AC462-2014 [2013-02900-00]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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                         CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

AC462-2014  

Radicación    n°  11001-02-03-000-2013-02900-00   

Bogotá,  D.  C., diez (10) de febrero de dos  mil catorce (2014).   

          Se   decide  el  cambio  de  radicación  pretendido  por  el  Fondo  Financiero  de  Proyectos de Desarrollo FONADE y Primeother S. A. S. del proceso  ordinario  2008-0685  promovido por Lucía Alvarado Pacheco y otros contra Pablo  Obregón  González,  Corporación  Nacional  de  Turismo,   Malterías  de  Colombia  S.  A.   –hoy  FONADE     y     Primeother     S.     A.     S,     respectivamente–  y Bavaria S. A.   

1. ANTECEDENTES  

          1.1. Señalan los interesados lo siguiente:   

          En  el asunto la demandante deprecó la reivindicación de un predio  ubicado  en  la  isla  de  Barú.  El  Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito de  Cartagena,  que  lo  conoció,  accedió  a  las súplicas en sentencia de 08 de  octubre  de  2001,  confirmada  por  el  Tribunal  el dos (02) de julio de 2008,  además  ordenó  cancelar  unas  matrículas  inmobiliarias, entre ellas la del  predio  de  FONADE,  y  abrir  uno  nuevo  a  su nombre y el de un cesionario de  derechos litigiosos.   

          a)  Promovieron  dos  incidentes  de  nulidad  porque  el  fallo del  ad  quem nunca se notificó  al  no  fijarse  el edicto respectivo, impidiéndoseles interponer el recurso de  casación.   El  supuestamente  publicado,  con el que luego se quiso hacer  aparecer  como  notificado,  no indicó la hora de desfijación. De la sentencia  se surte recurso de revisión ante esta Corte.   

          El  caso  luego pasó al Juzgado Cuarto Civil del Circuito porque la  titular  del anterior en auto de dos de septiembre de 2008 se declaró impedida.  Éste,  en proveído de 09 de marzo de 2009, reprogramó para junio la práctica  de pruebas.   

          En  providencia  del 30 de septiembre de 2013 negó los incidentes y  ordenó  copias  para  que  la  jurisdicción  disciplinaria  investigara  a los  abogados  promotores. La decisión la basó en que como los trámites en rigor y  la  acción de revisión perseguían idéntico fin, cualquier posición adoptada  en  los  primeros  podría contrariar la que la Corte adoptara en la segunda. En  consecuencia,  no  se  podía  acudir  a  la  parte  final del artículo 140 del  Código  de  Procedimiento Civil para denunciar la falta de notificación.   Pedir   la  nulidad  y  a  la  vez  proponer  recurso  de  revisión  supone  un  “(…)     mórbido     paralelismo     procesal  (..)” que “(…) raya en  un  plausible  atentado  contra  las  reglas de juego del ejercicio limpio de la  profesión del derecho (…)”.    

          Exponen  que el Juzgado Cuarto se reveló contra esta Corporación y  la  Corte Constitucional, quienes en los fallos emitidos resolviendo las tutelas  propuestas  al  respecto, reconocieron que aquel despacho es el que debe definir  de fondo las individualizadas articulaciones.   

          Conforme  a  la  sentencia de tutela de 14 de agosto de 2013 de esta  Sala,  el  adelantamiento  del  incidente  no  se  superpone  a  las actuaciones  seguidas  en  el  recurso  extraordinario.  Mientras el Juzgado en el auto donde  negó  aduce  respetar  la  jerarquía  funcional  de  esta  Corte,  las razones  aducidas  son  contradictorias  a  los argumentos en los cuales la Sala basó la  confirmación  del indicado amparo. Al paso que la Corte dijo que los incidentes  de  nulidad  y  el  aludido  medio  extraordinario  tienen  objeto diferente, el  Juzgado aduce todo lo contrario.   

          En  decisión de 27 de marzo de 2009 (T-211) la Corte Constitucional  señaló  que  las  cuestiones  relativas  a  las irregularidades en el trámite  de   la  notificación  del fallo debía dimirlas el Juzgado y el incidente  era   un  mecanismo  procesal  idóneo  y  eficaz  para  proteger  los  derechos  conculcados   con  tales  irregularidades;  en  fin,  que  ese  trámite  no  es  incompatible con la revisión extraordinaria.   

          El  despacho  en cuestión tiene competencia para decidir el mérito  de  los incidentes, por lo cual es incomprensible que ahora se niegue a ello con  ideas   contrarias   a   la   verdad.   Esa   insólita   decisión   niega   la  justicia.   

          b)  En el Distrito Judicial donde se adelantó el proceso y ahora se  surte  el  incidente  están comprometidas la imparcialidad, la independencia de  la  administración  de  justicia y  las garantías procesales, situaciones  que  lesionan los intereses del Estado.  Cinco años después de haber sido  promovidos,  sin  ninguna  valoración  probatoria y mediante razones que riñen  con  la  realidad,  rechaza  los  incidentes,   en  contra  de  lo  que  se  esperaría  de  un  juez independiente, imparcial y respetuoso de las garantías  procesales, las cuales, además, inobservó.   

   

          No  es  independiente ni imparcial un despacho judicial que luego de  ser  demandado  en  tutela con base en determinadas razones, siendo conocedor de  que  ellas  fueron  rechazadas por los jueces que las conocieron, posteriormente  dicta  de  manera  sorpresiva una providencia que reproduce la argumentación de  los accionantes de ella.   

          En   el   Tribunal   se  cometieron  graves  irregularidades  en  el  preanotado  trámite  de  la  notificación, de donde es imperativo el cambio de  radicación,  para proteger aquellas garantías y salvaguardar el patrimonio del  Estado.  Tan  clara  es la falta de garantías en ese Distrito que esta Corte en  sentencia   de   tutela   de  15  de  septiembre  de  2008  ordenó  a  la  Sala  Administrativa   del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  ejercer  vigilancia  especial    sobre    el    proceso,   sin   que   a   la   fecha   conozcan   su  resultado.   

          1.2.  Piden  ordenar  el  cambio  de  radicación del proceso a otro  distrito judicial.   

2. CONSIDERACIONES  

          2.1.   El  novísimo  reglamento  instrumental,  incorporado  en  el  Código  General  del  Proceso, atribuye a esta Sala de la Corte el conocimiento  “(…)  de  las peticiones de cambio de radicación  de  un proceso o actuación de carácter civil, comercial, agrario o de familia,  que  implique  su  remisión  de  un  distrito  judicial  a  otro”.   

          En  términos  del numeral octavo del artículo 30 del C. G. del P.,  una  mudanza de esa índole podrá disponerse, solo por excepción, “(…)  cuando  en el lugar en donde se esté adelantando existan  circunstancias  que  puedan  afectar  el  orden  público, la imparcialidad o la  independencia  de la administración de justicia, las garantías procesales o la  seguridad    o    integridad    de   los   intervinientes   (…)”.    

          2.2.  En  esta oportunidad se atribuye a los jueces implicados haber  faltado  a  la  independencia  e  imparcialidad  en  derredor de las actuaciones  descritas,  e  impedido  con ello, que los interesados ejercieran algunas de las  garantías procesales.   

          2.3.  Como  se  sabe,  la división de las tareas en el Estado no es  una  creación  o  invento contemporáneo; se trata de un esquema inveterado del  manejo  de  la  cosa  pública,  y que hoy subsiste como mecanismo de control de  poder y como fundamento del Estado democrático.   

          De  ese modo, la actividad que normativamente le compete a esta rama  ha   de   cumplirse   con   estricta   sujeción   a   tales   postulados,  como  inequívocamente  se desprende no sólo del artículo 113 de la Carta Política,  al   prescribir   que   para   la   realización   de   sus  fines  “los    diferentes   órganos   del   Estado   tienen   funciones  separadas”,  sino  del  artículo  228  ibídem,  en  cuanto  establece  que  las  decisiones  de  la  administración de justicia “son  independientes”  y  “su  funcionamiento  será desconcentrado y autónomo”. De  allí  que  la  jurisprudencia tenga dicho que la administración de justicia se  cumple  mediante  la  forzosa  aplicación  de  los  principios fundamentales de  independencia y de imparcialidad.    

          2.4.                      La  imparcialidad  hace referencia a la ausencia  total  por parte del juez de interés en su propia decisión, distinto del de la  recta  aplicación  de  la justicia. Por ello tiene prohibido conocer y resolver  asuntos  en  que  sus  intereses  personales  se  hallen  en  conflicto  con  su  obligación  de aplicar rigurosamente el derecho. No se puede ser juez y parte a  un  mismo  tiempo.  En  esto  estriba  la  razón  de  ser  de  las  causales de  impedimento y de recusación.   

          Constituye  la  imparcialidad “(…) uno  de  los  principios  sobre los cuales se fundamenta la función judicial, según  referencia  que  es pertinente realizar en los términos del artículo 209 de la  Constitución  Política,  en  concordancia  con  el  artículo  228 ibídem que  define  la  administración  de  justicia  como  una  función  pública.  (…)  [E]ncuentra  consagración  positiva (…) además, en el plano internacional en  el  que  los  artículos  8.1  de  la  Convención Interamericana sobre Derechos  Humanos  (Pacto  de  San  José  de  Costa Rica de 1969) y el artículo 14-1 del  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  prescriben que toda  persona  tiene  derecho  a  ser oída, con las debidas garantías, por un juez o  tribunal competente, independiente e imparcial.   

          “(…)  [E]s  un  deber  de  todos  los  empleados y funcionarios  judiciales,     quienes     deben     desempeñar    su    cargo    ‘con    honorabilidad,    solicitud,  celeridad,    eficiencia,   moralidad,   lealtad   e   imparcialidad’,  según  lo  ordena el num. 2° del  artículo  153  de  la  Ley  270  de  1996, Estatutaria de la Administración de  Justicia.  (…) [C]omo garantía judicial del derecho a la igualdad ante la ley  (artículo  13  de  la  Constitución  Nacional),  implica  que los funcionarios  judiciales  no deben tener ningún tipo de interés en el resultado de un asunto  sometido  a  su  consideración, y que la decisión que deba adoptarse no se vea  influenciada  por  la  opinión  que el juzgador tenga respecto de alguna de las  partes”   (auto  de  17  de  junio  de  2013,  exp.  #2013-00311-00).   

          2.5.                      Las   garantías   procesales   constituyen  el  conjunto  de  derechos  que  las  normas  positivas le conceden a las partes con  miras  a  poner  a buen resguardo el principio de igualdad material de todos los  sujetos   procesales,   como   expresión  del  derecho  fundamental  al  debido  proceso.   

          “Nadie  discute  que  el  debido  proceso  es  un derecho, que le  confiere  a  toda  persona  un  conjunto  de  prerrogativas  y salvaguardias que  dinamizan  y  protegen  su  intervención  en  cualquier  actuación  judicial o  administrativa  que  adelante  el  Estado,  las  cuales,  al  propio  tiempo que  posibilitan  una  participación  activa  del individuo en el juicio respectivo,  delimitan  el  ejercicio  de  la función pública y, en cuanto sean respetados,  legitiman  el  uso  del poder. En tratándose de procesos judiciales, el derecho  en  cuestión,  de  suyo fundamental, se erige en una arquetípica garantía que  impide  el  desbordamiento  de  la  función  jurisdiccional,  la cual, por ello  mismo,  se  encuentra  reglada,  de  suerte  que los jueces tienen el compromiso  constitucional  y  legal  de  ajustar  su  proceder  a un conjunto de normas que  determinan  la  forma  como debe adelantarse la actuación y que hacen efectivos  los  derechos  que  integran  el  debido  proceso,  como  el  de ser juzgado con  estricta  sujeción  a  las  formas propias de cada juicio y por el juez natural  del  caso;  los de defensa y contradicción; el de impugnar las providencias del  juez;  el  de  publicidad  de  la  actuación;  el  de presentar pruebas y el de  controvertir  las  que se aduzcan en su contra; el de asistencia legal efectiva,  entre  otros tantos que, por su contenido tuitivo, hacen que la persona no pueda  ser   considerada   objeto   del   proceso  judicial,  sino  sujeto  activo  del  mismo”   (sentencia  de  10  de  febrero  de  2006,  exp.#1997-02717-01).   

          3.  Yendo  al fondo de la cuestión refulge de los hechos fundamento  del  petitum  de  cambio de  radicación  que estos comprometen exclusiva y rectamente a juzgados de un mismo  distrito  judicial,  así haya referencias al Tribunal respectivo.  Empero,  el  disentimiento  in radice,  tiene  que  ver  con  la  forma  como  se tramitan unos incidentes de nulidad en  aquellos   despachos  pero  de  ningún  modo  en  el  sentenciador  de  segundo  grado.   

          3.1.  En  cuanto  hace a la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cartagena,  no  se  arrimó  al cartulario prueba a  través  de  la  cual  se  infiera que esa colegiatura haya actuado por fuera de  cualquiera  de  los  ámbitos  a  los  que  se  extienden  la independencia y la  imparcialidad  del  juez  y  de la administración de justicia, o las garantías  procesales,  específicamente  en derredor del trámite de los incidentes que en  los juzgados se tramitan.   

          Los  interesados  allegaron  con el escrito promotor de un incidente  de   nulidad   (fls.33-37)   unos   fallos  proferidos  en  acciones  de  tutela  (fls.57-124)  y  el  auto  de  30  de  septiembre  de  2013 (fls.148-164), todos  referidos  con exclusividad a actuaciones del Juzgado Cuarto Civil del Circuito,  así  como  los  certificados de existencia y representación (fls.1-5); pero de  la  cuestionada  Sala escasamente allegaron la sentencia de dos de julio de 2008  (fls.6-32),  los  documentos y las constancias visibles a folios 38 a 55 y folio  56,  respectivamente. De ese fajo no brota el hecho irregular, esto es, la falta  de  o  indebida  notificación  del  citado  pronunciamiento,  de tal manera que  llevara  a  afirmar,  inobjetablemente, que por ello el Tribunal en ese quehacer  actuó  con  desprecio  de los cánones de su independencia e imparcialidad o le  impidió   al   extremo  opositor  ejercer  una  cualquiera  de  las  garantías  procesales.   

          La   resolución  de  segunda  instancia  por  sí  sola  carece  de  virtualidad  para  afirmar  o  negar las causales para el cambio de radicación;  solo  testimonia  el ámbito, extensión y sentido de su contenido, y nada más.  Nada  refiere  ni  allega  sobre  la  irregular  notificación por edicto, de la  apuntada providencia.   

          La  versión  que  corre  a  folio  56,  a  través  de  la cual una asistente judicial dice haber  revisado  la  cartelera  de la secretaría del Tribunal entre el 8 y 10 de julio  de  2008, constatando que la única notificación hecha el primero de esos días  fue  la  de un auto ordenando expedir copias, no permite sostener la parcialidad  o  ausencia de independencia de esa colegiatura, ni la obstrucción al ejercicio  del   derecho   o   facultad  procesal  derivada  de  una  garantía  del  mismo  orden.       

          Por  consiguiente,  en  cuanto  hace a la específica actuación del  ad  quem los interesados no  suministraron  evidencia  alguna,  y la mera petición de cambio, por sí misma,  carece  de  fuerza  demostrativa.  Por ello el legislador, como no podía ser de  otro  modo, impuso al solicitante la carga de probar los supuestos de hechos, al  prever:   “(…)  A  la  solicitud  de  cambio  de  radicación   se   adjuntarán   las   pruebas   que  se  pretenda  hacer  valer  (…)”   (art.   30,   num.   8°,  inc.2°,  CGP).   

          En  consecuencia,  no  se  evidencia,  razón  objetiva que autorice  sustraer  de sus atribuciones a una Sala, al no tener el asunto en su poder y al  no  haberse  aportado  la  prueba  respectiva,  que edifique motivo válido para  pensar en el cambio deprecado.       

          2.5.  Ahora,  ningún pronunciamiento puede hacer la Corte sobre las  anomalías  descritas  en  la  petición  en  torno del Juzgado Cuarto Civil del  Circuito,  por  evidente  falta  de competencia, ya que a voces del artículo 31  del  Código  General  de  Proceso  solo a los tribunales superiores de distrito  judicial  en  sala  civil  compete  conocer  “De las  peticiones  de cambio de radicación de un proceso o actuación, que implique su  remisión al interior de un mismo distrito judicial (…)”.   

          Por  lo  reseñado,  y con arreglo a lo previsto por el artículo 85  del   Código  de  Procedimiento  Civil,  se  ordenará  expedir  copias  de  la  actuación,  a  fin  de  que  sea  remitida a la Sala Civil-Familia del Tribunal  Superior    del    Distrito    Judicial    de   Cartagena,   para   lo   de   su  competencia.   

                     

3. DECISIÓN  

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Civil,   

RESUELVE:  

          Primero:  Negar  el cambio de radicación  pretendido.   

          Segundo:   Advertir   que   contra  esta  resolución no proceden recursos.   

          Tercero:  Comunicar  esta  decisión a la  Sala  Civil-Familia  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cartagena y  al Juzgado Cuarto Civil del Circuito de esa ciudad. Ofíciese.   

          Cuarto:  Ordenar a la secretaría expedir  y  remitir  copia de la actuación a la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior  del    Distrito   Judicial   de   Cartagena   para   lo   de   su   competencia.  Ofíciese.   

          Quinto:  Archivar  la actuación, una vez  en firme esta providencia y cumplido lo anterior.   

                     

Notifíquese y cúmplase  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado  

    

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