AC 660 2022

FEBRERO

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AC660-2022 (2022-00569-00)

        

HILDA  GONZÁLEZ NEIRA  

Magistrada Ponente  

AC660-2022  

Radicación  n. 11001-02-03-000-2022-00569-00  

Bogotá, D.  C., veinticinco (25) de febrero de dos mil veintidós (2022).  

Se resuelve el  conflicto de competencia suscitado entre los Juzgados Primero  Promiscuo del Circuito de El Carmen de Bolívar  y Veintisiete Civil del Circuito de Bogotá.  

I. ANTECEDENTES  

1. La Agencia  Nacional de Infraestructura -ANI- formuló demanda de  expropiación contra Alcides Miguel Tapia Maldonado, el  Municipio de El Carmen de Bolívar y la Unidad Administrativa  Especial de Gestión de Restitución de Tierras  Despojadas – Territorial Bolívar, con el fin de que se  decretara la expropiación de cinco zonas de terreno ubicadas  dentro del predio de mayor extensión denominado Bella Vista,  ubicado en la vereda El Carmen de Bolívar, jurisdicción  de la municipalidad con el mismo nombre.  

En el libelo se  atribuyó la competencia a los juzgados del circuito de esa  locación “por  su naturaleza y el territorio o jurisdicción donde se  encuentra ubicado el inmueble objeto de expropiación (…)”  (archivo 01, expediente digital).  

2. La autoridad  seleccionada, mediante auto de 22 de septiembre de 2020 admitió  la demanda (archivo 06, ib.); no obstante, el 26 de marzo de 2021  declaró su falta de competencia para dar trámite al  asunto y ordenó su remisión a sus homólogos de  la capital de la República, en virtud del numeral 10º del  artículo 28 del estatuto adjetivo civil y el artículo  29 de la misma codificación (archivo 19, ib.).  

2.1. Frente a tal  determinación, la accionante planteó recurso de  reposición, con resguardo en el numeral 7º del mismo  canon, dado que el  predio objeto de la litis, identificado con el folio de matrícula  inmobiliaria No. 062-23197, se encuentra ubicado en jurisdicción  del municipio de El Carmen de Bolívar; asimismo se apoyó  en la renuncia al fuero subjetivo que hizo en la demanda (archivo 20,  ib.), medio de opugnación que fue resuelto de manera  desfavorable.  

3. Al recibir las  diligencias, el Juzgado Veintisiete Civil del Circuito también  rehusó el conocimiento con resguardo en el numeral 7º del  artículo en cita y la escogencia de la demandante, provocando  la colisión negativa (archivo 40, ídem).  

II.  CONSIDERACIONES  

1. Corresponde a  esta Sala, a través de la magistrada sustanciadora, dirimir el  presente conflicto, en tanto la Corte es superior funcional común  de los despachos involucrados, los cuales pertenecen a diferentes  distritos judiciales. Así lo establecen los artículos  139 del Código General del Proceso y 16 de la Ley 270 de 1996,  modificado por el 7º de la Ley 1285 de 2009.  

2. Sin entrar en  mayores disquisiciones sobre los diversos factores de atribución  de competencia fijados en la ley, se observa que en el presente caso  concurren dos fueros por razón de la distribución  geográfica: el real y el personal a que se contraen los  numerales séptimo y décimo del artículo 28 del  estatuto procesal.  

2.1. Conforme al  primero, en los procesos de expropiación, el juez competente  es el «del  lugar donde estén ubicados los bienes, y si se hallan en  distintas circunscripciones territoriales, el de cualquiera de ellas  a elección del demandante».  

Y de acuerdo con  el segundo, el funcionario habilitado es el «del  domicilio»  de la entidad pública, territorial o descentralizada por  servicios que sea parte en el juicio.  

2.2. La presencia  de los dos foros, ambos consagrados como privativos, impone la  definición de criterios que permitan fijar el juzgador  facultado para conocer los asuntos en que aquellos concurran, punto  sobre el cual al interior de la Sala se alzaron dos posiciones.  

Una de ellas  defendió la sede correspondiente al lugar donde se sitúa  el fundo materia del debate, por razones de facilidad de defensa del  titular del predio que debe soportar el gravamen y de inmediación  del juzgador en la práctica de las pruebas, amén del  carácter renunciable del foro por la beneficiaria legal del  mismo (AC1172-2018,  AC3744-2018, AC4875-2018, AC5051-2018, AC162-2019, AC277-2019,  AC616-2019, AC1020-2019 y AC1028-2021, entre otras).  

La otra tesis,  abogó por la aplicación de la regla de primacía  contenida en el precepto 29 de la codificación adjetiva,  conforme a la cual «[e]s  prevalente la competencia establecida en consideración a la  calidad de las partes»  (AC4272-2018,  AC4522-2018,  AC4898-2018, AC117-2019, AC321-2019,  AC1167-2019, AC2313-2019, AC3108-2019 y AC1772-2021, entre otras).  

2.3. La  providencia AC-140-2020, al pronunciarse sobre un juicio de  servidumbre de conducción de energía eléctrica  que involucraba los dos foros en cuestión resolvió, en  ese momento, la indicada discusión al unificar la  jurisprudencia de esta colegiatura frente al tema, acogiendo la  segunda de las posturas mencionadas, por hallarla más  consonante con la voluntad del legislador. Para arribar a esa  conclusión se soportó «en  el entendimiento sistemático de los preceptos sobre  competencia; en la pauta de prelación que este concretamente  previó en caso de discordancias entre reglas de competencia; y  en el interés general que se infiere quiso hacer primar la  nueva codificación, al señalar que es en el domicilio  de los entes públicos involucrados como parte en un proceso,  que debe adelantarse la contienda».  

La citada  hermenéutica -señaló la Corte- revela  que se quiso «(…)  dar  prevalencia al factor subjetivo sobre cualquier otro, con  independencia de donde se halle previsto, al expresar que la  competencia “en consideración a la calidad de las  partes” prima, y ello cobija (…)  la disposición del mencionado numeral 10º del artículo  28 del C.G.P.».  

La justificación  de esa directriz «muy  seguramente viene dada por el orden del grado de lesión a la  validez de proceso que consultan cada uno de esos factores de  competencia, ya que para este nuevo Código es más  gravosa la anulabilidad por el factor subjetivo que por el objetivo  territorial, pues, como se anticipó, hizo improrrogable,  exclusivamente, la competencia por aquel factor y por el funcional  (Art. 16). En ese sentido, ante situaciones como la que se analiza,  debe aplicarse la pauta de atribución legal privativa que  merece mayor estimación legal, esto es, la que refiere al juez  del domicilio de la entidad pública, por cuanto la misma  encuentra cimiento en la especial consideración de la  naturaleza jurídica del sujeto de derecho en cuyo favor se ha  establecido, regla subjetiva que, en la actualidad, está  enlazada con una de carácter territorial».  

3. Aunque  pudiera pensarse que se incurre en confusión entre el factor  subjetivo de asignación del funcionario instructor, esto es,  el fundado en la calidad de los contradictores, y el foro personal  como subclase del factor territorial, basado en el domicilio de uno  de los enfrentados en la pendencia, lo cierto es que el precepto 29  del ordenamiento instrumental no efectúa una diferenciación  que lleve a inaplicar el parámetro allí contenido a las  tensiones surgidas entre los fueros en las diferentes  circunscripciones judiciales en que está dividido el  territorio nacional.  

Aunado  a lo precedente, es inobjetable que, en los procesos en que es parte  una entidad territorial, descentralizada por servicios o pública,  se encuentra involucrada una regla de competencia instituida «en  consideración a la calidad de las partes»,  de ahí que, en aplicación del criterio de  preponderancia comentado, aquella desplace a otras como, en este  caso, la determinada por el punto geográfico donde se halla la  cosa sobre la cual se ejercita un derecho real.  

Tal  conclusión no se enerva por la realización de algunas  actuaciones ante el fallador no competente, ni por la renuncia que  haga el organismo público de la garantía de ser  enjuiciado donde tiene su domicilio.  

Lo  primero, porque, tal como se enfatizó en la providencia  citada, con apoyo en el canon 16 del compendio procesal, la  asignación del conocimiento con fundamento en el criterio  subjetivo es improrrogable,  característica que trae aparejada «la  imposibilidad de dar aplicación al principio de la perpetuatio  jurisdictionis»1.  

Y  lo segundo, en la medida en que la naturaleza de derecho público  que ostentan las previsiones instrumentales (art. 13 C.G.P.), torna  irrenunciables  las pautas que cimientan la definición del juez natural  exclusivo de un litigio2,  motivo por el cual son de obligatorio acatamiento para el funcionario  y los sujetos procesales, sin que a ninguno de ellos le esté  permitido desconocerlas o socavarlas (CSJ  AC4273-2018, reiterada recientemente en AC140-2020, AC800-2021,  AC795-2021 y AC792-2021).  

4.        En la colisión  bajo examen, el juicio de expropiación se promovió ante  el Juzgado Primero Promiscuo del Circuito de El Carmen de Bolívar,  municipalidad donde se halla situado el bien raíz que se  pretende intervenir. Asimismo, quien acude a la jurisdicción  es la Agencia Nacional de Infraestructura -ANI-, «(…)  de Naturaleza Especial, del sector descentralizado de la Rama  Ejecutiva del Orden Nacional, con personería jurídica  (…) adscrita al Ministerio de Transporte»3,  calidad que, de conformidad con el numeral 10º del canon 28 de  la normatividad de enjuiciamiento, impondría,  en línea de principio, como sentenciador natural al del  domicilio de dicho ente, conforme a los parámetros atrás  expuestos.  

No obstante, en el  sub  examine  se dan unas circunstancias particulares que obligan a realizar un  examen adicional para establecer cuál es el funcionario  llamado a conocer y definir la contienda.  

Ciertamente,  revisada la actuación se advierte que en la acción de  expropiación, además de una persona natural, se  involucran como demandadas:  

i) El municipio El  Carmen de Bolívar, que es una «entidad  territorial fundamental de la división político  administrativa del Estado, con autonomía política,  fiscal y administrativa, dentro de los límites que señalen  la Constitución y la ley y cuya finalidad es el bienestar  general y el mejoramiento de la calidad de vida de la población  en su respectivo territorio»  (artículo  1º Ley 136 de 1994); y,  

ii)  La  Unidad Administrativa Especial de Gestión de Restitución  de Tierras Despojadas – Territorial Bolívar, una de  cuyas sede se localiza en el municipio El Carmen de Bolívar4,  “Unidad  Administrativa Especial, con personería jurídica,  autonomía administrativa y patrimonio independiente (…)  adscrita al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural”  (artículo 1º, Decreto 4801 de 2011).  

5.        Como se  aprecia, aquí concurren en los dos extremos procesales entes  públicos, cuyos domicilios se encuentran en diferentes  localidades, esto es, en Bogotá D.C. y El Carmen de Bolívar,  sin que la ley adjetiva, en la regla contenida en su artículo  28 numeral 10, a efectos de determinar la competencia por el factor  territorial, haga distinción entre demandante y demandado,  pues sólo refiere a que el ente territorial o entidad pública  «sea  parte»,  de suerte que cada una de ellas, por su particular naturaleza, es  titular del fuero privativo contemplado en el precepto en cita, que  al tenor de lo previsto en el artículo 29 ibidem  es “prevalente”.  

Esta Corte, al  examinar casos análogos, ha sostenido que, ante tal supuesto,  se debe acudir a las restantes reglas de atribución de  competencia, dando preponderancia a la contemplada en el numeral 7º  del artículo 28 ídem,  según la cual, el conocimiento del asunto estará en  cabeza del juez donde se encuentra ubicado el predio motivo de  expropiación.  

Al  respecto, esta Corporación ha señalado que:  

«{E}n  asuntos como el sub examine donde, iterase, están  contrapuestas dos o más entidades de naturaleza pública  o semipública, no es de aplicación lo consignado en el  aludido precepto, porque en rigor de verdad nada dice acerca de ello,  debiendo entonces, a fin de determinar la competencia por el factor  territorial, acudirse a las reglas generales estatuidas en el  artículo 28 del Estatuto Adjetivo. (…) 2.4. Puestas las  cosas de esta manera, deviene palmario que la norma llamada a fijar  la competencia en materia del territorio es la prevista en el numeral  7º del precepto 28, ibídem, que atribuye el conocimiento  al juez del sitio de ubicación del inmueble materia de la  servidumbre. (…) Cuanto se ha dicho  no desconoce, de ningún  modo, las directrices fijadas por la Sala mayoritaria en el auto de  unificación de jurisprudencia AC140, de 24 de enero de 2020,  porque el supuesto de ahora es enteramente distinto al ventilado en  aquella oportunidad. Nótese que allí no concurrían,  en ambos extremos procesales, entidades de las relacionadas en la  regla 10ª del artículo 28 del Estatuto Adjetivo»  (CSJ  AC417-2020, 14 feb., rad. 2020-00326-00 reiterada en CSJ AC3158-2021,  4 ago., rad. 2021-02491-00; criterio reiterado en AC006-2022, 17  ene., Rad. 2021-04570-00).  

Y más  adelante puntualizó que:  

«[S]i  de un asunto concreto son predicables los fueros privativos de los  artículos 7° y 10° del Código General del  Proceso, debe aplicarse, siguiendo las orientaciones de esta Sala, el  último de los mencionados, es decir, el relativo al domicilio  de la entidad territorial, de la entidad descentralizada por  servicios o de cualquier otra entidad que sea parte.  

Acá,  sin embargo, ese predicamento no es posible, porque es demandante el  Grupo de Energía de Bogotá (empresa  de servicios públicos, constituida como sociedad por acciones  con aportes estatales y de capital privado, de carácter u  orden Distrital, con autonomía administrativa, patrimonial y  presupuestal, en la cual el Estado posee por lo menos el cincuenta y  uno por ciento (51%) del capital social, de conformidad con el  acuerdo 001 de 1996 del Concejo de Bogotá),  y el accionado es un ente territorial, valga anotar, el  municipio de La Mesa.  

Es  decir, que ante dos entes públicos en cada uno de los extremos  del proceso y con vecindades diferentes, y a falta de un criterio  legal que privilegie una u otra, lo pertinente para dar solución  a esta singular colisión que se suscita, es dar cabida al otro  foro privativo territorial, con lo que el juzgador competente para  continuar con el juicio de imposición de servidumbre eléctrica  es el de La Mesa (AC1989-2021,  26 may., rad. 2021-01513-00; criterio  reiterado en AC006-2022, 17 ene., Rad. 2021-04570-00).  

6.        Sin embargo, la  solución antedicha, se insiste, en los casos donde se  encuentran involucradas como partes dos o más entes  territoriales o entidades públicas con domicilios diferentes,  no  se armoniza con lo estatuido en los citados artículos 28  numeral 10º y 29 ídem.  

En  efecto, siendo que, como ya se dijo, el estatuto procesal prevé  que, en los procesos contenciosos en los que «sea  parte»  una entidad pública, conocerá «en  forma privativa»  la  autoridad judicial del domicilio de ésta (núm. 10 art.  28 C.G.P.), y confiere prelación a la competencia determinada  «en  consideración de las partes»  (art. 29 C.G.P.), no sería plausible inaplicar  aquel fuero prevaleciente para que la  regla del numeral 7º ibidem  gobierne  la definición del caso, confiriendo de este modo predominio al  fuero real sobre el subjetivo, cuando, precisamente, por mandato  legal, este último criterio se impone sobre los demás  factores territoriales.  

Por  demás, no se aviene atendible que al desatar esta clase de  colisiones, la Corte asigne  la competencia al juez del lugar donde se sitúa el fundo  materia del debate, cuando existe un imperativo legal que impone la  aplicación preponderante del factor subjetivo como  expresamente lo determina el artículo 29 de la codificación  adjetiva, al decir, que «[e]s  prevalente la competencia establecida en  consideración a la calidad de las partes»  (se resalta).  

Todavía  más, si se trata de aplicar las reglas «generales»  a conflictos de competencia como el de ahora, debe advertirse que esa  condición únicamente la tiene la previsión  contenida en el numeral 1º ibidem,  que califica como juez competente en los procesos contenciosos al del  domicilio del demandado, «salvo  disposición legal en contrario»,  en cuyo caso entran en juego otros factores, como el previsto en el  numeral 7º del artículo 28 de la codificación  procesal, que igualmente constituye un fuero «especial»  y  «privativo».  

Y  no se diga que en eventos como el presente existe un vacío  normativo, porque en el estatuto procesal se encuentra una  disposición perentoria que asigna la competencia al juez del  domicilio del ente territorial o entidad pública, pudiendo el  actor, como antes se anotó, elegir válidamente entre el  suyo o el de la llamada a juicio, habida cuenta que el beneficio  subjetivo no distingue el extremo procesal en que esté la  entidad pública.  

7.        Pero  aun de aceptarse las presuntas deficiencias en el ámbito legal  que pudieran existir para fijar la competencia en cabeza de la  autoridad judicial en los juicios de expropiación, cuando los  extremos de la litis  están integrados por dos o más entidades públicas  con diferentes asientos, habrá que valerse de los criterios de  interpretación contemplados  en los cánones 26 y siguientes del Código Civil, a fin  de escudriñar el sentido y alcance de los artículos 28  (núm. 10) y 29 del estatuto adjetivo.  

Sobre  el particular, huelga señalar que:  

«Es  principio rector de la actividad judicial el indagar por el  “verdadero sentido” de las normas jurídicas, tal  como lo manda el artículo 26 del Código Civil, estatuto  que además de establecer algunos criterios de interpretación  (textual, lógico, histórico, sistemático),  prohíbe la que se hace de manera insular para ampliar o  restringir la extensión que deba darse a la ley (artículo  31 ibídem).  

Uno de  tales criterios considera a las reglas jurídicas como  elementos de un sistema, razón por la que la interpretación  de las mismas se orienta hacia su armonización dentro de éste,  con el fin de evitar incompatibilidad de unas normas con otras, o que  éstas sean contrarias al propio conjunto normativo»  (CSJ  SC 19 dic. 2012, rad. 2006-00164-01; criterio reiterado en CSJ  SC3627-2021, 2 nov., rad. 2014-58023-01, resalta la Corte).  

Por  tal razón, con sano criterio, la Sala ha estimado que  «interpretar  va más allá de reproducir formalmente las palabras que  utilizó el legislador para gobernar una situación de  hecho; en verdad consiste  en extraer el contenido de los preceptos a partir de su literalidad,  el contexto que sirvió para su proferimiento, las condiciones  actuales de aplicación y su armonía con la totalidad  del ordenamiento jurídico»  (CSJ SC3627-2021,  2 nov., rad. 2014-58023-01, subraya la Corte).  

7.1.        Cumplido  esto se tiene que el  numeral 10º de la primera norma referida dispone que, «[e]n  los procesos contenciosos en  que sea parte una  entidad territorial, o una entidad descentralizada por servicios o  cualquier otra entidad pública, conocerá  en forma privativa el juez del domicilio de la respectiva entidad.  

Cuando la parte  esté conformada por una entidad territorial, o una entidad  descentralizada por servicios o cualquier otra entidad pública  y cualquier otro sujeto, prevalecerá el fuero territorial de  aquellas”  (se destaca).  

Del tenor literal  de ese precepto se advierte, sin dificultad, que cuando el juicio  involucre, con independencia del extremo procesal que ocupe, a una  entidad territorial, o una entidad descentralizada por servicios, o  cualquier otra entidad pública, su conocimiento debe ser  asumido privativamente  por  el fallador del lugar de domicilio de aquella.  

Dicha atribución  se fortalece con el canon que le sigue (art. 29 C.G.P.), cuya  apreciación no puede desligarse del enunciado anterior, pues  justamente impone la prevalencia del criterio subjetivo, cuando  predica que:  

«Es  prevalente la competencia establecida en consideración a la  calidad de las partes.  

Las reglas de  competencia por razón del territorio se subordinan a las  establecidas por la materia y por el valor».  

7.2.        Sin  embargo, si la conclusión que se extrae de la interpretación  literal de aquellos mandatos, no respondiera el interrogante que se  presenta en torno a la competencia del juez cuando las partes  contendientes están conformadas por dos o más entes  estatales, puesto que, aplicando exegéticamente las normas,  permitirían grosso  modo  que la demanda se pueda radicar en el domicilio de cualquiera de los  dos extremos a elección del demandante, ha de averiguarse cómo  esas disposiciones se armonizan con las demás pautas que  regulan la competencia territorial.  

Para  tal laborío tenemos, que dentro de ese marco de alternativas  se destaca, en primer lugar, el ya mencionado numeral 1º del  canon 28 ídem,  norma que puede integrarse perfectamente a los postulados previstos  en el numeral 10º ibidem  y al artículo 29 ejusdem  en casos como el de ahora, porque, de entrada, no desconoce la  naturaleza pública de las entidades involucradas -como sí  lo hace la aplicación del fuero real-, más bien,  respeta el privativo de que gozan aquellas, ya que, sea el domicilio  del ente público demandante o del demandado el sitio para la  formulación de la controversia, no se contradice la exigencia  que obliga a dar prevalencia al factor subjetivo o por la calidad de  las partes.  

Otra  posibilidad, válidamente autorizada, sería dar  aplicación a la regla 5ta del canon 28 ídem,  pues el juicio de expropiación podría adelantarse ante  la autoridad judicial del asiento principal de la entidad estatal  demandada o en su sucursal o agencia de existir esta, sin  contrariarse tampoco la prevalencia de su fuero.  

7.3.        Síguese,  entonces, que en los juicios de expropiación, donde los  extremos de la litis están integrados por dos o más  entidades públicas, con el propósito de determinar la  competencia de la autoridad judicial llamada a adelantar el  respectivo trámite, a más del imperativo contenido en  el numeral 10º del artículo 28 del Código General  del Proceso, podrán tenerse en cuenta los numerales 1º y  5º de dicho canon, solución que está en coherencia  con lo dispuesto en el numeral 10 ídem  y el artículo 29 ejusdem,  como ya se dijo.  

8. Tales  inferencias encuentran apoyo en la propia génesis del Código  General del Proceso, habida consideración que el proyecto de  ley (No. 196 de 2011) presentado al Congreso de la República,  en su texto original incorporó la siguiente hipótesis:  

«Artículo  28. Competencia  territorial. La  competencia territorial se sujeta a las siguientes reglas:  

(…)  

11.        En los  procesos contenciosos en que sea  parte  una entidad territorial, o una entidad descentralizada por servicios,  conocerá  el juez del domicilio o de la cabecera de la parte demandada.  Cuando ésta se halle formada por una de tales entidades y un  particular, prevalecerá el fuero de aquella». (negrillas  ajenas al texto original).  

Sin  embargo, en ejercicio de la libertad de configuración  legislativa, la redacción de esa pauta fue modificada en la  segunda ponencia del proyecto presentada ante la Cámara de  Representantes, con la sola justificación de «ofrecer  mayor claridad en torno a la competencia territorial cuando sea parte  una entidad pública»  (Gaceta  del Congreso, Año XX, No. 745 de 4 de octubre de 2011),  quedando como en la actualidad se encuentra expresada en la  codificación procesal civil.  

Nótese que  aquella temática no fue ajena en la elaboración de la  nueva ley de los ritos civiles pues, desde el umbral del proyecto,  los redactores, con claridad meridiana, acudieron a la regla general  de competencia para remediar los casos en que estuvieran enfrentadas  en el litigio entidades públicas, asignando el asunto al juez  del «domicilio  o (…)  la  cabecera de la parte demandada»,  eso sí, siempre otorgando prevalencia al fuero del ente  estatal si la contraparte estaba conformada por un particular.  

9. En esas  condiciones, echar mano de las reglas de competencia reguladas en los  numerales 1º y 5º del canon 28 del Código General  del Proceso para establecer la competencia territorial en los juicios  de expropiación en los que intervengan dos o más  entidades públicas, se armoniza cabalmente con los artículos  28 (numeral 10º) y 29 ibidem,  pues permite asignar el asunto, bien a la autoridad judicial del  domicilio de la entidad pública demandante, ora al del asiento  del ente estatal demandado, en todo caso, a elección de la  reclamante, dado el fuero prevalente que ostenta en virtud de las  señaladas disposiciones.  

10.        Adicionalmente  es preciso acotar que no es extraño encontrar que las  controversias sobre expropiación y servidumbre se dirijan  contra «una  entidad territorial, o una entidad descentralizada por servicios u  otra entidad pública»,  la cual puede o no tener legitimación para ser llamada al  juicio; empero, en tales eventos no resulta procedente auscultar si  estos son o no titulares de derechos  reales principales del fundo, conforme lo establece el artículo  399 del Código General del Proceso, para efecto de definir el  juez natural que ha de adelantar dicho juicio.  

Esto es así,  por cuanto la  Corte carecería de competencia en este especifico escenario  para calificar la legitimación de las partes, pues de  conformidad con el artículo 139 de la ley adjetiva, el  pronunciamiento en esta sede se circunscribe a dirimir el conflicto  suscitado entre las autoridades judiciales involucradas en torno al  conocimiento de la acción de expropiación incoada.  

A lo anterior se  suma que, calificar la habilitación del demandado para  resistir las pretensiones en esa clase de asuntos, ni siquiera es  posible realizarlo desde el umbral al juez de conocimiento, pues  conforme al canon 90 ejusdem  sólo podrá rechazar la demanda si carece  “de  jurisdicción o de competencia o cuando esté vencido el  término de caducidad para instaurarla”  e  inadmitirla por los precisos motivos enlistados en dicho mandato u  otra norma especial, sin que entre estos se encuentre la falta de  legitimación de los contendientes, pues dicho aspecto, de  encontrarse ausente, sólo faculta al juzgador para proferir  una sentencia anticipada que así lo declare.  

11.  Es evidente, entonces, la inconveniencia de las posiciones  precedentes, bien la que intercede por el empleo del fuero real  contemplado en el numeral 7º del artículo 28 ídem,  al contrariar frontalmente el artículo 29 ibidem;  ora, la que media por juzgar, de entrada, la legitimación de  los sujetos de la controversia, desacorde con el canon 139 de la  misma obra.  

12.  Bajo esa perspectiva, en el sub-examine,  la Agencia Nacional de Infraestructura – ANI expresó que  la competencia para el adelantamiento del pleito de expropiación  radicaba en los jueces del circuito de El Carmen de Bolívar,  por ser “el  territorio o jurisdiccion donde se encuentra ubicado el inmueble  objeto de expropiación”  [Archivo 01, expediente digital].  

No obstante, como  líneas atrás se dijo, esa elección no constituía  una alternativa procedente, porque a la actora no le es dado  renunciar al fuero preferente contemplado en su beneficio por el  legislador en los artículos 28 (numeral 10º) y 29 ejusdem  y,  adicional a ello, el fuero real previsto en el numeral 7º del  canon 28 ídem,  por así disponerlo las reglas procedimentales estudiadas,  queda inexorablemente subyugado al personal establecido en razón  de la calidad de las partes y, por tanto, inoperante.  

13. Así las  cosas, revisadas las particularidades del asunto examinado, fuerza  colegir que erró el  Juez  del Circuito del mencionado municipio al rechazar el escrito inicial,  pues allí concurrían el domicilio (del municipio) y la  sede (en el caso de la URT5)  de las entidades públicas demandadas, circunstancia que le  imponía asumir el conocimiento del asunto, ya que, en este  particular evento, la escogencia del ente estatal demandante se  armonizaba con los preceptos legales anteriormente analizados  (artículos 28, (núms. 1º y 10º) y 29 C.G.P.).  

14.        En  esas condiciones, estando como están involucradas -en ambos  extremos de la litis-  entidades que impondrían la aplicación del fueron  subjetivo reconocido en su favor, pero comoquiera que la convocante  -Agencia Nacional de Infraestructura- optó por radicar el  pedido de expropiación ante el funcionario judicial de la  municipalidad El Carmen de Bolívar, es dable determinar que  deberá adelantar el trámite en mención el  Juzgado Promiscuo del Circuito de ese lugar, de ahí que, se  ordenará la remisión de la encuadernación a  dicho estrado, al que le corresponde instruir y resolver la acción  incoada.  

III. DECISIÓN  

En mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación  Civil, RESUELVE:  

PRIMERO:  Declarar que el Juzgado Promiscuo del Circuito de El Carmen de  Bolívar es el competente para asumir el conocimiento del  proceso de expropiación referenciado.  

SEGUNDO:  Remitir el diligenciamiento a ese despacho judicial para que tramite  el proceso.  

TERCERO:  Comunicar esta decisión al Juzgado Veintisiete Civil del  Circuito de Bogotá y a la parte demandante en el juicio.  

Notifíquese,  

HILDA  GONZÁLEZ NEIRA  

Magistrada  

1          El          cual alude a que, una vez asumida la competencia por el juez, esta          queda establecida y no puede dicho funcionario variarla o          modificarla de oficio.  

2          A diferencia de los fueros electivos, en los que el promotor de una          acción tiene la posibilidad de escoger entre los jueces con          competencia (numerales 1, 5 y 6 artículo. 28 C.G.P.).  

3          Decreto 4165 del 03 noviembre de 2011.  

4          https://www.restituciondetierras.gov.co/documents/20124/801252/22Sep_DirectorioTerritoriales_URT.pdf/03f5a238-1c15-3c34-09dd-42ea71098559?t=1632327984434

      

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