SC5366-2014 [2003-00527-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado Ponente  

SC5366-2014  

Aprobada en Sala de cinco de noviembre de dos  mil trece   

Bogotá,  D. C., cinco (5) de mayo de dos mil  catorce (2014)   

Se  decide  el  recurso  de  casación  de la  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXX,  respecto de la sentencia de  14  de  marzo  de 2011, proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá,  Sala  Civil,  en  el proceso ordinario promovido por la recurrente  contra la XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX.   

ANTECEDENTES  

1.-  En el libelo que originó el proceso, la  sociedad  demandante  solicitó  que  se  declarara  infundada  la objeción que  formuló  la  entidad  convocada,  el  18 de febrero de 2003, con relación a la  reclamación  que  ella  elevó el 3 del mismo mes y año, con base en el amparo  otorgado  mediante  la  póliza  de  cumplimiento 1178787 de 15 de septiembre de  2000.   

Consecuentemente, que reconocida la existencia  del  siniestro, se condenara a la compañía de seguros involucrada a pagar a la  pretensora  el  valor  de  la  indemnización,  en  cuantía de $298’342.970,  con  los  intereses  de  mora  entre  el  30  de  octubre  de  2001  y la fecha de presentación de la demanda,  estimados  en  $158’641.388,  así   como   los  réditos  venideros  a  la  “tasa  máxima”  legal  comercial, hasta cuando se pague la  obligación.   

2.-  Las pretensiones se fundamentaron en los  hechos que en lo pertinente se compendian:   

2.1.-  Mediante  contrato  de “suministro   y   compraventa   de   productos   lácteos”,    celebrado   el   15   de   marzo   de   2000,   la   empresa  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,     en     calidad     de     “consumidor   comprador”,  se  obligó  a  pagar  a  la  sociedad  demandante,  como  “proveedor  vendedor”,  con  intereses, según el caso, el valor  de  las  mercancías  recibidas,  en  un  plazo máximo de sesenta y tres días,  contados  a  partir de la fecha de facturación, y a constituir una garantía de  solidez   y   cumplimiento   que   incluyera   el   pago   del   precio  de  los  bienes.   

2.2.-  Frente a lo anterior, la adquirente de  los  derivados lácteos, fungiendo de tomadora, suscribió el 7 de septiembre de  2000,  con  la  compañía  de  seguros  demandada,  la  póliza de cumplimiento  1178787,  con  vigencia de un ciclo a partir del 15 de los mismos mes y año, en  la  cual  señaló  como  asegurada  a  la  demandante,  en  cuantía límite de  $700’000.000.   

2.3.- El 30 de julio de 2001, la beneficiaria  del  seguro dio aviso del siniestro, consistente en la existencia de una cartera  “vencida de 0 a 30 días”  de   $300’707.328  y  de  “31   a  60  días”  de  $129’232.600”, y el 30 de  agosto  del  mismo  año,  la  compañía  de  seguros  contestó  que no había  elemento  alguno  que  permitiera “deducir la posible  afectación de la garantía otorgada”.   

2.4.- La reclamación formal presentada luego,  el  3 de febrero de 2003 fue objetada por la sociedad demandada el 18 siguiente,  argumentando  el  cumplimiento  del  contrato por parte de la empresa afianzada,  pues  en  su sentir lo que existía era uno de agencia comercial; cobro de lo no  debido,  derivado de una doble facturación de los productos; y pleito pendiente  en    un    Tribunal   de   Arbitramento,   respecto   de   la   “naturaleza   de   la   relación  hasta  el  incumplimiento  de  las  obligaciones”.   

    

2.5.- Si bien en el laudo arbitral, adiado el  24  de  junio  de  2003,  aclarado  el  3  de  julio  de  2003,  se  aceptó  la  “existencia    de    un    contrato   de   agencia  comercial”,  también  es  cierto  que  allí quedó  probado   que   la    XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX   XXXX   incumplió  sus  obligaciones,  y  que  por  esa  razón  fue  condenada a pagar a XXXXXXXXXXXXX,  $298’342.970  a título de  capital,  y  $143’040.034,  por concepto de intereses.   

2.6.- El 27 de junio y el 8 de julio de 2003,  la  sociedad  demandante  puso  en  conocimiento  de la aseguradora convocada el  contenido  de  la  anterior decisión, para hacer ver que la objeción propuesta  contra  la  reclamación  formal invocada, carecía de respaldo, sin que se haya  pronunciado al respecto.   

3.-  La  sociedad  demandada  se opuso a las  pretensiones,    arguyendo,    en    lo   esencial,   que   el   “soporte   de   la   reclamación  fue  serio  y  fundado”,  pues,  para  la  época,  no fue demostrado el siniestro ni su  cuantía.   

3.1.-  A  su  vez, formuló, entre otras, la  excepción  de  prescripción de la acción derivada del contrato de seguro, por  cuanto  a  la  fecha  de  presentación  de  la demanda, el 31 de julio de 2003,  había  transcurrido  el  tiempo extintivo de dos años previsto en el artículo  1081  del  Código  de Comercio, contado “desde el 30  de   julio   de  2001”,  cuando  el  “asegurado          conoció         el         siniestro”.   

3.2.-  La  demandante solicitó se declarara  infundado  el  medio  defensivo,  por  cuanto  si  el  término de prescripción  vencía  el 30 de julio de 2003, debía descontarse el tiempo transcurrido entre  el  26  de  mayo  y  el  6  de junio, a raíz de la conciliación prejudicial en  derecho  fallida,  contemplada  en los artículos 21 y 22 de la Ley 640 de 2001,  razón  por  la  cual  el  plazo extintivo realmente vino a completarse el 12 de  agosto de 2003, mucho después de haberse presentado la demanda.   

4.- El Juzgado Catorce Civil del Circuito de  Bogotá,  en  sentencia  de  7  de  julio  de  2008,  negó las pretensiones, al  encontrar,  conforme se concluyó en el laudo arbitral, que el riesgo asegurado,  consistente  en  el  incumplimiento contractual, había acaecido después del 15  de  septiembre  de  2001,  en  concreto, el 30 de octubre, cuando el contrato de  seguro había expirado.   

5.-   En  el  recurso  de  apelación,  la  demandante  sostiene  que  si  el  Tribunal  de Arbitramento consideró que como  “no  aparecía  discriminado el valor del capital de  cada  factura  para  que  pueda  ser  liquidado individualmente, se tomará como  fecha  de  inicio  de la mora, el 30 de octubre de 2001 (63 días después de la  última  factura)”,  fácilmente se concluía que el  acaecimiento   del   siniestro   se  produjo  antes  del  15  de  septiembre  de  2001.   

5.-  El  superior,  en el fallo recurrido en  casación,  llegó  al  mismo  resultado  del juzgado, pero como consecuencia de  encontrar fundada la excepción de prescripción propuesta.   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

1.-  Establecida la existencia de la póliza  de  seguro  e  identificado  el  riesgo amparado, el ad  quem consideró que antes de adentrarse a estudiar los  argumentos  de  la  apelación,  la  lógica  imponía  resolver  de antemano la  comentada  excepción,  porque del éxito o no de ésta, pendía el análisis de  lo demás.   

   

2.- Con ese propósito, el juzgador, fundado  en  las  comunicaciones  mencionadas  en  el  dictamen  pericial  trasladado del  proceso  arbitral,  dejó  sentado que la sociedad XXXXXXXX XXXXXXXXXX, conoció  el     “incumplimiento    contractual    de    XX  XXXXXXXXXXX”,  a  partir  del 26 de octubre de 2000,  cuando  aquélla  comunicó  a  esta  última  que tenía una cartera vencida de  $317’910.088.   

Esa  conducta,  dice,  se sucedió de manera  sistemática  después,  puesto  que  dentro  de  esos documentos aparecían los  oficios  de  9  de noviembre y 11 de diciembre de 2000, y de 10 y 31 de julio de  2001,  donde  la parte demandante daba cuenta de la existencia de obligaciones a  cargo  de  la  afianzada,  vencidas  y  algunas en mora, inclusive en la última  comunicación,  por  esas  mismas  razones,  se  da  por  terminada la relación  contractual.    

Frente  a  lo  anterior,  concluye  que  la  excepción  de prescripción debía declararse probada, toda vez que, a la fecha  de  presentación  de  la demanda, el 31 de julio de 2003, el término extintivo  de  dos  años  contemplado  en  el  artículo  1081,  inciso 2º del Código de  Comercio,   contado  desde  el  citado  26  de  octubre  de  2000,   había  transcurrido,  aún con exclusión del lapso en que estuvo suspendido a raíz de  la conciliación extrajudicial.   

3.-  El Tribunal, por lo tanto, modificó el  fallo  apelado  y  declaró, en lugar de la decisión del juzgado, la excepción  de prescripción de la acción derivada del contrato de seguro.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

CARGO ÚNICO  

1.-  Acusa  la  violación  indirecta de los  artículos  1602,  1603,  1608,  1610,  1613 a 1615, 1618, 1622, 1757 y 2361 del  Código  Civil, 1 a 4, 822, 870, 871, 1036, 1045, 1054, 1072, 1077 y 1081 a 1083  del  Código  de Comercio, 90 y 177 del Código de Procedimiento Civil, 2 y 4 de  la Ley 225 de 1938.   

2.- En sentir de la demandante recurrente, el  sentenciador  de  segundo  grado  incurrió  en  los siguientes errores de hecho  probatorios:   

2.1.-  Con  independencia  de la nominación  jurídica   dada   por   las  partes,  respecto  del  contrato  celebrado  entre  XXXXXXXXXXXXX    y    XXXXXXXXXXXXXX,    en   todo   caso   de   “agencia   comercial”,  según  el  laudo  arbitral;  omitió  su  aplicación  práctica,  explicada  en el dictamen allí  evacuado.   

De  acuerdo  con  ese medio, en efecto, el  manejo  y  pago  de  suministros  se  llevaba  a  través  de un sistema llamado  “cuenta      corriente      contable”,  en  cuya  virtud,  la  primera  de  las  sociedades nombradas,  emitía  con  destino  a  la  segunda, un oficio sobre saldo de cartera, para su  análisis, precisión y objeción.   

Esa  circunstancia,  por  sí,  frente  a la  incertidumbre  de  la conciliación de la cuenta, le resta el grado de morosidad  afirmado  por  el Tribunal, respecto de las obligaciones, al punto que ese hecho  le  sirvió  de  base a XXXXXXXXXXXX, para objetar la reclamación formal que le  fuera presentada.   

En  todo  caso,  dice,  de haber existido la  mora,  no  se  tuvo  en  cuenta  que  fue  purgada, al ser cancelados los saldos  vencidos  y  honrados  los  intereses  pertinentes,  según  la cuenta corriente  contable puesta en práctica por las partes.   

Es más, el argumento del Tribunal, referente  a  que  el  siniestro ocurrió el 26 de octubre de 2000, resulta contraevidente,  porque  si  la  obligada  tenía  sesenta y tres días máximo para cancelar las  facturas,   contados  desde  su  fecha,  el  seguro,  vigente  desde  el  15  de  septiembre,  no  podía  cubrir una mora de “menos de  un mes” que no se había causado.   

2.2.-   El   ad  quem,  agrega,  también  debió  observar el anexo 19  presentado  por  los peritos, donde el saldo de la obligación, a 31 de julio de  2001,  se  establece  “una vez efectuados los abonos  por  los  pagos  realizados  por  los  almacenes  de cadena y otros clientes con  posterioridad a esa fecha”.   

Si  el análisis inicia con la factura de 12  de  mayo de 2001, y toma el mes de agosto como referente para su liquidación, y  lo   propio   se  hace  en  los  meses  de  junio  y  julio,  significa  que  la  “cartera  previa  había  sido  cruzada,  es  decir,  pagada,  razón  por  la  cual  mal  haría  en  pregonarse  la ocurrencia de un  siniestro  inexistente,  como erróneamente lo entendió el Tribunal, por cuanto  la     mora     preexistente     si    la    hubo,    fue    purgada”.   

2.3.- La “indebida  valoración  (…) probatoria”, enfatiza, respecto de  la  realización  efectiva  del riesgo, también se extiende a la respuesta dada  sobre   el  particular  por  XXXXXXXXXXX,  según  la  cual  la  “cartera  vencida  y  pendiente de pago, invocada por XXXXXXXXX, como  causal  para  dar por terminado el contrato, se encuentra a cargo de sus propios  clientes,  y  son  estos  los  que  pueden  presentar  algún tipo de mora en su  pago”.   

2.3.-  Igualmente,  subraya, el ad   quem   apreció   erróneamente  los  requerimientos  contenidos  en los oficios de 26 de octubre, 9 de noviembre y 11  de  diciembre  de  2000,  y  de  10  de julio de 2001, pues aparte de haber sido  enviados  durante  la  vigencia  de  la  póliza de seguro, allí se habla de la  cartera  por vencer y vencida de 30 y 60 días, a cargo de XXXXXXXXX XXXXX, así  como de la imputación de abonos realizados.   

El  juzgador,  por lo tanto, “[n]o   vio   que   (…)   estos   requerimientos  eran  puestos  en  conocimiento  de la XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX y que ellos fueron cubiertos, es decir,  pagados”,   excepción   hecha   del   oficio   de  terminación  del contrato, calendado el 31 de julio de 2001, en donde, además,  se  discrimina  la  cartera  vencida de “1-30” y de  “31-60” días.    

3.- Concluye la recurrente que si el Tribunal  hubiere  valorado en debida forma el contrato afianzado, el dictamen evacuado en  el  proceso  arbitral,  en  el  cual se señala como fecha de vencimiento de las  obligaciones  el  1º  de  agosto  de  2001,  así  como  los  requerimientos en  cuestión,  habría declarado infundada la prescripción de la acción ordinaria  derivada  del  contrato de seguro, pues el siniestro a que alude, acaecido el 26  de  octubre  de  2000,  es  inexistente, pero como no lo hizo, violó las normas  citadas al comienzo del cargo.   

4.-  Solicita,  en  consecuencia,  se  case  totalmente  la  sentencia  impugnada y que en sede de instancia la Corte revoque  el fallo apelado y emita la decisión correspondiente.   

CONSIDERACIONES  

1.-  Recibida la excepción de prescripción  ordinaria  de  la  acción  derivada  del  contrato  de seguro, se supone que el  sentenciador,  inclusive  sin  proponérselo, encontró que el derecho reclamado  era  cierto  e indiscutido, así exprofeso haya dicho que prefería el análisis  de  ese  medio  defensivo,  porque  por  lógica  no  se puede extinguir, por el  fenómeno aludido, lo que es inexistente.   

1.1.-  La  jurisprudencia  de  la Sala tiene  explicado  que la “(…) excepción de mérito es una  herramienta  defensiva  con  que  cuenta el demandado para desmerecer el derecho  que  en  principio le cabe al demandante; su función es cercenarle los efectos.  Apunta, pues, a impedir que el derecho acabe ejercitándose.   

“A   la  verdad,  la  naturaleza  de  la  excepción  indica  que  no  tiene  más  diana  que  la  pretensión  misma; su  protagonismo  supone, por regla general, un derecho en el adversario, acabado en  su  formación,  para  así  poder  lanzarse  contra  él  a fin de debilitar su  eficacia  o,  lo  que  es  lo  mismo,  de  hacerlo  cesar  en  sus  efectos;  la  subsidiariedad  de  la  excepción  es, pues, manifiesta, como que no se concibe  con   vida   sino  conforme  exista  un  derecho;  de  lo  contrario,  se  queda  literalmente sin contendor.   

“Por  modo que, de ordinario, en  los  eventos  en  que  el  derecho no alcanza a tener vida jurídica, o, para decirlo  más  elípticamente, en los que el actor carece de derecho porque este nunca se  estructuró, la excepción no tiene viabilidad.   

“De  ahí que la decisión de todo litigio  deba    empezar   por   el   estudio   del   derecho   pretendido   ‘y  por  indagar  si  al  demandante le  asiste.   Cuando   esta  sugestión  inicial  es  respondida  negativamente,  la  absolución  del demandado se impone; pero cuando se halle que la acción existe  y  que  le  asiste  al  actor,  entonces  sí  es  procedente  estudiar  si  hay  excepciones    que    la    emboten,    enerven    o    infirmen’   ”1.   

1.2.- Y a no dudarlo, el sentenciador superó  la  existencia  de  la  relación  aseguraticia,  en  donde  abreva  el  derecho  indemnizatorio;   el   riesgo   asegurado,  esto  es,  el  cumplimiento  de  las  obligaciones  provenientes del suministro y compraventa de productos lácteos; y  la  ocurrencia  del  siniestro,  como  es  la  falta  de pago de las mercancías  entregadas.   

Lo  primero, cuando, con vista en la póliza  presentada,    señaló    que   “se   [había  acreditado]  en  el  plenario  la  existencia  del  contrato  de seguro de cumplimiento”  entre       “XXXXXXXXXX      XXXX,     como  afianzada”,   a   la   sazón   tomadora,   y   la  “aseguradora”,    la  compañía  “XXXXXXXXXX”,  en    la    que,    además,    figuraba    en    calidad   de   “asegurada” la demandante “XXXXXXXXXX.”.   

El  hecho  asegurado,  al decir, también de  cara  a  dicho  contrato  que  el  interés  de XXXXXXXXXXXXX, consistía en que  “no   se   incum[plieran]  las     obligaciones     contraídas     por     la  afianzada”    derivadas    del    “suministro   y   compraventa   de   productos   lácteos”.   

El acaecimiento del siniestro, al establecer,  a  partir  de  los anexos del dictamen pericial evacuado en el proceso arbitral,  que  XXXXXXXXXXXXXXXXX,  había  dejado  de  pagar  el  precio de los productos,  “por  lo  menos  a  partir  del  26  de  octubre  de  2000”,  fecha  en  la  que  la  ahora  demandante le  informó  la  existencia  de “obligaciones en mora de  30 y 60 días”.   

1.3.-   Desde   luego,  la  excepción  de  prescripción,  necesariamente,  también  debe  partir  de la presencia de esas  circunstancias,  porque  como  ha  quedado  explicado,  no  se  puede  atajar  o  extinguir un derecho o una acción que son inexistentes.   

Si  el  medio  de  defensa  en cuestión, en  efecto,  atribuye a la parte actora el conocimiento del siniestro en determinada  época,  esto  comprende  todo lo demás. Para no ir lejos, obsérvese cómo, al  replicar  el cargo, la demandada acepta el “análisis  acertado   jurídico   y  legal”  realizado  por  el  sentenciador,   incluidos  los  “oficios  calendados  [el]   26  de  octubre  en  adelante”, respecto de los cuales, dice, el Tribunal  “no     apreció       erróneamente”.    

2.-  En  ese  orden  de ideas, la polémica,  entonces,  se  reduce  a  establecer  si el 26 de octubre de 2000, la demandante  XXXXXXXXXXXXXX,  había  conocido  el “incumplimiento  contractual”  de  la  afianzada,  XXXXXXXXXXXXXXXXX,  pues  esa  fue  la  fecha  que  tuvo  en  cuenta  el ad  quem  para  confrontarla con la de presentación de la  demanda  al  reparto, el 31 de julio de 2003, y concluir trascurrido el término  prescriptivo  de dos años previsto en el artículo 1018, inciso 2º del Código  de  Comercio,  concretamente,  “dos (2) años y nueve  (9) meses”.   

2.1.-  Con  ese  propósito,  lo primero que  advierte  la  Corte  es  que  en  el proceso resulta pacífico, de una parte, el  término  de vigencia del contrato de seguro, un año, entre el 15 de septiembre  de  2000  y  el  15  de  septiembre de 2001; y de otra, que conforme al contrato  garantizado,   las   obligaciones   a   que   se   refería   debían   honrarse  “en   un   plazo   máximo   de   sesenta   y  tres  (63)   [días]  contados  a  partir de la fecha de facturación”.   

2.2.- Igualmente, a propósito del escrito de  réplica,  que  para  ese cometido resulta insustancial la nominación jurídica  del  contrato  afianzado,  porque  así  sea inadecuada, como se concluyó en el  laudo  arbitral,  la  calificación se vincula con la subsunción de la realidad  ínsita  en  el  mismo  a  la  normatividad respectiva, cuyo alcance, en caso de  controversia, es ajeno a los estipulantes.   

En esa materia, al decir de la Corte, se debe  “(…)  preferir el contenido (…), ya que, como se  comprenderá,  se  trata  de  un  proceso de adecuación de lo convenido por las  partes  al  ordenamiento,  en  la  que  obviamente  la  labor  es  estrictamente  jurídica”.  Por  esto, como allí mismo se indicó,  los  “(…)  contratos  son  lo  que son y no lo que  digan   los   contratantes,  indicando  con  ello  que  tienen  una  realidad  y  consiguiente   alcance   jurídico   tal   como   existen,   al  margen  de  las  calificaciones  que  los intervinientes les hayan atribuido o quieran atribuirle  después”2.       

Así   las   cosas,   en  el  sub  júdice,  existe  identidad entre las  obligaciones  del  contrato  garantizado,  llámese  de  suministro o de agencia  comercial,  y  las  de la póliza de seguro. Mírese cómo el primero tenía por  objeto  el  “suministro  y  compraventa de productos  lácteos  con  la  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX”, mientras  la   segunda   aludía   a   afianzar   el   cumplimiento  de  las  obligaciones  “surgidas  del  contrato  referente al suministro de  productos   lácteos   con  la  marca  XXXXXXX  y/o  marcas  propias”.   

3.-  Sentado  lo  anterior, precisa la Sala,  como  en  innumerables ocasiones ha explicado, que para que un error de hecho en  la  apreciación  de  las  pruebas  pueda estructurar en casación la violación  indirecta  de la ley sustancial, se requiere que sea protuberante, por lo tanto,  detectable    al    rompe;   y   trascedente,   esto   es,   incidente   en   la  decisión.   

Esa  especie  de  error,  dice  la Corte, es  manifiesto  cuando  se aprecia “(…) a simple vista,  sin  necesidad  de  esfuerzo  en  el razonamiento”, y  determinante,  cuando  guarda  “(…)  relación  de  causa  a  efecto con la resolución judicial contenida en el fallo que se acusa,  de    tal    manera    que    ésta    sea    producto   del   yerro”3.    

3.1.-  En  el  caso,  el  Tribunal  tuvo por  conocido   el   siniestro,  esto  es,  el  incumplimiento  de  las  obligaciones  garantizadas,  por parte de la actora asegurada, el 26 de octubre de 2000, fecha  en  la  cual,  dijo,  ella  había  remitido a la afianzada el estado de cuenta,  haciéndole saber el monto del saldo debido.   

Ahora, si la póliza de seguro entró a regir  el  15  de  septiembre  de  2000, en tanto el pago de los productos, conforme al  contrato  amparado,  debía  efectuarse  “en un plazo  máximo  de  sesenta  y  tres (63) [días] contados   a   partir   de   la  fecha  de  facturación”,  surge  de  bulto que de esos medios jamás podía seguirse que  el  siniestro acaeció el 26 de octubre de 2000, ni que, por ende, ahí mismo lo  conoció  la  asegurada, porque entre una y otra data no cabe el “plazo máximo” dicho.   

El  error  de  hecho,  por  lo tanto, en ese  preciso    aspecto,    al    decir    del    cargo,    resulta   “contraevidente”,  amén de trascendente,  puesto  que como esa aprehensión, necesariamente, tenía que acaecer más allá  del  señalado  hito,  el Tribunal de ahí no podía concluir, con incidencia en  las  normas  que  se citan como violadas, que a la fecha de la demanda, el 31 de  julio  de  2003, “habían trascurrido dos (2) años y  nueve (9) meses”.   

   

3.2.-   El   ad  quem,   es  cierto,  también  se  refirió  a  otros  requerimientos,  expresados  por  la  parte  actora  en  oficios  enviados  a la  afianzada,  obligada  al  pago,  los  días  9 de noviembre y 11 de diciembre de  2000, 10 y 31 de julio de 2001.   

Empero,  si  la  póliza  de  cumplimiento  amparaba  el pago de las mercancías entregadas durante su vigencia técnica, de  las  comunicaciones  de  10  de  julio  de 2001 y anteriores, con su anexos, las  cuales  se  encuentran  ubicadas  por fuera del término extintivo de dos años,  comparadas  con  el 31 de julio de 2003, fecha de presentación de la demanda al  reparto,    tampoco    podía    inferirse   el   despunte   del   término   de  prescripción.   

En  efecto,  entendido  como  sucedido  el  siniestro  en  el  momento  en  que  se  dejan de honrar las obligaciones, hecho  incontrastablemente  al  alcance  del  acreedor,  es  claro  que  el pago de las  facturas,  así  sea  en  mora,  no  es el hecho que edifica la realización del  riesgo  asegurado.  Y  el  contenido  de  las  comunicaciones en cuestión y sus  anexos  (folios  471-476,  491-495  y 496-515, cuaderno copias), lo que ponen de  presente,  en  general,  es  el  cumplimiento,  y además, que no existen deudas  pendientes superiores a sesenta y tres días.   

Para    empezar,   el   “estado  de  cuenta”  del  oficio de 9 de  noviembre         de         2000,         alude        a        “consignaciones”   de   “noviembre  3”  y  de  movimientos  hasta  “06/11/2000”,  así como  de    una    cartera    “por    vencer”   y   de  otra  “vencida”  de “1-30”  y  de  “1-60” días. Esto  significa,  de un lado, que desde el 15 de septiembre de 2000, fecha de vigencia  de  la póliza, hasta la data del escrito, no hay un término superior a sesenta  y tres días; y de otro, que todo lo demás se encuentra pagado.   

La   satisfacción  de  las  obligaciones  anteriores,  igualmente  se  predica  del  “estado de  cuenta”  del  oficio  de  11  de  diciembre de 2000,  porque           allí           se           mencionan          “consignaciones”    a   “7  de  diciembre año 2000” y movimientos  hasta  “09/12/2000”, mas  no  un  saldo  insoluto  distinto  a una cartera “por  vencer”       y       otra      “vencida”      de     “1-30”     y     de    “1-60” días.   

Y el oficio de 10 de julio de 2001, dirigido  por   la   “Coordinadora   de   Cartera”   de   la  demandante,  a  la  “Jefe  Administrativa”  de  XXXXXXXXXX, simplemente muestra  una    “conciliación”  entrambas  realizada; en tanto su anexo, el “extracto  del  proveedor” a “14 Jun.  2001”,  lo  que refleja es la aplicación de ciertos  “débitos”     y  “créditos”,  pero  sin  indicar,  pues no especifica, el monto de la cartera por vencer, ni el tiempo de  la exigible.   

Para  esas  últimas calendas, desde luego,  tampoco  puede  afirmarse  la  existencia  de  una  cartera  insoluta superior a  sesenta  y  tres  días, porque en la comunicación de terminación del contrato  garantizado,  adiada  el  31  de  julio  de  2001  (folio  226,  C-1),  la parte  demandante   alude   es   a  una  cartera  por  vencer  y  de  otra  vencida  de  “1-30”     y    de  “1-60” días.   

Lo   dicho,   seguramente,  llevó  a  la  aseguradora  CONFIANZA  S.  A., a no atribuir a la pretensora, XXXXXXX XXXXX, al  formular  la  excepción  de prescripción, el conocimiento del siniestro en una  fecha  anterior a ese 10 de julio de 2001, inclusive, porque ese hecho lo ubica,  en   forma  expresa,  “desde  el  30  de  julio  de  2001”         (subrayas         extexto),   cuando  se  dio  aviso  a  la  aseguradora de la ocurrencia del siniestro.   

El  Tribunal,  por  lo  tanto,  no  podía  concluir  como  época  del enteramiento del siniestro el 9 de noviembre y el 11  de  diciembre  de  2000,  ni  el  10  de  julio  de  2001. Pero como lo hizo, su  equivocación  resulta  patente  y trascendente, puesto que si en ninguno de los  oficios  se  relacionaron  obligaciones  pendientes  de  cancelar,  superiores a  sesenta  y  tres días, esto denota, a falta de otra significación, que todo lo  demás se encontraba honrado.   

3.3.-  Como  lo anterior es suficiente para  derrumbar  la  sentencia  impugnada,  respecto  de  la  fecha  en  que la actora  conoció  o debió conocer el siniestro, la Corte se ve relevada de estudiar los  demás   errores   de   facto  denunciados,  derivados  de  la  prueba  pericial  trasladada,  mayormente  cuando  el ad quem    basó    su    decisión   específicamente   en   las   citadas  comunicaciones.   

En  efecto,  si bien el juzgador aludió al  dictamen  evacuado  en  el  proceso  arbitral,  en  donde  la ahora demandada no  intervino,  lo  hizo,  a  propósito  del  escrito de réplica, únicamente para  mencionar   los   mismos  “oficios  a  que  hicieron  referencia   los  expertos”  y  que  en  sentir  del  ad    quem   interesaban  “para    efectos    de    esta   litis”,  los cuales la propia parte opositora no rechaza, pues los trae  a cuento para prohijar las conclusiones del Tribunal.   

4.-  En  consecuencia,  al  abrirse paso el  cargo,  sin  costas  por  haber  prosperado  el recurso de casación, procede la  Corporación,  en  sede  de instancia, a resolver la apelación que interpuso la  demandante  contra el fallo desestimatorio del juzgado, luego de constatados los  presupuestos  procesales  y  verificada,  en  general,  la  validez  formal  del  proceso.   

SENTENCIA SUSTITUTIVA  

1.- Los requisitos atinentes a la existencia  del  contrato  de  seguro  de  cumplimiento,  a  la  identificación  del riesgo  asegurado  y  al  acaecimiento  del siniestro, deben tenerse por superados, pues  como  quedó  explicado al resolverse el recurso de casación, se imponían como  presupuestos   necesarios   para   formular   y   resolver   la   excepción  de  prescripción.   

Se trata de circunstancias sobre las cuales  no  cabe  duda  que  hay  consensos. En coherencia con el libelo introductor, se  encuentran   subsumidas,   por   lo  supra   explicado,   en   los   fundamentos   del   medio   extintivo  en  cuestión.   

De hecho, los contiene la decisión apelada,  pues  eso  es  lo  que  explica  la  conclusión,  según la cual, en sentir del  a  quo,  la realización del  riesgo  asegurado  acaeció  el  20  de  octubre de 2001, después de expirar el  término de vigencia de la póliza.     

Al sustituir el ad  quem  lo  anterior,  por  el  estudio de la excepción  liberatoria,  se  entiende,  en  contra del juzgado, que el incumplimiento de la  sociedad   afianzada,   respecto  de  las  obligaciones  derivadas  del  negocio  jurídico  garantizado,  había ocurrido entre el  15 de septiembre de 2000  y  el 15 de septiembre de 2001, esto es, dentro del año de vigencia del seguro.   

2.- En ese contexto, todo se reduce  a  establecer   en   qué  fecha  la  sociedad  demandante  asegurada  conoció  el  acaecimiento  del  siniestro,  aspecto  sobre  el  que,  valga  acotarlo,  en el  sub   júdice   no  admite  discusión,  porque  es  la  misma convocada, al exponer los contornos del medio  extintivo  en  cuestión,  quien  la  ubica “el 30 de  julio de 2001”.   

2.1.- Ese hecho, desde luego, es el que debe  guiar  la  decisión,  porque  como  la  prescripción  la gobierna el principio  dispositivo,  al  punto  que  no se puede reconocer de oficio (artículo 306 del  Código  de  Procedimiento  Civil),  no  es  dado,  por  respeto  a  la regla de  congruencia      prevista      en     el     artículo     305,     ibídem,  ejercer  la  actividad juzgadora  fuera del marco factual planteado.   

Por  supuesto, si oficiosamente no se puede  declarar  la excepción de prescripción, tampoco es dable reconocerla, al decir  la  Corte,  “con  apoyo  en hechos no alegados en la  contestación  de la demanda”, o a partir de “(…)  circunstancias  no  propuestas  por  el excepcionante,  como  quiera  que  de  no  ser  así,  la  precitada  restricción carecería de  función    alguna”4.   

La  razón de ser de lo anterior estriba en  que  si la excepción en comento, no obstante, corresponder a la estricta esfera  privada  del interesado, al punto que puede renunciarla, es recibida con base en  hechos  que no fueron propuestos, el derecho de defensa quedaría en entredicho,  al  sorprender y condenar a la parte contraria sobre una situación fáctica que  no tuvo oportunidad de controvertir.   

2.2.-  En el caso, la demandada aseguradora  ubicó  el  despunte  de  la  prescripción “el 30 de  julio  de  2001”, y la parte actora contraargumentó  que  el  término  extintivo  de  dos años no podía vencerse el 30 de julio de  2003,  un  día  antes  de  presentarse  la  demanda  al  reparto,  debido  a la  conciliación  prejudicial  en  derecho adelantada entre el 26 de mayo y el 6 de  junio de 2003, fallida entre otras cosas.   

Ahora, como este último hecho es cierto, la  excepción  en  comento  está  llamada al fracaso, porque de conformidad con lo  previsto  en  el  artículo  21  de  la  Ley  640  de 2001, en el entretanto, el  término  de  prescripción  anduvo  suspendido,  no  por  un  día,  que  es el  disputado, sino por otros más.   

3.-   En  la  contestación  del  libelo,  igualmente    se    alega    que    la   sociedad   demandante   “pretende  hacer  valer  el  seguro  por  moras o incumplimientos del  afianzado    generados    por   fuera   del   contrato   de   seguro”.  Y  aunque no se identificaron las obligaciones a las cuales se  refería,  esto  no  obsta  el análisis correspondiente, por cuanto se trata de  hechos  a  los  cuales no los cobija el principio dispositivo, de ahí que en el  hipotético    caso    de    estar   probados,   pueden   ser   reconocidos   de  oficio.   

La  Sala,  sin  embargo, en ese sentido, no  encuentra  ninguna  circunstancia  enervante,  porque  el  pago  al  acreedor de  algunas  facturas  expedidas, inclusive con intereses moratorios, antes, durante  o  después  de la vigencia del seguro, no equivale a desatender los compromisos  del afianzado, sino a honrarlos.   

Por  esto, para que el medio sea de recibo,  debe  estar  acreditado  que el saldo insoluto reclamado, o parte de él, que es  lo  que  configura  el incumplimiento, y por ende, la obligación correlativa de  la  compañía  de seguros, no se generó entre el 15 de septiembre de 2000 y el  15  de  septiembre  de  2001.  No  obstante, como a continuación se verá, nada  aparece probado.   

3.1.-  Al  resolverse  el  error  de  hecho  enarbolado  alrededor  de  las  comunicaciones  de  10 de julio y 31 de julio de  2001,  la  Corte dejó sentado, a cuyas consideraciones por economía remite, en  general,  la  inexistencia  de  obligaciones  pendientes  de  pago  superiores a  sesenta y tres días.   

Por  tanto,  si para esas fechas el saldo a  cargo   de   la   sociedad   afianzada   se   entroncaba  con  algunas  facturas  “por  vencer”  y  otras  “vencidas”     de  “1-30”     y    de  “1-60”   días,   esto  descartaba  por  completo  el  cobro del seguro de cumplimiento por prestaciones  surgidas  antes  del 15 de septiembre de 2000, fecha a partir de la cual empezó  la vigencia técnica del seguro.   

3.2.-   Es   cierto   que   el   extracto  “sistema  de  cartera”,  proveniente  de  XXXXXXXXXXXXX, allegado por XXXXXXXXX XXXX una vez culminada la  audiencia  del artículo 101 del Código de Procedimiento Civil (folios 193/195,  C-1),  habla  de movimientos “desde 12/05/2001 hasta:  01/01/02”.   

Sin  embargo,  de ese documento no se puede  concluir  que  todas las partidas insertadas se encuentran en mora de pagar, por  cuanto  los  anexos  presentados  con  la  reclamación  formal  elevada el 3 de  febrero   de   2003,  lo  fueron,  como  se  afirma,  a  manera  “ejemplificativa”.   Es   más,  en  esa  comunicación    se    discrimina    una   “cartera  morosa”    por    valor    de    $429’939.928    y   otra   “cartera  corriente”  en el equivalente a  $583’860.027.   

En  todo  caso,  los  únicos registros del  mentado  anexo,  con  fecha posterior al 15 de septiembre de 2001, son las notas  débito  “01/01/2002”  y  “31/12/2001”,   en  su  orden,    por   las   sumas   de   $10’954.637       y      $2’022.312.24.  No  obstante,  si  la  cartera  total  que  muestra  el  extracto       es      de      $606’453.674.48,   mal  puede  afirmarse  que  en  el  proceso  se  está  efectivizando  el  seguro de cumplimiento por dichos rubros, considerando que lo  demandado,  como  capital  adeudado  por  la  sociedad  afianzada,  se  limita a  $298’342.970.   

4.-   Resta   establecer  si,  además  del  siniestro,  la  sociedad  demandante  acreditó  fehacientemente la cuantía del  mismo,  como lo exige el artículo 1077 del Código de Comercio, toda vez que no  se trata de una garantía de valor admitido, sino de tope máximo.   

4.1.-  Conforme a la carátula de la póliza,  la    aseguradora    XXXXXXXXXXX,    garantizó    el    “(…)   cumplimiento  de las obligaciones surgidas del contrato referente al  suministro   de   productos   lácteos   con  la  marca  Colácteos  y/o  marcas  propias”,    hasta   por   un   valor   total   de  $700’000.000.   

Según la cláusula tercera de las condiciones  generales  del  seguro,  la “(…) responsabilidad de  la  compañía  [aseguradora]  no   excederá   en   ningún   caso  [el]  valor  total  asegurado  y se hará exigible sólo con respecto al  incumplimiento      en     que     incurra     el     afianzado     [XXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXXXXXXXXXX] durante  la   vigencia   de  la  póliza”,  respecto  de  las  “obligaciones        contractuales”.   

De   acuerdo   con   el  negocio  jurídico  garantizado,  la precitada sociedad se obligó a pagar a la parte demandante, el  precio  de  los productos suministrados (cláusula primera, parágrafo segundo),  “(…)  en  un  plazo máximo de sesenta y tres (63)  [días] contados a partir de  la fecha de facturación”.   

4.2.-  El  dictamen pericial practicado en el  proceso  arbitral,  aclarado  y  complementado,  pone de presente que el saldo a  cargo  de  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, con corte a 31 de julio de 2001, esto  es,  durante  la vigencia del seguro de cumplimiento, sin intereses, ascendía a  $372’928.713.   

Pese a que ese medio fue evacuado en ausencia  de  la  aseguradora  XXXXXXXX, dado que no intervino en dicha actuación, sí le  es  oponible. En primer lugar, porque como se observa en el auto de pruebas y en  los  folios  538  a  544,  C-1,  esa  misma  parte solicitó su incorporación e  igualmente,   en   respuesta   al   oficio   librado  por  el  juzgado,  allegó  “(…) toda la documentación y pruebas respecto del  dictamen  pericial  rendido,  en el trámite arbitral surtido ante la Cámara de  Comercio de Pasto (…)”.   

Como  tiene  explicado  la  Corte, “(…)  no     puede     poner     reparos     ‘quien     pidió     la     prueba  trasladada’  (Sent.  Cas.  Civ.  de  17  de  octubre  de 2006, Exp. No. 11277), o si la prueba ‘se  anexó  a este proceso como prueba  trasladada  y  así  se  hizo  justamente  a  petición de la parte [demandada] (…) con lo cual [ésta]  aceptó la validez de la prueba y  no   puede   ahora   renegar  de  ella’  (Sent.  Cas.  Civ. 22 de marzo de 2007, Exp. No. 5125)”5.   

En  segundo  lugar,  al  haberse  cumplido el  requisito  de  contradicción,  puesto  que  al  ponerse  en conocimiento de las  partes  y  al  tenerse como prueba, nadie la objetó. Por el contrario, la misma  sociedad  demandada,  por  conducto  de  su  apoderada,  precisamente,  trajo  a  colación  ese  medio para solicitar que se confirmara la sentencia del juzgado,  según  se  observa  en  el  alegato  presentado  a  propósito  del  recurso de  apelación.   

El  dictamen  pericial, en consecuencia, debe  ser  acogido en su integridad, porque fuera de lo dicho, se soporta en el examen  y  análisis  de  los  soportes  correspondientes,  y porque las conclusiones se  explican en forma clara y precisa.   

4.3.-   El   laudo   arbitral  igualmente  contribuye  a  demostrar la cuantía concreta de la pérdida sufrida. Si bien se  profirió  en  ausencia  de  la  ahora  demandada,  pues  no  fue parte en dicho  trámite,  se  repite,  aquí  no se trata de deducirle fuerza obligatoria en su  contra,  pues  ninguna declaración o condena le fue impuesta, sino de valorarlo  como  medio  de prueba, como en efecto lo es, en los términos del artículo 264  del Código de Procedimiento Civil.   

Sí allí se dedujo el incumplimiento de la  afianzada  y  la  cuantía  del mismo, luego de aplicar una compensación, nadie  puede  dudar  del  contenido  de  ese  documento,  en cuanto a su fecha, autor y  decisiones  adoptadas.  En sentir de la Sala, la sentencia judicial, y como tal,  el  laudo  arbitral  es  equivalente,  “(…)  en sí  misma  considerada, no obstante el mérito probatorio que se le asigna, tan solo  acredita  su  existencia,  lo  que  se  resolvió en ella, cuál fue el despacho  judicial  que  la  profirió  y  cuándo”6.   

4.4.- En ese orden, con base en el dictamen  pericial  evacuado  en el proceso arbitral y en el laudo de 24 de junio de 2003,  con  las  aclaraciones  y  complementaciones  resueltas  el 3 de julio del mismo  año,  debe  dejarse  por  demostrada  la  cuantía del siniestro, en la suma de  $298’342.970, valor que el  Tribunal  de  Arbitramento  condenó  a  pagar  a la sociedad afianzada y que la  demandante  asegurada ahora reclama contra la compañía de seguros, con base en  la  póliza  de cumplimiento, toda vez que en el expediente no milita otro medio  que la desvirtúe o modifique.   

5.-  En  la demanda se solicitó el pago de  los  intereses  de  la  anterior suma, teniendo como época de la mora la fijada  por  la  justicia  arbitral,  esto es, el 30 de octubre de 2001, calculados a la  fecha   de   presentación   de  la  demanda  en  la  suma  de  $158’641.388,    y    los   causados   con  posterioridad   “a   la   tasa  máxima”  comercial,  hasta  que  se  verifique  su  pago,  según  fallo  pronunciado el día 24 de junio de 2003.   

5.1.- La sociedad afianzada, en el contrato  garantizado  (parágrafo único de la cláusula octava), expresamente se obligó  a  reconocer,  “en  el caso de retraso en el pago de  las  facturas”, “(…) un  interés  moratorio  equivalente  al máximo autorizado legalmente por cada día  de mora”.   

Sin  embargo, la pretensión no puede salir  avante,  porque  la  cobertura  de  la  sociedad aseguradora excluyó el pago de  otros  perjuicios,  derivados  directa  o  indirectamente de la realización del  riesgo  asegurado,  y el incumplimiento en el pago de las facturas, así como de  los  intereses  moratorios  solicitados,  cuya  finalidad es la de indemnizar al  acreedor   los  daños  causados  por  el  retardo  en  honrar  una  obligación  dineraria, tienen esa significación.   

En  la  cláusula quinta de las condiciones  generales  del  seguro,  en  efecto,  respecto del alcance de la responsabilidad  adquirida   por  la  compañía  aseguradora  (artículo  1056  del  Código  de  Comercio),  se  estipuló que el “amparo otorgado por  la   presente   póliza   protege   al   asegurado   o  beneficiario  contra  el  incumplimiento  de  las  obligaciones  contractuales  y  en ningún caso, contra  perjuicios  de  otro orden, aunque se originen directa o indirectamente en dicho  incumplimiento”.   

     5.2.-  Distintos  son  los  intereses  moratorios  a  cargo de la compañía de seguros cuando, en virtud de  la  reclamación,  deja  de  pagar  el valor de la indemnización dentro del mes  siguiente  a  la  fecha  en que el asegurado o beneficiario acredita, judicial o  extrajudicialmente,  la  ocurrencia  del  siniestro  y  la  cuantía  del  mismo  (artículo  1080  del Código de Comercio, modificado por el artículo 111 de la  Ley  510  de  1999).  Sin  embargo,  como esos réditos no fueron demandados, la  Sala,  por  respeto  al  principio  de  congruencia,  no  los puede reconocer de  oficio.   

6.-  Pese  a  que  en  el  libelo  no  fue  solicitado  de  manera  expresa  el  reconocimiento de la corrección monetaria,  respecto  de  la  cuantía  del  daño  resarcible,  se entiende pedida en forma  implícita,  porque  contrario a como se había sostenido, la pérdida del poder  adquisitivo  de  la  moneda  no  aplica como una especie del perjuicio, sino que  obedece   a   la   variación  externa  de  una  misma  obligación,  debido  al  envilecimiento  periódico  de  las  economías afectadas por el fenómeno de la  inflación.   

Si  la  actualización  del signo monetario  tiene  su  fundamento,  al decir de la Sala, en principios “(…) como  el  de  la  inequidad,  el  de la plenitud del pago o el de la  preservación  de  la  reciprocidad  en  los  contratos  bilaterales”8,  la  indemnización del perjuicio no quedaría cabalmente cumplida  cuando  se  hace  en dinero histórico. De ahí que su reconocimiento no implica  introducir  de  oficio  una  pretensión  al  demandante,  sino que se encuentra  ínsita  o  implícita  en  la  súplica resarcitoria, en sí misma considerada,  debido  a  que  se  le  fulmina actualizada y evita con ello que el pago nominal  enriquezca  injustamente  a  una  de  las  partes  de la relación sustancial en  perjuicio de la otra.   

La  indexación,  por  lo  tanto, se impone  inclusive   de  oficio,  porque  como  tiene  sentado  la  Corte,  esa  “(…)  condena en términos reales, en principio no significa  acceder  inconsultamente  a  una  pretensión  ajena a los lindes de la demanda,  sino    que    (…)    representa    juzgar    un   factor   inherente   a   la  pretensión”9,   de   ahí   que   así  el  demandante  no  la  hubiere  pedido,  el  “juez está  facultado  para  decretarla  aún  de  oficio,  pues  lo contrario supondría la  aceptación  de  una  situación inequitativa en contra del acreedor”10.   

6.2.-  En  ese  orden,  la  cuantía  del  siniestro  debe pagarse en su valor real, con base en los índices de precios al  consumidor  certificados  por  el  DANE,  desde  el  31 de julio de 2001, cuando  acaeció  el  siniestro, que es uno de los métodos más usuales para actualizar  el  valor  del dinero, cuya liquidación, con sujeción a esos parámetros, debe  verificarse  al  momento  del  pago  voluntario o en el proceso ejecutivo que se  adelante  para  el  cobro,  como  se  prevé  en  el artículo 308, in  fine,  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  sin  perjuicio,  claro  está,  de  los intereses moratorios comerciales  aplicados  al  capital  actualizado  al momento de la firmeza de esta sentencia,  los cuales deben ser liquidados a partir de esa misma ejecutoria.   

7.-  En  suma,  el  fallo  apelado debe ser  revocado,  para  en  su  lugar, negar la excepción de prescripción y cualquier  otro  hecho  enervante  del  derecho reclamado por la sociedad actora, quien, en  los  términos  dichos,  recibirá las pretensiones invocadas, con reducción en  ambas  instancias  de  las  costas  causadas,  en  un 60%, dado el fracaso de la  pretensión de intereses solicitados.   

   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Civil,  administrando  justicia  en nombre de la  República   de   Colombia   y   por   autoridad   de   la   Ley,   CASA  la sentencia de 14 de marzo de 2011,  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bogotá, Sala  Civil,   en   el   proceso   ordinario  promovido  por  la  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXXXXXXXXXXXXXX,  XXXXXXXXXXX,  contra la XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  XXXXXXX  XXXXX,  en  todo  caso,  sin  imponer  costas  en  casación  por haber  prosperado    el    recurso,    y    en    sede    de   instancia   REVOCA  en  toda  sus  partes la sentencia  apelada  de  7  de  julio  de  2008,  proferida por el Juzgado Catorce Civil del  Circuito de Bogotá, y en su lugar;   

RESUELVE:  

Primero:  Declarar  infundada  la  excepción  de prescripción de la acción ordinaria derivada del  contrato  de  seguro y negar la existencia de cualquier otro hecho enervante que  sea dable reconocer de oficio.   

Segundo:  Frente al  cumplimiento  de  los  requisitos para el pago del siniestro de que se trata, se  condena  a  la  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  XXXXXXXXX  XXX,  a pagar a la  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXXXXXXXXXXX,  XXXXXXXXXXXXXXXXXX, la suma de  $298’342.970,    con  corrección  monetaria,  cuya  liquidación  se hará conforme a los parámetros  sentados,  hasta  la  firmeza  de  esta  sentencia,  y  de ahí en adelante, sin  perjuicio   de   los  intereses  moratorios  que  se  causen  sobre  el  capital  actualizado.   

Tercero: Condenar a  la  parte demandada a pagar las costas de ambas instancias, en el equivalente al  60%.  En  la  liquidación  de  segunda  instancia,  la  secretaría  de la Sala  incluirá     la    suma    de    $14’000.000, por concepto de agencias en derecho.   

Cópiese,   notifíquese  y  cumplido  lo  anterior   devuélvase   el   expediente   al   Tribunal   de   origen  para  lo  pertinente.   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ    

1  Sentencia  109 de 11 de junio de 2001, exp. 6343, reiterando  G.J. XLVI-623  y XCI-830.   

2  Sentencia de 19 de diciembre de 2011, expediente 2000-01474.   

3  Sentencia  095  de  14  de  septiembre  de 2004, exp. 06756, reiterando doctrina  anterior.   

4  Sentencia de 13 de octubre de 1993, CCXXV-219/217.   

5  Sentencia  de  24  de  abril  de  2008, exp. 0076, reiterando doctrina anterior.   

6  Sentencia  128 de 28 de septiembre de 2004, expediente 8865, reiterando doctrina  anterior.   

7  Sentencia  225  de  12 de diciembre de 2005, exp. 1993-0248, reiterando doctrina  anterior.   

8  Sentencia 033 de 14 de febrero de 2005, exp. 7095, entre otras.   

9  Sentencia 209 de 12 de agosto de 2005, exp. 09714.   

10  Sentencia de 18 de diciembre de 2012, expediente 00172.     

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