SC17006-2014 [2010-02197-00]

2014

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    República    de  Colombia      

Corte Suprema de Justicia  

Sala de Casación Civil  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado Ponente  

SC17006-2014  

Radicación     n.°     11001-0203-000-2010-02197-00   

(Aprobado en sesión de diez de noviembre de  dos mil catorce)   

Bogotá, D. C., doce (12) de diciembre de dos  mil catorce (2014).   

Se  decide  el  recurso  de  revisión  que  interpuso  la  sociedad  Palmirana de Aseo S.A. E.S.P., respecto de la sentencia  de  24  de  noviembre  de  2008, proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Guadalajara  de  Buga, Sala Civil-Familia, en el proceso ordinario  promovido  por  Guillermo González Arce, fallecido, y Adriana González Perdomo  contra  la  sociedad  recurrente,  el  Municipio  de  Palmira  y  Augusto  Duque  Salazar.   

1. LA DECISIÓN CUESTIONADA  

1.1.  En  el proveído citado, confirmatorio  del  fallo  de  23  de  agosto de 2007, emitido por el Juzgado Primero Civil del  Circuito  de  Palmira, la sociedad ahora recurrente y los demás codemandados en  el  aludido  trámite,  finalmente, resultaron declarados civil y solidariamente  responsables  de  la muerte, en accidente de tránsito, de la señora María del  Carmen Perdomo Cabrera, acaecida el 7 de mayo de 1997.   

1.2.  Consecuentemente,  fueron condenados a  pagar  a  los actores, Guillermo González Arce y a Adriana González Perdomo, a  la  sazón,  cónyuge  e  hija de la causante, los perjuicios irrogados. A favor  del   primero,   lucro   cesante   consolidado   (138   meses),  $52’467.040;  lucro  cesante futuro (84.36  meses),   $18’481.275;  y  daño        emergente,        $1’390.334.   

Los  dos  primeros rubros equivalentes a una  tercera  parte  de  lo  devengado,  a  su  muerte, por María del Carmen Perdomo  Cabrera,  deducido  su  sostenimiento,  y que habría podido recibir de ésta el  consorte  beneficiario,  considerando  su  expectativa  de  vida  (18.53 años o  222.36 meses).   

2. EL RECURSO DE REVISIÓN  

2.1.  Se  apoya  en  el  artículo 380-6 del  Estatuto  Adjetivo, al “[h]aber existido colusión u  otra  maniobra  fraudulenta  de  las  partes  en  el proceso en que se dictó la  sentencia,  aunque no haya sido objeto de investigación penal, siempre que haya  causado perjuicios al recurrente”.   

Según la impugnante, Palmirana de Aseo S.A.  E.S.P.,  la  demandante Adriana González Perdomo y su abogada, doctora Luz Eddy  Escobar  Orejuela,  indujeron  en error a las autoridades judiciales, al ocultar  que   Guillermo   González   Arce,   había   fallecido   el  13  de  marzo  de  2004.   

Por esto, señala, no había lugar a liquidar  el  lucro  cesante, en los términos realizados, pues fundado en la esperanza de  vida   del  cónyuge  sobreviviente,  dicha  “(…)  expectativa  había desaparecido (…)” para el fallo  de   segunda   instancia,   inclusive  antes  de  pronunciarse  el  de  primera.   

2.2.  La  convocada al trámite del recurso,  Adriana  González  Perdomo,  se opuso a su prosperidad, ante la inexistencia de  la  colusión  o  fraude,  en  esencia,  por cuanto los perjuicios derivados del  trágico   deceso  de  María  del  Carmen  Perdomo  Cabrera,  se  causaron  sin  consideración a la muerte posterior de los beneficiarios.   

El  Municipio  de  Palmira  y  Augusto Duque  Salazar,   guardaron   silencio.   De   su   parte,   el   curador  ad   litem   de  Olga  Lucía  González  Perdomo,  llamada  como  heredera  determinada de Guillermo González Arce, y de  los sucesores indeterminados, dijo no constarle ningún hecho.   

2.3.  Las etapas subsiguientes, probatoria y  de alegaciones, fueron cabalmente surtidas.   

3. CONSIDERACIONES  

3.1. Las sentencias judiciales, pronunciadas  en  procesos  contenciosos, una vez ejecutoriadas, adquieren, por regla general,  el  sello  de  cosa  juzgada, por lo tanto, en pro de los principios de certeza,  seguridad   jurídica  y  paz  sociales,  son  inmodificables,  inimpugnables  y  coercibles.   

El  recurso  extraordinario  de  revisión,  empero,  se  ha instituido para derruir los efectos dichos, cuando los fallos en  firme  resultan  contrarios  a  la  justicia  y  al  derecho. Dada su naturaleza  exceptiva,  el  citado  medio de impugnación procede en los casos taxativamente  previstos    por    el    legislador    y    en    las    precisas    hipótesis  normativas.   

En  concreto,  respecto  de  las  causales  señaladas  en  el artículo 380 del Código de Procedimiento Civil, las cuales,  en  últimas,  apuntan  al  imperio  de  la  justicia  (numerales  1  a  6),  al  restablecimiento  del  derecho  de  defensa (numerales 7 y 8) y a la salvaguarda  del principio mismo de la cosa juzgada (numeral 9).   

3.2.  Los motivos dichos, en línea general,  se  estructuran  sobre  hechos y pruebas que trascienden el pleito, en contraste  con  circunstancias  y  elementos  de  convicción  inmanentes  o  presentes  al  interior  del  juicio,  propios  de  otros medios de impugnación, inclusive del  también extraordinario de casación.   

En  el recurso de revisión, tiene explicado  esta   Corporación,  los  “(…)  temas  alegados,  discutidos  y  decididos  en  el  proceso  en  el  cual  se  dictó la sentencia  recurrida,  constituyen  materia  inapropiada  para  fundarlo,  porque de no ser  así,  se  legitimaría,  sin  más,  la  reapertura  de debates concluidos, con  desmedro  del  principio de seguridad que al fin es el que justifica la vigencia  de     la    cosa    juzgada    (…)”1.   

La  controversia,  como se observa, no puede  ser  reeditada,  sino  debe  versar  sobre  hechos  nuevos, sucedidos y hallados  generalmente  fuera del proceso, al margen de si son anteriores, concomitantes o  posteriores  al  mismo.  Lo importante, atendiendo la causal escogida, es que al  momento  de  proferirse  la providencia impugnada la circunstancia inexistente o  ignorada   por  el  juez  haya  redundado  en  la  adopción  de  una  decisión  inicua.   

3.2.  La causal de revisión propuesta en el  sub  lite, se estructura en  dos   hipótesis   distintas.  La  primera,  en  el  evento  de  “(…)  colusión  (…)”, esto es, de un  pacto  o acuerdo de las partes con el propósito avieso de causar perjuicio a un  tercero;  y  la  segunda,  en  el caso de una “(…)  maniobra   fraudulenta   (…)”   de   uno  de  los  contendientes    en    detrimento    de   los   demás,   específicamente   del  recurrente.   

Se  tipifica,  en  general,  según  lo  ha  sostenido  la  Corte,  “cuando las partes, o una de  ellas,  despliega  una actividad deliberada, consciente e ilícita, encaminada a  falsear  la  verdad,  con  miras  a inducir en error al juzgador, malogrando los  derechos  que  la  ley  concede  a  terceros  o  a  los otros sujetos procesales  (…)”2.   

En  concreto,  la  maniobra  fraudulenta, al  decir  de  la  Sala,  “(…) puede corresponder a la  estrategia  procesal  de  una  de  las partes encaminada a disfrazar la realidad  procesal  en  pos  de  engañar  al  juzgador  y  hacerlo incurrir en error para  obtener  por  esa  senda  una  sentencia  que,  al  no  amoldarse  a la realidad  fáctica,   es  decir,  a  la  verdad,  indudablemente  vendrá  a  ser  injusta  (…)”3.   

En todo caso, al margen de si la víctima de  la  conducta  maquinada  o  deformada de la realidad, es un tercero o una de las  partes,  se  requiere,  además  de la existencia del perjuicio, que haya tenido  entidad  suficiente  como  para  engañar  al  juez  y determinado la decisión.  Tratándose  de  la  ocultación  de  hechos, que en la hipótesis de haber sido  conocidos, el pronunciamiento habría sido distinto.   

3.3.  En el asunto materia de examen resulta  incontrastable  que  el óbito del demandante Guillermo González Arce, ocurrido  el  13  de  marzo  de  2004,  no  fue  informado al proceso por su hija, la otra  pretensora,  antes  del  23  de  agosto  de  2007 y del 24 de noviembre de 2008,  fechas  de los fallos de instancia. De haberse noticiado dicha circunstancia, la  pregunta  que surge es ¿cómo se habría proyectado en el campo procesal, en la  adopción  de  la  decisión  definitiva  y  en  sus  consecuencias?     

3.3.1.  Con  relación a lo primero, ninguna  incidencia  tendría,  por cuanto al estar representado el citado, al momento de  su  muerte,  por  apoderado judicial, el hecho no es causal de interrupción del  proceso  (artículo  168-1  del  Código  de  Procedimiento  Civil);  tampoco de  terminación  del  poder,  según  los  términos  del  artículo  69, inciso 5,  ibídem.  La  razón de ser  estiba  en  que  así  se  preserva  y  garantiza  la  continuidad de la defensa  técnica,  sin  perjuicio,  claro  está,  de  la  posibilidad  que  tienen  los  sucesores del fallecido de constituir un nuevo mandatario.   

Simplemente,  acaecido  el  deceso  de  un  litigante,      al      tenor      del      artículo      60,      ejusdem,  se  presenta  la  figura  de la  sucesión  procesal, sin traumatismo alguno, pues el trámite continuará con el  cónyuge,   el   albacea   con   tenencia   de   bienes,  los  herederos,  o  el  correspondiente curador.   

3.3.2.  En  el  campo  de la responsabilidad  demandada,  la  declaración  de  tal seguiría siendo la misma, inclusive en el  caso  de  haberse  conocido  la  defunción en cuestión antes de proferirse los  mentados fallos.   

Por  esto,  seguramente,  al introducirse el  recurso  extraordinario  de  revisión, se manifestó, lo cual se recabó en los  alegatos   de   conclusión,  que  “(…)  no  [se]  pretende  poner en tela de juicio la responsabilidad civil que fuera derivada en  el  proceso  ordinario  adelantado  en  contra de Palmirana de Aseo S.A. E.S.P.,  así  como  del  municipio  de  Palmira  y  del  señor  Augusto  Duque  Salazar  (…)”.   

3.3.3.  Resta  establecer,  entonces,  si la  ocultación  del  hecho  en cuestión, incidió en la extensión temporal de las  condenas espetadas a favor de Guillermo González Arce.   

3.3.3.1.  Según  la  recurrente,  el  lucro  cesante  sólo  era  dable  liquidarlo  entre  el 7 de mayo de 1997, fecha de la  muerte  trágica de María del Carmen Perdomo Cabrera, y el  13 de marzo de  2004, cuando falleció el antes citado.   

3.3.3.2.  Conforme  quedó  planteado  en el  pleito  donde  se  profirió  la  sentencia ahora impugnada, el perjuicio por el  lucro  cesante  se  hizo  derivar  del  salario  devengado  para  la  época del  accidente   por   la   víctima,   deducidos  sus  gastos,  fijados  al  efecto,  promediados, en el 25%.   

Lo anterior, al decir del juzgador de segundo  grado,  “(…) por cuanto se acreditó que la occisa  devengaba  (…)  en  el  año  1997  (…)  2.32  salarios mínimos”.  De ahí, al encontrar conformado el hogar, además de aquella,  por  el  cónyuge  y  dos  hijas  comunes,  y al establecer que el ingreso de la  fallecida  se  destinaba  al sostenimiento del núcleo familiar, señaló que la  “(…)  renta  actualizada  deberá  repartirse  de  manera     equitativa     entre    esas    tres    personas    (…)”.   

En   ese   orden,   dijo,  “(…)  1/3  parte de la renta calculada (…) se destinará para la  liquidación  de  los  perjuicios  de Guillermo González Arce (…)”.   

3.3.3.3.  Como  se  observa,  los perjuicios  demandados  no  son  los  pertenecientes  a  la  víctima, transmisibles, por lo  tanto,  a  sus  herederos, entre otras cosas, porque murió en el instante mismo  del  suceso,  sino los propios del demandante que falleció en el transcurso del  proceso.   

Como  tiene  sentado  esta  Corporación, el  “(…) accidente que causa la muerte de una persona  y  que da lugar a la indemnización de perjuicios, no puede considerarse como un  bien  patrimonial  del  muerto,  por  cuanto  la  muerte  no tiene eficacia para  acrecentar      el      patrimonio      del      fallecido     (…)”4.   

En   el   mismo  sentido,  “(…)  si  la  muerte  fue instantánea o inmediata, el crédito no  surgiría  para  el  occiso, y no [se] podría pronunciar condena en favor de la  sucesión  del  mismo, y los herederos podrían entonces reclamar resarcimiento,  pero  sólo  por  derecho  propio  (…)”5.   

Así,   reiteró   luego,   “(…)  fallecida  una  persona no hay  lugar  a  reclamar,  a  título  de  lucro  cesante  [e]  iure  hereditatis, las  ganancias  o  utilidades  que,  de  haber  continuado su existencia, el causante  hubiera  percibido  hasta  la terminación de su vida probable, pues el hecho de  la  muerte hace que cese la actividad productiva y que, por ende, exista certeza  de    que    los    mencionados    ingresos    no   se   producirán”6.   

Lo dicho, entonces, explica la razón por la  cual  el  Tribunal  limitó  la  indemnización  de  Guillermo  González  Arce,  particularmente  el  lucro cesante, a un porcentaje de los ingresos laborales de  la  causante,  a  la sazón su cónyuge, y dentro de un determinado tiempo, esto  es, el correspondiente al de su vida probable.   

La  precisión  es  importante,  por  cuanto  tratándose      de      un     perjuicio     iure  hereditario, vale decir, radicado en la masa de bienes  de  la  sucesión,  el  lucro cesante se comprendería entre el óbito de María  del  Carmen  Perdomo  Cabrera  y su expectativa de vida, sin consideración a la  supervivencia   ni   a  la  capacidad  económica  de  quienes  la  heredarían.   

3.3.3.4.   Además   de   constituir   una  obligación  recíproca  (artículo  113  del  Código Civil),  los esposos  normalmente  se  ayudan  hasta  su  muerte.  Por  esto, en la reclamación de un  perjuicio   iure  proprio,  frente  al deceso trágico de uno de ellos, la indemnización debe comprender el  lucro  cesante,  pasado  y  futuro,  cuando los ingresos provenientes de la vida  humana,   la  cual,  por  supuesto,  carece  de  contenido  económico,  se  ven  frustrados por la pérdida de ésta.   

El  daño  a  resarcir,  desde  luego, es el  realmente  causado  en  la  esfera  del  sujeto  damnificado.  Tratándose de un  interés  propio,  por  ejemplo,  proveniente  de  la privación de ingresos, el  equivalente  al recurso suprimido. Si el perjuicio no corresponde a la realidad,  todo   traduciría   en   un  enriquecimiento  del  beneficiario  y  no  en  una  reparación.   

En  el  caso  del cónyuge sobreviviente, la  acción   iure  proprio  se  concretaría  en  la  ayuda  que  habría  recibido durante la vida probable del  consorte  fallecido, siempre que éste sea mayor que aquél, en el entendido que  su   fallecimiento   ocurriría   primero;  o  en  caso  contrario,  durante  la  expectativa   de   vida   del   demandante.  La  distinción,  se  recuerda,  es  insustancial  en  la  hipótesis  del  perjuicio  iure  hereditario,  por  cuanto  ahí  contaría únicamente  toda la supervivencia probable de la víctima.   

Por  esto, con ese propósito, la Sala tiene  decantada  la  necesidad  de establecer, entre otros requisitos, como el salario  de  la  víctima y lo que destinaba a su propia subsistencia, la “(…)  vida  probable  de  los  demandantes y el periodo durante el  cual   estarían   destinados   a   seguir  recibiendo  la  truncada  asistencia  económica”7.   

Ahora,  como  el  lucro  cesante  futuro  se  relaciona  con  un interés que no ha entrado en el patrimonio de una persona, a  raíz   del   perjuicio  ocasionado,  significa,  cuando  la  circunstancia  que  condiciona  ese  ingreso,  consistente  en la supervivencia del beneficiario, se  precipita  por  la  muerte  de éste, es claro, en ese momento el daño personal  cejaría. Según la doctrina:   

“(…)  puede  suceder  que  en  el momento en que se juzga el daño la atribución del bien se  habría  ya  verificado  de no haber concurrido el hecho dañoso, por lo que, he  aquí,  y  ahora, que la situación del perjuicio se exterioriza sensiblemente y  el   daño   puede   considerarse   como   presente   actual.  Valga  decir,  el  acontecimiento  que  ha impedido el incremento patrimonial se ha realizado en el  intervalo  que  existe  entre  el  hecho  dañoso y el juicio, por lo que, en el  momento  del  tal  juicio,  el  daño  por  lucro  cesante,  es actual, presente  (…)”8   

.    

En otras palabras, fallecido el damnificado,  el  acreedor  del  lucro  cesante,  en  la  hipótesis  de  pervivir la víctima  fallecida  trágicamente,  incontestablemente,  la  ayuda  y el socorro de ésta  hacia  aquél,  hasta  ahí  habría llegado. Así, ocurrida esa muerte antes de  proferirse  el  fallo,  lugar donde cabe apreciar el hecho, en los términos del  artículo  305,  in fine, del  Código  de Procedimiento Civil, el perjuicio se exteriorizaría, en tanto ya no  sería futuro, sino actual.   

3.3.3.5. En ese orden, le asiste razón a la  sociedad  recurrente  al sostener que el lucro cesante comprendía entre el 7 de  mayo  de  1997,  fecha  de  la  muerte  de  María del Carmen Perdomo Cabrera, y  el   13  de  marzo  de  2004,  cuando  falleció  el  demandante  Guillermo  González Arce.   

Liquidado  en  un  período mayor, hasta la  expectativa  de vida de este último, según las tablas de mortalidad, y no a su  muerte  real, la indemnización superó la magnitud del daño, en detrimento del  extremo  demandado.  Y esto ocurrió porque como la parte demandante no informó  al  proceso  la  defunción  dicha,  los  juzgadores  no  se  enteraron  de  esa  circunstancia.   De  haberla  sabido,  muy  seguramente,  el  resarcimiento  del  perjuicio se habría ajustado a la realidad.   

Por  supuesto, si el actor fallecido era el  padre  de  la  otra  pretensora,  ésta,  por  lo  tanto, heredera de aquél, el  sentido  común  no permite excusar la conducta en el desconocimiento del hecho.  Esto   significa,  contrario  a  lo  alegado  en  la  oposición,  en  el  campo  estrictamente  civil,  que  se faltó a los deberes de lealtad, probidad y buena  fe.  Con mayor razón, cuando el matrimonio de María del Carmen Perdomo Cabrera  con  Guillermo  González  Arce,  fue  aducido  en el libelo genitor del proceso  precisamente   como   puntal   para   fundamentar  y  elevar  las  pretensiones.   

3.3.4. En consecuencia, al resultar fundada  la  causal de revisión invocada, se precisa, la cosa juzgada queda destruida en  forma  parcial,  en  cuanto  el  hecho  ocultado irradia sus efectos únicamente  sobre  la  extensión de las condenas prodigadas en favor de Guillermo González  Arce.   

Tocante  con  el  lucro  consolidado,  la  decisión  se  concretará  a  ajustarlo a la realidad, sobre las bases sentadas  por  el  Tribunal y en la misma fecha, lugar donde quedó actualizado, pues como  se   explicitó,  “(…)  se  partió  del  salario  mínimo  actual,  y  la  fórmula  aplicada  envuelve  el  reconocimiento  de un  interés  del  seis  por ciento anual por tratarse de un capital que se dejó de  recibir en el pasado”.   

Si la indemnización por ese concepto debió  liquidarse,  a  razón de $267.670 mensuales, entre el 7 de mayo de 1997 y el 13  de  marzo  de  2004,  esto es, 82 meses y 7 días, resulta bien claro, no podía  aplicarse,  como  se  hizo,  sobre  138  meses, para un total de $52’467.040-   

Se  debe, entonces, descontar la diferencia  reconocida,  vale  decir,  56.23  meses,  lo  cual  equivale  a  $21’582.456.91. Así, como producto final,  en  la  modalidad  de  lucro  cesante  consolidado,  se  tiene  la  cantidad  de  $30’884.583.09.   

3.4.  En  ese  orden  de  ideas, además de  invalidarse  la  sentencia,  en  cuanto  a  la condena por lucro cesante futuro,  entendiéndose  también  en   la  decisión  el  exceso  del lucro cesante  consolidado,  se  procederá  de  conformidad,  a cuyo efecto se reproducirá la  parte  resolutiva,  con  los  ajustes correspondientes, para mejor comprensión,  sin  que,  de  otra  parte,  haya  lugar  a  condenar  en  costas en el trámite  extraordinario, ante su prosperidad.   

3.5.  Finalmente,  aunque  no  es admisible  argumentar  contra  la  prosperidad  del recurso de revisión, que los daños se  causaron  sin  perjuicio  de la muerte posterior de los beneficiarios, considera  la  Corte,  frente  a  la  distinción  que  tuvo que hacerse sobre el perjuicio  iure  proprio  e  iure  hereditario, para así develar la  falta,  que  ésta,  como ya se insinuó, no trascendió el ámbito civil, salvo  prueba  en  contrario,  en  cuyo caso incumbe a los interesados presentarla ante  las   autoridades   que  en  otras  direcciones  adelantan  las  investigaciones  correspondientes.         

4. DECISIÓN  

4.1.  En  mérito  de lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre  de   la  República  de  Colombia  y  por  autoridad  de  la  Ley,  declara  fundado  el  recurso de revisión  que  interpuso  la  sociedad  Palmirana  de  Aseo  S.A.  E.S.P.,  respecto de la  sentencia  de  24  de  noviembre de 2008, proferida por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Guadalajara  de  Buga, Sala Civil-Familia, en el proceso  ordinario   promovido   por  Guillermo  González  Arce,  fallecido,  y  Adriana  González  Perdomo  contra  la  sociedad  recurrente,  el Municipio de Palmira y  Augusto Duque Salazar.   

4.2. Consiguientemente:  

4.2.1.  Se invalida la modificación que se  introdujo  al numeral 7, punto 2.2., del fallo del juzgado, en cuanto reconoció  a    favor    de    Guillermo   González   Arce,   fallecido,   “[a]   título   de   lucro   cesante   futuro.  Dieciocho  millones  cuatrocientos   ochenta   y   un   mil   doscientos   setenta   y   cinco  pesos  ($18’481.275)”.   

4.2.2.  En lo demás, el fallo se mantiene,  con   transcripciones   y   adecuaciones   respectivas,   en   la   forma   como  sigue:   

“PRIMERO:  CONFIRMAR  la  sentencia  apelada,  EXCEPTO  el  numeral  SÉPTIMO  de  su parte  resolutiva el cual se MODIFICA de la siguiente manera:   

“‘7º.)  CONDÉNASE,  en  consecuencia, a los demandados MUNICIPIO DE  PALMIRA,     SOCIEDAD     DE     ASEO     DE     PALMIRA    S.A.    ‘URBASEO’   hoy               PALMASEO S.A. E.S.P., Y  AUGUSTO  DUQUE  SALAZAR, a pagar  a los demandantes a título de perjuicios  materiales,  dentro  de  los  seis  (6) días siguientes a la ejecutoria de esta  providencia, las siguientes sumas de dinero:   

“1. A favor de  ADRIANA GONZÁLEZ PERDOMO:   

“1.1. A título  de  lucro  cesante  consolidado,  ONCE  MILLONES SETECIENTOS OCHENTA Y CINCO MIL  OCHOCIENTOS      TREINTA      Y     UN     PESOS     M7CTE.     ($11’785.831).   

“2. A favor de  GUILLERMO GONZÁLEZ ARCE:   

“2.1. A título  de   lucro  cesante  consolidado”  TREINTA  MILLONES  OCHOCIENTOS   OCHENTA   Y   CUATRO   MIL   QUINIENTOS   OCHENTA   Y  TRES  PESOS  ($30’884.583).   

“(…)   

“2.3. A título  de  daño  emergente,  UN  MILLÓN TRESCIENTOS NOVENTA MIL TRESCIENTOS TREINTA Y  CUATRO     PESOS     M/CTE.     ($1’390.334).   

“SEGUNDO:  Sin  costas por no aparecer causadas”.   

4.4. Sin costas en revisión, ante el éxito  del recurso.   

4.5.  En  su  oportunidad,  devolver  a  la  oficina de origen el original del proceso y archivar la actuación.   

CÓPIESE Y NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ  

Presidente de la Sala  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ALVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1 CSJ.  Civil. Sentencia 234 de 1º de diciembre de 2000, expediente 7754.   

2 CSJ.  Civil.  Sentencia  031  de  28  de  julio  de 1997, expediente 5568 (CCXLIX-149,  Segundo Semestre, Volumen I), reiterando jurisprudencia anterior.   

3 CSJ.  Sentencia 119 de 30 de octubre de 2007, expediente 2005-00791.   

4 CSJ.  Sala   de   Negocios   Generales.   Sentencia   de   15   de   julio   de   1949  (LXVI-527).   

5 CSJ.  Civil. Sentencia de 4 de abril de 1968 (CXXIV-65).   

6  CSJ.  Civil.  Sentencia  de 13 de septiembre de 2013,  expediente 37459.   

7 CSJ.  Civil.  Sentencia  150  de  5  de octubre de 2004, expediente 6975, reiterado en  fallo de 31 de julio de 2008, expediente 00096, entre otros.   

8  DE  CUPIS,   Adriano.  El  Daño.  Teoría  General  de  la  Responsabilidad  Civil.  Barcelona: BOSCHO, Casa Editorial S.A., 1970-320/321.     

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