SC9141-2014 [2006-00076-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    REPÚBLICA DE COLOMBIA      

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Magistrado Ponente  

SC9141-2014  

Radicación           N°  20001-31-03-003-2006-00076-01   

Discutido  y  aprobado en sesión de ocho de  abril de dos mil catorce   

Bogotá,  D.C.,  catorce(14) de julio de dos  mil catorce (2014)   

          Decide   la   Corte   el  recurso  de  casación  que  Beatriz   Helena   Arcila  Peláez  y  Luz  Marleny  Arcila  Peláez  formularon  contra  la  sentencia  proferida el 15 de  diciembre  de  2010  por la Sala Civil Familia Laboral del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Valledupar, dentro del proceso ordinario que contra ellas  formuló     Hernán     de     Jesús     Ceballos  Suárez.   

I.           ANTECEDENTES   

A.           En demanda (fls. 1 a 6, c. 1) repartida  al  Juzgado Tercero Civil del Circuito de Valledupar, Hernán de Jesús Ceballos  Suárez  pidió  que  con  citación de Beatriz Helena Arcila Peláez se declare  que  le  pertenece  el  bien inmueble denominado “Tesorito” localizado en la  vereda  El  Pedregal,  Becerril  (Cesar)  de  100  hectáreas  de  extensión  e  identificado  en  la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Valledupar  con  el  número  190-85;  que se condene a la demandada a restituirlo junto con  los    frutos    naturales   y   civiles,  teniendo en cuenta que se trata de un poseedor de mala fe, razón  por  la cual, además, no está el demandante obligado a indemnizar las expensas  necesarias  referidas en el artículo 905 del Código Civil. Y finalmente que se  registre la sentencia en el folio de matrícula mencionado.   

B.          Como  causa  de  pedir  se indica en la  demanda  que  por  escritura pública No. 1722 del 13 de julio de 1988, otorgada  en  la  Notaría  10ª  del  Círculo  de  Medellín, Hernán de Jesús Ceballos  protocolizó  la  Resolución  No. 0036 del 31 de enero de 1977, expedida por el  Ministerio  de Agricultura (Incora), mediante la cual se le adjudicó un terreno  baldío  de  100  hectáreas  denominado  “Tesorito”,  ubicado  en  Becerril  (Cesar),  el  cual  ha  venido explotando desde esa fecha con cultivos de café.  Manifiesta  que  se encuentra privado de la posesión material del inmueble, que  es  detentada  por  Beatriz  Helena  Arcila,  quien entró en posesión mediante  circunstancias  violentas  en  el  año 2005 aprovechándose de que el predio se  encontraba deshabitado.   

C.           La  demandada  Beatriz Helena Arcila se  opuso  a  las  pretensiones  (fls.  151  a  156,  c.  1), con la formulación de  excepciones  de  mérito  que denominó “falta de legitimación por activa”,  “falta   de  legitimación  por  pasiva”,  “falta  interés  jurídico”,  “falta   de   causa   para   pedir”,   “incongruencia   jurídica   de  lo  pretendido”,  “falta  de  postulación  jurídica”  y  “mala  fe”.  En  síntesis,  adujo  que  el  demandante  Hernán  de  Jesús  Ceballos suscribió  promesa  de compraventa sobre 50 hectáreas del predio denominado “Tesorito”  con  Efraín  Antonio  Arcila,  su  tío,  pero  nunca procedió a “hacerle la  escritura  pública”.  Agrega  que Efraín Arcila otorgó testamento en el que  manifestó que dejaba a sus sobrinas    Beatriz Helena Arcila y Luz Marleny Arcila todos los bienes,  razón   por   la   cual   a   partir   de   su   fallecimiento  “actúan   estas   como   poseedoras   del  inmueble  objeto  de  la  demanda”     (f.    151,    c.    1).   

Beatriz   Helena  y  Luz  Marleny  Arcila  presentaron   demanda   de   mutua   petición  (fls.  5  a  9,  c.  demanda  de  reconvención)  con  la finalidad de que frente a Hernán de Jesús Ceballos, se  declare  que  este  demandado  incumplió  el contrato de promesa de compraventa  celebrado  el  4  de  mayo de 1993 y que en consecuencia se le ordene cumplirlo,  otorgando  escritura  pública  a  favor  de las reconvinientes, quienes actúan  como herederas en este proceso.   

Fundamentan  estas  pretensiones  en  que  Hernán  de  Jesús  Ceballos  y Fredy Antonio Arcila celebraron el 4 de mayo de  1993  una  promesa  de  compraventa  sobre  50  hectáreas del predio denominado  “Tesorito”,  en  la  que  se  hizo  constar  además  que  la  finca  estaba  hipotecada  a  favor  de  la  Caja  Agraria,  de  suerte que una vez el vendedor  Hernán  de  Jesús Ceballos “cancelara la hipoteca”, haría el desenglobe a  favor  del  señor Arcila, obligación que aquél no cumplió como tampoco pagó  a  la  acreedora  hipotecaria, lo que le compelió a cubrir la obligación de su  vendedor.  Se  agrega que el señor Arcila detentó la posesión real y material  sobre  el  inmueble en forma ininterrumpida, con la realización de una serie de  mejoras descritas en el libelo.   

El  demandado  en  reconvención  se  opuso  asimismo  a  esas  pretensiones  de  cumplimiento  contractual  (fls.  38  a  42 y 47 a 50), arguyendo que lo  que  las  partes  celebraron  realmente  fue  un  contrato de anticresis, con la  finalidad  de que Hernán de Jesús Ceballos pagase a Efraín Antonio Arcila una  deuda  que  tenía  con el compromiso además de cancelar las cuotas a cargo del  primero  y  en  favor  de  la Caja Agraria,   con   los   dineros   que  del  producido  le  correspondía  al  reconvenido.  Manifiesta  además  que lo que existió fue una relación laboral  entre   Efraín   Arcila  y  Hernán  Ceballos,  de  modo  que  el  primero  era  administrador  y  de  ahí que pudiese ejercer actos de señor y dueño sobre el  predio.   Arguye  finalmente  que la promesa de compraventa contenida en el  documento  aportado  no especifica el objeto del inmueble que se vende. Formuló  como  excepciones  de  mérito  las  que denominó “falta de legitimación por  activa”   sustentado   en   el  hecho  de  que  si  bien  las  demandantes  en  reconvención  son  herederas  de  Efraín  Arcila,  el  inmueble todavía no ha  ingresado a la masa de bienes del causante.   

E.          Esta  sentencia  fue  apelada  por  las  demandadas.  El  Tribunal,  con la suya objeto del recurso de casación, desató  la    alzada    confirmando    aquella    en    todas   sus   partes.   

II.          LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL   

El  Tribunal,  luego  de  resaltar  la  declaratoria  oficiosa  de  la  nulidad  de la promesa como fundamento del fallo  apelado,  y  destacar  asimismo  que  las  inconformes  adujeron  en  la segunda  instancia  que  lo  único  que  tuvo  en  cuenta  el  juzgado fue la promesa de  compraventa  sin  haber hecho una valoración integral de las demás pruebas, se  enfoca  en  el  enfrentamiento  de  la  pretensión  reivindicatoria  con  la de  cumplimento  contractual, sustentada esta en una promesa de compraventa suscrita  por   el   demandante   reivindicante   y   Efraín   Arcila,  causante  de  las  demandadas.   

Advierte, con el a  quo, que en dicha promesa no  se  determinó la notaría en la cual el contrato prometido debía solemnizarse,  circunstancia  que, de conformidad con el artículo 89 de la ley 153 de 1887, la  hace  nula.  Y  tal  declaración  produce  como  efecto jurídico, “que  las  cosas  vuelvan  a  su  estado  original”  (f. 24, c. Tribunal), de donde surge la obligación de las partes  de    restituirse   mutuamente   las   cosas   involucradas   en   el   contrato  invalidado.   

Agrega  que  como en el presente asunto los  poseedores   tienen   el   carácter   de   terceros  y  enrostran  al  pretenso  reivindicante  el  incumplimiento  de  la  promesa  que se ha declarado nula, de  acuerdo  con  el  artículo  1748 del Código Civil, es procedente la acción de  reivindicación.   

Sobre el punto precisa su pensamiento en el  sentido  de  que  la  restitución  puede  obtenerse  como  consecuencia  de  la  reivindicación,  acción  autónoma  e  independiente,  o  en  razón  a que en  ejercicio  de  la  acción contractual se dé la declaratoria de nulidad, lo que  ocurrió  en  este caso. Existiendo entre el dueño y el poseedor de la cosa una  relación  jurídica  contractual  de la que se origina la posesión,    el   ejercicio   de   la   acción  reivindicatoria  acarrearía  el desconocimiento del convenio. De ahí que fuese  procedente  la desestimación de la pretensión reivindicatoria y que prosperara  la  orden  de  restitución  como  consecuencia  de  la  declaración de nulidad  absoluta del precontrato.   

En relación con las condenas a cargo de las  partes  por  concepto  de  lucro  cesante  y  mejoras, opina el Tribunal que los  valores  reconocidos en la parte motiva y resolutiva de la sentencia apelada son  los que corresponden a los hechos demostrados.   

En  cuanto  a  la crítica de las apelantes  sobre  que  el  juzgado  desestimó los demás elementos de prueba, centrándose  únicamente  en el contenido del contrato de promesa de compraventa, el Tribunal  señala  que  de  conformidad con el artículo 2º de la ley 50 de 1936, para la  declaración  oficiosa  de  la  nulidad el motivo debe aparecer manifiesto en el  cuerpo   del  contrato,  de  suerte  que cuando ese sea el tema controvertido no es dable escrutar las demás  pruebas o acudir a interpretaciones extensivas.   

III.           LA   DEMANDA   DE   CASACIÓN.   CARGO  ÚNICO   

Al amparo de la causal segunda de casación,  se  acusa  la  sentencia  de  no  estar  en  consonancia  con  las  pretensiones  formuladas  en  las  demandas  reivindicatoria y de reconvención, así como con  las  excepciones propuestas a la demanda primigenia, pues a pesar de reconocerse  que  el  fallador  acierta  en  no considerar la pretensión reivindicatoria por  existir  una  relación jurídica sustancial que excluía su ejercicio, tomó en  consideración   la   promesa   de   compraventa   para  desestimar  la  acción  reivindicatoria    y    no   hizo   lo   mismo   con   la   demanda   de   mutua  petición,  en  la  que  se  solicitó  el  incumplimiento  de  la promesa, “pero  como  soporte  de  poder  concluir la legítima posesión de las hermanas Arcila  Peláez  sobre  parte del inmueble Tesorito” (f. 20,  c. Corte).   

El  vicio  de  inconsonancia,  agrega,  se  presentó  porque  el Tribunal dejó de solucionar las pretensiones deducidas en  la demanda de reconvención.   

Explica que el origen de la dicotomía de la  sentencia  respecto  de  los  pilares  de  las  pretensiones  y  excepciones  se  encuentra  en  el  punto  en  el  cual el Tribunal se creyó en presencia de una  acción  contractual  y  por  ese  camino  se  aplicó estudiar la validez de la  promesa,  declarándola nula, “sin ser lo pretendido  ni  estar  en  el contexto que la ley prevé”,   pues  dicha  declaración  se  supedita  a  que como tema objeto controversia se  ejercite  la  acción  contractual,  lo que acá no ocurrió. Y por esa vía, al  declarar    la   nulidad,  soslayó  todo  pronunciamiento  en relación con las excepciones planteadas por  la  demandada  y  las  pretensiones  oportunamente  deducidas  en  la demanda de  reconvención.   

IV.  CONSIDERACIONES   

En  el  marco  de  las  limitaciones  establecidas por el legislador en el ordenamiento en lo atañedero  a  la  actividad  jurisdiccional  del  Tribunal de Casación, procede la Corte a  decidir el cargo propuesto.   

En   la   confusa  formulación  de  los  argumentos tendientes a demostrar la incongruencia de que  se  acusa  la  sentencia, cree ver la Corte que la esencia de la censura estriba  en  que  si  no  se había ejercitado una acción de cumplimiento contractual no  podía  el  Tribunal  declarar  de  oficio la nulidad del contrato de promesa de  compraventa  y,  por  esa vía, omitir todo pronunciamiento en relación con las  pretensiones   de   las   demandas   y   las   excepciones  formuladas  por  las  partes.   

Sin   embargo,   esa  afirmación parte de la base  de  que  la demanda no fue de  cumplimiento    contractual    y    que    sin    embargo,   el    Tribunal            así    la  percibió,  con    lo    cual    se  atribuyó    facultades   para   declarar   oficiosamente  la  nulidad,  planteamiento    que    a  no       dudarlo  desvía   el   cargo   hacia   la  causal  primera,  esto  es,  hacia  la  violación  indirecta  de  normas      sustanciales     como     consecuencia     de     una     equivocada  interpretación   de   la  demanda,  incurriendo  el  censor  en  una  inadmisible  mixtura de causales de casación,   en   contra   de  su  autonomía    e    independencia,    y    por   esa   vía, de la claridad y precisión       que      debe      ostentar      el  cargo.   

Con     todo,  es    lo   cierto   que  nítidamente  se lee en los  poderes   que  recibió  el  apoderado  que  formuló la  demanda  de  reconvención,   que  las  hermanas      Arcila  Peláez lo   facultaron  para “obtener  el  cumplimiento del contrato celebrado  por      Hernández  Jesús    Cevallos    y  Efraín     Antonio  Arcila”    (fls.    1    y    2,    c    demanda   de  reconvención).   Y   en  ejercicio  de     los    mismos,  en    el  escrito  de  mutua petición   planteó      como  pretensión  principal  que  se  declarara  el  incumplimiento  de  Hernán                de  Jesús  Ceballos    sobre    la  promesa   de  compraventa  celebrada  el  4 de mayo de  1993  y  que  como  consecuencia  de  ello,   se   le  ordenara    el    cumplimiento   de   dicho   contrato  otorgándole   escritura  pública       a  favor  de  Beatriz Helena y  Luz   Marleny  Arcila (fl. 7).   

Tan insoslayable resulta  el  sentido  de  la  demanda  de reconvención  propuesta  por  Beatriz  Helena Arcila  Peláez y Luz Marleny Arcila  Peláez,    que   luego  de  desarrollar  la  argumentación   orientada  a  sustentar     el     cargo,    solicitan    que    la  Corte,    luego  de  casar la sentencia recurrida y de revocar la de primera  instancia,  concluya  su  cometido <<ordenando  el  cumplimiento  del  contrato  de  compraventa  y  el  otorgamiento    de    su    correspondiente   escritura   pública>> (fl.  25   Cdno. Corte), con  lo      cual      se  vuelve  sobre la que fuera  prístina  intención  del  libelo de  mutua                petición.   

Por  tanto,  teniendo  claro  que  la  promesa de compraventa celebrada entre Hernán de Jesús    Ceballos    y   Efraín    Antonio    Arcila    es    el    puntal   o   fundamento   de  la     demanda    de  reconvención,  como  que  precisamente  se  pide allí  que   se  conmine  al  demandado  a  que  la  cumpla,   debe   memorarse  que  el  artículo 1742 del  Código  Civil,  subrogado  por  el  artículo  2º de la ley 50 de 1936, atribuye al juez no sólo la potestad, sino  el   deber   de   privar   de   eficacia  al       contrato,      declarando  la  nulidad  absoluta  del mismo, aun sin petición de  parte,   siempre   que  el  motivo              invalidante,  sancionado  con  la  nulidad               absoluta,  “…aparezca      de      manifiesto      en      el      acto      o  contrato”.   

Sobre el particular, ha  dicho      reiteradamente      la      Corte   que,  que   

“La  previsión legal en comentario consagra una  aplicación   particular   del  principio  inquisitivo,  en  tanto  autoriza  la  oficiosidad  del juez, atribución cuya justificación se halla en el fundamento  mismo  de  tal  especie  de  nulidad, establecida como se sabe en interés de la  moral,  el  orden  público  y  el  respeto  debido  a  las  normas de carácter  imperativo,  postulados cuya protección no puede quedar sometida exclusivamente  a   la   iniciativa   particular,   como  ocurriría si  el  aniquilamiento  de los negocios jurídicos que los contrarían sólo pudiere  declararse      a      ruego      suyo.   

Empero,  como  desde  antaño lo ha venido  exponiendo  la doctrina de la Corte, ese poder excepcional que al fin de cuentas  comporta  un control de legalidad en torno a la actividad negocial, está sujeto  o  limitado  por  los  condicionamientos  que  la propia norma consagra y que la  Corporación  ha  identificado  así: ‘…  1ª.  Que la nulidad aparezca de manifiesto en el acto o  contrato,  es  decir, que a la vez que el instrumento pruebe la celebración del  acto  o  contrato,  demuestre  o  ponga  de bulto por sí solo los elementos que  configuran  el  vicio  determinante  de  la  nulidad absoluta; 2ª. Que  el  acto  o  contrato  haya  sido invocado en el litigio como  fuente  de  derecho u obligaciones para las partes; y  3ª.   Que  al  pleito  concurran,  en  calidad  de  partes,  las  personas  que  intervinieron  en  la celebración de aquél o sus causahabientes, en guarda del  principio  general  que  enseña  que  la  declaración  de nulidad de un acto o  contrato  en  su totalidad no puede pronunciarse sino con audiencia de todos los  que  lo  celebraron”  (G.  J   T.  CLXVI,  pág.  631).  Criterio  que ha  reiterado  entre otras, en sus sentencias del 10 de octubre de 1995, 10 de abril  de   1996  y  20  de  abril  de  1998’  (Cas. Civ. del 11 de marzo de 2004, exp No. 7582)”     (Cas.   Civ.   del   11   de   marzo   de   2004,   exp.  7582).   

Por consiguiente, disponiendo el Tribunal de  la  facultad  oficiosa  de  decretar  la nulidad del convenio base de la acción  incoada,  mal  puede sostenerse que cuando usó dicha atribución, se abstuvo de  fallar  sobre  las  pretensiones  planteadas  por  ambas  partes, pues en primer  lugar,  el  Tribunal  desestimó  la  procedencia  de la acción reivindicatoria  propuesta  por  el  actor al advertir que había mediado un contrato que sirvió  de  título a la posesión del causante Efraín Arcila. En segundo lugar, si las  pretensiones  de  las  reconvinientes  tenían venero en un contrato a la sazón  nulo,  implícitamente decidió denegándolas al privar de todo efecto la fuente  de  la  que,  para  el  actor,  provenía  el derecho que reclamaba. Y en tercer  lugar,  si  por  disposición  legal  tiene  el  deber  de  declarar  la nulidad  absoluta,  con  las restricciones anotadas, al proceder de ese modo no hace más  que  producir  un fallo congruente, pues ha de recordarse que los artículos 305  y  306  del  Código de Procedimiento Civil le ordenan, el primero, que  su  decisión  guarde  consonancia  con “las excepciones  que   aparezcan   probadas  y  hubieren  sido  alegadas  si  así  lo  exige  la  ley”,  y  el  segundo,  que  cuando “halle  probados  los hechos que constituyen una excepción, deberá  reconocerla  oficiosamente  en  la  sentencia”. Y la  nulidad  absoluta  del  contrato  es  justamente  una  excepción  que enerva el  cumplimiento  del mismo, o por mejor decir,  la prosperidad de las pretensiones, nulidad que de hallar probada  el  juez, en los términos del artículo 1742 del Código Civil debe declarar de  oficio,   pues   de   no   hacerlo,   ahí   sí   podría   producir  un  fallo  disonante.   

Es ésa la doctrina de la Corte:  

“la actividad  que  cumple  el  funcionario  investido  de la potestad de administrar justicia,  está  regulada  por  cuatro  vectores cuya conjugación delinean o delimitan la  misma:  1)  las  pretensiones de la demanda; 2); los hechos que la sustentan; 3)  las  excepciones invocadas por el demandado (cuando así lo exige la ley); y, 4)  las  excepciones  que  debe declarar de oficio.  Y, por supuesto, cuando el  agente  del  Estado   quebranta  esos  hitos,  incursiona  en  predios  que  destellan  un  exceso  de  poder  o  un  defecto del mismo; algunas veces, en la  medida  en que decide sobre cuestiones no pedidas ó más allá de lo solicitado  ó  cuando  deja  de resolver sobre las pretensiones o excepciones aducidas; tal  vicio,  se  estructura, igualmente, cuando el sentenciador desdeña pronunciarse  sobre  aspectos no enarbolados por las partes, pero que, por disposición legal,  debían  ser  objeto  de decisión oficiosa.” (Sent.  Cas. Civ. 16 de diciembre de 2010, Exp. 1997 11835 01).   

El cargo no se abre paso.  

V.          DECISIÓN   

         

Con  fundamento  en  lo  expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Civil, administrando Justicia en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad  de  la  Ley  NO CASA la sentencia  proferida  el  15  de  diciembre  de  2010 por la Sala Civil Familia Laboral del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Valledupar,  dentro del proceso  ordinario  de  Hernán  de  Jesús Ceballos Suárez contra Beatriz Helena Arcila  Peláez y Luz Marleny Arcila Peláez.   

Costas   del   recurso  a  cargo  de  las  recurrentes.  Para su tasación, inclúyanse como agencias en derecho la suma de  $3.000.000,oo, en atención a que no hubo réplica.   

Notifíquese  y  devuélvase  al Tribunal de  origen.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

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