STC4289 2022

ABRIL

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

STC4289-2022

        

AROLDO  WILSON QUIROZ MONSALVO  

1.1.Magistrado ponente  

STC4289-2022  

Radicación  n.° 05001-22-03-000-2022-00010-01  (Aprobado  en sesión virtual de treinta de marzo de dos mil veintidós)  

Bogotá,  D.C., seis (6) de abril de dos mil veintidós (2022).  

Derrotado  el proyecto de la inicial magistrada sustanciadora, decide la Corte  la impugnación que interpuso el  convocante frente  a la sentencia de 26 de enero pasado, proferida por el Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Medellín, Sala Civil, en la  acción de tutela que Guillermo  Enrique Castaño Otálvaro impulsó contra  los  Juzgados Tercero Civil del Circuito y 20° Civil Municipal de esa  misma ciudad. Al trámite fueron vinculados los  partícipes e interesados en el asunto objeto de la presente  queja constitucional.  

ANTECEDENTES  

            

1. El          promotor deprecó la protección de sus prerrogativas          fundamentales al debido proceso, «DEFENSA          y ACCESO A LA [ADMINISTRACIÓN DE] JUSTICIA»,          presuntamente conculcadas por las dependencias jurisdiccionales          requeridas, dentro del expediente reivindicatorio n.°          «2020-00208».  

Y  en concreto, se ordene dejar  sin valor lo allí resuelto en ambas instancias.  

            

2. Como          soporte fáctico sostuvo que del descrito litigio, instaurado          en contra suya por María Noelia Atehortúa Pérez,          Natalia María y Juan Carlos Aguirre Atehortúa, provino          fallo favorable a los demandantes a          través de audiencia de 7 de julio de 2021, emitido por el          Juzgado 20° Civil Municipal de Medellín.  

Adujo  que la apelación formulada por él frente a dicho  veredicto fue concedida en primer grado, al sustentarse en estrados y  por escrito en el término legal; empero, el despacho Tercero  Civil del Circuito ídem  la  declaró desierta con auto de 14 de septiembre siguiente.  

Relató  que pese a haber rebatido en reposición el decaimiento de la  alzada, lo cierto es que tal resolución fue mantenida en  pronunciamiento de 8 de octubre postrero.  

Criticó,  de un lado, que el estrado judicial de primer rango dispuso abrir  paso a la reivindicación y le irrogó unas «condenas  económicas injustas»  consistentes en el pago de servicios públicos y costas  procesales, por desconocimiento de diversas «pruebas»  demostrativas de que el inmueble en disputa «ya  se encontraba en poder de los demandantes»  desde hacía más de seis (6) meses antes de que estos  acudieran a la jurisdicción; predio  «que  obtuvieron violentamente»  tras despojado de unos cinco años de posesión allí,  «y  por lo cual obra (…) denuncia penal»  en curso.  

Reprochó  igualmente la deserción de su apelación, porque el  fallador correspondiente pasó por alto que dicha alzada estaba  sustentada por escrito en la primera instancia.  

            

3. La          medida provisional suplicada en el libelo de amparo fue denegada por          el Tribunal constitucional al momento de su admisión.  

LA  INTERVENCIÓN DE LOS CONVOCADOS  

            

1. El          Juzgado Tercero Civil del Circuito de Medellín dijo estarse a          lo por él zanjado.  

            

2. El          20° Civil Municipal ibídem          memoró lo acontecido en el pleito reivindicatorio.  

            

3. Los          demás, guardaron silencio.  

LA  SENTENCIA IMPUGNADA  

Rehusó  conferir la salvaguarda, por improcedente.  

Así  dirimió el Tribunal, pues al margen de que el despacho del  circuito errara al estimar desierta la alzada del quejoso bajo «la  obligatoriedad de la sustentación ante el superior»,  lo cierto es que el escrito allegado por este ante el de primera  instancia, previo al cumplimiento del plazo previsto en el artículo  14 del decreto 806 de 2020 –aplicable al caso–, en ningún  aparte desarrolló «los  motivos de reparo»  contra el fallo reivindicatorio (reservados al tiempo de acudir al  juez «superior»)  en los que se enunciaron desaciertos de índole probatorios.  Por tanto, acaecería carente de «trascendencia»  la reclamación sobre el punto.  

Y  frente a lo fallado por el juzgado municipal, es claro que tuvo el  recurso de apelación, dejado de sustentar apropiadamente.  

LA  IMPUGNACIÓN  

La  intentó el convocante, quien persistió en sus censuras  y planteamientos.  

CONSIDERACIONES  

            

1. Al          tenor del precepto 86 de la Carta Política, la acción          de tutela es un mecanismo jurídico en respaldo de los          derechos fundamentales, susceptible de invocar cuandoquiera que          estos resulten vulnerados o en peligro inminente por los actos u          omisiones de las autoridades públicas y, en ciertos          supuestos, de los particulares, que por su connotación          residual no permite sustituir o desplazar a los canales comunes de          defensa.  

Es  de lineamiento jurisprudencial que, en lo tocante a las actuaciones  de los jueces, el resguardo cabe de manera insólita y ceñido  a la presencia de una irrefutable anomalía, cuando «el  proceder ilegítimo no es dable removerlo a través de  los medios ordinarios previstos en la ley»  (CSJ STC, 11 may. 2001, rad. 00183-01); y por antonomasia, cada que  aparezca el imperativo de la inmediatez.  

            

2. Por          ese trasegar, en los precisos casos en los cuales el funcionario          cognoscente incurra en actuación claramente opuesta a la ley,          por arbitrariedad o antojo, puede intervenir el juez de amparo con          el fin de restablecer el orden jurídico si el afectado no          cuenta con otro medio de protección judicial.  

Si  bien los falladores ordinarios tienen la libertad discreta y  razonable para la interpretación y aplicación del  ordenamiento jurídico, los jueces constitucionales pueden  inmiscuirse en su función, cuando aquellos incurren en una  flagrante desviación del mismo.  

…el  Juez natural está dotado de discreta autonomía para  interpretar las leyes, de modo que el amparo sólo se abre paso  si “se detecta un error grosero o un yerro superlativo o  mayúsculo que, abrupta y paladinamente cercene el ordenamiento  positivo; cuando tenga lugar un ostensible e inadmisible  resquebrajamiento de la función judicial; en suma, cuando se  presenta una vía de hecho, así denominada por  contraponerse en forma manifiesta al sistema jurídico, es  posible reclamar el amparo del derecho fundamental constitucional  vulnerado o amenazado…” (CSJ  STC, 11 may. 2001, rad. 00183-01; reiterada en STC4269,  16 abr. 2015).  

Así  pues, se ha reconocido que cuando el fallador natural se aparta de la  jurisprudencia sin exponer argumentos valederos, o cuando se presenta  un defecto sustantivo en el proveído, entre otros, se  estructura la denominada «vía  de hecho».  

3.        Descendiendo  al sub  examine,  anticipa  la Corte que el resguardo deprecado se halla investido de vocación  de prosperidad, pues, en verdad, con la criticada determinación  de dar por desierta la apelación formulada por el accionante,  la autoridad cuestionada incurrió en claro defecto  procedimental, por exceso ritual manifiesto, al exigirle allegar un  nuevo escrito de sustentación a pesar de que había  atendido esa carga ante el juzgado de primer rango.  

3.1.        Lo  primero a señalar es que el trámite de la alzada en  cuestión, desde el mismo momento en que fue propuesta en la  audiencia de 7 de julio de 2021, en la cual el juzgado municipal  dictó su sentencia, estuvo gobernada de forma integral por las  reglas establecidas en el decreto 806 -pues  este entró en vigencia el 4 de junio de 2020-,  que no por las contempladas en el Código General del Proceso,  siendo relevante indicar que aquella norma, en su canon 14,  claramente consagra que «[e]jecutoriado  el auto que admite el recurso o el que niega la solicitud de pruebas,  el apelante deberá sustentar el recurso a  más tardar  dentro de los cinco (5) días siguientes… Si no se  sustenta oportunamente el recurso, se declarará desierto»  (Se destacó).  

Por  ese rumbo, oportuno es anotar que con el decreto referido a espacio  se buscó hacer frente a las múltiples dificultades que  para la tramitación de asuntos a cargo de la administración  de justicia trajo la Covid-19,  variando lo consignado en el actual estatuto adjetivo civil con el  fin de, según las consideraciones allí vertidas,  regular «la  segunda instancia en materia civil y familia para que esta se pueda  tramitar(…) sin  que tenga que adelantarse la audiencia para la sustentación  del recurso,  y por el contrario la sustentación, su traslado y sentencia se  hará a través de documentos aportados por medios  electrónicos»  (Negrillas ajenas al texto).  

Con  ello, sin duda, se retomó la sustentación de la alzada  por escrito, de la que trataba el precepto 352 del derogado Código  de Procedimiento Civil, el cual, en lo que aquí interesa, en  casi los mismos términos del mentado artículo 14 del  novísimo decreto 806, enseñaba que «[e]l  apelante deberá sustentar el recurso ante el juez o tribunal  que deba resolverlo, a  más tardar  dentro de la oportunidad establecida en los artículos 359 y 360,  so pena de que se declare desierto»  (Se resaltó).  

En  consonancia, precisamente reconociendo tal regreso a lo escritural,  la Corte Constitucional para declarar exequible el mentado precepto  14 del citado decreto expuso que este modificó «los  actos procesales de la segunda instancia…, privilegiando lo  escrito sobre lo oral en esta etapa del proceso»;  luego, dijo que algunos de los intervinientes en ese trámite  de control de constitucionalidad solicitaron  su inexequibilidad aduciendo afectación de los principios de  oralidad e inmediación; y después consignó:  

325.  Para resolver el problema jurídico, primero, se definirá  el alcance del principio de oralidad en materia procesal; y a partir  de estas consideraciones se determinará si las disposiciones  estudiadas afectan el derecho al debido proceso.  

   

326.  El  principio de oralidad en la administración de justicia.  La LEAJ introdujo la oralidad como principio de la administración  de justicia. La Corte Constitucional ha señalado que “[l]a  implementación de la oralidad constituye un mecanismo  razonablemente encaminado al logro de la pretendida celeridad en la  administración de justicia, favoreciendo la inmediación,  acercando el juez a las partes y generando condiciones que propicien  la simplificación de los procedimientos”. No  obstante, dada su naturaleza de principio, la misma LEAJ admite  que la ley prevea excepciones a la aplicación de la oralidad  en cada proceso judicial. En tal sentido, la Corte  Constitucional ha indicado que la oralidad es un principio  procesal cuyo alcance puede ser definido por el legislador atendiendo  a razones de conveniencia o necesidad.  

   

327…  Por lo demás, la Sala advierte que la afectación del  principio de inmediación de la prueba que reprochan algunos  intervinientes es apenas aparente, toda vez que los artículos  14º y 15º sub  judice prescriben  que las audiencias en segunda instancia en las que se deba practicar  pruebas serán celebradas de acuerdo con las normas  procedimentales ordinarias, de manera que esta medida no sacrifica,  ni siquiera en grado leve, ninguna garantía inherente al  derecho de contradicción y defensa. En este escenario,  resulta innecesario aplicar el test de proporcionalidad a las medidas  estudiadas.  

   

328.  Así las cosas, la Sala concluye que las disposiciones  examinadas no vulneran los derechos al debido proceso o al acceso a  la administración de justicia, en tanto (i) limitan  la aplicación de un principio de rango legal que no constituye  un parámetro de constitucionalidad, y (ii) no  afectan en manera alguna la inmediación de la prueba en tanto  aplican a los trámites de segunda instancia en los que no  procede la práctica de pruebas  (CC  C-420/20).  

3.2.        Teniendo  ello de presente, conveniente es recordar que la sustentación  por escrito de la apelación, efectuada de forma anticipada  ante el juzgador a-quo,  como ocurrió en el caso auscultado, fue una temática  zanjada de manera pacífica por esta Corte en favor de lo  sustancial sobre las formas en vigencia del Código de  Procedimiento Civil, dando por sentado que la interpretación  más benigna para el ordenamiento jurídico, respecto a  la expresión que tal motivación de la censura debía  exteriorizarse, «a  más tardar»,  antes de fenecer el traslado de segunda instancia para tal propósito,  correspondía a aquella que aceptaba que podía darse en  cualquier tiempo después de proferida la sentencia de primer  grado y con antelación al referido límite; es decir,  entendía como válidas y vinculantes todas las  atestaciones efectuadas con dicho fin antes de finalizar el mentado  traslado, incluso con antelación a su inicio.  

En  ese sentido, en pasada ocasión, de cara a un asunto en el  cual, bajo la vigencia del anterior estatuto procesal civil, la  apelación se sustentó «prematuramente»  ante el a-quo  al  momento de interponerla, esta Sala dijo:  

…es  preciso referirse… a la oportunidad con que se sustentó  la alzada…, aspecto sobre el que la inteligencia del parágrafo  1º del artículo 352 del Código de Procedimiento  Civil, indica que se puede hacer “a más tardar”  dentro de la oportunidad establecida en los artículos 359 y  360, es decir, es válido en cualquier momento anterior, como  acá sucedió, al interponer el recurso.  

En  un caso similar, esta Corporación consideró:  “Relativamente  al cuestionamiento de la actora en torno a la ‘extemporaneidad’  de la sustentación del recurso de apelación, basta  señalar que la reforma introducida por la Ley 794 de 2003 al  artículo 352 del estatuto procesal civil, no indica que deba  sustentarse, como lo entendió la peticionaria, dentro de los  ‘tres días siguientes a la admisión del recurso’,  sino que debe hacerse ‘a más tardar’ dentro de la  oportunidad establecida en los artículos 359 y 360 ibídem;  es decir, que en tratándose de apelación de sentencia,  en aplicación de la última norma citada, el término  vencería concluidos los cinco días para alegar en  segunda instancia, sin que, por lo demás, sea necesario que el  juzgador de segundo grado ‘ponga en conocimiento’ de la  parte contraria las alegaciones del impugnante, pues el escrito se  agrega al expediente y queda a disposición ‘de la parte  contraria por tres días’ (artículo 359 ibídem)”  (sentencia de 12 de junio de 2008, expediente 00095-01, ratificada el  21 de agosto de 2012, exp. 01621-00)  (CSJ  STC, 5 dic. 2012, rad. 2012-00819-01).  

Así  mismo, más recientemente, en un asunto en el que se disertó,  específicamente, respecto a las diferencias latentes en el  trámite de la alzada en la escrituralidad validada por el  Código de Procedimiento Civil en contraposición con la  oralidad que gobierna el Código General del Proceso, que  mutatis  mutandis resulta  aplicable al presente caso, en tanto que, como quedó dicho, lo  dispuesto en el decreto 806 de 2020, por lo menos en cuanto al  decurso y definición de la apelación en materia civil y  de familia, es el retorno al mentado sistema escritural; esta Corte  sostuvo que:  

…En  ambas legislaciones (Código de Procedimiento Civil y Código  General del Proceso) se tipifica la “deserción del  recurso de apelación”, sólo que no necesariamente  los supuestos que dan lugar a ella en una y otra reglamentación  son concordantes. En lo que ahora capta la atención, es  preciso advertir que el parágrafo 1º del artículo  352 del Decreto 1400 de 1970 indicaba que el  

“apelante  deberá sustentar el recurso ante el Juez o Tribunal que deba  resolverlo, a más tardar dentro de la oportunidad establecida  en los artículos 359 y 360, so pena de que se declare  desierto. Para la sustentación del recurso, será  suficiente que el recurrente exprese, en forma concreta, las razones  de su inconformidad con la providencia”.  

En  cambio, el artículo 327 de la Ley 1564 de 2012 dispone que  ejecutoriado “el auto que admite la apelación, el Juez  convocará a la audiencia de sustentación y fallo (…)  El apelante deberá sujetar su alegación a desarrollar  los argumentos expuestos ante el Juez de primera instancia”.  

Una  de las notables divergencias que de allí brotan estriba en  que, en  el pasado régimen la “sustentación” no  constaba de un único momento para desarrollarse, sino que el  inconforme podía hacerlo en cualquiera de las instancias desde  que interponía la opugnación hasta que transcurrieran  los 5 días que ordenaba el canon 360 ejúsdem,  lo que constituía el límite.  Mientras que en la hora actual esa fase es de obligado agotamiento en  la diligencia del art. 327 del Código General del Proceso,  esto es, ni antes ni después, eso sí, previa precisión  de los reparos concretos que se le hacen a la decisión, ante  el a quo.  

De  modo que, en resumen, la  “deserción” en vigencia del Código de  Procedimiento Civil estaba permitida cuando el discrepante  desaprovechaba las varias oportunidades en que ha debido exponer los  motivos de oposición, y en el Código General del  Proceso lo está siempre que no concurra al “acto”  concebido para ese designio, o asiste pero no “desarrolla los  argumentos expuestos ante el Juez de primera instancia”.  Luego, aunque aparentemente puedan evidenciar algunas similitudes,  los tratamientos en ambos sistemas no son iguales.  

La  predominancia de la escrituralidad que hasta hace poco imperó,  y la de oralidad que empieza a hacerlo, es pieza toral cuando de  averiguar el funcionamiento del “trámite de apelación  de sentencias” se trata. Y no es para menos, porque como antes  tenía mayor valor lo documentado, ese era el canal que  utilizaban los “recurrentes” para comunicar la réplica  frente a una providencia que les desfavorecía y, por ello,  estaban autorizados para hacerlo en alguno de  los varios instantes  prenotados, y la cuestión no tenía mayores  implicaciones (daba igual sustentar ante el a quo o ante el ad quem),  lo que en los tiempos que corren no se mira con la misma lupa porque  claramente la incursión de la prevalencia de la palabra  hablada supone que sea éste nuevo método el que deba  emplearse para el referido fin (sustentar), laborío que  implica concentrar todas las intervenciones (apelante, no apelante y  fallador) en un solo “acto”; de allí que la  mentada “diligencia” de “sustentación y  fallo” sea la única oportunidad para lograrlo, tal como  mayoritariamente lo ha sostenido esta Corporación1…  (Se  destacó – CSJ STC3969-2018, 21 mar., rad. 00668-00).  

En  ese orden, de lo evidenciado claramente se desprende que el apoyo  para, en vigencia del Código General del Proceso, declarar  desierta la apelación cuando la parte recurrente deja de  asistir ante el ad-quem  a  sustentarla, tiene fundamento exclusivo en el sistema de oralidad que  gobierna el comentado estatuto (criterio respaldado por la Corte  Constitucional en SU-418/19), al devenir improbable la sustitución  de las intervenciones orales por escritas; sin que, por obvios  motivos, tal razonamiento tenga cabida cuando en el rito respectivo  prevalece lo escritural, como sucede con la vigencia del decreto 806  de 2020, al estarse aquí frente a una formalidad innecesaria  en caso de haberse sustentado desde la primera instancia, merced a  que esta última norma, insístase, no busca velar por la  oralidad.  

Precisamente,  la parte final del artículo 11 del Código General del  Proceso impone a los falladores abstenerse de exigir y cumplir  formalidades innecesarias, pues el norte del derecho procesal está  en servir de instrumento para lograr la eficacia de las prerrogativas  sustanciales. Esto se traduce en que en vigencia de la descrita  codificación adjetiva la segunda instancia debía ser  oral y, por tanto, se justificaba que la alzada tuviera que  sustentarse necesariamente durante la audiencia que para tal efecto  se convoca; por el contrario, como el decreto 806 de 2020 fijó  la escrituralidad del segundo grado, deviene procedente que se tenga  como válida la sustentación que de esa manera se haga  ante el juez a-quo.  

3.3.        Siguiendo,  en lo relativo al  defecto procedimental por exceso ritual manifiesto la jurisprudencia  constitucional ha indicado que:  

…puede  estructurarse… cuando “…un  funcionario utiliza o concibe los procedimientos como un obstáculo  para la eficacia del derecho sustancial y por esta vía, sus  actuaciones devienen en una denegación de justicia”; es  decir:  

“el  funcionario judicial incurre en un defecto procedimental por exceso  ritual manifiesto cuando (i) no tiene presente que el derecho  procesal es un medio para la realización efectiva de los  derechos de los ciudadanos, (ii) renuncia conscientemente a la verdad  jurídica objetiva pese a los hechos probados en el caso  concreto, (iii) por la aplicación en exceso rigurosa del  derecho procesal, (iv) pese a que dicha actuación devenga en  el desconocimiento de derechos fundamentales”  (Énfasis  – CC T-352/12).  

3.4.        Ahora,  en este particular asunto, como quedó visto, el 14 de  septiembre de 2021 el despacho convocado declaró desierta la  apelación que propusiera el accionante «ante  la falta de sustentación oportuna del recurso»,  en segunda instancia, acorde al decreto 806 de 2020; decisión  mantenida el 8 de octubre siguiente, en senda de reposición  interpuesta por él.  

3.5.        Así  las cosas, basta confrontar la gestión de esa célula  judicial con los derroteros expuestos en precedencia, para establecer  la incursión en el defecto procedimental aludido, pues al  margen de que el tutelante sustentara o no su alzada dentro del  traslado corrido en segunda instancia para tal efecto, lo cierto es  que la declaración de desierta de la apelación de  sentencia se mostraba inviable porque, en últimas, él  cumplió con la presentación de escrito ante el juzgado  a-quo,  dentro de los tres días siguientes a la audiencia del caso.  

De  allí que el proceder reprochado al juzgado denunciado impidió  que el quejoso obtuviera la definición de fondo de su alzada,  sobre una apreciación literal y en extremo formal de la norma  adjetiva, específicamente del precepto 14 del decreto 806 de  2020 -en  cuyo imperio se produjo la actuación reprochada-.  

De  esta manera, no dar curso a la apelación en comento, como lo  resolvió el fallador atacado, subsumido en una apreciación  de la norma procedimental que desatiende el deber de abstenerse de  cumplir y exigir formalidades innecesarias impuesto por el artículo  11 del Código General del Proceso, pasando por alto que en el  caso concreto la sustentación debía producirse de forma  escrita (no oral), como quedó visto, es un proceder que  comporta un exceso ritual manifiesto, toda vez que tal determinación  implica una clara y desproporcionada afectación de las  garantías procesales del accionante, impidiéndole el  acceso a la administración de justicia para demostrar la  concurrencia del derecho sustancial que considera ostentar, por lo  que esa situación excepcional se torna inadmisible y exige la  intervención del juez constitucional.  

3.6.  Mucho menos es de acogida la falta de «trascendencia»  atisbada por el Tribunal al momento de negar la salvaguarda, porque  no cabe duda de que el tutelante sí cumplió con una  carga explicativa mínima en el memorial sustentatorio de su  recurso de apelación. Concretamente reprochó en los  reparos allí referidos que el despacho de primera instancia  accediera a la reivindicación y lo condenara desde un plano  pecuniario sin juramento estimatorio, bajo deficiencias de análisis  suasorio y «supuestos  de hecho(…) que no se encuentran probados en la demanda»  y  en el litigio, «como  es la calidad de poseedor»  en cabeza suya.  

4.        Lo  consignado, entonces, impone infirmar el veredicto constitucional  ahora rebatido y, por ende, abrir paso a la clama dispensada, para  que el estrado del circuito requerido emprenda las gestiones  tendientes a superar la trasgresión padecida por el extremo  peticionario durante la segunda instancia del pleito reivindicatorio,  sin que devenga menester emprender examen respecto a lo sentenciado  por el ente civil municipal, por sustracción de materia.  

DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala  de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley, revoca  la sentencia impugnada y, en su lugar, concede  el  resguardo solicitado por Guillermo  Enrique Castaño Otálvaro.  

Por  consecuencia,  se ordena al  Juzgado Tercero Civil del Circuito de Medellín que, dentro de  los diez (10) días siguientes al recibo del expediente  contentivo del litigio fustigado, tras dejar sin valor ni efecto el  pronunciamiento que profirió el 8 de octubre de 2021, y los  que de él dependan, adopte  una nueva determinación respecto al recurso de reposición  propuesto  por el tutelante contra la deserción de su alzada, atendiendo  lo diserto en la parte motiva de la presente providencia.  

A  su turno, el estrado  20° Civil Municipal ídem  deberá  enviar el descrito dossier  al despacho arriba mencionado, en el lapso máximo de un (1)  día siguiente a aquel en el que resulte notificado, a fin de  que se pueda impartir cumplimiento a lo aquí mandado.  

Notifíquese  por el conducto más expedito a los interesados  y, en oportunidad, envíense  las diligencias a la Corte Constitucional, para la eventual revisión.  

HILDA  GONZÁLEZ NEIRA  

Presidenta  de Sala  

Con  salvamento de voto  

ÁLVARO  FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

MARTHA  PATRICIA GUZMÁN ÁLVAREZ  

Con  salvamento de voto  

AROLDO  WILSON QUIROZ MONSALVO  

LUIS  ALONSO RICO PUERTA  

OCTAVIO  AUGUSTO TEJEIRO DUQUE  

FRANCISCO  TERNERA BARRIOS  

SALVAMENTO  DE  VOTO  MAGISTRADA  HILDA  GONZÁLEZ  NEIRA  Radicación  n°  05001-22-03-000-2022-00010-01  

Con    el    mayor    respeto    hacia    los    Magistrados    que  

profirieron  la  providencia   de   la  cual   tomo   distancia,  me  permito  expresar  los  motivos  de  discrepancia  con  la  solución  adoptada.  

Resolución  que  sustentó,  aduciendo,  en  lo  principal,  que  «(…)  anticipa  la  Corte  que  el  resguardo  deprecado  se  halla  investido  

de  vocación  de  prosperidad,  pues,  en  verdad,  con  la  criticada  determinación  de  dar  por  desierta  la  apelación  formulada  por  el  accionante,  la  autoridad  cuestionada  incurrió  en  claro  defecto  procedimental,  por  exceso  ritual  manifiesto,  al  exigirle  allegar  un  nuevo  escrito  de  sustentación  a  pesar  de  que  había  atendido  esa  carga  ante  el  juzgado  de  primer  rango».  

Según  explicó,  porque  con  la expedición  del  artículo  14  del  Decreto  806  de  2020,  

(…)  sin  duda,  se  retomó  la  sustentación  de  la  alzada  por  escrito,  de  la  que  trataba  el  precepto  352  del  derogado  Código  de  Procedimiento  Civil,  el  cual,  en  lo  que  aquí  interesa,  en  casi  los  mismos  términos  del  mentado  artículo  14  del  novísimo  Decreto  

806,  enseñaba  que  «[e]l  apelante  deberá  sustentar  el  recurso  ante  el  juez  o  tribunal  que  deba  resolverlo,   a  más  tardar  dentro  de  la  oportunidad  establecida  en  los  artículos  359  y  360,  so  pena  de  que  se  declare  desierto  (…).  3.2.  Teniendo  ello  de  presente,  conveniente  es  recordar  que  la  sustentación  por  escrito  de  la  apelación,  efectuada  de  forma  anticipada  ante  el  juzgador  a  quo,  como  ocurrió  en  el  caso    auscultado,   fue   una  temática  zanjada   de  manera  pacífica  por  esta  Corte  en  favor  de  lo  sustancial  sobre  las  formas  en vigencia  del Código  de Procedimiento  Civil,  dando  por  sentado  que  la  interpretación  más  benigna  para  el  ordenamiento  jurídico,  respecto  a  la  expresión  que  tal  motivación  de  la  censura  debía  exteriorizarse,  «a  más  tardar»,  antes  de  fenecer  el  traslado  de  segunda  instancia  para  tal  propósito,  correspondía  a  aquella  que  aceptaba  que  podía  darse  en  cualquier  tiempo  después  de  proferida  la  sentencia  de  primer  grado  y  con  antelación  al  referido  límite;  es  decir,  entendía  válidas  y  vinculantes  todas  las  atestaciones  efectuadas  con dicho  fin  antes  de  finalizar  el  mentado  traslado,  incluso  con  antelación  a  su  inicio».  

Luego  de  lo  cual,  concluyó,  

«(…)  En  ese  orden,  de  lo  evidenciado  claramente  se  desprende  que  el  apoyo  para,  en  vigencia  del  Código  General  del  Proceso,  declarar  desierta  la  apelación  cuando  la  parte  recurrente  deja  de  asistir  ante  el  ad  quem  a  sustentarla,  tiene  fundamento  exclusivo  en  el  sistema  de  oralidad  que  gobierna  el  comentado  estatuto,  (criterio  respaldado  por  la  Corte  Constitucional  en  SU-418/19),  al  devenir  improbable  la  sustitución  de  las  intervenciones  orales  por  escritas;  sin  que,  por  obvios  motivos,  tal  razonamiento  tenga  cabida  cuando  en el rito  respectivo  prevalece  lo escritural,  como sucede con la  vigencia  del  decreto  806  de  2020,  al  estarse  aquí  frente  a  una  formalidad  innecesaria  en  caso  de  haberse  sustentado  desde  la  primera  instancia,  merced  a  que  esta  última  norma,  insístase,  no  busca  velar  por la  oralidad».  

No  comparto  la  determinación,  principalmente,  porque  la  Sala  Civil  del  Tribunal  Superior  de  Medellín  no  incurrió  en  excesivo  ritual  manifiesto  que  vulnerara  los  derechos  fundamentales  invocados  por  el  precursor.  Son  mis  razones  las siguientes:  

1.-  El  recurso  de  apelación  contra  proveídos  judiciales,  de  conformidad  con  los  arts.  322  y  327  del  CGP,  comprende  dos  momentos  que  deben  ser  desarrollados  en  etapas  bien  definidas:  Uno  ante  el  juez  de  primera  instancia  –  interposición  y  reparos  –  y,  otro  ante  el de  segunda  –  admisión,  sustentación  y  decisión  -.  

Sobre  el  primero,  el  Decreto  806  de  2020  en  su  artículo  

14  no  estableció  modificación  alguna  mientras  que  para  el  siguiente  sí,  respecto  de  la  sustentación,  la  que  en  sentido  

estricto  solo  comporta  la  forma  de  hacer  conocer  al  juez  de  segunda  instancia  los  argumentos  que  soportan  los  “reparos”  expresados  ante  el  a  quo,  ya  no  oralmente  en  audiencia  sino  por  escrito,  pero  en  todo  caso,  una  vez  “ejecutoriado  el  auto  que admite  la  apelación”,  competencia  adscrita  al  ad  quem  y  no  al  a  quo.  

En  otras  palabras,  tales  modificaciones  privilegiaron  lo  escrito  sobre  lo  oral  en  la  segunda  instancia,  cuya  finalidad  no  es  otra  que  «evitar  el  desplazamiento  de  los  usuarios  y  funcionarios  de  la  administración  de  justicia  a  los  despachos  judiciales  y  notarías  y,  de  esta  forma,  proteger  su  salud»,  también  permiten  afirmar  que  la  estructura  de  las  cargas  que  impone  el  legislador  como  presupuestos  para    que    el    superior    funcional    examine   la providencia  apelada  y,  las  consecuencias  de  su  desatención  además  que  no  han  variado,  no  se  extendieron  a  la  obligación  misma  de  «sustentar  la  apelación»  ante  el  juez  competente,  que  lo  es  el  ad  quem,  sino  que,  como  excepción  al  principio  de  oralidad  en  la  administración  de  justicia,  admitió  que,  para  dicho  propósito,  el  apelante  pueda  hacerlo  por  escrito,  sin  necesidad  de  acudir  personalmente  a  la  sede  del  funcionario.  

Tampoco  exoneró  del  deber  de  «sustentar»  dentro  del  término  allí  previsto,  esto  es,  a  más  tardar  dentro  de  los  cinco  (5)  días  siguientes  a  la  ejecutoria  del  auto  que  admite  la  alzada,  que  de  no  atenderlo  acarrea  la  declaratoria  de  deserción  y,  por  ende,  por  su  propia  omisión,  la  imposibilidad  de  acceder  a  la  segunda  instancia  lo  que  aleja  irreflexividad  en  la  interpretación,  o  exceso  manifiesto  en  el  rito  o,  desproporcionalidad  en la decisión.  

Por  el  contrario,  pone  de  presente  el  acatamiento  de  la  forma    prevista,    también    integradora    del   derecho  fundamental  al  debido  proceso,  el  cual  debe  ser  aplicado  por  todos  los  sujetos  procesales,  a  “todas  las  actuaciones”  del  proceso  en  coherencia  con  el  precepto  conforme  al  cual  este  “debe  adelantarse  en  la  forma  establecida  en  la  ley”–arts.  29  CN;  7,  

13  y  14  Ley  1564  de  2012-;  y,  hace  visible  el  principio  de  preclusión,  “fundamental  del derecho procesal  en cuyo desarrollo  se establecen  las  diferentes  etapas  que han  de  cumplirse  en los  diferentes  procesos,  así,  como  la  oportunidad  en  que  en  cada  una  de  ellas  deben  llevarse  a  cabo  los  actos  procesales  que  le  son  propios,  transcurrida  la  cual  no pueden  adelantarse”  (Corte  Constitucional  A  232-2001).  Subrayado  fuera  de  texto.  

2.-  Con  independencia  de  la  extensión  de  los  reparos  –  breves  o extensos  –  no  puede  equipararse  la  expresión  de  las  inconformidades  –  discrepancia  o  con  qué  no  está  de  acuerdo  –  con  los  argumentos  que  las soportan  –  por  qué discrepa o no está de acuerdo  -.  Aquellas  se  expresan  ante  el  a  quo  y  éstos  ante  el  ad  quem.  Así  lo  dispone  el  legislador  ahora  de  manera  clara  

– art.  14  D.  806  de  2020-,  se  consideró  constitucional  antes  –  SU  

418  de  2019  –,  previó  el  legislador  antes  de  la  ley  1564  de  2012  

– art.  360 C.P.C  –  y,  esta  Corporación  con  fundamento  en esta norma,  estimó  como  el  momento  para  fundamentar  la  alzada  

– V.gr.  SC 4855 de 2014; STL 2791 de 2021 y STL 9267-2021-.  

3.-  Tampoco  se  trata  del  cumplimiento  anticipado  de  la carga  de  sustentación  si  atendemos  que  el  legislador  previó  la  oportunidad  y  el  juez  competente  para  verificar  su  cumplimiento  y  efecto  de  su  desatención.  Por  lo  tanto,  podría  

aceptarse  que  se  anticipa  cuando  el  acto  se  realiza  ante  el  juez  competente  antes  del  momento  previsto  legalmente  para  su  realización,  esto  es,  durante  el  trámite  de  segunda  instancia,  pero  no, cuando  se realiza  en primera  instancia.  

4.-  Todo  lo  antes  afirmado  permite  igualmente  colegir,  en  los  términos  del  art.  14  de  la  Ley  153  de  1887,  que  no  se  trata  de  revivir  la  sustentación  de  la  alzada  por  escrito  que  consagraba  el  artículo  352  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  la  que  igualmente  debía  hacerse  “ante  el  juez  o  tribunal  que…”  debía  “resolverlo”  sino,  se  itera,  de  una  excepción  provisional  al principio  de  oralidad.  

Conclusión:  Estoy  convencida  que  el  resguardo  rogado  no  debió  ser  concedido  en  tanto  que  la  declaratoria  de  desierto  respecto  del  recurso  de  apelación  en  este  asunto,  corresponde  a  la  desatención  del  recurrente  de  la  carga  de  sustentación  ante  el  juez  competente  y,  en  la  oportunidad  señalada  por  el  legislador,  lo  que  evidencia  la  razonabilidad  de  la providencia  del  juez  plural  natural.  

Con     el     debido     respeto,     dejo     así     consignada     mi  

discrepancia.  

HILDA  GONZÁLEZ  NEIRA  

Radicación  n°  05001-22-03-000-2022-00010-01  

SALVAMENTO  DE  VOTO  

Con  respeto  por  los  Magistrados  que  conforman  la  Sala de  Decisión  en  la  que  se  emitió  la  sentencia  de  la  cual  me  aparto,  me  permito  expresar  los  motivos  de  mi  disenso  con  la  solución  adoptada  en  la  acción  de  tutela  que  decide  la  impugnación  que  interpuso  Guillermo  Enrique  Castaño  Otálvaro  frente  a  la  sentencia  constitucional  de  26  de  enero  de  2022,  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  Sala  Civil,  en  la  acción  de  tutela  que  impulsó el  nombrado  Castaño  Otálvaro  contra  los  Juzgados  Tercero  Civil  del  Circuito  y    Veinte   Civil  Municipal    de    la  nombrada  ciudad.  

1.  Este  asunto,  tiene  como  antecedentes  los  siguientes:  

En  el  reivindicatorio  que  promovieron  en  su  contra  los  señores  María  Noelia  Atehortúa  Pérez,  Natalia  María  y  Juan  Carlos  Aguirre  Atehortúa,  el  Juzgado  Veinte  Civil  Municipal  de  Medellín,  en  sentencia  proferida  en  audiencia  de  7  de  julio  de  2021  accedió  a  las  pretensiones,  decisión  que  apeló  y  si  bien  sustentó  en  estrados  y  por  escrito  en  el  término  legal,  el  

Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito  de  la  nombrada  ciudad,  la  declaró  desierta  el  14  de  septiembre  siguiente,    contra  esa  determinación  formuló  reposición  que  no  prosperó,  porque  el  

8  de  octubre  de  2021  se  mantuvo  la  decisión.  

El  señor  Guillermo  Enrique  Castaño  Otálvaro  interpuso  a  continuación  acción  de  tutela,  que  negó  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  Sala  Civil  el  26  de  enero  de  2020,  por  lo  que  impugnó.  

La  Sala  de  Casación  Civil  mayoritaria,  concedió  el  amparo  constitucional  reclamado  tras  considerar,  

«(…)  anticipa  la  Corte  que  el  resguardo  deprecado  se  halla  investido  de    vocación  de  prosperidad,  pues,  en  verdad,   con  la  criticada  determinación  de  dar  por  desierta  la  apelación  formulada  por  el  accionante,  la  autoridad  cuestionada  incurrió  en  claro  defecto  procedimental,  por  exceso  ritual  manifiesto,  al  exigirle  allegar  un  nuevo  escrito  de  sustentación  a  pesar  de  que  había  atendido  esa  carga  ante  el  juzgado  de  primer  rango.  

3.1.     Lo  primero  a  señalar  es  que  el  trámite  de  la  alzada  en  cuestión,  desde  el  mismo  momento  en  que  fue  propuesta  en  la  audiencia  de  7  de  julio  de  2021,  en  la  cual  el  juzgado  municipal  dictó  su  sentencia,  estuvo  gobernada  de  forma  integral  por  las  reglas  establecidas  en  el  decreto  806  -pues  este  entró  en  vigencia  el  4  de  junio  de  2020-,  que  no  por  las  contempladas  en  el  Código  General  del  Proceso,  siendo  relevante  indicar  que  aquella  norma,  en  su  canon  14,  claramente  consagra  que  «[e]jecutoriado  el  auto  que  admite  el  recurso  o  el  que  niega  la  solicitud  de  pruebas,  el  apelante  deberá  sustentar  el  recurso    a  más  tardar  dentro  de  los  cinco  (5)  días  siguientes…  Si  no  se  sustenta  oportunamente  el  recurso,  se  declarará  desierto»  (Se  destacó).  

A  lo  que  posteriormente  se  agregó,  

«(…)  conveniente  es  recordar  que  la  sustentación  por  escrito  de  la  

apelación,  efectuada  de  forma  anticipada  ante  el  juzgador  a-quo,  como  ocurrió  en  el  caso  auscultado,  fue  una  temática  zanjada  de  manera  pacífica  por  esta  Corte  en  favor  de  lo  sustancial  sobre  las  formas  en  vigencia  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  dando  por  sentado  que  la  interpretación  más  benigna  para  el  ordenamiento  jurídico,  respecto  a  la  expresión  que  tal  motivación  de  la  censura  debía  exteriorizarse,  «a  más  tardar»,  antes  de  fenecer  el  traslado  de  segunda  instancia  para  tal  propósito,  correspondía  a  aquella  que  aceptaba  que  podía  darse  en  cualquier  tiempo  después  de  proferida  la  sentencia  de  primer  grado  y  con  antelación  al  referido  límite;  es  decir,  entendía  como  válidas  y  vinculantes  todas  las  atestaciones  efectuadas  con  dicho  fin  antes  de  finalizar  el  mentado  traslado,  incluso  con  antelación  a  su  inicio»  

Posteriormente  al  analizar  el  caso  concreto,  determinó,  

«(…)  3.4  Ahora,  en  este  particular  asunto,  como  quedó  visto,  el  14  de  septiembre  de  2021  el  despacho  convocado  declaró  desierta  la  apelación  que  propusiera  el  accionante  «ante  la  falta  de  sustentación  oportuna  del  recurso»,  en  segunda  instancia,  acorde  al  decreto  806  de  2020;  decisión  mantenida  el  8  de  octubre  siguiente,  en  senda  de  reposición  interpuesta  por  él.  

3.5.     Así  las  cosas,  basta  confrontar  la  gestión  de  esa  célula  judicial  con  los  derroteros  expuestos  en  precedencia,  para  establecer  la  incursión  en  el  defecto  procedimental  aludido,  pues  al  margen  de  que  el  tutelante  sustentara  o  no  su  alzada  dentro  del  traslado  corrido  en  segunda  instancia  para  tal  efecto,  lo  cierto  es  que  la  declaración  de  desierta  de  la  apelación  de  sentencia  se  mostraba  inviable  porque,  en  últimas,  él  cumplió  con  la  presentación  de  escrito  ante  el   juzgado  a-quo,  dentro  de  los    tres  días  siguientes    a  la  audiencia  del  caso.  

De  allí  que  el  proceder  reprochado  al  juzgado  denunciado  impidió  que  el  quejoso  obtuviera  la  definición  de  fondo  de  su  alzada,  sobre  una  apreciación  literal  y  en  extremo  formal  de  la  norma  adjetiva,  específicamente  del  precepto  14  del  decreto  806  de  2020  -en  cuyo  imperio  se  produjo  la  actuación  reprochada-.  

De  esta  manera,  no  dar  curso  a  la  apelación  en  comento,  como  lo  resolvió  el  fallador  atacado,  subsumido  en  una  apreciación  de  la  norma  procedimental  que  desatiende  el  deber  de  abstenerse  de  cumplir  y  exigir  formalidades  innecesarias  impuesto  por  el  artículo  

11  del  Código  General  del  Proceso,  pasando  por  alto  que  en  el  caso  concreto  la  sustentación  debía  producirse  de  forma  escrita  (no  oral),  como  quedó  visto,  es  un  proceder  que  comporta  un  exceso  ritual  

manifiesto,  toda  vez  que  tal  determinación  implica  una  clara  y  desproporcionada  afectación  de  las  garantías  procesales  del  accionante,  impidiéndole  el  acceso  a  la  administración  de  justicia  para  demostrar  la  concurrencia  del  derecho  sustancial  que  considera  ostentar,  por  lo  que  esa  situación  excepcional  se  torna  inadmisible  y  exige  la  intervención  del  juez  constitucional».  

Finalmente,  revocó  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  concedió  el  amparo  solicitado  por  Guillermo  Enrique  Castaño  Otálvaro  y,  ordenó  «al  Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito  de  Medellín  que,  dentro  de  los  diez  (10)  días  siguientes  al  recibo  del  expediente  contentivo  del  litigio  fustigado,  tras  dejar  sin  valor  ni  efecto  el  pronunciamiento  que  profirió  el  8  de  octubre  de  2021,  y  los  que  de  él  dependan,    adopte   una  nueva   determinación    respecto    al    recurso   de  reposición  propuesto  por  el  tutelante  contra  la  deserción  de  su  alzada,  atendiendo  lo  diserto  en  la  parte  motiva  de  la  presente  providencia».  

2.  Me  aparto  de  la  decisión  mayoritaria,  puesto  que  considero  que  el  Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito  de  Medellín,  no  incurrió  en  excesivo  ritual  manifiesto  que  vulnerara  los  derechos  fundamentales  invocados  por  Guillermo  Enrique  Castaño  Otálvaro.  

En  este  asunto  en  el  que  se  debate  sobre  la  deserción  del  recurso  de  apelación  por  falta  de  sustentación  ante  el  ad  quem  conforme  a  las  reglas  dispuestas  por  el  Decreto  Legislativo  806  de  2020,  mis  razones  son  las  siguientes:  

El  recurso  de  apelación  contra  providencias  judiciales,  conforme  a  lo  previsto  en  los  artículos  322  y  327  del  Código  General    del    Proceso,    en   lo   que    concierne    a    las      cargas  

procesales  del  recurrente  comprende  dos  momentos  específicos,  que  debe  tener  en  consideración  el  juzgador:  el  primero  de  ellos,  esto  es,  la  interposición  del  recurso  y  la  formulación  de  los  reparos  que  se  desarrolla  ante  el  juez  de  primera  instancia  y,  el  segundo,  esto  es,  la  admisión,  la  sustentación  de  la  impugnación  y  la  decisión,  que  se  adelanta  ante  el  de  segunda  instancia.  

En    cuanto    a    la    oportunidad    y    los    requisitos    para  instaurar  el  recurso  de  apelación  frente  a  un  fallo,  el  numeral  

3°  del  artículo  322  del  Código  General  del  Proceso,  establece,  

«Cuando  se  apele  una  sentencia,    el   apelante,    al   momento  de  interponer  el  recurso  en  la  audiencia,  si  hubiere  sido  proferida  en  ella,  o  dentro  de  los  tres  (3)  días  siguientes  a  su  finalización  o  a  la  notificación  de  la  que  hubiere  sido  dictada  por  fuera  de  audiencia,  deberá  precisar,  de  manera  breve,  los  reparos  concretos  que  le  hace  a  la  decisión,  sobre  los  cuales  versará  la  sustentación  que  hará  ante  el  superior.  

Para  la  sustentación  del  recurso  será  suficiente  que  el  recurrente  exprese  las  razones  de  su  inconformidad  con  la  providencia  apelada.  

Si  el  apelante  de  un  auto  no  sustenta  el  recurso  en  debida  forma  y  de  manera  oportuna,  el  juez  de  primera  instancia  lo  declarará  desierto.  La  misma  decisión  adoptará  cuando  no  se  precisen  los  reparos  a  la  sentencia  apelada,  en  la  forma  prevista  en  este  numeral.  El  juez  de  segunda  instancia  declarara  desierto  el  recurso  de  apelación  contra  una  sentencia  que  no  hubiere  sido  sustentado».  (Se  destaca).  

Por  su  parte  el  artículo  327  del  Código  General  del  

Proceso,  establece,  

«(…)  Ejecutoriado  el  auto  que  admite  la  apelación,  el  juez  convocará  a la  audiencia  de  sustentación  y  fallo.  Si  decreta  pruebas,  estas  se  practicarán  en  la  misma  audiencia,  y  a  continuación  se  oirán  las  alegaciones  de  las  partes  y  se  dictará  sentencia  de  conformidad    con    la    regla    general    prevista    en    este    código.  

El  apelante  deberá  sujetar  su  alegación  a  desarrollar  los  argumentos     expuestos     ante    el     juez    de    primera    instancia».  

Se  destaca  que  el  artículo  14  del  Decreto  806  de  2020  en  nada  modificó  las  exigencias  descritas  el  citado  artículo  

322,  en  cuanto  a  la  interposición  del  recurso  y  la  formulación  de  los reparos:  Se ocupó,  exclusivamente  de  la forma  en  que  se  realizaría  la  sustentación,  que  antes  de  su  expedición  era  de  manera  oral  en  audiencia  (artículo  327  CGP);  ahora  por  escrito,  una  vez  ejecutoriado  el  auto  que  admite  la  apelación,  en  el  término  de  cinco  (5)  días,  ante  el  ad  quem  y  no  al  a  quo.  

La  modificación  que  el  citado  artículo  14  introdujo  al  recurso  de  apelación  de  sentencias,  en  últimas  lo  único  que  varió  fue  la  forma  de  hacer  conocer  al  juez  de  segunda  instancia  por  el  recurrente,  el  desarrollo  de  los  reparos  expresados  ante  el  a  quo,  de  oral  a  escrita.  

Tampoco  varió  la norma  aludida,  la estructura  de  las  cargas  que  impone  el  legislador  como  presupuestos  para  que  el  superior  funcional  examine  la  providencia  apelada  y  las  consecuencias  de  su  desatención,  únicamente,  se  itera,  como  excepción  al  principio  de  oralidad  en  la  administración  de  

justicia,  se  admitió  que,  para  dicho  propósito,  el  apelante  pueda  hacerlo  por  escrito,  sin  necesidad  de  acudir  personalmente  a la sede  del  funcionario.  

Ahora  bien,  no  pueden  equipararse  los  reparos  que  se  expresan  ante  el  a  quo,  con  los  argumentos  que  soportan  la  sustentación  que  se  presenta  ante  el  ad  quem,  de  manera  escrita  (artículo  14  Dto.  806  de  2020),  tampoco  se  trata  del  cumplimiento  anticipado  de  la  carga  impuesta  por  el  legislador  quien  previó  la  oportunidad  y  el  juez  competente  para  verificar  su  cumplimiento  y  efecto  de  su  desatención.  

Por  lo  anterior,  el  amparo  propuesto  no  debió  ser  concedido  en  tanto  que  la  declaratoria  de  desierto  respecto  del  recurso  de  apelación  en  este  asunto,  corresponde  al  incumplimiento  del  recurrente  de  la  carga  de  sustentación  ante  el  juez  competente  (Juez  Tercero  Civil  del  Circuito  de  Medellín)  y,  en  la  oportunidad  señalada  por  el  legislador,  lo  que  evidencia  la  razonabilidad  de  la  providencia  del  juez  natural.  

2.  

3.MARTHA PATRICIA GUZMÁN  ÁLVAREZ  

Magistrada  

4.  

5.  

6.  

1          «Ver          STC2423-2018 y sus salvamentos de votos, según los cuales          puede resultar atendible la sustentación realizada ante el a          quo, en algunos supuestos».      

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *