SC10048-2014 [2008-00102-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

Magistrada Ponente  

SC10048-2014  

Radicación           n°  11001-3103-015-2008-00102-01   

(Aprobada en sesión de quince de julio de dos  mil catorce)   

Bogotá  D.C., treinta y uno (31) de julio de  dos mil catorce (2014).   

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la demandante frente a la sentencia de 12 de noviembre de 2013  proferida  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  dentro  de  los  procesos  ordinarios  acumulados,  promovidos  por la  Cámara de Comercio de Bogotá contra QBE Seguros S.A.   

I.           ANTECEDENTES   

1.   Las  pretensiones  del  actor en el  escrito  con  el  que  se  promovió  el primer juicio (rad. n° 2008-00102-01),  después de su reforma, quedaron de la siguiente manera:   

     

1. Principales     

a).  Declarar  que entre la actora  y  la  accionada  se  celebró  el  contrato  de seguro que consta en la póliza  n°120100000574,  así  como en las condiciones generales y particulares, en los  anexos  y  demás documentos que conforman el citado convenio, instrumento aquel  expedido  el  «29  de noviembre de 2005»,  que rigió del «30 de noviembre de 2005  hasta el 30 de noviembre de 2006».   

b).   En  razón  a que se «consagra[n]  ilegalmente  causales  de  pérdida de indemnización no previstas en las normas  que  regulan  el  contrato  de  seguro  y viola normas imperativas»,  se  solicita  decretar  «la ineficacia,  total    o   parcial,   de   la   cláusula   contenida   en   la   ‘FORM    J    +   REB   2’»  de  la  mencionada  «póliza», en la  que       se       indica:       ‘Condiciones  –  Manejo  de  los  reclamos –  2.  El  asegurado, como una condición precedente a su derecho a ser indemnizado  bajo  esta  póliza,  no  podrá  admitir  responsabilidad  por, o pagar ningún  reclamo  o  incurrir  en ningún costo o gasto que tenga conexión con este, sin  el  consentimiento  escrito  de  la  aseguradora quienes deberán ser llamados a  tomar  y conducir en nombre del asegurado la defensa o liquidación de cualquier  reclamo.  – El asegurado no  deberá  atender  ningún  procedimiento  legal salvo que conjuntamente entre el  asegurado  y  los  suscriptores  se  acuerde que dicho procedimiento deberá ser  atendido.  – El asegurado  podrá  bajo su propio riesgo atender un reclamo o procedimiento legal que en la  opinión  de  la aseguradora deba comprometerlo o pagarlo, bajo el entendido que  los  suscriptores  no  serán  responsables  por  ningún  daño, costo o gasto,  incurrido  directa o indirectamente como resultado de la renuencia del asegurado  a  comprometerse  o  pagar dicho reclamo o procedimiento legal (…)’.   

c).   Reconocer   que   la   «asegurada»  dio aviso a la «aseguradora»,  durante  la vigencia del  reseñado  negocio  jurídico «del hecho de haber sido  notificada  en marzo de 2006 de una demanda en su contra presentada en ejercicio  de  acción  popular  por  las señoras Rosa Elvira Viracachá Tunarosa y María  Omaira  Cely  Vargas»,  acto  este  que constituye un  «reclamo  presentado  por  terceros  contra  la  CCB  durante  la  vigencia  de dicha póliza», el que está  amparado  por  la misma y sujeto al límite del «valor  asegurado».   

d).   Determinar  que QBE Seguros S.A.,  está  obligada  a indemnizar a la Cámara de Comercio de Bogotá, en virtud del  mencionado  contrato de seguro, respecto de «cualquier  suma  por  la que la Cámara resulte legalmente responsable de pagar por daños,  reclamos,  costos  y  gastos  de  reclamaciones como resultado del [aludido]  reclamo  y  de las consecuencias  que derivan del mismo».   

e).   Pronunciarse  en  cuanto  a  que  la  «aseguradora» debe cancelar  a  la «asegurada», con cargo  al  señalado  acuerdo,  «los  honorarios  pactados o  estipulados  a la fecha por la CCB para la defensa de sus intereses con ocasión  de[l  reseñado]  reclamo  o de las consecuencias que derivan del mismo (…), y  los  que  llegare  a  pactar»,  los  que corresponden  a  los pactados con Ricardo Hoyos Duque y con la firma  Godoy  y Hoyos Abogados Ltda. (…), los cuales, sumados, ascienden por concepto  de  suma  fija a la cantidad de ciento treinta y cinco millones de pesos más el  IVA  correspondiente,  y  por  concepto  de comisión de éxito a la cantidad de  trescientos  millones  de  pesos  más  el  IVA  correspondiente,  o  la  que se  demuestre en el proceso.   

g).   En el evento de que sea condenada  la  Cámara  de  Comercio  en  el  proceso  a  que  alude  el reseñado reclamo,  «se  condene  a  QBE a reembolsar a la CCB, en virtud  del   contrato   de   seguro   [a  que  se  ha  hecho  mención],  cualquier suma por la que  la Cámara  resulte  legalmente  responsable  de pagar por daños, reclamos, costos y gastos  de reclamaciones».   

h). En caso de no satisfacer oportunamente el  monto  de las prestaciones solicitadas, se le ordene a la accionada cancelar los  respetivos    «intereses   moratorios»  en  el  equivalente  a  una  y  media  veces  el interés bancario  corriente.   

1.2.  Subsidiarias:  

         

          Son  coincidentes  con  el  contenido de las súplicas anteriormente  reseñadas, por lo que no es necesario volver a reproducirlas.   

         

1.3.  La causa  petendi  se apoya en los hechos que a continuación se  sintetizan.   

         

          a).   Luego de precisarse lo pertinente acerca de la naturaleza  jurídica  de  la  actora,  se informa que de conformidad con el numeral 3º del  artículo  10  del  Decreto 898 de 2002, esta cumple la función de «llevar  los  registros  públicos  encomendados (…) por la ley y  certificar   sobre   los   actos   y  documentos  allí  inscritos»,  y  tras  reseñar  la  normatividad  que  regula  el «impuesto  de  registro»,  transcribe el  precepto  226  de  la  Ley  223  de  1995,  que  prescribe  lo atinente al hecho  generador de ese tributo.   

b).  La Cámara de Comercio de Bogotá,  el    «4   de   noviembre   de   2005»,  formuló  invitación  a  varias  aseguradoras,  entre  ellas  la  convocada,   a   fin  de  «contratar  la  póliza  de  responsabilidad  civil  errores y omisiones que amparen el deterioro patrimonial  de   [dicha  entidad],  como  consecuencia  de  los  errores y omisiones en que incurra en el ejercicio de sus  actividades»,  para lo cual señaló los «seguros     a     contratar»,    las  especificaciones  para  el de «responsabilidad errores  y  omisiones  para  cámaras  de comercio», tales como  las   «condiciones  básicas  mínimas»,  precisando  que  su objeto era «amparar  el  deterioro patrimonial de la Cámara, como consecuencia de su responsabilidad  legal,  por  los  errores  y  omisiones  en  que  incurra en el ejercicio de sus  actividades», y que bajo la modalidad de «claims      made     –  base  de reclamaciones: cubre los reclamos de terceros presentados  por   primer   vez   contra   el   asegurado,   durante   la   vigencia   de  la  póliza»;  así  mismo lo concerniente a «costas    y    gastos   de   defensa»;  «coberturas  y cláusulas complementarias solicitadas  (…)    Responsabilidad    fiscal   –  Extensión de cobertura para el cálculo y recaudo del impuesto de  registro».   

c).  El  «11  de  noviembre  de 2005», la entidad demandante recibió de  la  compañía  de  seguros  accionada,  el documento que denominó «propuesta  para  la  contratación  de  la póliza de RC errores y  omisiones  de  la CCB», expresando el conocimiento del  pliego  de  condiciones  de  la  cotización y el respaldo de reaseguros para la  negociación,      al      igual      que      incluyó      un     “SLIP” para el seguro requerido, en lo  atinente  a  amparos  adicionales,  la  «extensión de  cobertura  para  el  cálculo  y  recaudo del impuesto de registro».   

d).  Los actos preliminares en cuestión  permitieron   la   celebración   del   «contrato  de  seguro»    que    consta    en    la   «póliza  n°  120100000574» expedida el  «29  de  noviembre de 2005»  con   vigencia   entre   el   «30  de  noviembre  de  2005»  y  el mismo día y mes de 2006, figurando como  tomador,   asegurado   y   beneficiario  la  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá,  especificándose   como  objeto  el  de  «amparar  el  deterioro  patrimonial  de  la  Cámara,  como  consecuencia  de  los  errores y  omisiones  en  que  incurra  en  el  ejercicio  de sus actividades»,  estipulándose  el  «valor asegurado en  Col$10.000’000.000  por  evento  y  en  agregado  anual»,  con un «deducible   de   Col$100’000.000 toda y cada reclamo».   

e).    En  las  condiciones  básicas  obligatorias    pactadas,   se   plasmó   la   relativa   a   la   «responsabilidad  civil  imputable  a la Cámara, como consecuencia  de  errores  y  omisiones  en  que  incurra  en  desarrollo  de  las  siguientes  actividades:  …’, dentro  de    las   cuales   está   (…)   ‘administración  de  los registros públicos delegada a las cámaras  de   comercio:  registro  mercantil,  registro  de  proponentes  y  registro  de  entidades  sin ánimo de lucro y la administración de los recursos provenientes  de          los          mismos’»;     así     mismo    «cobertura    para    gastos    de    defensa   civil»,   y   dentro   de   las   complementarias   la   de   «extensión  de  cobertura  para el cálculo y recaudo del impuesto  de  registro   y  las  demás  actividades  desarrolladas por la entidad en  ejercicio     de     las    funciones    delegadas    por    el    [E]stado  o  en  su  condición  de entidad  gremial   de   carácter  sin  ánimo  de  lucro»,  e  igualmente  la  denominada  «claims made –  base  de  las indemnizaciones: Cubre  los  reclamos  de terceros presentados por primera vez con el asegurado, durante  la vigencia de la póliza».   

f).  Se  cita el significado de lo concebido  como   «reclamo»,  en  el  contexto   del   aludido   negocio   jurídico,   mencionándose  que  comprende  «(i) cualquier escrito o citación u otra aplicación  de  cualquier descripción o reclamo cruzado o contabilizado a cargo o en contra  del  asegurado  por  algún  acto negligente, error u omisión o, (ii) cualquier  comunicación  escrita  alegando un acto negligente, error u omisión comunicado  al  asegurado»; así mismo el contenido de la titulada  cláusula     de     indemnización    – La aseguradora acuerdan (sic),    sujeto    a    los   términos,  limitaciones,   exclusiones   y  condiciones  de  esta  póliza,  indemnizar  al  asegurado  por  las  sumas  por  las  cuales  el  asegurado  resulte  legalmente  responsable  de  pagar  por  daños,  reclamos, costos y gastos de reclamaciones  como  resultado  de  cualquier  reclamo  o  reclamos  efectuados  en  contra del  asegurado  y  notificado  a los suscriptores durante el período de vigencia del  seguro,  indicada en la carátula de la póliza y que sea proveniente de un acto  negligente,  error  u omisión por parte de:  (a) el asegurado – (b) cualquier director o empleado del  asegurado,  o  (c)  cualquier otra persona, personas, socios, firma o compañía  actuando  en  nombre  del  asegurado  –  (d)  por  la  conducta  de  los  negocios  del  asegurado  como es  especificado  en la carátula de la póliza, y el texto  de  lo  pactado  como  «costos  y gastos –  La  aseguradora  también  acuerdan  (sic)  pagar  los  costos  y gastos de investigación y de defensa en los que se  incurra  para  la  liquidación de reclamos que sean objeto de cobertura en esta  póliza».   

g).  La  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá,  durante    la    vigencia    del    «contrato    de  seguro»    en   mención,   recibió   «un  reclamo de terceros, directamente relacionado con el ejercicio  de         [sus]  actividades»,  consistente  en una acción popular en  su  contra,  promovida  por Rosa Elvira Viracachá Tunarosa y María Omaira Cely  Vargas,  ante  el   Tribunal  Administrativo  de Cundinamarca, admitida por  auto  de  22  de  febrero de 2006, habiéndose notificado a la convocada el 3 de  marzo  siguiente,  quien  la  replicó  cuatro días después, habiéndose luego  remitido  el  proceso  (11  de  agosto),  a  los  jueces  de  tal jurisdicción,  asignándosele al Juzgado 3º Administrativo de esta ciudad.   

h).   En  el  escrito introductorio del  citado  juicio, se solicitó declarar que hubo elusión  del  impuesto  de  registro  de  que  trata la Ley 223 de 1995, por razón de la  inscripción  en el registro público de la Cámara de Comercio de Bogotá de la  liquidación    de   la   sociedad   ‘Luz   de   Bogotá   S.A.’  (hecho  generador), sin el previo pago y transferencia del tributo  en   la  cuantía  debida,  en  detrimento  de  los  intereses  económicos  del  Departamento  de Cundinamarca, sujeto activo del mismo,  y  dado que la mencionada empresa no existe, lo que imposibilita obtener de ella  el  citado  tributo, «se declare que la responsable de  este  (por  no  haberlo recaudado en su oportunidad, antes de la inscripción de  la  liquidación  en  el registro público, como era su obligación legal) es la  Cámara  de  Comercio  de Bogotá»; así mismo, que se  determine  que  «la base gravable para la liquidación  del  impuesto  de  registro aludido y no recaudado por la Cámara de Comercio de  Bogotá,  es  la  suma  de $1.764.208.721.394», por lo  que  de  conformidad  con  la  Ordenanza  n°  24  de  1997  de  la Asamblea del  Departamento  de  Cundinamarca,  el  monto  de  aquel  asciende  a  «la   suma   de   $12.349’461.050»,   pidiéndose  condenar  a  la  nombrada  entidad  a  su  pago,  más  los  intereses  de  mora y la corrección  monetaria;   además   un   incentivo   económico   del  15%  a  favor  de  las  actoras.   

i).   En  el  evento  de  prosperar  la  señalada  acción popular y producirse condena contra la Cámara de Comercio de  Bogotá,   esta   sufrirá   un   detrimento   patrimonial,   que   «será  el  resultado  de  errores  y  omisiones  de  la  CCB en el  ejercicio de sus actividades».   

   

j).   La   cobertura  de  la  póliza  n°  120100000574,   abarca   el   referido   evento,   toda   vez  que  «constituye     un     ‘reclamo’  (…), el cual está cubierto por la misma».   

k).   Para  asumir  la  defensa  de los  intereses  de la actora en el citado litigio, buscó los servicios profesionales  ofrecidos   por   «Godoy  &  Hoyos  Ltda.  (…)  contratada  para  asesorar  en  los  aspectos  tributarios  del  proceso  y  sus  honorarios     se     estipularon     en     la    suma    de    $45’000.000,  más el IVA correspondiente,  los  cuales  fueron  pagados  por  la  CCB», y Ricardo  Hoyos   Duque,  para  que  actuara  como  el  apoderado  judicial,  fijando  sus  emolumentos  en $90’000.000  a   título   de   «honorarios   fijos»;  $45’000.000,  «en el evento que fuere necesario representar uno (1)  hasta  tres  (3)  funcionarios  de  la  Cámara, si llegaren a ser vinculados al  proceso»,  y una «comisión  de  éxito  igual  a  la suma de trescientos millones de pesos ($300’000.000     (…),     ‘la cual únicamente se causará cuando  la  decisión  en el proceso sea favorable y no se imponga condena a cargo de la  Cámara  ni  a  ningún funcionario suyo y se hayan agotado todas las instancias  del  proceso incluidos todos los recursos de ley. Será pagada a la terminación  del  contrato,  siempre  que  se  haya  cumplido la condición establecida en el  mismo»,  valores  aquellos  que  incluyen  todos  el  IVA.   

l).  La demandante mediante comunicación de  «10 de marzo de 2006», puso  en  conocimiento  de  la compañía de seguros el hecho de haber sido notificada  de  la  admisión  de  la  mencionada  acción  popular, entregándole copia del  libelo  introductorio,  anexos,  auto  que  lo  aceptó  y  acta de enteramiento  personal;  un (1) mes después, le hizo saber sobre la contestación, y el 18 de  mayo  siguiente,  le  informó  sobre  la  contratación  de  asesoría  con las  oficinas de abogados antes identificadas.   

m).  La Cámara de Comercio de Bogotá,  solicitó  en varios escritos a QBE Seguros S.A., reconocer su obligación legal  y   contractual   de  reembolsarle  los  honorarios  pactados  con  «Godoy  &  Hoyos  Ltda.»  y  con  el  togado     «Ricardo    Hoyos    Duque»,    habiéndole    respondido    a   la   carta   de   «18  de  mayo  de  2006», la Directora de  Indemnizaciones,  con  oficio  de  «15  de  junio  de  2006», indicándole que «la  compañía  responderá  por  los  honorarios en proporción a la cuantía en la  que  se  establezca  la  indemnización»,  y  que  de  «comprobarse  una omisión de la CCB, se trataría de  un  supuesto de ‘extensión  de        cobertura        para        responsabilidad        fiscal’,             ‘con  sublímite de Col$500’000.000’», respecto  a  lo cual la «asegurada» le  expresó  su  discrepancia  en  comunicación  de  27 de septiembre de la citada  anualidad,   habiendo  la  «aseguradora»   ratificado  su  criterio  en  posteriores  misivas,  con  algunas  precisiones  en  punto  de  la  cuantía, tomando en consideración el monto del  deducible     establecido,     y     lo     propio    hizo    la    «asegurada»,  circunstancias  que a esta  le   sirven   de  soporte  para  predicar  el  incumplimiento  del  «contrato  de  seguro» por la accionada.   

2.  El  escrito  con  el que se promovió el  proceso  acumulado  radicado  n°  2008-00590-01,  con  la  respectiva  reforma,  contiene las siguientes peticiones:   

a).   Declarar   que la Cámara de  Comercio  de  Bogotá  y  QBE  Seguros  S.A.,  celebraron  el contrato de seguro  incorporado  en  la  póliza  n°120100000574,  con  las condiciones generales y  particulares,  como  los  anexos  que lo integran, instrumento aquel expedido el  «29  de noviembre de 2005»,  con  vigencia  entre  el «30 de noviembre de 2005 y el  30 de noviembre de 2006».   

b).    Reconocer   la   «ineficacia   parcial  (…)  de  la  cláusula  de  indemnización  contenida  en  la ‘FORM J +  REB2’    ‘póliza      de      errores     y  omisiones’»  que  integra  el  aludido  documento,  en  la  parte  que  expresa  «y   notificado   a  los  suscriptores»,  por  violar  normas  imperativas, y «en  cuanto     a     su     interpretación    conduzca    a    que    [dicha]   notificación   (…),  se  haga  durante     la     vigencia     del     contrato     de     seguro».   

c).   Igualmente,  y  debido  a  que se  «consagra[n]  ilegalmente  causales  de pérdida de indemnización no previstas  en   las   normas   que   regulan   el   contrato   de  seguro  y  viola  normas  imperativas»,  se  «declare  la  ineficacia,  total  o  parcial, de la cláusula contenida en la ‘FORM    J    +   REB   2’»  de  la  mencionada  «póliza», en la  que       se       estipula:      ‘Condiciones  –  Manejo  de  los  reclamos –  2.  El  asegurado, como una condición precedente a su derecho a ser indemnizado  bajo  esta  póliza,  no  podrá  admitir  responsabilidad  por, o pagar ningún  reclamo  o  incurrir  en ningún costo o gasto que tenga conexión con este, sin  el  consentimiento  escrito  de  la  aseguradora quienes deberán ser llamados a  tomar  y conducir en nombre del asegurado la defensa o liquidación de cualquier  reclamo.  – El asegurado no  deberá  atender  ningún  procedimiento  legal salvo que conjuntamente entre el  asegurado  y  los  suscriptores  se  acuerde que dicho procedimiento deberá ser  atendido.  – El asegurado  podrá  bajo su propio riesgo atender un reclamo o procedimiento legal que en la  opinión  de  la aseguradora deba comprometerlo o pagarlo, bajo el entendido que  los  suscriptores  no  serán  responsables  por  ningún  daño, costo o gasto,  incurrido  directa o indirectamente como resultado de la renuencia del asegurado  a  comprometerse  o  pagar dicho reclamo o procedimiento legal (…)’.   

d).   Declarar  que durante la vigencia  del  «contrato de seguro»,  la   demandante   fue  notificada  del  requerimiento  especial  n°  000002  de  14 de septiembre de 2006 emitido por la Dirección de  Rentas  de  la  Secretaría de Hacienda del Departamento de Cundinamarca, con el  que  se  modificó la liquidación privada del impuesto  de  registro declarada por la Cámara de Comercio de Bogotá, correspondiente al  período  comprendido  entre  el 1º al 31 de agosto de 2004, declarada y pagada  el  día 15 de septiembre de 2004 (…)’,  requerimiento  este  que  fue ampliado posteriormente (…) y que  dio  (…)  lugar  a la liquidación de revisión n° 0001 de 13 de diciembre de  2007  de  ese  mismo  despacho y a la Resolución n° 00000056 de 28 de enero de  2009   [emitida  por  el  titular  de  la  mencionada  dependencia],               ‘por  medio  de  la cual se resuelve el  recurso    de    reconsideración    interpuesto    contra    la   [reseñada]     liquidación,   y   como   consecuencia   de   tales  actuaciones,  «se      realizó      el     riesgo  asegurado».   

e).   Determinar que la accionada está  obligada   a  indemnizar  a  la  actora  con  base  en  el  señalado  convenio,  «cualquier  suma  por  la  que  la  Cámara  resulte  legalmente  responsable  de  pagar  por  daños,  reclamos,  costos  y gastos de  reclamaciones»,      por      la     «realización   del  riesgo»  y  de  las  mencionadas actuaciones administrativas.   

f).  Así  mismo,  se  pide reconocer que en  virtud  del  negocio  jurídico  en  cuestión,  la  convocada  al  litigio debe  cancelar  los  «honorarios pactados o estipulados a la  fecha  por  la  CCB  para  la  defensa  de  sus  intereses  con  ocasión  de la  realización   del   riesgo   asegurado   y   [de  las  actuaciones   administrativas   a   que   se   ha   hecho   alusión]»,  debiéndose  tomar  en  cuenta  para  establecer  la  cuantía,  lo  pactado  con  la  sociedad Godoy y Hoyos Abogados  Ltda.,   los   que  ascienden  a  ciento  doce  millones  quinientos  mil  pesos  ($112’500.000),  más  el  IVA,  o  el  valor  «que se demuestre en el proceso, y  por  concepto  de honorarios de éxito (…) la cantidad de trescientos millones  de  pesos  más  el IVA (…), o lo que se demuestre en el proceso»,   como  también  los  «honorarios  que  adicionalmente  a  los  ya estipulados, llegare a pagar o pactar para la defensa  de    sus    intereses»   en   los   trámites   en  cuestión.   

g).   Que se declare que la aseguradora  accionada   incumplió   el   citado   «contrato  de  seguro»,  al  negarse  a  reembolsarle a la actora el  valor  de  los  honorarios  por ella cancelados para la defensa de sus derechos,  «como   resultado  de  la  realización  del  riesgo  asegurado»  y  de  las  actuaciones  administrativas  mencionadas,  cuyo  monto equivale a sesenta y dos millones quinientos mil pesos  ($62’500.000), más IVA, o  lo   que  se  demuestre  en  el  proceso,  al  igual  que  por  la  «negativa  a  reembolsar  a  la  CCB  cualquier  suma  que esta, en  adición  a  lo  ya  pagado,  llegare  a pagar o a pactar para la defensa de sus  intereses»,  lo mismo que por negarse al reintegro de  «cualquier  suma  que  se demuestre en el proceso que  esta  [CCB]  tuviere que pagar o haya pagado», por los  aludidos conceptos.   

h).   También se reclama condenar  a  la  demandada  a pagar a la actora, con cargo a la señalada póliza, dada la  realización   del   riesgo  y  los  trámites  a  que  se  ha  hecho  mención,  «la   suma   de   diez   mil   millones   de   pesos  ($10.000’000.000)   o  cualquier  suma  que  se  demuestre  en el proceso por la que la Cámara resulte  legalmente  responsable  de  pagar  por  daños,  reclamos,  costos  y gastos de  reclamaciones»   y   «los  honorarios  pactados  o estipulados a la fecha por la CCB para la defensa de sus  intereses»,     al    igual    que    «los  costos  del  proceso  que  la  CCB adelante en defensa de sus  intereses  contra  los  actos  administrativos  expedidos  por la Secretaría de  Hacienda  de  Cundinamarca  relacionados  en pretensiones anteriores, los cuales  deberán   ser   pagados  aun  en  exceso  de  la  suma  asegurada».   

   

i).   Que  en  caso de no satisfacer la  demandada   oportunamente  cualquiera  de  los  valores  cuyo  reconocimiento  y  cancelación  se reclama, por lo que «hubiese pagado o  llegare  a  pagar  por  daños,  reclamos, costos y gastos de reclamaciones como  resultado    del    requerimiento    especial    [en  cuestión]»,  como también  «por    concepto    de    honorarios»,  en  las circunstancias especificadas en el escrito introductorio,  se  le  condene  pagar  intereses  moratorios  a la tasa de una y media veces el  bancario corriente.   

2.2.  Subsidiarias.  

En  similares  términos a las anteriormente  reseñadas,  se  proponen  las súplicas eventuales, con la diferencia de que en  la  primera  (1ª)  y  de  la  quinta (5ª) a la decimoquinta (15ª), se incluye  además  de la «póliza n° 120100000574»,    la   «n°121100000078»,  para  derivar  de  los convenios en ellas plasmados los efectos y  consecuencias  objeto  de  las  pretensiones;  en  la  cuarta  (4ª) se solicita  declarar    la    ineficacia    del    literal    a)    de    la    «cláusula  5ª» de ese mismo documento,  que  dice:  Defensa y costos y gastos de defensa: a) El  asegurador  no  será  responsable de pagar costas y/o gastos de defensa a menos  que  se  haya  obtenido su consentimiento expreso por escrito antes de que tales  costas  y  gastos  se  hayan incurrido, consentimiento que no deberá ser negado  irrazonablemente»,  y  las  restantes  no  presentan  variaciones,   salvo   el   orden   numérico  a  partir  de  la  transcrita  en  precedencia.    

2.3.  La causa  petendi es viable compendiarla como a continuación se  sintetiza:   

a).    Se  comienza  por  afirmar  la  celebración  del  contrato  de seguro a que alude la póliza n° 120100000574 y  demás  documentos  que lo integran, con vigencia durante el período que abarca  de  «30  de  noviembre  de  2005 y 30 de noviembre de  2006»,  reseñando  las estipulaciones a que  se  hizo  mención  anteriormente,  en  lo  concerniente a coberturas, la denominada  «claims     made»,  «cláusula     de     indemnización»,   de   «costos  y  gastos»,  los  antecedentes  de la invitación a proponer de 4 de noviembre  de  2005,  y se concluye aseverando que con posterioridad al citado instrumento,  QBE  Seguros S.A., «expidió, el 3 de mayo de 2007, la  póliza  n° 121100000078, con una vigencia comprendida entre el 30 de noviembre  de  2006  y  el  30  de  noviembre  de  2007», lo que  significó la ampliación del período de cobertura.     

b).   La  Secretaría  de  Hacienda  de  Cundinamarca,  formuló  contra la Cámara de Comercio de Bogotá, requerimiento  especial  n° 000002 de 14 de septiembre de 2006, en el que propuso modificar la  «liquidación privada del impuesto de registro (…),  correspondiente  al  período  comprendido  entre  el  1º  al  31  de agosto de  2004», declarada y pagada por la citada entidad el 15  de  septiembre  de 2004, en el sentido de «aumentar el  impuesto  a pagar en la suma de $12.349’461.050,   para   llegar   a  un  valor  total  de  liquidación  de  $14.245’743.400»,  precisando que la «inconsistencia  se  presenta  respecto  de  la  inscripción en el  registro  mercantil  del  acta  026  de  9 de julio de 2004 la cual contenía la  ‘cuenta    final   de  liquidación    de    la    sociedad    Luz    de    Bogotá    S.A.’,  admitida por la Cámara de Comercio  como   acto  sin  cuantía,  cancelando  por  Impuesto  de  Registro  la  tarifa  establecida  para este tipo de actos; pese a que por la naturaleza del acto debe  considerarse   como  acto  con  cuantía,  configurándose  así  un  detrimento  tributario  para  el  Departamento  de  Cundinamarca  y  una  inexactitud  en la  declaración   del   [mencionado  tributo]»,  produciéndose  ampliación  al acto  tributario  el  14  de  marzo  de  2007,  con  relación a la misma declaración  señalada,   «para   llegar  a  un  valor  total  de  liquidación       de      $14.245’743.400», y el 13 de diciembre siguiente,  la  nombrada  dependencia expidió la «liquidación de  revisión  n°  0001  (…) mediante la cual resolvió modificar la declaración  del  impuesto  de  registro  [en cuestión]   (…)   y   que   arroja   un   valor   de   $14.245’743.400»;  así  mismo  el  28  de  enero  de  2009  emitió  la  Resolución n° 00000056,  resolviendo    el   «recurso   de   reconsideración  interpuesto     contra     la    [citada] liquidación oficial».   

          c).   En  cuanto  a  medidas  de  prevención  adoptadas por la  demandante,  frente  a  la  aludida  actuación  administrativa,  se  afirma que  contrató   los  servicios  profesionales  Godoy  &  Hoyos  Abogados  Ltda.,  acordando     por    honorarios    una    suma    fija    de    $112’500.000  más el IVA, de los cuales ha  pagado  $62’500.000, y por  el   éxito   de   la   gestión   que   podrían   llegar   a  $300’000.000,  a fin de que la representara  en  esos  trámites  y  en  la eventual acción contenciosa administrativa, y se  replicó    el    «requerimiento    especial    n°  000002»,  el 14 de diciembre de 2006, al igual que la  ampliación,  presentándose  recurso de reconsideración contra la «liquidación   de  revisión  n°  0001  de  13  de  diciembre  de  2007».   

          d).   Con  relación al aviso de siniestro, se indica que el 11  de  diciembre  de  2006  la  asegurada  puso en conocimiento de la compañía de  seguros,  «el hecho de haber recibido el requerimiento  especial  n°  000002», y amplió la información con  escrito  de  14  de  febrero  de 2007, en lo atinente a la asesoría contratada,  igualmente   comunicó   un   mes   después   a  esta  fecha,  la  «ampliación   del   [citado]  requerimiento»,  adjuntando  copia del  mismo,  y  el  16  de  julio  del  señalado  año,  se  solicitó  «información  acerca de la reclamación respecto de los honorarios  a  cancelar  a  la firma Godoy & Hoyos Ltda.», sin  que haya obtenido respuesta a ninguna de las cartas.   

e).   Finalmente se alude al tema de la  cobertura    pactada    en    el    «contrato    de  seguro»,  precisando  que  el mencionado «requerimiento   especial  n°  000002»,  constituye  un  reclamo,  como  su  ampliación,  al  igual  que la «liquidación  de  revisión n° 0001», y  la    «Resolución    n°    00000056»,  a que anteriormente se hizo mención, por lo que estima que se ha  realizado   el   riesgo   asegurado,   lo  que  implica  que  tiene  derecho  al  reconocimiento de las prestaciones reclamadas.   

3.  Notificada la accionada, respecto de  ambas  demandas  se opuso a los pedimentos, aceptó la celebración del convenio  en  comento,  expresó  sujetarse a lo estipulado en las cláusulas transcritas,  sostuvo  que  algunos  correspondían  a aspectos jurídicos o a manifestaciones  subjetivas  de  la  actora,  y  no  aceptó  los  hechos  esenciales de donde se  pretende derivar su responsabilidad.   

Con  relación  a  la  demanda  del  primer  proceso,      planteó      las      defensas      denominadas      inexistencia  de  obligación por parte de la compañía de seguros,  inexistencia  de  los supuestos incumplimientos a las obligaciones contractuales  y  legales  por parte del extremo demandado, exclusiones, cobro de lo no debido,  no   hay  mora  sin  incumplimiento,  su  límite  por  responsabilidad  fiscal,  excepción  de  contrato  no  cumplido, eficacia de la cláusula contenida en el  FORM   J   +   REB   2   denominada   ‘manejo   de  los  reclamos’,    prescripción    ordinaria    de    las    acciones.   

Y  respecto  del  escrito  introductorio del  segundo  juicio,  asumió  similar posición a la del anterior, en el sentido de  repeler  las  súplicas,  denegó  los  supuestos  fácticos  indicativos  de la  responsabilidad  atribuida  a  la  accionada,  y  propuso  los medios enervantes  denominados  inexistencia  de obligación por parte de  la  compañía de seguros, inexistencia de los supuestos de incumplimiento a las  obligaciones   contractuales   y   legales  por  parte  del  extremo  demandado,  exclusiones,  reticencia, cobro de lo no debido, no hay mora sin incumplimiento,  su  límite  por  responsabilidad  fiscal,  excepción  de contrato no cumplido,  eficacia  de  las  cláusulas  contenidas  en  el  FORM  J  +  REB 2 denominadas  ‘cláusula     de  indemnización’    y  ‘manejo    de    los  reclamos’,  prescripción  ordinaria de las acciones, deducible.   

En  los  dos  asuntos  se  formularon  las  excepciones  previas  intituladas falta de jurisdicción e indebida acumulación  de  pretensiones  (rad.  00102,  c.11,  fls.1-5 y rad.  00590,   c.2,   fls.1-6),   las   que   no   tuvieron  éxito.   

4.   El Juzgado de conocimiento le puso  fin  a  la  primera  instancia  mediante  sentencia  de  31  de  enero  de  2013  (c.1,    fls.   400-432),  denegando  las  peticiones deprecadas en las dos demandas y condenó en costas a  la  actora; apelada por esta la decisión, el superior funcional la modificó en  el   sentido   de  «declarar  probada  la  excepción  denominada               ‘exclusiones’» y la confirmó en lo demás, con costas  a     cargo     de     la     recurrente     (c.27,  fls.316-349).   

II.-                FUNDAMENTOS      DEL      FALLO  IMPUGNADO   

1.  Luego de historiar los antecedentes  de  los  dos  juicios  acumulados, verificar la concurrencia de los presupuestos  procesales,  y  descartar  la  existencia  de  irregularidad  que  impusiera  la  invalidación  de  lo  actuado,  estimó  el Tribunal que procedía pronunciarse  sobre el fondo de la controversia.   

Con esa orientación, invocando el artículo  1036  del  Código  de  Comercio, y criterio doctrinario, plasmó la definición  del  «contrato  de seguro»,  concluyendo  de  ahí que tiene carácter indemnizatorio, toda vez que producido  el  siniestro  se  busca restablecer la situación económica del asegurado, mas  no   propiciar   una   fuente   de  enriquecimiento;  además  se  explican  sus  características  de ser bilateral, oneroso, aleatorio y de ejecución sucesiva,  resaltando  que  está  fundamentado  en  la  buena  fe,  no  solo en la fase de  celebración, sino en su ejecución.   

Al     examinar     la    «póliza  n°  120100000574», interpreta  que  alude  a  un  «seguro  de  responsabilidad civil  extracontractual», que tiene por objeto garantizar la  reparación  de  terceros  por  errores  u  omisiones  del  asegurado  o  de sus  empleados   en   el   desempeño   de  actividades  propias  de  sus  funciones,  estipulándose   que   «cubre  reclamos  de  terceros  presentados  por  primera  vez  con  el  asegurado,  durante  la  vigencia de la  póliza», pacto este equiparable a las denominadas en  el  derecho  anglosajón  «claims  made»,  y que en la legislación patria encuentra sustento en el precepto  4º  de  la  Ley 389 de 1997, del que infiere, con apoyo en literatura jurídica  foránea,  que se caracterizan, porque i) (…) permite  asegurar  hechos  ocurridos  con  anterioridad  a  la  iniciación del contrato,  siempre  que  la  reclamación  se haga durante la vigencia del mismo; y ii), la  protección  automática  de dos años con posterioridad a la terminación de la  vigencia  del  contrato  de seguro, en el evento en que la cobertura se extienda  solo   a   reclamaciones   de   daños  ocurridos  durante  la  vigencia  de  la  póliza.   

Advierte,  que a pesar de no haberse fijado  en  el  citado  convenio  un  período  de  retroactividad, no por ello se torna  inexistente,  debiéndose  entender  «que el mismo fue  ilimitado,  pues  dada  la  naturaleza  de  este  tipo  de  seguros  en  nuestra  legislación,  la anterioridad de la ocurrencia de los hechos es connatural a la  póliza  claims made», y agrega, que por eso al emitir  la     «póliza    n°    12110000078»,   previó:   «Fecha  de  retroactividad  eliminada    y    reemplazada    por    la    cláusula    de   limitación   al  descubrimiento».   

A  partir  de  las precedentes reflexiones,  concluye  el  juzgador  colegiado, que le asiste razón  al  apelante  en su alegato relativo a que la juez de primer grado dejó de lado  el   estudio   de   las   normas   que   regulan   las  cláusulas  ‘claims         made’,  pues  ciertamente uno de los hechos  generadores  del  daño  en  este asunto, acción popular, se encuentra amparado  por    la    mencionada    Ley    389    al    tratarse   de   un   ‘riesgo   de  anterioridad’,  esto  es,  que ocurrió antes de la  vigencia   del   contrato   y   cuya  reclamación  se  efectuó  dentro  de  su  vigencia,  toda vez que el escrito introductorio de la  «acción   popular»   se  repartió  en el 2004, se notificó la admisión a la convocada el 3 de marzo de  2006,  informándose  de  esa  situación  a la aseguradora con oficio entregado  once días después.   

También   verificó,   que   aunque   el  «requerimiento   especial   n°  000002  del  14  de  septiembre  de  2006  de la Dirección de Renta de la Secretaría de Hacienda de  Cundinamarca»,  se  produjo durante la vigencia de la  póliza    de   seguro,   la   reclamación   se   presentó   el   «11  de  diciembre  de  2006»,  esto es,  fuera  de  ese  período,  y  además [no] se encuentra  cubierta  por  la  póliza  n°  121100000078,  si  se  tiene  en  cuenta que el  fundamento  de esta reclamación deviene de un hecho ocurrido con anterioridad a  la  vigencia de la póliza de extensión de cobertura (septiembre de 2006) y aun  cuando  esta  es  ampliación del primer contrato de seguro, lo cierto es que la  totalidad  de  su  clausulado  no  fue extendido en las mismas condiciones de la  primera,  nótese  que  en  esta  última no se pactó la cláusula ‘claims         made’.   

De otro lado, examinó si lo concerniente a  los   hechos  que  motivaron  la  acción  popular  promovida  por  Rosa  Elvira  Viracachá  Tunarosa  y  María Omaira Cely Vargas, pueden ser considerados como  un  error  u  omisión  de  la  actora,  para  los  efectos  estipulados  en  la  «póliza n° 120100000574»,  dado  que  en  las condiciones básicas obligatorias se incluyó la «responsabilidad  civil  imputable  a la Cámara, como consecuencia  de  errores  y  omisiones en que incurra», entre otras  actividades,  en  el  registro mercantil y la administración de los respectivos  recursos.   

Para clarificar esa situación, comienza por  precisar  la  normatividad  que regula el «impuesto de  registro»,  su destinación, los obligados a su pago,  la  «base  gravable», y el  procedimiento   existente  en  la  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá,  para  la  recepción  de  documentos y su recaudo, deduciendo que para la época en que se  «registró  la  liquidación final de la sociedad Luz  de   Bogotá   S.A.»,  de  acuerdo  con  ese  manual  «se  encontraba  facultada  para requerir de la (…)  [nombrada  empresa],  el  documento  contentivo  del  acta  final  en la cual se  incorporara  el  remanente  distribuido  por  los  socios  o  en  su  defecto el  documento  que contuviera ese acto, como en efecto, en principio así lo hizo la  abogada   Hasley   T.   Romero  Gómez,  al  exigir  que  allegara  ‘el  acta  adicional  al  acta  de  la  referencia,  en  donde  se  aclare  la  cuenta  final  de  la  liquidación y el  remanente  a  distribuir  entre  los socios», a fin de  verificar     la    «base    gravable»   para   liquidar   dicho   tributo,  actuación  que  «tuvo  como sustento el artículo 131 del Decreto 2649 de 1993 y la  forma  como  usualmente  la  Cámara  de  Comercio  actuaba frente a ese tipo de  solicitudes».    

Insiste el ad quem  que  los  señalados instrumentos eran necesarios para  «el  registro del acto de liquidación de la sociedad  Luz  de Bogotá S.A. (…), no solo por los efectos jurídicos que esa decisión  tiene  frente  a terceros, sino porque era una regla que tenían que cumplir los  funcionarios,  según el manual de funciones», y que a  pesar  de ello, finalmente Jaime Moya, Vicepresidente Jurídico de la Cámara de  Comercio,  ordenó  el  aludido registro «como un acto  sin   cuantía»,   desatendiendo   los  antecedentes  existentes  sobre  esa materia, dejando que la interesada impusiera su criterio,  y  se  agrega  que  el  «comportamiento censurable de  dicho  funcionario  también  contó  con  el  aval  del  grupo jurídico de esa  Cámara»,  lo  que  infiere  del  concepto dirigido a  Jaime  Moya  por  Andrés  Tobón,  empleado  de la entidad y quien aludió a la  apreciación que se tuvo en ese evento sobre esa temática.   

Se asevera de igual forma, que se  trató de una conducta ejecutada de manera voluntaria con la que  desatendió  sin  miramientos  los  procedimientos previos existentes, el manual  ‘REG-P-002-2  Actualización  n°  4’ de  procedimientos  para  la  recepción  de  los  documentos  a  inscribir  en  los  registros  públicos  de  esa  entidad, la práctica que sobre ese mismo tema ya  había  adoptado  esa  Cámara  y más aún como lo señala el mismo funcionario  (Andrés  Tobón)  que  sobre  ello  ya  se había determinado que esas actas se  tomarían  como actos con cuantía; resaltando también  que  durante  2004  y  2005, época en que el señalado Vicepresidente Jurídico  ocupó  el  cargo,  según  investigación  dispuesta  por  la  Presidenta de la  entidad,  «se presentaron otros casos similares al de  la  sociedad Luz de Bogotá S.A., donde se allegaron (…) actas de liquidación  de  sociedades  sin  incluir  el  valor  del  remanente y fueron inscritas en el  registro   como   actos   sin  cuantía»,  dejándose  constancia  de esa situación, en el acta n° 475 de la Junta Directiva, de 8 de  mayo  de  2006,  en la que además se indicó que el antes nombrado «actuando  antes  de  vincularse como Vicepresidente de la entidad,  ante   la  Cámara  como  abogado  de  la  firma  Brigard  &  Urrutia,  como  representantes  de  las  sociedades  Luz  de Bogotá S.A. y Enersis, Energía de  Colombia   S.A.,  solicitando  la  inscripción  del  grupo  económico  al  que  pertenecen (…)».   

Luego  de reseñar el significado de error,  según  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  concluye  que  la  conducta  del  doctor Jaime Moya, Vicepresidente Jurídico de la  Cámara   de  Comercio  de  Bogotá,  frente  a  la  inscripción  del  acto  de  liquidación  de  la  sociedad Luz de Bogotá S.A., dista mucho de ser un simple  error   o   una   omisión,   pues   fue   premeditada   y   porque  no  decirlo  interesada.   Por  ello,  de  ninguna manera puede contextualizarse como un  error  de  parte de la demandante o sus funcionarios, toda vez que aquel fue tan  consciente  de  su  actuar que esa postura la reiteró en los años 2004 a 2005,  acto  que de por sí se considera deshonesto y de paso constituye una situación  viciada  de  culpa  grave asimilable al dolo y dolo, cuya exclusión también se  encuentra  contemplada en los contratos de seguros constituidos entre la Cámara  de  Comercio  y QBE Seguros S.A., según lo previsto en  las  pólizas  120100000574  y 121100000078, que «bien  pueden  compendiarse  bajo  el  rótulo  de  la  culpa grave asimilable a dolo y  dolo»,  por  lo  que  de conformidad con el artículo  1055,  en  armonía  con  el  inciso  final del 1127 del Código de Comercio, se  presenta    la    «prohibición   de   ‘inasegurabilidad’»,  y dado  que  en  este  litigio, «la responsabilidad origen del  reclamo   se  deriva  de  un  comportamiento  doloso  del  asegurado,  deja  sin  fundamento  cualquier  pretensión  indemnizatoria  frente  a  quien  expide  la  garantía»,  precisando  que dicho comportamiento, al  tenor   de   los   preceptos   63   y  1604  del  Estatuto  Civil,  «constituyen   el   régimen   de   la  responsabilidad  civil  por  incumplimiento  de  las  obligaciones  contractuales, sin que se refiera a penas  privativas  cuya  competencia  corresponde  a  la  justicia  penal».   

Adicionalmente  sostiene  el  juzgador, que  para  el  caso  se  tiene  por  demostrado  el  dolo,  a  partir de la  práctica  que en relación al registro de actos de liquidación  de  sociedades  ha  mantenido  la  Cámara de Comercio y la inobservancia que de  ella  hizo el vicepresidente jurídico de esa entidad para los años 2004 y 2005  en    que    fue    reiterada    esa    situación;   el   manual   ‘REG-P-002-2    Actualización    n°  4’ de procedimientos para  la  recepción  de  los documentos a inscribir en los registros públicos de esa  entidad,  el  impulso de la acción popular y la reclamación especial por parte  de  la Secretaría de Hacienda Departamental (…), sin  que  desvirtúe lo expresado, «el hecho de que ninguna  autoridad  de  control  haya  encontrado  mérito para iniciar investigación de  carácter  disciplinario  o  de  responsabilidad  fiscal  o  denuncias penales o  auditorías»; tampoco por la presunción de buena fe,  al  haber  señalado  la  nombrada  dependencia  territorial,  que la situación  presentada    «constituye    una    diferencia   de  criterio», porque lo cierto  es  que  tal autoridad en la «Resolución n° 00000056  del   28  de  enero  de  2009  determinó  que  el  documento  donde  consta  la  distribución  de  remanentes  sí constituye un hecho generador del impuesto de  registro».   

Finalmente se argumenta, que la circular de  la  Superintendencia  de  Industria  y Comercio, alusiva a la inviabilidad de la  inscripción  del  acta de la cuenta final que no incluye el remanente, se ubica  en  el  contexto  de  una  regulación  comercial,  mas no tributaria, en la que  «es  impositivo  el  pago  del  impuesto  de registro  establecido   en   el   inciso   3   del   artículo   228  de  la  Ley  223  de  1995».   

III.          DEMANDA DE CASACIÓN   

          Está  cimentada  en  tres reproches, apoyado el inicial en la falta  de  consonancia  del  fallo,  el segundo se funda en la violación directa de la  ley  sustancial  y  el  tercero  en  la  infracción  indirecta  de la misma por  «errores  probatorios», los  que  se  estudiarán,  comenzando  por  el  primero  que  propone  un  vicio  de  procedimiento,  y  los restantes en orden inverso al planteado, por corresponder  al  sentido lógico, según lo reiterado por la jurisprudencia, al explicitar el  entendimiento   de   la   modalidad   de  la  acusación  en  que  cada  uno  se  sustenta.   

Se encauza con soporte en el motivo segundo  del  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  tildando  el fallo  impugnado  de  no  estar  en  consonancia  con  las pretensiones de los escritos  introductorios,   por  «mínima  petita»,  al  haber  omitido  «la resolución de  algunas   de  las  propuestas»,  vulnerando  así  el  principio   de  la  congruencia  consagrado  en  el  precepto  305  ibídem.   

          Explica  la  censura  las  distintas  manifestaciones  que abarca el  fenómeno            procesal            de            la           «incongruencia»   y  su  entendimiento  jurisprudencial,  a  partir de lo cual precisa que «la  mera  comparación entre las pretensiones de la demanda y las resoluciones de la  sentencia     resulta     suficiente    para    descubrir    el    [señalado]       error»  y  cuando deviene de «mínima petita esa  confrontación  deberá  poner  de  presente  el  déficit  al  revelar  que sin  justificación  alguna  el  juzgador  omitió,  olvidó  o  ignoró pretensiones  propuestas por la parte demandante».   

          Para   el   caso,   estima   que  es  ostensible  dicho  defecto  de  procedimiento,  porque  en  las  dos  demandas  a  que  se  hizo mención en los  antecedentes,  se  solicitó declarar la ineficacia de estipulaciones contenidas  en   la   póliza  n°  120100000574,  sin  que  el  Tribunal  se  hubiere  dado  respuesta.   

          Hace  transcripción  de  las aludidas peticiones, además anota que  en   el   fallo   «luego  de  declarar  ‘probada   la   excepción  denominada  ‘exclusiones propuesta por  la      demandada’,  [dispone]   ‘confirmar la sentencia proferida (…)  por  el Juzgado Veinte Civil del Circuito de Descongestión de esta ciudad, pero  por    las    razones    expuestas   en   la   parte   considerativa   de   esta  providencia»,  y  agrega  que  en  primera  instancia  aquellas  súplicas  se  habían  negado,  y  que  al  olvidarse el ad   quem   de   estudiar   las  mismas,  «empieza  a  transitar  el camino de la incongruencia  porque  si  él  no  compartía  las  razones que el juzgado tuvo para negar las  pretensiones,  lógicamente  tenía  que  haber  expuesto  las  propias para dar  fundamento  a  una  eventual  negación  de  las  dos  pretensiones que han sido  señaladas»,  lo  que no se hizo, y era necesario ese  pronunciamiento  al  acoger  la  «(…)  ‘excepción   denominada   exclusiones  propuesta     por    la    demandada’,  que  nada  tiene  que  ver  con  la ineficacia de las mencionadas  estipulaciones  contractuales,  pues  este  es  un  juicio  mero declarativo que  procede  hacerlo  con  independencia de la suerte de otras pretensiones, pues su  causa,  esencialmente  jurídica, es perfectamente extraña a las verificaciones  fácticas   del   Tribunal   que   lo   llevaron   a   negar  el  resto  de  las  pretensiones.   

          Agrega,  que  aunque  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación  ha  reiterado  que la sentencia totalmente absolutoria no es susceptible de atacarla  por  inconsonancia, esa tesis no es absoluta, como bien  ocurre  en este caso, donde la absolución total es simplemente aparente, porque  como  quedó  expuesto,  la negación de las pretensiones (…) en manera alguna  comprende  las  dos  pretensiones  destinadas a la declaración de ineficacia de  las  cláusulas  contractuales,  porque nada de lo considerado está destinado a  fundamentar  la  decisión  negativa  de las mismas, a pesar del reproche que al  respecto   se   hace   en   la   sustentación   de   la  apelación.   

         

Se  pide  casar la sentencia y en su lugar,  proferir  la  que  en  derecho  corresponda,  definiendo  la  totalidad  de  las  peticiones que en sendos escritos se plantearon.   

   

CONSIDERACIONES  

         

          1.   Como  se  reseñara con antelación, la impugnante propone  la «inconsonancia del fallo  por      mínima      petita»,      argumentando  que  el  juzgador  no resolvió sobre las pretensiones  concernientes    a    la   «ineficacia»  de  algunas  de  las  estipulaciones  plasmadas  en la póliza n°  12010000574,  «descritas  por  los números 2 y 3 del  acápite  A  de  las  pretensiones  principales  de  la  demanda originada en el  reclamo  consistente  en  el requerimiento de la Secretaría de Hacienda y en el  número  2  del  acápite  A  de  las  pretensiones  principales  de  la demanda  presentada  con ocasión de la acción popular», y que  aluden a lo siguiente:   

Declarar   o  reconocer  la  «ineficacia  parcial» de la cláusula que  a  continuación  se  transcribe,  en  la  parte que se resalta, contenida en la  «FORM      J     +     REB     2     ‘póliza      de      errores     y  omisiones’», y que expresa:   

Cláusula  de  indemnización  – La aseguradora acuerdan (sic),    sujeto    a    los   términos,  limitaciones,   exclusiones   y  condiciones  de  esta  póliza,  indemnizar  al  asegurado  por  las  sumas  por  las  cuales  el  asegurado  resulte  legalmente  responsable  de  pagar  por  daños,  reclamos, costos y gastos de reclamaciones  como  resultado  de  cualquier  reclamo  o  reclamos  efectuados  en  contra del  asegurado  y notificado a los suscriptores  durante  el  período  de  vigencia  del  seguro,  indicada  en la  carátula  de  la  póliza  y que sea proveniente de un acto negligente, error u  omisión  por  parte  de: – (i) el asegurado – (j) cualquier director o empleado  del  asegurado,  o  – (k)  cualquier  otra persona, personas, socios, firma o compañía actuando en nombre  del  asegurado.  – (l) por  la  conducta  de  los  negocios  del  asegurado como es  especificado en la  carátula de la póliza.   

Así   mismo,   la   concerniente   a  la  declaración     de     «ineficacia     total    o  parcial»,  de la estipulación contenida en la citada  póliza, que indica:   

Condiciones        –  Manejo  de los reclamos –   (…)   El   asegurado,  como  una  condición  precedente  a  su  derecho  a  ser indemnizado bajo esta póliza, no  podrá  admitir  responsabilidad  por,  o  pagar  ningún  reclamo o incurrir en  ningún  costo  o  gasto  que  tenga  conexión  con este, sin el consentimiento  escrito  de  la  aseguradora quienes deberán ser llamados a tomar y conducir en  nombre   del   asegurado   la  defensa  o  liquidación  de  cualquier  reclamo.  – El asegurado no deberá  atender  ningún  procedimiento legal salvo que conjuntamente entre el asegurado  y  los  suscriptores  se  acuerde  que dicho procedimiento deberá ser atendido.  – El asegurado podrá bajo  su  propio riesgo atender un reclamo o procedimiento legal que en opinión de la  aseguradora   deba   comprometerlo   o   pagarlo,  bajo  el  entendido  que  los  suscriptores  no serán responsables por ningún daño, costo o gasto, incurrido  directa  o  indirectamente  como  resultado  de  la  renuencia  del  asegurado a  comprometerse   a   pagar   dicho   reclamo  o  procedimiento  legal.   

2.   Por  su  lado,  el  ad     quem     dispuso    «declarar    probada    la   excepción   denominada   ‘exclusiones’       propuesta      por      la  demandada», y confirmar el fallo de primera instancia  en  el  que se denegaron «las pretensiones tanto de la  demanda  principal  como  de  la  acumulada»,  aunque  precisó  que  «por las razones expuestas en la parte  considerativa   de   esta  providencia»,  habiéndose  ocupado  en  las consideraciones básicamente de analizar lo relacionado con los  hechos  aducidos  por  la actora como configurativos del siniestro, al igual que  lo  atinente  a la cobertura de las pólizas de seguro con cargo a las cuales se  demandó  el pago de la indemnización, como también a la conducta o actuación  de  los  agentes de la convocante, sin que hubiere incursionado en el estudio de  las    peticiones    de    «ineficacia»  de  las aludidas cláusulas del contrato de seguro, a pesar de que  al  referirse  al  sustento de la apelación, resumió las alegaciones que sobre  esa temática planteó la parte recurrente.   

3.  Con base en las previsiones de los  artículos  304, 305 y 306 del Código de Procedimiento Civil, la jurisprudencia  de  la  Corte  Suprema de Justicia ha trazado los parámetros que estructuran el  mencionado   motivo   de   casación,  habiendo  acogido  así  mismo  la  tesis  doctrinaria,  según  la  cual,  dependiendo  del  defecto  de  que  adolezca la  decisión,  tiene el carácter de extra, ultra o citra  petita,  distinguiéndose  la primera, por incluir con  alcance  dispositivo en el contenido de la providencia, aspectos no comprendidos  en  la  relación  jurídico  procesal; la segunda, por exceder los límites que  abarca  el  litigo,  y  la  tercera,  por  comportar  una  deficiente respuesta,  positiva  o negativa, acerca de los puntos integrantes de la demanda o sobre las  excepciones  que  además  de  aparecer  probadas,  hayan  sido  alegadas por el  demandado, o que deba el sentenciador reconocer de oficio.   

         

          Esta  Corporación,  acerca  de  la referida temática, en sentencia  CSJ    SC,    18    dic.   2013,   rad.   2000-01098-01,   en   lo   pertinente,  sostuvo:   

(…)  Un  ataque  por  incongruencia,  que corresponde a la segunda causal de esta vía extraordinaria,  requiere  verificar  el  cumplimiento  del  deber  que  le asigna al fallador el  artículo  305  del  estatuto  procesal,  en virtud del cual ‘la  sentencia  deberá  estar  en  consonancia  con los hechos y las  pretensiones  aducidos  en  la  demanda  y  en las demás oportunidades que este  código  contempla, y con las excepciones que aparezcan probadas y hubieren sido  alegadas  si  así  lo  exige la ley (…) No podrá condenarse al demandado por  cantidad  superior  o  por  objeto distinto del pretendido en la demanda, ni por  causa  diferente  de  la  invocada  a ésta’.   

Quiere decir que validada la suficiencia del  texto  de  la  demanda,  mediante  su  admisión,  y concedida la oportunidad de  contradecir  a  aquellos  contra  quienes  se  dirige,  no  puede el funcionario  dirimir  la  disputa por fuera de los lineamientos que le imponen las partes, ya  sea  al  hacer  ordenamientos  excesivos frente a las expectativas de éstas, al  dejar  de  lado  aspectos  sometidos a su escrutinio o al resolver puntos que no  han   sido   puestos   a   consideración,  salvo  cuando  procede  en  estricto  cumplimiento de las facultades oficiosas conferidas por la ley.   

La Corporación tiene dicho al respecto que  ‘[e]l     principio  dispositivo  que  inspira  el  proceso  civil,  conduce  a  que  la petición de  justicia  que  realizan las partes delimite la tarea del juez y a que éste, por  consiguiente,  al  dictar  sentencia, deba circunscribir su pronunciamiento a lo  reclamado  por  ellas y a los fundamentos de hecho que hubieren delineado, salvo  el  caso  de  las  excepciones  que  la  ley permite reconocer de oficio, cuando  aparecen acreditadas en el proceso (…).   

         

          Y   en   fallo   CSJ   SC,   24   jun.  2013,  rad.  2003-00284,  se  precisó:   

La trasgresión de las anteriores pautas de  conducta  por parte del fallador configura cada uno de los tipos de equívoco en  que  se puede manifestar la incongruencia que -como puede advertirse- constituye  un  error  de  procedimiento  puesto  que  las  referidas  reglas no señalan al  funcionario  judicial cuál debe ser el sentido de su decisión sino que, por el  contrario,  le  dictan los parámetros que debe seguir para el proferimiento del  fallo.   

En  ese  orden,  cuando el juez infringe el  primer  inciso del artículo 305 incurre en el vicio de inconsonancia por emitir  una  sentencia  que  decide  sobre  puntos  ajenos  a  la controversia o deja de  resolver los temas que fueron objeto de la litis.   

De  igual  modo  incurre  en  incongruencia  cuando  desconoce  el  mandato  contenido  en  el  segundo  inciso  de la citada  disposición,  esto  es  cuando condena al demandado por cantidad superior o por  objeto  o  causa  distinta  de  la  invocada en la demanda (ultra petita o extra  petita).   

La  expresión  citra  petita  –que   no  puede  confundirse  con  la  anterior– está reservada  para  cuando  el  juez  no  resuelve  sobre todas las  pretensiones  que  se  le  presentaron en la demanda o no se pronuncia sobre las  excepciones  que  encontró  probadas  y  fueron  formuladas  por el demandado o  debió declarar de oficio.   

4.   Ahora,  no obstante que por regla  general  los  fallos  absolutorios  podrían  ser ajenos a la incongruencia, tal  como  lo  ha  escudriñado  la jurisprudencia, ese defecto alcanza a afectarlos,  verbi  gratia,  cuando  han  sido  sustentados  en  hechos ajenos al litigio, o en virtud de acoger de manera  oficiosa  alguna excepción de mérito de aquellas que deben ser alegadas por la  parte opositora.   

         

          Sobre  el  particular,  en  sentencia  CSJ  SC,  5  ago.  2013, rad.  2004-00103-01, la Corte expuso:   

La  aludida causal, en línea de principio,  no  puede  invocarse  sobre  la base de haberse decidido de manera adversa a los  intereses  del  actor  o  cuando  el  resultado  del  proceso  no  satisface  al  impugnante    si    la   decisión   –libre    de    excesos    o    abstenciones    respecto    de    las  pretensiones– recae sobre  lo  que  ha  sido  materia  del  pleito. En tales situaciones, naturalmente, mal  podría  entenderse que se dejó de resolver sobre un extremo de la controversia  o  que  se interpretó equivocadamente la demanda o se condenó más allá de lo  que se pretendió.   

No   obstante,   aún   en  la  sentencia  completamente   desestimatoria   de  las  pretensiones  se  puede  presentar  la  incongruencia  ‘cuando el  juzgador  se aparta de los hechos aducidos por la partes y sólo con base en los  que     supone     o    imagina    procede    a    la    absolución’.  Dicho  de  otro  modo, ‘(…)  es  posible enjuiciar a través  de  la  causal de incongruencia la sentencia totalmente absolutoria, cuando ella  se  profiera  con  base  en  hechos  distintos  de  los  alegados  en la demanda  (…)’; es decir cuando lo  resuelto  por  el  juez  desconoce  las  pretensiones deducidas del libelo o las  excepciones  formuladas  en  la  contestación.  –  De  igual  modo la decisión  absolutoria        puede        resultar        incongruente        ‘cuando declara probadas sin alegación  de  parte  cualquiera  de  las  excepciones  denominadas  por  la  doctrina como  ‘propias’,  es  decir,  las  de  prescripción,  nulidad   relativa   y   compensación’.   

          5.   Tienen  trascendencia  para  la  decisión  que  se  está  adoptando  respecto  del  referido  cargo, los elementos fácticos y probatorios  que enseguida se relacionan.   

         

a).  En  la  demanda  del  proceso inicial,  integrada  con  el escrito de su reforma, se constata que en el punto segundo de  las  pretensiones  principales  y  subsidiarias,  se  incluyó  la  solicitud de  declarar  la  ineficacia,  total  o  parcial,  de  la  cláusula concerniente al  «manejo  de  los reclamos»  de  la  póliza  de  seguro  n°  12010000574, y en el  libelo   introductorio   del  juicio  acumulado,  como  en  el  memorial  de  su  modificación,  también  se  elevó  la  aludida petición en cuanto a la frase  «y   notificado   a  los  suscriptores»      de      la     «cláusula     de  indemnización»  del citado documento, como del texto  de    las    alusivas    al    «manejo    de    los  reclamos»    y   a   la  «defensa  y  costos y gastos de defensa».   

         

b).  La  sentencia  de  primera  instancia,  previo    el   análisis   que   estimó   pertinente   la   juez   a-quo,    concluyó   que   «conforme  se  encuentran  redactadas  las cláusulas sobre las que  recae  tal  pedimento,  no encuentra el juzgado, que viole norma alguna de orden  imperativo  menos  aun  la  que esgrime como sustento y demás disposiciones que  rigen  los  contratos», y en la resolutiva se dispuso  «negar las pretensiones tanto de la demanda principal  como  las  de  la  acumulada,  con  fundamento  en  lo  esgrimido  en  la  parte  considerativa (…)».    

c).    En    el    fallo    impugnado  extraordinariamente,  el  Tribunal  al  hacer el resumen de la sustentación del  recurso  de  apelación,  plasmó  la  crítica  de  la  demandante  frente a la  decisión   cuestionada,   la   que   esencialmente  fundó  en  que  no  fueron  considerados  los  argumentos  sustento  de  la  solicitud  de  declaración  de  ineficacia    de    las    estipulaciones    contractuales   a   que   se   hizo  mención.   

d).   El  ad  quem    al    resolver   la   alzada   no   examinó  específicamente  los  aspectos  fácticos  y  jurídicos de la citada anomalía  negocial,    se    ocupó    de    señalar   el   concepto   del   «contrato     de     seguro»,     sus  características,   la   verificación  de  la  existencia  en  la  «póliza   n°   120100000574»   de  la  «cláusula  claims  made»,  señalando  el  fundamento  jurídico  de la misma y las explicaciones teóricas  que   la   identifican,   a   partir   de   lo   cual  dedujo  que  «el  reclamo  efectuado  por la Cámara de Comercio a la compañía  aseguradora  por  la  acción  popular  que  en  contra de ella se promovió, se  encontraba  cubierto  por  ese contrato, (…) la reclamación se presentó ante  la   aseguradora  dentro  de  la  vigencia  de  la  póliza  (…)»,    situación    esta    que    no   se   satisface   «respecto   del   requerimiento  especial  n°  000002  del  14  de  septiembre  de  2006  de la Dirección de Renta de la Secretaría de Hacienda de  Cundinamarca», al estimar que no se hallaba dentro de  la  cobertura  del  citado documento ni de la «póliza  n°  121100000078»,  y  luego  en extenso, asumió el  análisis  de  rigor  a fin de establecer si el comportamiento de los agentes de  la   actora   denunciado  en  la  señalada  «acción  popular»,   es   factible  considerarlo   «como  un  error  u  omisión  de  la  demandante,  pues  esas  conductas  son  las  que  ampara  el contrato de seguro  contenidas  en la póliza 120100000574», llegando a la  conclusión  que  se trató de «una actuación viciada  de  culpa  grave  asimilable  a  dolo  y dolo», que no  está  comprendida  por  la cobertura de los contratos de seguros, por lo que se  imponía  «declarar  probada la excepción denominada  ‘exclusiones’   (…),   medio   exceptivo   cuya  prosperidad    también    conlleva    al    rechazo    de    las   pretensiones  (…)».       

e).  La decisión, en lo pertinente,  se   concretó  a  «declarar  probada  la  excepción  denominada               ‘exclusiones’  propuesta   por   la  demandada»,  y  a  «confirmar  la  sentencia  proferida  el 31 de enero de 2013 por el  Juzgado  Veinte  Civil  del  Circuito de Descongestión de esta ciudad, pero por  las     razones    expuestas    en    la    parte    considerativa    de    esta  providencia».   

6.   Las reseñadas circunstancias, en  sentido  literal  revelan  que  el  juzgador  de  segundo  grado  no analizó ni  resolvió  de manera expresa acerca de la «pretensión  de  ineficacia» de las estipulaciones contractuales a  que  anteriormente  se  hizo  mención, no obstante esa situación en el ámbito  jurídico  no  alcanza  a  configurar  la inconsonancia planteada, puesto que el  Tribunal  sí  hizo  pronunciamiento con efectos respecto de todas las súplicas  deprecadas  por  la  actora  en  los escritos introductorios de los dos procesos  conjuntados  para  su  trámite,  al ordenar la ratificación de la sentencia de  primera  instancia,  en  la  que  precisamente  se había dispuesto «negar  las  pretensiones tanto de la demanda principal como las de  la  acumulada»,  cosa  distinta es que haya preterido  efectuar  de  forma  explícita  el  análisis fáctico, probatorio y jurídico,  concerniente     a     la     problemática    de    la    aludida    patología  contractual.   

Es  evidente  que el juzgador subordinó el  examen   de   las  pretensiones  básicamente  a  la  temática  de  los  hechos  constitutivos  del  siniestro  y  las coberturas de las pólizas representativas  del   contrato  de  seguro,  al  igual  que  la  oportunidad  para  formular  la  reclamación   a   la  aseguradora,  lo  que  per  se  no es indicativo de haber pasado desapercibido el tema  de  la  ineficacia  en  cuestión,  porque  la  confirmación de la decisión no  excluyó  ningún  aspecto,  además  de que en los antecedentes sí esbozó los  argumentos  del  apelante  sobre esa temática, lo que es indicativo de haberlos  tomado   en   cuenta  como  referente  del  examen  de  los  fundamentos  de  la  alzada.   

Las  circunstancias puestas de presente, lo  que  podrían  revelar  es  que el ad quem  omitió  la  valoración de la demanda, al igual que los medios de  convicción  relacionados  con  las  peticiones propuestas a fin de que no se le  reconociera  efectos  a  las  cláusulas  del  contrato  de seguro anteriormente  transcritas,  situación  que  eventualmente  cabría  cuestionarla  mediante la  causal  primera de casación, vía indirecta, por error de hecho, cumpliendo las  formalidades  del  artículo 374 del Código de Procedimiento Civil, en cuanto a  exponer   el   sustento   de  la  acusación  en  forma  clara  y  precisa,  con  señalamiento  de  las  normas  de derecho sustancial que el recurrente estimare  violadas,   y   proponiendo   la   argumentación  adecuada  para  demostrar  el  desatino.   

Adicionalmente,  téngase  en cuenta que en  virtud   de  que  la  sentencia  impugnada  fue  totalmente  desfavorable  a  la  accionante,  es decir, absolutoria de la demandada, la incongruencia únicamente  procedía  proponerla  por haber sido cimentada en supuestos fácticos distintos  a  los que integran la controversia, o que las pretensiones se hubieran denegado  como  consecuencia  del reconocimiento de oficio de alguna excepción de mérito  de  aquellas que imperativamente le correspondía alegar a la parte convocada al  litigio  en  la  contestación  de  la demanda, y ninguna de estas hipótesis se  estructura   a   partir  de  los  planteamientos  basamento  de  la  acusación.   

          7.    Son   suficientes   las   anteriores   reflexiones,  para  desestimar el reproche examinado.   

CARGO TERCERO  

          1.   Se sustenta en la causal 1ª del artículo 368 del Código  de   Procedimiento   Civil,  vía  indirecta,  atribuyéndole  al  juzgador  que  infringió,  algunos  por  indebida  y  otros  por  falta  de  aplicación,  los  preceptos  63,  1516,  1604  y  1616 del Código Civil, así como el 1046, 1048,  1049,  1055,  1073,  1077,  1080, 1127 y 1128 del Estatuto de Comercio, lo mismo  que  el  4°  de  la  Ley  389  de 1997, como consecuencia de incurrir en yerros  probatorios,   «específicamente  errores  de  hecho,  manifiestos    y   trascendentes,   pero   también   de   derecho».   

         

2.   En la fundamentación del embate,  se  comienza  por  hacer  un  recuento  de  lo  examinado por el sentenciador de  segundo  grado,  para  denegar las pretensiones indemnizatorias, advirtiendo que  la  basada  en  el  requerimiento  formulado  por  la  Dirección de Renta de la  Secretaría   de   Hacienda  de  Cundinamarca,  fue  desestimada    al  considerar:  (i)  que  la póliza n° 1201000000574 no  cubría  dicha  reclamación  porque aunque ese acto emana del mes de septiembre  de     2006,     cuando     la     póliza    estaba    vigente,    ‘lo  cierto es que la reclamación tuvo  lugar  el 11 de diciembre de 2006, desde luego fuera de la vigencia del contrato  …’ (ii) tampoco la cubre  la      póliza      n°      121100000078,      porque      el     ‘fundamento de esa reclamación deviene  de  un hecho ocurrido con anterioridad a la vigencia de la póliza de extensión  de  cobertura’; (iii) esta  póliza  aunque  es  ampliación  del  primer  contrato  de seguro, ‘lo  cierto  es  que la totalidad de su  clausulado  no fue extendido en las mismas condiciones de la primera’,  como  que  en  ella no se pactó la  cláusula     ‘claims  made’,  y  (iv) porque el  funcionario  de  la Cámara de Comercio que determinó la inscripción actuó de  manera  consciente,  premeditada,  interesada  y  deshonesta, es decir con   culpa grave asimilable a dolo y dolo.   

Afirma  el  censor,  que  el  argumento  de  apreciar  la  presentación  de la reclamación «fuera  de  la  vigencia del contrato»,  es un exabrupto,  el   que   derivó   de   los   varios   yerros   del   Tribunal,   empezando  por la no apreciación o desatinada lectura, si es que lo  hizo,  de  las  cláusulas  de  la  póliza,  que  lo  llevaron  a  confundir la  reclamación  del tercero (Secretaría de Hacienda), formulada contra la Cámara  de  Comercio el 14 de septiembre de 2006, (…), es decir, dentro de la vigencia  de  la  póliza  (…),  con  la  reclamación o notificación que la Cámara de  Comercio  hizo  a  la aseguradora QBE, la cual fue presentada el 11 de diciembre  de  2006,  situación  esta  que  derivó de omitir la  lectura    de    la    respectiva   estipulación,   o   de   una   «interpretación   ostensiblemente   contraria   a   su   contenido  material»,       pues       la      «cláusula  de  indemnización» establece  la    responsabilidad    de    la   aseguradora   en   cuanto   a   ‘las  sumas por las cuales el asegurado  resulte  legalmente  responsable  de pagar por daños, reclamos, costos y gastos  de  reclamaciones  como  resultado de cualquier reclamo o reclamos efectuados en  contra  del  asegurado  … durante el período de vigencia del seguro … y que  sea  proveniente  de  un  acto  negligente,  error  u omisión (…),  y  a  su  vez  la  denominada  «claims  made»,  al  aludir  a la base de las indemnizaciones,  determina  que  «[c]ubre  los  reclamos  de  terceros  presentados  por  primera  vez  con  el  asegurado,  durante  la  vigencia de la  póliza».   

          Interpreta  el  recurrente  de  tales previsiones contractuales, que  las  mismas  se  refieren a la reclamación del tercero  perjudicado  con  el  acto negligente, error u omisión del asegurado, y no a la  reclamación  que  el  asegurado hace a la aseguradora, que fue lo entendido por  el  Tribunal, (…), porque bajo esta modalidad de seguro lo que interesa es que  la  reclamación  del tercero (requerimiento al asegurado en el caso), que es el  siniestro,  se  haya producido dentro de la vigencia del seguro, pero sin que en  manera  alguna  la  póliza  o  la  misma ley, comprendan la reclamación que el  asegurado  hace  a  la  aseguradora, que está sujeta a los términos legales de  prescripción.   

          También  cataloga como error, el que se haya apreciado la señalada  reclamación  de manera separada y ajena a la «acción  popular»,  cuando  entre  ellas  existe  conexidad al  provenir  de  similar  causa,  «que en términos de la  póliza   lleva   a   considerar   la  reclamación  surgida  de  los  actos  de  requerimiento  emanados  de  la  Secretaría  de  Hacienda  del  Departamento de  Cundinamarca,  como  una  reclamación subsiguiente, y por ende ocurrida durante  la vigencia de la póliza 120100000574».   

         

Estima  de  igual forma, que el Tribunal no  examinó   el  citado  documento,  que  en  punto  del  amparo  de  «errores  y  omisiones», consagra que la  aseguradora  se  obliga  a  indemnizar al asegurado por  las  sumas  por  las  cuales  (…)  resulte legalmente responsable de pagar por  daños,  reclamos,  costos  y gastos de reclamación como resultado de cualquier  reclamo  o  reclamos  efectuados en contra del asegurado y notificado durante el  período  de  vigencia  del seguro, indicada en la carátula de la póliza y que  sea  proveniente  de  un  acto  negligente,  error  u omisión (…),  y la «cláusula de exceso»,   que   contempla  que  ‘reclamo’,  también  significa todas las reclamaciones atribuibles a, o que provienen de la  misma  causa  o  evento’, y  el  inciso  2  del  numeral 1.3 sobre la notificación de los reclamos que dice:  ‘Dichos  avisos  habiendo  sido   notificados  como  los  requeridos  en  los  puntos  1.2  y  1.3,  arriba  mencionados   y   cualquier  reclamación  subsiguiente  efectuada  deberá  ser  considerada  como  ocurrido  durante  la  vigencia  del seguro (…).   

          Así   mismo   asevera   el   casacionista,   que   el  ad  quem  incurrió en equivocación,  porque    no    valoró    la    demanda    contentiva    de   la   «acción  popular»,  de  manera conjunta  con  el  requerimiento  de  la Secretaría de Hacienda de Cundinamarca, a fin de  verificar  la  causa,  situación  que se hace más visible en la ampliación de  ese  acto  tributario,  así  como  de  la  vinculación  de la nombrada entidad  territorial  a  la  aludida actuación judicial, y la réplica a la misma, en la  que  expresó:  En el evento  que  se  pruebe  que  el  documento  sujeto  al  impuesto de registro materia de  análisis,  se  trata  de  un  documento  con  cuantía,  solicito  al honorable  Tribunal,  condenar  a  la  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá  D.C., proceder a  corregir  la declaración por inexactitud, con la sanción por corrección, más  los intereses de mora.   

          Otro  yerro  lo  encuentra  el  impugnante,  en  la preterición del  juzgador    de    apreciar   la   «ampliación   del  requerimiento  n°  00002  de  14  de  marzo  de  2007,  donde la Secretaría de  Hacienda  expresa  y  claramente  invoca  como  apoyo  de  su pronunciamiento la  acción   popular   [a  que  se  ha  venido  haciendo  mención]»,  la  que  se sustenta en la «elusión en  el  pago  del  impuesto de registro, que tuvo lugar con el cobro que efectuó la  Cámara  de  Comercio de Bogotá, por la inscripción del acta de aprobación de  la  cuenta final de liquidación de la ‘Sociedad  Luz  de  Bogotá’»,   y   que   al  revisar  la  nombrada  dependencia    departamental    las    declaraciones   del   señalado   tributo  correspondientes  a  2004,  le  permitió detectar «el  daño  patrimonial  ocasionado  por  la  conducta  de  la Cámara de Comercio de  Bogotá  y  por  esta  razón  se  dio  inicio  al proceso de fiscalización por  inexactitud».   

          Insiste  la  recurrente,  que  de no haber incurrido el ad  quem en el desatino en comento, otras  hubieran  sido  las  reflexiones  y la respuesta a la controversia, dado que las  estipulaciones  no  apreciadas o alteradas, claramente informan que «el       amparo       se       extendía       a      ‘las      reclamaciones’              ‘que  provienen  de  la  misma  causa o  evento’,  formuladas  de  manera                 ‘subsiguiente’,  caso  en  el  cual ‘deberá  ser  considerada  como  ocurrido  durante  la  vigencia  del  seguro’  (…), o dentro de esta vigencia sin  más  matices  si  no  hubiera  incurrido  en  la  confusión  que  se  acaba de  demostrar»,  y  para el caso, contrario a lo deducido  por   el   sentenciador,   sostiene   que   (…)  la  reclamación  originada  en  el  requerimiento  de la Secretaría de Hacienda de  Cundinamarca   es  una  reclamación  ‘subsiguiente’  que  aunque  se  entendiera  propuesta,  por mera gracia de discusión, el 11 de  diciembre   de   2006,  deberá  ser  ‘considerada     como    ocurrida    durante    la    vigencia    del  seguro’,   porque  ella  proviene  de  la misma causa o evento que originó la reclamación fundada en la  acción  popular,  la  cual  fue  propuesta,  sin  discusión alguna, durante la  vigencia formal del seguro (…)».   

         

          Acota,  que  la  reseñada modalidad de cláusula o estipulación se  incorporó  a  la  legislación nacional mediante la Ley 389 de 1997, precisando  que  es propia de contratos de seguros como el tomado por la Cámara de Comercio  de  Bogotá,  el  que  se  caracteriza  porque  la  circunstancia  que determina  el derecho a la indemnización por el asegurado, no es  el            de            ‘ocurrencia’  dentro  del  término  de  vigencia  de  la  póliza,  sino  el  de ‘reclamación   presentada’         o         ‘claims         made’,   normalmente   concebido   con  un  ‘período      de  retroactividad  ilimitado,  o  al  menos  con  un  período de retroactividad en  ningún  caso  inferior  a  la  fecha  de  vigencia  de  la  póliza’,  y  que  el juzgador al no hallar la  comentada  expresión  inglesa en la póliza n° 121100000078, estimó que no se  ajustaba  a  esa  clase  de  pacto,  aunque  el riesgo  amparado  era  el  mismo  previsto en la póliza 120100000574, que se trataba de  extender,  cuya  vigencia  iba  hasta  el  30 de noviembre de 2006»,  y  que  de  haber  analizado  las  condiciones  contractuales, se  habría  enterado que aquella corresponde a un «seguro  por  reclamación», al haber quedado incorporadas las  estipulaciones    de    la    anterior,    al    señalar    que    [‘h]ace parte  integral    de    la    póliza    de    responsabilidad    civil    profesional  121100000078’.  Modalidad  de    póliza   ‘claims  made’  que  ratifica  la  parte   siguiente   de   la   condición   cuando   declara   que   ‘[e]sto  es  un  clausulado de reclamos  presentados’,    como  igualmente   lo   reitera   cuando  la  póliza  entra  a  delimitar  el  amparo  otorgado.   Por   consiguiente,  si  el  ad  quem  no  hubiera pasado por alto esa  situación,  habría  advertido  la  existencia  de  dicha  cláusula,  que daba  cobertura  al  requerimiento  de  la  Secretaría  de  Hacienda de Cundinamarca,  «bien  por  tratarse  de  una reclamación presentada  durante   la  vigencia  de  la  póliza  extendida  (1200100000574),  o  de  una  reclamación              ‘subsiguiente’  (…)».   

          En  cuanto  a  la denegación de las pretensiones que se apoyaron en  la  reclamación  que  tuvo  por  sustento  la  acción  popular,  debido  a que  consideró  el  Tribunal,  que  el  abogado  Jaime  Moya,  en  su  condición de  Vicepresidente  Jurídico  de la actora, «incurrió en  una  conducta  de culpa grave asimilable a dolo y dolo, expresamente excluida de  los  amparos,  porque actuó de manera ‘consciente’,  ‘premeditada’,             ‘si  se  quiere  interesada’,             ‘deshonesta’,  y  tal  vez  criminal»,  aclara  el  censor  que  quedaría  a  salvo de la acusación, lo  atinente    al   señalamiento   de   que   se   trató   de   un   «acto   consciente»,   toda   vez   que  «no  excluiría  el  error»  previsto  en  los  amparos de la póliza, y luego de reproducir los elementos de  juicio   y   las   reflexiones  en  que  el  ad  quem  se  apoya  para  calificar  la  conducta  del nombrado  funcionario  de  la  accionante,  y  sobre esa base estructurar la exclusión de  cobertura    del    seguro,   asevera   que   tales   inferencias   «no  son  más  que  el  reflejo  de  la  distorsión  material que de las pruebas hizo el juzgador o de la suposición de  evidencias  que objetivamente no obran en el expediente y de la pretermisión de  otras,   presentándose   así   múltiples  errores  de  hecho,  manifiestos  y  trascendentes».   

          En  punto  de la inobservancia del manual establecido por la Cámara  de  Comercio  de  Bogotá, para cumplir la función de registro de ciertos actos  mercantiles,  en  el evento en cuestión, como lo resalta el juzgador, considera  la  impugnante  que  no pasa de ser una suposición del  Tribunal,  (…),  porque  el  contenido que trae a colación la sentencia, esto  es,  la cláusula 3.12, no se refiere a un determinado procedimiento, sino, como  el  mismo  Tribunal  lo  señala,  a indicar que hay liquidaciones de sociedades  ‘con   cuantía:   se  determina    sobre    el    remanente’    y    sin     cuantía:    no    hay   remanente’,   y   a   consagrar  una  tabla  de  liquidación  del  impuesto  a  aplicar,  según se trate de una u otra clase de  liquidación  (…),  no  siendo  tampoco  acertado ni  lógico  interpretar  que  dicho  precepto  reglamentario  permita  «solicitar  documentos  adicionales  con  el  fin  de determinar si  había  o no distribución de remanentes, como en principio lo había solicitado  la  abogada Romero Gómez»; de ahí que la conclusión  del  Tribunal  no tenga «asidero probatorio, porque el  registro  que  se  hizo  de  la liquidación de la sociedad Luz de Bogotá S.A.,  ocurrió,  formalmente,  dentro  del  marco rector de ese manual, es decir, como  acto       ‘sin  cuantía’ porque no había  remanentes  conforme  al  documento  que para la inscripción se adujo, y acorde  con  ello  se  hizo  la  liquidación  del impuesto previsto (…)».   

          Menciona  y  resume la recurrente, que el señalamiento del juzgador  de  haberse desatendido (i) los antecedentes existentes  para    la   inscripción   de   la   liquidación   de   sociedades’,  (ii)  [de  haber          otorgado]          ‘un  trato discriminatorio del registro  del      acta      de     liquidación     de     dicha     sociedad’  y (iii) [de  dejar] imponer el criterio de la interesada, son otras  conclusiones   fácticas   sin   soporte   probatorio  alguno,  y  por  supuesto  constitutivas   de   nuevos   errores   de   hecho,  y  contrariamente  a dichas deducciones, consta que por la  misma  época  (2004)  de  la  liquidación  del impuesto de inscripción de Luz  Bogotá  S.A.  se dieron otras inscripciones guiadas por el mismo criterio, como  sucedió  en  los casos ‘de  las  sociedades  Endesa  de  Colombia S.A., Enersis S.A., Ramos Daza Arquitectos  &  Cía.  S.  en  C.,  Latino Curazao Ltda., Unidad Médica Dicardy Ltda., y  Severo      Rojas     Asociados     y     Cía.     S.     en     C.’,  según lo informó la doctora Campo  a  la  Junta  Directiva  de  la  Cámara de Comercio el 18 de mayo de 2006, Acta  475, hallando en esas circunstancias un contra indicio  no  apreciado  por  el  sentenciador,  que  conduce  a desvirtuar las señaladas  conclusiones,  y  a  su  vez lo erige como otro yerro fáctico, al no tomarlo en  cuenta  para  la decisión, y remata afirmando, que de las citadas inscripciones  «no  se  puede  deducir  ni  el  trato  ‘discriminatorio’  o  selectivo respecto de la sociedad  mencionada,  ni  la  imposición  del  ‘criterio’  de  parte  de  esta», por lo que el hecho indicado es solo  una suposición del fallador.   

          También  sostiene  la  impugnante,  que  no obra elemento de juicio  demostrativo  de que el «mencionado funcionario actuó  con  conciencia  premeditada,  interesada  o deshonesta, (…), porque de lo que  él  dijo  en la audiencia, no se infiere la conducta interesada que el Tribunal  pregona,  pues  allí  él  simplemente  hace  una  descripción de lo que en la  práctica  ocurre  con  la  liquidación  de  sociedades, que unos casos generan  un   solo  documento donde se hace constar la distribución del remanente y  la  liquidación  de la cuenta final, y en otros se elaboran dos documentos, que  fue  el  caso de Luz de Bogotá», y tampoco evidencian  la  reprochable conducta citada, la circunstancia de que se hubiera impetrado la  «acción popular», o el que  se  formulara  el  requerimiento  tributario,  así  sea  el  único que se haya  dado.   

         

Encuentra  el  censor  otro  desatino  del  Tribunal,   por   haber   este  manifestado  que  «el  memorando  que  contiene  lo que se dice afirmado por Andrés Tobón, no permite  la  categórica  conclusión  que  plasma  el fallo, la cual de alguna manera es  creación  del  Tribunal», puesto que tal instrumento  indica  que [e]n alguna ocasión anterior discutimos si  cuando  se distribuían remanentes el acto era con cuantía o no. La conclusión  es  que  lo tendríamos como acto cuantioso. Pero el punto aquí es otro, porque  se  trata  de  precisar cuáles son las menciones que pueden exigirse en el acta  de  aprobación  de  la  distribución de remanentes, y  que  el  ad  quem  omite la  segunda  parte,  que  viene  a modular lo primeramente  dicho  porque  esta  se  refiere  exactamente  al  caso y al quid del mismo, que  giraba  alrededor  de  si  el  acta  a  registrar contenía toda la información  requerida  o  si  la  Cámara  tenía  la  facultad  de  solicitar  información  adicional.  Además, el memorando muestra aún en la parte vista por el Tribunal  que  el  tema  era discutido y discutible, y por lo tanto no acabado como a raja  tabla  (sic)  lo entiende la  sentencia.   

          Tras  referenciar  jurisprudencia  de esta Corporación acerca de la  prueba  indiciaria  y  la  forma  de  configurarse  el  error  de  hecho  en  su  valoración,  expresa que para el caso, al no obrar evidencia directa del dolo o  la  culpa  grave  del  prenombrado  funcionario  de  la  Cámara  de Comercio de  Bogotá,  en  el  trámite  del registro cuestionado, entiende que la deducción  del  sentenciador  se  apoyó  en  indicios,  no  obstante  de  acuerdo  con los  parámetros  que cita, advierte que es notorio el dislate cometido, «porque   ninguno   de   los   hechos  que  pudieran  tomarse  como  indicadores  conduce  lógicamente  al  hecho  que  el  Tribunal  considera como  indicado».   

          Retoma  el  censor  el  tema  de  la  inaplicación del «manual  de  registro» implementado en la  entidad  demandante,  y  sostiene  que  si se admitiera  como  verídica la afirmación del Tribunal, lo cierto es que de tal hecho no se  infiere  necesariamente la premeditación, el interés o la deshonestidad que el  fallo  imputa  al  señor  Moya  para  fincar  las  exclusiones reconocidas como  excepción  de  mérito.  Como  tampoco  se  puede  inferir  ese  comportamiento  inapropiado  y  contrario  a  la  buena  fe  del  hecho  de  haberse  presentado  ‘otros casos similares al  de  la sociedad Luz de Bogotá S.A., donde se allegaron actas de liquidación de  sociedades  sin incluir el valor del remanente y fueron inscritos en el registro  como  actos  sin  cuantía,  y  tampoco  la situación  atinente  a  que  cuatro años antes de vincularse a la  Cámara  de  Comercio, el doctor Moya en su condición de abogado de la firma de  abogados  Brigard & Urrutia, hubiera gestionado como representante de Luz de  Bogotá  S.A.,  y  Enersis, Energía de Colombia S.A., la inscripción del grupo  económico  al  que  pertenecían estas empresas, mucho  menos  de  que  se  hubiere  promovido la acción popular y el requerimiento por  parte de la Secretaría de Hacienda de Cundinamarca.   

          Adicionalmente  a los mencionados yerros, denuncia la impugnante que  el  fallador incurrió en otros, como la preterición de estimar la «resolución   56  de  2009  de  la  Secretaría  de  Hacienda  del  Departamento  de  Cundinamarca, en tanto es un acto administrativo producido por  la  entidad  afectada  por la elusión, mediante el cual descarta claramente que  los  encargados  de  la  Cámara  de  Comercio  hayan  incurrido en una conducta  contraria   a   la   buena   fe,   cuando   allí   se   expresa:   ‘(…)  no  se  configura  inexactitud,  cuando  el  menor valor a pagar que resulte en las declaraciones tributarias, se  derive  de  errores de apreciación o diferencias de criterio entre las oficinas  de  impuestos  y  el  declarante,  relativos  a  la  interpretación del derecho  aplicable,  siempre  que  los  hechos  y  cifras  denunciados  sean  completos y  verdaderos», indicando así mismo que la posición de  la   actora   «está   amparada  por  criterios  muy  razonables  y  por  lo  tanto  su  conducta  no  implica de rompe una actuación  arbitraria  o  irrazonable,  sino  por  el  contrario,  constituye una verdadera  diferencia   de   criterio   no   sancionable   a   la   luz  de  la  ley  y  la  jurisprudencia», comentario este que asegura también  se   plasmó   en   el   fallo   de   primera   instancia   de  la  «acción  popular», en el que se sostuvo  que  la  entidad  territorial  «tiene  claro  que  el  registro  del  acta  como  acto  sin  cuantía  obedeció  a una interpretación  equivocada    por    parte    de    la    Cámara    de   Comercio».   

          Igualmente   cuestiona   al  juzgador  ad  quem,  porque  no  valoró  el informe presentado a la  junta  directiva  de  la  Cámara  de  Comercio, por la abogada Adriana Catalina  Hoyos,  experta  en  derecho  tributario  y  catedrática  de  la materia, quien  además   rindió   testimonio   en   el  proceso,  afirmando  que  «[e]n  este caso claramente no hubo dolo  ni  culpa  por  parte  de  la  C.C.B.,  por  lo que no debería responder por un  impuesto  del  que  además no es contribuyente», y en  otras  de  sus  respuestas  manifestó,  que «no puedo  estar  en  mayor  desacuerdo  porque nunca se había presentado en la Cámara la  circunstancia  de que un contribuyente adujera su derecho a amparar su derecho a  no  registrar un acto que de acuerdo con la ley no tenía que registrar, eso fue  la  primera vez que ello ocurrió porque lo usual y esto obviamente ya uno lo ve  cuando  desempolva  el  pasado, todo lo que había ocurrido antes lo que siempre  se  había  hecho  evidente  era  que  los particulares llegaban con un acto que  contenía  la  cuenta  final  de  liquidación que contenía la distribución de  remanentes,  (…),  y  el  funcionario  de  turno  tomaba esa cifra y sobre él  liquidaba   el   impuesto,  agregando  que «la decisión  de  la  Secretaría de Hacienda por virtud de la cual se revocó la sanción por  inexactitud,  ‘solo puede  ser  basada en la buena fe’  y    que    la    Cámara   actuó   ‘basada     en    derecho’,  ‘no  puede  haber  culpa grave, ‘porque  a  mi  modo  de  ver  este  caso  sí  era  distinto a los demás y lo digo como  especialista   en   derecho  tributario,  lo  digo  como  profesora  en  derecho  tributario este sí era un caso especial.   

          Finalmente,  se  arguye que el Tribunal distorsionó el concepto n°  07-134474-00001-0000  de 16 de enero de 2008 de la Superintendencia de Industria  y  Comercio,  dado  que  lo  limitó a la mera actividad del registro mercantil,  «siendo  que  el  mismo  claramente  se  refiere a la  inscripción   del  ‘acta  contentiva  de  la cuenta final de liquidación de una sociedad, por el hecho de  que    en   la   misma   no   se   haga   mención   a   la   distribución   de  remanentes’,   que   es  precisamente  el  tema  objeto del debate», resaltando  que    tales    entidades    «(…)    ‘no  están  facultadas  para negarse a  inscribir’  la mencionada  acta,  ‘toda  vez que tal  circunstancia  escapa  a  la  órbita  de control de legalidad que deben ejercer  dichas     entidades’  (…)».   

          Concluye   que   los   errores  de  hecho  demostrados  originaron  errores  de  derecho,  porque cuando el juzgador da por  demostrada  la  culpa grave y el dolo sin que en el expediente exista base legal  para  tal  efecto,  violó  las normas de derecho probatorio que consagran en su  orden  los  artículos  83  de la Constitución Política, 63 y 1516 del Código  Civil,  y  174  del  Código  de Procedimiento Civil, al dar por desvirtuada sin  asidero  probatorio  alguno  la  presunción  de buena fe que establece la norma  constitucional  como  principio  general  fundamental  y admitir como probada la  culpa  grave  que  se  asimila al dolo, y el dolo, en contravía de lo dispuesto  por el art. 1516 del Código Civil.   

         

3.   Pide la impugnante casar el fallo  atacado,  y  en sede de instancia, revocar la sentencia de primer grado, para en  su  lugar  acceder a las pretensiones contenidas en el escrito introductorio del  juicio.   

CONSIDERACIONES  

          1.   Se memora que las peticiones plasmadas en las demandas con  las  que  se  promovieron los procesos acumulados, se concretaron a solicitar el  reconocimiento  de  haberse  celebrado un «contrato de  seguro» entre la Cámara de Comercio de Bogotá, como  tomador  y  asegurada,  y QBE Seguros S.A., en condición de aseguradora, el que  se   instrumentó  en  la  póliza  n°  120100000574,  con  vigencia  entre  el  «30  de  noviembre  de  2005  y el 30 de noviembre de  2006»,    que    tuvo   por   objeto   «amparar  el deterioro patrimonial de la Cámara, como consecuencia  de   los   errores   y   omisiones  en  que  incurra  en  el  ejercicio  de  sus  actividades»,  estipulándose  como  valor  asegurado  «Col$ 10.000’000.000  por  evento y en agregado anual»,  con    un    deducible    de    «Col$100’000.000      toda      y      cada  reclamo»,  involucrando  en  algunas de las súplicas  subsidiarias   del  juicio  acumulado,  para  derivar  los  respectivos  efectos  indemnizatorios,    además    de    la   antes   reseñada,   la   «póliza  n°  121100000078,  con una vigencia comprendida entre el  30   de   noviembre   de  2006  y  el  30  de  noviembre  de  2007».   

En  el  proceso  rad. 2008-00102, la actora  invoca  como  hechos  para  exigir  el  pago  de la indemnización, «un  reclamo de terceros, directamente relacionado con el ejercicio  de         [sus]  actividades»,  consistente  en una acción popular en  su  contra,  promovida  por Rosa Elvira Viracachá Tunarosa y María Omaira Cely  Vargas,   ante  la  jurisdicción  Contencioso  Administrativa,  en  la  que  se  solicitó  declarar  que  hubo elusión del impuesto de  registro  de  que  trata la Ley 223 de 1995, por razón de la inscripción en el  registro  público de la Cámara de Comercio de Bogotá de la liquidación de la  sociedad  ‘Luz de Bogotá  S.A.’  (hecho generador),  sin  el  previo  pago  y  transferencia  del  tributo  en la cuantía debida, en  detrimento  de  los  intereses  económicos  del  Departamento  de Cundinamarca,  sujeto  activo  del  mismo,  debiéndose  «declarar  que  la responsable de este (por no haberlo recaudado en  su  oportunidad,  antes  de  la  inscripción  de la liquidación en el registro  público,  como  era  su  obligación  legal)  es  la  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá»,  y  por ende, se pidió que fuera condenada  al     pago     de     su     monto,     estimado     en     $12.349’461.050,  más los intereses de mora y  la  corrección  monetaria,  además  un incentivo económico del 15% a favor de  las actoras.   

En  lo atinente al proceso rad. 2008-00590,  las  pretensiones  se  fundan  en  que  durante  la  vigencia  del  «contrato    de   seguro»,  la demandante fue notificada del requerimiento especial n° 000002  de  14  de  septiembre  de  2006  emitido  por  la  Dirección  de  Rentas de la  Secretaría  de  Hacienda  del  Departamento  de  Cundinamarca,  con  el  que se  modificó  la  liquidación  privada  del  impuesto de  registro  declarada  por  la  Cámara de Comercio de Bogotá, correspondiente al  período  comprendido  entre  el 1º al 31 de agosto de 2004, declarada y pagada  el  día 15 de septiembre de 2004 (…)’,  requerimiento  este  que  fue ampliado posteriormente (…) y que  dio  (…)  lugar  a la liquidación de revisión n° 0001 de 13 de diciembre de  2007  de  ese  mismo  despacho y a la Resolución n° 00000056 de 28 de enero de  2009  (…),  ‘por medio de  la  cual  se  resuelve  el  recurso  de  reconsideración  interpuesto contra la  [reseñada]  liquidación,   y   como   consecuencia   de   tales  actuaciones,  «se realizó  el   riesgo   asegurado»   en   el  aludido  negocio  jurídico.   

Con  respecto  a los señalados asuntos, se  busca  que  la «aseguradora»  con    cargo    a    la    señalada   «póliza   de  seguro»,  cancele  adicionalmente,  el  valor  de los  honorarios  de los abogados que contrató para la defensa de sus derechos en las  indicadas  actuaciones,  como  también  los  respectivos  intereses  moratorios  comerciales.   

         

2.  El Tribunal esencialmente ratificó  la  denegatoria  de las pretensiones, en cuanto a las del primero de los juicios  reseñados,  al  deducir  que  la  conducta  observada  por el funcionario de la  actora  que  tuvo  a  su  cargo  la  inscripción del acto de liquidación de la  sociedad  Luz  de  Bogotá  S.A.,  no  se adecua a la naturaleza de «un  error  o una omisión»,  sino  que  es un «acto que de por sí se  considera   deshonesto»,  por  lo  que  «constituye  una  situación  viciada  de culpa grave asimilable al  dolo  y dolo, cuya exclusión también se encuentra contemplada en los contratos  de   seguros   constituidos   entre   la  Cámara  de  Comercio  y  QBE  Seguros  S.A.»,   quedando   «sin  fundamento  cualquier  pretensión  indemnizatoria  frente  a  quien  expide  la  garantía».   

          Y  respecto  de  las  súplicas  del  segundo  proceso,  que guardan  relación  con  el  «requerimiento especial n° 000002  de   14   de   septiembre   de   2006   de   la   Secretaría   de  Hacienda  de  Cundinamarca»,   además  de  la  existencia  de  la  conducta  dolosa,  al verificar que la «reclamación a  la  aseguradora»  por  tal hecho se efectuó el 11 de  diciembre  de  2006, es decir, fuera del período de vigencia de la «póliza   n°  120100000574»  y  no  se  encuentra    cubierto    por    la    «póliza   n°  121100000078», dado que sucedió con antelación a su  vigencia,   y   además  porque  en  esta  última  no  se  pactó  «cláusula  claims  made»,  que  permita  efectuar   válidamente   el   «reclamo»   por   hechos   que   precedan   al   inicio   del   período   de  cobertura.   

3.  El error fáctico enrostrado por la  impugnante   al   juzgador,  se  apoya  en  la  equivocada  apreciación  de  la  «cláusula     de     indemnización»  que  contempla  responsabilidad  para la aseguradora por las sumas  que  el asegurado resulte legalmente responsable de pagar derivadas de cualquier  «reclamo»  proveniente  de  terceros  en  su  contra,  durante  la «vigencia de la  póliza»,  por  «un  acto  negligente,  error  u omisión», enfatizando que tales  estipulaciones  aluden  a la «reclamación del tercero  perjudicado»,    mas    no    a   la   «reclamación  que  el  asegurado hace a la aseguradora, que fue lo  entendido   por   el   Tribunal»,  y  adicionalmente,  encuentra  desatino  por  la  valoración separada de las dos reclamaciones a la  actora,   la   fundada   en  los  requerimientos  tributarios  emitidos  por  la  Secretaría  de  Hacienda  de  Cundinamarca,  y  originados  en  la «acción  popular»,  cuando  entre ellas  existe  conexidad  al  provenir de la misma causa, aspecto este del que también  se  dejaron  de valorar los elementos de juicio que la evidencian, y   «que   en   términos  de  la  póliza  lleva  a  considerar  la  [primera]   reclamación  [reseñada]  (…), como una  reclamación  subsiguiente,  y  por  ende  ocurrida  durante  la  vigencia de la  póliza    120100000574»;   habiéndose   igualmente  preterido  examinar  las  estipulaciones  relativas  al  amparo  de «errores  y omisiones», y la «cláusula   de   exceso»,  en  las  que  encuentra   evidencias   que   contribuyen   a  desvirtuar  la  conclusión  del  sentenciador.    

         

4.  Las probanzas con incidencia en la  decisión  del  embate  que  se  está  examinando,  se  concretan  a  las que a  continuación se mencionan:   

          a).     Reproducción    fotostática    de   la   «invitación  a proponer», emitida por la  accionante    el    7    de   octubre   de   2005,   a   fin   de   «contratar  las  pólizas  de  seguros  que  amparen  sus  bienes e  intereses  asegurables, incluyendo todos aquellos por los cuales sea o llegare a  ser  legalmente responsable»,  y  la  propuesta  presentada  por  la  demandada  de  11  de  noviembre  de 2005  (rad. 2008-00102, c.1, fls.27-88 y 95-181).   

         

b).    Copia    de    la   «póliza           n°           120100000574          –   Seguro  de  responsabilidad  civil  extracontractual  – errores  y  omisiones»  (ídem,  fls.  184-215  y 2008-00590, c.1A,  fls.237-273),   en  la  que  figura  como  tomador  y  asegurado,  la  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá,  expedida por QBE Central de  Seguros    S.A.,    el    «29/11/2005»     con     vigencia     «desde   30/11/2005  hasta  30/11/2006»,  «valor       asegurado       $10.000’000.000          –    Deducible    Col$100’000.000      toda      y      cada  reclamo»; interés «amparar  el  derecho  patrimonial  de  la  Cámara,  como  consecuencia  de los errores y  comisiones  en  que  incurra  en  el  ejercicio de sus actividades»,  determinándose  en  las  condiciones,  entre  otros factores, la  [r]esponsabilidad  civil  imputable a la Cámara, como  consecuencia  de  errores  y  omisiones  en  que  incurra  en  desarrollo de las  siguientes  actividades: – Administración de los registros públicos delegada a  las  cámaras  de  comercio:  registro  mercantil,  registro  de  proponentes  y  registro  de  entidades sin ánimo de lucro y la administración de los recursos  provenientes  de  los mismos; exclusiones, entre otras,  «fraude/deshonestidad/infidelidad     –  culpa  grave  asimilable  a  dolo  y  dolo».   

          Así  mismo,  cabe reseñar la cláusula de  indemnización   –   La  aseguradora  acuerdan  (sic),  sujeto  a  los  términos,  limitaciones,  exclusiones  y  condiciones  de  esta  póliza,  indemnizar  al  asegurado  por  las  sumas por las cuales el asegurado  resulte  legalmente  responsable  de pagar por daños, reclamos, costos y gastos  de  reclamaciones  como  resultado de cualquier reclamo o reclamos efectuados en  contra  del  asegurado  y  notificado  a los suscriptores durante el período de  vigencia  del  seguro,  indicada  en  la  carátula  de  la  póliza  y  que sea  proveniente  de  un acto negligente, error u omisión por parte de:  (a) el  asegurado  – (b) cualquier  director  o  empleado  del  asegurado,  o  (c) cualquier otra persona, personas,  socios,  firma  o  compañía  actuando  en  nombre  del  asegurado –  (d)  por la conducta de los negocios  del  asegurado  como  es  especificado en la carátula de la póliza,  y  lo  pactado  en  punto  de «costos y  gastos  –  La aseguradora  también  acuerdan (sic) pagar  los  costos  y  gastos de investigación y de defensa en los que se incurra para  la   liquidación   de   reclamos   que   sean   objeto  de  cobertura  en  esta  póliza».   

          En        cuanto       al       concepto       de       «reclamo»  se  prescribe:  «Cualquier  escrito  o  citación  u  otra aplicación de cualquier  descripción  o  reclamo  cruzado  o  contabilizado  a  cargo  o  en  contra del  asegurado  por  algún  acto  negligente,  error  u  omisión  o, (ii) cualquier  comunicación  escrita  alegando un acto negligente, error u omisión comunicado  al   asegurado»,   y   acerca   de  la  «notificación»   de   los  mismos,  se  consagra:   (a)   El   asegurado  deberá  dar  a  la  aseguradora  un  inmediato  aviso,  escrito durante la vigencia del seguro de: –  1.1    Cualquier    reclamo    efectuado   en   contra   de   el   (sic)  asegurado;  o  1.2  el  recibido  de  cualquier  aviso de cualquier persona o entidad de su intención de efectuar una  reclamación   en   contra  del  asegurado  por  el  resultado  de  algún  acto  negligente,  error  u  omisión,  o,  1.3  cualquier  circunstancia  en donde el  asegurado  deba  tener  conocimiento  y  que  razonablemente pueda estimarse que  pueda  generar  una  reclamación en contra del asegurado, dando razones para la  anticipación  de  dicha reclamación, con detalles completos respecto de fechas  y  personas involucradas. –  Dichos  avisos  habiendo  sido  notificados  como requeridos en los puntos 1.2 y  1.3,  arriba mencionados y cualquier reclamación subsiguiente efectuada deberá  ser  considerada  como  ocurrido  durante  la  vigencia del seguro. –  (b)  El  asegurado  deberá dar a la  aseguradora  dicha  información y cooperación, como los suscriptores lo pueden  requerir  y no revelarán a ninguna persona la existencia de esta póliza sin el  consentimiento de la aseguradora.   

d). Copia autenticada del escrito con el que  María  Omaira  Cely  Vargas  y  Rosa  Elvira  Viracachá  Tunarosa, promovieron  acción  popular  contra  la Cámara de Comercio de Bogotá, presentada el 17 de  febrero  de 2006, en la Secretaría del Tribunal Administrativo de Cundinamarca,  en  la  que  adujeron  la  «defensa  de  los derechos  colectivos  a la ‘moralidad  administrativa’   y  al  ‘patrimonio  público’»,  planteando en síntesis las siguientes pretensiones: Declarar que  hubo elusión del impuesto de registro de que trata la  ley  223  de  1995,  por razón de la inscripción en el registro público de la  Cámara  de  Comercio  de Bogotá de la liquidación de la sociedad ‘Luz   de   Bogotá   S.A.’ (hecho generador), sin el previo pago  y  transferencia  del  tributo  en  la  cuantía  debida,  en  detrimento de los  intereses  económicos  del  Departamento  de  Cundinamarca,  sujeto  activo del  mismo;  así  mismo,  en  razón  a  que la mencionada  empresa  ya  no  existe, «se  declare  que  la  responsable  de este (por no haberlo  recaudado  en  su oportunidad, antes de la inscripción en el registro público,  como    era   su   obligación   legal)   es   la   Cámara   de   Comercio   de  Bogotá»,  determinándose  que la base gravable para  establecer    dicho    tributo    es    la    suma   de   $1.764.208’.721.394,   y   liquidado  según  la  Ordenanza  n°  02  de  1996 de la Asamblea de Cundinamarca, a la tasa del 0.7%,  equivale        a        $12.349’461.050,  valor  este  por  el  que se debe condenar a la convocada,  más  los  intereses  moratorios  y un incentivo económico para las actoras del  15%  (rad.  2008-00102,  c.14,  fls.1-19 y también se  allegaron al rad.200800590).   

La   señalada  demanda  se  admitió  el  «22  de  febrero  de  2006»  (íd.,  c.14,  fls.90-91),  notificándose a la  convocada   el  «3  de  marzo  de  2006»,  con  entrega  de  las  piezas procesales pertinentes (fl.94),  habiendo contestado por conducto  de  apoderado  el  «17 de marzo de 2006»          (fls.117-164).   

Por   falta  de  competencia,  la  citada  corporación  judicial  se separó del conocimiento del asunto y previo reparto,  se  le  asignó  al  Juzgado  3º Administrativo del Circuito de Bogotá, el que  dictó   sentencia   el   3   de   mayo   de  2010,  denegando  la  «acción  popular  por  cesación  de la vulneración»,  no  impuso  condena  en  costas  y  reconoció un incentivo a las  actoras  y  a  cargo  de  la  accionada, por el equivalente a cincuenta salarios  mínimos   legales   mensuales,   decisión   que  fundó  básicamente  en  que  (…)   resulta   indubitablemente  palpable  que  la  vulneración  y/o  amenaza  al  patrimonio público, y de contera a la moralidad  administrativa,   ha  llegado  a  su  fin,  toda  vez  que  el  Departamento  de  Cundinamarca,  en  su condición de sujeto activo del tributo bajo estudio, y en  uso  de  las  atribuciones  legales  atrás  destacadas,  procedió  a  liquidar  oficialmente   el   tributo  en  cuestión,  lo  que  implica  que  los  valores  correspondientes  al  impuesto de registro no se perderán por el hecho de haber  registrado  el  acta  de  liquidación como un acto sin cuantía por parte de la  Cámara   de  Comercio  de  Bogotá.  –  Bajo  esta  perspectiva, la liquidación oficial contiene la orden  de   allegar   a  la  Dirección  de  Rentas  de  Cundinamarca  la  declaración  debidamente    corregida,    incluyendo    el   valor   de   $12.949’413.350,  correspondiente al monto del  impuesto  de  registro  dejado  de  percibir, junto con los intereses moratorios  causados,  lo cual restablece el derecho del Departamento a obtener este recurso  y  salvaguardar el patrimonio público, cesando así la vulneración aducida por  los    accionantes.   –  Igualmente  se debe resaltar que para el Departamento, la Cámara de Comercio se  convierte  en  sujeto  pasivo  sustituto,  desplazando  a quien realiza el hecho  generador  en  el  cumplimiento de la obligación tributaria, lo que implica que  el  pago por concepto del impuesto de registro radica en cabeza de la Cámara de  Comercio  de Bogotá, circunstancia que contribuye a colegir sin mayores reparos  que  la  liquidación  oficial  proferida  por  el  Departamento  constituye una  obligación  clara,  expresa  y  actualmente  exigible  a cargo de la Cámara de  Comercio,  quien  deberá  responder  por los valores dejados de percibir por el  Departamento.  De  esta  manera  el recurso proveniente del impuesto de registro  posee   vocación   de  ingreso  a  las  arcas  del  ente  territorial,  recurso  actualmente  exigible  y  que  en  consecuencia  no  se  ha  perdido  (rad.  2008-00102,  c.20,  fls.196-245).   

Con  relación al citado fallo se concedió  recurso   de   apelación   (fls.303-304),  sin  que se conozca el resultado de la forma como se resolvió la  alzada.   

e).         «Requerimiento      especial      n°      000002      –  impuesto  de  registro  –  período  del  1  al 31 de agosto de  2004»,  responsable  Cámara  de Comercio de Bogotá,  expedido  el  14 de septiembre de 2006, suscrito por el Director de Rentas de la  Secretaría  de  Hacienda  de  Cundinamarca,  en  el  que  se  indica  que en la  «liquidación  privada» se  declaró  $241.908’478.571,  e   «impuesto   a  pagar»  $1.693’359.350,  en tanto  que  la  «liquidación real»  es    de    $2.006.117.199.965,    e   «impuesto   a  pagar»               $14.042’820.400,    precisándose   que   la  inconsistencia se presenta respecto de la inscripción  en  el  registro mercantil del acta 026 del 9 de julio de 2004 la cual contenía  la   ‘cuenta  final  de  liquidación    de    la    sociedad    Luz    de    Bogotá    S.A.’,  admitida por la Cámara de Comercio  como   acto  sin  cuantía,  cancelando  por  impuesto  de  registro  la  tarifa  establecida  para  este  tipo  de  actos; pese a que por la naturaleza del mismo  debe  considerarse  como  acto  con cuantía, configurándose así un detrimento  tributario  para  el  departamento  de  Cundinamarca  y  una  inexactitud  en la  declaración  de  impuesto  de  registro  del  período del 1 al 31 de agosto de  2004   (rad.2008-00590,  c.1,  fls.64-65).   

f).         «Ampliación  al  requerimiento  especial  n°  00002  –  impuesto  de  registro  –  período  del  1  al 31 de agosto de  2004»,  de  14  de  marzo de 2007, en el que se hacen  constar   nuevamente   las   cantidades   anteriormente  reseñadas,  y  en  los  fundamentos  fácticos  se  alude a los antecedentes atinentes al registro de la  «cuenta    final    de   liquidación»  de  Luz  de  Bogotá S.A., precisando que se canceló «por  concepto  de impuesto de registro de dicho documento, la suma  de  $48.000,  suma  que para la época de los hechos correspondía [al]      pago     de     actos     sin  cuantía»,   y   se   indica   que  la  «propuesta  consiste  en  sumar  la  cifra dejada de recibir por la  inscripción  del  ‘acta de  aprobación  de cuenta final de liquidación de la sociedad Luz de Bogotá S.A.,  descontando   el   valor  ya  cancelado  como  acto  sin  cuantía»         (rad.2008-00590,         c.1,        fls.66-70).   

g). «Liquidación  de   revisión   n°   0001   de   13   de   diciembre   de   2007»,  en  la  que  se  resuelve «(…)            [m]odificar  la  declaración del impuesto de registro correspondiente  al  período 1 al 31 de agosto de 2004, la cual fue presentada y pagada el 15 de  septiembre   de  2004  por  la  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá»,  para  concretarla  conforme  a  los  valores  especificados en el  citado  requerimiento  tributario,  liquidándose  «la  sanción  por  inexactitud a una tasa del 160% sobre el monto del mayor impuesto  a  pagar  que  asciende  a  la  suma  de  $12.349.413.350, motivo por el cual la  sanción  que  se  impone es de $19.759’061.360»     (rad.2008-00590,     c.1,  fls.71-98).   

h).   Resolución  00000056  de  26 de  enero  de  2009  expedida  por  el  Secretario de Hacienda de Cundinamarca, para  resolver  «el recurso de reconsideración interpuesto  por  la  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá  contra  la  liquidación oficial de  revisión  n°0001  del  13  de  diciembre  de  2007»,  respecto  de la «declaración del impuesto de registro  presentada   por   el  período  correspondiente  del  1  al  31  de  agosto  de  2004»,  la  que  modificó y unificó, quedando en lo  pertinente  así:  «Base gravable actos con cuantía:  Liquidación       de       revisión       $2.006.117.199.965      –  impuesto a pagar $14.042’820.400          –     valor    total    liquidación  $14.245’743.400»           (rad.2008-00102,            c.6,            fls.370-394).   

i).    Constancia  suscrita  por  el  Director  General Unidad Administrativa Especial de Rentas y Gestión Tributaria  de  Cundinamarca,  de  25  de  julio  de 2011, en la que indica que «queda   debidamente  ejecutoriada  la  liquidación  de  revisión  n°0001  del  13 de diciembre de 2007, conforme a lo establecido en el artículo  82,   numeral   segundo  del  Código  Contencioso  Administrativo»  (rad.2008-00102, c.6, fl.397).   

j). Documentos exhibidos por la accionada en  diligencia    efectuada    el    22    de    julio    de    2011    (rad.2008-00102,   c.  2,  fls.  325-473,  c.3,  fls.1-500,  y  c.4,  fls.1-245),  incorporados en copia al plenario, dentro  de  los  que  se encuentran la invitación a ofertar que le remitiera la actora,  la   propuesta   por   la  «aseguradora»    presentada,   la   póliza   n°12010000574   del   «seguro  de responsabilidad civil errores y omisiones»,   y   condiciones   del   «seguro   de  responsabilidad  civil  profesional»,  las  distintas  comunicaciones  que  con  la  «asegurada»  se cruzaron sobre aspectos del siniestro y la solicitud de pago de  la indemnización.   

En los citados instrumentos, aparece la (i)  carta  suscrita  por  la  Presidenta de la «Cámara de  Comercio   de   Bogotá»,  radicada  en  «QBE  Central  Seguros» el 14 de marzo de  2006,  en la que se indica como referencia «póliza de  responsabilidad       civil      errores      y      omisiones      –       aviso      de      posible  siniestro»,  y  se  informa acerca de la «demanda  de  acción  popular» promovida  en  su  contra  por  Omaira  Cely  Vargas  y  Rosa  Elvira  Viracachá Tunarosa,  mencionándole  de  manera  resumida  los  hechos  y  pretensiones,  a su vez le  adjuntaron    copia    de    la   demanda   y   sus   anexos,   e   «informe  de  la  actuación  [de  la  entidad] en relación con la  liquidación  del  impuesto  de  registro  en  el  caso  de  inscripción  de la  aprobación  de  la  cuenta  final de liquidación de la sociedad Luz de Bogotá  S.A.»,   precisándole   que   se   notificaron   el  «3  de  marzo  de 2006», al  igual  que ante la brevedad de los términos judiciales  para  contestar  la  demanda, la Cámara de Comercio de Bogotá ha contratado la  asesoría  legal  externa  de  la  firma  Godoy  &  Hoyos  para los aspectos  tributarios  del  proceso  y  del  ex  Consejero de Estado, doctor Ricardo Hoyos  Duque  para que lleve la representación judicial de la entidad y desarrolle los  demás   aspectos   de   derecho   público   que   envuelve   este  proceso  en  particular     (ídem,  c.4, fls.114-115).   

(ii)  Así  mismo, la misiva enviada por el  Vicepresidente  Jurídico  de  la  Cámara  de Comercio de Bogotá, recibida por  «QBE    Central   de   Seguros   S.A.»   el  11  de  diciembre  de  2006,  que  alude  a  la  «póliza   de   responsabilidad   civil  errores  y  omisiones  n°  120100000574»,  y ahí se manifiesta que en  relación  con la póliza de la referencia, le informo que el 14  de   septiembre   de  2006  la  Secretaría  de  Hacienda  del  Departamento  de  Cundinamarca  formuló  un  requerimiento especial contra la Cámara de Comercio  de  Bogotá,  en  el cual propuso modificar la liquidación privada del impuesto  de  registro  declarada por la Cámara para el período comprendido entre el 1º  y  el  31  de  agosto  de  2004.  La  modificación consiste en un aumento en el  impuesto  a pagar en la suma de $12.349’461.050,  y le transcribe lo pertinente de  la  inconsistencia  detectada,  concretamente  que «se  presenta  respecto  de la inscripción en el registro mercantil del acta 026 del  9     de    julio    de    2004    la    cual    contenía    la    ‘cuenta  final  de  liquidación  de la  sociedad  Luz de Bogotá S.A., admitida por la Cámara de Comercio como acto sin  cuantía   (…)»,  y  con  oficio  entregado  a  la  aseguradora  el  18  de  marzo  de  2007,  le  reitera  lo  dicho en la anterior  comunicación,  adicionando  que se les notificó «una  ampliación  del  requerimiento  especial  n°000002  respecto  del  impuesto de  registro    en    el   período   [citado],  que  de  acuerdo  con  su texto no implica aumento en los montos  objeto  de  requerimiento ni consagra hechos nuevos, sino simplemente se refiere  a  interpretaciones  jurídicas  sobre  la  manera  de  efectuar  el impuesto de  registro   y   las   facultades   de   la   Cámara  para  hacerlo»,  anuncia  que  lo  contestarán  oportunamente  y  le remite copia  (rad.2008-00102,    c.2,    fls.328-329    y    c.4,  fl.190).   

(iii) También carta de 3 de abril de 2007,  enviada  por  el  Vicepresidente  de  Seguros  de  QBE  Central de Seguros, a la  Cámara   de   Comercio,   en   la   que   al   referirse   a   la  «reclamación   correspondiente   al  reconocimiento  del  pago  de  honorarios  pactados  con el doctor Ricardo Hoyos Duque, como consecuencia de la  acción  popular (…)», le hace saber que en vista de  que   «son  inferiores  al  deducible  estipulado  en  nuestra  póliza,  procedemos  a objetar su reclamación, negando de esta manera  el   pago  de  honorarios  estipulados»  (rad.2008-00102, c.4, fl.197).   

k).   Instrumentos  aportados  por  la  actora   en   la  inspección  judicial  practicada  el  22  de  julio  de  2011  (rad.  2008-00102,  c.4, fls.246-512, c.5, fls.1-558 y  c.6,   fls.1-303),  concernientes  a  los  siguientes  aspectos:   

(i) «Procedimiento  estudio    de    documentos    REG-P-002-4   actualización   n°4»  vigente a partir de septiembre de 2003, aplicado por la Cámara de  Comercio  de  Bogotá para la época del «registro del  acta   de  aprobación  de  la  liquidación  de  la  sociedad  Luz  de  Bogotá  S.A.»,  en  el que al describir su alcance se señala  que  (…)  contiene  el  procedimiento  operativo que  deben   seguir  los  abogados  del  Departamento  legal  en  la  inscripción  o  devolución   de   los  documentos  sujetos  a  inscripción  en  los  registros  públicos.    –   (…)  –  Los aspectos legales y  las  políticas correspondientes a los registros públicos constan en la ley, en  los  documentos externos y en el Vademécum de Registros Públicos. –  Los  criterios  incorporados  en  el  Vademécum  de  Registros  Públicos  pueden  ser  cambiados  por  el  Jefe  del  Departamento  Legal,  sin consultar previamente al Vicepresidente Jurídico. Las  modificaciones  se  efectúan  a  criterio  del  Jefe  del Departamento Legal, y  dependiendo  de  la materia objeto de la modificación, este podrá consultar la  Vicepresidente      Jurídico.     –  El procedimiento aquí descrito debe ser aplicado por los abogados  del  Departamento  Legal  que intervienen en el procedimiento de inscripción de  documentos,   y   en   el  acápite  de  «Generalidades»,   se   contempla   que  «[e]l  abogado  debe verificar que a todo documento a  inscribir  se  le  hayan  liquidado  y  cobrado  los  derechos  de  inscripción  correspondientes,  el impuesto de registro y la sanción por extemporaneidad, si  se  causa,  de  acuerdo  con  la  Ley  y  las políticas de la CCB»,  prescripción  esta  reiterada  en  el punto 4.1, en el que en su  párrafo  final  se  indica  que «realizado el estudio  jurídico  y  las  verificaciones  del  caso,  si  no  existe  ninguna causal de  devolución,  se  procede  a  la  inscripción  del  documento de acuerdo con lo  establecido  en  el numeral 4.2 de este procedimiento»  (rado.2008-00102,    c.5,   fls.252-280).   

(ii)          «Procedimiento  recepción de documentos REG-P-002-2 Actualización  n°5  vigente  a  partir  de abril de 2004», el que al  fijar  su  alcance  sostiene que «[e]ste procedimiento  explica  cómo  se deben recibir, liquidar y registrar los documentos (reformas,  actas,   nombramientos,   poderes,  constituciones,  contratos  de  compraventa,  reservas  de  dominio,  etc.)  en  las  cajas  de  las  sedes de la CCB, para su  inscripción   en  los  registros  públicos»,  y  en  relación  con  el  tema  que  para  el  caso  interesa,  en el numeral 3.9., se  contempla,  que  «[s]e debe verificar si el documento  que  presenta  el  cliente  para  la  inscripción  está  exento  o gravado con  impuesto  de  registro,  en  caso  de  estar  exento,  no  se  cobra impuesto de  registro,  únicamente  se  cobran los derechos de inscripción. Si el documento  está  gravado con el impuesto de registro, se debe determinar de acuerdo con la  tabla   anexa  ‘Tabla  de  Impuesto  de  Registro’ el  tipo  de impuesto a cobrar, el cual se aplica así: – 0.7% sobre la cuantía del  documento  –  cuatro  (4)  salarios   mínimos   legales   diarios,   si  es  un  documento  sin  cuantía.  –  El  sistema  liquida  automáticamente  los  impuestos,  precisándose en el  punto      3.12,      que      incorpora      la      señalada     «Tabla»,   que   tratándose   de   la  «Liquidación  sociedad comercial, civil o E.S.A.D.L.  (…)  Con cuantía: se determina sobre el valor del remanente. Sin cuantía: no  hay      remanente»     (rad.2008-00590,     c.1D,  fls.47-61).   

(iii)   Certificación  expedida  por  la  demandante  el  13  de  mayo  de  2009,  en  la  que con relación a la sociedad  «Luz  de  Bogotá S.A.», se  especifica  «[q]ue el acta n° 00000026 de Asamblea de  Accionistas  del  09 de julio de 2004, por medio de la cual se aprobó la cuenta  final  de  la sociedad, fue inscrita el 02 de agosto de 2004 bajo el n°00945921  del     Libro     IX»     (rad.2008-00590,    c.1,  fl.428).   

(iv)  Actas de la Junta Directiva, respecto  de  sesiones  donde trataron la problemática originada por la acción popular y  los  requerimientos  tributarios  emitidos  por  la  Dirección  de Rentas de la  Secretaría  de  Hacienda de Cundinamarca, constando en la n°305 de 15 de marzo  de  2006,  que  ese  órgano fue informado en ese momento sobre la existencia de  dicho  proceso  y de la contratación de los servicios profesionales de abogados  para   la   defensa   de   los   intereses   de   la  institución  (c.4,  fls.261-262);  así mismo en la 475  de  18  de mayo del citado año, en el informe de la Presidenta se aludió a que  con  ocasión  de  esta  demanda,  solicitó  que  se  indagara  la  existencia  de  casos  similares  en  el proceso de registro de la  entidad,  encontrando  hasta  el  momento, que la situación de inscripción del  acta  de liquidación como un acto sin cuantía por no incorporar dicho acta los  valores  distribuidos  a  los  accionistas, se dio únicamente en el caso de las  sociedades  Endesa  de Colombia S.A., Enersis S.A., Ramos Daza Arquitectos &  Cía.  S.  en C., Latino Curazao Ltda., Unidad Médica Dicardy Ltda., Australian  Studies  Internacional  Ltda.  y  Severos Rojas Asociados y Cía. S. en C. – [e]  indicó  que  estos casos fueron analizados en su momento por el área jurídica  de  la  entidad dirigida por el Dr. Jaime Moya, Vicepresidente Jurídico. Según  la  información suministrada por el doctor Andrés Tobón Jefe del Departamento  Legal,  fue  el  Dr.  Moya  en  el ámbito de sus competencias quien definió el  criterio  jurídico  a  aplicar  en  el  caso de la sociedad Luz de Bogotá S.A.  –   Destacó   que   al  efectuarse  el  análisis de los casos expuestos, se evidenció que el Dr. Jaime  Moya  había actuado antes de vincularse como Vicepresidente de la entidad, ante  la  Cámara  como  abogado de la firma Brigard & Urrutia, como representante  de  las  sociedades  Luz  de  Bogotá S.A. y Enersis, Energía de Colombia S.A.,  solicitando  la  inscripción  del  grupo  económico  al que pertenecían estas  sociedades.  – Precisó que  la  decisión  sobre  los casos citados anteriormente no fue consultada  la  Presidencia  Ejecutiva  ni  a la Vicepresidencia Ejecutiva de la entidad, como a  la  Junta Directiva de la institución. La Presidenta explicó que nunca ha sido  consultada  sobre  este tema dado el ámbito de competencias del área jurídica  y  la  especificidad  del  asunto.  Este  criterio  excepcional,  expresó,  fue  conocido  por la Presidencia Ejecutiva y la Vicepresidencia Ejecutiva solo hasta  el  momento,  a  raíz  de la demanda de la acción popular instaurada contra la  entidad    y    puesta    inmediatamente    en    conocimiento   de   la   Junta  Directiva      (c.4,      fls.267-269).   

(v)  Documento firmado por Hasley T. Romero  Gómez,  abogada  de  la Cámara de Comercio de Bogotá, de 15 de julio de 2004,  dirigido  a  Luz  de  Bogotá  S.A.  en  liquidación,  con el que devolvió sin  registrar  el «acta n°026»,  requiriéndolos  para que allegaran «acta adicional al  acta  en  referencia,  en  donde  se aclare la cuenta final de liquidación y el  remanente  a  distribuir  entre  los  socios»,  y les  advirtió          que          «[tuvieran]  en  cuenta que la base gravable  para  el  impuesto  de registro es el valor del remanente a distribuir entre los  socios»  (c.4, fl.283), y la  destinataria  respondió por conducto del Liquidador seis días después, con el  que   suministra   parcialmente   la  información  solicitada,  y  precisa  que  «[n]inguna  de  las  normas a que he hecho referencia  impone  la  obligación  de  señalar  el  valor de los remanentes»    que    se   le   ha   exigido   (c.4,  fls.288).   

(vi)  Memorando  interno  de  «30  de  julio  de  2004»,  enviado  por  Andrés  Tobón  a Jaime Moya (ambos funcionarios de la actora), en el que le da  a  conocer  algunos  antecedentes  relacionados  con  la  inscripción  del acta  aprobatoria  de  la  cuenta  final  de liquidación de Luz Bogotá S.A., como el  tema  de  la  devolución  reseñada  en  el  anterior  literal, al igual que el  criterio  del  abogado  que  asesoró  a  dicha  empresa  para  el  trámite  en  cuestión,  concerniente  al  entendimiento  de  los  artículos  247  y 248 del  Código  de  Comercio,  indicando  que  aquel  hace  referencia  al «acta  de  distribución de remanentes» y  el   segundo   al   «acta  aprobatoria»,  y  al  respecto  acota  [c]reo que tiene  razón.  La  ley  eso  es  lo  que  dice efectivamente. Se considera que el acto  sujeto  a  inscripción  es  con  cuantía  para  efectos de la liquidación del  impuesto  de  registro si en él se expresa el beneficio a favor del particular.  Pero  la  autoridad  tributaria  solo  puede  estudiar  el  documento  que se le  presenta,  y no puede exigir que se hagan en él menciones adicionales a las que  la  ley permite. El acto sujeto a inscripción es el acta del 248, no el acta de  distribución  de  remanentes  del  247.  En  el  acta del 248 basta decir si se  aprueba  o no la distribución de remanentes: Basta decir, como lo hizo Camacho,  que  ese  documento  separado  que  no  tiene  porqué conocer el registro queda  aprobado.  (Algo  similar  habíamos  discutido  con ocasión de las cesiones de  cuotas  en  las que no se expresa ningún precio: el precio es elemento esencial  de  la compraventa que es el título, pero no de la cesión, que es el modo, por  lo  que estrictamente no puede exigirse que se mencione el precio en la cesión,  que  es  el  acto  susceptible  de  ser  inscrito.  Este  fue  el  caso de Anuar  Escaf),  y  agregó  que [d]e  acuerdo  con  el  248, la asamblea debe aprobar las cuentas de los liquidadores.  Pueden  incorporarse  al  acta  las  cuentas correspondientes, pero pueden ellas  aprobarse  sin  necesidad  de  que  hagan parte del acta. Lo mismo sucede con la  aprobación     de     la     distribución    del    remanente.    –  (..)  El  Código  de  Comercio deja  abierta  la puerta para una legítima elusión del impuesto. Salvo que considere  Usted  que  se trata de un mismo acto y que es requisito del acta de la asamblea  que  se  exprese  cuánto valen los activos remanentes distribuidos, accederé a  la  argumentación  de  los  usuarios. –  (…)  Esto  se lo consulto porque debe ser grande la cifra que en  impuesto  de registro está en juego y porque Camacho muy seguramente acudirá a  Usted   directamente.   –  (…)   En  alguna  ocasión  anterior  discutimos  si  cuando  se  distribuían  remanentes  el  acto era con cuantía o no. La conclusión es que lo tendríamos  como  acto  cuantioso.  Pero el punto aquí es otro, porque se trata de precisar  cuáles  son  las  menciones que pueden exigirse en el acta de aprobación de la  distribución del remanente (c.4, fl.289).   

(vii)  Concepto  de  la Superintendencia de  Industria  y Comercio, de 16 de enero de 2008, emitido a solicitud de la Cámara  de  Comercio  de  Bogotá,  la  que  le planteó «unos  interrogantes  en  relación  con el control de legalidad que deben efectuar las  cámaras  de  comercio frente a la solicitud de inscripción del acta contentiva  de    la   aprobación   de   la   cuenta   final   de   liquidación   de   una  sociedad»,  y  en  lo  pertinente  le transcribió el  texto  del  inciso  1º  numeral  1.4.1  capítulo  1º  del  título VIII de la  Circular  Única  proferida  por  dicha  entidad,  indicándole que [c]onforme  a  lo  anterior,  se  puede concluir que las cámaras de  comercio  han  sido  investidas  de un control de legalidad totalmente taxativo,  reglado  y subordinado a lo prescrito en la ley, pudiendo abstenerse de efectuar  una  inscripción  solamente por vía de excepción, es decir, cuando la ley las  faculte  para  ello  o  cuando  los  actos  y/o  documentos  sujetos  a registro  adolezcan  de  ineficacia  o  inexistencia,  (…),  y  adicionalmente  le  expuso que las cámaras de comercio  no  están  facultadas  para negarse a inscribir el acta contentiva de la cuenta  final  de  liquidación  de  una sociedad, por el hecho de que en la misma no se  haga  mención  a la distribución de remanentes, toda vez que tal circunstancia  escapa  de  la  órbita  de  control  de  legalidad  que  deben  ejercer  dichas  entidades,  correspondiendo  directamente a los interesados iniciar las acciones  que  sean  pertinentes  ante  las  autoridades  competentes,  de  acuerdo con lo  dispuesto  en  los  artículos  252  y  255  del Código de Comercio (c.5, fls.493-496).   

   

(viii)  «Contrato  de  prestación  de servicios profesionales n° 4600001717/2006, celebrado entre  la   Cámara   de  Comercio  de  Bogotá  y  Ricardo  Hoyos  Duque»,  que  tiene  por  objeto  la representación judicial «en   el  proceso  que  cursa  en  el  Tribunal  Administrativo  de  Cundinamarca,  sección  II,  subsección  D,  exp.  2006-0315,  por  la acción  popular  instaurada  por  las  señoras  Omaira  Cely  Vargas  y Rosalía Elvira  Viracachá   Tunarosa»,   y  convenio  de  la  misma  naturaleza    al    reseñado   «n°4600002099/2006,  celebrado  entre  Godoy  &  Hoyos Abogados Ltda. y la Cámara de Comercio de  Bogotá»,  con  el  fin de que asumiera la defensa de  «los  intereses  económicos  de  la  Cámara  en  el  procedimiento  administrativo  en  curso  ante  la  Secretaría  de  Hacienda de  Cundinamarca  por concepto del recaudo del impuesto de registro para el período  comprendido  entre  el  1º y el 31 de agosto de 2004»  (c.4, fls.353-359 y 369-376).   

(ix)  Correspondencia  cruzada  entre  los  partes   del   «contrato   de   seguro»  relacionadas  con el reporte del siniestro, cobertura y el reclamo  del  pago  de la indemnización, reseñándose solo algunos de tales documentos,  especialmente  las  que evidencian la posición de las contratantes, en punto de  las reclamaciones.   

–  Misiva  remitida  por  la  «asegurada»    a    la    «aseguradora»,  que la recibió el 25 de  mayo  de  2006,  en  la  que  le informa acerca de «la  fórmula  y valor de los honorarios de los asesores legales externos, que son de  su  conocimiento,  que  asisten  a nuestra entidad dentro del proceso de acción  popular   (…)»,   adicionando   que   «el  alcance  de  los  servicios  del  abogado  Ricardo Hoyos Duque  comprende  la  representación  judicial  y  defensa  de  la  Cámara dentro del  proceso  hasta  la  última instancia», y [l]os honorarios  pactados  a  favor  de la firma Godoy & Hoyos Ltda. (…), los cuales serán  pagados  por la Cámara en una sola cuota. El alcance del trabajo de este asesor  comprende  la  elaboración  y  redacción de todos los argumentos de naturaleza  tributaria  que  se incluyan en los memoriales y todos los documentos dentro del  proceso,   así   como   los   alegatos   de   conclusión  y  los  recursos  de  ley        (c.4,  fls.300-301).   

– Y la carta de 15 de junio de la señalada  anualidad,  suscrita  por  la  Directora  de  Indemnizaciones de la «aseguradora»,    dirigida    a    la  «asegurada»,  en  la  que  haciendo  referencia  a la «Póliza de responsabilidad  civil   errores   y   omisiones»   y   respecto  del  «pago  de los honorarios a la firma Godoy & Hoyos  Ltda.  (asesoría  tributaria)  de una parte, y la otra, los honorarios pactados  con  el  doctor  Ricardo  Hoyos  Duque, como consecuencia de la acción de grupo  (…)»,  le  comunica  que en consideración a que el  citado  proceso  se  interpuso  aduciendo, entre otros  argumentos,  ‘la elusión  del  impuesto  de registro por razón de la inscripción en el registro público  de  la  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá  de  la  liquidación  de la sociedad  ‘Luz    de    Bogotá  S.A.’, sin el previo pago  y  transferencia  del  tributo  en  la  cuantía  debida,  en  detrimento de los  intereses    económicos    del    departamento    de   Cundinamarca’, presuntamente la responsabilidad que  se  deriva  de  tal actuación, coloca a la entidad frente a una responsabilidad  fiscal,  es  decir,  que  la  misma  se  encontraría  sujeta  a  la  actuación  administrativa  adelantada  por la Contraloría cuando por la presunta omisión,  en  forma  dolosa o culposa indistintamente se genera un daño al patrimonio del  Estado.  Lo  anterior  habida  cuenta  que  la  Cámara  de Comercio, al manejar  dineros  del fisco, está desempeñando una función pública a cargo del Estado  está  sujeta  a  control  fiscal  por  parte  de  la Contraloría General de la  República  y  por  lo tanto sus actuaciones estarían sujetas a responsabilidad  fiscal.  – Así las cosas y  en  el  presupuesto  de  comprobarse  tal  omisión  en cabeza de la entidad, de  acuerdo  con  las condiciones de la póliza nos encuadraríamos en la extensión  de   cobertura   para   responsabilidad  fiscal,  la  cual  ampara  ‘la   responsabilidad  fiscal  que  se  derive  del detrimento patrimonial ocasionado por el recaudo, administración, e  inversión  de los recursos de origen público, cuando la conducta que da origen  a  la  misma  haya  sido  cometida  hasta  por  culpa  grave,  con sublímite de  Col.$500’000.000  (…)      (c.4,     fls.     311-312).   

          –  Replicó  la destinataria de la anterior comunicación con oficio  de   27   de  septiembre  siguiente,  en  el  que  le  expone  su  discrepancia,  manifestándole  que  (…) no compartimos la posición  de  la  aseguradora  en cuanto a la aplicación de la extensión de ‘responsabilidad   fiscal’,  y  consideramos  que  teniendo  en  cuenta  las  características  de la acción popular presentada ante el Tribunal  Contencioso  Administrativo de Cundinamarca, la cobertura afectada en la póliza  de  responsabilidad  civil  errores  y omisiones contratada con QBE –   Central  de  Seguros  S.A.  es  la  cobertura  de  la  responsabilidad  civil. Por lo tanto estimamos que el límite  asegurado    es   de   diez   mil   millones   de   pesos   ($10.000’000.000)   por   evento,   y   no  la  extensión  expresamente establecida para la cobertura de responsabilidad fiscal  y  el  pago  de los gastos de defensa judicial dependen de aquel límite y no de  este (c.4, fls.313-317), y se  le  dio  respuesta  por  la «aseguradora»  con  carta  de  27  de  noviembre  del citado año, ratificando su  posición   respecto   del  tema  en  cuestión  (c.4,  fls.318-320).   

          l).   Certificación   expedida  por  la  Secretaría  del  Tribunal  Administrativo   de  Cundinamarca  Sección  Primera,  indicando  que  allí  se  encuentra  en  trámite de la segunda instancia la acción popular promovida por  Rosa  Elvira  Viracachá  Tunarosa  y  otros  contra  la  Cámara de Comercio de  Bogotá,  hallándose  para  ingresar  a  Despacho  a  fin  de  dictar sentencia  (rad.2008-00102,      c.8,     fl.160).   

   

          m).  Testimonios recaudados a solicitud de las partes, dentro de los  que tienen relevancia:   

(i)  Luz  Marina  Rincón,  Vicepresidenta  Ejecutiva  de  la  institución  demandante, vinculada a la misma desde abril de  2006,  en  el  que  relata el desarrollo que tuvo la problemática atinente a la  inscripción  como acto sin cuantía de la aprobación de las cuentas finales de  liquidación  de  la  sociedad  Luz  Bogotá  S.A., ante la Junta Directiva y en  punto  del  criterio jurídico que al respecto se aplicó, sostuvo: (…)   Para   la   administración  el  doctor  Moya  efectuó  una  interpretación   de   normas  legales  vigentes  para  su  momento  y  vigentes  actualmente  según las cuales cuando en el acta de liquidación de una sociedad  no  se  incluyen  los  remanentes  la Cámara de Comercio de Bogotá no tiene la  facultad  de solicitar o de obligar a la sociedad a que introduzca en el acta de  liquidación  dichos remanentes, quiero aquí anotar que la autoridad tributaria  del  departamento  de  Cundinamarca  en la Secretaría de Hacienda [en]  la resolución que puso fin a la vía  gubernativa  expresamente  contempla  que  la posición jurídica asumida por la  Cámara  de  Comercio  la encuentra y subrayo porque así lo dice la resolución  muy  razonable  pero que no la comparte y que en la Cámara se cometió un error  de  interpretación,  adicionalmente la Superintendencia de Industria y Comercio  ente     de    supervisión    y    control    de    las    cámara[s]  de  comercio,  es  decir,  quien está  habilitada  para hacer una interpretación con autoridad en concepto creo que es  del  año  2008,  conceptuó que las cámaras de comercio no pueden exigir a los  empresarios  que  incluyan  en  las  actas  de  liquidación presentadas para el  registro  los remanentes a distribuir, posición de la administración es que el  doctor  Moya efectuó una interpretación jurídica que como anoto anteriormente  es  razonable  bajo  ningún  parámetro.  (…).  No  se  encontró que hubiera  incurrido  en  ninguna  otra  omisión,  reitero que la administración en forma  diligencia   (sic)  y  como  consta  en  las  actas  reportó  a su junta directiva lo encontrado.   

          (ii)  Declaración  del  abogado  Jaime Moya, quien en lo pertinente  expuso:  Hubo una solicitud del acta de liquidación de  la  sociedad  Luz de Bogotá y si mal no recuerdo originalmente fue devuelta por  los  abogados  de  la  Cámara  por  la  persona  que  estudió inicialmente ese  trámite  y  a  raíz  de  esa  devolución  las  personas  de  Luz  de  Bogotá  insistieron  en  la  inscripción  del  acta  de  liquidación  por  lo  cual la  decisión  fue  revisada  por  el  jefe  del departamento legal de la Cámara el  doctor,  en ese momento era el doctor Andrés Tobón quien revisó el tema desde  el  punto  de vista jurídico, él preparó un documento con las consideraciones  legales  frente al tema, lo consultó conmigo que era en ese momento su superior  funcional  y  revisado  el  tema  decidimos  que  no había razón para negar el  registro  del  acta  y  se  tomó  la  decisión de registrar el acta, no diría  propiamente  que  fue una controversia sino más bien un trámite administrativo  en  el  cual  se  presentó  una  diferencia  de opiniones que fue zanjada de la  manera    que    acabo   de   mencionar.   

Acerca del criterio que se tuvo en cuenta a  fin  de  darle solución a la problemática que surgió en torno al registro del  acto  en  cuestión,  comentó: (…) Lo primero que se  debe  anotar  que  en  su  función  de  administrar  el registro mercantil y de  recaudar  el  impuesto  de  registro  la  Cámara  ejerce  funciones  que son de  naturaleza  pública,  funciones  que  por  ser  de  naturaleza  pública están  sujetas  a  los  preceptos  de  los  artículos  6º  y  121 de la Constitución  Política  (…).  En  relación  con el registro mercantil la ley le atribuye a  las  cámaras de comercio un control de legalidad que es limitado en ese sentido  cuando  la  Cámara  recibe para inscripción un acto que por ley esté sujeto a  registro  está  obligada  a  inscribirlo a menos de que respecto de ese acto se  pueda  predicar  un  fenómeno  de  inexistencia  o de ineficacia (…). Hay una  norma  en  la circular única de la Superintendencia de Industria y Comercio que  es  la  autoridad administrativa que ejerce control de tutela sobre las cámaras  de  comercio en su función de administradoras de registro mercantil que señala  expresamente   que  las  cámaras  no  podrán  abstenerse  de  registrar  actos  contratos,  o  documentos  a inscripción sino en los casos en los cuales existe  una  causal  de  ineficacia  o  inexistencia  de dichos actos, y por supuesto el  incumplimiento  de esa instrucción administrativa acarrearía a las cámaras de  comercio   una   responsabilidad   de  tipo  administrativo.  Adicionalmente  en  relación  con  su  función  de recaudo de impuesto de registro las cámaras de  comercio  deben  tener  en  cuenta que el impuesto de registro es un impuesto de  naturaleza  eminentemente  documental  porque  su hecho generador consiste en la  incorporación  de derechos apreciables en dinero dentro de un acto o contrato o  documento  que por disposición legal esté sujeto a inscripción en un registro  público,  por lo tanto el análisis que la cámara debe realizar en su función  de  recaudo  del  impuesto  de  registro  se  debe  concretar  exclusivamente al  contenido  del  documento  en  primer lugar y únicamente cuando dicho documento  está  expresamente y por disposición legal sujeto a inscripción. (…). Yendo  al  caso  concreto  del  Luz de Bogotá tenemos que los artículos 247 y 248 del  Código  de  Comercio  que  regula  el proceso de liquidación de las sociedades  comerciales  señalan el primero, el artículo 247 que luego del pago del pasivo  externo  de  la sociedad procede la distribución del remanente entre los socios  y  dice el artículo que se hará constar repito se hará constar en un acta que  deberá  ser  aprobada  por  ellos  y  a  renglón  seguido el artículo 248 del  Código  de  Comercio  señala  que  la  cuenta  final  de liquidación que debe  presentar   el   liquidador   y  el  acta  de  distribución  del  [remanente]  deben  ser  aprobados  por  la  asamblea  de  accionistas  o junta de socios, deben enfatizarse por lo tanto que  estamos  en  presencia de dos documentos diferentes uno el acta de distribución  de  remanente  del artículo 247 y otro el acta de la reunión de la asamblea de  accionistas  o  junta  de  socios  que  aprueba la cuenta final de (sic) y aprueba el acta de distribución de  [remanente], enfatizo que lo  que  se aprueba en la segunda es el acta y no la distribución del [remanente]  pues  son dos cosas distintas.  En  la  práctica  ocurre  con  mucha  frecuencia  que en la liquidación de las  sociedades  estas  dos decisiones a las que se refieren los artículos 247 y 248  del  Código  de  Comercio  se  adoptan y se hacen constar en un solo documento,  (…),  en  el caso de Luz de Bogotá sin embargo las personas que estuvieron al  frente  del proceso de liquidación decidieron elaborar dos documentos separados  uno  de  los del acta de distribución de remanente y el otro el acta en la cual  se  aprobó  el  acta  de  distribución  del  remanente  y  la  cuenta final de  liquidación,  esta  distinción es importante porque mientras de acuerdo con la  circular  única  jurídica  de  la  Superintendencia de Industria y Comercio el  acta  en  la que se aprueba la cuenta final de liquidación es un acto que está  expresamente  al  deber  de  inscripción  en  el  registro mercantil el acta de  distribución  del  remanente  de  que  trata  el  artículo  247 del Código de  Comercio  no  está  sujeto  a  inscripción  en  el  registro mercantil, (…).  Entonces  me  voy  a  referir  a las alternativas que en su momento consideraron  frente  a la decisión que debía adoptar la Cámara de Comercio de Bogotá, una  primera  decisión habría sido frente a la insistencia de Luz de Bogotá en que  se  debía registrar el acta de liquidación volver digamos a tomar la decisión  que  había tomado el abogado que examinó el tema en primer lugar y devolver el  documento,  esa  decisión  en  su  momento  consideramos  que no era procedente  porque  como  ya  lo  señalé  los únicos casos en los cuales la Cámara puede  abstenerse  de  inscribir  un  documento en el registro mercantil ocurren cuando  respecto  de  ese  documento  se  puede  predicar  la presencia de una causal de  inexistencia  o  ineficacia  del  acto  y en ninguna parte la ley señala que el  hecho  de  que  en el acta de liquidación de una sociedad no se haga constar la  distribución  del  remanente  es  causal de inexistencia o de ineficacia de ese  documento,  (…)  y  la  conclusión  a  la  que llegamos era que la Cámara no  podía  insistir  en  la  devolución  sin violar la instrucción administrativa  impartida  por la Superintendencia de Industria y Comercio en la circular única  la  que  me  he  referido. La segunda alternativa consta en solicitarle a Luz de  Bogotá  que al tiempo con el acta de liquidación de que trata el artículo 248  del   Código  de  Comercio  presentara  también  el  acta  de  aprobación  de  distribución  del  remanente  de  que  trata  el  artículo  247 del Código de  Comercio,  esa alternativa tampoco se consideró procedente porque por una parte  como  ya  lo  mencioné el acta en que se aprueba la distribución del remanente  (…)  es  un  documento  que  no  está  sujeto  a  inscripción en el registro  mercantil  no  existe  norma  que  establezca  esa  obligación  a  cargo de los  comerciantes   y   por   otro   lado   la   circular  básica  jurídica  de  la  Superintendencia  de  Industria  y  Comercio señala que para la inscripción de  los  documentos  que deben registrarse en el registro mercantil, las cámaras de  comercio  tiene[n] terminante  prohibido       establecer       requisitos       adicionales      [de] solicitar documentos adicionales a los  que   la  ley  expresamente  establece,  la  tercera  alternativa  habría  sido  solicitarle  a  Luz  de  Bogotá  que  modificara  el  acta de liquidación para  incluir  en  ella no solo la aprobación del acta de distribución del remanente  sino  la  propia  distribución  del  remanente,  en  ese  sentido  vale la pena  señalar  que  las  cámaras de comercio no tienen ninguna atribución legal que  les  permita  exigirle a los comerciantes la modificación de los documentos que  presentan  para  registro  y  mucho  menos  para  incluir  una decisión que por  expresa  disposición  legal  se  puede  hacer constar en un documento diferente  como  es  en  este  caso el acta de distribución del remanente (…). La cuarta  alternativa  que en su momento se consideró fue la de acudir a medios de prueba  adicionales  al  medio  de  prueba  puramente documental como podría haber sido  solicitar  testimonios  o  practicar inspección para tratar de establecer cuál  era  el  contenido  del  acta  que aprobó a la distribución del remanente, esa  alternativa  también  se  desechó  teniendo  en  cuenta  que  las  cámaras de  comercio  no  tienen  facultad  legal  para  practicar u ordenar la práctica de  pruebas  menos  tratándose de una decisión que por disposición legal no está  sujeta  a registro como es el caso del acta del artículo 247, (…). Ese fue el  análisis  que se hizo en su momento y la decisión a la que se llegó fue la de  inscribir  el  acta de liquidación en la medida en que no había ninguna causal  legal  de  inexistencia  o  ineficacia  que impidiera la inscripción y recaudar  sobre  esa  acta  el impuesto de registro como un acto sin cuantía en la medida  en  que  el  acta  de  liquidación presentada por Luz de Bogotá no incorporaba  derecho  alguno  que  fuera  apreciable  en dinero que es el hecho generador del  impuesto  de  registro  sino que simplemente daba cuenta de la aprobación de un  acta  en  la que sí constaba esa decisión pero que como tal no estaba sujeta a  registro  y  por  lo  tanto respecto de ella no podía ocurrir el hecho generado  del  impuesto  de  registro  por  no  estar  sujeta  a  inscripción.   

Sobre   la   relación  con  «Brigard  y Urrutia», el testigo nombrado  informó:  Sí cuando yo trabajé en Brigard y Urrutia  entre  los  años  1996  y  2000  el  Gobierno  Nacional  inició  una  serie de  privatizaciones  en  el  sector  energético  y  también el Distrito de Bogotá  decidió  iniciar  el  proceso  de  capitalización de la Empresa de Energía de  Bogotá  que  fue  el  que  dio origen a las sociedades Emgesa y Codensa. En ese  entonces,  hubo  muchos  inversionistas extranjeros interesados en participar en  esos  procesos,  de  los  cuales fueron Nedesa Chile S.A. (…) y la otra Endesa  España   S.A.   (…),   para  esa  época  debo  aclarar  (…)  [que  dichas  empresas]  no tenían ningún  tipo  de  relación  e incluso se puede considerar que respecto de esos procesos  abiertos  en  Colombia  eran  competidores, Endesa Chile contrató a la firma de  abogados   Brigard   y  Urrutia  para  que  la  asesorara  en  los  procesos  de  privatización  llamémoslo  así en general abiertos en Colombia (…), de otro  lado  Endesa  España para participar en alguno de los mismos procesos contrató  a  la  firma  de  abogados  Holguín Neira y Pombo quien entiendo los acompañó  dentro  del  proceso de capitalización de la Empresa de Energía de Bogotá que  dio  origen  a  la  sociedad  Codensa  S.A.  ESPy  dentro del cual como sociedad  inversionista  se  creó  la  sociedad  Luz  de  Bogotá  (…), si bien conocí  asuntos  de  Luz  de  Bogotá  mientras estuve en Brigard y Urrutia eso ocurrió  como  consecuencia  de  estar  vinculado a los asuntos de Cesa y Encesa que eran  clientes  de  Brigard  y  Urrutia  para  esa  época,  y   en  respuesta  posterior  precisó:  (…)  mi  vínculo  profesional  fue con Cesa y Incesa vínculo que  para  el  momento,  sí  tenía vínculo con Luz de Bogotá, vínculo en el cual  tomé  la decisión de la cual estamos hablando ya no existía, ya había dejado  de  existir  por  varios años, adicionalmente debo señalar que esta decisión,  claro  que la tomé yo pero fue sustanciada y proyectada en sus aspectos legales  por  el  doctor  Andrés  de  la  Cámara  de Comercio de Bogotá, él fue quien  preparó  el  análisis  correspondiente  y  el  doctor Andrés Tobón no tenía  vínculo  ni  con  Brigard  y Urrutia ni Luz de Bogotá, por lo tan[to]  sería extraño pensar que no contaba  con  la  suficiente  imparcialidad,  yo  tampoco  consideré  que respecto de mi  concurriera  causal  de  impedimento  porque  para  la  época  en  que tomé la  decisión  no  tenía  vínculo con Brigard y Urrutia y además debo aclarar que  jamás  tomé una decisión siendo Vicepresidente Jurídico de la Cámara con el  fin  de  favorecer  a  alguien  porque  eso  sería un delito e incurría en una  responsabilidad sumamente grave.   

(iii)  Exposición  de  la  abogada Adriana  Catalina  Hoyos  Jiménez,  representante  de Godoy & Hoyos Abogados S.A.S.,  contratada  por  la Cámara de Comercio para la defensa de sus intereses ante la  autoridad   tributaria  de  Cundinamarca,  hace  precisiones  en  cuanto  a  las  funciones  que  en  materia  de registro tiene a su cargo la nombrada entidad, y  comenta:  Desde  esa  perspectiva las normas tanto del  Código  de  Comercio  y  concretamente  la  circular  de la Superintendencia de  Industria  y  Comercio  la n°10 establece que la Cámara de Comercio solo puede  negarse  al registro de un acto en 3 situaciones, en primer lugar cuando el acto  a  registrar  sea ineficaz, en segundo lugar cuando el acto sea inexistente y en  tercer  lugar cuando tenga expresa autorización legal para negarse al registro,  digamos  todo  lo  que  acabado  de  decir  resulte  los límites de la función  registral  que  tiene  la  Cámara  de Comercio. (…) al lado de esas funciones  registrales  se  encuentran  (…)  las  funciones  de  recaudo  del impuesto de  registro  y  la  ley  tributaria  lo  que dice es que el impuesto de registro se  causa  en  todo  acto,  contrato  o  negocio  jurídico  que deba estar sujeto a  registro  de  acuerdo con la ley sustancial. Esas dos funciones (…) si bien se  muestran  en armonía o parecieran estar en armonía, pues demuestran que cuando  son  llevadas a la práctica, (…) a la Cámara de Comercio se le presentó una  disyuntiva  muy  compleja, (…), lo que usualmente ocurre cuando las sociedades  se  liquidan es que a la Cámara de Comercio le es presentado un documento donde  se  hacer  constar  la  distribución  de  remanentes,  pero  en  este  caso ese  documento  no se presentó y cuando la Cámara lo solicita al particular en este  caso  Luz  de  Bogotá,  este  niega  a  entregar  el  acto  de distribución de  remanentes  y  porqué  se  niega,  se  niega  porque ese no es un acto sujeto a  registro  de  acuerdo a la ley, en ese sentido la circular 10 de la SIC es clara  en  que  la  liquidación  de  sociedades  el  único  documento  que debe estar  sometido  a  registro  mercantil es el acta de aprobación de la liquidación de  la  sociedad  y  de  conformidad  con  los  artículos  247 y 248 del Código de  Comercio,  el  acto  de  aprobación  de la liquidación es un acto distinto del  acto  que  contiene  las  cuentas finales de la liquidación, al punto en que la  ley  establece  que  deben estar contenidos en documentos distintos, entonces la  Cámara  de  Comercio  no  podía desde la perspectiva de las normas comerciales  exigirle  a  Luz  de  Bogotá  que  le  entregara  el documento contentivo de la  distribución   de  remanentes  y  por  lo  tanto la Cámara nunca conoció  cuál,  un  valor  cierto  sobre  el  cual  liquidar el impuesto, no tenía como  conocerlo  y  no podía negarse al registro de acuerdo con lo que expuse. Es por  ello  que  está  previsto  en  la ley 223 del 95 que en estos casos el impuesto  debe  liquidarse  como  un  acto  sin  cuantía  que  fue lo que hizo la Cámara  (…),   y   en   respuesta   posterior  sostuvo  que  (…)  El  panorama es muy complicado si la Cámara no  registraba  el  acto,  la sancionaba la Superintendencia de Industria y Comercio  que  es superior jerárquico en materia de registro y esa es una responsabilidad  disciplinaria,  fiscal  o  más  bien de eso surge la responsabilidad fiscal, de  cualquier  sanción  que  imponga  la  Superintendencia  a  la Cámara se deriva  responsabilidad  disciplinaria  (…) por incumplir un mandato legal que en este  caso  prohíbe a la Cámara negarse a registrar un acto que está que cumple con  todos   los  requisitos  legales,  (…),   y  al  indagársele  si  el  «acto  en  cuestión  fue  producto  de  un  deliberado  acto  directivo  de  la Cámara de  Comercio  de  Bogotá, selectivo por cierto», expresó  que  (…)  no  puedo  estar  en mayor desacuerdo y no  puedo  estar en mayor desacuerdo porque nunca se había presentado en la Cámara  la  circunstancia  de  que  un  contribuyente  adujera  su derecho o amparara su  derecho  a  no  registrar  un  acto  que  de  acuerdo  con  la ley no tenía que  registrar,  esa  fue  la primera vez que ello ocurrió porque lo usual (…) era  que  los  particulares  llegaban  con  un  acta que contenía la cuenta final de  liquidación  que  contenía  la  distribución  de  remanentes,  persona,  y el  funcionario  de  turno  tomaba  esa  cifra  y  sobre  él  liquidaba el impuesto  (…) (rad.2008-00102, c.6, fls.421-526).   

(iv)   Testimonio  de  Hernán  Marulanda  Echavarría,  funcionario  de  la empresa corredora de seguros contratada por la  entidad  demandante,  quien  al  preguntársele  acerca  del entendimiento de la  «cláusula  claims  made»  contenida    en    la    póliza    n°12010000574,   manifestó:   (…)  es  una  modalidad  de aseguramiento por la cual se cubre los  reclamos  descubiertos  por  primera  vez  durante  la  vigencia  de la póliza,  independientemente  de cuando estos hayan ocurrido, para lo cual se establece en  algunas  oportunidades  una  retroactiva  en  el  tiempo específica, o en otras  oportunidades    se   otorga   la   cobertura   en   forma   ilimitada   en   el  tiempo,   y   con  relación  a  si  la  «cobertura  por  responsabilidad  fiscal»  era  independiente  de  la concerniente a la del cálculo y recaudo del impuesto  de  registro,  dijo que (…) Dos de las extensiones de  cobertura  solicitadas  fueron  la  de  responsabilidad  civil  fiscal  que  iba  dirigida  a  amparar  a  la Cámara por el detrimento patrimonial que se pudiese  ocasionar  por  la  administración  e  inversión  de  los  recursos  de origen  público.  Frente  a  la otra extensión solicitada que era la cobertura para el  cálculo  y  recaudo del impuesto de registro, cobertura que es genérica dentro  de  la  función  que  la  Cámara de Comercio ejerce dentro de sus funciones de  registro  de  los documentos que a ella se presentan, y  agregó,   que  la  «primera  cobertura»   reseñada  se  previó  para  los  procesos  adelantados  por  la  Contraloría  General  de  la  República  contra  la  asegurada, y en posterior  respuesta  precisó que (…) dependiendo de cual fuere  el  resultado de la acción popular, generar su aplicación a una u otra póliza  en  cuanto a la responsabilidad civil errores y omisiones o en la de infidelidad  y  riesgos  financieros.  Insisto en la forma en que sido preguntado, si bien el  conocimiento  que  tengo  de los hechos tal como se ha presentado se trata de un  error  y  una  omisión  de  los funcionarios de la Cámara y como tal entraría  dentro  de  la  órbita  de responsabilidad civil errores y omisiones y como tal  deberá  ser pagado por QBE, (…), y también dijo que  «si  se  probara el dolo/el fraude de empleados de la  Cámara  de  Comercio  la cobertura de infidelidad y riesgos financieros podría  entrar  a  operar». En lo atinente al amparo de costos  de  defensa  y  la  autorización  requerida  para el efecto por la aseguradora,  indicó  que  (…) los gastos legales son un concepto  adicional  a  la  pérdida  patrimonial  misma  que sufra la entidad y deben ser  sumados   al  total  del  reclamo  para  determinar  la  pérdida  luego  de  la  aplicación  del  correspondiente deducible. Del otro lado, la póliza contempla  que  se  debe  solicitar autorización a la aseguradora para la contratación de  los  correspondientes  abogados,  si  bien  dentro  de  los  términos  y plazos  considerados  para  la contestación de la demanda es imposible la obtención de  la  correspondiente autorización, pues los plazos son muy breves y si esperamos  a  que  la  respuesta sobre la autorización de abogados cuando su autorización  tiene  que  provenir  normalmente  en  este  tipo  de  pólizas por parte de los  reaseguradores,  el  que  el derecho de defensa se podría ver afectado por esta  circunstancia.  Por  eso  es  normal, y así se ha aceptado tradicionalmente por  los  reaseguradores,  el  que  la autorización sea posterior revisando quiénes  son  los correspondientes abogados designados y el monto de sus honorarios, para  llegar  a  un  acuerdo  sobre el tema, (…), aceptando  que   se   tiene   por  no  escrita  dicha  estipulación,  porque  (…)  ello  sucedo así pues los primeros interesados en la defensa  del  asegurado  son  los  reaseguradores  pues  de una buena contestación de la  demanda  y  a  tiempo  se podrán evitar consecuencias mayores que al final es a  ellos  a  quienes  va  a  afectar (rad.2008-00102, c.6,  fls.530-542).   

5.     Acerca   del   «error  de  hecho» de manera reiterada se  ha  indicado  por  la jurisprudencia, que su eficacia para el aniquilamiento del  fallo  impugnado  en  casación,  deriva  de  que sea manifiesto y trascendente,  además  debe  ser  demostrado  con apoyo en una argumentación clara y precisa,  que  tenga  como  referente el cotejo entre el contenido de los medios de prueba  legal  y  oportunamente  incorporados,  o de la demanda o de su réplica, con lo  deducido  de  tales  elementos  por  el juzgador, de tal forma que se muestre su  errónea  valoración,  o  que  se  ponga de presente lo que se dejó de dar por  acreditado  al  preterir su apreciación, y revelar de esa forma la contrariedad  de  las  reflexiones  obtenidas  por  el juzgador, con el genuino sentido de las  ideas plasmadas en los medios de convicción.   

Esta   Corporación   en   sentencia  CSJ  SC5050-2014, acerca de esa temática, en síntesis reiteró:   

(…)  el  yerro  fáctico  originado en la  indebida    estimación    de   los   elementos   de   juicio,   se   estructura  específicamente,  cuando el Tribunal haya supuesto una prueba no incorporada al  expediente,  o  en  el  evento de ignorar la que sí obra en autos, o en caso de  adicionar,  cercenar,  o  tergiversar  su contenido, aunque solo alcanza entidad  suficiente  para  el  quiebre  del  fallo  de  segundo  grado, si el desatino es  ostensible  o  manifiesto, y por ende, detectable sin mayor esfuerzo intelectivo  mediante  la  comparación  entre lo deducido por el sentenciador y lo expresado  en  el  medio  de  conocimiento,  siguiendo la ruta argumentativa trazada por el  recurrente.   

          6.   Teniendo  en  cuenta  el  juicio  de  legalidad  a  que es  sometido    el   fallo   del   ad   quem  en  el  estudio  del recurso de casación, especialmente cuando la  acusación  se  funda  en  la  causal primera, se torna pertinente hacer algunas  remembranzas   acerca   del  contrato  de  seguro  sustento  de  la  pretensión  indemnizatoria de la actora.   

          En  ese  sentido  se verifica que tanto el incorporado en la póliza  n°120100000574,   como   el   plasmado   en  la  n°121100000078,  corresponden  «seguros   de   responsabilidad  civil»,  respecto  de los cuales el artículo 84 de la Ley 45 de 1990, que  modificó  el  1127  del  Código  de  Comercio,  en lo pertinente contempla que  «impone  a  cargo  del  asegurador  la obligación de  indemnizar  los  perjuicios  patrimoniales  que cause el asegurado con motivo de  determinada  responsabilidad  en  que incurra de acuerdo con la ley y tiene como  propósito  el  resarcimiento  de  la  víctima,  la  cual  en  tal  virtud,  se  constituye  en  el  beneficiario  de  la  indemnización,  sin  perjuicio de las  prestaciones  que  se  le  reconozcan  al  asegurado»,  previendo   así  mismo  que  «[s]on  asegurables  la  responsabilidad  contractual  y  la  extracontractual,  al  igual  que  la culpa  grave»,  de donde se infiere que son inasegurables al  tenor   del  1055  ibídem,  únicamente  el  dolo  y  los  actos  meramente  potestativos  del  «tomador,   asegurado  o  beneficiario»,  aspecto  este  que  valga acotar, se dilucidó recientemente en el sentencia CSJ  SC 5 jul. 2012, rad. 2005-00425-01.   

          En     general,     el    «seguro    de  responsabilidad» cumple una  función   preventiva   y  reparadora,  puesto  que  salvaguarda  o  protege  el  patrimonio  del  «asegurado»  autor  o  causante  del  hecho  dañino  y  también  le  brinda  amparo  a  los  damnificados,             convirtiéndolos            en            «beneficiarios»  de  la  indemnización,  reconociéndoles  inclusive  la facultad de accionar de manera directa frente al  asegurador.   

          Sobre   esa   temática,   en   fallo   CSJ   SC,   9   ago.   2010,  rad.2004-00524-01, se expuso:   

(…),  respecto del seguro de ‘responsabilidad    civil’,   regulado   en   general  por  los  artículos  1127  a  1133 del Código de Comercio, con las reformas introducidas  por  la  Ley 45 de 1990, también resulta oportuno observar que en el asegurador  se  encuentra  radicada  la obligación de resarcir los daños patrimoniales que  el  asegurado  le  cause a un tercero, denominado víctima, quien por tal motivo  se  convierte  en  el  beneficiario de la indemnización, todo, claro está, sin  perjuicio de las prestaciones que a aquél le puedan corresponder.   

En  ese caso, se trataría de dejar a salvo  el  patrimonio  del  asegurado,  pero no por los daños que reciba, sino por los  que   cause,   en   el   entendido,  al  decir  de  la  Sala,  que  ‘además de procurar la reparación del  daño  padecido  por  la  víctima,  concediéndole los beneficios derivados del  contrato,  igualmente  protege, así sea refleja o indirectamente, la indemnidad  patrimonial  del  asegurado  responsable,  en  cuanto  el  asegurador  asume  el  compromiso  de  indemnizar  los  daños  provocados  por  éste,  al incurrir en  responsabilidad,  dejando  ilesa  su integridad patrimonial, cuya preservación,  en   estrictez,   es   la   que   anima  al  eventual  responsable  a  contratar  voluntariamente      un      seguro      de      esta      modalidad’(…).   

De  ahí  que  acaecido  el  hecho  externo  imputable  al asegurado, el éxito de las acciones contra el asegurador, sea que  las   promueva   aquél   por   las   ‘prestaciones       que       se       le      reconozcan’ (artículo 1127), ya directamente por  el   tercero   perjudicado  (artículo  1133),  exige  zanjar  judicialmente  la  responsabilidad,  pues eso es lo que, precisamente determina el siniestro.   Desde  luego que como el riesgo, esto es, en general, el suceso futuro incierto,  cuya  realización  da  lugar a la obligación del asegurador, no puede depender  ‘exclusivamente  de  la  voluntad   del   tomador,   del   asegurado   o   del   beneficiario’   (artículo  1054  del  Código  de  Comercio),  es  claro  que  cuando  no media el conocimiento y aceptación de la  sociedad   aseguradora,   el  asegurado  no  es  quien  puede  fijar  o  admitir  responsabilidad,  no  sólo  porque eso desnaturalizaría el carácter aleatorio  del  seguro, sino porque en el campo probatorio, se trataría de un hecho que lo  beneficiaría.   

            

7.   En  cuanto al error que según la  impugnante  llevó  al  juzgador de segundo grado a sostener que la «póliza  n°120100000574» no amparaba el  reclamo   originado   en   el  «requerimiento  de  la  Secretaría   de   Hacienda   de   Cundinamarca»,  al  verificar   que   el  mismo  se  comunicó  a  la  aseguradora  el  «11  de  diciembre de 2006», esto es, con  posterioridad  al vencimiento del período de cubrimiento del citado instrumento  y  antes  de  comenzar  el estipulado para la «póliza  n°121100000078»,  al  confrontar  lo  dicho  por  el  Tribunal,  con  lo  pactado en el respectivo negocio jurídico, y lo argumentado  por    la    censura,    se    determina    que   se   configura   el   desatino  denunciado.   

Al  respecto  obsérvese,  que consta en la  primera     «póliza»  reseñada,  que  su  vigencia se fijó del «30/11/2005  hasta  2006/11/30»;  igualmente,  en  el ítem        de        «condiciones   generales»,  se  incluyó  como       «Claims       made       –  Base  de  las indemnizaciones: Cubre  los  reclamos  de terceros presentados por primera vez con el Asegurado, durante  la   vigencia   de   la  póliza»;  en  punto  de  la  «cláusula     de     indemnización»,  se  plasmó  que  con  sujeción  a  los  términos,  limitaciones,  exclusiones y condiciones de esta póliza, indemnizar  al  asegurado  por  las  sumas  por  las  cuales el Asegurado resulte legalmente  responsable  de  pagar  por  daños,  reclamos, costos y gastos de reclamaciones  como  resultado  de  cualquier  reclamo  o  reclamos  efectuados  en  contra del  Asegurado  y  notificado  a los suscriptores durante el período de vigencia del  seguro,  indicada en la carátula de la póliza y que sea proveniente de un acto  negligente,  error u omisión por parte de: – (a) El Asegurado (…),    y    adicionalmente,    en    lo    atinente   a   «costos   y   gastos»  se  previó  que  «acuerdan pagar los costos y gastos de investigación  y  de  defensa  en  los que se incurra para la liquidación de reclamos que sean  objeto de cobertura (…)».   

En lo concerniente al concepto de reclamo se  indicó,   que   significa:   «Cualquier  escrito  o  citación  u  otra  aplicación  de  cualquier  descripción o reclamo cruzado o  contabilizado  a  cargo  o  en  contra del asegurado por algún acto negligente,  error  u  omisión  o,  (ii)  cualquier  comunicación  escrita alegando un acto  negligente,    error    u   omisión   comunicado   al   asegurado»,         y         acerca         de         la        «notificación»   de   los  mismos,  se  consagra:   (a)   El   asegurado  deberá  dar  a  la  aseguradora  un  inmediato  aviso,  escrito durante la vigencia del seguro de: –  1.1    Cualquier    reclamo    efectuado   en   contra   de   el   (sic)  asegurado;  o  1.2  el  recibido  de  cualquier  aviso de cualquier persona o entidad de su intención de efectuar una  reclamación   en   contra  del  asegurado  por  el  resultado  de  algún  acto  negligente,  error  u  omisión,  o,  1.3  cualquier  circunstancia  en donde el  asegurado  deba  tener  conocimiento  y  que  razonablemente pueda estimarse que  pueda  generar  una  reclamación en contra del asegurado, dando razones para la  anticipación  de  dicha reclamación, con detalles completos respecto de fechas  y  personas involucradas. –  Dichos  avisos  habiendo  sido  notificados  como requeridos en los puntos 1.2 y  1.3,  arriba mencionados y cualquier reclamación subsiguiente efectuada deberá  ser  considerada  como  ocurrido  durante  la  vigencia del seguro. –  (b)  El  asegurado  deberá dar a la  aseguradora  dicha  información y cooperación, como los suscriptores lo pueden  requerir  y no revelarán a ninguna persona la existencia de esta póliza sin el  consentimiento de la aseguradora.   

Ahora,  en  cuanto  a la oportunidad de los  reclamos  constitutivos  del  siniestro  en  los  de  seguros  que  incluye  las  denominadas  «claims made»,  el  artículo  4º de la Ley 389 de 1997, contempla: En  el   seguro  de  manejo  y  riesgos  financieros  y  en  el  de responsabilidad la  cobertura  podrá  circunscribirse al descubrimiento de  pérdidas  durante la vigencia, en el primero, y a las  reclamaciones  formuladas  por  el  damnificado  al  asegurado o a la compañía  durante  la  vigencia,  en  el  segundo,  así  se trate de hechos ocurridos con  anterioridad  a  su iniciación.  – Así mismo, se  podrá  definir  como  cubiertos los hechos que acaezcan durante la vigencia del  seguro  de  responsabilidad  siempre  que  la  reclamación  del  damnificado al  asegurado  o  al  asegurador  se  efectúe  dentro del término estipulado en el  contrato,  el  cual  no  será inferior a dos años (se  resalta).   

          Al  examinar la citada disposición, en la sentencia CSJ SC, 18 dic.  2013, rad. 2000-01098-01, se comentó:   

De  conformidad  con dicho precepto, pueden  presentarse las siguientes situaciones:   

a.-)Que coincidan dentro  de  la  vigencia  tanto el hecho dañoso, como la reclamación de la víctima al  asegurado o la aseguradora.   

b.-) Que el hecho dañoso  sea   anterior   a   la   vigencia,  pero  el  reclamo  se  presente  dentro  de  ésta.   

c.-) Que se cubran sucesos acaecidos durante  la  vigencia,  pero  el  reclamo  se  haga  por  fuera  de la misma, en un plazo  preestablecido para notificaciones.   

El  primer  caso es connatural al convenio,  pero  los  otros  dos requieren de pactos expresos, claramente delimitados, cuya  interpretación  exige del fallador un examen estricto y restringido, que impida  extender  los  amparos a riesgos no cubiertos o dejar por fuera aquellos que sí  lo están.   

Lo  anterior  permite  establecer,  que  el  «requerimiento   especial   n°000002»  emitido  por la Dirección de Rentas de la Secretaría de Hacienda  de    Cundinamarca,    para    el    caso    se    considera   un   «reclamo»   proveniente   de   un   tercero,  y  dado que se fundó en haber hallado inconsistencias que originan la  inexactitud  en  la  liquidación  del  «impuesto  de  registro»  por el período comprendido entre el 1° y  el  31 de agosto de 2004, en cuanto a la «inscripción  en  el  registro mercantil del acta 026 del 9 de julio de 2004 la cual contenía  la   ‘cuenta  final  de  liquidación   de   la  sociedad  Luz  de  Bogotá  S.A.  (…)  como  acto  sin  cuantía»,  en principio se estima que queda cobijado  por  la  cobertura  del  negocio  jurídico  a  que  se  refiere la «póliza  120100000574»,  máxime cuando  en  la Resolución n° 0000056 de 28 de enero de 2009 expedida por la mencionada  entidad   territorial,  se  precisó  que  «(…)  la  posición  asumida  por  la Cámara de Comercio está amparada por criterios muy  razonables  y  por  lo  tanto  su  conducta  no  implica de rompe una actuación  arbitraria  o  irrazonable,  sino que por el contrario, constituye una verdadera  diferencia  de  criterio  (…)», lo que descarta las  «exclusiones»  señaladas  por el Tribunal.   

         

Ahora,  a  pesar  de que dicho «reclamo»  lo  recibió  la «asegurada» el  «14 de septiembre de 2006»,  y  no  lo  informó  a  la  «aseguradora»  de  manera  inmediata  conforme  lo  exigido  en  el  convenio  en  mención,   sino   hasta   el  «11  de  diciembre  de  2006»,  el  mismo  no queda excluido del amparo, toda  vez  que  fue  allegado  a  la  Cámara  de  Comercio  de  Bogotá  «durante  la  vigencia de la póliza», la  que  valga  recordar,  abarcó  desde  el  «30/11/2005  hasta  el  30/11/2006», y según lo estipulado, es la  «presentación      del     reclamo»,  el  que se toma en cuenta para la configuración del «siniestro»,   supuesto   este  que  se  adecúa  a  la  segunda  hipótesis determinada en el precedente jurisprudencial  antes   reproducido  para  que  opere  la  cobertura,  toda  vez  que  el  hecho  perjudicial   aconteció   el   «2   de   agosto  de  2004»     al     efectuarse     el    «registro  del  acta  de  aprobación  de  la  liquidación  de  la  sociedad  Luz  de  Bogotá  S.A.»,  en  tanto  que el  «reclamo a la asegurada» se  realizó   hallándose   en  vigor  el  «contrato  de  seguro».   

Cabe  acotar,  que  a  pesar  de  haberse  realizado           la          notificación          del          «siniestro»    a    la    «aseguradora»,   no  con  la  celeridad  pactada,  esa  situación  no  genera  la pérdida del derecho, sino que podría  producir  las  consecuencias  señaladas  en  el  artículo  1078 del Código de  Comercio,  el que faculta al «asegurador»  para  «deducir  de la indemnización el  valor   de  los  perjuicios  que  le  cause  dicho  incumplimiento».   

          Adicionalmente,  ha  de  tenerse  en cuenta que los dos «reclamos»         recibidos  por la «asegurada»,          que          constituyen         los         «siniestros»  respecto  de los cuales se  pidió  la  «indemnización»  con      cargo      a      la     «póliza     n°  120100000574»,  y eventualmente sobre la «póliza  n°121100000078», esto es, los  provenientes  de  la  «acción  popular»       y      del      «requerimiento  tributario» a que se ha hecho alusión, tienen origen  en  la  misma  causa,  la  que  se  relaciona con la inscripción en el registro  mercantil   de   la   Cámara   de   Comercio   de   Bogotá   del  «acta  de aprobación de la liquidación»  de  la nombrada empresa, considerándola como un «acto  sin  cuantía»,  lo que propició la exoneración del  pago  del  «impuesto  de  registro  previsto para los  actos  con  cuantía»,  en perjuicio de la mencionada  entidad  departamental,  por  lo  tanto, se presenta una situación de conexidad  que  no  puede  ser  desconocida  para  efectos de establecer los alcances de la  «indemnización»  solicitada.   

         

8.   En  lo  atinente  a la acusación  frente    a    la    decisión    de    declarar    probada    la   «excepción  de  exclusiones», al estimar  que  se  configuraron  los supuestos consagrados en las pólizas representativas  del  «contrato de seguro» en  cuestión,  relativos a la «exclusión por culpa grave  asimilable  a  dolo  y  dolo  y  deshonestidad  proveniente  de cualquier acto u  omisión    deshonesto,    fraudulento,    malintencionado    o    ilegal    del  asegurado»,  al sostener que el tratamiento dado a la  inscripción  del  acta  de aprobación de la liquidación de la sociedad Luz de  Bogotá   S.A.,   a   partir   de   su   apreciación   como   un   «acto  sin  cuantía»,  con  lo  que  se  permitió  la  elusión  del  respectivo  «impuesto de  registro»,   no   corresponde   a   un  «error   u   omisión»,   sino   a   un  «acto deshonesto y doloso del asegurado»,  se  advierte  que  dicha  conclusión  deriva  de  la  equivocada  valoración   de   los  elementos  de  convicción,  tal  como  lo  denuncia  el  censor.   

          Pues  bien.  Para  examinar  los cuestionamientos concernientes a la  señalada  temática,  se  hace  necesario  precisar,  que de conformidad con el  inciso  2º  del  artículo  63  del  Código  Civil, norma aplicable en materia  contractual,  la  «[c]ulpa  grave, negligencia grave,  culpa  lata,  es  la  que  consiste  en no manejar los negocios ajenos con aquel  cuidado  que aún las personas negligentes o de poca prudencia suelen emplear en  sus   negocios   propios.   Esta   culpa   en   materias   civiles  equivale  al  dolo»,  habiéndose  entendido en ese contexto que el  «dolo»    alude    al  incumplimiento  consciente  y deliberado de la obligación, y en un sentido más  amplio,   según   el   párrafo   final   del   citado  precepto,  «(…)  consiste  en la intención positiva de inferir injuria a la  persona   o   propiedad   de  otro»,  y  la  doctrina  mayoritaria  estima que es suficiente para su estructuración que se infrinja de  forma  voluntaria  un deber jurídico, esto es, cuando se es consciente de estar  generando  un  acto  antijurídico,  y en materia probatoria, por regla general,  dicha   forma   de   conducta  no  se  presume,  así  lo  prevé,  verbi    gratia,   el   artículo   1514  ejusdem,  al  consagrar que  «[e]l   dolo   no  se  presume  sino  en  los  casos  especialmente  previstos  por  la ley. En los demás debe probarse».    

Acerca  de  aspectos  concernientes  a  la  primera  disposición  legal  reseñada,  esta  Corporación en fallo CSJ SC, 19  dic. 2006, rad. 2000-00311-01, en lo pertinente sostuvo:   

(…)  Recuérdese que si bien la culpa  de  la  referida  especie,  a  la  luz  del  artículo  63  del  Código  Civil,  consiste    ‘en  no  manejar  los  negocios ajenos con aquel cuidado que aun las personas negligentes  o   de  poca  prudencia  suelen  emplear  en  sus  negocios  propios’,  y  que la aludida norma la equipara  al  dolo, o sea, a la intención positiva de inferir daño, lo cierto es que, en  materia   de  seguros,  la  culpa  grave   -al  igual  que  el  dolo-   constituye  una  situación  excluyente  ab  initio de la cobertura asegurativa,  razón  por  la  cual  en  lo  concerniente a su estructuración ostenta ciertos  rasgos  objetivos, que no pueden desdeñarse, ya que aun cuando no puede negarse  que  la  culpa  está configurada como ingrediente de una conducta, lo cierto es  que  igualmente  opera  como  presupuesto  constitutivo  de  una  exclusión del  amparo,  proyectado  conforme  a  las  reglas  de  la  técnica  aseguradora que  gobierna lo relativo a la delimitación del riesgo.   

Esto  es,  que  desde  esa óptica la culpa  grave   se  evalúa  en  función  de  una  pauta  concreta:   ‘la   conducta   media   del   hombre  común’,  pues es este el  dato  que  tomó en consideración el asegurador cuando estructuró la cobertura  y  calculó el monto de la prima; ciertamente, el asegurador en la delimitación  de  la  cobertura  del seguro lo que toma en consideración es la conducta media  del  hombre  común  de  un  grupo  social  determinado, concretamente del grupo  social   en   el   cual   ese  seguro  deberá  desenvolverse.      

Es por esa razón que, en el ámbito de los  seguros,  la  negligencia  o  la  imprudencia que da lugar a la culpa grave deba  revestir,   para   que  opere  la  exclusión  de  la  cobertura,  una  magnitud  caracterizada  por la desmesura y la notoria infrecuencia.  No basta, pues,  que  se  trate  de  actos  de claro descuido, sino que, además, se requiere que  tengan  un  carácter  palmariamente  excepcional  en  el  medio  en  el  que se  desenvuelve  la  respectiva  actividad.  La negligencia habitual, aunque revista  alguna  gravedad,  integra  el contexto general tomado en cuenta al proyectar la  cobertura,  pues  hace  parte  de las costumbres del grupo social que sirvió de  referente a las estadísticas, base del cálculo tarifario.    

Ahora, el desplazamiento del suceso fuera de  la   cobertura  no  acontece  sólo  por  virtud  de  un  accionar  intensamente  imprudente  o  negligente  del  asegurado  o  beneficiario,  sino que igualmente  requiere  que  haya  acentuado  excesivamente  la probabilidad del siniestro, al  punto  que  deba inferirse que este obedeció a esa conducta en extremo culposa.   

Con  esa  orientación  es  que autorizados  doctrinantes   han   precisado   que   la   culpa  grave  comporta  ‘una   negligencia,   imprudencia   o  impericia  extremas,  no  prever o comprender lo que todos prevén o comprenden,  omitir  los  cuidados  más  elementales,  descuidar  la diligencia más pueril,  ignorar  los conocimientos más comunes’  (Mosset  Iturraspe  J.,  Responsabilidad por daños, T. I., Ediar,  Buenos  Aires, 1971, pág.89; citado por Stiglitz Rubén S., Derecho de Seguros,  T.I.,  Abeledo  – Perrot,  Buenos Aires, 1998, pág.228).   

          En  cuanto al dolo y culpa en materia civil, en añejo precedente la  CSJ   SC,   9   ago.  1949,  GJ  LXVI,  págs.  354-357,  en  lo  pertinente  se  expuso:   

Las  voces utilizadas por la ley (artículo  63  del  C.C.) para definir el dolo concuerdan con la noción doctrinaria que lo  sitúa  y destaca en cualquier pretensión de alcanzar un resultado contrario al  derecho,  caracterizada  por  la  conciencia  de  quebrantar  una obligación de  vulnerar  un  interés  jurídico  ajeno;  el  dolo  se constituye, pues, por la  intención  maliciosa,  al  paso  que  la  culpa,  según el mismo precepto y la  concepción  universal acerca de ella, se configura sobre la falta de diligencia  o  de  cuidado,  la  imprevisión,  la negligencia, la imprudencia. – De esas características sustanciales  surgen,   como   es  obvio,  las  consecuencias  legales  respectivas;  el  dolo  generalmente  no  se  presume (artículo 1516 del C.C.), ni su tratamiento legal  puede  ser  modificado  por  la  voluntad  individual, salvo la condonación del  pretérito  (artículo  1522  del  C.C.),  acarrea  en todos los casos sanciones  civiles  de  igual  intensidad, y agrava la posición del deudor aun enfrente de  eventos   imprevisibles   (artículo   1616   del   C.C.)   (…).  –  Tanto  el dolo como la culpa generan  la  responsabilidad  civil en el campo extracontractual y en el de la formación  y  la  ejecución  de  los  contratos,  pero  sin  que  sea  dable confundirlos,  atribuirles  consecuencias  diferentes,  o  tutelar el uno por normas aplicables  sólo a la otra, o viceversa.   

En  ese  contexto, al confrontar los medios  probatorios   incorporados  al  plenario,  con  las  inferencias  del  juzgador,  siguiendo  las recriminaciones de la censura, se deduce la ausencia de la prueba  del  dolo o de los actos deshonestos por parte de los funcionarios de la Cámara  de  Comercio  de  Bogotá,  y  especialmente  de  quien  para  la  época de los  acontecimientos  a  que alude el litigio desempeñaba el cargo de Vicepresidente  Jurídico,  toda  vez  que  los  supuestos  tomados  como indicadores de aquella  conducta,   no   revisten   la   gravedad,   concordancia  y  convergencia  para  exteriorizar   que   se   tuvo   la  conciencia  de  concretar  un  «acto antijurídico».   

Al  respecto  se  aprecia,  que  a pesar de  existir    el   manual   denominado   «Procedimiento  Recepción   de   Documentos   REG-P-002-2   Actualización   n°5»,  vigente  para  cuando  se  realizó  la  inscripción del acta de  aprobación  de  la  liquidación  de  la  sociedad Luz de Bogotá S.A., en cuyo  numeral  3.12  incorpora  la  «Tabla  de  Impuesto de  Registro»,   y   que   dentro  de  sus  ítems    incluye    la    «Liquidación  sociedad comercial, civil o E.S.A.D.L.»,  previendo  que  puede  darse como «acto  con  cuantía»,  evento  en  el que el citado tributo  «[s]e    determinará    sobre    el    valor   del  remanente»,   y   también   bajo  la  modalidad  de  «acto  sin cuantía» cuando  «[n]o hay remanente», no es  acertado   sostener   que  se  inobservó  o  que  se  desconocieron  de  manera  intencionada  sus  reglas,  sino  que  debido a que el Liquidador llevó para su  inscripción  únicamente  «el acta de aprobación de  la  liquidación de la sociedad» en documento separado  a   la   «distribución  del  remanente»,  surgió de ahí una situación que comportaba cierta ambigüedad,  al  admitir  distintas  interpretaciones  para  efectos  de  llevar  a  cabo  el  registro,  puesto  que  podía  entenderse  que  operaba  su  inscripción  como  «acto  sin cuantía», o que  la  misma resultaba prematura en razón a la insuficiencia en la información, o  por   la  falta  del  instrumento  que  demostrara  el  monto  del  «remanente  de  los  activos  sociales»,  posiciones  ambas  que  valga  acotar, fueron consideradas por los profesionales  que  tuvieron  a  su cargo el examen de dicho trámite, fue así como la primera  abogada  que recibió el asunto, dispuso previamente requerir al interesado para  que  allegara  el  «acta  adicional donde constara la  distribución  del  remanente»,  en tanto que ante la  discrepancia  del usuario con ese criterio, el caso pasó a estudio del Jefe del  Departamento  Legal,  optando por la inicial solución, esto es, al «registro  del  citado  acto» en la forma  como había sido solicitado.   

Ahora, esa decisión no se adoptó de manera  inconsulta  o a escondidas, pues según la versión del Vicepresidente Jurídico  de  entonces,  doctor  Jaime  Moya,  el doctor Andrés  Tobón  quien revisó el tema desde el punto de vista jurídico, él preparó un  documento  con  las consideraciones legales frente al tema, lo consultó conmigo  que  era  en  ese momento su superior funcional y revisado el tema decidimos que  no  había  razón  para  negar  el registro del acta y se tomó la decisión de  registrar  el  acta,  no  diría  propiamente que fue una controversia sino más  bien  un  trámite  administrativo  en  el  cual  se presentó una diferencia de  opiniones  que  fue  zanjada  de  la  manera  que acabo de mencionar.   

Y  en  el memorando de 30 de julio de 2004,  esto  es,  anterior  a  cuando  se  efectuó  la  inscripción  del «acta  aprobatoria  de  la  liquidación  final  de  Luz de Bogotá  S.A.»,  de  autoría  de  Andrés  Tobón,  Jefe  del  Departamento  Legal,  dirigido  a  Jaime Moya, Vicepresidente Jurídico, le da a  conocer  algunos antecedentes relacionados con el señalado trámite, expresando  que  cree  que  el  abogado  de  la  nombrada  empresa tiene razón en cuanto al  entendimiento  de  los  artículos  247 y 248 del Código de Comercio, indicando  que  aquel  hace  referencia al «acta de distribución  de   remanentes»   y   el  segundo  al  «acta   aprobatoria»,   y   agrega  que  [s]e  considera  que  el acto sujeto a inscripción es  con  cuantía para efectos de la liquidación del impuesto de registro si en él  se  expresa  el  beneficio  a favor del particular. Pero la autoridad tributaria  solo  puede  estudiar  el documento que se le presenta, y no puede exigir que se  hagan  en  él  menciones adicionales a las que la ley permite. El acto sujeto a  inscripción  es  el acta del 248, no el acta de distribución de remanentes del  247.  En  el  acta  del  248  basta decir si se aprueba o no la distribución de  remanentes:  Basta  decir,  como lo hizo Camacho, que ese documento separado que  no   tiene   porqué  conocer  el  registro  queda  aprobado.  (…),  también  indica  ese documento que [d]e  acuerdo  con  el  248, la asamblea debe aprobar las cuentas de los liquidadores.  Pueden  incorporarse  al  acta  las  cuentas correspondientes, pero pueden ellas  aprobarse  sin  necesidad  de  que  hagan parte del acta. Lo mismo sucede con la  aprobación     de     la     distribución    del    remanente.    –  (..)  El  Código  de  Comercio deja  abierta  la puerta para una legítima elusión del impuesto. Salvo que considere  Usted  que  se trata de un mismo acto y que es requisito del acta de la asamblea  que  se  exprese  cuánto valen los activos remanentes distribuidos, accederé a  la  argumentación  de  los  usuarios. –  (…)  Esto  se lo consulto porque debe ser grande la cifra que en  impuesto  de registro está en juego y porque Camacho muy seguramente acudirá a  Usted   directamente.   –  (…)   En  alguna  ocasión  anterior  discutimos  si  cuando  se  distribuían  remanentes  el  acto era con cuantía o no. La conclusión es que lo tendríamos  como  acto  cuantioso.  Pero el punto aquí es otro, porque se trata de precisar  cuáles  son  las  menciones que pueden exigirse en el acta de aprobación de la  distribución del remanente.   

Por su parte, la doctora Luz Marina Rincón,  Vicepresidenta  Jurídica  de  la  actora, desde abril de 2006, en su testimonio  expresó  que  [p]ara  la administración el doctor Moya efectuó una interpretación  de  normas  legales  vigentes  para su momento y vigentes actualmente según las  cuales  cuando  en  el  acta  de liquidación de una sociedad no se incluyen los  remanentes  la  Cámara de Comercio de Bogotá no tiene la facultad de solicitar  o  de  obligar  a la sociedad a que introduzca en el acta de liquidación dichos  remanentes,  y agregó que la  Secretaría  de  Hacienda [en]  la  resolución que puso fin a la vía gubernativa expresamente contempla que la  posición  jurídica  asumida  por la Cámara de Comercio la encuentra y subrayo  porque  así  lo dice la resolución muy razonable pero que no la comparte y que  en  la  Cámara  se  cometió  un  error  de  interpretación, (…).   

Adicionalmente,  se  reseña  que  para  el  examen  de  la  solicitud  del  registro  en  cuestión  se  debía  aplicar  el  «Procedimiento  Estudio  de  Documentos  REG-P-002-4  Actualización  n°4  vigente  a  partir  de  septiembre  de  2003»,    instructivo    este    que    es   distinto   al   «Procedimiento  recepción  de  documentos REG-P-0022»,  citado  por  el  Tribunal, previéndose en aquel que contiene las  reglas  operativas  «que deben seguir los abogados del  Departamento  Legal en la inscripción o devolución de los documentos sujetos a  inscripción  en  los registros públicos»; así mismo  que   «los   aspectos   legales   y  sus  políticas  correspondientes  a los registros públicos constan en la ley, en los documentos  externos  y  en el Vademécum de Registros Públicos»,  lo  que  permite establecer la significativa autonomía para fijar los criterios  de interpretación.   

Siendo  ello  así,  se  torna admisible lo  comentado  por  la  Dirección  de  Rentas  de  la  Secretaría  de  Hacienda de  Cundinamarca,  que  es la autoridad pública en materia tributaria con relación  al  caso  que  dio  lugar  a los reclamos formulados a la Cámara de Comercio de  Bogotá,  en la «Resolución n°0000056 de 28 de enero  de  2009», mediante la cual se resolvió el recurso de  reconsideración    formulado    por   aquella,   frente   a   la   «liquidación  oficial  de  revisión  n°0001  de  13 diciembre de  2007», al examinar lo atinente a la aplicación de la  sanción  por  inexactitud  en  cuanto a la declaración privada del impuesto de  registro  presentada  por  el  período  del  1º  al último de agosto de 2004,  habiendo  sostenido  que  «[e]n el caso en concreto se  observa  que  la posición asumida por la Cámara de Comercio está amparada por  criterios  muy  razonables  y  por  lo  tanto no implica de rompe una actuación  arbitraria  o  irrazonable,  sino que por el contrario, constituye una verdadera  diferencia   de   criterio   no   sancionable   a   la   luz  de  la  ley  y  la  jurisprudencia».   

Ahora,  aunque  en el acta n° 475 de 18 de  mayo  de  2005 de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio de Bogotá, en el  informe  de la Presidenta se aludió a que con ocasión  de  esta  demanda, solicitó que se indagara la existencia de casos similares en  el  proceso  de  registro  de  la  entidad, encontrando hasta el momento, que la  situación  de  inscripción  del acta de liquidación como un acto sin cuantía  por  no incorporar dicho acta los valores distribuidos a los accionistas, se dio  únicamente  en el caso de las sociedades Endesa de Colombia S.A., Enersis S.A.,  Ramos  Daza  Arquitectos  &  Cía.  S.  en  C., Latino Curazao Ltda., Unidad  Médica  Dicardy  Ltda.,  Australian Studies Internacional Ltda. y Severos Rojas  Asociados  y  Cía.  S.  en  C.,  en  la diligencia de  inspección  judicial  con exhibición de documentos practicada a dicha entidad,  se   menciona   y  se  adjunta  la  respectiva  relación  de  las  «actas  aprobatorias  de  cuenta  final  de liquidación, inscritas  como  actos  sin  cuantía»,  precisándose que en el  2003  figuran  un  total  de 2285, en el 2004 aparecen 2417, en 2005 se reportan  2571  y  en 2006 se incluyen 2555, y a pesar de no especificar si tales casos se  hallaban  en  idéntica  situación a la verificada en la actuación atinente al  registro  de  Luz  de  Bogotá  S.A.,  sí ilustran acerca de no ser extraña la  aplicación  del  criterio  de clasificar un «acto sin  cuantía»  en  materia de aprobación de liquidación  de      sociedades      (rad.2008-00590,     c.1C,  fls.271-488),   descartando  además  que  el  asunto  cuestionado  se  pueda catalogar de un evento único, además porque al menos en  los  trámites  mencionados  por  la Presidenta de la institución, se trató de  casos similares a los cuales se les prodigó igual tratamiento.   

En cuanto al posible conflicto de intereses  del  doctor  Jaime  Moya, basado en la gestión que como profesional del derecho  adelantó   en  representación  de  algunas  empresas,  entre  ellas  la  antes  referida,  cuando  prestó  sus  servicios  a  la firma de abogados «Brigard  y Urrutia», ha de indicarse que  ese  señalamiento  se  originó  en  la  versión  plasmada  en  el  informe de  Presidencia  contenida  en  la  citada  acta  n°475,  donde  resaltó que aquel  «había    actuado   antes   de   vincularse   como  Vicepresidente  de  la entidad, ante la Cámara como abogado de la firma Brigard  &  Urrutia,  como  representante  de  las  sociedades  Luz de Bogotá S.A. y  Enersis,  Energía  de  Colombia  S.A.,  solicitando  la  inscripción del grupo  económico  al  que  pertenecían estas sociedades», y  aunque  él aceptó haber laborado para la citada organización, precisó que su  vínculo  se  dio  fue  con  las  empresas Cesa e Incesa, y que a pesar de tener  estas     relación    con    «Luz    de    Bogotá  S.A.»,  para cuando adoptó la decisión recriminada,  aquella  asesoría había dejado de existir desde varios años atrás, agregando  que  la  decisión,  claro  que  la  tomé yo pero fue  sustanciada  y  proyectada  en  sus aspectos legales por el doctor Andrés de la  Cámara   de   Comercio   de  Bogotá,  él  fue  quien  preparó  el  análisis  correspondiente  y  el doctor Andrés Tobón no tenía vínculo ni con Brigard y  Urrutia  ni  Luz  de Bogotá, por lo tan[to]   sería   extraño  pensar  que  no  contaba  con  la  suficiente  imparcialidad,  yo  tampoco  consideré que respecto de mi concurriera causal de  impedimento  porque  para la época en que tomé la decisión no tenía vínculo  con  Brigard  y  Urrutia  y  además debo aclarar que jamás tomé una decisión  siendo  Vicepresidente Jurídico de la Cámara con el fin de favorecer a alguien  porque  eso  sería  un  delito  e  incurría  en  una responsabilidad sumamente  grave,  por  lo  que para el caso, no se presentan las  circunstancias   que   válidamente   permitan   construir   como   «hecho    indicado»,    una   conducta  deshonesta  o antijurídica por parte del nombrado funcionario, puesto que se le  estaría    endilgando    un    actuar    de   «mala  fe», inferencia esta que no es admisible, ya que como  lo  reconoce la doctrina y la jurisprudencia, por regla general, la «buena  fe  se  presume» y se traslada la  carga de probar lo contrario a quien la cuestiona.   

Téngase  en cuenta que para la eficacia de  la  «prueba  indiciaria» se  exige  que se halle demostrado el hecho básico que indica, y que tratándose de  «indicios           contingentes» ha de concurrir una pluralidad, bajo la  circunstancia  de  ser  graves,  concordantes y convergentes, además de guardar  adecuada  consonancia  con  los  restantes  soportes probatorios que obren en el  plenario         y         que         no         concurran         «contraindicios»  que  los desvirtúen o  que  los  puedan  reducir a un agregado de intuitivas conjeturas las que por sí  solas   no  suministran  la  evidencia  clara,  precisa  e  indubitable  que  se  busca.   

Acerca  del señalado medio de convicción,  este  órgano  colegiado  en  fallo  CSJ  SC,  19 dic. 2013, rad. 1998-15344-01,  expuso:   

Tradicionalmente   la   doctrina   y   la  jurisprudencia   han  admitido,  en  pacífica  posición,  que  un  indicio  es  ‘todo  rastro,  vestigio,  huella,  circunstancia,  y,  en  general,  todo  hecho  conocido, o mejor dicho,  debidamente  comprobado,  susceptible  de  llevarnos, por vía de inferencia, al  conocimiento  de otro hecho desconocido’.  (Sentencia de casación civil de 12 de marzo de 1974, que toma el  concepto de Antonio DELLEPIANE, en Nueva Teoría de la Prueba)   

Esa  definición ha sido reiterada por esta  Sala,  al  precisar  que  la  inferencia  indiciaria es aquella mediante la cual  ‘se logra, por inducción  lógica,  el  resultado  de  dar  por  conocidos,  con base en hechos firmemente  acreditados    en   el   plenario,   otros   que   no   lo   están.’  (Sentencia  de casación civil de 21  de mayo de 1992. Exp.: 3345)   

En   similar   sentido,   se   señaló:  ‘Respecto  a la prueba de  indicios,  en  donde,  de  conformidad  con el artículo 248 del C. de P. C., el  fallador  debe hallar plenamente acreditado en el proceso el hecho del cual, por  inferencia  lógica,  se deriva con mayor o menor fuerza otro hecho desconocido,  juega  un  papel fundamental el análisis de cada hecho en particular y de todos  ellos  en  conjunto, en donde el juez habrá de utilizar la lógica y su sentido  común  basado  en  las  reglas  de  la  experiencia,  de  todo  lo cual dejará  constancia,  al  exponer  el  poder  persuasivo que le produce no solamente cada  prueba  sino  todas  ellas  en su conjunto y que se concreta en el sentido de la  decisión   que  adopta.’  (Sentencia de casación civil de 8 de abril de 2002. Exp.: 6791)   

Y con idéntico significado, en tiempo más  reciente    se    ha    sostenido:   ‘La  apreciación  de los indicios comprende una actividad múltiple,  que  consiste, por un lado, en el examen de los hechos indicadores que brotan de  los  medios  de  prueba,  y,  por el otro, en la deducción o inferencia que con  base  en  ellos  permite  arribar  a  otros  hechos indicados, como fruto de una  operación   mental   lógica  del  juzgador  de  instancia,  (…).’  (Sentencia  de casación civil de 17  de  julio  de 2006, Exp.: 1992-00315; reiterada en fallos de 5 de julio de 2007,  Exp.: 1997-13101 y de 4 de agosto de 2010, Exp.: 2002-00623-01)   

De  tal  definición se sigue que la prueba  indiciaria  está  conformada  por  dos elementos esenciales: un hecho indicador  debidamente  acreditado dentro del proceso, y una inferencia lógica que permite  asociar  racionalmente  ese evento con la situación desconocida que se pretende  demostrar.   

La   corroboración  material  del  hecho  indicador  es  un  requisito  que  establece  el  artículo  248  del Código de  Procedimiento  Civil,  a  cuyo  tenor  ‘para  que  un  hecho  pueda considerarse como indicio, deberá estar  debidamente   probado  en  el  proceso’.  Esa  demostración  se  obtiene  a  través de cualquier medio de  prueba  conducente  y  legalmente  eficaz,  como  pueden  ser  los  testimonios,  confesiones,     documentos,     inspecciones    judiciales,    o    dictámenes  periciales.   

De acuerdo entonces, con las exigencias para  la      estructuración      de     la     «prueba  indiciaria»,  se  establece  que  en  el sub  júdice  no se incorporaron al acervo  probatorio  elementos  de  juicio que válidamente permitieran enrostrarle a los  funcionarios  de  la  Cámara  de Comercio de Bogotá, una conducta dolosa en la  actuación  del  registro  del  acta de aprobación de la liquidación de Luz de  Bogotá  S.A.,  por lo que se concluye, que el ad quem  cometió   en   la  valoración  de  las  pruebas  el  «error  de hecho» endilgado  por  la  censura, lo que lo condujo a sostener una idea contraria a la esbozada.   

9.  Al verificarse la existencia de los  errores  endilgados  en este cargo por el casacionista al juzgador, se determina  que prospera la acusación contenida en el embate estudiado.   

SEGUNDO CARGO  

          1.   Apoyado  en  la  causal  1ª  del canon 368 del Código de  Procedimiento  Civil,  se  acusa la sentencia recurrida de transgredir de manera  directa   la   ley   sustancial,   por   «falta   de  aplicación»   de   algunos   y   por   «indebida   aplicación»  de  otros,  en  cuanto  a  los  artículos 897, 1055, 1075, 1077, 1078, 1127 y 1162 del Estatuto  Comercial,  así  como  el numeral 4.1 del 98-4.1, 84-2 del Decreto 663 de 1993,  modificados  por  el 24 y 42 de la Ley 795 de 2003, vigente del primero de ellos  hasta  el 30 de junio de 2010 por expresa disposición del 101 de la Ley 1328 de  2009;  también el 4º de la Ley 389 de 1997, y 63, 1516 y 1604 del ordenamiento  sustantivo civil.   

         

2.   En  la acusación se cuestiona la  decisión  denegatoria  de  la  solicitud  de  ineficacia  de las cláusulas del  contrato  de seguro, debido a que no se aplicaron las normas regulatorias de ese  fenómeno   jurídico,   puesto   que   se   declaró  probada  la  «excepción   de   mérito   denominada   exclusiones»  en  cuanto a las «pretensiones derivadas  del   requerimiento   de   la   Secretaría  de  Hacienda  del  Departamento  de  Cundinamarca»,  porque no quedó bajo el amparo de la  póliza          inicial,         ya         que         la         «reclamación»  se  efectuó  fuera  del  período  de  su  vigencia,  y tampoco abarcó ese hecho el segundo documento de  esa  especie, toda vez que alude a un suceso «ocurrido  con   anterioridad   a   la   vigencia   de   la   póliza   de   extensión  de  cobertura»,  en  la  que no se pactó la «cláusula         ‘claims         made’»,  y  respecto de las súplicas fundadas  en  el  «reclamo» originado  en  la  acción  popular,  al  advertir  que  no  configuraban  un  «error  u  omisión  de  la  demandante»,  sino    que    constituyen    conductas    representativas    de    «culpa    grave    asimilable    al   dolo   y   dolo».   

            Estima  que  para  el  adecuado estudio de la situación planteada  «bastaba  entrar  a hacer las evaluaciones jurídicas  que  el caso amerita para advertir su oposición a normas imperativas, así como  su  abusividad  y  exorbitancia,  sin que para nada importe que las mismas hayan  sido  fruto  del  acuerdo  contractual  porque  el  orden  público  no  está a  discreción de los particulares».   

Transcribe  los  apartes  pertinentes  del  escrito  introductorio  del  proceso  acumulado,  al  igual que lo atinente a su  reforma,  en  punto  de  la  señalada  petición  de  ineficacia, y precisa que  el  aparte  tildado  de  ineficaz  es  contrario  a lo  estipulado  en  el  art.  4º  de  la  Ley 389 de 1997, porque mientras que este  precepto   alude  ‘a  las  reclamaciones  formuladas  por  el  damnificado  al  asegurado o a la compañía  durante  la  vigencia’ del  seguro,  (…),  la  cláusula  reprochada  establece  que  la  reclamación sea  ‘notificada   a   los  suscriptores   durante   el   período   de   vigencia   del  seguro,   es   decir,   que   introduce   una  restricción  no  consagrada  por el legislador, y dado que aquella es una norma  imperativa,  ha  de  tenerse  en cuenta lo previsto en el literal a) numeral 2º  precepto  184  del  Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, modificado por el  42  de  la  Ley  795  de 2003, en cuanto prevé que el documento en cuestión en  «su  contenido debe ceñirse a las normas que regulan  el  contrato  de  seguro,  al  presente  estatuto  y  las  demás  disposiciones  imperativas  que  resulten aplicables, so pena de ineficacia de la estipulación  respectiva».   

Resalta el carácter imperativo de la citada  norma,   y  argumenta  que  restringe  la  voluntad  de  las  partes,  e  impide  «imponerle  al  consumidor (la Cámara en este caso),  condiciones  mayores  a  las que ella establece, generando así un desequilibrio  contractual  injustificado  que  es  necesario  entrar a controlar»,   siendo   evidente   dicha   situación,  dado  que  «cualquier  reclamo que formule el tercero en los últimos días de  vigencia  de  la  póliza, y con mayor seguridad si es el último, difícilmente  pudiera  notificarse  al  asegurador durante la vigencia de la misma, más si se  tiene  en  cuenta  la  previa  evaluación  que  de  su contenido, motivación y  justificación,    entre    otros    aspectos,    tendría    que    hacer    el  asegurado»,  además,  previsiones  como  esa para la  época  de  la expedición del mencionado instrumento se encontraba proscrita en  el  punto  4.1. Decreto 663 de 1993, modificado por el canon 24 de la Ley 795 de  2003, que estuvo vigente hasta el 30 de junio de 2010.   

Adicionalmente,  sostiene la impugnante que  el     «desequilibrio    contractual»  originado  por  la aludida estipulación contractual, se hace más  evidente  al  considerar  que en este tipo de seguro la  reclamación  es  el  siniestro,  pues eso es lo que la póliza cubre, siniestro  que  (…)  debe  el  asegurado  avisar dentro del plazo de tres días hábiles,  plazo  que  según  lo  consagra  el  art. 1075, es susceptible de aumentarse en  beneficio  del  asegurado,  pero no reducirse, ampliación esta que precisamente  se  dio  en la[s] pólizas que  en  este caso sirven de causa, para consagrar uno de 60 días, que en nada queda  cuando  se  trata  de  reclamaciones  presentadas  al final de la vigencia de la  póliza,  si  es  que  se  sigue exigiendo que la notificación al asegurador se  debe dar durante esa misma vigencia.   

Además  se  debe  tener  en cuenta, que la  circunstancia   de   no   darse   aviso  oportuno  al  asegurador,  no  conduce  a  la  pérdida  del  derecho a la indemnización, como  aquí  sucedería  si  tal  cláusula es eficaz, sino a la posibilidad de que el  asegurador  descuente del valor de la indemnización los perjuicios que le cause  dicho  incumplimiento,  como  claramente lo consagra el art. 1078 del Código de  Comercio,  que  es  norma  que solo puede modificarse en beneficio del tomador o  asegurado,  según lo establece el art. 1162 ibídem, que es prohibición que se  desconoce  cuando  la  póliza, como aquí ocurre, no solo exige requisito extra  legem,  sino  que  a  su incumplimiento le confiere una consecuencia, además de  ilegal, claramente exorbitante y abusiva.   

Con  relación  a  la súplica que busca la  ineficacia   de   la   cláusula   de   «manejo   de  reclamos»,  deprecada en las dos demandas a que se ha  hecho  mención,  se  afirma  que  «crea una causal de  pérdida  de la indemnización no prevista en la legislación, razón por la que  viola  los arts. 1078 y 1162 del Código de Comercio»,  por  lo  que desconoce normas imperativas, alcanzando la connotación de abusiva  y  exorbitante,  «por  cuanto  le impide al asegurado  oponerse  al  reclamo y ejercer su derecho constitucional fundamental de defensa  (art.    29    de    la    C.P.),    que   sin    razón   alguna   resulta  vulnerado».   

Reitera el censor que el incumplimiento por  el   «asegurado»  de  los  deberes  que  surgen al presentarse el siniestro, solo faculta a la «aseguradora»   para  descontar  de  la  indemnización  el  monto  de  los  perjuicios  que  padeciere  derivados de esa  situación,  sin  que  proceda  pacto en contrario en menoscabo de los intereses  del  tomador  o  asegurado,  pues  los  casos  sancionatorios  o de pérdida del  derecho,  expresamente  están  previstos  en  la  ley,  y  se apoya en doctrina  nacional,    para    referir    que   «[e]xcede  el  marco  establecido por la ley  supeditar  los  gastos  del proceso y los honorarios de abogado a la aprobación  previa  y  escrita  de  la  aseguradora,  pues  notificado  por el asegurado del  litigio  o  reclamo,  le  corresponde  pronunciarse  sobre el curso de acción a  seguir  y  solicitar  toda la información que juzgue relevante para adoptar una  determinación   sobre   el   caso»,  correspondiendo  evaluar  la  razonabilidad  de  los  señalados  rubros,  tomando  en cuenta las  circunstancias      que      tuvo      que      afrontar     el     «asegurado» al momento de su erogación,  además su diligencia en el actuar.   

La  crítica  sobre la citada estipulación  contractual,   concerniente  a  su  inconstitucionalidad,  se  cimienta  en  que  «introduce  una  restricción  al ejercicio subjetivo  del  derecho  constitucional  de defensa, al sujetarlo a un acuerdo previo entre  asegurado  y  asegurador,  es  decir,  a  una  especie  de condición de la cual  pendería   el   derecho   concreto   de   contestar   demandas   y  oponerse  a  requerimientos,   como   los   que   inciden   en   este   proceso»,  y  en  punto  de  que  la  cláusula  en  comento  es  abusiva  y  exorbitante,  la  funda  en  que «va en contravía del  deber  que  el  asegurado  tiene  de  evitar  la  extensión  y propagación del  siniestro,  siendo por contera violatoria del art. 1074 del Código de Comercio,  porque  si la defensa del asegurado o tomador se condiciona a la autorización o  aquiescencia  del  asegurador,  el deber que a los primeros les impone la citada  norma  queda  restringido  por un elemento extraño a la voluntad del asegurado,  como  lo  es el consentimiento del asegurador, lo cual puede llevar al menoscabo  de  las  oportunidades de defensa cuando se está frente a términos perentorios  e  improrrogables,  como  son  los  de orden público que gobiernan los procesos  judiciales  y  también la mayoría de actuaciones administrativas».   

Culmina  la impugnante solicitando casar la  sentencia  recurrida, y en su lugar, proferir decisión declarando la ineficacia  de  las  disposiciones contractuales a que se hizo mención, y en coherencia con  ello  proceder  al estudio de todas las súplicas, con base en el contenido real  del  negocio  jurídico  aseguraticio,  ya  que  las peticiones siguientes en el  orden  de  proposición,  «penden de la suerte de las  pretensiones  que  versan  sobre  la  ineficacia  en  tanto son (…) eventuales  consecuenciales».   

CONSIDERACIONES  

         

1. El cargo comporta el estudio del tema de  la   ineficacia   de   ciertas  estipulaciones  plasmadas  en  las  «pólizas  de  los  contratos  de seguro»  que  fueron tema del litigio, al estimar que transgreden normas imperativas o de  orden público.   

          2.   Cabe  acotar  que  el  ad  quem  no  hizo  un  análisis concreto de las circunstancias  fácticas   ni   del   aspecto   jurídico  del  fenómeno  de  la  «ineficacia»  propuesta,  puesto  que al  verificar  que  los  hechos  aducidos  como constitutivos del siniestro, estaban  comprendidos  dentro  de  algunos  de  los motivos previstos en las «exclusiones»,  dispuso declarar probada  la excepción que en ese sentido había sido alegada.   

3.   Acerca  de  la vía escogida para  orientar  el  embate,  esto es, la «violación directa  de  la  ley  sustancial», ha de precisarse que para su  adecuado  planteamiento  se  exige  al  impugnante  respetar  por  completo  las  conclusiones  del  Tribunal derivadas del examen fáctico y probatorio, en tanto  que  la  fundamentación  debe  dirigirse a demostrar que el juzgador aplicó al  asunto,  una  disposición  que  no  es  pertinente,  o  que  a  pesar de ser la  regulatoria  del  litigio,  le  atribuyó  unos efectos diferentes de los que de  ella  dimanan,  o  los  restringió  de tal manera que distorsionó los alcances  ideados por el legislador.   

Acerca   de   tales   exigencias,   esta  Corporación   de   manera  reiterada  y  uniforme,  según  se  percibe  de  lo  argumentado  en  fallo  CSJ  SC,  16  may.  2011,  rad.2000-09221-01,  en el que  expuso:   

(…)  se  caracteriza,  (…),  porque  el  ‘juez     quebranta  derechamente  la ley, esto es, que realiza un juicio reglamentario completamente  equivocado  y  alejado  de  lo que las normas reconocen, mandan o prohíben, por  cuanto   esta  clase  de  violación  del  ordenamiento  jurídico  ‘se da independientemente de todo yerro  en  la  estimación  de  los hechos, o sea, sin consideración de la convicción  que   haya   tenido   en   cuenta   el  sentenciador  en  su  juicio’     (…).      ‘Ciertamente, el ataque por este camino  presupone  que  la  censura  acepta  de  manera  plena  y  en  su  integridad la  valoración  probatoria  realizada  por  el  ad  quem,  y de la cual no se puede  separar  ni  un  ápice;  (…).  ‘(…),  las  acusaciones propuestas por la vía directa de la causal  primera  de casación se encuentran encaminadas a establecer que el sentenciador  infringió  una norma de derecho sustancial, sin que hayan mediado errores en la  contemplación  material  de  los  hechos  y  pruebas, por lo que se trata de un  reproche   que   se   desarrolla  en  un  campo  estrictamente  jurídico,  cuya  prosperidad  depende  de  que  el  impugnador  consiga  demostrar  la  falta  de  aplicación  de  los preceptos llamados a gobernar el caso, la actuación de los  que  no  resultan  pertinentes,  o  la  incorrecta  interpretación de aquéllos  (…).  Sobre  ese  particular,  de  antiguo  tiene dicho la Sala que, cuando es  seleccionada  la  vía  directa,  (…)  la actividad dialéctica del impugnador  tiene  que  realizarse  necesaria y exclusivamente en torno a los textos legales  sustanciales   que   considere   no  aplicados,  o  aplicados  indebidamente,  o  erróneamente  interpretados;  pero  en  todo caso con absoluta prescindencia de  cualquier  consideración  que  implique  discrepancia  con  el  juicio  que  el  sentenciador   haya   hecho  en  relación  con  las  pruebas  (…)’.   

4.   Lo  anterior permite reflexionar,  que  a  fin  de  habilitar el reproche por la señalada vía, se torna necesario  que  efectivamente  el juzgador haya establecido expresamente la base fáctica y  probatoria  de  la controversia, al igual que se hubiere realizado el proceso de  adecuación   normativa,   porque   de   lo   contrario   no  se  posibilita  el  enjuiciamiento  jurídico  que  comporta el recurso de casación en ese ámbito,  por   lo   que  los  planteamientos  de  la  censura  simplemente  tendrían  la  connotación  de  un  alegato  de  instancia, en la medida que solo comportan el  reclamo  para  dirimir  el  litigio  acorde con la visión del casacionista, sin  involucrar  la  confrontación  de  la labor de subsunción de los hechos en las  respectivas disposiciones sustanciales.   

Frente  al  caso  en  concreto,  dadas  las  argumentaciones  soporte  de  la  decisión  del  juzgador  de segundo grado, se  verifica  que  la  acusación  cae  en  el  vacío,  ya  que  lo concerniente al  fenómeno  de  la ineficacia de algunas de las cláusulas del contrato de seguro  con  base  en  el cual se reclama la indemnización, no fue materia de análisis  en  la  sentencia atacada, pues a pesar de haber sido denegada su declaración o  reconocimiento,  al  confirmar  el  fallo  del  a-quo  desestimatoria   de   las   súplicas  principales  y  accesorias  de  los  procesos  acumulados, ello se produjo como consecuencia del  acogimiento      del      medio      enervante      denominado      «exclusiones»,  en  virtud  de que a las  peticiones  se  les  dio un tratamiento de subordinación especialmente frente a  las  que  propugnaban  por  el  reconocimiento  del  siniestro  y  el pago de la  indemnización.   

Si  en  esa  interpretación  fáctica  que  tácitamente  orientó la decisión del Tribunal se pudo incurrir en dislate, no  es  el ataque por violación directa el adecuado para su enjuiciamiento, sino la  vía  indirecta,  en  cuanto  permite  cuestionar  la  errada  valoración de la  demanda  o  de los elementos de juicio con incidencia en la temática que debía  ser resuelta.   

Es evidente, que la impugnante al amparo de  la  senda escogida para apoyar el reproche, no puede enrostrarle al ad  quem   el que hubiere infringido  la  norma  sustancial  regulatoria  de la problemática atinente a la ineficacia  propuesta,  toda  vez  que  aquel  no  se  ocupó  de fijar o establecer la base  fáctica  sustento  de  la  misma  ni  de  desarrollar el proceso de adecuación  normativa   en  los  preceptos  sustanciales  regulatorios  de  dicho  instituto  jurídico,  por lo que se torna imposible endilgarle que frente a la conclusión  probatoria,  hubiere  aplicado  desacertadamente  las  respectivas disposiciones  sustanciales.   

5.  Ante las reseñadas circunstancias,  queda truncado el éxito del aludido embate.   

6.   Cabe  acotar,  que no obstante la  prosperidad    del    «cargo   tercero»,  el  fallo de remplazo se pospondrá, de conformidad con el inciso  2º  del  artículo  375  del  Código de Procedimiento Civil, al presentarse la  necesidad  de  decretar  pruebas  de  oficio  en  razón  a  que se encuentra en  trámite  el  recurso  de  apelación  formulado  frente  al  fallo  de  primera  instancia  emitido  dentro  de  la acción popular en comento y de otro lado, al  hallarse  en curso la acción de nulidad y restablecimiento del derecho frente a  los   actos  administrativos  proferidos  por  la  Secretaría  de  Hacienda  de  Cundinamarca,  con  los  que  se  concretó  la  revisión por inexactitud de la  liquidación  del  impuesto de registro presentada por la Cámara de Comercio de  Bogotá,  respecto  del período comprendido entre el 1º y el último de agosto  de  2004,  sin  que  se  conozca la situación actual, requiriéndose conocer de  ella  dada  la  incidencia  en  el tema de la indemnización a que pudiera estar  obligada a pagar la aseguradora.   

         

7.   Finalmente  se  determina,  con  fundamento   en  el  último inciso del citado precepto, en armonía con el  numeral  1º del 392 ibídem,  modificado  por  el  19  de  la  Ley  1395  de  2010,  que  no  se  «condenará  en  costas» a la impugnante,  al    prosperar    la    acusación    en    la    forma   como   se   dilucidó  anteriormente.   

IV.           DECISIÓN   

En    mérito    de    las   anteriores  consideraciones,  la  Sala  de  Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

Primero:   Casar   parcialmente   la  sentencia  de  12  de noviembre de 2013 proferida por la Sala Civil del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, dentro de los procesos ordinarios  acumulados,  promovidos por la Cámara de Comercio de Bogotá contra QBE Seguros  S.A.,  conforme  lo  expuesto  en  la parte considerativa con relación al cargo  tercero.   

          Tercero:   Decretar   de   oficio   las  siguientes pruebas:   

a). Solicitar al Tribunal Administrativo de  Cundinamarca  –  Sección  Primera  Subsección B, que en diez (10) días, informe el resultado que tuvo la  apelación  de  la  sentencia  proferida  por  el Juzgado 3º Administrativo del  Circuito   de  Bogotá  –  Sección    Primera,    dentro    de   la   «acción  popular»   promovida   por  Rosa  Elvira  Viracachá  Tunarosa  y  María Omaira Cely Vargas contra la Cámara de Comercio de Bogotá,  rad.  n°2006-00315-00  y  de  haberse  emitido  el  respectivo  fallo,  remitir  «copia  autenticada»  del  mismo.   

b).    Requerir   a   la   nombrada  Corporación  judicial  –  Sección  Cuarta  Subsección  B,  que en el término  anteriormente  señalado,  comunique a la Corte el estado del proceso atinente a  la   «acción  de  nulidad  y  restablecimiento  del  derecho»  impetrada  por  la  Cámara  de Comercio de  Bogotá,  rad. n° 2009-00069-01, y en el evento de haberse proferido sentencia,  envíe  «copia autenticada»,  incluida la de segunda instancia, de haberse dado ese trámite.   

          c).   Secretaría  libre  los  oficios  correspondientes  y  la  actora  gestionará  su  entrega,  como también el pago de las expensas para la  expedición de las copias pedidas.   

Cópiese y notifíquese  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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