AC3408-2014 [2007-00258-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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                         CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

MAGISTRADO PONENTE  

Radicación    n°  11001-31-03-024-2007-00258-01   

(Aprobado en sesión de diecinueve de marzo de  dos mil catorce)   

          Bogotá,  D.  C.,  veinticuatro  (24)  de  junio  de dos mil catorce  (2014).   

          Se  decide  sobre  la  admisibilidad de la demanda presentada por la  actora  M………  I…….  A…… R…….. tendiente a sustentar el recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto frente a la sentencia proferida el 09  de  agosto de 2013 por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá,  dentro  del proceso ordinario promovido por ella y J….. S…….  H………….   O……   contra   la   C…………….   de   F……….  y  E……………. S. A.    

1.  ANTECEDENTES   

          1.1.  El petitum,  la   causa   petendi,  las  decisiones de instancia.   

          1.  Ante  el  Juzgado Veinticuatro Civil del Circuito de Bogotá los  demandantes  pidieron declarar a la demandada responsable de la muerte del menor  J………  J…….  R……. A….. ocurrida el 1 de mayo de 2004 y condenarla  a pagarle los perjuicios.   

          2.  En  sentencia  de 09 de abril de 2013 el Juzgado Dieciocho Civil  del  Circuito  de  Descongestión  de Bogotá negó las súplicas. Al desatar la  alzada  frente  a ella propuesta por los accionantes, el 09 de agosto de 2013 el  Tribunal la confirmó.   

          3.  Contra  esa  decisión  A……  R……..  interpuso recurso de  casación.  La sustentación presenta tres cargos, apoyados en la causal primera  del artículo 368 del Código de Procedimiento Civil   

          1.2. Los cargos   

          En  el  primero,  propuesto  por  la  vía  directa, la acusadora le  enrostra  al  Tribunal haber interpretado de modo erróneo el artículo 2356 del  Código  Civil  cuando  aseveró  que  el  régimen aplicable era el de la culpa  probada  y  no  el  de  la  presunción de culpa, pues de ese modo contrarió la  jurisprudencia  sobre  la  evolución  del concepto de actividad peligrosa y los  lineamientos    para    establecer    el    alcance   de   los   regímenes   de  responsabilidad.   

          Esa  hermenéutica  impone  a la actora una carga adicional al dolor  que  debe  soportar por la muerte de su hijo. La responsabilidad de la accionada  debe  valorarse  teniendo  en cuenta que fue un menor de edad quien «(…)   accedió   (…)   sin   limitación  (…)  a  un  lugar  “denominado     de     descanso”     (…)»1.      El      ad   quem  olvidó  que  la  noción  en  cuestión  se  enmarca  dentro  de  la  actividad  comercial  realizada  por  la  opositora,  salvaguardada  por el pasamanos, de modo que transitar por ese lugar  «(…)  sí  conlleva un peligro (…)»2.   

          El  cargo  segundo  lo  plantea  por  la senda indirecta. Discute la  valoración  sobre  la  ausencia  de culpa de la demandada. Dice que el fallador  hizo   una   lectura  errada  del  pasaje  donde  el  testigo  C……  M…….  C………..  P…….  se  refirió  a  la  norma  NSR  98, pues no alude a los  materiales  y  diseños  de  los  pasamanos,  para  evitar  la pérdida de vidas  humanas, sino a un tema de sismo-resistencia.   

          Aparte  de  la  citada disposición, existe el manual de barandas de  Bogotá,  incumplido por la opositora, cual se constata con la versión de aquel  deponente  y con «(…) la confrontación de la norma  y    del    diseño    allí    existente   con   las   fotografías   aportadas  (…)»3.  La  accionada  debió  aplicar  criterios de previsión y de buen  padre  de  familia.  Las  aludidas  imágenes  llevan  a decir que la baranda no  cumplía los mandatos y que no existía obstáculo para accederla.   

          El   cargo  tercero,  intentado  por  la  vía  del  anterior,  dice  cuestionar  la  valoración  del  juzgador  sobre el nexo causal. Asienta que la  actividad  de  la accionada no está exenta de responsabilidad, pues, acorde con  la  labor  que  ejecuta,  para proteger a los visitantes debió ejecutar medidas  eficaces  a  fin  de  evitar  daños como el sufrido por el menor. Si bien éste  participó  en  los hechos, su comportamiento no fue la única causa, ya que fue  prohijado  por  las  falencias  de  la  opositora. También aduce yerro fáctico  alrededor  del  testimonio de C………. P……., de las normas técnicas y de  las  fotografías, y que C…………….. participó en la causa de la lesión  al  incumplir  los  diseños aplicables, y por su desidia   

2. CONSIDERACIONES  

          2.1.  Conforme  al  numeral  tercero  del artículo 374 ibídem,  el libelo a través del cual se  sustente  el  citado  medio  debe  contener la «(…)  formulación  por  separado  de  los  cargos  contra  la sentencia (…), con la  exposición  de  los  fundamentos  de  cada acusación, en forma clara y precisa  (…)».   

          Con  soporte  en  ese  precepto de vieja data la Corte tiene sentado  que  la  demanda  casacional  puede ser inadmitida, total o parcialmente, cuando  alguno  de los cargos incorporados, propuesto al amparo de la causal primera del  artículo   368   ejúsdem,  presente          ataque          incompleto4,    omita   parangonar   los  fundamentos   del   fallo   con   el   contenido   de   las  pruebas5, le dispute al  fallador  aspectos no comprendidos en la motivación6, induzca la acusación por una  senda                   equivocada7,  controvierta  la valoración  probatoria  cuando  se  enfila  por  la vía directa8,  o,  habiendo  sido propuesto  por  la  senda  indirecta,  no  singularice  los  medios enjuiciados9,  entre otras  razones.     

          2.2.  Al  contrastar las acusaciones constata la Sala que éstas son  inadmisibles,    por    cuanto    no    satisfacen    las   exigencias   recién  aludidas.   

          2.3.  El  Tribunal  entendió  que  a  partir del artículo 2356 del  Código  Civil  existía  un  sistema  de  responsabilidad  para las actividades  peligrosas,  identificó el supuesto fáctico allí incorporado mediante el cual  un  determinado hecho o acto era de esa naturaleza y reconoció que en presencia  de un suceso de tal índole la culpa del agresor se presumía.   

          Sin  embargo, no la hizo actuar porque verificó que los fundamentos  de  facto  probados  no  realizaban la hipótesis en ella prevista. En su lugar,  para  resolver la cuestión tomó la senda de la culpa probada. De este modo, el  sentido  de  la  decisión  obedeció  a la ponderación efectuada alrededor del  suceso  dañoso,  propiamente  tal,  y no a la comprensión sobre el ámbito del  precepto   ni   del   hecho   específico   supuesto  en  la  norma.     

          Como  el  descrito  es el talante de la motivación en el punto, una  arremetida  contra  ella indefectiblemente tendría que introducirse por la vía  indirecta  de la causal primera, y no por la directa: el problema es factual, no  jurídico.   

          En este sentido la Sala ha señalado:   

«Como se trata de dos especies antagónicas  e  irreconciliables  de  violación  de  la  ley  sustancial,  no  le es dado al  recurrente  acudir  indistintamente  a  una  o a la otra, es decir, que no queda  librado  a  su  arbitrio  escoger  alguna,  sino que su elección la imponen las  circunstancias   precisas  de  cada  caso,  por  manera  que  le  corresponderá  necesariamente  sustentar  sus  imputaciones  por  la  vía  directa  cuando los  errores  atribuibles  al  juzgador  hubiesen  ocurrido  en  un plano de estricta  juridicidad.  En  cambio,  cuando abrigue discrepancias respecto de la cuestión  fáctica,  el recurrente debe acudir a la vía indirecta acogiendo, desde luego,  los  rigurosos  cauces  formales que para el efecto señala la ley»10.   

          Por  tanto,  el  cargo primero,  donde  la  recurrente  tuvo  en mente cuestionarle al fallador la  señalada  calificación, adolece de severa deficiencia, en tanto lo propone por  vía  directa,  atribuyéndole  interpretación  errónea  de  esa disposición,  anomalía que por sí sola lo torna antitécnico.   

          Adicionalmente,  en  él la acusadora sostiene que el fallador erró  al  ponderar  el  hecho dañoso, pese a que la discusión en casación acerca de  la  equivocación  «(…)  en  la apreciación de la  demanda,   de   su   contestación   o   de   determinada   prueba»11,  es  por  completo extraña a la esencia de la senda seleccionada, en la cual   

«(…)   la  actividad   dialéctica   del   impugnador  tiene  que  realizarse  necesaria  y  exclusivamente  en  torno  a  los  textos  legales sustanciales que considere no  aplicados,  aplicados  indebidamente,  o  erróneamente  interpretados; pero, en  todo  caso,  con absoluta prescindencia de cualquier consideración que implique  discrepancia  con  el  juicio  que el sentenciador haya hecho en relación   con             las             pruebas»12.   

          Ahora,  si  se hiciera abstracción de lo expuesto, para entender la  acusación  como  propuesta  por  la  senda  indirecta, imputándose al Tribunal  dislates  fácticos,  aún  así  la  Corte  no  podría  arribar  a conclusión  distinta  de la advertida, porque en todo caso no se combaten aquellos sustentos  argumentativos y probatorios de la resolución.   

          La  opugnadora  dice:  la  aseveración de que el régimen aplicable  era  el  de  la  culpa  probada,  y  no  el  de  la  presunción, contraviene la  evolución  del  concepto  de  actividad  peligrosa  y los lineamientos sobre el  alcance  de  los  sistemas de responsabilidad. «(…)  La  interpretación  (…)»  del juzgador impone a la  actora  una  carga adicional a la de soportar el dolor por la muerte de su hijo,  por    cuanto   «(…)   la   valoración   de   la  responsabilidad                (…)»13         debe  tener  en  cuenta  que  fue  un  incapaz  quien  accedió  sin  limitación   a   un   lugar   de   descanso;  el  fallo  olvida  «(…)   que   el   concepto   de   peligro   (…)»   se  mira con base en la explotación comercial que la «(…)     baranda     quiere    salvaguardar    (…)»14.  Transitar  por  el  sitio lleva peligro, «(…) pues en razón a  él  (…)»15  se  puso  la  baranda. A «(…)  este  tipo de valoración (…) se refiere la jurisprudencia  (…)  en  cuanto  a la presunción de culpa (…) pues nadie mejor que el (…)  propietario   (…)   para   conocer   los   lugares   que   entrañan   peligro  (…)»16.            

          Con  las  anteriores  expresiones  no se combaten las razones ni los  medios  a  través  de  los  cuales  el  sentenciador  descartó  la  noción de  “peligroso” del entorno  donde  ocurrió  el  hecho,  que  le  impidieron  usar  la  aludida presunción,  quedando  así  por  completo irrebatido el fundamento del fallo, consistente en  que  la  baranda  por  sí  misma no era peligrosa, porque protegía áreas como  balcones,  escaleras,  puentes,  y  servía  de  control y pared, impidiendo que  quienes  transiten  por esa área caigan; de donde su uso natural no constituía  riesgo.   

          Conforme  a  lo  reseñado,  el  cargo  no  contiene  el  desarrollo  argumentativo  y  dialéctico  dirigido a mostrar un probable yerro fáctico, de  tal  manera  que  confronte  la  posición  del fallador con raciocinios serios,  lógicos  y  coherentes,  sino  que  está plagado de alegaciones propias de las  instancias   y  pareceres  acerca  de  la  manera  como  la  censora  cree  debe  calificarse  el  lugar de la tragedia y el pasamanos, lo cual en sí mismo está  lejos   de   sustentar   una   acusación.   A  este  respecto  tiene  dicho  la  Sala:      

«Si    impugnar    es    refutar,           contradecir,         controvertir,   lo   cual   exige  como  mínimo,     explicar     que     es     aquello     que     se     enfrenta,  fundar  una  acusación,  es  entonces  asunto mucho más elaborado, como quiera que no se logra con un simple  alegar  que  el juzgador de instancia carece de razón, sino que impone, para el  caso   de   violación   de   la   ley   por  la  vía  indirecta,  concretar  los  errores  que  se  habrían cometido al valorar unas  especificas  pruebas  y  mostrar  de qué manera esas  equivocaciones   incidieron   en   la  decisión  que  se  repudia»17.   

          2.4.  Los  cargos  segundo   y  tercero  también  caen en la deficiencia  técnica  de  no combatir todos los fundamentos y soportes probatorios a través  de  los  cuales el Tribunal descartó la culpa de la opositora y el nexo causal,  y  de  no  confrontar  las  pertinentes  razones  de  éste con lo que dicen las  pruebas valoradas o dejadas de ponderar.     

          2.4.1.    Sobre    el    tema    el   ad  quem  aseguró  que la causa adecuada del daño fue la  conducta  imprudente  del  menor al sentarse sobre una baranda no diseñada para  ello,  por  lo  que  se  desestabilizó y cayó desde una altura de tres metros,  como  lo  confesó  en  el interrogatorio de parte el  actor  J…..  S….….  H…….…  O………,  su  progenitor,  y  se  desprendía de lo declarado por la  demandante  M…….  I………  A……  R…….18.        Fue  la actuación culposa de J……. J…….. la que ocasionó el  siniestro;  si  hubiera  usado debidamente la protección, no hubiese perdido el  equilibrio  ni  sufrido la caída causante del «trauma  craneoencefálico»  que  lo llevó a la muerte. Por el  hecho exclusivo del lesionado se rompió el nexo causal.   

          Las  pruebas  y  la  argumentación  señaladas  no son atacadas. El  único  rastro  sobre  el  tema,  escasísimo  por  demás, lo registra el cargo  tercero,  donde  la  censora  paradójicamente acepta que el menor participó en  los  hechos  y  aclara  que  ese  comportamiento  no fue la única causa, porque  «(…)   estuvo   prohijado   por   las   falencias  (…)»19 de la accionada.   

          Como  se  aprecia,  ese pasaje ninguna mención hace a los elementos  de  juicio  acopiados  por  el  fallador  y  menos  confronta  las explicaciones  ofrecidas  para  mostrar  que la causa radicó, con exclusividad, en la conducta  imprudente del menor.   

«En esa confrontación, se deben considerar  todas  las pruebas estimadas por el sentenciador y, de paso, se deben desquiciar  todos   los   argumentos   que  este  haya  expuesto  para  conferirles  mérito  demostrativo,  puesto que si la sentencia acusada conserva siquiera un pilar que  la  sostenga, por omisión de la censura o porque su esfuerzo finalmente resulta  infructuoso    o   vano,   el   recurso   de   casación   no   puede   alcanzar  éxito»20.   

          La  omisión  puesta  en  evidencia  implica la firmeza del anterior  razonamiento,  el  cual,  dado  su  carácter  totalizador,  por  sí solo sigue  respaldando la decisión adoptada.   

          2.4.2.  Aun  cuando  lo  motivado  muestra  a  las  claras el ataque  incompleto,     suficiente    per    se  para inadmitir las acusaciones, tocante con los otros soportes, en  los  cuales  el  juzgador  ahondando  en razones también tomó la decisión, la  recurrente de igual modo cae en deficiencias similares:   

          (i)  En  uno  de  ellos  el  sentenciador  expresó:  la  omisión  de  la opositora en trasladar al menor a un hospital no  quita  ni pone ley, porque no constituye causa adecuada del deceso, generado por  la  caída  producida  a  raíz  de  la  imprudencia  de  J……… J……. al  sentarse   en  la  baranda.  El  hecho  de  no  haberlo  remitido  a  un  centro  hospitalario,  en  vista  de  que ya había sido auscultado por el médico de la  entidad  contratada  por  la accionada para atender cualquier emergencia, no fue  el  motivo  de  la  muerte,  pues falleció cinco días después, por la lesión  cerebral    que    le   ocasionó   el   accidente,   según   la   historia clínica.   

          En  la  cuestión  los  actores  no  mostraron  que el traslado a un  centro  de  salud  haya  sido  una  prioridad  o  una  causa  del deceso. Por el  contrario,   «(…)  los  elementos  de  convicción  que reposan en el plenario  dan             cuenta            (…)»21 (se resalta) que el menor se  encontraba  estabilizado  y  atendido  por  el  médico D…… L……. D…..,  quien   le   diagnosticó   «(…)  trauma  cráneo  encefálico   moderado   (…)’»   y  le  ordenó  el  suministro   de   «solución  salina  normal  0.9%,  dipirona  1gr  IV, oxigeno por cánula a 3 litros por minuto, collar cervical»,  sin que se probara que ese tratamiento fue equivocado;  además  «(…)  el  paciente  tenía  un Glasgow de  15/15,  lo  que  significa  que  estaba consciente»22.   

          La  decisión  resaltó  el  deber  de  los actores de probar que el  resultado  fue  consecuencia de la actividad de una persona o efecto de una cosa  de   su  propiedad,  como  causa  adecuada  del  perjuicio,  pues  no  se  puede  «(…)  pretender  que  todas  las “causas” sean  condiciones   del   “daño”,  porque  ello  conllevaría  a  una  causalidad  infinita;  por  eso  es  menester  indagar  entre  todas  ellas cuál es la más  adecuada,  esto  es,  la  que  conforme  con  el  acontecer normal de los hechos  tendría   la   facultad   de   producir  el  daño»  23.   

          Como  se anticipó, los medios de juicio subrayados, a partir de los  cuales    el    Tribunal    construyó    la   ratio  decidendi,  tampoco  fueron  combatidos; y sin bien la  impugnadora  menciona  alguno  de  los  anteriores  apartados,  omite  hacer  el  correspondiente  paralelo  y  contrastación,  de donde la sentencia sigue firme  también en estos aspectos.     

          En    el    cargo   tercero,  a  la  manera de un escueto alegato de instancia, sin efectuar la  confrontación  del  caso  con  los  hechos  demostrados,  sin   basarse en  ningún  medio  de  persuasión  y  sin  formular  los  apotegmas  que deberían  acogerse  probatoria  y  conceptualmente,  simplemente  afirma  que  el fallador  debió  evaluar  la  diligencia  y  cuidado  de  la  opositora como reacción al  suceso,  y  determinar  si la atención brindada correspondía a la gravedad del  hecho,  y que el dicho de que el paciente estaba estabilizado, se desvirtuó por  la  muerte,  la  cual  indicaba que el diagnóstico del galeno fue alejado de la  realidad, porque el trauma no era tan moderado.   

          Con    manifiesta    desorientación,    acusa    al    ad      quem     de     «(…)  pretender  (…)  que  la  demandante  probare la demora del  traslado  como causa (…) del fallecimiento (…)»24,  cuando aquél en verdad no  dijo nada de ello.   

«A  este  propósito  es  de  verse que la  debida   consonancia  que  debe  existir  entre  el  embate  planteado  con  las  motivaciones  que  se  pretendan  descalificar, no se cumple a cabalidad cuando,  como  lo  ha  dicho  la  Corporación, ‘el  recurrente se limita a exponer una fundamentación por completo  desligada     de     dicho     fallo’,  como  tampoco  en  aquellas  hipótesis  en que “se basa en un  supuesto  que nunca ha sido considerado por el sentenciador, puesto que en tales  eventos  se  mantienen  intactos los pilares de la sentencia recurrida, los que,  en  esa  medida,  no  sólo  siguen en pie sino excluidos de cualquier examen”  (sentencia  número  047  de  29  de  marzo  de  2001,  exp.#6541)»25.   

          (ii) El Juez de segundo grado señaló que  la  parte  actora  se  sustrajo  de  probar  que  el  pasamanos  no cumplía los  parámetros  de la norma NSR 98 o la vigente para la época de su implantación,  pues  su  elevación, según lo declaró el arquitecto  C…….  M…….  C…….. P……., está dentro de  las  medidas  allí  exigidas.  Empero,  esta motivación tampoco fue censurada,  permaneciendo indemne al ataque.   

          Aunque   el   cargo  tercero  aduce  que  el  incumplimiento  del  diseño  establecido  por  la  Alcaldía   de   Bogotá   para   la  instalación  de  barandas  «(…)  es  verificable  con  la  prueba  obrante en el expediente y  especialmente  a  raíz  del  testimonio de C…… P……. (…)»26,  en  todo  caso,  desatiende el deber de singularizar los elementos de certeza que procuró  invocar  y  no  contrasta su contenido y el de la versión del declarante con lo  que  sobre  la  cuestión  dijo el ad quem.   

          (iii)  El  cargo  segundo  expone: como de las fotografías se ve que la  altura  del pasamanos no cumplía la norma aplicable ni existía obstáculo para  ascenderla,   «(…)  no  es  razonable  exigir  de  C…………..  (…)  la  (…)  señalización  que  (…) informe el peligro  (…)»27  al  subirse. La intrascendencia que el juzgador dedujo de la falta  de   señal,  admitida  por  el  representante  legal  de  la  opositora  en  el  interrogatorio,  es «(…) una valoración equivocada  (…)       de      la      prueba      (…)»28.   

          Si  de  este  modo  viene  el reproche, no hay duda, la acusadora no  ataca  la  motivación  del fallo sobre el particular, faltando a los requisitos  de claridad, precisión y correspondencia en el cargo formulado.   

          En  efecto,  el Tribunal al respecto expuso: la omisión de señales  no  constituye una actuación negligente de la opositora, por cuanto el servicio  normal  del pasamanos no revestía ningún peligro, pues fue puesto para que los  transeúntes  se  sujetaran,  como se infiere de las fotografías de folios 63 y  64.  También  expone  que  su  uso  natural  no  era para sentarse ni para otra  actividad, sin requerir la colocación de avisos de prevención.   

          2.5.  Son, pues, evidentes las deficiencias técnicas de los cargos,  las  cuales  imponen,  independientemente  de  cualquiera otra que contengan, la  inadmisión  del  libelo,  cual  lo  prescribe  el  inciso  cuarto del artículo  373.   

3.  DECISIÓN   

          En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación Civil,   

RESUELVE:  

          Primero:  Inadmitir la demanda presentada  por  la actora M…….. I…….. A……. R…… para sustentar el recurso de  casación interpuesto contra la sentencia identificada.   

          Segundo:  Declarar,  como consecuencia de  lo anterior, desierta dicha impugnación.   

          Tercero:   Ordenar  la  devolución  del  expediente    a    la   oficina   de   origen,   una   vez   ejecutoriada   esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase  

JESÚS  VALL  DE  RUTÉN  RUIZ   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

1  Folio 43.   

2  Folios 43 y 44.   

3  Folio 49.   

4  CSJ  SC 092 de 14 de agosto  de 1995, exp.#4203.   

5 CSJ  SC   102   de   31  de  mayo  de  2005,  radicación  7795.   

6 CSJ  SC 006 de 26 de marzo de 1999.   

7 CSJ  SC  005  de  08 de febrero de 2002, radicación 6019.   

8  CSJ  SC 007 de 15 de abril de1997, radicación 4422.   

9 CSJ  G. J., t. CCXLVI, volumen I, página 270; CCXLIX, II, 1338.   

10  CSJ  SC  005  de  8  de  febrero de 2002, radicación  #6019.   

11  Artículo  368,  numeral  primero,  inciso  segundo,  Código de Procedimiento Civil.   

12  CSJ    G.    J.,   t.       CCXII,      página      34.   

13  Folio 43.   

14  Folio 43.   

15  Folio 43.   

16  Folio 44.   

17  CSJ  SC  027  de  27  de febrero de 2001, radicación  5839   

18  Folio 122.   

19  Folio 57.   

20  CSJ  SC  092  de  14  de  agosto de 1995, radicación  4203.   

21  Folio 124.   

22  Folio 124.   

23  Folio 124.   

24  Folio 59.   

25  CSJ  SC  133  de  5  de  octubre de 2006, radicación  30782-01.   

26  Folio 58.   

27  Folio 56   

28  Folio 56.     

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