SC 150 2005 [1491 01]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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SC-150-2005 [1491-01]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

Magistrado Ponente:  

SILVIO  FERNANDO  TREJOS  BUENO   

Bogotá  D.  C., treinta (30) de junio de dos  mil cinco (2005).   

Referencia: Expediente No.  1491-01   

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la parte demandada contra la sentencia adiada el 16 de febrero  de  2001  pronunciada  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá  D.  C., en el proceso ordinario reivindicatorio promovido  por  Villa Hernández y Compañía Limitada  contra  la  Asociación de Copropietarios  de  la  Unidad Residencial “Multiservitá”, quien a  su vez demandó en reconvención la declaración de pertenencia.   

I.          EL LITIGIO   

1.             La   demandante   principal   pretende  reivindicar  el  inmueble  de  su  propiedad  situado  en  el kilometro 17 de la  carretera  Central  del  Norte  de Bogotá, zona de Usaquén, distinguido con el  No.   2  de  Puente  Barrancas,  denominado  “Raza”,  y  complementariamente  solicita,  además  de  la restitución del predio, el pago de la indemnización  de perjuicios por concepto de lucro cesante.   

2.            Las  pretensiones  se hacen descansar en  los hechos que a continuación se compendian:   

a)            Villa  Hernández  y Compañía Limitada  adquirió  el  dominio  del inmueble por medio de la escritura pública No. 1756  de  18 de agosto de 1994 otorgada en la Notaría 24 del Círculo de Bogotá; sus  predecesores  lo  habían adquirido por sentencia de adjudicación en el proceso  de sucesión de Guillermo Muñoz.   

b)             La   sociedad  propietaria,  que  paga  oportunamente  el  impuesto  predial  y  declara el bien como suyo, ha intentado  construir  en  él  pero  se  ha  encontrado  con  la  férrea  oposición de la  contradictora,  tanto que retiró del lugar una valla publicitaria instalada por  aquélla el 15 de septiembre de 1994.   

3.              La   demandada   se   opuso   a   la  reivindicación,  tras de alegar que adquirió el dominio del inmueble disputado  por   el   modo   de   la   prescripción  extraordinaria,  cuyo  reconocimiento  expresamente invoca en la demanda de reconvención.   

En  la  contrademanda  adujo esencialmente lo  siguiente:   

a)            Que  desde  1978,  por  conducto  de los  habitantes   del  conjunto  residencial,  la  asociación  viene  ejerciendo  la  posesión  ininterrumpida del inmueble disputado, mediante el ejercicio de actos  tales  como  los  de  evitar  la  invasión  por  parte  de delincuentes y otras  personas,  levantar  muros,  construir  cercos,  pagar  la  vigilancia, realizar  brigadas de aseo, etc.   

b)            Que la posesión ha sido amparada por las  autoridades  administrativas,  y comenzó porque quien les vendió le informó a  los  primeros  residentes  que el predio objeto de litigio hacía también parte  del  conjunto residencial y podía ser utilizado para parqueaderos, zonas verdes  y de recreación.   

c)               Que      a     esa   posesión    se    suma   la   que  ejerció  entre  1974  y   

1978  la  sociedad  Roberto  Gómez  Dávila,  cumpliéndose  así  el tiempo necesario para ganar el dominio por prescripción  extraordinaria  de  dominio;  inclusive, Leonardo Villa Hernández le ofreció a  la demandada por esa posesión la suma $10.000.000   

4.            A su turno la demandada en reconvención  se  opuso y para el efecto expuso como defensas la “inexistencia de causa para  demandar”,  “objeto  y/o  fin ilícito de la acción” e “inexistencia de  la posesión”.   

II.                 FUNDAMENTOS      DEL      FALLO  IMPUGNADO   

En  lo  de  fondo,  después  de enunciar los  requisitos  de  la  reivindicación  y  de  aludir  a  la suma de posesiones, el  tribunal dedujo en el ámbito probatorio, lo siguiente:   

1.            Que  está  probado  el  dominio  de  la  reivindicante  con la escritura pública de compraventa No. 1756 de 18 de agosto  de  1994  corrida  en  la  Notaría  24  de  Bogotá, debidamente inscrita; como  igualmente  lo está la posesión de la demandada y la identidad del predio ante  el  reconocimiento  expreso de ésta sobre su presencia en el inmueble efectuado  en  la  contestación  de  la  demanda,  lo que significa que “la parte actora  acreditó    los    requisitos   para   la   prosperidad   de   su   pretensión  reivindicatoria”.   

2.            La  demanda  de pertenencia propuesta en  reconvención   se   desestima   porque   el   tiempo  de  la  posesión  de  la  demandada   no  alcanza  los  veinte  años exigidos por el legislador y no  está  demostrada  la  suma  de  posesiones;  para  el  efecto  se  apoyó en el  testimonio  del  representante  legal de Roberto Gómez Dávila y Cía Ltda., en  la  escritura  No. 2240 de la Notaría Doce de Bogotá de 5 de diciembre de 1974  y  en  la  declaración  de  María  Silvia  Angel Jiménez o Silvia de Charcas.   

3.             A   esos   respectos   afirma  que  la  usucapiente  por  fuera  de  haberse  preocupado  de  la vigilancia del lote, no  demostró  otros  actos  posesorios,  tal  como  lo reconocieron las declarantes  María  Silvia Angel Jiménez, quien manifestó que aquélla solamente empezó a  explotar  económicamente  el  lote  como  parqueadero  a  partir de 1998 y como  parque  infantil  desde  1999, y Ligia Matamoros, quien se refirió a que más o  menos  en  1980  se  organizó  la  junta de acción comunal para tratar asuntos  relacionados con el lote.   

4.            Y  en  lo  que  atañe  con  la  suma de  posesiones,   por  cuanto  el  testigo  Roberto  Gómez  Dávila, quien fue  gerente  de una de las sociedades que fue dueña antes, dijo que nunca se ocupó  ningún  predio  vecino y que se limitó a ofrecer el lote comprendido entre los  linderos  fijados  en  la  resolución  que  para  entonces expidió planeación  municipal,  lo que desvirtúa que finalmente se haya entregado a la comunidad el  lote  adicional  ahora  disputado,  lo  que  además  quedó  corroborado con la  escritura pública No. 2240 antes citada.   

5.            Por último, se refirió el sentenciador  a   las   restituciones   mutuas   que   derivan   de   la   prosperidad  de  la  reivindicación.   

III.         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Dos  cargos  formula  el recurrente contra la  sentencia  impugnada,   

ambos  con  apoyo  en  la  causal  primera de  casación,  los  que  se despacharán de manera conjunta dado que ambos ostentan  defectos en su formulación.   

CARGO PRIMERO  

Por   la   vía  directa se denuncia el quebranto del artículo 946 del  Código  Civil,  por  interpretación  errónea,  y de los artículos 778 y 2521  ibídem,   por   falta  de  aplicación.   

La  acusación  se  fundamenta  en  que  el  tribunal  al interpretar el artículo 946 del C.C. le hizo producir unos efectos  diferentes  por  ausencia  de uno de los elementos de la reivindicación, puesto  que  “si  bien  es cierto que se acreditó dentro del proceso, el título y la  tradición  del  bien  objeto  de  la  demanda, en el estudio de la escritura de  compraventa  se afirma (por el comprador) que evidentemente, recibe la posesión  material  del  inmueble  y  esto  entonces  permite  afirmar  que  no  se  da el  presupuesto  que  manda  el  artículo  946  del  Código  Civil”. Igualmente, en la escritura pública No.  2334  de  20  de  mayo  de  1980,  otorgada en la notaría 6ª, se afirma que el  adquirente:  “ha  recibido  real  y  materialmente el inmueble que ha comprado  también  a  satisfacción”, esto es, también se alude a que la posesión fue  recibida  por  Guillermo  Muñoz  Herrera  de  manos  de Raúl Cabanzo Orduna. Y  cuando  los  herederos  de  aquél  vendieron  a  la sociedad Hernández y Cía.  Ltda.,  igualmente  se afirmó que esta recibió materialmente el inmueble, todo  lo  cual  lleva  a  concluir que “no se da uno de los  elementos  de la acción reivindicatoria, surgiendo entonces, el error que vengo  alegando  como interpretación errónea en la aplicación del precitado Art. 946  del Código Civil”.   

CARGO SEGUNDO  

Por   la   vía  indirecta  y como consecuencia de errores evidentes de  hecho,  se  afirma que el sentenciador quebrantó el artículo 946 del C.C., por  aplicación   indebida,   y   los   artículos   778   y   2521   por  falta  de  aplicación.   

Para  sustentar  esa  denuncia, manifiesta el  censor lo siguiente:   

a)             Que  no  fue  apreciada  la  actuación  surtida  dentro del trámite de ocupación de hecho adelantada por María Teresa  Muñoz  Ramírez  ante la “Inspección 1B distrital de policía, decisión que  fue  confirmada  por  el  consejo de justicia”; el testimonio de María Silvia  Angel  Jiménez  en  el que esta afirma que “nosotros desde hace 21 años, que  vivo  en  este  conjunto, hemos cuidado el lote continuo a nuestra urbanización  que  en  los  planos figura lote 1 el construido y lote 2 el de este proceso”;  el   testimonio  de  Ligia  Matamoros  de  Méndez  “en  cuyo  contenido  hace  referencia  a  la  posesión  material  que venía ejerciendo la parte pasiva de  este  proceso  desde  hace  más  de 20 años”; el testimonio de Jesús Danilo  Parra  Montenegro  y  la  prueba  documental  incorporada  al  proceso, como los  pronunciamientos  de  la  Procuraduría  de  Bienes  en  los  que se afirmó que  “estamos  esperando  que  se  nos  confirme  que  dicha zona corresponde a las  secciones reglamentarias de la Urbanización Multiservitá”.   

b)            El  tribunal  solamente  analizó y tuvo  como  plena  prueba  el  testimonio  de  Roberto  Gómez  Dávila  y  no hizo la  confrontación  probatoria  con  “los  testimonios que atrás enuncié“, los  que  ponen  en  evidencia  que  la  reconviniente  tuvo la posesión por espacio  superior  a  20  años,  yerro  que  lo  llevó  a  desconocer  “la preceptiva  sustancial  del  Art.  778 y 2521 y siguientes del Código Civil” y, por ende,  los  actos  posesorios  que  equivocadamente  se  fijaron  solamente a partir de  1997.   

d)            No  tuvo  en  cuenta  el  hecho  probado  consistente  en  que la sociedad demandante ofreció el 28 de octubre de 1994 la  suma  de  $10.000.000,  a  cambio de la posesión, pues si tal suma fue ofrecida  “es   porque  mi  representado  llevaba  un  término  superior  a  20  años,  haciéndose   necesario   entonces,   el   reconocimiento  de  las  agregaciones  posesorias debidamente alegadas”.   

f)            En consecuencia, se equivocó el tribunal  en  la apreciación del testimonio de Roberto Gómez Dávila, por considerar que  con  él se desvirtuaba la alegada posesión, en tanto que dejó a “un lado el  estudio   de  la  prueba  documental,  de  la  Procuraduría  de  Bienes  y  del  ofrecimiento    documental   (sic)   que   hiciera   Villa   Hernández   a   mi  representado”.   

IV.          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1.            Siguiendo precisas reglas que estructuran  el  recurso  de  casación  y  especialmente  las  correspondientes  a la causal  primera  que consagra el artículo 368 del C. de P.C., importa recordar, una vez  más,  que  por  virtud  de  la  aplicación del principio dispositivo de que se  halla  impregnado  dicho  medio  de  impugnación,  le corresponde al recurrente  señalar   con   suficiente  claridad,  precisión  y  de  manera  completa  las  acusaciones  que  configuran los errores de juzgamiento que, en su opinión, dan  pie  para  que  sea  casado el fallo recurrido; en esa medida, la Corte no puede  sobrepasar  tales  límites,  ni  puede  tampoco  recrear ni enmendar los cargos  propuestos,  sea  para  completarlos o para enderezar su rumbo; tal restricción  hace  evidente la diferencia que existe entre las atribuciones de los juzgadores  de  instancia  que  tienen  ante sí el litigio y la precisa función de control  que   ejerce   el   juez   de   casación   en   relación   con   la  sentencia  acusada.   

2.            De  otro  lado,  cuando  la  denuncia se  orienta    por    la    vía   directa   presupone  que el censor viene aceptando plenamente las conclusiones  fácticas  y  probatorias deducidas por el tribunal, bajo el entendido de que si  fuera  a  discrepar  de  ellas  le  correspondería dirigir la acusación por la  vía  indirecta con  el señalamiento exacto los errores de apreciación, de hecho o  de derecho,  en que haya podido incurrir el sentenciador.   

Igualmente  ha indicado la Corte en punto de  la  causal  primera  de  casación  que  no es de recibo ni tiene eficacia legal  cualquier  cargo,  pues  se  requiere  que  el propuesto fustigue los verdaderos  fundamentos  de  la  sentencia impugnada, y todos ellos, a fin de desvirtuarlos,  pues  la  subsistencia  de  siquiera  uno de ellos que le preste apoyo impide la  casación,  haciéndose  de paso inocuo el examen de los desaciertos que a otros  respectos formule el censor.   

3.            Ahora  bien, en la sentencia favorable a  la  reivindicación  pretendida  por la sociedad demandante, estimó el tribunal  que  aquella  acreditó satisfactoriamente los requisitos estructurales de dicha  acción,  así:  el dominio con la copia auténtica de la escritura pública No.  1756  de  18  de  agosto  de  1994  de la Notaría 24 de esta ciudad debidamente  inscrita  y  con el certificado de tradición en el que consta que sus tradentes  adquirieron  el  inmueble en la adjudicación que se les hizo dentro del proceso  de  sucesión  de  su  causante  Jorge  Guillermo Muñoz Herrera tramitado en el  Juzgado  29  de  Bogotá,  según  sentencia  de 11 de julio de 1986; y los tres  restantes,  o  sea   identidad,  cosa singular reivindicable y la posesión  derivan  de  la aceptación proveniente de la demandada por haber invocado en su  beneficio la prescripción adquisitiva.   

Además,   para   desestimar  la  suma  de  posesiones  a  la  que se acude por la demandante en reconvención con el fin de  poder  completar  el  término  legal  de prescripción, el sentenciador tuvo en  cuenta  el  testimonio  del  representante  legal  de la sociedad Roberto Gómez  Dávila  y  Cía  Ltda.,  una  de  las antecesoras en el dominio, relativo a que  cuando  ofreció  en  venta  el  predio no se incluyeron las zonas comunes de la  urbanización  que  ahora  son  objeto  de litigio; el contenido de la escritura  pública  No.  2240  de  5  de diciembre de 1974 de la Notaría Doce de Bogotá,  referente  a  que  los  linderos  allí  relacionados no comprenden el susodicho  bien,  y,  por  último,  la  declaración  de  la  señora  María Silvia Angel  Jiménez  o  Silva  de  Charcas,  “quien  contestó  que en ningún momento el  señor  Roberto Gómez Dávila les manifestó que el lote de terreno multicitado  sería  destinado  a  área comunes, zonas verdes o parques de recreación”, y  se  refirió  a  que  en  1998  empezó a explotarse el mismo en beneficio de la  agrupación de vivienda.   

4.            En  esos  términos,  pronto  observa la  Corte  que  los dos cargos que se acaban de compendiar no cumplen las exigencias  que  reclama  una  idónea proposición de los cargos en casación,  lo que  impide el examen de fondo de las acusaciones propuestas.   

En efecto:  

El    cargo  primero   que    por   venir   dirigido  por  la  vía    directa   supone  necesariamente  la  plena  conformidad del recurrente con la apreciación de las  pruebas  efectuada  en el fallo cuestionado, y exige explicar el error puramente  jurídico  que  se le imputa al sentenciador; de allí que una acusación de tal  índole  no  debe incluir críticas sobre la apreciación de los hechos y de las  pruebas  efectuada  por  el  sentenciador;   fluye inconsecuente, entonces,  como  aquí  se detecta, denunciar la errónea interpretación del artículo 946  del  C.  Civil,  concepto  de  violación  expresamente  indicado con el cual el  recurrente  trasluce  su  intención de  construir un yerro puramente   jurídico  pero  a  partir  de aspectos de orden fáctico por cuya inobservancia  precisamente  protesta  el  censor; ciertamente que el impugnante no denuncia en  el  plano  del  derecho el desconocimiento del tribunal del presupuesto material  de   la   reivindicación  relativo  al  dominio  de  la  demandante,  sino  que  controvierte  la  prueba  del  mismo  con  que se le dio por sentado en el fallo  acusado,  lo  que  evidentemente podría hacer pero no por la vía directa, como  obró,   sino  por  la  indirecta, indicando claramente el tipo de yerro de  apreciación probatoria que se denuncia.    

A  ese respecto, la censura para afirmar que  se  le dio un alcance equivocado al artículo 946 del C. Civil, aludió a que no  está  demostrado el dominio de la demandante, prevalido de los términos en que  los  adquirentes  sucesivos del inmueble dijeron recibir el inmueble, trayendo a  colación  una  crítica propia de la situación fáctica; o sea que en el punto  critica  esencialmente la apreciación que el sentenciador le dio a los títulos  de   adquisición,   como   se   deduce   de   la   mera   lectura   del   cargo  primero.   

5.            En  lo  que  atañe  con el segundo  cargo,  el cual se orienta por la  vía  indirecta, verifica la  Corte  que no comprende todos los fundamentos que tuvo en cuenta el sentenciador  para  no acceder a la suma de posesiones y, en consecuencia, para determinar que  como  el  tiempo  de posesión de la usucapiente resulta inferior a veinte años  no se puede acceder a la declaración de pertenencia deprecada.   

En  efecto,  tal  como  quedó  anotado,  el  tribunal  fundamentó  su  decisión  denegatoria  de  la  pertenencia  en  tres  pruebas,  así:  lo  dicho  por  el  representante  legal de la sociedad Roberto  Gómez  Dávila  al rendir testimonio; el texto de la escritura pública 2240 de  1974  y lo manifestado por la declarante María Silvia Angel Jiménez o Silva de  Charcas.   

6.            La  censura,  por  su lado, se limitó a  cuestionar  las  deducciones  del  fallador  relacionadas  con el testimonio del  representante  legal  de  la indicada sociedad en relación con la posesión que  en  su  favor,  según su opinión,  atestan otros declarantes, mas omitió  hacer  referencia  a  la  verdadera  conclusión  que  extrajo del testimonio de  Roberto  Gómez  Dávila  consistente  en  que,  como  representante legal de la  sociedad  tradente  anterior,  nunca  ofreció  las  zonas comunes que ahora son  objeto  de  pleito,  punto de vista que le sirvió al tribunal precisamente para  no  haber  hallado  como  hilar la suma de posesiones alegada por la demandada y  sobre  el  que  la  acusación  pasó  de  largo;  como igualmente omitió hacer  referencia  a  las  dos restantes pruebas consideradas por el tribunal, o sea la  escritura  2240   relativa a la identificación del inmueble que fue objeto  de  venta  sin  inclusión  de  la  zona  disputada, y a la parte pertinente del  testimonio  de  María  Silvia Angel Jiménez atinente a que la explotación del  predio  se  inició  en  1998,  pues de esta última prueba apenas sustrajo otro  aparte  que  no  tiene  nada  que  ver con la inferencia que del mismo dedujo el  tribunal.   

Así,  prescindiendo de las bases esenciales  en  que  se  apoya  el  fallo impugnado, más bien quiso el recurrente atar como  cabos   sueltos,   equívocos  por  lo  demás,  la  presencia  de  un  supuesto  ofrecimiento   económico   por   la   posesión  que  en  verdad  no  significa  necesariamente   el   reconocimiento   de   la  demandante  sobre  la  posesión  veintenaria  de  la  demandada,  y  un  documento emanado de la Procuraduría de  Bienes  del  Distrito  que  no  aporta  nada  especial  para  la resolución del  presente litigio.   

7.            Salta a la vista, entonces, que el cargo  primero  es  inidóneo  por las razones indicadas atrás y que el segundo, amén  de  incompleto,  no  apunta contra los verdaderos fundamentos de la sentencia de  segunda  instancia,  por  lo  que  se impone concluir que ninguno de ellos está  llamado a prosperar.   

V.          DECISIÓN   

En mérito de lo expuesto la Corte Suprema de  Justicia  en  Sala  de  Casación  Civil, administrando justicia en nombre de la  República   y   por   autoridad   de   la   ley,   NO  CASA   la   sentencia  de  16  de  febrero  de  2001,  pronunciada  por  la  Sala  Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá D. C. en el proceso ordinario arriba referido.   

Las  costas  del  recurso de casación son de  cargo de la parte recurrente y serán tasadas en su oportunidad.   

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELÁSQUEZ  

JAIME  ALBERTO  ARRUBLA  PAUCAR   

   

CARLOS IGNACIO JARAMILLO  JARAMILLO   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CÉSAR JULIO VALENCIA COPETE  

    

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