S 022 97

1997

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

S-022-97

                                     CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA   

                                                       SALA    DE    CASACION   CIVIL   Y  AGRARIA   

                                         

Magistrado Ponente:  

                   CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS   

Santafé de Bogotá, D.C., diecisiete (17) de  Junio de mil novecientos noventa y siete (1997).-   

                                Referencia:     Expediente     No.  4781   

          Se  decide  por  la Corte el recurso de casación interpuesto por la  parte  demandada contra la sentencia de fecha veinticuatro (24) de septiembre de  l993,  proferida  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Sincelejo  para  ponerle  fin, en segunda instancia, al proceso ordinario de mayor cuantía  seguido  por  DISTRIBUIDORA  DIANA  &  CIA.  LTDA.  contra  GASEOSAS DE SUCRE S.  A.   

         

                                     I.  EL LITIGIO   

          1.-  Mediante  escrito  presentado  el  dieciocho (18) de octubre de  1988,  cuyo  conocimiento correspondió al Juzgado Primero Civil del Circuito de  Sincelejo,  el  representante  legal  de  la sociedad DISTRIBUIDORA DIANA Y CIA.  LTDA.  entabló  demanda  contra  la  sociedad GASEOSAS DE SUCRE S. A. para que,  previos  los  trámites  correspondientes,  se  declare que esta última entidad  quebrantó,  sin  justificación  alguna, el contrato comercial de distribución  de  productos  industriales, celebrado el 1° de febrero de l987 con un término  de  duración  de  84  meses,  y  que  por  lo tanto dicho contrato “ha       quedado       resuelto”.  Consecuentemente,  solicita que se condene a la sociedad demandada al pago de la  correspondiente  indemnización  por  concepto  del  daño emergente y del lucro  cesante  dejado  de  devengar  hasta  el  término  contractual antes señalado,  teniendo  en  cuenta  las comisiones dejadas de percibir, apreciadas en promedio  de  trescientos mil pesos ($300.000.oo) mensuales, “a  partir    del   1°   de   mayo   de  1988  hasta  el  1°  de  febrero  de  1994”,  con  la  consiguiente condena en costas y en  agencias en derecho.   

          Para  sustentar  sus  pretensiones,  la sociedad actora señaló los  hechos que a continuación se resumen:   

          a-.  El  primero  (1º)  de  febrero  de  l987 las partes en litigio  celebraron  un  contrato  cuyo  objeto  es  la  distribución  exclusiva  de los  productos  de  GASEOSAS  DE  SUCRE  S.A. por parte de la firma demandante, a los  precios   establecidos  por  la  vendedora,  obligándose  aquella   en  su  condición  de  distribuidora  a  pagar  al  contado  y  a mantener el vehículo  adecuado  para  ejecutar  la  actividad así descrita. Igualmente, celebraron un  segundo  contrato  de  compraventa  de  un  vehículo automotor con garantía de  prenda  sin  tenencia  en  favor  del vendedor, con pacto de retroventa y con la  obligación  de  dedicarlo exclusivamente a la distribución de los productos de  GASEOSAS DE SUCRE S.A.   

          b.  En  el  primero  de  los  contratos  mencionados se estipuló un  término  de  duración  de 84 meses y se dejaron expresamente detalladas, en la  cláusula  10°,  las  causales  de  terminación  unilateral  por  parte  de la  compañía  vendedora, causales que habrían de tener operancia siempre y cuando  se   diera   el   correspondiente   aviso  previo  con  treinta  (30)  días  de  anticipación.   

          c.  En  caso  de  incumplimiento,  parcial o total, los contratantes  pactaron,  en  la cláusula sexta, que DISTRIBUIDORA DIANA Y CIA. LTDA. pagaría  a  GASEOSAS DE SUCRE S. A. la sanción allí establecida, y a su vez estipularon  en  la  cláusula  décimo  séptima  (17) del contrato tantas veces mencionado,  «las  diferencias  que ocurran o se susciten entre las  partes  en  virtud de la aplicación o interpretación de este contrato y que no  pudieran  solucionarse  directamente  por ellas, se someterán a la decisión de  tres    árbitros    quedando    así    pactada   expresamente   la   cláusula  compromisoria”.   

          d.  Fue  así  como  el  treinta  (30) de abril de 1988, la sociedad  demandada  dio  por terminado unilateralmente el contrato sin mediar el preaviso  establecido   y   sin   que  hubiese  acaecido  ninguna  de  las  circunstancias  previamente  convenidas, para hacer valer dicha prerrogativa, y se le puso fin a  la vez al contrato relacionado con la compraventa del vehículo.   

          e.  En  razón  de  los  hechos descritos, la sociedad distribuidora  solicitó  copia  auténtica de los contratos y expresó su inconformidad por la  terminación  del contrato por causa no ajustada a las estipulaciones del mismo,  manifestando  a  continuación  a  GASEOSAS DE SUCRE S.A. que si consideraba que  existía  alguna  discrepancia  en  relación  con la ejecución del contrato de  distribución,     correspondía    darle    aplicación    a    la    cláusula  compromisoria,    sometiendo  el  conflicto  a  decisión  arbitral.  Estas  comunicaciones  no obtuvieron respuesta alguna por parte de GASEOSAS DE SUCRE S.  A.,  sociedad  que,  en cambio, procedió a ejercitar acciones judiciales con el  fin   de   recobrar   el   vehículo   objeto   del  segundo  de  los  contratos  celebrados.   

          2.-  Admitida a trámite la demanda y  notificado  el  auto  admisorio  de  la  misma  a la compañía demandada, ésta  última,  por fuera del término del correspondiente traslado, dio contestación  aceptando  unos  hechos,  solicitando  la  prueba  de  otros  y proponiendo como  excepciones      de      fondo      las      que     denominó,     “inexistencia  de  la  obligación  y  falta  de  interés  en  la  pretensión”, y “contrato  no  cumplido”.   A  su  vez,  como  excepciones  previas  y  en escrito separado visible a folios 39 y 40 del cuaderno 1) propuso  la  de falta de competencia del juez, en virtud de la existencia de la cláusula  compromisoria  pactada  en  el  contrato  cuya  resolución  se  pide,  y  la de  compromiso o cláusula compromisoria.   

          3.-  Dictó sentencia en primera instancia  el  Juzgado  Primero  Civil  del  Circuito  de Sincelejo (F. 73 C. 1) declarando  resuelto  el contrato suscrito el 1° de febrero de l987 entre GASEOSAS DE SUCRE  S.   A.   y   DISTRIBUIDORA   DIANA   &   COMPAÑIA  LIMITADA,  “por  violación  del  mismo  de manera unilateral sin causa justa  legal  ni  contractual  por  parte  de  GASEOSAS  DE  SUCRE S.A.”.  En consecuencia, condenó a la empresa demandada a pagar, en favor  de  la  sociedad demandante, por concepto de daño emergente y de lucro cesante,  la  cantidad  de  veinte  millones  cuatrocientos  mil  pesos ($20.400.000.oo) a  partir  de  la  ejecutoria  del  respectivo fallo, imponiéndole finalmente a la  demandada  la  obligación  de  pagar las costas causadas durante el curso de la  primera instancia.   

          4.-  Contra  lo  así  decidido  interpuso  apelación  la parte demandada, recurso que, por haber sido concedido, llevó el  proceso  al  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Sincelejo el que, luego  de  rituar  el  trámite de instancia de acuerdo con la ley, dictó sentencia el  veinticuatro  (24)  de  septiembre  de  1993  mediante  la  cual  confirmó, sin  modificación  alguna,  el  fallo  apelado,  imponiendo  a la parte demandada la  obligación de pagar las costas causadas.   

II. FUNDAMENTOS DEL FALLO IMPUGNADO  

           

          Después  de  referirse, para recapitularlos, a los antecedentes del  litigio,  al  trámite  del  proceso  y  al contenido de la sentencia de primera  instancia  cuya  revocatoria  solicita la parte apelante, el Tribunal puntualiza  el  objeto  del  recurso  interpuesto  y  hace  referencia,  someramente,  a los  aspectos  generales  de los contratos bilaterales, dentro de los cuales ubica el  negocio  jurídico  del  cual emerge el litigio, para detener luego su atención  en  el  motivo  aducido  por  la  sociedad demandada para darlo por terminado en  forma  unilateral,  expresando  la  corporación sentenciadora que “… de las  causales  taxativas  en  favor  de  la sociedad demandada para dar por terminado  unilateralmente  el  contrato, no aparece como típica la conducta observada por  la  demandante  el 27 de abril de 1988 al no concurrir a la fila que establecía  el  orden  para  acceder al puesto de revisión por la demandada exigido, por lo  que  (…)  no  puede  ser  invocado  dicho comportamiento para apoyar una causa  justificativa  del  incumplimiento  de  sus  obligaciones por Gaseosas de Sucre,  puesto que esas causas deben interpretarse restrictivamente …”.   

          Con  base  en  lo  anterior,  respecto a la causa que dio lugar a la  terminación  del  contrato, concluye el Tribunal que habiendo consistido en que  la   sociedad   distribuidora   no   atendió   “la  señalización  y  orden  de turnos para llegar a la revisión de envases de los  vehículos  que llegaban con esa finalidad y concretamente con el de la sociedad  distribuidora”,  se  trata  de  un  motivo que no se  encuentra  estipulado  en  el contrato como causa legitima para ponerle fin, por  fuera  de  que, añade, no se demostró que por ese hecho se le hubiese causado,  como  lo  adujo  en  su  momento  la  demandada,  perjuicios  económicos  en su  condición  de  empresa  productora,  perjuicios  que  de  haberse  dado  no  la  exoneraban  tampoco  de  cumplir con la carga del oportuno preaviso, de donde se  infiere  que  “este  proceder  de  Gaseosas de Sucre  implica  necesariamente el incumplimiento voluntario de las obligaciones nacidas  del  contrato en referencia y da entrada a la resolución del mismo…para dejar  sin   efecto   el  vínculo  que  la  ataba  con  aquella,  con  la  consecuente  indemnización de perjuicios que deviene del incumplimiento”.   

          Por  último, establecida así la viabilidad jurídica de la acción  resolutoria  incoada  y en cuanto atañe a los perjuicios cuya reparación exige  la  demandante, el ad-quem encontró ajustada a la prueba recaudada la tasación  que  de  ellos hizo el Juzgado del conocimiento, subrayando que en razón de los  términos  del contrato pueden calificarse como reales aún en relación con los  experimentados  como  consecuencia de su terminación intempestiva por cuanto en  el  expediente  obran  los  medios  probatorios  que  acreditan  las  utilidades  mensuales  obtenidas  durante  la  ejecución  del  negocio,  corroborada por la  conducta   procesal   de   la   sociedad  demandada  que  además  de  contestar  extemporáneamente  la demanda, no compareció, por conducto de su representante  legal,  a  la  diligencia  en  la  que  se  llevaría  a  cabo el interrogatorio  solicitado  por  la  parte  actora,  lo  que  incide  en  que   los  hechos  susceptibles  de  confesión  se  tengan  por  ciertos,  todo ello para terminar  declarando  que  debido a esa misma situación procesal que acaba de señalarse,  “…  tampoco  hubo proposición de excepciones de ninguna naturaleza ni surge  la  prueba  que  configure  alguna declarable de oficio, por lo que nada hay que  resolver sobre este tópico …”.   

III.   LA    DEMANDA    DE   CASACION  Y CONSIDERACIONES DE LA CORTE :   

          Tres  cargos  formula  la  parte demandada en contra de la sentencia  referida,  dos  con  apoyo  en  los  numerales 2 y 5 del Art. 368 del Código de  Procedimiento  Civil,  y el último con fundamento en la primera de las causales  que  dicho  precepto  consagra,  cargos  que  no obstante referirse a errores de  diversa  naturaleza,  tienen  entre  sí estrecha conexión en tanto aluden a la  existencia  de  un pacto arbitral cuyos efectos, al decir del recurrente, fueron  desconocidos   por   la  sentencia  impugnada,  y  por  lo  tanto  hay  lugar  a  despacharlos conjuntamente.   

                     

                          CARGO  PRIMERO   

          Acusa  el  recurrente la sentencia del Tribunal con fundamento en la  causal  quinta  del  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil por haber  decidido   la   jurisdicción   civil   un   litigio   que,  mediante  cláusula  compromisoria  contemplada  en  el artículo 17 del contrato celebrado entre las  partes,  ellas habían confiado a la intervención arbitral, motivo por el cual,  según  lo  afirma,  se incurrió en la causal de nulidad prevista en el numeral  1º  art. 140 del C. de P. C.   

          En  procura de demostrar el cargo, el censor aduce que el demandante  aceptó  la  existencia  de dicha cláusula, como lo hizo igualmente la sociedad  demandada  cuando  invocó  esa  circunstancia  como  sustento  de la excepción  previa  pertinente.  Anota, igualmente, que la mencionada estipulación  se  hizo  al  amparo del artículo 2011 del C. de Co., vigente para la época en que  se   suscribió   el  referido  contrato  que  otorgaba  facultad,  como  sucede  actualmente  con  el Decreto 2279 de 1989 y la ley 23 de 1991, para “someter   a   la   decisión   de   árbitros  las  controversias  susceptibles  de  transacción”, evento en el cual se  renuncia   entonces   a   la   intervención   de   las  autoridades  judiciales  ordinarias.   

          A  continuación, el casacionista se refiere a la jurisdicción como  factor  determinante  para  la  distribución  de  las  funciones encomendadas a  jueces  y  tribunales,  para  resaltar  que  cuando  un  litigio  lo resuelve un  funcionario   que  carece  de jurisdicción y, por ende, de competencia, se  impone   entonces   “la   nulidad   del  respectivo  proceso”,  como  debe acaecer en este caso en el que  la  justicia  civil,  añade,  se  ocupó  de  resolver una controversia que por  determinación  convencional  de  las partes estaba reservada a la jurisdicción  arbitral,  por  lo  que  solicita,  después  de  transcribir  una  opinión  de  doctrina,  que  se  infirme  el  fallo  de  segunda  instancia y en su lugar sea  invalidada toda la actuación surtida.   

                               

                          CARGO  SEGUNDO   

                               

          Mediante  este  segundo  cargo y con apoyo en la causal de casación  que  consagra  el  numeral  2°  del  artículo 368 del Código de Procedimiento  Civil,  se  acusa  la  sentencia del Tribunal de no estar en consonancia con las  excepciones  que  el  juez ha debido reconocer de oficio, pues al  aparecer  demostrada  la  existencia  de una cláusula compromisoria que “ninguna de las  partes  ha  rechazado”,  era  deber  del  Tribunal  reconocer aun de oficio la  respectiva  excepción  como lo dispone el Art. 306 del Código de Procedimiento  Civil.   

          Para  desarrollar  el cargo, dice el casacionista que el Tribunal ha  debido  reconocer  la  ameritada excepción de cláusula compromisoria, y que al  no    hacerlo,    incurrió    en    el    vicio   de   actividad   “llamado  fallo  mínima  petita”  que  hace   que  la  sentencia  así  proferida,  sea  inconsonante  por  no  guardar  correspondencia   con   las   excepciones   que   el  juez  ha  debido  declarar  oficiosamente.   

                     

                          CARGO  TERCERO   

          Por  esta  vía  el censor acusa la sentencia de ser violatoria, por  aplicación  indebida,  de  los  artículos  1602,  1604,  1613, 1614 y 1616 del  Código  Civil,  y  del  2,  822,  824, 830 y 864 del Código de Comercio, y por  falta  de  aplicación  del  art. 306 del C. de P. C., a causa de error de hecho  evidente  en  la  apreciación del contrato de distribución celebrado entre las  partes,  «en  especial por no haber visto la cláusula  decimo  séptima  de ese contrato», prueba que de haber  apreciado  le  habría  permitido aplicar el citado artículo 306 del Código de  Procedimiento     Civil     para    declarar    de    oficio    la    excepción  pertinente.   

          En   efecto,   dice   la  censura,  el  Tribunal   ad    quem                   pasó  por alto el hecho de haberse pactado la  cláusula  compromisoria  y que ello constituye la excepción que con ese nombre  consagra  el  Art.  97  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  incurriendo por  consiguiente  en  error  probatorio  de  hecho que es trascendente por cuanto si  dicho  organismo  hubiera  advertido  “ese  pacto  escrito de los contratantes  “encaminado  a  someter  a  la  decisión de árbitros eventuales litigios que  tuvieron   origen   en   el  contrato  de  distribución  cuya  resolución  por  incumplimiento  declaró la sentencia, entonces “… dando aplicación al Art.  306  del Código de Procedimiento Civil (…) hubiera reconocido en la sentencia  de  segundo  grado  la  excepción  de  cláusula  compromisoria y, entonces, no  habría  dado  aplicación a los artículos citados al principio del cargo, así  como  tampoco  a  los  Arts.  968,  972,  973  y 980 del Código de Comercio que  imponen  la obligación de indemnizar perjuicios al contratante que se le imputa  incumplimiento  del  contrato  …”.              

          Por  eso,  tomando  pie en estas consideraciones, pide el recurrente  en  el  cargo  tercero  que  se  infirme el fallo del Tribunal de Sincelejo y la  Corte,  en  sede  de  instancia,  revoque  la sentencia apelada para en su lugar  declarar  probada  la  excepción de cláusula compromisoria “… que atribuye  el conocimiento de este proceso al tribunal arbitral …”.   

                                     Se  considera:   

          1.  Sabido  es  que  el  arbitraje  privado, a diferencia de lo que  ocurre   tratándose   de   los   procesos   jurisdiccionales  comunes,  es  una  institución  cuyo  fundamento  de obligatoriedad para quienes de ella se sirven  con   el   fin   de   eliminar  una  incertidumbre  motivada  por  controversias  pretéritas,  presentes  o  futuras,  emerge  del  llamado  “negocio jurídico  compromisorio”  que en el ordenamiento positivo vigente en el país, inspirado  por  cierto  en  una arraigada tradición que tiende a desaparecer en el derecho  comparado,  puede  asumir  la forma de un verdadero “compromiso” o apenas la  de  una “cláusula compromisoria”, distinción que al tenor del Art. 2º del  Decreto  Ley  2279  de 1989, atiende en lo esencial al tiempo en que acuerdos de  esta  índole  son  celebrados,  respecto del momento en que cobra actualidad el  conflicto  entre  las partes, y al modo como ellos se ponen de manifiesto frente  al  contrato  en  el  que  dicho  conflicto encuentra su origen. Así, entonces,  cuando  este  último ya ha surgido, el acuerdo que los compromitientes celebran  para  someterlo  al  conocimiento y resolución de árbitros recibe el nombre de  “compromiso  arbitral”,  mientras  que  si  lo que acontece es que, habiendo  celebrado  determinado  contrato  las partes convienen por anticipado en que, de  llegarse  a  presentar  diferencias  futuras  acerca  de  la  inteligencia  o la  aplicación   de   dicho  contrato,  ellas  serán  conocidas  y  resueltas  por  árbitros,  el  acuerdo  así  concertado  y  accesorio  por  definición  a una  negociación principal, se denomina “cláusula compromisoria”.   

          En  este  orden  de  ideas,  entendido  como queda que la cláusula  compromisoria  es el medio del que de ordinario deriva el arbitraje necesario de  fuente  convencional,  bien  puede  decirse  que  por fuerza de un pacto de esta  naturaleza,  ante  un  género determinado de controversias futuras vinculadas a  una  específica  relación  contractual, las partes no tienen absoluta libertad  para  acudir  a  los  tribunales del Estado en demanda de justicia, sino que por  principio  y  en virtud de la cláusula en cuestión, quedan bajo imposición de  recurrir  al  arbitraje.  Es  en consecuencia un convenio accesorio con función  preparatoria   que,   además   de   individualizar  algunos  de  los  elementos  indispensables  para  que  pueda operar el mecanismo de solución alternativa de  conflictos  en  que  el  arbitraje  consiste,  entraña la adhesión de aquellas  mismas  partes al régimen procesal previsto en la ley para el arbitramento y la  renuncia  a  la  jurisdicción  judicial,  todo ello bajo el supuesto de que los  efectos  que  a  la cláusula compromisoria le son inherentes, lejos de agotarse  en  un  juicio  arbitral  único,  deben  proseguir  hasta  que  desaparezca  la  posibilidad   de  hipotéticas  controversias  surgidas  del  negocio  jurídico  principal.   

          2.  De  cuanto  acaba  de  anotarse  acerca  de  la  configuración  jurídica  que le es característica y su razón de ser como una de las especies  en  que suele manifestarse el pacto arbitral, síguese que son de dos clases los  efectos   que   la  cláusula  compromisoria  produce,  unos  de  clara  estirpe  contractual  y  de carácter positivo en cuya virtud quedan obligadas las partes  a  estar  y pasar por lo estipulado, habida cuenta que la situación así creada  en  ejercicio  de  la  autonomía de la voluntad recibe el tratamiento normativo  general  que  señalan los arts. 1602 y 1603 del C. Civil, al paso que otros son  propiamente  procesales  en  la  medida  en  que  al igual que el compromiso, la  cláusula  en  examen  “…da  origen  illico  – es decir aun antes de que los  árbitros  sean  nombrados o acepten o entren de todos modos en función – a una  excepción  de  improcedibilidad  -vg, de incompetencia- ,  proponible ante  la  autoridad  judicial,  siempre  que  una  de  las partes acuda a ella con una  demanda  suya  en  orden  a controversias comprendidas – o que las demás partes  conceptúen  comprendidas – en la cláusula, en cuyo caso decidirá la autoridad  judicial  misma  si  efectivamente  aquella  excepción es o no es fundada…”  (Enrico   Redenti.   Derecho   Procesal   Civil.   Tomo   III,   Cap.6º,   Num.  266).   

          La   principal   consecuencia  de  tipo  procesal  que  provoca  la  existencia  de  una  cláusula compromisoria es, entonces, la de excluir para el  futuro  la  actividad  jurisdiccional de conocimiento respecto de las cuestiones  litigiosas  que  dicha  cláusula  abarca, haciendo posible, por lo tanto,   que   si  uno  de  los  contratantes  entabla  acción  ante  los  jueces o  tribunales  ordinarios,  no  obstante  encontrarse  ella  de por medio, pueda el  otro,  interesado  en  hacer  valer  el  pacto  arbitral  celebrado,  emplear la  excepción  previa  correspondiente  que  en  orden  a  alcanzar  ese objetivo y  separándola  con indudable corrección técnica de las excepciones motivadas en  la  falta  de  jurisdicción  o de competencia, consagra el Num. 3º del Art. 97  del  c  de  P.C.  Pero  a  esta  excepción llamada a operar como un impedimento  procesal  según  quedó  visto,  no le es extraño en modo alguno el fundamento  dispositivo  peculiar de la institución jurídica que le infunde razón de ser,  y  es  por  eso  que  para  evitar los  errores conceptuales en que en esta  materia  con  frecuencia  se  incurre,  errores de los que por cierto suministra  elocuente  ejemplo la demanda de casación en estudio, no debe  pasarse por  alto  que,  en  patente  oposición  a aquello que acontece cuando de arbitrajes  forzosos  de  origen legal se trata – hipótesis esta en la cual toma cuerpo una  prohibición  terminante  para  las partes de acudir a los organismos judiciales  del  Estado  -,  el arbitraje necesario de fuente convencional importa tan sólo  la  renuncia  consensual a servirse de esa vía, de donde se desprende que en el  primer  evento,  no les está permitido a quienes involucra el conflicto, ni aun  de  común acuerdo, prescindir del arbitramento, mientras que en el segundo, por  obra  del  principio  dispositivo  cuyo  predominio  en el ámbito de los pactos  arbitrales  es  axiomático,  pueden  dejarlos  sin  efecto  los  compromitentes  expresa  o  tácitamente, “….expresamente al convenir en ello de ese modo, y  tácitamente  cuando  uno  de los sujetos ligados por la cláusula compromisoria  demanda  ante  un  juzgado y la contraparte no se excepciona, casos ambos en los  cuales  los  interesados  entran,  lícitamente, en un campo procesal que según  dicha  cláusula  les  estaba  vedado…” (Dante Barrios de Angelis. El Juicio  Arbitral. Cap. II, Num.7).   

         

          3.  Durante  la vigencia del artículo 2011 del Código de Comercio,  las  sociedades  intervinientes  en el presente proceso formalizaron un contrato  de  distribución  de productos dentro del cual acordaron someter los diferendos  que  pudiesen  provenir  de dicho contrato a decisión arbitral. Posteriormente,  cuando  la  norma  legal  en  mención  fue derogada, y en vigencia entonces del  Decreto  2279  de  1989,  el  conflicto suscitado a raíz de la terminación del  contrato  debido  a  decisión  unilateral  de  la  compañía  demandada  y  el  consiguiente  reclamo  de  indemnización  de  daños por parte de la actora, se  puso  a  consideración  de  la  justicia ordinaria luego de fracasar el intento  realizado  por  iniciativa  de  la segunda de dichas sociedades en el sentido de  solucionar  por  vía  de  arbitraje el diferendo, haciendo efectiva la referida  cláusula compromisoria.   

          Iniciado  así el correspondiente proceso ordinario ante la justicia  civil,   la  sociedad  demandada  excepcionó  en  el  sentido  de  requerir  el  cumplimiento  de  la cláusula compromisoria, argumentando de paso que cualquier  otro   procedimiento   que   se  efectuara  por  fuera  de  dicha  estipulación  conllevaría  la  nulidad  de la actuación, afirmación esta que sin embargo no  pudo  considerarse  debido a que se presentó por fuera del término previsto en  la  ley  para  hacerla  valer,  lo  que hace que ahora el recurrente, en sede de  casación,   estructure   la   segunda   censura   con   base   en  el  supuesto  desconocimiento  por  parte  del  juzgador  de  instancia  de  la  causa  de una  excepción   respecto  de  la  cual  tuviera  el  deber  de  declararla  aun  de  oficio.   

          Con  todo  y  en  mérito  de las razones expuestas a espacio en los  párrafos  iniciales  de  estas consideraciones, no puede ser esa la perspectiva  conforme  a la cual deba enfocarse el problema planteado a la Corte mediante los  varios  senderos seleccionados por el censor, por cuanto aunque cierto es que en  una  época  se  concluyó  que  para  derogar el pacto compromisorio las partes  debían   suscribir  otro  documento  “de  la  misma  naturaleza  del en que se consignó dicho pacto”, sin  que  por  ello el silencio pudiese surtir igual efecto (Sent. 17 abril de 1969),  posteriormente  esta  misma  corporación,  en fallo proferido el 22 de abril de  1992,  consideró  que  la  conducta procesal de los contratantes también puede  ser,  en  un  momento dado, signo evidente, si no de una derogatoria general que  extienda  sus  efectos  a  todos  los  procesos  futuros  que  puedan  llegar  a  presentarse,  sí  por  lo  menos  de una ineficacia sobreviniente y aceptada de  común  acuerdo,  circunscrita  en  sus  efectos al respectivo proceso en curso.   

            Se  entendió, entonces, que el acto contentivo de ese abandono de  la  cláusula  compromisoria  frente  a una controversia dada, lo expresan en su  conjunto  la  demanda  y  su  contestación, para admitir, por ende, el silencio  sobre  el  particular  como  categórica muestra de una virtual renuncia a hacer  uso  del  pacto arbitral, apreciación que debe repetirse en el presente caso en  el  que  se  cuenta  con  la  demanda  respectiva, específicamente encaminada a  provocar  un  pronunciamiento de la jurisdicción ordinaria, y en el que, aunque  la  excepción  previa  fundada  en la cláusula compromisoria, se presentó por  fuera  del  término previsto por la ley, es lo cierto que la sociedad demandada  fue  notificada en legal forma y del silencio que guardó durante el traslado de  ley,  no  queda  alternativa distinta a inferir su consentimiento en orden a que  el  conflicto  suscitado se ventile en ese orden jurisdiccional y, por lo tanto,  fuera del marco procesal propio del arbitramento.   

          Salta  a  la  vista,  en  consecuencia,  el desacierto de la censura  cuando  pretende  que  se  declare  la  nulidad del proceso o, en su defecto, se  tenga  por  probada  de  oficio la excepción previa de cláusula compromisoria,  toda  vez que, respecto a la primera hipótesis, no puede ser nulo un proceso en  el   que   las   partes,   tácitamente,  consintieron  la  actuación  ante  la  jurisdicción  ordinaria,  lo  que deja por fuera también la posibilidad de que  opere  entonces  la pretendida excepción o que se configure la ocurrencia de un  error  probatorio  de  hecho  derivado  de  no  haber  visto  el sentenciador la  estipulación  contractual  en  que  ella  se  funda  y  dotado  de la necesaria  trascendencia  decisoria,  toda  vez  que  aun cuando llegare a admitirse que en  realidad  de  verdad  el  Tribunal  incurrió en la falta de observación que le  imputa  el  recurso en el tercero de los cargos formulados -cosa que apenas cabe  plantear  como  simple  conjetura  -,  ninguna  incidencia  había  podido tener  desacierto  semejante  en el resultado final del pleito pues por voluntad de los  contratantes,  partes  en el litigio, la susodicha cláusula arbitral quedó sin  efectos en el presente caso.   

          Los cargos, en consecuencia, no prosperan.   

                            DECISION   

          En  armonía  con lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala  de  Casación Civil y Agraria, administrando justicia en nombre de la República  y  por  autoridad  de  la ley, NO CASA la sentencia de fecha 24 de septiembre de  l993  mediante  la  cual se resolvió el proceso de la referencia, proferida por  el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Sincelejo.   

          Las  costas  en  casación  corren  de cargo de la parte recurrente.  Tásense en su oportunidad.   

          COPIESE,  NOTIFIQUESE  Y  DEVUELVASE  EL  EXPEDIENTE  AL TRIBUNAL DE  ORIGEN.   

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

CARLOS ESTEBAN JARAMILLO SCHLOSS  

PEDRO LAFONT PIANETTA  

RAFAEL ROMERO SIERRA  

JORGE SANTOS BALLESTEROS    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *