AC2192-2014 [2007-00094-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA     DE     CASACION   CIVIL   

MARGARITA CABELLO BLANCO  

Magistrada Ponente  

AC 2192-2014  

Radicación  n°  11001  31 03 037 2007 00094  01   

(Aprobado en sesión de veintidós de enero de  dos mil catorce)    

Bogotá   D.  C.,  treinta  (30)     de abril de dos mil catorce (2014).  

Procede  la  Corte  a  pronunciarse sobre la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  a  través de la cual, la señora  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  parte  demandada  -principal-, (demandante  en  reconvención),  sustentó  el  recurso  extraordinario de casación aducido  frente  a la sentencia proferida el diecinueve (19) de diciembre de dos mil doce  (2012),  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Bogotá,   dentro   del   proceso   ordinario   iniciado  por  la  XXXXXXXXXXXXX  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,     en     su    contra    y    de    las    personas  indeterminadas.   

ANTECEDENTES  

1. La empresa citada precedentemente, inició  proceso  reivindicatorio  respecto  de  un bien ubicado en el área urbana de la  ciudad  de  Bogotá;  la  poseedora convocada al pleito fue la señora XXXXXXXX,  quien,  en la oportunidad concedida, contrademandó peticionando la declaratoria  de la usucapión sobre el mismo predio.     

2.  Luego  del  debate  pertinente,  la  controversia      fue      resuelta      y      el     Tribunal     ad-quem,  al  desatar la apelación que en  su   momento   se  formuló,  concluyó  que  los  requisitos  exigidos  por  la  normatividad   vigente   para   acceder   a   la  prescripción  adquisitiva  no  concurrían;  contrariamente,  las  exigencias  establecidas  para  acceder a la  reivindicación   sí  se  encontraban  presentes,  por  ello,  accedió  a  las  súplicas  del  libelo principal y, subsecuentemente, negó las excepciones y la  mutua  demanda  presentadas  por  la accionada. En sentido similar se pronunció  respecto de los frutos pedidos.   

   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  escrito presentado, contentivo de la  sustentación  de  la  impugnación,  en  cuatro cargos recoge los motivos de la  inconformidad.  Dos de ellos trazados por la vía directa (primero y cuarto) los  dos restantes, por la indirecta.   

i).  Respecto  del  inicial, se denunció la  violación   de   varias  normas  del  Código  Civil  (artículos  2458,  2459,   

2460,  2461, 2464, 2465 y 2466), a partir de  la  interpretación errónea de las mismas, lo que condujo a la inaplicación de  otras;  en particular, el casacionista se duele por cuanto que, según su dicho,  el  Tribunal  le dio al contrato de anticresis un tratamiento que no corresponde  a su naturaleza.   

ii).  El  segundo  refiere  a una equivocada  apreciación  de  las  pruebas allegadas, razón por la cual, dijo, sobrevino la  violación  de  normas como el artículo 762, 765, 768, 769, 965, 966, 969, 970,  2512,  2518,  2527,  2531,  2532,  2536,  2538  y 2539, todas de la legislación  civil.  En  esa  dirección, el ad-quem no reconoció en cabeza de la demandante  que  la  posesión detentada, provenía del año 1976, tiempo suficiente para la  usucapión.   

iii).  En la tercera acusación, trazada por  la  vía  indirecta,  debido  a los errores de derecho en materia probatoria, el  actor  denunció  la violación de las mismas disposiciones trasgredidas y a que  aludió  en  el  precedente  cargo.  Cuanto a las normas de disciplina probativa  desconocidas,  resaltó  la  violación de los artículos 177 y 210 del C. de P.  C.,  y,  10º  de la Ley 446 de 1998.  La equivocación, sostuvo, radica en  el  hecho de no habérsele  generado ninguna repercusión a la ausencia del  demandado a la audiencia de interrogatorio.   

iv).  El  último  embate  refiere  a  una  violación,  vía  directa, del artículo 2538 del C. C., en la medida en que no  fue   

aplicada  la  hipótesis  allí  consagrada.  Afirmó  que  las condiciones para declarar la usucapión solicitada concurrían  al  proceso, y al no accederse a dicha pretensión, dejó de aplicarse esa regla  jurídica.   

   

CONSIDERACIONES  

1. La Corte ha establecido, de tiempo atrás,  con  fundamentos  en  los artículos 374 del Código de Procedimiento Civil y 51  del  Decreto  2651  de  1991,  adoptado  como  legislación  permanente  por  el  artículo  162  de  la  Ley  446  de  1998,  que  la  parte que acuda al recurso  extraordinario  de  casación, asume el ineludible compromiso de observar, en su  formulación  y  posterior sustentación, un mínimo de formalidades con miras a  estructurar una censura idónea.   

2. Referente a dichas exigencias y, de manera  concreta,   aquellas   que   atañen  al  asunto  objeto  de  estudio  por  esta  Corporación, pueden señalarse las siguientes:   

          2.1.                       En  la elaboración del fallo, el Tribunal, bien  pudo  incurrir  en  errores  de  orden  estrictamente jurídicos o esencialmente  relacionados  con  los  aspectos fácticos. Su actuar puede, entonces, desviarse  al  momento  de  hacer operar los marcos jurídicos, como también cuando aborda  la  valoración  de las pretensiones, los hechos, las pruebas o las excepciones.  En  fin,  el  juzgador  puede comprometer su juicio o su actividad. Y, cuando lo  primero  acontece,  la normatividad ha establecido en el artículo 368 del C. de  P.C.,  una causal (la primera), que el gestor de la censura debe invocar para, a  través  de  ella,  zanjar  los  yerros  denunciados  y  que  trasgreden  normas  sustanciales.  Dicha  vía  habilita la posibilidad de escudriñar si la ley fue  violada  de  manera  directa o indirecta, es decir, en la primera hipótesis, si  el  error  atañe,  exclusivamente,  con  la aplicación o interpretación de la  regla  jurídica;  en  el  segundo  evento,  si dicha trasgresión provino de la  valoración  del  libelo, los hechos expuestos, las pretensiones formuladas, las  excepciones  aducidas  o  las  pruebas  recaudadas;  en  otros  términos, si el  apartamiento  del  referente  jurídico  es consecuencia o medio de la actividad  juzgadora en una de esas actividades.   

Bajo  esa  perspectiva,  cuando se invoca la  causal  primera  de  casación, el recurrente no puede entremezclar los aspectos  que  estructuran  los  errores  estrictamente  jurídicos,  propios  de  la vía  directa,  con  aquellos que atañen a lo factual del recurso, reservados para la  indirecta.   

2.2. El ataque propuesto debe individualizar  e   involucrar  todos  los  fundamentos  de  la  sentencia  cuestionada  y,  sin  excepción  alguna,  refutarlos en su totalidad; en esa dirección, entonces, al  impugnante  no  le es dable dejar desprovisto de reproche aspectos basilares del  fallo,   en   cuanto  que  de  hacerlo  la  decisión  opugnada  mantendría  su  presunción  de acierto y legalidad, tornando inane el recurso por lo incompleto  e impreciso.   

Entre  otras  muchas  decisiones  sobre  el  particular, la Corte ha dicho:   

(…)   dado  el  carácter  dispositivo  de  la  impugnación  y la imposibilidad que de allí se  deriva  para  completar  oficiosamente  la  acusación, iteradamente  (….)  ha  señalado que por vía de la  causal  primera  de casación no cualquier cargo puede recibirse, ni puede tener  eficacia  legal,  sino  tan  sólo aquellos que impugnan directa y completamente  los  fundamentos de la sentencia o las resoluciones adoptadas en ésta; de allí  que  haya  precisado  repetidamente  que  los  cargos operantes en un recurso de  casación  únicamente  son  aquellos  que se refieren a las bases fundamentales  del  fallo recurrido, con el objeto de desvirtuarlas o quebrarlas, puesto que si  alguna  de  ellas  no  es  atacada y por sí misma le presta apoyo suficiente al  fallo  impugnado  éste debe quedar en pie, haciéndose de paso inocuo el examen  de    aquellos    otros    desaciertos    cuyo    reconocimiento    reclama   la  censura.  (CSJ  SC,  27  Jul. 1999; 25 Ene. 2008; así  mismo,  AC 12 Mar. 2008, Rad. 00271; 15 Ene. 2010; y, 29 Jul. 2010; Rad. 00366).   

          2.3.  Además,  con  apego  a  lo  regulado  en  el  numeral 3º del  artículo  374  del  Código  de  Procedimiento  Civil, los argumentos expuestos  deben  ser  presentados  en  forma tal que respondan simétricamente a la causal  invocada:  «La formulación por separado de los cargos  contra la sentencia   

recurrida,   con  la  exposición  de  los  fundamentos  de  cada  acusación, (….)».   

          Observando  esa orientación, al casacionista le corresponde enfilar  cada   ataque   por   una  senda  específica,  trátese  de  una  de  carácter  in  judicando o in procedendo  y,  al  momento de descubrir las equivocaciones atribuidas al juzgador, no puede  apartarse  del  cargo  delineado  y  la  causal  invocada;  por  tanto, su labor  impugnativa  implica  rechazar  la  fusión  de una u otra, o los fundamentos en  que  la soporta (CSJ AC, 16 Abr. 2012, Rad. 00121 01).   

          Agrégase  que  las razones esgrimidas como basamento de la censura,  no  puede  dejar de presentarlas  «en forma clara  y  precisa»; es decir, demarcar los límites dentro de  los  cuales  la  Corte debe cumplir su tarea; por ello, el censor tiene la carga  procesal  de  exonerar a la Corporación de ensayar interpretaciones del escrito  sustentatorio,  en cuanto a las causales invocadas o los soportes argumentativos  de  las  diferentes  acusaciones,  en  la  medida en que dicha labor no le está  autorizada.   

          2.4.  Adicionalmente,  cuando  la equivocación denunciada involucra  errores  alusivos  a  los elementos de prueba, sea porque el sentenciador supuso  su  existencia o pretirió el análisis de los allegados al proceso, el promotor  de  la  censura  debe  realizar,  por  un  lado, el anuncio preciso del medio de  persuasión   dejado   de  valorar  por  el  tribunal;  por  otro,  realizar  la  confrontación entre lo que la prueba   

indica  y  la  inferencia  del  ad-quem,   contraste   que   pondrá   al  descubierto,  sin  duda,  el  yerro  de  que  trata  el  cargo.  Desatender  tal  procedimiento  comporta  que  los errores del fallador permanezcan inadvertidos,  es  decir,  no  se demuestren (art. 374 C. de P. C.), generando, de paso, que la  sentencia  conserve  su  presunción de legalidad y acierto. Así lo ha expuesto  esta Corporación:   

          «Es  preciso  destacar, en lo tocante con  la  demostración  de  los errores denunciados, que el artículo 374 del Código  de  Procedimiento  Civil  consagra  como  requisitos de la demanda con la que se  sustente  la impugnación extraordinaria, entre otros, que “[c]uando se alegue  la    violación    de   norma   sustancial   como   consecuencia   de   error  de  hecho  manifiesto  en  la  apreciación  de  la  demanda  o  de  su contestación, o de determinada prueba,  es     necesario     que    el    recurrente    lo  demuestre”  (se  subraya)  y,  además,  que  si  la  referida  falencia  “ha  sido  consecuencia  de  error de derecho, se deberán  indicar  las  normas  de  carácter  probatorio  que  se  consideren infringidas  explicando  en qué consiste la infracción”. Dicho con otras palabras, cuando  el  yerro  probatorio  es  de hecho, surge la necesidad de realizar una labor de  contraste  entre  el  contenido  objetivo de la prueba y lo que de ella extrajo,  alteró,  o  dejó  de  ver  el  sentenciador; y cuando es de derecho, se impone  hacer   explícito   el  quebranto  de  las  normas  probatorias  que  se  hayan  vulnerado»  (CSJ  AC,  6  Dic.  2011,  Rad.  00285).   

                       

                

3.   Fijadas   esas  directrices  aparece,  prontamente,  que  el  promotor  de  la  censura  no  satisfizo, plenamente, los  requisitos  establecidos por las normas pertinentes para impulsar el trámite de  la misma y, contrariamente, se impone la inadmisión del recurso.   

          3.1.  Ciertamente,  en  los  cargos primero y cuarto, trazados ambos  por  la vía directa de la primera causal, el actor dijo que el Tribunal adoptó  «una  interpretación  errónea  que condujo a que se  aplicaran  indebidamente  dichas normas al caso concreto a raíz del yerro en la  interpretación»;  y,  en  el último de los citados,  por     «falta    de    aplicación    de    dicha  norma».  En  una  y  otra  acusación  el  censor, al  momento  de  desarrollar  el discurso impugnativo, abordó aspectos que aluden a  lo fáctico del debate.   

          3.1.1.    En    efecto,    alusivo   al   inicial,   el   recurrente  sostuvo:   

          Es  evidente  que  la sentencia le concede un efecto jurídico   al   contrato   de   anticresis    que  no  tiene  (…).  Y más adelante asentó:   

          (…)   de  donde  se  colige  sin  mayor  esfuerzo  que  la  sentencia  le  da al contrato de anticresis un alcance y unos  efectos   jurídicos  que no tiene. De estas citas  puede  afirmarse  que el casacionista no está de acuerdo con la interpretación  que  el  Tribunal  brindó  al contrato de anticresis, lo que, sin duda, pone al  descubierto  una  confrontación  relativa  a  un elemento de prueba, por tanto,   

si  hubo  desconocimiento  de  alguna  norma  jurídica   lo   fue   de   manera   indirecta;   por  razón  de  la  actividad  probativa.   

          Siguiendo   la  misma línea argumentativa el impugnante sostuvo:   

          (…)  de lo anterior se infiere  que  el  acreedor  anticrético  no  tiene  la calidad de poseedor como lo señala la  sentencia  impugnada y por tanto dicha figura no tiene la capacidad de inhibir o  impedir  la  posesión   ejercida  por  un tercero  (…).   

          Y  concluye  sus planteamientos con la siguiente referencia: «(…)  llevaron    inclusive    al   Ad-quem   a   señalar  equivocadamente  que mi mandante ostentaba la calidad de simple tenedora durante  la  vigencia  del contrato de anticresis, por tanto, estaba obligada a demostrar  a  partir  de  que (sic) fecha  transformó     su    condición    de    simple   tenedora   a   poseedora  material»   (folios   18   y   19,  cuaderno  de  la  Corte).   

          3.1.2.  Y reproduciendo la misma deficiencia, en el cargo cuarto, el  censor expuso:   

          En  ese  orden  de ideas, era claro que debió declararse que había  operado  a  favor de la demandante en reconvención la prescripción adquisitiva  de  carácter  extraordinario  (…).  Y en sentir del  libelista,  la  sentencia debió reconocer la usucapión, por cuanto que «(…)  mi  poderdante,  amparada  en  una prescripción   adquisitiva   que  cumple  con  todos  los  requisitos   de  ley  y el  propietario  inscrito que se abstuvo de ejercer  la acción reivindicatoria   

para reclamar su derecho de propiedad durante  32  años, es decir, entre 1975, fecha en que se inicia la posesión material de  mi  poderdante,  y  febrero de 2007, fecha en que el propietario inscrito ejerce  la acción reivindicatoria».   

          En  otros  términos,  el  reproche  formulado  se traduce en que el  juzgador  dejó  de  aplicar la norma referida, en la medida en que no encontró  acreditados   los   requisitos   propios  de  la  posesión,  para  declarar  la  prescripción adquisitiva.   

         Así,  no admite discusión que el actor, en una y otra acusación, discrepa del  sentenciador  por la percepción equivocada, según lo arguye, de una parte, del  contrato  de anticresis y las consecuencias derivadas del mismo, de otra, por no  aceptar  que  los  elementos  exigidos (actos de posesión por el tiempo legal y  dejación  del  derecho  de su titular), para adquirir la propiedad a través de  la prescripción adquisitiva, concurrían al proceso.   

        En  ese  contexto, surge, de manera nítida, que la inconformidad planteada no está  referida  única  y  exclusivamente, de manera directa, como correspondía, a lo  jurídico  sino  a  lo fáctico; en otras palabras, si hubo violación de la ley  lo  fue de indirectamente, por razón de las inferencias del fallador en asuntos  netamente  factuales.  Tal  situación pone de presente el desvío del censor al  momento de seleccionar la vía casacional.   

                     

         

Y si la Sala considerara que la circunstancia  descrita  comporta  sólo un asunto de nomenclatura, tampoco podría acogerse el  cargo,   pues,  de  inmediato,  refulge  la  ausencia  de  la  confrontación  y  demostración  (art.  374  C.  de  P. C.), entre lo plasmado por el ad-quem  y  lo  que  el recaudo probatorio  destella,   ejercicio   que   permitiría   patentizar   el   yerro  denunciado.   

    

         3.2.  A  lo  anterior debe sumarse que, en ninguno de los cargos presentados, el  actor  atinó  a  combatir  la  totalidad  de  las  supuestas equivocaciones del  Tribunal.   Las   siguientes   inferencias   hacen   parte   de   la   sentencia  adoptada:   

i)  Luego,  la  presencia de la anticresis y  particularmente   de   los   recibos   de   pago  de  arrendamiento   mencionados   a   favor   del   Banco  XXXXXXXXXXXX  lleva  a  considerar  que  entre  el  30  de julio de 1973 al 3 de  febrero  de  1995  el inmueble objeto de este asunto se hallaba arrendado (…).   

ii)  (…)  ya  lo  había  analizado  esta  Corporación   en  providencia  de fecha 3 de noviembre de 2006 al resolver  el  recurso  de  alzada  que  se  interpuso  contra  la sentencia de fecha 11 de  marzo   de 2004,  proferida en el proceso de pertenencia promovido por  XXXXXXXXX  contra  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,   sin  que  en  este  litigio  se  hubiera  acreditado  el momento en que se trocó ese  título por el de poseedora (…).   

iii)  (…)  Además,  de conformidad con la  sentencia  proferida  por  esta  Corporación y referida por la Corte Suprema de  Justicia  en  su  Sala  de Casación Civil en el proceso de pertenencia anterior  adelantado    se   concluyó   que   ‘no   podía   prosperar    la   declaratoria   de   pertenencia  deprecada   consistente  en  que  la  accionante  había reconocido dominio  ajeno  por el hecho de haber   

confesado  que  entró  en  contacto  con el  predio  litigado  en  virtud  de un contrato de promesa de compraventa celebrado  entre   ella   y   el   señor   XXXXXXXXXXXXXXXXX,   que   denota   según   el  sentenciador    su   condición   de  mera  tenedora  y  no  de  señora  y  dueña’,  consideración   que  reafirma  que  la usucapiente  conoció  al  titular  del  derecho  real  y  por  tanto debió acreditar la interversión del  título de tenedora a poseedora, sin que así ocurriera.   

          Todo  ello quedó libre de ataque. El impugnante no atinó a derruir  las  conclusiones del Tribunal en torno a la calidad de tenedora de la demandada  y  que en el proceso de pertenencia tramitado a su instancia, quedó constatado.  No  confrontó  en procura del quiebre del fallo la insistencia del sentenciador  en  cuanto  a  la  ausencia  de  prueba  sobre  la  interversión del título de  tenedora  a  poseedora.  Tampoco  aludió  a  las  implicaciones del contrato de  promesa  de venta mencionado por el Juez de segunda instancia y que, valorado en  pretérita  oportunidad,  fue  suficiente  para  encontrar  en  la  demandada la  calidad de tenedora.   

          En   fin,  esos  aspectos  quedaron  libres  de  ataque  y  dada  su  incidencia   en   el   fallo   adoptado,  continúan  sirviendo  de  soporte  al  mismo.    

                     

          3.3.   Otra   deficiencia   que   se  observa  en  la  impugnación,  concretamente  en  el cargo segundo, alude a la mixtura que el actor realizó de  algunas  circunstancias  que,  supuestamente, estructuran el error del Tribunal.  La acusación fue trazada por la vía indirecta de la causal   

primera  prevista en el artículo 368 del C.  de  P.  C.,  debido  a  los  errores  de  hecho  al  apreciar  algunas  pruebas.   

         

          Sin  embargo,  aparecen  manifestaciones  que  se  apartan del yerro  fáctico  e  involucran  asuntos  que  atañen  a desvíos de derecho en materia  probatoria.  Así  lo  expuso el actor: «Es importante  señalar  que  el  Tribunal Superior (…) se  apartó radicalmente  de las reglas de la sana crítica, de  las   cuales  hizo   caso  omiso,  sino  que   para  colmo  de  males,  desconoció  el  numeral  2º del artículo 10 de la Ley 446 de 1998  (…). La parte demandante y demandada en  reconvención  en  ninguna  de  las  oportunidades   procesales  que  tuvo,  solicitó  la  ratificación  de  las precitadas  declaraciones extrajuicio  rendidas ante Notario».   

          Por  supuesto,  aludir  a  la  violación  de  las reglas de la sana  crítica  no  constituye  un  error  de hecho, habida cuenta que no refiere a la  suposición,  preterición  o  distorsión  del  elemento  de  prueba,  sino que  involucra   la   reglamentación   jurídica   sobre  la  actividad  probatoria,  concretamente,  sobre  la  forma válida de incorporar o valorar un mecanismo de  convicción,  es,  en  otros  términos,  desconocer  la  normatividad antes que  afectar  la prueba como tal, lo que sí acontece con los errores de hecho.    

           Pero   no   solo  en  tal  deficiencia  incursionó  el  impugnante, pues, también, su argumentación quedó alimentada  por   aspectos   que  aluden  a  yerros  por  inconsonancia.  Así  reflexionó:                      «A  pesar de que las mejoras introducidas  al inmueble por mi poderdante son en su   

totalidad  necesarias  y  útiles,  y fueron  avaluadas   en   (….)  el  Tribunal  Superior   no condenó a la sociedad demandante al pago de dichas  mejoras,  ni  le  concedió  a  XXXXXXXXXX   XXXXXXXXXXXXXX  el  derecho de  retención sobre el inmueble».   

          Y,  por  supuesto,  no  reconocer  o siquiera pronunciarse sobre los  pedimentos  de las partes, estructura, antes que un error de juicio, un yerro de  procedimiento;  el  fallo resulta, en últimas, por razón de esa equivocación,  aceptando  más  de  lo  peticionado, menos o por fuera de las súplicas, lo que  afecta  la  función judicial por resultar una determinación inconsonante, cuya  corrección  habilita  su  propia  causal  (2ª),  más  no  la  invocada por el  impugnante.   

          3.4.  En  el  cargo tercero, se aprecia un desenfoque, pues el actor  reprocha  al  Tribunal  porque  «(…) no le concedió  ninguna  trascendencia  al  hecho  de  que  el  representante   legal de la  sociedad  accionante  no  hubiera  comparecido  a  absolver el interrogatorio de  parte,   ni   justificado   su   inasistencia   (…)  en todo caso, en relación a los hechos que no admiten  prueba  de  confesión,  la  no  comparecencia  del  actor, debe apreciarse como  indicio grave en su contra».   

         

axiológico    de    la   posesión   en  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  por  el  tiempo  requerido  por  el  legislador,  lo  que  conducía  (sic)  a  que las  pretensiones   de  la demanda de reconvención y las excepciones formuladas  contra  la  demanda  inicial  se  resolvieran  de  manera  negativa,  sin que la  diligencia  de  inspección judicial modifique esa determinación, pues, si bien  da   cuenta   que   quien   atendió  la  diligencia  fue  XXXXXX,  también  lo  es  que  de  esa  circunstancia no puede inferirse el  cumplimiento  del  presupuesto  en  estudio,  lo que tampoco se lograría con la  confesión  ficta  del demandante (..)»-líneas no son  originales-.   

          Lo  que  indica  que el Tribunal sí valoró la confesión ficta del  demandante,  empero, en su sentir, la posesión de la demandada, aspecto basilar  en  la controversia, no podía inferirse de esa verdad presunta, luego, el actor  no  realizó una lectura apropiada del fallo y, por ello, cuestiona aspectos que  dicha  decisión  no engendra; no hay la simetría necesaria entre lo refutado y  lo resuelto por el Tribunal.    

          4.  Las  razones expuestas imponen que la Corte Suprema de Justicia,  Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

         

          Primero.   Inadmitir   la   demanda   de  casación  atrás  citada.   

          Segundo.   Subsecuentemente,   declarar   desierto   el  recurso  de  casación formulado por la parte demandante.   

          Tercero.   Ejecutoriada  esta  providencia,  el  expediente  deberá  retornar  al  Tribunal  de  origen.  La  Secretaría dejará las constancias del  caso.   

                 

NOTIFÍQUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTÍERREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

           

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