AC5497-2014 [2008-00718-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

         Magistrada  Ponente   

AC5497-2014   

        Radicación n°  11001 31  10 004 2008 00718 01   

(Discutido  y  aprobado  en sesión de dos de  julio de dos mil catorce)   

Bogotá  D.  C., quince (15) de septiembre de  dos mil catorce (2014).   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de casación que LUIS FRANCISCO PARRA ORREGO, demandante, presentó con  miras  a  sustentar el recurso extraordinario de casación formulado frente a la  sentencia  proferida  el diecinueve (19) de septiembre del dos mil trece (2013),  por  la  Sala de Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá,  dentro  del  proceso  por  él instaurado en contra de SONIA MABEL RUÍZ MORENO.   

          

I. ANTECEDENTES  

        1.  El     libelo    presentado    alude    a    las    siguientes    y    textuales  declaraciones:   

          «Sírvase,   Señor  Juez,  declarar  la  existencia  y  la  correspondiente   disolución   de  la  sociedad  patrimonial  de  hecho  (sic)  conformada  por el señor LUIS  FRANCISO  PARRA  URREGO y la demandada, señora SONIA MÁBEL  RUÍZ MORENO,  la  que  tuvo su inicio desde el mes de Noviembre (sic)  de  1996 y su terminación el día veintiuno (21)  de  agosto  de  2007,  conformada  por  el patrimonio social de que da cuenta la  presente demanda».   

          «2.  Que  como  consecuencia  dela  anterior  declaración  se  liquide    la    sociedad    patrimonial    de   hecho    (sic)  conformada por los compañeros   permanentes   LUIS   FRANCISO  PARRA  URREGO  y  SONIA  MÁBEL  RUÍZ  MORENO».   

2.  La descripción fáctica expuesta por la  actora puede resumirse así:   

a).  El  actor  y la demandada, a finales de  noviembre   de   1996,   iniciaron   de   manera  libre,  continua,  pública  y  pacífica,   convivencia que se prolongó hasta el veintiuno (21) de agosto  de  dos  mil  siete  (2007);  a  partir de esa relación se conformó una unión  marital.   

b). Como la referida convivencia se prolongó  por  más  de dos años, tuvo lugar, así mismo, una sociedad patrimonial dentro  de  la  cual,  con  el  esfuerzo de ambos compañeros, se adquirieron diferentes  bienes.   

          c)  Tanto  de  la  unión  marital  como de la sociedad patrimonial,  diferentes   pruebas   de   naturaleza  documental  y  testimonial  dan  cuenta.   

3.  El  conocimiento  de  la controversia lo  asumió  el  Juzgado  4º  de Familia, empero, por las medidas de descongestión  adoptadas  por  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  el  fallo de primera  instancia,  una vez agotadas las etapas reservadas a esta clase de litigios, fue  adoptado  por el Juzgado 3º de dicha especialidad, el diecisiete (17) de agosto  de dos mil doce (2012).   

4.  Habiendo  sido adversa al accionante, la  decisión  proferida  fue  recurrida  en  apelación  y, el Tribunal acusado, el  diecinueve  (19)  de  septiembre  de  dos  mil  trece (2013), decidió confirmar  plenamente   la  sentencia  censurada.  Esta  determinación  fue  impugnada  en  casación habiendo sido admitida a trámite por la Corte.   

II. CONSIDERACIONES  

1.  De  tiempo  atrás,  esta  Corporación,  atendiendo  las  directrices  normativas  incorporadas en los artículos 374 del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  51 del Decreto 2651 de 1991, adoptado como  legislación  permanente  por  el  artículo  162  de  la  Ley  446  de 1998, ha  considerado  que  dichos  postulados,  respecto  del  recurso  extraordinario de  casación,    condensan  un  claro referente dispositivo y formalista.                      Por  ello,  en  observancia de esos postulados, cuando se evoque tal  remedio   procesal,   quien,  así  procede,  en  la  formulación  y  posterior  sustentación  de  la  impugnación, asume el ineludible compromiso de acatar un  mínimo  de  formalidades que, en el evento de desatenderlas, condena la censura  a su deserción.   

2.   Atinente   a   dichas   exigencias,  particularmente  las  que  atañen al asunto bajo estudio, pueden señalarse las  siguientes:   

         

          En  esta  labor,  sin  resistencia alguna, el actor tendrá presente  que  los argumentos expuestos por el sentenciador, en la medida en que sirvan de  soporte  a  la  decisión  proferida,  debe combatirlos de manera plena, es  decir,  al  censor  no  le es dable dejar desprovisto de confrontación aspectos  fundamentales  del fallo, pues al hacerlo la determinación opugnada mantendría  la  presunción de acierto y legalidad que asiste a todas las providencias   judiciales,  comportando,  de  paso,  que  el  recurso resplandezca incompleto e  impreciso,  por  lo  mismo, inidóneo en la función de derruir los cimientos de  la sentencia.   

                                En   los   siguientes   términos   se  ha  pronunciado  la  Corte:   

(…)   dado  el  carácter  dispositivo  de  la  impugnación  y la imposibilidad que de allí se  deriva  para  completar  oficiosamente  la  acusación, iteradamente  (….)  ha señalado que “por vía de  la  causal  primera  de  casación  no cualquier cargo puede recibirse, ni puede  tener  eficacia  legal,  sino  tan  sólo aquellos que  impugnan  directa  y  completamente  los  fundamentos  de  la  sentencia  o  las  resoluciones  adoptadas  en  ésta;  de allí que haya  precisado  repetidamente  que  los  cargos  operantes en un recurso de casación  únicamente  son  aquellos  que  se refieren a las bases fundamentales del fallo  recurrido,  con el objeto de desvirtuarlas o quebrarlas, puesto que si alguna de  ellas  no  es  atacada  y  por  sí  misma  le  presta apoyo suficiente al fallo  impugnado  éste  debe  quedar  en  pie, haciéndose de paso inocuo el examen de  aquellos  otros  desaciertos  cuyo reconocimiento reclama la censura  –La Sala hace  notar-  (CSJ AC 12 de marzo  de  2008;  rad.  00271;  AC  15  de  enero de 2010; y, 29 de julio de 2010; rad.  00366).   

En  esa dirección, enrostrar a la sentencia  proferida  alguna  equivocación,  le implica al actor, inevitablemente, incluir  en  la  sustentación  del  recurso,  todas  las  motivaciones expuestas y, que,  siendo medulares le sirven de soporte.   

          2.2.   A   tal  requisito  habrá de agregarse la restricción tanto respecto de las causales de  casación  como  en lo que a sus argumentos refiere, para que no sean fusionadas  o  mixturadas.  Como  cada  senda  casacional  es autónoma e independiente, los  errores  que se denuncien deben ser ventilados, a su vez, acudiendo a la opción  impugnativa  que  les  corresponda,  es  decir,  no  se  pueden  entremezclar ni  aquellas  ni estos.  En los siguientes términos ha sido patentizada por la  Sala tal regla:   

Y es que, como lo ha sostenido reiteradamente  esta  Corporación, la causal primera de casación puede ser invocada por razón  de  los errores estrictamente jurídicos en que incurrió el sentenciador (juris  in  judicando),  lo  que conduciría a un ataque por la vía directa, dejando de  lado  los  errores  de hecho o probativos; también procede cuando el juicio del  fallador  deviene  afectado  en  la  actividad  de análisis del factum o de las  pruebas  (error facti in judicando), hipótesis esta última que comprende tanto  las  equivocaciones  en  aspectos  fácticos  como alrededor de los elementos de  persuasión,  situación  que  habilita,  así  mismo,  aquella senda casacional  aunque  por  la  vía  indirecta, empero, unos y otros yerros deben cuestionarse  por  separado,  de  manera  independiente,  habida  cuenta  que  sus orígenes y  efectos   difieren   significativamente,  proceder que no acometió el  casacionista  (autos  de 16 de abril de 2012, Exp. 2006 00121 01 y 15 de mayo de  2012,    Exp.    2006    00005   01).   (CSJ AC 10 Abr. 2013, Rad. 00195 01).   

          2.3.  Al  impugnante le corresponde, así mismo, cuando de la causal  primera  de  casación  se  trata,  indicar  las  normas  sustanciales  que haya  resultado  violadas  con  la  sentencia  proferida, tal cual lo pregona la parte  final  del  numeral  3º,  del  artículo  374  del  C. de P. C.: «Si  se  trata   de la causal primera, se señalarán las normas  de   derechos   sustancial   que   el   recurrente  estime  violadas».  Exigencia  por lo demás básica y elemental, habida cuenta que  si  el  propósito  del  reproche  formulado  tiende  a  restablecer  el derecho  material  trasgredido  con  la  decisión  judicial,  lo menos que debe hacer el  inconforme  es  indicar  qué disposiciones considera que fueron violentadas por  el  Tribunal  y desbrozar la sustentación que demuestre ese proceder irregular.   

          Sobre el punto, la Sala ha expuesto:   

‘Si se trata de  la  causal  primera,  se  señalarán  las  normas  de derecho sustancial que el  recurrente      estime     violadas’.   Formalidad   que   debe  satisfacerse  independientemente   de  que el yerro atribuido al Tribunal ad-quem aluda a  asuntos   fácticos,   probatorios   –error  facti  in  judicando-,  o,  simplemente  y, con mayor razón,  refiera   a   una  violación  estrictamente  jurídica  (juris  in  judicando).  Condicionamiento  por lo demás indiscutible en cuanto que si el casacionista no  indica  qué normas de contenido sustancial considera vulneradas por el proceder  del  juzgador,  esta  Corporación  no  podría  determinar  si la asunción del  factum  litigioso,  respecto  de  la hipótesis normativa, estuvo acertada o no.   

La  Corte  ha  delineado  los  criterios que  concurren  a  definir  el tema. Así lo ha explicitado:   

                  

              2.4. Súmase a lo anterior otra de  las   exigencias   establecidas,  concerniente,  en  esta  oportunidad,  con  la  asimetría  que  corresponde  entre  los  argumentos  del ataque y los del fallo  cuestionado.  Unos  y  otros  deben  reflejar armonía; no puede cuestionarse la  decisión  por  asuntos que no fueron objeto, siquiera de pronunciamiento, o que  habiéndolo  sido,  no  constituyen  el  basamento  del fallo, amén de no   resultar  posible  dirigir el ataque a un aspecto no validado por el juzgador de  segundo grado como médula de su decisión.   

          La Corte, en multitud de ocasiones lo ha patentizado:   

         

(…) en      materia      casacional      la     demanda     ‘debe  contener una crítica concreta y  razonada  de  las partes de la sentencia que dicho litigante estima equivocadas,  señalando  asimismo  las  causas  por las cuales ese pronunciamiento materia de  impugnación  resulta  ser  contrario  a la ley. Y para que este requisito quede  satisfecho  del  modo  que  es  debido, es indispensable que esa crítica guarde  adecuada  consonancia  con  lo  esencial  de  la  motivación  que  se  pretende  descalificar,  vale  decir  que  se  refiera  directamente a las bases en verdad  importantes  y  decisivas en la construcción jurídica sobre la cual se asienta  la  sentencia,  habida cuenta de que si blanco del ataque se hacen los supuestos  que  delinea a su mejor conveniencia el recurrente y no a los que constituyen el  fundamento  nuclear  de la providencia, se configura un notorio defecto técnico  por  desenfoque  que  conduce  al  fracaso del cargo correspondiente’              (…).  (CSJ SC  17  de  julio  de  2012,  rad.  2007  00055),  asunto reiterado en auto de 18 de  diciembre de 2012, rad. 2008 00262 01.   

3.   Plasmadas   las   anteriores  pautas,  prontamente,  aparece  que  la  casacionista  en los cuatro cargos formulados no  observó,  con  el rigor que impone la naturaleza del recurso, las orientaciones  señaladas  para  lograr el examen, en el fondo, de la acusación, pues la misma  se  muestra  incompleta,  desenfocada y, además, mixturó argumentos propios de  causas diferentes que habilitan el recurso de casación.   

3.1.  En  efecto, nótese lo que el Tribunal  expuso,     entre     otras     motivaciones,    como    pilares    del    fallo  cuestionado:   

          «Del   análisis  de  las  pruebas  oportuna  y  regularmente   recaudadas,   no   puede   establecerse    que   entre   las   partes  haya  existido   una  verdadera  comunidad  de  vida,  que llegue a configurar la  unión  marital  de  hecho  alegada  en  la  demanda»  (folio  88, cuaderno del Tribunal). A renglón seguido  sostuvo:   

          «    (…)   no   llega   a   tener   la  característica  de  permanencia  en  el  tiempo,  para  dar  origen a la unión  marital»   (folio  89  ib).    Y,   continúo.   

          «   (…)   Lo  propio     puede    decirse    (…)    pues,  como  ya se dijo, esta tiene unos rasgos que, necesariamente,  deben  estar  claramente  definidos,  a  través de las pruebas aportadas, tales  como  la vida común, continua e ininterrumpida, expresada en el compartir   la  misma  vivienda,  la ayuda y el socorro entre los involucrados, así como el  auxilio   en   la   vida   diaria   y   en  las  labores  del  hogar».   

          Para  el  Tribunal, faltó uno de los requisitos exigidos por la Ley  54  de  1990, es decir, la permanencia. En esa misma dirección, corroborando su  perspectiva, el fallador expuso:   

          «En  suma:  lo  que  interesa   para  tener  por  probada la conformación  de la unión, son los hechos  de  los  cuales  se desprende  la comunidad de vida permanente, traducida   en   el  compartir   techo,  lecho  y  mesa,  la  ayuda   mutua  y  la  solidaridad   entre  los  dos miembros  de aquella, lo cual no aparece  por  parte alguna del informativo y que, ciertamente,  llevan al fracaso de  las   pretensiones  del  libelo»   (folio 90, del mismo cuaderno).   

          No  obstante esa claridad argumentativa, la actora, como se dijo, en  ninguno  de  los  cargos  formulados  atinó  a  confutar esas apreciaciones; es  decir,  la  conclusión  del  Tribunal  en  torno  a  que  no  se  acreditó  la  permanencia  de la relación  de  las  partes,  situación  que  impedía  acoger la unión marital reclamada,  quedó  libre  de  confrontación  y,  siendo  trascendental,  como en efecto lo  es,    mantiene   en   pie  el  fallo  y,  de  paso,  el  recurso  trasluce  inane.   

          Pero  no  solo tal deficiencia puede endilgársele a las acusaciones  propuestas,  pues  existen  otros  apartes  del  fallo que, igualmente, quedaron  desprovistos de reproche alguno.   

            Ciertamente,  el  juez  de segunda instancia sostuvo que cuando el  actor      utilizó      los      ‘tiquetes     privilegio’     (folio     92     idem),   «con tales medios probatorios no  se  demuestra  si dicha situación  obedeció  a que éste había sido  inscrito   como   compañero  permanente  de  aquélla,  lo  cual  tampoco  pudo  dilucidarse  con  la  prueba  documental,  porque no se obtuvo por parte de  las aerolíneas a las que se ofició, respuesta alguna».   

          Conclusión  que  no  le mereció a la recurrente comentario alguno.   

          3.2.  En  el  cargo segundo, en los términos planteados, aparece un  desconocimiento  a  la  correlación  que  debe existir entre lo argüido por el  sentenciador  y  lo  reprochado  por  el  casacionista.  Para  este  último, no  obstante  que  el  Tribunal  acertó «al aplicar   ésta  normatividad,  le  dieron  un  alcance  o  una inteligencia distinta a la  realmente  querida  por el legislador, errando  en su interpretación, pues  la   infidelidad   de   un   compañero   permanente  –o de ambos-, no destruye  la  singularidad  de  la  unión marital (…)».    

          Sin  embargo,  para el fallador, de los requisitos señalados por la  normatividad  vigente  para  dar por establecida la unión marital, es decir, la  permanencia  y  la singularidad, estuvo ausente el primero de ellos, esto es, la  permanencia.   Por  eso,  cuando  la  impugnante reprocha la determinación  proferida  de  haber  deformado  o mal interpretado el concepto de singularidad,  evidencia  una  focalización desviada frente a lo que, en verdad, constituye el  basamento  del fallo. La singularidad o la infidelidad y sus implicaciones en la  declaratoria  de  la  relación  pretendida  entre  las partes, no fue objeto de  análisis  por  el  Tribunal, menos que haya constituido la base de la decisión  cuestionada.   

         

          3.3.  Atinente al cargo tercero, canalizado por la causal primera de  casación  y  justificado  en  cuanto  que  la  sentencia proferida ‘viola directamente por interpretación  errónea  el  artículo  187  del  CPC’,   es   de   notoriedad  innegable  el  desliz  de  la  impugnante.   

          Como  se recordará, el artículo 374 del C. de P. C., establece que  la  censura,  cuando  alude  a  la causal primera de casación, debe referir las  normas  sustanciales  desconocidas; sin embargo, la única disposición memorada  en  esta  acusación  (art. 187), cuyo desconocimiento fue denunciado, refiere a  la  valoración  probatoria  en  conjunto,  es  decir,  no es norma de carácter  sustancial,   alude   a  un  asunto  eminentemente  probatorio,  por  tanto,  el  incumplimiento de dicho compromiso deviene notorio.   

3.4.  A  lo  anterior  debe agregarse que la  promotora  de  esta censura, en el cargo cuarto, fusionó en una sola acusación  aspectos  que  atañen  a  errores  de  derecho  con  anomalías que estructuran  equivocaciones     fácticas.     Obsérvese     lo     planteado     por     la  impugnante:   

Error  que condujo a los Magistrados  a  denegar  injustamente   las  pretensiones  de  la demanda y a absolver a la  demandada,  transgrediendo,  entre  otros,  los  artículos en cita y las normas  probatorias  contenidas   en  los  artículos  179 y 180 del CPC, cuando si  hubiesen   apreciado  debidamente   las  pruebas  recaudadas,  las que  estimó  individual   aisladamente   pero no  en  conjunto  en  la forma como lo ordena el artículo  187   del   CPC,   habría   procedido   a  revocar  la  sentencia  del  a  quo.  Desafortunadamente  la  sentencia   de  segundo  grado  fue  proferida  sin  acatamiento   pleno  del  art. 174 del C.P.C., como pasa a demostrarse, que  manda  que  ‘toda decisión  judicial  debe  fundarse  en las pruebas regular y oportunamente  allegadas  al  proceso’, ya que, de un  lado,    invaloró   algunas  que  incidían de manera determinante en la jurídica y recta decisión  a  adoptar  y,  de  otro,  erró en la valoración de  otras.   

          Debe  señalarse que los errores anejos a la valoración conjunta de  la  prueba,  en  cuanto  que  alude  a  la normatividad que disciplina el acervo  probatorio  y  su  proceso  evaluativo,  involucra un error de derecho; mientras  que,      la     preterición     (‘invaloró’) o  equivocada   valoración   probatoria,   refiere   a  equivocaciones  de  facto.   

          En  fin,  el escrito de sustentación no cumple con las formalidades  y exigencias previstas en la norma pertinente.   

RESUELVE:  

Primero.  Inadmitir  la demanda de casación  atrás citada.   

         Segundo.  Subsecuentemente,  declarar desierto el recurso de casación formulado  por la parte demandante.   

         Tercero.  Ejecutoriada  esta  providencia,  el  expediente  deberá  retornar al  Tribunal   de   origen.   La  Secretaría  dejará  las  constancias  del  caso.   

NOTIFÍQUESE  

JESUS VALL DE RUTEN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH  MARINA DÍAZ RUEDA   

ALVARO  FERNANDO GARCÍA  RESTREPO   

                    

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

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