SC5854-2014 [2006-00199-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

Bogotá,  D.  C., veintinueve (29) de mayo de  dos mil catorce (2014).   

SC 5854-2014  

Referencia:  C-0800131030022006-00199-01   

(Aprobado  el veinticinco de junio de dos mil  trece)   

Se  decide  el  recurso  de  casación  que  interpuso  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  respecto  de la sentencia de 11 de  marzo  de  2011,  proferida  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Barranquilla,  Sala  Civil-Familia,  en  el  proceso  ordinario de la recurrente  contra    la   XXXXXXXXXXX   XXXXXXXXXXXXXXXXXX   “XXXXXXXXXXXX”,   XXXXXXXX  XXXXXXXXXXX y XXXXXXXXXXX.   

ANTECEDENTES  

1.- La demandante solicitó que se declarara a  los   convocados   civilmente   responsables   de   la   muerte   de   su   hijo  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  de  22  años  de edad, huérfano de padre, y  que  como consecuencia, se les condenara a pagar los daños materiales y morales  causados.   

2.-  Las pretensiones se fundamentaron en los  hechos que en lo pertinente se compendian:    

2.1.- El 5 de septiembre de 2005, a eso de las  10  a.m.,  a  la  altura  de  la  calle  40  con  carrera  29  de  la  ciudad de  Barranquilla,  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  quien  conducía  una motocicleta,  acompañado  de  XXXXXXXXXXX  XXXXXXXXX,  fue atropellado por el bus de servicio  público  intermunicipal  afiliado a COOTRAGAL, propiedad de XXXXXXX XXXXXXXXXXX  y    maniobrado    por    XXXXXXXXXXXXXXXXXX    XXXXXXXX,    ocasionándole   su  deceso.   

   

2.2.-  El lamentable suceso ocurrió debido a  que  este  último, quien tiene larga experiencia en el manejo de esa especie de  vehículos,  estaba  obligado  a  operar el automotor con precaución y pericia,  como  lo  hace  un  buen  padre  de  familia,  a  una  velocidad  inferior  a 60  kilómetros, que es la permitida dentro de la ciudad.   

2.3.-  La  conducta  descrita  originó  una  investigación  en  la  Fiscalía 41, Unidad de Vida, Seccional de Barranquilla,  por  el delito de homicidio culposo en accidente de tránsito, dentro de la cual  la actora no se constituyó en parte civil.     

3.-  Los  demandados  se  opusieron  a  las  pretensiones,  alegando,  en  síntesis,  ausencia  de  culpa  e inexistencia de  responsabilidad,    pues    XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX    XXXXXXXX,    fue    quien  “no  hizo  el  pare  respectivo  en  el  lugar  del  accidente  y  se  estrelló  con  la parte delantera derecha del bus”.   

3.1.-  A  su  vez,  llamaron  en  garantía a  XXXXXXXXX  XXXXXXXXXXXXXXXX,  para  que  con  base  en  la  póliza  vigente que  amparaba  los vehículos administrados por XXXXXXX, respecto de daños irrogados  a  bienes  de  terceros,  lesión  o muerte a una o más personas, se resolviera  sobre   esa   relación   sustancial,   ante   una   eventual   condena   contra  ellos.   

3.2.-  La sociedad aseguradora se opuso a las  súplicas   de  la  actora,  aduciendo,  básicamente,  culpa  exclusiva  de  la  víctima,   como   consecuencia   de   haber   desconocido  una  “señal  de  tránsito  de  PARE”, cual lo  declaró  la  justicia  penal  en  el auto de preclusión de la investigación a  favor  del  conductor del bus; y con respecto a las de sus llamantes, se atuvo a  lo que se probare.   

4.-  El Juzgado Segundo Civil del Circuito de  Barranquilla,  mediante sentencia de 7 de julio de 2009, negó las pretensiones,  luego  de  reconocer,  como  lo hizo la justicia penal, que el accidente tuvo su  causa  en  la  violación de la señal de tránsito en cuestión por parte de la  persona fallecida.   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

1.-  Constatada  la  validez  del proceso, el  Tribunal,  ante  todo,  consideró  que  el  régimen  conceptual  y  probatorio  aplicable  al  caso  era  el  derivado  del  ejercicio recíproco de actividades  peligrosas,  teniendo  en  cuenta  que  la  víctima  del  accidente  igualmente  conducía una motocicleta.   

Por  esto, dijo, para que el demandante tenga  derecho  a  la indemnización reclamada, a partir de lo previsto en el artículo  2356  del Código Civil, le corresponde demostrar “el  daño  padecido  y  la  relación de causalidad entre el daño y el proceder del  conductor de la empresa demandada”.   

2.-  En ese marco, fundado en la declaración  ante  la Fiscalía de XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, testigo presencial de los hechos,  como  que  venía  de  parrillera en la moto, quien manifestó la existencia del  “pare”    en    la  intersección  de  la  calle 40 con carrera 29 y que el motociclista aminoró la  velocidad,  pero  que  no   se  detuvo,  y  en el auto de preclusión de la  investigación  penal   a  favor  del  operario  del  bus,  el a-quo dejó sentado que la “violación  de las normas de tránsito por parte del conductor de la  motocicleta    (…),    fue    el    motivo    del   accidente   de   tránsito  ocurrido”.   

Agrega que los agentes que intervinieron, XXX  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  y XXXXXXXXXXXXXXXXXX XXXXXXXXX, confirmaron, el primero,  que  la  “moto  desobedeció  la  señal  de  pare y  colisionó  con  el  bus”,  y el segundo, que siendo  “visible”,  “el conductor de la moto no se dio cuenta del pare y  se  lo  voló  y  después  colisionó  con el bus (…) el golpe del bus fue de  frente   y   la  moto  recibió  el  golpe  en  la  parte  izquierda”.   

3.-  Relativo  a  si  el  automotor  pesado  estrelló  de  frente  a  la  moto, para el juzgador es un hecho “irrelevante”, pues acreditado estaba que  la  causa  del  accidente  había  sido  la  violación  de un deber de cuidado.  Además,  porque  el  croquis  levantado  y  la inspección judicial practicada,  daban  cuenta  que la “calle 40, por donde transitaba  el  bus,  es  la  vía  preferencial”; y porque si el  motociclista   hubiere   acatado   la   señal   de  pare,  que  “conocía  o  vio”, el fatal desenlace se  habría evitado.   

4.-  En  ese  orden, probado que el accidente  tuvo    lugar    por   “culpa   exclusiva   de   la  víctima”,   el  Tribunal  confirmó  la  sentencia  apelada.   

EL RECURSO DE CASACIÓN  

1.- Los dos cargos formulados, replicados por  la  parte demandada, se aúnan para su estudio, en consideración a que en ambos  se  denuncia la violación indirecta de la misma norma de derecho sustancial, el  artículo  2356  del  Código  Civil,  por lo demás única, y porque como en su  momento se verá, en común aluden a unas mismas conclusiones.   

2.-   En   el  primero,  a  raíz de la comisión de errores de hecho  probatorios.   

2.1.-  Respecto del auto de preclusión de la  actuación  penal,  la impugnante afirma que el Tribunal omitió que se trata de  una  investigación  indebidamente  concluida, pues se desconoce el protocolo de  necropsia  y  del resultado de alcoholemia; no se practicó inspección judicial  con  intervención de peritos a los vehículos para constatar daños, naturaleza  y  avalúo;  tampoco al lugar de los hechos con intervención de los agentes que  conocieron  el  caso,  a efecto de verificar sus características, ubicación de  la señal de pare, entre otras circunstancias.   

En adición, el juzgador no tuvo en cuenta que  en  esas  mismas  diligencias, los interrogatorios efectuados a los policías de  tránsito  que  intervinieron  fueron  simples, toda vez que de sus dichos no se  logró  conocer  los  pormenores del lugar, la posición de los automotores y de  los  lesionados,  y  si el conductor del bus portaba documentos; igualmente, que  se ordenó una conciliación, la cual no se realizó.   

Así     mismo,     el     ad-quem  pasó  por  alto que la Fiscalía  violó  el  principio  de  investigación  integral, porque para sostener que la  víctima  violó  la norma de tránsito, dejó de confrontar el testimonio de la  pasajera  lesionada  de  la  moto,  con  lo manifestado por los citados agentes;  fuera  de  esto,  no verificó el estudio técnico de velocidad indicado por uno  de ellos.   

Frente  a los errores antes identificados, la  censura  sostiene  que  no se trata de tener presente, sin más, la decisión de  preclusión  emitida  por  la  Fiscalía,  sino que es necesario hacer un previo  estudio  de  la  investigación  penal,  “para poder  aceptar           [esa]          conclusión”.   

2.2.-  Relativo  a  la  señal  de  pare,  la  recurrente  afirma  que de lo vertido por los policías en mención, el fallador  no  podía aseverar las “características”    ni    la   “amplitud”  de  la  intersección  de  la  calle  40 con carrera 29; y para  concluir  la infracción, olvidó que la persona herida dijo que cuando llegaron  en   la   moto   a   ese   lugar,   “veo   el   bus  encima”,  y  que el otro conductor en su indagatoria  señaló  que  “yo  lo vi ya en el momento del golpe  cuando  se  estrelló  contra  el  bus  (…)  entre  la  puerta  y  la  defensa  delantera”.   

Además, subraya, el croquis levantado por los  agentes  de tránsito, indujo en error a la Fiscalía, al Juzgado y al Tribunal,  por  cuanto  no  describe  en forma correcta la intersección y la incidencia de  dicha  señal  con relación a una u otra vía; además, dibuja la calle 40 como  si  fuera  recta,  “lo que no es correcto”.   

En  ese  orden, la demandante razona diciendo  que  dada  la  amplitud  del  cruce  en  el  lugar de los hechos, la visibilidad  habría  evitado  la  colisión  “de  no  ser por el  descuido  negligente del conductor del bus en no tener cuidado del frente (…),  que      es      exigencia      de      todo      buen     conductor”.   

2.3.- Con relación al punto de impacto, en el  cargo  se  sostiene  que  si  en  la  inspección  judicial  se acreditó que la  colisión  fue  de frente, cuando ya el “motociclista  había   alcanzado   después   de   la   mitad   de   la  calle  40”,  en tanto el otro conductor indicó que había sido lateral, el  ad-quem  se  equivocó  al  estimar  “irrelevante” el  hecho, siendo ello un indicio de responsabilidad.   

Por   esto,   la  inconforme  concluye  que  “mal  se puede hablar que el motociclista violó una  norma    de   tránsito   y   como   consecuencia   de   ello   no   causó   el  accidente”.   

2.4.- Finalmente, al ser claro que la calle 40  es  una  vía  preferencial  y  que  en  la  carrera  29 existe un pare en ambos  sentidos,       la      impugnante      alega      que      el      ad-quem  no  podía tener esos hechos como  determinantes,  al  margen  del  punto  de  impacto,  porque conforme al croquis  levantado  en  segunda  instancia,  se “demostró las  verdaderas  características  del  lugar  del hecho”.   

3.-   En   el  segundo,   al   cometerse  errores  fácticos  en  la  apreciación de las pruebas.   

3.1.-  Traído el contenido de la inspección  judicial,  donde  igualmente  se  recibió  declaración  a  la parrillera, y el  informe  rendido  por  un  técnico oficial y efectuada la confrontación de los  planos  existentes, la censura afirma que el Tribunal no vio que con esos medios  quedó  acreditado  que el bus impactó de frente la moto, y que el conductor de  aquél,  a  pesar  de  tener velocidad mínima, sí tuvo tiempo para ver ésta y  evitar  la  colisión,  pues  ya  “estaba avanzada en  más de la mitad de la calle 40”.   

Por  lo  anterior,  dice, no es cierto que el  “motociclista   se   haya   volado  una  señal  de  tránsito”;    al    contrario,    “se  probó  técnicamente  que  la colisión se dio por descuido del  conductor del bus, por su negligencia”.   

En  suma,  la  recurrente sostiene que con el  testimonio  del  agente  XXXXXXXXXXXXX,  quien manifestó que el “golpe  del  bus  fue  de frente” y que su  velocidad   era   de   “20   a  30  K/H”,  con  el  testimonio de la parrillera lesionada, con el acta de  levantamiento  del  cadáver  del  motociclista y con el dictamen del perito del  C.T.I,  “se tiene que el hecho ocurrió por descuido  del  conductor  del  bus  al no estar pendiente de lo que sucede al frente de su  vehículo”.   

4.-  Solicita, en consecuencia, en uno y otro  cargo, que se declaren fundados los errores de hecho denunciados.   

1.-  En las dos acusaciones, como se observa,  la  censura  insiste en la responsabilidad que imputa a los demandados, debido a  que,  en  su sentir, al estar demostrado, lo cual fue soslayado por el Tribunal,  que  el  bus que transitaba por la calle cuarenta impactó con su parte anterior  a  la  moto,  cuando ya había atravesado “más de la  mitad” de esa vía, por la carrera veintinueve, esto  significa  que  el  conductor  de  esta última, la víctima, mal pudo violar la  señal de pare.   

Por  esto,  en  ambos  cargos,  la impugnante  sostiene   que   los  hechos  que  originaron  el  accidente  de  tránsito  son  atribuibles  totalmente a la “negligencia”  de  quien  controlaba  el  vehículo  de  servicio público, al  incumplir  el  deber  de  estar  pendiente de todo lo que ocurría al frente del  mismo.   

En  ese  orden,  el  estudio  conjunto de los  errores  de  hecho  denunciados  se  justifica,  puesto  que además de lo supra  dicho,  al  fin  de  cuentas, en común lo que se controvierte es la conclusión  del   Tribunal,   según   la   cual   la   violación   de  la  “señal  de  pare” por parte del conductor  de la moto, la víctima, fue la determinante del hecho dañoso.   

2.-  Con ese propósito, la Corte debe partir  del  enfoque  que  el  ad-quem  aplicó  a  la  responsabilidad,  por  cuanto  al exigir para una indemnización  fundada   en   el  artículo  2356  del  Código  Civil,  la  comprobación  del  “daño  padecido  y la relación de causalidad entre  el  daño  y  el  proceder  del  conductor  de  la empresa demandada”,  es  incontrastable  que pasó de largo el tema de la culpa, al  identificar  que  los  hechos que la originaron eran imputables exclusivamente a  la víctima.   

Entre otras cosas, porque si ninguna polémica  se  ha  planteado  sobre el particular, se trata de una consideración intocable  en  casación,  dada  la naturaleza estricta y dispositiva del recurso. Además,  porque  en  últimas,  tratándose  del  ejercicio  de actividades peligrosas, o  cuando  siendo  ellas  recíprocas  se imputa a una de ellas la determinante del  hecho  dañoso,  el  debate  debe  darse  es  en  el  terreno  de la causalidad,  inclusive  frente  a la responsabilidad fundada en la presunción de culpa, como  así,   recientemente,   lo   explicó   la   Corte1.   

Tratándose  del  ejercicio  de  actividades  peligrosas,  en  la  sentencia  de  26  de  agosto 2010, se dejó sentado que se  arropan  bajo  el “alero de la llamada presunción de  culpabilidad  (…),  circunstancia  que  se  explica de  la…carga que la  sociedad  le impone a la persona que se beneficia o se lucra de ella y no por el  riesgo  que  se  crea  con  su empleo. El ofendido únicamente tiene el deber de  acreditar  la configuración o existencia del daño y la relación de causalidad  entre   éste  y  la  conducta  del  autor,  pudiéndose  exonerar  [el    demandado]   solamente   con   la  demostración  de la ocurrencia de caso fortuito o fuerza mayor, culpa exclusiva  de  la  víctima  o  la intervención de un tercero”.   

3.-  En ese orden de ideas, al concluirse que  el  accidente ocurrió por un hecho imputable exclusivamente a quien manejaba la  motocicleta,     la    víctima,    el    Tribunal,    contrario    sensu,   estaba   significando   que   el  conductor  del  bus  había  actuado  con  la  debida  diligencia y cuidado. Sin  embargo,  al absolver con fundamento en aquello y no en esto último, claramente  se  pone de presente que en la decisión jugó papel importante el nexo causal y  no el elemento subjetivo.   

En  consecuencia,  si  en  ambos  cargos  el  accidente  de  tránsito  se  acusa  de  modo  exclusivo  a  la  “negligencia”  del operario del vehículo  colectivo,  en  ese sentido, el discurrir de la recurrente, en todo su contexto,  resulta  a  todas  luces  superfluo, porque el debate no podía plantearse en el  terreno de la culpabilidad, sino en el de la causalidad.   

Como  se  explicó  en  la sentencia de 18 de  diciembre  de 2012, citada, “en el fondo, la carga de  la  prueba  de  la  diligencia se traduce en la demostración de que el daño se  produjo  por  un  hecho que no tiene ninguna relación con el ámbito de cuidado  del  presunto  responsable”. De ahí que, cual allí  se   dijo,   “únicamente  la  prueba  de  la  causa  extraña  (fuerza mayor o caso fortuito, intervención  de  un  tercero o culpa exclusiva de la víctima]   resulta  idónea  para corroborar la ausencia de culpa del demandado”.   

4.- No obstante, sin desbordar la objetividad  de  los  cargos,  interpretando con amplitud que cuando la censura incrimina los  trágicos   hechos   a  la  “negligencia”  del  conductor del automotor de servicio público, no otra cosa  hace  que  excluir  la  causa  del  accidente a la intervención de ese elemento  extraño,  pasa  a examinarse si el ad-quem  se  equivocó  en forma manifiesta al reconocer el rompimiento del  aludido   nexo   causal   a   la   “culpa   de   la  víctima”.   

4.1.-  En  casación,  como  es conocido, los  errores  en  el  campo  de  los  hechos  se  estructuran  en los casos en que el  sentenciador  de  manera  ostensible aprecia equivocadamente la demanda u omite,  adiciona,  cercena  o  tergiversa  el  contenido  material  de las pruebas, y no  cuando  se  aparta  de  la posición subjetiva que, al margen de su objetividad,  tenga    la    parte    recurrente   acerca   de   los   distintos   medios   de  convicción.   

Por esto, en ese preciso ámbito, al decir de  la  Corte, un yerro es de recibo cuando es “tan grave  y  notorio  que  a  simple  vista  se  imponga a la mente, sin mayor esfuerzo ni  raciocinio,  o  en  otros términos, de tal magnitud, que resulte contrario a la  evidencia  del  proceso.  No  es  por  lo  tanto,  error  de hecho aquél a cuya  demostración  sólo  se  llega  mediante  un esforzado razonamiento”2,   o   el  que  surge  de  “ensayar  un  discurrir  que  se  juzgue  con  mejor  perfil  dialéctico  o  con  mayor rigor  lógico”3.   

4.2.- En el proceso existe consenso acerca de  que  la  calle cuarenta, que es de un solo sentido, por donde corría el rodante  pesado,  tenía  prelación  sobre  quienes  pretendían  cruzarla utilizando la  carrera  veintinueve,  de  doble  vía,  al  estar  dispuesta  la señalización  respectiva en ambas direcciones.   

La  recurrente, en el cargo primero, no niega  ni   afirma   la   infracción   de  la  “señal  de  pare” por parte del causante, quien circulaba por la  carrera  veintinueve.  Simplemente  especula  que  al  estar  probado que el bus  colisionó  el  vehículo  liviano,  cuando  había  atravesado  “más  de  la mitad de la calle 40”, y que  al     decir     de     la     parrillera    que    lo    vio    “encima”,  y  del conductor de aquél que  percató    la    moto    “en   el   momento   del  golpe”, concluye que “mal  se  puede  hablar  que  el motociclista violó una norma de transito”.    

En  cambio, en el cargo segundo, sostiene que  ese  hecho “no es cierto”,  no  porque  la  víctima  haya  acatado la “señal de  pare”,  sino  a  partir de encontrar, conforme a las  pruebas    obtenidas    en    segunda    instancia,   que   el   “conductor  del  bus  sí tuvo espacio para ver al motociclista, pero  no  reaccionó  por  descuido,  por  negligencia,  porque  a  pesar de tener una  velocidad  mínima  no  hizo  nada  para frenar el bus, para evitar la colisión  cuando   la   moto  ya  estaba  avanzada  en  más  de  la  mitad  de  la  calle  40”.   

4.3.-  En  ese  orden,  si  en  la  sentencia  impugnada  se  dejó  acreditado  que  el  causante  ignoró  la señal de pare,  cuestión  que,  cual  se  observa, no se denuncia expresamente como imaginada o  supuesta  en  ninguno  de  los cargos formulados, esto significa que se trata de  una  conclusión  probatoria  que  sigue amparada por la presunción de acierto,  suficiente,   por   sí,  para  mantener  enhiesta  en  el  punto  la  sentencia  atacada.   

Distinto  es  que  el  automotor  pesado haya  colisionado  la  motocicleta  cuando  se  encontraba  detenida, precisamente, en  acatamiento  de la señal de pare, pero esa no es la hipótesis del caso. Por el  contrario,  la  testigo XXXXXXXXXXXXXXX XXXXXXXXX, quien iba de parrillera en la  misma,  manifestó  en  la  Fiscalía  que  el  accidente  ocurrió  estando  en  movimiento   ambos   vehículos,   cuando   dijo   que  vio  el  “bus    encima”     y    que    el  “occiso”   simplemente  “aminoró   la   velocidad,   pero  no  frenó  del  todo”.   

Si  bien  en  el  juzgado  declaró  que  el  conductor  del  rodante  en el que ella viajaba “hace  su   pare   en   la   esquina   y  no  vemos  el  bus,  él  arranca”,   lo  cierto  es que aunque allí no precisó el hecho, al  ser  inquirida sobre esa contradicción, pues la respuesta fue suspendida, en la  diligencia  de  inspección  judicial  evacuada  en segunda instancia, confirmó  bajo  juramento  que  la  “moto medio frenó, ya que  venía  a  una velocidad moderada”.      

4.4.- Ahora, aceptando en gracia de discusión  que  la  señal  de  pare fue observada y que la moto reinició la marcha por no  avizorarse  ningún  automotor  sobre  la  calle cuarenta, que es de prelación,  tendría  que  convenirse  que  si el bus apareció intempestivamente, es porque  venía a alta velocidad.   

Esa,  por  supuesto,  no  es  la realidad del  proceso,  razón  de  suyo  para  descartar  cualquier  error  de hecho sobre el  particular.  Para  no  ir  más  lejos,  obsérvese cómo en el cargo segundo se  sostiene,   obviamente   de   cara   al   expediente,   que  el  “conductor  del  bus  sí tuvo espacio para ver al motociclista, pero  no  reaccionó  por  descuido,  por  negligencia,  porque  a  pesar de tener una  velocidad    mínima    no    hizo   nada   para   frenar   el   bus”.   

4.5.-  Resta  establecer,  entonces,  ante la  infracción  de tránsito por parte del conductor de la moto y la baja velocidad  del  bus,  inclusive en la eventualidad de que éste sea el que haya atropellado  de  frente  el  vehículo liviano, si el Tribunal se equivocó al reconocer como  eximente  de la responsabilidad, una causa extraña, esto es, un hecho imputable  exclusivamente a la víctima.   

En  los  cargos  se  sostiene,  en  términos  generales,     que     el     accidente    se    debió    al    “descuido”,    a   la   “negligencia”  de  quien  controlaba  el  automotor    pesado,    bien    al    “no    tener  cuidado”  o  al “no estar  pendiente   de   lo   que   sucede   al   frente   de  su  vehículo”,  ya  porque no obstante el suficiente espacio para ver y evitar  la  colisión,  “no  reaccionó… no hizo nada para  frenar”.   

La  construcción  de  los errores supone por  lógica  que  en el proceso se encuentra demostrado que al momento de chocar con  la  parte  anterior  la  motocicleta, el conductor del bus mantenía su mirada o  atención  en  otro  lado,  o  que  pese  a observar el panorama, no aplicó los  frenos,  por  las  circunstancias que fueren, y que todo ello fue omitido por el  ad-quem.   

Los  yerros,  sin  embargo,  se descartan por  completo,  porque  en  ninguna de las pruebas que menciona la recurrente se hace  alusión  a  esos  hechos,  al  punto que ni siquiera señala los apartes de los  medios  de  convicción que así lo indican. Por el contrario, se observa que se  trata  de simples conjeturas o conclusiones subjetivas suyas, y visto quedó que  en  casación  los  yerros  fácticos  se  estructuran  es  de cara al contenido  material  de  las  pruebas y no respecto de la posición personal que tengan las  partes sobre los hechos que muestran las mismas.   

5.-  Aunque lo anterior, por ser totalizador,  es  suficiente  para  dar  al  traste  con  el  recurso extraordinario, no sobra  señalar:   

5.1.-  Contrastado  el  croquis  levantado al  momento  del  accidente  (folio  140,  C-1),  con  el de la inspección judicial  practicada  en  segunda instancia cuatro años y cinco meses después (folio 40,  C-2),  si en ambos el bus se dibuja invadiendo el carril de la motocicleta sólo  en  algo  más  del  50%,  no  se  puede  sostener  en  forma contundente que el  conductor  de  aquél  estuvo  distraído  de  lo  que  sucedía al frente de su  vehículo,  o  que  no  hizo  nada  para frenar, puesto que de ser así, habría  seguido de largo.       

5.2.-  Y  si  en  ninguno de los cargos, cual  quedó  dicho,  la  demandante denuncia mal apreciadas las pruebas que indicaban  la  violación  de  la señal de pare, en concreto, el testimonio de la pasajera  de  la  moto,  resulta  desacertado  afirmar  que los hechos que condujeron a la  preclusión    de    la   investigación   penal   son   oscuros,   ambiguos   o  contradictorios.   

Entre  otras  cosas, porque las consecuencias  que  atribuyó  la  Fiscalía,  precisamente,  las  hizo  derivar de esos mismos  sucesos,  al  decir  que  el  accidente  se  debió  a  que  el  conductor de la  motocicleta  “no  se  percató del pare existente en  esa  zona  preferencial”, situación que lo condujo a  violar  “flagrantemente  la normatividad contemplada  en  el  código  de  tránsito” y el “deber      que      le     era     factible     observar”.   

Por  lo demás, si la recurrente, respecto de  la  actuación  penal, se duele es de no haberse conocido allí ciertos hechos o  practicado   determinadas  pruebas,  y  que  no  se  trataba  de  decir  que  el  “accidente  ocurrió  porque  el  occiso se voló un  pare”,   sino   de   historiar  esa  investigación  “para   poder   aceptar   la   conclusión   de  la  Fiscalía”,  ninguna explicación tiene que ahora se  invite  a la Corte a reexaminar circunstancias desconocidas, así como medios de  convicción no evacuados.   

La  fuerza  de  la cosa juzgada penal, por lo  tanto,  adquiere trascendencia en este proceso, porque ello equivale a decir que  el  sindicado  no  cometió  el hecho causante del perjuicio, circunstancia que,  como  lo  ha  precisado  la  Sala,  “‘abarca  todas  las  hipótesis en que la absolución penal se debió  al  reconocimiento  de  un  hecho que rompe el nexo causal indispensable para la  configuración  de  la  responsabilidad  civil;  en  reducidas  cuentas,  quedan  comprendidas  allí  todas las hipótesis que caen bajo el denominador común de  causa  extraña’,  por lo  que  ‘evidentemente, llegar  a  la  absolución  porque  se  estima  que  medió el caso fortuito o la fuerza  mayor,  o  el hecho de un tercero, o la culpa exclusiva de la víctima, es tanto  como  asegurar  que  el  hecho  generador de la responsabilidad que se imputa al  procesado   no   lo   cometió   éste’”4.   

6.-  Los cargos, en consecuencia, no se abren  paso.   

DECISIÓN  

Por lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,  Sala  de  Casación  Civil, administrando justicia en nombre de la República de  Colombia    y   por   autoridad   de   la   Ley,   NO  CASA  la  sentencia  de 11 de marzo de 2011, proferida  por   el   Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla,  Sala  Civil-Familia,  en el proceso ordinario promovido por XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXX     contra     la     XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX     “XXXXXXXXX”,  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX y XXXXXXX XXXXXXXXX.   

Las  costas del recurso corren por cuenta de  la  parte  demandante  recurrente.  En la liquidación respectiva, inclúyase la  suma  de  SEIS  MILLONES  DE  PESOS ($6’000.000),  por  concepto de agencias en derecho, en consideración a  que, como se dijo, los demandados replicaron los cargos.   

Cópiese, notifíquese y cumplido lo anterior  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

ARTURO SOLARTE RODRÍGUEZ  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ  

ACLARACIÓN DE VOTO   

REF.:   08001-3103-002-2006-00199-01   

Si bien, circunscrito al tema del fallo que  nos  ocupa,  el  debate  sobre  el  fundamento  de  la  responsabilidad  resulta  enteramente   teórico,   al   estar  desprovisto  de  consecuencias  prácticas  previsibles,  ya que no existen dudas en la Sala sobre el tratamiento probatorio  que   corresponde  a  la  denominada  responsabilidad  derivada  de  actividades  peligrosas,  nuevamente  manifiesto,  con el mayor respeto, que me aparto de las  consideraciones  consistentes  en  predicar  que  el  factor  de imputación que  corresponde  a  la  categoría  aludida, es la culpa, incluso si se la considera  presunta.   

Sabido es que la responsabilidad civil, bien  se  trate de la aquiliana o la contractual, desde hace buen tiempo consideró la  culpa  como  una de las condiciones necesarias para su existencia, postulado que  se  recoge  en  la  posición tradicional del Código Civil Francés5 y en general  de  los  códigos  del  siglo XIX en los cuales se articuló el régimen general  subjetivo  derivado  del  deber de no causar daños por descuidos, imprudencia o  por        la       conducta       intencional6.   

Es  claro sin embargo que el concepto de la  responsabilidad  ha  venido  evolucionando con la paulatina introducción en las  actividades  sociales  o  productivas de distintos avances tecnológicos, que si  bien   están  dotados  de  innegable  utilidad,  correlativamente  revelan  una  creciente        potencialidad        dañosa7.   

La responsabilidad objetiva, <impregnada  por   el   valor   moral   de   la   solidaridad   y  fundada  en  una  idea  de  justicia>8,  ha  sido  adoptada  con  un claro sentido de favorecimiento a la  víctima  por  la vía de determinar que para que se produzca la exoneración de  responsabilidad  del agente del hecho lesivo, no bastará ya con la prueba de la  ausencia  de  la  culpa,  que  es lo propio de los regímenes de responsabilidad  subjetiva.   Este  es  el aspecto esencial de la distinción pues un juicio  de  responsabilidad  objetiva hace irrelevante considerar si el agente ha obrado  o  no  con culpa9.   

En   efecto,   la   diferencia  entre  la  responsabilidad  objetiva  y  la  subjetiva  radica en el contenido del deber de  cuidado  subyacente  en  cada uno de los dos regímenes.  Así, mientras el  deber  de  conducta que se impone en un régimen objetivo, será escuetamente el  de  no  dañar  (a  quienes  se  ha  puesto  en  peligro);  en el régimen de la  responsabilidad  subjetiva  o  por culpa ese deber apunta en el sentido de tomar  las  precauciones  o cuidados razonables para que no se produzcan los daños (no  causar  daño  a  otros  mediante  la  propia culpa)10.   

La teoría del riesgo, creada y justificada,  como  ya  se  indicó, en un espíritu proteccionista y solidario, inspiró todo  el  régimen  de  responsabilidad  objetiva.   Se  pensó  al efecto que la  persona  a  la  cual  una cierta actividad riesgosa sirve -por cuanto obtiene un  placer,  un  disfrute  o un provecho por el riesgo que ha creado- debería, como  contrapartida,  reparar  los  daños que con dicha actividad provoca11.   

En  ese  sentido se ha orientado el derecho  comparado12  y también en desarrollo de dicha tendencia se han armonizado los  regímenes  en  tratados  internacionales para establecer, en este último caso,  un  sistema de responsabilidad sin culpa u objetiva frente a riesgos potenciales  derivados   de  actividades  peligrosas,  favoreciendo  incluso  un  sistema  de  indemnización  automática y tarifada por daños a las personas, como ocurre en  el  transporte  aéreo  internacional de pasajeros, al incorporar la convención  de          Montreal         de         199913         –aplicable  en Colombia desde 2001- un  sistema  en  el  cual,  para cobrar la indemnización indicada en los artículos  17,   21   y   28   no   se   exige   acreditar  negligencia  alguna14.   

Es  claro  además  que  la responsabilidad  fundada  en  la  culpa,  aparece  notoriamente  insuficiente para la regulación  social  de  fenómenos  en  los  cuales  la  prueba de la negligencia resulta en  extremo  dificultosa  para la víctima; o para responder a daños tales como los  ecológicos    o    ambientales    derivados    de    contaminación15, o incluso  a   los   daños   causados   a   los  consumidores16,  aspectos ya desarrollados  por          nuestra          jurisprudencia17.   

De  esta  manera  el  principio <ninguna  responsabilidad  sin  culpa>  que  permitía  satisfacer  las  necesidades de  justicia  <en  las  sociedades  preindustriales,  caracterizadas  por la poca  movilidad  de los hombres y de los recursos, con estructuras productivas simples  y  fácilmente  controlables por cada individuo singular>, entorno en el cual  <la  mayoría de los daños dependía efectivamente de la negligencia de este  o             aquel            sujeto>19,    ha    venido   siendo  sustituido  en ámbitos específicos, en una adaptación a la cual no son ajenos  algunos     pronunciamientos     de    la    Sala20,  por  uno que resulte más  acorde  con los actuales perfiles de la convivencia, caracterizada por la masiva  presencia  de  avances  tecnológicos  que  positivamente  han  mejorado la vida  humana,  pero  que resultan determinantes de la multiplicación de las ocasiones  de daño.   

De  otra parte, la innecesaria referencia a  la    culpa    en    el    campo    de   las   actividades   peligrosas   ,  habida cuenta de que el régimen probatorio unánimemente  aceptado  la  excluye  del  debate,  determina la introducción de razonamientos  difícilmente  sostenibles,  como  la  afirmación  de  que  la  causa extraña,  acreditada  en  un  caso  particular,  tiene  la  virtualidad  de  establecer la  ausencia  de  culpa,  cuando claramente se dirige a infirmar la existencia de un  elemento  bien  diferente  y  dotado de contornos específicos, esto es, el nexo  causal21.   

Fecha ut supra,  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Magistrado    

1 Vid.  Sentencias  de  26  de agosto de 2010, expediente 00611, y de 18 de diciembre de  2012, expediente 00094.   

2  Sentencia  006  de  12  de febrero de 1998, expediente 4730, reiterando doctrina  anterior.   

3  Sentencia  073  de 20 de abril de 2001, expediente 6014, citando casación civil  de 22 de octubre de 1998.   

4  Sentencia  de  18  de  diciembre de 2009, expediente 005339, reiterando doctrina  anterior.   

5 Cfr.,  F.  Terré  –  P. Simler  –    Y.    Lequette,  Droit    civil,   Les   obligations,   Paris, 2002, p. 660.   

6 Cfr.,  P.     Trimarchi,     Istituzioni    di    diritto  privato, Milan, 1998,  pp. 36 y ss.   

7 Cfr.,  V.  Roppo,  Istituzioni di diritto privato, Bolonia, 1998, p. 515.   

8 Cfr.,  P.   Le   Tourneau  –  L  Cadiet,   Droit   de   la   responsabilité  et  des  contrats, Paris, 2002, p. 23.   

9 Cfr.,  P. Trimarchi, cit, 141.   

10  Cfr.,  J.  Coleman  –  G.  Mendlow, Las teorías de la  responsabilidad   extracontractual,   en   AA.   VV,  La filosofía de la responsabilidad civil, Bogotá, 2013, p.186.   

11  Cfr.,  F.  Terré  –  P.  Simler  –  Y.  Lequette,  cit, p. 662. P. Le Tourneau  – L. Cadiet, cit,  p.  23.  V.  Roppo,  cit, p. 516.   

12 Me  remito  a  este respecto a lo indicado en Aclaración de Voto de la Sentencia de  18 de diciembre de 2012, exp. 76001-3103-009-2006-00094-01.   

13  Cfr.,     G.     Viney,    Introduction    á    la  responsabilité, cit, p. 35.   

14 Sin  perjuicio  de  que  quien  pretenda  una  indemnización superior deba asumir la  carga de probar un comportamiento culposo del transportador.   

15  Cfr.      Sentencia      del      16      de      mayo     de     2011,     exp.  52835-3103-001-2000-00005-01.   

16  Cfr.,      Sentencia      de      30      de     abril     de     2009,     exp.  25899-3193-992-1999-00629-01.   En  el  mismo sentido artículos 19 a 22 de  la Ley 1480 de 2011.   

17 Al  respecto   se   remite  a  los  fallos  referenciados  en  esta  aclaración  de  voto.   

18  Cfr.,     G.     Viney,    Introduction    á    la  responsabilité, cit, pp. 34 y 35.   

19  Cfr.,   V.   Roppo,   cit.  515.   

20  Sentencias                         de    18    de    septiembre    de   2009,   exp.  20001-3103-005-2005-00406-01;  de  24  de  agosto del mismo  año,     exp.     11001-3103-038-2001-01054-01;     de   31   de  julio  de  2001,  exp.  5831;                       de  9  de  septiembre  de 1999 en G.J.  CCLXI   No.   2500,   p.   258;  Num.  129  de  24  de  octubre  de  1994  en G.J.  CCXXXI,   No.   2470,   exp.  4313,  p.  830,  de  15  de  julio  1938,  G.J. XLVII No. 1940, p.  73.   

21  Cfr.,    M.    Franzonni,   L´illecito,      2004      citado      por      R.     Bordon     – S. Rossi – L. Tramontano,   La   nuova   responsablitá  civile,  Turín, 2010, p. 220.     

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