SC 140 2005 [03169 01]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-140-2005 [03169-01]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

MAGISTRADO PONENTE:  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de junio de dos  mil cinco (2005).   

Referencia:  Expediente  número 03169-01.   

                               

                              Se  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por la parte demandante contra la sentencia de 14 de abril de 2000,  proferida  por la Sala Civil-Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Villavicencio,  dentro del proceso ordinario promovido por Carmen Herrera de  Torres frente a Teresita de Jesús Alfonso Estupiñán.   

I. ANTECEDENTES  

                                 1.  La  demandante  convocó  a  juicio  ordinario  a  la  demandada  para  que  se declarara, principalmente, la  resolución  del  contrato contenido en la escritura pública 1538 de 27 de mayo  de  1997,  reformado  por  la  número  1673 de 6 de junio del mismo año, de la  notaría  tercera  de  Villavicencio,  “por  no  haberse  cancelado  el  precio  pactado  en  el respectivo  contrato  de  promesa  de  compraventa”.   

                                    Como  primeras  pretensiones  subsidiarias  solicitó  declarar  que  el  señalado convenio era relativamente  simulado  “por cuanto lo  que  se  quiso hacer entre las partes fue un contrato de compraventa”,  como  se señaló en la promesa de  23  de  abril  de 1997, “y  no   de   permuta”;  se  decretara    la    resolución    de    ese    negocio   por   el   “no   pago   del   precio”    pactado    en   la   mencionada  “promesa      de  compraventa”,    con  relación  a la suma de $221´875.000; se ordenara a la demandada restituir a la  demandante  el  predio “El  Brasil”;   y   se   la  condenara a pagarle los frutos producidos por el mismo.   

                                 Como segundas subsidiarias pidió  declarar  que  hubo  lesión  enorme  en el indicado contrato y se adoptaran las  restantes determinaciones, propias de esa declaración.   

2.  Fundamentó sus  pretensiones    en    los    supuestos    fácticos    que    seguidamente    se  compendian:   

                             a) Como hechos  de  carácter general, se expuso que mediante contrato  de  promesa  de compraventa ajustado entre las partes el 23 de abril de 1997, la  actora  prometió  venderle a la demandada el derecho de dominio y posesión que  aquélla    tenía    sobre    el    predio    rural   denominado   “El         Brasil”,  el cual identifica además por sus  linderos  y características, estipulándose que el precio de la venta sería de  $450´000.000,  el cual se pagaría así: $30´000.000 a la firma de la promesa;  $20´000.000  el  2 de mayo de 1997; $150´000.000 representados en el lote y la  construcción  en  él  levantada  ubicado  en  la  calle  15  número  45-02 de  Villavicencio,  y  el  saldo  de  $250´000.000  en  el  término de tres meses,  contado  a  partir  de la fecha de la promesa. La vendedora se obligó además a  cancelar  la  hipoteca que gravaba dicho bien, constituida a favor de la Caja de  Crédito  Agrario  Industrial  y  Minero;  la  demandada  no  pagó  el saldo de  $221´875.000   que   adeuda   a  la  demandante,  como  consecuencia  de  dicha  negociación;  mediante  escritura 1530 de 27 de mayo de 1997 la actora levantó  la  relacionada  hipoteca;   en el acto publico 1538 de 27 de mayo de 1997,  aclarado  con  el  número  1673 de 6 de junio de ese año, ambas de la notaría  tercera  de Villavicencio, que recogió el negocio prometido, se hizo figurar la  celebración  de  un  contrato de permuta, cuando se trataba de una compraventa,  señalándose,  por  consiguiente,  que  Carmen  Herrera de Torres transfería a  Teresita  de  Jesús  Alfonso  Estupiñan  el  inmueble  denominado “El         Brasil”  y a cambio ésta daba a aquélla el  lote  urbano y la casa en él construida ubicado en la calle 15 número 45-02 de  Villavicencio,  estimándose  el  valor  comercial de cada uno de esos bienes en  $200´000.000;  pese  a  los  requerimientos que se le han hecho, la prometiente  compradora  no  ha  pagado  el  saldo  del  precio  que adeuda; en la promesa de  compraventa  se fijó como pena por incumplimiento la suma de $80´000.000, para  quien  se  sustrajera a la satisfacción de las obligaciones allí establecidas;  los  bienes  transferidos  fueron  entregados  a cada una de las partes el 27 de  mayo de 1997.   

                                  b) En  relación  con  la  pretensión  de  simulación,  se  aseveró  que el contrato  querido  por  las  partes  fue  de  compraventa  y, de ahí, los términos de la  promesa  que  celebraron;  la  demandada, al momento en que debía realizarse el  contrato  prometido,  tenía  lista la minuta de la escritura en donde se hacía  figurar  el negocio como de permuta; según la mencionada promesa, los inmuebles  transferidos    tenían    valores    diferentes:    el    predio   “El         Brasil”  de $450´000.000 y el ubicado en la  calle  15  número  45-02  de Villavicencio de $150´000.000; pese a ello, en el  instrumento  que  materializó  el  negocio  prometido  se  asignó  a  los  dos  inmuebles un mismo valor comercial de $200´000.000.   

                                  c) En  lo  inherente  a  la  lesión  enorme  se  adujo como fundamento fáctico que no  obstante     que    el    predio    “El  Brasil”,  para  la  época  en  que  se  celebró el cuestionado contrato, tenía un valor  comercial  superior  a  los  mil  millones  de  pesos,  el  inmueble dado por la  demandada,  ubicado  en  la calle 15 número 45-02 de Villavicencio, no superaba  los cien millones de pesos.   

                                  d) En  el  apartado  de  hechos  relativos a la mala fe de la accionada, se sostuvo que  ésta    permutó    el    predio    “El  Brasil” a  su  hija,  Claudia  Milena  Castro  Alfonso,  según acto público 6574 de 24 de  septiembre  de  1997,  de la notaría primera, y se insolventó traspasándole a  José  Antonio  Castro  Alfonso,  otro  de  sus hijos, el único inmueble que le  quedaba,  lo  que  puede  constatarse con la escritura 314 de 7 de noviembre del  citado año, de la notaría cuarta.   

                             3. Notificada la  demandada  de  la  demanda,  la  contestó  oponiéndose  a  las  pretensiones y  expresando,  en  cuanto  a los hechos, que el contrato  celebrado  fue  de  permuta,  como  rezan  las  escrituras; que no se encontraba  incursa  en incumplimiento de tal convención por cuanto no adeudaba suma alguna  por  concepto  de  la  misma,  pues  a  más de haber transferido y entregado el  inmueble  ubicado  en  la calle 15 número 45-02 de Villavicencio, le pagó a la  actora  $50´000.000 en efectivo; que si bien era cierto que con anterioridad se  ajustó  la  promesa  puesta de presente en la demanda, ella quedó resuelta con  la  celebración  de aquella permuta; que no hubo lesión enorme debido a que el  precio  convenido  para  los dos inmuebles fue de $200´000.000, siendo que para  la  fecha  de  celebración de la permuta la casa por ella transferida tenía un  valor     comercial     de     $250´000.000    y    la    finca    “El         Brasil”  de $300´000.000; que la diferencia  de  valores  ella  la  cubrió  con  los  aludidos $50´000.000; y que no había  actuado de mala fe.   

                             4. Por sentencia  de  15  de  julio de 1999 el Juzgado Primero Civil del Circuito de Villavicencio  culminó  la  primera  instancia, en la que determinó resolver los contratos de  permuta   contenidos   en   aquellas   escrituras,   ordenar  las  consiguientes  restituciones  mutuas,  reconocer  el  recíproco derecho de retención hasta la  concurrencia  de  los  créditos  y declarar probada la objeción al dictamen de  los peritos José Alejandro Mora y Hernando Novoa.   

                               

5.  Al  desatar la  apelación   interpuesta,   el   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Villavicencio  le puso fin a la alzada mediante fallo de 14 de abril de 2000, en  el  que  revocó el del a-quo  y,  en su lugar, negó las pretensiones principales; declaró que el contrato de  permuta,  que  consta en las memoradas escritura, era relativamente simulado por  cuanto  lo  que  celebraron  fue una compraventa; declaró resuelto ese contrato  por  incumplimiento de la demandada al no pagar parte del precio; dispuso que la  opositora  le  restituyera a la demandante $215´000.000, como valor equivalente  de    la    finca    “El  Brasil”,   debidamente  actualizada,  tomando  como base el índice de precios al consumidor e intereses  del  6%  anual,  así  como $12´836.000 por los frutos producidos por el predio  entre  mayo  de  1997  y  abril  de  2000,  y,  por ese mismo concepto, $150.000  mensuales  de  ahí en adelante hasta que se hiciera la restitución; condenó a  la  actora  a  devolverle  a  la contraparte la casa ubicada dentro del conjunto  residencial  el  Trapiche,  $22´400.000  por los frutos que produjo de abril de  1997  a  la  fecha  de  esa sentencia, $640.000 mensuales por el mismo concepto,  desde  esta  última  hasta  que  se  produjera  la entrega de ese inmueble, los  $50´000.000  que  le  había  entregado, debidamente actualizados, tomando como  base  el  índice  de  precios  al consumidor, más intereses del 6% anual, y el  cheque  no  pagado  por $221´875.000, que obra en el expediente; determinó que  las  partes  podían  compensar  las  anteriores  condenas  y  restituciones;  y  declaró  probadas  las  objeciones  a  los dictámenes rendidos por los peritos  Mora-Novoa  y  Acosta-Ardila,  pero únicamente en lo tocante con el avalúo del  inmueble       “El  Brasil”.   

II.  LA  SENTENCIA  DEL  TRIBUNAL   

                             1. Una vez dio  por  definido  que  fue  de  compraventa el verdadero negocio ajustado entre las  partes,  situación  que  le  sirvió  para  dar  por evidenciada la simulación  suplicada,  que  la demandada incumplió ese contrato en cuanto no pagó la suma  de  dinero  incorporada  en  el  cheque que giró para cancelar parte del precio  pactado,  y  que  la  actora  sí  atendió  las obligaciones que en ese acuerdo  contrajo,  lo  que de paso lo condujo a declarar resuelto ese acto bilateral por  incumplimiento  de  la accionada, en relación con los perjuicios demandados por  la  promotora  de  este  proceso  y las restituciones mutuas que debía disponer  como  consecuencia  de la resolución negocial, que son los dos únicos aspectos  sobre   los   que   estriban   los   cargos   planteados,   pues  las  restantes  determinaciones  adoptadas  por  el  sentenciador no fueron objeto de combate en  esta  senda  extraordinaria,  el  tribunal  estimó  lo  que  a continuación se  compendia.   

                             2. Adujo cómo,  pese  a  que dicha resolución daría lugar, por lo menos en principio, a que se  indemnizaran  a  la  accionante  los perjuicios a ella causados con el susodicho  incumplimiento,  no  podía  imponer condena en ese sentido por cuanto esa parte  no  satisfizo  el deber de enunciarlos en la demanda no sólo para así saber en  qué   consistían   sino   para   que   la   demandada   pudiera  defenderse  y  controvertirlos,  pues  la  actora  simplemente  se  limitó a pedirlos pero sin  precisar  “cuáles  fueron  esos  perjuicios”, actitud  que  condujo a que los peritos, quienes “no         tienen        cualidades        adivinatorias”,  no pudieran determinar ningún valor  en  cuanto a ellos; añadió que no era procedente decretar en segunda instancia  pruebas   oficiosas  “para  saber  cuáles  fueron  esos  perjuicios,  que  sólo  la  demandante  estaba en  condiciones  de  conocer”, y  sin  que  se  pudiera  tener  en cuenta la cláusula penal pactada en la promesa  habida  consideración  que de tal acuerdo surgió únicamente la obligación de  celebrar   el   contrato  prometido,  la  cual  efectivamente  se  cumplió,  de  donde     tal    estipulación   “dejó  de  tener  operancia”,    por    lo    que    “era   improcedente   tenerla   como  valor  del  perjuicio  para  la  resolución  del contrato de compraventa”.   

                             3. En relación  con  las  prestaciones  mutuas a favor de la accionante señaló el sentenciador  que     la     demandada     debía    devolverle    la    finca    “El          Brasil”,  pero como ello no era posible porque  se  la  transfirió  a  Claudia  Milena  Castro  antes de iniciado este proceso,  según  escritura  número  6574  de  24  de septiembre de 1997, sin que pudiera  calificarse  la  buena  o  mala  fe  de ésta (artículos 1547 y 1548, C. C.) ni  afectarse  sus  derechos  por  no  haber  sido  demandada,  debía condenar a la  accionada     a     restituir    el    «valor       equivalente      que      pudiera      tener”  esa  propiedad  para el 27 de mayo de  1997,  fecha  del  contrato  aniquilado, junto con los frutos que hubiera podido  producir  a  partir  de  la  entrega  del  mismo,  aspecto a propósito del cual  precisó  que  «para el efecto  de  las restituciones mutuas cuando se trata de la resolución de un contrato no  se   tiene   en   cuenta   la   buena   o  mala  fe  de  las  partes».   

                             Y en orden a establecer el valor que el  señalado  predio  tenía  para  la  fecha  indicada,  el  tribunal descartó la  apreciación  hecha  por  los  peritos  Mora  Hernández y Novoa Martínez en la  valoración  por  ellos  rendida,  pues  el  avalúo que ofrecieron, en cuantía  $250.000.000,  tomó  como  punto de referencia la época en que ese trabajo fue  elaborado   -septiembre  de  1998-  y no aquella  fecha,  como  correspondía.  Esa  misma consideración sentó sobre el dictamen  que,  en cumplimiento de la orden impartida en segunda instancia con apoyo en el  artículo  233  del  Código  de  Procedimiento  Civil, rindieron los auxiliares  Acosta  Martínez  y  Ardila Botero, por «falta  de  fundamentación”,  como  así  lo  reconoció  la demandante al objetarlo por error  grave,  inconformidad  esa  dentro de la cual, dijo el tribunal, la misma actora  “solicitó se tuviera en  cuenta    un    dictamen    pericial”  que  en  el  Juzgado  33  Civil  del  Circuito  de Bogotá se le  practicó    a    la    finca,    lo    que    no    era    legal   “porque  en  un  proceso a términos  del  Art.  233  del  C. de P.C., no pueden existir sobre un mismo punto, más de  tres      dictámenes     periciales».  Justamente por esas consideraciones determinó que en relación  con  tales  pruebas  periciales  debía declarar probadas las objeciones que por  error grave se formularon.   

                              Fijó  entonces  su  atención  en  el  dictamen  de  los  peritos  Marciales  Deillías  y  Moncaleano Iregui, del cual  destacó  que  si  bien  ellos  en  un  principio  se refirieron al valor que la  aludida  propiedad  tenía  para la fecha de esa prueba, no lo era menos que, en  el  documento  en  que  presentaron la aclaración, corrigieron tal anomalía al  indicar  que  para  el 27 de mayo de 1997 el mentado inmueble tenía un valor de  $215´000.000.   La   aclaración  y  estimación  así  rendidas,  precisó  el  tribunal,  eran  atendibles  como  quiera  que  para efectuarlas esos auxiliares  tuvieron   en   cuenta   «la  situación  de  inseguridad  generada con la guerrilla, así como el secuestro y  boleteo  que  afecta  a  los  valores  de  la  tierra,  hecho  que por lo demás  concuerda  con  la certificación que expidió el Comandante de la Sexta Brigada  con  sede  en  Villavicencio,  quien  expresa  que en el área general de vía a  Catama,  Caños  Negros,  (sitio en que está ubicada la finca, anota la Sala) y  Puerto  Porfía,  delinquen  las  cuadrillas 31. 29 y 53 de las FARC”, el estado en que se encontraba cuando  se  ajustó  el contrato, según informes que ellos recibieron, la circunstancia  de  que de las 75 hectáreas que tenía 40 estaban en tierra y vega y 35 en zona  de  riesgo  por  cuanto  fueron playa del Río Guatiquía y en cualquier momento  podían  volver  a ser cauce de esa afluente, todo ello unido a los demás datos  que  puntualizaron  en  su trabajo, en el que hicieron mención a la topografía  del   terreno,  a  las  áreas  de  chucuas,  pastos  y  construidas,  grado  de  mecanización  e irrigación, la separación en dos partes, la delantera para el  ganado,  y la trasera para cultivar arroz, así como a la distancia que queda de  Villavicencio, entre otros factores.   

                                  Por  lo  anterior  y  porque  «los peritos tomaron para  el  valor  dado, como lo expresan, las Ruedas de Avalúo de la Propiedad Raíz y  de  la  Sociedad  Colombiana de Avaluadores – Seccional de la Orinoquia, además  de  la  investigación de campo que hicieron con propietarios de inmuebles en la  vía   a   Caños   Negros,  usando  los  métodos  comparativos  y  valores  de  reposición», el tribunal  compartió  esta  última  prueba,  en  la que los auxiliares avaluaron la finca  para la mentada época en $215´000.000.   

                                En  lo tocante con los frutos,  apuntó  el tribunal que debía reconocerle a la actora los producidos por aquel  predio  a  partir  de  la  fecha en que el mismo le fue entregado a la demandada  “puesto   que   las  disposiciones     de     los     Arts.     764,     768     y    769”   del   Código   Civil  no  eran  “aplicables   a   la  resolución    de    un    contrato”     y,     por     consiguiente,     no    podía    “considerarse  si  el  comprador  o  vendedor  han  sido de buena o mala fe”.   

                               Seguidamente sostuvo el juzgador  que  sobre  el particular no podía acoger el trabajo presentado por los peritos  Mora   Hernández   y   Novoa   Martínez,   porque   al  respecto  «no     dijeron    nada»;  como  tampoco  el allegado por los  auxiliares  Marciales  Deillías  y  Moncaleano  Iregui,  quienes  en  punto  se  limitaron  a  señalar  que al parecer la nueva propietaria había dado la finca  «en  arriendo  por  una  cosecha    en   contraprestación   de   que   fuera   adecuada   para   sembrar  arroz»;  agregó que los  expertos  Acosta  Martínez  y  Ardila  Botero,  en cambio, sí determinaron los  causados  entre  mayo de 1997 y diciembre de 1999 en $12´236.000, discriminando  su   valor   anual   y   mensual   y   «anexando   como   fundamento  de  esos  guarismos,  copia  de  los  contratos  de arrendamiento de pastaje”  celebrados por Claudia Milena Castro, su actual propietaria, con  varias  personas, en esos años; añade que como en el aspecto que se comenta la  experticia  sí  fue  fundamentada,  pues  alrededor  del  tema  se  dieron  los  fundamentos  por  los  cuales  llegaron  a  los  guarismos suministrados, debía  aceptarlo,  razón  por  la  cual  reconocería  la  sumas  de $12´236.000, por  concepto  de los causados hasta diciembre de 1999, y $150.000 mensuales, por los  producidos de esa fecha en adelante.   

                             4. Frente a las  restituciones    mutuas    a    favor   de   la   demandada,   el   ad–quem afirmó que la demandante debía  devolverle,   en   primer  término,  los  $50´000.000  que  de  ella  recibió  -$30´000.000 el 23 de abril  de    1997   y   $20´000.000   el   5   de   mayo   de   ese   año-,  debidamente  indexados  con base en el  índice  de  precios  al consumidor certificado por el DANE, junto con intereses  al  6% anual; en segundo, la casa ubicada en la Urbanización El Trapiche, junto  con  los  frutos  que pudo producir desde el 27 de mayo de 1997, fecha en que le  fue  entregada;  y, finalmente, el cheque por $221´875.000 allegado al proceso,  que  no  fue pagado, sin que hubiera lugar al pago de intereses en relación con  la  suma  incorporada en este título valor, por cuanto lo que estaba decretando  en   ese   fallo  era  “la  resolución    de    la    compraventa    y   no   el   cumplimiento” del contrato.   

                                En el campo de los frutos a que  tenía  derecho  la  accionada,  aseveró  el sentenciador que los generados por  aquella  casa fueron avaluados por los peritos Mora Hernández y Novoa Martínez  en      $640.000      mensuales      tomando      como     base     “el canon de arrendamiento que pagan  los   arrendatarios”  Carlos  Adolfo  Ocampo y María Isabel Sánchez, punto del dictamen “que  aunque  fue  objetado  por  la  demandante,     fue     confirmado”   posteriormente   por   los  auxiliares  Marciales  Deillías  y  Moncaleano  Iregui,  quienes  valoraron esos frutos en la misma suma, que era el  valor  por el que estaba arrendada la cosa. Agregó el juez de segundo grado que  como  consideraba  que  tal suma era razonable, ya que se trataba de un inmueble  de  dos  pisos  con  una  construcción relativamente nueva, que tenía piscina,  jardines,  cinco  baños,  tres habitaciones, y se hallaba dentro de un conjunto  cerrado  y  situado  en  un  estrato  alto,  aceptaría  dicho valor como frutos  mensuales   de   la  aludida  heredad,  por  lo  que  reconocería  la  suma  de  $22´400.000  por  el  período  transcurrido  entre  el 27 de mayo de 1997 y la  fecha  de  esa  sentencia,  y de ésta para acá $640.000 mensuales hasta que se  produjera  la  restitución  de  esa  propiedad, lo que conducía a “que  la  objeción sobre este punto  del  primer  dictamen, emitido por los primeros peritos, no prospere».   

III.   LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

                              No  sin  antes  precisar  que  son  dos  los  aspectos generadores de su inconformidad, vale  decir,   el   primero  tocante  con  “la  condena  de  la  devolución  del  dinero  a  la demandada con  reajuste  monetario”, y  el     segundo,     con     el     “valor  compensatorio  que debe sufragar la demandada con relación  al   inmueble   rural,   junto   con   el   valor   de   los  frutos,  daños  y  perjuicios”,   con  apoyo  en  la  causal  primera  prevista  en  el  artículo  368  del Código de Procedimiento Civil, dos cargos  propone  la  recurrente contra la sentencia combatida; uno por la vía directa y  el   otro   por   la  indirecta,  los  que  la  Corte  estudiará  en  el  orden  propuesto.   

                            CARGO PRIMERO   

                             Acusa  la  sentencia de violar, en forma  directa,    el    artículo    1546    del    Código    Civil,   por   indebida  aplicación.   

                                1.  Luego  de  advertir  que  la  mencionada norma legal es aplicable a este asunto,  como  quiera  que  se  demostró  el incumplimiento contractual de la demandada,  quien   dejó  de  cancelar  el  cheque  por  $221´875.000  que  entregó  para  garantizar  el pago de parte del precio fijado en la compraventa, y no sin antes  aludir  a  la  conducta  dolosa  y  de  mala  fe de la accionada al traspasar el  inmueble  a  su hija y los demás bienes al otro hijo, la recurrente  anota  que por el hecho de haber sido aquélla quien incumplió el  negocio   al   dejar   de  pagar  el  mentado  saldo,  sobre  ella  “debe   recaer  todo  el peso de la  justicia,  esto es, sin premiársele por su actitud contraria a los intereses de  la  demandante”.   

                                2.  Para    la    acusadora    sería   “inequitativo  que  la  parte cumplida tenga que devolver el dinero  con  reajuste”, pues al  así    ordenarse   se   estaría   “premiando      a      la      demandada     incumplida”,   aserto   que   adicionalmente  sustenta   en   la  tesis  sostenida  por  esta  Corporación,  según  la  cual  “‘quien  incumple  un  contrato no tiene derecho a pedir devolución  de   dinero  con  reajuste  monetario’,        por        cuanto        ha       considerado”   que   quien  debe  “reclamar  la  indemnización  ha de  ser  siempre  el  contratante   cumplido, quien es en últimas el que tiene  legitimación  para  hacerlo,  y  no el contratante incumplido, que no le asiste  ninguna    legitimación,    precisamente    por    su    condición”.   

                                3.  Finaliza  exponiendo  que  el  hecho  de no haber aplicado correctamente aquella  norma,  como  lo  viene  haciendo  esta  Sala, condujo al sentenciador a imponer  “condena  en contra de  la    demandante,    beneficiando    a   la   demandada   incumplida”,  motivo  por  el  que solicita se  case  la sentencia y “se  revoque  la del Juez a quo  y  en su lugar se abstenga de condenar”    a   la   actora   “en     la     forma     como     se    ha    comentado”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

                            1.  A vuelta de  aseverar   que  se  imponía  declarar  la  resolución  del  verdadero  negocio  jurídico  ajustado  entre  las  partes, que lo fue de compraventa, al encontrar  que  la opositora lo incumplió en cuanto no pagó la suma de dinero incorporada  en  el  cheque  que giró para cancelar parte del precio pactado y que la actora  sí  atendió  las  obligaciones  que  allí  contrajo,  en  relación  con  las  consecuentes   restituciones   mutuas  a  favor  de  la  demandada  el  tribunal  determinó  que  la  demandante debía devolverle, entre otros, los $50´000.000  que    de    ella    recibió     -$30´000.000  el  23 de abril de 1997 y $20´000.000 el 5 de mayo de  ese  año-, indexados con base  en  el  índice  de  precios  al  consumidor  certificado por el DANE, junto con  intereses al 6% anual.   

                               2. La  acusación,  por  su  lado,  se  encamina  a cuestionar únicamente la decisión  consistente  en  que  la  restitución  de aquella suma deba hacerse debidamente  actualizada,  pues,  dice, esta determinación es inequitativa por cuanto fue la  compradora,   aquí   demandada,   quien,  al  no  satisfacer  las  obligaciones  impuestas,  dio lugar a que el contrato se aniquilara, por lo que es a la actora  a  la  que  le corresponde, de manera exclusiva, obtener el resarcimiento de los  perjuicios  que  tal  incumplimiento  provocó;  dicho  con  otras  palabras, el  disentimiento  de  la  impugnadora  se  centra en la corrección monetaria y los  intereses  que  el ad-quem  le ordenó pagar en relación con aquella suma de dinero.   

                                3. Como  se   sabe,   alrededor  de  los  acuerdos  de  voluntades  el  legislador  tiene  establecidos  diferentes  recursos  judiciales,  surgiendo  de  entre  ellos  la  llamada  acción  resolutoria,  la  cual,  a  términos  del  artículo 1546 del  Código  Civil,  es  la  que  tiene  el  contratante que cumplió o se allanó a  satisfacer  las obligaciones para demandar el rompimiento del vínculo cuando el  otro,  dentro del plazo previsto, no acató las que tenía a si cargo; mecanismo  legal  este  que  trae  como inexorable consecuencia la circunstancia de que, de  acaecer  esa  ruptura  contractual, las cosas necesariamente deben volver a como  se   encontraban   con  anterioridad  al  negocio,  esto  es,  que  “por  quererlo  así  el legislador, las  partes  interesadas  deben  quedar  colocadas  en  la misma situación en que se  encontraban  antes  de  contratar,  vale  decir,  como  si el contrato jamás se  hubiera  realizado”(G. J.,  t. CCXIX, pag.249).   

                             De  allí  precisamente  que el juez, en  presencia  de  una  demanda  de  la  comentada  especie,  en  la  que  tenga que  reconocerle  mérito  a la correspondiente pretensión, porque evidenció que el  actor  acató o se allanó a cumplir las obligaciones que adquirió en tanto que  el  demandado  se  sustrajo  de  hacerlo  en la forma y términos pactados, deba  disponer  lo atinente a las restituciones mutuas, en tanto son, ciertamente, una  consecuencia  inevitable  del  aniquilamiento acaecido por incumplimiento de una  de  las  partes,  pues,  como  enantes  se  dijo, una resolución tal impone que  “las  cosas vuelvan al  estado  que  tenían  antes de celebrarse el contrato, restituyéndose lo que se  hubiera      recibido     bajo     la     condición     resolutoria”, de suerte que si el negocio es de  venta,    “ha   de  restituírse  al  comprador  la  parte que hubiera pagado del precio”(G.  J.,  t.  LVII,  pag.491),  de  acuerdo  con  el  artículo 1932 del Código Civil, desde luego que es a través  de  las comentadas prestaciones como queda restablecida  la  situación  económica  y  jurídica  que  existía  en cada contratante con  anterioridad al nacimiento de la relación negocial extinguida.   

                             La  circunstancia  de  que  el estado de  cosas  tengan  que  retrotraerse  a como se hallaban instantes antes de aquel en  que  se  produjo la conjunción de voluntades resuelta, se apoya en la necesidad  de  evitar  que  se  produzcan injustos incrementos patrimoniales, impidiendo de  tal  manera  que,  en  el  evento  de  que  hubiera mediado actividad parcial de  cumplimiento  por  una o ambas partes, el contratante beneficiado con ella pueda  retener  la  prestación  así  recibida  e  imponiendo  que las prestaciones ya  realizadas  deban  ser  restituidas  del  modo  y con el alcance que se muestren  apropiados   para   impedir   los   enriquecimientos  a  que  se  ha  hecho  mención,  pues es así como se  reponen  las  cosas  al  statu  quo  ante,   por  cuya  virtud  «se  producen  en  general  los  efectos  que  corresponden  propiamente  al  cumplimiento  de toda  condición  resolutoria,  restituyéndose  las partes mutuamente todo lo que han  recibido  o  percibido  por  motivo  del  contrato,  en las condiciones y con el  alcance  especialmente  determinados en el artículo 1932 del C. C.» (G. J. t. LI, pag.570).   

                             5. Sin embargo,  es  de  verse  que  para  el  caso  específico  de las restituciones mutuas que  sobrevienen   como   consecuencia   de   la  resolución  negocial,  cuando  tal  declaración  tuvo  como  causa  el  incumplimiento  de una de las partes, dicho  reconocimiento  no  opera  ni  puede  aplicarse  indistintamente  a favor de las  partes,  puesto  que  en  tal  supuesto  ha  de  tenerse  en  la  mira el sujeto  contractual  que  dio lugar al incumplimiento que propició la ruptura del acto,  pues  él, por la misma circunstancia de haber incurrido en esa desatención, no  tendrá  derecho  a  que las condenas que a su favor se hagan en el campo de las  mentadas  prestaciones  restitutorias  se impongan con la adición de la aludida  actualización  monetaria,  puesto que, de hacerse, implicaría arremeter contra  aquellos  postulados de justicia y equidad en la medida en que en tal hipótesis  resultaría  favorecido  no  obstante  haber  sido el causante de la resolución  judicial así declarada.   

                              Bajo  el  entendimiento  expuesto,  es  palmario,  entonces,  que si fue el comprador quien dio lugar al rompimiento del  convenio,  por  esa misma circunstancia debe recibir la restitución de la parte  que  del  precio  hubiere  pagado,  si  así  ocurrió, únicamente “en  su valor histórico o nominal, esto  es,   sin   reajuste,  debido  a  que,  al  serle  imputable  el  incumplimiento  contractual  que propició la resolución del contrato, no puede beneficiarse de  él,  porque  de  ser así, además de prohijarse el incumplimiento contractual,  se  atentaría  contra los principios de justicia y equidad, razón por la cual,  la   doctrina  de  la  Corporación  ha  sido  constante  en  señalar,  que  el  contratante  incumplido  debe  soportar  ´…   los   efectos   dañosos   de   la   inflación…´ y que en la misma eventualidad, tampoco  hay     lugar     a     reconocer     ´…deudas    por    intereses    de    origen   legal…´…”  (sentencia  número  095  de  6  de  julio  de  2000,  exp.#5020,  no  publicada  aún  oficialmente);  criterio  este  que  ya  había  sentado,  entre otros, en fallos números 081 de 15 de junio de 1993 (expediente  3653,  aún  no  publicado)  y  036  de  21  de  marzo de 1995(G.J., t. CCXXXIV,  pag.452)  y  que reiteró,  recientemente,  en  las  sentencias  números  003  de  15 de enero,   021   de   12  de  marzo  y 051 de 4 de junio de 2004(expedientes  números 6913, 6759 y 7748, respectivamente).   

                             Es  que,  como lo señaló la Sala en el  citado  fallo de 21 de marzo de 1995, la restitución del vendedor al comprador,  apenas  nominal  de  la  parte  del  precio que hubiere pagado, cuando fue éste  quien  propició la resolución judicial,  “no solo  guarda  armonía  con  el  principio  de  los riesgos de la cosa debida sino que  también  refleja  un  tratamiento  equitativo  en  el  contrato  de compraventa  resuelto.  Porque  así  como  el  vendedor  cumplido se encuentra obligado a la  restitución  nominal  del  precio, debido a que no lo afecta el fenómeno de la  devaluación  monetaria, de la misma manera solamente tiene el derecho a recibir  la  cosa en el estado en el que se encuentre, porque a él corresponde soportar,  como  propietario  o acreedor,  los deterioros o disminuciones que sufra la  cosa  en poder del comprador y que debe restituirse a menos que ello se atribuya  al  hecho  o  culpa  de  éste…  Por el contrario,  este equilibrio no se  lograría  en aquella interpretación que concluyera en el deber del vendedor de  restituír  un  precio  con  corrección  monetaria,  con  un  simple  derecho a  recuperar  una  cosa deteriorada, porque en este evento se le estaría asignando  injustamente  tanto  la  carga  de  los  efectos de la devaluación (corrección  monetaria)  como  la de los riesgos de la cosa a restituír (en sus deterioros),  lo   que   favorecería   exclusivamente   al  contratante  comprador.  …  esa  limitación   encuentra,   en   últimas,   su   justificación   en  el  propio  incumplimiento  del  comprador  en  el  pago  total  del  precio, causante de la  destrucción  (por resolución) de la venta y de la necesidad de la restitución  mucho    mas    tarde    de    la    parte    del    precio   pagado”(G. J., t.  CCXXXIV, pag.454).   

6. Es de verse, en  consecuencia,  que si el tribunal ordenó, como ciertamente así lo hizo, que la  demandante  restituyera  aquellos $50`000.000, actualizados y con intereses a la  tasa  del  6%  anual,  y  si ese es, precisamente, el punto al que se contrae la  crítica,  fluye  manifiesto  el quebranto de la ley por parte del sentenciador,  pues,  como se acaba de exponer, al haber sido la demandada quien dio lugar, con  su   incumplimiento,  a  que  se  declarara  deshecho  el  particularizado  acto  bilateral,  naturalmente que ella no puede salir favorecida con aquella condena,  esto  es,  la de la corrección y los intereses, porque, como se ya se dijo, una  determinación  así rompe el equilibrio que aun en el caso de las restituciones  mutuas  debe  existir  entre  esos  mismos  sujetos.  En este orden de ideas, la  restitución  debió  ordenarse tan sólo del valor nominal de aquella parte del  precio que la actora recibió de la opositora.      

                             7.  Por tanto,  prospera el cargo.   

CARGO SEGUNDO  

                                  Se  denuncia  la  violación  indirecta  de  los  artículos  1614, 1615, 1616, 1617 y 1630 del Código Civil,  884,  885  y  1163  del Código de Comercio, 71, 72, 73, 74, 233, 237, 238, 240,  241,  242 del Código de Procedimiento Civil, como consecuencia de errores en la  apreciación de las pruebas.   

                               1. No  sin      antes      precisar      que      tales      preceptos     “hacen     referencia     a    la  indemnización  de  perjuicios  que  deberá cancelar la parte incumplida por el  hecho  mismo  de  su  negativa al pago del precio y ante la resolución judicial  del    contrato    de    compraventa”,  la  recurrente puntualiza que el cargo lo divide en dos partes:  una por yerros de derecho y otra por errores fácticos.   

                               2. En  lo  tocante con el error de derecho, le cuestiona la acusadora al tribunal haber  apreciado  los  dictámenes  periciales  rendidos dentro del proceso, que fueron  objetados  por error grave, siendo que ellos contienen vicios que desdicen de su  existencia,    pues    no    son    “claros,          precisos         y         detallados”, como así en principio lo aceptó  ese  fallador  en  auto  de 25 de noviembre de 1999, al decretar la práctica de  una tercera pericia.   

                                 Empieza  la  casacionista  el  desarrollo  de  esta  parte  de  la  acusación  refiriéndose  al  “primer     dictamen”,  del  que  afirma su inexistencia  porque  considera que no cumple con los requisitos previstos en el artículo 237  del   Código   de   Procedimiento  Civil,  como  quiera  que  fue  “generalizado,   sin   puntualizar  detalles   ni   factores  estimativos”,   a   más  que  no  “valoró    la    finca    al    momento    de    la   negociación  resuelta”     ni  cuantificó   los   frutos   que   ella  hubiera  podido  producir  “con    mediana   inteligencia   y  cuidado”, como tampoco  “se   valoraron  los  daños  y  perjuicios”  ocasionados  a  raíz  del  incumplimiento  de  la  demandada; lo cual conduce a  concluir     que     al     no     darse     estos     elementos    “se está en presencia de una prueba  inexistente,  por  el  no  cumplimiento  de  los requisitos exigidos” por la memorada norma.   

                                En  relación  con  el segundo  trabajo  pericial  señala  la impugnadora que fue “más desastroso”, puesto  que  allí  los  peritos  manifestaron  que  no  podían determinar el valor del  predio      “El  Brasil”  para  épocas  pasadas,  ni  los  frutos  producidos por el mismo, como tampoco el monto de los  perjuicios  reclamados  por  la  actora, por carecer de elementos de juicio para  ello,  y porque en la complementación que hicieron a ese dictamen, “como  por arte de magia” encontraron las bases para avaluar  la  finca y la casa urbana, pero no para determinar el monto de los frutos ni de  los  perjuicios.  En cuanto al valor comercial fijado a los inmuebles vinculados  al    contrato    resuelto,    acota   la   recurrente   que   la   “inseguridad”  sólo  incidió  en el precio del  inmueble  rural  mas  no en el de la casa ubicada en Villavicencio, y que pese a  que  tal  fenómeno  social  con el transcurso del tiempo se ha incrementado, lo  que  permitiría  suponer  que  dicho bien ha ido perdiendo valor, estos peritos  “conceptuaron   lo  contrario,    que    era   mayor   el   precio   ahora   que   antes”.  Pone  en  tela  de juicio que el  mencionado  predio  sea inseguro, debido a que se encuentra ubicado “en las goteras de Villavicencio, lo  que      lo      hace      seguro”.   

                                Sobre  la  tercera experticia,  ordenada  y  practicada  en  la  segunda  instancia,  destaca  la  acusadora que  “prácticamente no fue  tenida  en  cuenta  por  el Tribunal pese a que fue su ordenador, por considerar  que  allí  no  había fundamentación, pero sí se debe dejar constancia de las  pruebas  aportadas  por  los mismos y que los llevaron a fundamentar el valor de  los  frutos de la finca. Pruebas que fueron dadas, seguramente por la demandada,  aunque  no  lo  dicen,  así  se  debe presumir, de tal suerte que las mismas no  hacen  otra  cosa  que  asegurar la posición de la demandada en cuanto a no ser  condenada  al  valor  de  unos  frutos  que  se hubieran podido dar frente a una  administración     con     mediana     inteligencia    y    cuidado”.   

                                  Apuntó   la  casacionista,  adicionalmente,  que  los  peritos no tuvieron en cuenta que el predio rural fue  abandonado  por  la  demandada,  circunstancia  que  necesariamente  tenía  que  influir  “en  su  valor  y  en  su renta”, ni el capital representado por el  mismo,  que  hubiese  servido  para  determinar los frutos aplicando la técnica  “de   asimilar   la  rentabilidad  a  la  suma  de los frutos civiles y naturales de manera que dicha  renta  corresponda a un porcentaje equivalente al 1% del valor comercial de bien  inmueble”.  Finalmente  cuestiona  la  estimación  de  estrato  cinco  que el  juzgador  le  dio a la casa de Villavicencio, por cuanto es principio probatorio  “la  prohibición  de  utilizar   el   conocimiento  privado”,  actitud  que  califica  de  beneficiosa para la demandada, más  cuando,   “le  dio  un  valor   a   la   finca   que   correspondía   al   más   bajo   de  todos  los  señalados”, pese a que  los  dictámenes no cumplían con las exigencias del citado artículo 237 y que,  por ende, no podían ser tenidos en cuenta.   

                               3. En  lo  concerniente con los errores de hecho, le cuestiona la acusadora al tribunal  no haber apreciado las siguientes pruebas:   

                                 El  dictamen  rendido  en  el  proceso  seguido  por Carmen Herrera de Torres contra Teresita de Jesús Alfonso  Estupiñan  y  su  hija Claudia Milena Castro en el Juzgado Treinta y Tres Civil  del  Circuito  de  Bogotá,  y  en  el  que  la  susodicha  finca  se avaluó en  $596´284.000,  prueba  que  de  haber  sido  apreciada,  hubiese conducido a la  fijación  de  una  suma  mayor  de  la  reconocida  por  el  tribunal  y  a una  estimación  diferente de los frutos y perjuicios con que debía ser beneficiada  la    actora.    Se    pregunta    entonces    la    casacionista   “por  qué  el  juzgado,  siendo tan  acucioso…de  oficio  no…ordenó  al  juzgado  33 del Circuito de Santa fe de  Bogotá…que     acercara     esta     prueba     al     proceso…”, para seguidamente puntualizar que  no   “debe  darse  la  respuesta  de  que  la  carga  ha de ser de las partes, ya que el juez … ha de  ordenar  las  pruebas de oficio para mejor decidir, pues no hay que olvidar, que  en  materia  de  perjuicios,  indemnizaciones  y  frutos  es motivo de casación  cuando  el  funcionario  no  decreta  pruebas de oficio para establecer en forma  concreta        los       mismos”.   

                                  El  documento  “firmado  por  los vecinos del lugar  de  la  finca  y  de  la  casa  urbana,  en  donde se establece el precio de los  mismos”,     que  controvierte  la  afirmación  de  los  peritos cuando sostienen que para dar el  avalúo  tuvieron  en  cuenta  los  predios  colindantes, pues de tales escritos  fluye  una suma diferente a la suministrada por los auxiliares, que se acerca al  valor  dado en la experticia rendida ante el  aludido juzgado, aportado con  el  alegato  de  conclusión  y  recordado en respaldo de la objeción formulada  contra el dictamen rendido en segunda instancia.   

                             La promesa de compraventa, en lo relativo  a    la    cláusula    penal    convenida    en    $80´000.000,   «para  efectos  de  fijar  los  daños  y  perjuicios”,   ya   que  simplemente    adujo    que    ella   “dejó   de   tener   vigencia   al   momento  mismo  de  hacerse  la  escritura”. A este respecto  la    censora    se   pregunta   si   “las  demás obligaciones como el no pago del precio por el comprador  no    estaban   aseguradas   igualmente   con   dicha   cláusula…”.   

                              El   cheque  girado  por  la  suma  de  $221´875.000    que    debió    tenerse    en    cuenta    para   “efectos  del  pago de intereses de tipo  comercial,  pues  de  conformidad con el art. 884 del C. de Co. ha de rendir los  frutos    correspondientes    esa   cantidad   de   tipo   comercial”.   

                                     La          “mala      fe      y      temeridad  desarrollada”   por   la  accionada,   que   deduce   del  hecho  de  haber  ella  traspasado  los  bienes  “a sus hijos con el objeto  de  perjudicar  a  la  demandante,  entre  otros el bien rural y así ganarse la  finca  sin  el  pago  de la misma; el haberse propuesto excepciones de fondo sin  los  fundamentos  legales  y  el  de argumentar hechos contrarios a la realidad,  hasta  el  punto  de valerse de testigos falsos para contradecir la realidad del  monto  del  valor  de  la negociación, que si no es por el señor Notario no se  hubiera  podido  establecer  ese  hecho a pesar del título valor en poder de la  demandante.  Todo  esto  hace  que  el  fallador  deba  mirar con cierto celo la  conducta  dolosa  y  temeraria  de  la  demandada, para condenarla junto con los  daños        y        perjuicios”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

                             1.  Ha de verse  que  como  el  yerro  de derecho puede tener lugar en aquellos eventos en que se  quebrantan  las  pautas  de  disciplina  probatoria  que  regulan  su admisión,  práctica,   eficacia   o   apreciación,   es  decir,  aquel  que  “concierne  al  mérito  legal  que  el  juzgador  le  atribuye  o  le niega, en contravención a los preceptos de la ley  sobre  pruebas”(G.  J., t.  LXXVIII,  pag.313),  un  embate  por  esa  senda  obliga  al impugnador a que su  crítica  se  circunscriba  a  cualquiera  de tales aspectos, en orden a lo cual  tendrá  que  dejar  de  lado, como es natural, toda disconformidad en relación  con  la  valoración objetiva que a cada medio le hubiere dado el fallador, pues  este  aspecto  es típico de esa causal pero por el yerro fáctico, como así se  desprende   del   artículo  368,  numeral  1º,  inciso  2º,  del  Código  de  Procedimiento   Civil.                                  

         

                             Para la suerte, pues, de un cargo montado  por  la  vía  indirecta  que  regula  el  numeral primero del artículo 368 del  estatuto  procesal citado, la distinción que se comenta es de suma importancia,  pues  si  en  la  acusación  así  esgrimida  se  discute  si  el  dictamen fue  idóneamente   fundamentado   por   los  peritos,  la  acusación  tendría  que  formularse  a  la  luz  del  error  de hecho, y no del de derecho, por cuanto la  ponderación   afirmativa   que  en  tal  caso  hubiere  efectuado  el  fallador  correspondería a la contemplación objetiva de la prueba.   

                              2.   En  el  presente  asunto  el reparo que la casacionista le formula al tribunal no radica  en  que  hubiera transgredido las pautas de disciplina probatoria que regulan lo  atinente   a   la   admisión,   práctica,   eficacia   o   ausencia  de  total  fundamentación  de  los  dictámenes  periciales  sino  que  gira en torno a la  valoración  objetiva  que  de  ellos  efectuó,  pues  por ningún lado aparece  crítica  alguna  alrededor  de  cualquiera de los señalados aspectos. Es claro  que  cuando  la  acusadora  señala  que el primer dictamen fue generalizado sin  puntualizar  detalles  ni  factores estimativos, que no se valoró la finca para  la  fecha  de la compraventa como tampoco los perjuicios ocasionados a raíz del  incumplimiento,  que  en  la  complementación  al  segundo  trabajo los peritos  “como   por   arte   de  magia”  encontraron  las  bases  para  avaluar  aquel  predio  y la casa urbana pero no para determinar el  monto   de   los   frutos   y  los  perjuicios,  y  que  la  tercera  experticia  prácticamente  no  fue  tenida  en  cuenta  por  el  tribunal pese a que fue su  ordenador,  no  hace  más  que  objetar  la ponderación que sobre su contenido  efectuó,  al  estimar  esos  aspectos  contrarios a la realidad. Es ostensible,  entonces,  la deficiencia técnica que incorpora la acusación en lo tocante con  los  yerros  de  derecho,  situación  que  da  al  traste  con  esta  parte del  cargo.   

                             3.  Ahora,  al  hacer  la  Corte  de  lado  las  deficiencias  técnicas  señaladas,  para así  analizar  este apartado de la acusación en el fondo, no llegaría a conclusión  diferente  de  la  de su fracaso, pues lo cierto es que el tribunal no incurrió  en los yerros que se le atribuyen, como se verá enseguida.   

                              Frente  al  dictamen  rendido  por  los  peritos  Mora Hernández y Novoa Martínez(fls.243 a 265, cd.1), el ad-quem   puntualizó   que   no  podía  aceptarlo,  por  un lado, por cuanto el valor de $250´000.000 lo dieron tomando  como  época de referencia el mes de septiembre de 1998, cuando debió ser el 27  de  mayo  de 1997, fecha del contrato que declaró simulado, y, por otro, porque  no  incorporó  cuantificación  en  lo referente a los frutos producidos por la  mencionada   finca;   precisamente   fue  al  amparo  de  la  primera  de  tales  consideraciones  que declaró la prosperidad de la objeción que por error grave  se formuló en relación con ese aspecto.   

                             En  lo  tocante con el segundo(fls.279 a  329),  aseveró el fallador que pese a que en principio los auxiliares Marciales  Deillías  y  Moncaleano  Iregui  incurrieron  en el mismo error del anterior al  avaluar  la  finca  en  $361´156.500  para  la  fecha  de  presentación de ese  dictamen,  lo  cierto  era  que la complementación a ese trabajo(fls.354 y 356,  cd.1)  sí  le  merecía  acogida,  ya  que cuando en ella valoraron la finca en  $215´000.000  para  el  27  de  abril  de  1997,  esos colaboradores judiciales  corrigieron   el  error  inicialmente  cometido,  acto  que  halló  debidamente  fundamentado,  al  advertir  que  para  esa  estimación sus autores tuvieron en  cuenta   «la  situación  de  inseguridad  generada  con  la  guerrilla,  así como el secuestro y boleteo que  afecta  a  los  valores  de  la tierra, hecho que por lo demás concuerda con la  certificación  que  expidió  el  Comandante  de  la  Sexta Brigada con sede en  Villavicencio,  quien  expresa  que en el área general de vía a Catama, Caños  Negros  (sitio  en  que está ubicada la finca, anota la Sala) y Puerto Porfía,  delinquen    las    cuadrillas   31.   29   y   53   de   las   FARC”, el estado en que se encontraba cuando  se  ajustó  el contrato, según informes que ellos recibieron, la circunstancia  consistente  en que de las 75 hectáreas que tenía, 40 estaban en tierra y vega  y  35  en  zona  de  riesgo  por  cuanto  fueron  playa del Río Guatiquía y en  cualquier  momento podían volver a ser cauce de esa afluente, todo ello unido a  los  demás datos que puntualizaron en su trabajo, en el que hicieron mención a  la    topografía    del    terreno,    a    las    áreas    de    “chucuas”,  pastos  y  construidas,  al grado de  mecanización  e  irrigación,  la  separación en dos partes  -la  delantera para el ganado y la trasera  para  cultivar  arroz-,   así  como  a la distancia que la separa de Villavicencio, entre otros factores,  y  porque  igualmente  se  basaron en ”las  Ruedas  de  Avalúo  de  la  Propiedad Raíz y de la Sociedad  Colombiana   de   Avaluadores  –  Seccional  de  la  Orinoquia,  además  de  la  investigación  de campo que hicieron con propietarios de inmuebles en la vía a  Caños    Negros,    usando    los    métodos   comparativos   y   valores   de  reposición».   

                             Y sobre el valor de los frutos acotó que  los  nombrados  peritos  “no  conceptuaron  nada,…,  ya  que  sólo  se  limitaron a decir, que ‘la   finca   EL   BRASIL  según  la  afirmación  recibida de la nueva propietaria, parece que la dio en arriendo por  una   cosecha   en   contraprestación   de  que  fuera  adecuada  para  sembrar  arroz’”.   

                             En lo relativo a la experticia presentada  por  Acosta  Martínez  y  Ardila  Botero(fls.27  a 38, cd.2) el juez de segundo  grado  aseveró  que no podía tenerla en cuenta en lo atinente al avalúo de la  susodicha    finca,    debido    a    “su  falta de fundamentación”,  vacío  que  lo  condujo  a  acoger  la objeción por error grave  formulada  por  la  demandante,  al  tiempo  que precisó que sí la adoptaba en  relación  con  el  importe que hicieron de los frutos producidos por dicha cosa  entre  mayo  de  1997 y diciembre de 1999, fijado en $12´236.000, por cuanto en  este  aspecto  los  peritos  señalaron “las   razones   por   las   cuales  llegaron  a  los  guarismos  que  dieron”   y   anexaron  “copia de los contratos de  arrendamiento  de  pastaje”  que  sobre  el  nombrado  predio  había  celebrado  Claudia  Milena  Castro, su  propietaria actual, con varias personas.   

                             Es palmario entonces que para efectos de  la  tasación  del  valor  que la finca “El  Brasil” tuvo  para   el   27   de   mayo   de   1997,   fecha   del   contrato   resuelto,  el  sentenciador no se apoyó en  el      avalúo      que     efectuaron     los     peritos     Mora–Novoa     y     Acosta–Ardila,   al  darse  cuenta  que  no  cumplían  las exigencias de claridad, precisión y fundamentación impuestas en  el  artículo  237  del  Código  de  Procedimiento Civil, y en cambio sí en la  aclaración   o  complementación  que  los  auxiliares  Marciales  Deillías  y  Moncaleano  Iregui(fls.354  y  356,  cd.1))  hicieron  a su trabajo inicialmente  presentado,  al  estimar  que  reunía los indicados requisitos; del mismo modo,  que  en  punto del monto de los frutos producidos por dicho inmueble se basó en  este  dictamen,  así  como  en el tercero (el de los peritos Acosta Martínez –  Ardila  Botero),  como quiera que estas experticias, en el señalado aspecto, se  ajustaban    a    las   comentadas   exigencias   y,   en   consecuencia,   eran  atendibles.   

                             Ello equivale a decir que el juzgador, en  la  medida  en que soportó su decisión relativa al valor del predio rural y de  los  frutos  producidos  por  el  mismo,  respecto  de aquellas pruebas que a su  juicio  cumplían  las  condiciones de claridad, precisión y fundamentación, y  desestimó,  en  ese  mismo  campo,  los  otros  dictámenes,  ningún  yerro de  cometió.   

                             En  lo que tiene que ver con la crítica  que  la  acusadora  hace  frente  a  la determinación adoptada alrededor de los  perjuicios  derivados  del  incumplimiento  en que incurrió la opositora, es de  notarse  cómo  el  tribunal  consideró  que  no  podía imponer condena en ese  sentido  por cuanto la actora no satisfizo el deber de enunciarlos en la demanda  no  sólo para así saber en qué consistían sino para que la demandada pudiera  defenderse  y  controvertirlos,  pues  se  limitó  a pedirlos pero sin precisar  “cuáles fueron”,  omisión  que  condujo  a  que  los  peritos  no  pudieran  determinar ningún valor en cuanto a ellos, hallándose a  la  vez  imposibilitado,  por  razones  de  esa misma deficiencia, para decretar  pruebas de oficio.   

                             Es  claro,  por  consiguiente, que si la  razón  que  tuvo  el ad-quem  para  negar  la  imposición  de condena por concepto de los daños derivados de  dicho  incumplimiento  negocial  radicó  en  el  hecho  de  que ellos no fueron  determinados  en  el  acto  introductorio,  y  no  en  ninguna  de  las  pruebas  periciales  legalmente  allegadas  al  proceso,  anda equivocada la acusadora al  achacarle  la comisión de error de derecho al respecto. Evidentemente, como esa  decisión  la  adoptó  el  fallador  al advertir que sobre la naturaleza de los  perjuicios  el  libelo  guardaba absoluto silencio, de donde resultaba imposible  identificarlos  y  establecer  su  cuantía,  al  punto  que  por ello mismo los  peritos  no pudieron valorarlos, un ataque a ese fundamento debió edificarlo la  impugnadora  atribuyéndole  equivocación  en la interpretación de la demanda,  lo que no hizo.    

                             4. En todo caso,  si  “la  presencia  de  un  criterio  de  ponderación  probatoria  en el recurrente, diferente del expuesto  por  el  fallador,  no  se  edifica en causa suficiente para pregonar el dislate  fáctico  ´mientras éste no  degenere    ostensiblemente    en    arbitrariedad´  …,  toda  vez  que  no es la disparidad de opiniones  alrededor  de  la  interpretación de la prueba, sino la franca desconexión con  lo   que   ella   muestra,   lo  que  comporta  el  vicio  señalado”(sentencia   número   115  de  23  de  septiembre  de  2004,  exp.#0329,  no publicada aún oficialmente), razonamiento  que,  por  supuesto,  también  se predica en torno a la manera como el tribunal  examine  la  prueba  pericial,  pues,  como  lo  ha  pregonado  la Corporación,  “compete   al   juzgador  apreciar  con  libertad  esta  condición,  dentro  de  la  autonomía que le es  propia”(G.  J.,  t. CCXVI,  pag.440),  es  palmario  que desde esta perspectiva tampoco surge error evidente  alguno  en  la  apreciación  que  del  material probatorio hizo el ad-quem.   

                                 5.  Al  mantenerse  en  pie  la  valoración  que  de  la  prueba  pericial  y  del acto  introductorio  del  proceso  realizó  el fallador, ha de seguirse que las otras  falencias,  vale  decir,  las  que  le  endilga  la  recurrente  bajo la precisa  denominación  de  “errores  de  hecho”, de existir, no  tendrían  la menor virtualidad para arrebatarle al fallo atacado la presunción  de  acierto  que  lo  sigue  respaldando,  por  lo  que tales reproches devienen  intrascendentes  habida  consideración  que las determinaciones adoptadas en la  providencia    criticada    se   siguen   manteniendo   en   los   soportes   no  derribados,    haciendo    así    imposible    su  aniquilamiento.   

                               A  este  respecto  es  de  verse  que  cuando se invoca la causal primera de casación  y  la  censura  orienta  la  acusación  por  la vía indirecta, imputándole al  juzgador  la  comisión  de  errores  en  la apreciación de las pruebas o de la  demanda,  ya  de  hecho ora de derecho, es menester que el impugnador combata la  totalidad  de  los pilares en que se apoya el fallo impugnado y, adicionalmente,  que  de  así hacerlo, obtenga éxito en su propósito, pues mientras uno de los  basamentos  de  la  decisión  permanezca  vigente, la sentencia pasa indemne en  casación.   

                               6.    En  consecuencia, el cargo no prospera.   

IV. SENTENCIA SUSTITUTIVA  

                             A este propósito ha de tenerse presente  que  la  prosperidad  del cargo primero quedó circunscrita, con exclusividad, a  la  improcedencia  de reconocer a favor de la demandada el pago de los intereses  y  de  la  corrección monetaria sobre los cincuenta millones de pesos que en el  ámbito  de  las  prestaciones  mutuas  debe  restituirle  la  demandante,  pues  aquélla,  al  haber  incurrido  en incumplimiento en el pago del saldo relativo  al   precio,  que  fue  el  hecho  a  cuyo  amparo  el  tribunal dispuso la  resolución  del  correspondiente  negocio  jurídico,  carece  de  derecho para  reclamar   la  devolución,  debidamente  actualizada  y  con  réditos,  de  la  señalada cantidad líquida de dinero.   

                             Como  consecuencia de lo expuesto es que  la  sentencia de reemplazo no tendrá más alcance que modificar, justamente, la  condena  por  el  señalado concepto, limitando entonces la aludida restitución  dineraria  únicamente  a  su valor histórico o nominal, razón por la cual las  restantes  determinaciones del juez de segundo grado se reproducirán en todo lo  demás,  como  que  ellas  resultan  intangibles para la Corte en cuanto pasaron  incólumes en el recurso de casación.   

                               

V. DECISIÓN:  

                                En armonía con lo expuesto, la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en  nombre   de   la   República   y   por   autoridad   de  la  ley,  CASA  PARCIALMENTE  la sentencia de 14  de  abril de 2000 pronunciada en este proceso ordinario por el Tribunal Superior  del Distrito Judicial de Villavicencio, y en su lugar,   

                            RESUELVE:   

                             Modificar el párrafo segundo del numeral  tercero  (3°)  de  la parte dispositiva de la sentencia dictada en este proceso  por  la  Sala  Civil-Laboral  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de  Villavicencio  el 14 de abril de 2000, en cuanto hace a la orden allí impartida  al  demandante de devolverle a la demandada los dineros recibidos como parte del  precio,  en  el  sentido de que dicha condena se reduce a la restitución de los  cincuenta  millones  de  pesos,  únicamente  en su valor nominal, es decir, sin  intereses  ni actualización de ninguna índole, reajustes estos que se suprimen  del preindicado numeral.   

Por  tanto,  en  lo  demás queda vigente la  sentencia  dictada en el presente proceso, cuyas resoluciones, en lo pertinente,  se transcriben a continuación para mayor precisión:   

“REVOCASE el fallo  apelado, el cual quedará así:   

“2º.- Declárase  que  el  contrato  de  PERMUTA  celebrado  entre la demandante CARMEN HERRERA DE  TORRES  y  la  demandada  TERESITA DE JESUS ALFONSO ESTUPIÑAN, que consta en la  escritura  #1.538  del  27  de  Mayo  de 1.997, reformada por la #1.673 del 6 de  Junio  de dicho año, ambas de la Notaría Tercera de Villavicencio, es RELATIVA  MENTE  SIMULADO,  por  cuanto  lo que celebraron fue un CONTRATO DE COMPRAVENTA.  Comuníquese  lo  anterior a la mencionada Notaría, para que se tome nota de lo  aquí  resuelto en las citadas escrituras e igualmente al Registrador de II. PP.  de esta ciudad.   

“3º  Declárase  que  ese  CONTRATO  DE  COMPRAVENTA,  está resuelto por el incumplimiento de la  compradora  demandada  TERESITA  DE  JESUS ALFONSO ESTUPIÑAN, por el no pago de  parte  del  precio.  Como  consecuencia de lo anterior, la demandada TERESITA DE  JESUS  ALFONSO  ESTUPIÑAN,  debe  restituir  a  la demandante CARMEN HERRERA DE  TORRES,  la  suma de DOSCIENTOS QUINCE MILLONES DE PESOS, como valor equivalente  de  la finca EL BRASIL (ya que ésta fue vendida por la demandada a un tercero),  suma  ésta  que  deberá  ser  restituida  con el valor que tenga dicha suma al  momento  de  la  restitución,  tomando  como  base  el  índice  de  precios al  consumidor  (índice  en el alza del costo de vida) que expida el DANE, más los  intereses  legales  del  6%  anual.  Igualmente  la  demandada TERESITA DE JESUS  ALFONSO  ESTUPIÑAN  deberá restituir a la demandante CARMEN HERRERA DE TORRES,  la  suma de DOCE MILLONES OCHOCIENTOS TREINTA Y SEIS MIL PESOS, por frutos de la  finca  EL  BRASIL,  de  Mayo de 1.997 a Abril del 2.000, y de ahí en adelante y  por  tal  concepto la suma de CIENTO CINCUENTA MIL PESOS mensuales, hasta que se  haga la restitución.   

“A  su turno, la  demandante  CARMEN  HERRERA DE TORRES, deberá restituir a la demandada TERESITA  DE  JESUS  ALFONSO  ESTUPIÑAN,  la  casa ubicada en la urbanización o Conjunto  Residencial  El  Trapiche  (casa  #2 manzana C), más el valor de los frutos que  haya  podido  producir  el  inmueble, que desde Abril de 1.997 hasta la fecha de  esta  sentencia  (Abril  de 1.999), ascienden a VEINTIDOS MILLONES CUATROCIENTOS  MIL  PESOS  y  de ahí en adelante unos frutos mensuales de SEISCIENTOS CUARENTA  MIL  PESOS  hasta  que  se  produzca  la  restitución del inmueble.”   La   demandante  debe  “devolver  a  la  demandada  TERESITA DE  JESUS   ALFONSO   ESTUPIÑAN   el   cheque   no   pagado   por  $221’875.000.oo,    que   obra   en   el  expediente.   

“4º.-            Las partes  podrán compensar las anteriores condenas y restituciones.   

“5º.- Declárase  parcialmente  probada  la  objeción  al  dictamen  que  rindieron  los  peritos  ALEJANDRO  MORA y HERNANDO NOVOA, pero sólo en cuanto el avalúo de la finca EL  BRASIL..   

“6º.- Declárase  parcialmente  probada la objeción al dictamen que rindieron los peritos EDUARDO  ARDILA  BOTERO y GUSTAVO ACOSTA MARTÍNEZ, pero sólo en cuanto al avalúo de la  finca EL BRASIL.   

         

“7º.-            Costas  de  primera   instancia   a   cargo  de  la  demandada  TERESITA  DE  JESUS  ALFONSO  ESTUPIÑAN.   

                                                          

                                     “8º-  Sin  costas  en esta instancia al  fracasar       las       apelaciones       de      ambas      partes”(fls.86 a 88, cd.2).   

                               

Sin  costas en casación al haber prosperado  parcialmente el recurso.   

CÓPIESE,   NOTIFÍQUESE,  Y  OPORTUNAMENTE  DEVUÉLVASE EL EXPEDIENTE AL TRIBUNAL DE ORIGEN.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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