SC 056 2005 [7730]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

SC-056-2005 [7730]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

MAGISTRADO PONENTE:  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

Bogotá  D.C.,  ocho  (8) de abril de dos mil  cinco (2005).   

Referencia:  Expediente  número 7730.   

                              Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  demandada  contra  la  sentencia  de 5 de octubre de 1999,  proferida  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Ibagué,  dentro  del  proceso  ordinario promovido por Ricardo Eduardo Villegas  Ruenes  y Ricardo Villegas Gamboa frente a la Central Hidroeléctrica de Betania  S. A.   

I. ANTECEDENTES  

                              1.   En  el  correspondiente  acto introductorio del proceso solicitan los demandantes que se  declare  civilmente  responsable  a  la  demandada  de los daños que causó con  ocasión  de  las  inundaciones  de los días 7 y 8 de febrero, 7, 8, 19 y 20 de  marzo,  19, 20, 21 y 22 de julio de 1996 de que fue objeto la finca “El          Milagro”,  ubicada en la vereda de “Peñón         Alto” del Municipio de Prado, provocadas con  la  apertura  de  las  compuertas de la represa Betania; que se disponga que esa  responsabilidad  se  debe “a  la     imprevisión,     negligencia,     impericia    y    descuido”  de  sus  funcionarios en “el  mal  manejo  de  la  operación  de  evacuación  de  las  aguas  represadas”,    al    no   tomarse   “con  anterioridad  al  desastre, los medios, informaciones y medidas  pertinentes      para      evitar      el      ruinoso     resultado”  a aquel predio; y que se la condene a  pagarles $11´477.550, por la  pérdida  total  de  7 hectáreas 6.517 metros cuadrados del señalado inmueble,  $300.000,  por  los  daños  causados  a  la  casa  destinada para el mayordomo,  $300.000,  por  las  cercas  y  corrales, $1´200.000, por la compra que durante  tres  meses  hicieron  de pastos para 90 cabezas de ganado, $48´522.300, por el  menor  valor  comercial  de  esa  propiedad, y $88´740.000, a favor de Villegas  Ruenes,  por  la  pérdida  de 12 hectáreas de cultivo de plátano.                             

2.  Fundamentan sus  pretensiones en los hechos que seguidamente se compendian:   

a)    Son  copropietarios  del inmueble denominado “El Milagro”, como lo establecen los  documentos  idóneos  que aportan, el que explotaban económicamente, según los  diferentes  actos  que  requieren,  para  la época en que ocurrieron los hechos  generadores de la responsabilidad civil que demandan.   

b) Los días 8, 9 y  10  de  febrero,  7,  8,  9,  19, 20 y 21 de marzo y 19, 20, 21 y 22 de julio de  1996,    “en   épocas  invernales  y  en pleno verano (la última), al alcanzar las cotas máximas, las  compuertas  de  la Represa de Betania fueron abiertas para evacuar sobre el río  Magdalena   volúmenes   de   agua  aproximados  a  2.500  metros  cúbicos  por  segundo”,   provocando  descargas  decrecientes  en  intensidad con el paso de los días, que, a su vez,  ocasionaron  la  avalancha  de  aquella  vertiente y la causación de los daños  cuya reparación aquí persiguen.   

                             c)  Conforme a  los  estudios  técnicos  realizados  en su momento, en los que se contempló el  comportamiento  del  Río  Grande  de  la  Magdalena  y  el  de  sus  afluentes,  especialmente  en  lo  tocante a la periodicidad e intensidad de sus crecientes,  la  represa  de  Betania debía servir, entre otros fines, para controlar, aguas  abajo  del embalse, aquéllas y para evitar así las inundaciones de los predios  ribereños;  y para el logro de ese objetivo, las especificaciones técnicas, en  esencia,  aconsejaban  que,  con  anticipación  a  las  épocas de invierno, se  abrieran  las  compuertas al nivel máximo de vertimiento de agua que no causara  inundaciones,  para  bajar  el  nivel  de  la  presa,  y así conseguir que ella  tuviera  suficiente  capacidad de almacenamiento a fin de que lograra recibir el  incremento  de  aguas  que  se presentaban en tales épocas, las cuales, una vez  recogidas,   pudieran   ser   vertidas   al   cauce   del   río   con   similar  gradualidad.   

                             d) La demandada  no  cumplió  con ese manejo técnico y el embalse no sirvió para el propósito  señalado,  siendo  así  que  en  las  fechas indicadas en las pretensiones del  escrito  introductorio del proceso, y en otras posteriores, ella abrió en forma  imprudente  e intempestiva, sin dar aviso oportuno de ello, las compuertas de la  presa,  vertiendo  las  aguas  en  exceso,  lo  que  ocasionó  la avalancha del  Magdalena  y  su  desbordamiento, razón por la cual, entre otros muchos predios  cercanos,  el  de  su  propiedad  se inundó, procedimiento que es cada vez más  frecuente,  al  punto  que  hoy  la presa es “una amenaza permanente contra la  estabilidad  económica  de  los  ribereños”, más cuando las crecientes así  provocadas  destruyeron  los  bosques  naturales  que protegían las riberas del  río   y,   por   su   frecuencia,  han  impedido  la  recuperación  de  dichas  zonas.   

                             e) Las referidas  inundaciones  “se  ocasionaron  como  consecuencia  directa  e inmediata de la  inadecuada  y negligente regulación del nivel de las aguas del embalse de   la   ‘C.H.B.’, porque esta sociedad por razón de la  naturaleza  peligrosa  de  sus  actividades  que  desarrolla  ha debido tener en  cuenta  no  sólo  sus intereses económicos, sino también la vida y patrimonio  de  los  habitantes  del  lugar,  dándole  prioridad  a  su connatural función  reguladora  del  caudal  y  no a la producción de energía para obtener mayores  ingresos  económicos  como  lo  hizo,  sin importar los perjuicios que con ello  causara   a   los  predios  y  cultivos”    de    la    vecindad,    y   son   el   resultado   “del descuidado e indebido manejo en los  niveles    de    operación    por   conducta   culposa   de   la   ‘C.H.B.’, porque se parte de la base de que los  técnicos  de  la represa conocen los antecedentes del caudal del Río Magdalena  y  otros  en  esta  época  del  año  y  oportunamente no operan los niveles de  desembalse  de  la represa…procurando una evacuación de las aguas …en forma  controlada,    pausada    y    lenta    aún    en    períodos    de   máximas  precipitaciones”(fl.238).   

                              f)  En  días  “anteriores  a los hechos,  se  habían  presentado fuertes precipitaciones en la cuenca del Alto Magdalena,  las   que   necesariamente  vendrían  a  acaudalar  el  embalse;  sin  embargo,  conociendo  las seguras posibilidades de las crecientes del río, no se comenzó  a  desembalsar metódica y paulatinamente la presa para abrir campo a los nuevos  caudales  y  por  ello,  al llegar la ya prevista creciente mayor, no se contaba  con  disponibilidad  de  almacenamiento  en  la  presa,  lo  que obligó a hacer  desembalses    masivos,    rápidos    e    irresponsables,   causa   de   dicha  avalancha”(fl.238).   

                              g)  Para  las  mencionadas  fechas  la  represa  se  encontraba  en  niveles  máximos  de agua  (560,20)  y  por  esa  circunstancia  no  tuvo capacidad para almacenar y verter  paulatinamente  el  caudal  recibido  en la creciente mayor del río, viéndose,  por  tanto,  obligada  a  descargar  más  de  2.500 metros cúbicos de agua por  segundo, presentándose las ya comentadas inundaciones.   

                             h) Es un hecho  notorio  que  las pérdidas padecidas por los actores se originaron en la subida  repentina,  abrupta  e  imprudente del Magdalena, al ser abiertas las compuertas  de  la  represa  de  propiedad  de  la  demandada, sin una regulación lenta que  lograra  ser  absorbida  y  canalizada  por el mismo lecho del río para así no  causar los daños relacionados en la demanda.   

                             3. Notificada la  demandada,  oportunamente  contestó  el libelo oponiéndose a sus pretensiones;  frente  a  los  hechos, admitió algunos, negó otros y expresó no constarle la  mayoría.     Propuso     la     excepción     que    denominó    “exonerabilidad            de  responsabilidad”, fundada,  principalmente,      en     que     “para  las  fechas de los insucesos (sic), las compuertas de la presa  se  manejaron  por  sus  operarios conforme a los cánones que reza el manual de  operaciones,  sin  descuidar  el  más  mínimo  detalle y sin el menor asomo de  omisión,   negligencia   o   descuido   en   esta   delicada  tarea”(fl.391), de suerte que si se presentó  la  avalancha, ello ocurrió por fuerza mayor, o sea por la creciente inesperada  del río Magdalena.   

                             Asevera  que  la  responsabilidad de los  hechos   que   el  libelo  relata  no  es  de  la  demandada  sino  “del  propietario  del  terreno  por  no  acatar  y  obedecer los ordenamientos que las leyes le han impuesto y que debido  a  esa  omisión es que ha sufrido los perjuicios de que en forma indebida acusa  a           la          empresa”(fl.392).   

                     

                             4. Por sentencia  de  14  de  diciembre  de  1998  el  Juzgado Civil del Circuito de Purificación  culminó  la  primera  instancia,  en la que desestimó la excepción propuesta,  declaró  a  la demandada civilmente responsable de los daños ocasionados a los  actores,  la  condenó  a  pagarles  $24’605.100,  por  concepto  de  perjuicios  materiales  y,  a  favor de  Villegas          Ruanes,         $81’000.000  “por  la  pérdida total del cultivo de plátano sembrado”, dispuso que esas  sumas  debían  cancelarse  con  la correspondiente corrección monetaria; negó  las restantes peticiones de la demanda.   

                             5. Al desatar la  apelación  interpuesta  por  las  partes,  el  Tribunal  Superior  del Distrito  Judicial  de  Ibagué  le puso fin a la alzada mediante fallo de 5 de octubre de  1999,  en  el  que  confirmó  el del a-quo.   

II.  LA  SENTENCIA  DEL  TRIBUNAL   

                               

1.  Luego de hallar  la  concurrencia  de  los  presupuestos  procesales  y descartar la presencia de  vicios  que  invalidaran  la  actuación, sostuvo el tribunal que de conformidad  con  los  artículos  2341 a 2360 del Código Civil es cierto que la persona que  cause  un  daño  a  otra  debe  indemnizarla  cuando,  realizado  el respectivo  reproche  de  conducta,  se  establezca que el victimario es culpable, porque se  presuma  o  demuestre  su  culpabilidad  dentro  del  proceso  de acuerdo con el  ordenamiento jurídico.   

                                                          

2. Tras precisar que  en  el  presente caso el éxito de la acción indemnizatoria pendía de  la  demostración  únicamente del daño y del nexo causal, pues, por desarrollar la  demandada  una  actividad  que  intrínsecamente conllevaba una potencialidad de  riesgo  más  alto  que  cualquiera  otra,  como  lo  es  la  explotación de la  electricidad  a  través  de  hidroeléctricas,  en  las  que  el  manejo de los  diferentes  elementos  utilizados  para  su  generación,  al igual que la misma  energía   producida,  implican  un  peligro  mayor  en  relación  con  el  que  normalmente  producen  las  aguas en su cauce natural, entró el juez de segundo  grado  a  determinar  la  existencia  del  primero  de los señalados elementos,  alrededor  de  lo  cual  dijo  que  de  los testimonios de Ignacio Yate, Leandro  Peralta,  Secundino  Peralta, Luis Eduardo Sandoval Torres, José Noel Botache y  Laurano  Gómez Orozco, de la inspección judicial practicada el 2 de febrero de  1996  por el Tribunal Administrativo del Tolima, de las fotografías que obran a  folios  57  a  59 del cuaderno 1, tomadas por el testigo Laureano Pacheco, de la  inspección  judicial  realizada  por  el  Juzgado Promiscuo Municipal de Prado,  vista  a folios 23 a 25 del citado cuaderno, se demostró que las aguas del río  Magdalena   inundaron   el   predio   El   Milagro,   causando  la  “pérdida  de  un sembradío de plátano  en  una  extensión aproximada de 12 hectáreas, pérdida física del terreno en  una  extensión aproximada de 7 hectáreas y 6517 mts., destrucción de cercas y  corrales  existentes  en  dicho  predio  e  imposibilidad física de utilizar el  predio  durante  determinado  período  para  el  pastoreo de ganado”(fl.   88),   tipificándose  así  el  requisito  en  mención,  para cuya cuantificación adoptó las sumas señaladas  por    los   peritos,   pues   las   encontró   debidamente   fundamentadas(fl.  89).   

3. Con el propósito  de   establecer   la   presencia   del   nexo  causal,  pasó  el fallador a reparar si la actividad realizada  por  la  demandada  era la causante de aquellos daños, manifestando al respecto  que  el  estudio  de  los  fenómenos  jurídicos debe hacerse no bajo criterios  absolutos     sino    consultando    “su        relatividad”,     es     decir,     tomando    en    cuenta    “la    propia    naturaleza   de   los  presupuestos”  de  hecho y  “las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  en  que  desarrolla  su dinámica el fenómeno fáctico  referido    al   fenómeno   jurídico”(fl.   89);   seguidamente   adujo   que   para  la  época  de  los  acontecimientos  a  que se contrae este asunto se presentaron precipitaciones al  sur  de  la represa, ocasionando que el caudal de ingreso fuera algunas veces de  similares  y  otras  de  mayores  flujos  al  evacuado, como lo describió en el  cuadro que elaboró.   

Añadió que aunque una lectura desprevenida  de  esa  información  estadística  podría dar lugar a pensar que la actividad  desarrollada  por  la  demandada no fue la causa de los daños, lo cierto es que  debía  ser  con  base  en la realidad geográfica existente, es decir, a partir  del  cambio  del  curso  natural  del  río, acaecido con su represamiento, como  tenía  que  interpretarse  este  tópico, para lo cual señaló que si bien era  verdad   que  las  precipitaciones  en  las  épocas  de  invierno  producen  el  crecimiento  de  los ríos, con posibilidades de desbordamiento, no lo era menos  que  “tales desbordamientos  varían  en  su  intensidad y ubicación cuando en su entorno geográfico existe  un  lago  artificial  de gran magnitud, es decir que si el embalse de Betania no  existiera  igual  se  presentaría  desbordamientos  del río Magdalena, pero en  intensidades  y  ubicaciones  geográficas  diferentes,  lo que implica tener en  cuenta   la   realidad  actual,  es  decir,  la  existencia  del  embalse  y  su  conformación.   Y  así  por  ejemplo  las  aguas  crecidas de antes de la  Represa  de  Betania  bien  hubieran  podido  esparcirse en lugares anteriores a  aquella  y  solo  las aguas que salen en grandes cantidades a partir de Betania,  independientemente  de  que se hubiesen podido regar o no anteriormente, son las  que  cuentan  para  aumentar  el caudal de este río a partir de este sitio así  sea  con  otras  aguas  y  causar los daños que causaron, a más de que se debe  tener  en  cuenta  que  a  partir  de  la  existencia  de  la  Central … en el  desarrollo  de  la  actividad a que se dedica y por necesidades que le impone su  propia  dinámica funcional y económica, varía en forma constante los caudales  de ingreso … .   

“Y es por tanto la  actividad  integral  de  la  Central…  la  causa  de  los daños inferidos…,  vislumbrada  a  través  de la perspectiva del cambio de un cauce natural, de la  existencia   real   de  aproximadamente  7400  hectáreas  inundadas,  un  punto  geográfico  específico  donde  ellas  se encuentran, un volumen aproximando de  1.612’166.916.20  M3…, su dinámica industrial propiamente dicha y económica,  que  en  su  interés  de  productividad,  llega  hasta los límites de poner en  peligro  su  propio  funcionamiento,  como  cuando  el  6 de febrero” de 1996 tuvo un represamiento superior  al  nivel “máximo permitido  (561msnm)  hasta  llegar  a  561.14 msnm”(fls. 90 y 91).   

                               

4.  Y para afirmar  que  los  hechos de que trata este proceso no acaecieron por fuerza mayor o caso  fortuito,   el  sentenciador  anotó  que  si  bien  pudiera  pensarse  que  las  cantidades  de  agua  que  evacuó  la  demandada y la falta de control adecuado  sobre  ese proceder obedecieron a que aumentaron aquellas que ingresaron a raíz  de  las  precipitaciones  que  cayeron  antes de la presa, la verdad era que los  “avances  técnicos  y  el  análisis  de  las experiencias acumuladas hoy permiten prever épocas de lluvia  y  tomar  por  tanto las precauciones a que haya lugar frente al acaecimiento de  tales  fenómenos”, por lo  que    tales    hechos    no   tuvieron   aquella   connotación,   “pues  un  manejo  técnico  preventivo  hubiese   permitido   un   vertimiento   de   agua  racional  que  no  produjera  anegación”  en  la  zona  “norte  de  la  precitada  represa  y  que  tal  manejo  racional no permitiera el traspaso de los límites  máximos  permitidos  del  volumen  de  embalse  que al acontecer obliga a tomar  determinaciones  que si bien es cierto la no realización de éstas producirían  mayores  daños,  también  es cierto, que se hubiesen podido evitar”(fl.  92),  al  punto  que  en  épocas  anteriores  a  las  aquí  comprometidas  se  pudieron realizar vertimientos que  hubieran  permitido  regular  los  caudales  de  entrada  y salida en invierno y  lograr  así  un  equilibrio  entre la función económica de la demandada y las  consecuencias  que  generan  los cambios que la existencia de la represa produce  sobre la realidad natural y sus efectos.   

                               

Agregó  que  además  de  las  aguas que la  accionada  soltó  desde  su  hidroeléctrica,  existieron otras que a partir de  allí  colaboraron en la formación de la cantidad que inundó la finca, como lo  determinó  en los datos estadísticos pertinentes que elaboró, con base en los  cuales  al  mismo  tiempo  infirió  que  si  bien  resultaba ser cierto que los  caudales  que  la  represa  evacuó  en  algunos de los días allí relacionados  fueron  inferiores  a los que pasaron por la Estación de Angostura, también lo  era  que esa diferencia no fue desproporcionada y que en otras de esas fechas la  cantidad  vertida  superó  la  que  pasó por el señalado punto de referencia,  situación  que  le  permitió  al  tribunal  afirmar que las aguas agregadas no  incidieron  “propiamente en  el  caudal  inundatorio”, y  que   “si  lo  llegó  a  hacer”  bastaba  entonces  “‘que  dentro  de las diversas causas cuya intervención fue necesaria  para  el  daño”, existiera  una   que   pudiera   “ser  imputada  a  culpa de la persona a quien se sindica como responsable’   (Cas.1935,   G.   J.   No.   1907,  305)”(fl.93).   

                               

III. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

                                                

                             Con  apoyo  en  la  causal  primera  del  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil un cargo se propone, en el que  se  acusa  la  sentencia  de  ser  indirectamente  violatoria,  por  aplicación  indebida,  de  los  artículos  64   -subrogado   por   el   1º   de   la   ley  95  de  1890-,   2341,  2342,  2343  y  2356  del  Código  Civil,  “sirviendo  de  medio  para  esta violación, la indebida aplicación de los artículos 174,  175,  177,  187,  217, 233, 234, 237, 241, 244, 246 del Código de Procedimiento  Civil;  16  de  la  Ley  446  de  1998  y  8º de la Ley 153 de 1886”,  a  consecuencia  de  los  errores de  hecho en que incurrió el sentenciador al valorar algunas pruebas.   

                                  

1. Dentro de las que  dice  fueron  apreciadas  erróneamente,  la  recurrente  señala el texto de la  demanda;  algunos  comunicados  de  alerta  del  IDEAM  de  1996;  el  documento  denominado    aprovechamiento    múltiple   del   Río   Magdalena-Control   de  inundaciones;  el  manual de operación del embalse; las fotocopias del libro de  control  de  apertura  y  cierre  de  compuertas,  allegadas  en  la inspección  judicial  realizada  el  4  de  septiembre  de  1997;  las  planillas de balance  hidráulico,   aportadas  en  esa  misma  diligencia;  la  inspección  judicial  practicada  en la presa el 4 de septiembre de 1997; el dictamen pericial rendido  con   base   en   esa   inspección;  y  el  certificado  del  IDEAM  sobre  las  precipitaciones  y  caudales  de  los  ríos  en  los  días  mencionados  en la  demanda.   

                                                          

2. Como consecuencia  de  esa indebida apreciación, afirma la acusadora, el juez de segunda instancia  cometió  varias  equivocaciones  fácticas al no tener por probado, estándolo,  que   durante   los   días   aludidos   en  el  libelo  ocurrieron  imprevistas  precipitaciones  e  inusitados  aumentos  en los caudales del río, aguas arriba  del  embalse,  que  vinieron  a  constituir un hecho de fuerza mayor eximente de  responsabilidad;  al  establecer  que  existió relación de causalidad entre la  apertura  de  las  compuertas y los daños reclamados; al no dar por evidenciado  que  la causa más eficiente de aquellos fueron las grandes precipitaciones y el  aporte  de  los  arroyos tributarios en el recorrido de aquél entre el sitio de  la  presa  y  Purificación;  y  al  no  tener  por evidenciado que la demandada  amortiguó  el  impacto de la creciente natural del Magdalena, que se presentaba  desde  aguas arriba de la hidroeléctrica, y aminoró los daños que se hubieran  podido suceder aguas abajo.   

                               

                              3.  Expuestas  esas  bases  del  cargo,  no  sin antes señalar que el demandante en acción de  responsabilidad  civil extracontractual debe demostrar que le ha sido causado un  daño,  que  la conducta del gente es culposa y la relación de causalidad entre  uno  y  otra,  y  advertir  que si se confrontan las pruebas del proceso con las  normas  que  disciplinan dicha responsabilidad debía concluirse que los actores  no  acreditaron que la conducta de la CHB hubiera sido culposa ni la causante de  los  daños presuntamente irrogados, la impugnadora sostiene que el primer error  lo    constituye    el    hecho    de    haber    indicado    el    ad-quem   que  los  avances  “técnicos   y   el  análisis  de  las  experiencias  acumuladas  hoy  permiten  prever  épocas  de  lluvia”  y  tomar las precauciones necesarias,  por  lo  que no podía argüirse que tales circunstancias fueran imprevisibles e  irresistibles,   argumentaciones  esas  con  base  en  las  cuales  el  fallador  estableció  “que los hechos  de   que   trata   este   proceso   no   acaecieron  por  fuerza  mayor  o  caso  fortuito”, por cuanto, dice  la  acusadora,  si  hubiera  apreciado debidamente las pruebas habría concluido  que  «fueron las irresistibles  e  imprevisibles  lluvias  aguas  arriba  del  embalse,  las que ocasionaron los  aumentos  en  los  caudales”  del   Magdalena   y   sus  ríos  tributarios,  obligando  la  apertura  de  las  compuertas.   

Sobre  el  particular,  asevera  que como de  acuerdo  con el Manual de operación del Embalse, desde el punto de vista de los  caudales,  febrero y marzo están dentro del período de verano, las lluvias que  en  ellos  se  presentaron  y  que  arriba  del embalse aumentaron el caudal del  Magdalena  fueron inusuales e imprevistas, lo que así deduce de los comunicados  de  alerta  números  05,  06, 15, 19, 29 y 31 atrás referidos, del certificado  del  IDEAM  visible  a folios 8 a 44 del cuaderno 2, de las planillas de balance  hidráulico  para los días referidos en la demanda, vistos a folios 45 a 50 del  cuaderno  3,  y  del  cuadro  que  obra a folio 192 del cuaderno 2, diseño este  último  que  además  sirve  para  comparar el máximo caudal en el sitio de la  hidroeléctrica  en  febrero,  marzo  y  julio  en  más  de  20  años, con los  registrados   durante  los  días  particularizados  en  la  demanda;  de  haber  apreciado  el  sentenciador  correctamente  esas  pruebas,  prosigue, no hubiera  negado  que durante aquellos días ocurrió un hecho imprevisible e irresistible  que  forzó  a  la  demandada a hacer evacuaciones, ocasionando crecientes aguas  abajo  de  la represa (fl.18), por lo que considera que se equivocó el juzgador  al  estimar que la experiencia acumulada y los avances técnicos debieron servir  para  precaver el fenómeno hidrológico, ya que es precisamente el conocimiento  obtenido  a  través del citado historial el que sirve para clasificar los meses  del  año  en épocas de verano e invierno y establecer una estrategia de manejo  del embalse de acuerdo a las precipitaciones y caudales esperados.   

4. Los otros errores  del  tribunal,  se aduce, consisten en dar por probado que existió relación de  causalidad  entre  la  apertura  de  las  compuertas y los daños causados a los  actores  y  no  tener  por  establecido  que  la causa eficiente que originó la  lesión  al  patrimonio  de  aquéllos  fueron  las grandes precipitaciones y el  aporte  de  los  ríos  tributarios en el recorrido del Magdalena entre el sitio  del  embalse y el municipio de Purificación, cuestiones alrededor de las cuales  el  fallador  desconoció,  sostiene la impugnadora, la confesión que surge del  hecho  4º  de  la  demanda  donde  se  dijo que la nombrada afluente siempre ha  presentado  una  amenaza  potencial  para las regiones aledañas, pues allí los  accionantes  reconocen  que  han  sido  las  intensas lluvias de la zona las que  tradicionalmente propician las crecientes.   

En  este sentido hay que aclarar, señala la  recurrente,  que  contrario al estudio elaborado por la sociedad Sedic Limitada,  finalmente  la  presa  no  fue construida con el propósito de regular las aguas  del  Río  Grande  de  la Magdalena, pues su exclusivo fin era generar energía.  Este  estudio  de  1973, elaborado antes de la construcción de la obra, si bien  constituye  un  manual  de  buenos  propósitos con los ribereños, es apenas un  documento  en  el que se indicaba el efecto benéfico que tendría en la zona su  edificación,  cuyo  propósito  fuera  regular  las  crecientes  del  río; sin  embargo,  prosigue,  finalmente  el  embalse  fue  construido  únicamente  para  generar   energía,   siendo  imposible  que  técnicamente  evitara  todas  las  crecientes,  afirmación  esta  que se prueba con la experticia visible a folios  85  a  87  del cuaderno 3, donde se señala que la hidroeléctrica fue levantada  con   el  “objeto  de  ser  generadora  de  energía  eléctrica y que solamente cumple funciones de regular  el  caudal  cuando  su  manual de operaciones se lo permite, puesto que no puede  llegar    a    cotas   que   pongan   en   riesgo   la   generación”    de    la    misma    “o  la seguridad de la presa”(fl.20).   

Al  respecto  puntualiza  que  el  Magdalena  siempre  ha  constituido  una  amenaza potencial para los predios ribereños por  sus   crecientes   periódicas,  al  punto  que  en  el  mencionado  estudio  se  identifican   las  zonas  inundables,  “señalando  que  en  Purificación  más del 14% del terreno no debe  ser   explotado,   so   pena   de   perderse   las   cosechas  a  causa  de  las  crecientes”, y que no deben  ser  explotados terrenos con una distancia inferior a 25 metros de la ribera del  río  y  a  una  determinada  altura  de  su nivel; agrega que por no haber sido  construida  la  hidroeléctrica  para  evitar  las crecientes, las evaluaciones,  predicciones  y  previsiones  del estudio de FONADE siguen vigentes(fl.21), para  añadir  que  este documento, por lo demás, establece que la aludida corriente,  aguas  abajo  de  la  represa, recibe varios arroyos, siendo que los aumentos de  líquido  que producen los ríos Cabrera y Neiva pueden tener, en junio, julio y  agosto    “un   efecto  acumulativo    en   los   daños   causados   por   las   crecientes” de la misma.   

                             Para la acusadora lo anterior indica que  el  citado  río  necesariamente  agranda su caudal al norte del embalse, por el  aporte  de  más  de 14 arroyos tributarios, por lo que si a ello se le suma que  en  los  días  señalados  en  la  demanda  algunos  de los nombrados mostraban  aumento  frente  a su comportamiento normal, fue la afluencia de éstos la causa  del  crecimiento que en cercanías de Purificación produjo los desbordamientos,  más  si  se  tiene  en cuenta que a folio 8 del cuaderno de pruebas de la parte  demandante  obra  el  informe del IDEAM sobre el comportamiento de las lluvias y  de  los  ríos  en  aquellos  días.  De  este  informe,  que  en  sentir  de la  impugnadora  el  juez  de  segundo  grado  apreció  erróneamente,  destaca  el  análisis  estadístico  allí  relacionado,  que  alude  a  los caudales de los  tributarios,  aguas  abajo  de  la  presa,  que  resultan  de  sumar los niveles  máximos  registrados por cada uno de los ocho ríos relacionados atrás durante  los  días  indicados  en la demanda. Los volúmenes de líquidos que ingresaron  al  Magdalena a partir del sitio de ubicación de la hidroeléctrica, infiere la  censura,     según     lo    certificado    por    el    IDEAM,    “fueron  determinantes en la producción  de  los  desbordamientos” en  los  lugares  cercanos  a  Purificación  y  Prado, y que si a lo anterior se le  agrega  el  total de las aguas que aquella corriente depositó en el embalse, se  tiene  que  en  inmediaciones  de  Prado  la  misma  debió  tener, “bajo  la  hipótesis  de  no existir la  represa”(fl.23), el caudal  aludido en el dato estadístico allí referido.   

                             Al  analizar los cuadros del informe del  IDEAM,  afirma  la censora, se puede ver que en la estación de Purificación el  Magdalena  presentó  una  cantidad  de  líquido  inferior  a la que en teoría  debió  tener,  diferencia  que  se  explica  por  la retención que realizó la  represa  sobre  el  agua  que  le  ingresó,  por  lo que ese fue otro error del  ad-quem,   provocado   por  apreciar   equivocadamente   las   planillas   de   balance   hidráulico  y  la  certificación  del  IDEAM,  pues  no  tuvo  por  demostrado  que  la  convocada  “amortiguó  el impacto de  la  creciente  natural  del río Magdalena, que se presentaba desde aguas arriba  del  embalse” y aminoró los  daños  que  se  hubieran  podido  suceder  aguas  abajo,  ya  que,  sostiene la  recurrente,  estas  planillas muestran que el embalse evacuó menos agua del que  le  ingresó  (fls.  23  y  24). Asegura que se equivocó el fallador al valorar  dicha  certificación  y  cuando  elaboró  el  cuadro  visible a folio 12 de la  sentencia,  ya  que  para  hacer  un verdadero y real cotejo debió analizar los  caudales  registrados en la Estación Vichecito, ubicada arriba del embalse, con  los  de  la  de  Purificación,  para  así  establecer  la  influencia  de  los  tributarios  entre  el  sitio  del  embalse  y el de la finca; por lo mismo, esa  comparación   no   podía   hacerse   entre   aquella   estación   y   la   de  Angostura.   

                               

                             De  haber  apreciado correctamente estas  pruebas,  el sentenciador habría concluido, por un lado, que los aportes de los  tributarios  fueron  de la suficiente magnitud para determinar el desbordamiento  del  Magdalena,  por  otro,  que  de  no  haber  existido la presa éste hubiera  llegado  a Purificación  con más agua y, finalmente, que la intervención  de  la  hidroeléctrica  fue para retener y amortiguar el cauce del río, el que  desde arriba crecía.   

                             5. Para terminar  el  desarrollo  del  cargo, cita y transcribe el criterio de un autor nacional y  la  sentencia  de 22 de septiembre de 1980 de esta Corporación, tocantes con la  relación de causalidad.   

IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

                               

                             1. Al margen de  algunas  deficiencias  técnicas que reviste el cargo, como la consistente en no  atacar  todos  lo soportes del fallo, como aquel en el cual el tribunal expresó  que  en  el  hecho  de  la  inundación debía tenerse en cuenta la “actividad      integral”  de la demandada, y no una sola causa,  pues  para el fallador la propia dinámica industrial y económica de la empresa  determinaba  que,  so  pretexto de la productividad, variaran en forma constante  los  niveles  de  ingreso y egreso de las aguas, lo cierto es que al examinar la  Corte  las  acusaciones  encuentra cómo con ellas lo que pretende la censura es  replantear  el  litigio  desatado por los sentenciadores de instancia, antes que  poner  en  evidencia, como corresponde en el recurso extraordinario, los errores  que  en  torno a la prueba pudo cometer el tribunal, para de ahí entrar luego a  establecer la trascendencia de los mismos.   

                             2.  En efecto,  habida  consideración  que  los  jueces  de  instancia  gozan  de  una discreta  autonomía   para  valorar  el  acervo  probatorio  recaudado  en  un  conflicto  jurídico  determinado,  la  cual, a su vez, constituye un serio obstáculo a la  hora  de  someter su ponderación sobre las pruebas a la crítica casacional, de  vieja  data  la  doctrina de la Corte ha sostenido que esta senda extraordinaria  no  está llamada a “dirimir  las  diferencias  apreciativas  que  puedan  aflorar entre las partes y el juez,  sino  para  enmendar  los errores de hecho, de suyo evidentes o mayúsculos, que  conducen  a  éste  a  dictar  fallos  que  pugnan abierta y rotundamente con la  realidad  que  el  proceso  muestra  o exhibe y, por ende, que reclaman que sean  desterrados  del  universo  judicial,  en  atención  a que fueron cimentados en  consideraciones,    juicios    o    interpretaciones    alejadas,   in  radice,  de lo probado en el marco del  litigio.  Al  fin y al cabo, sólo cuando el fallador, de espaldas a la prédica  probatoria,  prohíja  una  decisión en extremo contraria a lo que ella revela,  es   cuando   se   abre   paso   este   recurso,   muy   ajeno   a  una  tercera  instancia”(sentencia  número  041 de 31 de marzo de 2003, exp.#7141, no publicada aún oficialmente).   

                             Y no obstante que en los últimos tiempos  el  legislador,  en  aras  de  acrecentar  su  viabilidad,  ha  expedido  normas  dirigidas  a  hacerlo  menos  riguroso,  es lo cierto que este recurso continúa  siendo  esencialmente formalista, situación que obliga a tener en cuenta que el  mismo    no    tiene    la    virtualidad   se   convertirse   en   “una  tercera  instancia y que la Corte,  por  mandato  constitucional,  precisamente  ostenta  la  privativa  calidad  de  Tribunal  de  casación,  como  tal ajena al juzgamiento propio de los jueces de  primero    y    de    segundo    grado”(sentencia  número  125  de  14  de  agosto  de 2000, exp.#5552, no  publicada  aún  oficialmente), desde luego que por esta especial consideración  no  existe la menor posibilidad dirigida a reabrir la discusión probatoria, por  más  convincente  que  resulte ser el planteamiento expuesto por el impugnador,  como  quiera  que  esta  Corporación,  situada como juez de casación, no está  llamada  a  entrar  en  los debates propios del proceso como naturalmente sí lo  pueden  y deben hacer los sentenciadores de instancia, puesto que, como se sabe,  el  thema  decidendum en esta  órbita  no lo constituye el litigio propiamente considerado sino la providencia  judicial impugnada.   

   

                             3. Por supuesto  que  para  que  un embate en este recurso extraordinario, propuesto con apoyo en  la  causal  primera  por  quebranto  indirecto  de  la  ley sustancial, tenga la  posibilidad  de  desvertebrar  la  presunción  de  acierto  con  que  llega  la  decisión  judicial  cuestionada,  el  acusador  se  halla puesto en la especial  posición  de  tener  que  demostrar  que  la  valoración fáctica o probatoria  sentada  por el juez de segundo grado pugna abiertamente con la verdad que surge  del   proceso,   por   cuanto   de   no  ser  así  la  Corte  “no  podría  tomar  partido distinto al  consignado  en  la sentencia combatida, no sólo porque ésta ingresa al recurso  de  casación  escoltada  de la presunción de acierto, sino porque ese medio de  impugnación  no  es  una  oportunidad  adicional  para debatir con amplitud las  circunstancias  fácticas  del  proceso”(G. J., t. CCLII,  pag.252).   

                              Es  justamente  por  la  consideración  anterior  por  lo  que  el  acusador, en su gestión de demostrar los yerros del  juzgador,  no puede quedarse apenas en su enunciación sino que debe señalarlos  en  forma  concreta y específica, en orden a lo cual tendrá que precisar   los  apartes  relativos  a  cada una de las falencias de valoración probatoria,  confrontando  la  realidad  que  resulta de la prueba con la errada ponderación  efectuada  por el sentenciador, tarea esta que no queda cabalmente satisfecha si  el  censor  se contrae apenas a plantear, por más razonado que ello resulte, lo  que  desde su perspectiva debió ser el juicio del tribunal, por supuesto que un  relato  de ese talante no alcanza a constituir una crítica al fallo sino apenas  un alegato de instancia.   

                     

                             Se  requiere,  entonces, que el acusador  confronte   la   argumentación   a   través   de   la   cual  el  ad-quem  adoptó  la  decisión  que se le  critica  con  la  realidad  jurídica  y  probatoria que objetivamente fluye del  proceso,  pues  sólo  de  esa  manera es posible evidenciar la existencia de la  equivocación  de  facto o de  derecho   del  fallador,  ya  que  la  demostración  del  cargo,  ha  dicho  la  Corporación,   necesariamente   debe  “conducir   al   convencimiento   de  la  contraevidencia”,   siendo,  por  tanto,  “inconcebible cuando el resultado que se  censura  es  producto  de  una  labor  de  sopesar  distintas posibilidades, que  termina  con la escogencia de la más probable, ´sin que ninguna de ellas esté  plenamente    contradicha    por   otras   pruebas   del   proceso´”(G. J., t. CXXIV, pag.95).   

                              4.  En  este  asunto,  una  vez  estableció  los  tres  elementos de la responsabilidad civil  extracontractual,  dentro  de  los  cuales  presumió  la  culpa  de la sociedad  demandada  por  cuanto  desarrollaba una actividad que catalogó como peligrosa,  en  relación  con  el  nexo  causal  el  juzgador reconoció cómo en los días  señalados  en  las  pretensiones fue abundante la lluvia caída en las zonas de  influencia  del  Río  Grande  y  que  tales  precipitaciones  incidieron  en el  incremento  de  su  cauce  antes  del arribo a la represa, pero que, aunque así  fuera,  ello  no  alcanzaba  a  desvirtuar  la  presencia de este elemento, pues  resultaban  bien  distintos  los  efectos  que  el  invierno  en  las  zonas  de  influencia  de  ese afluente ocasionaban antes de la construcción de la presa a  los  que,  en  condiciones  climáticas  similares, se producían después de su  construcción,  por razón, dicho en palabras muy concretas, al poder que tenía  la  hidroeléctrica  de  alterar por sí misma  el cauce del río, al punto  que podía verter menor cantidad de agua de la que le ingresaba.   

                              En   resumen,   para  el  Tribunal  la  influencia  de  las épocas invernales en el cauce del río siempre ha existido,  sólo  que fue después de que se levantó la represa que aguas abajo de ella se  han  venido  produciendo  inundaciones  de  las características indicadas en la  demanda,  motivo  por el cual atribuyó tal cambio de condiciones al hecho mismo  de  esa  construcción,  a  la  puesta  en  funcionamiento  de  la  presa y a la  actividad  integral  que la Central Hidroeléctrica de Betania S. A. desarrolla,  pues,  para  el  fallador,  a  través  de todo ello la accionada tiene el poder  discrecional  de  alterar  los volúmenes de agua que pueden circular compuertas  abajo del embalse.   

                             Seguidamente,  con  miras a descartar la  presencia  de  la  fuerza  mayor alegada por el extremo demandado en su defensa,  como  circunstancia  excluyente de la relación causal, el Tribunal señaló que  los  avances  técnicos  y  el  conocimiento  que  se  tiene del río permitían  prever,  para  la  época  de los hechos investigados, el incremento de su cauce  aguas  arriba  de  la  presa,  con  lo que, en suma, estimó desvirtuado que las  precipitaciones  a  que  se  contrae  la  fuerza  mayor aducida por la accionada  fueran  imprevisibles  e  irresistibles,  y  que,  ante  la  posibilidad  de  su  ocurrencia,  la  hidroeléctrica  no  se  preparó,  disminuyendo con suficiente  antelación  el  nivel  del embalse para dar cabida, de esta manera, al líquido  que  en  exceso  podía recibir a consecuencia de la creciente, preparación que  suponía  el  vertimiento  paulatino  de  las  aguas acumuladas en la presa y la  eliminación,  también  pausada, de las adicionales que, como viene de decirse,  fueron recibidas debido a la ola invernal.   

                               5.    La  Corporación,  a vuelta de revisar esos argumentos de la sentencia así como las  acusaciones  planteadas  en  el  cargo,  encuentra que en términos generales la  demanda  de  casación  se limita a reproducir los fundamentos expuestos ante el  juez  y  el tribunal, como cuando se alegó ante el primero (fls.436 a 448,cd.1)  y  se  sustentó la alzada ante el segundo (fls.49 a 58, cd, tribunal), todo con  el  propósito  de  decir ante éstos, como aquí también se expresa, que no se  encontraban  reunidos  a  cabalidad todos los presupuestos de la responsabilidad  aquiliana,  por ausencia de nexo causal; es decir, que esos tres escritos, en lo  fundamental,  involucran  argumentos  idénticos  encaminados  a  establecer  la  presencia  de  una circunstancia constitutiva de fuerza mayor que desvirtuara el  nexo  de  causalidad  entre  la  culpa y el daño, fundados en las cantidades de  agua  que  penetró  y  salió  de  la  presa antes y después de ésta y en los  niveles  que  la  misma debía tener acorde con su manual de operación. De esta  manera,  es  claro  que  la acusadora, en vez de exponer argumentos tendientes a  evidenciar  los verdaderos errores en que pudo incurrir el sentenciador al hacer  la  valoración  fáctica  o  probatoria  del conflicto que le fue sometido a su  decisión,  lo  que  hizo  ciertamente  fue  limitarse a presentar observaciones  relativas  a  los  elementos  de  la  responsabilidad civil excontractual que el  sentenciador halló reunidos.   

                             Es palmario, entonces, que la censura en  cuestión,  en  los  términos en que viene estructurada, se dirigió a combatir  otra  vez los soportes tenidos en cuenta por los juzgadores de instancia, mas no  a  evidenciar  equivocaciones  en  la apreciación probatoria del Tribunal, como  era  su  deber  en  este  tipo  de impugnaciones, con lo cual queda suficientemente   claro   que   lo   realmente  pretendido  por  la  impugnadora   fue  reabrir  una  vez  más  el  debate  jurídico  ya  finiquitado  en  las  instancias, modo de proceder tal que es del  todo  extraño  al objeto y finalidad de  esta vía extraordinaria, como ya  se expresó.   

                             6. Por tanto, no  prospera el cargo.   

                               7.   Como  se   advierte   que  los  hechos  que  sirvieron  de  fundamento  a  las pretensiones elevadas en este asunto se han venido presentado  a  lo  largo  de  varios  años, como así se establece no sólo de este proceso  sino  de  aquellos  en  los que esta Corporación dictó las sentencias de 27 de  marzo  de  2003  (exp.#7537),  21  de octubre de 2003 (exp.#7486), 3 de marzo de  2004  (exp.#7623)  y  8  de  abril  de  2005  (exp.#7731),  donde  se debatieron  circunstancias  fácticas parecidas a las que ahora ocupan la atención, sin que  la  demandada  hubiera  adoptado  medidas  eficaces para evitar la causación de  perjuicios  a los ribereños del Río Magdalena, ha de ordenarse la remisión de  copias  de los fallos aludidos y de esta providencia a la Procuraduría Delegada  para  Asuntos  Ambientales  y Agrarios, a la Corporación Autónoma Regional del  Río   Grande   de   la   Magdalena   “Cormagdalena”,  al  Gobernador  del Departamento del Huila y al Comité Regional  de  Prevención  y  Atención de Desastres del citado departamento, a fin de que  en  el ámbito de sus respectivas competencias y mediante la utilización de los  recursos  que  tengan  a  su  alcance,  adelanten  los  trámites necesarios que  conduzcan  a  prevenir  situaciones  similares  y,  si es del caso, dispongan las investigaciones de rigor.   

V. DECISIÓN  

                             En  armonía  con  lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre  de  la  República,  y  por  autoridad  de  la  ley, NO  CASA la sentencia de 5 de octubre de 1999, pronunciada  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Ibagué,  dentro del proceso ordinario identificado en esta providencia.   

                             Condénase a la parte recurrente al pago  de  las  costas  causadas  en  el  recurso extraordinario. Tásense.   

                             Ordenar a la secretaría de esta Sala que  expida  y  remita,  a  las  autoridades  nombradas  en  el  numeral  7º  de las  consideraciones  de  esta providencia, las copias referidas en el mismo, para el  fin allí determinado.   

CÓPIESE,  NOTIFÍQUESE,  Y  OPORTUNAMENTE  DEVUÉLVASE EL EXPEDIENTE AL TRIBUNAL DE ORIGEN.   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

EDGARDO   VILLAMIL  PORTILLA   

    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *