SC 105 2005 [2262]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-105-2005 [2262]

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente  

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

Bogotá  D.  C., primero de junio de dos mil  cinco   

Bogotá D. C.,  

Ref. Exp. No. 2262  

          Se   decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  parte  demandante  contra  la sentencia de fecha 10 de noviembre de 2000, proferida por  la   sala  civil  del  Tribunal    Superior  del    Distrito  Judicial  de  Bogotá, por decisión la que clausuró la segunda instancia en el  proceso  ordinario  promovido  por Carlos Alberto Bernal Montañez y la sociedad  ‘Carteber  y  Compañía  Ltda.’  contra  la  firma  ‘Colseguros  S.A.’   

ANTECEDENTES  

          1.                         Carlos  Alberto  Bernal  Montañez y la sociedad  Carteber  y  Compañía  Ltda.,  promovieron  proceso  ordinario contra la firma  ‘Colseguros  S.A.’  a  fin  de  que  se  declarara  que esta es responsable de los graves perjuicios materiales y morales  recibidoscausados  al  primero, por haber sido temerariamente acusado el primero  de  ellos  de  hechos  tildados de delictuales, por los cuales luego    fue  absuelto;,  también  por  haber  provocado  la  cancelación  del Registro  Público  y  la clave 68887 que lo habilitaba entonces a la sociedad demandante,  para  el  ejercicio  de  la actividad como intermediario de seguros.     

2.            Las  pretensiones  se  sustentan  en los  siguientes hechos:   

2.1.           Carlos  Alberto  Bernal  Montañez  y la  sociedad  Carteber  y  Compañía  Ltda.’,   constituida   por  el  primero  aquel  y  su  hermana,  para  la  explotación  de  la  actividad  de  intermediación en seguros, ejercían dicho  rubro  de  la  economía  bajo las condiciones, reglamentos y supervisión de la  firma     ‘Colseguros  S.A.’,  hasta el año 1990  cuando  Carlos  Alberto  Bernal  Montañez,  gerente de la sociedad ‘Carteber y Compañía Ltda.’,   fue   denunciado   penalmente  por  ‘Colseguros  S.A.’ a raíz de lo cual le  fue  cancelado  el  Registro  Público  que  posibilitaba su ejercicio actividad  dentro del gremio asegurador.   

2.2.           Los  demandantes recibieron han recibido  toda  serie  de perjuicios por obra de la conducta de la demandada, “como  quiera  que  se le extinguió  el medio la posibilidad  de  operar  con  la  compañía  aseguradora, dando como resultado la salida del  mercado  de  la sociedad demandante y por ende la pérdida de la infraestructura  de  la  agencia, la carga laboral, el buen nombre y lo que ha dejado de percibir  desde octubre de 1990.».   

2.3.            Los   demandantes  percibían  por  el  ejercicio  de  su  actividad  la  suma  de  $372.599  mensuales  por concepto de  comisiones por la venta de seguros.   

                                       

          2.4.                       Posteriormente  A  pesar  de las acusaciones, el  demandante  Carlos  Alberto  Bernal Montañez fue absuelto por la justicia penal  que le exoneró de toda responsabilidad.   

         

3.            Notificada  la demandada, se opuso a las  pretensiones,  en  cuanto  a  los  hechos,  negó algunos, aceptó otros, y dijo  desconocer  los demás. Como réplica negó iega haber causado al demandante los  perjuicios  que  denuncia,  dijo  que  no  hubo expone la inexistencia del hecho  dañoso y atribuyóe todo a la culpa al propio demandante.   

                               

          3.1.                       Bajo el rubro de excepciones, la parte demandada  esgrimió  que  no  hay causa para demandar, pues no es verdad que el demandante  Carlos  Alberto  Bernal  Montañez  haya  sido  absuelto de los cargos que se le  imputaron.   En   verdad,  arguméentase  en  la  réplica,  el  demandante  fue  sindicado,   emplazado   como   persona  ausente,  se  le  profirió  medida  de  aseguramiento,  hubo  llamamiento  a  juicio  y  finalmente  se  aplicó  en  su  favor    la  prescripción  de  la  acción  penal.  Fueron  tales las  irregularidades  en el juicio penal que condujo a la prescripción de la acción  penal,  que  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Bogotá dispuso que se  compulsaran  copias  para que se investigara la conducta del juez que en primera  instancia  absolvió  al  hoy   demandante, pues para esa corporación  se  habían  cometido,  no uno sino varios delitos de falsedad que cayeron en la  impunidad  gracias  a  los protuberantes errores del proceso penal.  porque  El  Tribunal,  por razones de competencia, se vio impedido de revisar los graves  yerros.  Fueron tales las irregularidades y la forma como se llegó a lograr que  se  consumara  la  prescripción,  que  dice  la  demandada, que ya provocó una  acción  contencioso  administrativa  en  la  que  pide ser resarcida por el mal  funcionamiento  de  la  administración de justicia, pues de las deficiencias se  valió el hoy demandante para lograr el favor de la prescripción.   

          3.2.                       La  parte  demandada  pPropuso  como  defensa el  hecho  de  la  parte  demandada  haber obrado en cumplimiento de un deber legal,  pues   el  código  de  procedimiento  penal  dispone  como  imperativo  a  todo  ciudadano, denunciar la comisión de posibles ilícitos.   

         

3.3.           Planteó la demandada que el causante de  los  perjuicios  alegados  reclamados  por  la  firma  Carterber  Ltda. no es la  demandada,  sino  precisamente  su  el propio gerente de la hoy demandante quien  por  los  actos  dolosos  cometidos  dio  lugar  a  la cancelación del registro  público  y la clave para operar como intermediario de seguros. Añade que nadie  podría  obligar  a  la  Aseguradora Colseguros S.A. a mantener negocios con una  sociedad  cuyo  gerente  incurrió  en  conductas  impropias  por las cuales fue  sindicado,  recibió  medida  de  aseguramiento, fue formalmente acusado, aunque  por  obra  de  sus malas artes logró en   su beneficio el favor de la  prescripción de la acción penal.   

4.            Finalizó  la primera instancia mediante  fallo  de  fecha  16  de  diciembre 30, que declaró demostradas las excepciones  propuestas,  decisión  plenamente  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  que  mediante  su sentencia proferida el 10 de  noviembre  de 2000 desató el recurso de apelación interpuesto por el frustrado  demandante.   

FUNDAMENTOS     DE     LA    SENTENCIA  RECURRIDA   

          El   Tribunal   acometió   primero  el  esbozo  teórico  sobre  la  responsabilidad  derivada  del  abuso  del  derecho  originado  en  una denuncia  temeraria.  Luego  de  transcribir  copiosa  jurisprudencia  sobre esta materia,  concluyó   que   “  no  basta  la  declaratoria  de  improcedibilidad  de la acción penal o la terminación del proceso, resolución  inhibitoria,   cesación   de   procedimiento,  preclusión  de  investigación,  sentencia  absolutoria,  sino que es necesario acreditar plenamente el ánimo de  perjudicar  o  que  por parte del denunciante existió un error de conducta… y  como  el  actor no se preocupó en lo más mínimo en demostrar la temeridad, la  culpa,  el  dolo,  el  descuido  la  negligencia etc.  dDel demandado en la  formulación  de  la denuncia, por lo que faltando la demostración del elemento  subjetivo,  surge  como consecuencia inevitable la confirmación de la decisión  impugnada.”.   

          LA DEMANDA DE CASACÓN   

El  recurrente  formuló  un cargo contra la  sentencia  del  Tribunal,  con fundamento en la causal 1ª del artículo 368 del  C.   de  P.C.,  por  violación  de  la  ley  sustancial,  por  la  vía  indirecta,  de  los artículos 1494,  1502,  1613,  2341  del código civil; 1340, 1341. 1347, 1350 y 1351 del código  de comercio y articulo 12 de la ley 256 de 1996.   

1.            El Tribunal erró cuando identificó que  la  demanda  tenía  por  objeto  el  asunto  de  la  acción penal “cuando  en  verdad  la  pretensión del demandante se funda en el  hecho  de que   al haber solicitado la sociedad Aseguradora Colseguros  S.A.  la cancelación del certificado público, expedido por la Superintendencia  bancaria,  en  el  cual se acreditaba su idoneidad para desarrollar la actividad  de   corredor  de  seguros,  para  cualquiera  de  las  compañías  debidamente  acreditadas  en  el país, en los ramos de seguros generales y de vida, títulos  de capitalización, unidades de inversión etc.”.   

Y  en la misma línea argumentativa reiteró  las  objeciones  al  fallo  que dejó sin cimiento las pretensiones “como  consecuencia  de  los argumentos de la investigación penal  que  dejaron  en  desventaja al actor, lo que indica que se abroga la condición  de   juzgador  en  materia  penal,  cuando  la  decisión  proferida  por  dicha  jurisdicción  ya  había  aclarado  la  situación  del  demandante  y tan solo  cabría  deducir si el hecho de haber solicitado la cancelación del certificado  público  que  acreditaba  al actor para realizar actos de corretaje de seguros,  se  encontraba  justificada  o  si  por  el  contrario constituía un exceso, en  virtud del cual se causó perjuicio al actor.”.   

El  anterior  argumento:  que  la fuente del  daño  es  fue  la  cancelación  del  registro público, resurge en otro de los  acápites  del  recurso  cuando  el  casacionista cuando plantea que el Tribunal  “incurre  en el mismo error de hecho, pues considera  que  la  causa  petendi  está  cifrada en el hecho de que la sociedad demandada  haya  instaurado  la  acción penal, cuando en verdad la causa para pedir tomada  en  cuenta  fue  el  exceso  en  que  incurrió  dicha sociedad, al solicitar la  cancelación  del  certificado  público  que  acreditaba  al actor como persona  idónea    para    realizar    las    actividades   propias   de   corredor   de  seguros.”.   

En  el epílogo del cargo plantea argumentó  el  impugnador  que  “demostrada como se encuentra la  responsabilidad  de la demandada al proceder en forma injustificada, a solicitar  la  cancelación del certificado público de corredor de seguros del demandante,  le  irrogó  graves  perjuicios,  pues le privó de la posibilidad de ejercer su  profesión  y  por  ende de obtener los ingresos que ordinariamente percibía en  tal   actividad,   por   lo   cual   deberá  condenársele  al  pago  de  tales  perjuicios.”.         

2.             Marginalmente  plantea  el  recurrente  afirmó  que  el  demandante  fue absuelto en el proceso penal y para tal efecto  evocó  que  el  Juez Penal de primera instancia absolvió exoneró al procesado  por  el  delito  de  falsedad,  luego  de  lo  cual reprodujo lo decidido por el  ad  quem,  con  el  fin  de  mostrar  cuál  fue  el  verdadero  contenido  de  la decisión y la ausencia de  consideración   en   ella,  sobre  los  efectos  adversos  que  produjo  a  los  demandantes  la  cancelación del registro público, como medio este que viene a  ser fuente fuente de la indemnización pedida.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  materia  de  error  de hecho, el último  inciso  del  artículo 374 del C. de P. C. establece que éste debe ser no sólo  manifiesto,  es decir,esto es, tan protuberante que de su sola descripción deje  insatisfecha  la  razónse  descubra  el  despropósito  que  lo  acompaña.  La  determinación  de  la  prueba  y  la  demostración  del error, requisito éste  también  expresado  en  el  texto  legal  mencionado, exigen del impugnante que  defina  qué  prueba  no vio, o vio mal, o supuso el ad  quem,   con  indicación  no  sólo  de  la  errónea  inferencia  que  el  sentenciador dedujo de ella, sino que concurra también del  sentido  que  la  demostración diáfana sobre cuál es la que verdaderamente se  desprende  de  la  pruebade  su  contenido,  el  la  que por lo demás, debe ser  trascendente,  es  decir,  de  tanta  importancia  en  el  sentido ámbito de la  decisión,  que  de  haberse  apreciado  esa  prueba  en  la forma que el censor  propone,  que  debería  ser  en  sentido lógico la única posible, el Tribunal  fatalmente  hubiese  tenido  que  llegar  a  una conclusión diferente de la que  plasmó  en  la  sentencia, trascendencia exigencias que van de la mano de de la  presunción  de  acierto  y legalidad con que dicha providencia llega amparada a  la  Corte,  en  la  medida  en  que  no  es función de ésta intentar una nueva  revisión  del  proceso,  sino en hacen la confrontación de la sentencia con la  ley,  dado  que  el  objeto  del  recurso  de  casación es la sentencia y no el  procesoel ordenamiento jurídico.   

Lo anterior, aplicado a la interpretación de  la  demanda,  lleva  a  afirmar que el error de apreciación de ella sólo puede  resultarpodría  ocurrir  si  la  lectura  que  el  Tribunal hizo traspasara los  dinteles  de  lo absurdo. Como inveteradamente ha repetido la Corte “para  que  se  configure  el  error  en  la interpretación de la  demanda,    es    necesario   como   lo   exige   la   ley,   que   ‘sea       manifiesto’,  ostensible o protuberante, es decir  que  salte  a  la vista de la simple lectura de la demanda, pues la actividad de  interpretación    solamente    es    atacable    en    casación   ‘cuando  fuere  notoria y evidentemente  errónea,  lo que no se daría cuando entre varias interpretaciones razonables y  lógicamente  posibles,  el  Tribunal  ha  elegido  alguna  de ellas, pues es el  resultado  del  ejercicio  adecuado  de  su  función jurisdiccional’  (sentencias del 7 de abril de 1989 y  del  28  de  febrero  de 1992, )” (G.J. t. CCXXV, 2ª  parte, pag. 185).   

En   el   norte  de  la  acusación  está  que    el  Tribunal erró cuando identificó que la demanda tenía por  objeto    el    asunto    de    la   acción   penal   instaurada   “cuando  en  verdad  la  pretensión del demandante se funda en el  hecho  de que   al haber solicitado la sociedad Aseguradora Colseguros  S.A.  la cancelación del certificado público, expedido por la Superintendencia  bancaria…  pues  tan  solo  cabría deducir si el hecho de haber solicitado la  cancelación  del  certificado  público  que  acreditaba al actor para realizar  actos  de  corretaje de seguros, se encontraba justificada o si por el contrario  constituía  un  exceso, en virtud del cual se causó perjuicio al actor… pues  en  verdad  la  causa para pedir tomada en cuenta fue el exceso en que incurrió  dicha  sociedad,  al  solicitar  la  cancelación  del  certificado público que  acreditaba  al  actor como persona idónea para realizar las actividades propias  de corredor de seguros.”.   

Juzga  la  Corte que el descarrío de que se  acusa  al Tribunal no es de la entidad que denuncia el impugnador, pues vista la  demanda  en  su  conjunto,  se  desvela  que  la  fuente  nutricia   de las  pretensiones  fue  el  abuso  del  derecho  resultante  de la denuncia penal que  contra  el  demandante  se hizo, y que lo demás viene como añadidura. Definido  lo  fundamental,  es  decir, excluido el abuso del derecho porque la denuncia no  fue  temeraria,  el  Tribunal  dejó  de  lado  el  tema  de la cancelación del  Registro  Público  como  fuente  del daño, y al así proceder no desbarró del  modo  que  acusa la censura, pues este final tópicoaspecto fue presentado en la  demanda  como secuela del primero , ya decidido y por lo mismo no y como reclamo  es  desmesurado  entender que carecía carente de autonomía, conforme entendió  razonablemente  el  Tribunal,  de  manera  que  negado  aquel  nada  quedaba por  resolver.   

.    Si bien en la demanda se  alegóa  que  hubo  la  cancelación  del  registro público que habilitaba a la  sociedad  demandada  para  el ejercicio de la actividad de intermediación en el  ramo  de  los  seguros,  tal  cosa  surgió,  según  el  texto  de  la  demanda  “…  a  raíz  de  la  denuncia penal en contra del  demandante…”.   Desde  esta  perspectiva,  en  el  entendimiento  que  el  Tribunal  dio  a  la  demanda no hubo error, menos en la  intensidad   necesaria   para   arrasar  la  sentencia,  pues  lo  que  hizo  el  ad   quem  fue  anudar  la  justificación  de  la  cancelación  del  Registro  Público,  al resultado del  reclamo   fracaso  depor  la  acusación  de  temeridad  de  la  denuncia  penal  temeraria,  de  tal  modoesta  manera,  si la denuncia penal estuvo justificada,  porque  en  el  proceso  penal  hubo  declaración de persona ausente, medida de  aseguramiento  contra  el  demandante  y  formal  acusación,  también estaría  justificado  tal  justificación  cubría  el  hecho  de  que que la Aseguradora  dispusiera  lo  necesario  para  la  cancelación  del  Registro  Público de la  demandante como intermediario de seguros.   

Esta  lectura  de  las pretensiones demanda,  aunque  pueda  ser superada por otra de mayor elaboración y acierto, no resulta  descabellada,  pues  si  bien  se  repara  bien,  la  cancelación  del Registro  Público  y  el abuso del derecho por denuncia temeraria tienen fuente distinta,  pues  el  primero  se  originó  en  una  relación  contractual definida en los  vecindarios  de lo contractual. E en la propia demanda en la que se dijo que los  demandantes  ejercían  dicho  rubro  de  la  economía  bajo  las  condiciones,  reglamentos  y supervisión de la firma ‘Colseguros  S.A.,  mientras que el segundo se inscribe en el dominio  de  lo  extrac  contractual.  Esta separación autonomía de la fuente temática  implica  implica  que si el demandante quería derivar responsabilidad de manera  separada  independiente  así  debió  plantearla,  con  plena identificación y  separación  de  cada  una de sus fuentes, pero si  así no procedió y por  el   contrario   esbozó   la   cancelación   del  Registro  Público  como  un  desprendimiento   desgajado   “…  a  raíz  de  la  denuncia  penal  en contra del demandante…”, no era  impropio  deducir  que el Tribunal, luego de desechar por improcedente suprimida  la  temeridad  de laesta denuncia penal, no se ocupara con mayor detenimiento el  Tribunal  de la cancelación del Registro Público que a la frustrada acusación  de  temeridad  quedó  atada. Así las cosas, si el Tribunal cubrió todo con la  exclusión  de  temeridad en la denuncia, así procedió porque en la demanda no  se  hizo  la  debida  separación  entre  las dos fuentes de responsabilidad que  hipotéticamente era posible construir.   

Todo  lo anterior, antes permite de resaltar  que  la  demanda carece de demostración, pues el recurrente apenas denuncia que  el  Tribunal  no  se  ocupó  de  aquella  parte  de  su reclamo que atañe a la  cancelación  del Registro Público, pero no da señal alguna que muestre que si  lo   hubierade  haberlo  hecho  el  dicutm  la  decisión  hubiera  tomado  sido  otro  curso,  diametralmente  distinto.   

         De  lo  expuesto  se  concluye  que  el Tribunal no incurrió en los  yerros   que   le   imputa   el   recurrente   y   por  lo  tanto  el  cargo  no  prospera.   

DECISIÓN  

          En    mérito    de    lo    expuesto,    la    Corte   Suprema   de  Justicia,    en  Sala  de  Casación  Civil, administrando justicia en  nombre  de  la República y por autoridad de la ley, NO  CASA  la  sentencia  de fecha 10 de noviembre de 2000,  proferida  por  la  sala civil del Tribunal   Superior del    Distrito  Judicial  de  Bogotá, por la que clausuró la segunda instancia en el  proceso  ordinario  promovido  por Carlos Alberto Bernal Montañez y la sociedad  ‘Carteber  y  Compañía  Ltda.’  contra  la  firma  ‘Colseguros  S.A.’   

          Condénase  en costas del recurso a la parte recurrente. Tásense en  su oportunidad.   

Notifíquese  y  devuélvase    el  expediente   al tribunal de origen.   

FIRMAS  

EDGARDO   VILLAMIL  PORTILLA   

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS      IGNACIO      JARAMILLO  JARAMILLO   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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