SC 085 2005 [7355]

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

SC-085-2005 [7355]

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE  CASACION  CIVIL   

Magistrado Ponente  

PEDRO  OCTAVIO  MUNAR  CADENA   

Bogotá,  D.  C., diecinueve (19) de mayo de  dos mil cinco (2005).   

Rad.- Expediente No. 7355  

         

                      Decídese  por  la  Corte  el  recurso  de  casación interpuesto por la sociedad demandada  contra  la  sentencia del 13 de octubre de 1998, proferida por la Sala Civil del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  dentro  del  proceso  ordinario adelantado por  PETROLEOS  DEL  NORTE S.A. – PETRONOR S.A.,  frente  a INVERSIONES ENERGETICAS S.A.  – INERGESA.   

A N T E C E D E N T E S  

                      1. En su  escrito   incoativo,   expuso   la   demandante   los   hechos   que   así   se  resumen:   

         La  actora,  en  calidad de prometiente  comprador,  y  la demandada, junto con José Reyes Leal, Alvaro Escobar Saavedra  y  Mario García Vecino, en calidad de prometientes vendedores, el 3 de julio de  1990  celebraron una promesa de compraventa de 68.750 acciones, de las que estos  eran  titulares  en  la  sociedad  Petronor  S. A., de las cuales 50.000 eran de  propiedad  de  “Inergesa”. El precio inicial asignado a cada acción, fue de  $3.500.oo,  pagaderos  así:  a)  $1.000.oo  por acción el día de la firma del  contrato;  b)  $900.oo por acción el día 29 de julio de 1990; c) $1.600.oo por  acción,  el  28  de  febrero de 1991, actualizada esta suma a la tasa de cambio  que para dicho día tuviese el dólar americano.   

                   Como primera  adición  para  llegar  al  precio  final de las acciones, se acordó un pago de  $2.000.oo  por acción, por concepto de costos indirectos de la operación y por  cuya  causa  la demandada recibió $100’000.000.oo.  Como segunda adición se acordó que Petronor pagaría  $2.500.oo,    por   cada   acción   (o   sea   $125.000.000.oo   a   Inergesa),  correspondientes  al  ejercicio  social  de 1990, cantidad que, en razón de que  sólo   podrían   decretarse   en   1991,   a   título   de  dividendos  y  no  específicamente  como parte del precio, como en efecto lo era, la accionante se  obligó  a  que  desde  el  30  de  julio  de  1990  los  promitentes vendedores  recibirían  ese  valor  a  título  de  mutuo  sin  intereses. Para tal efecto,  Petronor  constituyó  en  Inverbank  un  depósito  a  término,  sin  percibir  intereses,   por   la   suma  de  $171’875.000.oo,  con  el  especifico fin de que tal entidad prestara, a  su  vez,  sin intereses, las sumas correspondientes a cada prometiente vendedor,  siendo  así  como la empresa demandada recibió el 30 de julio de 1990, por tal  concepto,  la  cantidad  de   $125’000.000.oo.   

                        En  la  cláusula  sexta  del  contrato  de  promesa se estableció que para efectos del  traspaso  de  las  acciones,  los  prometientes  vendedores  debían  endosar en  garantía  sus  títulos  a  una entidad fiduciaria para que los retuviera, como  fiduciario,  hasta  el 28 de febrero de 1991, a las 10 A. M., día y hora en que  los  endosaría  en  propiedad  a  la  compradora para perfeccionar el contrato,  siempre  y  cuando  para dicha fecha no hubiese recibido instrucción en sentido  contrario  de  los  vendedores  acerca  del  incumplimiento  de las obligaciones  asumidas  por  la  “compradora”.  En  ejecución  de  esa estipulación, los  prometientes  vendedores  celebraron  el  día  4  de julio de 1990, contrato de  fiducia   con  el  Banco  Santander,  entidad  con  la  que  de  común  acuerdo  reemplazaron   a   “La   Nacional   Financiera”,   originalmente   prevista,  habiéndose  establecido  que  se  transferían las acciones de los prometientes  vendedores  al patrimonio autónomo representado por el Banco Fiduciario, con la  adición  consistente  en  que  el contrato de promesa de compraventa hace parte  integrante del de fiducia.   

                    Como apenas  restaba  pagar  el  instalamento  pactado  para  el  día 28 de febrero de 1991,  Petronor  tenía  dispuestos  en  tal  fecha, los cheques correspondientes a los  prometientes  vendedores,  entre  ellos  uno  girado  en  favor de Inergesa, por  $92’598.186.29,  equivalente  a  $1.600.oo  por  acción, a la tasa de ese día. Empero, el 28 de  febrero  de  1991,  a  eso  de las 8:30 A.M., se presentó en las oficinas de la  demandante  el  señor  Alvaro Escobar, pero, encontrándose, a la espera de los  restantes  contratantes,  recibió  una  llamada  telefónica y se ausentó para  acudir  a reunión con aquellos, absteniéndose de recibir el cheque girado a su  favor.  A  las  9.59  A.M.  de  ese  mismo  día, los prometientes vendedores le  solicitaron  al  Banco  Santander  que  no  le  transfiriera  las  acciones a la  demandante,  aduciendo  que  en  la  promesa  de compraventa se estipuló que la  gerencia  de  Petronor debía convocar a la Asamblea General de Accionistas para  decretar  el  dividendo  pactado,  hasta  por  la  suma  $2.500.oo  por acción,  destinado   al   pago   del   crédito  constituido  con  Inverbank  S.  A,  por  $171’875.000.oo, sin que  la  citada  asamblea  hubiese  sido convocada, por lo que el dividendo no había  sido decretado válidamente.   

                   Sin embargo,  el  mismo  28  de  febrero  de  1991,  horas más tarde, José Reyes Leal, Mario  García   Vecino   y    Alvaro  Escobar,  presentan  sendas  comunicaciones  dirigidas  al Banco Santander, revocando totalmente la instrucción contenida en  la  carta  presentada en la mañana, autorizándolo para transferir las acciones  a la actora y declarándose a paz y salvo por todo concepto.   

         Así  las cosas, la demandada optó por  suscribir  y  remitir  a  la  sociedad demandante una comunicación donde afirma  que   ésta  incumplió  con  sus  obligaciones, reiterando los motivos que  tenía  para  aseverarlo  y  reclamando la resolución del contrato y el pago de  las   arras   confirmatorias   de   carácter   penitencial,   por  la  suma  de  $195’000.000.oo,  por lo  que  Petronor  procedió  a  correr  la  escritura Pública 1371, el mismo 28 de  febrero  de  1991,  en  la  Notaría  6ª  de  Bogotá,  protocolizando diversos  documentos  que  prueban  su  voluntad  de  dar  cumplimiento  a  las reseñadas  obligaciones.   

         2.  Como  consecuencia de los resumidos  hechos,  pidió  la  demandante  ante  el  juez  a quo  que  se  declarase  que  carecen  de  fundamento  las  instrucciones  dadas por Inergesa al Banco Santander, en comunicación entregada  el  28  de  febrero de 1991, en el sentido de que no transfiriera a Petronor las  susodichas   50.000   acciones,   ello  porque  la  actora  no  desatendió  las  obligaciones    derivadas   del   citado   contrato   de   promesa   de   venta.  Subsecuentemente,  que  se  condenara  a  la  demandada  a  pagarle  la  suma de  $141’818.181.81,  correspondiente  al  porcentaje  sobre  las  arras  pactadas  para  el  caso  de  incumplimiento,  que  comprenden  los  perjuicios  causados  a  la demandante al  haberle impedido ser la propietaria de las aludidas acciones.   

                    Demandó, a  su  vez,  que se declare que estuvo presta a cumplir con su obligación de pagar  el     saldo     final    del    precio    por    valor    de    $92’598.186.29  y  que la demandada está  en  la  obligación  de recibir dicha cantidad, sin aumentos de ninguna índole.  Finalmente,  que  se declarase que por carecer de fundamento legal y contractual  la  orden  impartida  al  Banco  Santander  por Inergesa, la sociedad demandante  tiene  derecho  a  exigir  que  se  le  haga  la  transferencia  de  las  50.000  acciones.   

                        3.  La  demandada  se  opuso a tales pedimentos y propuso las excepciones de mérito que  denominó:  “Carencia de acción”, “Excepción de contrato no cumplido”,  “La  obligación  a cargo de Petronor, de pagar con utilidades líquidas y con  el  producto  de  dividendos  el  precio  de  la compraventa prometida… es una  obligación  de  especie  que  no  puede  ser  cumplida  en  forma distinta a la  acordada”,   “…Inergesa  no  se  encontraba  obligada  ni  contractual  ni  legalmente  a recibir de Petróleos del Norte cosa distinta a la contenida en el  objeto  de  la  obligación  a  su  cargo”,  “Procedencia y legalidad de las  instrucciones     dadas     por     ‘Inergesa  al  Banco  Santander  como fiduciario” y “Carencia de  fundamento  legal  de  la demanda”, cuya mera enunciación deja al descubierto  su contenido.   

                          4.  Formuló,  también,  demanda  de  reconvención,  en  la  que  solicitó que se  declarase  que  Petronor desatendió la obligación de pagar las 50.000 acciones  en  la  forma  y  tiempos  pactados, pues parte del precio debía pagarse con el  producto  de  los  dividendos de 1990 y porque, tratándose de readquisición de  acciones,  sólo  podía  pagar  dicho  precio  con  fondos  provenientes de sus  utilidades  líquidas.  Pidió  que se declarase que Petronor no había pagado a  Inverbank   Ltda, a las 10:00 A.M. del 28 de febrero de 1991, por cuenta de  la  reclamante  y con el producto de los dividendos decretados a su favor por el  ejercicio      de      1990,      el      préstamo      de     $125’000.000.oo,   dinero   que,   por  tratarse  de  readquisición  de acciones, la demandada solamente podría cubrir  con    fondos    provenientes    de    sus   utilidades   liquidas   debidamente  aprobadas.   

                   Reclamó,  así  mismo,  que  se  declarase  que  Petronor  se encuentra en mora de pagar a  Inergesa  el  valor  de  las  50.000  acciones,  desde el 28 de febrero de 1991,  habiendo  cumplido  esta  última, en la forma y tiempo debidos, la totalidad de  las  prestaciones  a  su  cargo  y  que, en consecuencia, se declare resuelto el  aludido  contrato  de promesa y que Inergesa tenía derecho a retener la suma de  $195’000.000.oo,  recibida  a título de arras; que se condene a su contraparte a indemnizarla por  los  perjuicios  causados  y que se declare extinguida la obligación a cargo de  Inergesa,    de   hacer   a   su   demandada   el   traspaso   de   las   50.000  acciones.   

                    5. Tales  pedimentos  fueron,  en  síntesis,  fincados  en hechos de similar linaje a los  esbozados  en la demanda principal, pero enfatizando la demandante que Inergesa,  dado  que  la  Asamblea  de  Petronor  no se reunió, ni decretó el pago de los  dividendos  pactados,  ejercitó  el  derecho  previsto  en  el parágrafo de la  cláusula  quinta del contrato, e instruyó al Fiduciario para que se abstuviere  de  efectuar  el  traspaso  de  las  acciones,  puesto que Petronor no estaba en  condiciones  de  readquirir  las  acciones  ofrecidas  en  venta,  dado  que  no  disponía  de las utilidades líquidas que le permitirían pagar el precio total  de  la  venta,  acorde  con la cláusula quinta del contrato de compraventa y el  artículo 396 del Código de Comercio.   

         Añadió  que si bien, “en forma muy  habilidosa”  el  representante  legal de Petronor se presentó en las horas de  la  tarde del 28 de febrero de 1991, ante el Notario Sexto de Bogotá para dejar  constancia  de su voluntad de dar cumplimiento a las obligaciones adquiridas, se  le  olvidó  que solamente podía pagar el precio de las disputadas acciones con  fondos  provenientes  de  las  utilidades  líquidas  de la sociedad, omitiendo,  deliberadamente,  informar  al  Notario  que  no  disponía de tales utilidades.  Destacó  que  entre  los  documentos  que  se  protocolizaron,  se encuentra la  convocatoria  a  la  Asamblea  General de Accionistas a celebrarse el 8 de marzo  siguiente,  documento  que  demuestra  su imposibilidad de pagar el valor de las  acciones,  porque  las utilidades líquidas tan solo las vendría a recibir ocho  días después de la fecha en que ha debido honrar su compromiso.   

                        Tan  evidente  fue  el  incumplimiento de Petronor que Inverbank Ltda, a solicitud de  Inergesa,  el  día  8  de  marzo de 1991 certificó que el préstamo a cargo de  esta  última  y a favor de Inverbank Ltda, solamente fue cancelado por Petronor  el  1  de marzo de 1991, o sea al día siguiente de lo pactado, cuando ya había  expirado  el  término  que tenía para ello, y no con dividendos, sino con cosa  distinta  a  la  pactada  en  el  parágrafo  de la cláusula  quinta de la  promesa,  esto  es,  con  dinero  efectivo,  no  obstante  que se trataba de una  obligación en especie y no de género.   

                     6. A la  primera  instancia puso fin el Juzgado Cuarto Civil del Circuito de esta ciudad,  mediante  sentencia  en la cual fueron concedidas las pretensiones de la demanda  principal,  y denegadas, tanto las excepciones propuestas por la demandada, como  los  pedimentos  contenidos  en  la  demanda de reconvención, decisión que fue  confirmada por el fallo recurrido ahora en casación.   

LAS RAZONES DEL TRIBUNAL  

                                                         

                                           Puntualizó  el  fallador,  con miras a examinar el  “marco  legal”  de  los  pedimentos  del  actor, que por regla general, las sociedades  anónimas  no pueden readquirir sus propias acciones, a menos que se cumplan los  requisitos  del  artículo  396  del  Código  de  Comercio,  es  decir,  que la  decisión  hubiese  sido  adoptada por la Asamblea; que el valor de las acciones  sea  pagado  con fondos tomados de las utilidades líquidas; y, por último, que  las acciones se encuentren liberadas.   

                    

            Refiriéndose     al    “marco  contractual”,  señaló  que  lo  era  “el  contrato  de compraventa” cuya  definición  trasuntó  del  artículo  1949 del Código Civil. Añadió que por  mandato   del  artículo  1611  ejusdem,  en  tratándose de la promesa de venta, su eficacia se encuentra  supeditada  al  cumplimiento de los requisitos allí enumerados y que la aducida  por  la  actora  fue  aportada  con  la  escritura  pública  en  la  que  fuera  protocolizada,  que da cuenta de su celebración, en los términos señalados en  la demanda.   

                  Acotó que  para  efectos  del  traspaso  de  las  acciones, los interesados estipularon que  serían   endosadas   en  garantía  a  una  entidad  fiduciaria,  la  cual  las  conservaría  hasta  el 28 de febrero de 1991, fecha en la que se endosarían en  propiedad  a  la  compradora,  siempre  y  cuando  los  vendedores  no  hubieren  impartido  instrucción  en  sentido  contrario, fundada en el incumplimiento de  sus  obligaciones  por parte de aquella; que tal fideicomiso fue constituido por  documento  protocolizado  junto  a la reseñada promesa y en su cláusula octava  se  advierte  que  “los  dividendos  que reciba la FIDUCIARIA en desarrollo de  este  fideicomiso,  pertenecerán  hasta  el  28  de febrero de 1991 y hasta por  $2.500,00   por   acción   a   los   FIDEICOMITENTES   quienes  han  autorizado  irrevocablemente  a  PETRONOR,  destinarlos  al pago del crédito que los mismos  han contraído con INVERBANK”.   

                         En  seguida,  el  Tribunal  abordó  el  examen  de  los  requisitos exigidos por el  artículo  396 del Código de Comercio, para precisar que el 3 de julio de 1990,  encontrándose   representadas  todas  las  acciones,  la  Asamblea  General  de  Accionistas  de  Petronor  resolvió,  en  sesión  extraordinaria y con el voto  afirmativo  de  la  totalidad  de  los  accionistas, cambiar la destinación del  remanente   de   la   cuenta   de   “otras   reservas”,   que   ascendía  a  $404’969,677,   para  llevarla  a  una  nueva reserva destinada a la adquisición de acciones propias,  quedando  acreditado el cumplimiento del primer requisito legal. Añadió que en  esa  oportunidad  se  autorizó  al  Gerente para convenir el precio, el plazo y  demás  condiciones  de la adquisición de las acciones que, entre otros socios,  tuviese  la  demandada  en  la  sociedad  actora,  decisión  que  agota el otro  requisito de ley, según lo anotó.   

                         En  relación  con  las  obligaciones emanadas del contrato, agregó que habiéndose  obligado  la compradora a pagar, por acción, $1.000,oo a la firma del contrato;  $900,oo  el  29  de julio de 1990; $1.600,oo el 28 de febrero de 1991; $2.000,oo  pagados  a terceros; y, finalmente, $2.500,oo a título de dividendos pendientes  de  las acciones vendidas, solamente la demandada reparó lo relativo al pago de  los  dividendos  pendientes,  porque, en su sentir, no fue convocada la Asamblea  que  debía  decretarlos  para  cancelar  con  ellos  la  obligación que había  contraído con inverbank.   

                   Reprodujo  el  fallador  apartes  de la carta enviada el 28 de febrero de 1991 por Inergesa  al  Banco  Santander, corroborada por cartas que aquella remitió a la actora en  esa  misma  fecha  y  el  18 de marzo de 1991, para colegir que la única razón  aducida  por  la demandada para abstenerse de hacer el traspaso de las acciones,  fue  la  de  no  haberse  convocado  a  la  Asamblea de Accionistas a efectos de  decretar  los  dividendos  pendientes.  Empero,  acotó,  revisada  la cláusula  quinta  del contrato de promesa, “al rompe” se observa que si bien es verdad  que  las  partes convinieron que se debían pagar los dividendos pendientes que,  según  la  demanda  hacían  parte  del precio, también lo es que para ello no  fijaron  los  estipulantes  ninguna fecha específica, como sí sucedió con las  otras  cuotas, sino aquella en que la Asamblea decretara su pago, la que, “por  razones  obvias no podía celebrarse antes del 28 de febrero de 1991 … pues si  tales  dividendos  le  pertenecían  hasta  esta  fecha,  lógico resulta que no  podían  decretarse,  a  riesgo  de  ser incompletos, antes de la llegada de tal  día”.  Insistió  el Tribunal en que resultaba ilógico que si los dividendos  debían  ser  decretados hasta el 28 de febrero de 1991, la Asamblea que así lo  dispusiera  debía  sesionar  con anterioridad, pues ello llevaría al equívoco  de   disponer   utilidades   que,   por   futuras,  habrían  sido  inciertas  e  hipotéticas.   

                    Aseveró  el  Tribunal  que  las  excepciones  esgrimidas  por el demandado no podían ser  acogidas,   pues   se   efectuó   la   reserva  de  ley,  por  $404’969.677,oo,   para  adquirir  esas  acciones,  siendo  intrascendente  que  fuese insuficiente esa cantidad, para el  señalado  propósito,  puesto  que  los dividendos no se pagarían con la dicha  reserva,  sino  con  el producto de los dividendos que la Asamblea decretara, lo  que   no   podía   acontecer  antes  del  28  de  febrero  de  1991,  dado  que  correspondían   a   los  causados  hasta  esa  fecha.  Anotó  que  en  nuestro  ordenamiento  era  factible  convenir  que  la  totalidad del precio o una parte  restante  de  él,  se cancele luego de producida la entrega de la cosa vendida,  como  sucedió  en  el  asunto  sub lite en  donde,  no obstante haberse previsto en la cláusula sexta del  contrato,  “que  el  endoso  en  propiedad de las acciones se debía cumplir a  favor  de  Petronor  el 28 de febrero 1991, en la estipulación quinta se pactó  que  el  pago  de  los  dividendos que se dice constituían parte del precio, se  cumpliría      en      las      ‘fechas’  (nótese  el  plural) que lo determinara la Asamblea General de Accionistas que,  se repite, no podía ser antes del mencionado día”.   

                                           Consideró,  así  mismo,  que  “pensar  que  por  tener que ser  pagada  dicha  obligación  con  el  producto  de las utilidades líquidas, ella  tenía  el  carácter  de  especie,  es confundir la afectación contable con la  prestación  misma”,  afectación contable que, en todo caso, no se probó que  se  hubiese  hecho  a  cuenta diferente a la de “reservas para adquisición de  acciones”   que   la   Asamblea   General   de   Accionistas   en  su  momento  dispuso.   

                     En  lo  concerniente  al  argumento  traído  a  esa  instancia,  relativo a la falta de  integración  del  litisconsorcio  necesario,  por  no  haber  sido vinculada al  proceso  la  entidad  fiduciaria,  puntualizó que este proceso tiene por objeto  resolver  la  controversia  surgida  en  relación con el contrato de promesa de  compraventa,  del  que  no  fue  parte  el  Banco  Santander, y no el de fiducia  mercantil  donde  sí intervino. Precisó sobre estos contratos, que no obstante  su   “estrecha   relación”,  cada  uno  comporta  autonomía  y  relaciones  jurídicas  propias;  que  a  la  entidad fiduciaria le es ajena la controversia  aquí  planteada,  relacionada con el cumplimiento de la promesa de compraventa,  pues  a  ella  sólo  le  correspondía  esperar  el cumplimiento del plazo para  efectuar el traspaso de las acciones que se le encomendaron.   

                  Acometió,  al  momento,  el  fallador,  el  examen  de  la  demanda  de reconvención, para  aseverar  que habiéndose establecido el cumplimiento contractual de la actora y  que,  por  tanto,  debe  hacérsele  el traspaso de las acciones adquiridas, era  lógico  inferir  que  la  resolución  por  incumplimiento  pedida por Inergesa  debía  ser  denegada,  amén  que  no  se advierte la existencia de un interés  serio  para  demandar dicha resolución, pues la contrademandante no ha recibido  lesión  o  menoscabo  patrimonial  alguno.  Recalcó que todas las prestaciones  económicas  pactadas  en  favor  de  Inergesa fueron satisfechas, incluyendo la  relativa  al  pago  de los dividendos, suma que recibió en calidad de mutuo por  parte  de  Inverbank,  el  cual,  “en  manera  alguna, ha ejercido cobro en su  contra  por  tal  concepto,  en consideración a la garantía y asunción de tal  obligación  por  parte de la sociedad demandante”, y resaltó que la Asamblea  General  de  Petronor  ordenó  la reserva de ley y la adquisición de acciones,  determinaciones   en  las  que  participó  Inergesa,  sin  presentar  objeción  alguna.   

                       Para  finalizar,   destacó   “la   actitud   asumida  por  los  otros  contratantes  vendedores,  quienes  finalmente  finiquitaron  el convenio sin objeción alguna  …  todo  lo  cual,  desde  luego,  se  erige  en  indicio  de inexistencia del  incumplimiento por la demandada alegado”.     

LA  DEMANDA DE CASACION  

                                           Despachará  únicamente  la  Corte,  y  al  abrigo  de las mismas  consideraciones,  los  cargos  segundo  y  tercero,  orientados como están, por  igual,  a  establecer  que  el  Tribunal  incurrió  en  errores  manifiestos de  apreciación  probatoria que lo llevaron a concluir, sin haber lugar a ello, que  quien  incumplió  la  promesa  de  contrato  celebrada  entre  las  partes, fue  Petronor  y  no  Inergesa, por lo que debió desestimarse la demanda principal y  acogerse la de reconvención.    

         Por el contrario, la Sala se abstendrá  de  decidir  la primera de las acusaciones, planteada de manera incompatible con  relación  a las otras dos, pues al paso que en estas últimas se procura que la  Corte  case  la  sentencia  del  Tribunal  y  en  sede de instancia profiera una  decisión,  de  fondo, favorable a los intereses de Inergesa, en el primer cargo  se  persigue  que tal fallo sustitutivo corresponda a una decisión inhibitoria.   

         Ciertamente,  al  sustentar  su primer  cargo,  el  impugnante  alegó  que por causa de la indebida interpretación del  contrato  de fiducia, el juzgador ad quem  incurrió  en  el error de no considerar al Banco Santander como  sujeto   de   las   relaciones   jurídicas   contractuales   en   controversia,  concernientes  a  las instrucciones dadas por el fideicomitente al Banco; que al  desconocer  que  éste  debía comparecer a este proceso, el fallador quebrantó  el  artículo 83 del C. de P. C., y, con apoyo en doctrina de un autor nacional,  referente  a  las  consecuencias  de la indebida integración del litisconsorcio  necesario,  aseveró  que,  en tal caso, “no queda otra alternativa que dictar  sentencia  inhibitoria”,  lo  que  debió  acontecer  en  este proceso, habida  cuenta  que  no  fue  citado  el  Banco  Santander, a pesar de que el demandante  impugnó  las  instrucciones  proferidas por Inergesa al propietario fiduciario.   

                      Entonces, tal y como lo ha hecho  en    otras    oportunidades     (sents.  Nº 122 del 26 de agosto de 1993; Nº 128 de 6 de octubre  de  1995,  exp. 4679; de 10 de septiembre de 1998, exp. No. 5023 y No. 156 de 11  de  oct.  de  2004,  exp. 7706), la Corte, atendiendo  los  fines  consubstanciales  al recurso y dado que la parte demandada solamente  asumió,  abierta  y  francamente,  una  posición  crítica  con relación a la  debida  integración  del  contradictorio  en  el  alegato de segunda instancia,  optará  por  examinar, como así lo ha advertido, los cargos segundo y tercero,  por  medio  de los cuales patrocina la censura una decisión de fondo que le sea  favorable.   

                                                       

CARGO SEGUNDO  

                    Acúsase  en  él  la  sentencia  impugnada,  de  infringir, por aplicación indebida, los  artículos  151,  187  (nums.  2, 3 y 5), 396, 379, 417 (parág.), 420 (num. 1 y  2),  422,  445,  446,  450,  451, 455, 822, 861, 866, 867, 870 a 872, 884, 905 y  947,  948,  1226  y 1234 del Código de Comercio y 1535, 1546, 1551, 1602, 1603,  1608  (num.  1),  1609,  1610, 1618 (reglas 1ª y 3ª), 1611, 1613 a 1615, 1617,  1622,  1627, 1648, 1849, 1859, 1861, 1928 a 1930 del Código Civil; y artículos  72  y  97 de la Ley 45 de 1990 y 68 de la Ley 222 de 1995, infracción originada  en  los  errores  de hecho evidentes en que incurrió el Tribunal al interpretar  los  contratos de promesa para la readquisición de acciones y de Fiducia, junto  con  las  instrucciones  dadas  por  Inergesa al Banco Santander. Individualizó  esos yerros así:   

                         1)                    El  Tribunal dio por demostrado, sin estarlo, que a las 10:00 a.m.  del   28   de  febrero  de  1991,  fecha  acordada  entre  las  partes  para  el  perfeccionamiento  del contrato de promesa de compraventa, Petronor no estaba en  mora  de  cumplir  con el pago de los dividendos acordados como parte del precio  de  las  50.000  acciones,  porque,  según  la censura, a dicha hora y día, la  Asamblea  General de accionistas no había decretado su pago (fl. 37). En efecto  –añadió- como en esa  fecha  aún no se había reunido la Asamblea General de Accionistas de Petronor,  es  evidente  que  ésta no había decidido sobre si decretaba y pagaba, o no lo  hacía,  los dividendos acordados en la promesa de compraventa, ni lo relativo a  la  fecha  en que ese pago se decretaría, ni el monto de los mismos, razón por  la  cual  no  pudo  estar  presta a cumplir con las obligaciones a su cargo (fl.  38).   

                  Acomete, a  continuación,  el  recurrente,  de manera enmarañada y repetitiva, la labor de  demostrar  sus  imputaciones,  afirmando  que el “manifiesto y trascendente”  error   (fl.  41),  se  generó  por  la  aplicación  indebida  de  las  normas  denunciadas  al  presentar  su  cargo (cuyo texto reprodujo), dada la equivocada  interpretación  de  las obligaciones en cabeza de Petronor, derivadas del deber  que  asumió de reunir a su asamblea general de accionistas con miras a decretar  los  dividendos  necesarios  para readquirir las acciones propias, acorde con el  artículo  396  del  Código de Comercio, en concordancia con los artículos 420  (nums.  1  y  2),  151, 187 (nums. 2, 3 y 5), 417 (parág.), 422, 445, 446, 450,  451  y  870  del  Código  de  Comercio, en concordancia con el 1608 del Código  Civil,  y  los artículos 822, 861, 866, 870, 884 y 905 del Código de Comercio.  Agregó   que   el   Tribunal,  con  fundamento  en  los  resaltados  yerros  de  apreciación,  declaró  que  las  instrucciones  dadas  por  Inergesa  al Banco  Santander  carecían  de fundamento, imponiéndole por esta causa a la demandada  la  condena de pagar la cláusula penal acordada, con lo que violó el artículo  870  del  Código  de Comercio en concordancia con los artículos 822, 861, 866,  867,  870 a 872, 884, 905, 947, 948, 1226 y 1234 del Código de Comercio y 1535,  1546,  1551,  1602,1603,  1608  (num.  1),  1609, 1610 (reglas 1ª y 3ª), 1611,  1613,  1614 a, 1618, 1622, 1627, 1648, 1849, 1859, 1861, 1928 a 1930 del Código  Civil,  72  y  97  de  ley  45  de  1990  y  68  de  la  ley  222  de  1995 (fl.  42).   

                                           2)                     En  capítulo separado aborda el recurrente el  “planteamiento  del  segundo error de hecho”, no sin antes reseñar en forma  extensa,  varios  apartes  de  la  decisión  impugnada, para puntualizar que el  Tribunal  incurrió  en  manifiesto y trascendente error de hecho al interpretar  el  contenido  de  los contratos de promesa y de Fiducia, al dar por demostrado,  sin  estarlo, que a las 10:00 a.m. del 28 de febrero de 1991, Petronor no estaba  en  mora  de  cumplir  con  el  pago  de los dividendos acordados como parte del  precio  de  las  acciones,  porque  a  dicha hora y día, su asamblea general de  accionistas  no había decretado su pago. Tuvo en consideración el sentenciador  que  los  contratantes  no  convinieron  un  plazo  definido para el pago de los  dividendos;  que  de  decretarse  el  pago  con anterioridad al 28 de febrero de  1991,  las  utilidades  de  las  que  dispondría  la  asamblea serían futuras,  inciertas  e  hipotéticas,  y  que por esta razón, los dividendos acordados no  podían  decretarse,  a  riesgo  de  ser  incompletos antes de la llegada de tal  día;  que  el  pago de los susodichos dividendos debía cumplirse en las fechas  determinadas  por Petronor y con posterioridad al 28 de febrero de 1991 (fls. 45  y 46).   

                   Con miras  a  demostrar  el supuesto yerro “relacionado con la ausencia de plazo definido  y  cierto  para  el  pago  de los dividendos”, asevera el inconforme que de la  lectura  de  la  sentencia del juez a quo,  ratificada por su superior, queda “demostrado” que el plazo  para  pagar los dividendos acordados era el día en que debió perfeccionarse el  contrato  de compraventa y en que deberían transferirse las acciones. Dado que,  de   acuerdo   con  las  cláusulas,  sexta  de  la  promesa  de  compraventa  y  “cuarta”  del  contrato  de  fiducia (las que transcribió el casacionista),  ese  hecho debía suceder el 28 de febrero de 1991, es evidente que sí existía  un  plazo  definido  y  “cierto” para pagar los dividendos allí acordados y  ese plazo era ese día en el que debían transferirse las acciones.   

                       Para  demostrar   el  error  “relacionado  con  la  imposibilidad  de  decretar  los  dividendos  con  anterioridad al 28 de febrero de 1991”, señala que basta con  leer  la  parte de la sentencia en la cual se presentan los hechos de la demanda  principal,  para  establecer que las utilidades líquidas de las que dispondría  la  Asamblea  General de Accionistas de Petronor, en orden a decretar el pago de  los  dividendos  no  eran  futuras  e  inciertas,  sino  ciertas y concretas. En  efecto,  agregó, se trata de la liquidación de las utilidades correspondientes  al  ejercicio  social  terminado  a  31  de  diciembre  de  1990, las cuales con  relación  al  28  de  febrero  de  1991,  eran  utilidades pasadas y concretas.   

         Añadió  que las partes contratantes,  previendo  la  posibilidad  de  que  el precio a pagar por las acciones no fuera  cubierto  en su totalidad por dividendos decretados por la Asamblea, convinieron  (cláusula  quinta de la promesa), que, en tal caso, la compradora se obligaba a  pagar  en  dinero efectivo la diferencia, de manera que no existía el riesgo de  que el saldo final del precio fuera incompleto (fl. 49).   

                     En  lo  relativo  al  “error  relacionado  con la condición potestativa en cabeza del  deudor,  conferida  por  el  Tribunal  a  Petronor”, precisa el censor que del  examen  de  la  cláusula  quinta del mismo contrato se infiere, “al rompe”,  que  el  fallador  la  tergiversó  para dar por demostrado, sin estarlo, que el  pago  de  los  dividendos  se cumpliría cuando la demandante a bien lo tuviera,  para  luego  concluir  que esa prestación se cumpliría con posterioridad al 28  de  febrero  de  1991,  simple  y llanamente porque así lo determinó Petronor.  Enfatizó  el inconforme en que de la comparación del texto de la sentencia que  transcribe,  con la mencionada cláusula, se evidencia que el Tribunal modificó  la  expresión  “en  las  fechas en que DECRETE su pago…” contenidas en el  contrato,  por  la  expresión  “en  las fechas EN QUE LO DETERMINARA…” la  Asamblea  General  de  Accionistas  de Petronor (fl. 50), con lo que vulneró el  artículo  1535  del  Código Civil, pues estableció una condición potestativa  en  cabeza de la sociedad deudora, prestación que sería nula de pleno derecho,  por estar prohibida por la ley.   

                         

                   Insistió  en  que según la expresión utilizada en el contrato de promesa, el pago de los  dividendos  sería  verificado  en  las  mismas fechas en las cuales la asamblea  general  de  accionistas  decretara  los dividendos acordados, la cual se debía  llevar  a  cabo  antes  del  28  de febrero de 1991, de acuerdo con la cláusula  octava  del contrato de fideicomiso: “es decir, que en la cláusula quinta del  contrato  de promesa de compraventa solamente se estableció el momento mismo en  que  se percibiría el pago de los dividendos en relación con el momento en que  la  Asamblea General de accionistas decretare dicho pago, pero de ninguna forma,  se  refería al plazo en que debía realizarse el pago”, el cual, según se ha  dicho, debía hacerse antes del 28 de febrero de 1991.   

                                           Refiriéndose  al  que  denominara  “error  relacionado  con  la  imposibilidad  legal que tenía Petronor para decretar el pago de los dividendos  con  posterioridad  al 28 de febrero de 1991”, destaca el censor que basta con  la  lectura del aparte titulado “Del Marco Legal” de la sentencia impugnada,  “para  demostrar  que el Tribunal define el contrato de promesa de compraventa  como  un  contrato  para  la  readquisición de acciones propias por parte de la  sociedad    demandante,   enmarcándolo  en  el  artículo  396  del  Código  de  Comercio”.  Dado que  percibir  el  pago de dividendos es un derecho que queda suspendido a partir del  momento  de la readquisición de las acciones, añadió, es erróneo afirmar que  los  dividendos  acordados  sólo  podían ser decretados con posterioridad a la  fecha  de  traspaso de las acciones readquiridas por Petronor, esto es, después  del  28  de febrero de 1991, a sabiendas que Petronor estaba imposibilitada para  hacer  dicho  pago,  por  tratarse  de  acciones  readquiridas  por una sociedad  anónima  vigilada  por  la  Superintendencia de Sociedades. En consecuencia, es  evidente  que  de  conformidad con el artículo 396 del Código de Comercio, los  antedichos  dividendos acordados como parte del precio no podían decretarse por  parte  de  la Asamblea General de Accionistas con posterioridad al 28 de febrero  de  1991,  puesto  que  por  tratarse  de  acciones  readquiridas,  los derechos  eventuales  a  poder  percibir  dividendos quedaban automáticamente suspendidos  por                                expreso                               mandato  legal.                

                       Para  demostrar  “la  violación de la ley del segundo error de hecho”, afirma que  el  error  manifiesto  del  juzgador se originó por la aplicación indebida del  artículo  396  del  Código  de Comercio, en concordancia con las demás normas  citadas;  que  el  Tribunal  debió considerar, y no lo hizo, que la Asamblea de  Petronor  debió  decretar el dividendo sobre las utilidades liquidadas hasta el  31  de diciembre de 1990, pues por tratarse de la readquisición de acciones, no  había  lugar a liquidar dividendos con posterioridad al 28 de febrero de 1991 y  que  se  equivocó  al  interpretar la cláusula quinta de la promesa al inferir  que  Petronor  podía determinar, a su arbitrio, el plazo para pagar dividendos,  sin  advertir  que  esa  estipulación está prohibida por el artículo 1535 del  Código Civil.   

                       Para  finalizar  el cargo, reitera lo que en él repitió sistemáticamente, es decir,  que  está  demostrado que el Tribunal, al establecer que la actora no estaba en  mora  de cumplir con el pago de los dividendos pactados como parte del precio de  las  acciones, violó las normas denunciadas, toda vez que para el 28 de febrero  de  1991,  la  asamblea  de  accionistas  de  Petronor  no  había  decretado su  pago.   

CARGO TERCERO  

                        Con  fundamento  en la causal primera de casación se duele el recurrente de la falta  de  aplicación de los artículos 151, 187 (nums 2, 3 y 5), 379, 396, parágrafo  del  artículo  417,  420 (nums. 1 y 2), 422, 445, 446, 450, 451, 455, 822, 861,  866,  867,  870,  871,  872,  884,  905,  947, y 948 del C. de Comercio y de los  artículos  1535,  1551,  1602,  1603, 1608 (num. 1º), 1609, 1610, 1611, 1613 a  1618,  1622,  1627,  1648,  1849,  1859, 1861, 1928, 1929 y 1930 del C. C. y del  artículo  68  de  la  Ley  222 de 1995, todos los cuales, en su parecer, fueron  violados  como  consecuencia  del  error  de  hecho  cometido por el Tribunal al  interpretar  erradamente,  la  demanda  de  reconvención,  su contestación, el  contrato  de  promesa  para  la  readquisición de acciones y la carta del 28 de  febrero de 1991, dirigida por Inergesa a Petronor.   

                    Luego de  transcribir  algunos  apartes  de  la  sentencia  recurrida  concernientes  a la  motivación  atinente  al  despacho  adverso  de  la demanda de mutua petición,  sostiene  el  recurrente que de la lectura de las peticiones en ella contenidas,  se  deduce  cuáles  son  las obligaciones derivadas del contrato de promesa que  Inergesa  considera  incumplidas  por  Petronor; que de igual modo, de la simple  lectura  de  la  carta  del  28  de febrero de 1991 dirigida por la primera a la  segunda,  declarando  el  incumplimiento  de  las  obligaciones contenidas en la  cláusula  quinta  del  contrato  de  promesa,  se  infiere  que  a esa fecha la  demandada  en  reconvención  no  había  decretado,  ni  pagado, ni estuvo  presta a hacerlo, los dividendos acordados en la aludida cláusula.   

                  Transcribe  el  censor la referida nota para decir que de su texto se concluye: a) que el 28  de  febrero  de  1991  Petronor  no había pagado los dividendos acordados en la  cláusula  quinta  de  la  promesa  y,  b)  que para esa fecha tampoco se había  reunido  la  asamblea  general  de  accionistas  para  decretar  el  pago de los  dividendos  allí estipulados, siendo evidente que la demandada en reconvención  no  estaba  presta  a  cumplir  las obligaciones contraidas, desde luego que sin  reunión  de  accionistas  no  era  posible  saber  si  se iban a pagar o no los  dividendos acordados y la fecha de su pago.   

                  Agregó el  censor  que  no  es  cierto que todas las prestaciones a favor de “Inergesa”  hubiesen  sido  oportunamente  satisfechas,  porque “no está demostrado en la  sentencia  del  Tribunal”  que  a  las  10:00  A. M. del 28 de febrero de 1991  Petronor  hubiera  decretado  y pagado los dividendos, ni que hubiese saldado el  crédito  con Inverbank, ni había informado al fiduciario Banco Santander, ni a  Inergesa,  del  pago  de ese préstamo, ni que aquellos, el Banco Santander y la  demandante  en  reconvención,  hubiesen dado por recibidos los $125’000.000.oo  correspondientes  a  la  parte  del precio acordado; tampoco está demostrado que la promitente vendedora  hubiese  aceptado  el  pago efectuado a Inverbank por “Petronor como parte del  precio,  amén  que la vendedora no la ha declarado a paz y salvo por tal hecho,  ni  se  demostró  que  la  promitente compradora hubiese pagado a Inverbank con  fondos  de  la  reserva legal para la readquisición de acciones, además que no  está  demostrado  que  éste  no  hubiese  ejercido  acción  de  cobro  contra  “Inergesa”.   

                   Añade el  recurrente  que  “no  está  demostrado  en  la sentencia” recurrida que los  dividendos,  el  dinero  efectivo,  las  utilidades,  las  reservas legales, los  impuestos,  los  préstamos  y  los  intereses,  no  son especies diferentes del  género  dinero,  porque  sí  lo  son, ni que sean solamente partidas contables  intercambiables  unas  con  otras  como lo sostiene el Tribunal, ni que Inergesa  carezca  de un interés serio para demandar la resolución de la promesa, ni que  Petronor,  cuyo  incumplimiento  se  acusa,  sí  tenga  un  interés serio para  oponerse a esa demanda de reconvención.   

                    

                     Tampoco  está  demostrado  en  la sentencia proferida por el Tribunal, que la promitente  vendedora  no  hubiese recibido lesión en sus derechos, pues, por el contrario,  debía  observarse  que  el  Tribunal  eximió,  motu  proprio,  a  Petronor  de pagar los $125’000.000.oo    previstos   en   la  cláusula  quinta  del contrato, el valor de los impuestos a su cargo y el monto  de la cláusula penal.   

                    Luego de  extensas  transcripciones,  asevera el impugnante que la trascendencia del error  radica  en  que  el  fallador  consideró que la promitente compradora no había  incumplido  con sus obligaciones, al dar por demostrado que a las 10:00 A.M. del  28  de  febrero  de 1991 Petronor no estaba en mora cuando sí lo estaba; que al  denegar  la  declaración  de  resolución de la promesa, fueron vulnerados, por  falta  de  aplicación,  los  preceptos  señalados en el cargo; que el fallador  interpretó  erróneamente  la  demanda de reconvención, pues no consideró que  su  “petitum”,  aunque  tenía alguna relación con los hechos de la demanda  principal,  no  estaba  fundamentado en las mismas razones, ni tenía los mismos  objetivos,  y  que,  por  ende,  lo  que se considera demostrado para la demanda  principal,  no  puede  considerarse demostrado para la de reconvención, por ser  ellas      independientes      al     controvertir     relaciones     jurídicas  diferentes.   

         En  ese  orden  de  ideas, explicó el  casacionista  que en la demanda principal se discuten las relaciones de Inergesa  y  Petronor  frente al fiduciario originadas en el contrato de fiducia, mientras  que  en  la  de  reconvención  se controvierten las relaciones jurídicas entre  Inergesa  y  Petronor,  las  propias  de  la  promesa de compraventa y que en la  demanda  principal  se solicita que se declaren sin fundamento las instrucciones  dadas  por  Inergesa  al  Banco  Santander, por no haber incumplido el actor sus  obligaciones,  mientras  que  en la demanda de reconvención se solicita, por el  contrario,  que se declare la resolución de la promesa por el incumplimiento de  Petronor,   de   las   obligaciones   a   su   cargo,   derivadas  de  la  misma  negociación.   

                       Como  consecuencia  de  haber  rechazado  la  demanda de reconvención con base en los  argumentos  relativos  a  la  demanda  principal, el Tribunal dejó de imponer a  Petronor  la  sanción pactada en caso de incumplimiento, con lo que infringió,  por  falta  de aplicación, las disposiciones citadas al presentar la acusación  que así queda resumida.   

                          

S E   C O N S I D E R A  

                         1.                    Es  palpable  en  los  cargos  anteriormente  reseñados,  que  el  recurrente  acusa  reiterada  y  ácidamente  al Tribunal, de haber apreciado de  manera  contraria a la evidencia, los contratos de promesa de compraventa de las  acciones  y  de  fideicomiso,  concretamente,  las  cláusulas quinta y sexta de  aquél,  y  cuarta  y octava de este, habida cuenta que el fallador coligió que  la  actora  no  incumplió  sus  obligaciones  al no haber decretado, ni pagado,  antes  de  las  10  de  la  mañana  del 28 de abril 1991, los dividendos de las  acciones  que  iba  a readquirir, cabalmente, porque “al rompe” se advertía  que  tal  prestación  no  fue  pactada,  en  esos  términos,  por  las partes,  inferencia  que  el  sentenciador  reafirmó  más  adelante cuando añadió que  tales  dividendos  no  podían  pagarse  con  anterioridad a la señalada fecha,  pues   le  correspondían  a  la demandada los causados hasta esa época, y  que  era  “contrario  a  toda  lógica afirmar que debiendo ser decretados los  dividendos  hasta  febrero  28  de  1991,  la Asamblea que los dispusiera debía  sesionar  con  anterioridad,  pues  ello  llevaría  al equívoco de disponer de  utilidades     que,     por     futuras,     hubieran     sido    inciertas    e  hipotéticas”.   

                   Puesta la  Corte  en el camino de establecer la veracidad de tal imputación de la censura,  ciertamente, la medular de la misma, advierte:   

                       1.1.  Acordaron  las  partes  en  la  cláusula  quinta  de la promesa de venta de las  acciones lo siguiente:   

                     “ Se  estipula  expresamente  entre  LOS CONTRATANTES que los dividendos pendientes de  las  acciones  vendidas,  hasta  por  la suma de DOS MIL QUINIENTOS PESOS MONEDA  CORRIENTE    ($2.500.oo)  por  acción,  pertenecerán  a  LOS  VENDEDORES,  quienes  podrán  percibirlos  en  las fechas en que  decrete  su  pago  la  Asamblea  General  de  Accionistas de PETROLEOS DEL NORTE  S.A.   “PETRONOR S. A.”; y que en el caso de  que  el valor de los dividendos que perciban LOS VENDEDORES sea inferior a dicha  suma,  LA  COMPRADORA  se  obliga  a  pagar  a  favor  de  aquellos en dinero en  efectivo,  la  diferencia  que  resulte  a  su  favor,  asumiendo  LA COMPRADORA  cualquier   impuesto   que   se   llegare   a  causar  por  este  concepto.  (se  subraya).   

                                           “PARAGRAFO:   Mientras  se  produce  el  anterior  pago  y  para  garantizarlo,  LA  COMPRADORA  gestionará y obtendrá a favor de LOS VENDEDORES  un  crédito  sin  intereses,  antes  del  veintinueve  (29)  de  julio  de  mil  novecientos  noventa  (1990),  por un valor al equivalente de DOS MIL QUINIENTOS  PESOS  MONEDA  CORRIENTE  ($2.500.oo)  por acción. El valor de este crédito se  cancelará   directamente  por  LOS  VENDEDORES  con  los  dividendos  que  sean  decretados  y  pagados  a su favor, para lo cual autorizan irrevocablemente a LA  COMPRADORA para efectuar el pago de dicho préstamo”.   

                   A su vez,  ajustaron  en  la  cláusula  sexta  de  tal  convenio que “el traspaso de las  acciones  objeto  del  presente Contrato de Promesa de Compraventa se efectuará  de  la  siguiente  manera:  En  esta  misma  fecha  LOS VENDEDORES endosarán en  garantía  los títulos de las acciones que se encuentran en su poder a favor de  LA  NACIONAL FIDUCIARIA S. A., quien los conservará en su poder como fiduciario  hasta  el  día  veintiocho  (28)  de  febrero  de mil novecientos noventa y uno  (1991),  a  las  diez  de  la  mañana  (10:00  a.  m.),  día y hora en que los  endosará  en  propiedad  a  favor  de  LA COMPRADORA  para perfeccionar el  presente  Contrato  de Promesa de Compraventa, siempre y cuando para dicha fecha  no  haya recibido instrucción en sentido contrario de LOS VENDEDORES acerca del  incumplimiento  de las obligaciones que por medio del presente Contrato asume LA  COMPRADORA”.   

         Por  su parte, la demandada y el Banco  Santander  acordaron  en  la cláusula cuarta del contrato de fideicomiso de las  acciones  que:  “LOS  FIDEICOMITENTES  transfieren  las  acciones  objeto  del  presente  contrato  para su administración, a favor de LA FIDUCIARIA, la que en  tal  virtud,  ejercerá  los derechos inherentes a la calidad de accionista, con  excepción  del  derecho  de disposición que se sujetará al cumplimiento de la  siguiente  instrucción:  LA FIDUCIARIA entregará las acciones fideicomitidas a  PETROLEOS  DEL  NORTE  S.A., el día 28 de febrero de  1991, a las 10.00 de  la  mañana,  debidamente  endosadas  en  propiedad  a favor de ésta, siempre y  cuando  para  dicha fecha no haya recibido instrucciones en sentido contrario de  LOS  FIDEICOMITENTES  acerca  del  incumplimiento  de  las  obligaciones  que ha  contraído  PETROLEOS DEL NORTE S. A. con los FIDEICOMITENTES, en desarrollo del  contrato  de  promesa  de  compraventa  de  las  acciones fideicomitidas que han  celebrado  entre ellas el día 3 de julio de 1990, el cual hace parte integrante  del presente contrato de Fiducia”   

                     Y en la  cláusula octava pactaron lo siguiente:   

                     “Los  dividendos  que  reciba  LA  FIDUCIARIA  en desarrollo de este fideicomiso,  pertenecerán  hasta  el  28  de febrero de 1991 y hasta $2.500.oo por acción a  LOS  FIDEICOMITENTES  quienes  han  autorizado  irrevocablemente a PETROLEOS DEL  NORTE  S.  A. destinarlos al pago del crédito que los mismos han contraído con  INVERBANK  S.  A. en cuantía de $171.875.000, en proporción a las acciones que  cada uno ha transferido”.   

       

         1.2. Basta realizar una simple labor de  parangón  entre los textos recién traídos a colación, para advertir, que, en  últimas,  para  llegar  a  la  interpretación  que  reclama  como palmaria, el  recurrente  acude  a  artificiosas  y  desenfocadas  cavilaciones,  las  cuales,  además  de  no  tener  cabida  en  casación, no precisan en qué consistió el  error  de  facto  por  el  que  se  duele  la  censura,  como  no sea una simple  imputación   al   Tribunal   porque   supuestamente   sustituyó   el  término  “decretar”,  por  el  de “determinar”, esto con referencia a lo previsto  en  la cláusula quinta del escrito de promesa de contrato, en punto tocante con  la  forma  como habría de procederse al pago de los “dividendos pendientes”  de  las  acciones  materia  del negocio preparatorio y para deducir que ese pago  solo sería exigible “cuando la demandante a bien lo tuviera”.   

         El  reseñado  reproche  resulta en un  todo  inadmisible como quiera que en la parte considerativa del fallo impugnado,  el  sentenciador  de  segunda  instancia  por  igual  hizo  mención  expresa  y  múltiple   de   la   acepción   “decretar”   (fls.  281,   283,  284,  285),  v. gr., cuando con  buen  sentido  destacó  que  era “contrario a la lógica afirmar que debiendo  ser   decretados   los  dividendos  hasta  febrero  28  de  1991,  la  Asamblea que lo dispusiera debía  sesionar  con  anterioridad,  pues  ello  llevaría  al equívoco de disponer de  utilidades  que,  por  futuras, hubieran sido inciertas e hipotéticas” (284),  esto  sin que esté demás precisar que si en algún momento el Tribunal acudió  al  término  “determinar”,  ello  no  lo  hizo con el propósito o desatino  sugerido   por   el  casacionista,  sino  a  manera  de  sinónimo  del  vocablo  “decretar”,  esto  es, sin pretender variar su alcance, cual ocurrió cuando  aseveró  que  en  la susodicha “estipulación quinta se pactó que el pago de  los  dividendos que se dice constituían parte del precio, se cumplirían en las  ‘fechas’    …   que   lo   determinara  la  Asamblea  General  de  Accionistas” (fl. 285).   

         1.3.  Con  todo,  dejando  de  lado lo  resaltado  en  estos  últimos  párrafos,  destaca  la  Corte que brilla por su  ausencia  el  error  de  hecho  en  la  apreciación  de la prueba, manifiesto y  trascendente  cual  lo exige la prosperidad de la causal de casación por la que  se  inclinó  el  impugnante  al  presentar las acusaciones que se despachan. En  efecto,  no  encuentra  la  Corte  que  el  juzgador  de  segundo  grado hubiese  contrariado  manifiestamente  la evidencia de las trasuntadas estipulaciones del  contrato  de promesa de compraventa de las acciones, a cuyo contenido se obligó  la  demandante principal, en cuanto infirió que al tenor de las mismas, aquella  no  se  encontraba  obligada  a  decretar  y pagar los dividendos acordados como  parte  del  precio  de  las acciones, con anterioridad al 28 de febrero de 1991,  como  así  lo  reclama la censura, pues, por el contrario, lo que en el aludido  documento  se  observa  es  que los promitentes compradores podrían percibirlos  (los  rendimientos)  en las fechas “en que decrete su pago la Asamblea General  de    Accionistas    de    PETROLEOS    DEL    NORTE   S.A.    ‘PETRONOR”,   sin  que  para  tal  efecto hubiesen previsto una fecha o época especial.   

                       1.4. También en contravía con  lo  dicho  por el casacionista, repara la Sala en que el Tribunal jamás sostuvo  que  la  obligación  de Petronor, de pagar los controvertidos dividendos, fuera  exigible  únicamente  cuando este último tuviera a bien disponerlo así, o que  dicha   prestación  hubiera  sido  contraída  bajo  una  condición  puramente  potestativa  que  consistiera  en  la mera voluntad del deudor, cual lo sanciona  con  nulidad  el  artículo  1535  del  Código  Civil.  Cosa distinta es que el  referido  fallador  hubiera  concluido, sin incurrir en ningún error manifiesto  de  hecho,  según ya se explicó, que en la promesa de contrato celebrada entre  las  partes  no se previó expresamente la fecha en que los dividendos de marras  debían ser decretados por la Asamblea de Petronor.   

                      Sobre  este  último  tema,  en  particular,  tampoco  puede  decirse,  como lo hizo el  impugnante  en  su propósito de desvertebrar la inferencia del Tribunal, que su  interpretación   de  la  estipulación  del  negocio  jurídico  precontractual  conduciría  a  la  invalidez  de  la  prestación del deudor, por contrariar el  mencionado  artículo  1535  del  Código  Civil.  De un lado, ya se anotó, las  condiciones  reprimidas  por  el  citado precepto son las que suelen denominarse  “meramente  potestativas”,  esto  es, aquellas que dependen de la antojadiza  voluntad  de quien pretende obligarse, como si alguien dijese “pago un millón  de  pesos  si  quiero”,  estipulación que, obviamente no es la del caso y, de  otro  lado,  porque  la  distribución  de  utilidades  no  es  cuestión que se  encuentre  librada  al  caprichoso  querer  de  la  sociedad,  o  de  quienes la  administran,  pues  en el acto constitutivo de la sociedad deben estipularse las  fechas  (periodos  contables  que pueden ser anuales o semestrales) en que deben  efectuarse  los  inventarios y balances generales, así como la forma en que han  de   distribuirse  los  beneficios  obtenidos  en  cada  ejercicio  social,  con  indicación  de  las  reservas  que deban hacerse (art. 110, C. de Co.). En todo  caso,  el artículo 422 del mencionado estatuto suple las omisiones estatutarias  o  de los administradores sociales, señalando las fechas en que debe realizarse  la  Asamblea  General,  a  la  cual se le ha confiado la función de señalar el  monto de los dividendos.   

                        Por  supuesto  que siendo la repartición de las ganancias el móvil que determina el  que  las  personas  se  asocien (art. 98, C. de Co.), uno de derechos esenciales  del  accionista  consiste en “recibir una parte proporcional de los beneficios  sociales  establecidos por los balances de fin de ejercicio, con sujeción a los  dispuesto   en   la   ley   o   en  los  estatutos”  (art.  379,  ib.);   facultad   tan   celosamente  garantizada  por  el  legislador  que,  inclusive, sanciona con la ineficacia de  pleno   derecho,   cualquier   estipulación   estatutaria  que  prive  de  toda  participación  en  las  utilidades  a  uno,  varios  o todos los asociados, aun  cuando    los    afectados    lo   consientan   (artículo   150,   ib.).  Y  si  bien es necesario que se  acuerde  la distribución de esas utilidades, ello no impide que la Asamblea, en  los  términos  legales y estatutarios, disponga la creación de nuevas reservas  o  el incremento de las ya creadas, o que la totalidad se destine a determinadas  inversiones  o  finalidades comprendidas  dentro de su objeto, como en este  caso ha acontecido.   

                       1.5.  Destaca  la  Sala  que, de igual modo, para fundamentar el supuesto yerro que le  atribuye  al  juzgador  por  haber  inferido  que  las  utilidades  a distribuir  mediante  el  pago  de  los  dividendos comprendían las causadas hasta el 28 de  febrero  de  1991,  cuando,  según su parecer, eran las causadas hasta el 31 de  diciembre  de  1991,  el  censor  se  circunscribió a transcribir apartes de la  sentencia  opugnada,  pero  absteniéndose de confrontar las consideraciones del  fallador  con  las  pruebas indebidamente apreciadas por éste y por causa de lo  cual habría llegado a esa equivocada deducción.   

         En todo caso, abordada por la Corte la  empresa  de  cotejar  la  susodicha cláusula quinta del contrato de promesa con  las  elucidaciones  sentadas  por  el  Tribunal,  no  advierte que éste hubiese  contrariado  su  objetividad,  máxime  si  se  atiende  que, en armonía con lo  concluido  por  el  fallador,  en  la  cláusula  octava del aducido contrato de  fiducia  figura  que “los dividendos que reciba la fiduciaria en desarrollo de  este  fideicomiso,  pertenecerán  hasta  el  28  de  febrero  de  1991  y  hasta  $2.500.oo  por  acción  a     los     fideicomitentes”     (fl.  37).  Cual  si  fuera  poco,  si  en gracia de discusión se  acogiera  la  tesis  sostenida  por  el  recurrente,  no podría saberse a quien  corresponderían  los dividendos a que hubiese lugar por las utilidades sociales  generadas  entre  el  31  de  diciembre  de  1990  y  el  28 de febrero de 1991.   

                       1.6.  Puesto  que  como ya se dijera, los cargos que se despachan comparten los mismos  argumentos  vertebrales, de manera que las consideraciones precedentes sirven, a  la  par,  para  desestimarlos.  Cabría  anotar, respecto del cargo tercero que,  permaneciendo   incólume,  como  se  encuentra,  la  inferencia  del  fallador,  consistente  en que la sociedad Petronor no adquirió la obligación de decretar  y  pagar el 28 de febrero de 1991 los dividendos pactados como parte del precio,  no  es  posible deducir, como lo hace allí el censor, que la actora incumplió,  a  su  vez, la obligación de pagar el crédito adquirido por las vendedoras con  Inverbank,  toda  vez que, como es palmario en el contrato respectivo, tal deuda  la  pagaría la compradora, en nombre de aquellos, con los dividendos producidos  por  las  acciones  enajenadas,  cancelación que, obviamente, no podía suceder  antes  de  ser  éstos decretados y pagados. Por lo demás, en el hecho 14 de la  demanda  de  reconvención  admitió  la recurrente que el aludido préstamo fue  pagado  por  Petronor,  el  1°  de marzo de 1991, quedando, pues, extinguida la  deuda.   

         Tampoco  puede dejarse de resaltar que  -en  sentido  muy diverso del planteado por el censor en su tercera acusación-,  es  ostensible  que,  tanto  la  demanda  principal,  como  la de reconvención,  encontraron  uno  de sus fundamentos de orden principalísimo, en lo tocante con  el  cumplimiento  que  respecto de la promesa de compraventa de acciones aducida  por  ambas  partes,  debió  acometer  Petronor,  pagando  a  su contraparte los  dividendos  que  pudieron  percibir las acciones prometidas en venta, durante el  periodo  comprendido  entre la celebración del contrato preparatorio y el 28 de  febrero  de  2001,  como  a  la  sazón lo hizo, según lo concluyó el Tribunal  previa  la  exposición  de  las ya reseñadas apreciaciones de linaje fáctico,  las  que  permanecieron  intactas  no  obstante las acusaciones contenidas en la  demanda  de casación. De ahí que la Corte encuentre muy comprensible el que el  sentenciador   ad  quem,  observando  un  sano  proceder,  acorde  por  demás a las recomendaciones de la  economía  procesal  y  a  las  directrices  que  en  punto  a la confección de  sentencias  judiciales  ha  previsto  el  artículo 304 del C. de P. C., una vez  concluyó  que  Petronor  no incurrió en mora con relación a su obligación de  pagar  el  importe  de los plurimencionados dividendos y teniendo en cuenta, por  ende,  que  la  instrucción  impartida  por  Inergesa al fiduciario carecía de  justificación,  dedujera,  por  igual,  el  éxito de la demanda principal y el  fracaso de la de reconvención.   

                     2. Sin  más,  las  argumentaciones  anteriores determinan el que no prospera ninguno de  los cargos impetrados por la parte demandada.   

D E C I S I O  N   

                                En  mérito de lo expuesto, la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Civil, administrando justicia en  nombre   de   la   República   y   por   autoridad   de  la  ley,  NO  CASA la sentencia del 13 de octubre  de  1998,  proferida  por  la Sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá, en el  proceso  ordinario  de  la  PETROLEOS  DEL  NORTE S.A. – PETRONOR S.A., frente a  INVERSIONES   ENERGETICAS   S.A.   –  INERGESA.  Costas  a  cargo  de  la  parte  recurrente.   

                        

Notifíquese y cúmplase  

EDGARDO VILLAMIL PORTILLA  

MANUEL ISIDRO ARDILA VELASQUEZ  

JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR  

CARLOS      IGNACIO      JARAMILLO  JARAMILLO   

PEDRO OCTAVIO MUNAR CADENA  

SILVIO FERNANDO TREJOS BUENO  

CESAR JULIO VALENCIA COPETE  

         

                                                     

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *