AC5496-2014 [2009-00554-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION CIVIL  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

         Magistrada  Ponente   

AC5496-2014   

      Radicación n°  05360 31 03 001 2009 00554 01   

       (Discutido  y  aprobado en sesión de dos de julio de dos mil catorce)   

Bogotá,  D. C., quince (15) de septiembre de  dos mil catorce (2014).   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  que  la  señora  OLGA  LUCIA  LONDOÑO   RESTREPO,  demandante,  presentó  con el propósito de sustentar el recurso extraordinario  de  casación  que  formuló,  dentro  del  proceso  ordinario  que  junto a los  señores  ELKIN  MIRA  RESTREPO, VIVIANA MARCELA MIRA LONDOÑO, DANIEL ALEJANDRO  MIRA  LONDOÑO,  GUILLERMO  LONDOÑO  SALDARRIAGA, ELVIRA RESTREPO DE LONDOÑO y  LUZ  MARIELA   LONDOÑO   RESTREPO, promovió en contra de la CLÍNICA  ANTIOQUIA  S.A.  y  LUIS  FLIPE  BALLESTEROS  BELTRAN,  respecto de la sentencia  proferida  el  veintitrés  (23)  de  mayo del dos mil trece (2013), por la Sala  Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín.   

          

I. ANTECEDENTES  

        1.  Las  personas  señaladas,  precedentemente, como actoras, promovieron en contra  de  las restantes, la declaración de responsabilidad derivada de los daños, de  diferente  índole, a ellos generados. Concretamente, solicitaron reparación de  los  perjuicios  infligidos,  en favor de: i) Olga Lucía Londoño y Elkin Mira,  daño  emergente   y  vida  de  relación;  ii) Olga Lucía Londoño, lucro  cesante; y, iii) de todos los accionantes, el daño moral.   

2.  Los  hechos descritos, fundamento de las  pretensiones, pueden sintetizarse así:   

a). La señora Olga Lucía Londoño, el 26 de  diciembre  de 2006, debido al vómito y náuseas que padecía, así como dolores  agudos  a  la  altura  del  abdomen, decidió asistir a la Clínica Antioquia en  donde  fue  atendida,  en  un  comienzo,  por  el médico Humberto Calle Franco,  profesional  que  le  diagnóstico ´dolor abdominal en  estudio’  y  dispuso  la  práctica  de  algunos  exámenes de sangre y orina. Al terminar éste su turno,  la  paciente  fue  recibida  por  la  galena  Sandra Bedoya, médica que ordenó  evaluación    por    el    cirujano    para    que   determinara   ‘diagnóstico     diferencial     de  urolitiasis,       dolor       difuso      o      abdomen      agudo’.   

b). El especialista Luis Felipe Ballesteros,  se  abstuvo  de  realizar  u  ordenar los exámenes del caso y, luego de algunas  palpaciones,  conceptuó  que  la  actora  padecía cálculos renales y fue así  como  le  dio  de  alta  a  las  5.40  de  la  mañana  del  27  de diciembre de  2006.   

c).  El  día  28  del  mismo mes y año, la  precitada  señora,  antes  que mostrar mejoría, continúo con los dolores y se  revelaron  más  agudos,  por  lo  que  optó por asistir al Hospital General de  Medellín,  en  donde  fue  sometida  a  una laparatomía exploratoria, habiendo  encontrado      el     médico     ‘abundante  líquido  hemorrágico  purulento  en  cavidad abdominal,  ileon   terminal  volvulado  por  ridas,  necrosis  y  perforación  del  mismo,  realizándose   una  resección  del ileon y colon derecho, fístula mucosa  (ilestomía)  y se deja abdomen abierto’.      

          d).  La  actora  permaneció  en ese estado durante 20 días, tiempo  durante  el  cual  le practicaron varios lavados de cavidad abdominal y, al cabo  de los mismos, le fue cerrada.   

          e).  Todos  esos  padecimientos  y lo que de ellos derivó, adujo la  accionante,  se  hubieran  evitado  si  el  médico y la institución demandados  hubiesen procedido de manera correcta.   

          3.  La parte accionada al concurrir al proceso manifestó oponerse a  las  pretensiones;  aceptó  algunos  hechos  y  otros  los  negó.  La Clínica  Antioquia,  además,  llamó  en garantía a la aseguradora Seguros Suramericana  S.A.   

4.  Una  vez  se  agotaron  todas las etapas  previstas   para  esta  clase  de  asuntos,  el  a-quo  resolvió  la  litis  en primera instancia mediante la  sentencia  de  fecha  siete  (7) de marzo de dos mil doce (2012). Este proveído  fue  favorable,  aunque  parcialmente,  a  los demandantes. Tanto estos como los  accionados recurrieron en apelación.   

5. El Tribunal acusado, en su momento (23 de  mayo  de  2013),  resolvió la alzada y, luego de exponer las razones del fallo,  decidió  revocar  la  determinación del juez de instancia. La parte accionante  interpuso  recurso  de casación que, en últimas, sólo le fue concedido solo a  la  señora  Olga  Lucía  Londoño,  pues  los  restantes  actores  no lograron  acreditar el interés para recurrir.   

II. CONSIDERACIONES  

1.  Clarificado está que los artículos 374  del  Código de Procedimiento Civil y 51 del Decreto 2651 de 1991, adoptado como  legislación  permanente  por el artículo 162 de la Ley 446 de 1998, incorporan  directrices  que,  de manera indiscutida, describen el recurso extraordinario de  casación  como  una impugnación de naturaleza dispositiva y formalista. En ese  orden,  quien  invoque  tal  censura  asume, concomitantemente, el compromiso de  acometer,   en  su  presentación  y  posterior  sustentación,  un  mínimo  de  exigencias cuyo desconocimiento comporta la deserción de la misma.   

2.    En    el   presente   asunto,   la  casacionista   no  atinó  a  cumplir  la totalidad de condiciones fijadas,  luego el trámite de la acusación deviene frustrado.   

          En  efecto,  como  bien  sabido se tiene, las decisiones judiciales,  una  vez  han sido proferidas con sujeción a la normatividad vigente, adquieren  visos  de  legalidad y lo en ellas resuelto se presume acertado. Por esa razón,  cuando  se procure infirmar dicha determinación y para ello se acude al recurso  extraordinario  de  casación,  debe  tenerse presente que el propósito de este  mecanismo  excepcional  no  es  revisar  de  nuevo  el  aspecto  fáctico  de la  contienda,  en  la  medida  en  que  este  remedio impugnativo no constituye una  tercera  instancia;  la  finalidad primordial anida en la sentencia misma objeto  de   censura   «thema  decissus»;    allí, en los argumentos expuestos  por  el  sentenciador  para  resolver  en  los  términos  en  que  lo hizo debe  focalizarse el reproche.   

          En   esa  dirección,  cuando  el  recurrente  formaliza  el  ataque  propuesto,  le  corresponde  individualizar  e  involucrar  todos los argumentos  esgrimidos  por  el  Tribunal  en  el  fallo recurrido y, sin excepción alguna,  combatirlos  de  manera  plena;  al  impugnante  no le es dable, entonces, dejar  libre  de  reproche  aspectos  basilares  del  fallo;  todo aquello que sirva de  soporte  a  la decisión proferida debe ser objeto de confrontación, pues al no  hacerlo,  la  decisión  opugnada mantiene la presunción de acierto y legalidad  que,  como  fue  advertido,  asiste  a  todos  los  pronunciamientos judiciales,  hipótesis  que  tornaría  el  recurso  incompleto  e  impreciso, por lo mismo,  inidóneo.   

(…)  dado  el  carácter  dispositivo  de  la  impugnación  y la imposibilidad que de allí se  deriva  para  completar  oficiosamente  la  acusación, iteradamente  (….)  ha señalado que “por vía de  la  causal  primera  de  casación  no cualquier cargo puede recibirse, ni puede  tener  eficacia  legal,  sino  tan  sólo aquellos que  impugnan  directa  y  completamente  los  fundamentos  de  la  sentencia  o  las  resoluciones  adoptadas  en  ésta; de allí que haya  precisado  repetidamente  que  los  cargos  operantes en un recurso de casación  únicamente  son  aquellos  que  se refieren a las bases fundamentales del fallo  recurrido,  con el objeto de desvirtuarlas o quebrarlas, puesto que si alguna de  ellas  no  es  atacada  y  por  sí  misma  le  presta apoyo suficiente al fallo  impugnado  éste  debe  quedar  en  pie, haciéndose de paso inocuo el examen de  aquellos  otros  desaciertos  cuyo reconocimiento reclama la censura  -líneas  no  originales-  (CSJ AC 12 de marzo de 2008; rad. 00271;   

pronunciamiento validado con posterioridad en  diferentes  decisiones,  vr,  gr,  AC  15 de enero de 2010; y, 29  de julio  de  2010; rad. 00366.   

Síguese  de  lo  anterior  que  confutar la  sentencia  proferida  implica que la acusación involucre todas las motivaciones  de la misma.   

            3.  Plasmados esos referentes, desde ya,  puede  aseverarse  que  en  el único cargo formulado la recurrente no observó,  con  el rigor debido, las directrices necesarias para la tramitación del mismo,  pues  la  acusación  se  muestra  incompleta  en  la  medida  en  que  aspectos  fundamentales   de   la   argumentación   esbozada  por  el  fallador  quedaron  desprovistos de reproche.   

3.1.  Ciertamente,  obsérvese  lo  que  el  Tribunal   expuso,   entre   otras   motivaciones,   como   sostén   del  fallo  cuestionado:   

          Y  es  que  si para el diagnóstico  de urolitiasis, siempre y  desde  el  primer  momento tuviera que ordenarse una radiografía de abdomen, la  que  no  siempre  muestra  los  posibles  cálculos  renales  que pueda tener el  paciente,   entonces   también   la   doctora   Bedoya   habría   tenido   que  ordenarla (…) –folio     82,     cuaderno     del  Tribunal-.   

         

            Para el sentenciador, era razonable que  el  examen  o la radiografía que los actores reclaman, no fuera ordenada por el  demandado,  en cuanto que las circunstancias patológicas de la recurrente no lo  ameritaban.   

          Esta   percepción,  fundamental  a  la  hora  de  derivar  o  negar  responsabilidades  de  los  accionados  resultaba  de  suma  importante  y,  sin  embargo, la impugnante la dejó de lado.   

          Más adelante, el Tribunal sostuvo:   

          (…)  fue contundente  la experticia  al  determinar que el diagnóstico  de abdomen agudo tiene un procedimiento  netamente  clínico  de  observación  de  síntomas  y  palpación,  sin que se  exijan   exámenes   diagnósticos  para  ello,  lo  que quiere decir,  entonces,  que  el doctor Ballesteros, al encontrar a la paciente con los mismos  síntomas  que  la hallaron los médicos que ya la habían atendido, procedió a  dejarla  en  observación   durante  más  de  seis  horas, para finalmente  volverle  hacer  una  valoración  clínica  que  a  la  palpación le permitió  descartar   que  se  tratara  de  un  abdomen  agudo,  decidiéndose por el  diagnóstico   de  una  urolitiasis, pues ninguno de los síntomas apuntaba  hacia  otro  tipo de enfermedad, como podía ser la obstrucción intestinal o el  abdomen   agudo y siendo éste  último un diagnostico  netamente  clínico,  entonces  cómo podría exigírsele al cirujano Ballesteros  que  le   ordenara   una   radiografía   simple   de   abdomen,   cuando  esa  ayuda  diagnóstica   no  está  indicada  para  el dolor abdominal  difuso y  muchos   menos   para  descubrir  un  abdomen  agudo,  pues  se  repite  que  el  diagnóstico  de  abdomen   agudo  se  hace clínicamente, a través de una  detenida  observación de los síntomas  y palpación  del abdomen del  paciente,   que   es  lo  que  en  últimas   permitirá  al  médico   diagnosticar   si  se trata de un abdomen agudo o en tabla, que amerite una  atención    quirúrgica    inmediata    (folio   83  ib).   

         

          Para     el     juez     de    segunda    instancia,    establecer  un abdomen agudo impone agotar  un    procedimiento    netamente    ‘clínico  de  observación  de  síntomas  y  palpación,  sin que se exijan  exámenes   diagnósticos       para      ello’.    Por  tanto,  no  había  lugar  a  esperar  o  exigírsele  al  cirujano accionado un  proceder   diferente,   vr.   gr.,   ‘ordenara    una    radiografía    simple   de   abdomen’.   

          Aspecto  este  que, si bien, la recurrente, en algunos apartes de su  acusación  a  ello  refiere  (folios  24 y 25), no demuestra (art. 374 C. de P.  C.),  como le correspondía, en donde radicaba el error; y, si, de la experticia  se  trata,  su  alusión  corresponde  al  dictamen  inicial (folios 272 a 275),  mientras   que   el   fallador   refirió   y   soportó   su  análisis  en  la  complementación del mismo (folios 381 y 382, cuaderno 4).   

          Pero  no  solo  esos aspectos quedaron libres de ataque. A folios 84  –reverso-  y  85,  de  la  sentencia proferida, el juzgador expuso:   

          (…)  y  no  puede  ser  entonces,  como  parece   plantearlo   los   demandantes,   que   el  dolor  abdominal  difuso  o  inespecífico   imponga la práctica  de una radiografía  simple  de  abdomen,  lo  que  implicaría una premisa  de conclusión falsa, en el  sentido   que   todo  dolor  abdominal  difuso  o  agudo,  sea  indicativo   necesariamente  de  una obstrucción intestinal, cosa que no es cierto y por eso  es  que cada que un paciente llegue al servicio de urgencias de un hospital, los  médicos   no  tienen  la  obligación  de  ordenarle  a  ese  paciente una  radiografía   simple  de  abdomen,  procedimiento  o  atención  que  no  está  consagrado  en  los  protocolos   médicos   de atención en urgencias  para  el  simple  dolor  abdominal,  sino  solamente  para los síntomas de  obstrucción      intestinal      (…).   

          Para   el  Tribunal,  el  médico  demandado  asumió  el  protocolo  previsto  para  eventos  como  el  que afectó a la gestora de este recurso; que  dicho   referente   comportamental,   no   impone,   ante  dolores  abdominales,  ‘difuso       e  inespecífico’,   una  ‘radiografía  simple  de  abdomen’.  Y,  según  lo  argumentó,  en  la  medida  en  que  los  protocolos  no  imponen  esa clase de  exámenes, el facultativo no está obligado a ordenarlos.   

          También  debe  relievarse  que  el  sentenciador  tuvo en cuenta el  siguiente aparte del concepto del perito:   

          (…)   de   todas  maneras  se  habría  impuesto   la  laparotomía exploratoria, ya que se trataba de un vólvulos  de  colon  que no podía tratarse con fármacos, sino con cirugía, pues así lo  dictaminó  el  perito  al  expresar  (…).   Es   decir,   para  el  sentenciador,  el  examen  no  practicado,  que  la recurrente reprocha, de haberse producido no hubiese podido  impedir  la práctica de la cirugía, por tanto, en su sentir, según lo expuso,  nada habría variado.   

          Pero  no  solo  a  ese  aspecto  se  limitó  el juzgador de segunda  instancia.  Aludió  a  que aún frente a la radiografía mencionada, de haberse  llevado  a  cabo, no aseguraba la aparición de la obstrucción intestinal, pues  los  resultados  obtenidos,  ante  un procedimiento de esas características, no  superan  porcentajes,  según el caso, del 50 o 60%, luego, en definitiva, si el  diagnóstico   dependía   del  examen  y  este,   una  vez  realizado,  no  conducía,  inexorablemente,  a  dicho concepto, no puede atribuírsele culpa al  galeno.   

            Este  último  razonamiento  y los anteriores aspectos resaltados,  quedaron   sin  confrontación  alguna  y,  como  fueron  basamento  del  fallo,  continúan  prestando  soporte  al  mismo,  dejando  el  recurso formulado en la  inanidad.    

          4.  Por las razones expuestas, la Corte suprema de Justicia, en Sala  de Casación Civil,   

RESUELVE:  

Primero.  Inadmitir  la demanda de casación  atrás citada.   

         Segundo.  Subsecuentemente,  declarar desierto el recurso de casación formulado  por la parte demandante.   

         Tercero.  Ejecutoriada  esta  providencia,  el  expediente  deberá  retornar al  Tribunal   de   origen.   La  Secretaría  dejará  las  constancias  del  caso.   

NOTIFÍQUESE  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH   MARINA   DÍAZ  RUEDA   

                         ÁLVARO  FERNANDO GARCÍA RESTREPO   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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