AC5629-2014 [2006-00210-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

AC5629-2014   

Radicación    n°.  2575431030022006-00210-01   

(Aprobado  en  sesión de  veintiuno de agosto de dos mil catorce)   

Bogotá  D. C., diecinueve (19) de septiembre  de dos mil catorce (2014).   

Se   decide   a   continuación   sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por Marco Aurelio González Vásquez  para  sustentar  el  recurso extraordinario de casación interpuesto frente a la  sentencia  proferida  el 16 de abril de 2012 por la Sala Civil de Descongestión  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, dentro del proceso  ordinario  de pertenencia de Dagoberto Rincón Tibaquirá contra el impugnante y  las personas indeterminadas.   

I.- ANTECEDENTES  

1.-  El  actor pidió declarar que adquirió  por  prescripción extraordinaria el dominio del terreno de aproximadamente tres  mil    novecientos    cincuenta    metros    cuadrados    (3.950    m2)    que  alindera,   el  cual  forma  parte  del  “Lote  dos  (2)”  de  mayor extensión identificado con el folio  de  matrícula  n°. 50S-669579, que igualmente determina por sus colindancias y  la longitud de éstas.   

2.-     La     causa     petendi  que  esgrimió se compendia así  (fls. 6 a 8 del c. 1):   

a.-)   Desde  el  12  de marzo de 1978,  cuando  su  padre  le  entregó  la  posesión  real  y  material de la zona que  pretende,   la  ha  ejercido  pública,  pacífica  e  ininterrumpidamente,  sin  reconocer dominio ajeno.   

b.-)   Explota  económicamente  el  bien,  “mediante  productos  de  reciclaje”;   lo   encerró   parcialmente,   instaló  servicios  públicos  y  construyó   pesebreras   y   una   casa;   además,   lo   defendió  frente  a  terceros   

c.-)  Las  extensiones y áreas “no  coinciden  en  el  lote  de  mayor extensión”       porque       las       hijuelas      fueron      “tergiversadas”  por los herederos con  linderos  contenidos  en  escrituras  falsas,  las  que  al igual que los folios  abiertos  fueron  canceladas,  como  lo  indica  la  Resolución  2445  de 15 de  diciembre  de  1999  de  la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos Públicos de  Bogotá,  por  lo  que  “no tiene cédula catastral  legal”.   

d.-) Marco Aurelio González Vásquez aparece  como  titular  de  derechos  reales  sujetos  a  registro del predio matriz, por  “sucesión precaria”, de  acuerdo  con  la  anotación  n°  3  de  30  de  enero  de  2006 del respectivo  “folio”.   

3.-  El  convocado,  luego de notificado del  pliego inicial:   

a.-)  Se opuso a la usucapión y formuló la  excepción   de  “falta  de  identidad  del  predio  pretendido   con  el  poseído”  (folios  52  y  53,  cuaderno 1).   

b.-)  Presentó contrademanda, contentiva de  acción  reivindicatoria,  solicitando  declarar  que es dueño del “Lote  número  dos  (2)”, determinado  conforme  a  los  linderos  que  señala, y  que  no  está obligado a reconocer las mejoras, las que deprecó  restituirle  junto  con  los  frutos  naturales  y  civiles (fls. 12 a 15 del c.  2).   

c.-) Como fundamento fáctico de lo anterior,  adujo:   

1°)  Adquirió  el dominio del predio en la  causa  mortuoria  de su madre Agripina Vásquez viuda de Velásquez, conforme la  sentencia  emitida  el  19 de abril de 2005 por el Juzgado de Familia de Soacha,  protocolizada  mediante  escritura  pública  227 de 17 de febrero de 2006 de la  Notaría  Primera  de  ese  municipio,  inscrita  en el folio de matrícula n°.  50S-669579.   

2°) No ha prometido en venta ni enajenado la  heredad, por lo que su título continúa vigente.   

3°)   Desde  mediados  de  1998,  Rincón  Tibaquirá   lo   privó   de   la   “posesión”,  “considerándose    dueño    sin    serlo”    de  la  “colindancia  norte,  es decir la que tiene una  extensión  de  sesenta  y  seis  metros…”,  donde  realiza  actividades de reciclaje y, además, construyó unas caballerizas en la  parte en que se proyecta una vía pública.   

4°)  No es cierto que su contradictor ganó  el  dominio  por  usucapión,  como  quiera  que  en  1996  no  existía ninguna  edificación, y tampoco que ostente el señorío de buena fe.   

4.-  El  gestor  replicó  el  escrito  de  reconvención   y   propuso   como   defensas   de   mérito   la   “falta  de  dominio  de  la  parte  actora  en  reconvención”,  “prescripción”,  “posesión  anterior  a los títulos para reivindicar”  y “falta de los requisitos  legales  para reivindicar” (fls. 27 a 33 del  c.  2).   

5.-        El       a-quo  desestimó  los  pedimentos  de la  demanda  principal  y  accedió  a los de reconvención, pronunciamiento que fue  apelado por el perdedor (fls. 191 a 219 del c. 1).   

6.-  El  Tribunal  revocó  lo relativo a la  acción  de  dominio,  para  a  cambio  desestimarla, y confirmó la providencia  impugnada en todo lo demás (fls. 23 a 38 del c. 9).   

7.-  El  ad-quem  consideró, en resumen, lo siguiente:   

     

a. Concurren   los   presupuestos  procesales,  el  escrito  introductor  se ajusta a las preceptivas formales y no  hay vicios que invaliden lo actuado.     

     

a. Se  examina  la  inconformidad del  “extremo  activo”,  que  impugnó.     

c.-)  La  acción  de  pertenencia  ejercida  persigue  que se reconozca el dominio del demandante, quien adujo que poseyó en  la forma y tiempo previstos en la ley sustancial.   

d.-)  El  artículo  2512  del Código Civil  define  la  prescripción.  La  misma  puede  ser  ordinaria o extraordinaria, y  tratándose  de la segunda, el 2532 ídem antes  de ser modificado, preceptuaba que se requerían veinte años  de actos de señorío.   

Por  su  lado,  el  2531  prevé  que  no se  necesita  ningún  título  y  se  presume  la  buena fe, por lo que se requiere  acreditar  la  posesión  material con ánimo de señor y dueño, cumpliendo las  exigencias    del    762    ibídem,   consistentes  en  el  despliegue  sin  consentimiento ajeno de actos  positivos  a  los  que  sólo  da  derecho  el dominio, atendida la naturaleza y  normal   destinación  del  bien,  como  la  construcción  y  otros  similares.   

e.-) Jurisprudencial y doctrinalmente se han  establecido  como  presupuestos  para la prosperidad de la usucapión: que verse  sobre  cosa prescriptible legalmente, que ésta sea singular, que se identifique  y  determine  plenamente, y que corresponda a la descrita en el libelo. Además,  que   quien   pretende   adquirirla  la  haya  poseído  material,  pacífica  e  ininterrumpida  por  el  lapso  señalado  en  la  ley.  La ausencia de uno solo  conlleva  el  fracaso  de  las pretensiones, tornándose inoficioso estudiar los  restantes.   

f.-)  Para  establecer  el  segundo  de  los  anotados  elementos,  se aprecian los linderos indicados en el libelo genitor, e  individual  y  conjuntamente la inspección judicial, el dictamen pericial y los  documentos, advirtiéndose que éstos y aquéllos no coinciden.   

Es    así    como    las   “más    notorias    y    certeras   evidencias”   al  respecto,  surgen  de  la  experticia,  en  la  que  se plasmó:   

“[C]on base en la descripción del predio  recorrido  en  la  diligencia  de inspección judicial, el cual se aprecia en el  anexo  1  y cotejados con los linderos descritos en la demanda de pertenencia se  puede  concluir que estos son coincidentes respecto de los colindantes, respecto  a  la  medida  de  los  linderos  de  los  costados  norte,  sur y occidente son  aproximados,  por  lo  tanto  no son coincidentes en su totalidad…El área del  predio  solicitado  en  pertenencia  calculada  de  conformidad con la medición  realizada  en  diligencia  de inspección judicial es de aproximadamente 3487,08  metros cuadrados”   

Además, el usucapiente pretendió demostrar  su   “posesión”  con  recibos  de  servicios  públicos  que  contienen  direcciones divergentes de la  registrada    en   certificado   catastral,   por   lo   que   se   “acrecienta   la   falta   de   identificación…”.    

g.-) Por otra parte, la acción de dominio la  tiene  el  dueño  de  una  cosa  singular  para  que  se  condene al poseedor a  restituírsela.   

Sus  componentes,  que  deben  concurrir  al  unísono,  son:  propiedad  del demandante sobre la cosa reclamada, posesión en  el  demandado, identidad entre aquélla y ésta,  singular en el bien o que  el señorío recaiga en cuota determinada.   

Lo  que  se  probó  respecto  de la demanda  principal,   se   reitera   ahora,   en   el   sentido   de   que   “no  se  identificó  el  predio  sobre  el  cual  se  ejerce  la  posesión…”,  por  lo  que  se impone desechar las  aspiraciones  del  accionante  en  reconvención,  sin  atender a si quedó o no  demostrado el dominio.   

Como  quiera  que  los  linderos  del  fundo  pretendido  en  pertenencia  no corresponden con los avistados en la inspección  judicial  ni  los consignados en la prueba técnica, y ello llevó a la memorada  conclusión,  “es lógico, que no puede hablarse de  una  identificación  plena  del  bien  a  reivindicar, pues para que esto tenga  lugar,  debió establecerse sin lugar a equívocos, el bien poseído, y esto, se  reitera, no se llevó a cabo…”.   

Permitir  lo  contrario,  como  en  el fallo  apelado,  rompería  el  equilibrio  de  las  partes, toda vez que a unos mismos  medios  de  convicción  se les está dando interpretaciones diversas, es decir,   

“[A]l  no  haberse identificado el predio  que   posee   el   llamante  en  pertenencia,  será  lógico  que  quedara  sin  identificación  el  inmueble que se quiere reivindicar, por lo que en atención  al  derecho constitucional al debido proceso y a las reglas de valoración   probatoria, se hace necesario modificar la decisión atacada…”.   

8.-   Marco   Aurelio  González  Vásquez  interpuso      recurso      de      casación,      que      el     ad-quem  le concedió y la Corte admitió  en auto de 8 de agosto de 2013 (fl. 3 del c. de la Corte).   

9.-  En  tiempo  hábil  se  presentó  la  correspondiente  sustentación  de  la  impugnación  (fls.  5 a 16 ídem),  y  el  22  de mayo se aceptó el  impedimento  manifestado  por  el  Magistrado  Ponente,  doctor Álvaro Fernando  García Restrepo (fls. 20 a 23).   

II.- CONSIDERACIONES  

    

Así lo advirtió la Sala en autos CSJ AC de  16  de  agosto  de  2012  y  CSJ  AC  de  12 de julio de 2013, rad. 2009-00466 y  2006-00622-01, al exigir que   

(…) sin distinción de la razón invocada,  deben  proponerse  las  censuras  mediante  un  relato hilvanado y claro, de tal  manera  que  de  su lectura emane el sentido de la inconformidad, sin que exista  cabida  para especulaciones o deficiencias que lo hagan incomprensible y deriven  en  deserción,  máxime  cuando no es labor de la Corte suplir las falencias en  que       incurran      los      litigantes      al      plantearlos.   

    

1. Se formula contra la sentencia del  ad quem un ataque encaminado  por  la  causal primera de casación, mediante el que se la acusa de infracción  indirecta  por  falta  de  aplicación  del  artículo  946  del  Código Civil,  “como consecuencia de errores en la apreciación de  la prueba”.     

El censor lo desarrolla así:  

     

a. Con base en la inspección judicial  en  la  que intervino un perito, practicada al “Lote  N°   dos   (2)  del  predio  La  Cañada”,  al  que  corresponde   la   matrícula   inmobiliaria   50S-669579,   cuyos  linderos  se  transcribieron  en  la  demanda  de  reconvención,  y  se  actualizaron  con el  certificado  catastral aportado con la contestación de la demanda principal, el  Tribunal  dice que no se cumplieron los requisitos de la acción de pertenencia,  por lo que tampoco prospera la reivindicatoria.     

Ello, por cuanto el informe técnico señala  que   

“[C]on base en la descripción del predio  recorrido  en  la  diligencia  de inspección judicial, el cual se aprecia en el  anexo  1  y cotejados con los linderos descritos en la demanda de pertenencia se  puede  concluir que estos son coincidentes respecto de los colindantes, respecto  a  la  medida  de  los  linderos  de  los  costados  norte,  sur y occidente son  aproximados,  por  lo  tanto no son coincidentes en su totalidad”.   

     

a. Sin embargo, a la pregunta doce para  que “informe al despacho si en el área de linderos  descrito  en  el  folio  de matrícula inmobiliaria antes indicado coincide o no  con  los  reales  que aparece (sic) según su extensión de mayor extensión? De  no  ser  así,  ¿a  qué se debe su diferencia?”, el  auxiliar  de  la  justicia, con apoyo en un plano,  respondió:  “Tal  como  se  dijo  anteriormente las medidas de los linderos  descrito  en  el folio de matrícula inmobiliaria N° 50S-669579 antes indicado,  no  coincide  en  los costados oriente y occidente con los realmente existentes;  de  acuerdo  a  lo visto en diligencia de inspección, por ende el área tampoco  resulta  coincidente.  Respecto a qué se debe su diferencia lo más probable es  que obedezca a un deficiente levantamiento topográfico…”.     

     

a. El a-quo  concluyó  que  cotejada  la  prueba documental con su  “percepción  objetiva”  al  recorrer  el  predio,  “no  cabe  duda  que  el  enunciado   en   la   demanda   es   el  mismo  que  posee  el  demandado,  como  singularización  y delimitación. Por sus linderos no ofrece ambigüedad alguna  y   puede   predicarse   plena   identidad   entre   el   bien   poseído  y  el  pretendido”,   concediéndole   sus   aspiraciones.     

     

a. Las   pruebas   aludidas,   la  certificación  y  los  planos  catastrales,  llevaron  a  dicho  funcionario al  “pleno  convencimiento”  sobre  la identidad del predio objeto de usucapión y, por consiguiente, del que  se  pretendía reivindicar, al aplicar elementales reglas de la sana crítica en  la  interpretación,  mientras que la del juzgador de segundo grado “conduce  a  hacerles  decir  todo  lo  contrario  de  lo  que su  contenido aparece”.     

     

a. Este   error  es  “protuberante,  clarísimo y por lo tanto evidente”,         por         lo         que         la         “identidad”  está acreditada, de tal  forma  que  no  hay la menor duda de que existe el lote inspeccionado, el que se  encontró a Rincón Tibaquirá ocupando la zona norte.     

3.- La acusación que se  examina   formalmente   es   incompleta,   toda   vez   que  al  denunciarse  la  configuración  de  un  error  de  hecho,  correspondía  al  censor la carga de  demostrarlo,  primero  con la indicación concreta de lo que dijo o debió decir  el  proveído cuestionado en relación con las pruebas indebidamente valoradas y  luego  mediante  la  referencia puntual de lo que objetivamente dice cada uno de  esos medios demostrativos, para concluir en la divergencia.   

En  este caso, como se  resumió,  el  recurrente  se  limitó  a  memorar parcialmente la respuesta del  perito   que   el   ad-quem  tuvo   en   cuenta   para  fundamentar  la falta de correspondencia entre el bien poseído y el pretendido,  y  sin  hacer ninguna crítica en la forma técnica que se ha dicho, procedió a  citar  la  contestación  del  auxiliar  a  otro  interrogante que si bien tiene  relación  con  el  requisito,  no toca directamente el aspecto en que se fundó  aquél,  pues,  lo  que  aquí  se pregunta confusamente es: “informe  al  despacho  si  en  el  área  de  linderos  descrito  en  el  folio  de  matrícula  inmobiliaria  antes  indicado  coincide  o  no  con  los reales que aparece (sic) según su extensión de mayor  extensión?   De   no   ser   así,   ¿a   qué   se   debe  su  diferencia”,  valga   anotar,  se  basa  aisladamente   en   otro   pasaje   que   no  fue  el  que  tuvo  en  cuenta  el  fallo.   

Seguidamente,   ni  siquiera   expone   su  particular  visión  del  asunto,  sino  que  dedica  su  intervención  a  encomiar  la  del  juez  civil  del  circuito que sirvió para  concederle la razón en primera instancia.   

Posteriormente, alude a  la   certificación   y  los  planos  catastrales,  amén  de  nuevamente  a  la  inspección  judicial  y la prueba técnica, para insistir que con base en ellas  el  a-quo estimó  que se había determinado plenamente el  predio  pretendido   en   pertenencia  y  por  ende  el  reivindicado,  pero  persistió  en  la  omisión  de  ejecutar  la labor que le  correspondía  respecto  de  todos  y  cada  uno  de esos medios de convicción.   

Finalmente, invocó las  reglas   de  la  sana  crítica  como  medio  del  juzgado  para  llegar  a  ese  convencimiento,  atribuyendo  al  juzgador  que les hizo decir lo contrario a su  contenido,  y  concluyó que ese error de hecho protuberante llevó a desconocer  que  se  demostró  que  existe  un  lote de terreno inspeccionado, en el que se  encontró    a    su    contradictor    ocupando    la    zona   norte   de   su  propiedad.   

Además,   ninguna  alusión  hizo  a los recibos del pago de servicios públicos en que también se  fundó  la  resolución que critica, al argumentarse en la sentencia atacada que  los  mismos contienen unas direcciones que no coinciden con la del predio objeto  de   la   acción   que   aparece   registrada   en  el  certificado  catastral.   

En otros términos, el  recurrente  no  satisfizo  la  exigencia  de  cotejar  el texto de la respectiva  prueba  con  lo  que sobre ella se expresó en el fallo, y muchos menos cumplió  con  la labor de mostrar la divergencia entre uno y otro y que esa disparidad es  evidente y trasciende en la resolución del asunto.   

Al  respecto,  la Sala  señaló que   

“[S]i  la censura se  hace  mover  en  el terreno propio del motivo primero de casación y se aduce la  violación  de normas de derecho sustancial, como consecuencia de error de hecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  es  necesario, además, que el acusador  ‘adelante  la  labor  dialéctica  que implica la  confrontación   entre  lo  que  real  y  objetivamente  fluye  de  la  probanza  respectiva  y la conclusión que de ella derivó el sentenciador, pues que sólo  así  podrá…,  dentro  de  los  confines  exactos  de  la  acusación, ver de  establecer   si   en  verdad  se  presentó  el  desatino  que  con  ribetes  de  protuberancia  le  endilga  el casacionista’  (G. J. T.  CCXLVI,  Vol.  I,  página  270;  CCXLIX,  II, página 1338), lo que aquí no es  posible      precisamente      por      ausencia      absoluta      de     dicho  paralelo”  (CSJ  AC 10 de  agos.  2011,  Rad.  N°  2004-00384,  reiterado  CSJ  AC  27 mar. 2012, Rad. N°  2007-01425-01).   

Más  recientemente  indicó que   

“En el error de hecho  debe  ponerse  de  presente,  por  un  lado,  lo  que dice, o dejó de decir, la  sentencia  respecto  del medio probatorio, y, por el otro, el texto concreto del  medio,  y,  establecido el paralelo, denotar que existe disparidad o divergencia  entrambos    y    que    esa    disparidad   es   evidente”  (CSJ AC, 13 ene 2013, Rad. n° 2009-00406).   

En    suma,   el  ataque  terminó  siendo  un alegato de instancia, en el  que  el  demandante  expuso  precariamente  su  particular percepción sobre las  pruebas      que     tildó     de     “erróneamente apreciadas”.   

En una providencia en la  que se trató un tema similar, apuntó la Sala:   

“…desembarazado  el impugnante de las formalidades   que  sobre  el  punto  reclama  la  peculiar  naturaleza    del    recurso   extraordinario   de   casación,       se      limitó  a asentar una serie de opiniones y deducciones  fácticas       y  jurídicas   de   manera  análoga  a  un  alegato de  instancia”  (CSJ AC de 17  de    agosto    de    1995,    Rad.   5554).   

4.- De tal manera, como  el  libelo  no  se aviene a las formalidades que debe reunir la sustentación de  esta vía extraordinaria, no se aceptará a trámite.   

III.-  DECISIÓN   

En  mérito  de  lo  expuesto,    la    Corte   Suprema   de   Justicia,   en   Sala   de   Casación  Civil,   

RESUELVE  

Primero:  Declarar  inadmisible  la  demanda  y,  en  consecuencia, desierto el recurso de  casación  interpuesto  por  Marco Aurelio González Vásquez dentro del proceso  de la referencia.   

Segundo:  Devolver    por    la    Secretaría    el    expediente    al    Tribunal    de  origen.   

Notifíquese   

JESÚS  VALL DE RUTÉN  RUIZ   

Presidente  de  Sala   

MARGARITA   CABELLO  BLANCO   

FERNANDO   GIRALDO  GUTIÉRREZ   

ARIEL    SALAZAR  RAMÍREZ   

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA   

    

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