STC7916 2021

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STC7916-2021

LUIS  ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado  ponente  

STC7916-2021  

Radicación  n.°  11001-02-03-000-2021-01896-00  

(Aprobado  en sesión virtual de treinta de junio de dos mil veintiuno)  

Bogotá,  D. C.,  treinta (30) de junio de 2021 de  dos mil veintiuno (2021)  

Se  decide la salvaguarda impetrada por  Edwin Christian Revelo Bustamante a la Sala Única del Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Mocoa y el Juzgado Promiscuo del  Circuito del Circuito de Puerto Asís; extensiva a la Sala de  Casación Penal, con ocasión del decurso de la reseñada  estirpe, adelantado en contra del gestor por  el delito de “concusión”.  

1.  ANTECEDENTES  

            

1. El          reclamante implora          la protección de          su          prerrogativa a          la información,          presuntamente violentada por las          autoridades          accionadas.  

2.  Del  escrito inaugural y la revisión de las pruebas, la causa  petendi  permite la siguiente síntesis:  

Mediante  sentencia de 18 de diciembre de 2014, el estrado del circuito  confutado condenó al impulsor a setenta y dos (72) meses de  prisión por el punible de “concusión”.  

Inconforme  con lo decidido, el promotor impetró apelación, cuya  definición correspondió al tribunal fustigado, quien el  7 de marzo de 2017, ratificó la decisión protestada.  

Contra  esa determinación, el tutelante entabló recurso  extraordinario de casación ante la homóloga Penal,  estrado que, en auto AP7989-2017 de 29 de noviembre postrero,  inadmitió ese instrumento de contradicción.  

Para  el censor, se lesionaron sus garantías, por cuanto, en su  sentir, se dio por probada, sin estarla, su responsabilidad en la  conducta enrostrada y, además, no contó con la adecuada  defensa técnica en el ritual reprochado.  

3.  Solicita, por tanto, dejar sin efecto los pronunciamientos refutados  y, en su lugar, declarar su inocencia.  

                              

1. Respuesta                  del accionado y vinculados    

1.   Los despachos encausados defendieron, por separado, la legalidad de  sus actuaciones.  

            

2. Los          demás convocados guardaron silencio.  

            

2. CONSIDERACIONES  

1.  Se  pone al descubierto el naufragio de la salvaguarda, al  desatenderse los presupuestos de inmediatez y subsidiariedad.  

2.  El primero, porque, entre la presentación del ruego tuitivo,  acaecida el 1° de junio de 2021, y el proveído AP7989-2017  de 29 de noviembre 2017, mediante el cual la Sala de Casación  Penal inadmitió el recurso extraordinario de casación  impetrado por el accionante,  han trascurrido más de tres (3) años, tiempo que  supera, holgadamente, el plazo de seis (6) meses establecidos por la  Sala como  suficiente para concurrir tempestivamente a este auxilio.  

Frente  a la enunciada exigencia, la Corte reiteradamente ha puntualizado:  

“(…)  [S]i  bien la jurisprudencia no ha señalado unánime el  término en el cual debe operar el decaimiento de la petición  de amparo frente a decisiones judiciales por falta de inmediatez, sí  resulta diáfano que éste no pueda ser tan amplio que  impida la consolidación de las situaciones jurídicas  creadas por la jurisdicción, (…)  [por tanto] (…)  muy breve ha de ser el tiempo que debe transcurrir entre la fecha de  la determinación judicial acusada y el reclamo constitucional  que se enfila contra ella, con miras a que éste último  no pierda su razón de ser (…)  en el presente evento no puede tenerse por cumplida la exigencia de  inmediatez de la solicitud por cuanto supera en mucho el lapso  razonable de los seis meses que se adopta, y no se demostró,  ni invocó siquiera, justificación de tal demora por el  accionante (…)”1.  

Por  tanto, si el petente se demoró en incoar el resguardo, su  descuido per  se  descarta la existencia de una conducta irregular atribuible a las  entidades confutadas y con repercusión directa en sus  garantías fundamentales.  

            

2. En          cuanto a la segunda exigencia señalada, se observa que, si          bien el          suplicante formuló recurso extraordinario de casación,          tal impugnación fue inadmitida          el          29 de noviembre 2017          porque la misma no reunía los requisitos establecidos en la          Ley para definirla.  

Lo  anterior, por cuanto las vías escogidas por el actor para  atacar el fallo de segunda instancia, resultaron inadecuadas, en  tanto sus reparos se fundaron en afirmaciones imprecisas y no  contenían una argumentación suficiente frente a las  pruebas valoradas por el ad  quem como  para derruir la presunción de acierto del fallo de segunda  instancia, en relación con la conducta endilgada de  “concusión”.  

En  torno a lo esbozado, así discurrió la Sala de Casación  Penal:  

“(…)  La  Corte advierte que a pesar del esfuerzo de la recurrente por  mantenerse en la línea de la causal invocada y de la índole  de error propuesto, no consigue acreditar que el Tribunal incurriera  en falencias protuberantes al deducir el poder suasorio de los medios  probatorios, como tampoco logra marginarse de una labor puramente  crítica de la apreciación efectuada por los juzgadores,  con la pretensión de que se acoja el enfoque distinto acerca  del mérito que se debe otorgar a los medios de conocimiento,  en forma que se reconozca una tendencia preeminente de duda en favor  del procesado”.  

“Por  eso, la demandante elude mostrar una visión integral de cada  una de las pruebas, especialmente las de cargo, y de éstas  dentro del conjunto, limitándose a hacer citas escasas y  fragmentarias, amén de dejar de indicar qué se expresó  de ellas en la sentencia, cuál fue la inferencia ilógica  o arbitraria que en concreto derivó el juzgador de cada una de  las pruebas que sustentan el cuestionamiento y cómo esa labor  intelectual  para determinar su mérito contravino un específico  postulado de la ciencia, un principio lógico o una regla de la  experiencia”.  

“Por  razón de esas omisiones, en la demanda únicamente logra  aprehenderse la apreciación y comprensión de los hechos  desde la perspectiva de la recurrente, no así la de los  juzgadores, sobre cuyos razonamientos la defensora solo enuncia las  críticas por la credibilidad que otorgaron a los testimonios  de cargo, no obstante que fueron refutados a través de otras  pruebas con las cuales se desmintieron los hechos afirmados por el  denunciante y por Iván Delgado sobre el señalamiento  del procesado, luego no permitían concluir que el delito de  concusión tuvo ocurrencia”.  

En  esa medida, la Sala encuentra que la demanda no se basta a sí  misma para mostrar que los fundamentos probatorios de la sentencia  impugnada fueron el resultado de errores de raciocinio, que  condujeron a no reconocer la profusión de divergencias en los  distintos medios probatorios y, por tanto, el postulado del in dubio  pro reo en favor del acusado [aquí  tutelante]”  

“(…)”.  

“En  apoyo de lo anterior, la Corte no advierte violación de  derechos o garantías del acusado que permitan superar las  falencias de la demanda, ni, en concreto, se destacan errores  preponderantes de índole probatorio en la sentencia recurrida  (…)”.  

Bajo  ese horizonte, como el gestor no hizo  uso idóneo del medio de defensa señalado, se impone el  fracaso de esta salvaguarda por ser particularmente residual y  subsidiaria.  

Respecto  del anotado presupuesto, esta Colegiatura ha manifestado:  

“(…)  [C]uando  hay descuido de las partes en el empleo de las defensas frente a las  decisiones judiciales, es vedado para el Juez de tutela penetrar en  las cuestiones procedimentales que informan los trámites  respectivos, pues a este amparo, eminentemente subsidiario, sólo  es dable acudir cuando no se ha tenido otra posibilidad ‘judicial’  de resguardo; además, si las partes dejan de utilizar los  dispositivos de defensa previstos por el orden jurídico, –  como aquí ocurrió -, quedan sujetas a las consecuencias  de las determinaciones que le sean adversas, que serían el  fruto de su propia incuria”2.  

Además,  el  carácter extraordinario del recurso de casación impone  al demandante cumplir los requisitos de fondo y de forma previstos  por el legislador para el éxito de la censura; la ausencia de  rigor técnico o de los requerimientos legales al formular el  cargo para demostrar los errores de la sentencia recurrida, no es  tarea que pueda ser superada por medio de la tutela, porque ésta  no es instrumento para suplir la ineptitud formal de la demanda de  casación.  

Lo  instrumental es garantía para materializar la igualdad ante la  ley y para frenar la arbitrariedad, por tanto, no se trata de exceso  ritual manifiesto, sino de derechos irrenunciables, cuyo respeto es  finalidad del proceso para la realización del derecho  sustancial.  

Así  las cosas, no hay lugar a la injerencia de esta especial  jurisdicción, pues la misma se halla reservada exclusivamente  para casos de evidente desafuero judicial con directa repercusión  en postulados supralegales, no siendo el presente uno de ellos.  

“(…)  con  independencia de la eventual responsabilidad (…)  en el ejercicio de su profesión, y que el interesado puede  reclamar por otras vías, no sirve para edificar una acción  de tutela contra decisiones judiciales, ‘(…)  porque  el derecho de postulación no puede llevar aparejada la  consecuencia de que las omisiones o negligencias de los apoderados  judiciales deban reportarse en contra de la seguridad que se predica  del orden jurídico procesal (…)’,  ya que eso sería opuesto a la ordenación del proceso y  a los principios de eventualidad o preclusión”3.  

Adviértase,  la responsabilidad de los mandatarios no puede trasladarse a los  funcionarios judiciales, como ahora lo pretende el gestor, máxime  cuando lo alegado por aquél es, en definitiva, la estrategia  jurídica por la cual optó su apoderado de confianza, la  cual no devela menoscabo a prerrogativa alguna; además,  lo acotado permite establecer que el actor estuvo asistido por un  profesional del derecho en el ritual cuestionado.  

5.  En adición, no es dable reabrir discusiones a través  del ruego tuitivo, pues el mismo está instituido para la  defensa de los derechos fundamentales, más no para buscar una  mejor opinión como si de otra instancia se tratase.  

Sobre  lo esbozado, la Corte ha adoctrinado:  

“(…)  [E]ste  mecanismo, por lo excepcional, amén de su naturaleza  subsidiaria, no deviene como un recurso alterno o suplementario y su  invocación resulta legítima en la medida en que el  afectado no cuente con recursos legales para evitar la vulneración  de la que se duele.  Contrario a ello, esto es, si existen tales medios surge inane la  utilización de la tutela; consecuencia similar emerge cuando  el interesado teniendo dichos recursos los ha menospreciado o no ha  hecho uso de ellos, dado que en tal hipótesis culmina  invocando su propia negligencia o incuria, lo que no es permitido y  menos a través de la acción constitucional que ocupa la  atención de la Sala  (…)”4  (énfasis adrede).  

6.  Siguiendo  los derroteros de la Convención Americana de Derechos Humanos5  y su jurisprudencia, no se otea vulneración alguna a la  preceptiva de la misma ni tampoco del bloque de constitucionalidad,  que ameriten la injerencia de esta Corte para declarar inconvencional  la actuación refutada.  

El  convenio citado es aplicable por virtud del canon 9 de la  Constitución Nacional, cuando dice:  

“(…)  Las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en la soberanía  nacional, en el respeto a la autodeterminación de los pueblos  y en el reconocimiento de los principios del derecho internacional  aceptados por Colombia (…)”.  

Complementariamente,  el artículo 93 ejúsdem,  contempla:  

“(…)  Los  tratados y convenios internacionales ratificados por el Congreso, que  reconocen los derechos humanos y que prohíben su limitación  en los estados de excepción, prevalecen en el orden interno  (…)”.  

“(…)  Los  derechos y deberes consagrados en esta Carta, se interpretarán  de conformidad con los tratados internacionales sobre derechos  humanos ratificados por Colombia (…)”.  

El  mandato 27 de la Convención de Viena, sobre el derecho de los  tratados de 19696,  debidamente ratificada por Colombia, según el cual: “(…)  Una  parte no podrá invocar las disposiciones de su derecho interno  como justificación del incumplimiento de un tratado (…)”7,  impone su observancia en forma irrestricta, cuando un Estado parte lo  ha suscrito o se ha adherido al mismo.  

6.1  Aunque podría argumentarse la viabilidad del control de  convencionalidad sólo en decursos donde se halla el quebranto  de garantías sustanciales o cuando la normatividad interna es  contraria a la internacional sobre los derechos humanos, se estima  trascendente efectuar dicho seguimiento en todos los asuntos donde se  debata la conculcación de prerrogativas iusfundamentales,  así su protección resulte procedente o no.  

Lo  aducido porque la enunciada herramienta le permite a los Estados  materializar el deber de garantizar los derechos humanos en el ámbito  doméstico, a través de la verificación de la  conformidad de las normas y prácticas nacionales, con la  Convención Americana de Derechos Humanos y su jurisprudencia,  ejercicio que según la Corte Interamericana se surte no sólo  a petición de parte sino ex  officio8.  

No  sobra advertir que el régimen convencional en el derecho local  de los países que la han suscrito y aprobado, no constituye un  sistema opcional o de libre aplicación en los ordenamientos  patrios; sino que en estos casos cobra vigencia plena y  obligatoriedad con carácter impositivo para todos los  servidores estatales, debiendo realizar no solamente un control legal  y constitucional, sino también el convencional; con mayor  razón cuando forma parte del bloque de constitucionalidad sin  quedar al arbitrio de las autoridades su gobierno.  

6.2.  El  aludido control en estos asuntos procura, además, contribuir  judicial y pedagógicamente, tal cual se le ha ordenado a los  Estados denunciados –incluido Colombia9,  a impartir una formación permanente de Derechos Humanos y DIH  en todos los niveles jerárquicos de las Fuerzas Armadas,  jueces y fiscales10;  así como realizar cursos de capacitación a funcionarios  de la rama ejecutiva y judicial y campañas informativas  públicas en materia de protección de derechos y  garantías11.  

Insistir  en la aplicación del citado control y esbozar el contenido de  la Convención Interamericana de Derechos Humanos en  providencias como la presente, le permite no sólo a las  autoridades conocer e interiorizar las obligaciones contraídas  internacionalmente, en relación con el respeto a los derechos  humanos, sino a la ciudadanía informarse en torno al máximo  grado de salvaguarda de sus garantías.  

Además,  pretende contribuir en la formación de una comunidad global,  incluyente, respetuosa de los instrumentos internacionales y de la  protección de las prerrogativas fundamentales en el marco del  sistema americano de derechos humanos.  

7.        De  acuerdo a lo discurrido, no  se otorgará  el auxilio implorado.  

3.  DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala  de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,  

RESUELVE:  

PRIMERO:  NEGAR  por improcedente la tutela solicitada por  Edwin Christian Revelo Bustamante a la Sala Única del Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Mocoa y el Juzgado Promiscuo del  Circuito del Circuito de Puerto Asís; extensiva a la Sala de  Casación Penal, con ocasión del decurso de la reseñada  estirpe, adelantado en contra del gestor por  el delito de “concusión”.  

TERCERO:        Si  este fallo no fuere impugnado remítase el expediente a la  Corte Constitucional para su eventual revisión.  

NOTIFÍQUESE  Y CÚMPLASE  

FRANCISCO  TERNERA BARRIOS  

Presidente  de Sala  

ÁLVARO  FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

HILDA  GONZÁLEZ NEIRA  

AROLDO  WILSON QUIROZ MONSALVO  

LUIS  ALONSO RICO PUERTA  

OCTAVIO  AUGUSTO TEJEIRO DUQUE  

LUIS  ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

1          CSJ.          STC. 14 Sep. 2007, Exp. 2012-01316-00, reiterado en STC. 27 Oct.          2011, Rad. 2011-02245-00.  

2          CSJ          STC          26 de enero de 2011, exp. 00027-00; reiterada el 11 de abril de          2012, exp. 00616-00.  

3          CSJ. Civil. Sentencia          T- 015 de 22 de enero de 1999, exp. No. 5715; reiterada el          22          de febrero de 2010, exp. 00312-01; 20 de marzo de 2013, exp,          00051-01;          y 17 de septiembre de 2013, exp. 1700122130002013-00211-01, entre          otras.  

4          CSJ.          STC de 23 de febrero de 2007, exp.           02068-01.  

5          Pacto de San José de Costa Rica, firmado el 22 de noviembre          de 1969 y aprobado en Colombia por la Ley 16 de 1972.  

6          Suscrita en Viena el 23 de mayo de 1969.  

7          Aprobada por Colombia mediante la Ley 32 de 1985.  

8          Corte IDH. Caso Gudiél Álvarez y otros (“Diario          Militar”) contra Guatemala. Sentencia de noviembre 20 de 2012.          Serie C No. 253, párrafo 330.  

10          Corte IDH, Caso          de la Masacre de Las Dos Erres Vs. Guatemala, Excepción          Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de          noviembre de 2009. Serie C No. 211, párrs. 229 a 274.  

11          Corte IDH, Caso          Furlan y familiares Vs. Argentina, Excepciones preliminares, Fondo,          Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2012. Serie C          No. 246, párrs. 278a 308.      

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