S 047 97

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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S-047-97

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

Santafé   de   Bogotá  Distrito  Capital,  veintiuno (21) de agosto de mil novecientos noventa y siete (1997).   

Ref:  Expediente No. 6110  

                      Despacha la  Corte  el  recurso  extraordinario  de  revisión  interpuesto  por ROBERTO  GALEANO TRIANA contra la sentencia  del  1°  de noviembre de 1994 proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Villavicencio, dentro del proceso ordinario que contra  el   mencionado   recurrente   adelantó   LUZ  MARINA  VILLADA.   

          A N T E C E D E N T E S:   

                        1.  El  Juzgado  Civil  del  Circuito  de Granada (Meta), aprehendió conocimiento de la  demanda  por  medio  de  la  cual LUZ MARINA VILLADA ROJAS reivindicó, frente a  ROBERTO  GALEANO TRIANA, el inmueble de la carrera 15 No. 9-61 de ese Municipio,  junto  con  sus  mejoras  y frutos, sin que, a su vez, tuviese que pagar ninguna  suma por concepto de expensas.   

                      2. Fundó  esos  pedimentos  en  que  ella,  mediante escritura No. 628 del 19 de agosto de  1988,  le  compró  a  ROSALBA  VILLADA  DE RIOS los derechos de posesión y las  mejoras   edificadas   por  la  vendedora  sobre  el  aludido  predio.  Que  por  resolución  No.  040  del  19  de  julio  de  1989,  el Municipio de Granada le  “vendió”  el  terreno donde se levantan las mejoras, pero que se encontraba  privada  de  la  posesión del mismo porque el encausado ROBERTO GALEANO TRIANA,  en  circunstancias  oscuras  y  de  mala  fe,  se apoderó del inmueble mientras  estaba  desocupado,  con  la  complicidad  del  esposo  de la señora Villada de  Ríos.   

                        3.  La  primera  instancia  concluyó  con sentencia desestimatoria de las pretensiones,  decisión  que  fue revocada por el fallo ahora impugnado, por medio del cual el  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Villavicencio  ordenó  la  restitución  del  inmueble  pretendido  a  la  actora,  el  pago  a su favor de  $870.000,00  más  $6.192,42  por  cada mes que transcurriera sin que se hubiese  efectuado  la  devolución  del  predio.  A  su  vez, condenó a la demandante a  pagarle  al  demandado  la  suma de $100.000,00, correspondiente al valor en que  éste adquirió las mejoras sobre el bien.   

          FUNDAMENTO DEL RECURSO.   

                   Con apoyo en  la  causal  1ª  de  revisión  afirma  el  recurrente que la demandante VILLADA  ROJAS,  con base en la escritura de adquisición de la posesión del inmueble en  litigio,  obtuvo  que  el Municipio de Granada se lo adjudicara, no obstante que  ella  nunca  ha  estado  en  posesión del mismo, pues siempre ha permanecido en  manos  del  impugnante,  luego  de haberlo adquirido, junto con sus mejoras, por  compra  que de él hiciera a SEVERO RIOS, quien, a su vez, lo adquirió de MELVA  ORTIZ  en  1951.  El demandado GALEANO TRIANA adquirió esas mejoras por la suma  de un millón de pesos.   

                   El documento  nuevo  que  aporta  en  esta  ocasión  consiste  en  el «acta de audiencia para  recepción  de testimonio», en donde SEVERO RIOS, cuando fue interrogado bajo la  gravedad  del  juramento  ante  el  Juez Promiscuo Municipal de Granada sobre si  había  recibido  de  GALEANO  el saldo de $900.000,00, pagadero el 30 de agosto  del  año  en  que suscribió el documento, contestó: «No señora. Todavía no,  él  me  ha dado en contaditos y contaditos, seiscientos o quinientos mil pesos,  mas   o   menos,   no   estoy   seguro   (sic.)   cuanto   las   fechas  no  las  recuerdo».   

                        Si  el  Tribunal  hubiese  conocido  ese  documento,  añade  el  recurrente, no habría  ordenado  la  devolución al demandado de solo cien mil pesos, sino la totalidad  del  dinero  entregado  por  éste  por la compra del terreno y sus mejoras, con  intereses  y  corrección  monetaria.  Igualmente,  en  ese  documento relata el  testigo  que  siendo  dueño  del  terreno  y  de las mejoras, las transfirió a  GALEANO  TRIANA,  de  donde  se desprende que ROSALBA VILLADA DE RIOS, esposa de  SEVERO  RIOS,  nada  tenía  que  vender pues no tenía ningún derecho sobre el  bien y, por ende, tampoco la aquí demandante.   

                     

S E   C O N S I D E R A:  

                      1. Se ha  dicho  en  forma  reiterada  e  invariable  que  el  de  revisión es un recurso  excepcional,  formalista  y  restringido  por  medio  del  cual  se  pretende el  quebrantamiento  de  las  decisiones judiciales que han alcanzado fuerza de cosa  juzgada,  pero  que se han obtenido mediante prácticas fraudulentas o abusivas,  o con violación de las garantías esenciales del proceso.   

                      Examinado  en  sus fines últimos, o sea, escrutando sus designios más trascendentales, se  advierte  que  dicho  recurso es un instituto que concilia y conjuga dos valores  igualmente  esenciales  para  el  derecho y que, de otro modo, permanecerían en  una  incesante  e irremediable fricción de tan honda dimensión que, inclusive,  se  llegó  a  pensar que constituían una verdadera antinomia por cuanto que se  contradecían  mutua  e insalvablemente. Se trata, pues, de matizar la seguridad  jurídica  derivada  de  la  cosa  juzgada  material  y que torna las sentencias  judiciales  en  inmutables  e  indiscutibles con miras a consolidar las diversas  relaciones  que constituyen su objeto, con insoslayables imperativos de justicia  que  reclaman  que  las  decisiones  inicuas, esto es, aquellas que se ganan por  medios dolosos o ilegales deben ser invalidadas.   

                    Y es que si  bien  es  cierto  la  inmutabilidad  de  la sentencia se erige en un inmejorable  instrumento  para  que  ésta  alcance  su  primordial  designio,  es  decir, la  composición   pacífica   de  los  litigios  mediante  la  resolución  de  las  pretensiones  de la demanda, desde luego que si, como lo regula el artículo 302  del  Código  de  Procedimiento  Civil, las decisiones de esa especie tienen por  finalidad  esencial la de decidir de manera obligatoria sobre los pedimentos del  actor,  tal  designio  jamás  se alcanzaría en cuanto que el fallo pudiera ser  nuevamente  controvertido.  Si  bien las cosas son de ese modo, se decía, no es  menos  cierto  que recios principios de equidad impelen a exceptuar del rigor de  la  inalterabilidad de las sentencias a aquellas que se profieren en procesos en  los  cuales  se  conculcaron  los  rudimentos esenciales para la garantía de la  justicia  o  que  fueron ocasionadas por comportamientos desleales o deshonestos  de  quienes  en  ellos  intervinieron.  Y, cabalmente, a ese propósito sirve el  recurso extraordinario de revisión.   

                   En ese orden  de  ideas,  es patente que su ejercicio se encuentra supeditado a un conjunto de  requisitos  de diversa índole, entre los que resulta oportuno destacar que solo  procede  en  las circunstancias taxativamente previstas por el legislador y cuya  demostración,   justamente  constituye  en  objeto  de  la  prueba  durante  su  trámite,  además,  que no es un medio de impugnación  que  se  ofrezca  como  propicio  para  mejorar  la  prueba que se aportó en el  transcurso  del  proceso  en  el  cual se profirió la resolución impugnada, ni  para  subsanar  las  deficiencias de cualquier naturaleza que en él se hubiesen  cometido,  sino que, determinado por una peculiar asociación de coordenadas que  lo  estructuran,  su  cometido trasciende a un plano más elevado consistente en  franquear  la  seguridad jurídica que el efecto de cosa juzgada produce, cuando  los   fallos   se   ganan   gracias   a   prácticas   espurias  e  inadmisibles  específicamente previstas por la ley.   

                      2.  En  el  asunto  que  se  somete  ahora  al  examen  de  la  Corte,  se  advierte  que el  recurrente,  como  ya se dijera, sustenta su inconformidad en la causal 1a.  del  artículo  380  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  por cuya virtud es  procedente   el   recurso   extraordinario   de  revisión  cuando  después  de  pronunciada  la  sentencia,  se encuentran documentos que “habrían variado la  decisión  contenida  en ella, y que el recurrente no pudo aportarlos al proceso  por    fuerza    mayor    o   caso   fortuito   o   por   obra   de   la   parte  contraria”.   

                      En torno a  esta  causal,  y  para  alcanzar su éxito, es menester que por el recurrente se  demuestren  plenamente  los siguientes requisitos, claramente determinados en la  norma señalada, a saber:   

                      a)  Que se  trata  de  una  prueba  literal (documental) encontrada después de proferida la  sentencia.   

                      b)  Que el  recurrente   hubiera   estado,  dentro  de  las  oportunidades  probatorias,  en  imposibilidad  absoluta  de  allegar a éste, el referido documento, debido a la  fuerza mayor, caso fortuito o por obra de la parte contraria y,   

                      c)  Que el  documento  sea  decisivo para el caso, vale decir, que tenga tal eficacia legal,  que  de  haber  obrado  en  el  proceso  habría determinado un fallo en sentido  contrario a como fue resuelto.   

                      Con miras a  cumplir  los  requerimientos  que  el  citado  precepto  le  impone,  allegó el  recurrente  como  “documento  nuevo”,  una  fotocopia  del   “acta de  audiencia  para  recepción  de testimonio” de SEVERO RIOS, vertida, según lo  dice,  ante  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal de Granada, cuatro años antes de  proferirse la sentencia impugnada.   

                   De la detenida  lectura  de la demanda y del llamado “documento nuevo”, se observa que éste  carece  de  la  eficacia  legal  suficiente para variar sustancialmente el fallo  proferido  en  el  precitado  proceso  ordinario.  Basta observar que es el  mismo   recurrente  quien  afirma  que si dicha prueba hubiera obrado en el  expediente,    la   condena   económica   que  se  hizo  en  favor  de  su  representado, habría sido superior.   

                       En  forma  reiterada  ha  dicho  esta  Corporación  que  no  basta el hallazgo físico del  documento  para  que se pueda invocar con éxito la causal. Es indispensable que  tal  prueba  tenga  virtualidad suficiente para que, en caso de haberse aportado  en  tiempo,  produjere efectos tales, que variaran esencialmente el contenido de  la  sentencia;  es  decir, el documento debe ostentar, por sí solo, el poder de  convicción  necesario  para,  de  haber  obrado en el expediente, determinar un  cambio  sustancial  en  el sentido de la sentencia que efectivamente se adoptó,  no  aceptándose aquél que simplemente conduce a mejorar la prueba existente en  el proceso donde se profirió el fallo que se revisa.    

                        “Así,  entonces,  con  el  propósito de definir la noción de “documento decisivo”  para  los  fines  propios  del  recurso  extraordinario  de revisión dentro del  ámbito  particular  del numeral 1º del artículo 380 del C. de P.C., advirtió  la  Corte  que  ‘…no es  cualquier  prueba  que  se recobre la que da lugar a la revisión. No. La prueba  recobrada  debe ser decisiva, o sea que debe tener la eficacia legal que hubiera  sido  bastante  para  fallar el litigio de una manera contraria o muy distinta a  como  fue  resuelto.  Y  es tan evidente esto, que esta prueba es la que influye  para  invalidar  el  fallo  cuya revisión se impetra. Si, pues, se presenta una  prueba  en el juicio de revisión que no tenga operancia decisiva, el recurso no  puede   prosperar…’de  donde  se  sigue  entre  otras  cosas, que no constituyendo esa pieza documental  -bien  por  su  contenido  o  por cualquier otra circunstancia- una auténtica e  incontestable  novedad  frente  al material probatorio recogido en el proceso al  que  le  puso  fin  la  sentencia  de  cuya  revisión  se  trata,  la predicada  injusticia  de  esta resolución no puede vincularse causalmente con la ausencia  del  documento  aparecido y por eso la impugnación no puede prosperar” (Sent.  de 16 de enero de 1996, Exp. 5056).    

                     

                    De otro lado,  es  de  trascendental  importancia para el éxito del recurso, establecer que el  motivo  por  el  cual  la  prueba  documental  recobrada,  se  dejó  de aportar  oportunamente  al proceso, no lo fue por culpa imputable al recurrente, sino por  fuerza  mayor,  caso  fortuito  o por obra de la parte  contraria.   

                          En  el  sub-lite,  el  recurrente  no  solo  no  acreditó  la  imposibilidad  en que se  encontraba,  ora  por  fuerza  mayor o caso fortuito, o ya por la conducta de la  contraparte,  de  aducir  la  prueba que ahora sorpresivamente pretende aportar,  sino  que,  además,  en  un claro desdén por la exigencia legal, se abstuvo de  mencionar  cualquier  circunstancia de ese temperamento que lo hubiese forzado a  traer   el   supuesto   documento   a  través  del  recurso  extraordinario  de  revisión.   

                     3. Del mismo  modo,  las  fotocopias aportadas carecen de vigor probatorio, toda vez que de su  presunta  autenticidad  da  certidumbre  únicamente  el  Secretario del Juzgado  promiscuo  Municipal  de  Granada  (Meta), sin que exista constancia de que para  tal  efecto  fue  autorizado  previamente  por  el  juez, como de manera clara y  puntual  lo  exige  el artículo 254 del Código de Procedimiento Civil, amen de  que  por  tratarse  de  un  testimonio  trasladado  de  otro juicio, su eficacia  demostrativa  se  subordina a que la parte frente a quien ahora se aduce hubiese  podido controvertirlo y  de lo cual no se tiene conocimiento.   

                     Es palpable,  entonces, que el recurso que aquí se despacha no puede prosperar.   

D E C I S I O N  

                     En mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Civil y  Agraria,  administrando  justicia  en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

                      PRIMERO.-  Declárase  infundado  el  recurso  extraordinario de  revisión     propuesto    por    ROBERTO    GALEANO  TRIANA  contra  la  sentencia  del 1° de noviembre de  1994  proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Villavicencio,  dentro del proceso ordinario que contra el mencionado recurrente  adelantó LUZ MARINA VILLADA.   

                 SEGUNDO.-     En    consecuencia,  condénase  al  recurrente al pago de las costas y los perjuicios causados, para  lo  cual  se  hará  efectiva  la  caución prestada. Los perjuicios liquídense  mediante  incidente  (art.  384  del C. de P.C.). Tásense las costas. Ofíciese  para los efectos pertinentes a la compañía aseguradora.   

Cópiese,      notifíquese      y  devuélvase   

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

RAFAEL ROMERO SIERRRA  

    

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