SC 149 2005 [7569]

2005

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SC-149-2005 [7569]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE  CASACION  CIVIL   

Magistrado Ponente  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

                      Bogotá, D.  C., treinta (30) de junio de dos mil cinco (2005).   

Ref:  Expediente No. 7569   

                    Se decide por  la  Corte  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por la parte  demandada,  contra  la  sentencia  del  9 de diciembre de 1998, proferida por la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, dentro del  proceso     ordinario     adelantado     por     la     sociedad    SIDERURGICA   TECNICA   DE  COLOMBIA  S.A.  frente   a   la  COMPAÑIA  SEGUROS  GENERALES  AURORA  S.A.   

ANTECEDENTES  

                             1.  Correspondió   al   Juzgado   undécimo  Civil  del  Circuito  de  esta  ciudad  diligenciar  la  demanda  en  la cual SITECOL LTDA.., hoy SIDERURGICA TECNICA DE  COLOMBIA S.A. , formuló los siguientes pedimentos:   

                   Primero:   Declarar  que  SEGUROS  GENERALES  AURORA S.A. incumplió el contrato de seguros  que  consta  en  la  póliza  automática No. 3070, al negarse a indemnizar a su  asegurada la pérdida por el siniestro de la motonave Antoras.   

                   Segundo:   Que  la  demandada no puede exonerarse de la obligación de pagar a la actora el  valor   de  la  mercancía  y  el  flete  asegurados  bajo  la  aludida  póliza  automática  y  el  certificado  de  seguro  de  transporte  No. 25867 del 22 de  noviembre  de  1994,  perdidos en  el siniestro de la motonave Antoras, con  el  argumento de que el buque se hallaba bajo contrato de fletamento, porque tal  condición no fue pactada.   

                     Tercero: Que  la  condición  6ª  numeral  6.4  de  las condiciones generales de la susodicha  póliza   es  ineficaz  porque  carece  de  significado  y,  si  la  aseguradora  pretendió darle alguno, no lo consagró dentro del texto.   

                   Cuarto: Que la  condición  antes  referida  no  se predica de “bienes transportados en buques  bajo contrato de fletamento”.   

                   Quinto: Que la  demandante   cumplió   todas  las  estipulaciones  de  la  mencionada  póliza,  especialmente  porque  aplicó  a ella todos sus embarques e informó verazmente  acerca de cada uno de ellos, por lo cual no violó la garantía.   

                    Sexto: Que la  decisión  de enero 13 de 1995, tomada por la aseguradora para dar por terminado  el  contrato  de seguro previsto en la póliza automática 3070 que amparaba las  mercancías  descritas  en  los  certificados  de  seguro  No. 25732 y 25867, al  devolver      a      SITECOL     $1’633.143,  valor  de  las primas pagadas en octubre 11 y noviembre 17  de 1994, es arbitraria y carece de asidero jurídico.   

                       Séptimo:  Condenar  a  la  demandada a pagar a la actora la suma de trescientos cuarenta y  nueve  millones  doscientos  setenta  y  siete  mil veintitrés pesos con cuatro  centavos            ($349’277.023.04),  valor  de  la  mercancía  y  flete  amparados  por la  póliza   automática  3070,  conforme  a  la  descripción  que  consta  en  el  certificado  de  transporte No.25867 de 22 de noviembre de 1994, por concepto de  indemnización  por  la  pérdida del siniestro de la motonave Antoras, ocurrido  cerca  de  Jamaica  cuando hacía el trayecto La Habana – Barranquilla, viaje en  el  cual la mercancía se hallaba amparada por los conocimientos de embarque No.  01  y  No.  02  de  noviembre  17  de 1994, suma esta que, en todo caso, deberá  actualizarse   conforme   al   certificado   del  IPC  (índice  de  precios  al  consumidor)  que expida el DANE.   

                         Noveno:  Condenar  a  la  aseguradora  a pagar a la actora todos los perjuicios derivados  del  incumplimiento  del contrato de seguro que consta en la póliza automática  No.  3070,  conforme  al artículo 1080 del Código de Comercio que le impone la  tasa  máxima  de  interés  moratorio  sobre  el importe de la obligación a su  cargo,  desde  el  28  de  diciembre  de  1994,  cuando  tal obligación se hizo  exigible.                            

                     2. La actora  sustentó   sus  pretensiones  en  la  situación  fáctica  que  se  sintetiza,  así:   

                   La demandante,  antes  SITECOL  LTDA.,  celebró  con  Acinox  S.A.   una  compraventa  marítima  en  los  términos C & F – costo y flete -, para el suministro de  palanquilla  de  acero  y  barras de hierro sin alear, para ser entregados en el  puerto  de Barranquilla, habiendo asumido, por ende, los riesgos desde cuando la  mercancía  pasó  la  borda  del  buque.  SITECOL  en  un  comienzo amparaba la  mercancía  con  pólizas  específicas  de seguro de transporte, y así trajo a  Colombia  dos  embarques, el 24 de Mayo y el 29 de Agosto de 1994, según consta  en  las  pólizas  específicas  de transporte Nos. 5750 y 5832. Por tratarse de  embarques  sucesivos  SITECOL,  decidió  aceptar  la sugerencia de la agente de  seguros    de    tomar    la   póliza   en   la   modalidad   de   automática,  la cual fue expedida el 7 de  Octubre  de  1994 con el No. 3070,  y bajo ésta la demandada expidió  el  18  de  octubre de ese mismo año el certificado de seguro de transporte No.  25732   que amparaba la mercancía y flete vendidos por Acinox S.A., según  la  compraventa  antes  dicha,  así:  valor de la palanquilla US$373.660 y  flete  US$30.590.   La  tomadora  pagó  oportunamente  la  prima  causada,  tal  y como consta en el recibo No. 272679.   

La  aseguradora con cargo a dicha póliza, el  22  de  noviembre  de  1994,  expidió  a  la actora el certificado de seguro de  transporte  No.  25867  para  cubrir los mismos amparos, pero por los siguientes  valores:   palanquilla  de  acero y barras de hierro sin alear US$363.915 y  flete US$40.435, cancelándose la prima por parte de SITECOL.   

                     Acinox S.A.,  el  17  de  noviembre de 1994, expidió las facturas comerciales Nos. 4050-437 y  4050-436  que  describen  el  despacho  para  SITECOL  a la orden de Almadelco –  Barranquilla  y  por  cuenta  del  Banco  del Estado, de palanquilla y barras de  hierro  sin alear por valor de  US$257,522,40, mercancía que fue embarcada  en  la  motonave  Antoras,  habiéndose  expedido  el respectivo conocimiento de  embarque  y  los  registros  de  importación; así mismo, la vendedora envió a  Seguros  Aurora  los  avisos  sobre  su despacho, junto con los conocimientos de  embarque y las facturas comerciales atrás especificadas.   

La  demandante,  el  25 de noviembre de 1994,  recibió  de la vendedora un fax alertándola sobre la emergencia presentada con  mencionada  motonave,  habiendo  ésta  dado  aviso, a su vez, a la aseguradora,  así  como  de  la posterior ratificación de la pérdida total de la mercancía  asegurada,  aportando para tal efecto la documentación pertinente. La demandada  encargó  la  labor  de  ajuste al ingeniero Álvaro Lascado, perteneciente a la  empresa Inconar, designación que la tomadora del seguro aceptó.   

                             La  aseguradora,  mediante comunicación del 27 de diciembre de 1994, notificó a la  reclamante   la   objeción   de   su   solicitud,  negándole  el  pago  de  la  indemnización  pedida.  Adujo al respecto, básicamente, que como la mercancía  se  transportó bajo contrato de fletamento  “Time Charter Party”   y  no  se cumplió con la exigencia de denunciarla expresamente en la póliza no  quedó asegurada y, por ende, carecía del amparo reclamado.   

En el texto de la aludida póliza automática  no  se exige que el transporte de la mercancía se haga exclusivamente en buques  que  no  estén  bajo contrato de fletamento por  “Time Charter Party”,  ya  que  dicha  expresión no figuraba en la póliza y solamente apareció en la  carta  en  que  la  aseguradora  objeta  la  reclamación  y niega el pago de la  indemnización.   

La  aseguradora,  posteriormente  y  de  modo  retroactivo,  dio  por terminado el contrato de seguros de transporte pactado en  dicha  póliza  automática,  pretextando que los  despachos no podían ser  amparados  por  haberse efectuado en condiciones charter, reintegrando lo pagado  por  concepto  de  prima,  devolución  que  la  sociedad accionarte no aceptó.   

Finalmente,  el  director  de  Acinox  S.A.,  mediante  escritura pública No.2 de 1992 hizo constar que la mercancía vendida  a  SITECOL,  no  pudo   arribar  a  Barranquilla  debido al siniestro de la  motonave  Antoras, amén que el señor José Pardo otorgó acta de protesta ante  la  Capitanía  de Puerto de Kingston, dando cuenta del siniestro de la motonave  en  cita  y  del  abandono  de  la  misma.  A su vez, el señor E. R. Myers  certificó  el  encallamiento  de la antedicha nave y su abandono en Pert Moran,  St.  Thomas, Jamaica.  Además,  la reclamante tuvo que pagar al Banco  del   Estado   las  cartas  de  crédito  por  valor  de  $349.277.023,04.    

                        3.   Enterada  la  demandada  de  aquellos  pedimentos  se  opuso a los mismos, negó  algunos  de  los  hechos que los apuntalan, admitió otros y dijo desconocer los  demás   o   ser   irrelevantes.   Propuso,  así  mismo,  las  excepciones  que  denominó   “eficacia  de  la  convención  e inexistencia del amparo”,  “nulidad   del  contrato  de  seguro”,  “terminación”   del  mismo  y   “violación  de  la  garantía”, las cuales perfiló a partir de la  afirmación  de  la  validez  y  plena  eficacia  de  la  cláusula sexta de las  condiciones  del contrato de seguro en la cual está pactada la inexistencia del  amparo  cuando  la mercancía se transporta en condiciones charter, vocablo cuyo  contenido  precisó  espaciosamente.  De  igual  modo, se dolió de que no fuera  enterada  de  esa modificación del estado del riesgo, tornándose oportunas las  anotadas sanciones.   

                       4.  A  la  primera      instancia      puso      fin      el      juzgador     a-quo,  mediante sentencia estimatoria de  las  pretensiones,  en  la  cual  condenó  a  la  demandada  a pagar la suma de  $349.277.023,04,  junto  con  los  intereses  moratorios  pertinentes, decisión  confirmada  por  la  Sala  Civil  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá, mediante la sentencia ahora recurrida en casación.   

LAS RAZONES DEL TRIBUNAL  

                     

                    Refiriéndose  a  la  acusación  del  apelante  consistente en que el fallador de primer grado  habría  excedido  el  marco  de  las  pretensiones  de la demanda, porque en su  entender  lo  que  en ella se pide es la ineficacia de una de las condiciones de  la  póliza  por contener un anglicismo sin significado en español, puntualizó  el  Tribunal  que del examen de las pretensiones se infiere que en la primera de  ellas  persigue  la declaración de incumplimiento del contrato de seguro; en la  quinta  reclama  una  declaración  de cumplimiento a su favor y en las últimas  buscan   “declaración  y  condena”   de  la  demandada al pago de  perjuicios  y  costas.   “Ciertamente  en  las  segunda,  tercera  y  cuarta  se  refiere  a la condición 6 numeral 6.4. de las  Condiciones  Generales de la Póliza Automática y que el a-quo considerara o no  prósperas  estas  pretensiones,  no  impedía  que  se  pronunciara  sobre  las  restantes,  menos  aún  sobre  las  excepciones  que le fueron propuestas o que  llegara  a  conclusión  distinta de denegar la totalidad de las pretensiones de  la demandante”.     

                      Agregó el  juzgador  que  la  aseguradora  demostró  que  un  buen  numero de aseguradoras  incluían  la  discutida cláusula según la cual los “bienes transportados en  condiciones   charter   (sic.)”   se   aseguran   cuando  están  expresamente  consignados  en  la  póliza,  amén  que  allegó  el  decreto 2450 de 1974 que  reglamenta  los  vuelos charter, lo cual no constituye ningún aporte porque ese  vocablo  es  de uso frecuente en relación con el transporte aéreo, siendo esa,  inclusive,  la  definición prevista en el Diccionario de la Real Academia de la  Lengua  Española.  Añade  que  el  Director  General Marítimo, contralmirante  Sergio  García  Torres,  refiriéndose  al  uso de ese término en la actividad  transportadora  marítima,  precisó  que  era  usado  internacionalmente,  como  cuando  se  habla  de  “Charter  party”,  alocución con la cual se alude al  contrato de fletamento o arrendamiento de buques.   

                    El Código de  Comercio,  agregó, se refiere al contrato de fletamento, el mismo que según la  demandada  se  identifica  como  charter;  así  mismo, según el Diccionario de  Términos  Marítimos  de  la  Flota  Mercante  Gran  Colombiana,  la expresión  “Charter  party”,  es  una  forma  de  denominar el contrato de fletamento o  arrendamiento  de  buques.  En  él  se  alude,  también a “demis Charter”,  “Time  Charter”,  “voyage  charter”  y  otras,  pero  la sola expresión  charter  no  le  decía nada a “la extinta flota” como tampoco al mencionado  Contralmirante.  Abordó,  seguidamente,  el  fallador, transcribiéndolas en lo  pertinente,  el  examen  de las declaraciones de Álvaro Enrique Lascarro, quien  fuera  el  ajustador  de  la  reclamación  de  la demandante, y Wilfredo Torres  Rivera,   para  acotar,  más  adelante,  que  habiendo  sido  aprobada  por  la  Superintendencia  Bancaria  la  aludida  cláusula,  no es posible, en términos  generales,  desconocerse,  aunque  bien  puede cuestionarse su aplicación en el  caso  en  estudio,  que  fue  lo  hecho  por  el juzgador de primer grado,   “máxime  si  se  tiene en cuenta que dicha póliza  cubre  todas  las formas de transporte ¿constituiría grave error pensar que se  incluyó  solamente  para  aplicarla  al transporte aéreo o que se quedó corta  para  cubrir conceptos de uso internacional relativos al marítimo?.    Indudablemente  el  verdadero  significado  y  extensión  del términos charter  (sic.),  mejor,  de la condición contenida en el numeral 6.4 de la condición 6  de la póliza automática resulta por lo menos, oscuro”.   

                     Es necesario  estudiar,   entonces,   prosigue,   si   las   circunstancias   antecedentes   y  concomitantes   a  la  celebración  del  contrato  permiten  pensar  que  dicha  condición  no  se  tuvo en cuenta por las partes o, como lo sostiene la actora,  la  falta  de  claridad en cuanto a su aplicación debe interpretarse a favor de  la  demandada, teniendo en cuenta que se trata de un contrato de adhesión y que  la  póliza  fue  llenada  por la agencia vendedora con base en lo consignado en  contratos  de seguros de pólizas específicas acordados anteriormente por ellos  y  que la póliza automática se expidió únicamente con el fin de alcanzar una  mayor comodidad en la obtención del seguro.   

                     Acometió, a  continuación,  el  análisis  de  la testificación de Margarita Rojas Morales,  quien  vendió la póliza, no sin antes desechar por extemporáneo el intento de  la  demandada  de  tacharla  de  sospechosa  en  el alegato de conclusión, para  destacar  que  según  la deponente la póliza automática se llenó con base en  las  pólizas  específicas por ser un cliente conocido por la empresa; además,  que  para  ella no significó nada el término charter y que en los 20 años que  lleva  en  el  campo  de  los  seguros  nunca  se  hizo  una  objeción  por esa  condición, declaración que es clara e infunde certeza.   

                   Pasando a otro  tema,  señaló el sentenciador que el apelante se quejó de que la decisión de  primera  instancia  se  dedicó a escudriñar la intención de las partes, antes  de  atender  las  cláusulas  del  contrato,  pero,  esto  es lo indicado por el  artículo  1618  del  Código  Civil,  como  así lo tiene establecido la Corte,  refiriéndose  a los contratos de adhesión, aseveración que pretende apuntalar  transcribiendo  una  decisión  de  esta  Corporación.  En  este  caso  fue  el  ajustador  quien  descubrió  la  exclusión,  ya  que  ninguna  de  las  partes  consideró   que   las   mercancías  amparadas  en  el  respectivo  certificado  estuviesen  excluidas,   “no fue ese su querer,  no  hubo solicitud o declaración previa por parte de la actora, la póliza, tal  como  se  comentó  anteriormente,  se  expidió  con  fundamento  en  los datos  consignados  en  las  pólizas  específicas,  no  hay lugar a considerar que la  aseguradora  ignorara ni el tipo de mercancías ni la forma de transporte y dada  su  especialidad,  como que los seguros son su objetivo, también debía conocer  el  significado  de la cláusula y ponerlo en conocimiento de su cliente, ya que  dicha  cláusula  es  muy confusa…”, prestándose a  diversas  interpretaciones, motivo por el cual debe aplicarse el criterio citado  de la Corte y considerar plenamente existente el amparo.   

                    En alusión a  la  nulidad  del  contrato  alegada  por  la demandada, por no haberse declarado  verazmente  los  hechos  que  determinaban  el  estado  del  riesgo, subrayó el  juzgador   ad-quem, que en este caso, sin confundir las  pólizas   específicas  suscritas  con  anterioridad  por  las  partes  con  la  automática  en  estudio,  deben  traerse  aquellas  a colación porque, como lo  declaró  la intermediaria de seguros, no hubo solicitud ni ninguna declaración  al  respecto,  porque  la  póliza  se  llenó  con  base en aquellos, porque la  demandante era cliente conocida de la aseguradora.   

                      Si bien es  necesario  tener  en  cuenta  lo  prescrito por el artículo 1058 del Código de  Comercio  en  lo  relativo  al  deber  de  declarar  sinceramente los hechos que  determinan  el  estado del riesgo o lo agravan, no es menos cierto que, conforme  al  ultimo  inciso de ese precepto, las sanciones en él consagradas  no se  aplican  si el asegurador, antes de celebrarse el contrato, ha conocido o debido  conocer  los  hechos  y  circunstancias  sobre  las  que versan los vicios de la  declaración,  o  si  ya  celebrado  el  contrato  se allana a subsanarlos o los  acepta expresa o tácitamente.   

                   Luego de hacer  una  breve  explicación  de los conceptos de inexactitud y reticencia, enfatiza  el  fallador  que  ninguna  de  estas  conductas aquí se produjo porque no hubo  declaración,  ya  que  la  póliza  se  tomó  para  continuar desarrollando la  actividad  del  demandante,  la  que  comunicó oportunamente el despacho de las  mercancías.  No  sobra  recordar, destaca, que el transporte era contratado por  la  vendedora,  que  era  siempre  la misma, como similares eran las mercancías  vendidas,  que  ya  habían sido amparadas. “Si hubo  alguna  negligencia  no  fue  de  la  demandante  sino  de  la  aseguradora  que  conociendo  la actividad desarrollada por SITECOL le ofreció una póliza que no  cubría  los  riesgos  que  la  tomadora  necesitaba amparar o que sólo habría  hecho en condiciones más onerosas.   

                      Con  estos  mismos  argumentos,  continúa,  se  desvirtúa  la  tercera  excepción  de  la  demandada.  En  lo  relativo al interés asegurable, que ésta impugna  por  considerar  que  la  mercadería era de propiedad del Banco del Estado, se tiene  que  obran  en  el   expediente las facturas expedidas por Acinox S.A., las  que  dan cuenta de la compraventa efectuada por la demandante y sobre las cuales  existía  orden  de  retención  en  favor  del  mencionado  Banco. Se recibió,  inclusive,  el  testimonio  de Blanca Nelly Galindo Soler, quien narró el error  que  cometió  al  transcribir  la  comunicación sobre la cual se estructura la  excepción,   testificación   espontánea  y  digna  de  credibilidad  para  el  sentenciador,    quien    concluyó    que    dicho    medio    exceptivo    era  infundado.   

                           Para  finalizar,  reparó el sentenciador en la declaración de Ricardo Payret López,  particularmente,  en  lo  referente al accidente sufrido con anterioridad por la  motonave  Antoras, para poner de presente que las averías allí sufridas por la  nave  solamente  afectaron  “la obra muerta de la misma”, razón por la cual  pudo  ésta  zarpar de la Habana con la anuencia de la Capitanía del Puerto, la  cual  no  la  habría autorizado de no estar en condiciones de hacerse a la mar.  Por  tal motivo dicho percance no parece ser la causa del naufragio. Y en cuanto  a  que  el  susodicho navío estuviese halando una  “patana”, según el  testigo  Wilfredo  Torres Rivera, ese es un procedimiento común en el puerto de  Santiago  de  Cuba,  donde  debió  recibir autorización para ello. Señaló el  testigo,  de  igual  modo,  que  el  único pesaje de los barcos que reconoce es  la   “tara”,  procedimiento  mediante el cual se mide el desplazamiento  del  buque  por  efecto  de la carga a la línea de flotación, la cual no puede  quedar  debajo  del  agua.  Por  eso al llegar allí se suspenden las labores de  carga.  Por  todo ello, ninguna intervención hubo de la actora en el naufragio,  debiéndose confirmar la sentencia recurrida.   

LA    DEMANDA   DE   CASACION    

                      El  censor  formuló  nueve  cargos  a  la  sentencia  impugnada, de los cuales sólo fueron  admitidos  a  trámite  el 1º, 2º, 3º, 4º, 8º y 9º, los que se despacharan  en  la siguiente forma:  en primer lugar se examinarán, en forma conjunta,  los  dos primeros cargos, propuestos con sustento en la causal segunda, y luego,  al  abrigo  de las mismas consideraciones, los restantes perfilados con apoyo en  la causal primera de casación.    

CARGO PRIMERO  

                   Con fundamento  en  la  causal  segunda  de  casación se denuncia en él la inconsonancia de la  sentencia  recurrida. Asevera el recurrente que debe existir perfecta armonía y  congruencia  entre  lo  pedido,  ya  sea  “a nivel de pretensiones, ora a  nivel   de   excepciones”,   con  lo  fallado,  aserto  que  respalda  en  una  jurisprudencia de esta Corporación.   

                      Reseña, a  continuación,  tanto los pedimentos del actor, respecto de las cuales acota que  no  se  formularon  pretensiones  subsidiarias,  ni  se  efectuó  reforma de la  demanda,   como  las  excepciones  propuestas  por  la  defensa,  para  destacar  que   la controversia tuvo origen en el contrato celebrado entre demandante  y  demandada,  instrumentado  a  través  de la póliza automática de seguro de  transporte  No.  3070, que amparaba las mercancías enviadas por la actora desde  cualquier  parte  del  mundo a puerto colombiano; que la demandante despachó en  la   motonave  Antoras,  desde  la  Habana  (Cuba)   a  Barranquilla,  unos  productos  que  se perdieron a causa del naufragio del mencionado buque frente a  las costas de Jamaica.   

                             La  reclamación  presentada  por  la  compradora  fue  objetada por la aseguradora,  añade,  porque dichas mercaderías fueron transportadas en condiciones charter,  motivo  por  el  cual solamente quedaban amparadas, conforme a la condición 6°  de  la  póliza, cuando expresamente estuviesen consignados en ella, aserto para  cuya    demostración    se   vale   de   la   trascripción   de   la   aludida  cláusula.   

                      “Si se  observan  las pretensiones, es necesario concluir que en cuanto a la primera, no  se  incumpliría  el  contrato  de  seguro al aplicar la condición sexta, si no  mediara  su  declaratoria de ineficacia; en cuanto a la segunda, es la validez y  eficacia  de  la  condición  sexta  la que le permite exonerarse del pago de la  indemnización,  toda  vez  que  allí  se prevé que no estarán asegurados los  bienes    transportados   en  condiciones  charter,  es  decir,  que  dicha  condición  si  fue pactada; la pretensión tercera es la que sustenta todas las  pretensiones  de  la  demanda  sobre  la base de declarar ineficaz la condición  sexta,  numeral  6.4.,  de  la  póliza  automática  No.  3070, expedida por la  demandada;  en  cuanto  a la pretensión cuarta y quinta son diversos postulados  de  la  tercera,  toda  vez  que  declarada   eficaz  la  cláusula  sexta,  necesariamente  se  tendría   que  concluir,  que  no  sólo  si se aplica  ‘a  bienes transportados  en  buques  bajo  contrato de fletamento sino que SITECOL S.A. no cumplió todas  las  estipulaciones  de  la  póliza  automática número 3070; las pretensiones  números   sexta,   séptima,   novena   y   décima  son  consecuencia  de  las  anteriores”.   

                     Concluye, el  censor,  que conforme a lo expuesto era “inexorable”  cualquiera de los  siguientes  resultados:  a)  que  la  sentencia declarara ineficaz la condición  sexta   y,   en   consecuencia,   condenara   a  la  demandada  al  pago  de  la  indemnización,  “en  virtud  de que la exclusión de su responsabilidad queda  sin   efectos”  o,  b)  que  la  sentencia declarara eficaz la condición  sexta  y,  dando  cumplimiento  a  disposiciones legales, declarara prósperas y  probadas  las excepciones fundadas en dicha condición contractual; c) “lo que  no  podía  hacer  el fallador era declarar eficaz la cláusula y no aplicarla o  viceversa”.   

                      El Tribunal  confirmó  la  eficacia de la mencionada estipulación, pero no la aplicó, pues  por  el  contrario condenó a la demandada, limitándose a decir al respecto que  el  significado de esa condición  “resulta por lo menos oscuro”. Pero,  como  puede  verse,  no  existe  pretensión alguna que faculte al fallador para  dejar  de aplicar esa cláusula por ambivalente o que se interprete en contra de  quien  la redactó.  “Es más, la sentencia no sólo no tiene pretensión  en    qué    fundamentarse,    sino    que   ni   siquiera    declara   la  ambigüedad”  de esa disposición.   

CARGO SEGUNDO  

                     

                      Apuntalado,  igualmente,  en  la segunda causal de casación, afirma la censura que partiendo  de  los  mismos  supuestos  fácticos  que  el  primer  cargo,  debe  así mismo  concluirse  que  la  sentencia  recurrida  es  inconsonante  con las excepciones  porque,  declarada la eficacia de la cláusula sexta numeral 6.4., lo único que  podía  hacer  el  fallador,  era  declarar  la  prosperidad de la excepción de  “eficacia  de  la  convención  e  inexistencia  de  amparo”  por   encontrarse   probada   tal   circunstancia   como   lo  afirmaron  a   quo  y  ad  quem.   La sentencia recurrida es manifiestamente  incongruente  “pues  para  condenar a la demandada tuvo que  ‘inventarse   o   deducir’ pretensiones que no se hicieron   -primer  cargo-, para así evitar declarar prósperas y probadas excepciones que  si se formularon”.   

CONSIDERACIONES   

                      Tiene dicho  esta  Corporación,  con  relación  a  la  causal  de casación invocada en los  cargos   objeto   de  estudio,  que  como  ella   “se      refiere  exclusivamente  a  yerros  in  procedendo,  para  que  prospere el ataque por inconsonancia, es necesario que  el  vicio  que  se  le  achaque a la sentencia sea causado por la mera actividad  procesal  del  fallador  y,  en  consecuencia,  si  la  disonancia  proviene del  entendimiento  de  la  demanda  o  de  alguna prueba, la falencia deja de ser in  procedendo    para   tornarse   en   in   judicando,  la  cual  tiene  que  fundarse  necesariamente  en la  causal  primera de casación, ya que de existir el yerro, éste sería de juicio  y  no  de  procedimiento’  “    (senencia    del    25   de   noviembre   de  1997).   

         

                      Lo expuesto  viene  al caso porque el Tribunal aseveró que del examen de las pretensiones de  la  demanda se infería que en la primera de ellas se perseguía la declaración  de  incumplimiento  del contrato de seguro por la demandada; que en la quinta se  reclamaba  la  declaración  de  cumplimiento a favor de la sociedad demandante;  mientras  las  últimas  buscaban  la   “declaración  y condena”   contra  la  aseguradora;  y  que   “ciertamente en las segunda, tercera y  cuarta  se  refiere  a la condición 6 numeral 6.4. de las condiciones generales  de  la póliza automática y que el a quo considerara  o  no prósperas estas pretensiones, no impedía que se  pronunciara  sobre las restantes, menos aún sobre las excepciones que le fueron  propuestas  o  que llegara a conclusión distinta de denegar la totalidad de las  pretensiones de la demandante”.     

                     Se advierte,  entonces,  en  la  reseñada elucidación que el sentenciador encontró, una vez  analizó  las  pretensiones  de  la  demanda  incoativa  del  proceso,  que  las  distinguidas  como  segunda, tercera y cuarta, en las cuales el libelista hacía  mención  a  la  estipulación  6.4. de las condiciones generales de la póliza,  carecían  de  mayor  trascendencia,  de  modo  que  debía  fallarse  sobre las  restantes  sin  necesidad  de un pronunciamiento expreso sobre ellas, prohijando  de  ese  modo  el silencio del juzgador de primer grado sobre el punto. Es decir  que  el  Tribunal,  luego de ponderar las distintas reclamaciones de la demanda,  con  miras a darle a ésta el entendimiento que encontró más acertado, relegó  las  pretensiones  segunda,  tercera  y  cuarta, por considerar que el centro de  gravedad  del asunto se encontraba en la decisión de las restantes, de modo que  la  sentencia,  cualquiera  que  fuese  su  sentido,  no  sufría  mengua por no  pronunciarse sobre aquellas.   

                      Se trató,  pues,  de  un  acto  intelectivo de interpretación de la demanda que condujo al  sentenciador  a minimizar la importancia de las susodichas peticiones, de manera  que  si  el  recurrente  lo  consideraba  errado,  debió denunciar esa supuesta  irregularidad  por  la  causal  primera,  prevista  por el ordenamiento, como ha  quedado dicho, para tal efecto.   

                      Otro tanto  debe  decirse  de  la  recriminación  contendida  en el segundo cargo y que con  notorio  laconismo el recurrente hizo consistir en que la sentencia recurrida es  inconsonante  con  las excepciones porque, declarada la eficacia de la cláusula  sexta  numeral  6.4.,  lo  único  que podía hacer el fallador, era declarar la  prosperidad   de   la  excepción  de   “eficacia  de  la  convención  e  inexistencia  de  amparo”, y porque  “para condenar a la demandada tuvo  que    ‘inventarse   o  deducir’ pretensiones que  no  se  hicieron   -primer  cargo-,  para así evitar declarar prósperas y  probadas excepciones que si se formularon”.   

                         Por  lo  expuesto, las reseñadas censuras no prosperan.   

                                                                  

CARGO TERCERO  

                   Con fundamento  en  la  causal  primera  de  artículo  368  del Código de Procedimiento Civil,  denuncia  el  censor la violación de los artículos 1602 del Código Civil; 187  del  Código  de  Procedimiento  Civil  y 1036, 1046 y 1056 del  Código de  Comercio.   

                      Afirma  al  respecto  que,  conforme  a  los  artículos 1036 y 1046 del Código de Comercio  vigentes  para  la  época  de  celebración  del  contrato de seguro, éste era  solemne  y  se  perfeccionaba  y  probaba  con la respectiva póliza; y luego de  transcribir  apartes  de  la  póliza  automática  de transporte de mercancías  número  3070, puntualiza que  todos coinciden en que el artículo 1602 del  Código  Civil  desarrolla  el  principio  de  la  autonomía de la voluntad, en  expresión  de la cual se dice que el contrato es ley perentoria para quienes lo  celebran,  motivo  por  el  cual  no puede ser desconocido, ni disminuido en sus  efectos,  sino  por  el  consenso  de ellas o por causas legales. El contrato de  seguro  aquí  examinado  no  fue  invalidado  por las partes, ni existen causas  legales que le   “impidan perder su eficacia” (sic.).   

                   Si lo anterior  es  cierto,  dice  el recurrente, debe concluirse que la póliza No. 3070, no es  sólo  un  imperativo  legal  que las partes se fijaron sino que sus condiciones  son  producto  tanto  de  la  autonomía  de  la  voluntad  de ambas, como de la  prerrogativa  que le otorga la ley al asegurador para delimitar contractualmente  los riesgos que asume.   

                      “Si el  contrato  es ley para las partes; si la condición sexta numeral 6.4. es eficaz;  si  las  partes  de  común  acuerdo  no  le  quitaron sus efectos; si no existe  declaración  judicial en contra de su eficacia y, por el contrario, tanto en la  primera  como  en  la  segunda  instancia se  confirma  aquella,  la  sentencia  recurrida necesariamente incurre en error manifiesto en  la  apreciación  de  dicha  prueba,  esto  es,  del contrato que al tenor de la  disposición  que  para  la  época  estaba  vigente – o aún para la actual – ,  está contenido en la póliza”.   

La cláusula 6.4 de la condición sexta de la  póliza  establece  claramente  que  a menos que existiera estipulación expresa  que  los  incluyera   – y está probado que no la hubo -, no estarían  amparados   los  bienes  transportados  en  condiciones  charter,  modalidad  de  transporte  que  se  probó  plenamente. En consecuencia, la sentencia recurrida  incurre  en el mentado error cuando, sin declarar la ineficacia de la cláusula,  por  el  contrario, ratificándola en sus efectos, deja de aplicar la previsión  que  en ella se contiene.  “Es decir, incurre en el error de hecho cuando  no aprecia el contrato de seguro”.   

                      No  podía  afirmarse  en ella, entonces, añade la censura, que la intención de las partes  era  la  de  amparar  las  mercancías  con  una póliza automática pero en las  condiciones  de  una  póliza  específica,  como  la  que  anteriormente había  contratado  SITECOL y cuya vigencia había expirado con todos sus efectos. “Es  tanto  como afirmar que no se aplican las condiciones  del contrato vigente  y  que  regula  la  relación  entre  las partes, y si (sic.) aquel que ya no le  está y que alguna vez lo reguló”.   

CARGO CUARTO  

         

                     Con sustento  en  la  causal  primera de casación acusa la sentencia de violar indirectamente  el  artículo 187 del Código de Procedimiento Civil, a causa de haber incurrido  en  error  de  derecho  al  no  apreciar  en  conjunto  las pruebas.                     

                      Advierte el  recurrente  que  dentro  del  material  probatorio aportado al expediente por la  demandada,  se  encuentran  las  pólizas   de  las  compañías de seguros  colombianos   que   están   autorizados   para  celebrar  contratos  de  seguro  automático  de transporte y de su  lectura “desprevenida”, el fallador  ha  debido concluir que la cláusula sexta numeral 6.4. de la póliza de SEGUROS  AURORA  S.A., está incluida  en todas ellas. Así mismo, ha debido inferir  que  todos  los  aseguradores  recibieron  autorización  de la Superintendencia  Bancaria   para  expedir  esa  especie  de  póliza  en  los   términos  y  condiciones  de  la que es objeto de este litigio; es decir, que la demandada no  creó  malintencionadamente  la  póliza  número  3070  para  perjudicar  a  la  demandante,  sino  que  la misma como todas las de la industria, es el resultado  de  la  experiencia  aseguradora  de  muchos  años,  y  es  requerida  por  los  importadores  permanentes  -como SITECOL-, o quienes requieren de un amparo  para sus periódicos y sucesivos despachos.   

                     La sentencia  no  apreció  en conjunto la póliza de SEGUROS AURORA S.A., con las pólizas de  las  demás  aseguradoras, lo que habría llevado al fallador a las conclusiones  anotadas  y  a  la  certeza  de  que quien celebra  este tipo de contratos,  conoce  con  suficiencia  los  términos  empleados en el transporte pretendido.   

CARGO   OCTAVO   

                      Con apoyo,  también,  en  la  causal primera del artículo 368 del Código de Procedimiento  Civil,  se  queja  el  impugnante de la violación de los artículos 1046 y 1056  del  Código  de  Comercio  y  1602  del Código Civil, ya que si el juzgador de  segundo  grado  hubiese  atendido  los predicados de esta última norma, habría  concluido   que   “declarada  la  eficacia  de  la  condición   sexta   numeral   6.4.,   o  no  declarada  su  ineficacia,  tenía  necesariamente  que  aplicarla  por  ser  expresión  de  la  autonomía  de  la  voluntad…”  y  marco  rector  de  los contratos de  seguros; empero, se abstuvo de aplicarla.   

                   Así mismo, de  haber  tenido  en cuenta que el contrato de seguro se probó mediante la póliza  que,  a  su vez, contenía, todas las previsiones reguladoras de esa específica  convención,  habría  inferido  que  ante  la  falta  de  cualquier  otro medio  probatorio  que  la desvirtuara, no podía quitarles sus efectos, ni disminuirle  sus alcances, como lo hizo violando el artículo 1046 en cita.   

                     También fue  desconocida  la  prerrogativa  que  el artículo 1056 le otorga al asegurador de  limitar  los  riesgos que asume, sustituyendo su voluntad, obligándolo a asumir  un riesgo expresamente excluido.   

CARGO  NOVENO   

                      Apuntalado,  así  mismo, en la causal primera del artículo 368 del Código de Procedimiento  Civil,  se  queja  el impugnante de la violación del artículo 1624 del Código  Civil.   

                          Es  un  contrasentido  inexplicable  declarar  la  eficacia  de  la  estipulación para,  posteriormente,  quitarle  todos  sus  efectos  y  consecuencias  con  el ilegal  argumento  de  que  los  términos  en  que está concebida, “son cuando menos  oscuros”.  De  esta  manera  se  viola  “directamente” el mandato 1624 del  Código Civil, por indebida interpretación.   

CONSIDERACIONES   

                      A efecto de  fijar  los  alcances  de  la  tantas  veces  nombrada cláusula del contrato, el  sentenciador  tuvo  en consideración entre otros medios probatorios  “el  Diccionario  de  Términos  Marítimos  de la Flota Mercante Gran Colombiana”,  las  declaraciones  de  Álvaro  Enrique  Lascarro,  a quien, incluso, atribuyó  el   “descubrimiento”   de  la referida disposición negocial a la  hora  de  efectuar  el  ajuste  de  la  reclamación,  y Wilfredo Torres Rivera.  Anotó,  igualmente, que habiendo sido aprobada por la Superintendencia Bancaria  la  aludida cláusula, no era posible desconocerla “en términos generales”,  pero  si  podía  cuestionarse su aplicación en este caso, como lo había hecho  el  juzgador  de primer grado, habiendo reflexionado, inclusive, sobre si sería  erróneo  pensar  que esa estipulación fue incluida solamente para ser aplicada  en  tratándose  del  transporte aéreo, al cabo de lo cual concluyó que en ese  punto el contrato resultaba  “por lo menos, oscuro”.   

                   Asentado esto,  se  propuso  examinar  si  las  circunstancias antecedentes y concomitantes a la  celebración  del  contrato  permiten  pensar que dicha condición no fue tenida  realmente   en  cuenta  por  las  partes  contratantes,  aspecto  que  dilucidó  acudiendo  a  la  testificación  de  Margarita  Rojas Morales, quien vendió la  póliza,  subrayando  que  según  la deponente la póliza automática se llenó  con  base  en  las  pólizas  específicas  por  ser  un cliente conocido por la  empresa;  y que para ella no significó nada el término charter y que en los 20  años  que  lleva en el campo de los seguros nunca se hizo una objeción por esa  condición,  declaración  que  valoró  como  clara  y  que  infundía certeza.   

                   De igual modo,  infirió  que ninguna de las partes consideró que las mercancías amparadas con  el  correspondiente  certificado estuvieran excluidas, que ese no fue su querer;  además,   que  por  los  seguros  tomados  con  anterioridad  no  era  factible  considerar  que  la  aseguradora  ignorara  el tipo de mercancía ni la forma de  transporte,  amén  que dada su especialidad  -los seguros son su objetivo-  debía  conocer  el  significado  de  la cláusula y debió darlo a conocer a su  cliente,   dado   que   es   confusa   y   se   presta  a  una  amplia  gama  de  interpretaciones.   

                      Como puede  advertirse  sin  mayor  esfuerzo,  el  fallador,  apoyándose  en las señaladas  pruebas,  calificó  de “oscura” e intrascendente la mencionada disposición  contractual,  esto  último  porque  entendió que las partes no le habían dado  ninguna   importancia  al  momento  de  acordar  el  seguro,  pues  tuvieron  en  consideración  las estipulaciones de las pólizas específicas en las cuales no  existía  la  exclusión  alegada  por la aseguradora, elucidaciones todas estas  que  el  censor  se  abstuvo  de  cuestionar,  pues   se  limitó a exponer  tozudamente  su  propia apreciación de la póliza de seguros, sin trascender de  allí   y   sin  demostrar  ninguna  preocupación  por  imputarle  al  juzgador  ad-quem      la  consumación  de  errores  de  facto  o  de  derecho  en  la apreciación de las  pruebas;  desde  luego  que  ningún  reproche  le  merecieron  las  inferencias  asentadas  por aquel, relativas a la estimación de los reseñados testimonios y  que,  a  la postre, lo condujeron a la relegación de la susodicha estipulación  contractual,  pretextando  que  se había diligenciado tomando en consideración  las  condiciones  de  las  pólizas específicas tomadas con anterioridad por la  demandante,  o  lo  que  es  lo  mismo,  que  de  la  conducta  adoptada por los  contratantes  se infería la inutilización de la cláusula 6.4 de la condición  sexta de la póliza automática.   

                   El Tribunal no  declaró  ineficaz la cláusula, sino que la encontró oscura, inferencia que el  recurrente  no  atacó  y  que  por  ser medular se imponía hacerlo, ya que ese  razonamiento  fue  el  que  lo  condujo  a  interpretarla, en aras de establecer  cuales  fueron  los  verdaderos designios de las partes, labor hermenéutica que  puede  realizarse  en  los contratos solemnes, pues sería abiertamente erróneo  decir  que  allí  donde el legislador reclama una formalidad a su vez proscribe  las facultades interpretativas que le corresponden al juez.   

                      Siendo ello  así,  resulta  palmario  que  ninguno  de  los  cargos aquí despachados guarda  simetría  con  los  argumentos en que se sustentó la decisión impugnada, pues  como quedó dicho éstos no fueron combatidos por la censura.   

                      Aunado a lo  anterior,  se  tiene  que el recurrente en los cargos cuarto y noveno se abstuvo  de  indicar  alguna  norma  de  carácter  sustancial  como  infringida, pues es  patente  que  ni  el  artículo  187  del Código de Procedimiento Civil, único  precepto  citado  en  el  primero  de aquellos, ni el artículo 1624 del Código  Civil,   señalado   en  solitario  como  violado  en  el  último,  tienen  tal  naturaleza;  por  supuesto  que  ninguno  de esos dos preceptos es atributivo de  derechos   subjetivos,   lo  cual,  no  puede  olvidarse,  constituye  el  rasgo  distintivo  de  tales normas. Por el contrario, el primero de ellos es una regla  de  eminente  linaje procesal que le impone al juzgador el deber de apreciar las  pruebas  en conjunto y de acuerdo con las reglas de la sana crítica, exponiendo  siempre,  así  mismo,  el  mérito  que le asigne a cada prueba; al paso que el  segundo  es un precepto orientador de la actividad interpretativa de los actos y  contratos  jurídicos  por  parte  del  juez  y  que  lo compele interpretar las  cláusulas  ambiguas  a  favor  del deudor, a menos que hubiese sido extendida o  dictada  por  una  de  las  partes,  en  cuyo  caso  se  debe interpretar contra  ésta,   “siempre  que  la  ambigüedad  provenga  de  la  falta  de  una  explicación que haya debido darse por ella”.    

                    Marginalmente  debe  acotarse  que  las  deficiencias en la formulación de dichos cargos no se  detienen  en  lo  anteriormente  destacado, sino que, además, en el distinguido  como   cuarto   se   abstuvo   el   impugnante  de  individualizar  las  pruebas  supuestamente  apreciadas  en  forma  aislada e inconexa por el sentenciador, al  paso  que  en  el  noveno  se  alude a la violación directa de una disposición  legal,  apuntalando su trasgresión en la debida interpretación de un contrato,  siendo  que,  de  haber  ella  existido, debió denunciarse como una infracción  indirecta de la misma   

                             La  insuficiencia  y la asimetría de todos los cargos de la censura aparejan, pues,  su rechazo.   

DECISION  

                             En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre  de  la  República  y  por autoridad de la ley, NO CASA  la  sentencia del 6 de abril de 1999, proferida por la  Sala  Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de Bogotá, dentro  del    proceso    ordinario    adelantado    por    la   sociedad   SIDERURGICA   TECNICA  DE  COLOMBIA  S.A.,  frente   a   la  COMPAÑIA  SEGUROS  GENERALES  AURORA  S.A.   

                      Costas a  cargo de la parte recurrente   

CÓPIESE,   NOTIFÍQUESE   Y  OPORTUNAMENTE  DEVUÉLVASE AL TRIBUNAL DE ORIGEN.   

EDGARDO    VILLAMIL  PORTILLA   

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS IGNACIO JARAMILLO JARAMILLO  

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDOTREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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