad del test sine  qua non para imputar  responsabilidad: “si en un análisis retrospectivo”  se elimina no sólo “el  mal diseño del oleoducto (por su peligrosa ubicación)”,  sino cualquier condición sin la cual los daños no se  hubieran producido (desde el descubrimiento del petróleo, la  expedición de la licencia ambiental, la venta de suministros a  la empresa y cualquier otro hecho imaginable), se llegaría a  un número infinito de “condiciones necesarias” sin  las cuales el daño no se habría producido, y ello ni  agrega ni quita nada a la hora de atribuir responsabilidad civil.  

  

Tampoco  es verdad que la conducta culposa «debe  contribuir eficazmente al surgimiento del daño, así  éste emerja de la acción posterior de un elemento ajeno  (concausa)».  Nada más falso en materia de responsabilidad civil que la  anterior afirmación. Si el daño emerge de la acción  posterior de un elemento ajeno entonces esa “injerencia causal  posterior” no es una “concausa”, como dijo la  Corte, sino una “causa extraña”, si es que se  quiere seguir empleando la terminología tradicional.  

  

A  estas alturas de la discusión doctrinal, debería estar  absolutamente claro (como fuera superado hace décadas en la  dogmática del derecho penal) que entre las omisiones o  inactividades y un resultado lesivo no hay ni puede haber ningún  nexo causal o “de hecho”. Lo que hay es, simplemente, la  atribución de un acto ajeno o de una abstención a un  agente por no haber actuado como el ordenamiento jurídico se  lo exige. Se trata de la categorización de una acción u  omisión como jurídicamente relevante y normativamente  atribuible a un agente como suya; y este factor normativo no tiene  nada que ver con relaciones de causa-efecto.  

  

En  todo caso, aun cuando se tenga el deber jurídico de actuar o  de abstenerse de actuar para evitar una consecuencia lesiva, si la  producción de ésta es atribuible a una conducta  antijurídica posterior, no hay duda de que esta intervención  (o abstención) sobreviniente se erige en un factor de  exclusión de responsabilidad, no en una “concausa”.  

  

El  juicio de “causalidad de hecho” (sine  qua non) empleado por  esta Corte, en suma, no aportó absolutamente ninguna  explicación coherente para los efectos de atribuir a la  empresa los daños producidos por el grupo terrorista.  Simplemente fue una excusa para condenar a OCENSA “porque sí”;  pues de llegar a admitirse esa forma de razonar habría que  imputar responsabilidad civil a cualquier agente que haya contribuido  eficazmente a la realización de los perjuicios, es decir a  cualquier número imaginable de personas.  

  

El  único criterio jurídico que hubiera permitido arribar a  la conclusión adoptada por la sentencia que es objeto de este  salvamento –se reitera– habría sido la existencia  de una norma (en sentido lato y no necesariamente una proposición  jurídica positiva) que adjudicara a la empresa el deber de  evitar los actos perpetrados por el grupo guerrillero. Pero,  naturalmente, esa norma no existe en nuestro ordenamiento jurídico,  porque el acto administrativo que esta Sala tuvo por tal (Resolución  del Ministerio del Medio Ambiente) fue acertadamente revocado por la  entidad gubernamental (en auto 472 de octubre de 1999) al considerar  que «la variable  de orden público y la probabilidad de atentados»  sólo es atribuible a los organismos del Estado.  

  

De  manera que el único deber jurídico que tenía la  empresa frente a los eventuales daños ocasionados en ejercicio  de la actividad peligrosa que realizó y del riesgo que creó  eran los que podían imputársele en calidad de guardiana  o dueña de la actividad peligrosa, es decir los derivados del  ejercicio normal de esa actividad y aún del caso fortuito;  pero en ningún caso podía adjudicársele que  evitara que un tercero se aprovechara de ese riesgo para producir  daños a la población y a la misma empresa. La creación  y el aprovechamiento de un riesgo propio por parte de terceros son  causales que eximen de responsabilidad al productor del riesgo  inicial (a menos que pueda imputárseles solidaridad en los  términos del artículo 2344 del Código Civil). De  lo contrario toda persona tendría que responder objetivamente  por la mera creación de riesgos, que al parecer fue la  conclusión que acogió esta Corte en el caso de la  referencia.  

La  sola construcción del oleoducto en cercanías del  poblado que sufrió el desastre, entonces, no fue un factor  suficiente para atribuirle a la demandada “como suyo” el  resultado nefasto que desencadenó el hecho exclusivo de un  tercero, por mucho que esa empresa hubiera creado el riesgo. De otro  modo habría que concluir que todo el que crea una empresa o  ejerce una actividad productiva que comporta riesgos tiene que  indemnizar las consecuencias de las conductas dolosas o culposas  ejecutadas por terceros o por la injerencia de la mala fortuna.  

  

Desde  luego que tal conclusión es posible, pero tal solución  sería –como lo fue el fallo que se examina– una  posibilidad absolutamente extraña al instituto de la  responsabilidad civil extracontractual tal como se encuentra  concebido en nuestro ordenamiento jurídico.  

  

Por  tales razones, estimo que debieron prosperar las acusaciones en las  que se sustentó el cargo tercero de casación.  

  

  

2.  En la resolución de los cargos que plantearon una  contradicción entre la declaración de responsabilidad  de la empresa (por ser el daño atribuible a la demandada,  según el confuso razonamiento de esta Corte), y la prosperidad  de la excepción que planteó la aseguradora por estar  los actos terroristas de terceros previstos en la póliza como  exclusiones, considero que se incurrió en errores evidentes y  trascendentes que hacían necesario casar el fallo de segundo  grado.  

  

  

Una  vez más, esta Sala se valió de la errónea  argumentación sobre la “causalidad concurrente”  para atribuir a OCENSA la responsabilidad por los actos terroristas  perpetrados por el ELN. Pero lo más extraño es que a  pesar de haber considerado a la empresa civilmente responsable “por  un hecho propio”, al mismo tiempo estimó que se trataba  del “hecho de un tercero” o “causa extraña”  para eximir de responsabilidad a la aseguradora.  

  

Se  ha explicado con insistencia la incoherencia conceptual que supone  fundar la responsabilidad por actividades peligrosas en la culpa del  demandado. Sin embargo, esa fue la razón que tuvo en cuenta el  fallo que es materia de este salvamento, dada la insuficiencia del  “enfoque causal” para atribuir responsabilidad en casos  distintos a la generación de daños por acciones  directas.  

  

De  acuerdo con el razonamiento de esta Corte:  

  

«(…)  a lo largo de la densa sentencia y de los cargos ídem elevados  contra la misma, surge evidente que el atentado del grupo guerrillero  se constituye en una causa próxima o inmediata y hasta –si  se quiere– natural o física, preponderante y eficiente  en la cadena desencadenante de la tragedia de Machuca; pero eso no  significa que sea ella una causa exclusiva, requisito éste  indispensable para la configuración de este eximente, pues  como hubo de examinarse en el cargo anterior, la culpa por  negligencia de OCENSA la materializó el Tribunal no sólo  en los actos de operación del oleoducto, en tanto había  sido objeto de anteriores atentados en zonas muy próximas al  último y fatal (aspecto este en el que la Corte no fijó  su atención porque, conforme lo puso de presente la censura en  cargo antes analizado, la diligencia en el mantenimiento y cuidado  del oleoducto fue un tema suficientemente probado por OCENSA), sino  en el hecho de que en el diseño del mismo incurrió en  fallas al no advertir que una ruptura, por cualquier causa, podía  desencadenar consecuencias aciagas como las que pasaron, en atención  a la posición de altura y cercanía del tubo frente al  pueblo, al régimen torrencial del rio Pocuné, a las  quebradas que desembocan en él y que sirven –y  sirvieron– para conducir el petróleo derramado al río  y al pueblo».  [Folios 321 y siguientes]  

  

Según  esa confusa argumentación, en el proceso quedó probada  la debida diligencia y cuidado de la empresa demandada, a pesar de lo  cual le atribuyó “culpa” porque no previó  las consecuencias derivables del diseño del oleoducto;  olvidando que al comienzo de la motivación se describió  la responsabilidad por actividades peligrosas como un criterio de  imputación de responsabilidad por sucesos imprevisibles.  Luego, no hay la más mínima posibilidad de saber cuál  es la doctrina que la sentencia está tratando de explicar o  adoptar.  

  

La  inconsistencia conceptual de la Corte queda al descubierto porque en  el razonamiento viene hablando de la causa “natural”,  “física”, “próxima”,  “inmediata”, “eficiente” y “preponderante”  para referirse a la injerencia “causal” del tercero (y ya  se sabe que cuando se alude a tales nociones sólo se está  haciendo uso de conceptos intuitivos, simples y desestructurados que  pueden amoldarse a cualquier situación imaginable por el  sentenciador de turno según sus caprichos y deseos, dada la  ausencia de un criterio jurídico definidor del concepto de  “adecuación”). Pero cuando la Sala cree que alude  a la intervención “causal” de la empresa,  simplemente cae en el análisis de su conducta “culposa”,  con lo que no se comprende a qué elemento se está  refiriendo.  

  

Finalmente,  no se sabe si la voladura del oleoducto fue un hecho atribuible a la  empresa “como suyo”, o si la Corte lo consideró un  hecho exclusivo de un tercero, pues si es lo primero, entonces la  aseguradora tenía que indemnizar el daño ocasionado por  el asegurado, hasta el monto de la cobertura del seguro. Mas, según  esta Corporación, los actos terroristas de grupos subversivos  quedaron excluidos de la póliza por ser “causas  extrañas” o hechos exclusivos de terceros.  

  

Según  la Corte:         «(…) si un resultado  dañoso puede ser atribuido a diferentes causas –la  conducta del demandado y el hecho de un tercero–, desde el  punto de vista de la responsabilidad civil el primero queda obligado  a indemnizar y, desde el ángulo del seguro, la aseguradora no  adquiere la obligación por estar excluida la cobertura cuando  en el evento detonante del siniestro intervino el hecho del tercero  mencionado como causal excluyente (guerra)».  

La  anterior explicación es tan desestructurada y falaz que sólo  puede darse como justificación para atribuir responsabilidad a  la empresa demandada a pesar de que el acto generador de los daños  que se reclamaron fue una “causal excluyente” de  responsabilidad, como se reconoció en el párrafo  anterior; pues si hubiera sido un acto propio del asegurado, la  aseguradora simplemente tenía la obligación contractual  de pagar la indemnización en la forma estipulada en el  contrato de seguro.  

  

Si  lo que el fallo quiso hacer -sin éxito- en el párrafo  transcrito fue una diferencia de niveles de sentido o conceptos en el  ámbito de la responsabilidad civil y en el contexto del  derecho de seguros, faltó mucho a tal manera de razonar.  

  

El  funcionalismo sistémico ofrece una nueva manera de definir  (construir) conceptos, a partir de distinciones de niveles de  sentido, prescindiendo de las tradicionales elucidaciones  esencialistas. Pero tal método requiere un procedimiento  riguroso en el que se identifican las variables de entrada, las de  salida y la clave de clausura operacional o enunciado normativo que  permite hacer la distinción conceptual a partir de cada  contexto de significado.18  

  

Pero  no es de la manera simplista y trivial que se dijo en la sentencia de  casación como se hace una debida distinción conceptual;  pues en ella sólo se afirmó que «si  un resultado dañoso puede ser atribuido a diferentes causas  –la conducta del demandado y el hecho de un tercero–,  desde el punto de vista de la responsabilidad civil el primero queda  obligado a indemnizar y, desde el ángulo del seguro, la  aseguradora no adquiere la obligación por estar excluida la  cobertura cuando en el evento detonante del siniestro intervino el  hecho del tercero mencionado como causal excluyente (guerra)».  

  

Lo  anterior es un verdadero desacierto, pues no es verdad –y nunca  lo ha sido– que si un daño puede ser atribuido a  diferentes “causas” el demandado queda obligado a  indemnizar mientras que la aseguradora queda eximida de  responsabilidad por existir una causal excluyente.  

  

No  es posible afirmar, sin más, que en el ámbito de la  responsabilidad civil extracontractual la intervención de una  “causa extraña” es irrelevante para los efectos de  salvar la responsabilidad del demandado, pero en el contexto del  derecho de seguros el hecho de un tercero sí excluye la  responsabilidad de la aseguradora. Tan inusitado modo de razonar  carece de apoyo doctrinal, legal y jurisprudencial.  

  

Si  la Corte pretendía hacer una distinción del significado  y alcance del concepto de imputación en el ámbito de la  responsabilidad civil y en el del derecho de seguros, estaba obligada  a argumentar con rigor cuál era el ‘cerramiento  operacional’ de ambos niveles de significado y cuál era  la norma jurídica que hacía posible la distinción.  Al no haberlo hecho (pues la motivación de la sentencia dista  mucho de adoptar un modelo funcionalista–sistémico), la  explicación dada por esta Corporación no fue más  que una mera opinión desprovista de toda racionalidad. Decir  que la misma “causa” que permite atribuir responsabilidad  al demandado se erige en el motivo para exonerar de responsabilidad a  la aseguradora es, más que una contradicción  ostensible, una verdadera arbitrariedad, que de suyo ameritaba la  casación de la sentencia que se sustentó en esa rara  manera de pensar.  

  

La  diferencia de niveles de sentido o “perspectivas” en que  la sentencia pretendió fundar la responsabilidad de la  demandada y la exoneración de la aseguradora, simplemente no  es cierta porque si un evento es considerado como “causa  extraña”, con la entidad suficiente para excluir la  responsabilidad de la aseguradora, como la «responsabilidad  ocasionada directa o indirectamente por, o que ocurra a raíz o  en consecuencia de, guerra, invasión, acto de enemigo  extranjero (…), guerra civil, rebelión»,  entonces no hay ninguna razón para afirmar que ese acto, cuya  autoría se atribuye exclusivamente a la intervención de  un tercero es imputable también a la empresa. Un hecho con  relevancia jurídica no puede ser considerado como un “hecho  propio” y como un “hecho ajeno” al mismo tiempo.  

  

Como  la exclusión contenida en la póliza se refiere a daños  imputables exclusivamente a la conducta de un tercero (siendo esa  atribución jurídica y no causal), entonces la “causa  extraña” o “factor externo” lo es para todos  los efectos, y no sólo para librar de responsabilidad a la  aseguradora. La causa extraña”, en suma, es un factor  eximente de responsabilidad para el demandado, no sólo para la  aseguradora, y así tenía que haberse declarado.  

  

Ahora  bien, si la Corte consideró (erróneamente) que el hecho  del tercero no fue suficiente para eximir de responsabilidad a la  demandada, puesto que la simple “intervención causal”  de OCENSA al construir el oleoducto fue un factor “preponderante”  en la realización de los perjuicios, entonces, con esa misma  lógica, debió concluir que se trataba de un hecho  atribuible a la empresa ‘como suyo’, y no de una “causa  extraña”. Es decir que por tratarse de un “hecho  propio” de la demandada, quedó cubierto por la póliza  y debió condenarse a la aseguradora al pago de la  indemnización en la forma prevista en el contrato de seguro.  

  

La  otra alternativa -que considero era la acertada- no tiene su solución  en las nociones vagas y simples de la “causalidad”, que  se prestan para cualquier tipo de decisión por absurda que  sea, sino en un criterio jurídico de atribución, según  el cual un resultado sólo puede atribuirse a un agente (por  acción u omisión) cuando existe una norma de  adjudicación que permite endilgárselo ‘como  suyo’.  

  

Desde  luego que tal norma de atribución no existe en el caso que se  analiza, pues no hay ningún precepto normativo que permita  responsabilizar a un particular por los actos de terrorismo  perpetrados por un grupo guerrillero, lo que se estimaba suficiente  para eximir a la empresa de toda responsabilidad y, por supuesto, a  la aseguradora; por seguir la misma lógica.  

  

Mas,  lo que resulta a todas luces contradictorio e inadmisible es que se  haya considerado que la empresa es culpable y civilmente responsable  por “no haber previsto” las consecuencias de un acto  realizado por un tercero, es decir que se le atribuyó el  atentado terrorista del grupo guerrillero, pues en sentir de esta  Corte OCENSA tenía el deber jurídico de evitarlo; al  tiempo que, frente a la responsabilidad de la aseguradora, el mismo  hecho se consideró como una “causa extraña”  que excluyó la responsabilidad derivada del contrato de  seguro.  

  

De  todo lo anterior se concluye que la distinción de  “perspectivas” que hizo la Corte carece de todo  fundamento legal y jurisprudencial. Luego, el casacionista tuvo razón  cuando argumentó que el razonamiento en el que el Tribunal  sustentó su decisión fue manifiestamente incoherente y  desacertado, lo que hacía necesaria la casación del  fallo de segundo grado.  

  

  

3.  No es posible pasar por alto las consideraciones que tuvo en cuenta  esta Corte en la resolución de los cargos primero y segundo  respecto de la categorización de una actividad como peligrosa,  pues sumen a este instituto jurídico en la más completa  incertidumbre.  

  

A  tal respecto, se afirmó que a falta de definición legal  esa conceptualización ha sido “delegada tácitamente  al juez”, quien haciendo uso de su “razón  natural”, “sindéresis” o buen juicio, deberá  determinar lo que se entiende por actividad peligrosa, cuidando,  claro está, de que no sea el mero capricho o subjetivismo lo  que predomine a la hora de encasillar una actividad particular en esa  categoría. [Folio 87]  

  

Contrario  a lo afirmado por la Sala en el fallo del cual tomo distancia,  considero que no es cierto que la calificación jurídica  de una actividad como peligrosa “ha  sido delegada tácitamente al juez”,  a falta de determinación legal.  

  

Por  el contrario, desde la primera mitad del siglo anterior nuestra  jurisprudencia ha venido sosteniendo –salvo contadas  excepciones que jamás han hecho tránsito a doctrina  probable– que el artículo 2356 del Código Civil  consagra una presunción de culpa,19  de suerte que no es necesario probar ese elemento en el proceso, ni  es posible que el demandado se exima de responsabilidad con la prueba  de su diligencia o cuidado.  

  

  

Es  cierto –como se afirmó en el fallo de casación de  la referencia– que una actividad peligrosa «es  aquella cuyos efectos se vuelven incontrolables, imprevisibles,  devastadores por la multiplicación de energía y  movimiento que supone o le es inherente, efectos además  inciertos por su capacidad de destrozo mayor».  [Folio 87]  

  

Por  consiguiente, como la demostración de la infracción o  del acatamiento de los deberes de prudencia es irrelevante en este  tipo de responsabilidad, la declaración de la obligación  de indemnizar los daños producidos por el ejercicio de  actividades peligrosas no puede depender del control  de los resultados  (pues no es posible controlar lo incontrolable) ni mucho menos de la  previsión  de las consecuencias  (dado que no se puede prever lo imprevisible).  

  

De  ahí que al prescindir la norma (artículo 2356 del  Código Civil) del elemento de la culpa, la responsabilidad por  actividades peligrosas es el instituto jurídico idóneo  para imputar responsabilidad por los daños  incontrolables, imprevisibles, impredecibles, incalculables y  catastróficos propios de la sociedad del riesgo contemporánea.  

  

Mas,  como esta especie de responsabilidad no se atribuye únicamente  por haber causado un  daño (como en  la responsabilidad objetiva), ni por  la posibilidad de prever el resultado (como  en la responsabilidad por culpa), el criterio jurídico de  atribución que impone la proposición normativa no puede  ser otro que la posibilidad de evitar el  riesgo de realización del perjuicio ocasionado.20  Precisamente por ello, el factor decisivo en este tipo de  responsabilidad no es la culpa (pues es innecesaria), ni tampoco la  ‘relación de causalidad’ (pues es insuficiente),  toda vez que los daños producidos en la sociedad  postindustrial del riesgo se caracterizan por su incertidumbre  causal.21  

  

El  factor decisivo de este instituto de exclusiva creación  nacional es, entonces, la posibilidad jurídica de imputar las  consecuencias lesivas al agente ‘como suyas’; es decir  que el dominio del riesgo creado sólo puede adjudicársele  al agente cuando existe un criterio jurídico  a priori de  atribución, lo que excluye tanto los riesgos creados por  terceros como el aprovechamiento por parte de éstos de la  creación de un riesgo propio para ocasionar daños  jurídicamente relevantes.  

  

El  criterio jurídico de atribución de responsabilidad por  actividades peligrosas, en suma, está dado por la norma  sustancial de carácter general impersonal y abstracto, y no ha  sido “delegado” al juez para que éste “haciendo  uso de su razón natural, sindéresis o buen juicio”,  determine a  posteriori, esto es  al momento de decidir, en qué casos aplica el régimen  de responsabilidad por culpa y en cuáles prescinde de ese  elemento; pues tal hipótesis, al tomar por sorpresa a las  partes, constituiría una flagrante violación de su  derecho fundamental al debido proceso.  

  

Nada  de malo tendría aplicar el “criterio” de la “razón  natural” si hubiera un parámetro objetivo para saber de  qué se está hablando a ciencia cierta cuando se alude a  esa idea. Pero el problema radica en que hasta el momento, y cada vez  en mayor medida, la tesis que se impone en los distintos ámbitos  del conocimiento científico y filosófico es que tal  cosa no existe o, al menos, no hay ningún motivo válido  para creer en ella, ni mucho menos una prueba que avale su  existencia. El “buen sentido”, por su parte, es un don  tan bien repartido que difícilmente podría encontrarse  a una persona –mucho menos a un juez– que afirme carecer  de él. Todo el mundo está satisfecho con su nivel de  “sentido común”, y un juez que afirmara que su  decisión careció de “buen juicio” sería  un juez desequilibrado. Sin embargo, lo cierto es que el “sentido  común” tiene tan poco de ‘sentido’ y de  ‘común’ que lo que para unos es tal cosa, para  otros no es más que un sinsentido, un absurdo o un error.  

  

La  “razón natural”, el “sentido común”,  el “buen juicio”, la “intuición”, la  “sindéresis”, o cualquier otra idea de similar  vaguedad en la que el fallo de la referencia haya querido sustentar  la categorización de las actividades peligrosas, son nociones  tan amplias, ambiguas y difusas, que pueden referirse a cualquier  cosa al carecer de significado concreto. Es decir que no son más  que conceptos vacíos que, lejos de aportar algo a la teoría  de la responsabilidad civil, terminan por hacerla aún más  oscura de lo que ya es.  

Es  posible que haya personas que queden satisfechas con la mera creencia  en que la “razón natural” ilumina las decisiones  que toman los jueces. Pero bajo los criterios de racionalidad  contemporáneos, que imponen el deber de motivar las sentencias  con argumentos coherentes y conceptos rigurosos de significado  preciso, no es admisible valerse de nociones tan difusas como  caprichosas, pues ello contraviene la pretensión de corrección  racional de las decisiones judiciales. De ahí que la  explicación que se adujo en el fallo no hizo ningún  aporte teórico significativo, ni prestó ninguna ayuda  para la solución del caso concreto.  

  

El  transporte de petróleo es una actividad peligrosa, en suma, no  porque así lo hayan conceptuado los expertos que rindieron su  versión en el proceso, ni porque esa sea la consecuencia del  “buen juicio” o “sindéresis” del juez  que conoció del asunto, sino porque así lo tiene  establecido nuestra jurisprudencia con base en los lineamientos  trazados por el tenor literal del artículo 2356 del Código  Civil; y frente a tal contundencia, de nada valía que la parte  recurrente adujera errores de estirpe probatoria, pues el significado  y alcance de los institutos y conceptos jurídicos no dependen  de las contingencias que se derivan de la valoración material  de las pruebas, sino que están reservados a la categorización  a priori,  general, impersonal y abstracta que de una actividad hace la ley  positiva e interpreta la Corte Suprema.  

  

“Delegar”  la categorización de una actividad peligrosa “al  buen juicio del juez”,  sin que exista un criterio jurídico general y abstracto  definidor, no significa otra cosa que caer en el casuismo jurídico  y quebrantar la confianza de los usuarios en el ordenamiento jurídico  como sistema coherente que garantiza expectativas fiables y estables,  pues de llegar a aceptarse tal supuesto nunca se sabría cuál  es el instituto jurídico que rige los contornos del litigio y  delimita el tema de la prueba.  

  

  

Lo  anterior bastaba para despachar negativamente los cargos primero y  segundo.  

  

  

4.  Finalmente, en lo que dice relación a la condena en perjuicios  –bajo la hipótesis de que se hubieran demostrado los  supuestos de hecho que habrían permitido condenar a la  demandada, lo cual no ocurrió–, no me es posible en este  salvamento profundizar sobre las falencias conceptuales y el  retroceso que aparejan las consideraciones vertidas en la sentencia  acerca de los distintos tipos de daño con relevancia jurídica;  pero al menos sí debo expresar mi inconformidad por la manera  como se concedieron las indemnizaciones sin que hubiera certeza de la  identidad de los demandantes, de su individualización y de su  legitimación en la causa por activa.  

  

Tampoco  creo que fuesen acertadas algunas opiniones sobre la tasación  del daño moral, como por ejemplo que los menores de siete años  recibieran una cantidad de dinero equivalente a la cuarta parte de la  que se les concedió a las demás víctimas porque,  en sentir de la Sala, los niños de esa edad sufren menos que  una persona mayor. Pienso que las secuelas psicológicas de una  catástrofe de las dimensiones del incendio que acabó  con el pueblo de Machuca se quedan grabadas en la memoria de un niño  para siempre, y afectan su dimensión psicológica más  que a cualquier persona debido a su estado de vulnerabilidad e  inmadurez. Pero, en todo caso, así fuera para acoger la  opinión de esta Sala a tal respecto, al menos debieron  ofrecerse consideraciones de mayor credibilidad y peso científico.  

  

En  cuanto a la condena por concepto de daño a la vida de  relación, llama la atención que se concediera este  rubro únicamente cuando fue debidamente solicitado en las  pretensiones de la demanda y en la medida en que resultaron probados;  pues la tesis de esta Corte sobre ese tipo de daño es que  puede y debe ser reconocido, aun de oficio, y que para su tasación  el juez debe hacer uso de sus facultades de dirección.  

  

Al  menos así se ha fallado en sentencias recientes, como la  SC2107 del 12 de junio de 2018, suscrita sin salvedades por los  magistrados de la Sala Civil, en la que explícitamente se  afirmó: «Respecto a la alteración  de las condiciones de existencia relacional o daño a la vida  de relación, reconocibles aun de oficio, por cuanto la  reparación debe ser integral, cuando compete la naturaleza del  bien jurídico afectado…».22  

  

La  nueva postura de la Sala, según la cual no procede el  reconocimiento oficioso de esta especie de daños se erige en  un desconocimiento inmotivado del precedente horizontal; lo que  conlleva a inferir que en los casos en que los actores no solicitaron  ese rubro dejó de resolverse sobre uno de los extremos del  litigio, y en los casos en los que según la Corte no quedó  demostrado, debió hacer uso de sus facultades oficiosas, sobre  todo cuando se trató de víctimas menores de edad.  

  

Tan  insegura estuvo la Corte, en fin, de las consideraciones vertidas en  el fallo de la referencia, que ni siquiera se atrevió a  reiterar su postura actual acerca de la procedencia oficiosa del daño  a la vida de relación.  

  

  

De  los señores Magistrados,  

  

  

  

  

  

ARIEL  SALAZAR RAMÍREZ  

Magistrado  

  

  

1          SC9788-2015, del 29 jul 2015, rad.  n°          11001-31-03-042-2005-00364-01  

2          La Resolución 382 del 17 de junio de 1997, expedida por la          Subdirección de Ordenación y Evaluación          Ambiental de la Dirección Ambiental Sectorial del Ministerio          del Medio Ambiente, y por la cual se acepta el plan de contingencia          presentado por OCENSA, al analizarlo, resalta que dentro de las          variables de amenaza antrópica se analizan aspectos tales          como la explotación minera inadecuada o prácticas          agrícolas inapropiadas, pero a continuación indica que          «es evidente que se desconoce el principal factor de amenaza          antrópica, referente al orden público y los posibles          atentados producidos por terceros, que se presumen de antemano de          alta probabilidad en este proyecto, a pesar de que el mismo          documento afirma que «los daños causados por terceros          serán los más significativos».  Y recalca que          «es sorprendente que el plan de contingencia no tenga en cuenta          la problemática de orden público y operación de          grupos al margen de la ley, que en algunos casos actúan          realizando atentados contra la infraestructura de transporte de          hidrocarburos, en especial de crudo». De allí que haya          ordenado que, antes del inicio de la operación propiamente          dicha, complemente ese plan de contingencia para incluir, entre          otras cosas, dentro de las amenazas antrópicas, la variable          de orden público y probabilidad de atentados, a fin de          definir los sectores de mayor afectación para esta causa, a          más del estudio del riesgo geotécnico con particular          énfasis en el sector la Belleza-Vasconia.          

Luego del          atentado, por razón del recurso de reposición          interpuesto por OCENSA, la Subdirección de Licencias          Ambientales precisó, mediante Resolución 472 de          octubre de 1999, que en lo relacionado con el análisis del          riesgo queda una sola variable: «el derrame, explosión e          incendio por rotura de la línea, aun cuando la probabilidad          de que ello ocurra por causas operacionales o naturales, sea          mínima».  Mediante auto 313 del 29 de junio de 2000, esa          subdirección requirió «por una sola vez» a          OCENSA para que entregara al ministerio información atinente          al análisis del riesgo,, los resultados de la aplicación          del análisis piloto y el informe de avance y seguimiento.  

3          Se lee en el informe de la Subdirección de          Ordenación y Evaluación Ambiental Sectorial de la          Dirección Ambiental Sectorial del Ministerio del Medio          Ambiente, que se contemplaron varias alternativas de rutas por          Venezuela y en Colombia, como la ampliación de los sistemas          actuales de oleoductos, nuevas rutas desde el campo Cusiana hasta el          oleoducto Vasconia-Coveñas, o modificaciones tomando como          base la ampliación del oleoducto central. En todas ellas se          analizaron los componentes de seguridad, permisos ambientales,          relaciones con la comunidad, factibilidad económica,          programación, administración del proyecto llegándose          a la conclusión sobre la ruta más propicia desde el          punto de vista técnico-económico y ambiental. «Esta          ruta es la de una línea paralela al oleoducto central de los          llanos, la utilización del oleoducto de 20” la          Belleza-Vasconia (fase I) como eslabón de continuidad para          las líneas de ampliación y la utilización de          una línea paralela al oleoducto Vasconia-Coveñas          (ODC). Y se lee también en la resolución 952 del 31 de          agosto de 1995, por la cual se otorgó licencia ambiental a          OCENSA para la construcción, operación y          funcionamiento del oleoducto, que «con base en el estudio de          las alternativas presentadas por el dueño del proyecto, la          dirección ambiental sectorial concluyó que la ruta          oleoducto central de los llanos, Vasconia-Coveñas (ODC) es la          alternativa más favorable.  

4          La ley 2159 de 1852 estableció que la función del          registro se ejerciera por notarios, pero tuvo poco desarrollo porque          tal faena era desarrollada por la Iglesia, por lo que mediante ley          57 de 1887 se dispuso que la prueba principal del estado civil se          haría mediante las partidas de origen eclesiástico,          pues la Iglesia, llevada partidas de nacimiento, de defunción          y de matrimonio. Tal directriz fue ratificada por el concordato          celebrado por el Estado y la Santa Sede en ese año. Más          adelante, en 1938 mediante la ley 92 se volvió a encargar a          los notarios, alcaldes de los municipios en donde no hubiese          notarios y los funcionales consulares en el exterior esta función          registral sin desconocer que los actos y hechos acaecidos bajo el          imperio de la anterior normativa, pudiesen seguir sino certificados          con base en aquella (ultractividad de la ley) pero, eso sí,          determinándose que la primera sería una prueba          principal y la segunda una prueba supletoria. El decreto ley 1260 de          1970, actualmente vigente, establece como única prueba del          estado civil las copias expedidas por los un funcionario encargado          de llevar esa función.  

5          Dice el precepto: Si de un delito o culpa ha sido cometido por dos o          más personas, cada una de ellas será solidariamente          responsable de todo perjuicio procedente del mismo delito o culpa,          salvas las excepciones de los artículos 2350 y 2355.  

6          El complejo problema del nexo causal en la responsabilidad civil ha          sido objeto de numerosas teorías dentro de las cuales          descuella la de la causa inmediata o próxima, inspirada en          Francis Bacon y que, en últimas, establece que la causa del          daño debe ser aquel evento que inmediatamente ha precedido al          acaecimiento del perjuicio. La Corte, de un tiempo a esta parte, ha          sido uniforme en considerar la teoría de la causalidad          adecuada como la que mejor explica la relación causal en el          ámbito de la responsabilidad por daños civiles.  

7          Dice el precepto: ARTÍCULO 1055. El dolo, la culpa grave y          los actos meramente potestativos del tomador, asegurado o          beneficiario son inasegurables. Cualquier estipulación en          contrario no producirá efecto alguno, tampoco lo producirá          la que tenga por objeto amparar al asegurado contra las sanciones de          carácter penal o policivo  

8          Se encuentra repetido en la demanda  

9          Parejamente, también se intentó fijar la noción          del daño moral a partir de la esfera de derechos de una          persona. En esa medida, si la frustración, menoscabo o          perjuicio recaía en derechos patrimoniales -reales o          personales- se estaba frente a un daño patrimonial al paso          que si afectaba derechos extrapatrimoniales como los derechos de la          personalidad o los derechos de familia el menoscabo era de índole          moral, quizás con olvido de que más que los derechos          afectados debía ponerse énfasis en el interés          jurídico tutelado y, a la sazón, vulnerado.  

10          Ihering, cita de Mazeaud-Tunc, tratado teórico y práctico          de la responsabilidad civil delictual y contractual, ediciones          jurídicas Europa-América, Buenos Aires, 1961, T I, V          I, página 429. Estos autores explican que el antiguo derecho          francés recogió la tradición romana pero de          manera imperfecta, concediéndose el reconocimiento de          perjuicios al honor del marido contra el cómplice de la mujer          adúltera o los ultrajes causados a los muertos por la          violación de sus sepulturas. Y ya el derecho romano había          admitido la reparación en numerosos eventos: privación          del placer que se obtiene por determinada cosa, heridas a los          sentimientos religiosos, afecto a la familia, etc  

11  

12          Pizarro, Ramón Daniel, daño moral, editorial          Hammurabi, Buenos Aires, 1996, página 35  

13          Bustamante Alsina, Jorge, teoría general de la          responsabilidad civil, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1997, página          245  

14           Casación Civil 8827 de 31 de mayo de 2003 en  Koteich          Khatib, Milagros, la dispersión del daño          extrapatrimonial en Italia. Daño biológico vs. “daño          existencial”, en          http://www.comparazionedirittocivile.it/prova/files/koteich_dispersion.pdf.        Consulta realizada el 9 de julio de 2017  

15          Op. Cit. Pág. 438  

16          CSJ SC002 del 12 de enero de 2018.  

17          CSJ SC002 del 12 de enero de 2018.  

18          Ver ejemplos de distinciones categoriales          funcionales mediante el empleo del cálculo de formas en CSJ          SC002 del 12 de enero de 2018.  

19          CSJ, Sentencias          del 14 de marzo y del 31 de mayo de 1938; 27 de octubre de 1947; 14          de febrero de 1955; 19 de septiembre de 1959; 14 de octubre de 1959;          4 de septiembre de 1962; 1 de octubre de 1963; 3 de mayo de 1965; 30          de abril de 1976; 20 de septiembre de 1978; 16 de julio de 1985; 23          de junio de 1988; 25 de agosto de 1988; 27 de abril de 1990; 22 de          febrero de 1995; 25 de octubre de 1999; 14 de marzo de 2000; 26 de          agosto de 2010; 18 de diciembre de 2012; entre otras.  

20          CSJ SC002 del 12 de enero de 2018.  

21          Ulrich BECK. La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad.          Barcelona: Paidós, 1998. pp.          70 y ss. (Edición original en alemán de 1986) ||          Niklas          LUHMANN. Sociología del riesgo. 3ª ed. en español.          México: Universidad Iberoamericana, 2006. pp. 140-141.          (Edición original en alemán de 1991)  

22          Radicación: 11001-31-03-032-2011-00736-01.  

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