S 095 99 [5079]

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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S-095-99 [5079]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL Y AGRARIA  

Magistrado  Ponente:   Dr. JOSE FERNANDO  RAMIREZ GOMEZ   

Santafé de Bogotá, D.C., diecinueve (19) de  noviembre de mil novecientos noventa y nueve (1999)   

                                                                         Referencia:  Expediente No. 5079   

                              Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  Ana  Victoria,  Isabel, Celestino y Rafael Neira Villate, así  como  por   Francisco Alfonso Vélez Villate, contra la sentencia proferida  el  5  de  mayo de 1994, por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Tunja  en  el presente proceso ordinario, promovido por María Sacramento López contra  los  recurrentes,  y Carlos Julio Villate Fonseca, Ana Matilde, Luis Alejandro y  Pedro  José  Calixto  Villate, lo mismo que contra los herederos indeterminados  de Gumersindo Villate Molano.   

ANTECEDENTES  

                              1.     La   señora   María  Sacramento  López  demandó  a las personas antes mencionadas, pretendiendo que  previos  los trámites del proceso ordinario, se dictara sentencia declarándola  hija  extramatrimonial  del  señor Gumersindo Villate Molano y consecuentemente  reconociéndole   “los   derechos  patrimoniales  a  heredar    en    la    sucesión”    del    citado  difunto.   

                              2.     Las  pretensiones  se  fundamentaron en los siguientes hechos:   

                             2.1. María Sacramento López de Barón,  madre  de  la demandante, fue abandonada en forma definitiva por Luis Barón, su  cónyuge,  en  junio  de 1959. A partir de este año, finales, María Sacramento  López  de  Barón, empezó a convivir, de manera estable, pública y permanente  con  Gumersindo  Villate  Molano,  quien  la  llevó  a habitar su casa en Toca,  Boyacá, hasta 1974.   

                              2.2.   Como   consecuencia  de  dichas  relaciones,  el  12  de  febrero  de  1961,  nació María Sacramento López, la  demandante.   

                             2.3. Gumersindo Villate Molano reconoció  en  público  que  la actora era su hija, a quien trató como tal, asumiendo los  gastos  del nacimiento, sostenimiento, educación y establecimiento, todo por un  lapso mayor a los cinco años.   

                             2.4. María Sacramento López vivió con  sus  padres  hasta  1974,  año en que madre e hija se fueron a habitar una casa  vecina a la de Gumersindo Villate, obsequiada por él mismo.   

                             2.5. María Sacramento López reconoció  siempre  en  forma  pública  y  notoria  a Gumersindo Villate como su verdadero  padre,    dispensándole    atención,    cuidado,    sumisión,    respeto    y  obediencia.   

                             2.6. Gumersindo Villate, quien falleció  el  25  de  junio  de  1988,   no  hizo reconocimiento en forma legal de la  calidad  de  hija  extramatrimonial  de  María  Sacramento  López,  pero ésta  inicialmente  se  identificó  con  los  apellidos Villate López y luego con el  apellido  López,  pero  nunca  con los apellidos del marido de su madre. Por lo  demás,  en  el  registro civil de nacimiento se inscribió a Gumersindo Villate  Molano como padre natural de la demandante.   

                             2.7.  La  presunta  paternidad  de  Luis  Barón,  que  impidió  el  reconocimiento  por parte de Gumersindo Villate, fue  impugnada mediante proceso que se tramita en un juzgado de Tunja.   

                             2.8.  Gumersindo  Villate  se  casó con  Margarita  Venegas,  fallecida  el  29  de  junio  de 1939. De esa unión nació  Manuel  Hernando  Villate  Venegas,  quien  falleció  el  23  de abril de 1989,  soltero y sin descendencia conocida.   

                             3.   El Instituto Colombiano de  Bienestar  Familiar, diciendo representar de los herederos indeterminados, y Ana  Matilde  Calixto, se opusieron a las pretensiones de la demanda argumentando que  María  Sacramento  López se presume hija de Luis Barón, cónyuge de su madre,  razón  por  la  cual no puede ser declarada hija extramatrimonial de Gumersindo  Villate   Molano,   salvo   que  se  declare  previamente,  por   sentencia  ejecutoriada,  que  la demandante no es hija de Luis Barón (art. 3º. de la ley  75 de 1968).   

                              El  curador  ad  litem  que  actuó  en  representación  de los demandados que no concurrieron al proceso, no se opuso a  las pretensiones.   

                              4.  El  Juzgado  Tercero  Promiscuo  de  Familia  de  Tunja, mediante sentencia de 29 de septiembre de 1993, resolvió la  primera  instancia  reconociéndole  las  pretensiones  a la demandante, la cual  confirmó  el citado Tribunal por sentencia de 5 de mayo de 1994, al resolver el  recurso de apelación que contra ella se interpuso.   

                             Contra  la  sentencia  del  ad  quem los  apelantes   formularon   el   recurso   de   casación   que   ahora  decide  la  Corte.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

                             El  Tribunal  empieza  por  precisar  la  noción  de  estado  civil  y  la  posibilidad  de  ser  objeto  de controversia  judicial.  Seguidamente  afirma que el hijo concebido por mujer casada puede ser  declarado  hijo extramatrimonial cuando se da la tercera hipótesis prevista por  el  art.  3º.  de  la ley 75 de 1968, como ocurre en el presente caso, pues por  sentencias  de  28  de  junio  de 1990 y 21 de marzo de 1991, se declaró que la  demandante no era hija de Luis Barón.   

                              Definido  lo  anterior,  procedió  el  Tribunal  a  determinar  la causa de la pretensión de filiación, identificando  como  presunciones aducidas las previstas en los ords. 4, 5 y 6 del art. 6º. de  la ley 75 de 1968.   

                             Luego  de  referirse en abstracto a cada  una  de  las  causales,  el  Tribunal  asume  el  examen de las declaraciones de  testigos  que  obran  en el proceso, acogiendo en cada una de ellas lo relevante  para  adoptar la decisión, así: Marco Antonio  Pardo Lara: Oía decir que  María  Sacramento López de Barón era moza de Gumersindo Villate. Entre 1959 y  1961,  ella  llegaba  a  casa  de  Gumersindo y algunas veces se iban a ordeñar  juntos,  pero no le consta que hayan convivido. A María Sacramento sólo la vio  con  su  esposo  y  con  Gumersindo  Villate.  Raúl Pinzón Camargo: Sacramento  López  (madre)  se  fue  con  Gumersindo  Villate  y  como a los 2 años nació  Sacramento  (hija).  Gumersindo  la reconoció por hija. En la casa de él, cada  uno  tenía  pieza  aparte. Sólo los separaba una pared. Sembraban juntos papa,  trigo  y  haba,  y  se  quedaban  juntos  en  una  pieza  que tenía la finca en  Cormechoque.  Gumersindo puso a estudiar a Sacramento (hija), pagaba la consulta  en  el  hospital  cuando se enfermaba, recibía las notas en la escuela, le daba  dinero  para  las  onces,  le  decía “mijita”. En fin, la quería y le daba  todo  lo  necesario.  María Cecilia Pulgarín Rache: Ellos vivieron en la misma  casa  en  el  centro  de Toca, desde antes de nacer la niña. La convivencia era  como  de  marido  y  mujer. Iban juntos a comprar el mercado. Gumersindo asumía  los  gastos  de  la  casa y la ropa de la niña. Cuando María Sacramento estaba  embarazada,  el  hijo de Gumersindo le dijo a éste que tenía que sacarla, o si  no  la  mataba, porque no quería tener más hermanos. Por esta razón la llevó  a  vivir  a  otra casa en Toca. En todo momento él decía que ella era su hija.  Le  ayudaba  en  el estudio, le daba plata para las onces, le entregaba dinero a  Sacramento  (madre) para el mercado. Iba a desayunar y a almorzar donde ella. Le  dio  dinero  al  esposo de Sacramento (hija) para que pusiera un abogado, cuando  ésta  fue  detenida.   Dijo que tenía que comprarle un televisor para que  no  cometiera  esas bestialidades, porque la gente diría que el papá con tanta  plata  y la hija no tenía ni un televisor. Mientras Sacramento López de Barón  convivió  con  Gumersindo  Villate,  no  la  vio con otros hombres. Flor Angela  Moreno  de  Martínez: Gumersindo Villate recogió a María Sacramento López de  Barón  y  se  la  llevó a vivir con él.  Vivían como un par de casados,  como  enmozados. De ahí nació la pelada.  Gumersindo puso a estudiar a la  niña  en  la  escuela  de Toca.  Le daba para los libros, vestuario y para  todo  lo  que  le  pidieran.  Asistía a las reuniones en la escuela.   Como  a  la  edad de 14 años de la niña, se salieron las dos Sacramentos de la  casa  de  Gumersindo, y se fueron a otra casa que éste les levantó no lejos de  donde  él  vivía.  Le daba a la niña todo lo que ésta necesitaba.   La  presentaba como a su hija ante sus amigos.  Ella le decía papá.   La  testigo  no  observó  que María Sacramento López de Barón hubiera tenido  relaciones  con  otros  hombres.  Abraham Sosa Guerrero: Sacramento y Gumersindo  estuvieron  conviviendo  y  de  esa unión nació Sacramento hija. El decía que  tenía  que  dejarle algo a Sacramento la pequeña. Vivieron en la misma casa 28  años.  Como  a los 10 años de haber nacido la niña, les separó casita dentro  del  predio  de  él.  El iba allá a tomar alimentos, le cuidaban la ropa, y de  vez  en  cuando  se quedaba. La niña nació como al año de vivir juntos. Hasta  la  hora  de  la  muerte  de Gumersindo, Sacramento hija fue la que vio por él.  Segunda  Velandia  de  Pinzón:  Cuando  nació  la  niña, la testigo le dijo a  Gumersindo  “Por  fin  hubo sucesión”, y él contestó que sí, porque qué  hace  uno  solo  sin  quien  vea  por uno. Dijo él que le tocaba sacarla porque  Manuel,  el  hijo,  lo  fregaba  mucho.  Las mandó a vivir a otra casita cuando  Manuel  las sacó. Cuando María Sacramento hija tuvo un accidente, él pagó el  abogado  y  dijo  que a su hija no la dejaba castigar, que tenía que sacarla de  algún  modo,  no  importa cuánto le costara. Gumersindo iba a las reuniones en  la  escuela y le pagaba todo lo que necesitaba. La testigo afirma no haber visto  a  Sacramento  López  de  Barón  con otro hombre. Hilda María Fonseca Alba de  Parada:  Vio a Sacramento López de Barón viviendo con Gumersindo Villate en la  casa  de  él.  Cuando  se  fueron  a  vivir  juntos  ella no estaba embarazada.  Gumersindo  sacaba a pasear a la niña, le compraba golosinas, la acariciaba. El  siempre  decía  que  era el papá de Sacramento. Gumersindo y María Sacramento  López  de  Barón  vivieron juntos más de 15 años. Luego ellas se fueron para  un  lote  que  él  les  donó.  El  le  suministraba a la niña útiles para el  estudio.  Carlos  Julio  Villate Fonseca: El esposo de María Sacramento López,  sabiendo  que ésta estaba enamorada de Gumersindo Villate, se fue para el llano  y  no  volvió a Toca. Una vez se fue Luis Barón, Sacramento se fue a vivir con  Gumersindo,  de  cuya relación nació Sacramento López. Esta vivió más de 10  años  con  sus  padres.  Gumersindo  la trató como a su hija. Después madre e  hija  se  fueron  a  vivir  en  la casita que Gumersindo les dio, pero éste las  frecuentaba.   Gumersindo   asumió   los   gastos   de  estudio,  vestuario,  y  alimentación  de  Sacramento. También los gastos de abogado en una ocasión en  que  ella  estuvo implicada en un asunto penal. La presentaba como a su hija. El  afecto  entre Gumersindo y Sacramento (hija) era recíproco. No vio a Sacramento  López  de  Barón  con  ningún  otro  hombre  distinto de Gumersindo. Anatilde  Pérez  de  Guío:  Cuando  Sacramento  López de Barón quedó sola, Gumersindo  Villate  se  la  trajo  de muchacha a vivir con él. A los dos años de trabajar  con  él,  nació  la  niña.  Gumersindo  comentó  que era su hija. La testigo  varias  veces  vio  a  los  tres  acostados en la misma cama viendo televisión.  Gumersindo  le  daba  a  la niña para vestuario, alimentación y educación. La  trataba  como  a una hija. María Sacramento López (madre) se manejaba muy bien  con  Manuel  Villate,  hijo  de Gumersindo, pero cuando Manuel supo que su padre  estaba  viviendo  con  Sacramento,  la  ultrajó  y la hizo sacar de la casa. La  testigo  nunca  vio  a Sacramento con otro hombre. Juvenal Guío Camargo: María  Sacramento  López  de  Barón vivió como 14 años con Gumersindo Villate, pero  no  como sirvienta. Gumersindo le dijo que la niña era su hija. Madre e hija se  fueron  a  vivir a una casita que Gumersindo les dio. Para ese entonces la niña  tenía  14  años.  Esta cuidó a Gumersindo como a un padre hasta el momento de  su  muerte.  El testigo recuerda que cuando Sacramento López tuvo problemas con  la  justicia,  él  le  llevaba  alimentos a la cárcel. Jose del Carmen Villate  Díaz:  Escuchó  comentarios sobre que María Sacramento era hija de Gumersindo  Villate,  pero él no lo puede asegurar. Paulino Pérez Moreno: No le consta que  Gumersindo  Villate y María Sacramento López de Barón hayan vivido juntos, ni  que  la  segunda  haya  trabajado  con  el  primero como empleada doméstica. Ha  escuchado  rumores  de  que el padre de María Sacramento es Gumersindo Villate.  Arcelia  Ochoa  de  Rojas:  No  conoce a María Sacramento López de Barón. Una  señora  de  una  panadería  le dijo que la niña era hija de Gumersindo. No le  consta ninguna relación entre la madre y el presunto padre.   

                              A   continuación   expresó   el   ad  quem:   

                             “Analizados los anteriores testimonios,  uno  por  uno y en conjunto, tal como lo dispone el artículo 187 del C.P.C., se  concluye  diáfanamente la configuración de las causales invocadas, vale decir,  la  4,  5  y 6 del artículo 6 de la ley 75 de 1968, en razón a que la mayoría  de  los  deponentes  les  consta  que  María Sacramento López de Barón y Luis  Barón  estuvieron  casados  por  muy poco tiempo; que el segundo abandonó a su  esposa  por el año de 1959; que al verse sola, Gumersindo Villate Molano, se la  llevó  a  vivir a su casa como empleada, pero luego empezó a convivir con ella  como  si  fueran  marido  y mujer; que cuando ella llegó a dicha casa no estaba  embarazada  y  al  poco  tiempo  de  convivir  con  Gumersindo  Villate,  María  Sacramento  quedó  en  ese  estado  y  continuó viviendo allí; que Gumersindo  Villate,  pagó  los  gastos  de que ocasionó el parto(sic); que una vez nacida  María  Sacramento  López,  la  reconoció como hija ante familiares, vecinos y  relacionados;  le  proporcionó  alimentación,  vestuario,  educación y techo,  pues  a  la  edad  de  14  años  cuando  tuvieron que salir de la casa en donde  habían  vivido  las dos en compañía de Gumersindo Villate, éste les dejó un  lote  y  les  construyó  una  casa en sus misma finca para que vivieran y allí  continuó  visitándolas  de tal forma que el trato de padre a hija perduró por  más  de 10 años hasta el punto que María Sacramento hija fue la que lo cuidó  hasta sus últimos días de vida”.   

                             Con fundamento en lo expuesto, concluyó  el  Tribunal que la pretensión de filiación extramatrimonial debía prosperar,  pues  en  el  proceso  aparecen  demostradas  las  causales alegadas. Igualmente  anotó  que  como  la  pretensión  encaminada  a  obtener  la herencia también  prospera,  era preciso confirmar la sentencia impugnada, adicionándola, como en  efecto  lo  dispuso  en  la  parte  resolutiva  en  el  sentido  de  ordenar  la  adjudicación  de  la  herencia  a  la  demandante, y disponer la elaboración o  refacción  de  la  partición,  así  como  la restitución de los bienes de la  herencia,  junto  con  los  frutos civiles y naturales producidos a partir de la  notificación de la demanda.   

EL RECURSO DE CASACION  

                             Un solo cargo presentan los recurrentes,  con  fundamento  en  la  causal  primera  del  art.  368 del C. de P. Civil, por  violación  de  normas de derecho sustancial como consecuencia de error de hecho  en la apreciación de la prueba. Dice el casacionista:   

                              “El  Tribunal  violó,  por  la  vía  indirecta  los  artículos  398,  modificado,  art. 9, ley 75 / 68; 399, 92, del  C.C.  ;  Ley  75/68,  art.  7; Ley 75/68, 1, 6 numeral 4-5 y 6; Decreto 1260/70,  art.     3     inciso     3,     art.,    5-32-40-50-52-54    inciso    2,   57-58-59-63-102-106-112;  Decreto  2158/70,  art.  7; Ley 29/82, arts. 3-6- y 8;  arts  1008-1009-1040,1047,  1055  y 1064 del C.C.; arts. 95, 174, 175, 187, 202,  218 numeral 2 y 187 C.P.C. en la modalidad de FALTA DE APLICACIÓN.   

                             “Ley  45/36,  arts. 1, 2, 4, numerales  4-5-  y  6,  art.  6 y 18; Ley 29/82, art. 2; art. 232 C.P.C., en la aplicación  indebida,  ambas  modalidades  por  haber incurrido en error de hecho, ya que el  juzgador  no  vio  o  ignoró  una  prueba  presente  en  el  proceso  o  juicio  (TESTAMENTO),  en  consecuencia  de  lo  cual desconoció el hecho que tal medio  acredita,  no  obstante  haberse  ordenado  tenerlo  en  cuenta  como  un  medio  probatorio legalmente aprobado”.   

                             En  la  tarea  de demostrar el cargo, el  recurrente hace las siguientes consideraciones:   

                              El  testamento  de  Gumersindo  Villate  Molano,  escritura  pública  97  de 28 de mayo de 1988, Notaría Unica de Toca,  hace   parte   del   proceso   (folio   104,   cuaderno   N°  1).  “La  sentencia  atacada  erró  de facto no solamente por no haber  observado  y  por  ende  ignorado  el  Testamento  antes  aludido, sino que como  consecuencia  de  esto  omitió  de  la  misma  manera  analizar acertadamente y  totalmente,    testimonios    acorde    con    lo    expresado    por    VILLATE  MOLANO”.   

                             El testamento fue aportado por Bienestar  Familiar   en  forma  oportuna.  La  legalización  procesal  del  documento  se  demuestra  con los  autos que aparecen en los folios del cuaderno número 1  que  se citan a continuación: 112 (reconoce abogado de Bienestar Familiar); 126  (se  decretan  pruebas  y  se  tienen por tales los documentos aportados por las  partes);   164,  165  y  166  (  se manifiesta expresamente la posición de  Bienestar  Familiar y se declara una nulidad); 178, 177 y 179 (se aclara cuáles  son las pruebas que conservan validez).   

                             La importancia del testamento radica que  en    él,    Gumersindo    Villate    expresamente    manifiesta   “que  no  tiene  ni  hijos  naturales  ni adoptivos”.   “Es   claro   entonces,   dice   el  recurrente,  que el documento dejado de apreciar es de tal naturaleza, que si el  ad  quem  lo  hubiese percibido y analizado en su oportunidad, conjuntamente con  otros    medios    de    prueba,   los   cuales   expondremos   y   analizaremos  inmediatamente,    eventualmente   hubiese   podido  revocar  la  sentencia  apelada.”   

                               Afirma   la   censura   que   algunas  declaraciones   son  abiertamente  contradictorias,  incoherentes,  carentes  de  certeza  y  veracidad,  o  confirman  lo  manifestado  por  Villate Molano en el  testamento.   

                             Marco  Antonio  Pardo Lara, “claramente   manifiesta   que  no  le  consta  que  Sacramento  y  Gumersindo  hayan  convivido,  y  que  por  los  años  1959, 1960 y 1961, éste  último  en  el  que  nació  Sacramento López, Luis Barón todavía estaba con  Sacramento  López  (madre).”  Lo  dicho  por  Marco  Antonio  Pardo  Lara  es  corroborado  por  su hermano medio, Luis Lara, quien a  pesar  de  no  estar  incluido  como uno de los testimonios del proceso, aparece  mencionado por Marco Antonio Pardo.   

                             José  del  Carmen Villate Díaz no sabe  quién  es  el  padre  de  María  Sacramento López, no le consta si Gumersindo  Villate  convivió  con  mujeres  diferentes  a  Margarita  Venegas,  ni sabe si  Gumersindo  tuvo otros hijos además de Manuel Hernando,  pues no le consta  que   Gumersindo   hubiese   convivido   con   María   Sacramento   López   de  Barón.   

                             Paulino  Pérez Moreno tampoco conoce si  María  Sacramento  López  de  Barón  convivió con Gumersindo Villate, ni que  aquélla   hubiese   trabajado   como   servicio   doméstico   en  la  casa  de  éste.   

                             Arcelia Ochoa de Rojas no conoce a María  Sacramento  López  de  Barón.  Recuerda a Gabrielina y a Carmen como empleadas  del  servicio  que  trabajaron  con  Gumersindo.  No  recuerda  a  ninguna otra.  Conoció  a  Manuel,  hijo  único  de Gumersindo. No conoció a ninguna persona  distinta  de  Manuel  que  se  presentara  socialmente  como hijo de Gumersindo.  Tampoco  le  consta  que María Sacramento López madre hubiera sido empleada de  Gumersindo,   o   hubiera   tenido   alguna   relación   con  él,  o  hubieran  convivido.   

                               “De    lo    visto    se    deduce  obligatoriamente,   que   no   es   necesario   entrar   entonces  en  profundas  disquisiciones,  o  en complejas maniobras intelectuales, para observar el yerro  fáctico  en  que  cayó  la  sentencia  impugnada, ya que pretermitió analizar  clara  y  ostensiblemente  un  documento,  que precisamente si se hubiera hecho,  además  conjuntamente con un acertado y completo  examen de las anteriores  declaraciones,   entre   otras,   eventualmente  dicha  providencia  no  hubiera  declarado tal filiación.”   

                             Luego  dice el impugnante: Raúl Pinzón  Camargo  manifiesta engañosamente que Gumersindo les vendió  a Sacramento  López  de Barón y Luis Barón, un pedazo de tierra cuando estos convivían. Se  equivoca,  además,  respecto  del  lugar  de  nacimiento  de  María Sacramento  López.  En  tanto,  Ana  Tilde Pérez de Guío y Segunda Velandia de Pinzón se  equivocan  en  relación  con  la  edad de Gumersindo. La última de las citadas  incurre  en  error  al  afirmar  que  Gumersindo  le  pagó  un abogado a María  Sacramento López cuando ésta se robó el televisor de un vecino.   

                             “Sea  del caso expresarle al Honorable  Magistrado,  que  a  criterio  del  suscrito  abogado,  en  lo  único  que  los  declarantes  aportados  por  la  demandante  y su vocera son coincidentes, y eso  regularmente,  es  en  el  dato  del  año  de  1959,  por cuanto han pretendido  demostrar  engañosamente,  por  obvias  razones,  que fue en dicha fecha cuando  Gumersindo  Villate  Molano y Sacramento López de Barón comenzaron a convivir,  ya   que   Sacramento   López   hija   nació   en   el   mes   de  febrero  de  1961.”   

                              A  continuación  manifiesta  que  Flor  Angela  Moreno  de  Martínez  y la misma Sacramento, afirman que Gumersindo les  regaló  una  casa  a Sacramento y a su hija, pero esto no es cierto, porque fue  una  venta,  según  se  deduce  de  la  escritura de compraventa y del folio de  matrícula inmobiliaria respectivo.   

                             El recurrente afirma que el posible padre  de  María  Sacramento  López es Carlos Julio Villate Fonseca, quien montó una  coartada  para  quedarse  con los bienes de Gumersindo Villate. Dice que de ahí  las  numerosas inconsistencias que se advierten en su declaración, acerca de la  región  a  donde  fue Luis Barón cuando abandonó a Sacramento, la venta de un  lote  hecha  por  Gumersindo a Barón, sobre que éste no podía tener hijos por  estar  infectado  de una enfermedad venérea, sobre el oficio de Luis Barón, el  momento  en  que  Manuel, hijo de Gumersindo se enteró de que Sacramento era su  hermana,  acerca  de  los  gastos  de  educación de la niña y los cuidados que  dispensó  María  Sacramento,  hija,  a  Gumersindo en los últimos días, así  como sobre la moralidad de María Sacramento, madre.   

                             “Pues  bien,  siguiendo los principios  aducidos  anteriormente  expresados  por  la Corte para un recto análisis de la  prueba  individual  y conjuntamente, debemos deducir que al dejar de apreciar un  documento  cual  es  el  testamento  que  existe  procesalmente, documento éste  importante,   trascendental   y  obvio,  conjuntamente  con  el  desacierto  objetivo  al  ignorar  el  ad  quem  lo  dicho por los testigos aportados por el  apoderado  del Bienestar Familiar, quienes manifiestan claramente con precisión  lo   contrario   a   lo  que  contempló  y  decidió,  además  de  las  graves  inconsistencias  y  contradicciones  habidas y demostradas, el Tribunal Superior  de  Tunja-Sala  Dual  de  Familia  –  cayó  en  manifiesto  error  de  hecho al  pronunciar  sentencia  declarando  la  paternidad  de  Gumersindo Villate Molano  hacia   Sacramento   López,   además   quebrantando  las  normas  sustanciales  señaladas    al    principio,    por    indebida   aplicación   y   falta   de  aplicación.”   

                             Algunas  de las afirmaciones que hace la  censura  aparecen  soportadas  con pruebas que el recurrente anexa a la demanda,  pidiendo que sean consideradas por la Corte.   

CONSIDERACIONES   

                             1.  En este caso, la Corte nuevamente se  ve  compelida  a  precisar  los requisitos y la naturaleza propia del recurso de  casación,  con  un  objetivo eminentemente pedagógico, dado que la demanda que  hubo  de  presentar  la  parte recurrente con el fin de sustentar el recurso que  oportunamente  propuso,  hace  caso omiso de esas condiciones y por ende aparece  con  notorias deficiencias de orden técnico, que desde ya permiten anticipar el  fracaso del cargo.   

                             2. En primer lugar debe advertirse que la  casación  es  un  recurso extraordinario, esencialmente regido por el principio  dispositivo   y   sujeto   a   unas  formas  que  en  manera  alguna  se  pueden  soslayar.   

                             Como corolario de lo anterior, se colige  que  el recurso de casación no da origen a una instancia adicional con espacios  para  un  amplio debate sobre las cuestiones de facto, porque como igualmente se  ha  predicado,  el  thema  decisum  lo constituye la sentencia impugnada y ésta  llega  a  la Corte amparada por la presunción de acierto, que precisamente debe  desvirtuar  el  recurrente,  si es que quiere sacar adelante los cargos. De ahí  que  la  carga  de  demostrar  los errores imputados al juzgador, le corresponda  exclusivamente   al   impugnante   por  mandato  del  art.  374  del  C.  de  P.  Civil.   

                             Tratándose  de  errores  de hecho en el  campo  de  la  apreciación de las pruebas, que según dice el recurrente fueron  los  cometidos  por  el  ad  quem en este caso, resulta importante acotar que la  labor  de su demostración no puede reducirse a una simple exposición de puntos  de  vista  antagónicos  con  el raciocinio del Tribunal, fruto de lucubraciones  más  o  menos  meticulosas y detalladas, porque en tal evento el error dejaría  de  ser  evidente  o  manifiesto  conforme  lo exige la ley, pues en tal caso la  Corte  no  podría  optar  por  camino  distinto  al  trazado  en  la  sentencia  combatida,  no  solo  por la presunción de acierto que antes se señalaba, sino  porque  como  igualmente  se  dijo,  este  medio  de  impugnación no ofrece una  oportunidad  adicional  para  debatir  con amplitud las circunstancias fácticas  del  proceso,  como sí lo fueron las instancias que le precedieron. El error de  hecho  para que se estructure, además de trascendente, o sea determinante de la  decisión  final, debe ser “tan grave y notorio que a  simple  vista  se  imponga  a  la  mente, sin mayor esfuerzo ni raciocinio, o en  otros  términos  de  tal  magnitud,  que  resulte  contrario a la evidencia del  proceso” (G.J., T. LXXVII, pág. 972).   

                             Además, debe decirse en consonancia con  lo  anterior,  que  en  el  trámite que la ley consagra para el conocimiento de  este  recurso,  no  aparece ningún compartimiento para la aducción y práctica  de  pruebas,  como  sí  existe, por ejemplo, en el extraordinario de revisión.  Desde  luego  que  la ausencia de dicho espacio, fuera de obvia, resulta lógica  en  consideración  a  la  naturaleza,  el  objeto  jurídico y la finalidad del  recurso  de casación. Sólo en el evento de abrirse paso la casación, la Corte  antes  de  dictar  sentencia  de  instancia, y por consiguiente actuando no como  Tribunal   de   casación,   sino   como  Tribunal  de  instancia,  “podrá    decretar    pruebas    de    oficio,   si   lo   estima  necesario”,  dice el inciso 2º. del art. 375 del C.  de P. Civil.   

                             3. Valga lo expuesto, para concluir, como  desde  el  principio  se  anunció,  que  el  cargo  objeto  de estudio no puede  prosperar,  no  sólo  por  los  defectos  de  técnica que la demanda presenta,  empezando  porque  el recurrente le da sustento a lo afirmado con un conjunto de  documentos  que  a  ella anexa, como si fuera posible controvertir el raciocinio  del  juzgador  con  elementos de convicción que no conoció, rompiendo así con  la  bilateralidad  de  la  audiencia  y  con olvido de la lealtad procesal, sino  porque  definitivamente  el  impugnante  no  demostró  error  de hecho evidente  alguno  en  el  cual  haya  podido  incurrir  el  ad quem en el análisis de las  pruebas que obran en el proceso.   

                              En   primer   lugar,  tratándose  del  documento  que  contiene  el  testamento  del  señor Gumersindo Villate Molano,  donde   éste   manifestó   no  tener  hijos,  con  independencia  de  que  esa  declaración  haya  sido  o  no  apreciada,  lo cierto es que esa afirmación es  irrelevante  desde  el punto de vista probatorio, pues ella, ni más ni menos es  el  objeto  de  la  pretensión y razón de ser del proceso. Esa declaración no  prueba  que la demandante no sea hija de quien la hizo. Ella simplemente explica  el  por  qué  del proceso, puesto que éste existe, precisamente, porque María  Sacramento  López  no  fue  reconocida por el presunto padre, lo cual bien pudo  realizar  en el acto testamentario, pero como así no ocurrió, el testamento se  torna    en    un    instrumento   intrascendente   para   el   objeto   de   la  investigación.   

                             De otro lado, tampoco se demostró que el  Tribunal   haya  cometido  error  manifiesto  de  hecho  en  relación  con  los  testimonios  de  Marco  Antonio  Pardo, José del Carmen Villate, Paulino Pérez  Moreno  y Arcelia Ochoa de Rojas, pues el juzgador además de haberlos apreciado  conforme  a  las  reglas  del  art.  187  del  C. de P. Civil, de ellos coligió  conclusiones  razonables  que  en  modo  alguno  desvirtúan  las  apreciaciones  propias  del  recurrente. Por lo demás, el contenido de estos testimonios es el  menos  significativo  dentro  de la globalidad del acervo probatorio, pues ellos  hacen  parte   de un grupo de personas que poco o nada les consta sobre los  hechos  investigados,  en  comparación  con  otro  que  es el que fundamenta la  decisión  impugnada,  pero  que  el  recurrente  deja de lado, pues de las seis  personas  que  lo  integran  apenas  se  refiere a tres, para hacer notar lo que  llama inconsistencias sobre aspectos realmente accidentales.   

                             En  este  punto,  fuera  de  hacerse  un  trabajo  de  impugnación  propio  de  la  instancia,  el censor incurre en otra  deficiencia,  pues  elabora un ataque parcial, no panorámico, que impediría un  resultado  exitoso,  por  cuanto  la sentencia seguiría siendo sostenida por la  prueba   no   controvertida,   es   decir,   ocho   testimonios  de  los  quince  practicados.   

                             Por último, la censura también fracasa  en  la labor de demostrar el error de hecho en la apreciación del testimonio de  Carlos  Julio Villate, pues pese a las variadas inconsistencias que le atribuye,  lo  cierto  es  que  la descalificación se hace confrontando su dicho con el de  otros  testigos  que  no se señalan, y lo que es peor, con apoyo en las pruebas  que  se  aportaron  con  la  demanda  de casación, razón por la cual el ataque  carece   de   fundamento   y  en  manera  alguna  demerita  la  evaluación  que  autónomamente hizo el ad quem.   

                             El cargo, por consiguiente, no prospera.   

                     

DECISION  

                             En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil y Agraria, administrando justicia  en  nombre  de  la  República  y  por autoridad de la ley, NO CASA la sentencia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Tunja, el 5 de mayo  de  1994,  en  el  presente proceso ordinario de María Sacramento López contra  herederos     determinados    e    indeterminados    de    Gumersindo    Villate  Molano.   

                              Costas   a   cargo   del   recurrente.  Liquídense.   

                                          Cópiese,  notifíquese y devuélvase el expediente  al Tribunal de origen.   

JORGE ANTONIO CASTILLO RUGELES  

MANUEL ARDILA VELASQUEZ  

NICOLAS BECHARA SIMANCAS  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

JOSE FERNANDO RAMIREZ GOMEZ  

JORGE SANTOS BALLESTEROS  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

    

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