AC7157-2014 [2011-00301-01]

2014

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    República    de  Colombia      

Corte Suprema de Justicia  

Sala de Casación Civil  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado Ponente  

AC7157-2014  

Radicación           n.°  73411-31-84-001-2011-00301-01   

(Aprobado en sesión de veintidós de octubre  de dos mil catorce)   

Bogotá, D. C., veinticinco (25) de noviembre  de dos mil catorce (2014).   

Se decide sobre la admisión de la demanda de  Nidia  Lucía  Garzón  Toro,  presentada para sustentar el recurso de casación  que  interpuso  contra  la  sentencia  de  16  de mayo de 2014, proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia, en el  proceso   ordinario   de   la  recurrente  frente  a  herederos  determinados  e  indeterminados de Fernando Gallego Jaramillo.   

1. ANTECEDENTES  

1.1. En el libelo introductor se solicitó se  declarara  que  Nidia Lucía Garzón Toro y Fernando Gallego Jaramillo, formaron  una  unión marital de hecho desde 2004, hasta el 30 de julio de 2011, fecha del  óbito de este último.   

1.2.  Tramitado  el  proceso,  el  Juzgado  Promiscuo  de  Familia  de Líbano, Tolima, mediante sentencia de 22 de abril de  2013,  accedió  a  lo solicitado, decisión que el Tribunal revocó en el fallo  recurrido en casación.   

1.2.1.   En   sentir   del   ad  quem, en el proceso quedó demostrada  la  relación  sentimental  y personal de la demandante con el causante, no así  la   convivencia   permanente   y   singular   de   que   trata  la  Ley  54  de  1990.   

Nada  distinto, dijo, indicaron los testigos  Daisy  Barragán Ávila, Humberto Santamaría Sánchez, Blanca Fernández Marín  y María Sobeyda Castellanos de Rubio.   

Si bien, agrega, Nidia Stefanía Castellanos  Garzón  y Ángela Yaneth Garzón Toro, narraron la aparente convivencia estable  y  singular,  son testigos sospechosos, pues se trata de la hija y de la hermana  de la actora.   

Añade,  lo  expresado  por Fernando Guzmán  Molina  y  Rosa  Elena  Ortegón de Rodríguez, y extraproceso por Omar Gordillo  Prado  y  Pablo  Alí  Rubio Pérez, resulta intrascendente. Los primeros, al no  conocer   la   vinculación   íntima;   y  los  segundos,  por  no  haber  sido  ratificados.   

1.2.2.  En  adición,  los  dichos de Gloria  Johana  Pachón  López,  José Antonio Escobar Acuña, Luz Mary Castillo Silva,  José  Giraldo  y  Jorge  Augusto  Duque  Varón,  coinciden  en  afirmar que el  causante  siempre  residió en la casa de su propiedad, en compañía de sus dos  hermanas.  Es  más, Rogelio Argüelles, vecino de la actora, ni siquiera tenía  certeza quién convivía con ella, además de la hija de ésta.   

Corrobora  lo  anterior,  los  informes  del  Coordinador  de  Estadística  del  Hospital Regional del Líbano y de Emcosalud  EPS,  donde  la  dirección registrada del interfecto es distinta a la del lugar  en que se dice RESIDÍA con la pretensora.   

Igualmente,  es  extraño  que  el  día del  deceso,  la  actora  se  haya  despreocupado  por la no llegada de su compañero  permanente  a  pernoctar; el hecho de no tenerla afiliada como tal al sistema de  seguridad  social  en  salud; y la circunstancia de indicar él en una escritura  pública   que   era   de   estado   civil  soltero  y  sin  unión  marital  de  hecho.     

1.3.  En  la  sustentación  del  recurso de  casación formulado, tres cargos fueron propuestos.   

   

1.3.1.   El   primero,   al   incurrir  el  sentenciador  acusado  en  error  de  hecho  al apreciar la versión de Fernando  Guzmán,  pues  fuera  de  haber sido tachado, le dio credibilidad, en cuanto no  conocía  de  la  relación íntima, cuando ha debido rechazarlo y no tenerlo en  cuenta.   

Considera la censura, la intimidad, protegida  en  el  artículo  15  de  la  Constitución  Política,  y de contera, el libre  desarrollo  de  la  personalidad  a  tener  relaciones  íntimas  (artículo 16,  ibídem),  no  es requisito  sustancial para configurar la unión marital de hecho.   

1.3.2.   El  segundo,  al  infringirse  el  artículo  1º  de la Ley 54 de 1990, pues el “(…)  testimonio  de  la  arrendadora  (….)  avalado por otros testigos presenciales  (…)”,   no   fue  suficiente  para  convencer  al  ad   quem,   cuando   el  significado  de  permanencia  y  de  convivir  juntos no implica inamovilidad de  lecho  y  techo,  sino retiros esporádicos de la pareja por razones laborales o  sociales.   

1.3.3.   El   tercero,   al   violarse  la  disposición  antes  citada,  porque en aplicación del principio de neutralidad  judicial,  se inobservó apreciar las pruebas “(…)  globalmente  (…)”,  al  desechar  el  fallador los  testimonios  de  quienes  les  consta  la  unión  marital  de hecho y optar por  recibir los de quienes violaban los derechos fundamentales.   

1.4.  Siendo  ese,  en  lo  fundamental,  el  contenido   de   las   acusaciones,   se   procede   a   examinar  su  idoneidad  formal.   

2. CONSIDERACIONES  

2.1. La naturaleza dispositiva y estricta del  recurso  de casación, cuyo objeto gira alrededor de la presunción de legalidad  y  acierto  de  la  sentencia impugnada, impone al recurrente, para habilitar el  estudio  de  fondo  de  los  cargos,  presentar  la  demanda que lo sustenta con  sujeción a determinados requisitos formales.   

2.1.1.  Entre  otros,  tratándose  de  la  comisión  de  un  error  de  derecho  probatorio,  al  tenor del artículo 374,  in  fine,  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  a  la  censura  le  corresponde  indicar  la  norma medio  transgredida y explicar en qué consiste la infracción.   

El  incumplimiento  de  esa exigencia, desde  luego,  privaría  a  la  Corte  de  las  herramientas  necesarias para hacer la  confrontación  respectiva  y establecer si a los medios apreciados, el juzgador  les  confirió un valor del cual estaban desprovistos o les restó el legalmente  anejo.   

En  ese  caso,  en  palabras  de  la  Corte,  “(…)  es indispensable, para el estudio de fondo,  que  el  censor  señale los pertinentes textos legales de disciplina probatoria  que  hubiesen  sido  quebrantados  por  el  Tribunal  en  la tarea valorativa de  determinados  medios,  ya  para otorgarles un mérito del que carecen, o ya para  negarles   el   que   tienen   según  las  correspondientes  normas”1.   

Tratándose de la valoración en conjunto de  los  elementos  de  juicio, lo cual implica superar su constatación material en  el  proceso  y  fijar  correctamente  su  contenido  objetivo,  mostrar cómo la  apreciación  efectuada contradice las reglas de la experiencia, de la lógica o  de  la  ciencia,  mediante  la  presentación  de un trabajo de concatenaciones,  contradicciones, exclusiones y conclusiones.    

2.1.2.  Igualmente,  de  conformidad  con el  numeral  3  de  la  misma  disposición  procesal  antes  citada,  las distintas  acusaciones  deben  formularse  de  manera  precisa,  presupuesto que como tiene  sentado  esta  Corporación, se relaciona con la simetría o con la plenitud del  ataque2.   

Si el embate es desenfocado o incompleto, el  estudio  del  mérito  de  la  impugnación  se relevaría, pues en general, los  argumentos  basilares  desviados o soslayados le seguirían prestando base firme  a la decisión.   

Al  fin  de  cuentas,  al decir de la Corte,  “(…)  [l]os  requisitos formales y de técnica en  casación,  en general, se entroncan con los que habilitan el examen de fondo de  los  cargos,  porque  si  lo truncan, ello justifica, por obvias razones, que la  demanda  no  sea  recibida  a  trámite”3.   

2.2. Aplicadas las anteriores directrices al  caso,  pronto  se  advierte,  ninguno  de  los cargos reúne los requisitos para  entrar a analizar su materialidad.   

2.2.1.  El tercero, entendiendo que dejar de  considerar   “(…)  globalmente  (…)”   las   pruebas,   constituye   un  típico  error  de  eficacia  probatoria,   en   primer  lugar,  al  incumplirse  señalar  las  normas  medio  transgredidas,  pues  únicamente  fue citada la sustancial, el artículo 1º de  la        Ley        54        de        19904.   

En  segundo  término,  para  abundar,  al  omitirse  mostrar  cómo el análisis conjunto efectuado por el Tribunal reñía  con  las  reglas  de  la  sana crítica. En concreto, las razones por las cuales  debía   darse  mérito  persuasivo  a  un  grupo  de  testigos  por  encima  de  otro.   

Sobre el particular, únicamente se aludió a  una  inferencia  insular,  al  conocimiento  de  la muerte en cuestión, el día  siguiente,  por  demás,  desenfocada,  porque  el  juzgador  no  se refirió al  momento  del  enteramiento,  ni  por  quién,  sino  a la despreocupación de la  actora   por   la   ausencia   del   supuesto   compañero   la   noche  de  los  hechos.      

Mírese,  por  ejemplo, para el ad  quem  la  unión marital de hecho fue  demostrada  con  testigos  sospechosos.  Empero, no se hace el trabajo de rigor,  dirigido  a  poner  de presente cómo, pese al descrédito enrostrado, luego del  encadenamiento  de  medios  de  convicción,  convergían  hechos que permitían  concluir en sentido contrario.   

2.2.2. El primero, porque la trascendencia de  lo  vertido por Fernando Guzmán Molina, el Tribunal lo midió en función de la  unión marital de hecho, y no respecto de su inexistencia.   

Simplemente  de su dicho señaló que no era  dable  determinar  en  forma  específica  dónde  residía  el  señor  Gallego  Jaramillo,  pues el declarante no conoció que éste tuviera una “(…)  relación  íntima  (…)” con la  señora Garzón Toro, al punto que nunca se la presentó.   

En consecuencia, al decirse en la acusación  que  lo declarado por el testigo ha debido rechazarse y no tenerse en cuenta, se  trata  de  un  cuestionamiento  asimétrico,  por  cuanto la credibilidad que el  fallador  entregó  a  ese  medio,  no  fue  para  excluir  en forma absoluta la  controvertida unión marital de hecho.     

2.2.3.  El segundo, también por desenfoque,  porque  el  Tribunal circunscribió la polémica al campo de los hechos, pues si  eliminó  de  tajo  la convivencia marital, es claro que no pudo avanzar al paso  siguiente,  esto  es,  al trabajo de subsunción normativa, en concreto, cual se  expresa,   al  “(…)  significado  de  permanencia  (…)”.   

Si  con  base  en  las  versiones  de Gloria  Pachón  López, Antonio Escobar Acuña, Luz Mary Castillo Silva, José Giraldo,  Jorge  Duque  Varón  y  Rogelio  Argüelles,  el  ad  quem  concluyó  que Gallego Jaramillo “(…)  siempre  residió  en la casa de su propiedad, en compañía  de  sus  dos  hermanas  (…)”,  desentonado resulta  argumentar  que  el  término  “(…) permanencia no  significa     inamovilidad     de     lecho     y     techo    (…)”.   

Desde  luego,  si en algún error incurrió,  habría  que  buscarlo  en  la  apreciación  del  anterior  grupo  de testigos,  inclusive  en   los  informes  del Coordinador de Estadística del Hospital  Regional  del  Líbano  y  de  Emcosalud  EPS, sobre la dirección de residencia  registrada   por   el   interfecto,   pero   nada   al   respecto   se   combate  extraordinariamente.   

2.3.  Así  las  cosas,  ante  los  defectos  formales  enlistados,  los  cuales,  por  sí,  impiden  abordar el fondo de los  cargos,  no  queda  alternativa  distinta  que  inadmitir la demanda examinada y  proceder de conformidad.   

3. DECISIÓN  

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,    Sala    de    Casación    Civil,    declara    inadmisible   el   libelo   examinado   y  desierto    el   recurso  extraordinario  de que se trata. Consecuentemente, ordena devolver el expediente  al Tribunal de origen para lo pertinente.   

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ  

(Presidente de la Sala)  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1 CSJ.  Civil.  Auto  de  27  de  febrero  de  2012,  expediente  00821, reiterando G.J.  CXLIII-200.   

2 Cfr.  Auto  034  de  12  de  marzo  de  2008,  expediente  00271,  reiterando doctrina  anterior.   

3 Auto  de 26 de abril de 2011, expediente 00354.   

4 CSJ.  Civil.   Cfr.   Sentencia   268   de   28   de   octubre   de  2005,  expediente  00591.     

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