S 018 97

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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S-018-97

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado  Ponente: Carlos Esteban Jaramillo  Schloss   

Santafé  de Bogotá D.C.,veintitrés (23) de  Mayo de mil novecientos noventa y siete (1997).-   

                               

                                     Ref: Expediente 4504   

          Se  deciden  por la Corte los recursos de casación interpuestos por  ambas  partes  contra  la  sentencia  de fecha dieciséis (16) de  abril de  1993,  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla  para  ponerle fin, en segunda instancia, al proceso ordinario seguido por BLANCA  CECILIA  SANGUINO  DE  SAN JUAN, GLORIA AMPARO MILLAN DE CONTRERAS, en su propio  nombre  y  en  el  de  sus  hijos  SANDRA  MILENA, CARLOS FELIPE y CESAR ANDRÉS  CONTRERAS,  y MARÍA EUGENIA ARARAT DE MONTES, en su propio nombre y en el de su  hijo  OSCAR  MOISÉS  MONTES, contra la empresa AEROVÍAS NACIONALES DE COLOMBIA  S.A., AVIANCA.   

I. EL LITIGIO  

          1.  Por  escrito presentado ante el Juzgado Sexto Civil del Circuito  de   Bogotá  el  10  de  octubre  de  1988,  los  actores   en  “acción  extracontractual”   demandaron  a  la  empresa  AVIANCA,  apoyándose  en  los  artículos  1880,  1881  y  1006 del Código de Comercio, así como en los Arts.  2341  y  siguientes del Código Civil, ello con ocasión del accidente aéreo en  que  perdieron  la vida Cesar Humberto Contreras Chaustre, Oscar Montes Gamboa y  León  San  Juan Baptista, para pedir que en sentencia se declare que la empresa  demandada  es responsable de la muerte de dichos señores ocurrida a bordo de un  avión  perteneciente  a  esa  aerolínea,  el  HK1716  –  vuelo  AV  410 – ruta  Bucaramanga-  Cúcuta-  Cartagena- Barranquilla. En consecuencia se la condene a  pagar  a  título  de  indemnización  a:  1) GLORIA AMPARO MILLAN DE CONTRERAS,  esposa  de  Cesar  Humberto Contreras, y a CARLOS FELIPE, CESAR ANDRÉS y SANDRA  MILENA  CONTRERAS  MILLAN, sus hijos; 2) MARÍA EUGENIA ARARAT DE MONTES, esposa  de  Oscar  Montes,  y  a OSCAR MOISES MONTES ARARAT su hijo; y 3) BLANCA CECILIA  SANGUINO  DE  SAN  JUAN,  esposa  de León San Juan, los perjuicios de carácter  material  y  moral que esa responsabilidad implica y que estiman los demandantes  en:  1)  veinticinco  mil  (25.000)  gramos oro puro, o su equivalente en pesos,  ciento  diecisiete  millones  doscientos  cincuenta  y  ocho  mil pesos  ($  117’258.000); 2) dieciocho  mil  setenta  y  siete con 31/100 (18.077,31) gramos oro puro, o su equivalente,  ochenta  y  cuatro millones setecientos ochenta y ocho mil cuatrocientos catorce  pesos  con   28/100  ($84.788.414,28); y, once mil ciento treinta y dos con  37/100  (11.132,37)  gramos  oro,  o  su  equivalente,  cincuenta y dos millones  doscientos      catorce     mil     cuatrocientos     pesos     ($52’214.400),  respectivamente, sumas   que   dejan  de  percibir  los  herederos  a causa  de   la   muerte   de   sus  respectivos esposos y padres de  quienes  dependían  económicamente;  no obstante, solicita la demanda que para  la   determinación  final  de  las  indemnizaciones,  se  tenga  en  cuenta  la  inflación  ocurrida  desde  el  17  de marzo de 1988 hasta el momento en que se  produzca  la  cuantificación  de  la  condena,  a  objeto  de mantener el valor  adquisitivo  de  la  suma  que se les pague a los damnificados, puesto que dicha  indemnización  es  un  derecho  que  nace  en  el  momento  de la muerte de los  señores  Contreras,  Montes  y San Juan de tal suerte que la sentencia no hará  mas  que  reconocer dicho derecho y no constituirlo; e igualmente, que sobre las  sumas  correspondientes  se  condene  a la demandada a pagar intereses a la tasa  corriente.  En  fin,  solicitan que a dicha entidad se le imponga la obligación  de pagar las costas causadas durante el curso del proceso.   

          Como  soporte  fáctico  de las anteriores pretensiones, los actores  relatan  que  el día diecisiete (17) de marzo de 1988 se accidentó en el cerro  “Espartillo”,  en  jurisdicción  del  Municipio  de Zulia, Departamento del  Norte  de  Santander,  el  avión HK 1716 perteneciente a la empresa AVIANCA que  hacia  el  vuelo  AV-410,  ruta  Bucaramanga- Cúcuta- Cartagena- Barranquilla y  despegó  de  la  ciudad de Cúcuta aproximadamente a las 13:17 horas; y que los  señores  Cesar  Humberto  Contreras  Chaustre,  Oscar Montes Gamboa y León San  Juan  Bautista,  perecieron  a  bordo de dicha aeronave en la cual viajaban como  pasajeros.   

          2.  De  la  anterior  demanda  se  corrió  traslado  a  la  entidad  demandada  quien  compareció  por conducto de apoderado, respondiendo al libelo  incoativo  donde  manifestó que no le consta la ocurrencia del accidente, ni la  propiedad  ni  ruta  del  avión, ni si los citados señores viajaban a bordo de  dicha  aeronave,  ni  si perecieron en ella, pero a pesar de estas negativas por  demás  curiosas, expresamente se opuso a las pretensiones deducidas por cuanto,  según  dijo,  en  el  caso  en referencia el siniestro ocurrió por un error de  conducta  que  la empresa no pudo prever ni evitar, aunque actuó con diligencia  y  prudencia  y  cumplió  con  todos  los  requisitos legales establecidos para  llevar  a  cabo  la  actividad de transporte aéreo que le es propia. Así mismo  propuso  como excepciones de fondo la carencia de causa y la inexistencia de los  derechos pretendidos y de las obligaciones demandadas.   

          Paralelamente,  por  escrito  separado formuló la excepción previa  de  falta  de  competencia  por  razón  del  territorio,  fundándose en que el  domicilio   principal   de   la   compañía   demandada   es   la   ciudad   de  Barranquilla,   defensa  que tuvo por demostrada el Juzgado Sexto Civil del  Circuito  de  Bogotá  y  en consecuencia, ordenó remitir el expediente a dicha  ciudad,  donde  por  reparto correspondió el conocimiento del asunto al Juzgado  Tercero Civil del Circuito.   

          3.  Planteada  la  cuestión litigiosa dentro de los extremos que se  han  dejado  reseñados,  la  primera  instancia culminó con sentencia de fecha  veintinueve  (29)  de  abril  de 1992 donde el juzgado de conocimiento resolvió  declarar  no  probadas  las  excepciones  de mérito formuladas  y declarar  civilmente  responsable  a  la  empresa  Aerovías  Nacionales  de Colombia S.A.  “AVIANCA”  por  los perjuicios sufridos por los demandantes con ocasión del  accidente  de  la  aeronave  HK  1716 de la cual era propietaria, ocurrido en el  municipio  de  El  Zulia  (Norte  de  Santander)  el  día  17 de marzo de 1988,  accidente  en  el  cual  perdieron la vida los señores Cesar Humberto Contreras  Chaustre,   Oscar   Moisés   Montes  Gamboa  y  León  San  Juan  Baptista.  En  consecuencia,  condenó  a  la demandada a pagar, por concepto del resarcimiento  demandado,  a)  A AMPARO MILLAN FLETCHER y sus hijos SANDRA MILENA, CESAR ANDRES  y  CARLOS  FELIPE  CONTRERAS  MILLAN,  11.600 gramos oro, en proporción del 50%  para  la  primera y 50% para los restantes en partes iguales; b) A MARIA EUGENIA  ARARAT  DIAZ y su hijo OSCAR MOISES MONTES ARARAT, 11.000 gramos oro en cuantía  de  50%  para  cada  uno; y c) A BLANCA CECILIA SANGUINO SANTANDER, 7.500 GRAMOS  ORO,  sumas  estas  que   debe cancelar la demandada tres días después de  ejecutoriado  el  fallo. También condenó a la empresa en cuestión a pagar las  costas del proceso.   

          Inconforme  con esa decisión, recurrió en apelación esta última,  impugnación  a  la  cual  adhirieron los actores dentro del término estipulado  para  el  efecto,  y  así  surtido  el  trámite  de  ley,  terminó la segunda  instancia  con providencia del dieciséis (16) de abril de 1993, en virtud de la  cual  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Barranquilla confirmó el  fallo  impugnado,  excepto  en  el  monto de la indemnización correspondiente a  cada  uno  de  los actores, la que fijó en la siguiente forma: a) AMPARO MILLAN  FLETCHER,  3.671  gramos oro; SANDRA MILENA CONTRERAS MILLAN, 585.81 gramos oro;  CARLOS  FELIPE  CONTRERAS  MILLAN,  920.66 gramos oro; y CESAR ANDRÉS CONTRERAS  MILLAN,  829.76  gramos oro.  b) MARIA EUGENIA ARARAT DIAZ, 1.977.64 gramos  oro,  y  OSCAR  MOISES  MONTES ARARAT, 1.496.32 gramos oro. Y, c) BLANCA CECILIA  SANGUINO  SANTANDER,  4.031.34  gramos  oro,  agregando  que  tales  sumas deben  cancelarse  en  moneda  legal colombiana conforme certificación expedida por el  Banco  de  la  República  (Art.  875  C.  Co.), dentro de los quince (15) días  siguientes  a  la  ejecutoria  de  la  sentencia, agregando la cantidad de 73.63  gramos  oro  para  cada uno de los demandantes por concepto de daños morales, y  condenó  en  costas de la segunda instancia a la parte demandada con reducción  del 50%.   

II   .   LOS   FUNDAMENTOS   DE   LA  SENTENCIA             MATERIA    DE  IMPUGNACION.   

         

          1.  Luego  de  hacer  el  acostumbrado  recuento de los antecedentes  procesales  y resumir el contenido de la demanda incoada, la sentencia de primer  grado  y  los  alegatos  presentados  durante  la  segunda  instancia, inicia el  Tribunal  el estudio del asunto advirtiendo que en el presente proceso concurren  los  presupuestos  procesales por cuanto, expresa, se trata del juez competente,  las  partes  resultan  capacitadas  civil  y procesalmente para intervenir en la  litis  y la demanda, aunque pareciera no cumplir con severidad los requisitos de  forma  exigidos  por  la  ley,  debe  ser  interpretada en su conjunto, en forma  razonada  y  lógica,  cometido  que  emprende  a continuación con el fin, así  puesto  de  manifiesto  en  el fallo, de identificar la clase de acción en este  caso  entablada,  considerando que se reclama por los demandantes el pago de los  perjuicios  producidos  como  consecuencia del fallecimiento de varios pasajeros  en  un  accidente  aéreo.  Señala  en  este  orden de ideas que tratándose de  accidentes  del  tipo indicado, los herederos de las víctimas podrán ejercitar  de  manera  separada  o  exclusiva, “la acción contractual transmitida por su  causante  y  la  extracontractual  derivada  del perjuicio que personalmente les  haya  inferido  su muerte” (Art. 1006 C. de Co), norma que a la vez no permite  que  se  acumulen  en  una  misma  demanda,  la  acción  tendiente  a  reclamar  perjuicios  causados  a  la  víctima  con  el  incumplimiento  del  contrato de  transporte,  es decir aquella cuyo objeto lo constituya la reparación del daño  hereditario  contractual,  y  la  acción  que  persigue  una indemnización por  daños  personales  producidos con ocasión del mismo hecho, acción esta por lo  tanto   de  estirpe  extracontractual.  Apunta  el  ad  quem  que  en  el  presente  asunto,  se demandó a la  compañía  transportadora AVIANCA “en acción extracontractual”, acumulando  las  varias  pretensiones  de  los  demandantes  por provenir de la misma causa,  versar  sobre el mismo objeto y porque deben servirse parcialmente de las mismas  pruebas,   expresando   al   efecto  el  escrito  de  demanda  que  persigue  el  reconocimiento  judicial del derecho de los actores a recibir indemnización por  perjuicios  causados  a  ellos, solicitando sea declarada la responsabilidad por  muerte  de los señores Cesar Humberto Contreras Chaustre, Oscar Montes Gamboa y  León  San Juan Baptista, ocurrida a bordo de un avión de la empresa aludida, y  el  pago  a  título  de  indemnización,  a  sus  esposas  e  hijos,  de “los  perjuicios  de  carácter  material  y moral que esa reponsabilidad conlleva”,  estimándolos  en  gramos  oro  y  enfatizando  que  “todos los anteriores son  valores  que  dejan  de  percibir  los  herederos  a  causa  de la muerte de sus  respectivos  esposos  y  padres  de  quienes  dependen  económicamente” y que  “dicha  indemnización  es  un  derecho que nace en el momento de la muerte de  dichos  señores”.  Estima,  pues,  el  sentenciador  que  con  apoyo  en  los  elementos  de  análisis  así  resaltados,  “claramente  aparece que el actor  expresó  en su demanda lo que quería”, sin que hubiera sido necesario acudir  a  razonamientos  complicados,  por  lo  que,  concluye, se cumplieron todas las  formalidades  del  Código  de  Procedimiento  Civil  para la formulación de la  demanda  del modo debido y por ello, carecen de fundamento las objeciones que en  este  campo  hace  la  entidad  apelante  frente  al  criterio expuesto sobre el  particular en la sentencia de primera instancia.   

          2.  Sentada  la premisa que antecede y calificada satisfactoriamente  la  idoneidad  formal  de  la  demanda, la corporación sentenciadora trayendo a  cuento  el  artículo  1880  del  Código  de Comercio y después de resumir los  principios  que  al  tenor  de  este  precepto hacen particularmente estricta la  responsabilidad  del transportador por vía aérea de pasajeros, advierte que en  el  presente evento se dan todos los supuestos para la prosperidad de la acción  incoada  pues,  dice,  ninguna  duda  emerge de que el día 17 de marzo de 1988,  cuando  realizaba  el  vuelo AV. 410 en la ruta Bucaramanga- Cúcuta- Cartagena-  Barranquilla,  se  accidentó  el  avión  HK  1716  perteneciente  a la empresa  AVIANCA,  pereciendo  la  totalidad  de  sus ocupantes entre los que se contaban  Cesar  Humberto  Contreras  Chaustre,  Oscar  Montes  Gamboa  y  León  San Juan  Baptista.  Al  efecto  señala el Tribunal que la empresa no puede exonerarse de  responsabilidad  al  no  haber  acreditando  su diligente y prudente proceder, y  siguiendo   orientaciones   jurisprudenciales   que  le  atribuyen  pleno  vigor  probatorio  a  los  informes  producidos  por organismos estatales de control en  materia  de  accidentes  aéreos  y  sus  posibles  causas,  hace  referencia al  presentado  aquí  por  el  Departamento  Administrativo  de  Aeronáutica Civil  (folio  50  del cuaderno principal) en el cual, después de observarse que en el  desarrollo  del  fatal  vuelo  se presentaron algunas fallas de planeación y de  orientación  por  parte  de los pilotos, se hacen recomendaciones finales sobre  el  estricto  cumplimiento  que  deben  dar  las  empresas y sus empleados a las  normas técnicas que reglamentan la aviación.   

          3.  Después  de  anotar  que  la  principal obligación a cargo del  transportador  aéreo  de  personas es la de conducirlas sanas y salvas al lugar  de  finalización del respectivo trayecto, seguidamente hace ver el fallador que  “tomaron  los  accionantes  la  acción  propia,  autónoma,  por el perjuicio  directamente  recibido  a  causa del accidente, con origen en el hecho ilícito,  por  la  inobservancia de una regla genérica de buen obrar, a fin de reparar el  quebranto  causado  al  interés  personal,  afectando  su  patrimonio  de forma  exclusiva”,  y  discurriendo  sobre  la  base  de  este  supuesto,  señala la  sentencia  que  de  las declaraciones tomadas por comisionado dentro del proceso  se  colige  que las accionantes, esposas de los pasajeros fallecidos, dependían  económicamente   de  ellos,  encontrando  también  demostrado  con  prueba  de  carácter  documental  obrante en los autos, los lazos familiares que permiten a  los  actores  reclamar  la indemnización, unidos al hecho de que las víctimas,  al  momento  de su fallecimiento, prestaban sus servicios a entidades privadas y  del Estado.   

          Así,  situada  la  cuestión en este punto y remitiéndose al texto  del  Art.  1881  del  C. de Comercio respecto del cual considera la sentencia en  estudio  que la limitación cuantitativa de la indemnización por pasajero allí  consagrada  también  opera cuando la acción contra el transportador la deducen  terceros  damnificados  y  por  lo  tanto es de índole extracontractual, pasa a  ocuparse  el  Tribunal  de  fijar  la  cuantía  del resarcimiento a cargo de la  demandada  y  en  favor  de cada uno de los demandantes, partiendo de la base de  que  ambas  partes  apelaron  y  en  consecuencia  “…  el  principio  de  la  reformatio  in  pejus  no es escollo para definir el punto sin ninguna sujeción  …”.   

          Así,  pues,  a  juicio  del  Tribunal  es  de  rigor  efectuar  las  operaciones  matemáticas  pertinentes,  teniendo  presente  la vida probable de  cada   uno  de  los  pasajeros  fallecidos,  sus  ingresos  promedio  mensuales,  deducción  por  gastos  personales,  dependencia  de los hijos del fallecido, y  establecidos  la  duración del daño y el valor nominal del lucro cesante, para  lo  cual,  haciendo  suyo  el  punto  de  vista  de  un  renombrado tratadista y  aludiendo  a  las tablas de supervivencia o vida probable en Colombia contenidos  en   la  Resolución  1439  de  1.972  de  la  Superintendencia  Bancaria;  deja  consignada  en la providencia la siguiente liquidación: “TABLA 1:  Valor  actual  de  una  suma  única  pasada,  que  se  utiliza  para  indicar el daño  emergente  o  el lucro cesante pasados que producen una sola fecha. Tabla 2: Que  se  utiliza  para  liquidar el daño emergente o el lucro cesante pasados que se  producen  día  tras  día.  TABLA  4:  Valor  actual  de  una  suma que se paga  n  veces hacia el futuro con  un  interés  del  6%  anual.  Se  usa  para  liquidar el valor actual del lucro  cesante  o  del  daño  emergente  futuro o periódico”; operaciones que luego  detalla como a continuación se indica:   

1. CESAR CONTRERAS CHAUSTRE  

Ingreso Mensual Promedio (incluye  

prestaciones,cesantías,  

bonificaciones,   vacaciones,   etc.)                             $   232.845.oo   

Duración período indemnizable  

supervivencia      probable      del  fallecido   

(Resol. 1439/72 Superbancaria). 37. 1 años =  445 meses   

Período  durante  el  cual  cada uno de los  demandantes habría requerido ayuda económica del fallecido:   

a)  Cónyuge  demandante  al  momento  de la  muerte del esposo:  37 años/edad   

Supervivencia    Probable:     38.  04   

b)  Hijo  1: Carlos Felipe = para llegar a  la   

mayoría de edad le falta: 12 años 8 meses  =152 meses Para llegar a los 25 años en que requería   

del  sustento:                                                                          84  meses                                                                           236  meses.   

c)  Hijo  2:  César Andrés = para llegar a  la   

mayoría de edad le falta: 9 años 4 meses =  112 meses. Para llegar a los 25 años en que requería   

del  sustento:                                                           84  meses   

                                                                                                                                                                                                                                                 196  meses   

d)  Hijo  3:  Sandra  Milena  para  llegar a  la   

mayoría  de  edad  le falta: 2 años   

8          meses    =                                                                          32 meses   

Para  llegar a los 25 años en que requería   

del sustento:                                                                           84 meses   

                                                                                                                            116 meses   

LUCRO CESANTE PASADO  

Liquidación mediante el valor de reposición  o reemplazo.   

Suma actualizada:  

Tiempo  transcurrido entre accidente y fecha  liquidación en sentencia:   

17-03-88  a  17-03-92  =  5  años = 60  meses.   

Tabla  1  1.3488  x  $232.845.          =                                                 $    314.061.33   

20%  Deducción Gastos Personales   =                               64.812.26                                        Suma actualizada                 =     $251.249.oo   

          $125.624.50  x    69.7700    (tabla    2)    =        $8’764.821.36   

Hijos:         Corresponde mitad entre 3   

$41.874.83 x tabla 2 Cada uno:  

$2’921.607.12                     =                                                                                   $         8’764.821.36   

                                     Subtotal                    =         $               17’529.643.oo   

LUCRO CESANTE  FUTURO  

– Esposa: Comparando con la vida  

probable el fallecido, se deja la  

supervivencia  del  occiso igual, 445 meses,   

y   se   descuentan   los   60   meses  ya  calculados,   

y  en  aplicación  a  la  tabla  4,  se  obtienen:   

385        meses       x  178.266358          =                 $                 22’394.622.oo                     

–    Hijo    1:     176   meses   x  116.861320            =                  4’893.548.oo   

–  Hijo  2:   136  meses  x    98.504778            =                       $               4’124.870.83   

–   Hijo   3:     56  meses  x      48.981445               =                   2’051.089.60   

                                                                         Subtotal                   =         33’464.130.44   

LUCRO   CESANTE  PASADO  +  LUCRO  CESANTE  FUTURO   

Esposa:                                              $     31’159.443.oo   

Hijo  1:                                              $       7’815.155.11   

Hijo  2:                                              $       7’043.477.92   

DAÑO MORAL  

Se    tasa    conforme   se   solicitó  extrajudicialmente:     $625.000.oo     para     cada     demandante    =    73.63 grs/oro.   

Al  convertir  estos valores en gramos oro,  conforme  valoración  dada  por  el  Banco  de  la  República,  en marzo 17 de  1988,  $8.488.57, obtenemos:   

                                                                               Daño  Moral   

Esposa:              3.671.oo  grs/oro                                    más                                             73.63  grs/oro   

Hijo  1:                         920.66  grs/oro              más                                             73.63  grs/oro   

Hijo  2:                         829.76  grs/oro              más                                             73.63  grs/oro   

Hijo  3:                     585.81     grs/oro     más                          73.63 grs/oro   

TOTAL:            6.007.23 grs/oro más                           249.52  grs/oro   

2. OSCAR MONTES GAMBOA  

Ingreso            Mensual                                                  Promedio                   $    123.984.oo   

Duración Período Indemnizable  

Supervivencia probable del  

fallecido      (Resol.      1439/72  Superbancaria).         

44.52 años = 534 meses  

Período  durante  el  cual  cada  uno  de  los   

demandantes    habría    requerido  ayuda   

económica del fallecido.  

a)  Esposa:  Igual tiempo vida probable del  occiso.   

b)  Hijo: Nació 23 julio/88. Al momento de  fallar:   

4 años 8 meses:  

Faltan  para  25  años:  20  años 4 meses  =     244    meses                    

LUCRO CESANTE PASADO  

Valor promedio mensual  

20% Deducción gastos personales                   $           33.445.92   

                            Suma actualizada                   $                                       133.783.69   

Esposa:   Mitad   $66.891.84                   60  meses                   $      4’667.043.67   

Hijo:                                                               $66.891.84                60   meses     $               4’667.043.67            

                            Subtotal                                                                                 $              9’334.087.35   

                              

LUCRO CESANTE FUTURO  

Esposa:  534  –  60  =  474  meses  x tabla  4           

               $66.891.84   x   181.193121                       =       $             12’120.341.25   

Hijo:        244 – 60 = 184 meses x tabla 4   

              $66.891.84 x 120.113273                                                  =       $        8’034.597.77   

LUCRO  CESANTE  PASADO  +  LUCRO  CESANTE  FUTURO:   

Esposa:                               $         16’787.384.92   

Hijo:                                                      $       12’701.644.44   

Total                                                      $     29’489.026.36   

DAÑO MORAL  

Se    tasa    conforme   se   solicitó  extrajudicialmente:   

$625.000.oo  para  cada  demandante = 73.63  grs/oro   

Al  convertir  estos valores en gramos oro,  conforme  valoración  dada  por  el  Banco  de  la  República, en marzo 17/88,  $8.488.57, obtenemos:   

                                                                               Daño  Moral   

Esposa:              1.977.64  grs/oro                    más                                                                  73.63  grs/oro   

Hijo:                  1.496.32  grs/oro                        más                   73.63 grs/oro   

TOTAL:              3.473.96  grs/oro                    más                     147.26 grs/oro   

3.  LEON  SAN  JUAN  BAPTISTA                                                     

Ingreso           Mensual  Promedio                                           $          219.300.oo   

Duración Período Indemnizable.  

Supervivencia      probable     del  fallecido   

(Resol. 1439/72 Superbancaria). 12.86 años  = 154 meses   

LUCRO CESANTE PASADO  

Valor      promedio      mensual:  $219.300.oo   

x tabla 1=                                                                          $         295.791.84   

20% Deducción gastos personales                                                 $          59.158.36   

                            Suma actualizada                                                               236.633.48   

Esposa = 100%  

Promedio mensual actualizado  

$236.633.48   x   tabla   2                                                                     $     16’509.917.89   

LUCRO CESANTE FUTURO  

Esposa:            154 – 60 = 94 meses x tabla   4   

                   $236.633.48 x  74.853073            $         17’712.743.15   

LUCRO  CESANTE  PASADO  +  LUCRO  CESANTE  FUTURO:   

                                             Total                                                                       34’222.661.04   

Al  convertir  la suma total en gramos oro,  tenemos: 4.031.61 gramos oro   

DAÑO MORAL  

         Finalmente  declara el Tribunal que no es del caso aplicar intereses  e   índices   mensuales   del  costo  de  vida,  dado  que  las  cantidades  se  contabilizaron  actualizadas  y al tener expresión en oro, mantienen su valor y  quedan  corregidos  los  efectos  nocivos del deterioro por inflación del signo  monetario.   

III. DEMANDAS DE CASACION Y CONSIDERACIONES  DE LA CORTE   

         Como  ya  se  dejó  dicho, contra la sentencia de segundo grado las  dos  partes  interpusieron  sendos  recursos de casación, demandas ambas que se  presentaron  con  cuatro  cargos  que  dado el alcance que se les asigna, serán  estudiados  por   la  Corte en el orden que la lógica impone, es decir, se  examinarán  delanteramente  los  tres  iniciales  de  la  entidad demandada, el  primero  planteado  por  la causal segunda de casación, el segundo por la   causal  primera  denunciando  infracción  indirecta  de la ley debido a errores  probatorios,  y  el tercero que aduce violación directa de normas sustanciales.  Así  mismo, teniendo en cuenta que el cuarto cargo propuesto por la demandada y  los  cuatro  presentados  por  la  parte actora se refieren a la liquidación de  perjuicios  efectuada  por el Tribunal, y que el tercero de entre estos últimos  está  llamado  a  prosperar  con  el  efecto,  como  en su momento se verá, de  eliminar  dicha  liquidación  en su integridad, despachado éste no es del caso  entonces  analizar las censuras restantes que, en tanto hacen referencia parcial  a esa materia, pierden por consiguiente su razón de ser.   

-Sección Primera-  

RECURSO DE LA PARTE DEMANDADA  

                                                              

         Cargo  Primero. Con apoyo en la segunda de  las  causales  de  casación  que  consagra  el  artículo  368  del  Código de  Procedimiento  Civil,  acusa  la  sentencia  de  no estar en consonancia con los  hechos  de  la  demanda;  y  para  explicar  esta  tesis  parte  el censor de la  importancia  que  tiene  la “causa petendi” y su formulación completa en el  proceso  civil,  entendida  ella  como los hechos que sirven de fundamento a las  pretensiones  entre  los  cuales  deben  estar  los  necesarios para la adecuada  calificación  de  la  acción  deducida  en  juicio. Sostiene, entonces, que el  Tribunal  profirió  una  sentencia  incongruente “pues condenó a AVIANCA con  fundamento  en  hechos  que  no  fueron invocados por la parte demandante, en el  escrito  de  la  demanda”,  y  agrega  que “basta leer por lo tanto los tres  hechos  que  fueron  afirmados  por  la  parte  demandante  para  justificar sus  pretensiones,  y  leer  a continuación el fallo del Tribunal, para darse cuenta  que      la      incongruencia      ‘brilla  al  ojo’  en   varios   pasajes   de   la  sentencia”,  aseveración  ésta  que  deriva  básicamente   de   la  circunstancia  de  que  el  ad  quem   se   hubiera   referido  a  la  “dependencia  económica”  de  las  demandantes  respecto  de los pasajeros fallecidos en el  accidente,  a  los  “necesarios  lazos” que permiten incoar la acción civil  extracontractual  que  se  ha ejercido en el proceso, y “la vinculación” de  esos  mismos  pasajeros  con  diversas  entidades,  cuando  a  elementos de esta  índole  no se refirió la “causa petendi” descrita o invocada en la demanda  que  al proceso le dio comienzo, y por tanto no fueron objeto de pronunciamiento  cuando  se  contestó,   luego  AVIANCA  no  pudo  solicitar  pruebas  para  controvertirlos.  Concluye  que  “ellos,  aunque  aparecieron  demostrados, no  pueden  ser  tenidos  en  cuenta  por  el  fallador  de  segunda  instancia, son  extraños  a  la causa petendi establecida en la demanda, están por fuera de la  relación  jurídica  procesal  que  se  trabó entre las partes al conocerse la  demanda  y  su  contestación  que vinculan a las partes y delimitan el campo de  decisión del juzgador”.   

Se considera:  

        A  la  luz  de  las normas pertinentes del Código de Procedimiento  Civil  en  su  redacción  original  que  data  de  1970 (arts. 305 y 368-2), la  incongruencia  como  motivo  de casación, sólo podía constatarse confrontando  la  parte  resolutiva de la sentencia impugnada «con las excepciones» propuestas  por  el  demandado  y  que  hubieren  sido alegadas «si así lo exige la ley», y  también  con  las pretensiones aducidas por el demandante, las que no solamente  se  encontraban  en  la  demanda  inicial  del  proceso sino también las que se  hicieron  valer  «en  las demás oportunidades que este Código contempla», pues  así  lo  preceptuaba el primero de aquellos preceptos citados. Así, pues, como  en  aquél  entonces la inconsonancia sólo se daba al cotejar las disposiciones  del  fallo  de  instancia con las peticiones de la demanda y las excepciones, la  causal  de casación en referencia no se estructuraba cuando la causa de pedir y  lo  resuelto,  al  cotejarlos,  no  ofrecían  la  necesaria  armonía,  ya que,  entonces,  de  configurarse  esta hipótesis, desarreglo tal podía invocarse en  casación  con  base  en  la  causal primera por «errónea interpretación de la  demanda».  Esa  doctrina, acorde por lo demás con las normas legales vigentes a  las  que  acaba  de hacerse alusión, se mantuvo por la Corte hasta cuando, como  lo  apunta  el recurrente, en fallo de 28 de noviembre de 1977 (sin publicar) la  Sala  de Casación Civil sentó la tesis de que «…la incongruencia no sólo se  presenta   cuando   confrontadas  las  resoluciones  de  la  sentencia  con  las  peticiones  y  defensas  de  las  partes se observa que el fallo es extra,  ultra  o  minima  petita, porque  puede  acaecer  que  a pesar de existir armonía cabal entre aquéllas y éstas,  se  presente  el  fenómeno  de  la  incongruencia, como cuando demandándose la  nulidad  del proceso con fundamento en la incompetencia del fallador, se declara  el  vicio,  pero con apoyo en otra causal no alegada, como la de haberse omitido  el  término  para  pedir pruebas…  La sentencia para ser congruente debe  decidir  sólo  sobre los temas sometidos a composición del juez y con apoyo en  los    mismos    hechos    alegados    como    causa  petendi,  pues si se funda en supuestos fácticos que  no  fueron  oportunamente  invocados  por  las partes, lesionaría gravemente el  derecho  de  defensa  del  adversario (…)  Tal el fundamento para afirmar  que  igual da condenar a lo no pedido, que acoger una pretensión deducida, pero  con  causa  distinta  a  la  invocada,  es  decir,  con  fundamentos de hecho no  alegados».   

        Este  enfoque  conceptual que por cierto no fue reiterado, dio base  sin  embargo  para  que  el  legislador  de 1989 (Decreto 2282 de 7 de octubre),  modificara   el  artículo  305  del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  como  consecuencia  obvia  el  368  del  mismo  estatuto,  en el sentido de ampliar el  ámbito  propio  de la incongruencia como vicio que hace posible la infirmación  de  las  sentencias  civiles  en  sede  de  casación, declarando que se produce  también  cuando el fallo no guarde congruencia, no sólo con las peticiones del  demandante  y  las  excepciones  formuladas en su defensa por el demandado, sino  también  «con  los  hechos»  objeto  del debate. O sea que hoy, al amparo de la  legislación   procesal   vigente,   la   causal   de   casación  originada  en  incongruencia  se  da  también  (art.  368-2)  cuando no está la sentencia «en  consonancia  con  los  hechos»  aducidos  o  afirmados  como  fundamento  de las  pretensiones  de  la demanda o de las excepciones propuestas por el demandado, y  ello  no obstante que el mismo legislador de 1989, como lo había determinado el  de  1970,  de  antemano había consagrado como uno de los eventos en que se abre  paso  la  causal  primera  de  casación,  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial  «por  error  de  hecho manifiesto en la apreciación de la demanda»,  por  manera  que,  frente a este estado de cosas, en sentencia del 15 de octubre  de  1993  esta  Sala se vio precisada a explicar que en el plano teórico “…  la     diferencia    entre    el    error    in  procedendo,  tipificador  de  la  incongruencia, y el  error  de hecho en que se pueda caer al apreciar la demanda, propio de la causal  primera   de  casación,  no  se  ha  desdibujado  a  raíz  de  la  innovación  introducida  al  citado  numeral 2 del artículo 368, ya que en el primer evento  el  juzgador,  al  considerar los hechos sustentantes de la pretensión, no hace  cosa  distinta  a  la  de despreocuparse de la demanda para tomar únicamente en  cuenta  aquellos  que,  de  acuerdo con su personal criterio, resultan dignos de  ser  valorados.  En  la  segunda  hipótesis, por el contrario, el juez parte de  obedecer  la  regla que le habla de la sujeción a los hechos de la demanda, mas  cuando  pretende fijar el sentido de la misma resulta alterándolos, siendo este  el  motivo  por  el  cual  aquí  ya  no  sea  atinado  hablar de desatención o  prescindencia de la demanda».   

                                                                           

         Entendidas  así  las  cosas,  si ha de  partirse  del  supuesto según el cual, al tenor de los preceptos legales de los  que  viene  haciéndose  mención,  la incongruencia es puesta de manifiesto por  todo  exceso  o desviación en la indispensable correspondencia que debe existir  entre  el  fallo  y el objeto de la litis, dicho defecto se hace patente siempre  que   el   sentenciador   de  instancia  profiere  una  resolución  resolviendo  cuestiones  de modo y por fundamentos de hecho del todo extraños a los aducidos  oportunamente   por   los   litigantes   en  aquellos  actos  llamados  a  fijar  concretamente  la  materia  del  debate.  Dicho  en otras palabras, así como es  deber  del  juez  pronunciarse en su sentencia sobre todo lo que se le ha pedido  por  las  partes  y  solamente  sobre  ello, sin pecar por defecto y tampoco por  exceso,  igualmente  le  está  vedado emitir su juicio decisorio apoyándolo en  elementos  fácticos  ajenos  al  estado  del  conflicto  tal  y como este le es  sometido  a  su  conocimiento, lo que significa que cuando el sentenciador en su  fallo  concede aquello que ha sido solicitado sin distorsionar en su esencia los  hechos  invocados,  resuelve  con  vista  en ellos y basado en argumentos que le  suministran  las  pruebas,  forzoso resulta descartar la incongruencia, toda vez  que  la  modalidad  en examen, en eventos como el que acaba de descartarse no se  produce,  habida  cuenta que en semejante hipótesis, es claro que la «razón de  dar»  expresada  en  la  sentencia,  guarda  equilibrada  correspondencia con la  «razón  de pedir», siempre en el bien entendido, se repite, que los jueces, sin  quebrantar  el  artículo  305  del  Código  de  Procedimiento Civil, no pueden  atribuirse  el  poder  de  sustituir  de oficio acciones o excepciones por otras  diversas  de  aquellas  que las partes en litigio sometieron a su jurisdicción,  extremo  que  en  manera  alguna  se  presenta,  valga  insistir,  cuando dichos  funcionarios,  sin  quebrantar  ninguna  de  las  limitaciones  inherentes  a su  función  y  ciñéndose  por ende al debate procesal, le imprimen conformación  jurídica  a los hechos que de él forman parte para luego aplicarles las reglas  de derecho que estiman pertinentes.   

        Y  es  esto justamente lo que sucede en el presente caso y por ello  el  cargo  en estudio tiene que desestimarse, pues basta comparar la resolución  judicial  en  cuya virtud se declara civilmente responsable a la empresa AVIANCA  por  los  perjuicios  sufridos por los demandantes con ocasión del accidente de  la  aeronave  en  el cual perdieron la vida los señores Contreras, Montes y San  Juan,  condenándose  como  consecuencia a la demandada a pagar a los actores la  indemnización  señalada,  para encontrar que dicha resolución guarda perfecta  correlación  con  el   capítulo  petitorio  de  la  demanda  en  el  cual  solicitan  se  declare a AVIANCA responsable de tales daños y, por lo tanto, se  la  condene  a  indemnizar  a  los  actores  quienes afirman obrar en calidad de  “esposos  e  hijos”  de los fallecidos, sucesores de los mismos que reclaman  el  pago de las cantidades que dejan de percibir a causa de su muerte por cuanto  “dependían  económicamente  de  ellos”;  lo dispositivo del fallo resuelve  virtualmente  y con la eficacia necesaria todo aquello que fue objeto del pleito  contenido  en  este  expediente  y, en consecuencia, no es de recibo remitirse a  los  razonamientos  expuestos  por el Tribunal “… en varios pasajes” de la  providencia  impugnada,  intentando artificialmente atribuirle a esta última un  defecto del que en verdad no se resiente.    

        Y  aunque  lo  anterior  es  suficiente  para que el cargo no pueda  alcanzar  la  finalidad  que  se  propone,  no está por demás advertir que las  referencias  de  la  sentencia  que el censor selecciona en orden a sustentar su  tesis,  obedecen  sin  duda a planteamientos formulados desde la demanda inicial  del  proceso. A “dependencia económica” de las actoras y sus hijos frente a  los  pasajeros  muertos en el trágico accidente, y a “los necesarios lazos”  entre  ellos,  específicamente  se refiere la demanda en la formulación de las  pretensiones  que  constituyen  su  objeto, por cuanto tales supuestos fueron la  base  para  instaurar  la  acción  y  justificar la indemnización reclamada, y  “la  vinculación  de  los  pasajeros  con algunas empresas” se muestra como  inequívoco  reflejo  de  la  prueba  recaudada,  sin  transponer  ese  marco de  obligada  referencia,  para establecer el valor del lucro cesante reclamado como  rubro  indemnizable  a  cargo  de  la  compañía transportadora, importe que se  pretendió  hacer  constar con documentos presentados por los actores, junto con  la  prueba de la calidad en que actuaban, como anexo a la demanda, con el único  propósito  de  fijar  la  cuantía de la prestación resarcitoria a cargo de la  compañía  demandada,  además  de que por la oportunidad en que se allegó esa  información,  de  ella tuvo conocimiento la demandada desde la contestación de  la  demanda,  por  lo  que queda desprovista de toda fuerza la peculiar teoría,  expuesta   ahora   por   el   casacionista,   en   el   sentido   de  considerar  “sorpresivos” para su representada los documentos en mención.   

        Todo   lo   expuesto   basta   para   desechar   por  infundado  el  cargo.   

        Cargo      Segundo.     Con  apoyo  en  la  primera de las causales que consagra el Art. 368  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  acusa la sentencia de haber quebrantado  indirectamente,  por  aplicación  indebida, los artículos 1006, 1880, 1881 del  Código  de  Comercio, 1613, 2341 del Código Civil y 8o. de la ley 153 de 1887,  y  por falta de aplicación el artículo 306 del Código de Procedimiento Civil,  ello  debido  al  error  de  hecho  de  carácter  manifiesto  cometido  por  el  sentenciador en la interpretación del escrito de la demanda.   

         A  manera  de  desarrollo  de la censura así compendiada, afirma el  censor  que  “de la lectura de la demanda, hay claridad que por lo que se pide  el  actor expresó en las pretensiones o petitum lo que quería. No obstante, se  quedó  corto  en  la  exposición  de  los  hechos,  en los que se apoyaban las  pretensiones  solicitadas.  Con  otras  palabras,  los  hechos  expuestos  en la  demanda,  constituyen  apenas  la enunciación del derecho invocado. El actor se  quedó,  por decirlo de alguna manera en el umbral de la exposición de la causa  petendi,  pues,  su  apoderado  no  expresó  los  hechos  fundamentales para la  calificación  de  la acción deducida en el juicio, de lo que dependen aspectos  tales   como   la   legitimación   en   la   causa,   el  interés  para  obrar  etc.”.   

                    

         Sostiene  que el fallador de instancia no hizo ninguna calificación  sino  que,  según  dice,  se  limitó  a  decir  que  se trataba de una acción  extracontractual,  tal  como  se  afirmó  en  la demanda, sin determinar si los  hechos   en  que  se  apoyan  las  pretensiones  la  estructuraban  debidamente,  olvidando  que al demandado no puede exigírsele la indemnización sino en tanto  y  en  cuanto  se  hayan  acreditado  los presupuestos de tal responsabilidad y,  adicionalmente,  que  los  elementos que identifican la correspondiente acción,  encuentren  cabal  expresión  en los hechos y las pretensiones contenidos en la  demanda.  Agrega  que  “no le basta al juez establecer en la sentencia que una  determinada  norma abstracta del legislador contempla la situación concreta que  en  el  libelo se plantea, sino que es indispensable verificar que la acción es  intentada  por  el  titular  del  derecho  contra  la  persona obligada y,   adicionalmente,  que  quien  la  ejerce  tiene  interés  para hacerlo. Al actor  incumbe  entonces,  demostrar  la  legitimación  en  la causa, por activa y por  pasiva  y además que tiene interés para accionar, lo que en tratándose de una  acción  extracontractual  no  es  otra  cosa  que  afirmar la existencia de los  perjuicios  sufridos  y la demostración de los mismos”. Sostiene adelante que  el  fallador  de instancia se dejó guiar por la afirmación de la demanda en el  sentido  de  que  la  indemnización  es un derecho que nace en el momento de la  muerte  de  los  señores…y  que  tal declaración lo excusaba de demostrar el  interés  que  tenían  para  exigir  de AVIANCA el reconocimiento y pago de una  indemnización  en  ejercicio  de  una  acción  extracontractual que, estima el  recurrente,  era la “razón para pedir” en este caso derivada de afirmar que  el  demandado  le  había causado un perjuicio, en que consistía, su extensión  etc,  a  lo  que  agrega  que  “desde  luego  que  tal  interés es una de las  condiciones   de  la  acción  que  deben  tenerse  en  cuenta  al  proferir  el  correspondiente  fallo”  y  que, de no existir, solamente puede producirse una  sentencia  “desestimatoria  de  las pretensiones, por encontrarse frente a una  inepta  demanda,  es  decir,  ante  la  ausencia  en  el  proceso  de uno de los  presupuestos  procesales”,  concluyendo  así que, en este asunto, el Tribunal  se  encontraba  frente “a un petitum y una causa petendi” que no coincidían  y  el  razonamiento  que  le  permitió unirlos para fallar de fondo, según sus  dichos,  solo pudo obedecer a una “errada interpretación” de donde se sigue  que   “el  tribunal,  so  capa  de  interpretar  una  demanda  que  no  podía  interpretar,   actuó  ‘ad  libitum’,   alteró  los  hechos  constitutivos  de  la  misma,  mejor  diría  los  recreó,  y por ende,  modificó  también  las bases sobre las cuales se trabó la relación jurídico  procesal”.   

                              

         En   fin,   manifiesta   la   censura  que  “según  un  principio  fundamental  del  derecho procesal sin interés no hay acción, esto es, para el  caso  que  nos  ocupa,  que  no  puede  demandarse la indemnización de daños y  perjuicios  sino  (sic)  se  ha  sufrido  perjuicio  alguno.  En  la  demanda no  afirmaron  los  demandantes como causa petendi el haber sufrido perjuicios. Esta  absoluta  vaguedad  de  la causa petendi fue recreada a su gusto por el fallador  de  instancia  que  so  pretexto de una lógica y razonada interpretación de la  demanda,  concluyó  que  si era del caso condenar a la aerolínea demandada por  concepto de perjuicios materiales, los que liquidó”.   

Se considera:  

        Para  despachar este cargo, cumple empezar señalando que, luego de  leer  la  demanda  inicial del proceso y de compararla con el fallo que sobre su  mérito  decidió,  se advierte con suma facilidad que el Tribunal no alteró el  contenido  objetivo de ese escrito, ni en su causa de pedir ni en las peticiones  formuladas,  y  que, por lo tanto, no incurrió al respecto en el yerro de hecho  que  le  endilga  el  censor,  porque  tal  como  se  dejó  dicho en el estudio  realizado  para  examinar  el  cargo  que  antecede,  la sentencia declaró a la  compañía  demandada  responsable  del accidente aéreo ocurrido el 17 de marzo  de  1988  en  jurisdicción municipal del Zulia, y en consecuencia la condenó a  indemnizar  los  daños  por  los demandantes experimentados, lo que sin lugar a  duda  corresponde  a la cuestión de fondo que aparece fácticamente sustanciada  y  jurídicamente  individualizada en la demanda que al proceso le dio comienzo,  de   acuerdo  con  los  datos  que  en  dicho  escrito  fueron  consignados  con  observancia  de  los  requisitos  que  para  el  efecto  contempla  el  Art.  75  (numerales  5  y 6) del Código de Procedimiento Civil, normas estas que como se  sabe,  inspiradas  por  cierto en una larga tradición imperante en la práctica  forense  española desde el Siglo XVI, tan solo le exigen al actor indicar en su  libelo  los componentes fácticos adecuados para identificar, con la perspectiva  propia   del  título  que  en  derecho  es  suficiente  para  justificarla,  la  pretensión   incoada,   por   manera   que   en  este  sistema  llamado  de  la  “sustanciación”,   a  diferencia  de  lo  que  parece  dar  a  entender  el  recurrente  en  el  cargo  que  se  estudia,  no es condición para la idoneidad  formal  de  la demanda el que se puntualicen todos los pormenores que se estimen  relevantes  en  las  súplicas  (petitum)  o  en  los hechos que las fundamentan  (causa  petendi),  sino que basta fijar “… los que son primordiales en orden  a  especificar el origen y la identidad de la pretensión …” (G.J. Tomo CII,  pág.  38),  poniendo  al  descubierto  desde un principio la conexión que debe  haber  entre  el estado de cosas antecedente que originó el litigio, el fin que  se  aspira  alcanzar  al entablar la demanda y el tipo de pronunciamiento que se  solicita para que sobre ella recaiga.    

        Cosa  muy diferente es que en cuanto al interés y la legitimación  de  los demandantes, derivados de la calidad en que actúan y en la que reclaman  la  indemnización,  el casacionista considere que se trata de circunstancias no  demostradas  dentro del proceso, motivo de inconformidad que, tal como se deduce  de  la  lectura  de  la acusación formulada, viene a ser en realidad el soporte  del  cargo.  En  efecto,  en  la  acusación se leen aseveraciones del siguiente  tenor:  “al  demandado  no puede exigírsele la indemnización sino en tanto y  en  cuanto  se  hayan  acreditado los elementos de tal responsabilidad”, “al  actor  incumbe  entonces,  demostrar legitimación en la causa, por activa y por  pasiva  y  además  que  tiene  interés para accionar, que entratándose de una  acción  extracontractual  no  es  otra  cosa  que  afirmar la existencia de los  perjuicios  sufridos  y  la  demostración  de  los  mismos”,  el  fallador de  instancia  se  dejó  guiar  por  la  afirmación  de  la  demandada  de  que la  indemnización  es  una  derecho  que  nace  en  el  momento de la muerte de los  señores….”,  que  “tal  declaración lo excusaba de demostrar el interés  que   tenían   para   exigir  de  AVIANCA  el  reconocimiento  y  pago  de  una  indemnización  en  ejercicio  de  una  acción extracontractual”, y que “la  conclusión  obvia,  que  surge de la inexistencia del interés en cabeza de los  demandantes,  es  que  el juez no podía dictar una sentencia condenatoria sino,  por  el contrario una desestimatoria de las pretensiones, por encontrarse frente  a  una  inepta  demanda,  es decir, ante la ausencia en el proceso de uno de los  presupuestos procesales”.   

                              

         Se  sigue,  entonces,  de  las  anteriores  transcripciones  que  el  recurrente  de  lo  que  se  duele,  no  es  de la equivocada inteligencia de la  demanda  resultante  de  haberse  incurrido  en  un  falso supuesto acerca de su  materialidad  objetiva,  sino  de  no  haberse demostrado por los demandantes la  legitimación  sustancial  para obrar y el interés que les asiste para reclamar  la  indemnización  a  cuyo  pago  fue condenada la empresa de transporte aéreo  demandada,  críticas  éstas  que  indudablemente  no  tienen  relación con la  apreciación  que  de  la  demanda  realizó  el  Tribunal,  sino con las piezas  probatorias  que  le permitieron dar por acreditadas esas condiciones de las que  depende  el  acogimiento  judicial  de la acción y que, en efecto, han de estar  demostradas  dentro  del  proceso para que pueda emitirse sentencia estimatoria,  lo  cual  conduce  a  que  en  casación,  si se entiende que tales elementos no  cuentan  con  la  prueba necesaria para tenerlos por acreditados, lo que se debe  combatir  específicamente es la apreciación judicial de las piezas probatorias  de  las  cuales  los haya deducido, bien porque las supuso cuando en realidad no  existían  o  porque  interpretó  indebidamente  otras  que  no  ofrecían  tal  demostración  o,  si  se trata de error de derecho, porque las pruebas de donde  dedujo  la legitimación o el interés que se consideran no existentes, adolecen  de  algún  defecto  en su producción que no permite utilizarlas como fuente de  certeza judicial.   

         Basta,  pues,  cuanto  queda  dicho  para desechar el segundo de los  cargos   formulados  en  el  escrito  sustentatorio  del  recurso  de  casación  interpuesto por la parte demandada en este proceso.   

         Cargo  Tercero.  Con  apoyo  en  la causal  primera  del  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  acusa  la  sentencia   impugnada   de   haber  quebrantado  directamente,  por  aplicación  indebida,  los  arts.  1006,  1880, 1881 del Código de Comercio, los artículos  1613  y  2341  del Código Civil, y el artículo 8o. de la Ley 153 de 1887, así  como  también,  por  falta  de  aplicación,  el  artículo  2356  del  Código  Civil.   

         En  apoyo  de la tesis que acaba de indicarse, asevera el recurrente  que  según  se  lee  en la demanda, el proceso fue iniciado en ejercicio de una  acción  “extracontractual”  y  que el fallador de instancia, en “correcta  inteligencia”  sobre  el punto, llega a la misma conclusión, determinando que  la  responsabilidad  que se reclama proviene de la presunta inobservancia de una  norma  de  conducta  que ocasionó daño a los demandantes y se pretende obtener  la   reparación  del  daño  causado  al  interés  personal  de  cada  uno  de  ellos.                                                                                                           

            Transcribe  a  continuación varios apartes de la sentencia impugnada para luego  sostener  que  “ellos  dejan  ver claramente, la aplicación de los artículos  1006,  1880,  1881  del  Código  de  Comercio  y  1613  del  Código  Civil”,  explicando  a  continuación  que cuando un pasajero muere durante la ejecución  de  un  contrato  de  transporte,  los  causahabientes pueden ejercer la acción  contractual  o  la  extracontractual  sin que les sea dado acumular ambas en una  misma  relación jurídica, dada la diferencia en cuanto a la titularidad de las  acciones  que  cada  una  de  ellas  engendra,  el tipo de perjuicios que pueden  reclamarse  y  el  contenido  de  las  obligaciones que sancionan, agregando que  “no  es  posible  tampoco  al  juez  fallar una de estas responsabilidades con  normas  propias  de  la  otra. En otras palabras, dado el régimen jurídico que  gobierna   tanto   a   la   responsabilidad   civil   contractual   como   a  la  extracontractual,  no  es  posible  decidir  procesos  en los que se debata esta  última  con  normas  que  gobiernan  a la primera y viceversa”, argumento que  llevado  al  caso de autos, conduce a concluir que el juez “ha debido estudiar  el  proceso  y  por ende la presunta responsabilidad de la demandada a la luz de  las  disposiciones  legales  que  gobiernan la responsabilidad extracontractual,  desde  luego  que  esa  fue  la  que  invocaron  los demandantes al instaurar el  correspondiente  proceso y así lo determinó claramente el tribunal (…) queda  patentizado,  entonces,  que  el  fallador  de instancia hizo actuar en la causa  sometida   a   su  composición,  normas  de  carácter  sustancial  que  no  lo  regulaban”  refiriéndose a los artículos 1880 y 1881 del Código de Comercio  relativos  al  transporte  aéreo de pasajeros que, según dice, “por voluntad  de  los  accionantes  no  tiene  relievancia  en  el  presente  proceso, pues la  hipotética  obligación indemnizatoria de AVIANCA se hace derivar no del citado  acto   jurídico,   sino   de   la   presunta   infracción   de  una  regla  de  conducta”.   

                              

            Concluye  el  recurrente  su argumentación apuntando que si bien es cierto que,  tanto  la  responsabilidad  contractual como la extracontractual descansan sobre  el  concepto de “culpa” y ambas suponen la existencia de un perjuicio, “no  es  indiferente  la  manera  como  el  juez  de  la causa llegue a establecer la  responsabilidad  en  cabeza  del  demandado”,  y  añade que, en este caso, se  estableció  la  responsabilidad  aquiliana  de  la  demandada  con  base en los  artículos  1880 y 1881 del Código de Comercio, normas reguladoras del contrato  de  transporte,  y  que  “es  posible  que  de  haber  aplicado las normas que  gobiernan  la  responsabilidad  aquiliana, en nuestro sistema legal, el fallador  hubiera  llegado  a  condenar  al pago de perjuicios de manera similar a como se  hizo  en  el  presente  caso.  Si  bien  eso  es posible desde el punto de vista  teórico  procesal,  no  queda  ninguna  duda  que  en  el  caso  de autos, a la  aplicación  de los arts. 1613 y 2341 del Código Civil y el artículo 8o. de la  Ley  153  de  1887,  normas  con  fundamento  en los (sic) cuales el fallador de  instancia   condenó   y   liquidó   los   perjuicios   materiales   y  morales  respectivamente,   éste   llegó   por   la  senda  equivocada,  propia  de  la  responsabilidad contractual”.   

Se considera:  

                    

           1.  En orden  a  decidir sobre este cargo, preciso resulta recordar una vez más la diferencia  existente  entre  las  dos fases que le son inherentes a la vía de impugnación  que  consagra el numeral 1º del Art. 368 del Código de Procedimiento Civil, la  cual  tiene  como  supuesto básico para su prosperidad, la violación de la ley  sustancial  a  la  que  puede  llegarse por dos caminos cuya distinción no debe  olvidarse  atendiendo  a  los  importantes  efectos  que encierra. El primero de  tales  rumbos implica de suyo la exclusión de todo reparo sobre la apreciación  de  pruebas  y,  por  lo  tanto,  la impugnación se concreta derechamente en la  imputación  al  fallo  de quebrantamiento de la ley sustancial que se considera  inaplicada,  indebidamente  actuada  o mal interpretada por el juzgador frente a  un  cuadro  fáctico  bien  visto  a  través  de  la evidencia disponible en el  proceso,  mientras  que el segundo parte de la existencia de errores probatorios  de  hecho  o  de  derecho  atribuibles  a  la  sentencia  y  determinantes de la  infracción  de  normas  de  derecho  sustancial  por falta de aplicación o por  aplicación  indebida.  Es decir, la violación directa se da independientemente  de  todo  yerro en la estimación de los hechos, o sea, sin consideración a los  medios   de   convicción  tenidos  en  cuenta  para  la  construcción  de  las  proposiciones  en  que se funda el fallo proferido o, como lo ha dicho la Corte,  cuando  “…  tampoco existe reparo que oponer contra los resultados que en el  campo  de  la  cuestión fáctica haya encontrado el fallador, como consecuencia  del  examen  de la prueba…”(G.J. Tomo CXLVI, pág. 60); por el contrario, la  violación  es indirecta cuando el fallador deja de aplicar una norma que regula  el  caso  o  aplica  una que le es extraña por haber incurrido en errores de la  naturaleza  atrás  señalada,  y  es  precisamente  en  obedecimiento  a  estas  nociones  que  cuando se formula un cargo por la vía directa, resulta claro que  el  recurso  no  puede  separarse  en  lo más mínimo de las conclusiones a que  llegó  el  fallador en la determinación de los hechos; el único análisis que  puede  formularse como sustento de un cargo formulado con tal perspectiva, ha de  limitarse  a  las  normas  sustanciales  que  considere  inaplicadas,  aplicadas  indebidamente  o  interpretadas  en forma equivocada, con absoluta prescindencia  de  consideraciones  que  discrepen  de la apreciación del juzgador en el campo  fáctico  y  que  persigan,  por ende, un nuevo examen crítico centrado en este  aspecto específico de la controversia.   

            Y  con  relación  a  la  trascendencia  de  los  errores  que se denuncian invocando la  causal  primera  de  casación, se tiene por sabido que no obstante la presencia  de  un  yerro  por  más ostensible que pueda parecer, éste no conduce en forma  automática   a  la  casación  del  fallo  pues  para  que  esto  suceda,  debe  adicionalmente   demostrarse   que  tal  equivocación  tiene  la  trascendencia  suficiente  para  que, de no haberla cometido el juzgador, el fallo habría sido  diferente  al  recurrido,  convirtiéndose por lo tanto en causa eficiente de la  decisión  censurada.  Al  respecto  esta  corporación  tiene  señalado que la  violación  a la ley sustancial solo funda el recurso de casación y da lugar al  quiebre  de  la  sentencia  de  instancia  cuando  es trascendente, o sea cuando  repercute  o  incide  en  la  decisión a tal punto que sin ella el juez habría  fallado  el  pleito  en  sentido  diverso,  favorable  a  los intereses de quien  recurre.  El  artículo  374  del   Código  de Procedimiento Civil así lo  exige,  al estatuir que en la demanda de casación debe determinarse la clase de  error   que   se   hubiere   cometido  ‘y  su  influencia  en  la violación de norma sustancial’, luego carece de esta condición y por  ello  no  conduce  a la infirmación de la sentencia impugnada, el yerro de jure  que,  como  el  de  facto,  a pesar de existir, no lleva al juzgador a fallar el  caso  litigado  en  forma  distinta  a  la  que  legalmente corresponde (G.J. T.  CLVIII, pág. 24).   

            2.  En  el  desarrollo  del  cargo  que  ocupa la atención de la Corte, se señala como  errónea  la  aplicación  que  el  ad quem  hizo  de  normas que, según el recurrente, están reservadas para  regular  la  responsabilidad  contractual a cargo del transportador de pasajeros  por  aire,  sosteniendo  que los artículos 1880 y 1881 del Código de Comercio,  referentes  a esa modalidad de contratación y aplicados por el fallador, “por  voluntad  de  los  accionantes no tiene relievancia en el presente proceso, pues  la  hipotética  obligación  indemnizatoria  de  AVIANCA se hace derivar no del  citado  acto  jurídico,  sino  de  la  presunta  infracción  de  una  regla de  conducta”,  afirmación que en un primer análisis, permite inferir que lo que  se  denuncia  en  realidad es una supuesta desatención imputable al Tribunal de  los  elementos  que permiten definir la naturaleza de la acción que en realidad  hicieron  valer los demandantes quienes, según dice, derivan la responsabilidad  de  la demandada, no del transporte concebido como negocio jurídico incumplido,  sino  de  la  presunta  infracción  por  parte de esa misma entidad de un deber  general  de  seguridad,  con  desvinculación  de  toda obligación convencional  preexistente;  se  trata, pues de una acusación cuyo contenido no es propio del  motivo  concreto  de casación aducido pues, valga recordarlo, las impugnaciones  orientadas  por  la  vía  que autoriza en su primera parte el numeral 1º   del  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil, exigen entre otras cosas  que  el  recurrente no se separe de las conclusiones a que llegó el fallador en  la  ponderación  de los medios obrantes en el proceso y por lo mismo no muestre  inconformidad  ninguna  con  la concepción que de las circunstancias materiales  constitutivas del litigio, tuvo dicho organismo.   

           Teniendo  en  cuenta  lo  anterior,  resulta  por  lo  menos  significativo que el cargo aquí  analizado  se  hubiera  formulado cuando el recurrente era sabedor de que no era  factible  tener  por demostrada la influencia en la decisión del presunto error  denunciado,  advertencia que dejó clara al afirmar en el texto de su demanda de  casación  que  “es  posible que de haber aplicado las normas que gobiernan la  responsabilidad  aquiliana,  en  nuestro  sistema  legal,  el  fallador  hubiera  llegado  a condenar al pago de perjuicios de manera similar a como se hizo en el  presente caso”.   

         

         Se   sigue   de   lo  anterior  que  este  cargo  cae  irremediablemente  en  el  vacío.           

-Sección Segunda-  

                    RECURSO  DE  LA  PARTE ACTORA            

          Cargo  Tercero.  En este cargo se acusa el  fallo  de  infringir  indirectamente, a consecuencia de error evidente de hecho,  por  falta  de aplicación, (sic) los artículos 174, 187, 233, 241 y 308 del C.  P.  C.  y  los  artículos  1613,  1614, 1615, 1616, 1617, 1626, 1627 y 1649 del  C.C., 8o. de la ley 153/87, y 1880 del C. Co.   

         El  defecto  así  puntualizado  -dice  la  correspondiente demanda-  consiste  en  que la corporación sentenciadora no tuvo en cuenta “ … o tuvo  por  inexistente  …”  el  peritaje  que  por iniciativa oficiosa del juez de  primera  instancia,  obra  como  prueba  en  el  expediente  y que rindieron los  peritos  Nelson  Charris  Coronado y Nestor (sic) Carbonell Acosta, dictamen que  no  objetó  ninguna  de las partes, desacierto este que condujo al Tribunal “  …  a  negar la indemnización plena del daño causado (..) permitiendo así el  enriquecimiento sin causa de Avianca …”.   

         Sostiene  el  recurrente  en apoyo de su tesis que al Tribunal no le  estaba  permitido pretermitir el aludido peritaje pues fue legalmente aducido al  proceso;  incurrió  así  en  una evidente conducta omisiva “… respecto del  peritaje  …” que lo llevó al quebranto indirecto de las normas sustanciales  indicadas   en   el   encabezamiento   del   cargo,   favoreciendo  el  indebido  enriquecimiento  de  la  compañía  demandada  a  costa de los demandantes para  quienes   la   indemnización  que  tienen  derecho  a  percibir  sufre  injusto  menoscabo.   

         

Se considera:  

         1.  Como  ya se dejó indicado en las consideraciones efectuadas con  ocasión  del  cargo  tercero de la demanda de casación presentada por AVIANCA,  incurre  el  fallador  en  infracción indirecta de normas de derecho sustancial  cuando  el  origen  de  su  desacierto  se  encuentra en la verificación de los  hechos  a  la  luz  del  elenco probatorio disponible en el proceso, deficiencia  esta  en la que como se sabe, puede verse incurso el Tribunal a causa de errores  de  hecho  o  de  derecho  en  la  apreciación  de dicho material demostrativo,  errores  que  para los fines propios del recurso de casación, además deben ser  trascendentes  en  tanto  determinantes  de  una  equivocada  percepción  de la  situación  fáctica  litigada  de tal naturaleza que, de no haber ella mediado,  otro  habría tenido que ser el juicio jurisdiccional emitido y otro también el  resultado final de la causa.   

         En  este orden de ideas, la doctrina jurisprudencial ha afirmado con  particular  énfasis  (G.J.  Tomo  CXXIV, pág. 448) que el error de hecho en la  apreciación  probatoria,  punto  de partida según acaba de verse en una de las  fases  de  la primera causal de casación, se da en ciertos casos de excepción,  a  saber:  a)  Cuando  el sentenciador supone prueba inexistente en el proceso y  por  ende  sus  apreciaciones  se  basan en elementos de convicción engendrados  imaginativamente;  b)  Cuando  ignora  por  inadvertencia  o  falta de cuidadosa  observación  la  prueba que sí existe en autos, siendo de advertir que en este  evento  no  es  dable presumir esa ignorancia “… cuando las conclusiones del  pronunciamiento  se justifican a la luz de esas mismas pruebas …” (G.J. Tomo  CXVII,  pág.  119);  y  en  fin,  c) Cuando altera la objetividad de la prueba,  adicionando  o  mutilando  su  real  contenido. Unicamente en estos supuestos se  ofrece  el  tipo  de  error probatorio del cual viene haciéndose mérito, o sea  que  se  configura  esa  notoria  contraevidencia  que  en casación debe quedar  demostrada   ineludiblemente  para  que  la  respectiva  acusación  no  resulte  inoperante.   

         

         2.  Dentro del expediente que contiene el proceso al que le puso fin  la  decisión  de  segunda  instancia  objeto del presente recurso de casación,  observa  la Corte que por auto del 6 de febrero de 1991 el Juzgado Tercero Civil  del  Circuito  de  Barranquilla,  haciendo  uso  de  la facultad otorgada por el  artículo  180  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  ordenó  de  oficio  la  práctica  de  algunas  pruebas  entre las que se encuentra un dictamen pericial  “con  el  fin  de  establecer la vida probable de los señores César Humberto  Contreras  Chaustre, Oscar Montes Gamboa y León San Juan Baptista, partiendo de  la  que  tenían  al  momento  de su muerte y se determine la cuantía de lo que  hubiesen  producido  desde  la  fecha  de la muerte hasta la fecha límite de su  vida  probable,  teniendo como base los ingresos o productividad de cada uno que  aparece  en  el expediente”, y para tal efecto designó como peritos a Nelsón  Charris  y Martha Carbonell quienes se posesionaron el día indicado y rindieron  su  dictamen  el 29 de agosto de 1991, experticia de la cual, por auto del 19 de  septiembre  del mismo año, se ordenó dar traslado a las partes por el término  de  tres  días  sin  que  ellas hayan manifestado reparo alguno acerca de dicho  trabajo y sus conclusiones.   

         Teniendo  en  cuenta  que  no  se  observa  en  el  texto  del fallo  recurrido  mención  alguna  al  citado  peritazgo que permita deducir que el ad  quem,  al ocuparse de establecer la existencia del daño indemnizable y efectuar  su  valuación  pecuniaria,  tuvo  alguna  razón para hacerlo de lado, no queda  otro  camino  que  afirmar  que,  simplemente,  tal  prueba  no fue vista por el  Tribunal,  incurriendo  así  en patente error de hecho que impone, desde luego,  declarar  próspero  el  cargo  tercero  en estudio y, por lo tanto, infirmar la  sentencia  recurrida  en lo que hace a la extensión de la indemnización que la  compañía   de   aviación   demandada  debe  satisfacer  a  cada  uno  de  los  demandantes.   

IV. LA SENTENCIA SUSTITUTIVA  

         En  firme  la  definición de la responsabilidad patrimonial a cargo  de  la  entidad demandada, queda pendiente, para reemplazar en sede de instancia  la  decisión  infirmada,  determinar el alcance de los perjuicios resarcibles y  la  fijación en cifra numérica concreta de la respectiva deuda indemnizatoria,  aspecto  que debe incluir la estimación actualizada del daño que para cada uno  de  los  demandantes  significó la muerte de su esposo o padre. En consecuencia  estima  la  Corte  indispensable  hacer  uso  de  la  facultad  contenida  en el  artículo  240  del  Código de Procedimiento Civil, para solicitar a los mismos  peritos  que  rindieron  el  dictamen  fechado  el  29  de agosto de 1991 que lo  complementen actualizándolo a la fecha.   

DECISION  

         En  mérito  de  las consideraciones que anteceden, la Corte Suprema  de  Justicia  en  Sala  de  Casación Civil y Agraria, administrando justicia en  nombre   de   la   República   y   por   autoridad   de   la  ley  CASA  la sentencia que en el proceso de la  referencia  dictó el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla el  16  de  abril  de  1993,  y  antes de adoptar en instancia la decisión que debe  reemplazarla:   

RESUELVE:  

                              

         Disponer  la complementación del dictamen pericial rendido el 29 de  agosto  de  1991,  con  el fin de que en un término no mayor a diez (10) días,  los  peritos  establezcan  en  cantidad numérica cierta, el valor actual de los  perjuicios  reales  que  a la fecha, para cada uno de los demandantes significó  la  muerte  de  su  esposo  o  padre,  debiendo  los  expertos,  con vista en el  expediente  y  de  acuerdo  con el mismo método por ellos seguido en el trabajo  inicial  cuya  complementación  aquí  se ordena, tomar en consideración, para  efectuar  la  liquidación correspondiente, los siguientes elementos: a) La vida  probable  de  las  actoras  en el caso de las viudas y el tiempo durante el cual  los  hijos  debían  recibir ayuda económica de los padres; b) la vida probable  de  las  víctimas fatales del accidente tantas veces citado, factores que desde  luego  deben  relacionarse,  con los anteriores en orden a fijar la duración de  los  períodos  indemnizables  a  que hubiere lugar; c) la asistencia económica  que,  dadas  las  condiciones particulares y en la hipótesis de que no hubieran  fallecido  el  17  de  marzo  de  1988,  fecha  en la cual acaeció el insuceso,  habrían  estado  en  capacidad  de  suministrarle  a sus esposas e hijos por el  resto  de  la  vida  probable de cada uno de ellos, Humberto Contreras Chaustre,  Oscar  Montes  Gamboa  y  León San Juan Baptista, teniendo en cuenta el ingreso  mensual  que  realmente recibían, sus aptitudes laborables, las perspectivas de  razonable  progreso  a  ellas  inherentes  como los incrementos salariales y los  gastos  en  que  con  seguridad  una  persona de la condición de los fallecidos  podría incurrir.   

         Con  el  fin de que sean adoptadas todas las medidas necesarias para  que  tenga  cabal  cumplimiento esta providencia, con amplias facultades legales  incluidas  la  de  disponer  el  relevo de los peritos si a ello hubiere lugar y  designar  otros que los sustituyan, así como también la de ordenar el traslado  del  dictamen  complementario  de  conformidad  con  el Art. 238 Numeral 4º del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  fijar  los honorarios correspondientes, se  comisiona  al  Juzgado  Tercero Civil del Circuito de la ciudad de Barranquilla.  Por Secretaría líbrese despacho con los insertos del caso.   

         Ante  la  prosperidad del recurso que hizo valer la parte actora, no  procede  imponer  condena por concepto de costas; y son de cargo de la demandada  las  causadas en la actuación a que dio origen el recurso de casación por ella  interpuesto. Tásense en su oportunidad.   

         COPIESE, NOTIFIQUESE Y CUMPLASE   

         JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ   

         NICOLAS BECHARA SIMANCAS   

         JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES   

         

         CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS   

         PEDRO LAFONT PIANETTA   

         RAFAEL ROMERO SIERRA   

         JORGE SANTOS BALLESTEROS     

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