SC11331-2014 [2006-00439-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

                         CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

MAGISTRADO PONENTE  

SC11331-2014  

Radicación    n.°  11001-31-03-039-2006-00439-01   

Aprobado  en Sala de tres de junio de dos mil  catorce   

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

          Se  decide  el  recurso  de  casación interpuesto por la demandante  contra  la  sentencia  proferida  por  la  Sala  Civil del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  el  27  de  mayo  de  2011,  dentro del proceso  ordinario  promovido por Bertha González Garzón frente a Pedro Tirado Castillo  y a personas indeterminadas.   

          1.1.  La  actora solicitó declarar que adquirió, por prescripción  extraordinaria,  el  inmueble  de  la transversal 30 #146-A-76 de Bogotá, cuyas  características  constan  en  el  libelo,  y  ordenar  la  inscripción  de  la  sentencia en la matrícula 50N-356958.   

          1.2.  Fundamentó  las  pretensiones  en los hechos que enseguida se  compendian:   

          a)  En  vigencia  de  la  sociedad  conyugal  conformada con ella, a  través  de la escritura 6415 de 25 de noviembre de 1976, de la Notaría Novena,  el demandado adquirió ese predio.   

          b)  En  1980  el  accionado  la abandonó, dejándola con sus cuatro  menores  hijos;  en  1982  tramitaron  el proceso de separación de bienes en el  Juzgado  Séptimo  de  Familia, donde él manifestó entregar a éstos el 50% de  los  derechos  que  «(…)  tiene  sobre el inmueble  (…)»;  sin  embargo,  lo  demanda por aparecer como  propietario.   

          c)  Entró  en  posesión  de  la cosa en 1980; desde entonces y sin  reclamo  del  opositor,  quien  la  reconoció  como  dueña,  ejecuta  actos de  dominio,  consistentes  en  el levantamiento de mejoras, el mantenimiento y pago  de  servicios,  como lo reconocen los vecinos y allegados; han transcurrido más  de 25 años, tiempo suficiente para adquirirlo por prescripción.   

          1.3.  El  contendiente se pronunció frente al libelo oponiéndose a  las  pretensiones;  y  en  cuanto  a  los  hechos,  admitió  los relativos a la  adquisición del inmueble y a la separación; negó los restantes.   

          Propuso    como    defensas   las   que   denominó   «falta   de  legitimación  por  activa»,  «inexistencia      del     derecho»,    «fraude    procesal»   y  «abuso  del  derecho»1.   

          El    curador    ad   litem    de    las   personas   indeterminadas   dijo   atenerse   a   lo  probado.   

          1.4.  Por  sentencia  de  20  de  octubre de 2010 el Juzgado Segundo  Civil    del    Circuito    de    Descongestión    de    Bogotá    negó   las  súplicas.   

          1.5.  Al desatar el recurso de apelación interpuesto por la actora,  el    ad   quem   la  confirmó el 27 de mayo de 2011.   

2. LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

          2.1.  En  lo  del cargo, el fallador primeramente citó el artículo  2530  del  Código  Civil;  dijo  que si uno de los cónyuges abandona el hogar,  produciéndose  la  separación  de  hecho, podía operar la prescripción sobre  los  bienes  sociales  si  el  otro ejercía sobre ellos una posesión exclusiva  para  sí,  lo  cual  significaba  que  en  orden a adquirir por ese modo debía  acreditarse  la  interversión  del  título de tenedor al de poseedor único; y  aludió  a  lo  expuesto  por los testigos Miguel Andrés, César Augusto, Pedro  Horacio,   Sandra  María  de  los  Ángeles  Tirado  González,  hijos  de  los  litigantes;  María Gladis Calderón de Sánchez, Alcira Herrera Arévalo, Jorge  Eliécer  Algarra,  Carlos  Julio  Ballén  Castro  y  José  Hércules  Herrera  Castillo, y por las partes en el interrogatorio.   

          2.2.  De  esas  pruebas  encontró que los contendientes contrajeron  matrimonio  el  29 de noviembre de 1966, en cuya vigencia Pedro Tirado adquirió  el  bien  pretendido, donde estableció el domicilio conyugal, abandonándolo en  1981  para  cesar desde entonces la convivencia con su consorte.  Después,  previo   «(…)  el  trámite  correspondiente  por  iniciativa  de  ellos  (…)», en providencia de 17 de  febrero  de  1983  se  decretó la separación de cuerpos y declaró disuelta la  sociedad  conyugal,  situación  que  conforme  a  las premisas atrás referidas  determinaría,  en principio, la posibilidad de que la actora pudiera adquirirlo  por  prescripción,  siempre  y cuando hubiese efectuado una posesión exclusiva  alzándose contra su excónyuge.   

          2.3.  Tras  negar actos posesorios en cabeza del opositor, enfatizó  que   la   actora   no  demostró  ser  poseedora  exclusiva,   según  las  diligencias  adelantadas  en  el  trámite  liquidatorio,  donde  reconoció  la  condición  de  propietario de aquél. Si bien los vecinos y demás conocidos la  admitían  como  dueña, la verdad «(…) tal aspecto  se  ve  desdibujado con la prueba documental (…)»2,   en   concreto,   con   la  actuación  adelantada  en el Juzgado Séptimo de Familia, la cual da cuenta que  en  la diligencia de inventarios y avalúos de 27 de febrero de 2007 se incluyó  el  bien, sin su oposición, al punto que mediante providencia del siguiente dos  (02)  de  mayo  el  juzgado la aprobó «(…) bajo el  entendido     de    que    “no    hubo    objeción    alguna”».   

          Por  ello,  no  podía concluir nada distinto sino el reconocimiento  del  accionado,  por la actora, como propietario del bien, el cual formaba parte  del  haber  social,  desvertebrando «(…) su calidad  de  poseedora  exclusiva  (…)»; esto «(…)  porque  (…)  un  cónyuge  sí  puede prescribir siempre y  cuando  demuestre  su  condición de poseedor exclusivo y excluyente, lo que con  las  copias  arrimadas  se  encuentra  desvirtuado»3.   

3. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          Al  amparo  de  la  causal  primera del artículo 368 del Código de  Procedimiento Civil, un cargo propone la recurrente.   

          Acusa  la  sentencia  de violar, de manera indirecta, los artículos  407,  numerales primero y tercero, ibídem,  673,  762,  2512,  2518,  2530,  inciso  tercero,  2531, 2532 del  Código  Civil,  con las modificaciones introducidas por la Ley 791 de 2002, por  falta  de  aplicación,  y  2514  ejusdem,  por  aplicación  indebida,  como  consecuencia de los errores de  hecho  y  de  derecho, con infracción medio de los artículos 194, 195, numeral  tercero;  210,  249,  250,  600,  601,  625  y  626 del Código de Procedimiento  Civil.   

          Después  de  señalar  las que en su sentir fueron las razones   para   negar   las   súplicas,   afirmar  la  viabilidad  de  la  acción  de pertenencia por personas que en el  pasado  fueron  cónyuges  entre  sí sobre un bien social, y de advertir que no  debate  las inferencias del Tribunal sobre la calidad de los hechos de la actora  ni  la  ausencia  de  actos  posesorios del demandado, enfatiza impugnar solo la  conclusión  que le atribuyó al silencio de Bertha González en la liquidación  de  la  sociedad  conyugal  el  carácter  de confesión, razón por la cual, su  posesión  no  había sido exclusiva. Considera esta deducción resultado de los  errores de hecho y de derecho en que incurrió.   

          Para demostrar el cargo, expone:   

          3.1.  El  fallador  erró al pasar por alto que en el hecho segundo  del  libelo  de  separación de cuerpos presentado el  uno (1) de diciembre  de  1982  las  partes  admitieron  que  hacía,  por  lo  menos,  «(…)   dos   (2)   [años]    que    no    convivían   (…)»4,  es decir, desde 1981. Si no  hubiese  omitido  la  confesión  de  los  cónyuges  sobre su separación desde  entonces,  el  abandono del hogar y del inmueble que para la época el demandado  reconoció,  no  habría  concluido que el silencio de la actora a oponerse a la  inclusión   en   los   inventarios   implicara   reconocer  al  demandado  como  propietario,  pues  en  el  libelo de pertenencia ella exteriorizó el  ánimo  de  señora  y  dueña  a  partir  de la fecha en que el  opositor  perdió  contacto  físico con el bien, a raíz del abandono aceptado.   

          3.2.  Incurrió  en  error de hecho cuando no vio que la promotora,  al  contestar  la  demanda  liquidatoria,  negó  los hechos relacionados con su  existencia,  como  bien  social;  en ese acto, además, propuso la excepción de  prescripción,  pese a su improcedencia en virtud de la restricción establecida  para  esa clase de asuntos. Si el ad quem no  hubiese  pasado  por  alto  dicho escrito, habría deducido que  González  Garzón  no  observó en la liquidación, conducta pasiva frente a la  súplica   de   Pedro   Tirado   tendiente   a   obtener   la  división  de  la  cosa.   

          3.3.  El  Juez  de  segundo  grado  cometió  dislate  fáctico  al  inobservar  que  la  acción de pertenencia se promovió el 31 de julio de 2006,  cuando  la prescripción implorada se había consumado. La posesión alegada por  la  promotora  y  reconocida  por  el  opositor  comenzó  en 1980, cuando éste  abandonó   el   hogar,   «(…)  acentuada  por  la  separación  indefinida  de cuerpos y la consiguiente disolución de la sociedad  conyugal  que  ocurrió (…) el 17 de febrero de 1983, cuando el Tribunal (…)  mediante  sentencia  de  esa  fecha  accedió  a  la  petición  conjunta de los  cónyuges  (…)»  (fl.33). De no haber incursionado  en  el  error,  no habría concluido que la ausencia de reproche a la inclusión  en  el  inventario,  a  partir del 27 de febrero de 2006, implicaba reconocer en  Tirado   Castillo  la  condición  de  propietario,  con  virtualidad  para  destruir  la  posesión  exclusiva  consumada  por la actora antes de iniciar el  caso.   

          3.4.  El  Juzgador  incurrió en error de derecho cuando le asignó  mérito  probatorio  al  silencio  de  la  demandante  respecto de la preanotada  inclusión,  de donde dedujo que había reconocido al demandado como titular del  dominio, para concluir de allí que la posesión no fue exclusiva.   

          Luego  de citar un pasaje del fallo acusado, advierte: aunque allí  expresa  que  la posesión no fue exclusiva, esa inferencia no se basa en prueba  distinta  de las copias trasladadas del proceso de separación, en particular de  la  liquidación,  razón  por la cual el reparo lo formula sólo «(…)  respecto  de  “(…)  las  diligencias  adelantadas  en el  trámite  liquidatorio  en  el que reconoció la condición de propietario de su  cónyuge”»5.   Los  artículos  95,  176,  210,  242,  249  y  285  del  Código  de  Procedimiento  Civil  permiten   deducir   del  comportamiento  de  las  partes  determinados  efectos  perjudiciales  para  su causa, mediante indicios o presunciones; sin embargo, en  el  proceso  de  liquidación  no  se  consagró la posibilidad de inferir de la  falta  de  objeción  a  los  inventarios y avalúos efecto probatorio contra el  cónyuge  que  haya  guardado  silencio  sobre  el  particular,  ni  menos,  los  derivados  de una presunta confesión, como se establece en los artículos 625 y  626 ibídem.   

          Por  tanto,  omitir la objeciones «(…)  no   constituye   –  por  cuanto  no  hay  norma  probatoria  que  lo  consagre-  una circunstancia que le  permita   al   juez   deducir   algún   efecto  probatorio  (…)»6 contra  el  cónyuge  silente sobre el particular, menos, el de una  confesión  para  reconocer  al  otro  la  propiedad,  ni  para demostrar que la  aprobación   que   el   funcionario   imparte  a  la  diligencia  bajo  aquella  circunstancia  tiene  fundamento distinto del mero silencio durante el traslado,  como  considerar que todos los bienes inventariados son propios de un cónyuge o  sociales.   

          Por   «(…)   supuesto,   que   estas  calidades  y  especialmente la última, en tratándose de (…) inmuebles, no es  susceptible  de  probarse  mediante  confesión,  sino  por  conducto  de prueba  documental  que acredite la existencia del matrimonio y la adquisición del bien  durante    la    vigencia   del   mismo,   según   (…)   el   artículo   265  (…)»7,  porque  en  la disolución, las discrepancias sobre la propiedad  pueden plantearse en otros trámites.   

          Concluye  señalando  que  con ese yerro el sentenciador violó las  normas  medio  invocadas  en el cargo, por cuanto le atribuyó al silencio de la  actora  un  valor  probatorio  que  la  ley  no le asigna. La aprobación de los  inventarios,  con  apoyo en no haber sido objetados, no tiene como fundamento el  reconocimiento  del  derecho a favor del otro cónyuge, sino la circunstancia de  que  la ocasión para hacerle observaciones pasó libre de queja alguna, sin que  la  providencia  que  los  aprueba de esa manera tenga consecuencias definitivas  sobre  las calidades jurídicas de los bienes, por tratarse de una decisión que  no    produce    efectos    erga   omnes.      

4. CONSIDERACIONES  

          4.1.   Como   la   decisión   impugnada   a   través  del  recurso  extraordinario  de  casación  llega  a  la Corte amparada por la presunción de  legalidad  y  acierto,  cuando  se  enfila el ataque por la vía indirecta de la  causal  primera del artículo 368 del Estatuto Procesal Civil, enrostrándole la  comisión  de  desatinos  fácticos,  se  impone  al  acusador  probar  el yerro  notorio,  amén  de  trascendente;  esto último, también se predica para el de  derecho,  en  el  que  haya  incurrido  el  Tribunal. Expresado con palabras del  legislador,   

«[c]uando  se  alegue  la  violación  de  norma sustancial como consecuencia de error de hecho  manifiesto    (…),    es    necesario   que   el   recurrente   lo   demuestre  (…)»,  y  «(…) [s]i la  violación  de  la norma sustancial ha sido consecuencia de error de derecho, se  deberán   indicar   las  normas  de  carácter  probatorio  que  se  consideren  infringidas   explicando   en   qué   consiste   la   infracción»8.   

          Con  base  en el precepto transcrito la Corte tiene señalado que en  las hipótesis en que se acuse   

«(…)   la  violación   de   una   norma  de  derecho  sustancial  por  la  vía  indirecta  (…)»,  ha  de  enunciarse  el  error «(…)  ya  como  de  hecho  en  orden  a verificar que determinadas  pruebas  fueron  omitidas,  adicionadas  o cercenadas en su contenido, lo que se  traduce  en  una  distorsión  de  la  misma  en el plano material; o ya como de  derecho,  que  supone  la fidelidad con el contenido objetivo de la prueba, pero  se  reclama  su  indebida  estimación  por  mediar  la  violación de normas de  disciplina  probatoria  que atañen con la aportación, admisión, producción o  estimación      de     la     misma     (…)»9.   

          4.2.  A  partir  de las precedentes nociones teóricas, pasa la Sala  al  estudio  del  cargo;  y como el mismo involucra las dos variables de la vía  indirecta  prevista  en  el  numeral primero del artículo 368 citado, empezará  por el error de derecho aducido.   

          4.3.  Tras sostener la infracción medio de los artículos 194, 195,  numeral   tercero,   210,   249,   250,   600,   601,  625  y  626  ejusdem,   la   recurrente  le  enrostra  al   Juzgador  haber  cometido  dislate  jurídico al valorar el  silencio  de  la  actora  frente  a la  inclusión  del  predio  en el inventario, a partir de  lo  cual reconoció al demandado como propietario y en aquélla una posesión no  exclusiva,  por  cuanto  la ley no consagra, como consecuencia del fallo dictado  en  un asunto de esos, posibilidad para extraer de la ausencia de objeción a la  citada   diligencia  efecto  probatorio  contra  el  cónyuge  silente,  ni  los  derivados de una presunta confesión.   

          Es   decir,   la   omisión  de  objeción  a  los  inventarios  no  constituye,  por  falta  de norma probatoria que la consagre, circunstancia para  deducir  efecto  persuasivo  adverso  al consorte que haya guardado silencio, ni  para    inferir    confesión    en    orden    a   reconocerle   al   otro   la  propiedad.   

          Empero,  la  forma  como  la recurrente edifica la proposición es a  todas  luces  desorientada,  pues  desde cuando entró en vigencia el Código de  Procedimiento  Civil,  a  través de los Decretos 1400 y 2019 de 1970  y en  sus  reformas,  campea en la estimación de los medios de certeza, el sistema de  la  apreciación racional de las pruebas. El juez, con apego a la lógica, a las  reglas  de  la  ciencia  y  de  la  experiencia  valora  la prueba, le otorga el  alcance,  la  dimensión,  y  obtiene  la convicción que en su sano juicio cree  debe  concederle.  Es excepcional el gobierno de la tarifa legal, sistema según  el  cual,  es el legislador quien determina el valor que el juez debe dar a cada  medio probatorio.   

          Sobre la cuestión la Sala ha dicho:   

«(…)   el   actual    Código  de  Procedimiento  Civil  (Decretos  1400  de  6  de  agosto de 1970 y 2019 de 26 de  octubre  del mismo año), introdujo el sistema de la apreciación racional de la  prueba,  para  sustituir  el  de  la  tarifa  legal dominante en la legislación  precedente,  método  que  a  diferencia del anterior, no ata al juez con reglas  preestablecidas  que  establezcan  el  mérito  atribuible a los diversos medios  probatorios,  sino  que  lo dota de libertad para apreciarlos y definir su poder  de  convicción,  con un criterio sistemático, razonado y lógico orientado por  las  reglas  del  sentido  común,  la ciencia y las máximas de la experiencia,  evaluación  que  desde  luego  tiene  el deber de justificar, para observar los  requisitos   de  publicidad  y  contradicción,  pilares  fundamentales  de  los  derechos  al  debido  proceso y a la defensa. Se trata de un sistema en el cual,  dice  Lesonna,  la  verdad jurídica pende “…no de la impresión, sino de la  conciencia  del  juez,  que  no  puede  juzgar  simplemente,  según su criterio  individual,   sino   según  las  reglas  de  la  verdad  histórica,  que  debe  fundamentar”  (Teoría   General  de  la  prueba  en Derecho Civil, t. I,  pág.  355)»10.   

          El    reglamento    instrumental    es    elocuente   al   disponer:  «Las  pruebas  deberán  ser  apreciadas  (…)  de  acuerdo  con  las  reglas de la sana crítica, sin perjuicio de las solemnidades  prescritas  en  la  ley  sustancial  para  la  existencia  o  validez de ciertos  actos»,   y   «el  juez  expondrá   siempre   razonadamente   el   mérito   que   le   asigna   a  cada  prueba»11.   

          En  materia  casacional,  cuando  se  le  enrostre  al  fallador  la  comisión  del  error  jurídico  envuelto  en  la  vía  indirecta de la causal  primera,  acusándoselo de errar en la apreciación, porque amparado en la libre  ponderación  adoptó  una evidencia como «(…) apta  para   demostrar   el   hecho   o   acto   (…)»12,   pese   a   no  serlo  en  realidad,  es deber ineludible identificar la norma a través de la cual resulta  alterado  el  principio,  demostrando  que a los ojos de esa disposición debió  gobernarse la apreciación del mérito probatorio.   

          Mientras  no  sea  de  tal  manera, la acusación es inane, y en tal  supuesto, la eficacia de la valoración seguirá en pie.   

          En  el  régimen procesal colombiano, en un embate donde se atribuya  al  Juez  de  segundo  grado haber incurrido en error de derecho, por esta senda  extraordinaria  deberá  individualizarse  el  precepto  donde  se le imponga al  funcionario  valorar  la probanza de una manera determinada o en forma diversa a  como lo hizo.           

          Los  artículos  95,  176,  194,  195, 210, 242, 249, 250, 285, 600,  601,  625  y 626 del Estatuto Procesal Civil, aducidos como violación medio, no  ordenan  apreciar  una prueba trasladada o el comportamiento procesal que una de  las  partes haya asumido en otra causa, bajo un sistema diferente al de la libre  apreciación; como el de la tarifa legal, por ejemplo.   

          Los  artículos  95,  210, 242 y 285 hacen referencia a la manera de  ponderar  la  falta  de  contestación  de  la  demanda;  la no comparecencia al  interrogatorio,  la  renuencia  a  responder  y  las  respuestas evasivas; la no  colaboración  de  las  partes  en  la  práctica  del dictamen pericial y en la  exhibición  de  documentos.  Los artículos 625 y 626 aluden a las personas que  pueden   pedir   la   liquidación   de  la  sociedad  conyugal  disuelta  y  al  procedimiento que para ello debe seguirse.   

          Los  artículos  176,  194, 195, 600 y 601 determinan el presupuesto  para   la  procedencia  de  las  presunciones;  el  concepto  y  las  clases  de  confesión,  así  como  sus requisitos; y la articulación prevista en derredor  de los inventarios y avalúos en causas liquidatorias.   

          Los  artículos  249  y  250,  a  la inversa de cómo lo insinúa la  censora,  simplemente  autorizan  al  juez  para deducir indicios de la conducta  procesal de las partes y la manera para apreciarlos.   

          No  se  ve,  entonces,  que para demostrar la cuestión fáctica, en  rigor,  alguno  de los anteriores preceptos imponga un específico y determinado  elemento  de  juicio,  a la manera de una tarifa legal o de una única evidencia  para hacerlo.   

          Es  patente,  con arreglo a la sustentación traída, la impugnadora  debió  argumentar  y  demostrar  que  una  específica  norma  impedía deducir  consecuencias  probatorias  de  los  medios de convicción o de las posiciones o  conductas  desplegadas   u  omitidas  por los sujetos procesales en tales o  cuales  actuaciones;  concretamente  en  «(…)  las  pruebas  aportadas  al  proceso, y en especial las diligencias adelantadas en el  trámite         liquidatorio         (…)»13,    y    que   éste,   al  apreciarlas, la quebrantó.   

          Sin  embargo,  se  sustrajo  de  hacerlo,  no  solo  porque  ningún  razonamiento  suministró  en  la  dirección  indicada.  Toda la acusación por  error  de  derecho la desarrolla en torno de la afirmación según la cual en el  proceso  liquidatorio  no  se  previó  posibilidad  para deducir de la falta de  objeción  a  los inventarios efecto probatorio a cargo de la parte reticente ni  los  derivados  de  una  confesión.  Mucho  menos  determinó, como lo manda el  artículo  374  del Código de Procedimiento Civil, la disposición donde la ley  imponga  un  sistema de apreciación, distinto del de la libre estimación, para  extraer    la    sustancia    con   la   que   el   sentenciador   definió   la  controversia.   

En   este   sentido,   la   Sala   tiene  dicho:   

«Es   que  alrededor  de  la  pertinente  disposición  probatoria  infringida  acontece  lo  mismo,  sin  duda, de lo que  ocurre  con la de derecho material; y acerca de la correcta invocación de ésta  en  reciente  ocasión  la Sala señaló lo siguiente: “Si la…referida es la  norma…  sustancial  aducida  como  quebrantada  y  si la causa planteada en la  contrademanda  alrededor  de  la  pretensión…a  la  que  se circunscribe esta  censura,  es la que en ésta identifica el acusador, ocurre así que la crítica  adolece  de  severo  defecto técnico, habida cuenta que en ese preciso orden de  ideas  la  identificada  disposición legal no es a la luz de la cual el juez de  segundo  grado  debía  decidir  el litigio en lo tocante con la individualizada  súplica  (…),  teniendo  de presente la naturaleza del fundamento fáctico en  el  que ella se hizo consistir” (sentencia de 27 de agosto de 2010, expediente  1999-00009-01)»14.   

          Ante  la  deficiencia técnica puesta de presente en torno del error  de  derecho,  las  pruebas  y la motivación fundantes de la decisión persisten  enhiestas.   

          4.4.  En  la  parte  restante  del cargo, por la comisión de yerros  fácticos,  la acusación deja por fuera de combate los elementos de convicción  que  llevaron  al  Tribunal  al convencimiento de que, en últimas, la actora no  ejerció una posesión única y excluyente.   

          El       fallador       advirtió  no  poder «(…) afirmar (…)  que  la  actora  probó  su  calidad  de  poseedora exclusiva (…), teniendo en  cuenta  las  pruebas aportadas al proceso   y   en   especial   las  diligencias  adelantadas  en  el  trámite  liquidatorio, en el que  reconoció   la   condición   de  propietario  de  su  excónyuge».  Y enseguida puntualizó: «No desconoce  la  Sala  que  los  vecinos  y  demás conocidos reconozcan a la demandante como  dueña  del  inmueble,  pero  tal  aspecto  se  ve  desdibujado con la  prueba  documental (…) incorporada       a       juicio»15 (se resalta).   

          Los  subrayados  medios  demostrativos  no fueron controvertidos, ya  que  los  dislates  de  facto se limitan, únicamente, a las piezas iniciales de  los  procesos  de  separación  de cuerpos y de pertenencia y a la contestación  del  libelo  liquidatorio. Esta omisión frustra la acusación también por este  lado,  por  cuanto  así  se  admitiera,  en gracia de discusión, equivocación  palmaria  del  fallador  en  torno  de  las  citadas demandas y réplica, en tal  supuesto  la decisión seguiría firmemente apoyada en los medios de convicción  no combatidos.   

          «(…)  [P]or  averiguado  se  tiene que  cuando   la   providencia   combatida   se   funda   en   diversos   medios   de  certeza,   en   orden  a  destruir  la  presunción  de verdad y acierto de las conclusiones fácticas con  que  llega  a  casación, es deber del censor presentar un ataque integral, esto  es,  “una impugnación que comprenda todos los soportes probatorios que fincan  la           decisión           (…)”»16,  de  donde  «(…)  [l]a  circunstancia  de  que  la  crítica no hubiese salido  avante  en  la  temática que se deja estudiada, torna inane cualquier análisis  dirigido  a  resolver  los  yerros  de  hecho  que  las acusadoras le imputan al  tribunal  por haber omitido apreciar …, puesto que si se admitiera, en vía de  hipótesis,  la  comisión  de  errores  por  parte de aquél alrededor de tales  medios  de  persuasión, ello no conduciría al quiebre del fallo, por cuanto en  ese  supuesto  la  decisión  combatida seguiría firmemente apoyada en aquellos  soportes    demostrativos    no   derribados,   haciendo   así   imposible   su  aniquilamiento»17.   

          4.5.   La   deficiencia   técnica   recién   mostrada   no  es  la  única.   

          En   el   error   de   facto   aducido   cuestiona  al  ad  quem  por  haber  desacertado  en  la  valoración  de  los  elementos  de  juicio.  Empero,  no demuestra los defectos  palmarios  sobre  el  particular; en lugar de atacar resueltamente la médula de  la  cuestión, toma la vertiente de su conveniencia, omitiendo así la carga que  en esta materia gobierna la preceptiva casacional. Obsérvese:   

          a)  El  fallador destacó que la actora no  mostró   ser   poseedora  exclusiva,  porque  en  el  proceso  de  liquidación  reconoció  la  condición  de  propietario en el demandado. El hecho de que los  vecinos  y  conocidos la observaran como dueña, se desdibujó con la actuación  adelantada  en  el  Juzgado  Séptimo de Familia, por cuanto en la diligencia de  inventarios  y avalúos de 27 de febrero de 2007 se incluyó la cosa pretendida,  sin  oposición  de  su  parte, y mediante proveído del siguiente 02 de mayo el  juez  los  aprobó  «(…)  bajo el entendido de que  “no  hubo objeción alguna”», reconociendo así al  demandado   «(…)  como  propietario  del  bien  y,  además,  que  éste  formaba  parte  del  haber  social,  lo que indudablemente  excluye  su  calidad  de poseedora exclusiva (…)»18.   

          Y  para  afianzar  su  aserto  reseñó: ello es así «(…)  porque  (…)  un  cónyuge  sí  puede prescribir siempre y  cuando  demuestre  su  condición de poseedor exclusivo y excluyente, lo que con  las    copias    arrimadas    se   encuentra   desvirtuado   (…)»19.   

          El  Tribunal  concluyó  que  la  calidad  de dueña, atribuida a la  promotora,   se   desvanecía  con  lo  mostrado  por  las  copias  del  proceso  entre  agosto  de  2006  y  mayo  de 2007,  cuando  admitió en Tirado Castillo la condición de propietario,  destruyendo su calidad de poseedora exclusiva.   

          b)  La  recurrente, en vez de combatir esa  basilar  fundamentación, mostrando que los medios de prueba adoptados carecían  de  la  atribución  descrita,  o  que  de  ellos no era posible deducirla o, en  últimas,  que  una  admisión  de  esa  naturaleza  no  deshacía su calidad de  poseedora  única,  le  endilga  al Juez de segundo grado con notorio desenfoque  haberse  equivocado  al  no  ver:  1.  Que en el hecho  segundo  del  acto introductorio de separación de cuerpos, presentado de común  acuerdo  el  1°  de  diciembre  de  1982,  las  partes  reconocieron que hacía por lo menos «(…)   dos   (2)   [años]    (…)   no   convivían   (…)»20;        2.  El  abandono  del  demandado  desde  esa época del hogar y del  inmueble;  3.  La contestación al libelo de liquidación donde negó los hechos  relativos  a  la  existencia del bien como social; y 4. La pieza inicial de este  proceso,  repartida el 31 de julio de 2006  para  cuando  la  prescripción  se  había  consumado, porque la  posesión  comenzó en 1980,  acentuada   el  17  de  febrero  de  1983   por   la   separación   y   la   disolución   de  la  sociedad  conyugal.   

          c)  El  contraste  y  la  disensión  son  evidentes  entre  lo  razonado por el Tribunal y lo censurado por el impugnante.  El   ad   quem  encontró  abdicada  y  disipada  la  posesión  en  los años 2006 y 2007, mientras que el  censor,  rehuyendo  enjuiciar  esta  cuestión  toral,  procura asimétricamente  combatir  la ratio decidendi,  con  elementos  y  hechos  ajenos  al fundamento basilar. Prefirió plantear una  crítica  en  el  escenario que mejor estimó y desde su particular criterio, en  lugar  de enfrentar al juzgador en su cardinal motivación y de arremeter contra  ella,  demostrando los errores, tal como el carácter enteramente dispositivo de  este recurso se lo impone.   

          Seleccionó  la  vía  indirecta,  pero no probó dónde radicaba el  dislate  mayúsculo  no en derredor de lo que en sano juicio creyese, sino en el  campo  propio  de  la  estructura  casacional,  pues, por dirigir el embate, con  exclusividad,  a evidenciar que el ad quem  desconoció  que  desde  1981 el accionado abandonó el hogar y el  inmueble,   omitió  controvertir  el real sustento del fallo; consistente,  itérase,  en que según las copias trasladadas del liquidatorio se infería que  la   demandante   admitió   en   Tirado  Castillo  la  calidad  de  propietario  entre   2006   y   2007,  declinando   todo   su   ánimus  domini  y  desvirtuando  su  pretensa  condición de poseedora exclusiva y  excluyente.   

          Tal  desorientación  en  el  ataque, deja enhiestas las razones del  sentenciador.        

          Recuérdese,  el  Tribunal nunca desconoció los hechos relativos al  abandono  del  predio por el opositor, a la dejación de la vida en común entre  las  partes,  a  la  época  del  fallo de separación de cuerpos, ni muchísimo  menos,  al  carácter  de  poseedora y de dueña divulgado respecto de la actora  por  los  testigos  y  demás  conocidos  del  lugar.  Simplemente  edificó  su  decisión,  con  apoyo  en la prueba, en la renuncia tácita de la prescripción  hacia los años 2006-2007, pero nada de esto desquició.    

          Al respecto, la Sala ha hecho ver cómo   

«(…) la demanda de casación que formula  el  impugnante  “debe  contener una crítica concreta y razonada de las partes  de  la sentencia que dicho litigante estima equivocadas, señalando asimismo las  causas  por  las  cuales ese pronunciamiento materia de impugnación resulta ser  contrario  a  la ley. Y para que este requisito quede satisfecho del modo que es  debido,  es  indispensable  que  esa crítica guarde adecuada consonancia con lo  esencial  de  la  motivación  que  se  pretende descalificar, vale decir que se  refiera  directamente  a  las  bases  en  verdad  importantes  y decisivas en la  construcción  jurídica sobre la cual se asienta la sentencia, habida cuenta de  que  si  blanco  del  ataque  se  hacen  los  supuestos  que  delinea a su mejor  conveniencia  el  recurrente y no a los que constituyen el fundamento nuclear de  la  providencia,  se  configura  un  notorio defecto técnico por desenfoque que  conduce  al  fracaso  del  cargo  correspondiente.”(sentencia, No. 06 de 26 de  marzo             de             1999)”21.   

          Con razón ha señalado   

«(…)  que la debida consonancia que debe  existir  entre  el  embate  planteado  con  las  motivaciones  que  se pretendan  descalificar,   no   se   cumple  a  cabalidad  cuando,  como  lo  ha  dicho  la  Corporación,  “el  recurrente  se  limita  a  exponer una fundamentación por  completo  desligada  de  dicho  fallo”, como tampoco en aquellas hipótesis en  que   “se   basa  en  un  supuesto  que  nunca  ha  sido  considerado  por  el  sentenciador,  puesto  que en tales eventos se mantienen intactos los pilares de  la  sentencia  recurrida,  los  que,  en esa medida, no sólo siguen en pie sino  excluidos  de cualquier examen” (sentencia número 047 de 29 de marzo de 2001,  exp.#6541)»22.   

4.6. Para compendiar lo que antecede, vale la  pena señalar:   

4.6.1.  Sentado  que  la  sociedad  conyugal  formada  como  consecuencia  del  matrimonio  contraído  entre  las partes, fue  disuelta  mediante sentencia de separación de cuerpos el 27 de febrero de 1983,  resulta  bien claro que si el proceso no tenía como objeto usucapir el inmueble  de  uno  de  los  cónyuges,  sino  uno de carácter social, para nada jugaba el  artículo  2530  del  Código  Civil,  en  cuanto prevé que la prescripción se  suspende siempre entre consortes.   

4.6.2. Ahora, si el Tribunal encontró en el  trámite  de  la liquidación de esa universalidad jurídica, en concreto, en el  acta  de  inventarios y avalúos debidamente aprobada, reconocimiento tácito de  dominio  ajeno por parte de la demandante, al no haberse opuesto a la inclusión  del  inmueble  pretendido en el haber social, esto denota, teniendo en cuenta el  tiempo  de  posesión  alegado y reconocido por el Tribunal, que la declaración  de  pertenencia  se  negó  por  haber  operado el fenómeno de la renuncia a la  prescripción,  lo  cual  tiene  cabida,  a voces del artículo 2514 del Código  Civil,  después  de  consumada. El sentenciador, por lo tanto, no pudo incurrir  en  error  de hecho al omitir apreciar el escrito de liquidación de la sociedad  conyugal,  presentado  el  2 de febrero de 2002, ni la fecha de presentación de  la demanda de pertenencia, hecho sucedido el 31 de julio de 2006.   

4.6.3.  De  otra  parte,  si  la  hipótesis  normativa  contenida  en  el  precepto inmediatamente citado tiene cabida cuando  quien  puede  alegar la prescripción, reconoce, expresa o tácitamente, derecho  del  dueño,  en  el caso, de la sociedad conyugal disuelta, el Tribunal tampoco  pudo  omitir  apreciar la oposición formulada en la contestación del libelo de  liquidación  de  dicha  universalidad  jurídica, porque si en la oposición se  negaba  la  condición  de  social  del inmueble, a tal punto que se formuló la  excepción  de  prescripción,  simplemente  se trataba de la reiteración de la  adquisición  del  dominio en virtud de la posesión por el término previsto en  la ley, que no de la renuncia a dicho fenómeno.   

4.6.4.  Con  todo,  los  errores  de derecho  igualmente  son  inexistentes, porque si es cierto que la demandante no se opuso  a  la inclusión del bien en disputa como social en la diligencia de inventarios  y  avalúos,  y  a  su  aprobación  posterior  ante  la falta de objeciones, el  problema  no es de eficacia jurídica de las pruebas, sino de subsunción de los  hechos  así  demostrados  en  las  hipótesis normativas, porque no se trata de  problemas   relacionados  con  la  regularidad  de  los  medios  de  convicción  aducidos,  o  respecto de determinados hechos con la conducencia de las pruebas,  sino  como se resalta en el cargo, de las consecuencias jurídicas de los hechos  establecidos.   

4.7.  El  cargo  no  prospera.                     

5. DECISIÓN  

          En  armonía  con lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala  de  Casación  Civil,  administrando  justicia  en nombre de la República y por  autoridad   de   la   ley,   NO   CASA   la  sentencia  de  27 de mayo de 2011, pronunciada por la Sala Civil  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, dentro del proceso  ordinario identificado en esta providencia.   

Condenar  a  la parte recurrente a pagar las  costas  causadas en el recurso extraordinario; se fijan como agencias en derecho  la  suma  de seis millones de pesos ($6’000.000).   

Cópiese,       notifíquese      y  devuélvase   

JESÚS  VALL  DE  RUTÉN  RUIZ   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1  Folios 61 a 66.   

2 Folio  96.   

3 Folio  97.   

4  Folio 32.   

5  Folio 35.   

6  Folio 36.   

7  Folio 36.   

8  Artículo  374,  num.3°,  Código  de  Procedimiento  Civil.   

9  CSJ  SC  052  de  1º  de  abril de 2005, radicación  0346-01.   

10 CSJ  SC    064    de    25   de   abril   de   2005,   radicación   0989.   

11  Artículo          187,          ibídem.   

12  CSJ  SC  137  de  13  de octubre de 1995, radicación  3986.   

13  Folio 96.   

15  Folio 96.   

16 CSJ  SC  357  de  16  de  diciembre  de  2005,  radicación  1997-2016-01.   

17  CSJ  SC  de 25 de agosto de  2009,            radicación           11001-31-03-042-2005-00083-01.   

18  Folios 96 y 97.   

19  Folio 97.   

20  Sentencia número 184 de 3 de noviembre de 2004, exp.  #7327.   

21  CSJ  SC  207  de  07 de noviembre de 2002, Rad. 7587;  reiterada   en   sentencia  049  de  28  de  mayo  de  2004,  Rad.  7101,  entre  otras.   

22   Sentencia  número  133  de 5 de  octubre de 2006, exp.#30782-01.     

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *