S 054 99

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

S-054-99

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado Ponente:  

Dr.    JORGE    ANTONIO    CASTILLO  RUGELES   

Santafé  de  Bogotá,  Distrito  Capital,  veintitrés   (23)   de   septiembre   de   mil   novecientos  noventa  y  nueve  (1999).   

                                      Ref:    Expediente    No.  6305   

ANTECEDENTES  

                                             1.                      Díjose  en  el  libelo  demandatorio que LILIA  INES  ESPINOSA  ESCANDON  y  RICARDO  SANABRIA  SANCHEZ  contrajeron  matrimonio  canónico  el 26 de agosto de 1972, en la parroquia de la Inmaculada Concepción  del  Chicó,  en Santafé de Bogotá D. C. Que la demandante presentó solicitud  de  divorcio ante la Corte del Circuito Judicial 11 del Estado de Dade, Florida,  Estados  Unidos  de Norteamérica, la cual, tras la debida instrucción, dispuso  el  24  de  enero  de  1995, que “los vínculos matrimoniales entre las partes  quedan  disueltos, pues el matrimonio está definitivamente roto”, providencia  que no fue apelada por ninguno de los interesados.   

                     Agrega que  esa  decisión no se opone a las leyes colombianas sobre la materia, teniendo en  cuenta  lo  prescrito  por  la Ley 25 de 1992, amén que no versa sobre derechos  reales,  ni se opone al orden público colombiano, que en el punto concuerda con  el  orden  público  de los países de cultura occidental; además, el asunto no  es  de competencia exclusiva de los jueces colombianos tomando en consideración  la  residencia  de las partes; tampoco ha mediado proceso en este país sobre el  mismo  y,  finalmente,  los jueces norteamericanos cumplieron el requisito de la  debida  citación y contradicción del demandado, conforme a la normativa de ese  país,  concretamente  en  lo  concerniente  al procedimiento a seguir cuando el  demandado  no  comparece.  “Por  ello  se  pudo  llegar  a la ejecutoria de la  sentencia,  siguiendo  el  procedimiento  propio  del  país  de origen, como se  comprueba       con       un      ‘affidavit’  …”.   

                           La  sentencia,  cuyo  pase se solicita, tiene alcances similares a los que la Ley 25  de  1992 denomina “cesación de efectos civiles de matrimonio religioso”. De  igual  modo,  no  existe  tratado  público  o  convenio  entre los gobiernos de  Colombia  y  los  Estados  Unidos  de Norteamérica para atender el exequatur de  sentencias  proferidas en uno u otro país, pues así lo certifica el jefe de la  oficina  jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, mediante  oficio  No.  18.119  de  junio 1° de 1995 que se allega. Subsecuentemente, para  suplir   la   deficiencia   “internacional”   anotada,   se   aportan   tres  declaraciones  o  certificaciones,  debidamente  traducidas,  expedidas  por los  abogados  GLENN  G.  KOLK, EDITH G. OSMAN y JOHN ANDRES THORTON, quienes afirman  que  los  tribunales  del  Estado  de  la  Florida  le  han  dado  y  le  darán  reconocimiento   y   eficacia   a   las   sentencias   proferidas   por   jueces  colombianos.   

                                  Finalmente,  para  comprobar la  ejecutoria  de  la  sentencia  cuyo  exequatur  se pretende, dado que el sistema  estaudinense   difiere   del   colombiano,   se   acompaña  un  “affidavit”  debidamente  diligenciado  y  suscrito ante por autoridad competente del condado  de Dade, Florida.   

                                   2.-            Noticiado  y  oído  el  Ministerio  Público  e,  igualmente, notificado en forma personal a través del  Consulado  General  de  Colombia  en Miami, el señor RICARDO SANABRIA SÁNCHEZ,  quien  al  respecto  guardó  silencio,  se  abrió  a  pruebas el asunto por el  término  legal,  vencido  el  cual  se  corrió  traslado a las partes para que  presentaran  sus alegatos de conclusión. Cumplido lo ordenado en auto del 22 de  septiembre  de  1998,  que  decretó  oficiosamente  algunas  pruebas, se impone  resolver lo pertinente, a lo cual se procede previas las siguientes   

CONSIDERACIONES  

                     1. Si bien  no  puede negarse que una de las manifestaciones más palpables de la soberanía  del  Estado  se  percibe en el ejercicio exclusivo de la jurisdicción, esto es,  en  la  atribución  preeminente  que  éste se arroga para administrar justicia  dentro  de  su  territorio,  tampoco  es  posible  desconocer que imperativos de  cooperación   internacional,   cada   vez  más  apremiantes,  por  lo  demás,  establecen  que  las  decisiones  judiciales  proferidas  en un país extranjero  tengan  debido  cumplimiento  dentro  de  los  confines  territoriales  de otro,  principio  este  que,  por  supuesto, no encuentra excepción en la legislación  colombiana,  la  cual,  aunándose  al  concierto de las naciones, prevé que en  cuanto  se  reúnan a cabalidad las condiciones prescritas en los artículos 693  y  694  del Código de Procedimiento Civil, hay lugar a reconocer eficacia a las  sentencias emanadas de autoridades judiciales foráneas.   

                           En  consecuencia,  para  que  así acontezca es menester que el país en el cual fue  proferida  la  sentencia cuyo pase se pretende, le conceda eficacia, a su vez, a  las  decisiones  emanadas  de  los  jueces  nacionales,  ya sea por virtud de la  denominada       reciprocidad       diplomática,  esto es, por así haberlo estipulado los dos Estados  en  el  marco de un tratado internacional, o, a falta de éste, por razón de la  reciprocidad  legislativa,  es decir, mediando prescripción legal que reconozca  efectividad  a  las  sentencias  proferidas por jueces extranjeros, entre ellos,  obviamente, los colombianos.   

                        2.  De  conformidad  con  la  certificación  expedida  por  la  Oficina  Jurídica  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  (folio  12  del  expediente),  no existe  ningún  tratado bilateral o multilateral que vincule a Colombia con los Estados  Unidos  de Norteamérica en lo concerniente “al reconocimiento y ejecución en  cada  uno  de  estos  dos  países, de las sentencias proferidas por el otro”,  razón  por  la cual es menester indagar si dentro de la legislación interna de  esa  nación,  concretamente,  en el Estado de la Florida, pueden tener eficacia  las decisiones emanadas de jueces colombianos.   

                   Al respecto,  obran  en  el  expediente  las  declaraciones rendidas por los abogados GLENN G.  KOLK,  JOHN  ANDRES  THORNTON,  EDITH  G.  OSMAN  y YARA L. BASHOOR, quienes, en  síntesis,  testifican  que las sentencias proferidas por los jueces colombianos  son  ejecutables en el Estado de la Florida, testimonios éstos que, conforme lo  tiene  dicho  la  Corte,  no  requieren  ratificación  en  el  proceso pues tal  requisito  no  lo  impone  el  artículo 188 del Código de Procedimiento Civil,  amén   que  el  artículo  229  ejusdem,  prescribe  que sólo podrán ratificarse las declaraciones que se  hubiesen  recibido  fuera  del  proceso,  en  los  casos  y  con  los requisitos  previstos      en      los     artículos     298     y     299     ibídem.   “Estas   disposiciones  en  ningún  momento  se  refieren  a  los  testimonios  rendidos por abogados en el  exterior  para dar fe del contenido de la ley extranjera, testimonios que por la  materia  sobre  la cual versan, difieren de la simple declaración de un tercero  sobre  hechos que le constan. Así, en la forma en que ya se expresó en el caso  del  testimonio  al  que  se  refiere  el  artículo  188  es  preferible que el  deponente  se  presente  con  una  información  preparada  y  completa y que no  declare  a la ligera, sin esa necesaria preparación previa” (Sentencia del 19  de julio de 1994).   

                     3. De otro  lado,  obra  en  el  expediente  copia  debidamente legalizada y traducida de la  sentencia  cuyo  exequatur  se  reclama,  de la cual afirmaron los abogados JOHN  THORNTON  y YARA BASHOOR, bajo juramento, que cuando una providencia judicial se  certifica  como  “final”  en el estado de la Florida, como aquí sucede, tal  manifestación  “equivale  a  lo  que  en  el  derecho  latino se entiende por  ejecutoriada”.   

                      En  todo  caso,  no sobra advertir que el encartado RICARDO SANABRIA, quien fue notificado  personalmente  de  la  existencia  de  esta  causa,  permaneció en silencio, no  obstante  que  podía  aportar  oportunamente  los  elementos de convicción que  pudieran   enervar   o   aminorar   el   mérito   probatorio   de  todas  estas  testificaciones que le eran adversas.   

                      4.  Así  mismo,  la  sentencia cuyo exequatur se reclama, no contraría el orden público  Colombiano,  toda vez que en la actualidad, de conformidad con lo previsto en la  ley  25  de  1992, se admite la cesación de los efectos civiles del matrimonio,  situación  enteramente  asimilable  al  divorcio,  aun  cuando  no  disuelva el  vínculo   que   emana   del  matrimonio  canónico  desde  el  punto  de  vista  estrictamente religioso.   

                    Además, no  son  ajenas  a  nuestra  legislación  las  razones  aducidas  por el Juez de la  Corte  del  Circuito Judicial 11 del Condado de Dade,  Florida,  Estados  Unidos  de  Norteamérica, para acceder al divorcio que se le  impetraba,  pues en el punto éste tuvo en consideración que “…el demandado  abandonó  a  su  familia en o alrededor de junio 2 de 1994, cuando salió de la  cárcel  y  no  regresó al hogar matrimonial”; que “…el demandado solo ha  tenido  contacto  ocasional  telefónico  con  cualquiera de sus hijos desde que  abandonó  a su familia. Durante este período no ha hecho ningún esfuerzo para  estar  con  ellos  o  para  verlos.  Durante  este  mismo período, el demandado  también  ha  incumplido  en  suministrar algún dinero para el mantenimiento de  sus  hijos…”,  circunstancias  todas  ellas que ponen de presente un grave e  injustificado  incumplimiento  del cónyuge de sus deberes como tal y como padre  (artículo 6° ley 25 de 1992).   

                     5. En fin,  como  se  reúnen  a cabalidad las exigencias legales para conceder el exequatur  reclamado, a ello procederá la Corte.   

DECISION             

                     En mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Civil y  Agraria,  administrando  justicia  en nombre de la República y por autoridad de  la    ley   CONCEDE   EL   EXEQUATUR,   sólo  para  los  efectos  civiles  correspondiente,  conforme a lo  dicho  en  la  parte  motiva, a la sentencia proferida  por  la  Corte  del  Circuito  Judicial 11 del Condado de Dade, Florida, Estados  Unidos  de  Norteamérica,  por  medio  de la cual se ordenó la disolución del  matrimonio   celebrado   entre  LILIA  INES  ESPINOSA  ESCANDON y RICARDO SANABRIA  SANCHEZ.   

                                 Para los efectos previstos en los  artículos  6  y  106  del  Decreto  1260  de  1970  y 9° de la Ley 25 de 1992,  ofíciese  a  la  Notaría 7ª del Círculo de esta ciudad para que tome nota de  esta  sentencia  y  de  la  proferida  por la Corte del Circuito Judicial 11 del  Cóndado  de  Dade,  Florida  de  los  Estados  Unidos  de América, en el folio  pertinente del libro de matrimonios.   

Costas a cargo del demandado.  

Notifíquese  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

MANUEL ARDILA VELASQUEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *