SC9530-2014 [2013-03034-00]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA 

SALA        DE        CASACIÓN        CIVIL        

   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

SC9530-2014  

Radicación    n°  1100102030002013-03034-00   

(Aprobado en sesión de dieciocho de junio de  dos mil catorce)   

Bogotá D. C., veintiuno (21) de julio de dos  mil catorce (2014)   

Se  decide  sobre  la solicitud de exequátur  presentada  por  Dagoberto Quintero Murcia y Gloria Inés Triviño Montoya, para  la  sentencia de divorcio de mutuo acuerdo proferida el 21 de noviembre de 2005,  por el Juzgado de Primera Instancia 16 de Barcelona, España.   

I.  ANTECEDENTES   

2.-  En  sustento de su reclamación, narran  los siguientes hechos:   

a.-)  Los  peticionarios,  colombianos  de  nacimiento,  contrajeron  matrimonio  católico  el  24  de diciembre de 1982 en  Neiva,  Huila;  unión  producto  de la cual tuvieron tres hijos, hoy mayores de  edad.   

b.-)  La  pareja  radicó, de mutuo acuerdo,  demanda  de  divorcio  ante  la citada autoridad judicial foránea, que el 21 de  noviembre de 2005 resolvió aceptarla.   

c.-) Por haber llegado los descendientes a su  “mayoría  de  edad”, se  han  superado los aspectos de la determinación extranjera relativos a la patria  potestad, el régimen de alimentos y la guarda.   

d.-) Antes de este libelo, radicaron otro que  culminó  con  sentencia  de  26  de  enero  de  2011,  que  si  bien  negó  el  “exequátur”   por  no  demostrarse  formalmente  la  ejecutoria  del  proveído  español, “dejó     abierta     la    posibilidad    de    instaurar    uno  nuevo”.    

3.- Admitida a trámite la petición, de ella  se   dio  traslado  a  la  Procuradora  Delegada  para  Asuntos  Civiles,  quien  manifestó  no  oponerse  al exequátur, siempre y cuando se acreditara el cabal  cumplimiento de las exigencias de ley (fls. 42 a 48).   

4.- Agotado el rito previsto para esta clase  de  materias, corresponde entonces resolver sobre el fundamento de lo reclamado,  para lo cual son pertinentes las siguientes   

II.  CONSIDERACIONES   

1.-  Permitir  que las decisiones judiciales  adoptadas  en  un  Estado  surtan  efecto  en otro, es reconocer en el marco del  derecho,  la  realidad  de  un  mundo  globalizado,  en  el que la migración de  personas está a la orden del día.   

En tal contexto, el exequátur surge como un  proceso  judicial  especial  de  reconocimiento  y  autorización,  con el claro  propósito  de llevar a un específico ordenamiento, para su respectiva eficacia  y  ejecución,  una  resolución dictada por una autoridad jurisdiccional ajena.   

Ese  trámite,  por  supuesto,  refuerza  el  principio  de  que la jurisdicción es una actividad del Estado en desarrollo de  la  cual  se reserva la función judicial dentro de su territorio, pues, es bajo  el  cumplimiento  de  cada  una  de  las  exigencias  que  prevén  los tratados  internacionales,  los  acuerdos  entre  naciones  o  la  ley,  que se posibilita  que   las  sentencias  proferidas  por  una  nación puedan cumplirse en el  espacio territorial de otra.    

En Colombia, el artículo 693 del Código de  Procedimiento   Civil   acepta   con  fuerza  vinculante  los  fallos  o  laudos  pronunciados    en    un    país   extranjero,   por   vía   de   “reciprocidad  diplomática”, esto es,  cuando  cumplan  con  los requisitos establecidos en los tratados existentes con  él,  o  en  su  defecto acudiendo a la “reciprocidad  legislativa”,  basada  en  la admisión que allí se  dé a las aquí proferidas.   

“[E]n  primer  lugar  se  atiende  a  las  estipulaciones  de  los  tratados que tenga celebrados Colombia con el Estado de  cuyos  tribunales  emane la sentencia que se pretende ejecutar en el país. Y en  segundo  lugar,  a  falta  de  derecho  convencional, se acogen las normas de la  respectiva  ley  extranjera  para darle a la sentencia la misma fuerza concedida  por  esa  ley a las proferidas en Colombia (…) (G. 3. t. LXXX, pág. 464, CLI,  pág.  69,  CLVIII,  pág.  78  y  CLXXVI,  pág.  309 entre otras)» (CSJ SC 26 enero de 2011, Rad.2007-00499-00).   

2.-      En      el     sub-exámine, se pretende la homologación  de una sentencia extranjera.   

3.- Para los efectos del  análisis que  se realiza, surgen estos hechos probados:   

a.-)  Que Dagoberto Quintero Murcia y Gloria  Inés   Triviño   Montoya   son   colombianos   de   nacimiento   (fls.   15  y  16).   

b.-)   Que  ellos  contrajeron  matrimonio  religioso  el  24  de  diciembre de 1982 en la parroquia la Inmaculada de Neiva,  Huila (fl. 15).   

c.-)  Que  la  pareja  tuvo tres hijos: Luis  Fernando,  Diana Marcela y Ana María, quienes respectivamente nacieron, el 8 de  junio  de  1983,  10  de  julio  de  1990  y  6 de junio de 1992 (fls. 17 a 19).   

d.-)  Que  el  21  de  noviembre de 2005, el  Juzgado  de  Primera  Instancia  16  de  Barcelona, por el mutuo convenio de los  interesados,  “declaró  disuelto  por  divorcio, el  matrimonio   contraído  por  los  cónyuges,  con  todos  los  efectos  legales  inherentes  a  dicha  declaración,  sin  hacer  expresa  imposición  de costas  causadas”  (fls.  4  y  5).  Así  mismo, aprobó el  “convenio    regulador    de   los   efectos   del  divorcio”  adosado  por  las partes, concerniente al  domicilio  de  los hijos, su manutención, la patria potestad y la constancia de  que  “ninguno  de los cónyuges viene recibiendo, ni  solicita  del  otro  cantidad  alguna  como  pensión alimenticia” (fls. 6 a 10).    

e.-)  Que la Subdirectora General Adjunta de  Cooperación  Jurídica  Internacional  de la Dirección General de Cooperación  Jurídica  Internacional  y  Relaciones  con  las  Confesiones del Ministerio de  Justicia   de   España  certificó  que  la  precitada  decisión  “es firme” (fl. 14).   

f.-) Que el 30 de mayo de 1908, Colombia y el  aludido  país  europeo  suscribieron  Convenio  sobre  Ejecución de Sentencias  Civiles,  que  acá  se  aprobó  mediante  la  Ley  6ª  de ese año (fls. 25 y  26).   

4.-  En  este  caso, como acaba de verse, se  acreditó  la  reciprocidad  diplomática,  dado  que  entre  España y Colombia  existe  un  acuerdo  vigente para el mutuo reconocimiento de sus determinaciones  jurisdiccionales civiles.   

En efecto, en tal  instrumento  se  da  cuenta que las sentencias de una de las partes contratantes  serán    ejecutables    en    la    otra,    si    concurren   los   siguientes  requisitos:  “Que  sean  definitivas  y  que  estén  ejecutoriadas  como en derecho se necesitaría para  ejecutarlas  en  el país en que se hayan dictado” y  “Que no se opongan a las  leyes  vigentes  en  el  Estado  en que se solicite su ejecución”.   

Adicionalmente,  se exige que la firmeza de  la   providencia  la  certifique  “el  Ministro  de  Gobierno  o  de  Gracia  y  Justicia, siendo la firma de estos legalizada por el  correspondiente  Ministro  de  Estado o de Relaciones Exteriores y la de éste a  su  vez  por  el  agente  diplomático  respectivo  acreditado en el lugar de la  legalización”,   y   que   antes   de  ejecutarse  “deberá  oírse al Ministerio Público o Fiscal de  acuerdo    con    las    leyes    de    cada    uno    de    los   dos   países  contratantes”.    

5.- Establecida la reciprocidad diplomática,  cumple  ahora verificar si el fallo extranjero de divorcio reúne las exigencias  previstas  en el mencionado Acuerdo, además de las contempladas en el artículo  694  del  Código  de Procedimiento Civil, pues, como lo enseñó la Corte   en un caso análogo,   

“En  el  presente  asunto  […]  aparece  certificación  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  dando  cuenta de la  existencia  de  un  convenio  bilateral  entre  Colombia y España alrededor del  cumplimiento  de fallos extranjeros, celebrado el 30 de mayo de 1908, que entró  a  regir  a  partir  del  16  de  abril  del  siguiente  año.  No  obstante, el  cumplimiento  de  esa  exigencia,  por  sí misma, resulta insuficiente, pues la  misma  convención  y  el  artículo  694  del  C.  de  P. C., establecen que la  autorización  pretendida (exequátur) está supeditada al cumplimiento de otros  requisitos,  como  son, la constancia de ejecutoria del fallo extranjero; que no  se  oponga a las leyes del Estado destinatario; que la copia de la sentencia, de  ser  el  caso,  esté  traducida  y legalizada conforme a las leyes del país en  donde  se  pretende que surta efectos; que no contravenga las normas internas de  orden  público,  ni  verse sobre derechos reales respecto de bienes situados en  territorio  nacional;  que  no recaiga sobre asuntos de resorte exclusivo de los  jueces  nacionales  o respecto de los cuales exista proceso en curso o sentencia  en  firme.  Además,  si  el  fallo  fue contencioso, se haya cumplido la debida  citación  y contradicción del demandado (CSJ SC, de 20 de mar. de 2014, Rad. 2012-02652-00).   

En tal sentido, se constata que  

a.-)  La  decisión  no versa sobre derechos  reales  constituidos  en bienes que se encuentran en territorio colombiano, toda  vez    que    concierne,    exclusivamente,    al    estado    civil    de   los  contrayentes.   

b.-)  No  es  contraria  a las leyes u otras  disposiciones  colombianas de orden público, pues, el mutuo acuerdo corresponde  a  la  causal  novena  de  divorcio  consagrada  en el artículo 154 del Código  Civil;  aspecto  que,  en reiteradas ocasiones ha avalado la Corte, entre ellas,  CSJ   SC   15   agos.   de   2007,  Rad.  2006-00857,  14  nov.  de  2008,  Rad.  2007-01237,   13  may.  de 2009, Rad. 2007-01236 y 5 de agos. de 2013, Rad.  2011-00104-00.   

Además,  cuando se dispone en una sentencia  extranjera  el  divorcio  o  disolución  de  un  matrimonio  religioso, esto es  equivalente  a  la  cesación  de  efectos jurídicos  reglada  en  el  artículo 152 del Código Civil, reformado por el 5° de la Ley  25 de 1992, sin que de tal forma se desconozca el orden público.   

Al   respecto,   la   Sala  ha  precisado  que   

“Ante a un caso  similar  en  que  un  Juez  de  la  Florida, Estados Unidos de América, dispuso  que    ‘los  vínculos  matrimoniales  entre  las  partes quedan disueltos,  pues      el      matrimonio      está     definitivamente     roto’,  respecto  de una unión católica,  esta  instancia  tuvo  oportunidad  de  precisar  que  una determinación de ese  talante  ‘no contraría el  orden  público colombiano, toda vez que en la actualidad, de conformidad con lo  previsto  en  la  ley  25 de 1992, se admite la cesación de los efectos civiles  del  matrimonio,  situación  enteramente  asimilable al divorcio, aun cuando no  disuelva  el vínculo que emana del matrimonio canónico desde el punto de vista  estrictamente         religioso’”             (CSJ  SC  29  de  nov.  de  2013,  Rad.  2011-00835-00).   

c.-)  Se aportó copia del fallo debidamente  legalizada,   atendiendo   las  reglas  de              los  artículos 3º y  4°  de la Ley 455 de 1998,  que  incorporó al derecho interno la  “Convención  sobre  la abolición del requisito de  legalización     para     documentos    públicos    extranjeros”,  suscrita en La Haya el 5 de octubre de  1961.   

d.-) La providencia  está   ejecutoriada,  en  firme,  según  la  certificación  expedida  por  la  Subdirectora  General  Adjunta  de  Cooperación  Jurídica  Internacional de la  Dirección  General de Cooperación Jurídica Internacional y Relaciones con las  Confesiones  del  Ministerio de Justicia de España, autoridad idónea según la  Convención suscrita el 30 de mayo de 1908.   

e.-) El asunto no es de competencia exclusiva  de  las autoridades judiciales de este país, toda vez que no hay norma que así  lo  señale,  ni  se  aduce  la  existencia  de  proceso  ante ellas o sentencia  ejecutoriada sobre la misma materia.   

f.-)  Por  último,  se  hizo  la  citación  respectiva  a  la  Procuradora Delegada para Asuntos Civiles, que en oportunidad  manifestó  no  oponerse  a  este  trámite,  siempre y cuando se satisfagan las  exigencias   del   artículo  694  ibídem;  destacándose,  igualmente,  que  no  era preciso convocar a otra  autoridad  o  persona,  habida  cuenta  que  los  hijos  de  la  pareja,  todos,  alcanzaron la mayoría de edad.   

6.-  Como  resultado  de  lo  expuesto,  se  otorgará  efecto  jurídico  a  la  mencionada  resolución  de divorcio, y, en  cumplimiento  a  las  exigencias  del  artículo 13 del Decreto 1873 de 1971, se  ordenará  la inscripción del  proveído  objeto  de  pronunciamiento  y  de la presente sentencia, tanto en el  correspondiente  registro  civil  de matrimonio, como en el de nacimiento de los  solicitantes,  para  los  efectos previstos en los artículos 6º, 106 y 107 del  Decreto 1260 de 1970.   

7.-  No  se  impondrá condena en costas por  tratarse    de    un   asunto   producto   de   la   libre   voluntad   de   los  intervinientes.   

III. DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero:               Conceder   el  exequátur  al  fallo  proferido  el  21  de noviembre de 2005 por el Juzgado de  Primera  Instancia  16  de  Barcelona,  que  declaró  disuelto  por divorcio el  matrimonio  católico  que contrajeron Gloria Inés Triviño Montoya y Dagoberto  Quintero Murcia.   

Segundo:  Inscribir   esta  decisión  junto  con  la  providencia  reconocida,  en  el  registro civil de matrimonio y  nacimiento  de  Dagoberto  Quintero Murcia y Gloria Inés Triviño Montoya, para  los  efectos previstos en los artículos 6º, 106 y 107 del Decreto 1260 de 1970  y de conformidad con el artículo 13 del Decreto 1873 de 1971.   

Tercero:  Librar,  por conducto de la Secretaría, las comunicaciones dispuestas.   

Cuarto: No condenar  en costas en la actuación.   

Notifíquese y Cúmplase  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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