SC6265-2014 [2006-00210-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado ponente  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

SC6265-2014  

Bogotá, D.C., diecinueve (19) de mayo de dos  mil catorce (2014)   

Discutido y aprobado en Sala de siete (7) de  octubre de dos mil trece (2013)   

Referencia:  25269-3103-001-2006-00210-01   

Se decide el recurso de casación que XXXXXXX  XXXXXXXXXX  formuló frente a la sentencia de 22 de noviembre de 2010, proferida  por  la  Sala  Civil  Familia  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Cundinamarca,   en   el   proceso   ordinario   promovido   por   aquel   contra  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,    XXXXXXXXXXX,    XXXXXXXXXXX    y    XXXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXXX.   

ANTECEDENTES  

1.             En  la  demanda,  el  actor  solicitó,  principalmente,   declarar   la   simulación   relativa  de  los  contratos  de  compraventa  y  de  constitución  de  usufructo  contenidos  en  las escrituras  públicas  678  de  5  de  abril  de  2004  y 2098 de 8 de noviembre de la misma  anualidad,  otorgadas  ante  las  notarías  segunda  y  primera del círculo de  Facatativá  respectivamente;  en  consecuencia,  declarar  la  nulidad  de  las  donaciones  subyacentes,  y  ordenar  la restitución de los inmuebles junto con  sus frutos (fls. 36 a 38, cdno. 1).   

Subsidiariamente  deprecó  la rescisión de  los  negocios por lesión enorme, y en su defecto, reconocer la nulidad absoluta  de los mismos (fls. 36 a 39, cdno. 1).   

2.             El petitum  se   sustentó,   en   síntesis,  así  (fls.  39  a  44):   

a)             XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  y  XXXXXXXX  XXX  contrajeron  nupcias el 24 de mayo de 2002, unión de la cuál nacieron XXXXXXXX  y  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX.  La  sociedad  conyugal  generada por dicho vínculo se  liquidó  el 5 de abril de 2004, mientras que los efectos civiles del matrimonio  cesaron el 26 de julio de 2005.   

b)            Negocio  simulado  sobre  el apartamento  101,   bloque   B,   de  la  “C  14  4C-24  o  K  5  13-131” de Facatativá:   

ii)           La verdadera intención de las partes no  fue  la  de  celebrar  dichos  convenios,  sino la de efectuar una donación que  garantizara  los  alimentos  de  los  descendientes  de  XXXXX,  quien  por mera  liberalidad  decidió  otorgarles  una  fuente  de ingresos estable –a ellos y a su esposa-, por lo cual el  bien debía arrendarse.   

iii)          El  querer  de los involucrados, ligados  por  parentesco,  nunca  fue comprar ni vender; los compradores nunca pagaron el  precio,  por tanto el vendedor tampoco lo recibió; el valor que se atribuyó al  predio  es  inferior a la mitad de su justo precio; los adquirentes carecían de  medios  económicos  para  honrar  lo  presuntamente  pactado; y, la fecha de la  compraventa  coincide  con  la  de la liquidación de la sociedad conyugal, cuyo  haber era inexistente.   

iv)           La donación no fue insinuada a pesar de  que   el   valor   del   apartamento  –$40.000.000,00-  era superior a la cuantía exigida por la Ley, toda  vez   que  las  partes  querían  sustraerse  de  los  efectos  fiscales  de  la  enajenación gratuita.   

c)            Simulación sobre el lote No. 6, manzana  A,  urbanización  Los  Laureles de Facatativá, junto con la edificación sobre  él construida:   

i)            El  1  de  septiembre  de 1989, XXXXXXXX  XXXXXXXXXX,   promitente   comprador,   celebró   un  contrato  de  promesa  de  compraventa   con   XXXXXXXXXXXXXX,   cuyo   objeto   resultó  ser  la  heredad  identificada  con  el número de matrícula inmobiliaria 156-19031 de la oficina  de  registro de instrumentos públicos de la citada municipalidad. El adquirente  entró en posesión del inmueble el 15 de octubre siguiente.   

ii)           Por  escritura  pública  2098  de  8 de  noviembre  de  2004, el representante de la promitente vendedora “dijo  transferir”  la nuda propiedad de  la  vivienda  a  XXXXXXXX  y  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  y el usufructo a XXXXXXXXX  XXXX.   

iii)            La   verdadera   finalidad   de   los  contratantes  era  que  Wilches  donara  sus derechos sobre la casa para que sus  hijos  y  cónyuge  tuviesen  un  lugar de habitación digno, razón por la cual  aquel  autorizó  que  el documento público se suscribiera a favor y por estos;  la  compraventa simulada se celebró en ejecución del contrato prometido; entre  vendedor  y compradores no existía causa alguna que justificara la celebración  del  pacto;  los  presuntos  adquirentes  no pagaron el precio ni tenían medios  para  ello,  fue  el actor quien lo hizo; el valor consignado en la escritura es  inferior  al  costo  real  del  lote;  y, después de la enajenación, XXXXXXXXX  mantuvo la posesión del bien.   

iv)               La      donación     no     fue  insinuada.   

d)            Las  simulaciones  se  concretaron  para  regular  los  alimentos  a  favor de los menores, sin embargo, la progenitora de  estos  desconoció  los  acuerdos  que las contenían y procedió a denunciar al  demandante por inasistencia alimentaria.   

3.               Los     demandados    –XXXX   y  XXXXXXXX-  negaron  algunos  hechos,  aceptaron  otros  y  se  opusieron  a  las pretensiones, formulando las  excepciones  denominadas  “desconocimiento  de  los  pagos  y mala fe” (fls. 144 a 149); XXX XXXXXXXXXXXXX  fue  representada  por  curador  ad litem.   

4.             Agotado   el   trámite  procesal,  el  a  quo pronunció sentencia  acogiendo  las pretensiones del libelo, declaró no probadas las defensas de los  convocados,   e   infundada  la  objeción  al  dictamen  pericial;  providencia  modificada  por el ad quem al  desatar  la  apelación  interpuesta  por  pasiva  y  el grado jurisdiccional de  consulta (fls. 428 a 461 cdno. 1 y 42 a 64 cdno. de 2ª inst.).   

En  la referida sentencia de primer grado se  declaró  la  simulación  relativa  de  las  compraventas  y los usufructos; la  nulidad  de  las  donaciones,  por  no  haberse  cumplido  el  requisito  de  la  insinuación,  y  se ordenó a los encartados restituir los bienes junto con sus  frutos.   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

1.             Previa   referencia   al  petitum,  trámite  de primera instancia,  sentencia   del   a   quo,  fundamentos  de  la  alzada y presupuestos procesales, se ocupó de los alcances  de  la  acción  de  simulación, dio por sentada la legitimación en la causa y  procedió  a  compendiar  el  contenido  de  las probanzas arrimadas al plenario  –documentales, periciales,  testimoniales-    (fls.    42    a   57,   cdno.   de   2ª   inst.).   

2.            Del análisis de las evidencias, coligió  que   los  actos  demandados  habían  sido  relativamente  simulados,  pues  la  verdadera  intención  de  los  contratantes fue materializar unas donaciones en  lugar de las compraventas y usufructos que dijeron celebrar.   

3.            Pasó  a  analizar  el  requisito  de la  insinuación,  necesario para la validez de los actos encubiertos, partiendo del  valor   del  salario  mínimo  legal  mensual  vigente  para  la  época  de  la  negociación,  año  2004,  y arribó a la conclusión de que para le época tal  exigencia   se   predicaba   de   las   donaciones  que  superaran  la  suma  de  $17.900.000,00,  equivalente  a  los 50 jornales que establece el artículo 1458  del Código Civil, modificado por el Decreto 1712 de 1989.   

Con  base  en  lo anterior, infirió que los  negocios  jurídicos subyacentes eran válidos hasta el citado monto, y nulos en  el  exceso,  por  no  haber  sido  insinuados. En otras palabras, que tomando el  valor  catastral  de  los  inmuebles  para  dicha  anualidad, coincidente con el  registrado  en  los negocios aparentes –demostrativos  de  que  “la voluntad del  donante  estaba circunscrita” a lo allí pactado-, la  donación  encubierta  en  la  escritura  pública  678 resultaba válida, en la  medida  en  que  se  efectuó  por  la  suma  de $15.460.000,00; mientras que la  contenida  en  el  instrumento  2098  –cuantificada   en   $22.000.000,00-   era   parcialmente  nula,  por  sobrepasar  el  límite legal en $4.100.000,00, y en consecuencia, ordenó a los  convocados   restituir   el   18.64%  del  inmueble  en  cuestión  –nuda         propiedad        y  usufructo-.   

4.            Finalmente,  se  abstuvo  de  ordenar la  restitución   de  los  frutos,  aseverando  que  tal  determinación  iría  en  contravía  con  la  voluntad  del  actor,  pues  el  móvil  para  efectuar las  donaciones,  según  lo  manifestado  en  el  libelo,  era el aprovechamiento de  dichos rendimientos por parte de los demandados.   

5.            En síntesis, confirmó la decisión del  a  quo en lo tocante con la  simulación  relativa  de los negocios jurídicos; la modificó en el sentido de  declarar  únicamente  la  nulidad  parcial  de  la  donación  contenida  en la  escritura  pública  2098  de  8 de noviembre de 2004 de la notaría primera del  círculo  de  Facatativá,  en  lo  que  excedió el valor consagrado en la ley;  ordenó  el  reintegro del porcentaje del bien equivalente a $4.100.000,00, y se  abstuvo de disponer la devolución de los frutos.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Al  amparo del numeral 1º del artículo 368  del  Código  de Procedimiento Civil, propone cinco cargos, todos replicados. La  Sala  se  ocupará  de  ellos  en  su  orden  lógico, desatando inicialmente el  cuarto,  para  luego,  en  conjunto, el tercero y quinto, por estar destinados a  derribar  distintos  puntales  del  fallo  atacado,  y  por la influencia que la  resolución  de  uno tiene sobre el otro; los cargos primero y segundo no serán  desatados,  en  la medida en que el tercero recoge en integridad los reproches y  argumentos esgrimidos en aquellos.   

CARGO CUARTO  

1.            Por la vía directa de la causal primera  de  casación,  denuncia  la violación de los artículos 1458, 946, 1740, 1741,  1742  y  1766  del  Código  Civil,  el  primero  por utilización indebida, los  restantes por falta de aplicación.   

Luego  de transcribir apartes del fallo y de  los  artículos  1458 ídem y  1º   Decreto   1712  de  1989,  señala  que  el  ad  quem   hizo   operar   una   norma   “insubsistente”,  es  decir, que reguló  el  supuesto  fáctico  que  se  le  planteó  con base en el artículo 1458 del  Código  Civil,  sin reparar en que el Decreto 1712 de 1989 lo había modificado  totalmente,  y,  que  en  tal  virtud,  ante  la  ausencia  de  la insinuación,  procedía  declarar  la  nulidad  absoluta  de  la  donación,  toda  vez que la  posibilidad  de  considerarla válida “hasta la suma  no   insinuable”   desapareció   del  ordenamiento  jurídico con el cambio legislativo.   

2.            A  renglón  seguido,  asevera  que  esa  errada  aplicación  normativa  condujo  a  que se dejaran de aplicar las reglas  relativas  a  las  nulidades  y  sus  efectos,  puesto que el Tribunal, al haber  hallado  que  el acto encubierto en la escritura pública 2098 de 8 de noviembre  de  2004  de  la  notaría primera del círculo de Facatativá era una donación  realizada  omitiendo  la  insinuación,  debió haberla anulado íntegramente y,  como   consecuencia   de   la  declaratoria  de  nulidad  absoluta,  ordenar  la  restitución  del  inmueble  junto  con  sus  frutos,  en  lugar  de limitarse a  declarar  la  invalidez  parcial  del  negocio  (fls.  34  a  36,  cdno.  de  la  Corte).   

CONSIDERACIONES  

1.            En  la  acusación, cuyo contenido valga  decir  no  es  la  primera  vez  que  se  plantea  ante  la Corte, se endilga al  ad   quem   la  violación  directa  de la ley sustancial por falencias en la aplicación del artículo 1458  del  Código  Civil,  después  de  su reforma mediante el canon 1º del Decreto  1712  de  1989;  o en otros términos, se indica que la ausencia de insinuación  en  una donación conlleva a su nulidad absoluta, sin que sea posible considerar  válida  la  porción  del  negocio  jurídico  que no exceda de los 50 salarios  mínimos legales mensuales vigentes consagrados en la normatividad.   

2.            Sobre el particular, la jurisprudencia ha  sido  pacífica  al entender que los alcances de la modificación legislativa de  1989  no  son  otros  que,  por una parte, facultar al notario donde antes sólo  podía  obrar  el  juez,  y  por  otra,  aumentar  y  actualizar  el  parámetro  cuantitativo  del  requisito  de  la  insinuación;  de  donde  acertadamente se  infiere  que  cualquier  negocio  jurídico  celebrado en cuantía inferior a la  establecida  por  el  legislador,  o  la  porción de aquél que no supere dicho  baremo,  conserva  su  validez  en  razón  a  la  naturaleza  y finalidad de la  referida exigencia.   

En  efecto,  al  analizar  la  cuestión  y  establecer  la correcta hermenéutica de las disposiciones involucradas, la Sala  señaló:   

“El decreto 1712  de  1989,  que  modificó  el  precepto  1458  del código civil, estatuye en su  primer  inciso,  en lo pertinente, que ‘corresponde  al  Notario autorizar mediante escritura pública, las  donaciones  cuyo  valor  exceda  la  suma  de  cincuenta  (50) salarios mínimos  mensuales             (…)’.   

“Pero   tal  parece  que  en  su  labor  hermenéutica  no  paró  mientes  el  impugnante  en el inciso 2º del referido  decreto,    conforme    al    cual   ‘las  donaciones  cuyo  valor  sea igual o inferior a cincuenta (50)  salarios    mínimos    mensuales,    no    requieren   insinuación’.  Y  atendidos los términos de este  segundo   inciso,   forzoso   es   concluir  que  la  nulidad  por  carencia  de  autorización  sólo  operará  en tanto la donación exceda de esa suma, ya que  lo   demás   sería  exigir  insinuación  también  para  la  cantidad  menor,  contrariando, ahí sí, la expresa disposición legal.   

“Y,  contra  lo opinado por el censor, la  interpretación  en  comento  en  ninguna  forma  se opone a lo dispuesto por el  artículo    1740    del    código   civil,   según   el   cual   ‘es  nulo  todo acto o contrato al que  falta  alguno  de  los  requisitos  que la ley prescribe para el valor del mismo  acto   o   contrato   según   su   especie   y  la  calidad  o  estado  de  las  partes’;   pues   la  insinuación  y  la  nulidad  que su carencia acarrea están referidas nada más  que  a la cuantía de la donación, por lo que nada se opone que el contrato sea  válido  hasta  la  mencionada suma en la medida en que la ley no prescribe para  ello la aludida autorización.   

“Es  que,  bien  mirado  el asunto, en lo  fundamental  la  modificación  al  artículo  1458  no  consistió  más que en  aumentar,  por razones obvias, de dos mil pesos a cincuenta salarios mínimos el  valor  a  partir  del  cual  la donación ha de ser insinuada y de otro lado, en  facultar  al  notario  para  otorgar  la  correspondiente  autorización  en los  eventos  ‘en que donante y  donatario  sean  plenamente  capaces,  lo  soliciten  de  común acuerdo y no se  contravenga  ninguna disposición legal’.   

“Por lo demás, vistas las cosas desde la  perspectiva  que  viene  de  analizarse,  no  podría  concluirse  más  que  la  finalidad     de     la     insinuación,    que    obedece    a    ‘intereses        de       orden  superior’,  no  es en el  fondo  otra que la de proteger al donante, quien en tal virtud, antes como ahora  deberá  demostrar para obtener esa autorización que conserva lo necesario para  su  congrua  subsistencia  (artículo 3º decreto 1712 de 1989), lo cual explica  que  el  comentado requisito sea en lo esencial meramente cuantitativo. Al fin y  al  cabo,  hay  que  decirlo,  donar  no  es de ninguna manera un acto ilícito;  jamás  lo  ha  sido  y  muy seguramente jamás lo será; y al punto resulta ser  así  que  la  ley  nunca ha mirado con malos ojos, desconfiadamente, a quien es  magnánimo,   bienhechor   con   sus   congéneres.  Antes  bien,  aceptando  la  filantropía  y  el altruismo de algunos, adopta medidas, como de hecho lo es la  insinuación,  para  precaver que esa generosidad no llegue a extremos tales que  pueda   comprometer  su  propia  subsistencia  o  la  de  los  suyos”1.   

3.            Abordado  nuevamente  el  tópico  bajo  estudio  se  encuentra  que los razonamientos trascritos, dado su acierto y buen  juicio,  conservan  actualidad  y  vigencia,  sin  que  se  vislumbren o existan  razones  ni  motivos,  como tampoco los aporta el recurrente, para variar lo que  hasta  ahora  ha  sido  un  criterio  interpretativo  estable, imponiéndose por  fuerza  reiterar el recto entendimiento que se viene dando al artículo 1458 del  Código   Civil   conforme   al   texto   modificado  por  el  Decreto  1712  de  1989.   

4.              Por    tanto,    el    cargo    no  prospera.   

CARGO QUINTO  

1.           Aduce el quebranto directo del artículo  1746   del   Código  Civil,  por  “interpretación  errónea”.   

2.            En  desarrollo  del  embate,  luego  de  transcribir   y   comentar   el   contenido   de  los  cánones  “1740,  1741,  157  y  1458” ídem,  así como del precepto vulnerado,  indica  que  éste fue entendido equivocadamente por el Tribunal “pues,  aun  cuando  encontró acreditado que la donación celebrada  entre  las  partes contenida en la escritura pública 2098 del 8 de noviembre de  2004”   era  nula  por  no  haber  sido  insinuada,  “y  que  por  tanto,  era  del  caso  regular  las  prestaciones  mutuas,  entendió  que  ‘resultaba  contradictorio ordenar la restitución de frutos, cuando  ese  fue  el  móvil  determinante  que  lo llevó [al demandante] a efectuar la  donación,  según  lo  dicho  en  el  libelo  demandatorio  (fls. 36 a 48 cuad.  1)’   (fl.   62.   C.  2)”.   

Con   apoyo  en  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  pasa  a  concluir  que  la  norma  en  comento exige que, una vez  declarada  la  nulidad de un acto o contrato, las cosas vuelvan al estado en que  se  hallarían  si  el  negocio  no  se  hubiese celebrado, lo cual presupone la  restitución de los frutos.   

3.            Basándose  en  lo  anterior,  increpa  al ad quem porque a pesar de  encontrar  acreditada  la  nulidad  parcial  de  la  donación,  “negó  la  restitución  de los frutos, sin detenerse en que siendo  nulo  el  contrato,  no  podía  mantener  sus  efectos  más  allá de la parte  considerada  válida,  es  decir,  no podía negar la restitución de los frutos  como  en  efecto  dispuso” (fls. 36 a 38, cdno. de la  Corte).   

CARGO TERCERO  

1.           Acusa  a  la  sentencia  de  transgredir  indirectamente  la  ley sustancial, por falta de aplicación de los artículos 3  del  Decreto  1712  de  1989,  1443,  1458,  1740, 1741, 1742 y 1746 del Código  Civil,  derivados  de  los  errores  de  hecho  en  que incurrió el juzgador al  apreciar  las  escrituras  públicas  678  de  5 de abril de 2004 y 2098 de 8 de  noviembre  del  mismo  año,  otorgadas ante las notarías segunda y primera del  círculo  de  Facatativá  respectivamente,  y  omitir  la  apreciación  de los  dictámenes periciales.   

2.           Combate el razonamiento del ad  quem  en torno a la cuantificación de  la  donación,  particularmente  la  conclusión  según la cual “como   valor   de   la   donación   ha   de  tenerse  ‘aquél  que  las  partes fijaron como  precio  en  las  compraventas,  ya  que  al  ser el negocio oculto una donación  entiéndese  que  la  voluntad  del  donante  estaba  circunscrita al precio que  pactó  en  los  negocios jurídicos celebrados, que a su vez corresponde con el  valor  catastral  de  cada  uno  de  los inmuebles para el año 2004’    (fl.   61   C.   2)”.   

Aduce  que  tal inferencia es el núcleo de  los  yerros  denunciados,  que consisten en dar por demostrado, sin estarlo, que  el  valor  de  los  inmuebles  objeto  de  la  donación es el que consta en los  documentos       públicos       –$15.460.000,00  y  $22.000.000,00-,  y,  en no tener por acreditado,  estándolo,  que  el  monto real es el reportado en las experticias –de  $40.000.000,00  a $41.748.000,00 y  de $71.270.000,00 a $75.000.000,00-.   

3.           Para  demostrar  el error, transcribe el  contenido  del  artículo  3º  del  Decreto  1712  de  1989, según el cual, el  instrumento   otorgado  para  solemnizar  las  donaciones  debe  “‘contener  la  prueba  fehaciente  del  valor   comercial   del   bien   (…)’”;  pasa  a sintetizar el contenido de las escrituras públicas, y  concluye  que  de  éstas no se desprende la cuantía que el legislador reclama,  la   cual   “no   se  puede  extraer  del  avalúo  catastral”;    inferencia    que    soporta    con  jurisprudencia de la Corte.   

En igual sentido, increpa al Tribunal por no  haber  tenido en cuenta los informes de los expertos para establecer la cuantía  en  comento,  puesto  que,  a  pesar  de haberlos considerado para determinar el  acaecimiento  de  la  simulación  relativa,  los  dejo  de  lado  a  efectos de  averiguar  la  validez  de las donaciones, sin percatarse de que en aquellos sí  reposa   la   evidencia   del   “valor   comercial  de” los bienes.   

4.           Finalmente,  señala  que  de no haberse  incurrido  en  los yerros denunciados, se habría concluido que la donación del  apartamento  requería  de la insinuación, y la orden de restitución, frente a  ambos  inmuebles,  habría tenido un alcance calculado con base en el valor real  de   los   mismos,   incluyendo   los   frutos   (fls.   29   a  34).   

CONSIDERACIONES  

1.           Analizadas  las denuncias planteadas por  el  casacionista en cada uno de los embates compendiados, encuentra la Corte que  están  llamadas  a prosperar, pues rompen la presunción de legalidad y acierto  de  la  providencia  cuestionada  y  conducen  a  su quiebre. Las acusaciones se  despachan  en  conjunto,  habida  cuenta  de  que  lo  que se decida frente a la  cimentada  en  la  vía  directa,  necesariamente incide en el pronunciamiento a  efectuar   sobre  la  construida  con  base  en  la  vía  indirecta.   

2.           Ciertamente,  el problema que plantea el  quinto  cargo,  alude a los efectos de la nulidad sobre los negocios jurídicos,  puesto   que   lo   que   allí  se  reprocha  al  ad  quem  es  no ordenar la restitución de frutos a pesar  de   haber   determinado   que   la   donación  de  un  bien  era  parcialmente  inválida.   

Al punto,   el  artículo  1746  del  Código Civil, cuya vulneración se  denuncia,  establece  que  “(l)a nulidad pronunciada  en  sentencia  que tiene la fuerza de cosa juzgada, da a las partes derecho para  ser  restituidas  al mismo estado en que se hallarían si no hubiese existido el  acto  o  contrato  nulo;  sin  perjuicio de lo prevenido sobre el objeto o causa  ilícita.  En  las restituciones mutuas que hayan de hacerse los contratantes en  virtud  de  este  pronunciamiento, será cada cual responsable de la pérdida de  las  especies  o  de su deterioro, de los intereses y frutos, y del abono de las  mejoras  necesarias,  útiles  o  voluptuarias, tomándose en consideración los  casos  fortuitos,  y la posesión de buena fe o mala fe de las partes; todo ello  según  las  reglas  generales  y  sin perjuicio de lo dispuesto en el siguiente  artículo”;      consagrando     “los  efectos  retroactivos  de la nulidad, sin distinguir su clase,  al  afectar el pasado, por cuanto las cosas deben volver al estado anterior a la  celebración  del  contrato,  como  si  éste no hubiese existido. Son estos los  efectos  ex tunc de la sentencia declarativa de la nulidad, que permiten suponer  como  lo  ha dicho la Corporación que ‘el  acto  o  contrato  no  tuvo  existencia  legal, y entonces, por  imperativo  de  lógica,  hay  que  restaurar  las  cosas  al  estado  en que se  hallarían  si  dicho  acto  o  contrato  no  se  hubiese  celebrado’ (G.J. CXXXII, pág. 250)”2.   

La  norma  en comento disciplina, de manera  general,  los  efectos  que  produce  la  invalidación  judicial de un vínculo  contractual,  legitimando  a  quienes concurrieron a la celebración del negocio  jurídico    a    ser    restablecidos    al   statu  quo  existente  a  la  fecha  de su perfeccionamiento;  restitución  que,  salvo los asuntos especialmente regulados por los artículos  1525  y  1747 ídem -objeto o  causa  ilícita  y  contratos  con incapaces-, no se agota con la devolución de  las  cosas  dadas  y recibidas en ejecución del contrato inválido –non  valet-,  sino  que  también  envuelve,  por  razones  lógicas,  jurídicas –quod   nullum  est  nullum  producit  effectum-   y   de  elemental  equidad,  los  frutos,  rendimientos,  mejoras, gastos, expensas, y llegado el caso, las indemnizaciones  por  la  pérdida  de  aquéllas,  para  lo  cual,  por expreso mandato legal se  aplican    las    estipulaciones   consagradas   en   los   artículos   961   y  siguientes             ibídem.   

En otros términos, el efecto retroactivo de  la   nulidad  obliga  a  los  contratantes,  recíprocamente,  a  efectuar  unas  restituciones  mutuas;  esto  es,  a  devolver a su contraparte todo lo recibido  como   contraprestación   del  acto  –lato  sensu- anulado, incluyendo, además  de    lo    que   efectivamente   se   entregaron,   los   frutos   –inter alia-,  razón  por  la  cual,  el  juzgador  se  encuentra  en el deber de decretarlos,  atendiendo  para  su  cómputo  a la buena o mala fe del convocado y a lo que se  pruebe  en  la litis, sin que  exista   en   el   ordenamiento   jurídico   una   regla   legal   –distinta  a  las  ya  citadas-  que lo  excuse  de efectuar tal condena o le permita atender a la voluntad de las partes  al momento de contratar.   

En efecto, en el artículo 1746 ejusdem  el  legislador  estableció  con  precisión    el   efecto   ex   tunc   de  la  declaración  de  nulidad,  por  ser  ésta  “la    forma    más   grave   de   invalidez   negocial”3,  resultado  que  sólo  puede  variar  ante  la  existencia de una  disposición  imperativa  que  así  lo indique, verbi  gratia,  los artículos 1525 y 1747 del Código Civil,  pues  se reitera: “la interpretación que dimana del  art.  1746  del  C.  Civil, no puede ser otra que la que su propio tenor literal  ofrece  en  cuanto  declara  que  el  ‘derecho’ que  ‘las  partes’       tienen       ‘para  ser restituidas al mismo estado  en  que se hallarían si no hubiese existido el acto o contrato nulo’,        lo        ‘da’             ‘La  nulidad  pronunciada en sentencia  que  tiene  la  fuerza  de cosa juzgada’.   En   otras   palabras,   la  señalada  sentencia  ‘da’  el  derecho  a  las  restituciones  mutuas,  entre ellas, el derecho a reivindicar la cosa y el crédito por mejoras  o  frutos,  o  sea  que  la  declaración  de nulidad trae como efectos acciones  reales  o personales destinadas a hacer valer derechos de uno u otro linaje, que  generalmente  se  resuelven  por  virtud  de  la acumulación de las respectivas  pretensiones,  como  disposiciones  consecuenciales  de  la  nulidad”4.   

Así  las  cosas,  en punto de frutos y con  respecto  al  inmueble  al  que  se  refiere  la escritura pública 2098 de 8 de  noviembre   de   2004,  otorgada  ante  la  notaría  Primera  del  círculo  de  Facatativá, se casará el fallo atacado.   

3.           Ahora  bien,  en  el  cargo  tercero  se  increpa   al  ad  quem  por  incurrir   en   desatinos  fácticos  en  la  apreciación  probatoria,  que  lo  condujeron  a  concluir  erradamente que “como valor  de   la   donación  ha  de  tenerse  ‘aquél  que  las partes fijaron como precio en las compraventas, ya  que  al  ser  el  negocio  oculto  una donación entiéndese que la voluntad del  donante  estaba  circunscrita  al  precio  que pactó en los negocios jurídicos  celebrados,  que  a su vez corresponde con el valor catastral de cada uno de los  inmuebles    para    el   año   2004’    (fl.    61    C.   2)”.   

En  síntesis,  el  impugnante  asevera que  debido  a  la equivocada observación de las escrituras públicas contentivas de  los  negocios  simulados,  el  juzgador  cuantificó las donaciones –y por ende las restituciones- con base  en  el  valor que aparece en aquellas, sin parar mientes en que la ley exige que  se  parta  del  valor  comercial  de  los  bienes  donados, el cual se encuentra  acreditado  en  el  proceso mediante las pruebas periciales cuya apreciación, a  ese respecto, fue omitida.   

a)            Efectivamente,  el  artículo  3º  del  Decreto   1712  de  1989  establece  que,  tratándose  de  donaciones,     “[l]a     escritura    pública  correspondiente,  además de los requisitos que le son propios y de los exigidos  por  la ley, deberá contener la prueba fehaciente del  valor   comercial   del   bien,  de  la  calidad  de  propietario  del  donante  y  de que éste conserva lo necesario para su congrua  subsistencia”  (subrayas  fuera  de texto), mientras  que   el  canon  1º  ídem  señala  que  “[c]orresponde  al  notario autorizar  mediante  escritura  pública,  las  donaciones  cuyo valor excede la suma de 50  salarios  mínimos  mensuales,  siempre  que donante y donatario sean plenamente  capaces,   lo   soliciten   de  común  acuerdo  y  no  se  contravenga  ninguna  disposición       legal      (…)”.   

Del recto y armónico entendimiento de estos  preceptos,  se  infiere  con  precisión  que  la tasación de las donaciones, a  efectos  de  determinar si su valía hace necesaria la insinuación, debe surgir  del  valor  que  los activos involucrados tienen en el comercio. Luego, de allí  se  deduce  que  en  la  sentencia  denunciada  sí  se incurrió en un yerro al  determinar  dichos  montos  con  base  en el avalúo catastral de las heredades,  equivocación  que  salta  a  la vista en la lectura del pasaje del fallo atrás  transcrito,  donde se indica, expresamente, que se parte del valor consignado en  las escrituras y que éste coincide con el avalúo catastral.   

Es  que,  como  lo  tiene  dicho  la Corte,  “el  avalúo  catastral  y  el  avalúo  comercial,  tienen   naturalezas,   metodologías   y  finalidades  diferentes  que  impiden  asimilarlos (…).   

“Justamente,  el  avalúo  catastral fue  concebido  por  las normas tributarias con el fin de determinar la base gravable  del  impuesto  predial.  Así  lo establece el artículo 7º del Decreto 3496 de  1983,  al expresar que ‘el  avalúo  catastral  consiste  en  la  determinación  del  valor de los predios,  obtenido   mediante   investigación   y   análisis  estadístico  del  mercado  inmobiliario.  El  avalúo  catastral  de  cada  predio  se  determinará por la  adición  de  los  avalúos  parciales  practicados  independientemente para los  terrenos    y   para   las   edificaciones   en   él   comprendidas’, mientras que el artículo 3º de la  Ley  44  de 1990, señala que “la base gravable del Impuesto Predial Unificado  será   el   avalúo  catastral,  o  el  autoavalúo  cuando  se  establezca  la  declaración     anual     del     impuesto     predial    unificado’.   

“Tal estimación se efectúa a través de  un  procedimiento  generalizado  y abstracto, con base en la información que se  obtiene  a  través  de  los procesos de formación y conservación catastral y,  además,  teniendo  en  cuenta parámetros objetivos que se aplican a los bienes  que  se  hallan  en  una  determinada zona, en aras de obtener una aproximación  probabilística,  o  como  refiriera la Corte Constitucional, es una estimación  que  se  logra  ‘mediante  investigación  y  análisis  estadístico  del mercado inmobiliario’  (Sentencia C-467 de 1993). Para tal  fin,  según  prevé  el artículo 8º del Decreto 3496 de 1983, reiterado en el  artículo   61  de  la  Resolución  2555  de  1988  dictada  por  el  Instituto  Geográfico      Agustín     Codazzi,     se     toman     las     ‘zonas   homogéneas   geoeconómicas  teniendo  en  cuenta  los  valores  unitarios  que  las  autoridades catastrales  determinen’, al paso que  según  el  artículo  67  de  dicha  Resolución, en el avalúo catastral no se  tienen  en  cuenta  ‘los  valores        histórico,        artístico,       afectivo,       ‘good         will’  (sic) y otros valores intangibles o  de    paisaje    natural    que    pueda   presentar   un   inmueble’.   

“3.2. Por su parte, el avalúo comercial  representa  el  valor  de  un  bien  en  el mercado, en un momento y en un lugar  determinado,  teniendo  en  cuenta  sus  características  particulares.  En ese  sentido,  el  artículo  2º  del Decreto 1420 de 1998, señala que ‘se entiende por valor comercial de un  inmueble  el precio más favorable por el cual éste se transaría en un mercado  donde  el  comprador y el vendedor actuarían libremente, con el conocimiento de  las   condiciones   físicas   y  jurídicas  que  afectan  el  bien’. No se trata ya de un dato tendiente  a  fijar  el  monto  de un tributo, sino de la tasación concreta de un bien, de  acuerdo  con  las  reglas  de la oferta y la demanda, atendidas, desde luego, la  movilidad  y  el dinamismo de la economía, así como las condiciones especiales  de  ese  sector del comercio. A diferencia del avalúo catastral, es posible que  aquí  sí  se  tomen  en consideración circunstancias especiales como el valor  histórico,   cultural  o  artístico  de  un  predio,  o  incluso,  su  entorno  paisajístico.   

“3.3.             Como es fácil apreciar, no cabe  confundir  o  asimilar una y otra noción, de tal suerte que cuando el artículo  3º  del  Decreto  1712  de 1989 ordena acreditar el avalúo comercial, no basta  con  aportar  el  avalúo  catastral, porque con ello no se acredita cuál es el  costo  real  que en el mercado tiene un inmueble específico, en una época y en  un sitio específico.   

“Es  más,  la  propia  ley  ha hecho la  distinción  de  ambas  valoraciones -la catastral y la comercial-, al advertir,  por  ejemplo,  que  en materia de arrendamientos el valor comercial de un predio  no  podrá  ser superior al doble del avalúo catastral (artículo 9º de Ley 56  de  1985  y  artículo  18  de  la Ley 820 de 2003); o cuando consigna que en el  proceso     de    expropiación,    ‘el  precio  de  base  de  la enajenación -forzosa-…no podrá ser  inferior   al   setenta  por  ciento  (70%)  del  avalúo  comercial’  y  en  caso  de  que  ‘no    se    presentaren    posturas  admisibles,  se  citará  para  una  segunda  subasta,  en la cual será postura  admisible  la  oferta  que  iguale  al  70%  del  avalúo  catastral’.   Ello   muestra   que  el  propio  legislador es consciente de la diferenciación que allí subyace.   

“(…) Por lo demás, el hecho de que el  Instituto   Geográfico   Agustín   Codazzi   sea  el  llamado  a  expedir  los  certificados  catastrales,  en  los cuales se incluye el avalúo catastral de un  inmueble,  conforme regula el artículo 27 de la Ley 14 de 1983, en armonía con  el  artículo  19  del  Decreto  3496 de 1983, y la posibilidad de que esa misma  institución  efectúe  avalúos  comerciales,  cual  prevé  el Decreto 1420 de  1998,  no  implica  que unos y otros puedan ser equiparados, porque -se insiste-  su  naturaleza,  metodología y finalidad son por completo diferentes. Entonces,  aunque  la  entidad  que  puede  efectuar los avalúos sea la misma, ello no los  hace  iguales,  pues  cada  una  de esas valoraciones tiene las connotaciones ya  mencionadas”5.   

Así  las  cosas,  mal  podía  el Tribunal  equiparar  dichos conceptos y partir de la estimación catastral para determinar  el  monto de las donaciones, resguardándose en lo que consideró constituía la  voluntad  del  donante,  pues  la  conducta  que de aquél exige el ordenamiento  jurídico  es  la  de  averiguar,  apoyándose  en  las  evidencias decretadas y  practicadas,  el  avalúo  comercial  de  las  propiedades  objeto  del  negocio  subyacente   y  de  esa  manera  determinar  su  validez  o  nulidad.   

b)            En  el  sub  examine,  como  lo  anunció  el  inconforme,  obra un  dictamen  pericial  decretado  por auto de 18 de octubre de 2007 (fl. 175, cdno.  1);  rendido  por  el  experto  el  28  de  abril  de 2008 (fl. 296 a 302 vto.);  aclarado  y  complementado el 10 de julio siguiente (fls. 326 a 328), y objetado  por error grave el 18 de julio (fls. 356 a 360).   

En dicho informe el experto estimó el valor  comercial      de      los      bienes     objeto     de     la     litis,  para el año 2004, data en la que  se   celebraron   los   negocios   jurídicos,  en  $71.270.000,00  –la casa- y $41.748.000,00 –el  apartamento-;  adicionalmente  se  pronunció sobre los frutos.   

Para desatar la inconformidad expresada por  los  demandados  frente a la experticia, que a la postre fue declarada infundada  por  el a quo, el 5 de agosto  de  2008  se  decretó  un  segundo  informe (fl. 372), que fue rendido el 19 de  diciembre  de  2008  (fls. 385 a 403), aclarado y complementado el 18 de febrero  de  2009 (fls. 409 a 411), y cuyo resultado arrojo las sumas de $75.000.000,00 y  $40.000.000,00,  para  la casa y el apartamento respectivamente; también opinó  con respecto a las mejoras.   

El    ad  quem,  por  su  parte,  se apoyó en dichas evidencias  para  arribar  a  la  conclusión  de que los contratos atacados eran simulados,  advirtiendo  que  “los  simuladores,  pactaron como  precio  de las ventas aquellos que aparecen en el avalúo catastral, indicio que  también  en  estos  casos  reviste  contundencia.  Los  peritajes  incorporados  demuestran  que  los precios reales de los bienes para la época de los negocios  eran  muy  superiores a los que aparecen registrados en las escrituras públicas  contentivas   de   los   negocios   cuya   simulación  se  pretende”  (fl.  59, cdno. de 2ª inst.); sin embargo, al momento de tasar  las  donaciones,  dejó  de  lado  de  manera  inexcusable  e  inexplicable  las  experticias    y    se    atuvo   al   valor   que   reportaban   los   negocios  aparentes.   

Pues  bien,  el  obrar  del  juzgador  de  instancia  denota  a todas luces un claro desvío en su laborío de apreciación  física  de  las  probanzas,  particularmente  de los dictámenes periciales, en  tanto  en  cuanto,  de  ellos  se obtiene con claridad el valor comercial de los  inmuebles  objeto  de  donación,  baremo  que  no es otro que el exigido por la  normatividad  para determinar la validez de los actos cuestionados, así como el  monto de las restituciones.   

La  diferencia  entre las cuantías tomadas  por el Tribunal y las determinadas por los peritos son:   

Inmueble             

Valor registrado en las escrituras públicas             

Tasación     del     1er                peritaje6             

Estimación  de la 2ª  experticia7             

Cuantía   tomada   por   el  Tribunal8  

Apartamento9             

$15.460.000,0010             

$41.748.000,00             

$40.000.000,00             

$15.460.000,00  

Casa11             

$22.000.000,0012             

$71.270.000,00             

$75.000.000,00             

$22.000.000,00  

Para  la Sala, los dictámenes aportados al  proceso  son  precisos, se encuentran debidamente soportados y son idóneos para  acreditar  el  valor  que  según las leyes de la oferta y la demanda tienen los  predios,  amén  de que fueron sometidos a contradicción y cuentan con eficacia  demostrativa;  entonces, el fallo del Tribunal debió soportarse en ellos, o, en  su    defecto,    de   manera   motivada,   restarles   credibilidad.   

De lo anterior se colige que la providencia  impugnada  pasó  por alto el contenido de las pericias, y por ello arribó a la  errada  convicción  de que la donación encubierta en la escritura pública 678  resultaba  válida,  al  haberse efectuado por la suma de $15.460.000,00; que la  contenida  en  el  instrumento  2098  –cuantificada   en   $22.000.000,00-   era   parcialmente  nula,  por  sobrepasar  el  límite  legal  en  $4.100.000,00,  y que los convocados debían  restituir  tan  solo el 18.64% del inmueble en cuestión; situación que conduce  indefectiblemente a casar la decisión.   

c)           Las  citadas evidencias, particularmente  la  tasación  arrojada  por  el  primer  peritaje,  contrastadas con el salario  mínimo   legal  mensual  vigente  para  el  año  2004  ($358.000),  época  de  celebración  de  los  contratos,  llevan  a  la  conclusión  de  que  las  dos  donaciones  superan  el  tope de 50 salarios establecido en el artículo 1º del  Decreto  1712  de  1989, por lo que deberá declararse su nulidad en todo lo que  exceda dicho límite.   

En  efecto, el salario mínimo para la data  en  cuestión equivalía a $358.000, lo que se traduce en que toda donación por  valor  superior  a  $17.900.000,00,  debía  ser  insinuada,  y  en  caso  de no  cumplirse   esta   exigencia,   el   negocio   jurídico   deviene  nulo  en  el  exceso.   

4.           Ahora bien, como atrás se explicó, los  efectos  de  la nulidad conllevan, entre otros, a la necesidad de retrotraer las  cosas  a  su  estado  inicial,  como  si no hubiese existido el acto invalidado,  dando  lugar  a  las  restituciones mutuas, razón por la cual, las mismas deben  calcularse  frente  a los dos negocios jurídicos bajo estudio, atendiendo a los  parámetros  establecidos  en  los  artículos  961  y  siguientes  del  Código  Civil.   

5.            Corolario   de   lo   indicado  es  la  prosperidad  de los cargos y el quiebre de la sentencia recurrida, para proferir  en  sede de instancia la que deba reemplazarla, previo a lo cual, con fundamento  en  los artículos 179, 180 y 375 inciso 2º del Código de Procedimiento Civil,  se  decretará  la  prueba  de  oficio  que  adelante  se  indicará.   

DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República   y   por   autoridad   de   la  ley,  CASA  la sentencia de 22 de noviembre de 2010, proferida por  la   Sala   Civil  Familia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  en  el  proceso ordinario promovido por XXXXXXXXXXXXXXXXXX contra  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, XXXXXXXXX, XXXX XXXXX y XXXXXXXXXXXXX.   

Previamente  a la sentencia sustitutiva, se  decreta  la  práctica  de  un  dictamen  pericial,  para  que  se determine con  exactitud  el  valor  de  la  totalidad  de los frutos producidos o que hubiesen  podido  producir  los  inmuebles  identificados  con  los números de matrícula  inmobiliaria  156-38904  y  156-19031  de la oficina de registro de instrumentos  públicos  de  Facatativá,  desde  las  fechas de suscripción de los contratos  anulados  hasta  el  día en que se rinda el informe, y la naturaleza y monto de  las mejoras efectuadas desde las mismas calendas.   

Sin costas por la prosperidad del recurso de  casación.   

Cópiese,   notifíquese,  publíquese  y  cúmplase.   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ    

1 Sent.  Cas.  Civ.  de  16  de  diciembre de 2003, exp. 7593; reiterada, entre otras, en  Sent. Cas. Civ. de 24 de noviembre de 2010, exp. 15076.   

2 Sent.  Cas. Civ. de 2 de agosto de 1999, exp. 4937.   

3  CESARE  MASSIMO  BIANCA,  Derecho  Civil –el        contrato-,  Trad. Fernando Hinestrosa y Edgar Cortés, Universidad Externado  de Colombia, 2007, p. 633.   

4 Sent.  Cas. Civ. de 15 de julio de 2000, exp. 5218.   

5 Sent.  Cas. Civ. de 31 de agosto de 2010, exp. 00180.   

6 Fl.  300, cdno. 1.   

7 Fl.  388, cdno. 1.   

8 Fl.  61, cdno. de 2ª inst.   

9  Correspondiente   al   número   101   del   bloque  B,  de  la  “C   14   4C-24   o   K  5  13-131”  de  Facatativá; matrícula inmobiliaria No. 156-38904.   

10  Escritura  pública  678  del  5  de  abril  de  2004 de la notaría Segunda del  círculo de Facatativá; folios 33 y 33 vuelto, cuaderno 1).   

11  Ubicada  en el lote No. 6 de la urbanización Los Laureles, Calle 15 No. 5-46 de  Facatativá; matrícula inmobiliaria No. 156-19031.   

12  Fls. 25 y 25 vto., cdno. 1.     

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