AC4312-2014 [2011-00267-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

Magistrada Ponente  

AC-4312-2014  

Radicación           n°  73001-31-03-004-2011-00267-01   

(Aprobado  en sesión de veintitrés de julio  de dos mil catorce)   

Bogotá  D.C., treinta y uno (31) de julio de  dos mil catorce (2014).   

Decide  la  Corte  sobre  la  admisión de la  demanda  de  casación  presentada  por  los  actores  Jesús María, Esperanza,  Libia,  Yolanda  y  Fernando  Villanueva Zambrano, frente a la sentencia de 6 de  junio  de  2013,  dictada  por  la  Sala Civil Familia del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Ibagué  dentro del proceso ordinario de pertenencia por  ellos  promovido  contra  Flor Libe Martínez de Bonilla, Ricaurte Augusto, Flor  Ángela y Rosa Piedad Bonilla Martínez.   

I.  ANTECEDENTES  

1.  En  el  libelo  introductorio  se  pidió  declarar  que  los  accionantes  adquirieron por prescripción extraordinaria de  dominio  el  inmueble  «distinguido con el Nº 10 que  hacía  parte de la hacienda Ambalá jurisdicción del municipio de Ibagué, con  una   extensión   superficiaria   de  7.574  M2  ó  7.936.07  M2»  y,  en consecuencia, ordenar la inscripción del fallo en el folio  correspondiente  de  la  Oficina  de  Instrumentos  Públicos  de  ese círculo.   

2.      La     causa     petendi     admite     la    siguiente  síntesis:   

El  señor Jesús María Villanueva Rondón,  padre   de  los  demandantes,  entre  «1957  y  1958  compró»  los lotes identificados con los números 7,  10,  16,  17  y  18  de  la  nombrada finca y procedió a encerrarlos incluyendo  «calles,   carreras   y   plazuela   que   le  eran  comunes».   

A  finales  de  la última anualidad citada,  decidió  ampliar el cerco a un fundo aledaño de 7.936.02 M2, pues «observó  que  nadie se acercaba a posesionarse de los predios ni  a  hacer reclamación alguna», por lo que se dedicó a  sembrarlo  y  a  ejercer  posesión  sobre  él  «sin  problema  de  ninguna  clase  hasta  el año de 1985, año en el cual falleció.  Dentro  de  tales actos de posesión llegó a edificar una casa campesina de 8.5  metros  por 4.0 metros. Predio que contenía tres habitaciones, disponibles para  su         habitación         (sic)».   

En  razón  a  que  en  1988,  «los  cercos  y  demás  mejoras» que en  vida  del  causante «Villanueva Rondón»   había   «implementado»  comenzaron a desaparecer, se promovió contra los aquí demandados  proceso  reivindicatorio «respecto de los (…) cinco  lotes»  referidos, actuación de la que correspondió  conocer  al  Juzgado Quinto Civil del Circuito de Ibagué, donde el 28 de agosto  de  2003  se  dictó  fallo  acogiendo  las  súplicas  del escrito genitor y en  providencia  complementaria  de  25  de  mayo  de 2004 negó las súplicas de la  demanda  de reconvención presentada por los convocados en la que pretendían la  pertenencia del referido bien raíz.   

Las citadas decisiones fueron anuladas por la  Sala  Civil-Familia  del  Tribunal  Superior del aludido Distrito Judicial y una  vez  subsanada  la falta de integración del contradictorio advertida por aquel,  el    a-quo   profirió  nuevamente  sentencia  el  26  de octubre de 2007, en el sentido antes indicado,  decisión  confirmada  por  el  superior  el  8  de julio de 2009, al desatar la  alzada interpuesta por los vencidos.   

En  el  libelo  de  mutua  petición que los  convocados  presentaron  con  la  aspiración  de  usucapir el predio objeto del  litigio,  no  hicieron  valer el folio de matrícula inmobiliaria 350-170277 que  se  le  abrió  a  dicho inmueble con ocasión del acto plasmado en la escritura  pública  555  de  10  de  marzo  de  2003 de la Notaría Tercera de esa ciudad,  consistente   en  una  «actualización  de  área  y  linderos», por aquellos realizada.   

Con  «escritura  pública»  626  de  9  de marzo de 2007 de la aludida  «Notaría»,  la  señora  Flor  Libe  Martínez  de  Bonilla,  le  vendió  a  sus  hijos y se reservó el  usufructo,    entre    otros    del   «‘potrero    número   10’   con   un  área  de  ‘7.574         mts2’, que como ya se dijo es el mismo que  se  pretende  hoy  en  usucapión  y al que curiosamente se le creó el folio de  matrícula  Nº  350-170277 (ya que antes no tenía)».   

Como  prosperó  la  acción reivindicatoria  intentada  por  los  aquí  demandantes  y  les  fue  negada  a  los  convocados  la  «usucapión» respecto  del    «lote    distinguido    con    el   número  10»,      aquellos      pueden      «intentar  la  pertenencia  (…),  bajo  el  argumento  de que su  posesión  no  ha sido interrumpida, y que al haber ejercido posesión sobre los  cinco  (5)  lotes de su propiedad, (distantes unos de otros) y que se encuentran  dentro  del  área  mayor  que  se pretende en usucapión, dicha posesión se ha  extendido  al  resto  del  lote  mayor»  (fls. 164-170 c.1).   

3.  Los  accionados  Flor  Libe Martínez de  Bonilla   y   Ricaurte   Augusto   Bonilla   Martínez,  contestaron  el  libelo  introductorio  oponiéndose  a  las  pretensiones, no aceptaron la posesión que  los  promotores  del  litigio alegaron sobre el inmueble materia de pertenencia,  pidieron  probar  algunos  hechos,  de  otros dijeron que eran simples relatos y  propusieron  las  defensas  de  «ausencia total de la  necesaria  posesión  por  parte de los demandantes sobre el inmueble pretendido  en   usucapión;   abierta  indeterminación  de  lo  pretendido  en  pertenencia;  inexistencia   de   posesión   alguna,   con   las  circunstancias   de   modo,   tiempo   y   lugar   que  debe  manifestarse  para  posteriormente  probarlo,  por  parte  de  los  demandantes  respecto  de lo que  pretenden      en     pertenencia;     reconocimiento  tácito  y/o  expreso  de que la posesión sobre lo  ambicionado  la  han  ejercido  y ejercen personas distintas a los demandantes y  precisamente  por  los  demandados,  impidiendo  que  se  estructure  una de las  exigencias  de  la  pretensión  incoada; indeterminación  de  los hitos iniciales y finales de la posesión  que   deben   haber   ejercido   los  demandantes  [e]  imposibilidad  absoluta  de estructuración del lapso  de   posesión   que   amerita   la   prescripción  extraordinaria  de  dominio  intentada»  (fls.  184-199  c.1).   

Por  su parte, las demandadas Flor Ángela y  Rosa   Piedad  Bonilla  Martínez  replicaron  en  idénticos  términos  a  los  anteriores,  propusieron  las  mismas «excepciones de  mérito»  adicionando  las  siguientes:  «causación  de  perjuicios  a  los  demandados por la desmedida y  arbitraria  solicitud  de  inscripción  de  la demanda sobre la totalidad de un  predio  ajeno  a  los  intereses de los demandantes [y]  aceptación  expresa  de que para el mes de agosto de  1997  los  ahora  demandados  ejercían posesión sobre el inmueble que hoy día  anhelaban  usucapir los actores y por tanto imposibilidad de colmar los 20 años  que  se  le  exigen  a  los  demandantes» (fls. 225-260 c.1).   

4. Con sentencia de 14 de noviembre 2012, el  a-quo negó las pretensiones  de  la demanda, determinación que el superior funcional confirmó al desatar la  alzada promovida por los actores.   

5.   El  Tribunal  tras  referirse  a  los  antecedentes  del asunto precisó que la prescripción adquisitiva invocada debe  regularse  por la Ley 50 de 1936 y no por la «Ley 791  de  2002»,  puesto  que  para  el  8 de julio de 2011  cuando  se  presentó el libelo genitor «no se había  consumado  el  término  prescriptivo  señalado  en  la nueva ley».   

Seguidamente  expuso  que  las  pruebas  aportadas  al  juicio  revelan  que  para  la  citada  data  los  demandantes no  ostentaban  la posesión del predio en disputa e hizo suyos los argumentos dados  por  el  a-quo, quien sostuvo  que  la «demanda no identifica claramente el bien que  [se]  pretende  usucapir», pues en ella se informa que  de  él hacen parte «5 lotes que son propiedad de los  demandantes»   y   si   bien   con  el  dictamen  se  establecieron  «los  linderos  y perímetro del bien  identificado   con   la  matrícula  inmobiliaria  Nº  350-170277»,  lo  cierto  es  que  «nada queda claro  respecto  a  la  identificación exacta» de aquél, es  decir,  no  se  logró determinar «la especificación  real    en    cuanto    a    área    superficiaria    y   linderos   del   bien  pretendido», y también estimó que no se demostraron  los  actos  de  señorío  realizados por los actores, en cambio, los hechos dan  cuenta  que  en  algún  momento la posesión estuvo en cabeza de su progenitor,  más  no de ellos y adicionalmente, con la inspección judicial se acreditó que  la  persona  ocupante  del  inmueble  para  ese  momento lo hacía en calidad de  arrendatario  de  los  demandados  «Flor Martínez y  Augusto  Bonilla», es decir, que las pruebas indicaban  que      los      actores      no      han      tenido      la      «posesión» del predio que pretenden en  usucapión,  sino  que  «[s]on los demandados quienes  se   han  encargado  de  su  administración,  de  arrendarlo,  de  recibir  los  cánones»   y   en   síntesis   que   «no  están  satisfechos  los  presupuestos  axiológicos  para la  prosperidad      de      la      pretensión      de      usucapir».   

El  Tribunal  agregó,  que  la  falta  de  acreditación    de   la   «posesión»  en  cabeza  de  los  actores también se corrobora con el memorial  sustentatorio  del  recurso de apelación, en el que se afirma que en 1997 ellos  presentaron  la  demanda ordinaria contra los aquí accionados con el propósito  de  reivindicar,  entre  otros,  el lote número diez pretendido en usucapión y  que  estos  se  opusieron alegando en reconvención la prescripción adquisitiva  de  dominio  de  todos  los  predios,  de  donde se concluye que los  «aquí  demandados  se erigían en poseedores desde aquél año,  estatus  que  les  reconocía  los  demandantes»,  no  obstante  que  dicha  súplica les fue negada por no cumplir los requisitos para  prescribir.   

Sostiene  que  los  testimonios  de Salomón  María  Sandoval  Marín  y José Pascual Ospina Sánchez, confirman que si bien  Jesús      María     Villanueva     Rondón     estuvo     en     «posesión»  del  aludido  «lote   10»,  después  de  su  muerte  ocurrida  en  1985, sus «herederos dejaron de ejercer  actos   posesorios   que  perduraron  más  allá  de  la  presentación  de  la  demanda».   

Así   mismo,   indicó   el  ad  quem que ningún valor puede dársele  a          las          copias          del          juicio         «reivindicatorio»  surtido  entre  las  mismas  partes  en  el Juzgado Quinto Civil del Circuito de Ibagué que culminó  con  fallo estimatorio de las pretensiones de la demanda principal y denegatorio  de  las  de  reconvención  en  la  que  se pretendía usucapir, entre otros, el  «lote 10», en razón a que  su  aportación no cumplió con la ritualidad de la prueba trasladada, ni con la  formalidad  de  las  copias, toda vez que estas se allegaron sin autenticar, por  lo que no gozan de valor demostrativo.   

Que  a pesar de lo anterior, en virtud de lo  aceptado  por los litigantes, debe considerarse que debido a la acción de mutua  petición  se  interrumpió  civilmente  la prescripción desde la admisión del  libelo  inicial hasta la ejecutoria del fallo, «hecho  que  acaeció  entre  los  años  1997  y  2009, circunstancia que impide que la  posesión,  si  en  gracia  de  discusión  se  tuviera  por  acreditada,  logre  completar  el  tiempo  exigido  por  las  normas  que  reglan la materia para su  declaración»,  dado  que  reitera, la demanda actual  «fue  introducida a trámite el 8 de julio de 2011 y  la  presunta posesión de quienes aquí demandan se inició con posterioridad al  año  1985» y el precepto 2522 del Código Civil exige  para   usucapir   que   la  «posesión» no haya sido interrumpida.   

Finalmente   expuso   que   la  alegación  relacionada  con la «suma de posesiones»  no  puede  ser oída por ser un aspecto nuevo en segunda instancia  «y por ello vedado su estudio, so pena de asaltar el  derecho de defensa de los demandados».   

6.  Los  actores  propusieron  el  presente  recurso  extraordinario, el que concedido por el Tribunal, la Corte lo admitió,  allegándose oportunamente el escrito de sustentación.   

II.  CONSIDERACIONES  

         

          1.   Las formalidades de la «demanda  de  casación» están previstas en el precepto 374 del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  al  respecto  exige  que debe contener las  siguientes:   

«1.  La designación de las partes y de la  sentencia  impugnada. -2. Una síntesis del proceso y de los hechos, materia del  litigio.  -3.  La  formulación  por  separado de los cargos contra la sentencia  recurrida,  con  la  exposición  de los fundamentos de cada acusación en forma  clara  y  precisa.   Si  se  trata de la causal primera, se señalarán las  normas  de  derecho  sustancial  que  el  recurrente estime violadas.- Cuando se  alegue  la  violación  de  norma sustancial como consecuencia de error de hecho  manifiesto  en  la  apreciación  de  la  demanda  o  de  su contestación, o de  determinada  prueba,  es  necesario  que  el  recurrente  lo  demuestre.  Si  la  violación  de  la norma sustancial ha sido consecuencia de error de derecho, se  deberán   indicar   las  normas  de  carácter  probatorio  que  se  consideren  infringidas explicando en qué consiste la infracción».   

Acerca de los requisitos que debe observar el  impugnante  extraordinario  en  la  formulación d su demanda, la Corte, en auto  CSJ SC, 13 ene. 2014, rad. 2006-01134-01, expuso:   

La  Sala tiene dicho que, por la naturaleza  excepcional,   extraordinaria   y   eminentemente  dispositiva  del  recurso  de  casación’,    éste  ‘comporta    en   la  normatividad  procesal  civil  una especial atención por parte del legislador a  los   requisitos   formales   de   la   demanda   que   lo  sustenta’,  de manera que su admisión resulta  improcedente  cuando quiera que el recurrente soslaye, obvie, desatienda u omita  ‘las    exigencias  estatuidas.   Es  así  como  entre los requisitos del libelo impugnaticio,  resultan  en  extremo  relevantes  para  el  asunto que ocupa la atención de la  Corporación,  los contenidos en el numeral 3° del artículo 374 del Código de  Procedimiento  Civil, con arreglo al cual para la admisión de la demanda han de  exponerse     ‘los  fundamentos   de   cada   acusación   en   forma  clara  y  precisa’, pues la propia naturaleza del medio  de  impugnación  impone  a  la  Corte  el moverse sólo dentro de los estrictos  límites  demarcados por la censura (…), requisito que se explica porque no es  el   litigio   mismo   la   materia  sobre  la  que  opera  el  aludido  recurso  extraordinario  -pues  en  tal  caso  constituiría  una  tercera  instancia, no  prevista  por la ley- sino la sentencia impugnada, a efectos de que por la Corte  se  decida,  dentro de los límites trazados por la demanda de casación, si esa  sentencia  se  ajusta  a  la  ley  sustancial,  o,  en  otra  hipótesis,  a  la  procesal’    (…)  (Se retiró el subrayado).   

Por  eso,  en este escenario se requiere que  las  acusaciones  sean  formuladas  por  separado  con  la  exposición  de  los  fundamentos  de  cada  una de ellas, de manera clara y precisa, lo cual conlleva  no  solo  a  que  se  identifiquen  los  errores cometidos, sino a determinar el  alcance de ellos.   

Esta  Corporación,  en auto CSJ AC, 26 ene.  2012,    rad.   2008-00567-01,   respecto   de   las   reseñadas   condiciones,  recordó:   

(…)          ‘para     poder     cumplir     su  cometido’,   necesita  ‘conocer  cuál  es  la  puntual  argumentación  con  que  se  pretende derruir una sentencia que por lo  pronto  está  flanqueada  por  las presunciones de acierto y legalidad. En este  recurso…no  es  bastante  que  el  recurrente  haga saber de cualquier modo su  dolencia;   de   ahí   que,  por  ejemplo,  no  le  sea  admitido  un  lenguaje  equívoco’  (…).   

Ahora, si claridad es lo que se entiende sin  dificultad,  sin  duda  o  sin confusión, esto significa que, en palabras de la  Corte,    no    resulta   técnico   ‘denunciar   un   error  de  juzgamiento  y  desarrollarlo  como  de  procedimiento,  o acusar errores de hecho o de derecho en la apreciación de las  pruebas  como fundamento de la violación directa de la ley sustancial, sino que  es  necesario  identificar,  en  primer  lugar,  el tipo de error en que se pudo  incurrir,  y  luego aducirse la causal o la vía que para el efecto se encuentra  legalmente prevista» (…).   

De  conformidad con lo anterior, queda claro  entonces  que  en  el  escrito  mediante  el  cual  se formaliza la «impugnación  extraordinaria»  se debe  aducir  o  invocar como mínimo una de las causales mencionadas y desarrollarlas  en  armonía  con  su contenido. Así entonces, cuando se trata de violación de  normas  sustanciales,  al censor le corresponde identificar las que ostentan tal  entidad,  precisar  cómo  se  produjo  el quebrantamiento e indicar la clase de  error  cometido;  en  caso de inconsonancia, le compete señalar en dónde está  la  desarmonía;  en  la  hipótesis  de  disposiciones  contradictorias, anotar  cuáles  son;  en  el  evento  de  la  reforma en perjuicio, manifestar cómo se  estructuró  y  en  el  supuesto  de  nulidades,  puntualizar el correspondiente  motivo y cómo aparece configurado.   

2.  Los  impugnantes  plantean  un (1) cargo  fundado  en  la  causal  primera  del artículo 368 del Código de Procedimiento  Civil,    por   violación   indirecta   como   consecuencia   de   «errores  de  derecho  cometidos (…) en la apreciación fáctica  de  las  pruebas  (…)  que  terminan  afectando  la  aplicación  del  derecho  sustancial  contenido  en  la  Ley  sustancial de los artículos 673, 762, 2518,  2530   y   2532   del   Código  Civil  y  artículos  331  y  332  (sic)».   

Luego  de  transcribir  los  primeros  cinco  preceptos  citados,  los  recurrentes  sostienen  la  existencia de «abuso  del  derecho por perjuicio en valoración de la prueba por  errores      en      derecho      (sic)»,    es   decir,   por   «valoración  fáctica  de las pruebas»,  puesto    que    «por   deformidad   de   análisis  axiológico»    fue    negado    el    «derecho sustancial».   

Admiten  que  para  el  caso, el término de  prescripción  exigible  es  de  veinte  años continuos e ininterrumpidos y por  ello,    analizadas    las    pruebas    se   tiene   que   desde   «1957  y  1958 hasta la muerte del señor Jesús María Villanueva  Rendón,  (q.e.p.d.)  que ocurrió en 1985 habían transcurrido 27 años sin que  se  presentara  interrupción alguna»; que así mismo,  cuando  se  promovió el proceso sucesorio de este, se presentó el fenómeno de  «suma  de  posesión  (…)  ya  que  como herederos  siguieron   ejerciendo   actos  de  posesión  como  quedó  demostrado  en  los  interrogatorios».   

Agregan que a pesar de lo anterior, debido  al  engaño  gestado  por los demandados al realinderar su predio con inclusión  del     «lote    10»,  «pecan  las dos instancias que no valoraron en forma  debida  las  pruebas  adelantadas en el proceso y la solicitada de oficio por el  Juez  de  primera  instancia  como  fue  una  sentencia  claramente  determinada  ‘cosa juzgada’             (sic)  desde  luego que el raciocinio del  Tribunal  conllevó  a  no  apreciar  las  pruebas en debida forma trayendo como  resultado  la  negación  de un derecho contenido en la ley sustancial siendo un  error  de  derecho  pues  el  ad  quo (sic)  vio  las  pruebas,  pero no las valoró, pues hubo un yerro en la  ponderación  sobre  la  legalidad  y eficacia probatoria que son los rasgos del  error de derecho (…)».    

Los impugnantes sostienen que el ad-quem  se  equivocó  al no darle valor  probatorio  a  las  copias  del  proceso reivindicatorio tramitado en el Juzgado  Quinto  Civil del Circuito de Ibagué entre las mismas partes y que culminó con  fallo  desestimatorio  de  las  pretensiones  de  la  demanda de mutua petición  formulada   por   los  accionados  por  no  estar  autenticadas,  olvidando  que  «no  se  trataba  de  cualquier prueba, se trata del  traslado  de  una  sentencia  que  es  el  mismo  Estatuto  Procesal quien en su  artículo  252 trata el contenido de los documentos auténticos, y es auténtico  cuando  existe  certeza  sobre  la  persona  que  lo  ha elaborado, manuscrito o  firmado,  y  es  tan auténtica» que la contraparte no  la  tachó  de  falsa,  siendo «una sentencia fallada  por  un  Juez  de la República que es un funcionario público, por lo que dicho  valor   de   la   sentencia   debió  valorarse  en  debida  forma».   

Aseveran  que el Tribunal en la ponderación  de  la  prueba  no «hizo la tarea que como operadores  de  justicia  les  corresponde,  y  se dedicó a confirmar sin ningún análisis  jurídico    probatorio    lo    decidido    por    el   ad   quo   (sic).  Siendo  lo  más  grave  que  no  valoró    la   sentencia   del   Juzgado   Quinto   Civil   del   Circuito   de  Ibagué»,   pues   adujo   que  no  fue  autenticada  «pero  lo  que  no  analizó  el  Tribunal es que la  sentencia  fue solicitada de Juez a Juez y la misma reviste un valor probatorio,  además  lo hizo con el requisito de copias simples, y sin embargo, no se le dio  ningún valor en las dos instancias».   

Así  mismo  exponen  que  el  ad-quem  tampoco  atendió  la  petición  efectuada   en   el   escrito  de  sustentación  del  recurso,  consistente  en  «analizar  y  valorar a profundidad todas y cada una  de   las   pruebas   aportadas   por   los   actuales   demandantes   Villanueva  Zambrano»,    pues    omitió    esa   «valoración  y  análisis objetivo de las pruebas a sabiendas que  ya  existía  cosa  juzgada»,  figura  jurídica  que  explican,    para   seguidamente   concluir   que   el   Tribunal   «debió  dictar  una sentencia inhibitoria (…) o de oficio haber  declarado  la  excepción de cosa juzgada (…) ya que el proceso fallado por el  juez  cuarto civil del  circuito versa sobre el mismo objeto, y se funda en  la  misma causa que el anterior y queda demostrado que hay la misma identidad de  las partes del primer proceso».   

Argumentan   que   aunque   los   testigos  «Julio   Parra,   Gilberto   Sánchez   y   Esneda  Muñoz»  relataron  «muy  claramente  los  actos  posesorios» realizados por el  fallecido  Villanueva  Zambrano  y sus herederos, «ni  siquiera  fueron valorados en  debida  forma,  por  lo que se incurre en error grave al no tener en cuenta como  estas  personas rindieron un informe claro sobre los años en que tanto el padre  de  mis  poderdantes  como  sus herederos han ejercido actos en forma pacífica,  permanente  e ininterrumpida, sin embargo nada se dice de estos testimonios, por  lo  que influye en el fallo contradictorio», agregando  que  «los  Bonilla Martínez han estado en posesión  viciosa  sobre  el  lote  número  diez  (10)»,  pues  «realinderaron   para   apropiarse   en   indebida  forma»  del  citado  terreno,  para  luego, Flor Libe  Martínez  de  Bonilla,  vender  a sus hijos, los derechos que ella tiene, entre  otros, del aludido predio.   

Concretan  los censores que los «errores   de   derecho»  consistieron  en  no tener en cuenta la sentencia del Juzgado Quinto  Civil  del  Circuito  de  Ibagué que al cumplir los requisitos de cosa juzgada,  «la     sentencia    debió    ser    un    fallo  inhibitorio»;    no    se   le   dio   «valor  probatorio de sospecha a la escritura pública número 555  del  10  de  marzo de 2003, donde en forma fraudulenta se apropiaron los Bonilla  Martínez  del lote número diez (10)» y, «no  valoraron  los  testimonios presentados por los demandantes y  que   tiene  un  valor  probatorio  indudable  para  la  decisión».   

Con  base  en  lo  anterior  piden  casar la  sentencia  del  ad quem y en  su  lugar revocar la de primera instancia «declarando  que  no  hay  lugar  a  declarar la pertenencia del lote denominado número diez  (10)  de  7.574 M2, para los Bonilla Martínez, y en consecuencia se declare que  no  tienen derecho a que se les reconozca esa pertenencia por ser cosa juzgada y  haber  cumplido  los  requisitos  de  la  misma,  y  por  el contrario que se le  reconozca   a   mis  poderdantes  Villanueva  Zambrano  el  derecho  del  predio  solicitado en pertenencia».   

3.  Cabe  recordar  que  el  «error  de  derecho», por regla general,  se  configura  por la equivocación en que incurre el sentenciador al estimar el  contenido  de  las  normas  que  regulan todo lo concerniente a las pruebas o su  eficacia  demostrativa,  por lo que al recurrente se le exige, a más de indicar  las  disposiciones  sustanciales  y probatorias que considera quebrantadas y que  atañen  al  tema  planteado,  determinar  los  medios  de persuasión sobre los  cuales  recayó el desacierto, así como también la especie de este y cuál fue  su influjo en la decisión, es decir, su trascendencia.   

La  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  acerca  de dicho desatino, en decisión CSJ SC, 8 oct. 2013, rad. 2007-00295-01,  puntualizó:   

(…)  el  error  de  derecho,  esto es, la  equivocada  contemplación  jurídica  de  la prueba, tiene lugar cuando el juez  interpreta  erradamente  las  normas que regulan su producción o eficacia, o su  evaluación.  De  manera  que  su  ocurrencia,  tal  cual se ha indicado, por lo  general  puede  tener  lugar  en  uno  cualquiera de estos eventos: a) cuando se  aprecia  un  medio  que  fue  aducido  sin  la  observancia  de  los  requisitos  necesarios  para  su  producción,  es decir, cuando se infringe el principio de  legalidad;  b) cuando no se evalúa el medio de convicción allegado por estimar  erradamente  que  fue  obtenido  en  forma  ilegal;  c) cuando a la prueba se le  confiere  un  valor  persuasivo  prohibido  en  la ley; d) cuando se le niega el  mérito  probatorio  a pesar de la ley otorgarle esa virtud; e) cuando se valora  siendo  una  prueba  inconducente; y, f) cuando se exige para probar determinado  hecho   o   acto   una   prueba  especial  que  la  ley  no  requiere  para  ese  efecto’   (…),   sin  resultar  admisible  ‘para  la  prosperidad  del  cargo  en  que  se  arguye error de hecho, sustentarlo con  razones  propias  del  error  de derecho, ni viceversa, pues en el fondo implica  dejar  enunciado el cargo pero sin la sustentación clara y precisa que exige la  ley;  y,  dada  la  naturaleza  dispositiva  del  recurso de casación, le está  vedado  a  la  Corte  escoger  a  su  libre arbitrio entre uno y otro yerro para  examinar  las acusaciones’  (…).   

Así  mismo,  en  auto CSJ SC, 25 may. 2012,  rad. 2002-00222-01, reiteró:   

‘en tratándose  de  un  cargo  montado por vía indirecta, en el que le endilgue al sentenciador  la  comisión  de  errores de derecho, el censor no sólo ha de citar las normas  de  disciplina  probatoria  que  estime  infringidas sino, además, sustentar      cómo     ocurrió     ese     quebranto’           (…)’1.   

Y  en providencia CSJ AC, 29 oct. 2002, rad.  6902, sostuvo:   

(…)   no   es   suficiente  que  en  su  sustentación  se afirme que el Tribunal no cumplió con el deber de valorar las  pruebas  (…),  sino que es imperativo que además de individualizar los medios  de  prueba que en su concepto no se estimaron globalmente, indique el censor los  apartes  de  cada  uno  de  ellos  que evidencien y demuestren la falta total de  dicha  integración, a consecuencia de la cual se produce la violación de norma  de  derecho  sustancial,  pues si no procede así, la presunción de acierto que  cobija  toda  decisión judicial permanece inalterable y por lo tanto, incólume  la sentencia recurrida.   

4.  Al  revisar  el  escrito  con  el que se  sustenta   el   recurso   de   casación,  se  constata  que  se  inobservó  el  requerimiento  previsto  en  la  parte  final  del  precepto  374 del Código de  Procedimiento  Civil,  dado  que  al  acusarse  el  fallo  de vulnerar de manera  «indirecta»  la  ley  sustancial como consecuencia de  «yerros  de  jure»,  los  censores  debieron  precisar las normas de carácter probatorio que consideraban  infringidas  y  explicar  el sentido de la violación, lo que no se hizo, ya que  las    dos   disposiciones   procesales   invocadas,   esto   es,   «los  artículos 331 y 332», aluden a la  «ejecutoria   de   las   providencias»  y  a  la  «cosa  juzgada»,  respectivamente,  por  lo  que  carecen de aquella connotación y  aunque  se  mencionó  el  canon  252,  este  sí de la comentada naturaleza, lo  cierto  es  que  no  se reveló cómo se produjo su infracción y de qué manera  repercutió en el quebranto de la pertinente norma sustancial.   

5. En efecto, los subsiguientes apartes de la  sustentación  del  recurso  de  casación  descartan  el  cumplimiento  de  los  requerimientos  técnicos,  mayor aún si se tiene en cuenta que se trata de una  exposición    genérica    relativa    al   «thema  probandum»,   respecto   del   cual,   según   los  impugnantes,  en  este asunto se presentó «abuso del  derecho  por  perjuicio  en  valoración  de  la  prueba  por errores en derecho  (sic)»;  hubo  fallas  en  la «valoración  fáctica     de    las    pruebas»;    «por    deformidad    de    análisis    axiológico»  se  negó el derecho sustancial; las dos instancias pecan debido a  «que  no  valoraron  en  forma  debida  las  pruebas  adelantadas   en   el   proceso  (…)»;  «el  raciocinio del Tribunal conllevó a no apreciar las pruebas  en  debida forma trayendo como resultado la negación de un derecho contenido en  la  ley  sustancial  siendo  un  error  de  derecho  pues el ad quo (sic)  vio  las  pruebas,  pero  no  las  valoró,  pues  hubo  un  yerro en la ponderación sobre la legalidad y eficacia  probatoria   que  son  los  rasgos  del  error  de  derecho  (…)»,al    ponderar    las   pruebas   el   Tribunal   no   «hizo   la  tarea  que  como  operador(…)  de  justicia  le(…)  corresponde,   y   se  dedicó  a  confirmar  sin  ningún  análisis  jurídico  probatorio  lo decidido por el ad quo (sic);  a  pesar de solicitársele «analizar y  valorar  a  profundidad  todas  y  cada  una  de  las  pruebas aportadas por los  actuales  demandantes  Villanueva  Zambrano», omitió  esa  «valoración y análisis objetivo de las pruebas  a   sabiendas  que  ya  existía  cosa  juzgada»;  no  «fueron  valorados  en  debida  forma»   los   testimonios  de  «Julio  Parra,  Gilberto  Sánchez  y Esneda Muñoz» pues «nada  se  dice  de  estos testimonios».   

Así  mismo,  frente  a  los  argumentos del  sentenciador  para  desestimar las copias de los documentos traídos del proceso  reivindicatorio  por  carecer  de  mérito demostrativo, la censura se limitó a  indicar     que     esas     reproducciones     se    consideran    «auténticas»  en  razón  a  que  los  demandados  no  las tacharon de falsas, «la sentencia  [la  dictó] un Juez de la República que es un funcionario público, por lo que  dicho  valor  de  la  sentencia  debió  valorarse en debida forma»  y  «la sentencia fue solicitada de Juez  a  Juez y la misma reviste un valor probatorio, además lo hizo con el requisito  de  copias  simples,  y  sin  embargo,  no  se  le  dio ningún valor en las dos  instancias»,    exposición    que   incumple   los  supracitados   requisitos  atinentes  al  «error  de  derecho» invocado.   

6.  Adicionalmente,  el cargo es incompleto,  dado  que  no  se  atacó  la  totalidad  de  los  fundamentos  aducidos  por el  sentenciador,  pues  dejaron  por  fuera  varios aspectos relevantes, capaces de  sostener la sentencia opugnada.   

Obsérvese    que    el    ad  quem edificó su fallo denegatorio de  las  aspiraciones  de los iniciadores del proceso e impugnantes extraordinarios,  en    que    no   fue   factible   determinar   «la  especificación  real  en  cuanto  a  área  superficiaria  y  linderos del bien  pretendido»,   pues   en   la  demanda  «[n]no  se  determina  con  la  exactitud  requerida  la identidad  concreta  del  bien»,  ni  se  demostró «sobre   cuál   o   cuales   [de   los  lotes]  es que se ejerce la posesión de los mismos y  por  quiénes»  planteamiento  que  a  estos  no  les  mereció ningún reparo.   

Igualmente    omitieron    rebatir   la  consideración  de  que  «tampoco está demostrado el  ejercicio  de  la  posesión»,  dado que «en  la  misma  demanda  resulta  ausente  la atribución de actos  posesorios  en  los  actores,  pues  todos  los hechos conducen a afirmar que la  posesión  estuvo  en  cabeza  de  su  padre  el señor Jesús María Villanueva  Rondón  en  algún  momento,  pero  nada  se  dice  en  relación  a  los ahora  demandantes».   

Guardaron silencio así mismo, respecto del  argumento  judicial  según  el  cual,  «aquí lo que  revela  la  prueba  aportada  al  plenario  es que el demandante no ostentaba la  posesión  cuando se ejerció la acción prescriptiva»  pues  de  acuerdo  con  los medios de persuasión, esa condición la tenían los  aquí  demandados  desde  1997,  estatus que los accionantes les reconocieron al  ser  «señalados como demandados en reivindicación,  otra  cosa es, si la tal posesión estaba cualificada en la forma exigida por la  ley  para  usucapir, lo que se sentenció, no lo era».   

Tampoco   les   mereció   reproche   la  aseveración  de que los medios de persuasión demuestran que los promotores del  proceso  no  han sido poseedores del predio en discusión, sino que «[s]on   los   demandados   quienes   se   han   encargado  de  su  administración,   de   arrendarlo,   de   recibir   los  cánones»,  pues  con  el testimonio de Salomón María Sandoval Marín quien  «dijo   ‘vivir  ahí  con  su familia en calidad de arrendatario de la aquí  demandada       Flor      Martínez      y      Augusto      Bonilla’» aunado a  las  demás  pruebas dentro de las que se cuenta la atestación de José Pascual  Ospina    Sánchez,    se    determina    que    no    se   halla   «acreditado  el supuesto fáctico de ser los actores poseedores de  bien   (sic)   objeto  de  usucapión»,  y  que  «si  bien  Jesús María Villanueva Rondón estuvo en posesión del lote 10, después  de  su  fallecimiento,  ocurrido  en 1985, según lo dice la demanda en el punto  segundo  de  los  hechos,  los herederos dejaron de ejercer actos posesorios que  perduraron   más  allá  de  la  presentación  de  esta  demanda».   

También  se evidencia falta de ataque a la  manifestación  que  el  Tribunal  efectuó atinente a que en este asunto no era  admisible  tener  en  cuenta  la  suma  de  posesiones, puesto que al haber sido  invocada   en   la   apelación,   se   tornaba   en   un  aspecto  «novedoso  en esta segunda instancia y por ello vedado su estudio,  so pena de asaltar el derecho de defensa de los demandados».   

Y,  finalmente,  dejaron de controvertir el  planteamiento  de  que  no  se  estructuran  los presupuestos para la usucapión  pretendida  por  los actores, dado que en este caso, por virtud de la demanda de  mutua  petición  formulada  en  el  juicio  reivindicatorio  se interrumpió la  prescripción  entre  «1997 y 2009, circunstancia que  impide  que  la posesión, si en gracia de discusión se tuviere por acreditada,  logre  completar el tiempo exigido, por las reglas que reglan la materia para su  declaración,  si  en  la  cuenta  se  tiene  que esta demanda fue introducida a  trámite  el  8  de  julio  de  2011  y  la  presunta posesión de quienes aquí  demandan    se    inició   con   posterioridad   al   año   1985».   

Cuando  se  trata  de  la causal primera de  casación  consagrada en el precepto 368 del Código de Procedimiento Civil, los  reproches  formulados  en cualquiera de las especies de violación de las normas  sustanciales  a  que  ella  se contrae, deben comprender todos y cada uno de los  fundamentos  de la providencia en los que ella se soporta, en el claro entendido  de  que  si  cualquiera  de  estos  se pretermite o se ignora o de alguna manera  subsiste  para  mantenerla  en  pie,  no  hay lugar a quebrarla, toda vez que la  Corte,  dado  el  carácter  dispositivo  y  restricto  propio  de  esta censura  extraordinaria,  tampoco  puede de oficio completar la tarea recortada que a ese  respecto le ha sido propuesta.   

En relación con ese necesario requisito de  orden   técnico,  esta  Corporación  en  auto  CSJ  SC,  20  ene.  2010,  exp.  2004-00071-01 reiteró:   

‘(…)  es  preciso  que  el  recurrente  despliegue la acusación de modo tal que comprenda  todos  los  fundamentos del fallo impugnado, pues si deja uno de ellos al margen  de  la  censura, sirviéndole de estribo a la decisión judicial, ésta no puede  ser      casada…’   

7. Pero además de las anteriores falencias,  se  advierte  que  la  censura  incurre  en  entremezclamiento, en primer lugar,  porque   funda   la   acusación   en   «error   de  derecho»,   pero   en  el  desarrollo  del  reproche  involucra aspectos que conciernen al desatino fáctico.   

Sobre el particular, téngase en cuenta que  cuando   los   impugnantes   se   duelen   de   que   el  Tribunal  «no  valoró la sentencia del Juzgado Quinto Civil del Circuito de  Ibagué»,  y  tampoco  dijo  nada  respecto  de  los  testimonios  de  «Julio  Parra,  Gilberto Sánchez y  Esneda  Muñoz», está aludiendo a que el sentenciador  pretermitió   circunstancias   atinentes   al   contenido   material  de  tales  documentos, más no que haya inobservado una regla probatoria.   

Al  respecto,  la  Corte  en  sentencia CSJ  SC435-2014, recordó:   

Ahora  bien,  si se trata de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, que contempla el numeral 1º de la precitada  norma,  la  advertida  regla  técnica  comporta  también  que  no sea dable al  recurrente  confundir o entremezclar los errores de hecho y de derecho, toda vez  que,  como ha sido de siempre destacado, ellos tienen distinta naturaleza y, por  lo  mismo,  amalgamarlos,  torna el cargo que en esas condiciones se formule, en  obscuro e impreciso.   

Igualmente,  en  decisión  CSJ SC, 28 ago.  2013, rad. 2006-01231-01 sostuvo:   

(…) no es admisible que el recurrente en  casación   refunda   dichos  desatinos,  porque  tal  deficiencia  ‘no   se   acomoda   entonces  a  las  exigencias  técnicas del recurso extraordinario; desde luego que si el yerro de  iure  atañe al aspecto jurídico de la prueba, y a diferencia, el de facto dice  relación  con  su  objetividad,  con  la  verificación  de su existencia en el  proceso,  cosas  que  justamente  por  ello  se  repelen,  la  presencia  de esa  confusión  en la acusación obsta un estudio de fondo por parte de la Corte, la  que  bajo  ningún  pretexto podría, habida cuenta de la naturaleza dispositiva  de   la   casación,   entrar   a   escoger   entre   uno   u   otro’ (…).   

En cuanto a la segunda mixtura, se encuentra  que  los  recurrentes  acusan  al  Tribunal de haber omitido el proferimiento de  «fallo  inhibitorio  o  de oficio haber declarado la  excepción  de  cosa  juzgada», en razón a que en el  proceso  reivindicatorio  por  ellos  tramitado  en  el  juzgado  5°  Civil del  Circuito  de  Ibagué,  les  fueron  negadas  a  los accionados las súplicas de  usucapión  formuladas  en  la demanda de reconvención que presentaron respecto  del  «lote 10», por lo que  al   haber   sido  confirmada  aquella  decisión  por  el  superior,  la  misma  «tiene  fuerza  de  cosa  juzgada, ya que el proceso  fallado  por  el  Juez Cuarto Civil del Circuito versa sobre el mismo objeto, se  funda  en  la  misma  causa  que el anterior y queda demostrado que hay la misma  identidad   de   las   partes  del  primer  proceso».   

Lo  narrado  en  esos precisos términos, a  pesar  de  que  se  anuncia como un ataque indirecto de una norma sustancial por  «error de derecho», cambia  de  sentido  al  reclamarse  del  fallador  de  segundo grado un pronunciamiento  oficioso  dirigido a declarar la excepción de cosa juzgada, alegación esta que  a  más  de  novedosa,  atañe  a  la  congruencia de los fallos referida en los  preceptos  305  y  306  del  Código  de  Procedimiento  Civil, pues según este  «[c]uando  el  juez  halle  probados  los hechos que  constituyen  una  excepción, deberá reconocerla oficiosamente en la sentencia,  salvo  las  de  prescripción,  compensación  y  nulidad relativa, que deberán  alegarse     en     la     contestación     de     la     demanda».   

Si  lo anterior es así, no hay duda de que  los  aspectos  así  planteados  son  propios  de la causal segunda de casación  prevista   en   el   canon   368  ibídem,  que  tiene como propósito «garantizar  el  principio  de  la  congruencia  de  los  fallos  judiciales, es decir, hacer  efectivo  el  derecho  de las partes a que éstos sean una respuesta acompasada,  armónica,  con  las pretensiones y hechos de la demanda incoativa del litigio y  de  los  escritos  de  reconvención  -si  es  el  caso-,  o con las excepciones  formuladas  por  las  partes  o  que  de oficio deban reconocerse» (CSJ  AC 17 feb. 2011, rad. 2006-00676-01),  entremezclamiento  que  por tanto, afecta la precisión y claridad requeridas en  impugnaciones  como la que se analiza e impide que la Corte aborde el estudio de  fondo  del  cargo, dado que por virtud del principio dispositivo, no le es dable  escoger la vía casacional por la que ha de transitar.   

Sobre  el  punto,  esta  Corporación  en  proveído CSJ SC, 30 nov. 2012, rad. 002003-00716-01 precisó:   

(…) si el ataque  se  enfila por una causal específica, trátese de una de carácter in iudicando  o  bien  in  procedendo,  resulta  ineluctable  siempre  al  impugnador situarse  exclusivamente  en  ese  motivo de casación, evitando a toda costa refundir los  fundamentos  que al mismo le dan piso con otros propios de diferente causal, por  cuanto  mixturas  en  ese  ámbito  hieren sin ambages la claridad y precisión,  tanto  más  si  en  la  cuenta  se tiene que tratándose de conceptos en cierta  forma  antagónicos,  mal pueden entremezclarse e invocarse a un tiempo, pues en  esas  condiciones  no  puede  ni  debe  la  Corte  tomar  partido por una u otra  vía.   

Y,  en  auto  CSJ  AC  29  mar.2012,  rad.  2007-00935-01, advirtió:   

(…) si la acusación debe ser perceptible  a  la  inteligencia,  es claro que, entre otras cosas, no puede entremezclarse o  hacerse  mixtura  de  las  causales,  porque  en  lugar  de  diafanidad, todo se  prestaría  a  confusión (…) Sobre el particular la Corte tiene explicado que  no      resulta      técnico      ‘denunciar   un   error  de  juzgamiento  y  desarrollarlo  como  de  procedimiento,  o acusar errores de hecho o de derecho en la apreciación de las  pruebas  como fundamento de la violación directa de la ley sustancial, sino que  es  necesario  identificar,  en  primer  lugar,  el tipo de error en que se pudo  incurrir,  y  luego aducirse la causal o la vía que para el efecto se encuentra  legalmente           prevista’(…).   

8.  Las reseñadas deficiencias formales de  que  adolece  la  acusación  sustento  de  la  demanda de casación, impiden su  trámite  y  conducen  a  que  se  de aplicación al inciso 4º del precepto 373  ibídem,  en  el sentido de  «[declarar]  desierto  el  recurso  y  [ordenar]   devolver   el  expediente  al  tribunal de origen».   

III. DECISIÓN  

         

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

        ­Primero:   Declarar  inadmisible  la    demanda   y   consecuentemente   desierto   el   recurso    de   casación   interpuesto  por    los    actores  frente  a la sentencia de 6  de     junio     de     2013     dictada  por la Sala  Civil-Familia del Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de           Ibagué,      dentro      del      proceso  ordinario  identificado  en el encabezamiento de esta  providencia.   

        Segundo:  Devolver   el   expediente   a   la  oficina  de  origen,  por  conducto  de  la  Secretaría.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1  Resaltado original.     

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