AC2784-2014 [2013-01955-00]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Magistrado Ponente  

Radicación           N°  11001-02-03-000-2013-01955-00   

Bogotá, D.C., veintisiete (27) de mayo de dos  mil catorce (2014)   

Procede   la   Corte   a   decidi   r  sobre  la  admisibilidad  del  recurso  extraordinario  de  revisión             interpuesto             por             la            XXXX  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida el 4 de agosto de 2011 por  la  Sala  Civil de Descongestión del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  dentro  de la Acción Popular promovida por las dos primeras contra la  XXXXXX XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, a cuyo propósito se considera:   

1.            La  causal de revisión invocada por los  recurrentes  es  la contenida en el numeral 1° del artículo 380 del Código de  Procedimiento  Civil,  esto es, «[h]aberse encontrado  después  de  pronunciada  la  sentencia  documentos  que  habrían  variado  la  decisión  contenida  en ella, y que el recurrente no pudo aportarlos al proceso  por  fuerza  mayor  o caso fortuito o por obra de la parte contraria».   

2.            Por auto de 14 de enero del año en curso  (fls.  244  a 250), este Despacho inadmitió la solicitud de marras a efectos de  que  fuera  subsanada  por los impugnantes -so pena de rechazo- en el sentido de  indicar,   entre   otros  requisitos,  los  “hechos  concretos  que  le sirven de fundamento” al motivo de  revisión  alegado,  pues no señalaron las circunstancias que sirven de base al  recurso  de que se trata ni las razones de fuerza mayor, caso fortuito u obra de  la  parte  contraria  que  les  impidió  aportar  al  litigio las pruebas ahora  invocadas.   

3.            El 23 de enero último, los peticionarios  radicaron  un  escrito  por  el  cual  dicen  subsanar  su  solicitud  inicial y  pretenden  la  admisión  de  la  demanda,  memorial del que no se desprende que  hayan  atendido  las falencias acotadas por este Despacho referidas a los hechos  fundantes de la causal propuesta.   

3.1.  Lo  anterior porque los impugnantes se  limitaron  a señalar que de manera extraprocesal y paralela al juicio referido,  solicitaron  a  la  Corporación Autónoma Regional de Santander una visita a la  ciénaga  San Silvestre y sus entornos hídricos en el corregimiento El Llanito,  con  el  fin  de  establecer  si en ese lugar existían hidrocarburos y residuos  tóxicos   ocasionados   por   XXXXXXXXX  con  ocasión  de  la  explotación  y  extracción  de crudo, lo que dio lugar a la expedición de un concepto técnico  que  data  del  31  de octubre de 2007; porque fue practicado en el año 1999 un  estudio  socio  antropológico  consistente  en  un  trabajo  de  investigación  realizado  por  el  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX;  y porque  también    existe    un    estudio    realizado    por   el   XXXXXXXXXXXXXXXXX  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX      (sin     indicar     su     fecha     ni     sus  conclusiones).   

          Por   último,   adujeron  que  como  los  dos  primeros  medios  de  convicción  citados  fueron  elaborados con posterioridad a la instauración de  la  Acción  Popular  y  que ninguno de los tres “se  pudo  anexar  con  la demanda, toda vez que los accionantes no lo (sic) tuvieron  en  su  poder, por circunstancias ajenas a su voluntad…. H. magistrados existe  FUERZA  MAYOR”  (fls.  257  a  258 precedentes), los  arrimaron  al  expediente  cuando  ya  se  había  dictado  al  fallo de primera  instancia,  pero  el  ad-quem  se  abstuvo  de  incorporarlos  al  trámite  por no haber sido aportados en las  oportunidades  previstas  en  el  ordenamiento  jurídico  para  la aducción de  pruebas.   

En síntesis, en el texto de subsanación los  peticionarios  no se aproximaron a narrar situaciones que coincidan mínimamente  con  el motivo de revisión alegado, pues, en primer lugar, manifestaron que los  estudios  mencionados  no  fueron  aportados  con  el  libelo demandatorio de la  acción  popular  «por  circunstancias  ajenas  a su  voluntad» (fl. 258) sin indicar cuáles fueron éstas  ni   por   qué  son  calificadas  como  de  «fuerza  mayor».   

En  otros  términos,  en  la  demanda no se  prestó  atención  a  que  sobre  los  hechos  que  soportan la causal 1ª esta  Corporación ha establecido lo siguiente:   

ha de verse que para la cabal demostración  del  referido  motivo,  como condición sine qua non determinante del éxito del  recurso  de  revisión,  es  indispensable probar de modo fehaciente: a) que las  pruebas  documentales  de  que se trate hayan sido localizadas con posterioridad  al    momento    en    que    fue    dictado   el   fallo,   pues   ‘la  prueba de eficacia en revisión y  desde  el  punto  de vista que se está tratando, debe tener existencia desde el  momento  mismo  en  que  se  entabla  la  acción (…) de donde se sigue que no  constituyendo  esa  pieza documental -bien por su contenido o por cualquier otra  circunstancia-  una  auténtica  e  incontestable  novedad  frente  al  material  probatorio  recogido  en  el proceso, la predicada injusticia de esa resolución  no    puede    vincularse    causalmente   con   la   ausencia   del   documento  aparecido’ (Sentencia 237  de  1º  de  julio  de  1988); b) que el alcance del mérito persuasivo de tales  probanzas  habría  variado  la decisión contenida en ese proveído, por cuanto  ‘el documento nuevo, per  se,  debe  ser  decisivo  y  por  tanto  tener  la  suficiente  fuerza como para  determinar   un   cambio   sustancial   de  la  sentencia  recurrida’;  y  c)  que  no  pudieron allegarse  oportunamente,  debido  a  fuerza  mayor  o caso fortuito o por obra de la parte  contraria,   razón   por   la   que  ‘no  basta  que  la  prueba exista para que la revisión sea viable,  sino  que  es  necesario  para  ello  que haya sido imposible aducirla, o por un  hecho  independiente  de  las  partes,  o  por  un  hecho  doloso  de  la  parte  favorecida’  (G.J. t. LI  bis    pág.    215)”    (sentencia   de   23   de   junio   de   2010,   Exp.  11001-0203-000-2006-00492-00).   

Específicamente   en  relación  con  la  imposibilidad   de  aportación  de  los  documentos  al  proceso,  la  Sala  ha  manifestado  que  “no  basta  con  que  se  haya  encontrado  los documentos a  ultranza,     si     el     recurrente    no    demuestra    que    ‘no  pudo  aportarlos  al  proceso por  fuerza  mayor  o  caso  fortuito  o  por  obra de la parte contraria’;  es  él quien debe asumir la carga  probatoria  de  que se presentó alguna de estas circunstancias; de allí que la  causal  de  revisión  tampoco puede alcanzar éxito si, por el contrario, ellos  no  se adujeron por falta de diligencia del interesado o por no averiguar dónde  reposaban,   o   porque   no   se  aprovecharon  debidamente  las  oportunidades  probatorias   propias   de   las  instancias.  Dicho  en  otras  palabras,  debe  constatarse,  por  fuera  de  cualquier  género  de duda, que para el litigante  perjudicado  no  fue  posible  aportar  oportunamente  los documentos que trae a  propósito  de  la  impugnación,  no  obstante  haber  agotado  con  la  debida  diligencia  todos  los  medios  a  su alcance; no basta, por lo tanto, que se le  haya  presentado una dificultad, por grave que ésta pueda ser, siendo superable  de  algún modo (CSJ SC de 22  de septiembre de 1999, rad. 6946).   

3.2.  En  adición,  no  obstante  que  los  recurrentes  invocaron  como causal de revisión la consagrada en el numeral 1°  del   artículo   380   del   Código   de   Procedimiento   Civil,   es  decir,  «[h]aberse  encontrado  después  de  pronunciada la  sentencia  documentos que habrían variado la decisión contenida en ella, y que  el  recurrente  no pudo aportarlos al proceso por fuerza mayor o caso fortuito o  por  obra  de  la  parte contraria»; una lectura de su  escrito  subsanatorio  deja  ver  que  las  pruebas  a  que  allí aluden no son  documentales,  sino  que corresponden a informes técnicos o periciales, pues se  trata,  como  expresamente  lo manifiestan los demandantes, de un «concepto   técnico»   rendido  por  la  Corporación    autónoma    de   Santander   (fl.   257),   un   «estudio   socio  antropológico»  de  la  XXXXXXXX     XXXXXXXXXXXXXX     (fl.     ídem)     y     otro    «estudio»     realizado     por     la  XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX (fl. 258).   

[p]reviamente  al  examen  de  fondo  de la  acusación  es  pertinente  detenerse  a establecer la naturaleza probatoria del  estudio  realizado por la Escuela Nacional de Salud Pública (folios 58 al 61) a  solicitud  de  la  demandada,  consistente en una evaluación ambiental sobre la  posible  contaminación  por  ácido  crómico  en el tanque de recuperación de  ‘screen’        de        ‘Coltejer’  y  para  cuya  ejecución  el  ente  responsable  se  fijó  unos  objetivos,  utilizó  diversos equipos, trazó una  metodología  y una estrategia de muestreo y cotejo, en últimas, los resultados  obtenidos  con  los límites permitidos por las autoridades del ramo. (…) Dado  el   complejo   trabajo   efectuado,   la   necesidad  de  poseer  conocimientos  científicos  y  técnicos  para  realizarlo  y  la  estructura  de concepto del  informe,  para  la  Corte  es  indudable  que  se trata de un dictamen pericial,  deducción  que  no se desvirtúa por la circunstancia de que se haya practicado  extra-procesalmente  o  por  haber  sido  hecho  por  una  entidad  de carácter  público,  pues  no  son  estos  últimos  elementos  sino  los primeros los que  definen  la  naturaleza  y  características  de este medio probatorio. (…) El  artículo  243  del  Código  de  Procedimiento Civil, aplicable a lo laboral en  virtud  de  lo  estatuido en el artículo 145 de la codificación de la materia,  consagra  la  posibilidad  de que durante un juicio las entidades y dependencias  oficiales  rindan  informes  técnicos y peritaciones siempre que se requiera de  conocimientos  especializados  para  esclarecer  un  punto  o  un  hecho.  Estos  informes  desde  el  punto  de vista estrictamente probatorio son equiparables a  dictamen  pericial  tanto  por su ubicación legal ya que se encuentran insertos  en  el  capítulo V, Título XIII, Sección Tercera del Código de Procedimiento  Civil   que   trata   justamente  de  ‘la    prueba    pericial’,   como  por  utilizar  la  susodicha  disposición  la  locución  ‘peritaciones’ y disponer, adicionalmente, que para  su  controversia  dentro  del  proceso se surta actuación idéntica a la que se  ejecuta  cuando se ocupa de dictamen pericial. La circunstancia de que la citada  disposición   se   refiera   a   que  el  informe  deba  rendirse  ‘dentro    del    juicio’  no  puede  llevar a entender que el  realizado  con  anterioridad  deje de serlo y se transforme en otra cosa; en tal  hipótesis  lo  que ocurre es que tiene carácter extraprocesal pero al fin y al  cabo  sigue  siendo  un informe técnico. (…) En ese sentido no puede perderse  de  vista  que  los  artículos  21  y 22 (numerales 1) del Decreto 2651 de 1991  inicialmente,  y  el artículo 10 de la Ley 446 de 1998 más tarde, contemplaron  la  posibilidad  de  que  estos  informes  fueran presentados por las partes, en  forma  unilateral  o  de  común  acuerdo,  en las oportunidades procesales para  pedir  pruebas,  incorporación  que  permite  la  controversia  de  la prueba y  ratifica   por   ende   su  naturaleza  de  experticia  como  desde  el  principio se dejó anotado. (…) De  otra  parte,  es  menester  tener  en  cuenta  que quien elabora el informe debe  servirse  de  un  medio  material,  que usualmente es un documento escrito sobre  papel,  para  su  transmisión  al funcionario judicial o a los interesados; esa  circunstancia,   sin  embargo,  no  puede  llevar  a  considerar  que  en  dicha  hipótesis  la  prueba  pericial  deja  de ser tal y pasa a ser documental, más  concretamente    documento    público    si    el    experticio,   (sic)  como  en este caso, lo realiza una  entidad  de  carácter  oficial.  Un  planteamiento  en  tal  sentido obviamente  implica  confundir la prueba en sí misma considerada con el vehículo utilizado  para  comunicarla  cuando  es  obvio que se trata de cosas diferentes.(…) Para  ilustrar  acerca  de  las  distinciones  entre  uno  y  otro medio probatorio es  conveniente  subrayar  que  de  acuerdo  con el artículo 243 del C. de P. C. el  dictamen  rendido  por  entidad o dependencia oficial debe someterse al trámite  de  objeciones  establecido  en el artículo 238 ídem, o sea, que no se concibe  frente  a  su  contenido una presunción de veracidad y bien puede acontecer que  como  consecuencia  de  la  glosa  presentada  por  alguna de las partes resulte  finalmente   desestimado;   en  contraste,  el  documento  público  se  presume  auténtico  y,  además,  hace  fe  de  su  otorgamiento,  de  su fecha y de las  declaraciones  que  en ellos haga el funcionario que lo autoriza (artículos 252  y  264  ibídem), y si bien la presunción de autenticidad puede ser desvirtuada  para  ello  es  menester  que  se  proponga la tacha respectiva y se acredite la  falsedad.  (…)  La  anterior  para  ilustrar  la imposibilidad de equiparar el  dictamen  pericial  a  prueba  documental  porque  mientras el primero puede ser  desestimado  por  error en las conclusiones o en los experimentos realizados, el  segundo,  para  que lo sea debe sufrir una alteración de su contenido material,  regularmente  mediante  una  acción dolosa y fraudulenta. El documento público  una  vez presentado al proceso en ningún caso se somete a consideración de las  partes  para  que  presenten  objeciones  sobre  él,  como  sí acontece con el  experticio  (sic. CSJ SL de  21  de  febrero de 2002, rad 17134. Reiterada CSJ SC de 19 de diciembre de 2011,  rad. 11001020300020090091900).   

          4.        Luego,  como  quiera  que los recurrentes se sustrajeron de precisar  los  hechos  de  la  causal  de  revisión  alegada,  como  se  exigió, pues se  limitaron  a relacionar las pruebas periciales que ahora pretenden introducir al  litigio,   quien  las  practicó  y  cuando,  forzoso  es  repeler  el  trámite  implorado.   

          5.        Por  mérito  de lo expuesto, de conformidad con los artículos 85 y  383    del    Código   de   Procedimiento   Civil,   se   impone   RECHAZAR   la   demanda   de   revisión  presentada, pues no hubo la debida enmienda del libelo.   

Devuélvanse  los  anexos  sin  necesidad de  desglose.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Magistrado    

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