S 055 99

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-055-99

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado   Ponente:  Dr.  CARLOS  IGNACIO  JARAMILLO JARAMILLO   

Santafé de Bogotá, D. C., veinticuatro (24)  de septiembre de mil novecientos noventa y nueve (1999)   

                                Referencia:     Expediente     No.  6640   

Se  decide por la Sala la solicitud formulada  por  LUIS  VEGA  OLAYA para que la Corte Suprema de Justicia conceda exequatur a  la  sentencia  pronunciada  el 17 de abril de 1953 por el Tribunal del Undécimo  Circuito   Judicial   del   Condado   de   Dade,   Florida,  Estados  Unidos  de  Norteamérica,  en  el  proceso  de  divorcio  “litigado  en  un  Tribunal  de  Equidad”  incoado  por  la  señora  REBECA RAMIREZ VALENZUELA contra el aquí  demandante.   

I. ANTECEDENTES  

                               

1. Mediante demanda que obra a folios 17 a 22  del  Cuaderno  de  la  Corte,  el  señor  LUIS  VEGA  OLAYA,  mayor y vecino de  Maracaibo,  Venezuela,  solicitó  a  la  Corte  Suprema  de Justicia se conceda  exequatur  a  la sentencia de fecha 17 de abril de 1953 emanada del Tribunal del  Undécimo   Circuito   del   Condado   de   Dade,  Florida,  Estados  Unidos  de  Norteamérica,  “litigado  en  un  Tribunal  de  Equidad”,  por  la  cual se  decretó  el  divorcio  entre  él  y  su esposa, se le otorgó la guarda de los  hijos  a  la  demandante  y,  además, se le restituyó el apellido de soltera a  REBECA RAMIREZ (folio 29 vto.).   

2. La petición de exequatur se fundamentó en  los hechos que a continuación se sintetizan:   

          A.   El   demandante   y   la  señora  Rebeca  Ramírez,  ambos  de  nacionalidad  colombiana, contrajeron matrimonio el día 17 de julio de 1943, en  la ciudad de Bogotá.   

          B.   El  día  17  de  abril  de  1953 el Tribunal de Undécimo  Circuito  Judicial del Condado de Dade, Florida, Estados Unidos de Norteamérica  decretó  el  divorcio entre ellos, se le restituyó el apellido de soltera a la  demandante  en  aquél  proceso,  Rebeca  Ramírez  Valenzuela y, además, se le  concedió  la  guarda  de  los hijos habidos en el matrimonio. Esa decisión fue  inscrita  en  el  Consulado  General en Miami (USA), “…por ser residentes en  Venezuela  y a su vez en el Ministerio de Relaciones Exteriores, como aparece en  autos…”,  amén  de  que también fue autenticado en el Consulado colombiano  en  Miami y en el Ministerio de Relaciones Exteriores de nuestro país (folio 18  cdno. Corte).   

           C.    Durante   la  vigencia  del  matrimonio  procrearon  dos  hijos de nombres Rafael y Marta “… quienes a la  fecha  son  mayores  de  edad  e  independientes”;  en  ese  lapso la sociedad  conyugal  no  adquirió  ninguna  clase  de  bienes y tampoco existe en Colombia  “…proceso  en  curso ni sentencia ejecutoriada de jueces nacionales sobre el  mismo asunto.” (folio 18 cdno. Corte).   

           D.   Afirmó  el  demandante,  que  la  decisión  tomada  por  el  Tribunal norteamericano “…no se opone a la ley y  otras  disposiciones…”  aparte  de  que hay “…identidad sobre la materia  con  las  normas de divorcio que rigen en los Estados Unidos de América, según  el art. 5° literal b) del Decreto 2272 de 1989…”.   

                               

          E.   Sostuvo  el  solicitante que como las normas del Estado de  la  Florida, Estados Unidos, no contemplan la certificación de la ejecutoria de  las  sentencias,  él  como prueba supletoria de tal acto, aportó la constancia  de  dos  abogados de ese Estado “…cuyo documento está debidamente traducido  y  autenticado y se anexa y cuyos testimonios responden a la acreditada practica  (sic)  de  los  “certificats de costume” y de “affidavit de conocedores”  de acuerdo con el artículo 409 del Código Bustamante”.   

          F.  Admitió  el memorialista que “No existen tratados o convenios  vigentes  sobre  el  reconocimiento  recíproco  del  valor  de  las  sentencias  producidas   por   autoridades  jurisdiccionales  de  ambos  países  en  causas  matrimoniales”;  finalizó  su  escrito,  el  demandante, manifestando que con  esta   actuación   se  pretende  el  registro  de  la  aludida  sentencia  para  “…historiar  el divorcio en los antecedentes de la asignación de retiro que  la  Caja  de  Retiro  de  la FF.MM. le paga al señor Tte. Luis Vega Olaya .“(  folio 19 cdno. Corte).   

3.   Por auto del 24 de abril de 1997 se  admitió  la demanda, en la que se solicita conceder el exequatur a la sentencia  extranjera  a la que se ha hecho referencia; allí mismo se dispuso que, como el  demandante  dijo  desconocer  el  domicilio,  residencia  o  lugar donde pudiera  hallarse  a  la  señora  Ramírez Valenzuela, con sujeción a lo normado por el  artículo  318  del  Código  de  Procedimiento Civil, ésta fuera emplazada; se  notificó de ello al Procurador Delegado en lo Civil.   

          A.  Al  descorrer  el  traslado,  la  representante  del  Ministerio  Público  manifestó  respecto de los hechos primero, segundo, tercero, séptimo  y  octavo de la demanda que, como el demandante lo que hizo fue aportar pruebas,  ella  se  remite al valor que a las mismas le den las normas procesales; dice no  constarle,  el  cuarto,  quinto, noveno y décimo. Le niega la calidad de tales,  al sexto, décimo primero, trece, catorce, décimo quinto.   

                    1.  Dijo  la  prenombrada  funcionaria,  que como “…el artículo 593 (sic) del Código  de  Procedimiento Civil consagra la existencia de la reciprocidad diplomática o  legislativa  con el país extranjero que haya dictado la respectiva providencia,  habrá  de demostrarse esta situación por los medios idóneos…”, razón por  la  cual  solicitó   la práctica de algunas pruebas encaminadas a ese fin  (folios 30 a 33 cdno. Corte).   

                        2.   Rituado   por  los  cauces  legales  el  emplazamiento  a  la  señora  Ramírez  Valenzuela  y,  vencido  el  término para que concurriera al proceso sin que lo  hiciera,  se le designó curador ad litem (folio 40 ib.) quien, al no manifestar  en  tiempo  la  aceptación  del  cargo,  se  reemplazó por otro auxiliar de la  justicia,  según  auto  del  14  de  julio  de  1997  que  corre a folio 44 del  expediente.   

                    3. Notificado  el  curador  ad litem de la señora Ramírez Valenzuela del auto admisorio de la  demanda  de  exequatur  y,  efectuado el correspondiente traslado, éste, dentro  del término legal contestó la demanda, así:   

                             a)  En  principio,  no  se  opuso  a las  pretensiones  porque  “…resultan  viables  legalmente…”. Sin embargo, se  remite  a  lo  que  resulte  probado  según los términos del artículo 177 del  Código de Procedimiento Civil ( folio 48 cdno. Corte).   

                             b) De los hechos, dice que son ciertos el  1°,  2°  y 3°. Manifestó no constarle el 4°, 5°, 9°,10° y 12°; del 6°,  7°,  8°,  13°,  14°  y  15°  afirma  que  son  apreciaciones “…de orden  jurídico…”  (folio  48 ib.). De allí que concluyó su escrito manifestando  que  no propone excepciones “…por desconocer los hechos que puedan servir de  fundamento a las mismas…”   

4.  La Corte, en auto del 30 de julio de 1997  (fls.  52  y 53 del expediente),  abrió a pruebas el trámite del presente  exequatur  según  el  término estipulado en el numeral 5 del artículo 695 del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  allí dispuso tener como prueba, en cuanto  derecho  corresponda,  los documentos adosados por el demandante al libelo de la  demanda  y,  además, ordenó solicitar información al Ministerio de Relaciones  Exteriores  de  Colombia  “… con destino a este proceso, si en la actualidad  existe  tratado  vigente  con  los  Estados  Unidos de Norteamérica que conceda  efectos  recíprocos  a  las  sentencias judiciales proferidas en ambos países,  especialmente  en  materia  de  divorcio…”.   Y  también  “al señor  Cónsul  de  los  Estados  Unidos  de  Norteamérica”,  con   el  fin  de  “informar  si  existe  legislación  vigente en su país que conceda efectos a  sentencias  proferidas  en  el exterior, especialmente sobre divorcio” (fl. 53  ibídem).   

            A. Vencido el período probatorio sin que  se  hubieran  allegado  las  pruebas  pedidas,  la  Corte  por  auto  del  11 de  septiembre  de 1997 dispuso requerir al Ministerio de Relaciones Exteriores para  que  informara  sobre el trámite “dado a la solicitud que por conducto de él  se   ordenó  elevar  ‘al  señor    Cónsul   de   los   Estados   Unidos   de   Norteamérica’” (fl. 56 cuaderno Corte), lo que en  efecto   se  hizo,  remitiendo  escrito  contentivo  de  las  gestiones  que  la  Subsecretaría  de  Comunidades  Colombianas en el Exterior y Asuntos Consulares  del    mencionado    Ministerio,    había    adelantado    (fls.    57   a   64  ibídem).   

          B.   La  Corte  al advertir precluída la etapa probatoria, con  base  en  lo  normado  en  el  numeral  6  del  artículo  695  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  ordenó el traslado común a las partes para que alegaran  de  conclusión  y,  según informe secretarial, dicho término se “venció en  SILENCIO” (fl. 64 fte. y vto. ibídem).   

          C.  La  Corte, en auto de 29 de enero de 1998 (fls. 65 y 66 cuaderno  del  expediente),  hizo uso de la facultad que le confieren los artículos 179 y  180  del  Código de Procedimiento Civil  y, con base en ellos dispuso que,  en  “…  cumplimiento  de  las formalidades establecidas por el artículo 193  del  Código  de  Procedimiento  Civil  envíese carta rogatoria al Tribunal del  Undécimo  Circuito  Judicial de Dade, Florida, Estados Unidos de Norteamérica,  para  que  en  desarrollo  del  principio  de  la  mutua  cooperación entre los  Estados,  si  lo  tiene  a  bien,  (…)  informe  a  esta Corporación sobre la  existencia   o   inexistencia   de   ‘precedentes’  en  virtud  de  los  cuales  se  hubieren concedido efectos civiles a sentencias  judiciales  proferidas  por  los  jueces  extranjeros en materia de divorcio, en  caso  afirmativo, cuáles son los requisitos exigidos para tal fin, y si ello ha  ocurrido en relación con sentencias de jueces colombianos …”   

          D.  Según  informó  con  fecha  22  de  mayo  de  1998  el Segundo  Secretario  de  la  Embajada  de  Colombia  en Washington D. C. al Ministerio de  Relaciones  Exteriores, la carta rogatoria fue enviada al Departamento de Estado  de  los Estados Unidos de Norteamérica para su trámite, tal y como lo reafirma  la  Secretaría  de  la  Sala de Casación Civil y Agraria de la Corporación al  indicar  que  “…  hasta  el  momento  no ha regresado diligenciada …” la  aludida carta rogatoria. (fl. 70 cdno. de la Corte).   

II. CONSIDERACIONES  

1.- En desarrollo de la soberanía estatal, al  Estado  le  corresponde  la administración de justicia con carácter exclusivo,  amén  de  obligatorio  en  todo  el territorio nacional, motivo por el cual las  sentencias  proferidas  por  Jueces  extranjeros,  en  línea  de  principio, no  producen efectos en Colombia.   

2.-   Con  todo,  excepción  al  señalado  principio,  de  amplio  espectro  en la esfera judicial, lo constituye el axioma  consignado   en  el  artículo  693  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  al  establecer  que,  “las  sentencias y otras  providencias que revistan tal  carácter,  pronunciadas  en  un  país  extranjero en proceso contenciosos o de  jurisdicción  voluntaria,  tendrán  en Colombia la fuerza que les concedan los  Tratados  existentes  con ese país, y en su defecto la que allí se reconozca a  las proferidas en Colombia”.   

         

          A.  Es  así  por lo que la Corte en diferentes providencias, a  puesto  de  relieve  que  “las sentencias proferidas por jueces extranjeros no  surten  efectos en Colombia, a menos que, con sujeción a la legislación patria  se  concede  a  ellas,  con  el  lleno  de  los  requisitos  establecidos por el  artículo    694    del   Código   de   Procedimiento   Civil,   el   exequatur  correspondiente.” (Sentencia 12 de agosto de 1997. Exp. No.6174)   

          B.   También   ha   dicho   esta   Corporación   que  “la  reciprocidad  diplomática tiene lugar cuando entre Colombia  y  el  país de donde proviene la decisión judicial objeto del exequatur, se ha  suscrito   tratado  público  que  permita  igual  tratamiento  en  este  Estado  extranjero  a las sentencias emitidas por jueces colombianos, de manera que como  contraprestación  a  la  fuerza que éstas tengan en aquél, las suyas vinculen  en  nuestro  territorio”  (Sent. 25 de septiembre de  1996, Exp. 5524).   

          C.  De  igual  manera  ha  sostenido  la  Sala  que  “la   reciprocidad  legislativa  toma  asiento,  por  su  parte,  al  reconocérsele  efectos  jurídicos  a  las sentencias de los jueces colombianos  por  la  legislación  del  país  de  donde  proviene  la decisión materia del  exequatur,  pues  igual  fuerza vinculante tendrán las decisiones de sus jueces  en  el  Territorio  Nacional,  siendo  entendido  que esta forma de reciprocidad  puede  ser  a  su  vez  basada  en  textos  legales  escritos  o en la práctica  jurisprudencial   imperante   en   el  país  de  origen  del  fallo  objeto  de  exequatur” (Sentencia ibídem).   

          D.   “Conviene al respecto señalar  -ha  reseñado también esta Corte-, que las decisiones judiciales en el sistema  de  derecho  anglosajón  tienen  por  objeto  no  sólo definir la controversia  planteada  sino  también  descubrir  la  ley  natural  aplicable  a  los hechos  presentados,  creando un precedente que puede ser utilizado por otros tribunales  enfrentados  a  casos  similares.  Este principio de la autoridad del precedente  legal,  llamado  también  stare  decisis  (estarse  a lo decidido sin perturbar  puntos  ya  fijados)  no se encuentra escrito ni siquiera en la Constitución de  los  Estados  Unidos,  pero  su  respeto  ha  permitido  el desarrollo jurídico  estable,  equitativo  y predecible de los países que lo han acogido.”   

“El  holding  o  regla que se derive de la decisión de un  juez  es  entonces  seguido respetuosamente por las demás cortes en casos donde  los  hechos  se  asimilan  al  supuesto  que originó la decisión anterior. Sin  embargo,  cuando  al aplicar el holding el juez observa que puede producir en el  caso  particular  una injusticia, o, simplemente, las condiciones han cambiado y  hacen  de  ese  holding una decisión inapropiada para la época, la corte puede  alejarse    del    precedente    (overruled)    y    fallar    como    considere  acertado”.   

“A  pesar de ser  los  jueces  quienes  desarrollan  la  ley  en este sistema de derecho, ellos no  deben  expresar  reglas para casos que no les han sido presentados. Si lo hacen,  lo  así  dicho  será  considerado  dictum  y se le respetará, pero no tendrá  autoridad  como  precedente  y  no  tendrá que ser seguido por las otras cortes  cuando  se  presente  un  asunto  en el que la controversia radique precisamente  sobre   el  tema  que  se  analizó  como  dictum  en  otro  proceso”.   

“Con  lo  dicho  anteriormente    se    quiere    dejar    en    claro    que   la   ‘ley’  en el sistema anglosajón, salvo en  determinadas  materias,  no  se encuentra escrita en términos generales. Que es  tarea  del juez y del abogado examinar si existen o no, de acuerdo con los casos  que  se  han  presentado, reglas definidas aplicables al caso que se litiga y si  concurre  algún  hecho que haga diferente la situación como para no aplicar el  precedente  ya  desarrollado por los jueces. Por estas razones, la certeza total  sobre   la  aplicación  de  una  decisión  a  un  caso  específico  no  puede  encontrarse  en  este  sistema  de derecho referido”.  (Sentencia de 19 de junio de 1994, Exp. 3894).   

3. De igual modo ha sostenido la Corte que,  para  la  prosperidad  de  la demanda, “La actividad  del  actor  debe  estar  orientada,  pues,  a  demostrar  la  existencia  de  la  reciprocidad  diplomática  o,  en su defecto, de la legislativa, de conformidad  con  lo  establecido  por  el artículo 177 del Estatuto Procedimental Civil que  impone  a  las  partes  ‘  probar  el supuesto de hecho de las normas que consagran el efecto jurídico que  ellas  persiguen’. Si se  cumplen  esas  exigencias  el  exequatur  deberá  otorgarse siempre que se den,  además,  los  restantes  requisitos  previstos  en el artículo 694 de la misma  obra,  requisitos  cuyo  sentido  general  no  es  otro  que el de establecer la  regularidad  internacional  de  la sentencia, sin entrar a calificar la justicia  intrínseca  de  la  primera decisión jurisdiccional mediante dicha providencia  adoptada”.  (Sent.  septiembre  25  de  1996.  Exp.  5724).   

4.  Sentado  todo  lo  anterior,  la  Corte  analizará,  seguidamente,  si  en  el  asunto  bajo  su  examen  se cumplen las  exigencias  contempladas en el artículo 693 del Código de Procedimiento Civil,  y  de ser así, pasaría al estudio de los requisitos enlistados en el artículo  694 de la codificación citada.   

          A.  Basta  una  simple  ojeada  al acápite de pruebas de la demanda  (folio  22  cdno.  Corte)  para advertir claramente, sin mayores disquisiciones,  que  en  modo  alguno las probanzas allí vertidas apuntan a la demostración de  las  aludidas  reciprocidades  diplomática  o  legislativa, lo cual, insiste la  Corporación,  se traduce en carga que soporta y debe aliviar el actor, conforme  lo preceptúa el artículo 177 del Código de Procedimiento Civil.   

          B.  Sin  embargo,  la  Corte,  inicialmente,  y, dentro del período  probatorio  que  ordena  la  ley  (Art.  695.5  Código de Procedimiento Civil),  ordenó  formular  las  solicitudes  pertinentes  al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  y,  por  intermedio  de  éste,  al Cónsul de los Estados Unidos de  Norteamérica,   en  procura  de  lograr  las  mentadas  exigencias  del  citado  artículo   693   del  Código  de  Procedimiento  Civil  (folios  52  y  53  C.  Ib.).   

                               

A folio 55 milita comunicación suscrita por  el  Jefe  de  la  Oficina  Jurídica  del  Ministerio  de Relaciones Exteriores,  identificada  como  O.J.A.T.  046362  de fecha 5 de septiembre de 1997 en la que  informa  “…que  revisados  los  archivos  de  esta  oficina  no se encontró  instrumento  internacional  en  la materia suscrito bilateralmente o en el Marco  de  un  Organismo  Internacional,  con  el  mencionado país”. Con base en ese  informe  se profirió el auto del 11 de septiembre de ese mismo año para que se  requiriera  al  Ministerio en mención y diera cuenta del trámite atinente a la  solicitud  que por su intermedio se le había formulado al señor Cónsul de los  Estados Unidos de Norteamérica (folio 56 ibídem.).   

                               

          C.  Posteriormente la Corte, de oficio y, a pesar de haberse vencido  el  período probatorio, con base en las facultades otorgadas por los artículos  179  y 180 del Código de Procedimiento Civil, resolvió solicitar al Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  previo  el lleno de los requisitos señalados en el  artículo  193  de  la  obra tantas veces citada, para que  dirigiera carta  rogatoria  al  Tribunal  del  Undécimo  Circuito  Judicial del Condado Dade, de  Miami,   Florida,  Estados  Unidos  de  Norteamérica  (folios  65  y  66  ib.).   

          D.  Finalmente, con fecha 26 de enero de 1999 de la Secretaría Sala  de  Casación  Civil  y  Agraria de la Corporación informó que “hasta  el  momento  no  se  ha  regresado  diligenciada,  la  Carta  Rogatoria…” (folio 70 cdno. Corte).   

          E.  De  todo  lo hasta aquí reseñado, fuerza concluir que, a pesar  del  empeño  que la Corte puso en la aducción de las referidas pruebas, éstas  no  se allegaron al expediente, con lo cual también quedó demostrado, de paso,  el  escaso  interés  del  demandante  en hacerlo bien a través de la demanda o  posteriormente,  lo cual lleva a la Corporación afirmar, lisa y llanamente, que  el   actor   no   cumplió   con   la   carga  probatoria  que,  “ministerio        legis”,       le  incumbía.   

5.  Por  lo  expuesto,  se  impone denegar lo  solicitado.   

III. D E C I S I O N  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil y Agraria, administrando justicia en nombre  de  la  República  y  por  autoridad  de  la  ley, NO CONCEDE EL EXEQUATUR a la  sentencia  proferida  el  17  de  abril  de  1953  por el Tribunal del Undécimo  Circuito  Judicial  de  y  para  el  Condado  Dade,  Florida,  Estados Unidos de  Norteamérica,  No.  156952-E. dentro del proceso de divorcio de REBECA RAMIREZ,  como demandante y LUIS VEGA, como demandado.   

Condenar en costas al demandante.  

Notifíquese y cúmplase.  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

MANUEL ARDILA VELASQUEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

JOSÉ FERNANDO RAMIREZ GÓMEZ  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO    

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