SC 368 2005 [16820]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-368-2005 [16820]

SALA  DE  CASACION  CIVIL   

Magistrado Ponente  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

Bogotá   D.C.,   diecinueve  (19)  de  diciembre de dos mil cinco (2005)   

Referencia: Expediente No.  16820   

Decídese   el  recurso  extraordinario  de  casación  formulado  por CARLOS PAZ MENDEZ  respecto  de  la sentencia dictada el 19 de Diciembre de 2002, por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá, dentro del proceso  ordinario   instaurado   por   el   recurrente   contra   el   BANCO DE COLOMBIA Y FIDUCOLOMBIA S.A.   

ANTECEDENTES  

1.            Ante  el Juzgado Doce Civil del Circuito  de  Bogotá solicitó el demandante que se declarara a las demandadas civilmente  responsable  de  los daños y perjuicios a él causados y, consecuentemente, que  se  les  condenara a pagarle la suma de $ 314.160.000.oo más los intereses a la  tasa  corriente  desde  la  fecha  de presentación del libelo y hasta cuando se  verificara   el  pago,  así  como  el  correspondiente  reajuste  monetario  en  UPAC.   

    

1. La      causa     petendi, se resume así:     

          A.     El  actor inicio a nombre del señor Guillermo  de  Mendoza  un  proceso ordinario ante el Juzgado Diecisiete Civil del Circuito  de  Bogotá  frente  a  la  sociedad  Invico  Ltda.,  en el que se pretendía la  resolución  y,  en  forma  subsidiaria,  la rescisión por lesión enorme de un  contrato    de   compraventa   sobre   un   bien   inmueble   denominado   “La  Granjita”.   

          B.       El  Tribunal  de  Bogotá  declaró  la  rescisión  por  lesión enorme del contrato,  en sentencia dictada el 3 de  octubre de 1983 que no fue casada por la Corte.   

          C.     En  virtud de la quiebra de la sociedad Invico  Limitada,  su  representación  fue asumida por el Banco de Colombia, en calidad  de  fiduciario,  por  designación  realizada  por los acreedores del quebrado y  posterior  reconocimiento  hecho  por  el  Juzgado  Trece  Civil del Circuito de  Bogotá.   

          D.     El  demandante Guillermo de Mendoza cedió sus  derechos  litigiosos  del  juicio  ordinario,  antes  mencionado, a favor de los  señores  Jaime  Cardoso  Vergara  y  Yolanda  Vasquez  de  Cardoso,  quienes le  confirieron  poder al actor para que los representara en el respectivo proceso y  se constituyeron en litisconsortes de la parte demandante.   

          E.    Con  posterioridad  a  la ejecutoria de la sentencia  del  Tribunal  se  presentó  ante  el  juez de conocimiento una reclamación de  frutos  a  la  que  fue condenada la parte demandada, que fue objetada por esta,  iniciándose el tramite del incidente correspondiente.   

          F.  El  demandante  inició  conversaciones con el Banco de Colombia  con  el  fin que se aceptara la cesión de los derechos litigiosos efectuada por  Guillermo  de  Mendoza  a  cambio de la renuncia integral de parte de este a los  frutos naturales y civiles.   

          G.    Después  de más de un año de diálogos se aceptó  la  oferta  por  parte  del Banco y se suscribió el correspondiente contrato de  transacción,  que  no  fue  aceptado por el juez del conocimiento, en decisión  que  fue  impugnada por las partes mediante la interposición de sendos recursos  de apelación.   

          H.   Encontrándose   pendiente   de   decisión   los  recursos  de  apelación,  el  Banco  de  Colombia,  sin respetar el contrato de transacción,  realizó  y patrocinó junto con Fiducolombia maniobras fraudulentas para burlar  el  pago de los honorarios profesionales del actor, que se plasmaron en  el  otorgamiento  de la escritura pública 0973 de 26 de junio de 1992, por medio de  la  cual  se  transfirió el derecho de dominio del inmueble “La Granjita” a  favor de los litisconsortes Cardoso Vásquez.   

          I.   Luego,  los  herederos  del  señor  Guillermo  de Mendoza  revocaron  el  poder  que  el  actor  había  ejercido  por  más  de 19 años y  posteriormente  hicieron  lo  mismo los litisconsortes, señores Jaime Cardoso y  Yolanda de Cardoso.   

          J.     Los  nuevos apoderados judiciales constituidos  por  las  personas  antes citadas, desistieron de los recursos de apelación que  habían  sido  interpuestos  y  tal desistimiento fue aceptado por el Magistrado  ponente en el Tribunal de Bogotá.   

          K.    Los  litisconsortes  transfirieron  ulteriormente el  derecho  de  dominio  sobre el inmueble “La Granjita” a favor de la sociedad  Inversiones  Cordova  S.  en C., insolventándose para eludir su responsabilidad  frente al actor.   

          3.     Las   sociedades  demandadas  se  opusieron  a  las  súplicas  de  la  demanda  y  se  defendieron  alegando  “ilegitimidad  en la  causa”,  “carencia  de derechos para reclamar perjuicios”, “inexistencia  de   relación   jurídica   entre   el   demandante   y   los  demandados”  e  “inexistencia del perjuicio”.   

          4.   La  sentencia  de primera instancia, desestimatoria de las  súplicas,  fue  confirmada en su integridad por el Tribunal Superior de Bogotá  en  el fallo impugnado mediante el recurso extraordinario que en la fecha decide  la Corte.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

          Después  de  advertir  que se encontraban reunidos los presupuestos  procesales  señaló  el  Tribunal que el asunto sometido a decisión se ubicaba  en  el  campo  de  la  responsabilidad  civil  extracontractual  regulada  en el  articulo  2341  del  Código  Civil,  norma  de  la que se habían deducido tres  requisitos  o  elementos  que  debían  ser acreditados, a saber: culpa, daño y  nexo causal entre este y aquella.   

          Centrando  su atención en la culpa, precisó que ella consistía en  la  falta  de  diligencia que emplea determinada persona para el cumplimiento de  una  obligación  o  en la realización de un hecho, y que podía, por ende, ser  contractual o extracontractual.   

          Expresó,  entonces,  que  la declaración de responsabilidad que se  perseguía  en  el  proceso,  se  fundamentaba  en  la  conducta “negligente y  culposa”  que  como fiduciarias desplegaron al no suscribir en debida forma el  título  para  efectuar  la  tradición  del  inmueble  “La  Granjita” a los  herederos  de  Guillermo  de  Mendoza,  pero manifestó que la sentencia apelada  debía  ser  confirmada  por  cuanto  no  aparecían configuradas las exigencias  necesarias para la configuración de la responsabilidad endilgada.   

          En  primer  término,  por  cuanto  el  demandante  no se encontraba  legitimado  para  reclamar  reparación alguna, habida cuenta que las demandadas  actuaron  como  fiduciarias  y  los  derechos  que  se  derivan  de esa clase de  contratos  se  radicaban  en  el beneficiario “…sin que en momento alguno se  hubiere  acreditado  a  través  de cualquier medio probatorio que aquél era el  actor,  posición  que  por demás ni siquiera se insinuó en la demanda” (fl.  87).   

          Agregó  que  el  demandante  no  demostró  un actuar culposo de la  parte  demandada,  en  tanto que al fiduciario le correspondía hacer tradición  del  inmueble,  acto  que  se  realizó  a  nombre  de  quienes los herederos de  Guillermo  de  Mendoza autorizaron, según constaba en documentos que obraban en  el plenario.   

          Señaló  que  tampoco  había  sido  acreditada la relación causal  entre  la  culpa y el daño, por cuanto a la simple transferencia del derecho de  dominio,  acto  lícito  y  jurídico,  no  puede  calificársele  como la causa  eficiente  de la falta de cancelación de los honorarios profesionales del actor  y,  de  igual  modo,  no  estaba  probado  que  la transferencia en cuestión se  hubiere  llevado  a  cabo  con  el  fin de defraudar el merecido pago que debía  percibir  el  demandante o que la ausencia de pago obedecía a la insolvencia de  los deudores.   

LA DEMANDA DE CASACION  

          Con  apoyo  en  la  causal primera de casación se formularon cuatro  cargos  contra  la  sentencia del Tribunal, dos por la vía directa y dos por la  indirecta,  con  la  misma  denominación, que serán despachados así: en forma  conjunta  los  dos primeros y de igual modo los dos últimos, por ameritar   razones comunes que se explicitarán ulteriormente.   

VIA  DIRECTA   

CARGO PRIMERO  

Se acusó la sentencia de violar directamente  por  falta  de  aplicación los artículos 1226, 1233, ord. 3° del 1234, inciso  2°  del  1238, ord. 7° 1240, 1243 del Código de Comercio, Ley 45 de 1990 y 51  del  decreto 2651 de 1991; 743, 756, 794, inc. 4º 1604, 1740, 1741, 2161, 2341,  2342,  2488  y  2489  del  Código Civil, art. 56 de la Ley 53 de 1887 y 2° del  decreto  1250  de  1970;  4,  6,  183,  184,  249,  322  y  333  del  Código de  Procedimiento Civil.   

En  su  desarrollo señaló el censor que el  “fenómeno  jurídico  que  se  trata  en  el proceso, se refiere a un negocio  fiduciario  aceptado por la demandadas” que “tenían que operar dentro de la  normatividad  imperante  para  la  fiducia mercantil”, pero que “en lugar de  otorgar  la escritura pública de restitución del inmueble  a Guillermo de  Mendoza  o  a  sus  herederos,  para  dar  cumplimiento  a lo dispuesto en la…  sentencia  de  3  de  octubre  de  1993…y  aplicación  de  normas fiduciarias  contenidas  en  los  artículos  1226,  1227, 1233, 1234…y los arts. 740, 743,  745,  746, 747, 752, 756 del C. Civil, NO LA OTORGARON, por lo cual violaron por  inaplicación    las   normas   sustanciales   de   derecho   anotadas”   (fl.  22).   

Expresó  que  la negligente conducta de las  fiduciarias  demandadas  trajo  como  resultado  otro acto culposo que causó el  daño  previsto  en  el  artículo  2341  del  Código  Civil, consistente en la  pérdida  de  la  garantía  que  el  actor  tenía  en  el inmueble la Granjita  “constituyendo  tal  conducta  UNA INAPLICACIÓN del canon citado, violándolo  por  tal  medio  y  responsabilizándose  de  los  perjuicios  causados”  (fl.  24).   

Manifestó  que  “el daño que se reclama,  tiene   que   reconocerse  y  decretarse  su  indemnización  en  las  cuantías  demostradas  mediante  prueba  pericial  aportada,  la  cual  por  no haber sido  objetada  en  manera alguna y respaldada por el ordinal 3° del art. 1239 del C.  de  Comercio,  ha debido ser reconocida por la sentencia y al no serla se violó  el precepto legal” (fl. 27).   

Por  último,  dijo  que  “al  no  valorar  las  pruebas demostrativas de la negligente conducta culposa  existente   con  causación  de  daño,  violó  indirectamente  las  normas  de  derecho…dando    razón   para   que   sea   casada   la   sentencia”   (fl.  48).   

CARGO  SEGUNDO   

Se acusó la sentencia de violar directamente  por  interpretación errónea los artículos 1226, 1233, ord. 1°, 4° y 7° del  1234,  inciso 2° del art. 1238 del Código de Comercio, Ley 45 de 1990 y 51 del  decreto  2651  de  1991;  617, 740, 743, 744, 745, 746, 747, 748, 752, 559, inc.  4º  del  1604, 1740, 2341, 2343, 2344, 2359, 2488, inc. 2° del 817 del Código  Civil;  art.  56  de  la Ley 53 de 1887 y 2 del decreto 1250 de 1970; 4, 6, 163,  184, 249, 322 y 333 del Código de Procedimiento Civil.   

          En  su  labor  de sustentación se afirma que la sentencia impugnada  tiene  como  único  fundamento  de  la responsabilidad civil de las fiduciarias  demandadas  “la simple expresión de culpa del artículo 2341 del C. Civil sin  tener  en  cuenta  que existen otras normas legales, tanto en el campo comercial  como  en  el  civil,  que  la  identifican  y  determinan  dándole  a  esta una  interpretación errónea que no le corresponde” (fl. 29).   

          Mencionó  que  las  fiduciarias  demandadas tenían ineludiblemente  que  cumplir  lo  dispuesto en la sentencia de 3 de octubre de 1983 restituyendo  el  predio  a  Guillermo  de  Mendoza  o  a  sus herederos, de manera personal y  directa,  pero  que  incumplieron con su deber lo que “dio nacimiento al hecho  culposo,   el   cual  conlleva  responsabilidad  extracontractual”  que  deben  indemnizar,  por  lo  cual se le dio una restringida interpretación errónea al  art. 2341 del Código Civil.   

          Agregó  que  la  norma  antes  citada  tiene  otra  “protuberante  interpretación  errónea…al  afirmar que carezco de la acción interpuesta en  razón  de  no  tener  vínculo  alguno  con  las fiduciarias demandadas lo cual  sería  cierto  si  se  hubiere  formulado  demanda con base en alguna relación  jurídica  con  éstas  PERO OCURRE TODO LO CONTRARIO en el presente caso ya que  se  está invocando una situación civil EXTRACONTRACTUAL o lo que es igual, QUE  AL  NO  EXISTIR  VINCULO  ALGUNO  con las fiduciarias demandadas es evidente que  tiene  plena  validez  la  acción  al  estar exigiendo la reparación del daño  causado  extracontractualmente  a  persona  con  quien  no  se  tiene  relación  jurídica como lo prevé el art. 2341” (fl. 36).    

          Alegó  la  censura  que  la  sentencia “hace otra interpretación  errónea  sobre  los  preceptos  de  derecho  relacionados  con  los  medios  de  tradición  y  adquisición  de inmuebles contenidos en los artículos 740, 743,  744,  745,  746,  747  y  752  del Código Civil, que exigen para su validez que  quien  tradite  sea  el  propietario  del  inmueble, que sea el título legal de  tradición  y  de que el que adquiere manifieste su expresa voluntad de adquirir  y  como  se  observa de la escritura pública 0973…ninguno de los presupuestos  anotados se cumple (fl. 37).   

CONSIDERACIONES  

1.   Como  quedó  visto  al  hacer el  resumen  del  fallo  de  segundo  grado,  el  Tribunal  denegó las pretensiones  contenidas  en  la  demanda por considerar desde un punto de vista jurídico que  el  demandante, no obstante ejercitar la acción civil extracontractual prevista  en  el  art.  2341 del Código Civil, carecía de legitimación en la causa para  deducir  responsabilidad civil de las demandadas derivada del incumplimiento del  contrato  de  fiducia  por  no ser parte en tal negocio jurídico y por estimar,  adicionalmente,  desde  una  óptica  probatoria, que no estaba demostrada ni la  culpa, ni la relación de causalidad.   

Ahora  bien,  con  prescindencia  de  que el  razonamiento  jurídico  en  comentario  no  fue  combatido  frontalmente por el  casacionista,  quien  procedió  a  expresar  que  se  encontraba legitimado por  ejercer  una  acción extracontractual  -así en rigor el planteamiento del  Tribunal  fuera  algo divergente, en cuanto aceptó que de esa naturaleza era la  acción   intentada,   sólo   que,  a  su  amparo,  no  podía  protestarse  el  incumplimiento  del  negocio fiduciario-, lo cierto es que ninguno de los cargos  está  llamado  a  prosperar,  por  cuanto  en ambos, por igual, el casacionista  terminó  disputándole  al  Tribunal la apreciación fáctica que este tuvo del  litigio,  disputa  que  en sede casacional no resulta de recibo, según lo tiene  establecido de antaño esta Corporación.   

Para corroborar lo dicho, la Sala destaca que  el  Tribunal  entendió  que  el  juicio  giraba  exclusivamente  en  torno a la  responsabilidad  civil extracontractual endilgada a las entidades demandadas por  violación  del  artículo 2341 del Código Civil, terreno en el cual concluyó,  como  se  acotó,  que  no  estaba  demostrada  ni  la culpa, ni la relación de  causalidad,   señalando   expresamente,  además,  que  el  negocio  fiduciario  “escapa al ámbito de este litigio” (fl. 88).   

El  censor,  sin embargo, en los dos cargos  hace   manifestaciones   como   las   que   a   continuación   se  transcriben:  “el fenómeno jurídico que se trata en el proceso,  se  refiere  a  un  negocio  fiduciario que define el  artículo  1226  del  C.  de  Comercio, aceptado por las demandadas” (fl. 21);  “las  fiduciarias  demandadas  en  cumplimiento del negocio fiduciario tenían  que  operar  dentro  de la normatividad imperante para la fiducia comercial como  también  dentro  del  campo  pertinente  del  derecho civil en cumplimiento del  objeto  fiduciario”  (ib); “al no haber restituido las fiduciarias el predio  La  Granjita  en  términos  de la fiducia” (fl. 26); “en razón de tratarse  del  fenómeno  jurídico del fideicomiso, no puede (sic) inadvertido sin efecto  alguno  las  normas  legales  de  imperiosa  aplicación que regulan todos ellas  conjuntamente  la  conducta  culposa”  (fl.  29); “dentro del desarrollo del  negocio  fiduciario  existen  normas legales de imperativo cumplimiento, que por  no  haberse considerado en su integridad, conllevan a interpretaciones erróneas  que  les  restan  validez”  (ib);  “el  negocio  fiduciario  tiene preceptos  especiales  que  lo  estructuran  y señalan deberes puntualizados al fiduciario  que   al   no  cumplirlos  le  crean  una  responsabilidad  bien  contractual  o  extracontractual,  según  el  caso”  (fl.  30);  “Démonos  cuenta  si  las  fiduciarias  demandadas  dieron  lugar a su deber fiduciario que les imponía la  sentencia  del  3  de octubre de 1993” (fl. 31); “Las fiduciarias demandadas  tenían  que  probar  el  cumplimiento  personal  y  directo de sus obligaciones  fiduciarias  emanadas  del  punto 9º de la sentencia de 3 de octubre de 1983”  (ib),  expresiones todas que ponen en evidencia la disconformidad del recurrente  con  la  apreciación  fáctica  que  de la controversia se formó del Tribunal,  pues  mientras  este  entendió  que el negocio fiduciario no era aspecto que se  juzgara en este proceso, el censor sostiene lo contrario.   

Pero  además,  la  disputa no se limitó al  aspecto  antes  reseñado,  sino  que  la  censura también se dio a la tarea de  cuestionar  la  apreciación probatoria que le sirvió de fundamento al Tribunal  en  el  sentido de no estar acreditada la culpa endilgada a las demandadas, pues  en  ambos  cargos  también  se  hacen  manifestaciones  como las que a renglón  seguido  se  compendian:  “Pero  como  si lo expuesto, debidamente probado, no  fuera   suficiente,   ocurrió   que  la  negligente  conducta  culposa  de  las  fiduciarias  demandadas que causó daño, inadvertida en la sentencia impugnada,  ya  que  no  se  percataron  de  la  invalidez  de  la  escritura  pública 0973  aludida”;   que   “la   negligente   conducta   culposa…como   ha  quedado  evidenciada,  TRAJO  COMO RESULTADO OTRO ACTO CULPOSO que CAUSO EL DAÑO” (fl.  24);  que  “…es  obvio  que  la  negligente conducta dio nacimiento al hecho  culposo,   el   cual   conlleva   responsabilidad   extracontractual   que  debe  indemnizar….consistente  en  la  pérdida  de  la  garantía  que el predio La  Granjita  representaba dentro del patrimonio de los herederos…la cual al haber  desaparecido   por  la  conducta  culposa  de  las  fiduciarias  demandadas  las  responsabiliza”  (fl.  30); y que “Encontrándose demostrado, como lo está,  el  incumplimiento de los deberes fiduciarios, por las fiduciarias demandadas no  puede  aceptarse más que su condena al pago de los perjuicios reclamados por el  daño   causado   dada  la  negligente  conducta  …y  de  sus  responsabilidad  descartados  por  la  sentencia  impugnada….que  no cumplieron las fiduciarias  demandadas   a   pesar   de   estar   comprobados   sus   presupuestos”   (fl.  37).   

Resulta  así  claro  que  el  recurrente le  disputa  al  Tribunal  su  visión de los hechos, pasando por alto que cuando la  sentencia  se  impugna  por  la  vía  directa,  “la actividad dialéctica del  impugnador  tiene  que  realizarse  necesaria  y  exclusivamente  en torno a los  textos   legales   sustanciales   que   considere   no  aplicados,  o  aplicados  indebidamente,  o erróneamente interpretados; pero en  todo  caso  con  absoluta prescindencia de cualquier consideración que implique  discrepancia  con  el juicio que el sentenciador haya hecho en relación con las  pruebas”   (CXLVI,  60).  Por  eso  “el  recurrente  no  puede  separarse,  un  ápice  siquiera,  de la  quaestio facti, cual y como  fue  apreciada  por el sentenciador, so pena de resultar inidónea la acusación  en  caso  de  que  ello ocurra” (Se subraya; CCXLIII,  51).  Al  fin y al cabo, “el ultraje al derecho sustancial deviene por caminos  paralelos  y  que, por lo mismo, al tiempo que preservan su distancia, jamás se  tocan”,  como  quiera  que  en  la  violación directa de la norma sustancial,  “se  le  increpará  –al  juzgador- que su entendimiento del derecho material es  deficitario”,  mientras  que  en  la vía indirecta  “que  no es el mejor observador del expediente en punto de pruebas.  Allá  se  le  juzgará  de  poco  criterioso  en  dicho ámbito;  acá de alterar la contienda probatoria que supone el  proceso”   (cas.   civ.  de  20  de  septiembre  de  2000).   

En consecuencia, no prospera ninguno de los  cargos formulados por la vía directa, como se anunció.   

VIA  INDIRECTA   

CARGO PRIMERO  

Con apoyo en la causal primera de casación  se   acusó   la   sentencia   del   Tribunal   de   violar   los   artículos  1226, 1233, ord. 3° del 1234, inciso 2° del 1238, 1243  del  Código  de  Comercio,  Ley  45 de 1990 y 51 del decreto 2651 de 1991; 743,  756,  794,  inc. 3º 1604, 1740, 1741, 2161, 2341, 2342, 2488 y 2489 del Código  Civil,  art.  56 de la Ley 53 de 1887 y 2° del decreto 1250 de 1970; 4, 6, 183,  184,  249,  322  y  333  del Código de Procedimiento Civil como consecuencia de  error  de derecho por la falta de valoración de las pruebas aportadas, “al no  haberles  dado  el  valor  probatorio  expresado  en  el C. de P.C.” (fl. 38).   

Entre  las  pruebas destacó el censor, las  siguientes:   

a) La sentencia de 3 de octubre de 1983 que  impuso  a  las  demandadas la obligación de restituir el inmueble La Granjita a  Guillermo  de  Mendoza,  cuya trascendencia no fue valorada, “al no aceptar la  omisión  de  los  deberes  fiduciarios  que  significaban  demostración  de la  negligente  conducta  culposa  de  las demandadas, violando los arts. 63, 2341 y  2348 del C. Civil y el 1243 del C. de Comercio”.   

b)    La  comunicación visible a  folios  174  a  176  delk cdno 2, dirigida por el actor al Banco de Colombia por  medio  de  la  cual  aquel  hizo  conocer  el  crédito  a su favor y a cargo de  Guillermo  de  Mendoza,  “prueba  que  demuestra  la  violación  de  la norma  sustancia  (sic),  base de la responsabilidad por conducta culposa” (fl.s 42 y  43).   

c)   La  escritura  0973 de 1992 de la  Notaria  46 de Bogotá, la cual da “más aún razón de la irresponsabilidad y  de  la  negligente conducta culposa de las fiduciarias demandadas al desobedecer  lo  dispuesto  en  la  sentencia  de  3  de  octubre  de  1983  toda  vez que no  realizarón  la restitución del predio…sino que auspiciaron que los herederos  fueran quienes otorgaran la  0973 citada”   

d) Los interrogatorios de parte rendido por  los  representantes legales de las fiduciarias, que dan las razones ilegales del  desobedecimiento  a  lo ordenado en la sentencia de 3 de octubre de 1993, que si  hubieran  sido valorado “habrían dado cuenta de la conducta culposa existente  de   las   fiduciarias   demandadas  y  la  consiguiente  responsabilidad  civil  extracontractual de estas”.   

e)    La   prueba   pericial  de  la  evaluación  del  daño  causado  que  no  haber  sido  objetadas “llevan a la  inteligencia  la  EXISTENCIA del daño que causado tiene que indemnizarse, falta  de   valoración  que  llevó  a  la  violación  de  las  normas  sustánciales  denunciadas.   

Según  el recurrente “estando demostrada  en  todos  y  cada  uno  de  los  cargos  formulados  a la sentencia la conducta  negligentemente  culposa realizada por las fiduciarias demandadas, ocasionadoras  del   daño,   avaluado  mediante  pruebas  legales  y  legalmente  aducidas…y  significado  el  nexo entre la conducta y el daño mediante las diversas pruebas  determinadas  por  ley…es  imperioso  reconocer la violación de las normas de  derecho  sustancial  con la consecuencia de la Casación de la sentencia” (fl.  46).   

CARGO  SEGUNDO  

El censor señaló como pruebas ignoradas las  siguientes:   

a)   La escritura 2148 de 1978 de  la  Notaría  18  de Bogotá junto con el certificado de libertad No. 50-0235753  que demuestran la calidad de fiduciarias de las demandadas.   

b)   La  sentencia  de 3 de octubre de  1983 que dispone la restitución del predio La Granjita.   

c) La escritura 2702 de 1991 de la Notaría  7ª  de  Bogotá  mediante  la  cual  se  protocolizó  el  proceso sucesoral de  Guillermo  de  Mendoza  que  demuestra  la  no  adjudicación del inmueble antes  mencionado, a sus herederos.   

d) La prueba pericial de la valoración del  monto del perjuicio causado.   

e)   La escritura 0973 del 26 de junio  de  1992  de  la  Notaría 46 de Bogotá junto con la totalidad de documentos en  ella  protocolizados, “que da cuenta que las demandadas en vez de restituir el  inmueble  auspiciaron la ilegalidad e ilegitimidad al permitir que los herederos  de   Guillermo  de  Mendoza,  sin  ser  titulares  del  derecho  de  dominio  lo  pretendieron transmitir como derechos litigiosos”. (fl. 53).   

Con  base  en  la  multiplicidad de pruebas  relacionadas    y   no   consideradas   en   la   sentencia    –prosiguió-,  “cómo es posible que  esta  afirme  que no existe prueba ni de la conducta negligente y culposa de las  demandadas  causante de daño, ni del conocimiento de la existencia del crédito  a  cargo de los herederos, cuando existe la nota comentada que lo acredita y sin  embargo  las libera de responsabilidad por no haber considerado la existencia de  las pruebas existentes” (fl. 54).   

Expresó  finalmente  que  si  la sentencia  hubiera  tenido  en  cuenta  las  pruebas  aportadas,  la decisión hubiere sido  diametralmente  diferente y contundente en pro del reconocimiento incuestionable  de  la  negligente conducta de las demandadas, que fue, la causa eficiente de su  conducta culposa.   

Solicitó,   en  consecuencia,  casar  la  sentencia   y  en  su  reemplazo  dictar una providencia estimatoria de las  súplicas de la demanda.   

CONSIDERACIONES  

         El   recurso  extraordinario  de  casación,  como  es  sabido,  no  autoriza  a  la  Corte  para  adentrarse en la controversia sobre los hechos que  originan  el  litigio,  salvo que el juzgador incurra “….en equivocación de  hecho  o  de  derecho  en  la  apreciación  probatoria, y, ese error sea de tal  magnitud  que,  como  consecuencia de él, se produzca el quebranto de normas de  derecho  sustancial,  caso  en  el  cual  podrá invocarse ese yerro como causal  indirecta  de  la  violación de normas de ese linaje, conforme lo dispuesto por  los  artículos  368,  numeral 1 y 374, numeral 3º del Código de Procedimiento  Civil” (cas. civ. 17 de octubre  de 2000, Exp. 5727).   

         Ello  obliga  al  recurrente, cuando impugna la sentencia con apoyo  en  la  causal primera de casación, alegando la existencia de error de hecho en  la  apreciación  probatoria, a demostrar que el yerro del sentenciador, además  de  trascendente, es evidente, manifiesto u ostensible, es decir, que existe una  palmaria  contradicción entre lo afirmado por el sentenciador y la realidad que  aflora de las pruebas que militan en el expediente.   

         

         Así   lo  ha  sostenido  reiteradamente  esta  Sala  en  repetidas  ocasiones,  al expresar que “no se puede aniquilar o  quebrar  el  fallo impugnado cuando el recurrente ha acudido a la vía indirecta  de  acusación  y  simplemente  organiza  un examen de los medios de convicción  diferente  al que hizo el Tribunal, más profundo o más sutil, pero sin ir más  allá,  porque  como  la sentencia de instancia llega a la Corte amparada con la  presunción  de  acierto,  aquello  sólo  puede  tener lugar en presencia de un  yerro   fáctico   evidente   que  trascienda  a  la  parte  resolutiva  de  ese  pronunciamiento,  demostrado  cabalmente  por  la  censura,  como  quiera que la  casación  no puede fundarse en la duda sino en la certeza” (CCLXI Exp. 5243).   

         2.   Descendiendo al análisis de los  cargos  se advierte que, con prescindencia de que se  hubiere denunciado en  el  cargo  primero  la comisión de un error de derecho cuando por su desarrollo  se  trata  de  circunstancias  propias  del  error  de  hecho,  en ambos el  recurrente  se  limitó  a enunciar las pruebas respecto de las cuales considera  existió  yerro por parte del Tribunal, entre las que destacó la sentencia de 3  de  octubre  de  1983,  la  escritura  pública 0973 de 26 de junio de 1992, las  declaraciones  de parte rendidas por los representantes legales de las entidades  demandadas,    el    dictamen    pericial,    etc.,    pero   sin   exponer  las  razones  en  virtud  de las cuales, las apreciaciones  hechas   por  el  ad  quem  reñían  ostensiblemente  con  la realidad que arrojaba el material probatorio,  olvidando  que  frente  a  esta  modalidad  de  ataque,  por  error de hecho, la  legislación  procesal  civil  exige su cabal demostración, pues “no se trata  entonces  de  contraponer  la  interpretación que de las pruebas hace el censor  con  la  que  hiciera  el Tribunal…El impugnador, con miras a dejar sentada la  presencia  del  yerro,  tiene  que  cotejar  lo  expuesto  en  el  fallo  con lo  representado  por  la  prueba,  a  fin  de  que  de  esa confrontación brote el  desacierto  del  sentenciador, de manera clara y evidente” (cas. civ.  29  de febrero de 2000, Exp. 6184).   

         Para  corroborar  lo  anterior,  la  Sala observa que el recurrente  expresó  que la sentencia de 1983 “se considera prueba con valor trascendente  fundamentada  en  el  art.  334  del  C.  de  P.C”.; que “como quiera que lo  ordenado  es  la  restitución  del  inmueble  La  Granjita  por las fiduciarias  demandadas  en razón de su calidad de titulares del patrimonio autónomo….han  tenido  las  demandadas  que realizar y probar tal acto por ser su deber…y sin  embargo  la sentencia no valoró la trascendencia de la providencia” (fl. 41);  que  la  escritura 0973 “da mas aun la razón de la  irresponsabilidad  y  de  la  negligente  conducta  culposa  de  las fiduciarias  demandadas…..por  lo cual la sentencia impugnada al dejar de valorar la prueba  comentada  violentaron  las  normas  sustanciales  mencionadas…”;  que “si  hubieren   valorado  las  pruebas  de  interrogatorio  de  parte…la  sentencia  impugnada   habría  dado  cuenta  de  la  conducta  culposa  existente  de  las  fiduciarias  demandadas”  (fl.  44); que “estando demostrada en todos y cada  uno   de   los  cargos…la  conducta  culposa  realizada  por  las  fiduciarias  demandadas,  ocasionadoras  del  daño,  avaluado  mediante  pruebas  legales  y  legalmente  aducidas….no  valoradas ni aplicadas por la sentencia impugnada es  fatalmente   imperativo  reconocer  la  violación  de  las  normas  de  derecho  sustancial”   

         En  el  cargo  segundo, reitera el recurrente, después de enlistar  las  pruebas  respecto de las cuales endilga el yerro fáctico, que  “con  base  en  la  multiplicidad  de  pruebas  relacionadas  y  no consideradas en la  sentencia  impugnada,  cómo  es posible que esta afirme que no existe prueba ni  de  la conducta negligente y culposa de las demandadas causante de daño, ni del  conocimiento  de  la  existencia  del  crédito a cargo de los herederos” (fl.  54);  que  “Si  la  sentencia  hubiere  tenido en cuenta las pruebas aportadas  regularmente  al  proceso,  su decisión hubiere sido diametralmente diferente y  contundente  en  pro del reconocimiento incuestionable de la negligente conducta  de  las demandadas, que fue, exactamente la causa eficiente de  su conducta  culposa,  del  daño que causaron y de la manifiesta correlación entre estas”  (fl. 57).   

          En    puridad,   en   los   cargos   sub  examine, el recurrente   no  presentó  la  correspondiente  e  ineludible  argumentación que permitiera  apreciar  que  el Tribunal incurrió en desacierto monumental al concluir que no  estaba  demostrada  la culpa y la relación de causalidad, de modo que la prueba  de  los  yerros,  su  evidencia  y  trascendencia,  es  asunto que, stricto  sensu,  se  quedó en la simple  enunciación  y  sabido  es  que  ello  en  casación,  como se acotó, no es de  recibo.   

         3.    Pero  con  prescindencia  de  lo  anterior, la Sala  tampoco  observa que el Tribunal hubiere incurrido en los yerros denunciados por  el  censor, menos con la evidencia y envergadura indefectiblemente requeridas en  el marco de este recurso.   

         En  efecto,  el  sentenciador no ignoró ni la sentencia dictada en  el  juicio  ordinario  de lesión enorme, ni la escritura 0973, pues en su fallo  manifestó  que  “no  aparece  el actuar negligente o doloso que el demandante  endilga  al  extremo  pasivo  para  de  allí derivar la responsabilidad por los  hechos  propios,  situación que además se refuerza si se tiene en cuenta que a  quienes   se   les  transfirió  el  dominio  del  bien  raíz  también  fueron  poderdantes  del  actor  en  su condición de cesionarios de derechos litigiosos  del  inicial  mandante,  cesión que no corresponde analizar en este asunto pero  que  sí  llama  la atención en tanto que justamente, según la actuación, tal  fue  objeto  de  defensa  por parte del demandante en el juicio ordinario que se  siguió  ante  el  Juzgado  17 Civil del Circuito de esta ciudad, lo que de suyo  implica  la  conformidad  del  mandatario  con  la sustitución procesal que por  causa  de  ese  fenómeno jurídico debía ocurrir, lo  que   no  tiene  significación  distinta  a  que  los  cesionarios  fueran  los  beneficiados    con   la   sentencia   favorable   que   en   ese   litigio   se  obtuvo  y,  consecuencialmente,  a  favor  de quienes  debía  realizarse  la  restitución  del  inmueble,  como  finalmente  sucedió  y   en   esa  condición  aparecen  suscribiendo  la  correspondiente  escritura”  (fl.  89);  que “las  demandadas  al  acatar  las  instrucciones  de  los  herederos  de  Guillermo de  Mendoza             –calidad  que  en  momento  alguno  se  desconoció  en este proceso  y que aparece protocolizadas con la escritura a folio  284    –y  tradir  la  propiedad  del  bien  inmueble  a  los  cesionarios,  beneficiarios   de   la   sentencia,  según  se  explicó-  no  incurrieron  en  comportamiento  alguno  del cual pueda derivárseles responsabilidad a favor del  actor” (fl. 90).   

        Por  tanto,  si  el  error de hecho se presenta cuando el juzgador  “…hubiere  supuesto  prueba  inexistente  en los  autos  o ignorado la que sí existe en ellos, o adulterado la objetividad de esa  agregándole  algo  que  le es extraño o cercenando su real contenido” (CXXX,  152,  CCXXV, 37 y CCXXXIV, 200), en el presente asunto, contrario a lo sostenido  por  el  recurrente, el Tribunal no ignoró las probanzas antes mencionadas; muy  por  el  contrario,  las apreció y valoró en la sentencia impugnada, sólo que  consideró  que  ellas  no  demostraban  conducta culposa  atribuible a las  demandadas,  ni  la  relación  causal,  juicio  que  no se muestra rayano en lo  irrazonable  o  en lo arbitrario como es menester en la esfera casacional, en la  que  se exige que la única propuesta hermenéutica válida sea la esgrimida por  el censor.   

        No  sobra  reiterar  que  la  sentencia impugnada llega a la Corte  amparada  por  una  presunción  de  acierto,  lo que le impone al recurrente la  carga  de  infirmar su juridicidad y presunción de legalidad “…la que no se  puede  socavar  mediante  una  argumentación que se  limite  a  esbozar  un nuevo parecer, por ponderado o refinado que sea, toda vez  que,  in abstracto, tanto  respeto  le  merece  a  la  Sala  el  criterio  que en esos términos exponga la  censura,  como  el  que  explicitó  el  fallador  para  soportar  su  decisión  judicial.  Lo  que se exige en este punto, es que el  recurrente  desvirtúe  por  la  fuerza  del  contenido  objetivo  de las mismas  pruebas  –si de error de  hecho  se trata-, o de los perentorios mandatos de las disposiciones probatorias  –si  es  un  yerro  de  derecho  el  que se predica-, todas y cada una de las conclusiones fácticas del  sentenciador  en  las  cuales  soportó  su  providencia,  de  modo tal que, sin  hesitación  alguna, a la razón se imponga el mérito probatorio que la censura  revela”(cas.  civ.  5  de febrero de 2001, Exp. 5811, reiterada en cas. civ. 1  de marzo de 2003, Exp. 7141).   

        Finalmente,  es  cierto que el Tribunal no se refirió al dictamen  pericial  o  a  las  demás  probanzas  enunciadas  por  el  censor,          pero ello  no  implica,  per se, que  hubiere  cometido  el  error  denunciado,  pues  como  ha  tenido oportunidad de  precisarlo  la  Sala,  “…la mera circunstancia de que en un fallo no se cite  determinada  prueba  o  parte  del  contenido  de  la  misma,  no  implica error  manifiesto  de  hecho,  a  menos  que de haber apreciado el ad-quem tal medio de  convicción,  la  conclusión del pronunciamiento ciertamente hubiere tenido que  ser  distinta  a la adoptada por el fallador “ (cas. civ.  11 de marzo de  1991;  Vid  CXXIV, 448, cas. civ. 6 de abril de 1999, Exp, 4931 y cas. civ de 17  de  mayo de 2001 Exp.  5704), lo que no se presenta en este caso, pues como  quedó  visto, la sentencia desestimatoria del Tribunal se apoyó en la falta de  legitimación  del  actor  y  en  la  ausencia  de prueba de la culpa y del nexo  causal,  y  la  primera  de  tales  circunstancias  quedo  incólume al no haber  florecido   ninguno   de   los   cargos   formulados   al   amparo  de  la  vía  directa.   

En   consecuencia,   no   prosperan   los  cargos.   

DECISION   

Por  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil,  administrando  justicia  en nombre de la  República   y   por   autoridad   de   la  ley,  NO  CASA  la  sentencia  del  19  de  diciembre de 2002,  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bogotá en el  proceso ordinario antes referenciado.   

Costas del recurso extraordinario a cargo de  la parte recurrente. Tásense.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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