AC6266-2014 [2007-00053-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA     DE     CASACION   CIVIL   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

Magistrada Ponente  

AC6266-2014  

Radicación  n°  85001  31 03 002 2007 00053  01   

(Aprobado  en sesión de veintitrés de julio  de dos mil catorce)   

Bogotá  D. C., dieciséis (16) de octubre de  dos mil catorce (2014).   

Procede  la  Corte  a  pronunciarse sobre la  admisión  o  no  de la demanda de casación a través de la cual, el demandante  PABLO  AVENDAÑO  GARCÍA  y, los cesionarios de éste, ADELA MORALES MARTINEZ y  DIONISIO  AGUIRRE  MUETE,  sustentaron  el  recurso  extraordinario de casación  presentado  frente  a  la  sentencia  que  el siete (7) de noviembre del dos mil  trece  (2013),  profirió  la  Sala  Única  del  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Yopal,  dentro  del  proceso  ordinario  de  pertenencia por ellos  promovido  en contra de GLADYS MALAVER y los herederos indeterminados del señor  NESTOR  CHAPARRO  PÉREZ,  proceso  al  que  concurrieron FABIO, MIREYA y CARLOS  ALBERTO CHAPARRO CANTOR.   

ANTECEDENTES  

1. El primero de los citados, ante el Juzgado  Civil  del Circuito de Yopal, presentó demanda tendiente a lograr, en su favor,  la  declaratoria  de  prescripción  adquisitiva  de dominio respecto del predio  ubicado  en  la  Calle  17  No.  21-40  del  Municipio  de  Aguazul –Casanare-.  De  dicho  inmueble aparece  como   propietario  el  señor  Néstor  Chaparro  Pérez,  quien  adquirió  la  titularidad  del  bien  de  manos  de  la señora Gladys Malaver (certificado de  matrícula       inmobiliaria      –folio 8-).   

Los  accionados,  una  vez  se formalizó su  vinculación  al  proceso, además de contestar el libelo, formularon demanda de  reconvención.   

2.  Durante  el  trámite  concurrieron  los  señores  Fabio,  Mireya  y Carlos Alberto Chaparro Cantor, aduciendo su calidad  de   herederos,   dada   su   condición   de   hijos,   del  fallecido  Néstor  Chaparro.   

          3.  También,  a  lo  largo de la primera instancia, el actor cedió  sus  derechos  a  los señores Adela Morales Martínez y Dionisio Aguirre Muete,  transferencia  que  el  a-quo  admitió en su momento.   

          4.  El juez de conocimiento agotó la totalidad de etapas reservadas  a  esta  clase  de asuntos y, el diecisiete (17) de mayo de dos mil trece (2013)  –folios   253   a  266-,  profirió  la sentencia respectiva mediante la cual negó tanto las pretensiones  de la demanda principal como las de la reconvención.   

          5.   El   Tribunal   acusado,   fungiendo   de   juez   ad-quem,  debido al recurso de apelación  formulado,  el  siete  (7)  de  noviembre  del  año pasado, decidió la segunda  instancia  para  lo  cual  adoptó  el  fallo pertinente, providencia en la cual  confirmó la decisión impugnada.   

          6.   La   parte  actora  recurrió  en  casación  y  la  Corte,  en  providencia  de  siete  (7)  de  abril  de  dos  mil catorce (2014), admitió la  censura extraordinaria.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          El  escrito  aducido  con  miras  a sustentar el recurso, en un solo  cargo,  trazado  por  la  vía  indirecta  de  la  causal  primera de casación,  condensa  los  motivos de la inconformidad y, en lo fundamental, provienen de la  preterición  y  apreciación  errada  de algunas pruebas allegadas al plenario.   

          Sostuvo  que por el error del Tribunal se le privó de adquirir bajo  la modalidad de la usucapión el dominio del predio que ocupa.   

          Afirmó  que  a  diferencia  de  lo estimado por el sentenciador, el  actor  sí  ejerció actos de señor y dueño sobre el fundo reclamado y así lo  demuestran    las    pruebas    allegadas,    en   especial,   los   testimonios  recaudados.   

   

CONSIDERACIONES  

1.  Los  artículos  374  del  Código  de  Procedimiento  Civil  y  51 del Decreto 2651 de 1991, adoptado como legislación  permanente  por  el  artículo  162  de  la  Ley 446 de 1998, señalan  las  formalidades   que  debe  cumplir  una  demanda  de casación por lo que al  impugnante  no  le  es  dado  sustraerse del cumplimiento de esos requisitos con  miras  a  estructurar  una  censura  idónea, y de no hacerlo le significará su  deserción.   

          2.  En  cuanto  a  las  pautas  referidas,  en  particular, a lo que  interesa  al  asunto  que  se  examina,  cumple  aludir  a   las exigencias  concretas  previstas  en el artículo 374 del C. de P.C., es decir,  que la  formulación  de  la  acusación  lo  sea  en forma clara y precisa; además, al  censor   le   corresponde   demostrar   el   error  atribuido  al  sentenciador.   

         

Entre  otras  muchas  decisiones  sobre  el  particular, la Corte ha dicho:   

(…)  dado  el  carácter  dispositivo  de  la  impugnación  y la imposibilidad que de allí se  deriva  para  completar  oficiosamente  la  acusación, iteradamente  (….)  ha señalado que por vía de la  causal  primera  de casación no cualquier cargo puede recibirse, ni puede tener  eficacia  legal,  sino  tan  sólo aquellos que impugnan directa y completamente  los  fundamentos de la sentencia o las resoluciones adoptadas en ésta; de allí  que  haya  precisado  repetidamente  que  los  cargos operantes en un recurso de  casación  únicamente  son  aquellos  que se refieren a las bases fundamentales  del  fallo recurrido, con el objeto de desvirtuarlas o quebrarlas, puesto que si  alguna  de  ellas  no  es  atacada y por sí misma le presta apoyo suficiente al  fallo  impugnado  éste debe quedar en pie, haciéndose de paso inocuo el examen  de    aquellos    otros    desaciertos    cuyo    reconocimiento    reclama   la  censura.  (CSJ  SC,  27 Jul.  1999;  25  Ene.  2008; así mismo, AC 12 Mar. 2008, Rad. 00271; 15 Ene. 2010; y,  29 Jul. 2010; Rad. 00366).   

Posteriormente, sobre el mismo aspecto, esta  Corporación expuso:   

(…)  en materia  casacional      la     demanda     ‘debe  contener una crítica concreta y razonada de las partes de la  sentencia  que  dicho  litigante  estima  equivocadas,  señalando  asimismo las  causas  por  las  cuales ese pronunciamiento materia de impugnación resulta ser  contrario  a  la ley. Y para que este requisito quede satisfecho del modo que es  debido,  es  indispensable  que  esa crítica guarde adecuada consonancia con lo  esencial   de   la   motivación   que   se  pretende  descalificar,  vale  decir  que  se  refiera  directamente a las bases en verdad  importantes  y  decisivas en la construcción jurídica sobre la cual se asienta  la  sentencia,  habida cuenta de que si blanco del ataque se hacen los supuestos  que  delinea a su mejor conveniencia el recurrente y no a los que constituyen el  fundamento  nuclear  de la providencia, se configura un notorio defecto técnico  por  desenfoque  que  conduce  al  fracaso del cargo correspondiente’   (…)  –  las  líneas  no  son  originales-   (CSJ  AC  17  Jul.  2012,  Rad.  00055,  reiterado en providencia CSJ AC 18 Dic. 2012, Rad. 00262 01).   

Luego,  plasmar  un  ataque claro y preciso,  implica  focalizar  la  acusación  en  los  pilares  del  fallo, amén de   involucrar  todos los argumentos expuestos por el sentenciador y combatirlos sin  exclusiones de ninguna índole.   

2.2.   Pero,  además,  al  impugnante  le  corresponde    acreditar    los    yerros    del    funcionario    judicial   y,  complementariamente,  indicar  la  norma  sustancial  violada  para, a partir de  ello,  la  corte  pueda  establecer  si, efectivamente, la queja formulada es la  consecuencia   de   la   equivocación  del  juzgador.  En  esa  dirección,  al  casacionista   le  corresponde  evidenciar  la  motivación  del  funcionario  y  contrastarla  con  la  realidad  procesal  o  normativa  para,  de  ahí,  dejar  establecido el yerro denunciado.   

Así     lo     ha    expuesto    esta  Corporación:   

          Es  preciso  destacar,  en  lo  tocante con la demostración de los  errores  denunciados,  que  el  artículo 374 del Código de Procedimiento Civil  consagra  como  requisitos  de la demanda con la que se sustente la impugnación  extraordinaria,  entre  otros,  que “[c]uando se alegue la violación de norma  sustancial   como  consecuencia  de  error  de  hecho  manifiesto  en  la apreciación de la demanda o de su  contestación,  o  de determinada prueba, es necesario  que  el  recurrente  lo  demuestre” (se subraya) y,  además,  que  si  la  referida  falencia  “ha  sido  consecuencia de error de  derecho,  se  deberán  indicar  las  normas  de  carácter  probatorio  que  se  consideren   infringidas   explicando   en   qué  consiste  la  infracción”.  Dicho  con otras palabras, cuando el yerro probatorio  es  de  hecho,  surge  la  necesidad de realizar una labor de contraste entre el  contenido  objetivo  de  la prueba y lo que de ella extrajo, alteró, o dejó de  ver  el  sentenciador;  y  cuando  es  de derecho, se  impone  hacer  explícito  el  quebranto  de las normas probatorias que se hayan  vulnerado   –hace notar la Sala- (CSJ AC, 6 Dic. 2011, Rad. 00285).   

                     

                 3.   Analizado   el   escrito  sustentatorio    y    los    fundamentos    expuestos    por   el   ad-quem  para  fallar en los términos en  que  lo  hizo, aparece, prontamente, que el promotor de la censura no satisfizo,  a  plenitud,  los requisitos señalados por las normas pertinentes para impulsar  el   trámite   y,   contrariamente,  se  impone  la  inadmisión  del  recurso.   

          3.1.   Ciertamente,  el  Tribunal  apalancó  su  decisión,  en  lo  basilar,  en que el demandante ingresó al inmueble objeto de la usucapión como  tenedor  y  no  logró  acreditar el momento en que mutó esa condición a la de  poseedor.   

          Así lo sostuvo:   

Ahora, si una persona entra a un bien   a  título  de  mera  tenencia, como ocurren en el arrendamiento, es posible que  luego  desconozca   el  dominio  ajeno  y entre a comportarse  como un  verdadero  dueño,  ejerciendo  actos contundentes  y públicos que denoten  el   ánimo  de  señor  y  dueño,  desconociendo   a  quien  inicialmente  reconoció  y  tuvo  como titular de los derechos en ese inmueble, esto es   lo  que  se  conoce  en  la  doctrina y la jurisprudencia como interversión del  título;  en  éste  caso,  la  prueba es muy exigente,  y le corresponde a  quien  alega esa nueva condición demostrar el momento exacto en que paso de ser  un  mero  tenedor   a  ser  un verdadero poseedor, si ese presupuesto no se  cumple  en  el proceso, el postulado que rige la relación del demandante con el  bien,   sigue  siendo  que  el solo paso del tiempo por extenso que sea, no  transforma  por  sí solo al tenedor en poseedor (folio  26, cuaderno del Tribunal).   

Y, más adelante expuso:  

Resultó  un  hecho  incontrovertible   dada  la  existencia   del  contrato  de  arrendamiento,  que  no  pudo ser  desconocido   en el proceso incluso con la tacha de falsedad, que el dueño  del  predio  NESTOR CHAPARRO entrego el inmueble objeto de éste litigio a PABLO  AVENDAÑO  GARCIA  en  diciembre  1978;  esa la razón por la cual el demandante  entró  al  inmueble  a  vivir  allí  y  a  disfrutar  de  las anexidades   existentes  para  ese  momento,  entre  las que se cuenta la casa de habitación  (…).   

(…) La posesión  del  inmueble   por  PABLO AVENDAÑO GARCIA no se logró  acreditar en  el  proceso  por el lapso de 20 años (…)   ninguno   de   ellos  (refiere  a  los  testigos)  concreto y público  mediante el  cual   con  actos  positivo  posibles  de  ser percibidos por el ser humano  PABLO  AVENDAÑO GARCIA haya transformado  su calidad de mero tenedor, a la  de   un   verdadero   poseedor   con   ánimo   de  señor  y  dueño  sobre  el  bien.   

Sin  embargo, la recurrente guardó silencio  sobre  la  existencia del contrato de arrendamiento. En su escrito no confrontó  las  inferencias  del  juez  de  segunda  instancia  alrededor  de la calidad de  arrendatario  y  menos  aludió  a  la  tenencia que derivaba de esa condición.  También  guardó  silencio  en  lo  que  hace a la interversión del título de  tenedor a poseedor y sobre la fecha en que tal evento aconteció.   

Ahora,  si  bien,  en el numeral primero del  desarrollo  del  cargo  refirió a dicha institución (interversión), sólo fue  un  anuncio.  En  la  demanda  de  casación  no  hay  un  discurso  tendiente a  confrontar  lo  esgrimido  por  el  juzgador  de  segundo  grado  sobre  cuándo  transformó   su   condición   de  tenedor  a  poseedor  como  lo  reclamó  el  juzgador.   

Pero,  el  impugnante no solo en ese sentido  desvío su camino.   

Obsérvese  que  al enunciar la ‘demostración   del  cargo’              –folio   18,  cuaderno  de  la  Corte-,  afirmó  que «Por estar la sentencia impugnada basada  íntegramente  en  los  testimonios  anotados, me  permito      efectuar      una      secuencia      de     ellos     (…)»   -La  Corte hace notar- .   

Percepción  ésta  que  no es ajustada a la  realidad.   Nótese   que   el   Tribunal,  al  motivar  la  sentencia  sostuvo:   

«Resultó un hecho  incontrovertible   dada  la existencia  del contrato de arrendamiento,  que   no   pudo   ser  desconocido  en  el  proceso  incluso  con  la  tacha  de  falsedad».   Y  agregó:   

«No pueden ser actos de posesión idóneos  para  adquirir  un  predio  por  usucapión   el pago del impuesto predial,  porque      si      se      revisa      la      documentación      (…)»  -folio  27, sentencia del Tribunal-.   

Luego, en primer lugar, no es acertado que el  fallo  sólo haya descansado  en  la valoración de la prueba testimonial. En segundo, como ya se anunció, el  actor  no  atinó  a  incluir  dichos  aspectos  en su acusación, es decir, los  restantes  medios  de prueba (contrato de arrendamiento, declaraciones de renta,  impuesto predial), sobre los cuales apalanco la decisión adoptada.   

          En  ese  contexto, es evidente que el cargo no reúne los requisitos  exigidos por las normas señaladas.   

          3.2.  A  lo  expuesto,  suficiente  para  inadmitir la demanda, debe  agregarse  que  el  impugnante  tampoco  logró  la demostración de los errores  atribuidos al fallador.   

         

          Describir  lo  que  dijo  uno u otro deponente, en cualquiera de los  sentidos  en  que  se  haya  referido, no resulta suficiente para cumplir con la  exigencia  establecida  en  la ley (art. 374 C. de P.C.), sobre la demostración  del  error;  se  requiere,  itérase,  extraer  la  versión  del  declarante  y  enfrentarla  con  lo  inferido  por  el  Tribunal  y, de ese ejercicio, poner en  evidencia  el  desvío  del  que  se  le  acusa,  actividad  que  no cumplió la  recurrente.   

          4.  Las  razones expuestas imponen que la Corte Suprema de Justicia,  Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

         

          Primero.   Inadmitir   la   demanda   de  casación  atrás  citada.   

          Segundo.   Subsecuentemente,   declarar   desierto   el  recurso  de  casación formulado por la parte demandante.   

          Tercero.   Ejecutoriada  esta  providencia,  el  expediente  deberá  retornar  al  Tribunal  de  origen.  La  Secretaría dejará las constancias del  caso.   

                 

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ALVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTÍERREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *