SC 050 2005 [7535]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-050-2005 [7535]

      

  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente  

Bogotá  D.  C., treinta de marzo de dos mil  cinco   

Ref.  Exp.  No.  7535   

Se decide el recurso de casación interpuesto  por  la parte demandante contra la sentencia de 27 de octubre de 1998, proferida  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín,  como  epílogo  del  proceso ordinario promovido por Nora María y Marcela Sabas  Cifuentes,  herederas  de  Santiago  Sabas  Arias, contra Roberto López Guerra,  Pedro   José   Restrepo   Pérez   y   la   Sociedad   López  Guerra  y  Cía.  S.C.S.   

ANTECEDENTES  

    

1. Nora  María  y  Marcela  Sabas  Cifuentes  demandaron  a Roberto López Guerra, Pedro José Restrepo Pérez y la  Sociedad  López  Guerra  y  Cía.  S.C.S.,  con  el  fin de que se hicieran las  siguientes declaraciones:     

1.1. Que Roberto López Guerra es responsable  civil  y  extracontractualmente  por  los  perjuicios  materiales  causados a la  sucesión    de    Santiago    Sabas   Arias   -estimados   en   $90’000.000.oo  ó lo que resultare probado  en  el  proceso-,  por  haber  dispuesto el 8 de febrero de 1984 de 125 reses de  propiedad  del  causante, que pacían en la finca “La Tebaida” ubicada en el  municipio de Ciudad Bolívar.   

                               

          1.2.                       En  subsidio,  que  Roberto  López  Guerra  sea  declarado  civil  y  contractualmente  responsable por los perjuicios materiales  causados    a    la    nombrada    sucesión   -estimados   en   $90’000.000.oo-, por haber dispuesto de las  125 reses de propiedad del causante.   

         

          1.3.                       Como  pretensión  segunda  principal,  que  se  declare   a   la   sociedad   López   Guerra  &  Cía.  S.C.S.  responsable  extracontractualmente  por los perjuicios materiales irrogados a la sucesión de  Santiago  Sabas Arias -estimados en $300’000.000.oo-  por  haber  enajenado  a título de venta a Pedro José  Restrepo  Pérez,  la mitad de la finca “La Tebaida” del municipio de Ciudad  Bolívar.   

          1.4.                       En  subsidio  de  lo  anterior,  que la sociedad  citada  es responsable, por la conducta observada en la etapa precontractual, de  los  perjuicios  materiales  causados  a  la  sucesión  de Santiago Sabas Arias  -estimados         en        $300’000.000.oo.-,  por incumplimiento de las obligaciones asumidas en la  etapa de formación del negocio jurídico.   

          1.5.                       Como  tercera  pretensión  principal,  que  se  declare   que   Pedro   José   Restrepo   Pérez   es   responsable   civil   y  extracontractualmente  por  los  perjuicios  materiales  causados  a  la  citada  sucesión  -estimados en la suma de $820’000.000.oo.-,  por los actos jurídicos celebrados con Alberto Sabas  Arias  sobre  la  cuota  de mitad proindiviso en la finca “La Tebaida” y que  constan  en  la  escritura  pública  187  de  7 de abril de 1984 de la Notaría  Única  de  Ciudad  Bolívar, y con la Sociedad López Guerra & Cía. S.C.S.  sobre  la mitad de la misma finca, que consta en la escritura pública 259 de 27  de mayo de 1984 de la Notaría Única de Ciudad Bolívar.   

2.            Las  pretensiones  se  soportaron en los  hechos resumidos a continuación:   

2.1.            Santiago  Sabas  Arias,  padre  de  las  demandantes,  a  través  de  su  hermano  Alberto  Sabas Arias, quien actuó en  calidad  de  mandatario  oculto, compró a la Sociedad López Guerra & Cía.  S.C.S  la  mitad  de  la  finca  “La  Tebaida”,  según reza en la escritura  pública 1654 de 29 de abril de 1983.   

2.2.            Roberto   López  Guerra,  obrando  en  representación  de  la sociedad demandada, vendió “verbalmente” a Santiago  Sabas Arias, la otra mitad de la finca “La Tebaida”.   

2.3.  Santiago  Sabas Arias y Roberto López  Guerra  formaron  una sociedad de hecho para la explotación y comercialización  de  ganado,  la  que fue liquidada antes de la muerte del primero, ocurrida el 8  de  febrero  de  1984;  en  virtud  de  esta  liquidación, Santiago Sabas Arias  compró  a Roberto López Guerra el 50% del ganado que éste había aportado; no  obstante  haber vendido su cuota y que nada le quedaba, López Guerra dispuso de  las 125 reses que la conformaban.   

2.4.            Aunque  Pedro  José  Restrepo  Pérez  conoció  de  los  negocios  realizados por Santiago Sabas Arias, dijo comprar a  Alberto  Sabas  Arias  y a la Sociedad López Guerra & Cía., S.C.S. las dos  mitades  de  la  finca “La Tebaida”, por escrituras públicas números 187 y  259  de  7  de abril y 27 de mayo de 1984, con lo cual se aprovechó del dolo de  los  vendedores,  quedando  como  poseedor  inscrito  y  propietario  de todo el  predio.   

3.            Pedro  José  Restrepo Pérez se opuso a  las  pretensiones,  alegó  ser  dueño  de  la  totalidad  de  la  finca  “La  Tebaida”  por adquirirla de sus legítimos dueños, recordó que ese asunto ya  fue  decidido  judicialmente,  sostuvo  que  no supo de los negocios de Santiago  Sabas  Arias  respecto de la finca y del ganado, pues ni siquiera lo conoció, y  formuló  las  excepciones  de  cosa  juzgada,  transacción,  mala  fe  de  las  demandantes  y  de  su  apoderada,  buena  fe y falta de dolo en los demandados.   

Roberto  López  Guerra y la Sociedad López  Guerra   &   Cía.  S.C.S.  fueron  emplazados  y  el  curador  ad  litem que los representó manifestó no  conocer   la   mayoría   de   los   hechos   y   de   los  demás  reclamó  su  prueba.   

                                                                  

4.               El    a  quo  negó  las  súplicas principales y subsidiarias,  declaró  de oficio la nulidad absoluta de la compraventa verbal celebrada entre  Santiago  Sabas  Arias  y Roberto López Guerra sobre la mitad de la finca “La  Tebaida”,  como  consecuencia  de  esta  declaración ordenó a Roberto López  Guerra  restituir  en  beneficio  de  la  sucesión  de  Santiago Sabas Arias la  cantidad  de  $1’000.000.oo  que  recibió,  reajustada  desde abril de 1983 y hasta la fecha del pago según  certificación  que  expida  al  efecto  el  Dane  o  el Banco de la República;  condenó  en  costas  a  Roberto  López Guerra en un 60%, y a las demandantes a  favor  de  Pedro  Restrepo Pérez y la Sociedad López Guerra & Cía. S.C.S.  Adicionalmente ordenó el grado jurisdiccional de consulta.   

          5.                         Apelado  el  fallo  por  las  demandantes,  fue  modificado  por el Tribunal Superior de Medellín únicamente en lo que respecta  al  reajuste  de  la  condena impuesta a Roberto López Guerra, frente a la cual  ordenó  tener  en cuenta para la actualización de la condena la certificación  expedida  por el Dane y no por el Banco de la República; en lo demás confirmó  la sentencia de primer grado.   

FUNDAMENTOS   DE   LA  SENTENCIA RECURRIDA   

1.            El Tribunal, al examinar las excepciones  que  fueron  alegadas por Pedro José Restrepo Pérez, señaló que si bien el 9  de  agosto  de  1985  se celebró una transacción sobre este mismo asunto entre  dicho  demandado  y  la  señora  Nora  Cifuentes Rico en representación de sus  hijas  Nora  María  y  Marcela Sabas Cifuentes, aquí demandantes, tal contrato  fue  declarado  inoponible a estas últimas mediante sentencia de 28 de enero de  1989,  por  lo  que  ellas  podían  adelantar  las  acciones  pertinentes  para  recuperar los derechos que le correspondían a la sucesión.   

Recordó  el  Tribunal  que  las demandantes  iniciaron  otro  proceso  en el Juzgado 10º Civil del Circuito de Medellín que  culminó  con  sentencia  de  12  de  abril  de  1989,  donde se declaró que el  contrato  de  compraventa contenido en la escritura pública 1654 de 29 de abril  de  1983,  relativo  a  la mitad de la finca “La Tebaida”, fue celebrado por  Alberto  Sabas  Arias  como mandatario oculto de Santiago Sabas Arias, pese a lo  cual  se  absolvió  a  Pedro  José  Restrepo  Pérez,  hoy  demandado,  de las  pretensiones contra él formuladas.   

Según  dijo  el Tribunal, las peticiones de  ese  proceso  fueron  distintas  a las que aquí se debaten, porque mientras que  allá  se  pretendió  que Pedro José Restrepo Pérez restituyera el derecho de  dominio  sobre  la  finca  “La  Tebaida” o su equivalente en dinero, en este  asunto  la  demanda  está  encaminada a que se declare la responsabilidad civil  extracontractual en cabeza del demandado Restrepo Pérez.   

Por  ende,  concluyó que las excepciones de  transacción y cosa juzgada eran imprósperas.   

2.             A  continuación,  el  sentenciador  de  segunda  instancia descartó la responsabilidad atribuida a Pedro José Restrepo  Pérez  por  haber  adquirido  de  Alberto  Sabas  Arias y de la Sociedad López  Guerra  &  Cía.  S.C.S.,  el  derecho  de  dominio  sobre  la  finca  “La  Tebaida”  en  proporción  del  50%  a cada uno, a pesar de conocer -según se  dijo  en  la  demanda- que el primero era un mandatario oculto de Santiago Sabas  Arias  y  que  el  segundo  había  vendido  verbalmente,  también  a éste, su  propiedad.   

2.1.          Al  respecto,  dijo el Tribunal que así  Pedro  José  Restrepo  hubiera  conocido  que  Alberto  Sabas  Arias  no era el  verdadero  propietario  de  la  cuota  que  adquirió,  no por ello incurrió en  culpa,  por  cuanto  es  válida  la  venta  de  cosa  ajena, como lo señala el  artículo  1871  del  C.C.,  al paso que los artículos 1874 y 1875 ibídem  contemplan su ratificación, a lo  cual  añadió  que  la  presunción  de buena fe que ampara al comprador no fue  desvirtuada  por  ninguna  de  las pruebas allegadas. En particular, sostuvo que  las  declaraciones  de Rodrigo González Rico y Ramiro Vélez Toro, no acreditan  que  Pedro  José  Restrepo  Pérez conocía que su vendedor era un testaferro o  mandatario  oculto  de  Santiago  Sabas  Arias,  ni  tampoco  corroboran  que el  comprador  conoció  o  debió  conocer  del fraude que se le atribuye a Alberto  Sabas  Arias,  consistente  en  que  realizó  la  venta  con  el fin de que los  causahabientes  de  Santiago  Sabas  Arias  no  pudieran recuperar el derecho de  cuota  que  había  enajenado. Por ende, concluyó, la adquisición por parte de  este demandado no implicó responsabilidad de su parte.   

2.2.          Sobre la venta verbal que Roberto López  Guerra  hizo  a  Santiago  Sabas  Arias,  aseguró  el  Tribunal  que a falta de  escritura   pública   que  solemnizara  tal  acto,  éste  era  inexistente  de  conformidad  con  el  artículo  265  del  C.  de  P.  C.,  y en consecuencia no  perturbaba  la  legalidad de la negociación realizada con Pedro José Restrepo,  ni comportaba conducta negligente o culposa del comprador.   

3.            Aclaró  el Tribunal que el a  quo  aplicó acertadamente el artículo  1741   del  C.C.,  al  declarar  la  nulidad  absoluta  de  la  venta  realizada  verbalmente  a  Santiago Sabas Arias sobre el 50% de la finca “La Tebaida” y  condenó  al vendedor a devolver a la sucesión del extinto comprador la suma de  $1’000.000.oo.  que había  recibido  en  virtud  de  dicha negociación. No obstante, precisó que esa suma  debía  ser incrementada según la certificación expedida por el Dane, pues sus  informes  se  relacionan  con  el  costo  de la vida a nivel nacional y el poder  adquisitivo del peso.   

4.            Continuó el Tribunal con el análisis de  las  pretensiones  aducidas  en  contra de la Sociedad López Guerra & Cía.  S.C.S.   

4.1.          Sobre la primera, en la que se endilgó a  esa  demandada  una  responsabilidad extracontractual por enajenar a Pedro José  Restrepo  Pérez la mitad de la finca “La Tebaida”, que antes había vendido  verbalmente  a  Santiago  Sabas  Arias, dedujo el Tribunal que así se admitiera  que  dicha  sociedad procedió con culpa, no se acreditaron los “perjuicios”  y  la  “relación  de  causalidad”,  a  más  de  que  en  la  demanda no se  identificaron   adecuadamente  los  daños  irrogados,  por  lo  que  no  podía  prosperar la pretensión elevada en ese sentido.   

4.2.            En   torno   a   la   responsabilidad  precontractual  atribuida  a  Sociedad  López  Guerra  &  Cía.  S.C.S., el  ad  quem estimó que la parte  actora  no  identificó  las  “tratativas” convenidas por las partes, de las  cuales  pudiera derivarse su deber de proceder con buena fe exenta de culpa cual  exige el artículo 863 del Código de Comercio.   

En  cuanto a una eventual responsabilidad de  la  demandada  por  violación del periodo de la oferta, sostuvo el Tribunal que  cuando  se requiere la escritura pública para el perfeccionamiento del acto, la  sola  aceptación  de  la  oferta  no  forma  el  contrato  por  falta  de  esta  solemnidad,  a lo que agregó que si alguno de los precontratantes se retracta y  ese  arrepentimiento  origina  daño  al  otro,  se  presenta la responsabilidad  aquiliana,  dado  que  el  daño  resulta  de una situación que está fuera del  convenio,  pero  que  en  el  presente  caso, si bien las demandantes acumularon  acción  de responsabilidad civil extracontractual contra la sociedad demandada,  ésta  fracasa porque, como se dijo, no se acreditaron los “perjuicios” y la  “relación  de  causalidad”,  además  de  que  en la demanda ni siquiera se  concretaron los primeros.   

5.             Respecto  de  las  pretensiones  contra  Roberto   López   Guerra,   relativas   a   su  responsabilidad  contractual  y  extracontractual  por  haber  dispuesto  de  125  reses que pastaban en la finca  “La  Tebaida”  y que pertenecían al causante Santiago Sabas Arias, precisó  el  Tribunal  que en el expediente se acreditó, inclusive con las declaraciones  del  citado  demandado,  que  la  sociedad  de  hecho  por  ellos  formada está  pendiente   de   liquidación,  sin  que  se  hubiera  ejercido  la  pretensión  liquidatoria.   

6.               Finalmente,     el    Ad   quem   puso   de  presente  que  las  demandantes  reclaman  de  Roberto López Guerra el pago de perjuicios derivados  del  incumplimiento  de  un  contrato  típico de sociedad de hecho, pretensión  rechazada  por el juzgado de primera instancia por no estar subordinada a una de  las  alternativas  que  ofrece  el  artículo  1546 del Código Civil. Sobre ese  punto,  el  Tribunal  consideró  que  carecían  de razón las demandantes y el  juzgado,  por  cuanto  en este caso no son aplicables los artículos 1610 y 1546  de  la  obra  citada,  dado  que  en los contratos plurilaterales, como lo es de  sociedad,  lo  que el incumplimiento de alguno de los contratantes concede a los  demás  socios es la facultad de solicitar la disolución de la sociedad para su  posterior liquidación.   

LA    DEMANDA   DE  CASACIÓN   

La recurrente, con apoyo en las causales 1ª  y  4ª  del  artículo  368  del  C.  de  P.  C.,  formuló dos cargos contra la  sentencia     del     Tribunal,    por    violación  directa  de la ley sustancial y por haberse infringido  el  principio  de la no reformatio in pejus.                                      

PRIMER  CARGO   

          Se  acusó  la  sentencia  de  segunda  instancia  que  absolvió al  demandado      Pedro     José     Restrepo     Pérez,     por     violación           directa  de  la  ley  sustancial  debido a  falta  de  aplicación de los artículos 15, 16, 32, 63, 66, 741 último inciso,  742,  743,  744, 745 inciso 2º, 748, 749, 762, 766 numeral 2º, 767, 964 inciso  3º,  1368 inciso 2º, 1501, 1505, 1515 inciso 2º, 1594, 1602, 1604 inciso 3º,  1609,  1613,  1614,  1618,  1619, 1620, 1621, 1622, 1623, 1624, 1633 inciso 1º,  1647  numeral  1º,  1873,  1874, 1880, 2177, 2186 inciso 2º, 2341, 2344 y 2356  del  Código  Civil  y  por  aplicación  indebida,  los  artículos 15, 16, 741  incisos  2º y 4º, 743, 744, 748, 766, 767, 1505, 1507, 1515, 1602, 1614, 1617,  1618,  1619,  1620,  1621,  1622,  1623, 1624, 1647, 1741, 1871, 1874 y 1875 del  C.C., y los artículos 265, 304 y 308 del C. de P. C..   

Para  fundamentar  el  cargo,  la recurrente  comenzó  por  indicar que el Tribunal declaró la nulidad absoluta del contrato  de  compraventa  celebrado  verbalmente  entre  Sabas Arias y la Sociedad López  Guerra  &  Cía.  S.C.S.  o  Roberto López Guerra, con lo cual confundió a  estas  dos  personas  y,  además, trocó los conceptos de inexistencia del acto  jurídico  y nulidad absoluta del mismo. Después de referirse a las diferencias  entre  nulidad  y  simulación, así como a la posesión regular y a la venta de  cosa  ajena,  señaló  que  el  Tribunal  fue  inconsistente porque decretó la  nulidad  absoluta  del  acto  mediante  el  cual la sociedad demandada vendió a  Santiago  Sabas Arias la cuota de la mitad de la finca “La Tebaida”, pero se  abstuvo  de  decretar esa misma nulidad respecto de la compraventa hecha por tal  sociedad a Pedro José Restrepo Pérez.   

          Agregó  que  los  testimonios  de Ramiro Vélez, Rodrigo González,  Francisco  Toro,  Fabio  Rivera y el interrogatorio del demandado Roberto López  Guerra,   dan   cuenta  de  que  Santiago  Sabas  Arias  recibió  “jugosos”  honorarios  profesionales  por  la  intervención como mandatario judicial en el  proceso  de  liquidación de la sociedad conyugal existente entre Roberto López  Guerra  y  su  esposa  Alba Agudelo, y que además sobre el particular existe un  dictamen pericial que se encuentra en firme.   

Manifestó   que   la  ley  impone  a  los  contratantes  una  conducta irreprochable en el cumplimiento de sus obligaciones  y  el deber de obrar con buena fe exenta de culpa, normas imperativas que fueron  ignoradas  por  el  Tribunal,  con  lo  cual  incurrió en errores de hecho y de  derecho  evidentes  en  los  autos, dado que la soberanía en la apreciación de  los  hechos  y  la interpretación de los contratos por parte del juzgador está  restringida  por  los  artículos  1602,  1618 al 1624 del C.C. y 822 al 831 del  Código de Comercio.   

Precisó la recurrente que las pruebas deben  ser  apreciadas en conjunto con arreglo al artículo 187 del C. de P. C., por lo  que  no  podía  tomarse el interrogatorio de parte del demandado Roberto López  Guerra  rendido  en un proceso al que fueron ajenas las demandantes, aislándolo  del  resto  del  haz probatorio, y haciéndole producir efectos contrarios a los  que  son  deducibles  del conjunto de las pruebas. Como el Tribunal efectuó una  arbitraria  interpretación  de  la  voluntad  de los contratantes, incurrió en  evidente error de hecho.   

Después  de  explicar  en qué consiste la  buena  fe,  agregó  la  casacionista  que  en  el  presente caso los perjuicios  irreparables  a  los  herederos  de  Santiago Sabas Arias fueron causados con el  comportamiento  malicioso,  negligente,  imprudente,  culposo  y hasta doloso de  Pedro  José  Restrepo Pérez, Roberto López Guerra y la Sociedad López Guerra  &  Cía. S.C.S., en las negociaciones referidas en los hechos de la demanda,  las  cuales  han  impedido  que al haber sucesoral se puedan integrar los bienes  que  el  causante  poseía  en el municipio de Ciudad Bolívar, por lo que no se  explica   cómo   puede  afirmar  el  Tribunal  que  los  perjuicios  no  están  determinados  y  que  no  existe relación de causalidad entre el resultado y la  culpa,    dolo,    fraude    y    falta    de    prudencia   de   las   personas  demandadas.   

Añadió  que no bastaba para exonerarse de  la  culpa  consultar  los  folios  de  matrícula inmobiliaria de la finca “La  Tebaida”,   pues   en   el  municipio  de  Ciudad  Bolívar  era  vox  populi  que  Santiago Sabas Arias era  dueño  y  poseedor  material  de  ese  predio y de la totalidad del ganado, por  haberlos  adquirido  de  la  Sociedad  López  Guerra S.C.S. y de Roberto López  Guerra.   Afirmó   así   mismo   que  Pedro  José  Restrepo  Pérez  comentó  privadamente  que  con la compra de la finca había hecho el negocio de su vida,  lo  que  quiere  decir  que  incurrió  en  culpa  por  comisión y también por  omisión.   

         Aseveró  la  recurrente que la convención efectuada entre Santiago  Sabas  Arias  y  la  Sociedad  López  Guerra  &  Cía.  S.C.S.  se ejecutó  conservando  la simetría contractual, y que la muerte intempestiva de aquel dio  paso  a que los demandados ejecutaran las maniobras dolosas que son fuente de la  responsabilidad extracontractual alegada.   

         Además,  dijo,  el  Tribunal  no  observó  que  la  prueba  de  la  diligencia  y  cuidado incumbe a quien ha debido emplearla, ni halló demostrado  el  perjuicio  sufrido  por  las  demandantes  por  falta  de valoración de las  pruebas,  cuando  lo  cierto  es  que  lo  daños  ocasionados a la sucesión de  Santiago   Sabas   Arias  están  debidamente  probados  con  la  mediación  de  auxiliares de la justicia, cuyo dictamen no fue objetado.   

         La  recurrente  descalificó  tajantemente  los testigos citados por  Pedro  José  Restrepo  Pérez,  de  quienes dijo que nada aportaron al proceso,  debido   a  que  sus  versiones  son  irrelevantes  e  intrascendentes.  Por  el  contrario,  añadió,  existe  en el proceso la prueba trasladada del expediente  contentivo  del  proceso  adelantado  ante el Juzgado 10º Civil del Circuito de  Medellín,  que  comprueba de manera diáfana y nítida que Pedro José Restrepo  Pérez  estaba  debidamente  enterado  de  las negociaciones que existían entre  Santiago  Sabas  Arias  y  Roberto  López  Guerra,  como persona natural y como  representante   de   la  sociedad  López  Guerra  &  Cía.  S.C.S.,  cuando  aconteció  la muerte de aquél; sin embargo, esa prueba trasladada fue ignorada  totalmente por el Tribunal en este caso.   

         Señaló  la  recurrente  que  en  lo  concerniente a la pretensión  contra   la   Sociedad   López   Guerra   &   Cía.  S.C.S.,  el  Tribunal,  equivocadamente  la  contempló  como  una  oferta,  cuando era una negociación  concertada  y  cumplida,  con  lo  cual  se equivocó en el señalamiento de las  normas  jurídicas  que  le  sirvieron  de  fundamento  para dirimir el litigio;  aunado  a  ello, dicha sociedad nunca excepcionó el incumplimiento del contrato  por  parte  de  Santiago  Sabas  Arias,  pues  ambas  partes  cumplieron con sus  obligaciones,  y solamente la muerte imprevista de este último, “animó” la  voluntad  de  Roberto  López  Guerra  para  despojar  a  los  herederos de unos  derechos que ya había adquirido su causahabiente.   

         De  otro  lado,  la casacionista aseguró que la pretensión incoada  contra   Roberto   López   Guerra,   dirigida  a  obtener  la  declaración  de  responsabilidad  civil  extracontractual  por haberse apropiado ilícitamente de  125  reses  de  la  finca  “La Tebaida” el 8 de febrero de 1984, día en que  falleció  Santiago  Sabas  Arias,  fue  resuelta  por  el  Tribunal  de  manera  errónea,  ideando,  en  contraposición  de  lo  afirmado  en  los hechos de la  demanda  y  de las pruebas aportadas, que la sociedad de hecho constituida entre  Santiago  Sabas  Arias  y  Roberto López Guerra estaba pendiente de liquidar, y  que  la  pretensión  liquidatoria  no había sido planteada, cuando todo el haz  probatorio,  incluyendo  la  declaración del mismo Roberto López, deja ver que  sí  estaba  liquidada,  pues  al  negociar Santiago Sabas Arias con la Sociedad  López  Guerra  S.C.S.  el  derecho  cuotativo  de  mitad  sobre el predio “La  Tebaida”,  aglutinó  allí  mismo  la  compra  de  la  mitad  del  ganado que  pertenecía  a  Roberto López, habiendo cumplido ambas partes sus obligaciones.  Otra  cosa es que valiéndose del súbito fallecimiento de Santiago Sabas Arias,  Roberto  López,  inescrupulosamente, usurpó los bienes que el causante poseía  dentro de la heredad.   

         En  criterio  de  la  recurrente,  el Tribunal pecó por omisión al  desconocer  las  normas  sustanciales  en  que  se funda la pretensión deducida  contra  Pedro  José  Restrepo Pérez, con lo cual incurrió en error de derecho  por falta de aplicación de los preceptos enunciados en el cargo.   

         Indicó   también   que   el   ad   quem  incurrió   en   error   in  judicando  al  equivocarse  en la existencia de varias  normas  jurídicas,  lo  mismo  que  al  apreciar  su  significado, amén de que  ninguna  de  las  invocadas  en  la  demanda  como  fundamento de derecho fueron  estimadas  por el ad quem, y a  las   que   se  refirió,  resultaron  completamente  ajenas  al  enfrentamiento  jurídico puesto a su consideración.   

         Agregó  que  la  causa  fundamental  de  la  responsabilidad  civil  extracontractual  fue  el  provecho  que los negocios celebrados le reportaron a  Pedro  José  Restrepo  Pérez,  y el proceder culposo y hasta doloso de Alberto  Sabas   Arias  y  de  la  Sociedad  López  Guerra  &  Cía.  S.C.S.,  justa  aspiración  que  fue  negada  por  el  Tribunal,  lesionando  de  este modo los  intereses patrimoniales de la sucesión de Santiago Sabas.   

         Otra  desviación  en  que  incurrió el ad  quem,  en  concepto  de  la  recurrente, se produjo al  modificar  la sentencia y disponer que se aplicara la certificación del Dane -y  no  la  del  Banco  de  la  República- con el fin de calcular el incremento que  sufre  la  suma  que  Roberto López Guerra debe reintegrar a la sucesión, pues  las   certificaciones  expedidas  por  este  último  tienen  relación  con  la  depreciación  del peso colombiano respecto de divisas extranjeras, mientras que  las  del  Dane  se  conectan  con el costo de vida a nivel nacional, de donde se  observa  una  profunda  confusión,  en  tanto  no  se  sabe si el incremento se  produce  por la pérdida de poder adquisitivo o por la desvalorización del peso  colombiano.   

         Para  la  recurrente,  el  Tribunal  divagó  de  manera  errónea y  confusa  en  torno  a la responsabilidad civil extracontractual impetrada contra  la  Sociedad  López  Guerra & Cía. S.C.S., pues aunque aceptó la culpa de  esta  última por haber vendido antes el mismo bien a Santiago Sabas Arias, dijo  que  no  estaban  acreditados  los  perjuicios  ni  la  relación de causalidad.  Agregó  que se desconoció el contenido de la causa petendi, cuando el Tribunal  pregonó  que  en la demanda no se identificaron las “tratativas” convenidas  que  hubieren  impuesto  a  los  contratantes  el deber de proceder con buena fe  exenta de culpa dentro del período precontractual.   

         Aseveró  que  si  la  condena impuesta a Roberto López Guerra tuvo  como  móvil  el  dinero  que Santiago Sabas Arias entregó a la Sociedad López  Guerra  S.C.S.  a  cuenta de la negociación sobre la segunda mitad de la finca,  fue  porque  el  sentenciador  encontró  la  realización de dicha operación y  sólo  para  absolver  a  Pedro José Restrepo Pérez adujo que la oferta no fue  aceptada  por  Santiago  Sabas  Arias,  protuberante  error fruto de la carencia  total de estudio de la problemática planteada.   

         Consideró  el  censor  que por hechos inequívocos, reconocidos por  el  Tribunal,  Santiago  Sabas  Arias  había  aceptado  la oferta y la sociedad  oferente  estaba  enterada  de  esta  aceptación,  porque  como  lo indican los  testigos,  entre  ellos  Francisco  Toro Vélez, Rodrigo González Rico y Ramiro  Vélez  Toro;  Santiago Sabas Arias había asumido la posesión material de toda  la  finca  “La  Tebaida”,  junto  con  el  ganado,  en razón de lo cual era  reconocido  en  el  municipio  como  dueño  y  poseedor  absoluto del bien, sin  reconocer  derecho  alguno  a otra persona, ni a su hermano Alberto Sabas Arias,  quien  únicamente acudió al municipio de Ciudad Bolívar después de la muerte  de  Santiago,  para  apoderarse, junto con Roberto López Guerra, del patrimonio  del  causante,  elementos  de convicción que fueron totalmente ignorados por el  Tribunal.   

         Dijo  la  recurrente  que  el  Tribunal  reconoció  que Pedro José  Restrepo  sabía  que  Alberto  Sabas Arias era un mandatario oculto de Santiago  Sabas  Arias,  punto  que dirimió en el fallo concluyendo que no por ello Pedro  José  Restrepo  incurría  necesariamente  en  culpa debido a que es válida la  venta  de  cosa  ajena,  frente  a  lo  cual  argumentó  la casacionista que la  ratificación  de  esta  clase  de  ventas  únicamente  puede  hacerse  por  el  verdadero  dueño,  por  lo tanto ante el fallecimiento de Santiago Sabas Arias,  la  posibilidad  de  ratificación  se  trasladó  ipso  jure  a sus herederos, dado que el causante no otorgó  testamento.   

         Censuró  la demandante al Tribunal porque concluyó que Pedro José  Restrepo  obró  de  buena  fe, pues no puede haber tal estado en quien compra a  sabiendas  de que su vendedor no es el verdadero dueño, y aunque la buena fe se  presume,  ni siquiera fueron leídas las pruebas que la desvirtúan, con lo cual  se  infringieron  los  artículos  187 y 304 del Código de Procedimiento Civil.  Además,  el  Tribunal  olvidó  que  la diligencia y cuidado deben probarse por  quien  ha  debido  emplearlos;  para exonerarse de responsabilidad, añadió, no  basta  afirmar  que  se  consultaron  por  conducto  de abogado los libros de la  Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Ciudad Bolívar.   

         Se   refirió   luego  la  recurrente  a  la  responsabilidad  civil  extracontractual  de  Roberto  López  Guerra  por  sustraer  las  125 reses que  pacían  en  la  finca  “La  Tebaida”;  sobre  este  reclamo recordó que el  Tribunal  dijo  que en el expediente aparece acreditado que la sociedad de hecho  constituida  entre  este  demandado  y  Santiago  Sabas Arias está pendiente de  liquidar,  conclusión  errada  a  la que llegó, aseveró el recurrente, por no  haber  apreciado  el conjunto de las pruebas, en especial la trasladada, pues el  interrogatorio  de  parte  rendido  por  Roberto  López Guerra en otro proceso,  sobre  el  que  se  basó  el Tribunal para concluir que la sociedad de hecho no  está  liquidada,  fue  rendido en un juicio en el que las demandantes no fueron  parte,  pero  en cambio no vio o ignoró los otros interrogatorios de parte, uno  extraprocesal  y el procesal, rendido ante el Juzgado 10º Civil del Circuito de  Medellín  en  el  que Roberto López Guerra admitió que dentro de esa sociedad  de  hecho había vendido su parte del ganado a Santiago Sabas Arias, con lo cual  no  aplicó las normas relativas a la indivisibilidad de la confesión, y por no  haber  analizado  las  pruebas  en  conjunto  transgredió  el derecho al debido  proceso.   

         Consideró  la  recurrente que el Tribunal no sólo dejó de aplicar  unas  normas  y  aplicó  indebidamente  otras,  sino  que  pasó  por  alto los  documentos  privados  auténticos  aportados  al  expediente,  las copias de las  sentencias  y  los  elementos  de  convicción que como prueba trasladada fueron  incorporados   legalmente   al  proceso,  viendo  únicamente  las  pretensiones  subsidiarias  aducidas  contra  la  Sociedad  López Guerra & Cía. S.C.S. y  contra  Roberto  López  Guerra,  con  lo  cual  olvidó que solamente cuando la  pretensión   principal   es   descartada,   se   aborda   el   estudio  de  las  subsidiarias.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  cara a fines tan importantes, la ley de  procedimiento  civil  ha  establecido  precisas  hipótesis  que  encierran  los  eventuales  errores de juicio (in judicando)     y     de     procedimiento     (in  procedendo)  ante  los cuales se autoriza el ejercicio  de  dicho  medio  de  impugnación, para cuyo sustento, abónase, es menester la  presentación  de  una  demanda en la cual han de plantearse con sujeción a las  reglas  formales  del  caso  y  de manera clara y precisa (art. 374 del C. de P.  C.),  todos  los fundamentos que por su contundencia sirven de pilar para dar al  traste  con  la  presunción de legalidad y acierto que acompaña las sentencias  cuando llegan a la Corte.   

Supone ello, desde luego, que la demanda de  casación  no  puede  ser  asimilada  a  un simple alegato de instancia, pues el  ejercicio  argumentativo  del recurrente debe enderezarse a combatir con aptitud  e  idoneidad  todos  los  soportes  del fallo acusado, en aras de derruirlos con  éxito  para  que  la  Corte, de ser el caso, profiera un nuevo fallo ajustado a  derecho.  En  suma,  bueno  es memorar que «el ordinal  3º.  del  art.  374  del  C. de P. Civil, establece como requisito formal de la  demanda  que  sustenta el recurso extraordinario mencionado, la formulación ‘de  los  cargos  contra  la  sentencia  recurrida…  en  forma clara y precisa’, es  decir,  de  una  manera  exacta  y  cabal,  o  en  otras  palabras, con estricto  ceñimiento  a  las  razones o fundamentos del fallo impugnado, porque lógica y  jurídicamente  debe  existir  coherencia  o  congruencia  entre  la  demanda de  casación  y  la  sentencia  del ad – quem  o  del  juzgado en el caso de la casación per saltum, pues no de  otra  manera  puede  llegarse a desvirtuar la presunción de legalidad y acierto  con  que llega amparada la sentencia recurrida. El recurso en mención -ha dicho  la  Corte-  ‘ha  de  ser en últimas y ante la sentencia impugnada, una crítica  simétrica  de  consistencia  tal  que,  por mérito de la tesis expuesta por el  recurrente  de manera precisa, y no por intuición oficiosa de la Corte, forzoso  sea  en  términos  de legalidad aceptar dicha tesis en vez de las apreciaciones  decisorias  en  que  el  fallo  se  apoya…’  (Cas. Civ. de 10 de septiembre de  1991)…  La  simetría  de  la  acusación  referida  por la Corte en el aparte  anterior,  debe entenderse no sólo como armonía de la demanda de casación con  la  sentencia  en  cuanto  a  la  plenitud  del ataque, es decir, porque aquella  combate  todas  y  cada  una  de  las apreciaciones jurídicas y probatorias que  fundamentan  la resolución, sino como coherencia lógica y jurídica, según se  dejó  visto,  entre  las razones expuestas por el juzgador y las propuestas por  el   impugnante,  pues  en  vano  resulta  para  el  éxito  del  recurso  hacer  planteamientos  que  se  dice  impugnativos,  si  ellos son aparente y realmente  extraños  al  discurso argumentativo de la sentencia»  (G.J. t, CCLV, pag.116).   

         Ahora  que,  cuando  la  alegada  es  la  primera de las causales de  casación  que  consagra  el  artículo  368  del  C.  de  P. C., corresponde al  recurrente   precisar  si  su  ataque  se  encamina  por  la  vía  directa    o    por    la   indirecta.  Así, en el primer caso -en el  de  la  vía  directa-,  la  acusación  habrá  de  versar  sobre  la posición  puramente  jurídica contenida en el fallo, con total prescindencia del laborío  probatorio  desplegado  a lo largo del juicio, mientras que en el segundo -en el  de  la  vía  indirecta-,  la censura deberá guardar necesaria relación con el  acervo demostrativo.   

         En  este  último  escenario,  o  sea,  bajo  la  égida  de la vía  indirecta,   incumbe   al  recurrente  enunciar  si  el  yerro  cometido  es  de  hecho  -por suposición, preterición o desfiguración  de   los   medios   probatorios-,   o   si  por  el  contrario  es  de  derecho -por quebrantar las normas que  regentan  la  aceptación,  producción,  incorporación,  decreto,  práctica y  apreciación de las pruebas.   

         De  suyo, las reglas de técnica así concebidas no dan pie para que  en  un  mismo  cargo  se amalgamen, a manera de batiburrillo, diferentes vías y  errores,  porque  proceder  semejante  iría  en  perjuicio  de  la precisión y  claridad  necesarias para decidir el recurso. Justamente, la Corte ha sentado al  respecto  que  “…con apoyo en la causal primera de  casación  se puede denunciar la violación de las normas sustanciales de una de  dos  maneras,  por esencia inconfundibles a la par que  incompatibles:         por         vía             directa,  caso  en  el  cual el quebranto  implica   por  parte  del  fallador  la  comisión  de  un  yerro  estrictamente  jurídico,  o  sea con absoluta prescindencia de la cuestión de los hechos y de  su  prueba  tal  y  como  fueron apreciados en el fallo acusado, a cuyo respecto  existe  plena  conformidad  del impugnante; o por vía  indirecta,  que  es  la  que se debe escoger cuando el  vicio  de juicio del sentenciador proviene de la apreciación equivocada o de la  falta  de apreciación de las pruebas que sustentan la cuestión litigiosa; ello  se  traduce  en  la  comisión  de  dos  especies  de  error:  1o.  de  hecho, que atañe a la contemplación  objetiva  de  la  prueba  y  ocurre,  por suposición, cuando el fallador da por  demostrado  un  hecho  sin  existir  su  demostración o por haber adicionado el  contenido  de  las  pruebas que obran en el proceso; o, por preterición, cuando  no  lo da por acreditado a pesar de estarlo o por haber restringido o mermado el  alcance  de  los  medios  de convicción; 2o. error de  derecho, el que se presenta cuando el fallador aprecia  las  pruebas  aducidas  en  el  proceso  sin  la  observancia  de los requisitos  legalmente  necesarios para su aceptación, producción y apreciación; aquí la  falla  recae,  entonces, sobre la contemplación jurídica de la prueba y supone  el    quebranto    de    normas   de   disciplina   probatoria”   (resaltado  fuera  de  texto,  sent. cas. civ. de 12 de noviembre de  1997, Exp. No. 4900).   

Desde la perspectiva anterior, faltar a esa  técnica  es  cuestión  que  compromete  en un todo la prosperidad del recurso,  pues  bien  sabido  es  que  por  el  categórico  carácter  dispositivo  de la  casación,   está  vedado  a  la  Corte  corregir  o  ignorar  los  yerros  del  casacionista  para  luego  acometer el estudio de acusaciones mal formuladas, en  desmedro de la parte no recurrente.   

2.            Ahora   bien,  es  suficiente  ver  el  contenido  de  la  demanda  de casación, para advertir al rompe su vocación al  fracaso.  En  los  pasajes más relevantes de la demanda la recurrente acusó la  sentencia   de   ser   “violatorias  (sic)  de  las  siguientes   normas  de  derecho  sustancial,  incurriendo  en  error  JURIS  IN  JUDICANDO…”   

Y luego añadió:  “…presentándose  en estos eventos el error juris  in  judicando,  o error puramente jurídico por violación directa… se produjo  la  violación directa de la ley, o error juris… Por ende en la conclusión se  cometió  por  ad-quem (sic) error in judicando relacionado con este extremo del  silogismo…  También es error producido en la premisa menor la indebidas (sic)  calificación  o  definición  jurídica  del  caso  particular,  el  que genera  violación directa…”.   

“Otra  falencia, del juzgador de seguía  (sic)  instancia  vislumbrada,  es  la  violación  del  principio  conocido  LA  REFORMATIO IN PEJUS…”   

“La   violación   de   las   normas  sustanciales,   se   dieron   debido   al   error  de  derecho  en  que incurrió el AD QUEM, por violación  de normas probatorias…”   

“El  quebranto  de dicha norma -art. 304  del  C.  de P. C.- por el ad quem, o constituyese, causal de incongruencia, pues  lo  que  podría configurar la disonancia por mínima petita, no sería el hecho  de  que  una  determinada decisión no fuera incluida en la parte resolutiva del  fallo,  sino  la  circunstancia de que efectivamente la sentencia hubiera dejado  de resolver un extremo de la controversia”   

“La   violación   de   las   normas  sustanciales,  contenido  en  el  error  manifiesto  de  la  apreciación  de la  demanda.  Falsa  apreciación de los hechos, o infracción de medio ‘error  facti in judicando’…”.   

“La  violación  de la ley sustancial se  presentó también por error manifiesto den (sic) las pruebas”   

“Para  combatir los errores in judicando  consignados en la sentencia…”   

“…recurrimos  en  aras  de  subsanar,  corregir  y  remediar  los  errores  de  derecho  y de hecho cometidos por el de  segunda instancia” (sic)   

“De ahí la desestimación a la hecha por  el  Tribunal de segunda Instancia, dado el evidente error de hecho que ha puesto  de  manifiesto,  incuestionablemente  una arbitraria interpretación judicial de  la voluntad de los contratantes”.   

“Los         ‘razonamientos’  del Tribunal Superior de Medellín,  en  la  sentencia  impugnada  con  el  recurso  extraordinario de Casación, son  ERRADAS,  EQUIVOCADAS,  se  apartó  completamente  de  los extremos de la litis  pendentia: de la CAUSA PETENDI y del PETITUM”.   

“En  el  subanálisis,  el  fallador  de  segunda    instancia,    incurrió   en   error   in  judicando”.   

“No  leyó el AD QUEM el expediente, por  consiguiente    no    estuvo    en    condiciones    de    apreciar    el    haz  probatorio”.   

“El   AD  QUEM,  cometió  errores  IN  JUDICANDO y en errores IN PROCEDENDO”.   

Entonces, basta apreciar las manifestaciones  de  la anterior reseña para concluir, sin más, que pasadas por alto fueron las  exigencias  propias  del  recurso,  y  en  especial,  las  relativas a la causal  primera  del  artículo  368  del  C.  de P. C., pues de manera desafortunada la  censura  vertió  en un mismo cargo, por cierto sumamente intrincado, argumentos  relacionados  con  las  vías directa e indirecta, sin contar con que además de  la  incompatibilidad  manifiesta  que  ello  encierra,  denunció al desgaire la  existencia    de    errores   de   hecho  y  de  derecho  que  a  la postre apenas se quedaron en una enunciación extensa pero carente de  precisión y claridad.   

        Conjugado  con  ello, la casacionista también puso de relieve en el  mismo  ataque  -resáltase  lo  anterior-  la  violación  del  principio  de la  reformatio  in  pejus  y una  supuesta  incongruencia,  con  lo que subió de tono la carencia de técnica del  recurso,  pues  de  esa  forma, sobre la base de un mismo cargo quedó armado un  conjunto  de  acusaciones que por su naturaleza y autonomía, han debido merecer  un tratamiento separado.   

         En consecuencia, este cargo no se abre paso.   

CARGO  SEGUNDO   

         En  éste, se acusó la sentencia de ser la sentencia violatoria del  principio   de   la  reformatio  in  pejus  contemplado  en  el artículo 357 del C. de P. C., en concordancia  con  el  numeral  4º  del  artículo  368  ibídem. Para la fundamentación del  cargo,  la  recurrente  se  limitó  a indicar que con la decisión de acoger la  certificación  expedida  por  el  Dane  para la actualización de la condena en  contra    de    Roberto    López    Guerra,   el   Tribunal   quebrantó   este  principio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         En  cuanto  respecta a este cargo, huérfano de sustentación, en el  cual   se   denunció   la   violación   del   principio   de  la  reformatio  in  pejus,  es  suficiente con  precisar  la recurrente no demostró en qué medida afectó a la parte actora la  decisión  del  ad  quem  que  dispuso  la  actualización  de  la condena impuesta a Roberto López Guerra con  sujeción  a  la  certificación expedida por el Dane y no la que emite el Banco  de  la  República,  como  lo  había  dispuesto  el  a  quo.  Ningún  agravio  en concreto puede inferirse de  las  precarias  manifestaciones realizadas para formular el cargo, de suerte que  bajo  esa  óptica,  la  sentencia  fue  ajena  al  defecto  de  la  reforma  en  perjuicio.   

Teniendo   en   cuenta   las  precedentes  consideraciones, no prospera el cargo.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República   y   por   autoridad   de   la   ley,   NO  CASA la sentencia de 27 de octubre de 1998 pronunciada  por  la  Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, en  el  proceso  promovido  por  Nora  María  y  Marcela  Sabas  Cifuentes,  en  su  condición  de  herederas de Santiago Sabas Arias, contra Roberto López Guerra,  Pedro   José   Restrepo   Pérez  y  la  Sociedad  López  Guerra  &  Cía.  S.C.S.   

Condénase en costas del recurso a la parte  recurrente. Liquídense en su oportunidad.   

Notifíquese y devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

                              

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS      IGNACIO      JARAMILLO  JARAMILLO   

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

(En permiso)  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

EDGARDO   VILLAMIL  PORTILLA   

Magistrado Ponente  

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

Exp.       No.      7535   

“LAS RESES DE SABAS”  

Sinopsis:  

En  vida,  Santiago  Sabas  compró  por  intermedio  de  su  hermano  Alberto  Sabas el 50% de la finca la Tebaida; luego  compró  verbalmente a la Sociedad López Guera S.C.S., representada por Roberto  López  Guerra, el restante 50% de ese mismo bien. En la finca, Santiago Sabas y  Roberto  López  Guerra  mantenían ganado. Después de fallecer Santiago Sabas,  Alberto  Sabas  y  el  representante  de  la  sociedad Lopez Guerra S.C.S. -como  titulares  del  derecho  de dominio- vendieron la finca “La Tebaida” a Pedro  José  Restrepo.  Por  su  parte,  Alberto  López  Guerra vendió el ganado que  había  en  la  finca al matarife del pueblo; las demandantes, como herederas de  Santiago  Sabas,  reclaman  indemnización  por responsabilidad de: a)  la Sociedad López Guerra S.C.S. por  disponer  del  50%  de  la  finca  “La  Tebaida”  que  antes  había vendido  verbalmente;  b) de Alberto  López   Guerra   por  vender  las  125  reses  de  propiedad  del  causante;  y  c)  de Pedro José Restrepo  por  comprar  50%  “La  Tebaida”  a  sabiendas  de que el causante la había  comprado verbalmente   

2ª  Instancia:                                 Confirmó  sentencia  del  a  quo,  con  la  salvedad  de  que  ordenó reajustar la suma a  restituir  conforme  a la certificación expedida por el Banco de la República.   

Demanda de Casación:  

Cargo         1:                                     Causal  1ª,  errores  juris  in  judicando,  juris  in procedendo,  violación    del   derecho   al   debido   proceso,   reforma   en   perjuicio,  incongruencia…   

Decisión:                                

No          CASA  la  sentencia,  como quiera que la  demanda de casación presenta significativos errores de técnica.   

Cargo         2:                                     Causal     3ª,     reformatio     in  pejus,   porque   el   Tribunal   decidió   acoger  certificación  del  Banco  de  la República para actualizar las sumas que debe  restituir  Roberto  López  Guerra,  y  no  la  del  Dane ordenada por el a quo.   

Decisión:                                

No          CASA  la  sentencia, en vista de que las  demandantes  no fueron apelantes únicas, pues el Tribunal también resolvió la  consulta  del  fallo  de  primer  grado. Además, no se demostró el agravio que  sufrió la parte demandante con el fallo de segundo grado.   

    

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