SC424-2024 (2019-00110-01)

ABRIL

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AROLDO  WILSON QUIROZ MONSALVO  

Magistrado  ponente  

  

SC424-2024  

Radicación  n.° 11001-31-03-032-2019-00110-01  

(Aprobado  en sesión virtual de veintinueve de febrero dos mil  veinticuatro)  

  

Bogotá,  D.C., nueve (9) de abril de dos mil veinticuatro (2024).  

  

Se decide el  recurso de casación de Telmex Colombia S.A. -hoy Comcel S.A.  (Comcel) frente a la sentencia que el Tribunal Superior de Distrito  Judicial de Bogotá, Sala Civil, profirió el 23 de  febrero de 2023 en el proceso declarativo que en su contra le  promovió la Entidad de Gestión Colectiva de Derechos de  Productores Audiovisuales de Colombia (Egeda).  

  

ANTECEDENTES  

  

1. Egeda demandó  declarar que Comcel retransmitió -sin autorización suya  ni de los productores y titulares de derechos de autor que  representa- obras audiovisuales y cinematográficas desde el 1  de enero de 2008 y hasta la demanda, razón por la que ha  vulnerado los derechos de los productores audiovisuales y  cinematográficos que representa consagrados en la decisión  andina 351 de 1993, la ley 23 de 1982, el artículo 11 bis del  Convenio de Berna (aprobado por la ley 33 de 1987) y, en  consecuencia, sea condenada a pagar $172.164.257.998 por concepto de  «los  perjuicios ocasionados, en la modalidad de lucro cesante»,  más los que se causen luego de la demanda, así como los  intereses moratorios calculados a la tasa máxima permitida y  las costas. También reclamó ordenarle a Comcel  abstenerse de comunicar públicamente las respectivas obras  audiovisuales y cinematográficas mientras carezca de  autorización expresa y previa de Egeda.  

  

Relató que  como sociedad de gestión colectiva de derechos de propiedad  intelectual autorizada por la Dirección Nacional de Derechos  de Autor para administrar y recaudar los derechos patrimoniales en  Colombia, representa productores audiovisuales y asociaciones de  productores audiovisuales como RCN Televisión, Caracol  Televisión, Globovisión, CMO, Televisa, Venevisión,  Telemundo, TV Azteca, Antena 3, Agicoa, Egeda España, Egeda  Chile, Egeda Ecuador, Egeda Perú, Egeda Uruguay, Egeda Usa,  Egeda Argentina, entre otros.  

  

Sostuvo que el 80%  de la audiencia nacional es de los canales de RCN TV y Caracol TV, y  que la demandada los ha incluido sin autorización en su  parrilla de programación y, por tanto, ha retransmitido desde  2007 obras audiovisuales y cinematográficas que integran su  portafolio como Todos quieren con Marilyn, El man es Germán,  El Chavo, Tu voz estéreo, Chespirito, La costeña y el  cachaco, Rebelde, etc., lo que se traduce en la transgresión  del derecho de comunicación pública de los productores  que representa.  

2. Comcel  excepcionó carencia de legitimación en la causa por  activa, ausencia de legitimación por pasiva, inexistencia de  la infracción, pago de la remuneración, cobro de lo no  debido, abuso del derecho, usos leales y honrados de la señal  codificada, imposibilidad de que la retransmisión cause un  daño injustificado, compensación, el ejercicio  intempestivo de un derecho o la doctrina del «Verwirkung»  y prescripción.  

  

3. El Juzgado  Treinta y Dos Civil del Circuito de Bogotá1,  mediante fallo oral de 11 de julio de 2019, negó las  pretensiones y condenó en costas a la demandante, fijando  agencias en derecho por $500.000.000.  

  

4. El Tribunal, al  resolver la apelación de Egeda, revocó esa sentencia y,  en su lugar:  

  

4.1. Negó  las excepciones de mérito;  

  

4.2. Declaró  a Comcel «responsable  de los perjuicios causados y derivados de la retransmisión no  autorizada de la programación… de los productores  adscritos a Egeda… entre… enero de 2008 a mayo de  2016»;  

  

4.3. La condenó  a pagar a la demandante «a  título de indemnización por lucro cesante,…  ciento setenta y dos mil ciento sesenta y cuatro millones doscientos  cincuenta y siete mil novecientos noventa y ocho pesos  ($172.164.257.998 m/cte)»;  y  

  

4.4. Negó  las demás pretensiones.  

SENTENCIA DEL  TRIBUNAL  

  

1. El a  quo  limitó su decisión al deber legal de Comcel de  retransmitir gratuitamente la señal abierta de televisión,  pues Egeda pretende que Comcel la indemnice pagando por la  comunicación pública de las obras audiovisuales y  cinematográficas retransmitidas, lo que se traduce en que el  juzgador de primer grado soslayó su deber de resolver las  pretensiones, pues el derecho conexo de retransmisión de la  señal televisiva es distinto al de comunicación pública  de obras.  

  

El juzgador de  primer grado sí debía dilucidar si Comcel tenía  a su cargo los derechos de autor por las obras retransmitidas, pues  aceptar esa interpretación se traduciría en permitir  que el litigio no sea resuelto, sobre todo cuando en la demanda «se  aspiró a la declaratoria de infracción de derechos de  autor, arista desde la cual el fallador estaba compelido a abordar la  controversia».  

  

2. El productor  tiene «la  prerrogativa de realizar, autorizar o prohibir “la comunicación  pública de la obra por cualquier medio que sirva para difundir  las palabras, los signos, los sonidos o las imágenes”»  (art. 13, decisión andina 351 de 1993); una de las modalidades  de comunicación pública (lit. e, art. 15, decisión  andina 351 de 1993) es «[l]a  retransmisión, por cualquiera de los medios citados en los  literales anteriores y por una entidad emisora distinta de la de  origen, de la obra radiodifundida o televisada”, labor que…  despliega la… demandada con el servicio de televisión  por suscripción, puesto que re-comunica la señal sin  ser [su] titular…; reproduce el contenido audiovisual que en  un primer momento se transmitió en la codificación  abierta de televisión, en particular y para lo que interesa al  proceso, por los canales Caracol y Rcn Televisión».  

  

Los organismos de  difusión como Caracol y RCN Televisión pueden  «autorizar  o prohibir la retransmisión de sus emisiones por cualquier  medio o procedimiento, prerrogativa… que se… ha…  denomina[do] ‘derecho conexo’».  (art. 39, Decisión 351 de 1993).  

  

El Convenio de  Berna para la Protección de Obras Literarias y Artísticas  «reconoce  la posibilidad que tienen los autores para prohibir la comunicación  pública de sus obras literarias y artísticas que se dan  a conocer bajo… retransmisión»  (num. 1, art. 11bis).  

  

Según la  interpretación prejudicial del Tribunal de Justicia de la  Comunidad Andina (TJCA), «la  retransmisión es una forma de comunicación pública  de una obra audiovisual, y en consecuencia la titularidad sobre el  derecho de autor (obra audiovisual) y sobre el derecho conexo (la  señal de un organismo de difusión) puede recaer o no en  la misma persona». Además,  «si  la obra audiovisual, previamente radiodifundida, va a ser objeto de  retransmisión por parte de un organismo de radiodifusión  distinto al que efectuó la emisión o transmisión  original, estamos frente a un nuevo acto de comunicación  pública, y naturalmente, para que este pueda hacerse efectivo  de forma lícita, es necesaria la autorización del  titular del derecho de autor de la obra audiovisual, que puede ser el  propio autor, una sociedad de gestión colectiva o un organismo  de radiodifusión”».  

  

El TJCA también  interpretó que «para  ejercer debida y reglamentariamente el servicio de televisión  por suscripción por cable se deben seguir dos directrices…:  primero,… la autorización… del organismo de  radiodifusión para retransmitir su señal -derecho  conexo- y el aval del titular de la obra audiovisual que se  retransmite, de la que se sigue el pago de la respectiva erogación  económica, dualidad de prerrogativas que… pueden estar  en cabeza del mismo organismo de difusión».  Esto se traduce en que «para  que la actividad económica sea ejercida a cabalidad deben  verificarse por separado: (i) los derechos de retransmisión;  (ii) el permiso del titular de la producción, que conlleva un  pago por concepto de derechos de autor en razón de la nueva  difusión que despliegan los operadores particulares»,  sobre todo cuando la protección de los derechos conexos no  puede afectar los de autor (art. 33, decisión 351 de 1993).  

  

En conclusión,  el Tribunal accedió a las pretensiones por la retransmisión  de las obras audiovisuales y cinematográficas por parte de  Comcel (derecho de autor), y no por la re-comunicación de la  señal televisiva (derecho conexo).  

  

3. El informe de  Business Bureau acredita que Comcel ha retransmitido múltiples  obras audiovisuales de los representados por Egeda, resultando  notorio que Comcel ofreció a sus suscriptores los canales de  señal abierta que transmitieron obras protegidas por el  derecho de autor, sin haber pagado suma alguna «por  la nueva difusión de las producciones audiovisuales».  

  

«Para  que opere la infracción por falta de autorización de  comunicación pública de una obra audiovisual que forma  parte del repertorio inscrito en una sociedad de gestión  colectiva deben darse las siguientes condiciones: a) se debe  considerar la existencia de derecho de autor, en concreto de obras  audiovisuales reconocidas a favor de sus titulares; b) que sus  titulares hayan inscrito el repertorio de obras ante la sociedad de  gestión colectiva para la reproducción de sus derechos;  c) que se haya efectuado la comunicación pública de las  obras audiovisuales sin autorización de la sociedad que los  representa».  Estos requisitos se cumplen en el caso concreto por haberse  retransmitido las obras sin aval de sus autores.  

  

Aunque no fue  cuestionada en la apelación, Egeda sí está  legitimada en la causa por activa pues las sociedades de gestión  colectiva (SGC) pueden ejercer los derechos confiados a su  administración, además de que, en concepto del TJCA no  se les puede exigir un poder por cada representado, por causar costos  excesivos (art. 49, decisión andina 351 de 1993).  

  

4. Ni el artículo  11 de la ley 680 de 2001 ni la sentencia de competencia desleal del  proceso de Caracol Televisión y RCN Televisión contra  Telmex (rad. 2014-16592-06) desarrollaron «una  limitante a los derechos de autor en razón de que los canales  de señal abierta deban ser gratuitos. Es decir, pese a la  falta de onerosidad en la transmisión de ciertos canales de  televisión, sigue latente la obligación de pagar a los  autores por las prerrogativas de las obras retransmitidas sin  autorización previa».  

5. La Sala Civil  del Tribunal ha resuelto en diversas oportunidades que «la  remuneración al autor por la obra audiovisual retransmitida,  sin su autorización y por el operador de televisión por  suscripción, debe realizarse independientemente de que la  emisión al público se haya efectuado en un canal que  por disposición legal se oferta gratuitamente»2.  Esto descarta la prosperidad de las excepciones de falta de  legitimación en la causa por pasiva, inexistencia de la  infracción, cobro de lo no debido y usos leales y honrados de  la señal codificada.  

  

6. Egeda no ha  abusado de sus derechos porque está reclamando a favor de sus  representados el resarcimiento por la comunicación pública  no autorizada de obras protegidas por el derecho de autor, pues, con  independencia de que, según Comcel, retransmite los canales de  televisión pro del interés general, esa actividad debe  estar precedida de la autorización de los titulares, la cual  no se obtuvo y genera las sumas reclamadas por Egeda, máxime  cuando no se encuentra en juego el interés general de la  colectividad porque «los  canales de televisión van a seguir llegando a la sociedad bajo  el uso de las tecnologías de la información»,  lo cual descarta la prosperidad de la defensa denominada  imposibilidad de que la retransmisión cause un daño  injustificado.  

  

7. No se probó  que demandante y demandada sean recíprocamente deudores y  acreedores, por lo que no prospera la defensa de la compensación;  tampoco se acreditaron comportamientos de Egeda que le hubieran hecho  pensar a Comcel «que  nunca iba a ser vinculada a un juicio civil», como  se presenta en el fenómeno denominado «Verwirkung».  Por el contrario, Egeda reclamó en comunicación de 25  de febrero de 2006 por la retransmisión, lo que descarta  deslealtad en la formulación de sus pretensiones.  

  

8. Si se pretende  el pago por retransmisión desde 1 de enero de 2008 y la  demanda se presentó el 19 de octubre de 2016, no transcurrió  el tiempo de prescripción extintiva de 10 años.  

  

9. Las sociedades  de gestión colectiva pueden fijar en sus reglamentos tarifas  proporcionales a los ingresos obtenidos con la utilización de  obras, concepto que permite calcular la indemnización (arts.  45, lit g, 48 de la decisión 351 de 1993, 73 de la ley 23 de  1982, 39 de la ley 33 de 1993, y 2.6.1.2.4 del decreto 1066 de 2015).  

  

Según el  TJCA, «tarifa  es el precio que debe pagar quien pretende usar el repertorio  administrado por la sociedad de gestión colectiva… [y]  sirve para soportar las acciones administrativas y judiciales en caso  de infracción a los derechos administrados por la sociedad».  Dentro de sus características se encuentran:  

  

(I) Deben estar  consignadas en un reglamento de tarifas elaborado por la sociedad de  gestión colectiva (Literal g del Artículo 45);  

  

(II) Las tarifas  generales por el uso de los derechos de sus afiliados deben ser  publicadas por lo menos una vez al año en un medio de amplia  circulación (Literal h del artículo 45);  

  

(III) Deben ser  proporcionales a los ingresos que se obtengan con la utilización  de las obras, interpretaciones o ejecuciones artísticas o  producciones fonográficas, salvo que la normativa interna de  los países miembros establezca algo diferente (Interpretación  prejudicial del TJCA de 21 de septiembre de 2022, Proceso  257-IP-2021).  

  

10. El valor de la  indemnización reclamada surge de «una  tarifa de US$0.30, multiplicada por el número de suscriptores  que tiene Comcel S.A. en cada mensualidad, para después  multiplicar el monto por la TRM correspondiente»,  pues se probó la cantidad de suscriptores de Comcel entre  enero de 2008 y mayo de 2016, lo cual arroja el siguiente resultado:  

                                                    

Anualidad                                                                      

Tarifa                                                                      

Cantidad                          de usuarios de Comcel          

2008                          a 2013                                                                      

0.30                          dólares                                                                      

Para                          estos años se expidió el mismo reglamento de                          tarifas: TRM $1.800 y el 0.30 equivale a $540 pesos.                                                                      

Enero                          de 2008 empezó con 1.530.435 usuarios y en diciembre de                          2013 ya se contaba con 2.036.427 usuarios          

2014                                                                      

0.30                          dólares                                                                      

$1.869                          y el 0.30 equivale a $560 pesos.                                                                      

Enero                          2014 tenía 2.050.930 usuarios y diciembre de 2014 finalizó                          con 2.131.335 usuarios          

2015                                                                      

0.30                          dólares                                                                      

$2.000                          y el 0.30 equivale a $600 pesos.                                                                      

Enero                          2015 tenía 2.137.361 usuarios y diciembre de 2015 finalizó                          con 2.169.112 usuarios          

2016                          (mayo)                                                                      

0.30                          dólares                                                                      

$2.743                          y el 0.30 equivale a $822.90 pesos.                                                                      

Enero                          2016 tenía 2.171.472 usuarios y mayo de 2016 finalizó                          con 2.200.211 usuarios    

  

11. Es  improcedente reconocer el lucro cesante causado luego de la  presentación de la demanda porque no se probó la  retransmisión de la señal, así como el tipo de  programa, fecha y hora de publicación. Por esto, también  hay lugar a negar la solicitud de ordenarle a Comcel abstenerse de  retransmitir sin autorización.  

  

12. Es inviable  reconocer intereses sobre la condena impuesta pues la obligación  surge con la sentencia.  

  

DEMANDA DE  CASACIÓN  

Comcel sustentó  ocho cargos que serán resueltos en el mismo orden de la  demanda. Los dos primeros, encausados por la vía directa, se  resolverán en conjunto en aplicación del artículo  344 del Código General del Proceso, porque versan sobre lo  mismo (una posible excepción o límite al derecho de  autor); los demás se resolverán por separado.  

  

CARGO PRIMERO  

  

Bajo la primera  causal, denunció vulneración directa de los artículos  «11  de la Ley 680 de 2001 (por falta de aplicación), y su  correlativa e inescindible sentencia de exequibilidad C-654/03  proferida por la Corte Constitucional …9, numeral primero (por  aplicación indebida) y numeral segundo (por falta de  aplicación) y 11bis (por aplicación indebida) del  Convenio de Berna;… 13 literal b) y 21 de la Decisión  Andina 351 de 1993 (por falta de aplicación);… 72 de la  Ley 23 de 1982 (por aplicación indebida);… 58, 75, y  333 de la Constitución Política (por falta de  aplicación)».  

  

Apuntó que  el artículo 11 de la ley 680 de 2001, a la luz de la sentencia  C-654/03 de la Corte Constitucional, ordena a los operadores de  televisión por suscripción garantizar sin costo para  sus suscriptores, la recepción de los canales nacionales y  regionales de televisión abierta y, por tanto, «límit[a  el] derecho de autor consagrado en [e]l artículo 21 de la  Decisión Andina 351 de 1993, en asocio… con… el  numeral segundo del artículo 9 del Convenio de Berna»,  con fundamento en «el  pluralismo informativo» y  «el derecho de la sociedad a estar debidamente informada».  

  

Recordó que  la Corte Constitucional mediante sentencia C-654/03 declaró  exequible el artículo 11 de la ley 680 de 2001 por la  prevalencia del interés general representado en el pluralismo  informativo y el derecho a la información, además de  consagrar «una  carga o restricción [razonable] a la libertad económica  de los operadores de televisión por suscripción»  sin que puedan reclamar «derechos  por este concepto».  

  

Recalcó  que, a diferencia de lo resuelto por el Tribunal, los operadores de  televisión por suscripción carecen de la «obligación  jurídica de… pagar, reconocer o cancelar derechos a  raíz del cumplimiento del mandato legal de garantizar la  recepción de los canales de televisión abierta de  carácter nacional…, lo que… comprende sus  correlativos contenidos (señal y contenido), en el lógico  entendido de que los derechos aludidos son todos, y no unos, o una  parte de ellos, puesto que la Corte [Constitucional] no…  distin[guió], motivo por el cual caben no sólo los  derechos conexos correspondientes a los que figuran a favor de los  canales mismos de señal abierta, sino también los  derechos autorales de los programadores o productores cuyas obras se  incluyen en la parrilla de esos canales de señal abierta».  Por tanto, arguyó, la sentencia impugnada desconoció la  decisión de constitucionalidad, distorsionando e inaplicando  el citado artículo 11.  

  

Insistió en  el desconocimiento de la sentencia C-654/03, pues en ella la Corte  Constitucional declaró exequible la norma citada con  fundamento en que «…los  operadores de la televisión por suscripción….  transmiten a sus usuarios la programación que ofrecen los  canales colombianos de televisión abierta SIN TENER QUE  CANCELAR DERECHOS POR ESTE CONCEPTO»,  por lo que calificó la condena impuesta a título de  lucro cesante como «fabulosa  y extravagante».  

  

Explicó que  para «la  Corte Constitucional… el artículo 11 de la Ley 680 de  2001, introdujo dos deberes diferentes… plenamente compatibles  con la Constitución. Ellos son: (i) el deber para los  operadores de televisión cerrada u operadores de televisión  por suscripción de transmitir gratuitamente la señal de  televisión por suscripción (‘Must carry’);  y (ii) el deber de los concesionarios de televisión u  operadores de televisión abierta de permitir que sus señales  sean retrasmitidas por los operadores de televisión cerrada u  operadores de televisión por suscripción sin costo  alguno (‘Must offer’)».  

  

Puso de presente  que si los operadores de televisión por cable tuvieran que  «cancelar  derechos por concepto de retransmisión»,  tendrían una obligación desproporcionada, contraria al  orden social justo y la libertad económica.  

  

Mencionó la  «regla  de los tres pasos»  para sostener que tanto el Convenio de Berna para la protección  de obras literarias y artísticas, como la decisión  andina 351 de 1993 permiten a la legislación local (inclusive  mediante sentencias de constitucionalidad) limitar válidamente  los derechos de autor y conexos, pues no son absolutos, sobre todo  por estar relacionados con la propiedad privada y ser una función  social que cede ante el interés general.  

  

Calificó de  «bifronte  -o binario-»  el gravamen establecido en el artículo 11 de la ley 680 de  2001 porque «de  un lado, impuso a los operadores de televisión cerrada el  deber de retrasmitir dicha señal sin poder cobrar a los  usuarios (‘Must Carry’) y, del otro lado, equilibrada y  equitativamente, estimó que tal transporte, retransmisión  o re-comunicación debía operar sin costo alguno -y sin  tener que cancelar derechos por ese concepto- para los operadores de  televisión cerrada (‘Must Offer’)»,  pues si fuera unilateral se trataría de una carga  desproporcionada e inconstitucional, con independencia de que la  norma no exima expresamente del pago a los operadores de televisión,  máxime cuando la interpretación exegética está  «superada».  

  

Centró el  error del Tribunal en la «interpretación  meramente textual -aislada, esa sí ‘casi de paso’  de[l] artículo 11 de la Ley 680 de 2001, para así  justificar su inaplicación…, sin advertir que…  forma un todo inseparable con su sentencia de exequibilidad proferida  por la Corte Constitucional».  

  

Citó  doctrina y documentos emanados de la Comisión Nacional de  Televisión para soportar que «los  operadores de televisión por suscripción… no  están obligados a reconocer suma alguna por…  retransmisión de la señal televisiva y, por ende,  tampoco a obtener autorización o aval previo de parte de los  titulares, o de las entidades de gestión correspondientes –y  demás interesados-».  

  

Mencionó el  artículo 21 de la decisión andina 351 de 1993 que  permite la comunicación de obras de radiodifusión en  razón a que cumple la regla de los tres pasos porque:  

            

I. Regula un caso          especial y específico que desea lograr el pluralismo          informativo;  

            

II. No atenta contra          su explotación normal por tratarse del cumplimiento de un          deber legal que configura un caso especial y específico; y  

            

  

Finalmente, hizo  consistir la vulneración de los artículos 72 de la ley  23 de 1982 (por aplicación indebida), 13 lit. b y 21 de la  decisión andina 351 de 1993 (por inaplicación) en que,  según el Tribunal, «se  producía -o generaba- el derecho con tan sólo  retransmitir la programación contenida en la señal de  los canales privados de televisión abierta sin autorización  del productor»,  sin detenerse en las limitaciones de orden público que pesan  sobre los derechos de autor. También refirió la  inaplicación del artículo 9º, # 2º del  Convenio de Berna porque el deber previsto en el artículo 11  de la ley 680 de 2001 es una excepción al derecho de autor de  autorizar la retransmisión de obras cinematográficas,  lo que hacía innecesaria la autorización previa de los  titulares e improcedente la condena económica impuesta a la  demandada.  

  

CARGO SEGUNDO  

  

Con fundamento en  la primera causal de casación, imputó vulneración  directa de «los  artículos 72 de la ley 23 de 1982 (por aplicación  indebida), 13 literal b) de la decisión andina 351 de 1993  (Comisión del Acuerdo de Cartagena) 64 (por aplicación  indebida), 9, #2° (por aplicación indebida) 65 del  convenio de Berna, …11 de la Ley 680 de 2001 (por falta de  aplicación) y… 2341 del Código Civil (por  aplicación indebida)».  

Explicó  que cumple el deber legal de garantizar a sus suscriptores la  recepción de los canales colombianos de televisión  abierta, razón por la que no está llamada a responder  jurídica y patrimonial y la interpretación adoptada en  la sentencia impugnada es «una  exigencia desmedida, desbordada, exorbitante e insoportable».  

  

Arguyó que  la carga de transmitir la señal de televisión abierta  afecta su libertad económica, lo cual «se  compens[a] o equilibr[a] por el hecho de no “…tener que  cancelar derechos por este concepto”»,  como dijo la Corte Constitucional en la sentencia C-654 de 2003,  razón por la que sobre Comcel existe sólo «un  débito u obligación, pero no dos».  

  

Hizo consistir la  vulneración de los artículos 72 de la ley 23 de 1982 y  13, literal b), de la decisión andina 351 de 1993 en que la  retransmisión o re-comunicación de la señal de  televisión abierta le causó un perjuicio resarcible, a  pesar de se produjo por un imperativo impuesto por el artículo  11 de la ley 680 de 2001 que, de haberse incumplido, hubiera causado,  entre otras consecuencias, la caducidad del contrato de concesión.  

  

Aludió a  la aplicación indebida del artículo 2341 del Código  Civil para cuestionar el uso del régimen de responsabilidad  extracontractual por el Tribunal al referirse a términos como  «“indemnización”,  “perjuicios”, “daños”, “lucro  cesante”, etc.,»,  a pesar de que «cuando  un sujeto actúa en estricto cumplimiento de un deber legal,  por esencia, se excluye cualquier antijuridicidad del daño,  tornándolo, además, de ordinario, lícito, justo  y jurídico, condiciones estas que impiden que, válidamente,  se pueda pretextar una indemnización de perjuicios sustentada  en»  esa norma.  

  

Señaló  que, en todo caso, también se aplicó indebidamente el  parágrafo del artículo 73 de la ley 23 de 1982 porque  no había lugar a imponer la condena, a raíz de que  Comcel ha cumplido un deber legal, lo que también erigió  la aplicación indebida de los artículos 72 de la ley 23  de 1982, 13 literal b) de la decisión andina 351 de 1993 y  numeral primero del artículo 11 bis del convenio de Berna,  pues «la  conducta desplegada por Comcel no podía calificarse de delito  o cuasidelito».  

  

CONSIDERACIONES  

  

El epicentro de  estos cargos consiste en determinar si el deber de Comcel (denominado  must-carry)  de garantizar a sus suscriptores la recepción de los canales  colombianos de televisión abierta nacionales, regionales y  municipales, es un límite o excepción al derecho de  autor de realizar, autorizar o prohibir la comunicación  pública de obras audiovisuales y cinematográficas que  integran el portafolio de Egeda.  

  

Para resolver ese  problema jurídico, la Sala estima oportuno ocuparse de varios  temas como el deber de los operadores de televisión cerrada de  transportar ciertos canales colombianos, los derechos morales y  patrimoniales de autor, así como los conexos y la regla de los  tres pasos como parámetro para crear, interpretar y aplicar  los límites o excepciones al derecho de autor. Todas estas  explicaciones servirán no sólo para decidir los dos  primeros cargos, sino también algunos de los planteados por  Comcel.  

            

1. Must-carry:          deber de transportar canales colombianos de televisión          abierta  

  

La televisión  fue concebida a inicios del siglo veinte como un posible medio  educativo y de comunicación interpersonal, que luego se  convirtió en una forma contundente de radiodifusión que  informa y entretiene a las personas en los lugares más  recónditos del mundo3.  

  

La televisión  nacional es más que simple entretenimiento. Puede cumplir  diversos fines educativos, informativos, comunicativos y, además,  fortalecer la identidad nacional de los habitantes de un país4.  Expertos en la materia señalan que la televisión hace  parte de la vida doméstica y, prácticamente, del día  a día de las personas del mundo, lo que hace indiscutible su  importancia5.  

  

Hacia 1960, en  Norteamérica empezó a imponerse la televisión  por suscripción (pay-per-view)  por encima de la abierta. En esa época era posible que, al  instalar los equipos de televisión cerrada en los hogares que  la contrataban, se dejaran inactivos los mecanismos que permitían  acceder a los canales nacionales abiertos; esa fue una de las causas  que, al lado del poderío económico de los operadores de  televisión por suscripción empezó a suscitar  desequilibrio en desmedro de los canales de televisión  abierta. Para conjurarlo, en Estados Unidos y Canadá se  expidieron normas que impusieron a los operadores de televisión  cerrada el deber de transportar (must-carry)  canales de televisión nacional abierta.  

  

Según la  Suprema Corte de Estados Unidos en el caso Turner Broadcasting  System, Inc. v. Federal Communications Commission6,  el deber de transporte de canales de televisión abierta o  must-carry  no  amenaza de manera significativa la libertad de expresión ni  implica censura. Por el contrario, permite a los estadounidenses que  han contratado el servicio de televisión por suscripción  también acceder a la televisión abierta, promueve la  pluralidad informativa y suscita la libre competencia económica.  

  

Diversas naciones  del mundo han acogido en sus legislaciones el must-carry.  Su consagración no ha estado exenta de polémicas y  discusiones7  que han llegado hasta los estrados judiciales, como demuestra el caso  que ahora resuelve la Sala. En Colombia el deber de transporte  (must-carry)  fue consagrado en el artículo 11 de la ley 680 de 2001 que  establece:  

  

Los operadores de Televisión  por Suscripción deberán garantizar sin costo alguno a  los suscriptores la recepción de los canales colombianos de  televisión abierta de carácter nacional, regional y  municipal que se sintonicen en VHF, UHF o vía satelital en el  área de cubrimiento únicamente. Sin embargo, la  transmisión de canales locales por parte de los operadores de  Televisión por Suscripción estará condicionada a  la capacidad técnica del operador.  

La Corte  Constitucional dictaminó que el must-carry  es  un deber de los operadores de televisión por suscripción  que respeta los postulados constitucionales de libertad económica  y libre competencia, además de contribuir al pluralismo  informativo y permitir a los suscriptores acceder a los canales  locales, regionales y nacionales de televisión colombianos,  razones por las que el artículo 11 de la ley 680 de 2001 fue  declarado exequible mediante la sentencia C-654 de 2003 donde también  se argumentó:  

  

desde el punto de vista del  derecho a la libre competencia el servicio de televisión  abierta y el de televisión por suscripción no se  encuentran en la misma situación fáctica, pues se ha  visto como en el caso de la primera modalidad televisiva la señal  de televisión es recibida en forma libre y gratuita por  cualquier persona ubicada en el área de servicio de la  estación, al paso que en la segunda modalidad  la señal,  independientemente de la tecnología de  transmisión  y utilizada, es recibida únicamente por personas autorizadas  para su recepción quienes deben cancelar una tarifa por el  servicio ofrecido.  

  

De acuerdo con la  misma sentencia, el deber de transporte o must-carry  busca  «garantizar  el derecho al pluralismo informativo que le asiste a toda la  comunidad»,  finalidad que  

  

se aviene a los principios  superiores del Estado Social de Derecho pues garantiza a los usuarios  de televisión por suscripción acceder por el mismo  sistema, y sin costo alguno, a la información de carácter  nacional, permitiéndoles obtenerla de manera amplia y  adecuada, lo cual contribuye a la formación de una opinión  pública libre…  

  

[H]ace efectivo el  pluralismo informativo como objetivo de la intervención del  Estado en el espectro electromagnético, por cuanto los  suscriptores no estarán aislados de los acontecimientos  culturales, sociales y políticos de la realidad nacional…  

  

[A]demás, al tiempo  que disfrutan de la televisión extranjera tienen la opción  de acceder a la programación colombiana de naturaleza  cultural, recreativa e informativa, con lo cual se forman una opinión  pública globalizada donde los problemas nacionales se pueden  cotejar con los de otras latitudes en un interesante ejercicio  intercultural», siendo «idónea para la consecución  del fin propuesto, por cuanto si la conexión de los usuarios a  una red de televisión por suscripción implica por  razones técnicas que ellos no puedan recibir las señales  de la televisión abierta que emiten los canales nacionales,  resulta adecuado imponerle a los operadores de dicho servicio el  deber de garantizarles a sus suscriptores la recepción de los  canales de la televisión abierta, siempre y cuando cuenten con  la debida capacidad técnica, tal como lo prescribe la norma  acusada.  

  

Si bien es cierto que la  exigencia de la norma acusada podría afectar la libertad  económica de los operadores de la televisión por  suscripción, también lo es que la carga que se les  impone no es de ninguna manera mayor que el beneficio que se pretende  obtener, el cual consiste en la garantía del derecho a recibir  una información libre e imparcial. Puede afirmarse, incluso,  que lejos de afectar a los operadores de la televisión por  suscripción la medida censurada comporta para ellos beneficios  significativos, en tanto y en cuanto transmiten a sus usuarios la  programación que ofrecen los canales colombianos de televisión  abierta sin tener que cancelar derechos por este concepto. Y además  tal garantía puede hacer más atractivo para los  usuarios el servicio por suscripción (se  destaca. CC C-654 de 2003).  

Teniendo claros  los principales aspectos de la televisión como mecanismo  informativo, educativo y de entretenimiento, así como del  deber de transporte o must-carry  a  cargo de los operadores de televisión por suscripción  como la demandada Comcel, la Sala establecerá si ese deber  constituye un límite o excepción a los derechos  patrimoniales de autor, para lo cual es necesario ocuparse de ellos  brevemente.  

            

2. El derecho de          autor  

  

Múltiples  mecanismos internacionales protegen el derecho de autor. El artículo  27.2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos  establece:  

  

…2. Toda persona  tiene derecho a la protección de los intereses morales y  materiales que le correspondan por razón de las producciones  científicas, literarias o artísticas de que sea autora…  

  

El Pacto  Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales  señala en la primera parte de su artículo 15:  

1.  Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda  persona a:  

…c)  Beneficiarse de la protección de los intereses morales y  materiales que le correspondan por razón de las producciones  científicas, literarias o artísticas de que sea  autora….  

  

El Protocolo  Adicional a la Convención Americana de Derechos Humanos  prescribe en su artículo 14:  

1.  Los Estados partes en el presente Protocolo reconocen el derecho de  toda persona a:  

…c.  beneficiarse de la protección de los intereses morales y  materiales que le correspondan por razón de las producciones  científicas, literarias o artísticas de que sea  autora…  

  

Se trata de una  prerrogativa sustancial y subjetiva protegida no sólo por cada  uno de los ordenamientos jurídicos locales, sino también  por instrumentos internacionales de derechos humanos, a los que se  suman normas comunitarias y, por supuesto, la Constitución  Política de Colombia que en su artículo 61 ordena:  

El  Estado protegerá la propiedad intelectual por el tiempo y  mediante las formalidades que establezca la ley.  

                              

1. Los derechos                  morales    

  

  

Los derechos  morales se clasifican en prerrogativas tales como: (I) paternidad;  (II) integridad; (III) ineditud; (IV) de modificación; y (V)  retracto. Desde ya la Sala aclara que ninguno de ellos está en  entredicho en el presente proceso; por el contrario, Egeda reclamó  por la vulneración de una de las modalidades de los derechos  patrimoniales de autor, razón por la que se abordan en el  siguiente acápite.  

                              

2. Los derechos                  patrimoniales    

  

Estas  prerrogativas tienen una clara condición económica y, a  diferencia de los morales, son transferibles, renunciables y  prescriptibles, pues le permiten a su titular explotar  pecuniariamente la creación. Son derechos patrimoniales de  autor los de: (I) reproducción; (II) comunicación  pública;  (III) distribución; y (IV) transformación. Es de su  esencia que el autor o titular pueda autorizar, realizar o prohibir  cada uno de tales actos, pues tiene la potestad de decidir cómo  utiliza su creación. De ahí que la explotación  de la obra por un tercero requiera autorización previa y  expresa del titular, sin importar el medio empleado (art. 2º ley  23 de 1982).  

  

Esta idea tiene  mayor importancia en los tiempos actuales donde se impone otro  derecho humano como el de gozar de los adelantos científicos y  tecnológicos, gracias al cual el avance de las tecnologías  de la información y la comunicación aumentan las  posibilidades de interacción, comunicación, creación  y, por supuesto, explotación autorizada o no de obras que  también impactan los derechos de autor y conexos8.  Así las cosas, los adelantos tecnológicos y la  posibilidad de comunicarse con mayores facilidades y a menores  costos, no puede hacer nugatorios los derechos de autor, lo que se  traduce en que la simple aparición de una nueva tecnología  (como, en su momento, la televisión) que permita la  comunicación pública de obras, no se constituya de  manera automática en un límite o excepción a los  derechos de autor.  

  

El objeto de  protección de los derechos patrimoniales de autor es la obra,  es decir, la «creación  intelectual, original, expresada en una forma reproducible»9  o «toda  creación intelectual originaria, de naturaleza artística,  científica o literaria susceptible de ser divulgada o  reproducida en cualquier forma»10.  

  

Existen obras de  diverso tipo, tales como las fonográficas, literarias, así  como las audiovisuales y cinematográficas. Particularmente,  las pretensiones se originan en que, para la demandante Egeda, Comcel  ha comunicado de manera pública obras audiovisuales y  cinematográficas sin autorización previa y expresa de  sus productores.  

  

Una obra  audiovisual es «[t]oda  creación expresada mediante una serie de imágenes  asociadas, con o sin sonorización incorporada, que esté  destinada esencialmente a ser mostrada a través de aparatos de  proyección o cualquier otro medio de comunicación de la  imagen y sonido, independientemente de las características del  soporte material que la contiene»11.  También puede entenderse como «una  obra perceptible por la vista y el oído, que consta de  imágenes relacionadas y de sonidos concomitantes, grabados  sobre un material adecuado, para ser ejecutada mediante la  utilización de mecanismos idóneos»12.  

  

Ejemplo de las  obras audiovisuales son «las  cinematográficas sonoras y todas las obras que se expresen por  un procedimiento análogo a la cinematografía, como las  producciones televisivas o cualquier otra producción de  imágenes sonoras fijadas sobre cintas magnéticas,  discos, etc.»,  como se desprende de la lista no exhaustiva de obras protegidas  contenida en el artículo 2 numeral 1 del Convenio de Berna de  1886, incorporado al derecho colombiano mediante ley 33 de 1987,  reproducido en el artículo 2º de la ley 23 de 1982.  

  

Por tratarse del  concepto que originó la demanda de Egeda, es importante  señalar que comunicación pública es «todo  acto por el cual una pluralidad de personas, reunidas o no en un  mismo lugar, pueda tener acceso a la obra sin previa distribución  de ejemplares a cada una de ellas»  (art. 15, decisión 351 de 1993). La comunicación  pública puede llevarse a cabo por diversos medios, tales como  las representaciones en vivo, la proyección o exhibición  pública, la emisión, entre otros.  

En concreto, el  proceso de la radicación versa sobre una modalidad específica  de comunicación pública13  de obras audiovisuales y cinematográficas: la retransmisión,  que puede hacerse por cualquiera de los medios citados anteriormente  «…por  una entidad emisora distinta de la de origen, de la obra  radiodifundida o televisada»  (art. 15, lit. e, decisión 351 de 1993).  

  

Este derecho  patrimonial de autor permite  a su  titular (por ejemplo, el productor de obras audiovisuales y  cinematográficas) «realizar,  autorizar o prohibir»  «[l]a  comunicación pública de la obra por cualquier medio que  sirva para difundir las palabras, los signos, los sonidos o las  imágenes»  (art. 13, decisión 351 de 1993).  

  

El punto de  partida, entonces, es que si el titular de la obra goza del derecho  patrimonial de autor de hacer, autorizar o prohibir la comunicación  pública  por medios diversos como la retransmisión,  los terceros que deseen hacerlo requieren autorización previa  y expresa suya. Si carecen de ella, el titular está facultado  no sólo para prohibir la retransmisión de sus obras,  sino también para reclamar la respectiva indemnización.  Por su parte, los supuestos infractores del derecho de autor podrán  defenderse demostrando, por ejemplo, que sí cuentan con  autorización para retransmitir o que se configura algún  límite o excepción al respectivo derecho patrimonial de  autor, para lo cual será indispensable usar la conocida Regla  de los Tres Pasos, de la que se ocupará la Sala en su momento.  

  

Para transgredir  el derecho de autor de comunicación pública no es  necesario que la retransmisión por parte de un organismo de  radiodifusión distinto al de origen alcance un nuevo público  o una nueva audiencia, pues  

  

En  teoría, se trataba de una distinción fácil de  hacer, pero en la práctica fracasaba, ya que dependía  de que existiera una distinción funcional entre la audiencia  original de la emisión y la nueva audiencia a la que llegaba  la retransmisión. Un criterio geográfico podría  haber parecido el más fácil de adoptar a este respecto,  pero ¿cómo determinarlo? Algunas redes de radiodifusión  operaban a nivel nacional, en cuyo caso podía decirse que su  audiencia original era toda la población. Pero en muchos  casos, las diferencias horarias regionales hacían necesario  dar servicio a esta población mediante estaciones repetidoras.  Por lo tanto, estos factores prácticos dificultan establecer  una distinción clara entre la audiencia original de una  emisión y una audiencia nueva, ya que lo que sería una  audiencia nueva en un caso puede muy bien formar parte de la  audiencia original en otro. Por este motivo, los delegados de la  Conferencia de Revisión de Bruselas de 1948 no pudieron llegar  a un acuerdo sobre una propuesta de programa que imponía la  responsabilidad en virtud del apartado 1 del artículo 11 bis  con respecto a «cualquier nueva comunicación al  público… de la obra radiodifundida». Esto confiere a  los autores el derecho a autorizar «cualquier comunicación  al público por cable o por redifusión de la emisión  de la obra, cuando esta comunicación sea realizada por un  organismo distinto del original». Así pues, el derecho  abarca todo tipo de transmisiones secundarias de terceros, ya sea por  cable u otra forma de comunicación alámbrica, así  como por redifusión14.  

  

Con el fin de  evitar confusiones entre ellos y sentar las bases que servirán  para resolver varios cargos de casación, resulta necesario  desarrollar los derechos conexos.  

                              

3. Los derechos                  conexos    

  

2.3.1. También  se denominan vecinos o afines. Estas prerrogativas surgieron gracias  al progreso tecnológico y científico, pues la aparición  de nuevos y cada vez más sofisticados medios de reproducción,  difusión y explotación autorizada e indebida de obras,  aumentó el impacto de las industrias editorial, del  entretenimiento, de la computación y de los medios de  comunicación15,  sin que el derecho de la propiedad intelectual pudiera mantenerse  incólume. Así, el incremento de la explotación  de obras por medio de satélite, fibra óptica, internet  o telefonía celular ha sido directamente proporcional al  surgimiento de los soportes en que se fijan, transportan o reproducen  las obras, así como los intereses subjetivos en juego16.  

Por eso, se  reconocen derechos conexos a los artistas y ejecutantes, los  productores de fonogramas y los organismos de radiodifusión17.  La finalidad de los derechos conexos es «proteger  los intereses legales de determinadas personas y entidades jurídicas  que contribuyen a la puesta a disposición del público  de obras o que hayan producido objetos que, aunque no se consideren  obras en virtud de los sistemas de derecho de autor de todos los  países, contengan suficiente creatividad y capacidad técnica  y organizativa para merecer la concesión de un derecho de  propiedad que se asimile al derecho de autor»18.  

  

Los derechos  conexos, vecinos, afines u otros derechos de propiedad intelectual19  (como también se les denomina) no han estado exentos de  polémicas sobre su contenido, pues la doctrina destaca que  también se caracterizan por la imprecisión20.  Por eso los funcionarios judiciales encargados de resolver asuntos  como el que ahora ocupa a la Sala están llamados a superar la  sobreposición, confusión e, inclusive, colisión  entre los derechos de autor y los conexos empleando diversos  mecanismos como establecer cuál es la prerrogativa concreta  reclamada (si derechos morales, patrimoniales o conexos) y cuál  es el objeto protegido por cada uno de ellos.  

  

Recuérdese  que los derechos de autor no riñen con los conexos porque  «[l]a  protección prevista para los Derechos Conexos no afectará  en modo alguno la protección del derecho de autor sobre las  obras científicas, artísticas o literarias. En  consecuencia, ninguna de las disposiciones contenidas en este  Capítulo podrá interpretarse de manera tal que  menoscabe dicha protección. En caso de conflicto, se estará  siempre a lo que más favorezca al autor»  (art. 33 decisión 351 de 1993).  

  

2.3.2. Los  artistas intérpretes o ejecutantes gozan de la prerrogativa  (derecho conexo) de «autorizar  o prohibir la comunicación al público en cualquier  forma de sus interpretaciones y ejecuciones no fijadas, así  como la fijación y la reproducción de sus  interpretaciones o ejecuciones. Sin embargo, los artistas intérpretes  o ejecutantes no podrán oponerse a la comunicación  pública de su interpretación o ejecución, cuando  constituyan por si mismas una ejecución radiodifundida o se  hagan a partir de una fijación previamente autorizada».  (art. 34 decisión 351 de 1993). También pueden  «[e]xigir  que su nombre figure o esté asociado a cada interpretación  o ejecución que se realice»  y «[o]ponerse  a toda deformación, mutilación o cualquier otro  atentado sobre su interpretación o ejecución que pueda  lesionar su prestigio o reputación»  (art. 35, ibid.).  

  

2.3.3. Los  productores de fonogramas también gozan del derecho conexo de  «a)  Autorizar o prohibir la reproducción directa o indirecta de  sus fonogramas; b) Impedir la importación de copias del  fonograma, hechas sin autorización del titular; c) Autorizar o  prohibir la distribución pública del original y de cada  copia del mismo, mediante la venta, alquiler o cualquier otro medio  de distribución al público; y, d) Percibir una  remuneración por cada utilización del fonograma o  copias del mismo con fines comerciales, la que podrá ser  compartida con los artistas intérpretes o ejecutantes en los  términos que establezcan las legislaciones internas de los  Países Miembros»  (art. 37 decisión 351 de 1993).  

  

2.3.4. Por su  parte, los organismos de radiodifusión «gozan  del derecho exclusivo de autorizar o prohibir: a) La retransmisión  de sus emisiones por cualquier medio o procedimiento; b) La fijación  de sus emisiones sobre una base material; y, c) La reproducción  de una fijación de sus emisiones»  (art. 39 decisión 351 de 1993).  

  

El objeto  protegido por el derecho conexo de los organismos de radiodifusión  es  la emisión o señal  (no la obra audiovisual o cinematográfica que protege el  derecho patrimonial de autor)21.  Al respecto es ilustrativo el símil evocado desde diversos  puntos de vista por Comcel y Egeda durante el alegato de conclusión  en la primera instancia: el derecho conexo de los organismos de  radiodifusión protege «el  tubo»,  o sea, el continente, señal, emisión o medio de  transporte, mientras que el derecho patrimonial de comunicación  pública resguarda «el  agua»  que aquel transporta, es decir, el contenido, programas u obras  audiovisuales y cinematográficas.  

  

Esa distinción  es trascendental para el caso concreto porque Comcel ha insistido en  la inutilidad de diferenciar entre señal y obra, y ha  planteado que el consentimiento para transportar las señales  de los canales de televisión abierta se extiende a la  posibilidad de retransmitir las obras, aspecto sobre el que regresará  la Sala en el instante oportuno.  

  

La radiodifusión  puede definirse como «la  transmisión por medios inalámbricos para la recepción  pública de sonidos o de imágenes y sonidos. Esto  excluye claramente las diversas formas de transmisión por  difusión alámbrica, como la televisión por  cable, y cabe dudar de que abarque las transmisiones codificadas que  requieren ser descifradas por los receptores, por ejemplo, a través  de dispositivos «box-top» en sus receptores de televisión  o radio»22.  

  

Obsérvese  que es posible que señales televisivas «contengan  obras protegidas por el derecho de autor o no, como ocurre con los  acontecimientos deportivos, los eventos de interés público,  etc.», lo  que de por sí justifica la vigencia de los derechos conexos,  vecinos o afines, y no sólo los de autor23,  en razón a que «las  emisiones de radiodifusión [o señales] no son obras,  aunque en varios países-la mayoría de tradición  jurídica basada en el common law (reino unido, Irlanda,  Australia, nueva Zelanda, Kenia, Nigeria) -se las considera como  tales, al igual que a los programas distribuidos por cable, si bien  de una categoría diferente de las obras literarias,  dramáticas, musicales o artísticas»24.  Si no existieran los derechos conexos, objetos como los descritos,  por no ser creaciones en estricto sentido, carecerían de  protección por la propiedad intelectual.  

  

En suma, el  contenido del derecho conexo consiste en la prerrogativa de su  titular de «autorizar  su reproducción, su retransmisión y su comunicación  pública cuando esta última se efectúe en lugares  a los que el público pueda acceder mediante el pago de un  derecho de admisión o entrada»25,  que, por supuesto, no afecta los derechos de autor, pues «no  excluye a [los organismos de radiodifusión] y a los terceros  de contar también con las autorizaciones de los autores, los  artistas y los productores (salvo en los casos en que rijan licencias  no voluntarias)»26.  

  

La demanda fue  presentada por Egeda como Sociedad de Gestión Colectiva (SGC)  representante de productores de obras audiovisuales y  cinematográficas, dentro de los que se encuentran RCN y  Caracol TV, dos canales de televisión abierta que también  serían titulares de derechos conexos sobre su señal.  Sin embargo, para efectos de claridad, la Sala precisa que el  presente proceso versa exclusivamente sobre la posible transgresión  del derecho patrimonial de autor de comunicación pública  por retransmisión no autorizada de obras audiovisuales y  cinematográficas, lo que, en criterio del demandante, es  fuente de responsabilidad civil extracontractual. La precisión  es necesaria porque servirá para resolver no sólo los  dos primeros, sino también otros cargos de casación.  

            

3. Límites          o excepciones a los derechos de autor y conexos (la regla de los          tres pasos)  

  

Los derechos de  autor solían considerarse absolutos, carentes de limites o  excepciones. Se les tildaba de «la  más sagrada y personal de las propiedades»  y se les consideraba prerrogativas naturales, inviolables y  sagradas27.  Se concebían como una forma de propiedad especialísima  con una protección diamantina e infranqueable28.  

  

Atrás han  quedado los días en que los derechos de autor podían  verse como ilimitados o absolutos. En la actualidad, como cualquier  prerrogativa subjetiva, están sometidos a limitaciones para  cumplir diversos fines como incentivar a los creadores a compartir  sus obras con la sociedad, pues en últimas está de por  medio el conocimiento y la información29.  

  

Lo cierto es,  entonces, que existen límites y excepciones a los derechos de  autor. En abstracto, hay diversas alternativas para consagrarlos. Una  de ellas puede consistir en límites amplios, listas abiertas  (numerus  apertus)  bajo las cuales puedan subsumirse los supuestos de hecho limitantes;  otra reside en establecer excepciones específicas, taxativas,  concretas, claras y, en últimas, típicas (numerus  clausus).  

  

Diversos países,  bien sea por su derecho interno o por convenciones multilaterales,  así como normas comunitarias, han optado por el segundo camino  adoptando la denominada Regla  de los Tres Pasos30.  Se trata de una pauta normativa dirigida a varios actores para crear,  interpretar y aplicar límites o excepciones a los derechos de  autor31.  En efecto, son destinatarios de la regla de los tres pasos32:  

            

I. el legislador y          demás productores de fuentes jurídicas para consagrar          limitaciones y excepciones a estos derechos;  

            

II. los jueces al          momento de aplicar estos límites; y  

            

III. los intérpretes          al momento de desentrañar el sentido de posibles excepciones          a los derechos de autor, así como llenar lagunas y vacíos          normativos.  

  

Colombia hace  parte de las naciones en las que impera la regla de los tres pasos  como parámetro de escrutinio de las limitaciones y excepciones  de los derechos de autor, pues múltiples normas vinculantes la  consagran. En efecto, el Convenio de Berna en su artículo 9  (2) establece:  

  

Se reserva a las  legislaciones de los países de la Unión la facultad de  permitir la reproducción de dichas obras en determinados casos  especiales, con tal que esa reproducción no atente a la  explotación normal de la obra ni cause un perjuicio  injustificado a los intereses legítimos del autor.  

  

El artículo  13 del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad  Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) señala:  

  

Los Miembros circunscribirán  las limitaciones o excepciones impuestas a los derechos exclusivos a  determinados casos especiales que no atenten contra la explotación  normal de la obra ni causen un perjuicio injustificado a los  intereses legítimos del titular de los derechos  

  

Y el artículo  21 de la decisión 351 de 1993 ordena:  

Las limitaciones y  excepciones al Derecho de Autor que se establezcan mediante las  legislaciones internas de los Países Miembros, se  circunscribirán a aquellos casos que no atenten contra la  normal explotación de las obras o no causen perjuicio  injustificado a los legítimos intereses del titular o  titulares de los derechos.  

Con el fin de  disolver el problema central planteado en los dos primeros cargos de  Comcel, relacionado con determinar si el deber de transporte o  must-carry  es  o no un límite o excepción al derecho de comunicación  pública por retransmisión, la Corte establecerá  en qué consiste cada uno de los pasos que conforman la  mencionada regla.  

                              

1. Primer paso:                  especificidad de los casos33    

  

Consagrada bajo  las expresiones «determinados  casos especiales»34  o «aquellos  casos»35,  el primer paso alude claramente a la taxatividad, es decir, que las  excepciones y limitaciones se encuentren establecidas expresamente en  una fuente jurídica. Exige «que  las limitaciones o excepciones prescritas en la legislación  nacional estén claramente definidas y sean de aplicación  y alcance estrictos»36.  Busca evitar que las excepciones recaigan sobre casos generales o  indeterminados y, por el contrario, sean determinados, específicos,  precisos, exactos o ciertos37.  Esto se traduce en que la «excepción  o limitación prevista en la legislación nacional debe  estar claramente definida»,  al punto que logre «un  grado suficiente de certidumbre jurídica»38.  

  

Este primer paso  tiene un doble contenido39.  Por un lado proscribe que puedan interpretarse de manera extensiva,  pues deben entenderse de forma restrictiva, sin que puedan aplicarse  a supuestos de hecho que no aparecen específicamente  consagrados en la respectiva fuente jurídica, ni mucho menos  extenderse a casos similares no contemplados en la norma; por el  otro, es indispensable que el productor de fuentes normativas, como  el legislador, «defina  claramente los requisitos de aplicación de los límites,  señalando el derecho afectado por ellos, los beneficiarios,  los usos que se pueden hacer o si es necesario o no el pago de una  compensación».  

  

En suma, el primer  paso del test  consiste  en que:  

  

Cualquier  excepción que se haga conforme a esta disposición debe  definirse claramente y debería ser limitado en su alcance…40.  

                              

2. Segundo paso:                  no afectar la normal explotación de la obra41    

  

Consagrado para  que la excepción o limitación «no  atente contra la normal explotación de la obra»42.  

  

Este paso del test  busca evitar que los límites a los derechos de autor compitan  con todas las formas en que sus titulares consiguen valor económico  gracias a su derecho. También persigue evitar que  comportamientos abusivos en el uso de las obras queden impunes y  priven al sujeto protegido de ganancias sustanciales, sin mayores  consecuencias43.  

  

Para agotar este  paso, es necesario indagar cada caso en particular y contrastarlo con  el derecho exclusivo que esté en juego44.  

  

Autorizada  doctrina señala que el segundo paso debe interpretarse en el  siguiente sentido:  

  

Para  determinar cuál es la explotación normal de una obra,  se debe tener en cuenta no sólo a los usos existentes, sino  también potenciales, de una obra de la que el propietario de  los derechos de autor puede obtener beneficios económicos.  

  

No  todos los usos potenciales de la obra deben considerarse dentro del  alcance de explotación normal, sino aquellos que pueden  considerarse de importancia considerable o práctica.  

Las  excepciones actuales y futuras no entrarán en conflicto con la  normal explotación de una obra por el simple hecho que  impliquen usos que de otro modo traerían provecho comercial  para el autor: el escrutinio consiste en determinar si las  excepciones compiten o no económicamente con el autor.  Posiblemente este sea el tema con la salvedad de que no deberían  hacerlo en ninguna medida apreciable.  

  

En  ese orden, una excepción no necesariamente permanece dentro el  alcance de la segunda condición de permanentemente. La normal  explotación es un concepto dinámico, siendo posible que  una excepción entre en conflicto con la explotación  normal de una obra a medida que cambien la tecnología y sus  formas de uso. En otras palabras, sería un error considerar el  artículo 9(2) [del Convenio de Berna] como una cláusula  de derechos adquiridos que consagra inmunidad permanente a una  excepción en virtud de disposiciones nacionales. Del mismo  modo, es posible que surjan nuevas limitaciones o excepciones que  encajen dentro del segundo paso.  

  

Para  la evaluación del segundo paso no son relevantes únicamente  las cuestiones económicas. También son relevantes  aspectos jurídicos de índole no económica; es  decir, se debe determinar si el uso sobre el que recae el escrutinio  del segundo paso debe ser controlado por el titular de los derechos  de autor, o si existe algún otro interés en juego que  justifique lo contrario. A la luz de las otras excepciones permitidas  por el Convenio [de Berna], tal interés debe ser público  y no meramente privado45.  

  

Este paso «parece  reflejar el aspecto empírico o cuantitativo de la connotación  de «normal», en el sentido de «regular, usual, típico  u ordinario»».  Siendo una «manera  de evaluar la constatación normativa de la explotación  normal consiste en examinar, además de las formas de  explotación que generan actualmente ingresos importantes o  apreciables, las formas de explotación que, con cierto grado  de probabilidad y plausibilidad, podrían adquirir considerable  importancia económica o práctica»,  lo que implica que «se  presumiría que las excepciones o limitaciones no atentan  contra la explotación normal de las obras si se limitan a un  campo o grado de aplicación que no suponga competencia  económica con los usos no exentos»46.  

                              

3. Tercer paso:                  no perjudicar injustificadamente intereses legítimos del                  titular47    

  

Este paso se  consagra bajo la expresión que «no  caus[e] perjuicio injustificado a los legítimos intereses del  titular»48  y se cumple indagando sobre  

los intereses que están  en juego: los de los titulares de derechos de propiedad intelectual y  los de los beneficiarios de los límites. Si los derechos de  usuarios de obras y prestaciones pesan más que los de los  titulares de propiedad intelectual… se deberá permitir  el límite, aunque cause algún tipo de perjuicio a  estos, sin exigir el pago de remuneración… Si ambos  tipos de derechos están equilibrados, deberá permitirse  el límite y el eventual perjuicio quedaría justificado  mediante el pago de una compensación… Y si los derechos  de propiedad intelectual pesan más que los de los usuarios,  entonces debería prohibirse el límite porque, de lo  contrario, afectaría a los intereses legítimos de los  titulares de derechos… Al llegar a este tercer paso es cuando  procede valorar … la justificación de los límites49.  

  

La doctrina señala  que debe entenderse en el siguiente sentido:  

  

El  tercer paso solamente es aplicable cuando se hubieren cumplido los  dos anteriores.  

  

Los  “intereses legítimos del autor” incluyen tanto los  patrimoniales como los morales del autor y causahabientes. Esto  implica consideraciones jurídicas respecto de los mismos.  

  

El  perjuicio o afectación de estos intereses por el uso puede ser  sustancial o material, pero no debe ser “irrazonable” en  el sentido de ser desproporcionado. Esto implica que se pueden evitar  “perjuicios irrazonables” mediante la imposición  de condiciones sobre el uso, incluido el requisito de pagar  remuneración50.  

  

La legitimidad de  los intereses se refiere «al  carácter lícito en una perspectiva jurídica  positivista, pero también tiene una connotación de  legitimidad en una perspectiva más normativa, en el contexto  de exigir la protección de intereses que se justifican habida  cuenta de los objetivos de protección de los derechos  exclusivos».  En cuanto a la razonabilidad de la excepción «el  perjuicio de los intereses legítimos de los titulares de  derechos llega a un nivel injustificado si una excepción o  limitación causa o puede causar una pérdida de ingresos  injustificada al titular del derecho de autor»51.  

            

4. Decisión          de los cargos: el deber de transporte o must-carry          no          limita ni excepciona el derecho de comunicación pública          por retransmisión de obras  

  

Según los  dos primeros cargos de casación, ese deber sí sería  una excepción al derecho patrimonial de autor reclamado por  Egeda, pues de lo contrario se trataría de un imperativo  injustificado y carente de proporción. Comcel insistió  en que esa limitación se desprende de la aplicación  conjunta del artículo 11 de la ley 680 de 2001 y la sentencia  C-654 de 2003 de la Corte Constitucional, por lo que la Sala  examinará la verosimilitud de esos argumentos.  

  

Es evidente que,  por sí solo, del artículo 11 de la ley 680 de 2001 no  se desprende un límite a los derechos de autor que satisfaga  los parámetros de la regla de los tres pasos. Esa norma se  limitó a imponer a los operadores de televisión por  suscripción el deber de garantizarle a sus usuarios ciertos  canales de televisión colombianos, sin señalar los  derechos afectados ni la improcedencia de remunerar por la  retransmisión. De la norma y su contexto, es claro que los  beneficiarios del deber de transporte o must-carry  son  los usuarios de la televisión cerrada, titulares de los  derechos a la pluralidad informativa. Explicado de otra manera, el  must-carry  no  es un beneficio para los operadores de televisión por  suscripción, sino para sus usuarios.  

  

Algo diferente  podría pensarse de la sentencia C 654 de 2003 donde la Corte  Constitucional, para declarar exequible el citado artículo  argumentó que el deber de transporte o must-carry  

  

no es de ninguna manera [una  carga] mayor que el beneficio que se pretende obtener, el cual  consiste en la garantía del derecho a recibir una información  libre e imparcial. Puede afirmarse, incluso, que lejos  de afectar a los operadores de la televisión por suscripción  la medida censurada comporta para ellos beneficios significativos,  en tanto y en cuanto transmiten a sus usuarios la programación  que ofrecen los canales colombianos de televisión abierta sin  tener que cancelar derechos por este concepto  (se  destaca).  

  

Se afirma que las  consecuencias de esta sentencia para el derecho de comunicación  pública por retransmisión podrían ser diferentes  porque es innegable que la Corte Constitucional argumentó  expresamente que los operadores de televisión por suscripción  cumplirían con el must-carry  sin  pagar derechos por ese concepto. Precisamente, esa consideración  le ha servido a Comcel para soportar el núcleo de los dos  primeros cargos de casación.  

  

Sin embargo, una  lectura atenta de la sentencia C-654 de 2003 revela que la Corte  Constitucional tampoco erigió un límite -menos una  excepción- al derecho de autor de comunicación pública  por retransmisión de obras audiovisuales y cinematográficas,  como pasa a explicarse.  

  

En primer lugar,  la Corte Constitucional estableció que el problema jurídico  consistía en  

  

establecer si el artículo  11 de la Ley 680 de 2001… desconoce  la libertad económica  consagrada en el artículo 333 de la Constitución  Política, en la medida en que estaría generando una  ventaja  comparativa  en favor de los operadores de televisión abierta, haciendo más  gravosa las condiciones del negocio de la televisión por  suscripción e interfiriendo en la relación  de competencia  que debe darse en dicha actividad  (se  destaca).  

  

La Corte  Constitucional concluyó que el must-carry  respetaba  la libertad  económica  de los operadores de televisión por suscripción porque  

si bien… implica un  condicionamiento al ejercicio de dicha  libertad el  mismo resulta… razonable y proporcionado, ya que está  dirigido a la realización de los fines del servicio público  de televisión y, particularmente, a la efectividad de los  derechos constitucionales a la información, opinión y  cultura  (se  destaca).  

  

Y agregó  que  

desde el punto de vista del  derecho a la libre  competencia  el servicio de televisión abierta y el de televisión  por suscripción no se encuentran en la misma situación  fáctica, pues se ha visto como en el caso de la primera  modalidad televisiva la señal de televisión es recibida  en forma libre y gratuita por cualquier persona ubicada en el área  de servicio de la estación, al paso que en la segunda  modalidad  la señal, independientemente de la tecnología  de  transmisión y utilizada, es recibida únicamente  por personas autorizadas para su recepción quienes deben  cancelar una tarifa por el servicio ofrecido (se  destaca).  

  

Además, el  must-carry  «garantiz[a]  el derecho al pluralismo informativo que le asiste a toda la  comunidad»,  finalidad que  

  

se  aviene a los principios superiores del Estado Social de Derecho pues  garantiza a los usuarios de televisión por suscripción  acceder por el mismo sistema, y sin costo alguno, a la información  de carácter nacional, permitiéndoles obtenerla de  manera amplia y adecuada, lo cual contribuye a la  formación de una opinión pública libre…  

  

[H]ace  efectivo el pluralismo  informativo  como objetivo de la intervención del Estado en el espectro  electromagnético, por cuanto los suscriptores no  estarán aislados de los acontecimientos culturales, sociales y  políticos de la realidad nacional…  

  

[A]demás,  al tiempo que disfrutan de la televisión extranjera tienen la  opción de acceder a la programación  colombiana de naturaleza cultural, recreativa e informativa,  con lo cual se forman una opinión pública globalizada  donde los problemas nacionales se pueden cotejar con los de otras  latitudes en un interesante ejercicio intercultural…  

  

[Siendo]  idónea para la consecución del fin propuesto, por  cuanto si la conexión de los usuarios a una red de televisión  por suscripción implica por razones técnicas que ellos  no puedan recibir las señales de la televisión abierta  que emiten los canales nacionales, resulta  adecuado imponerle a los operadores de dicho servicio el deber de  garantizarles a sus suscriptores la recepción de los canales  de la televisión abierta,  siempre y cuando cuenten con la debida capacidad técnica, tal  como lo prescribe la norma acusada   (se  destaca).  

  

Es bastante fácil  identificar los temas precisos y principales que tuvo en cuenta la  Corte Constitucional para declarar exequible el must-carry:  la libertad y la leal competencia económica, el derecho a la  información y al pluralismo económico y las finalidades  del servicio público de televisión. Esto quiere decir  que el derecho de autor, en general, y el de comunicación  pública por retransmisión de obras audiovisuales y  cinematográficas, en particular, no hicieron parte del  análisis de la Corte Constitucional, por lo que mal podría  pensarse que su intención fue consagrarles un límite o  excepción.  

  

En segundo lugar,  es cierto que la sentencia C-654 de 2003 dice expresamente que el  must-carry  debe  cumplirse sin que los operadores de televisión por suscripción  como Comcel «ten[gan]  que cancelar derechos por este concepto».  No obstante, esa expresión no satisface la regla de los tres  pasos porque, además de que no se evidencia que se hubiera  tenido en cuenta por la Corte Constitucional, no supera cada uno de  ellos.  

La expresión  de no «tener  que cancelar derechos por este concepto»  contenida en la sentencia C 654 de 2003 no supera el primer  paso  consistente en la especificidad, determinación, precisión,  exactitud y certeza de las excepciones, de tal manera que exista un  suficiente grado de certeza sobre ellas. Recuérdese que esta  exigencia se refiere a la taxatividad, donde se defina claramente y  sin ambigüedades los derechos afectados, pues no puede aplicarse  de manera general, amplia y extensiva, sino específica,  concreta y restrictiva.  

  

Esto es así  porque la Corte Constitucional hizo referencia general e imprecisa a  los derechos, sin que de sus consideraciones pueda inferirse que se  refería a los derechos de autor, menos al de comunicación  pública de obras audiovisuales y cinematográficas.  

  

La frase no «tener  que cancelar derechos por este concepto»  contenida en la sentencia C 654 de 2003 tampoco supera el segundo  paso  que consiste en no afectar la normal explotación de la obra.  Si esta exigencia impide explotaciones que consiste en evitar privar  al titular de ingresos notable consideración económica  o práctica, el monto de la condena impuesta en la sentencia  impugnada revela que el monto del que se privaría a los  representados por Egeda, es una razón de peso para considerar  que la comunicación pública de obras por retransmisión  sí afectaría su normal explotación, sin que  pueda objetarse que el must-carry  busca  garantizar la pluralidad informativa de los suscriptores, pues para  ello el legislador optó por consagrar un deber de transporte a  cargo de los operadores de televisión cerrada.  

  

Finalmente, la  frase no «tener  que cancelar derechos por este concepto»  mucho menos supera el tercer  paso  de no perjudicar injustificadamente los intereses legítimos  del titular del derecho de comunicación pública. Sobre  este punto Comcel planteó un dilema que no existe porque -se  insiste- el must-carry  contribuye al pluralismo informativo de los suscriptores por ser un  deber impuesto a los operadores de televisión por suscripción  quienes, además, deben obtener las autorizaciones para  comunicar de manera pública las obras audiovisuales o  cinematográficas, so pena de transgredir los derechos de autor  y verse compelidos a indemnizar a los sujetos afectados.  

  

Así las  cosas, de la mirada conjunta del artículo 11 de la ley 680 de  2001 y de la sentencia C-654 de 2003 de la Corte Constitucional no se  desprende un límite o excepción al derecho de  comunicación pública por retransmisión de obras  audiovisuales y cinematográficas que respete la regla de los  tres pasos.  

  

En tercer lugar,  reconocer que esas fuentes jurídicas consagran un límite  a un derecho tan específico como el de comunicación  pública por retransmisión de obras audiovisuales,  pasaría por alto sin razón la interpretación  prejudicial de normas andinas que para el caso concreto y, por tanto,  sobre los derechos en juego, presentó el Tribunal de Justicia  de la Comunidad Andina (TJCA), con independencia de que el juez del  caso concreto aplique la hermenéutica que dentro el ejercicio  de sus competencias considere.  

  

En efecto, el 18  de junio de 2020 en el presente proceso se solicitó la  interpretación de normas comunitarias andinas por parte del  TJCA52,  la cual fue rendida con ponencia del magistrado Gustavo García  Brito, donde el TJCA interpretó los artículos 3º,  lit b, 13, lit e, 11 y 49 de la decisión 351 de 1993 mediante  la interpretación 139-IP-202053.  De sus consideraciones resalta que el TJCA tuvo en cuenta la opinión  diversas entidades latinoamericanas relacionadas con el derecho de  autor como la Dirección Nacional de Derechos de Autor  (Colombia), el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual (Bolivia),  el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (Ecuador), el  Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección  de la Propiedad Intelectual (Perú), la Organización  Mundial de Propiedad Intelectual, la Asociación Interamericana  de Propiedad Intelectual, entre otras.  

  

Todas esas  entidades relacionadas con la divulgación o defensa de los  derechos de autor coincidieron en que:  

            

I. El operador de          televisión por suscripción sí necesita          autorización del titular del derecho patrimonial sobre las          obras audiovisuales para retransmitir la señal o emisión          que las contiene.  

            

II. La obligatoriedad          de esa autorización no varía por que la retransmisión          se haga por mandato de la legislación interna (deber de          transporte o must-carry).  

            

III. El deber de          transporte o must-carry          no exime a la empresa que retransmite de obtener autorización          del titular de derechos patrimoniales sobre las obras          retransmitidas.  

            

IV. La respuesta          (III) no varía porque el titular de los derechos          patrimoniales de las obras sea el mismo organismo de radiodifusión          titular de la señal abierta; y  

            

V. Retransmitir una          obra audiovisual (protegida por el derecho de autor) es diferente de          retransmitir la señal o emisión del organismo de          radiodifusión (protegida por los derechos conexos).  

  

El concepto del  TJCA se sustenta en su «jurisprudencia  uniforme y consistente»54,  además de coincidir con la del Tribunal de Justicia de la  Unión Europea, pues la retransmisión de obras es un  nuevo acto de comunicación pública que necesita  autorización del titular, sin que eso varíe por una  obligación o deber legal como el must  carry.  

Luego de  diferenciar los derechos de autor (que recaen sobre obras) de los  conexos (que protegen la señal de televisión en el caso  de los organismos de radiodifusión), al TJCA le pareció  irrelevante que ambos tengan como titular al mismo sujeto, porque los  terceros requieren autorizaciones diferentes para retransmitir tanto  la señal como las obras. Esto es importante porque Comcel ha  señalado que el consentimiento para retransmitir la señal  se extiende y le permite retransmitir las obras, sin tener que pagar  por ese concepto.  

  

El TJCA concluyó  que se infringe el derecho de comunicación pública  respecto de una obra audiovisual por falta de autorización,  cuando se cumplan las siguientes condiciones, siempre que el  reclamante sea una SGC:  

            

I. Se debe          considerar la existencia del derecho de autor sobre las obras;  

            

II. Las obras están          inscritas ante la respectiva SGC; y  

            

III. Que se hayan          comunicado las obras sin autorización.  

  

Teniendo en cuenta  la interpretación prejudicial rendida para el caso concreto  por el TJCA, la Sala llama la atención de los compromisos  internacionales de Colombia pues esa instancia es órgano  «supranacional  y comunitario, instituido para declarar el derecho andino y asegurar  su aplicación e interpretación uniforme en todos los  países miembros»55,  lo que en palabras de la Corte Constitucional se traduce en que los  países andinos están obligados a adoptar las medidas  necesarias para cumplir la normatividad jurídica andina que,  por supuesto, incluye las interpretaciones prejudiciales y no pueden  tomar decisiones contrarias a su efectividad56.  

  

Del derecho  comunitario andino se predica supranacionalidad, pues «cualquier  acto de las partes que desconozca el principio “pacta sunt  servanda”, significaría incumplimiento del Tratado, lo  cual sería violatorio del derecho internacional y, en nuestro  caso, del derecho comunitario»,  sin pasar por alto los postulados de «»primacía»  de las normas comunitarias y… «aplicación directa”  de las mismas, principios que, a la vez, son los que permiten a los  Estados signatarios cumplir con sus obligaciones sin necesidad de  trámites internos que pretendan dar a la norma comunitaria el  vigor que ya tiene desde su origen, la obligatoriedad que representa  para los Países Miembros y la aplicabilidad directa que le  asigna el Tratado, o de procedimientos que deroguen o modifiquen el  derecho interno»57.  

  

En suma, existe  «preeminencia  de la norma comunitaria sobre el derecho interno de los países»  y «“en  caso de conflicto la regla interna queda desplazada por la  comunitaria, la cual se aplica preferentemente ya que … la norma  interna resulta inaplicable”»58,  aspecto que, de llegar a ser desconocido, podría activar las  acciones de incumplimiento de las normas comunitarias59.  

  

La competencia del  Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina para la interpretación  prejudicial de las normas supranacionales de derecho comunitario ha  sido un pilar fundamental en el proceso de integración  regional entre los países miembros. Este mecanismo, inspirado  en el derecho de la integración europea, tiene como objetivo  principal garantizar la aplicación uniforme del derecho  comunitario en todo el territorio de la Comunidad Andina. En este  contexto, se destaca la obligación de los jueces nacionales de  solicitar la interpretación de normas relevantes del derecho  comunitario andino durante el curso de los procesos judiciales  internos. Esta solicitud de interpretación no solo asegura la  coherencia en la aplicación del derecho comunitario, sino que  también fortalece la autoridad del TJCA en cuestiones de  interpretación jurídica en la región.  

Por ello, la Sala  ha señalado:  

  

Bajo esa perspectiva, surge  la necesidad, sin duda alguna, de aplicar los artículos 32 y  34 del Tratado de Creación del Tribunal de Justicia de la  Comunidad Andina propiciando así la interpretación  prejudicial, máxime que los restantes requisitos establecidos  para su viabilidad concurren en este particular caso, concretamente  que el país hace parte de dicho tratado; que, como se ha  dicho, se está frente a una interpretación de normas de  la Comunidad Andina; que la consulta surge de un ente jurisdiccional  del país consultor; y, por último, que la situación  aquí planteada no tiene ya recursos que hagan susceptible de  reexamen el caso ventilado, aspecto este del que, huelga precisarlo,  la resolución del conflicto por parte de esta Corporación  no soporta impugnación alguna, salvo, eventualmente, el  extraordinario de revisión, lo que no obsta para la consulta  dispuesta, como así lo ha determinado el Tribunal Andino  (CSJ, SC 31 may. 2007).  

  

Para efectos de  claridad, la Sala resalta que, según la sentencia impugnada,  el Tribunal estimó transgredido el derecho de autor de  comunicación pública por retransmisión de obras  audiovisuales y cinematográficas representadas por Egeda, y no  por el derecho conexo de retransmisión de la señal  televisiva de los organismos de radiodifusión.  

  

Así las  cosas, la Sala concluye que el deber de transporte o must-carry  previsto en el artículo 11 de la ley 680 de 2001, interpretado  a la luz de la sentencia C-654 de 2003, es, en realidad, un deber a  cargo de los operadores de televisión por suscripción  que beneficia del pluralismo informativo a sus suscriptores y no  constituye un límite o excepción al derecho de  comunicación pública por retransmisión de obras  audiovisuales y cinematográficas reclamado por Egeda.  

  

Ese deber de  transporte o must-carry  no  se observa contrario al orden justo, la libertad económica o  carente de proporcionalidad, como sin mayor desarrollo lo calificó  Comcel, pues tiene sentido en la medida de que debe ser cumplido por  los operadores de televisión cerrada con el fin de garantizar  los objetivos que se han señalado, para lo cual deben procurar  las autorizaciones de los productores de las obras audiovisuales y  cinematográficas que retransmiten, so pena de incurrir en  responsabilidad civil extracontractual por infracción del  derecho de autor de comunicación pública. Obsérvese  que la Sala no está haciendo a un lado la vigencia del  artículo 11 de la ley 680 de 2001, ni mucho menos de la  sentencia C-546 de 2003 para darle prevalencia a otras disposiciones,  sino que está haciendo una interpretación conjunta y  sistemática de esas fuentes para concluir que no consagran un  límite o excepción al derecho de autor de comunicación  pública.  

  

En tal orden de  ideas, por los anteriores razonamientos no prosperan los cargos  primero y segundo.  

  

CARGO TERCERO  

  

Bajo la segunda  causal de casación imputó desconocimiento indirecto de  «los  artículos 72 de la ley 23 de 1982 (por aplicación  indebida), 13, literal b) de la decisión andina 351 de  1993…(también por aplicación indebida), …11  bis, numeral 1 del convenio de Berna (por aplicación  indebida), …11 de la ley 680 de 2001 (por falta de aplicación)  y… 2341 del Código Civil»,  debido a errores de hecho sobre las pruebas que demostraron que  Caracol TV y RCN TV («mandatarios  de Egeda»)  consintieron la retransmisión y facilitaron a Comcel los  códigos y elementos necesarios para realizarla, lo que desdice  la vulneración de derechos imputada a Comcel y excluye un  perjuicio resarcible.  

  

Agregó que  la autorización para la retransmisión o re-comunicación  sin remuneración se prolongó durante años y  vivificó en Comcel la confianza legítima de que no se  le reclamaría por ese concepto.  

  

Identificó  como pruebas sobre las que se cometieron los errores de hecho las  siguientes:  

            

I. Resolución          2291 de 22 de septiembre de 2014, expedida por la (ANTV), prueba de          que «durante          más de 13 años los canales privados de televisión          abierta nacional han permitido la retransmisión de sus          señales en los sistemas de televisión cerrada sin          costo alguno»;  

            

II. Sentencia de          segunda instancia del Tribunal Superior de Bogotá, Sala          Civil, proferida el 28 de marzo de 2017 en el proceso de competencia          desleal de Caracol Televisión S.A. y RCN televisión          S.A. contra Telmex Colombia S.A. y otros, pues dentro de los hechos          narrados por esos canales se deriva que autorizaron a Comcel para          «retransmitir          la señal de su canal HD a través del servicio de          televisión por suscripción… En el caso de          Caracol… hasta el 15 de abril de 2014… y RCN hasta el          30 de abril de ese mismo año»;  

            

III. Declaración          del «testigo          experto»          Ernesto Orozco Orozco, quien fuera director de la Junta Directiva de          la ANTV, quien sostuvo que la retransmisión de la señal          sólo era posible con «la          participación activa de Caracol Televisión y RCN          Televisión»;          y  

            

IV. Dictamen pericial          de Daniel Peña Valenzuela quien concluyó que «para          que pueda existir retrasmisión de programas como los que          trasmiten Caracol y RCN, necesaria e indefectiblemente se requiere          una autorización por parte de estos últimos pues de no          contar con ella dichos canales cuentan con una pluralidad de          mecanismos o instrumentos tecnológicos que les permite, de          suyo, impedir o inhibir la consabida retrasmisión».  

  

Concluyó  diciendo que las normas citadas fueron vulneradas por haberse  desconocido que Comcel sí contaba con autorización para  retransmitir las obras.  

  

CONSIDERACIONES  

  

La Sala se tomó  el tiempo de delinear los derechos patrimoniales de autor y  distinguirlos de los conexos con el fin de precisar que los primeros  recaen sobre obras como las audiovisuales y cinematográficas,  mientras que los segundos protegen -para el caso de los organismos de  radiodifusión-, la señal o emisión.  

El cargo anterior  pretende hacer caso omiso de esa diferencia trascendental, como si  los derechos de autor y los conexos no fueran prerrogativas  independientes. Esto es así porque, con excepción del  dictamen de Daniel Peña Valenzuela, las otras pruebas sobre  las que, según Comcel, recayeron los errores de hecho del  Tribunal versan sobre el posible consentimiento de RCN y Caracol TV  para que Comcel transmitiera la señal televisiva, no las obras  audiovisuales y cinematográficas.  

  

En efecto, la  Resolución 2291 de 22 de septiembre de 2014 de la ANTV se  refiere a las «señales  en los sistemas de televisión cerrada sin costo alguno»;  los hechos que dieron pie al proceso de competencia desleal que  culminó mediante sentencia de 28 de marzo de 2017 del Tribunal  Superior de Bogotá, Sala Civil, igualmente versan sobre «la  señal de su canal HD»,  lo mismo que la declaración del experto Ernesto Orozco Orozco,  sin pasar por alto -eso es claro para la Sala- que en su criterio el  deber de transporte o must-carry  sí  sería límite o excepción a los derechos de  autor, aspecto dilucidado por la Corte al resolver los dos primeros  cargos.  

  

Tampoco se  observa error de hecho sobre el dictamen de Daniel Peña  Valenzuela. Por el contrario, en vez de supresión de su  contenido objetivo (una de las modalidades de yerro fáctico),  se evidencia que el Tribunal sí tuvo en cuenta las  conclusiones del experto, pero se apartó de ellas porque  estimó que la posibilidad de cortar el suministro de la señal  (black  out)  por parte de los canales de televisión que representa Egeda,  no puede traducirse en la autorización para comunicar  públicamente mediante retrasmisión obras audiovisuales  y cinematográficas.  

  

  

una  empresa que presta el servicio de televisión por suscripción  (señal cerrada) tiene  que obtener tanto  una  autorización del titular de la obra audiovisual que  retransmite, como  una autorización del organismo de radiodifusión titular  de la señal  que retransmite, en ambos casos, a través de su servicio.  Ahora bien, si  el organismo de radiodifusión es titular, además, de  obras audiovisuales,  la empresa  que presta el servicio de televisión por suscripción  necesita dos  autorizaciones de ese organismo de radiodifusión: una,  por retransmitir la obra audiovisual (derecho de autor) de  titularidad del organismo de radiodifusión; y la otra,  por retransmitir la señal (derecho conexo) del referido  organismo de radiodifusión (se  destaca)60.  

  

La doctrina  también sustenta la diferencia que existe entre autorizar la  retransmisión de la señal y comunicar de manera pública  de obras:  

  

cuando  la distribución de programas radiodifundidos es realizada por  un organismo distinto al de origen, en todas las circunstancias  importa un nuevo  acto de comunicación pública  y, como consecuencia del monopolio de explotación de que goza  el autor, debe  estar expresamente autorizado por este y ser retribuido.  

  

En  este último caso, nos encontramos frente a una explotación  secundaria de la obra, distinta se su radiodifusión, pues se  brinda un nuevo  servicio -que  no presta el organismo de origen- consistente en la captación  de las ondas radioeléctricas emitidas por este, en su  amplificación, modulación y distribución,  posibilitando así que las obras sean comunicadas con nitidez a  públicos nuevos pues, de otro modo, no las recibirían o  solo las captarían muy defectuosamente. De ahí que sea  necesaria la autorización autoral y el pago de una  remuneración por parte del cable-distribuidor no comprendida  en el pago que realiza el organismo de origen, el que solo incluye  las actividades realizadas por este y que fueron las tenidas en vista  por las partes al contratar (se  destaca)61.  

  

Otro doctrinante  opina de manera parecida:  

  

Los actos de comunicación  al público de las señales portadoras de programas  deberían requerir siempre la autorización del organismo  de radiodifusión, además de la correspondiente de los  otros titulares de derechos62.  

  

En consecuencia,  comoquiera que Comcel pretende extender la autorización para  retransmitir la señal televisiva a un beneplácito para  comunicar de forma pública obras audiovisuales, a pesar de que  son objetos distintos protegidos por derechos diferentes, no se  configura un yerro fáctico evidente que hubiera vulnerado de  manera indirecta la normativa sustancial razón que justifica  que no prospera el cargo tercero.  

  

CARGO CUARTO  

  

Invocando la  segunda causal de casación denunció desconocimiento  indirecto de los artículos «830  del Código de Comercio (por falta de aplicación), …13,  83 y 95 de la Constitución [Política] (por falta de  aplicación), …4º y 8º de la ley 153 de 1887;  …2341 del Código Civil (por aplicación  indebida); y …72 de la ley 23 de 1982 (por aplicación  indebida), al mismo tiempo que por desconocer el principio general de  buena fe, el de la protección de la confianza legítima,  y aquel que proscribe el abuso del derecho (por falta de aplicación)»  por errores de hecho al descartar la excepción de mérito  «denominada  “ejercicio intempestivo de un derecho o la doctrina del  Verwirkung”»  (retraso desleal) donde alguien «de  forma sorpresiva, ejerce un determinado derecho, a sabiendas de que  previamente había dejado trascurrir un apreciable lapso, o  período de tiempo -inferior, por naturaleza, a aquél  relativo al de la prescripción-, sin haber hecho uso de tal  derecho, generándose… la confianza legítima en  la otra parte, concerniente a que dicho derecho no sería  ejercitado».  

  

Identificó  errores de hecho sobre las siguientes pruebas:  

            

I. Comunicaciones de          las partes de 2016 (no 2006, como dijo el Tribunal), enviadas el 25          de febrero, 17 de marzo, 20 de abril de ese año, 10 años          luego de la creación de Egeda, sobre todo cuando poco tiempo          más tarde instauró la demanda;  

            

II. Conducta o          actitud de RCN y Caracol TV al iniciar otro proceso judicial contra          Comcel donde reclamaron por los derechos conexos sin incluir las          pretensiones de ahora, y donde se confesó que Comcel estuvo          autorizada hasta 2014 a retransmitir obras, lo que hizo suponer a          Comcel que no sería demandada por derechos de autor;  

            

III. Resolución          2291 de 22 de septiembre de 2014, expedida por la ANTV, prueba de          que «durante          más de 13 años los canales privados de televisión          abierta nacional han permitido la retransmisión de sus          señales en los sistemas de televisión cerrada sin          costo alguno»;  

            

            

V. Dictamen pericial          de Daniel Peña Valenzuela quien concluyó que «para          que pueda existir retrasmisión de programas como los que          trasmiten Caracol y RCN, necesaria e indefectiblemente se requiere          una autorización por parte de estos últimos pues de no          contar con ella dichos canales cuentan con una pluralidad de          mecanismos o instrumentos tecnológicos que les permite, de          suyo, impedir o inhibir la consabida retrasmisión».  

  

CONSIDERACIONES  

  

La doctrina del  «retraso  desleal»  invocada por Comcel se justifica en que la omisión en el  ejercicio de un derecho subjetivo por un lapso considerable impide  exigirlo, en razón a que se ha cimentado en la otra parte la  confianza legítima de que no se haría valer.  

  

El comportamiento,  tanto el positivo (acción) como el negativo (omisión),  genera consecuencias para el sujeto que lo observa, sobre todo cuando  se trata de derechos renunciables, pues, como ha reconocido la Corte  en punto al «Verwirkung»  invocado por Comcel  

  

[es] conducta contraria a la  buena fe objetiva, por el transcurso de un término  significativo del cual la parte contraria legítimamente confía  en que su titular no va a ejercer un derecho (S. 21 de octubre de  2005)  (SC, 28 ab. 2011, rad. n.° 2005-00054-01).  

  

Y ha reiterado que  

  

concierne con la  inadmisibilidad del ejercicio de un derecho abandonado por un período  significativo, desprendimiento que crea en la parte contraria la  creencia objetiva de que ya no hará valer tal derecho.  Situación semejante, se dice, contraviene la buena fe. No  obstante, debe aparecer de manera clara la actitud desleal e  intolerable para el adversario  (SC, 24 en. 2011, rad. n.° 2001-00457-01).  

  

Por su parte, la  doctrina explica que «el  ‘retraso desleal’, sancionado por la buena fe, consiste  en la inadmisibilidad del ejercicio del derecho cuando el titular no  se ha preocupado durante un período de tiempo más o  menos largo de hacerlo valer y ha dado lugar con su inactividad a que  la otra parte de la relación jurídica confíe en  que el derecho ya no será ejercitado»63.  

  

De configurarse el  retraso desleal, el ejercicio del derecho por el titular se torna  inadmisible, en el sentido de que los afectados pueden oponerse a su  disfrute o restarle prosperidad a la reclamación que se  promueva para tal fin. Se trata de un límite para no afectar a  quienes tienen confianza legítima sobre su no disfrute.  

  

Precisa la  doctrina: «[l]a  confianza legítima se predica de la no actuación futura  del derecho, no de su extinción, ya que el sujeto pasivo no  tiene por qué dudar de la subsistencia del derecho. Si, por lo  tanto, se protege una confianza razonable en el no ejercicio, lo que  debe impedirse, convirtiéndolo en inadmisible, es dicho  ejercicio, sin que se observe razón alguna que justifique la  necesidad de la extinción del derecho»64.  

  

Las pruebas sobre  las que pretendieron mostrarse los errores de hecho del Tribunal no  fueron cercenadas en su contenido objetivo por el Tribunal, como pasa  a mostrarse.  

  

En efecto, las  comunicaciones de 2016 muestran, por el contrario, que antes de la  presentación de la demanda Egeda reclamó a Comcel por  los derechos de comunicación pública de obras  audiovisuales de sus afiliados, lo que denota que con anterioridad de  la instauración de acciones judiciales Egeda sí fue  activo en la protección de los derechos de sus representados,  así ello hubiera ocurrido el mismo año de radicación  de la demanda65.  Por la naturaleza de los derechos reclamados, cuyos titulares  directos son los productores audiovisuales y cinematográficos,  y no Egeda, resulta irrelevante que hubiera pasado, para efectos del  retraso desleal, diez años desde la constitución de la  demandante hasta la presentación de la demanda, hecho bajo el  que Comcel pretendió construir un error de hecho.  

  

El comportamiento  de RCN y Caracol al promover otro proceso judicial por competencia  desleal sin incluir las pretensiones del caso de la radicación,  tampoco denota retraso desleal que impida reclamar por la  comunicación de obras audiovisuales y cinematográficas,  pues ese otro asunto versó sobre los derechos conexos (que,  recuérdese, protegen la señal televisiva), mientras que  el de ahora se refiere a los de autor que resguardan las obras  audiovisuales.  

  

Esa distinción  es relevante en punto a la Resolución 2291 de 22 de septiembre  de 2014, expedida por la ANTV, que, a pesar de referirse a la  autorización de señales  televisivas,  y no de obras audiovisuales y cinematográficas, fue invocada  como una de las pruebas sobre las que, supuestamente, se cometió  un yerro fáctico. Tal equivocación no se presentó,  pues resulta evidente que se refiere a un objeto distinto al que  pretende protegerse con las pretensiones de Egeda.  

  

Algo similar  ocurre con la declaración de Ernesto Orozco Orozco y el  dictamen de Daniel Peña Valenzuela, de los que no se deriva  error de hecho porque el Tribunal hubiera dejado de apreciar que sí  probaban retraso desleal de Egeda o sus representados.  

  

La Sala recuerda  que las simples discrepancias de criterio sobre la valoración  de las pruebas no edifican errores de hecho, pues la adición o  supresión de su contenido objetivo deben advertirse de manera  evidente y manifiesta, lo que no sucedió en el presente caso.  

  

En tal orden de  ideas, por no haberse demostrado los errores de hecho denunciados,  fracasa el cuarto cargo.  

  

CARGO QUINTO  

  

De acuerdo con el  segundo motivo de casación invocó la violación  indirecta de «los  artículos 72 de la ley 23 de 1982 (por aplicación  indebida), 13 literal b) de la Decisión 351 de 1993 (por  aplicación indebida), 1613, 1614, 2341 del Código Civil  (por aplicación indebida), …consecuencia de yerros  probatorios de hecho evidentes y trascendentes».  

  

Antes de referir  los errores fácticos, recordó que el Tribunal criticó  al a  quo por  enmarcar la controversia en la responsabilidad civil  extracontractual. Sin embargo, el Tribunal llegó al mismo  destino temático porque omitió decidir las pretensiones  declarativas de Egeda relacionadas con la comunicación pública  por retransmisión sin autorización y la vulneración  de derechos de autor, «imaginó  una pretensión declarativa distinta a la responsabilidad  civil»,  al declarar a Comcel responsable de los perjuicios causados y  condenarla a indemnizar «lucro  cesante»,  negar el pago de intereses porque la obligación existe desde  su declaratoria judicial y estimar cumplidos los presupuestos de «la  indemnización pretendida».  

  

Identificó  error de hecho en la interpretación de la demanda, la fijación  del litigio y la sustentación de la alzada porque el Tribunal  concluyó que se pretendían las regalías dejadas  de pagar según las tarifas de Egeda, en vez de un perjuicio  extracontractual, como si se tratara de una obligación  precisa, concreta e incumplida por Comcel, lo cual sería  intrascendente porque «en la parte resolutiva  del fallo, desvió su mirada hacia la responsabilidad civil».  

  

Señaló  que la indemnización presupone la existencia de un perjuicio  cierto, concreto, singular determinado, así como las  diferencias entre la responsabilidad contractual y extracontractual,  agregando que el desconocimiento de una obligación previa no  permite presuponer perjuicios porque la afectación debe  probarse en su existencia y cuantía, lo que también  ocurre en la responsabilidad extracontractual porque sin daño  no hay responsabilidad.  

  

Precisó que  si la demanda se hubiera encausado en la infracción de  derechos de autor y el cobro de una obligación insoluta, se  estaría en un asunto de «declaración  y condena en punto al cumplimiento coactivo de una obligación  previa».  

  

Endilgó al  Tribunal error de hecho «mayúsculo,  evidente y manifiesto»  por suponer «prueba  de la existencia del perjuicio… de… los…  representados por Egeda»,  pues si se llegara a «considera[r]  que el Tribunal dedujo la existencia el daño a partir del no  pago de los derechos de autor…, se comprueba la presencia de  un error facti in iudicando, al derivar, de tal hecho, la prueba del  perjuicio, pues constituiría meramente una conjetura, un  atisbo -o boceto- probatorio, un dato o vestigio… contingente,  en tanto que forzosamente no se dirige a la demostración  siquiera virtual de la existencia del perjuicio, que… debe ser  cierto… y… acreditado cabal y fehacientemente».  

  

Agregó que  «con  ese único indicio puramente contingente, y que virtualmente  permitiría inferir tanto el perjuicio como el beneficio, no  podía el Tribunal proceder como si hubiese certidumbre del  daño, requisito sine qua non que la jurisprudencia siempre ha  exigido»,  lo que se traduce en «creación  judicial»  del daño por la falta de pago de unos derechos que Comcel no  adeuda, configurando un «perjuicio  hipotético o eventual».  

  

Finalizó  argumentando que el error de hecho consistió en estimar cierto  un perjuicio que, en realidad, era hipotético a partir de un  hecho contingente, lo que vulneró el artículo 2341 del  Código Civil que exige un daño para que pueda ordenarse  su indemnización, lo que también evidencia vulneración  de los artículos 72 de la ley 23 de 1982 y 13, literal b, de  la decisión 351 de 1993, que no podían aplicarse como  se usaron porque debía acreditarse la existencia del  perjuicio.  

CONSIDERACIONES  

  

El anterior cargo  sugiere, de manera poco inteligible, que el Tribunal se extravió  del marco de la decisión determinado por la  demanda, la fijación del litigio y la sustentación de  la alzada, al resolver un asunto de responsabilidad contractual por  incumplimiento de una obligación previa, en vez de uno  extracontractual.  

  

Tal defecto no se  presentó por múltiples razones, entre ellas que de la  sentencia impugnada es claro que entre Comcel y Egeda no existió  vínculo previo que se hubiera incumplido, que la indemnización  surgió por la infracción del derecho de comunicación  pública previsto legalmente y que el Tribunal negó los  intereses moratorios porque la obligación surge desde que se  reconoce en la sentencia, como suele suceder en los casos de  responsabilidad civil extracontractual, razón por la que se  negaron los intereses de mora.  

  

La Sala también  negará la prosperidad del cargo en punto a la supuesta  inexistencia de la prueba del perjuicio porque sobre ese punto Comcel  no refirió un solo medio suasorio sobre el que hubieran  recaído los errores de hecho. Simplemente mencionó, sin  mayor desarrollo, un supuesto indicio cuyos elementos no detalló  ni precisó en qué consistía.  

Obsérvese  que, a diferencia de lo argüido por Comcel, el Tribunal no  reconoció un perjuicio incierto o eventual, sino uno que  estimó cierto y real, conclusión a la que llegó  luego de valorar el  informe de Business Bureau, prueba de la retransmisión de  obras cinematográficas por hora, día y canal, respecto  del cual ninguna labor de contraste efectuó Comcel.  

  

El Tribunal  también consideró cierta la afectación de los  representados por Egeda con base en el hecho notorio de que Comcel  ofreció a sus suscriptores los canales RCN y Caracol TV, así  como la constatación de que Comcel «no  ha pagado ningún importe por la nueva difusión de las  producciones audiovisuales, que como quedó dicho…, es  una erogación que debe sufragar»,  pruebas sobre las que -pese a haber enrostrado un error de hecho-  nada se dijo en el cargo, lo que determina su carencia de  prosperidad.  

  

Así las  cosas, por las razones anotadas no prospera el quinto cargo.  

  

CARGO SEXTO  

  

Bajo la primera  causal de casación imputó vulneración directa de  «los  artículos 2341 del Código Civil (por aplicación  indebida), 73 de la ley 23 de 1982 (por falta de aplicación),  y 48 de la decisión andina 351 de 1993, en relación con  el… 30 de la ley 44 de 1993 y 48 de la decisión andina  351 de 1993».  

  

Explicó  que la vulneración del precepto 73 de la ley 23 de 1982 radica  en que su parágrafo ordena que, cuando no haya contrato entre  la SGC y quien debe pagar los derechos de autor, las tarifas no  pueden superar las acordadas por la SGC en otros casos similares. No  obstante, el Tribunal concluyó que «el  hecho de que… se haya cobrado una tarifa inferior a otros  operadores podría haber sido en razón de una posible  conciliación y/o concertación entre las partes,  circunstancia  que no se puedo verificar en el sublite…»  (la subraya es del casacionista).  

  

Recordó que  Egeda confesó en la «solicitud  de pruebas anticipadas»  que otros operadores de televisión por suscripción le  pagan quince centavos de dólar por el número mensual de  suscriptores a cambio de la autorización para retransmitir  obras audiovisuales y cinematográficas administradas por la  demandante, suma dineraria que debió servir de base para  calcular la indemnización.  

  

Por consiguiente,  afirmó que «habiendo  advertido el ad quem esa afirmación de la parte demandante»  debía aplicar la parte final del artículo 73 de la ley  23 de 1982 para liquidar «los  perjuicios a razón de $0.15 de dólar y no de $0.30 de  dólar como sin fundamento lo hizo -aumentando… el valor  que estableció finalmente como adeudado»,  proceder que desconoció los preceptos 2341 del Código  Civil, 16 de la ley 446 de 1998 y 283 del Código General del  Proceso al causar «enriquecimiento»  de la demandante a raíz de la condena, en vez de una  «reparación  integral».  

  

Adicionó  que el artículo 48 de la decisión andina 351 de 1993  exige «tener  en consideración los ingresos que reciba quien hace uso de la  obra, para aplicar la tarifa en proporción a los mismos»,  limitante de la que no tomó nota el Tribunal para cuantificar  la indemnización pues, si según el artículo 11  de la ley 680 de 2001, los operadores de televisión por  suscripción no reciben remuneración por el must-carry,  «hubiera  tenido que concluir que como los ingresos de Comcel por la  retransmisión fueron US$0,oo, lo proporcional, es decir, lo  que mantiene una proporción o razón constante entre la  tarifa de Egeda (US$0.15) y el ingreso (US”0.0) era  forzosamente US$0.oo.»,  razón por la que la condena por perjuicios es exorbitante.  

  

CONSIDERACIONES  

  

El anterior  cuestionamiento critica, desde la vía directa, que el Tribunal  hubiera calculado el monto del lucro cesante con base en las tarifas  de los estatutos de Egeda que, además, sirvieron para efectuar  el juramento estimatorio de la demanda que, igualmente, fue acogido  en la sentencia impugnada. Por ello, es necesario hacer las  explicaciones necesarias sobre las modalidades de gestión de  derechos de autor que permitan resolver el cuestionamiento.  

            

1. Gestión          individual  

  

1.1. El titular  originario o derivado (por la celebración de actos jurídicos  como la cesión) de los derechos de autor puede realizar,  autorizar, prohibir o reclamar (en el sentido amplio del término)  por la indebida utilización de su obra, como, por ejemplo, la  comunicación pública por retransmisión sin su  beneplácito previo y expreso.  

  

Esta forma de  ejercer directamente las prerrogativas autorales le permite al autor  conservar el control inmediato sobre su creación; sin embargo,  en algunos casos puede resultar costosa e, inclusive, extraña  al giro ordinario de su labor creativa porque tendría que  monitorear cada uso de la obra, con la complejidad de que, en  términos generales, puede dificultarse saber con precisión  cuándo, cómo y dónde fue explotada66.  Por supuesto, generalmente los creadores están en libertad de  gestionar directamente sus derechos.  

  

La gestión  directa de los derechos de autor también puede dificultar la  actividad de los interesados en utilizar la obra, pues tendrían  que contactar directamente al titular para obtener la autorización  y pagar la remuneración, sin pasar por alto que cada  negociación puede tener una tarifa diferente.  

  

Esto muestra que  aunque el derecho de autor se puede gestionar sin cortapisas  directamente por sus autores, esa forma puede resultar ineficiente.  Las dificultades de la gestión directa de autor puede subir de  punto respecto de las obras audiovisuales y cinematográficas  (sobre las que versa la presente controversia) que se caracterizan  por su complejidad, sobre todo porque comprenden múltiples  campos de acción humanos y requieren diversos aportes no sólo  intelectuales sino también patrimoniales, dado que confluye un  sinnúmero de creadores como autores literarios, musicales,  guionistas, actores, intérpretes, ejecutantes, escenógrafos,  entre muchos otros, cuyos derechos de autor individuales también  deben resguardarse. Por esa razón, otorgar derechos exclusivos  a cada uno de los partícipes de obras cinematográficas  o audiovisuales resultaría sumamente complejo y, de acuerdo  con las particularidades específicas de cada caso, podría  hacerlos nugatorios.  

  

Para conjurar ese  inconveniente, el Convenio de Berna (art. 14 bis 2, lit b) y la ley  23 de 1982 (art. 98) establecen una cesión presunta, salvo  pacto en contrario, de los derechos patrimoniales a favor del  productor de obras audiovisuales y cinematográficas. Esto  quiere decir que, por ministerio de la ley, el productor de una obra  audiovisual, es decir, «la  persona natural o jurídica que goza de la iniciativa de la  creación intelectual, y que asume la responsabilidad de una  grabación audiovisual»67,  generalmente cuenta con la titularidad de los derechos de autor sobre  la obra, a menos que los demás creadores acuerden algo  distinto.  

  

Tal cesión  presunta faculta al productor de obras audiovisuales y  cinematográficas ejercitar los derechos patrimoniales de  autor, evitando su ejercicio simultáneo por los demás  autores e incentivando la actividad empresarial que gira en torno a  la producción de la obra. Se trata de una cesión acorde  con la Constitución Política porque permite pacto en  contrario, resguarda la autonomía privada y radica  «la  capacidad de disposición sobre la obra en quien la impulsa, la  financia, realiza las correspondientes inversiones y asume los  riesgos, sin menoscabar con ello los derechos morales de cada uno de  los colaboradores y sin restringir su capacidad para libremente  acordar los términos de sus respectivos contratos»68.  

  

Lo anterior, por  supuesto, no desdice los otros derechos exclusivos que tienen los  productores de obras cinematográficas:  

A. Fijar y reproducir la  obra cinematográfica para distribuirla y exhibirla por  cualquier medio a su alcance en salas cinematográficas o en  lugares que hagan sus veces o cualquier medio de proyección o  difusión que pueda surgir, obteniendo un beneficio económico  por ello;  

B. Vender o alquilar los  ejemplares de la obra cinematográfica o hacer aumentos o  reducciones en su formato para su exhibición;  

C. Autorizar las  traducciones y otras adaptaciones o transformaciones cinematográficas  de la obra, y explotarlas en la medida en que se requiere para el  mejor aprovechamiento económico de ella, y perseguir ante los  tribunales y jueces competentes, cualquier reproducción o  exhibición no autorizada de la obra cinematográfica,  derecho que también corresponde a los autores quienes podrán  actuar aislada o conjuntamente  (art. 103, ley 23 de 1982).  

Así las  cosas, los creadores pueden ejercer y hacer respetar sus derechos  directamente y, en el caso de las obras audiovisuales y  cinematográficas, a menos que exista pacto en contrario, tal  conducta puede ser realizada por el productor.  

  

1.2. La gestión  individual también puede efectuarse de manera indirecta, o  sea, con intermediación de un sujeto diferente al creador que  recibe el encargo (mandato) del titular de los derechos de autor para  que proteja de la obra.            

2. Gestión          colectiva de derechos de autor  

Esta modalidad es  netamente indirecta porque no se realiza directamente por los  creadores sino por un tercero e intermediario: las Sociedades de  Gestión Colectiva (SGC).  

  

Se trata de  «organizaciones  de derecho privado destinadas a representar a los titulares de estos  derechos en interés general de los asociados, que hacen  posible el ejercicio colectivo de los derechos patrimoniales de autor  y de derechos conexos. Pueden ser socios de las sociedades de gestión  colectiva los autores y los titulares de derechos de autor, de una  parte y los titulares de derechos conexos de otra, pudiendo converger  en una misma sociedad, titulares originarios y derivados de una misma  rama de la  actividad autoral»69.  

  

Las SGC cuentan  con facultades para representar a los autores, convenir tarifas y  condiciones de uso, conferir licencias, recaudar regalías,  distribuirlas entre los creadores, entre otras70.  Además, la eficacia de las SGC es mayor porque pueden tener  alcances internacionales mediante los acuerdos de representación  recíproca, donde la SGC de un país acuerda con la de  otro hacer valer en el territorio de la otra las obras que hacen  parte del portafolio de la primera71.  

  

La gestión  colectiva busca enervar las deficiencias de la gestión  individual, pues estas entidades especializadas administran los  derechos y monitorean el uso de las obras con mayores herramientas  para desempeñar esa labor72.  

  

Por mandato legal,  las SGC deben carecer de ánimo de lucro73,  no están reguladas por las normas comerciales societarias y se  encuentran sometidas a intervención estatal74.  

  

Para facilitar las  labores de las SGC, la ley las exonera expresamente de que tengan que  demostrar cuáles titulares de derechos y qué obras  representan, pues las SGC gozan de legitimación  o autorización presunta  para hacer respetar judicial y extrajudicialmente los derechos  autorales75.  Es decir, la SGC está exenta de demostrar su representación  porque esta se presume; por el contrario, quien considere que una SGC  no representa a un determinado titular o una obra, tendrá la  carga probarlo. Sin embargo, ello no impide que en un proceso  judicial el juez pueda invertir la carga de la prueba y la asigne a  la SGC para que demuestre la representación cuando se  encuentre en una situación más favorable de aportar las  evidencias respectivas, en los términos del artículo  167 del Código General del Proceso, decisión que está  sometida a recursos y debe ser oportuna.  

  

La legitimación  presunta de las SGC recibió el aval constitucional mediante  C-833 de 2007, donde la Corte Constitucional señaló:  

  

si bien la Corte ha señalado  que para la administración de sus derechos los titulares de  derechos de autor y derechos conexos pueden acogerse a formas de  asociación distintas a la gestión colectiva, o realizar  sus reclamaciones en forma individual, también ha sido expresa  en puntualizar que quien quiera acceder a la modalidad de gestión  prevista para las sociedades de gestión colectiva, debe  acogerse a las previsiones legales sobre la materia.  

  

Eso sí, la  legitimación presunta de las SGC no las convierte en titulares  de los derechos de autor, pues estos corresponden a los creadores en  sus diversas modalidades. La labor de las SGC consiste, entonces, en  representar a los titulares de derechos de autor y conexos.  

  

Para que opere la  legitimación presunta es necesario acreditar el certificado de  existencia y representación de la SGC expedido por la  Dirección Nacional de Derechos de Autor, así como sus  estatutos y, según el caso, los contratos de representación  recíproca.  

  

Otra de las  facilidades derivadas de la gestión de las SGC radica en la  posibilidad de fijar tarifas en sus reglamentos o estatutos «para  soportar las acciones administrativas y judiciales en caso de  infracción a los derechos administrados por la sociedad; [que]  además, genera[n] igualdad de trato en todos los usuarios del  repertorio administrado por la institución»76.  

Es deber de las  SGC publicar, al menos anualmente, tales tarifas generales fijadas en  sus estatutos, las cuales, como señala la demanda de casación  de Comcel, deben ser proporcionales a los ingresos obtenidos con la  utilización de las obras77.  

            

3. Decisión          del cargo: indebido cuestionamiento de la cuantificación de          los perjuicios  

  

3.1. Debe  recordarse que el Tribunal consideró que Comcel no demostró  que Egeda hubiera recibido pagos inferiores a treinta centavos de  dólar por suscriptores mensuales por la comunicación  pública de obras efectuada por otros operadores de televisión  por suscripción. El cargo que se resuelve, planteado por  vulneración  directa  de normas sustanciales, no se quedó en el plano jurídico,  sino que descendió a la plataforma fáctica porque  Comcel rebatió la averiguación del Tribunal de no  haberse probado las negociaciones con otros operadores que le pagaron  a Egeda una tarifa menor a la impuesta a Comcel.  

  

Sabido es que un  cargo por la vía directa debe aceptar los hechos determinados  por el Tribunal, porque el literal a del numeral 2º del artículo  344 del Código General del Proceso ordena que «[t]ratándose  de violación directa, el cargo se circunscribirá a la  cuestión jurídica sin comprender ni extenderse a la  materia probatoria».  

3.2. Aunque lo  anterior bastaría para negar el cargo, este también  carece de precisión porque, de un lado, Comcel cuestionó  que la condena se hubiera cuantificado con base en treinta centavos  de dólar por suscriptor mensual, en vez de haberlo hecho con  quince centavos de dólar por suscriptor mensual, mientras que  por, el otro, señaló que el monto del resarcimiento  debía ser cero, porque Comcel no recibió ningún  beneficio por la comunicación pública de obras  audiovisuales. No se puede pasar por alto que Comcel omitió  desarrollar explicaciones jurídicas dirigidas a sustentar por  qué no recibe beneficio alguno de la retransmisión de  las obras audiovisuales o cinematográficas.  

  

La falta de  precisión es evidente porque ambos planteamientos (el de  calcular la indemnización con base en quince centavos de  dólar, o sea, reducirla, y el de determinarla en ceros para  conservar la proporcionalidad) se excluyen mutuamente, toda vez que  no se puede reducir y eliminar al mismo tiempo la condena impuesta.  Bien se sabe que, de acuerdo con el numeral 2º del artículo  344 ibidem, los cargos de casación tienen que ser precisos, so  pena de que no configuren la causal invocada.  

  

3.3. A lo anterior  debe agregarse que Comcel se limitó a afirmar que no devengaba  beneficio alguno por retransmitir obras audiovisuales y  cinematográficas, aspecto que debía explicar con mayor  suficiencia para comprender la completa magnitud de sus argumentos.  

  

Así las  cosas, por tales razones no prospera el cargo sexto.  

  

CARGO SÉPTIMO  

  

Con fundamento en  la segunda causal denunció vulneración indirecta de  «los  artículos 2341 del Código Civil (por aplicación  indebida), … 72 (por aplicación indebida) y 73 (por  falta de aplicación) de la ley 23 de 1982, 13 literal b) de la  decisión 351 de 1993 (por aplicación indebida),…  30 de la ley 44 de 1993 y 48 de la decisión andina 351 de  1993»  por error de hecho sobre el juramento estimatorio, su objeción,  el documento que la sustentó, así como el dictamen  pericial de Jorge Arango respecto de la «tasa  representativa del mercado [TRM], en la tarifa y el método  utilizado»  para calcular la indemnización  

  

1. Criticó  que se hubiera tomado íntegramente el juramento estimatorio de  Egeda, con una TRM promedio de tres mil pesos para todos los años,  sin reparar en la idoneidad de esa forma de liquidar la  indemnización, así como si el lapso entre enero de 2008  y mayo de 2016 era o no el indicado, sobre todo cuando no se estaba  cobrando un «derecho  convencional establecido en un acuerdo previo [de Egeda] con Comcel»,  sino «una  indemnización»  por responsabilidad civil extracontractual.  

  

Precisó que  el error de hecho sobre el juramento estimatorio, su contradicción  y el referido dictamen pericial «arroja  una suma inferior en algo más de $57.000 millones [de pesos]  como monto de la indemnización reclamada, con tan sólo  reparar en la TRM de $3.000 [pesos] frente a la que debía  aplicarse, según el referido reglamento»  de Egeda.  

  

Tildó de  «limitada,  insuficiente y errónea»  la labor del Tribunal para cuantificar los perjuicios, pues no expuso  mayores explicaciones para aplicar la TRM del año anterior, es  decir, «el  mismo que la actora había reclamado en su demanda y en el  juramento estimatorio, que sirvió de base única para el  Tribunal fallar»  con la TRM promedio de tres mil pesos.  

  

Señaló  que el siguiente cuadro corresponde al juramento estimatorio:                                                                        

Fecha                                                                      

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Pago                          anual (USD)                                                                      

TRM                          Promedio de EGEDA                                                                      

Pagos                          anuales (COP)          

Dic-2008                                                                      

1.835.712                                                                      

0.30                                                                      

5.993.245                                                                      

3.000                                                                      

17.979.735.600          

Dic-2009                                                                      

1.693.714                                                                      

0.30                                                                      

6.332.404                                                                      

3.000                                                                      

18.997.210.800          

Dic-2010                                                                      

1.719.643                                                                      

0.30                                                                      

6.132.265                                                                      

3.000                                                                      

18.396.795.600          

Dic-2011                                                                      

1.814.313                                                                      

0.30                                                                      

6.319.082                                                                      

3.000                                                                      

18.957.245.400          

Dic-2012                                                                      

1.954.784                                                                      

0.30                                                                      

3.000                                                                      

20.470.349.700          

Dic-2013                                                                      

2.036.427                                                                      

0.30                                                                      

7.201.894                                                                      

3.000                                                                      

21.605.681.700          

Dic-2014                                                                      

2.131.335                                                                      

0.30                                                                      

7.567.621                                                                      

3.000                                                                      

22.702.682.700          

Dic-2015                                                                      

2.169.112                                                                      

0.30                                                                      

7.739.089                                                                      

3.000                                                                      

23.217.265.800          

May-2016                                                                      

2.200.211                                                                      

0.30                                                                      

3.279.037                                                                      

3.000                                                                      

9.837.110.700          

Total                                                                      

                                                                      

                                                                      

172.164.258.000    

  

Recordó los  conceptos del perito Jorge Arango sobre lo errado de usar la TRM de  tres mil pesos para todo el periodo, así como lo irrazonable  de los cálculos de la perita Amparo Parra.  

  

Señaló  que a pesar de que el Tribunal explicitó haber utilizado «una  tasa representativa del mercado acorde con los estatutos de Egeda,  [cuando] en realidad para haber llegado al mismo guarismo, tuvo que  haber aplicado la tasa promedio mencionada»  que resulta incorrecta, por lo que el Tribunal pretirió las  críticas realizadas por la parte demandada y el perito Arango.  

  

Señaló  que el Tribunal no expuso las pruebas que le sirvieron para sus  cálculos, a pesar de los cuales, con la «aplicación  misma de los guarismos en la tabla.. del fallo»,  el resultado correcto debe ser otro:                                                                                                      

Periodo                                                                      

Tarifa mes                          en USD                                                                      

TRM COP/USD                                                                      

Tarifa mes                          en COP                                                                      

Inicio                                                                      

Fin                                                                      

Promedio                                                                      

Meses                                                                      

Valor total                          COP          

2008 a 2013                                                                      

0.30                                                                      

1.800                                                                      

540                                                                      

1.530.435                                                                      

2.036.427                                                                      

1.783.431                                                                      

72,00                                                                      

69.339.797.280          

2014                                                                      

0.30                                                                      

1.869                                                                      

561                                                                      

2.050.930                                                                      

2.131.335                                                                      

2.091.133                                                                      

12.00                                                                      

14.069.975.913          

2015                                                                      

0.30                                                                      

2.000                                                                      

600                                                                      

2.137.361                                                                      

2.169.112                                                                      

12.00                                                                      

15.503.302.800          

2016                                                                      

0.30                                                                      

2.743                                                                      

823                                                                      

2.171.472                                                                      

2.200.211                                                                      

2.185.842                                                                      

5.00                                                                      

8.993.644.852          

Total                                                                      

                                                                      

107.906.720.845                          [pesos]    

  

Sostuvo que «con  aplicación… de los guarismos incluidos en… el  fallo del Tribunal, al ser desarrollado su cálculo de forma  matemática, no arroja un valor ni siquiera cercano a los  supuestos COP172.164.257.998 [pesos], si no que totaliza COP  107.906.720.845 [pesos], es decir una diferencia de COP  64.257.537.153 [pesos]».  

  

Y «si  se aplicara la TRM, según los estatutos de Egeda, el resultado  también es diferente»  como lo muestra el siguiente cuadro:  

                                                                                  

Fecha                                                                      

Año                                                                      

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TRM                          Promedio año anterior                                                                      

Pagos                          anuales (COP)          

Dic-2008                                                                      

2008                                                                      

1.835.712                                                                      

0.30                                                                      

5.993.245                                                                      

2.076                                                                      

12.443.413.936          

Dic-2009                                                                      

2009                                                                      

1.693.714                                                                      

0.30                                                                      

6.332.404                                                                      

1.967                                                                      

12.456.548.806          

Dic-2010                                                                      

2010                                                                      

1.719.643                                                                      

6.132.265                                                                      

2.153                                                                      

13.204.592.543          

Dic-2011                                                                      

2011                                                                      

1.814.313                                                                      

0.30                                                                      

6.319.082                                                                      

1.899                                                                      

11.997.937.431          

Dic                          2012                                                                      

2012                                                                      

1.954.784                                                                      

0.30                                                                      

6.823.450                                                                      

1.847                                                                      

12.602.687.446          

Dic-2013                                                                      

2013                                                                      

2.036.427                                                                      

0.30                                                                      

7.201.894                                                                      

1.798                                                                      

12.947.462.335          

Dic-2014                                                                      

2014                                                                      

2.131.335                                                                      

0.30                                                                      

7.567.621                                                                      

1.869                                                                      

14.144.631.931          

2015                                                                      

2.169.112                                                                      

0.30                                                                      

7.739.089                                                                      

2.000                                                                      

15.480.706.504          

May-2016                                                                      

2016                                                                      

2.200.211                                                                      

0.30                                                                      

3.279.037                                                                      

2.743                                                                      

8.995.666.351          

Total                                                                      

                                                                      

                                                                      

                                                                      

57.388.086                                                                      

                                                                      

114.273.647.281                          

[pesos]    

  

Estimó que  «sólo  con la correcta utilización de las variables económicas  de uso común en la transformación de valores de dólares  americanos a pesos, siguiendo los estatutos y el reglamento de  tarifas de Egeda, se desvirtúa, ab initio, en $57.3890.610.719  [pesos] la pretensión acogida por el Tribunal. Y, como se  anotó previamente, siguiendo los datos ofrecidos por el  Tribunal, el resultado sería también uno muy distinto:  $107.906.720.845 [pesos] ».  

  

Resaltó que  también hubo error de hecho en el número de usuarios  porque «razonablemente  no puede sostenerse que el total de los usuarios de Comcel estuvieron  simultáneamente en la posibilidad de disfrutar de uno y otro  canal (o peor aún todos los canales), al mismo tiempo durante  todos los días de cada año reclamado en la demanda y  durante las 24 horas del día»,  hecho «físicamente  imposible…, irrazonable, y contraevidente de cara a la más  elemental lógica y a las reglas mismas de la experiencia»,  sobre todo cuando «en  el juramento estimatorio no figuran las razones por las cuales el  método de utilizar el número de usuarios es el adecuado  no obstante lo cual el tribunal sin cuestionárselo así  lo aceptó»  y se «trata  en últimas de un dictamen ayuno de explicación o  fundamentación técnica que no resiste un simple  análisis que el solo sentido común impone»,  pues la condena debía calcularse según «la  efectiva audiencia y no el número de suscriptores de la  empresa demandada»,  lo que derivó en una condena «fabulosa,  desbordada en grado superior,… carente de freno y  justificación»,  máxime cuando «cada  una de estas empresas nacionales de canal abierto hubiese demandado  por separado, habría muy seguramente obtenido…, cada  una, la suma a la que llegó el Tribunal, lo cual sería  un contrasentido».  

  

  

Sostuvo que de  haber reparado en tales pruebas, el Tribunal hubiera tenido «que  disminuir el monto de la indemnización»  con fundamento en los artículo 283 del CGP y 16 de la ley 446  de 1998.  

  

2. Atribuyó  error de hecho en la falta de apreciación del fallo de segunda  instancia proferido por el Tribunal Superior de Bogotá, Sala  Civil, el 28 de marzo de 2017 en el proceso que por competencia  desleal incoaron Caracol Televisión S.A. y RCN Televisión  S.A. contra Telmex Colombia S.A. y otros, pues en los hechos que  sustentaron las pretensiones de ese proceso aquellos aceptaron haber  autorizado a Comcel a retransmitir su señal de televisión  HD (Caracol TV hasta el 15 de abril de 2014 y RCN TV hasta el día  30 de iguales mes y año), a pesar de que la condena se fundó  en que desde enero de 2008 y hasta mayo de 2016 Comcel retransmitió  «la  programación de la titularidad de los productores adscritos a  Egeda».  

  

También  sostuvo que el error de hecho recayó sobre la Resolución  2291 del 22 de septiembre de 2014, expedida por la Autoridad Nacional  de Televisión (ANTV), prueba de que «durante  más de 13 años los canales privados de televisión  abierta nacional han permitido la retransmisión de sus señales  en los sistemas de televisión cerrada sin costo alguno»,  a pesar de lo cual Comcel fue condenada por «la  “retrasmisión no autorizada” por parte de Comcel  de la programación de los canales que representa Egeda»  desde enero de 2008 hasta mayo de 2016; sin embargo, si la condena  fuera precedente, solo podría imponerse desde el 30 de abril  de 2014, fecha hasta la que existió autorización, lo  que arrojaría una cifra distinta y bastante inferior a la  impuesta que terminó enriqueciendo a la demandante, resultado  contrario al que se persigue con la responsabilidad civil: la  reparación integral de un daño.  

  

Tales yerros  hicieron que el Tribunal lesionara de manera indirecta los artículos  2341 del Código Civil, 16 de la ley 446 de 1998 pues la  función de la responsabilidad civil extracontractual es la  indemnización de un perjuicio y no enriquecer a la víctima.  

  

CONSIDERACIONES  

  

1. Egeda reformó  la demanda el 14 de noviembre de 201778,  época en que la Tasa Representativa del Mercado (TRM) estaba  alrededor de tres mil pesos79.  

  

En la primera  pretensión de condena Egeda reclamó la indemnización  por lucro cesante «por  la suma de COP $172.164.257.998 (CIENTO SETENTA Y DOS MIL CIENTO  SESENTA Y CUATRO MILLONES DOSCIENTOS CINCUENTA Y SIETE MIL  NOVECIENTOS NOVENTA Y OCHO PESOS M/CTE)»80,  es decir, la  indemnización se pretendió en pesos colombianos,  no en dólares estadounidenses.  

  

Según el  juramento estimatorio incluido en la reforma de la demanda, Egeda  presentó desde enero de 2008 y hasta mayo de 2016 el número  mensual de suscriptores de Comcel la «Tasa  de Cambio aprobada por Egeda»,  su tarifa y «el  valor mensual en dólares»,  a partir de lo cual estableció que el valor total de su  indemnización hasta esa fecha en dólares era  «[USD$]57.388.086»  y en pesos «[COP$]172.164.257.998».  La  sala destaca que este último valor en pesos fue el reclamado  en las pretensiones.  

  

Multiplicar  USD$57.388.086 (dólares) por COP$3.000 (TRM en pesos que,  según Comcel, no debió emplearse para calcular la  indemnización) da como resultado COP$172.164.258.000 (pesos),  es decir, prácticamente la misma cantidad reclamada por Egeda  en su pretensión de condena, pues la diferencia es de apenas  dos centavos de pesos.  

  

El Tribunal  condenó a Comcel a pagar exactamente el valor pretendido por  Egeda, es decir, en pesos, para lo cual acogió íntegramente  el juramento estimatorio como prueba de la indemnización pues  la condena impuesta fue: «ciento  setenta y dos mil ciento sesenta y cuatro millones doscientos  cincuenta y siete mil novecientos noventa y ocho pesos  ($172.164.257.998 m/cte)».  

  

Fácilmente  se advierte la falta de asidero de los argumentos de Comcel en punto  a la supuesta incorrección del Tribunal al momento de aplicar,  en su criterio, una TRM indebida, pues lo cierto es que las  pretensiones de responsabilidad extracontractual se formularon en  pesos, no en dólares, lo que, de entrada, no revela un error  de hecho por parte del Tribunal, sino, por el contrario, el respeto  del postulado de la congruencia. Explicado de otra manera, la condena  económica se pretendió en pesos, no en dólares.  

  

En todo caso, si  en gracia de discusión se acogiera el planteamiento de Comcel  y fuera necesario convertir USD$57.388.086 dólares a pesos  colombianos, el resultado sería idéntico porque la  sentencia de última instancia se profirió el 23 feb.  2023, época para la que la TRM estaba alrededor de COP$4.70081,  monto bastante superior al que tuvo en cuenta Egeda para calcular -en  el juramento estimatorio- las pretensiones y que, de haberse acogido,  hubiera lesionado el principio de la congruencia porque -se insiste-  las pretensiones fueron formuladas en pesos.  

  

En conclusión,  comoquiera que Egeda reclamó la responsabilidad civil  extracontractual de Comcel, como esta última insiste, fuente  de las obligaciones que se reconoce en la sentencia, nada obligaba a  que las sumas se fueran liquidando periódicamente tal y como  se fueran causando con la TRM de cada período, porque, en  últimas se reconocen tan solo en la sentencia que declara la  existencia de la responsabilidad civil extracontractual, lo que  descarta la comisión del primer error de hecho imputado al  Tribunal.  

  

  

2. De su peso se  caen las argumentaciones de Comcel acerca de que si los mandatarios  de Egeda hubieran presentado directamente sendas demandas habrían  obtenido la misma indemnización que fue concedida, porque en  ese hipotético evento no serían aplicables a la  controversia las disposiciones empleadas por el Tribunal que regulan  a las sociedades de gestión colectiva. Es decir, no es cierto  que en ese caso RCN y/o Caracol TV hubieran obtenido por separado  indemnizaciones iguales a la concedida a Egeda, encargada de  repartirla según corresponde.  

  

Algo similar  ocurre con el anuncio desenfocado que la indemnización debía  calcularse según la efectiva audiencia que tuvieron los  programas dentro del periodo reclamado, porque además de que  la argumentación inicial aceptaba la manera en que debía  establecerse la indemnización, Comcel omitió señalar  a cuánto equivalía ese valor, lo que era necesario  explicar para estructurar un verdadero yerro fáctico.  

  

3. La segunda  parte del cargo, relacionada con el consentimiento de RCN y Caracol  para que Comcel transmitiera la señal de televisión,  también está condenada al fracaso porque como ha dicho  la Sala al resolver cargos anteriores, el presente proceso versa  sobre la transgresión del derecho de autor de comunicación  pública por retransmisión de obras, y no por el derecho  conexo que recae sobre la señal, lo que impide extender la  autorización para retransmitir señales televisivas a la  posibilidad de hacerlo con obras audiovisuales y cinematográficas.  

  

Explicado de otra  manera con el fin de evitar confusiones, Comcel no puede afirmar que  contaba con autorización para transmitir las obras  audiovisuales y cinematográficas (objeto protegido por el  derecho de autor) porque RCN y Caracol le autorizaron transmitir su  señal de televisión (objeto protegido por el derecho  conexo), pues ambas cosas no son asimilables. La Sala aclara, una vez  más, que la transgresión del derecho de autor de  comunicación pública se produjo, según el  Tribunal, por la retransmisión de obras audiovisuales y  cinematográficas representadas por Egeda, y no por el derecho  conexo de re-comunicación de la señal televisiva de los  operadores de radiodifusión.  

  

En tal orden de  ideas, por esas razones no prospera el séptimo cargo.  

  

CARGO OCTAVO  

  

Con  fundamento en la segunda causal de casación denunció  vulneración indirecta de «los  artículos 2341, 2357, 1626 del Código Civil, en  relación con el artículo 16 de la ley 446 de 1998»,  así  como el artículo 8º de la ley 153 de 1887,  «a causa de error de hecho manifiesto y trascendente por no  haber apreciado la conducta de la demandante y sus representadas»,  quienes omitieron aminorar los perjuicios mediante las opciones que  tenían, tales como la solicitud de una medida cautelar de  suspender la comunicación pública por retransmisión  o interrumpir tecnológica y funcionalmente la transmisión  de la señal y su contenido (black  out).  

  

Refirió la  declaración de Ernesto Orozco (Director entonces de la Junta  de la Autoridad Nacional de Televisión) y el dictamen de  Daniel Peña Valenzuela, quienes demostraron que los canales de  televisión podían impedir técnicamente que su  señal fuera retransmitida por Comcel, sugiriendo que sobre  estas probanzas recaía el yerro fáctico.  

  

CONSIDERACIONES  

  

1.  La Sala ha reconocido que la buena fe objetiva impone desplegar  comportamientos acordes con los estándares exigibles a  cualquier persona puesta en las mismas circunstancias, que se expresa  por medio de deberes secundarios de conducta, también  conocidos como obligaciones accesorias o colaterales (CSJ SC282-2021,  Rad. 2008-00234-01, 15 feb. 2021).  

  

Se  trata de un principio ético que «actúa  como regla de conducta, que origina la actuación ideal del  sujeto, lo que determina que se le denomine ‘buena fe-lealtad’»  y se caracteriza por:  

  

a)  Se trata de un deber de conducta impuesta al sujeto, con un contenido  eminentemente ético. b) Este deber de conducta importa que no  se perjudiquen los intereses ajenos fuera de los límites  impuestos por la tutela legítima de los intereses propios. c)  Para apreciar la conducta se prescinde del punto s de vista subjetivo  de las partes para referirse a un criterio objetivo. e) El criterio  objetivo consiste en la comparación de la conducta del sujeto  con un standard jurídico, o sea un prototipo de conducta  social media. f) El stantard jurídico aplicable debe buscarse  teniendo en cuenta el contexto social en el que actúa el  sujeto…82.  

  

Un  sujeto se comporta de acuerdo con la buena fe cuando evita actitudes  de omisión respecto del daño sufrido y, en su lugar,  adopta comportamientos dirigidos a evitar su consumación o  agravación (CSJ SC282-2021, Rad. 2008-00234-01, 15 feb. 2021).  

  

Por  ello, se deben «adoptar,  de buena fe y conforme a las circunstancias, las medidas razonables  para evitar que se produzca un daño, o disminuir su magnitud;  si tales medidas evitan o disminuyen la magnitud de un daño  del cual un tercero sería responsable, tiene derecho a que  este le reembolse el valor de los gastos en que incurrió»83.  

  

Se  trata del denominado deber de «mitigación»  o «atenuación  del daño»,  reconocido por los artículos 7784  de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Contratos de  Compraventa Internacional de Mercaderías y 7.4.8. (1) de los  Principios Unidroit sobre Contratos Comerciales Internacionales85.  

Este  postulado tiene plena vigencia Colombia, gracias a su reconocimiento  jurisprudencial. En efecto, es procedente reducir el monto de la  indemnización cuando la víctima haya creado un  escenario favorable a la ocurrencia del daño o su propagación:  

  

[el]  demandante con sus omisiones creó un escenario altamente  propicio para la generación del resultado que afectó su  patrimonio, es decir generó un evidente estado de riesgo que  vino a ser agravado por la conducta omisiva de la demandada, habrá  de reducirse la condena en contra de la parte demandada» (SC, 3  ag. 2004, exp. n.° 7447; en el mismo sentido SC, 6 ab. 2001, exp.  n.° 6690, reiteradas en (CSJ  SC282-2021, Rad. 2008-00234-01, 15 feb. 2021).  

  

Luego,  sobre el mismo deber expresó:  

  

[E]n  el campo de la responsabilidad civil -contractual y extracontractual-  la doctrina contemporánea destaca la importancia, cada vez  mayor, que adquiere el que la víctima con su conducta procure  mitigar o reducir el daño que enfrenta o que se encuentra  padeciendo…  

  

El  señalado comportamiento, que muchos tratadistas elevan a la  categoría de deber de conducta al paso que otros lo  identifican con una carga, encuentra su razón de ser en el  principio de buena fe, hoy de raigambre constitucional (art. 83,  C.P.), el cual, sin duda, orienta, en general, todas las actividades  de las personas que conviven en sociedad, particularmente aquellas  que trascienden al mundo de lo jurídico, imponiendo a las  personas que actúan -sentido positivo- o que se abstienen de  hacerlo -sentido negativo- parámetros que denotan honradez,  probidad, lealtad y transparencia…  

  

En  tal orden de ideas, resulta palmario que ante la ocurrencia de un  daño, quien lo padece, en acatamiento de las premisas que se  dejan reseñadas, debe procurar, de serle posible, esto es, sin  colocarse en una situación que implique para sí nuevos  riesgos o afectaciones, o sacrificios desproporcionados, desplegar  las conductas que, siendo razonables, tiendan a que la intensidad del  daño no se incremente o, incluso, a minimizar sus efectos  perjudiciales, pues sólo de esta manera su comportamiento  podría entenderse realizado de buena fe y le daría  legitimación para reclamar la totalidad de la reparación  del daño que haya padecido.  

  

Una  actitud contraria, como es lógico entenderlo, al quebrantar el  principio que se comenta, tendría que ser calificada como “una  postura incorrecta, desleal, desprovista de probidad y transparencia,  que descono[ce] al otro [e] ignor[a] su particular situación,  o sus legítimos intereses, o que est[á] dirigida a la  obtención de un beneficio impropio o indebido” (Cas.  Civ., ib.), la cual, por consiguiente, es merecedora de desaprobación  por parte del ordenamiento y no de protección o salvaguarda  (SC, 16 dic. 2010, rad. n.°  1989-00042-01).  

  

Y  luego reiteró:  

  

[P]untualícese  que el deber de mitigación o atenuación, connatural al  principio de reparación integral, propende porque la víctima  tome las medidas que estén a su alcance para evitar que las  consecuencias del daño aumenten o no se detengan; esto es, el  lesionado tiene la carga de adoptar los correctivos razonables y  proporcionadas que reduzcan las pérdidas, o impidan su  agravación, ya que no hacerlo puede acarrearle la disminución  de la indemnización reclamada (SC512,  5 mar. 2018, rad. n.° 2005-00156-01).  

  

2.  De la manera como viene planteado el cargo, no puede prosperar,  porque Comcel no explica qué consecuencias debe tener la  supuesta omisión de Egeda o sus representados de mitigar el  daño por la comunicación pública de obras  cinematográficas y audiovisuales sin autorización ni  remuneración, es decir, si la indemnización debe ser  reducida (y en qué proporción), así como las  razones para hacerlo, ni mucho menos si debe negarse completamente.  

  

Adicionalmente,  el planteamiento de Comcel busca favorecerse de su propia conducta  generadora de responsabilidad civil. A pesar de que el perjuicio que  Comcel dice debió mitigarse obedece a su infracción del  derecho de comunicación pública, esa empresa sostiene  que por no haberse promovido medidas cautelares en su contra o haber  implementado medidas tecnológicas para suspender la  transmisión de la señal (black  out),  los representados por Egeda omitieron su deber de mitigar el daño  y, en últimas, actuaron de espaldas al principio de la buena  fe. Tal manera de pensar no puede es de recibo porque, precisamente,  las pretensiones se originaron en la infracción imputable a  Comcel del derecho de comunicación pública de obras  audiovisuales y cinematográficas, sin la autorización  previa y expresa, y nadie puede beneficiarse de su propia culpa.  

  

Si  Comcel dejó de obtener autorización previa y expresa  para retransmitir obras protegidas por el derecho de autor, mal haría  en sostener que los afectados debían utilizar medios jurídicos  y técnicos para aminorar los daños, porque un  planteamiento de ese linaje es contrario a la buena fe, razones que  se estiman suficientes para que no prospere el cargo octavo.  

  

DECISIÓN  

  

Primero: En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Civil, Agraria y Rural, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley, NO  CASA la  sentencia que  el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá, Sala  Civil, profirió el 23 de febrero de 2023 en el proceso  declarativo de Entidad de Gestión Colectiva de Derechos de  Productores Audiovisuales de Colombia contra Telmex Colombia S.A.  -hoy Comcel S.A.  

  

Segundo:  Condenar  en costas a Telmex  Colombia S.A. -hoy Comcel S.A, las que serán liquidadas en los  términos del artículo 366 del Código General del  Proceso en concordancia con el canon 625, numeral 1, literal c) in  fine  de la misma obra, incluyendo $10.000.000 por concepto de agencias en  derecho que fija el magistrado ponente.  

En  firme esta providencia devuélvase la actuación surtida  al Tribunal de origen.  

  

Notifíquese,  

  

FERNANDO  AUGUSTO JIMÉNEZ VALDERRAMA  

Presidente  de la Sala  

Salvamento  de voto  

  

HILDA GONZÁLEZ  NEIRA  

  

MARTHA  PATRICIA GUZMÁN ÁLVAREZ  

Salvamento  parcial de voto  

  

AROLDO WILSON  QUIROZ MONSALVO  

  

LUIS ALONSO  RICO PUERTA  

  

OCTAVIO AUGUSTO  TEJEIRO DUQUE  

  

FRANCISCO  TERNERA BARRIOS  

1          La demanda fue presentada inicialmente ante la Dirección          Nacional de Derechos de Autor y le correspondió la radicación          2016-84700; esa entidad perdió competencia por exceder el          término de duración del trámite y, por orden          del Tribunal, remitió el expediente ante los Jueces Civiles          del Circuito de Bogotá el 6 feb. 2019, donde se le asignó          la nueva radicación que actualmente tiene.  

2          Sentencias de 19 ene. 2023, rad. 2020- 33901-01, 11 mar. 2022 rad.          2020-33901 y 11 ag. 2022. Rad.          2018 31868 01.  

3          A. MICHAEL NOLL, DONALD G. FINK Y DAVID E. FISHER. Voz          television          en Encyclopedia Britannica. Disponible en          https://www.britannica.com/technology/television-technology

4          Sentencia          T 599 de 2016 de la Corte Constitucional.  

5          ROGER SILVERSTON. Televisión          and everyday life. Routledge          edit, London and New York, 1994 pp. 19 y 24.  

6          Turner Broadcasting System, Inc. v. Federal Communications          Commission, 512 U.S 622 (Sup. Ct. 1994).  

7          NICO VAN EIJK y BART VAN DER SLOOT, “Must-carry Regulation: a          must or a burden?”, en Must-carry:          renaissance o Reformation, European          Audiovisual Observatory, Estrasburgo, 2012-5, p. 15 y ss.  

8          La Sala ha reconocido la vigencia e importancia de este derecho. Al          respecto, ver caso Cotech S.A. vs. Uber B.V., Uber Technologies,          Inc, y Uber Colombia S.A.S, SC370-2023, rad. 2016-02106, 10 oct.          2023.  

9          Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).          Glosario del Derecho de Autor y Derechos Conexos. Autor Principal          György Boyta. Ginebra, 1980. Voz 262., p. 268.  

10          Art. 3º decisión 351 de 1993.  

11          Glosario de la dirección nacional de derechos de autor          disponible en http://derechodeautor.gov.co:8080/o-s1  

12          Glosario de la Organización Mundial de la Propiedad          Intelectual.  

13          JOSÉ          CARLOS ERDOZAIN LÓPEZ, “Los derechos de propiedad          intelectual de los productores”, en Manual          de propiedad intelectual, Rodrigo          Bercovitz Rodríguez-Cano, coord.., Tirat lo blanch, Valencia,          2019, p. 292.  

14          SAM RICKETSON y JANE GINSBURG. International copyright and          neighbouring rights: the berne convention and beyond, Oxford, 2022,          online edn.  

15          DELIA LIPSZYC, Derecho          de autor y derechos conexos, Cerlalc,          2017, cap. 1.4.  

16          Ibidem.  

17          DANIEL GERVAIS, Related          rights in United States Law, Legal          Studies Research Paper Series, Vanderbil University Law School,          disponible en http://ssrn.com/abstract=3267501;          UNITED STATES COPYRIGHT OFFICE, Compendium          of U.S. copyright office practices, 3ª          edición, enero, 2021. Ver          también el Glosario de la OMPI.  

18          Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, OMPI,          Principios básicos          del derecho de autor y los derechos conexos,          2016, segunda edición, Suiza, p. 27.  

19          JOSÉ          CARLOS ERDOZAIN LÓPEZ, “Otros derechos de propiedad          intelectual”, en          Manual de propiedad intelectual, Rodrigo          Bercovitz Rodríguez-Cano, coord.., Tirant lo blanch,          Valencia, 2009, p. 291.  

20          DELIA LIPSZYC, Ob. Cit., cap. 7.  

21          JOSÉ CARLOS ERDOZAIN LÓPEZ, “Los derechos de          propiedad intelectual de los productores”, en Manual          de propiedad intelectual, Rodrigo          Bercovitz Rodríguez-Cano, coord., Tirat lo blanch, Valencia,          2019, p. 29.  

22          SAM RICKETSON y JANE GINSBURG. International copyright and          neighbouring rights: the berne convention and beyond, Oxford, 2022,          online edn.  

23          DELIA LIPSZYC, Ob. Cit., cap. 7.3.  

24          Ibidem.  

25          DELIA LIPSZYC,          Ob. Cit. cap.          7.3.  

26          Ibidem.  

27          JUANA MARCO MOLINA, “Bases históricas y filosóficas          y precedentes legislativos del derecho de autor”, en Anuario          de Derecho civil, Vol. 47, n.º 1, 1994, p. 132.  

28          JOSÉ ANTONIO SUÁREZ LOZANO, “panorama general y          justificación de los límites a los derechos de          explotación”, en Los          derechos de propiedad intelectual en la obra audiovisual, Dykinson,          2011, Madrid, Xavier O’Callaghan coord., p 332.  

29          RUIZ NICHOLAS, “Copyright’s paradox: The public interest          and private monopoly”, en Intellectual          property law bulletin, vol.          18, 2, p. 214.  

30          MARTIN SENFTLEBEN, The          International Three-Step Test A Model Provision for EC Fair Use          Legislation,          1 (2010) JIPITEC 67, para. 1,          pp. 68 y ss.  

32          MARTIN          SENFTLEBEN,          Copyright,          Limitations and the Three-step test. An Analysis of the Three-Step          Test in International and EC Copyright Law,          Kluwer Law International, Amsterdam, 2004.  

33                    Ibidem.  

34          Convenio de Berna y ADPIC.  

35          Decisión 351 de 1993.  

36          Caso de la Organización Mundial del Comercio (OMC/WTO),          WT/DS160/R, 15 de junio de 2000, en          https://www.wto.org/spanish/tratop_s/dispu_s/160r-00.pdf.

37          SAM RICKETSON, BARRISTER, VICTORIAN BARTHE, The three-step test,          deemed quantities, libraries and closed exceptions, Center for          copyright studies, diciembre, 2002, p. 28.  

38          EDUARDO SERRANO ALONSO, “Límites en el mundo de las          comunicaciones: cable, satélite y redes”, en Los          derechos de propiedad intelectual en la obra audiovisual, Xavier          O’Callaghan coord., Dykinson, Madrid, 2011, p 364.  

39          SEBASTIÁN LÓPEZ MAZA, “Los derechos de          explotación”, en Manual          de propiedad intelectual, Tirant          lo blanch, Valencia, 2019, 9ª edición, p. 130.  

40          SAM RICKETSON, BARRISTER, VICTORIAN BARTHE, The three-step test,          deemed quantities, libraries and closed exceptions, Ob. Cit., p. 31.  

41          MARTIN          SENFTLEBEN,          Copyright…, Ob.Cit., p. 168 y ss.  

42          Coinciden los Convenios de Berna y ADPIC, así como la          decisión 351 de 1993.  

43          SEBASTIÁN LÓPEZ MAZA, “Los derechos de          explotación”, en Manual          de propiedad intelectual, Tirant          lo blanch, Valencia, 2019, 9ª edición, p. 130.  

44          Caso de la Organización Mundial del Comercio (OMC/WTO),          WT/DS160/R, 15 de junio de 2000, en          https://www.wto.org/spanish/tratop_s/dispu_s/160r-00.pdf.

45          SAM RICKETSON, BARRISTER, VICTORIAN BARTHE, The three…, Ob.          Cit.,          2002, p. 37.  

46          Caso de la Organización Mundial del Comercio (OMC/WTO),          WT/DS160/R, 15 de junio de 2000, en          https://www.wto.org/spanish/tratop_s/dispu_s/160r-00.pdf.

47                    MARTIN          SENFTLEBEN,          Copyright…,          Ob. Cit., p. 210 y ss.  

48          Coinciden el Convenio de Berna, ADPIC y la decisión 351 de          1993.  

49          SEBASTIÁN LÓPEZ MAZA, “Los derechos de          explotación”, en Manual          de propiedad intelectual, Tirant          lo blanch, Valencia, 2019, 9ª edición, p. 130 y 131.  

50          SAM RICKETSON, BARRISTER, VICTORIAN BARTHE, The three…, Ob.          Cit.,          p. 41.  

51          Caso          de la Organización Mundial del Comercio (OMC/WTO),          WT/DS160/R, 15 de junio de 2000, en          https://www.wto.org/spanish/tratop_s/dispu_s/160r-00.pdf.

52          Cuad. Tribunal, archivo “02AuoSolicitaInterpretacionJudicial”.  

53          Cuad. Tribunal, archivo “18InterpretacionJudicial”.  

54          Interpretación prejudicial del TJCA 39-IP-1999.  

55          Art. 40, decisión 500 de 2001.  

57          Interpretación prejudicial del TJCA 5-IP-89.  

58          Interpretación prejudicial del TJCA 10-IP-1994.  

59          Arts. 107, 111 y 119 de la decisión 500 de 2001.  

60          Interpretación prejudicial del TJCA 122-IP-2020.  

61          DELIA LIPSZYC, Ob. Cit., p. 135.  

62          GUSTAVO SCHÖTZ. El derecho conexo de los organismos de          radiodifusión y la necesidad de un nuevo tratado          internacional. “Revista Iberoamericana de la Propiedad          Intelectual”, Argentina, N° 10, diciembre 2017.  

63          ANTONIO          MORENO GARCÍA, Buena          fe y derechos fundamentales en la jurisprudencia del Tribunal          Constitucional.          En Revista Española de Derecho Constitucional, año 13,          n.° 8, mayo-agosto, 1993.  

64          Ibidem,          p. 183.  

65          Inicialmente, la radicación del proceso era 2016-84700 hasta          que el Tribunal le ordenó a la DNDA remitir el asunto a los          Jueces Civiles del Circuito, donde recibió el número          de radicación que actualmente tiene.  

66          DELIA LIPSZYC, Ob. Cit., p. 30.  

67          Interpretación          prejudicial del TJCA 177-IP-2013.  

68          Sentencia C-276 de 1996 de la Corte Constitucional.  

69          Interpretación          prejudicial del TJCA 22-IP-1998.  

70          DOMINIQUE KAESMACHER Y THÉODORA STAMOS. Brevets,          marques, droits d’auteur: mode d’emploi. D. Questions partículíeres.          2. La gestíon colleective.          Edipro, Liege, 2009.  

71          LUCIE GUIBAULT Y STEF VAN GOMPEL, “Collective management in          the European Union”, en Collective          Management of Copyright and Related Right, Alphen          aan den Rijn, Netherlands, Kluwer Law International, 2006 p. 158.  

72          DELIA LIPSZYC, Ob. Cit.,          p. 409.  

73          Art.          10, ley 44 de 1993.  

74          Art.          43, decisión andina 351 de 1993 y art. 37, ley 44 de 1993.  

75          Art.          49 decisión 351 de 1993; art. 2.6.1.2.9, decreto 1066 de          2015.  

76          Interpretación          prejudicial del TJCA 120-IP-2012.  

77          Arts.          45 y 48 de la decisión 351 de 1993 y 2.6.1.2.4 del decreto          1066 de 2015.  

78          Fl. 1717, cd. 1, T. IV  

79          Para          ser exactos el promedio acumulado desde el 1 de noviembre de 2017          hasta el día 13 de igual mes y año era de $3.033.  

80          Fl. 1719, cd. T. IV.  

81          El          valor exacto entre el 1 feb y 21 feb. 2023 es $4.788.  

82          MANUEL DE LA PUENTA Y LAVALLE, La          fuerza de la buena fe.          En Alterini, Atilio Aníbal y otros, Contratación          contemporánea, teoría general y principios,          Tomo I, Perú y Bogotá, Ed. Palestra y Temis, 2000,          pp. 276 y 277.  

83          NICOLÁS NEGRI, Responsabilidad          Civil Contractual,          Astrea, Buenos Aires, 2017, p. 107.  

84          «La parte que          invoque el incumplimiento del contrato deberá adoptar las          medidas que sean razonables, atendidas las circunstancias, para          reducir la pérdida, incluido el lucro cesante, resultante del          incumplimiento. Si no adopta tales medidas, la otra parte podrá          pedir que se reduzca la indemnización de los daños y          perjuicios en la cuantía en que debía haberse reducido          la pérdida».  

85          «La parte          incumplidora no es responsable del daño sufrido por la parte          perjudicada en tanto que el daño pudo haber sido reducido si          esa parte hubiera adoptado medidas razonables».      

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