SC11641-2014 [2002-02246-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

Magistrado Ponente  

SC11641-2014  

Radicación           No.  11001-31-03-002-2002-02246-01   

(Aprobado en sesión de diecisiete de junio de  dos mil catorce)   

Bogotá  D.  C., primero (1) de septiembre de  dos mil catorce (2014)   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  que  interpuso  la  parte  demandante  contra la sentencia de segunda  instancia proferida dentro del proceso ordinario de la referencia.   

I. ANTECEDENTES  

A.   La pretensión  

La sociedad Urbanización Nueva Marsella Ltda.  en  Liquidación  promovió  una acción reivindicatoria contra María Gertrudis  Furque  Guzmán  sobre  un  inmueble  del  cual  solicitó  que  se  ordenara su  restitución  y  la  de  los  frutos  percibidos  y  aquellos  que se dejaron de  percibir  desde  el  momento  en   que  la  demandada  entró en posesión.   

B. Los hechos  

1. La demandante es  la  propietaria  del lote No. 13 de la manzana E, ubicado en la Diagonal 5 A Bis  No.  68C-45  de  la  ciudad  de  Bogotá,  identificado  con  la  matrícula No.  50C-1454007.   

2. El señalado bien  hace  parte  del  predio  de  mayor  extensión  al  que  se le asignó el folio  inmobiliario  No.  50C-13561,  dentro  del  cual se desarrolló la urbanización  «Nueva Marsella Primero y Segundo Sector» en la mayor parte del terreno.   

3.   La  franja  restante  de  la  tierra  fue  objeto  de «ocupación  ilegal»  y  en  ella  está  localizado  el  inmueble  detentado    materialmente    por    la    demandada,   en   el   que   levantó  mejoras.   

4. Se han producido  frutos  civiles en cuantía equivalente a un salario mínimo legal mensual desde  que se construyó el bien.   

C.    El   trámite   de   la  primera  instancia   

1.   La   demanda   fue  admitida  mediante  proveído   de   29  de  abril  de  2002. [Folio 26, c. 1]    

2.  Al  contestar  el  libelo,  la citada al  litigio  se  opuso  a  las pretensiones de la actora y formuló la excepción de  «prescripción   extraordinaria   adquisitiva   del  dominio  que citan las leyes 9ª/89 y 388/97», fundada  en  que ha ejercido posesión sobre la vivienda de interés social materia de la  controversia,  desde  que  adquirió el lote el 11 de agosto de 1986. [Folio 70,  c. 1]   

3.     El     a     quo     declaró   probada   la   excepción  de  mérito  propuesta  y,  en  consecuencia,    denegó    el   petitum  de  la  demanda,  por  considerar  que  la  posesión  aducida era  anterior     al     título    de    propiedad    de    la    actora. [Folio 289, c. 1]    

4. Inconforme con lo  decidido,  la  demandante  interpuso el recurso de apelación. [Folio 293, c. 1]   

D.     La    sentencia    de    segunda  instancia   

          El  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá adicionó la  providencia   proferida   por  el  a  quo  en  el  sentido de improbar la objeción por error grave formulada  frente   al   dictamen   pericial,   y  en  lo  demás  confirmó  la  decisión  adoptada.   

En sustento de su determinación, indicó que  la  demandante  acreditó  que su derecho de dominio fue adquirido en virtud del  aporte  que  Lilia  Sarmiento  de  Díaz,  Eduardo  y  Mario Sarmiento Matallana  efectuaron   del   predio   de   mayor  extensión  al  constituir  la  sociedad  «Urbanización   Nueva  Marsella    Sarmiento    y   Compañía»,  lo  que ocurrió el 23 de diciembre de  1971,  de ahí que su propiedad es anterior al  momento en que la demandada  afirmó   haber   entrado   en   posesión   del   lote  de  terreno.   

Sin  embargo,  con las pruebas recaudadas se  demostró    que    la    demandada    «poseyó  el  bien cuyo derecho de dominio y restitución impetra la  actora,  por  un  término  no  inferior  a  los cinco (5) años continuos y sin  interrupción,  transcurrido antes de la presentación de la demanda», razón por la cual debía prosperar la  excepción  formulada, atendiéndose que de acuerdo con la estimación pericial,  a  la  fecha de radicación del libelo de reivindicación (11 de enero de 2002),  el   inmueble   se   encontraba   dentro  de  la  categoría  de  «vivienda  de  interés  social», pues su  valor  era  inferior  al  equivalente  a 135 salarios mínimos legales mensuales  vigentes.      

II.   LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

Tres  cargos  se  plantearon en contra de la  sentencia proferida por el juzgador de la segunda instancia.   

La  Corte resolverá únicamente el primero,  por  cuanto está llamado a prosperar y resulta suficiente para ocasionar que el  fallo impugnado no pueda quedar en firme.   

CARGO PRIMERO  

         

Con respaldo en el motivo inicial previsto en  el  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil, se denunció la sentencia  del  Tribunal  por  ser  directamente violatoria de los artículos 44 y 51 de la  Ley  9ª  de  1989, 946, 962, 964, 2518 y 2538 del Código Civil, el primero por  errada  interpretación,  el  siguiente  y  los  dos  últimos  por  aplicación  indebida y los restantes por falta de aplicación.   

En  el proceso no se practicó prueba alguna  que  determinara  el  justiprecio  del  bien al 1° de enero de 1995, fecha a la  cual   -por  cumplirse  el  término  de  posesión  previsto  en  la  ley-  debía  establecerse  si podía  catalogársele  como  vivienda  de  interés social, pues en el dictamen acogido  por  el Tribunal, tal valor se determinó para el momento de rendirse la pericia  (año  2006)  y  en las tablas de estimaciones anuales de frutos y mejoras no se  siguió  la metodología fijada por el Decreto 1420 de 1998 y la Resolución 762  que  en  el mismo año dictó el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, de ahí  que  las  conclusiones  consignadas en el trabajo del auxiliar de la justicia no  resultaban atendibles.   

CONSIDERACIONES  

1.  La       reivindicación   o   acción   de  dominio  es la que tiene el dueño de una cosa singular, de que no está en  posesión,  para  que  el  poseedor  de  ella  sea  condenado  a  restituírsela  (artículo 946 C.C.).   

Este  instrumento  es  la  vía  legal  para  reclamar  la posesión y no la propiedad de la cosa, porque el demandante afirma  tener  esta  última,  es  decir,  es  la  causa para que el actor pueda pedir y  obtener  el  goce pleno y absoluto de su derecho con el ejercicio posesorio, que  se  realiza  con la restitución del bien. Es, por ello, la acción que ejercita  el dueño sin posesión, contra el poseedor sin dominio.   

          La  propiedad,  como  derecho  real  que  es,  ostenta como esencial  característica  la  de otorgar al titular el poder de persecución que, como su  nombre  lo indica, lo faculta para ir tras la cosa sobre la cual recae, en manos  de quien se encuentre.   

De  ahí que el Código Civil la defina como  el  derecho que se tiene «en  una  cosa  corporal,  para  gozar  y disponer de ella arbitrariamente, no siendo  contra  la  ley  o  contra derecho ajeno» (artículo  669) y consagre la acción reivindicatoria como el medio  eficaz   para   hacer   efectivo   ese   atributo   de  persecución  que  está  indisolublemente  unido  al  dominio, para lograr la restitución de la cosa. La  reivindicación  es, pues, una acción real, porque nace de un derecho que tiene  ese carácter, cual es el de propiedad.   

2. A la pretensión  del  reivindicante, el poseedor puede oponer determinadas defensas que conduzcan  a  la  demostración  plena  y palpable de que el primero carece de todo derecho  sobre  el  bien objeto del litigio, ya porque existan otros títulos con igual o  mayor  eficacia  que  los aducidos por el actor, o porque los que aportó no son  demostrativos  de  su  derecho  de  dominio,  en  cuyo  caso  la  posesión debe  mantenerse y ser protegida.   

Ahora  bien,  cuando  se  trata de inmuebles  catalogados    como    «vivienda    de    interés  social»,   si  el  demandado  pretende  enervar  las  pretensiones  de  su contraparte, es necesario que acredite que el bien del cual  se  considera  poseedor, tiene las características fijadas en la ley para estar  comprendido   dentro   de  esa  especie  de  solución  habitacional,  y que ha ejercido la posesión quieta,  pacífica  e  ininterrumpida  durante el término previsto en el artículo 51 de  la  Ley  9ª  de 1989, es decir, por tres o cinco años, lo que depende del tipo  de  prescripción  adquisitiva  alegada,  pues  el primer lapso corresponde a la  ordinaria  y  el  segundo  a  la  usucapión extraordinaria. En todo caso, dicho  período  de tiempo debe transcurrir a partir de cuando inicia y nunca antes del  1°  de  enero  de  1990, de  acuerdo   con   la   previsión   contenida   en   esa  misma  norma.   

Sobre   lo  anterior,  en  la  providencia  impugnada  se  aseguró  que  para  que  un  bien tenga tal connotación, la ley  determinó   que  debían  cumplirse  los  requisitos  siguientes:  «a)    el  justiprecio  para  la  época  en  que  el  usucapiente lo adquirió   y   b)   la   naturaleza   y  tipo  de  destinación». Respecto del  primero,    aclaró    que    en    lo    referente   al   precio   «debe  mirársele  en  el  momento de la  adquisición   o   adjudicación,   previsión   que  llevándola  a  términos de la usucapión se equipara  a  la  presentación  de  la  demanda, pues es ese el  momento  cuando  el  poseedor  estimó  cumplía las exigencias para adquirir el  bien  por  el  modo  de  la prescripción adquisitiva»  (subrayas y negrillas fuera del texto).   

El     ad  quem  señaló también que en otra oportunidad había  estudiado      dicha     temática     y     consideró     que     «tratándose   de   vivienda  VIS  debe  aplicarse  lo  consignado  en  el artículo 44 de la ley 9ª de 1989 literal c),  esto  es, que su valor debe ser inferior o igual a 135 salarios mínimos legales  mensuales,  todo  ello  para  la  época  en  que  se  presentó  el libelo genitor, máxime, cuando para tal  momento  no  existía  Plan Nacional de Desarrollo vigente (año 2002), allí se  expresó:  ‘Conforme  lo  anterior,  y  como quiera que para el año 2002 -fecha  de  presentación  de  la  demanda- el salario mínimo  legal  mensual  era  de  $309.000.00, el valor de la vivienda de interés social  debía  ser  inferior  a  135  SMLMV;  una  sencilla  operación aritmética nos  permite  determinar que califican como tales, aquellas cuyo valor era inferior a  $41’715.000.00’»  (se destaca).   

2.1.  El  Tribunal  -según   lo  transcrito-  entendió  que  cuando  el  dominio de una vivienda de  interés  social  ha pasado al poseedor por el modo de  la  usucapión,  su  adquisición  se  materializa  en  el  momento en que éste  formula la demanda con la que pretenda hacer efectivo tal derecho.   

Esa  precisa  interpretación  fue la que el  recurrente   controvirtió  en  el  cargo  auscultado,  por  considerar que ella transgrede el genuino sentido  del  artículo  44  de  la  Ley  9ª  de  1989,  toda vez que, tratándose de la  prescripción  adquisitiva  de   «viviendas  de  interés  social»,   su  adquisición  -para los  efectos  de  ese precepto- se  produce  cuando  el  referido  fenómeno  se  consolida  y no cuando el poseedor  instaura  la  demanda  en  la  que  reclama  su derecho, como incorrectamente, a  juicio   del   censor,  lo  sostuvo   el   ad   quem.   

3.  En  su  versión original, las indicadas  normas,  en  lo pertinente,  consagraban:   

ARTÍCULO  44.  Entiéndese  por  viviendas  de  interés  social  todas  aquellas soluciones de  vivienda  cuyo  precio  de  adquisición  o adjudicación sea o haya sido, en la  fecha de su adquisición:   

a)  Inferior  o igual a cien (100) salarios  mínimos  legales  mensuales  en  las  ciudades en las cuales, según el último  censo del DANE, cuenten con cien mil (100.000) habitantes o menos.   

c) Inferior o igual a ciento treinta y cinco  (135)  salarios mínimos legales mensuales en las ciudades en las cuales, según  el  último  censo  del  DANE,  cuenten  con  más  de  quinientos mil (500.000)  habitantes.   

ARTICULO 51. A partir del primero  (1)  de  enero  de  1990,  redúcese  a cinco (5) años el tiempo necesario a la  prescripción   adquisitiva   extraordinaria   de   las  viviendas  de  interés  social.   

A  partir del primero (1) de enero de 1990,  redúcese  a  tres  (3) años el tiempo necesario a la prescripción adquisitiva  ordinaria de las viviendas de interés social.   

Valdrá  la  posesión acumulada a la fecha  establecida en los incisos anteriores.   

PARAGRAFO. Se  exceptúan  los bienes de propiedad de los municipios y de las juntas de acción  comunal, que no podrán adquirirse por prescripción.   

El   inciso  3°  de  la  última  de  las  disposiciones  citadas  fue declarado inexequible por esta Corte en sentencia de  1º  de  febrero  de 1990 (Rad. 1916, G.J. T. CCI, N°.  2440,      p.66),      bajo     las     siguientes  consideraciones:   

Situación   diferente   se  presenta  en  relación  con  el inciso 3 del artículo 51 pues al disponer éste que para los  efectos  de  la prescripción adquisitiva ordinaria o extraordinaria de vivienda  de  interés  social valdrá la posesión acumulada a enero 1º de 1990, fecha a  partir  de  la cual entrarán a regir los términos de 3 y 5 años que para esos  efectos  estipulan  los  incisos  primero y segundo ibídem, está computando el  tiempo  que  corrió  antes  de  su  entrada  en  vigor,  con  lo cual coloca al  propietario  en  situación  francamente  desventajosa,  pues  siendo los nuevos  términos  de  prescripción  ostensiblemente  más  cortos, dicha previsión le  recorta  en  forma  inequitativa  y  peligrosa  las posibilidades de defender su  derecho de propiedad.   

Además,  lo  que  es aún más grave, esta  regla  tiene claros efectos retroactivos con precisos alcances detrimentales del  derecho  legítimo  del propietario que lo ve afectado por hechos anteriores que  no   tenían   esa   virtualidad,  en  cuanto  tales  efectos,  regidos  por  la  legislación  entonces existente, no pueden ser extendidos más allá de los que  ésta  les  concedía.  El derecho del propietario, legítimo como se supone que  es,  resultaría  lesionado  por  una  ley  posterior  que pretende extender sus  efectos  a  situaciones  regidas  por  leyes  anteriores  en forma diferente. La  garantía  constitucional  del  derecho  de  propiedad  impone,  como lo dispone  sanamente   la  Ley  153  de  1887,  que  la  prescripción  anterior  continúe  rigiéndose  por  la  ley  bajo  la  cual viene corriendo y que el prescribiente  pueda  acogerse  a  la  ley  nueva  pero  que,  en tal caso, el tiempo empieza a  contarse  a partir de su vigencia. Lo contrario atenta, no contra esta ley, sino  contra  la  garantía  constitucional,  hasta  el punto de que la aplicación de  este  inciso 3º, bien podría resultar en que al momento de expedirse la ley ya  se  hubiese  cumplido  el  nuevo  término y se hubiese extinguido, sin más, el  derecho    de    propiedad    con    visible    quebranto    de   los   derechos  adquiridos.   

Este  inciso  es  inexequible.     

3.1.  La  usucapión,  como modo originario de  hacerse  al  dominio  de  las cosas ajenas (art. 765 C.C.), se configura por los  hechos,  es  decir, cuando se cumplen los requisitos propios que la estructuran,  independientemente  de  que el poseedor haya o no demandado su reconocimiento, o  de   que   se   hubiere   resuelto   favorablemente   su   solicitud,  mediante  sentencia judicial en firme,  providencia   ésta   que   es   meramente   declarativa  de  haber  operado  la  adquisición.    

Con otras palabras, el detentador de una cosa  con  ánimo  de  señor  y  dueño  se  vuelve su propietario, apenas cumple los  requisitos   legales   necesarios  para  ello,  es  decir,  en  el  caso  de  la  prescripción          adquisitiva          extraordinaria          -que   es   la   que  interesa  en  este  asunto- cuando el bien está  en  el  comercio humano y es poseído «sin violencia,  clandestinidad  o  interrupción» por el tiempo fijado  en  la  ley  (art.  2518,  C.C.),  lo que,   tratándose   de   viviendas   de   interés   social, acontece al vencimiento del término de  cinco  años  establecido  en  el  ya  citado  artículo  51  de  la  Ley 9ª de  1989.    

Esa  comprensión  de la usucapión, permite  aseverar  que  cuando  el  artículo  44 de la Ley 9ª de 1989 consagró que son  «viviendas  de  interés  social  todas  aquellas  soluciones  de  vivienda cuyo  precio   de   adquisición  o  adjudicación  sea  o  haya  sido,  en la fecha de  su      adquisición»  (subrayas  y  negrillas  no son del texto),  equivalente  a  los  salarios  mínimos  legales mensuales que el  mismo  precepto  seguidamente  señaló,  en  el  evento  de  que la         «adquisición»   haya  operado  por  el  modo  de  la  usucapión  y, más exactamente, por la vía de la prescripción extraordinaria,  ha  de  entenderse  que  ello  tiene  concreción  con  la  consolidación de la  señalada  figura  jurídica, esto es, al completarse el término de cinco años  que    fijó   de   manera   muy   especial   el   artículo   51   ibídem.   

Tal   criterio   fue   definido  por  esta  Corporación  en  sentencia  de  12  de  abril  de  2004,  oportunidad en la que  expuso:   

Concatenando las consideraciones anteriores  encuéntrase    que   la  prescripción  adquisitiva  es, por un lado, título originario de dominio, como  lo  contempla  el  artículo  765  del  Código  Civil  y,  por otro, un modo de  adquirir  los  derechos  ajenos, bajo las exigencias legalmente determinadas, lo  que  equivale  a  decir  que  por  el  sólo hecho de  cumplirse  esas  condiciones  se  tiene  el  dominio  de  las cosas, pudiendo en  consecuencia   el   favorecido  con  la  prescripción  alegarla,  accionando  o  defendiéndose,   de  la  misma  forma  que  podría  argumentarlo  al  amparo  de  cualquier  otro  título  de dominio. Ha  de  decirse  entonces, por este sendero, que si el que alega la  prescripción   extraordinaria   ha   poseído  en  forma  tranquila,  pública,  pacífica  e  ininterrumpida,  por  el  tiempo que diga el legislador  -que  para  el  caso  de  la  extraordinaria que regula el artículo 51 de la ley 9 de  1989  es  de  cinco años-, y estando el bien dentro del comercio, por ese sólo  hecho  habrá  alcanzado  su  dominio,  pudiendo  hacerlo  valer legalmente ante  propios y extraños.   

Acerca  del tema, la Corte, en sentencia de  27   de   junio  de  1923,  expresó  ‘que  siendo  la  prescripción  adquisitiva título constitutivo de  dominio  (artículo  765  del  C.C.)  y  además  un  modo de adquirir las cosas  ajenas,   bajo   ciertas  condiciones  determinadas  por  la  ley,  por   la  sola  circunstancia  de  cumplirse  esas  condiciones  se  adquiere  el  dominio  de  las cosas, y el favorecido con la prescripción puede  alegarla,   ya   como   defensa   o   como   fundamento   de   una   acción  de  propiedad,  de  la  misma  manera  que puede alegarse  cualquier otro título de dominio.   

En la prescripción extraordinaria conforme  al  artículo  2531  del  Código  Civil,  si  el  que  la alega ha poseído sin  violencia,  clandestinidad  ni interrupción, por espacio de treinta años   (hoy  reducida  a  20  años) la cosa comerciable objeto de la prescripción, ha  adquirido  por  ello  el dominio de esa cosa y puede alegar, ya sea demandando o  defendiéndose,  su carácter de dueño, fundado en la prescripción’   (G.   J.,   t.   XXX,   pag.72).   

Esta tesis fue reiterada por la Corporación  en  fallo  de  10  de  diciembre  de  1953  en el que, en efecto, dijo que quien  ‘posea en las condiciones  legales  un  bien  corporal,  raíz  o mueble, que esté en el comercio, gana el  dominio  por  prescripción,  según  lo  enseña  el  artículo  2518 del mismo  Código.  (…).  Para  adquirir por prescripción extraordinaria no se necesita  título  alguno  y  se presume en ella la buena fe sin embargo de la falta de un  título  traslaticio  de dominio. Basta que la posesión sea continua, pública,  tranquila       y       no       interrumpida      (art.      2.531)’ (G. J., t.  LXXVI, pag.773).   

Ha  de  verse,  por  consiguiente,  que  no  obstante  el contenido de los artículos 758 y 2534 de la obra citada, lo cierto  es  que  puede  alegarse  la prescripción fundada tan solo en los hechos que la  generan,  ya  que  es la posesión desarrollada de la  manera    como    se   viene   explicando   el   fenómeno   que   engendra   el  título.   Es   suficiente   entonces   poseer  una heredad en las condiciones legales, para ganar su   dominio,  tal  cual lo prescribe el artículo 2518 del Código Civil,  sin  que  sea  menester  título  traslaticio  alguno  anterior,  toda   vez  que  cumplidos  tales  presupuestos,  el  prescribiente  es dueño; de donde se desprende que en  este  específico  punto  la  usucapión,  como  hecho jurídico generador de la  adquisición  de  los derechos ajenos, cumple la doble función de ser título y  modo  a  la  vez,  desde luego que, por ello mismo, lo  que  le  otorga  al prescribiente la posibilidad de reputarse dueño y señor de  un  predio  son  los  hechos  posesorios  realizados mediante el cumplimiento de  aquellas exigencias.   

La  doctrina  jurisprudencial  expuesta, la  Corte  la  reiteró, entre otras, en sentencias de 28 de febrero de 1955 (G. J.,  t.  LXXIX,  pag. 565), 30 de julio de 1996 (G. J., t. CCXLIII, pags. 154 y 155),  y  más  recientemente  en  fallo  de  11 de noviembre de 1999 (G. J., t. CCLXI,  pags. 945 y 946).   

(…)            Las reflexiones indicadas en los  numerales   que  anteceden  permiten  a  la  Corte  sostener  que,  para  los  efectos  exclusivos  de las contiendas judiciales en las  que  la  aspiración del actor consista en que se declare que obtuvo por el modo  de  la  prescripción  extraordinaria  el  dominio,  la  adquisición a que hace  referencia  el  primer  inciso  del  articulo 44 de la ley 9 de 1989   -en  la norma que tenía vigencia para cuando se dieron los  hechos  aquí  juzgados-,   no es aquella a través de la cual la hizo suya  quien  en  el competente registro de instrumentos públicos figure inscrito como  titular   del   dominio,  como  así  fundamenta  este  cargo  el  casacionista,  sino   la usucapión del accionante, provista de  todos  los  elementos  que  la  ley  exige,  para  que  opere  esta adquisición  originaria,  y  no  la  derivada  a  la  que alude el  censor    (Rad.    7077).   (subrayas   fuera   del  texto)   

En pronunciamiento más reciente, al decidir  un  caso similar al sub lite,  por  cuanto allí también se trató de una acción reivindicatoria en frente de  la  cual  la  parte demandada propuso la excepción de prescripción adquisitiva  extraordinaria  del bien perseguido, por corresponder a una vivienda de interés  social  y  haberlo  poseído  en los términos del artículo 51 de la Ley 9ª de  1989, la Sala puntualizó:   

En   función   de   la   excepción  de  prescripción  adquisitiva,  en  la  modalidad  de  extraordinaria,  alegada  al  contestarse  la  demanda,  en  el  caso  no  existe  polémica  entre Tribunal y  recurrente,  respecto a que dentro de los requisitos mínimos exigidos en la ley  para  clasificar  un  inmueble  como  ‘vivienda           de          interés          social’,   se   encuentra  el  relativo  al  precio.   

Igualmente, resulta pacífico en el proceso  que  ese  valor debe determinarse a la ‘fecha’  de  ‘adquisición’  del bien, como en el mismo precepto  se  prevé,  con  independencia,  claro  está, de si el título de ‘adquisición             o  adjudicación’,   es  derivativo  o  constitutivo del dominio. Tratándose de la prescripción, que es  un  modo  originario  de  adquirir  las  cosas  ajenas (artículo 673 y 2512 del  Código   Civil),   lo   dicho   significa   que  la  ‘fecha’        de        ‘adquisición’  no puede ser otra que el momento en  que  se  cumple  el  término  de  posesión material necesario para declarar la  pertenencia.   

Esa, precisamente, ha sido la posición de  la  Corte,  al decir, reiterando doctrina anterior, en alusión al artículo 44,  inciso  1º  de  la Ley 9ª de 1989, que el tema de la  ‘adquisición’  allí  referida, se entronca con el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales para adquirir las cosas ajenas, entre  ellas  el  tiempo  de  posesión  con ánimo de señor y dueño, caso en el cual  ‘el  favorecido  con  la  prescripción  puede  alegarla, ya como defensa o como fundamento de una acción  de  propiedad,  de la misma manera que puede alegarse  cualquier   otro  título  de  dominio’.   

Lo anterior se torna de capital importancia  para  efectos  de  determinar  el  precio del inmueble controvertido, por cuanto  así  se  haya reconocido la posesión material de los demandados desde el 12 de  diciembre  de  1982,  lo  cierto  es  que  la  prescripción de cinco años para  adquirir  viviendas  de interés social, alegada el 31 de mayo de 1995, fecha de  contestación  de la demanda, vendría a consumarse el 1º de enero de ese mismo  año, en la medida en que no hubiere existido interrupción.   

Esto, porque si bien el artículo 51 de la  Ley    9ª    de   1989,   redujo,   ‘a     partir    del    1º    de    enero    de    1990’,  a cinco y tres años los términos  de  la  prescripción  adquisitiva extraordinaria y ordinaria, la posibilidad de  hacer  valer la ‘posesión  acumulada’  hasta  esa  fecha,  como  se  había  previsto  en  la  misma  disposición,  fue  declarada  inexequible  por  la  Sala  Plena de esta Corporación  (CSJ SC, 29 Sep. 2010, Rad. 1994-00949).   

3.2.   Es   evidente,   entonces,  la  errada  interpretación  que el Tribunal hizo del varias veces citado artículo 44 de la  Ley  9ª  de  1989,  al estimar que el momento de la adquisición de un bien que  califica  como  vivienda  de  interés  social  por  el modo de la prescripción  extraordinaria,  acaece  cuando  quien  así  se  ha hecho a su dominio reclama,  mediante  la  formulación  de la correspondiente demanda judicial, tal derecho.             

Ese  yerro  jurídico  es  suficiente  para  provocar  que  sea  casada la sentencia recurrida, pues fue como consecuencia de  tal   desacierto   que   el   ad  quem  coligió  que  el  inmueble  aquí  disputado  tenía  la calidad de  vivienda  de  interés  social,  en  tanto  que  estimó  que  para  la fecha de  presentación  de  la  demanda reivindicatoria (11 de enero de 2002),  su  valor  ascendía a $39’977.658,oo  y  que,  por  lo mismo, no  superaba  el  equivalente  a  135  salarios  mínimos legales mensuales para esa  misma         data         ($41’715.000,oo),  inferencia  que  le  permitió proseguir con la verificación del otro requisito  propio   de   esa   tipología   de  inmuebles  -«la  naturaleza   y   tipo   de  destinación»-que        igualmente       halló  cumplido.   

5.  Por  lo expuesto en forma precedente, el  cargo  prospera;  sin embargo, y en atención a que en el proceso los juzgadores  no  ordenaron  la  estimación del valor del inmueble objeto de la litis para el  1°  de  enero  de  1995,  de modo que el dictamen primigeniamente presentado lo  justipreció  para  el  año 2006 y el decretado como prueba de la objeción que  contra  aquel  se  propuso,  lo  hizo  para  dicho  año  y  el  2001,  se torna  indispensable,   al   tenor   de  los  artículos  179  y  180  del  Código  de  Procedimiento  Civil, disponer la práctica del correspondiente avalúo, como se  resolverá en la parte dispositiva de este fallo.   

III. DECISIÓN  

        En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en  nombre   de   la   República   y   por   autoridad   de  la  ley,  CASA    la    sentencia   de  17  de  septiembre  de  2010,  proferida  por  el  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de   Bogotá dentro  del       proceso       referenciado,   y   actuando  en  sede  de  segunda  instancia,  al  tenor  de los artículos 179 y 180 del  Código  de  Procedimiento Civil, decreta la siguiente prueba:   

Practíquese      un      dictamen  pericial a efecto de que se determine, para el 1º de  enero  de  1995,  el  valor  del  inmueble objeto del proceso, entendido como un  todo,  y  por  separado,  del  lote de terreno que lo conforma, así como de las  construcciones    en   él   levantadas   para   ese  momento.   

Con    ese    propósito,       se       nombra        como       perito       a  ___________________________________________.     Comuníquesele    su    designación.  Para  su  posesión se fija la hora de  las    _________   del  día  ______  del  mes  de  _____________   del   presente   año.  Se  concede  el  término  de  diez (10)  días para la presentación  del        correspondiente        trabajo.   

Por tratarse de prueba de oficio, los gastos  que  implique  su  práctica  estarán  a cargo de ambas partes, en proporciones  iguales.   

Sin costas en casación, por la prosperidad  del recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

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