AC3716-2014 [2012-01877-00]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

AC3716-2014  

Bogotá,  D.C., siete (7) de julio de dos mil  catorce (2014).   

Se  decide  acerca del recurso de reposición  formulado  por  la  Cooperativa  Norteña  de Transportadores Ltda. –  Coonorte contra el proveído de 20 de  junio   del   año   en   curso,   que   negó   la   suspensión  del  presente  trámite.   

ANTECEDENTES  

1. La demandante en revisión, en sus alegatos  finales   solicitó   la   interrupción   de  la  actuación  hasta  cuando  la  jurisdicción  penal  se  pronuncie respecto de la falsedad del documento en que  se  fundó  el fallo cuya revisión pretende, proferido el 13 de octubre de 2001  por la Sala Civil del Tribunal Superior de Medellín.   

          2.  Al  desatar  aquella petición se precisó que ante el organismo  investigador  tan  solo  cursa  una  «investigación  previa»  que si bien tiene  que  ver  con  el  asunto  que  suscita el recurso extraordinario, no alcanza el  cariz  de «proceso penal, strictu sensu»,  sino  que  constituye  una  fase anterior a este y en esa medida,  «la suspensión del fallo  de  revisión  establecida  en  el  inciso final del precepto 381 del Código de  Procedimiento Civil, no resulta viable».   

3. En sustento del recurso de reposición se  adujo   que   tanto   el   artículo  170  como  el  precepto  381  ibídem,  datan  mínimamente  de  1989,  época  en  que el «proceso  penal»  según  el Decreto  181  de  1981, vigente, «se  gestaba  desde  la denuncia y no había lugar a separar conceptualmente la etapa  de  la  investigación  previa,  de  la etapa de la acusación y de la etapa del  juzgamiento»,  por  lo que  las  normas  de  procedimiento  civil  ya  citadas,  en  concordancia con las de  trámite   punitivo   «se  fundaban  en  el hecho irrebatible de que la suspensión del proceso, o mejor la  suspensión  de  la  sentencia,  procedían cuando se había iniciado un proceso  penal,  bajo  el  entendido  de que el proceso se iniciaba con la denuncia y sin  que  hubiera  lugar alguno a separar la parte investigativa de las demás etapas  del proceso» (fls. 250-265).   

CONSIDERACIONES  

1.  En cuanto al mecanismo de contradicción  formulado,  el artículo 348 del Código de Procedimiento Civil en lo pertinente  contempla   que  «[s]alvo  norma  en  contrario,  el  recurso  de reposición procede contra los autos que dicte el juez, contra   los   del   magistrado  sustanciador  no  susceptibles  de  súplica  y  contra los de la Sala de Casación Civil  de    la    Corte    Suprema    de    Justicia,   para   que   se   revoquen   o  reformen..» (se resalta).   

A  su  vez,  el  precepto  363  ibídem,    prevé   que   «el     recurso     de     súplica  procede  contra  los  autos  que  por  su  naturaleza  serían  apelables,  dictados  por  el Magistrado sustanciador en el curso de la  segunda  o  única instancia, o durante el trámite de la apelación de un auto.  También  procede  contra el auto que resuelve sobre la admisión del recurso de  apelación  o  casación  y contra los autos que en el  trámite  de  los  recursos extraordinarios de casación o revisión profiera el  magistrado  sustanciador  y  por  su  naturaleza  hubieran  sido susceptibles de  apelación”   (subraya  fuera de texto).    

2.  Según  quedó  visto,  la  providencia  criticada  negó  la  petición  de  suspensión  incoada  por  la promotora del  recurso,  determinación  que  al  tenor  de  lo  previsto  en  el  precepto 171  ibídem  es  susceptible de  apelación,  lo  que  implica  que  contra  la  misma  procede  el  «recurso   de  súplica»,  conforme  lo  dispuesto   en   el   canon  363  ejusdem.   

3. Lo anterior evidencia la imposibilidad de  examinar  el  medio  de impugnación propuesto, al no corresponder al legalmente  establecido,  imponiéndose entonces su rechazo por improcedente, en aplicación  de  la  regla  consagrada  en  el  numeral  2º  de  la  norma  38  del  aludido  ordenamiento.   

4.   Cabe  acotar  que  no  es del caso  adecuar         el         trámite        del        citado        «recurso»  al  que  válidamente  está  previsto,  dado  que  no  se  presenta  una  situación  de  ambigüedad  en  su  formulación,  criterio  este  que  la Sala en providencia CSJ SC, 12 abr. 2011,  exp. 2005-00227, planteó así:   

Al  respecto  téngase  en  cuenta  que los  medios  de  impugnación [están habilitados] para la parte que resulte afectada  con  una decisión, aspectos estos que estructuran lo que la doctrina ha llamado  legitimación  e  interés para recurrir, predicando que aquella en principio la  tienen  ‘las  partes del  proceso’  y  éste  el  sujeto procesal a quien le irrogue perjuicio la providencia.   

         

‘Como  puede  advertirse,    no    es    el    funcionario    judicial,    son    ‘las         partes’  del  juicio,  quienes  válidamente  tienen   la   prerrogativa   para   la   contradicción   de   las  ‘decisiones’  y  dado que el legislador establece  taxativamente   los   mecanismos   para   el   ejercicio   de  ese  derecho,  es  incuestionable  que su escogencia está bajo la responsabilidad de quien lo va a  formular.   

‘Es por ello que  cuando  se  expresa de manera clara o inequívoca, es decir, sin ambigüedad, la  denominación        del        ‘recurso’, el  juez  no  puede  apartarse de lo dicho, porque estaría invadiendo la esfera del  poder  dispositivo  del impugnante y variando las circunstancias respecto de las  cuales  a  la  opositora  se le dio publicidad de esa actuación, porque podría  afectársele su derecho de defensa.   

‘Además, debido  a   que   en   los  juicios,  por  regla  general  los  litigantes  deben  estar  representados  por  un  abogado inscrito (como en este caso acontece), se supone  que  los  actos  procesales  que  promoviere,  están  ajustados  a  la técnica  jurídica  y  de  ahí  que no resulte compatible con la función de administrar  justicia,      entrar      el      ‘juez’  en  esos  eventos  de  total  claridad  en  lo  planteado,  a  asumir  la  labor  de  interpretación,  porque  comprometería  su  imparcialidad y, de paso se genera  desigualdad  para  la  parte  contraria’.   

5.   No  obstante  lo  comentado,  con  el  propósito  de  clarificar  lo  dicho  por  el memorialista, para quien la norma  penal  vigente  correspondía  al  «decreto  181  de  1981»  con  el  cual  «el  proceso  penal  se  gestaba  desde  la  denuncia  y  no  había  lugar a separar  conceptualmente  la  etapa  de  la  investigación  previa,  de  la  etapa de la  acusación  y  de la etapa del juzgamiento», se impone  recordar  que  por  regla  general,  las  normas  punitivas  se  aplican  a  las  «conductas        jurídico        penalmente  reprochables»  cometidas durante su vigencia, a menos  que  las  anteriores  o que le sobrevengan contengan previsiones más favorables  al  «sujeto pasivo de la acción penal»,  casos en los cuales, las respectivas disposiciones legales pueden  tener aplicación, ya retroactiva, ora ultractiva.   

6.  Como  en  este  asunto  se  le  endilga  «falsedad»  a   la   certificación   que   aparece   expedida  el  «6  de  febrero  de  2004» por  el  Secretario  de Transportes y Tránsito de Yarumal en la que  consta   que   para  ese  momento,  el  camión  de  placa  TOD-167  se  hallaba  «afiliado  a:  Coonorte»  (fl.  57  c.1), no hay duda  que  tal  fecha  determina  la  ley  aplicable al comportamiento que se acusa de  ilícito,  lo  que  revela  que  es la 600 de 24 de julio ese año, dado que los  sucesos  acaecieron  dentro  de su vigencia, no antes y tampoco resulta cobijado  por    la   «Ley   906   de   31   de   agosto   de  2004»  que comenzó a regir  el 1° de enero de 2005.   

7.  De  todas formas, dado que el tema aquí  planteado    atañe    al    presupuesto    de   existencia   del   «proceso  penal» que permita analizar la  viabilidad  de  suspender  el  proferimiento  de la sentencia de revisión y tal  requisito   no   se   satisface,   la   decisión   recurrida   debe  mantenerse  inhiesta.   

Se  reitera que la investigación previa, es  apenas    una    etapa    anterior    al   «proceso  penal»  propiamente  dicho,  en  cualquiera  de  las  precitadas normatividades.   

Así lo ha reiterado una y otra vez la Corte  Constitucional,  como se constata, entre otras sentencias de constitucionalidad,  en  la  CC  C-033/03, cuando al «[d]eclarar exequible  la  expresión  ‘y será  sujeto     procesal’  contenida  en  el  artículo  126  de  la  Ley  600  de 2000 (…)», precisó:   

(…)    La  investigación  previa  es  considerada  como  una etapa preprocesal  donde  el  Estado debe determinar si una conducta ha ocurrido, si  está  tipificada  en  la  ley  penal, si se configura una causal de ausencia de  responsabilidad y si la acción penal es procedente (…)   

‘La  investigación  previa  como etapa anterior al proceso  persigue  determinar  si  hay  lugar  o  no  a la acción penal. Se trata de una  actuación  contingente que no debe realizarse si existe suficiente información  para  iniciar  la  acción  penal  habida  cuenta  de la tipicidad del hecho, la  identificación  de  sus  autores o partícipes y la inexistencia de causales de  justificación o inculpabilidad.   

(…)  

La razón de ser de la investigación previa  es  la de establecer los presupuestos mínimos para adelantar la acción penal y  dar     curso     a    la    iniciación    formal    del    proceso.   

Así mismo, en fallo CC C-127/11, al declarar  la   exequibilidad   de   los   artículos   267   y   287  de  la  «Ley   906   de  2004,  ‘por    la    cual   se   expide   el   Código   de   Procedimiento  Penal’»,  la  aludida  Corporación,  refiriéndose  a  la  estructura  del  proceso penal con tendencia acusatoria, expuso:   

Efectivamente,  se  trata  de  un  proceso  conformado    en    términos    generales   por   tres   etapas:   indagación,  investigación  y  juicio,  caracterizado  por  la  realización  de un juicio oral, público, concentrado y  contradictorio,  con inmediación de las pruebas, en el que prima el respeto por  las  garantías procesales de la persona, y en esa medida, la afectación de los  derechos  fundamentales  goza de reserva judicial puesto que debe ser autorizada  de   manera   previa   por   el   fiscal   o  el  juez  mediante  orden  escrita  motivada.   

La Corte ha precisado que la indagación es  una  fase  preliminar,  anterior  al proceso penal propiamente dicho,  cuyo  objeto consiste en que la Fiscalía reúna la información  que   se   requiere   para  dar  inicio  al  proceso  penal,  y  defina  si el hecho delictivo se cometió,  cómo ocurrió y quienes participaron en su realización.   

A  esta  fase  preliminar,  se  refiere  el  artículo   267  demandado,  el  cual  se  ubica  en  el  Título  I  denominado  ‘La  indagación  y  la  investigación’,  concretamente,  dentro  del  Capítulo  VI  correspondiente  a  las ‘Facultades   de  la  Defensa  en  la  Investigación’. La norma  prevé  las  facultades  que  tiene  quien  todavía  no  es imputado durante la  respectiva   investigación   preliminar,  en  contraposición  al  artículo siguiente, el 268, que aborda  las   facultades   de  quien  ya  ha  sido  imputado  durante  una  etapa  también  denominada de investigación, pero que corresponde  a  la  etapa  procesal  propiamente dicha (Subrayas   de   los   apartes   transcritos,   fuera   del   texto  original).   

DECISIÓN  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Rechazar  por  improcedente,  el  recurso de  reposición propuesto frente al auto de 20 de junio de 2014.   

Notifíquese  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

Magistrada    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *