SC3632 2021

AGOSTO

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SC3632-2021 (2009-00110-01)_1

        

OCTAVIO  AUGUSTO TEJEIRO DUQUE  

Magistrado  ponente  

SC3632-2021  

a.-)Radicación  n.º 73319-31-03-002-2009-00110-01  

(Aprobado  en sesión de once de marzo de dos mil veintiuno)  

Bogotá,  D.C., veinticinco (25) de agosto de dos mil veintiuno (2021).  

Procede  la Corte a decidir el recurso de casación interpuesto por  Emgesa S.A. E.S.P. frente a la sentencia de 26 de febrero de 2018,  proferida por la Sala Civil Familia del Tribunal Superior del  Distrito Judicial de Ibagué, dentro del proceso ordinario de  responsabilidad civil extracontractual de Alfonso Rodríguez  Yara contra la recurrente.  

ANTECEDENTES  

1. El  actor solicitó declarar civilmente responsable a la convocada  por los daños y perjuicios causados al cultivo de plátano  que sembró en su predio, con ocasión de las  inundaciones ocurridas los días 6, 7, 8 y 9 de julio de 1989.  Y, en consecuencia, condenarla «a  pagar por concepto de daños materiales (Daño emergente  y lucro cesante)»  la suma de $120.000.000.  

Como  respaldo de sus aspiraciones sostuvo que, para julio de 1989, tenía  sembradas 30 hectáreas de plátano en buen estado  fitosanitario. Dicho cultivo fue destruido en su totalidad por la  creciente del río Magdalena en las fechas atrás  aludidas, debido «al  manejo errado, culpable e imprevisto de las compuertas de la represa  de Betania por sus operarios»,  esto es, por la demandada. La inundación de su predio se debió  a la inobservancia del manual de operaciones en temporada de lluvias  (fls. 1 – 11, cno. 1).  

2.  Notificada del auto admisorio,  la encausada se opuso y formuló  las excepciones que denominó «falta  de legitimación en la causa de la demandante»,  «falta  de legitimación  en la causa por pasiva»,  «inexistencia  del daño y perjuicio que se dice causado»,  «infundada  reclamación de perjuicios»,  «imposibilidad  de achacar responsabilidad  del  generamiento del hecho dañoso  a la Emgesa S.A. E.S.P.»,  «inexistencia  del perjuicio alegado por el demandante»,  «falta  de  estructura de  uno  de  los requisitos  para que  el perjuicio  pueda emerger»,   «ausencia  de relación causal entre la  función desarrollada   [por]  quien  manejaba la represa de  Betania y los perjuicios  que   asegura sufrió la demandante»,  «quien  operaba la  represa obró conforme las normas que  debía  observar para su  manipulación por ende no existe  responsabilidad de su parte en los  perjuicios que asegura padeció  la demandante»,  «fuerza  mayor o  caso fortuito como  causal de exoneración»,  «culpa  exclusiva  de  la víctima»,   «exposición  a riesgo  por la demandante»,  «aplicación  del principio general del derecho Nemo auditur turpidudinem allegans  suam»,  «imposibilidad  de la causación del daño que se dice ocasionado»,  «ausencia  de responsabilidad de parte de la Emgesa S.A. E.S.P. en los hechos en  que se monta la demanda»,  «la  supuesta víctima del daño debe probar la peligrosidad  de la actividad que se le imputa a Emgesa S.A.»,  «se  encuentra desvirtuada la presunción de responsabilidad en que  se apoya la demandada por tanto la demandante corre con la carga de  probarla»,  «inexistencia  de responsabilidad en cabeza de Emgesa S.A. por no ser ésta la  propietaria de las corrientes fluviales, como la del Río  Magdalena»,  «concreción  de una causa extraña determinada por la concurrencia de  circunstancias ajenas a la demandada que pudieron provocar el daño  alegado en la demanda»,  «ausencia  de demostración del fundamento de la imputación que se  hace a la sociedad demandada»,  «caducidad  y/o prescripción de la acción y falta de jurisdicción»,  «prevalencia  del interés general sobre el particular»,  «acción  a propio riesgo»,  «deber  de demostrar la culpa de la demandada en la acción que se  señala causó el perjuicio»,  «inexistencia  de relación causal entre el perjuicio que se pide resarcir y  el actuar por el que se sindica a la sociedad demandada»,  «se  debe demostrar la existencia del nexo causal entre el perjuicio y la  actividad desplegada por la sociedad demandada que se asegura lo  causó»,  «aplicación  de la teoría análisis económico del derecho»,  «aplicación  de la teoría de la imputación objetiva»,  «imposibilidad  absoluta de prever todos y cada una de las circunstancias que  acrecientan los riesgos permitidos en desarrollo de la actividad  desplegada por la demandada»,  «imposibilidad  de imputar a la sociedad demandada la responsabilidad por la posible  causación de perjuicios alegados en la demanda»,  «falta  de certeza que las aguas de la represa hayan sido las que anegaron  los predios de los demandantes»,  «enriquecimiento  sin causa»,  «indebida  imputación de causalidad entre la actividad desempeñada  en el sitio donde está la represa de Betania y el en que se  dice estaba el cultivo del actor»,  y «excepción  innominada»  (fls. 175-209, ib).  

Al  tiempo “denunció el pleito” a la Electrificadora  del Huila S.A. E.S.P., quien, enterada, se resistió con apoyo  en la «inexistencia  de responsabilidad de Electrohuila S.A. E.S.P. derivada del contrato  C.H.B. – 160 y 160-A suscrito con la demandada»,  «improcedencia  legal de la denuncia del pleito»,  «prescripción  de la acción contractual»,  «falta  de legitimación en la causa por pasiva»  y «la genérica» (fls. 48-55, cno. 2).  

3. El  a  quo  accedió a las pretensiones, aunque reconoció un monto  menor al pedido, y tuvo por infundadas las defensas propuestas por la  demandada. Además, declaró probada la excepción  que la Electrificadora del Huila S.A. E.S.P. denominó  «prescripción  de la acción contractual»,  por lo que la absolvió.  

En  punto de las condenas, impuso el pago de $33.510.000 a título  de daño emergente y $59.436.000 por lucro cesante, para un  total de $92.946.000. Suma que ordenó actualizar desde el  siniestro hasta cuando se hiciera efectivo el desembolso.  

Esa  decisión fue recurrida por ambas partes.  

4.  Celebrada la audiencia en sede de segunda instancia, en la que se  escuchó la sustentación del recurso por parte de la  demandada y admitió el desistimiento de ese medio de  impugnación presentado por el actor, el tribunal modificó  el veredicto del a  quo  respecto de las condenas. De suerte que Emgesa S.A., ahora, debía  pagar $33.510.000 por concepto de daño emergente y $25.923.000  por lucro cesante, para un total de $54.436.000.  

LA  SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

La  actividad de las aguas constituye una labor peligrosa, como lo ha  sentado la jurisprudencia de la Sala de Casación Civil de la  Corte Suprema de Justicia. En la que además se requiere de un  tipo de responsabilidad particular, en especial, en lo que respecta a  la culpa, pues esta se presume. En ese orden, al demandante  únicamente le correspondía acreditar el daño y  el nexo causal entre aquel y este, lo que imponía a la  entidad, para exonerarse de responsabilidad, la carga de probar la  ruptura del segundo.  

Frente  al daño, uno de los elementos a demostrar, salta a la vista de  lo declarado por los testigos que el demandante, para la fecha de la  ocurrencia de los hechos, era propietario del inmueble y lo explotaba  económicamente a través de la siembra de plátano,  la cual quedó completamente destruida por la inundación.  Dichos testimonios se refieren de manera coherente a la extensión  del predio, sus linderos, como también al tipo de cultivo  sembrado en la zona anegada por el río Magdalena en el mes de  julio de 1989.  

Aunque  es cierto que los testigos no son exactamente coincidentes en algunos  datos, como los días en que el predio permaneció  inundado, o la extensión del plantío, los linderos del  predio, la altura de las plantas, el número de matas y las  fechas exactas de la siembra, un análisis integral de tales  declaraciones permiten concluir de manera lógica y razonada  que dicha siembra sí existió, pues a pesar de que no se  advierte una matemática coincidencia entre lo dicho por  aquellos y lo afirmado por el demandante frente a los tópicos  aludidos, no queda duda de que todos ellos fueron consistentes en  señalar la ubicación del predio a que se ha hecho  alusión, que el terreno sembrado era de aproximadamente 30  hectáreas, las matas estaban plantadas a 2.50 metros entre  ellas, fueron sembradas entre los meses de septiembre y octubre de  1988 y eran de variedad hartón y dominico, así como que  la pérdida del mencionado cultivo se debió a la  inundación originada por el aumento repentino y exagerado de  las aguas del río Magdalena durante los primeros días  del mes de julio de 1989.  

Sobre  si el daño padecido por la parte actora es consecuencia  directa de la actividad realizada por la empresa demandada, la Sala  advirtió lo siguiente: de los documentos obrantes a folios 335  a 346 del cuaderno 1, se colige que la represa Betania entre el 6 y 7  de julio de 1989 descargó sobre el caudal del río  Magdalena hasta 2900 metros cúbicos por segundo, lo que  provocó un aumento desproporcionado en el nivel de dicho  afluente durante los días posteriores y la consecuente  anegación de los predios rivereños, entre ellos, el del  demandante. Lo que conlleva a concluir que, si tales acontecimientos  coinciden cronológicamente, fue el vertimiento de las aguas de  la represa y no un hecho distinto o aislado el causante de tales  acontecimientos.  

Con  la aclaración del dictamen pericial se aprecia que el perito  señaló cómo era imposible precisar con exactitud  el caudal necesario para que el predio sufriera inundaciones; no  obstante, hizo hincapié en que con los «caudales  vertidos»  para esa fecha «ese  predio se tenía que inundar».  Agregó que las descargas por la represa de Betania fueron  «demasiado  altas»,  al ser iguales o superiores a los 2900 metros cúbicos por  segundo, lo que generó la inundación. Dicho dictamen no  fue objetado por ninguna de las partes y, en criterio de esa  corporación, las conclusiones en él comprendidas no  lucen desenfocadas ni caprichosas, por lo que ofrecen plena  credibilidad.  

Las  declaraciones de los testigos también permiten inferir que la  creciente repentina del río fue generada por las aguas  provenientes de la represa de Betania y que el mismo afluente fue el  que inundó el predio del demandante y destruyó el  cultivo de plátano allí sembrado, pues además de  que aquellos manifestaron que para las fechas de los hechos era  temporada de verano, también pusieron de presente que, cuando  se enteraron de la apertura de las compuertas de la represa a través  de los medios de comunicación y las alertas emitidas por las  autoridades competentes, fue justo cuando la heredad tuvo el  siniestro conocido.  

Si  bien es cierto en el dictamen se señaló que la heredad  del demandante se encuentra ubicada dentro de una isla en el centro  del río Magdalena, también lo es que no obra dentro del  expediente ninguna prueba seria y bien fundamentada que acredite que  aquella fuera proclive a inundarse, pues por el solo hecho de que el  predio tuviera esa característica no lo hacía inidóneo  para la agricultura o la ganadería. Por el contrario, un  análisis sistemático de los testimonios y la experticia  citada permite inferir que no fue la mencionada circunstancia la que  ocasionó el desbordamiento prolongado de las aguas y la  consecuente pérdida del cultivo, pues de no haberse presentado  un vertimiento por parte de la represa en una proporción tan  elevada nunca se hubiera presentado tal evento. Además, porque  los testigos dieron a conocer que la finca en sus áreas  limítrofes tenía una barrera de árbol para  hacerle frente a las eventuales crecientes. De suerte que resulta  mucho más coherente y ajustado a la lógica concluir que  fue la descarga de la represa la causante de los daños y, por  lo tanto, no hay lugar a sostener, como lo afirma el apelante, que  fue el actor el que decidió exponerse por sí mismo al  riesgo. En consecuencia, la apelación frente a este punto  concreto no prospera.  

En  relación con la zona de ronda, si bien no existe ninguna  prueba que permita establecer la distancia exacta entre la ribera del  río y el cultivo de plátano, sí existen  elementos de juicio suficientes para establecer su dimensión  aproximada. No le asiste razón al apelante cuando manifestó  que Alfonso Rodríguez Yara reconoció en el  interrogatorio que no respetó la zona de ronda del río  Magdalena, pues basta revisar la declaración (fls 60 a 61,  cno. 4) para concluir que no fue el demandante sino el testigo Jorge  Rivera Rivera quien sostuvo que «en  esa orilla existía una zona de barreras establecidas en unos  árboles de payandé, guásimos y una parte de  guadua y pastos de india. La zona de protección era de 10 a 15  metros de ancho».  Más bien se aprecia que la concitada zona de protección  tenía un ancho de 10 a 15 metros y no que esa fuera la  distancia entre la orilla del río y el cultivo, lo que permite  concluir que, si dicha franja se anteponía entre el río  Magdalena y la siembra, la distancia entre aquél y esta no  podía ser menor al trecho aludido. Resulta claro, ante la  ausencia de otras pruebas que permitan arribar a una conclusión  diferente, que no le asiste razón al alzado.  

Frente  a la denuncia del pleito formulada, aunque la cláusula primera  del contrato número CHD-170 estipuló que Electrohuila  debía efectuar la administración de la operación  y mantenimiento de la central hidroeléctrica Betania, la única  responsabilidad derivada de la ejecución de dicho contrato que  se estableció a cargo de esta fue la de disponer de los  salarios y prestaciones del personal contratado. Por consiguiente, la  citada denuncia del pleito no estaría llamada a prosperar;  cuanto más, si dicha institución se configuró  para el saneamiento por evicción y no para trasladar la  responsabilidad a un tercero con soporte en la existencia de una  regla contractual.  

Definido  lo anterior, la Sala pasó a pronunciarse sobre la tasación  de los perjuicios. El dictamen pericial estableció que la  producción de plátano por hectárea durante un  año era de $1.981.200, que multiplicado por 30 hectáreas  arrojaría un total de $59.436.000. A su vez, indicó que  los costos por año sobre las 30 hectáreas equivalían  a $33.510.000 y contra dichas conclusiones ninguna de las partes hizo  reparo alguno. Con esos datos, se observa que la estimación de  perjuicios realizada por el juzgado del circuito no está  ajustada a derecho, pues si se reconoce que los perjuicios materiales  a título de daño emergente están integrados por  los gastos en que debió incurrir el demandante para sembrar  las 30 hectáreas de plátano, y el lucro cesante está  constituido por las utilidades netas que aquél esperaba  percibir durante el año, entonces no era procedente sumar el  coeficiente bruto, esto es, a los $59.436.000 los $33.510.000 que  constituían los costos de esa producción, por  encontrarse incluidos en la primera suma citada. En consecuencia, los  daños a reconocer a favor del demandante son los siguientes:  $33.510.000 por concepto de daño emergente y $25.930.000 como  lucro cesante, para un total de perjuicios materiales de $59.436.000.  

EL  RECURSO DE CASACIÓN  

Cuatro  embates fueron planteados por la censora. Los cargos primero, tercero  y cuarto se apoyaron en la violación indirecta de la ley  sustancial por errores de hecho y, el segundo, en la incongruencia  entre lo pedido y lo decidido. Por cuestiones lógicas se dará  apertura con el estudio del último de ellos, en la medida en  que por técnica del recurso deberá iniciarse con los  errores de procedimiento en que se hubiera podido incurrir, pues de  ser acogidos no sería necesario evaluar los raciocinios del  juzgador; luego de lo cual, de no ocurrir lo dicho, se abordarán  los demás.  

Todos  ellos se estudiarán bajo la égida del Código  General del Proceso en la medida en que este medio extraordinario de  impugnación se interpuso para el tiempo en que dicho compendio  se encontraba vigente (5 mar. 2018), a pesar de corresponder a un  pleito iniciado en tiempos del Código de Procedimiento Civil,  conforme al numeral 5º del artículo 625 del primer  estatuto citado según el cual «los  recursos interpuestos (…) se regirán por las leyes  vigentes cuando se interpusieron».  

SEGUNDO  CARGO  

Con  el propósito de que se case parcialmente la sentencia del  tribunal, la denunció por ser incongruente en virtud de que en  ella se reconoció un daño emergente no pedido en la  demanda y cuantificó el lucro cesante con base en valores  superiores a los que el mismo demandante invocó.  

En  sustento, luego de explicar lo contemplado en el artículo 281  del Código General del Proceso, dijo que el actor en la  pretensión segunda solicitó condenar a Emgesa S.A.  E.S.P. «a  pagar por concepto de  daños  materiales [Daño Emergente y Lucro Cesante] a Alfonso  Rodríguez Yara, la suma de  ciento veinte millones de pesos  moneda corriente ($120.000.000), valor de treinta (30) hectáreas  de plátano que cultivaba en el predio denominado: “El  Godoyuno”, teniendo en cuenta que una hectárea de  plátano producía 5.000 racimos y que cada racimo de  plátano valía para julio de 1989 la suma de $800, es  decir, que las treinta hectáreas en plátano tenían  un valor de ciento veinte millones de pesos (…). Total:  perjuicios o daños materiales en el cultivo de plátano:  ciento veinte millones de pesos ($120.000.000»,  de donde se extractan 2 aspectos: i.  que la aspiración económica del actor versó  únicamente sobre la utilidad que dejó de percibir como  consecuencia de la destrucción del cultivo, lo cual estimó  en $120.000.000, pues en su concepto cada hectárea estaba  llamada a producir 5000 racimos y el precio por unidad era de $800.  Y, ii.  que para la concreción de dicha ganancia el importe por racimo  que debía aplicarse era de $800.  

No  obstante, la colegiatura censurada fijó por concepto de «daño  emergente»  los dineros que presuntamente debió pagar el actor para  establecer el cultivo de plátano y sostenerlo hasta el momento  de su destrucción, cuando ello no se solicitó, ni se  adujo en respaldo de las pretensiones. Al tiempo, cotejadas las  referidas operaciones que realizó el sentenciador en cuanto al  «lucro  cesante»,  se infiere que dicho rubro se estableció «tomando  como precio de cada racimo de plátano la suma de $1.200».  

CONSIDERACIONES  

            

1. Ya          que el recurso extraordinario de casación tiene como          propósito, entre otros, hacer un juicio de legalidad a la          sentencia del tribunal, es necesario que los litigantes que la          impugnan encausen su embate respecto de los aspectos que fueron          esbozados en las instancias; sin perjuicio, eso sí, de los          asuntos que se conocieron únicamente con el fallo de segundo          grado, o los que están relacionados con las cuestiones de          derecho.  

Quiere  decir que, salvo en las excepciones vistas, no son de recibo los  planteamientos propuestos o alegados por primera vez en casación,  esto es, que no han sido expresa o implícitamente sometidos,  por la parte que los invoca, a la autoridad judicial que profirió  la decisión atacada. Todo lo cual, de ser desconocido,  atentaría contra el derecho de defensa del no recurrente, en  tanto se le sorprendería en un momento en el que la  controversia ya fue definida.  

A ese  respecto, la Corte reiteró en CSJ SC129-2018 que  

(…)  en incontables ocasiones esta Corporación ha predicado la  improcedencia de ese proceder, en una de las cuales dijo lo  siguiente: se quebranta ‘el derecho de defensa si uno de los  litigantes pudiese echar mano en casación de hechos, extremos  o planteamientos no alegados o formulados en instancia, respecto de  los cuales, si lo hubiesen sido entonces, la contraparte habría  podido defender su causa. Pero promovidos ya cerrando el proceso, la  infirmación de la sentencia con apoyo en ellos, equivaldría  a la pretermisión de las instancias, de las formas propias del  trámite requerido, con quebranto de la garantía  institucional de no ser condenado sin haber sido oído y  vencido en juicio. La sentencia del ad quem no puede enjuiciarse,  entonces, sino con vista en los materiales que sirvieron para  estructurarlo; no con materiales distintos, extraños y  desconocidos. Sería lo contrario, un hecho desleal, no solo  entre las partes, sino también respecto del Tribunal fallador,  a quien se le emplazaría a responder en relación con  hechos o planteamientos que no tuvo ante sus ojos, y aún  respecto del fallo mismo, que tendría que defenderse de armas  para él hasta entonces ignoradas’.  

            

2. Aquí,          el juzgado del circuito halló responsable a la demandada de          la pérdida de la cosecha de plátano que cultivó          el demandante. En lo que corresponde a la condena, con apoyo en el          dictamen pericial, impuso a la primera el pago de sumas de dinero          relacionadas con el daño emergente y lucro cesante.  

La  sociedad vencida apeló con el propósito de que se  revisara la indebida valoración probatoria realizada respecto  de la existencia del terreno y su labranza, la relación causal  entre el perjuicio y la actuación de aquella, así como  el peritaje en el que «todo  fue hipotético».  Inclusive, fueron conclusiones de la sustentación ante el ad  quem  las siguientes: 1.  No se demostró la existencia del inmueble. 2.  El nexo de causalidad no se probó. 3.  El actor sabía que sembraba en una isla, por lo que asumió  el riesgo. 4.  Los testimonios no son creíbles y no deben ser atendidos. 5.  El demandante no respetó la zona de ronda. 6.  Las pretensiones no debieron salir avante.  

El  Tribunal confirmó el fallo recurrido porque encontró  mérito a lo narrado por los testigos frente a la existencia de  la siembra y la destrucción de ella con ocasión de la  inundación conocida, así como porque advirtió  que tal suceso no hubiera ocurrido si no fuera por la descarga de  agua que realizó la represa de Betania, que pertenece a la  convocada. Sumado a que acogió los montos que el dictamen  pericial indicó frente al valor del daño material, no  sin antes, enmendar un error de cálculo en el que incurrió  el a  quo.  

Ahora,  la casacionista se duele de una falta de consonancia entre lo pedido  y lo resuelto, ya que, en su sentir, Alfonso Rodríguez no  solicitó ser reparado por el daño emergente causado,  aunado a que la judicatura se excedió al aceptar la  liquidación que realizó el perito frente al lucro  cesante, comoquiera que este tomó un precio por racimo de  plátano mayor al indicado por el actor en su demanda.  

Como  se puede observar, la opugnadora en su reparo plantea aspectos que no  confrontó ante las autoridades que conocieron de las  instancias. Nótese que el reconocimiento del detrimento  patrimonial sufrido por el promotor en lo que respecta a los costos  de la siembra, así como el cálculo de la ganancia  dejada de percibir, fueron tópicos que adoptó el  juzgado de primera instancia. De allí que la discusión  que ahora se plantea debió originarse para ese momento, a fin  de que el tribunal pudiera examinar el asunto. Escenario en el que,  además, le hubiera permitido al actor ejercer su derecho de  contradicción sobre la temática.  

Como  nada de ello ocurrió, esa inconformidad queda por fuera del  influjo de este medio extraordinario, pues no se puede confrontar la  sentencia del ad  quem  enfrente a un aspecto que no le fue encargado revisar.  

Inclusive,  aunque se haga a un lado lo dicho, de bulto se puede constatar que el  defecto no se materializó, en la medida en que Alfonso  Rodríguez pidió a su favor el reconocimiento «por  concepto de daños materiales (daño emergente y lucro  cesante)» la  suma de  «$120.000.000)»,  lo que, confrontado con la sentencia emanada del tribunal, en la que  se concedió «la  suma de $33.510.000 (…) por concepto de daño emergente  y la suma de $25.923.000 (…) por concepto de lucro cesante  para un total de perjuicios materiales de $59.436.000»,  demuestra que no se definió el litigio por fuera de los  límites propuestos, habida cuenta que la obligación que  se asignó no superó los ciento veinte millones que se  pidieron como daño material (ultra  petita),  ni se basó en tipos de perjuicios diferentes a los referidos  en las pretensiones (extra  petita).  

Tal  desfase, como se recordó en CSJ SC8210-2016, puede acontecer  en dos variables la «objetiva,  cuando se peca por exceso o por defecto (extra, ultra o mínima  petita); y (…) la fáctica, cuando el sentenciador  imagina o inventa hechos»,  de ahí que  

(…)  estructurados los yerros, en el primer evento, todo se concretaría  a eliminar lo concedido por fuera o por encima de lo pedido, a  reducir la condena a lo probado o a completar los faltantes; en la  segunda, a retirar el cuadro factual adicionado arbitrariamente por  el juzgador, junto con los efectos jurídicos atribuidos.  

Ahora,  si nada de eso se procura, de presentarse los errores, éstos  no serían de las decisiones, en sí mismas consideradas,  sino de su estructura o fundamentos; o de fijación del  contenido y alcance de los mismos hechos controvertidos. En  cualesquier de tales hipótesis, el ataque debe enarbolarse con  base en el artículo 368, numeral 1º del Código de  Procedimiento Civil.  

            

3. Por          consiguiente, la acusación estudiada sobrelleva el aludido          desatino que la hace impróspera.  

PRIMER  CARGO  

Denunció,  por vía indirecta, la vulneración de las normas  consagradas en los artículos 1613, 1614, 2341 y 2356 del  Código Civil, así como el 16 de la Ley 446 de 1998,  «como  quiera que tuvo por probado, sin estarlo, el daño, entendido  como elemento estructural de la responsabilidad declarada, esto es,  en sentido sustancial»,  por una «deficiente  valoración que hizo de las pruebas».  

Expuso,  como apoyo, que el daño es el elemento que reviste mayor  importancia en esta clase de juicios, al punto que de no acreditarse  torna imposible la reparación solicitada. Ahora, no se trata  del «acaecimiento  de un daño cualquiera y, mucho menos, de uno en sentido  “natural” o “fenomenológico” sino, lo  que es bien distinto, en sentido “jurídico”».  

Luego  de dar ejemplos respecto de la perspectiva aludida, concluyó:  para que haya responsabilidad se requiere que el menoscabo «afect[e]  los derechos personales y/o económicos de la víctima.  Si ésta, como consecuencia de dicha lesión, no incurrió  en ningún gasto para atenderla, ni dejó de percibir  recursos, mal podría pretender una reparación  patrimonial».  En últimas, «la  ocurrencia de un “daño natural”, no comporta la  existencia de un “daño jurídico” y, mucho  menos, de un “daño reparable” o “resarcible”,  que es el que interesa a la responsabilidad civil”».  

El  actor, en su libelo de postulación, pretendió el  resarcimiento de los «daños  materiales en cuantía de ciento veinte millones de pesos  moneda corriente ($120.000.000), valor de treinta (30) hectáreas  de plátano (…)., teniendo en cuenta que una hectárea  de plátano producía 5.000 racimos y que cada racimo (…)  valía para julio de 1989 la suma de $800, es decir, que las  treinta hectáreas en plátano tenían un valor de  ciento veinte millones de pesos (…)».  Significa lo anterior que, para Alfonso Rodríguez Yara, la  destrucción del referido plantío -daño en  sentido natural- comportó la imposibilidad de percibir la suma  de $120.000.000, «que  correspondía a la utilidad que él esperaba, fruto de la  comercialización de la cosecha (daño jurídico  resarcible)».  

Por  ello la debida comprobación del daño, «en  sentido jurídico sustancial»,  exigía la acreditación tanto de la destrucción  del cultivo, como de la «ganancia  esperada».  La sola demostración de lo primero no era suficiente. De allí  el error, habida cuenta que la constatación de la existencia  de aquél no producía la prueba de la comercialización  de los productos recolectados. «La  mera existencia de un cultivo, incluso, en condiciones normales de  desarrollo, no permite suponer la obtención de ganancias. Por  consiguiente, su destrucción, no permite inferir  automáticamente, la supresión de las mismas».  

El  Tribunal configuró la existencia del elemento aludido  únicamente con «la  comprobación de la existencia y destrucción del mentado  cultivo».  Basta con repasar las conclusiones a las que llegó con la  valoración de los testimonios rendidos. Y como la labor de la  judicatura se limitó a lo atrás indicado, no se ocupó  de establecer si el actor atendió la carga de evidenciar el  «daño  material».  En otros términos, «soslayó  la prueba del perjuicio jurídico resarcible, que como pasa a  señalarse, no existe en el proceso».  

De  cuatro clases son las pruebas del litigio: documentales,  testimoniales, interrogatorio del demandante y pericial. Nada más.  

Las  primeras corresponden a copias de otros procesos de responsabilidad  seguidos por personas distintas y daños diferentes en contra  de la accionada, el folio de matrícula inmobiliaria del predio  del demandante y el manual de operaciones de la represa Betania.  

La  testimonial se redujo a las siguientes versiones:  

            

a. Jorge          Rivera Rivera:  

(…)  indicó ser agrónomo de profesión y haber  prestado asesoría técnica al demandante, en cuanto hace  al cultivo de plátano de que aquí se trata, quien  cancelaba sus honorarios por visita practicada. Informó sobre  la existencia del cultivo, en torno del cual precisó que  estaba plantado en el predio denominado “Godoyuno”, de  propiedad del actor, ubicado en una isla fluvial del Río  Magdalena, que identificó por sus linderos; que tenía  una extensión aproximada de 30 hectáreas; que era de  plátano “dominio hartón” (sic); que la  siembra se realizó en septiembre y octubre de 1988, a una  distancia de 2.5 metros entre surcos y matas; y que el plantío  tenía una zona de protección conformada por árboles  de payandé, guácimo y pasto india. Igualmente relató  que dicho cultivo fue destruido totalmente, por la inundación  del terreno a consecuencia de la súbita creciente del Río  Magdalena ocurrida los días 6 a 9 de julio de 1989, provocada  por la apertura de las compuertas de la represa de Betania, según  los comentarios y noticias que circularon en la zona para entonces.  Sobre este fenómeno y el arrasamiento del sembradío se  refirió con detalle, por haber recorrido el predio cuando  estaba anegado. Precisó que para estas fechas, el cultivo  tenía aproximadamente 10 meses de plantado y las matas una  altura de 1.80 a 2.00 metros.  

            

b. Rigoberto          Pineda Ángel:  

            

c. Jairo          Alfredo Aguilar Aguilera:  

(…)  puntualizó que era quien transportaba los insumos para la  finca del accionante, entre ellos, los requeridos por el cultivo de  plátano hartón. En razón de ese vínculo,  aseveró su pleno conocimiento de éste, del que dijo que  estaba sembrado en el predio “Godoyuno”, el cual forma  parte de una isla sobre el río Magdalena; que tenía una  extensión de 30 hectáreas; que fueron plantadas  aproximadamente 40.000 matas a una distancia de 2.5 metros entre  ellas; que la siembra se realizó en septiembre y octubre de  1988. Igualmente relató el hecho de la inundación del  terreno, ocurrida el 6 de julio de 1989, cuya ocurrencia atribuyó  a la apertura de las compuertas de la represa de Betania, pues esa  fue la información radial de la época y “…  los avisos que hicieron en el despacho parroquial…”.  Especificó que la anegación acabó completamente  con el cultivo del señor Rodríguez Yara.  

            

d. Aquimin          Zambrano Aragón:  

(…)  testificó que fue una de las personas que el aquí  demandante contrató para la siembra del cultivo de plátano  “dominico y hartón” a que se viene haciendo  referencia y para la realización de las obras concernientes  con su mantenimiento. Comentó que el área sembrada fue  de 25 a 30 hectáreas, que la distancia entre matas fue de 2.5  metros, que el número de los colinos plantados osciló  entre 25.000 y 30.000 y que la plantación se efectuó en  septiembre y octubre de 1988. Manifestó que “…  supo de unas inundaciones ocasionadas por el río magdalena los  días 5, 6, 7, 8 y 9 de julio de 1989 en el cual se hablaba y  se habló que en verdad la inundación causada fue por  una represa llamada Betania, en lo cual el cultivo establecido  qued[ó] casi desaparecido en su totalidad…”,  cuando ya tenía entre 10 y 11 meses de edad, sin que, por  ende, se hubiere alcanzado a recolectar ningún fruto.  

El  demandante, en el interrogatorio de parte que absolvió, se  limitó a informar sobre el cultivo que desarrolló y la  destrucción del mismo, como consecuencia de la inundación  del terreno por el incremento de las aguas del río Magdalena.  En cuanto a «los  costos o los dineros que (…) invirtió para plantar ese  cultivo»,  dijo que ascendieron «más  o menos a 55 y 60 millones».  

El  dictamen pericial determinó: i.  La existencia e identificación del predio en el que se realizó  el cultivo, así como la influencia del río Magdalena  sobre el mismo y la aptitud del terreno para el cultivo de plátano.  ii.  De acuerdo a lo establecido en el libro de producción de  plátanos (Musa AAB, AAB) del Centro Agronómico Tropical  de Investigación y Enseñanza (CATIE) del Departamento  de Producción Vegetal (Turrialba, Costa Rica, 1985), se  estableció tácitamente que «estimando  pérdidas de 20 porciento, una producción de 1.2 racimos  por mata por año y con una población de 1720 plantas  por hectárea (2.6 x 2.6 en hexágono), se pueden  producir 1.651 racimos por hectárea por año, que con un  peso de 12 kg por racimo produciría 19.812 kg por hectárea».  iii.  En cuanto al «valor  del racimo y la suma total que debería haber obtenido en  dinero el demandante para la mencionada fecha»,  el experto indicó que «la  producción por hectárea sería de 1.8 por “sitio  año”, para un total de 1651 racimos que, a razón  de $1.200.oo cada uno, arrojaría un valor de $1.981.200».  iv.  Respecto de la «estructura  de costos del cultivo, con sus correspondientes gastos por rubro, lo  mismo que ingresos por venta de plátano»,  el perito elaboró un cuadro donde relacionó conceptos  sin ningún soporte o explicación.  

En  lo restante, el trabajo versó sobre el motivo de la  destrucción del cultivo y la propiedad del mismo en cabeza del  actor. Esta prueba fue objeto de aclaración provocada por la  recurrente, la que, en esencia, no alteró sustancialmente su  contenido inicial.  

El  panorama descrito permite aseverar que ni un solo escrito aportó  el demandante relacionado con «los  gastos relativos a la preparación del terreno, a la  adquisición de los colinos plantados, a la siembra misma, a  limpiezas y desyerbas, a la adquisición de agroquímicos  y abonos o a la contratación de mano de obra para los trabajos  que el plantío requirió».  Esa orfandad probatoria también se extendió a las  posibilidades de comercialización de la cosecha, pues no se  evidenció elemento de convicción que diera certeza del  valor del racimo de plátano en la zona en que se produjo y en  los meses en que ella se debió recoger (septiembre y octubre  de 1989).  

Inclusive,  el trabajo técnico tuvo en cuenta para llegar a sus  conclusiones el libro del Centro Agronómico Tropical de  Investigación y Enseñanza del Departamento de  Producción Vegetal de Turrialba – Costa Rica, lo que es  inaceptable en la medida en que dicha obra aludía a: i.  cultivos de plátano en general y no a uno específico de  Hartón o Dominico; ii.  al caso de Costa Rica y no de Colombia; iii.  a plantíos sembrados a una distancia de «2.6  x 2.6 en hexágono»,  medidas que no corresponden a la de la plantación que importa,  pues esta se realizó de «2.5  en cuadro».  

Además,  para calcular el valor de la producción, el perito tomó  como precio de venta de cada racimo la suma de $1.200 sin sustento o  fundamento alguno. Sumado a que, frente a los costos de producción,  estos fueron calculados respecto del segundo año, que fue el  valor que tomó el tribunal. «Ello  explica que, en la relación de costos especificada en ese  cuadro, no figuren los relativos a la preparación del terreno,  al valor de la semilla y la siembra. Siendo así, ese cálculo  era inaplicable al sembradío que aquí se trata, pues la  existencia de dicha plantación no llegó siquiera a  completar el primer año, como quiera que se asegura fue  destruido dos meses antes».  

De  pensarse que el cómputo comentado corresponde a los  «costos/hectárea»  del primer año del cultivo, de todas maneras, el coste  asignado tampoco podía tenerse en cuenta, en tanto es  ostensible que el trabajo del perito luce extraño, incompleto  y notoriamente deficitario, pues no incluyó la «preparación  de la tierra, semilla y siembra»,  eventos propios de la primera fase de aquel.  

CONSIDERACIONES  

            

1. En          lo que aquí importa, para el tribunal la prueba del daño,          es decir, la destrucción del cultivo de plátano          ocasionado por el deterioro de las plantas en razón a la          falta de oxígeno que les generó la anegación,          la proporcionó la narración de los testigos, así          como parte del dictamen pericial. Y el valor del mismo, con          exclusividad, lo sustrajo de la última pieza, la que, dígase          de paso, no fue objetada por las partes.  

Planteado  el recurso de casación de la manera atrás resumida, es  posible delimitar la controversia en esta sede así: resulta  pacífico que aquí no se discute la existencia del  predio ni el cultivo de plátano que Alfonso Rodríguez  dijo plantar, así como tampoco se pone en duda la calenda de  la inundación y la causa imputada por el tribunal. Ello  significa que, en el caso sometido a juzgamiento, son indiscutibles  los supuestos del hecho culposo, nexo causal y parcialmente el daño.  

De  allí que, aunque la Corte eventualmente no comparta el  tratamiento que los jueces de instancia le dieron a los supuestos  fácticos y/o jurídicos distintos del que es objeto de  impugnación extraordinaria, como por ejemplo en lo que  respecta a que el predio en el que se realizó el cultivo era  una isla y ello daba un matiz especial a la reyerta, dada la  naturaleza eminentemente dispositiva de este remedio, no es posible  revisar esos otros asuntos, en tanto así quedó definido  por la voluntad de las partes en virtud de su silencio.  

No se  pierda de vista que, como se ha sostenido de antaño,  

(…)  la Corte no puede examinar de oficio defectos de la sentencia que no  hayan sido denunciados formalmente por el recurrente, y decidir la  invalidación del fallo por errores no invocados en la demanda  de casación. En casación el objeto de la sentencia de  la Corte es la existencia de una concreta voluntad de la ley que  garantice el interés del recurrente en obtener la infirmación  del fallo acusado. El recurrente ejercita un derecho de impugnación  contra la sentencia, fundado sobre los vicios singulares de ésta  que él denuncia en su demanda.  (CSJ  C. J., t. LXXXI, pág. 426).  

Y  recientemente, en CSJ SC11204-2015, se reiteró:  

Es  del caso recordar en que el recurso extraordinario de casación  tiene por fin exclusivo establecer la conformidad del fallo  cuestionado con la ley sustancial y/o procesal, según la  causal que se invoque en el o los cargos que se propongan y el  fundamento en que cada uno de ellos se respalde, sin que, por lo  tanto, la Corte, como encargada de resolverlo, esté facultada  para revisar la totalidad del proceso, en sí mismo  considerado, o del pronunciamiento cuestionado, puesto que, como es  suficientemente conocido, la naturaleza dispositiva de esta forma de  impugnación le impide a la Corporación actuar por fuera  de los exactos límites que a las censuras les haya trazado su  proponente.  

Ahora,  se dice que el menoscabo patrimonial quedó en parte definido  ya que la recurrente enfiló todo su esfuerzo en derruir la  presunción de acierto y legalidad de la conclusión a la  que llegó el juez colegiado con relación a la cuantía  del perjuicio. De modo que no planteó ataque frente a la  existencia del mismo (destrucción de la siembra), sino, se  insiste, respecto de su valor. De allí que la prueba pericial  resulta ser la protagonista del embate.  

Con  ese panorama, se procederá a desatar el cargo.  

            

2. La          responsabilidad civil extracontractual parte de que todo daño          ocasionado con culpa a un interés jurídico tutelado          debe ser resarcido por quien lo provocó. Premisa de la que se          extrae cómo la víctima, ya sea directa o indirecta,          deberá acreditar la existencia de un hecho culposo, un          menoscabo y un nexo causal entre aquél y este. Sin perjuicio          de los eventos en los que el primer presupuesto se presuma, como          ocurre, entre otros, frente a los siniestros que se suscitan con la          intervención de actividades peligrosas.  

En  punto de la lesión o «daño»,  la jurisprudencia ha admitido que este debe ser cierto, esto es, que  sea real y efectivo, y no meramente hipotético. De allí  que al interesado en su reparación le corresponderá,  además de probar su ocurrencia, acreditar su extensión  o dimensión, esto es, su cuantía o “quantum  indemnizatorio”.  

Sobre  lo señalado, esta Corporación en sentencia CSJ  SC10297-2014 precisó:  

«En términos generales, el daño es una  modificación de la realidad que consiste en el desmejoramiento  o pérdida de las condiciones en las que se hallaba una persona  o cosa por la acción de las fuerzas de la naturaleza o del  hombre. Pero desde el punto de vista jurídico, significa la  vulneración de un interés tutelado por el ordenamiento  legal, a consecuencia de una acción u omisión humana,  que repercute en una lesión a bienes como el patrimonio o la  integridad personal, y frente al cual se impone una reacción a  manera de reparación o, al menos, de satisfacción o  consuelo cuando no es posible conseguir la desaparición del  agravio».  

De  igual manera, en CSJ SC, 16 may. 2011, en lo pertinente, dijo:  

Indiscutible es la importancia y trascendencia de la carga probatoria  del daño y la relación de causalidad que el legislador  asigna a la parte interesada.  Al respecto, tiene dicho la Corte:  

‘La premisa básica consiste en la  reparación del daño causado, todo el daño y nada  más que el daño, con tal que sea cierto en su  existencia ontológica.  

‘En el ámbito normativo, la noción  de daño comprende toda lesión a un interés  tutelado, ya presente, ora posterior a la conducta generatriz, y en  lo tocante al daño patrimonial, la indemnización cobija  las compensaciones económicas por pérdida, destrucción  o deterioro del patrimonio, las erogaciones, desembolsos o gastos ya  realizados o por efectuar para su completa recuperación e  íntegro restablecimiento, y el advenimiento del pasivo (damnun  emergens), así como las relativas a la privación de las  utilidades, beneficios, provechos o aumentos patrimoniales frustrados  que se perciben o percibirían de no ocurrir los hechos dañosos  (lucrum cessans), esto es, abarca todo el daño cierto, actual  o futuro (arts. 1613 y 1614 Código Civil; 16, Ley 446 de 1998;  cas. civ. sentencia de 7 de mayo de 1968, CXXIV).  

‘En tratándose del daño, […], la  indemnización exige la certeza del detrimento, o sea, su  verdad, existencia u ocurrencia tangible, incontestable o verosímil,  ya actual, ora ulterior, acreditada por el demandante como  presupuesto ineluctable de la condena con pruebas idóneas en  su entidad y extensión.  

‘La  certidumbre del daño, por consiguiente, es requisito constante  ineludible de toda reparación y atañe a la real,  verídica, efectiva o creíble conculcación del  derecho, interés o valor jurídicamente protegido, ya  actual, bien potencial e inminente, mas no eventual, contingente o  hipotética (cas. civ. sentencias de 11 de mayo de 1976, 10  de agosto de 1976, G.J.  No. 2393, pp. 143 y 320)».  

Por  manera que el demandante, frente al tópico en comento, deberá  acreditar, además de su existencia u ocurrencia, la dimensión  o extensión del perjuicio, lo que se traduce en que, con  relación a los daños materiales, estará a su  cargo identificar y comprobar el monto del deterioro provocado a su  patrimonio (daño emergente) o el provecho que dejó de  disfrutar (lucro cesante), sin lo cual no será procedente  restituir su agravio.  

            

3. Al          tenor del artículo 233 del Código de Procedimiento          Civil1,          la peritación es procedente para verificar hechos que          interesen al proceso y requieran especiales conocimientos          científicos, técnicos o artísticos. El daño,          por supuesto, puede ser acreditado con este medio de convicción,          sin que sea el único puesto que, atendiendo las          particularidades de cada caso, habrá otros vestigios con los          que se podrá realizar la misma labor.  

En lo  que respecta a su práctica, el canon 237 de la misma obra  indica que «[l]os  peritos examinarán conjuntamente las personas o cosas objeto  del dictamen y realizarán personalmente los experimentos e  investigaciones que consideren necesarios, sin perjuicio de que  puedan utilizar auxiliares o solicitar por su cuenta el concurso de  otros técnicos, bajo su dirección y responsabilidad; en  todo caso expondrán su concepto sobre los puntos materia del  dictamen»  (num. 2), luego de lo cual, allegarán al expediente el  «dictamen»,  que deberá «ser  claro, preciso y detallado, en él se explicarán los  exámenes, experimentos e investigaciones efectuados, lo mismo  que los fundamentos técnicos, científicos o artísticos  de las conclusiones».  

Al  juez, por su lado, le corresponderá valorarlo de manera  crítica con apego a lo reglado en el artículo 241  ibídem,  esto es, «tendrá  en cuenta la firmeza, precisión y calidad de sus fundamentos,  la competencia de los peritos y los demás elementos  probatorios que obren en el proceso».  De donde se extrae que las conclusiones del auxiliar de la justicia  no le son impuestas al juzgador, quien deberá separarse de  ellas cuando las encuentre infundadas, incoherentes, confusas o  incompletas.  

Y es  que la pericia no es otra cosa que un trabajo de investigación  que elabora un versado en la materia afín al tema de prueba.  De allí que su presentación, normalmente, conste en un  escrito en el que se consigna la totalidad de los experimentos  metodológicamente organizados con los que el experto llegó  a la conclusión que se exhibe al juez para su evaluación.  De manera que la autoridad judicial está compelida a examinar  los fundamentos y conclusiones. Lo que compone un todo a la hora de  valorar ese medio de convicción.  

Al  respecto, la Corte en CSJ SC7817-2016 sostuvo que  

No  se le puede pedir al Juez que posea una sapiencia igual o superior a  la del perito, por lo que el control de la prueba, como ya se esbozó  en anotación anterior, se realizará mediante el  análisis del grado de aceptabilidad de los conocimientos  entregados o por la racionalidad del procedimiento y conclusiones,  ponderando con cautela y guiándose por el esquema racional que  le permitirá, a través de las reglas de la sana  crítica, calibrar y establecer el mérito del medio  persuasivo.  Deberá también tener en cuenta el juez que  ella (la prueba), no traspase los valores superiores que han de  preservarse, como que sea lícita, que no colisione con  patrones éticos, que no vaya contra las buenas costumbres, la  dignidad de la persona u otros derechos fundamentales.  

Su  evaluación, entonces, debe someterse a la libre y razonada  crítica que haga el juzgador, quien, sin duda, no puede  desbordar la discreta autonomía que lo asiste al darle mérito  persuasivo a los elementos de juicio.  

            

4. Bien          pronto se observa la estructuración del error de hecho. En          efecto el tribunal cercenó el dictamen pericial con el que          tuvo por acreditado el quantum          de los perjuicios y, con ello, supuso la prueba del mismo.  

Ciertamente,  la colegiatura de Ibagué, al resolver sobre los reparos  formulados por la apelante relacionados con las deficiencias de la  experticia, en tanto para ella «todo  fue hipotético»,  señaló:  

(…)  la Sala pasa a pronunciarse sobre la tasación de los  perjuicios efectuado (sic) por el juez de primer grado, por cuanto  dicho ítem también fue objeto de apelación. En  la sentencia impugnada la juez de instancia condenó a Emgesa  S.A. a pagar a favor del demandante la suma de $33.510.000 a título  de daño emergente y $59.436.000 a título de lucro  cesante para un total de $92.946.000 por perjuicios materiales. Con  respecto a tales perjuicios se aprecia que en la aclaración al  dictamen pericial obrante a folios 388 a 392 de la continuación  del cuaderno número 1, se estableció que la producción  promedio de plátano por hectárea durante un año  era de $1.981.200 que multiplicado por 30 hectáreas arrojaría  un total de $59.436.000. Se dijo también, en el mencionado  trabajo, que los costos de producción de plátano por  año sobre las mismas 30 hectáreas equivalían a  $33.510.000 y contra dichas conclusiones ninguna de las partes hizo  reparo alguno. Con base en los anteriores datos, encuentra la Sala  que la estimación de perjuicios realizada por la juez de  instancia no está ajustada a derecho, pues si se reconoce que  los perjuicios materiales sufridos por el demandado a título  de daño emergente están determinados por los gastos en  los que debió incurrir el demandado para poner las 30  hectáreas de plátano en etapa de producción, y  los perjuicios materiales a título de lucro cesante están  constituidos por las utilidades netas que el demandante esperaba  percibir durante el primer año, entonces no era procedente  sumar el coeficiente bruto de producción, esto es, a los  $59.436.000 los $33.510.000 que constituían los costos de esa  producción por encontrarse incluidos en la primera suma  citada. En consecuencia, los daños causados a reconocer a  favor del demandante son los siguientes (…). En lo demás,  el cargo de apelación formulado no prospera, debiéndose  por tanto confirmar la sentencia (…). (Video  sentencia del tribunal, min. 27:30 a 30:30).  

Como  puede ser apreciado sin mayor esfuerzo, el juez colegiado tomó  las conclusiones que el perito informó sin ningún  raciocinio, apoyado en que las partes no se pronunciaron en contra.  Así, asumidos como propios los datos, pasó, sin más,  a realizar las operaciones aritméticas que entendió  admisibles para modificar las condenas impuestas por el a  quo.  

Por  ello ocurrió el desatino, pues revisado ese trabajo técnico  (fls. 293 a 307, segunda parte del cuaderno principal) salta a la  vista que el perito no explicó, ni demostró, el método  que lo llevó a los resultados que comunicó al juez. Es  decir, aquél se limitó a absolver las preguntas que le  formularon las partes sin mostrar cuál fue el procedimiento o  la técnica que empleó para responderlas, ni cuáles  fueron los experimentos realizados, o las fuentes de información  consultadas; en últimas, la razón de su dicho no fue  conocida.  

Por  ejemplo, cuando se le pidió «[d]eterminar  cuántos racimos de plátano por hectárea se  podrían producir en ese predio para 1989»,  respondió (fl. 295, ib):  

De  acuerdo a lo establecido en el libro Producciones de Plátanos  (Musa AAB, ABB) del Centro Agronómico Tropical de  Investigación y Enseñanza (CATIE) del Departamento de  Producción Vegetal (Turrialba, Costa Rica 1985) de la  biblioteca del Centro Interamericano de Documentación e  Información Agrícola (IICA-CIDIA), en su página  63 (Producción y rendimiento) se establece tácitamente:  

Estimando  pérdidas de 20 por ciento, una producción de 1.2  racimos por mata por año y con una población de 1.720  plantas por hectárea (2.6 x 2.6 m en hexágono), se  pueden producir 1.651 racimos por hectárea por año, que  con un peso de 12 kg por racimo produciría 19.812 kg por  hectárea.  

También,  al ser requerido para que informara «[e]l  valor del racimo de plátano y la suma total que debería  haber obtenido en dinero el demandante para la mencionada fecha del  producto agrícola mencionado»,  manifestó (fl. 295, ib):  

La  respuesta a este inciso se encuentra consignada en el cuadro No. 2 y  No. 3 de este informe.  

Cuadros  que presentó como enseguida se muestra (fls. 307 y 308, ib):  

                                                                                  

LUCRO                          CESANTE                                                                      

                          

DAÑO                          EMERGENTE                                                                      

                          

VALOR                          TOTAL                          

LUCRO                          CESANTE                          

+                          DAÑO                          

EMERGENTE          

AÑO                                                                      

                          

IPC                                                                      

                          

VALOR                          FINAL                                                                      

                          

AÑO                                                                      

                          

IPC                                                                      

                          

VALOR                          FINAL          

1.994                                                                      

22.59                                                                      

1.994                                                                      

22.59                                                                      

$                          1.568.400                                                                      

$                                               37.478.400          

1.995                                                                      

19.46                                                                      

$                                  42.898.086                                                                      

1.995                                                                      

19.46                                                                      

$                          1.873.611                                                                      

$                                               44.771.697          

1.996                                                                      

21.63                                                                      

$                                  52.176.942                                                                      

1.996                                                                      

21.63                                                                      

$                          2.278.873                                                                      

$                                               54.455.815          

1.997                                                                      

17.68                                                                      

$                                  61.401.825                                                                      

1.997                                                                      

17.68                                                                      

$                          2.681.777                                                                      

$                                               64.083.603          

1.998                                                                      

16.7                                                                      

$                                  71.655.930                                                                      

1.998                                                                      

16.7                                                                      

$                          3.129.634                                                                      

$                                               74.785.564          

1.999                                                                      

9.23                                                                      

$                                  78.269.773                                                                      

1.999                                                                      

9.23                                                                      

$                          3.418.499                                                                      

$                                               81.688.272          

2.000                                                                      

8.75                                                                      

$                                  85.118.378                                                                      

2.000                                                                      

8.75                                                                      

$                          3.717.618                                                                      

$                                               88.835.996          

2.001                                                                      

7.65                                                                      

$                                  91.629.934                                                                      

2.001                                                                      

7.65                                                                      

$4.002.016                                                                      

2.002                                                                      

6.99                                                                      

$                                  98.034.866                                                                      

2.002                                                                      

6.99                                                                      

$                          4.281.757                                                                      

$                                             102.316.623          

2.003                                                                      

6.49                                                                      

$                                104.397.329                                                                      

2.003                                                                      

6.49                                                                      

$                          4.559.643                                                                      

$                                             108.956.971          

2.004                                                                      

5.5                                                                      

$                               110.139.182                                                                      

2.004                                                                      

5.5                                                                      

$                          4.810.423                                                                      

$                                             114.949.605          

2.005                                                                      

4.85                                                                      

$                               115.480.932                                                                      

2.005                                                                      

4.85                                                                      

$                          5.043.729                                                                      

$                                             120.524.661          

2.006                                                                      

4.48                                                                      

$                                120.654.478                                                                      

2.006                                                                      

4.48                                                                      

$5.269.688                                                                      

$                                             125.924.165          

2.007                                                                      

5.69                                                                      

2.007                                                                      

5.69                                                                      

$                          5.569.533                                                                      

$                                             133.089.250          

2.008                                                                      

7.67                                                                      

$                               137.300.480                                                                      

2.008                                                                      

7.67                                                                      

$5.996.716                                                                      

$                                             143.297.196          

2.009                                                                      

2                                                                      

$                                140.046.490                                                                      

2.009                                                                      

2                                                                      

$                          6.116.650                                                                      

$                                             146.163.140          

2.010                                                                      

3.17                                                                      

$                                144.485.963                                                                      

2.010                                                                      

3.17                                                                      

$                          6.310.548                                                                      

$                                             150.796.511          

2.011                                                                      

1.52                                                                      

$                                146.682.150                                                                      

2.011                                                                      

1.52                                                                      

$                          6.406.469                                                                      

$                                             153.088.618          

2.012                                                                      

2.44                                                                      

2.012                                                                      

2.44                                                                      

$                          6.562.786                                                                      

$                                             155.823.981          

2.013                                                                      

1.94                                                                      

$                                153.176.262                                                                      

2.013                                                                      

1.94                                                                      

$                          6.690.104                                                                      

$                                             159.866.366          

2.014                                                                      

3.25                                                                      

$                                158.154.490                                                                      

2.014                                                                      

3.25                                                                      

$                          6.907.533                                                                      

$                                             165.062.023          

VALOR                          TOTAL DEL LUCRO CESANTE Y DAÑO EMERGENTE A LA FECHA DE                          PRESENTACION DEL DICTAMEN                                                                      

                          

$                                             165.062.023    

                                                                                                                                              

NOMBRE                          ACTUAL                                                                      

AREA                          AFECTADA (Has)                                                                      

                          

                          

CULTIVO                          SEMBRADO                                                                      

EDAD                          APROXIMADA A JUNIO DE 1989   (MESE8)                                                                      

PROMEDIO                          

DE                          

PRODUCCION                                                                      

TIEMPO                          DE PRODUCCION (Años)                          

                                                                      

                          

TOTAL                          PRODUCCION ESPERADA                                                                      

                          

VALOR                          PROMEDIO                                                                      

                          

COSTOS                          DE SOSTENIMIENTO (VER TABLA ANEXA)          

CANT                                                                      

UNID                                                                      

                          

CANT                                                                      

                          

UNID                                                                      

VALOR                          ($)                                                                      

                          

UNID                                                                      

                          

Ha                          ($)                                                                      

                          

TOTAL                          ($)          

GODOYUNO                                                                      

30                                                                      

                          

PLATANO                                                                      

                          

2400                                                                      

                          

Racimos/                          

año                                                                      

                          

3                                                                      

                          

7200                                                                      

                          

Racimos                                                                      

                          

1200                                                                      

                          

Racimo                                                                      

                          

$1.197.000                                                                      

                          

$2.394.000    

                                                                                                                                          

COSTOS                                  DE PRODUCCION (Ha) (VER TABLA ANEXA)                                                                                              

                                  

VALOR                                  TOTAL (LUCRO CESANTE) ($)                                                                                              

INVERSION                                  REALIZADA A LA FECHA DE LA INUNDACION (DAÑO EMERGENTE)                                                                                              

                                  

Ha                                  ($)                                                                                              

TOTAL                                  ($)                                                                                              

UNIT                                                                                              

TOTAL                  

$1.197.000                                                                                              

                                  

$107.730.000                                                                                              

                                  

$1.197.000                                                                                              

                                  

$35.910.00                                                                                              

                                  

$1.568.400                                                                                              

                                  

$37.478.400              

Frente  a la «estructura  de costos del cultivo»  (pregunta “g”), el perito se remitió, sin  explicación, al siguiente cuadro (fl. 296, ib):  

ESTRUCTURA  DE COSTOS DE SOSTENIMIENTO PARA 1 Ha DE PLÁTANO EN EL  MUNICIPIO DE NATAGAIMA EN 1989  

                                                                                                                                                        

ITEM                                                                      

DESCRIPCION                                                                      

UNIDAD                                                                      

CANT                                                                      

VR                          UNITARIO                                                                      

VR                          TOTAL          

A                                                                      

COSTOS                          DIRECTOS          

1                                                                      

Mano                          de obra          

Desyerbas                          y plateos                                                                      

                                                                      

Jornales                                                                      

25                                                                      

6,000.00                                                                      

150,000.00          

Deshijes                                                                      

                                                                      

Jornales                                                                      

8                                                                      

6,000.00                                                                      

48,000.00          

Destronque                          y Pique                                                                      

                                                                      

Jornales                                                                      

10                                                                      

6,000.00                                                                      

60,000.00          

Fertilizaciones                                                                      

                                                                      

Jornales                                                                      

5                                                                      

6,000.00                                                                      

30,000.00          

Ampliación                          Pesticidas                                                                      

                                                                      

Jornales                                                                      

5                                                                      

6,000.00                                                                      

30,000.00          

Corte                          y Transporte Interno                                                                      

Jornales                                                                      

40                                                                      

240,000.00          

SUBTOTAL                          MANO DE OBRA                                                                      

$                            558,000.00          

2                                                                      

Insumos          

Fertilizantes:                          KCL-DAP                                                                      

Agrimins,SAM                                                                      

Bultos                                                                      

15                                                                      

10,000.00                                                                      

150,000.00          

Glifosatos                                                                      

Glifosato                                                                      

Gal                                                                      

2                                                                      

48,000.00                                                                      

96,000.00          

Fungicidas                                                                      

Ridomil                          Benlate                                                                      

Kg                                                                      

3                                                                      

30,000.00                                                                      

90,000.00          

Herramientas                                                                      

                                                                      

Glb                                                                      

1                                                                      

20,000.00                                                                      

20,000.00          

TOTAL                          COSTOS DIRECTOS                                                                      

$                            914,000.00          

B                                                                      

COSTOS                          FIJOS          

                          

                                                                      

Arriendo                                                                      

                                                                      

Hect                                                                      

1                                                                      

80,000.00                                                                      

80,000.00          

Administración                                                                      

                                                                      

Glb                                                                      

1                                                                      

30,000.00                                                                      

30,000.00          

Intereses                                                                      

                                                                      

Glb                                                                      

1                                                                      

122,000.00                                                                      

122,000.00          

Imprevistos                                                                      

                                                                      

Glb                                                                      

1                                                                      

51,000.00                                                                      

51,000.00          

TOTAL                          COSTOS FIJOS                                                                      

$                             283,000.00          

A                          + B                                                                      

TOTAL                          COSTOS PRODUCCION 2º AÑO                                                                      

$                          1,197,000.00          

C                                                                      

PRODUCCION                                                                      

Racimos                                                                      

1.8                          Sitio/ año                                                                      

1651                                                                      

1,200.00                                                                      

$                          1,981,200.00          

UTILIDAD                          2º AÑO DE PRODUCCION                                                                      

$                             784,200.00          

ES                          SIMILAR A 4 CICLOS MAS, ES DECIR EN ESTA CONDICIONES SE CALCULA LA                          VITA UTIL DE LA PLATANERA EN 6 AÑOS O CICLOS    

Y en  la aclaración que presentó (fls 388 a 392, ib),  señaló, entre otros aspectos, que:  

Una  vez revisados los cuadros, se puede concluir que los ingresos por año  por venta de plátano por hectárea es de $1.981.200, por  lo que los ingresos totales para las 30 hectáreas de plátano  es de $59.436.000 y que la vida productiva de una plantación o  cultivo de plátano es de cuatro años, por lo que los  ingresos totales en los cuatro años por venta de plátano  es de $237.744.000 y que los costos de producción por hectárea  de plátano por año es de $1.117.000 (se le descontó  el valor del arriendo -$80.000- debido a que el lote de terreno  sembrado era propio), por lo que los costos de producción  totales por año para las 30 hectáreas de plátano  es de $33.510.000, y como la vida productiva de una plantación  o cultivo de plátano es de cuatro años, tenemos que los  costos de producción durante la vida productiva del cultivo de  plátano es de $134.040.000, siendo por lo tanto la UTILIDAD  LÍQUIDA del cultivo de plátano afectado durante la vida  productiva en la suma de $103.704.000.  

Lo  que quiere decir que el valor final del lucro cesante y el daño  emergente corresponden a ciento tres millones setecientos cuatro mil  pesos ($103.704.000) moneda corriente.  

Nótese  que, apreciado en su integridad el dictamen, no es posible comprender  la información que presentó el perito. En efecto, no  reveló por qué utilizó una investigación  realizada en Costa Rica para establecer la cantidad de racimos de  plátano que se iban a recolectar en el terreno del demandante.  No se supo si la producción agrícola de ese país  era similar a la colombiana, de qué tipo de planta se hablaba  en dicho texto, o si la cosecha de que trató la indagación  tuvo parámetros similares a los del caso. Es decir, no existe  claridad respecto a las razones por las cuales esa pesquisa debía  ser adoptaba aquí sin ningún miramiento adicional.  

De  los cuadros en los que se dio a conocer el daño emergente y el  lucro cesante no es posible extraer cómo se obtuvo el valor de  un racimo de plátano para el tiempo de la posible cosecha  (septiembre – octubre de 1989). Al respecto se dijo que «el  valor promedio»  era de «$1200»,  pero el perito no mostró cuáles fueron las variables e  indagaciones que realizó para llegar a ese resultado.  

Lo  mismo ocurrió con la relación de costos por hectárea,  ya que se incluyen conceptos tales como «mano  de obra»,  «insumos»  y «costos  fijos»  con su condigna asignación económica sin que se diera  certeza de que la totalidad de los ítems allí  relacionados fueron los gastos en que incurrió el actor y que  los valores correspondientes fueron los precios asumidos por ellos.  

De  manera que la deficiente apreciación probatoria es evidente y  ostensible, ya que «la  correcta valoración del dictamen pericial de que se trata,  exigía del juzgador establecer si las conclusiones del mismo  tenían suficiente sustento científico, sin que, por  ende, le fuera viable tomar únicamente las deducciones finales  del experto, en tanto que ello implicaba cercenar la experticia, pues  conducía a desconocer su fundamentación, cuyo análisis  debe ser siempre crítico»  (CSJ SC21828-2017).  

Ahora  bien, lo dicho no muta por el hecho de que las partes no hayan  objetado el dictamen, habida cuenta que como se indicó en el  punto anterior, además de que la evaluación crítica  del mismo es una obligación del juez al momento de su  valoración, dicho elemento de convicción tiene como  propósito dar herramientas de juicio al juzgador en los campos  del conocimiento que este no domina y, por lo mismo, de ningún  modo sus resultas lo vinculan. Por manera que el silencio de los  litigantes no provoca ningún efecto en su evaluación,  más allá de causar la terminación de la fase de  contradicción de la prueba.  

Sobre  este tipo de yerro, que hace parte de la violación indirecta  de la ley sustancial por error de hecho, la Corte ha sostenido que  «puede  brotar cuando se altere objetivamente la experticia, ora porque  careciendo de aquella fundamentación –firme precisa y  técnica-, en la sentencia se le atribuye su existencia; o ya  porque siendo fundada la forma legalmente exigida, en el fallo se le  desconoce su alcance o eficacia»  (CSJ.  Civil. Sentencia de 27 de junio de 1987. Posición reiterada en  CSJ SC2776-2019).  

Sin  desconocer las evidentes diferencias, resultan apropiadas las  consideraciones que realizó la Corte cuando casó la  sentencia dictada en un juicio de recisión por lesión  enorme, en el que el tribunal acogió un dictamen sin  fundamentación y con ello incurrió en el error de hecho  referido. Se dijo en esa oportunidad:  

En  suma, si la firmeza y calidad del dictamen, la otorgan la fuerza  expositiva de los razonamientos, la ilación lógica de  las explicaciones y conclusiones, así como la calidad de las  comprobaciones y métodos utilizados por el experto, quedaría  en una mera opinión personal de éste, el trabajo que,  cual se aprecia en los que se dejaron resumidos, sólo se  sustenta en una simple descripción física del predio  (para lo cual no se requiere de especiales conocimientos) y en  conclusiones subjetivas que no tienen apoyo en basamento alguno, que  resulte comprobable respecto de las conclusiones o resultados que  plantea -a partir de la información y la metodología  que detalla-  de cara al estado del arte o ciencia de que se trate, y  suficientemente consistente en sus conclusiones desde la perspectiva  de la lógica formal; soporte que, se repite, siempre debe  explicitarse en el dictamen, a efectos de que, sin dejar de ser -a  fin de cuentas- una opinión del perito, se sostenga ella en  reglas, métodos, procedimientos técnicos, científicos  o artísticos que la tornen lo más objetiva posible, y,  por ese camino, que le brinden al trabajo realizado por el experto,  la fuerza persuasiva necesaria para su acogimiento, en tanto es un  juicio racional emitido con base en el conocimiento especializado  acerca de un hecho cuya valoración es necesaria en el proceso  y no pertenece a la órbita del derecho ni cae en el ámbito  de la información media o común.  

Ahora  bien, no se trata de que en sede de casación la Sala no siga  reconociendo la autonomía de que goza el sentenciador de  instancia para calificar y apreciar la firmeza, precisión y  calidad de los fundamentos del dictamen pericial. Lo que se quiere  resaltar, como por demás se ha hecho en ocasiones anteriores  (Cas. Civ. del 11 de julio de 2005, Exp. 73001-3103-001-1995-1977-01  y del 6 de junio de 2006, Exp. 11001-31-03-010-1998-17323-01) es que  cuando la Corte constata, de acuerdo con lo que el censor le propone  y sólo en esa medida, que dichos fundamentos son meramente  formales o de apariencia, resultan atendibles los reparos que por la  indebida apreciación de la fuerza probatoria de una pericia le  achaca el impugnante al fallo del Tribunal, direccionando el embate  por la vía indirecta en la forma de error de hecho, aduciendo  la falta de idoneidad de sus fundamentos (CSJ, SC 7720 del 16 de  junio de 2014, Rad. n.° 2008-00374-01).  

            

5. En          suma, como el ad          quem          tomó las conclusiones de la experticia sin evaluar su          fundamentación provocó su cercenamiento, lo que          produjo la suposición del quantum          del perjuicio, como lo alegó la recurrente. Desliz que          resulta ser trascendente si en cuenta se tiene que ello era          indispensable para estructurar la responsabilidad civil declarada,          en razón a que no se evidenció otro elemento de          convicción que lo supliera, de suerte que la decisión          debió ser otra de no ser porque se incurrió en el          defecto antedicho.  

El  cargo, por consiguiente, prospera y, en tal virtud, habrá de  casarse parcialmente el proveído objeto de censura.  

TERCERO  CARGO  

Para  que fuera casado parcialmente, denunció el fallo impugnado de  haber quebrantado indirectamente los artículos 1613, 1614,  2341 y 2356 del Código Civil, así como el 16 de la Ley  446 de 1998, en razón a una indebida interpretación de  la demanda. Error que se concretó cuando esa autoridad  consideró que en ella se solicitó la reparación  de un daño emergente a favor del actor.  

Apoyado  en los mismos argumentos que se consignaron en el cargo segundo,  agregó que en los hechos del libelo no se incorporaron  acontecimientos relacionados con la pérdida que sufrió  el accionante respecto de los gastos en que incurrió para  desarrollar el cultivo de plátano. No obstante, «el  tribunal, desconociendo el genuino sentido de la demanda, de seguro  por haberse incluido en su pretensión segunda la expresión  “daño emergente”, aunque desprovista de contenido,  estimó que el accionante sí solicitó la  reparación de dicho perjuicio, entendiendo por tal los gastos  de implantación y sostenimiento del cultivo hasta cuando  acaeció su destrucción, al punto que en las  resoluciones de su fallo lo reconoció e impuso a la demandada  el deber de pagar, por dicho concepto, la suma de $33.510.000».  

CONSIDERACIONES  

Bien  pronto se observa que el cargo sobrelleva el mismo defecto por el que  se desestimó el segundo embate (incongruencia). Ciertamente la  censora discute el reconocimiento que hizo el tribunal del «daño  emergente»,  en la medida en que dicho menoscabo, en su sentir, no fue instado en  la demanda, por lo que el ad  quem  incurrió en una indebida interpretación de esta pieza  procesal.  

De  allí que, con apoyo en los miramientos que sobre el punto se  expuso al desatar el segundo embate, baste señalar que resulta  extraño en esta sede el planteamiento realizado por la  casacionista, en la medida en que el perjuicio material aludido fue  estudiado y reconocido por el juez de la primera instancia sin que  las críticas que ahora se comunican hayan sido dadas a conocer  al juez colegiado a través del recurso de apelación.  

De  modo que la debida solicitud o no del daño emergente quedó  incólume con la sentencia emanada por el juzgado del circuito,  como quiera que ese preciso punto no fue objeto de la alzada. Y el  tribunal no pudo incurrir en el error en que se le endilga en tanto  la opugnante no le propuso estudiar ese tema, dado el límite  de su competencia en segunda instancia (art. 328. C.G.P.).  

Así  las cosas, es evidente lo novedoso del reparo y, entonces, el ataque  no prospera.  

ASPECTOS  FINALES  

            

1. No          se estudiará el último cargo propuesto, ya que buscaba          la supresión parcial del fallo al rebatir la dimensión          del lucro cesante reconocido, en tanto hubo una indebida valoración          del dictamen pericial. Aspecto que quedó sin soporte al haber          prosperado el primer cargo, como se vio.  

            

2. Como          consecuencia del quiebre parcial del pronunciamiento cuestionado por          esta vía extraordinaria de impugnación, la Sala deberá          emitir la sentencia sustitutiva. Sin embargo, ante la falta de          elementos de convicción necesarios para decidir la pretensión          indemnizatoria, es forzoso proceder previamente al decreto de          pruebas de oficio2,          con el propósito de establecer la real entidad y el monto de          los perjuicios en la modalidad de daño emergente y lucro          cesante.  

Para  el efecto se designará a la Universidad Nacional de Colombia,  a fin de que su Facultad de Ciencias Agrarias designe un ingeniero  agrónomo experto en plantación de plátanos,  quien deberá tener los conocimientos necesarios para  establecer o desvirtuar los daños patrimoniales procurados por  Alfonso Rodríguez Yara. En concreto, el perito tendrá  en cuenta los elementos de convicción que reposan en el  expediente y deberá responder los cuestionamientos que formuló  el demandante en su escrito de postulación, estos son, los  consignados en los literales d, e, f, g, vistos a folio 10 del  cuaderno principal. Así como revelará de forma clara,  precisa y suficiente los costos de producción de la plantación  aludida, con la identificación de los conceptos que los  provocaron; el precio del racimo de plátano Hartón  o Dominico en la región donde está ubicado el inmueble,  para el año 1989; y el número de racimos que debieron  ser cosechados en el fundo para la calenda aludida.  

Se  les recuerda a los extremos en contienda que deberán asumir  los gastos de la experticia y los honorarios del perito por partes  iguales (art. 169 C.G.P.) y habrán de colaborar en la práctica  de la prueba.  

            

3. No          habrá lugar a condena en costas ante la bienandanza del          recurso, de acuerdo con lo previsto en el inciso final del artículo          349 del Código General del Proceso.  

DECISIÓN  

La  Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia,  administrando justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley, CASA  parcialmente la sentencia de 26 de febrero de 2018, proferida por la  Sala Civil Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Ibagué, en el proceso de la referencia y en sede de instancia,  antes de proferir el fallo de reemplazo, dispone la práctica  de la prueba de oficio anunciada.  

Sin  costas dentro de la impugnación extraordinaria, ante la  prosperidad del recurso.  

NOTIFÍQUESE  Y CÚMPLASE  

FRANCISCO  TERNERA BARRIOS  

Presidente  de Sala  

ÁLVARO  FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

AROLDO  WILSON QUIROZ MONSALVO  

LUIS  ALONSO RICO PUERTA  

LUIS  ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Con  Salvamento de Voto  

LUIS  ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

SALVAMENTO  DE VOTO  

Radicación  n° 73319-31-03-002-2009-00110-01  

1.  Con  el acostumbrado  respeto que  siempre he observado por la Sala y por esta Corte de Casación,  me  veo en la imperiosa necesidad de salvar mi voto, por cuanto no  comparto la decisión adoptada en el fallo de la referencia, ni  los argumentos basilares sobre los cuales ésta se edificó.  

Se  desconocen nociones importantes del derecho de bienes, concretamente  en relación con las  islas que se hallan en los ríos que surcan más de una  heredad como bienes públicos inapropiables.  Pero igualmente se ignora la legislación de aguas y, más  aún, se contraría el nuevo desarrollo jurisprudencial,  legislativo y el orden público ecológico nacional y  mundial que desde hace lustros ha reconocido en el derecho del agua  un interés digno de la más rigurosa tutela por parte  del Estado. La naturaleza es un sujeto de derecho digno de  protección. El agua con sus elementos y estructura, el  ecosistema, y el aire libre de contaminantes y el ambiente natural  son derechos fundamentales. En compendio la decisión ignora el  cambio de paradigma que gira desde una concepción puramente  antropocéntrica y tecnocrática, a un modelo de sociedad  ecocéntrica-antrópica.  

2.  Los hechos relevantes, base del litigio sometido al escrutinio de la  Sala, son los siguientes:  

2.1.  Ante  el Juzgado Segundo Civil del Circuito del Guamo – Tolima,  Alfonso  Rodríguez Yara,  solicitó declarar civilmente responsable a Emgesa S.A. E.S.P.,  por los daños causados a un cultivo de plátano sembrado  en su predio, el cual está ubicado en el río Magdalena,  zona Magdalena medio. En consecuencia, la condena en perjuicios.  

2.2.  En  respaldo de sus pretensiones, arguyó que, para julio de 1989,  tenía sembradas 30 hectáreas de plátano, las  cuales fueron destruidas por el río Magdalena, tras la  apertura imprevista de las compuertas de la represa de Betania por  parte de sus operarios, sin observar lo dispuesto en el Manual de  Operaciones, para la temporada de lluvias.  

2.3.  En  sentencia de 1 de febrero de 2017, el a-quo  accedió  a las pretensiones.  

2.4.  Esa  determinación, fue confirmada en sede de apelación,  por  la Sala Civil Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Ibagué,  el  26 de febrero de 2018; empero, modificó las condenas.  

El  colegiado ad  quem,  luego de analizar el elemento daño adujo que, de  lo declarado por los testigos se podía inferir que el  demandante era propietario del inmueble y lo explotaba económicamente  a través de la siembra de plátano, la cual quedó  destruida tras la inundación generada  por el aumento repentino de las aguas del río Magdalena  durante el mes de julio de 1989.  

Frente  a la aclaración del dictamen pericial indicó que, el  experto no precisó cual era el caudal necesario para que el  fundo se inundara; empero, señaló, con los “caudales  vertidos”  para esa fecha, “ese  predio se tenía que inundar”.  

Adujo,  que si bien en la experticia se aseveró que la heredad del  actor se encuentra ubicada dentro de una isla en el centro del río  Magdalena, no se logró acreditar que fuera proclive a  inundarse, pues tal característica no lo hacía inidóneo  para la agricultura o la ganadería.  

Atinente  con la zona de ronda, sostuvo que no halló demostrada la  distancia exacta entre la ribera del río y el cultivo de  plátano; sin embargo, afirmó, sí existían  medios suficientes para establecer su dimensión aproximada.  

Al  apreciar la zona de protección señaló que esta  tenía un ancho de 10 a 15 metros, diferente a “que  esa fuera la distancia entre la orilla del río y el cultivo,  lo  que permite concluir que, si dicha franja se anteponía entre  el río Magdalena y la siembra, la distancia entre aquél  y esta no podía ser menor al trecho aludido”.  

2.5.  La  Corte, casó  parcialmente el proveído objeto de censura, tras considerar  que el Tribunal,  tomó las conclusiones de la experticia, sin evaluar su  fundamentación, por tanto, provocó su cercenamiento, al  suponer el quantum  del perjuicio; desliz que resultaba ser trascendente.  

En  síntesis, indicó que el auxiliar no explicó ni  mostró los métodos o experimentos que realizó  para llegar a los resultados que presentó, o las fuentes de  información consultadas. La experticia, estuvo huérfana  de fundamentación y no reveló porqué utilizó  una investigación realizada en Costa Rica para establecer la  cantidad de racimos de plátano que se iban a recolectar en el  terreno del demandante. Tampoco estableció si la producción  agrícola de ese país era similar a la colombiana.  

En  consecuencia, previo a decidir la pretensión indemnizatoria,  decretó pruebas de oficio, con el propósito de  establecer el monto de los perjuicios.  

3.  Disiento,  como ya lo adelanté. La decisión y la postura de la  Sala desconoce numerosos preceptos legales, constitucionales y  convencionales que derruyen de tajo la pretensión del  demandante en el litigio cuestionado. Son entre otras, algunas de mis  razones, las siguientes:  

3.1.  Las  islas que se encuentran en los ríos y quebradas del país  son bienes de uso público de la Nación y no puede sobre  ellas ejercerse acto de posesión o de dominio alguno.  La sentencia se rebela abiertamente contra la regla 677 del C.C. que  establece claramente: “Los  ríos y todas las aguas que corren por cauces naturales son  bienes de la Unión, de uso público en los respectivos  territorios.  

Exceptúanse  las vertientes que nacen y mueren dentro de una misma heredad: su  propiedad, uso y goce pertenecen a los dueños de las riberas,  y pasan con estos a los herederos y demás sucesores de los  dueños”.  

El  texto dispone que todas las aguas y cuanto en su interior se halla y  que corren por cauces naturales son bienes de uso público y,  por tanto, pertenecen a la Nación. El mandato debe entenderse  en coherencia con el art. 684 ejúsdem  donde señala que “no  obstante, lo prevenido en este capítulo y en el de la  accesión, relativamente al dominio de la Unión sobre  los  ríos, lagos e islas,  subsistirán los derechos adquiridos por particulares, de  acuerdo con la legislación anterior a este Código”  (subrayas fuera de texto).  

De  modo que en la estructura del Código en lo tocante con las  islas, son todas de la Nación, salvo (i) las que se hallen en,  “(…) las vertientes que  nacen y mueren dentro de una misma heredad  (…)” según el art. 677 ya citado, porque  pertenecen a los particulares; y (ii) la hipótesis aludida del  art. 684, excepciones que de ninguna manera cobijan la situación  del demandante, en relación con quienes poseyesen títulos  de dominio sobre ellas, con antelación a la entrada en  vigencia del C. C. del 26 de mayo de 1873.  

La  premisa 677 pretranscrita se encuentra desarrollada en el Decreto  2811 de 1974, Código de los Recursos Naturales Renovables,  expedido con fundamento en el ejercicio de las facultades  extraordinarias conferidas por la Ley 23 de 1973. Allí se  consigna la proposición jurídica de los preceptos 80 a  84, textos que abundan la naturaleza de bien público de las  islas que se encuentran en los ríos y caños que  recorren el territorio nacional, que inclusive se extiende hasta un  área que no es respetada, a pesar de su imperativo legal,  concerniente a “[u]na  faja paralela a la línea de mareas máximas o a la del  cauce permanente de ríos y lagos, hasta de treinta metros de  ancho”.  Señala la normativa en cuestión:  

“Art.  80.  Sin perjuicio de los derechos privados adquiridos con  arreglo a la ley, las aguas son de dominio público,  inalienables e imprescriptibles.  

“Cuando  en este Código se hable de aguas sin otra calificación,  se deberán entender las de dominio público.  

“Art.  81. De acuerdo con el artículo 677 del  Código Civil, se entiende que un agua nace y muere en una  heredad cuando brota naturalmente a su superficie y se evapora o  desaparece bajo la superficie de la misma heredad.  

“Art.  82. El dominio privado de las aguas se extingue por ministerio  de la ley por no utilizarlas durante tres años continuos a  partir de la vigencia de este código, salvo fuerza mayor.  

Para  declarar la extinción se requerirá decisión  administrativa sujeta a los recursos contencioso administrativos  previstos por la ley.  

“Art  83. Salvo derechos adquiridos por particulares, son bienes  inalienables e imprescriptibles del Estado:  

a).  El álveo o cauce natural de las corrientes;  

b).  El lecho de los depósitos naturales de agua.  

c).  Las playas marítimas, fluviales y lacustres;  

d).  Una faja paralela a la línea de mareas máximas o a la  del cauce permanente de ríos y lagos, hasta de treinta metros  de ancho;  

e).  Las áreas ocupadas por los nevados y los cauces de los  glaciares;  

f).  Los estratos o depósitos de las aguas subterráneas.  

“Art.  84. La adjudicación de un baldío no comprende la  propiedad de aguas, cauces ni, en general, la de bienes a que se  refiere el artículo anterior, que pertenecen al dominio  público”.  

De  tal modo que la zona sobre la cual recae la controversia carece de  fundamento legal y constitucional porque corresponde a un bien  público respecto del cual nadie puede obtener utilidad o  ventaja, sino que debe ser conservada por el papel que representan  frente al ecosistema y si sobrevino una avalancha, el particular que  la explotaba nada tiene que reclamar para sí, porque ello no  formaba ni puede formar parte de su patrimonio. Toda la reclamación  y la indemnización que la avalancha o apertura de las  compuertas que la represa genera, y que se haga en forma  irresponsable, como acontece en el caso, debió disponerse pero  a favor de la Nación con destino al restablecimiento del  ecosistema por la irresponsable administración de la represa  que afecta el patrimonio público de la Nación y de  todos los colombianos, pero de ninguna manera a favor del activo del  demandante.  

Los  únicos que puede explotar zonas de esa naturaleza son quienes  hayan cumplido los requisitos y obtenido la autorización  expresa del Gobierno Nacional, según lo prescrito en el art.  69 de la Ley 160 de 1994, que fue modificado por el art. 4 de la Ley  1900 de 2018, acreditando lo establecido en los arts. 4 y 5 del  Decreto 902 de 2017, para el ejercicio de derecho de acceso a tierra  y formalización a título total o parcialmente gratuito,  la adjudicación de un baldío, en relación con  las “(…) islas,  playones y madreviejas desecadas de los ríos, lagos y ciénagas  de propiedad nacional solo podrán adjudicarse a campesinos y  pescadores de escasos recursos, en las extensiones y conforme lo  disponga la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap) o la  entidad que la reemplace o sustituya”.  

El  precepto añade que en “(…) igualdad  de condiciones, se debe preferir a quienes sean campesinos o  pescadores ocupantes”.  

Además,  como muchas de las islas situadas en los ríos colombianos por  la sequía y cambios climáticos abruptos causados por la  irresponsabilidad de los hombres y las comunidades humanas azuzadas  por el capitalismo devorador, la criminalidad, el narcotráfico  y los explotadores de los recursos naturales en forma ilícita,  genera desecamiento de ríos, quebradas, caños,  ciénagas, lagunas, humedales, desaparición de  vertientes hídricas y con la indolencia de autoridades y  decisiones como de la que ahora disiento, surgen sabanas y playones  comunales; dispone el art. 69 aludido que allí “(…)  no  se adelantarán programas de adquisición de tierras”,  añadiendo que en “(…) las  reglamentaciones que dicte el [gobierno]  sobre uso y manejo de las sabanas y playones comunales, deberán  determinarse las áreas que pueden ser objeto de ocupación  individual, pero solo para fines de explotación con cultivos  de pancoger”.  

Además,  allí terminantemente se dispone que “[l]os  playones y sabanas comunales constituyen reserva territorial del  Estado y son imprescriptibles. No podrán ser objeto de  cerramientos que tiendan a impedir el aprovechamiento de dichas  tierras por los vecinos del lugar”3.  

En coherencia se  halla el Decreto 1541 de 1978, el cual dispone: Art. 15. compilado  en el artículo 2.2.3.2.3.5 del  Decreto Único Reglamentario 1076 de 20154,  a cuyo lado debe tenerse en cuenta lo dispuesto por el  artículo 3.1.1 del  mismo Decreto 1076 de 2015, en lo tocante con la variación de  un río, y formación de nuevas islas, que se rige por lo  dispuesto en el Título V, Capítulo II del Libro II del  Código Civil, teniendo en cuenta lo dispuesto por el artículo  83, letra d, del Decreto – Ley 2811 de 1974.  

3.2.  La  decisión igualmente infringe la Convención de Ramsar  sobre la naturaleza de bien publico universal y nacional de los  humedales e islas.  En  el párrafo 1 del artículo 1 y en el párrafo 1  del artículo 2 de la Convención sobre los Humedales  (Ramsar, Irán, 19715)  la expresión “humedales” se define como “Las  Extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas  de aguas, sean éstas de régimen natural o artificial,  permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o  saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en  marea baja no exceda de seis metros”.  Párrafo 1 del artículo 1. A su vez el párrafo 1  del artículo 2 estipula que los humedales: “podrán  comprender sus zonas ribereñas o costeras adyacentes, así  como las islas o extensiones de agua marina de una profundidad  superior a los seis metros en marea baja, cuando se encuentren dentro  del humedal”.  

Se  trata de un principio angular existente en el Derecho nacional, pero  también el comparado desde el derecho romano, defiriendo su  titularidad al Estado, en forma inalterada y que la Sala no puede  desconocer, por tratarse del agua derecho fundamental siempre y en  todo lugar de la humanidad y por tanto, de todo cuanto se halla en  ella, sus humedales, islas, islotes y ecosistema. De esa estructura  ecológica no puede osarse dominio privado por tratarse de  bienes de beneficio común. Su dominio público fue  reconocido en la Constitución de 1863 y en los códigos  de los Estados que se federaron en 1863; y en este punto, no pueden  existir derechos adquiridos.  

Por  tanto, las únicas excepciones de islas en las aguas públicas,  y concretamente en los ríos como el Magdalena que son de  particulares, son aquellas que se formen en aguas privadas, en cuanto  nacen y mueren en una misma heredad, según el art 677 del C.C.  y el 81 del Decreto 2811 de 1974, y las adjudicadas por el antiguo  Incoder, hoy por la Agencia Nacional de tierras, según la Ley  160 de 1994 trasuntada e el segmento respectivo del art. 69.  

Ahora  respecto de la primera excepción no resiste hoy  constitucionalidad alguna por el imperativo de derecho fundamental  del agua, recurso hídrico de protección mundial y local  por las generaciones actuales y como obligación jurídica  y moral para con las generaciones futuras. Y respecto de la segunda  excepción si no se protege el medio ambiente o pierden la  finalidad deben reversar al dominio del Estado.  

3.3.  No  solamente las islas, sino también la faja paralela a la línea  de mareas, al cauce permanente de ríos y lagos hasta treinta  metros de ancho y área de protección o conservación  aferente son bienes de uso público.  El derecho al medio ambiente sano es patrimonio común de la  nación (art. 1º del Decreto 2811 de 1974), de allí  emana la obligación del Estado y  los particulares de “(…)  participar  en su preservación y manejo, que son de utilidad pública  e interés social (…)”  (art. 30 C.N.)  

De  acuerdo con el artículo 1º del Decreto 2245 del 29 de  diciembre de 2017, emitido por el Ministerio del Medio Ambiente, una  ronda hídrica “(…)  se constituye en una norma de superior jerarquía y  determinante ambiental” y  está   integrada  por la “(…)  faja paralela a la línea de mareas máximas o a la del  cauce permanente de ríos y lagos, hasta  de treinta metros de ancho  (…)”  y  por  “(…)  el  área de protección o conservación  aferente (…)”,  para cuyo cuidado la autoridad competente debe establecer  “directrices  de manejo ambiental”,  según la Guía Técnica elaborada para tal  efecto6.  

A  voces del artículo 206 de la Ley 1450 de 2011, corresponde a  las Corporaciones Autónomas Regionales y de Desarrollo  Sostenible, los Grandes Centros Urbanos y los Establecimientos  Públicos Ambientales efectuar, en el área de su  jurisdicción y en el marco de sus facultades, el acotamiento  de las referidas zonas de preservación.  

Al  respecto, la Corte Constitucional en SU No. 842 de 2013, destacó:  

“La  protección al medio ambiente obliga al Estado a adoptar  medidas encaminadas a evitar o minimizar su deterioro y a que el  desarrollo económico y social se realice de manera armónica  con el ambiente.  Este mandato de conservación impone la  obligación de preservar ciertos ecosistemas, así como  también las áreas de especial importancia ecológica,  y admitir como usos compatibles con los mismos aquellos que resulten  armónicos o afines con su salvaguarda y distantes de su  explotación. Dentro de las áreas de especial  importancia ecológica se encuentran los humedales,  precisamente por las funciones regenerativas, de preservación  y equilibrio ambiental que cumplen, a nivel de flora, fauna y  sistemas hídricos, con miras a lograr mejores condiciones  naturales de vida digna.  Son definidos por la Convención  de Ramsar, aprobada mediante la Ley 357 de 1997, como “Las  extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas  de agua, sean éstas de régimen natural y artificial,  permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o  saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en  marea baja no exceda de seis metros”. Los humedales no solo  están conformados por el cuerpo de agua o zona de inundación,  sino por áreas de transición tales como la ronda  hidráulica y la zona de manejo y preservación  ambiental.”  

“El  constituyente de 1991 consideró necesario brindar al espacio  público una protección constitucional.  Esto lo  concreta en los artículos 82, 63 y 102 de la Carta Política,  entre otros, cuando (i) le atribuye al Estado el deber de velar por  su protección e integridad y por su destinación al uso  común, el cual prevalece sobre el particular; (ii) le asigna  la calidad de inalienable, imprescriptible e inembargables a los  bienes de uso público; y (iii) consagra que el territorio, con  los bienes públicos que de él forman parte, pertenecen  a la nación. Respecto de estas disposiciones la Corte ha dicho  que con ellas el Constituyente de 1991 amplió la idea  tradicionalmente aceptada en los artículos 674 y 678 del  Código Civil, teniendo en cuenta que no se limita a los bienes  de uso público (calles, plazas, puentes, caminos ríos y  lagos) señalados en dicha legislación, sino que se  extiende a todos aquellos inmuebles públicos, y a algunos  elementos específicos de los inmuebles de propiedad de los  particulares, que al ser afectados al interés general en  virtud de la Constitución o la ley, o por sus características  arquitectónicas naturales, están destinados a la  utilización colectiva.”  

Queda  claro, entonces, que todo terreno adyacente al margen paralelo de un  caudal hídrico, en extensión máxima de treinta  metros, forma  parte de una zona de especial protección  por su importancia para la preservación de un medio ambiente  sano y, por tanto, es  considerado como espacio público  no susceptible de apropiación por particulares, situación  que se encuentra establecida hace décadas, y en la Carta  Política de 1991.  

Desde  el año 1974 el Decreto  Ley 2811  preveía en su artículo  83,  perentoriamente, la inalienabilidad e imprescriptibilidad de las  siguientes porciones de terreno, entre ellas, la que aquí nos  interesa:  

“a.-  El álveo o cauce natural de las corrientes;  

b.-  El lecho de los depósitos naturales de agua;  

c.-  La  playas  marítimas, fluviales  y lacustres;  

d.-  Una faja paralela a la línea de mareas máximas o a la  del cauce permanente de ríos y lagos, hasta  de treinta metros de ancho;  

e.-  Las áreas ocupadas por los nevados y por los cauces de los  glaciares;  

f.-  Los estratos o depósitos de las aguas subterráneas”  (S. N.).  

El  artículo 594 del Código General del Proceso, en forma  congruente con las disposiciones anteriores, indica que  son bienes  inembargables, además de los señalados en la  Constitución Política o en leyes especiales, “(…)  [l]os  bienes de uso público (…)”.  

4.  Atañedero  a la naturaleza jurídica de los predios ubicados en el  territorio nacional, esta Corporación en pretérita  oportunidad conceptuó:  

“(…)  Entre  las clasificaciones que nuestro sistema jurídico hace de los  bienes, se encuentra la distinción entre bienes susceptibles  de dominio particular y bienes de dominio o de uso público.  Esta diferenciación se remonta al Derecho Romano, que  distinguía entre cosas que pueden entrar al patrimonio privado  y cosas por fuera de él (…)”.  

“(…)  Desde  aquella época hasta nuestros días las cosas públicas  han estado por fuera del régimen de la propiedad privada,  siendo su titular el Estado (…)”.  

“(…)  Por  su parte, el artículo 674 del Código Civil estatuye:  “Se llaman bienes de la Unión aquellos cuyo dominio  pertenece  a la República. Si además su uso pertenece a todos los  habitantes de un territorio, como el de calles, plazas, puentes y  caminos, se llaman bienes de la Unión de uso público o  bienes públicos del territorio. Los bienes de la Unión  cuyo uso no pertenece generalmente a los habitantes, se llaman bienes  de la Unión o bienes fiscales” (…)”.  

“(…)  La  potestad del Estado sobre las cosas, sin embargo, no se limita a los  bienes que son de su propiedad, sino que ejerce además un  dominio eminente sobre todo el territorio nacional en razón a  su soberanía. Este concepto no excluye el de propiedad  privada, porque no se refiere a la titularidad sobre las cosas, sino  a un poder de ordenación sobre los bienes que se encuentran  dentro de los límites del Estado (Art. 101 C.P.), bien sean de  propiedad pública o privada (…)”.  

“(…)  Actualmente,  la definición de bien público va más allá  de la tradicional clasificación que se hacía de las  cosas a partir de la titularidad que el Estado o los particulares  ejercen sobre ellas, para incluir también elementos que  conciernen a la afectación o destinación de los bienes  según las necesidades y fines del Estado Social de Derecho y  de la función social que cumple la propiedad. A tal respecto,  la Corte Constitucional explica:  

“(…)  Existe  un tercer grupo de propiedad, normalmente estatal y excepcionalmente  privada, que se distingue no por su titularidad sino por su  afectación al dominio público, por motivos de interés  general (art. 1º C.P.), relacionados con la riqueza cultural  nacional, el uso público y el espacio público (…)”.  

“(…)  Los  bienes que deben comprenderse en el dominio público se  determinan no sólo por las leyes que califican una cosa o un  bien como de dominio público; además es necesario que  concurra el elemento del destino o de la afectación del bien a  una finalidad pública; es decir, a un uso o a un servicio  público o al fomento de la riqueza nacional, variedades de la  afectación que, a su vez, determinan la clasificación  de los bienes de dominio público (Sentencia T-292 de 1993)  (…)”.  

“(…)  Los  bienes públicos (de propiedad pública, fiscales, de uso  público o afectados a uso público), están  desligados del derecho que rige la propiedad privada, y en cuanto  tales comparten la peculiaridad de que son inembargables,  imprescriptibles e inalienables (…)”.  

“(…)  En  efecto, el artículo 63 de la Constitución Política  señala: “Los bienes de uso público, los parques  naturales, las tierras comunales de grupos étnicos, las  tierras de resguardo, el patrimonio arqueológico de la nación  y los demás bienes que determine la ley, son  inalienables, imprescriptibles e inembargables”  (CSJ SC1727, 15 Feb. 2016, Rad. 2004-01022-00(…)”  (destacado del texto original).  

Ahora,  ante las evidentes afectaciones a los sistemas naturales, que han  conllevado a la crisis climática mundial, paulatinamente, se  ha abierto paso a las ideas que propenden por la conservación  de aquellas zonas de gran relevancia para las especies animales y  vegetales, por lo cual, se diseñan políticas públicas  que, a riesgo de afectar la propiedad privada, propenden por la  restricción a las actividades económicas que pudieran  afectar el ecosistema del lugar.  

Frente  al punto, esta Sala, en una sentencia hito sobre los derechos de  conservación de los recursos naturales, reflexionó:  

“(…)  Por  múltiples causas simultáneas, derivadas, conexas o  aisladas que impactan el ecosistema negativamente,  las cuestiones ambientales ocupan un lugar preponderante en la agenda  internacional, no sólo de científicos e investigadores,  sino también de políticos, de la gente del común  y, como no podía ser de otra manera, de los jueces y abogados.  Día a día abundan las múltiples noticias, los  artículos e informes de diferentes estamentos, poniendo  presente la variación gravísima de las condiciones  naturales del planeta. Hay amenaza creciente, inclusive, a la  posibilidad de existencia del ser humano  (…)”.  

“(…)  Esos  inminentes peligros se hacen evidentes en fenómenos tales como  el aumento excesivo de las temperaturas, el deshielo de los polos, la  extinción masiva de especies animales y vegetales o la  ocurrencia cada vez más frecuente de eventos meteorológicos  y desastres por fuera de los márgenes anteriormente  considerados normales. Hay inusitadas e imprevistas temporadas de  lluvia, permanentes sequías, huracanes o tornados  destructores, fuertes e impredecibles, maremotos, desecamientos de  ríos, desaparición creciente de especies, etc  (…)”.  

“(…)  Los  ecosistemas están expuestos a situaciones muy extremas que  impiden su subsistencia; ello trae consigo un agotamiento de los  recursos naturales, sean o no renovables. Nos enfrentamos a i) una   ascendente dificultad para obtener los medios indispensables de  subsistencia para la población mundial; y ii) a la  contaminación y mutación de nuestro entorno por la  colonización irracional de bosques y ampliación de las  fronteras urbanas, agrícolas, industriales y extractivas que  aumentan la deforestación.  

“(…)  La  humanidad es la principal responsable de este escenario, su posición  hegemónica planetaria llevó a la adopción de un  modelo antropocéntrico y egoísta, cuyos rasgos  característicos son nocivos para la estabilidad ambiental, a  saber: i) el desmedido crecimiento demográfico; ii) la  adopción de un vertiginoso sistema de desarrollo guiado por el  consumismo y los sistemas político- económicos  vigentes; y iii) la explotación desmedida de los recursos  naturales  (…)”.  

“(…)  No  obstante, paulatinamente ha venido creándose conciencia de la  obligación de cambiar nuestros comportamientos. Hay  surgimiento de movimientos favorables a una nueva ideología de  sociedad “ecocéntrica antrópica”, que  supere la desmedida “homomensura”7  “autista” antropocentrismo; que tome en consideración  al medio ambiente dentro del ideal de progreso y de la noción  efectiva de desarrollo sostenible, para alcanzar “(…) un  equilibrio entre el crecimiento económico, el bienestar social  y la protección ambiental, bajo el entendido de que las  actuaciones presentes deben asegurar la posibilidad de  aprovechamiento de los recursos en el porvenir (…)”8.  

“(…)  [A]nte la existencia de [los] riesgos y problemas de carácter  planetario (…)”9,  la judicatura debe propugnar en el Estado Constitucional, por el  reconocimiento efectivo de los derechos que aun cuando en principio  pareciera “(…)  se orient[a]n a la protección de intereses colectivos y a la  satisfacción de necesidades generalizables (…)”10,  sustancialmente, apuntan a la defensa de los derechos esenciales de  la persona  (…)”.  

“(…)  Lo  anterior significa que todos los individuos de la especie humana  debemos dejar de pensar exclusivamente en el interés propio.  Estamos obligados a considerar cómo nuestras obras y conducta  diaria incide también en la sociedad y en la naturaleza. En  palabras de Peces- Barba, es necesario pasar de una “ética  privada”, enfocada al bien particular, a una “ética  pública”, entendida como la implementación de  valores morales que buscan alcanzar una cierta concepción de  justicia social11,  para esto, deben redefinirse los derechos, concibiéndolos como  “derechos-deberes”. Según el citado autor:  

“(…)  [E]l  titular del derecho tiene al mismo tiempo una obligación  respecto de esas conductas protegidas por el derecho fundamental. No  se trata que frente al derecho del titular otra persona tenga un  deber frente a ese derecho, sino que el mismo titular del derecho  soporta la exigencia de un deber. Se trata de derechos valorados de  una manera tan importante por la comunidad y por su ordenamiento  jurídico que no se pueden abandonar a la autonomía de  la voluntad sino que el Estado establece deberes para todos, al mismo  tiempo que les otorga facultades sobre ellos”12  (…)”13.  

5.  La  decisión de la que me separo ofende los derechos fundamentales  y el régimen del orden público ecológico  nacional y mundial previsto en la Constitución.  

En  el marco de las regulaciones constitucionales sobre la protección  ambiental, es pertinente resaltar la naturaleza constitucional del  derecho fundamental a un ambiente sano y de la obligación de  conservar el ecosistema:  

El  artículo  8 de la Constitución Política,  estipula: “Es  obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas  culturales y naturales de la Nación”.  

Aunado  a ello, el  artículo 79 ejúsdem,  consagra el derecho a gozar de un ambiente sano, estableciendo:  “(…) Es  deber del Estado proteger la diversidad e integridad del ambiente,  conservar las áreas de especial importancia ecológica y  fomentar la educación para el logro de estos fines”.  

Con  el fin de salvaguardar el medio ambiente de daños  irremediables, se regula la función preventiva de las  autoridades ambientales en el artículo  80 de  la Carta al imponer el deber del Estado de planificar el  aprovechamiento y manejo de los recursos naturales, con el fin de  garantizar su desarrollo sostenible, su conservación,  restauración o sustitución; asimismo, dispone que le  corresponde prevenir y controlar los factores de riesgo ambientales.  

Del  mismo modo, el artículo  88 ibídem  respecto de los deberes y obligaciones del Estado con el fin de  proteger y salvaguardar los recursos naturales, señala:  

“El  Estado planificará el manejo y aprovechamiento de los recursos  naturales, para garantizar su desarrollo sostenible, su conservación,  restauración o sustitución. Además, deberá  prevenir y controlar los factores de deterioro ambiental, imponer las  sanciones legales y exigir la reparación de los daños  causados. Así mismo, cooperará con otras naciones en la  protección de los ecosistemas situados en las zonas  fronterizas”.  

Asimismo,  el artículo  95 numeral 8 de la Carta,  reitera el compromiso del Estado y de las personas para preservar el  ambiente, instituyendo:  

“(…)  El  ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en esta  Constitución implica responsabilidades. Toda persona está  obligada a cumplir la Constitución y las leyes. Son deberes de  la persona y del ciudadano: (…) 8.  Proteger los recursos culturales y naturales del país y velar  por la conservación de un ambiente sano;”  

En  el canon  226 de la C.N.,  se aboga por la internacionalización de las relaciones  ecológicas, por los deberes de protección y prevención  de los daños al medio ambiente, en consonancia con los arts.  78, 79 y 80 de la C.N.  

Desde  el plano legislativo y administrativo, la defensa del medio ambiente  es un imperativo legal aún en disposiciones anteriores a la  Carta del 1991, como obligación de proteger los recursos  naturales. Por ello, se expidió una regulación que  priorizara el interés público sobre el privado en  materia ambiental.  

En  la  Ley 23 de 1973,  se concedieron facultades extraordinarias al Presidente de la  República para expedir el Código de Recursos Naturales  y de Protección del medio ambiente, y se señaló  en su artículo  2:  

“El  medio ambiente es un patrimonio común; por lo tanto su  mejoramiento y conservación son actividades de utilidad  pública, en las que deberán participar el Estado y los  particulares. Para efectos de la presente Ley, se entenderá  que el medio ambiente está constituido por la atmósfera  y los recursos naturales renovables”.  

En  el mismo sentido, el Código Nacional de Recursos Naturales  Renovables y de Protección del Medio Ambiente-  Decreto 2811 de 1974,  antes ya citado, en su artículo 1° dispone: “El  ambiente es patrimonio común. El  Estado y los particulares deben participar en su preservación  y manejo, que son de utilidad pública e interés  social”.  

En  el desarrollo legislativo posterior al cambio constitucional, la Ley  99 de 1993  creó el ministerio del medio ambiente, y organizó el  Sistema Nacional Ambiental -SINA.  

En  su artículo  107,  los cánones ambientales constituyen normas de orden público,  innegociables e intransigibles en las relaciones jurídicas que  puedan surgir entre los particulares o las autoridades, disponiendo:  “Las  normas ambientales son de orden público y no podrán ser  objeto de transacción o de renuncia a su aplicación por  las autoridades o por los particulares”.  

Siguiendo  en esa línea de pensamiento,  la Ley 1333 de 2009,  consagró que las medidas preventivas tienen como fin prevenir,  impedir o continuar la ocurrencia de hechos dañinos  ambientales, la realización de actividades que atenten contra  el medio ambiente, contra los recursos naturales, el paisaje o la  salud humana.  

En  su  precepto 13  determina cómo debe procederse: “Iniciación  del procedimiento para la imposición de medidas preventivas.  Una vez conocido el hecho, de oficio o a petición de parte, la  autoridad ambiental competente procederá a comprobarlo y a  establecer la necesidad de imponer medida (s) preventiva (s), la (s)  cual (es) se impondrá (n) mediante acto administrativo  motivado”.  

La  regla  32 de  esta Ley, establece: “Las  medidas preventivas son de ejecución inmediata, tienen  carácter preventivo y transitorio, surten efectos inmediatos,  contra ellas no procede recurso alguno y se aplicarán sin  perjuicio de las sanciones a que hubiere lugar”.  

El  artículo  36  ejúsdem  señala  los  

“(…)  Tipos de medidas preventivas. Mediante acto administrativo motivado y  de acuerdo con la gravedad de la infracción alguna o algunas  de las siguientes medidas preventiva: “[1] Amonestación  escrita. [2] Decomiso preventivo de productos, elementos, medios o  implementos utilizados para cometer la infracción. Aprehensión  preventiva de especímenes, productos y subproductos de fauna y  flora silvestres. [3] Suspensión de obra o actividad cuando  pueda derivarse daño o peligro para el medio ambiente, los  recursos naturales, el paisaje o la salud humana o cuando el  proyecto, obra o actividad se haya iniciado sin permiso, concesión,  autorización o licencia ambiental o ejecutado incumpliendo los  términos de los mismos”.  

La  Corte Constitucional en la Sentencia C-703 de 2010, analizando la Ley  1333 de 2009, en relación a las medidas preventivas en materia  ambiental, plasma:  

“(…)  [L]as  medidas preventivas responden a un hecho, situación o riesgo  que, según el caso y de acuerdo con la valoración de la  autoridad competente, afecte o amenace afectar el medio ambiente y  que, como su nombre lo indica, su propósito consiste en  concretar una primera y urgente respuesta ante la situación o  el hecho de que se trate, para precaver la eventual ocurrencia de un  daño irreversible o de muy difícil o costoso  tratamiento que podría generarse si no se interviene  oportunamente o para hacer cesar la actividad o situación  causante de la afectación previamente valorada por la  autoridad ambiental que adopta la medida.  

“De  conformidad con lo expuesto la medida preventiva, si bien exige una  valoración seria por la autoridad competente, se adopta en un  estado de incertidumbre y, por lo tanto, no implica una posición  absoluta o incontrovertible acerca del riesgo o afectación,  tampoco un reconocimiento anticipado acerca de la existencia del  daño, ni una atribución definitiva de la  responsabilidad, razones por las cuales su carácter es  transitorio y da lugar al adelantamiento de un proceso administrativo  a cuyo término se decide acerca de la imposición de una  sanción  (…)”14.  

Las  medidas preventivas de protección ambiental, son una  manifestación del principio de precaución ambiental,  siguiendo los parámetros internacionales para la protección  del medio ambiente, instituidos en el ordenamiento interno en el  artículo 1.1 de la Ley 99 de 1993,  al disponer que el proceso de desarrollo económico y social se  orientará conforme a los principios universales y de  desarrollo sostenibles previstos en la Declaración de Rio de  1992.  Abordando el daño ambiental el instrumento  internacional, en el artículo 15 orienta:  

“Con  el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán  aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus  capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible,  la falta de certeza científica absoluta no deberá  utilizarse como razón para postergar la adopción de  medidas eficaces en función de los costos para impedir la  degradación del medio ambiente”15.  

La  Corte Constitucional en la Sentencia C-293 de 2002 siguiendo el  corpus  iuris  ambiental  formuló los siguientes parámetros para la aplicación  del principio de precaución:  

“(…)  Al  leer detenidamente el artículo acusado, se llega a la  conclusión de que, cuando la autoridad ambiental debe tomar  decisiones específicas, encaminadas a evitar un peligro de  daño grave, sin contar con la certeza científica  absoluta, lo debe hacer de acuerdo con las políticas  ambientales trazadas por la ley, en desarrollo de la Constitución,  en forma motivada y alejada de toda posibilidad de arbitrariedad o  capricho.  

 “(…)  Para tal efecto, debe constatar que se cumplan los siguientes  elementos:   

 1.  Que exista peligro de daño;  

 2.  Que éste sea grave e irreversible;  

 3.  Que exista un principio de certeza científica, así no  sea esta absoluta;  

 4.  Que la decisión que la autoridad adopte esté encaminada  a impedir la degradación del medio ambiente.  

 5.  Que el acto en que se adopte la decisión sea motivado.  (…)”16.  

En  esa línea, en el ámbito internacional se han creado  instrumentos de defensa del medio ambiente, tales como:  

El  Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y  Culturales de 1966 en su canon 12 concedió a las personas la  prerrogativa de “disfrut[ar]  del más alto nivel posible de salud física y mental”,  y en pro de garantizar tal mandato, asignó a los Estados el  deber de propender por el “(…) mejoramiento,  en todos sus aspectos, (…)  del  medio ambiente (…)”.  

La  Declaración de Estocolmo de 197217,  que  introdujo en la agenda política global la dimensión  ambiental, entendiéndola como condicionante del modelo  tradicional de crecimiento económico y del uso de los recursos  naturales.  

La  Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo  realizada en Río de Janeiro en 1992: Concertada con el  objetivo de “(…) elaborar  estrategias y medidas para detener e invertir los efectos de la  degradación ambiental en el contexto de los esfuerzos  dirigidos a promover un desarrollo sostenible y ambientalmente  equilibrado, realizados tanto en el plano internacional como nacional  (…)”18.  

A  ese evento asistieron 176 Estados y, como principales resultados, se  conformó la Comisión de Desarrollo Sostenible de las  Naciones Unidas y se elaboraron los siguientes instrumentos: i) la  Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo;  ii) la Declaración Autorizada de Principios para un Consenso  Mundial respecto de la Ordenación, la Conservación y el  Desarrollo Sostenible de los Bosques de Todo Tipo: iii) la Convención  sobre la Diversidad Biológica; y iv) la Convención  Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático19.  

Acorde  con lo anterior, en el ámbito local, se han adoptado diversas  normativas tendientes a dar preponderancia a la protección de  los derechos ecológicos, imponiendo ciertas restricciones al  uso de zonas de especial representatividad ambiental, cual se expuso  en pretérita oportunidad20:  

“(…)  El  “Código  Nacional de Recursos Naturales Renovables y de Protección al  Medio Ambiente”21,  se funda, según así lo preceptúa el artículo  2º, en el principio de que «el ambiente es patrimonio  común de la humanidad y necesario para la supervivencia y el  desarrollo económico y social de los pueblos», razón  por la cual «El  Estado y los particulares deben participar en su preservación  y manejo», que son de utilidad pública e interés  social. La preservación y manejo de los recursos naturales  renovables también son de utilidad pública e interés  social» (…)”.  

“(…)  El  compromiso del Estado y de los particulares frente a la protección  del medio ambiente se consagró en la Carta Política de  1991, que tiene una clara concepción ecologista, y muestra de  ellos las previsiones contenidas en los artículos 2, 8, 49,  58, 67, 79, 80 y 95 (numeral 8), conjunto normativo de que la  jurisprudencia constitucional ha dicho:  

“(…)  mientras  por una parte se reconoce el medio ambiente sano como un derecho del  cual son titulares todas las personas –quienes a su vez están  legitimadas para participar en las decisiones que puedan afectarlo y  deben colaborar en su conservación–, por la otra se le  imponen al Estado los deberes correlativos de: 1) proteger su  diversidad e integridad, 2) salvaguardar las riquezas naturales de la  Nación, 3) conservar las áreas de especial importancia  ecológica, 4) fomentar la educación ambiental, 5)  planificar el manejo y aprovechamiento de los recursos naturales para  así garantizar su desarrollo sostenible, su conservación,  restauración o sustitución, 6) prevenir y controlar los  factores de deterioro ambiental, 7) imponer las sanciones legales y  exigir la reparación de los daños causados al ambiente,  y 8) cooperar con otras naciones en la protección de los  ecosistemas situados en las zonas de frontera (C.C., C-431-00, 12  Abr. 2000, Rad. D-2589) (…)”.  

“(…)  De  acuerdo con el artículo 3º del Decreto 2811 citado, son  recursos naturales renovables: la atmósfera y el espacio aéreo  nacional; las aguas en cualquiera de sus estados; la tierra, el suelo  y el subsuelo; la flora; la fauna; las fuentes primarias de energía  no agotables; las pendientes topográficas con potencial  energético; los recursos geotérmicos; los recursos  biológicos de las aguas y del suelo y el subsuelo del mar  territorial y de la zona económica de dominio continental e  insular de la república; y, los recursos del paisaje (…)”.  

“(…)  Algunos  de los recursos naturales son bienes de dominio público;  otros, sin embargo, pueden ser de dominio privado, tal como lo  previenen los artículos 4º y 43 de esa regulación,  a cuyo tenor: «Se  reconocen los derechos adquiridos por particulares con arreglo a la  Ley sobre los elementos ambientales y los recursos naturales  renovables» (…)”.  

“(…)  Sin  embargo, esos preceptos estatuyen que en cuanto a su ejercicio, tales  derechos «estarán sujetos a las disposiciones de este  Código» (…)”.  

“(…)  La  exequibilidad de esas disposiciones fue declarada por la Corte  Constitucional de manera condicionada, pues debía entenderse  que «conforme  al artículo 58 de la Constitución, la propiedad privada  sobre los recursos naturales renovables está sujeta a todas  las limitaciones y restricciones que derivan de la función  ecológica de la propiedad» (CC, C-126, 1º Abr.  1998, Rad. D-1794) (…)”.  

“(…)  En  el citado pronunciamiento de control de constitucionalidad se indicó  que “(…)  se  entiende que cuando el artículo 4º de ese mismo estatuto  reconoce “los derechos adquiridos por particulares con arreglo  a la ley sobre los elementos ambientales y los recursos naturales  renovables”, está aceptando también la propiedad  que algunos particulares pueden haber adquirido sobre determinados  recursos naturales (…)”.  

“(…)  Y  añadió:  

“(…)  La  Constitución establece límites a la propiedad privada  sobre ciertos bienes. Así, frente a determinados bienes, el  ordenamiento puede establecer una reserva al dominio privado, pues la  Carta establece que determinados bienes son inembargables,  imprescriptibles e inalienables (CP art. 63). Igualmente la   Constitución  establece que los recursos no renovables o que se encuentren en el  subsuelo son propiedad del Estado, sin perjuicio de los derechos  adquiridos con arreglo a las leyes preexistentes (CP art. 322). Sin  embargo, en la medida en que la Constitución reconoce de  manera genérica la propiedad privada (CP art. 58), se entiende  que en principio ésta puede recaer sobre los recursos  naturales renovables, que no hayan sido sometidos por la ley a la  reserva de dominio privado previstas por la Carta (CP art. 63) (…)”.  

“(…)  Luego,  en el ordenamiento jurídico colombiano es posible que los  recursos naturales renovables y las zonas necesarias para su  protección sean de propiedad privada, aunque eso puede  conllevar ciertas limitaciones o restricciones (…)”.  

Y  se insistió:  

“(…)  Ese  reconocimiento a los derechos adquiridos de forma legítima por  los particulares, tanto sobre recursos naturales como respecto de  otros elementos ambientales, se consagró expresamente en el  artículo 42 (…)”.  

“(…)  Empero,  en todo caso, la propiedad privada debe ejercerse, según lo  estatuido por el artículo 43, como una función social y  sujeto a las limitaciones impuestas por el ordenamiento  constitucional y legal, particularmente las que derivan de su función  ecológica (C-126 de 1998) (…)”.  

“(…)  Conforme  al artículo 80 de esa codificación, «sin  perjuicio de los derechos privados adquiridos con arreglo a la ley,  las aguas son de dominio público, inalienables e  imprescriptibles. Cuando en este Código se hable de aguas sin  otra calificación, se deberán entender las de dominio  público» (…)”.  

“(…)  Y  establece el artículo 83 que salvo los «derechos  adquiridos por particulares, son bienes inalienables e  imprescriptibles del Estado:  

a.-  El álveo o cauce natural de las corrientes;  

b.-  El lecho de los depósitos naturales de agua;  

c.-  La playas  marítimas, fluviales  y lacustres;  

d.-  Una  faja paralela a la línea de mareas máximas o a la del  cauce permanente de ríos y lagos, hasta de treinta metros de  ancho;  

e.-  Las áreas ocupadas por los nevados y por los cauces de los  glaciares;  

f.-  Los estratos o depósitos de las aguas subterráneas (se  subraya) (…)”.  

“(…)  El  citado decreto  ley rige a partir de la fecha de su expedición, esto es, desde  el 18 de diciembre de 1974, sin que sea viable aplicarlo retroactiva  o retrospectivamente, pues por regla general, las normas rigen hacia  el futuro, para evitar desconocer los derechos adquiridos y las  situaciones consolidadas antes de su entrada en vigor (…)”.  

Esa  misma norma reglamentaria señala que son aguas de uso público,  cuyo dominio no se prescribe en ningún caso, las siguientes:  

            

a. Los          ríos          y todas las aguas que corran por cauces naturales de modo permanente          o no;

b. Las          aguas que corran por cauces artificiales que hayan sido derivadas de          un cauce natural;

c. Los          lagos, lagunas, ciénagas y pantanos;

d. Las          aguas que estén en la atmósfera;

e. Las          corrientes y depósitos de aguas subterráneas;

f. Las          aguas y lluvias;

g. Las          aguas privadas, que no sean usadas por tres (3) años          consecutivos, a partir de la vigencia del Decreto-Ley 2811 de 1974,          cuando así se declara mediante providencia del Instituto          Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente,          Inderena, previo el trámite previsto en este Decreto, y

h. Las          demás aguas, en todos sus estados y formas, a que se refiere          el artículo 77 del Decreto-Ley 2811 de 1974, siempre y cuando          no nazcan y mueran dentro del mismo predio (artículos 5 y 9)          (…)”.  

“(…)  Según  el artículo 126, se considera «de utilidad pública  o interés social la preservación y el manejo del  recurso agua al tenor de los dispuestos por el artículo 1°  del Decreto-ley 2811 de 1974», de ahí que el artículo  209 establezca que es  deber de los propietarios, poseedores o tenedores de fundos «en  los cuales nazcan fuentes de aguas o predios que están  atravesados por corrientes o depósitos de aguas o sean  aledaños a ellos» el de  «cumplir  todas las obligaciones sobre practica de conservación de  aguas,  bosques protectores y suelos de acuerdo con las normas vigentes»  (el subrayado es propio) (…)”.  

5.  En  el asunto objeto de disenso,  se practicó una prueba pericial, acompañada de un  levantamiento topográfico, donde se determinó que el  fundo  denominado El Godoyuno, ubicado en la vereda Tamirco del Municipio de  Natagaima- Tolima,  “(…)  se  encuentra ubicado dentro de una isla hacía el centro del río  Magdalena, lo que quiere decir que está rodeado por dos brazos  del citado río y por la topografía del mismo se puede  decir que es una isla fluvial”.  

Así,  por tratarse de una “una  isla dentro del cauce del río Magdalena, se concluye que el  predio se localiza en un área de inundación”;  adicionalmente, se señaló la existencia del riesgo,  “que  tiene cualquier cultivo que se produzca en las riveras o islas de un  río,  [esto es] inundarse  en épocas de altas precipitaciones por crecientes ordinarias  en forma pasajera, mientras que por crecientes extraordinarias, los  predios permanecen mayor tiempo inundados dañándolos”.  

Según  el experto, por “obvias  razones, plantar cualquier cultivo en zonas muy cerca de cuerpos de  agua corriente implica algún tipo de amenaza”,  pues es difícil prever “el  comportamiento hidrológico de las zonas donde se encuentran  los cultivos y por ende la magnitud de las riadas o creciente de las  mismas”.  

6.  Con todo, el Tribunal en su análisis en torno a ese punto, se  limitó a indicar:  

“(…)  Si  bien es cierto, en el dictamen se señaló que la heredad  del demandante se encuentra ubicada dentro de una isla en el centro  del río Magdalena, también lo es que no obra dentro del  expediente ninguna prueba seria y bien fundamentada que acredite que  aquella fuera proclive a inundarse, pues por el solo hecho de que el  predio tuviera esa característica no lo hacía inidóneo  para la agricultura o la ganadería (…)”.  

7.  Desde esa perspectiva, en el caso bajo estudio, se hacía  imperativo negar las súplicas resarcitorias a favor del  particular. Por el contrario, debió condenarse a la demandada  a favor de la Nación para invertir dichos recursos en el  restablecimiento de los derechos de la naturaleza. Al mismo tiempo,  debían ordenarse conductas u obligaciones de hacer para la  recuperación de los bienes de uso público y  restauración de la zona de la represa y del cauce y riberas  del río Magdalena. La decisión desconoce que esa isla  es un bien de uso público nacional inapropiable por el  demandante y se hacía necesario revertir los derechos al  Estado y a la ciudadanía. Se resolvió el problema  jurídico en forma totalmente errada, como si se tratara de un  bien privado, cuando todo lo contrario, se imponía hacer  eficaz el ordenamiento del régimen publico ecológico  nacional y mundial.  

Los  jueces renunciaron a la guardianía de la Constitución,  al carácter nomofiláctico de la Casación y a la  tarea de proteger los derechos de la Nación y de los  habitantes del territorio nacional, contribuyendo indirectamente por  inacción a la crisis nacional y mundial del calentamiento  climático.  

La  Corte debió hacer uso de las facultades oficiosas que le  otorga la Constitución y el C. G. del P. para corregir y  restablecer los derechos afectados.  

7.  Con  lo anterior dejo fundamentado mi disenso sobre este asunto.  

Fecha,  ut  supra.  

LUIS  ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado  

1          Codificación aplicable por ser la que rigió          el decreto, práctica y valoración del trabajo técnico.  

2          Sobre la obligación          del juez de decretar pruebas de oficio para determinar el valor del          daño léase, entre muchas otras, las sentencias de 21          de octubre de 2013, radicado 2009-00392-01, y de 24 de noviembre de          2008, exp. 1998-00529-01.  

3          Art. 69 de la Ley 160 que revivió al ser declarada          inexequible la Ley 1152 de 2007 por sentencia C-175 de 2009, al no          haberse sometido al trámite de la consulta previa a las          comunidades indígenas y afrodescendientes.  

4          Decreto          único Reglamentario 1076 de 2015, del sector Ambiente y          Desarrollo Sostenible, Diario oficial 49523 del 26 de mayo de 2015.          Artículo compilado en el artículo 2.2.3.2.3.5, así          como el 3.1.1 de éste ordenamiento.  

5          Aprobada por el Estado colombiano mediante Ley 357 de  1997  

6          Último          inciso del numeral 4º del artículo 2.2.3.2.3ª.2.,          del Decreto 1076 de 2015, adicionado por el Decreto 2245 de 2017.  

7          PROTÁGORAS          DE ABDERA: “El          hombre es la medida de todas las cosas, de las que existen en cuanto          existen y de las que no son en cuanto no son”.          CALVO T. “De          los Sofistas a Platón. Política y Pensamiento”.          Madrid: Cincel. 1986.  

8          Corte Constitucional, sentencia C-389 de 2016.  

9          RODRÍGUEZ          PALOP, María Eugenia, “Claves          para entender los nuevos derechos”.  

10          Ídem.  

11          PECES          BARBA, Gregorio, “Ética          pública- ética privada”,          en “Anuario          de Filosofía del Derecho”,          Nº XIV (1997), págs. 531- 544.  

12           PECES-BARBA, Gregorio. “Escritos          sobre Derechos Fundamentales”.          Eudema Universidad. Madrid 1.968. Pág. 209. Citado por la          Corte Constitucional en la sentencia T-411 de 1992.  

13          CSJ,          STC4360 de 2018.  

14          Corte          Constitucional. Sentencia C-703 de 6 de septiembre 2010.  

15          Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el          Desarrollo. En La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio          Ambiente y el Desarrollo. Habiéndose Reunido del 3 al 14 de          junio de 1992.  

16          Corte          Constitucional. Sentencia C-293 de 23 de abril de 2002.  

http://www.ordenjuridico.gob.mx/TratInt/Derechos%20Humanos/INST%2005.pdf,        consultado el 20 de febrero de 2017.  

18          BARREIRA,          Ana y otras, “Medio          Ambiente y Derecho Internacional: Una guía práctica”.          Ed. Caja Madrid, 2007. Pág. 5.  

19          Ibídem,          pág. 6.  

20          CSJ,          SC 14425 de 2016.  

21          Decreto          2811 de 1974      

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