AC7553-2014 [2009-00051-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACIÓN CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado Ponente  

AC7553-2014  

Radicación    nº  20011-31-89-001-2009-00051-01   

(Aprobado  en  sesión de  veinticuatro de septiembre de dos mil catorce)   

Bogotá  D. C., nueve (9) de diciembre de dos  mil catorce  (2014).              

Se decide la reposición interpuesta por Dexy  del  Rosario  Duarte  León  contra el auto de 3 de junio de 2014, por medio del  cual  la  Corte  inadmitió  y, en consecuencia, declaró desierto el recurso de  casación  formulado  por  aquella  frente a la sentencia de 12 de septiembre de  2012,  proferida  por  la  Sala Civil-Familia del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Valledupar  dentro del proceso ordinario seguido por Javier, José  Catalino y Liliam Duarte Fernández contra la recurrente.   

I.  ANTECEDENTES   

1.-  La  providencia  rebatida inadmitió la  impugnación  extraordinaria  propuesta por la parte demandada porque a pesar de  ser   ejecutable  el  fallo  del  ad-quem,  este  no  ordenó  la  expedición  de las copias necesarias para  garantizar  el  cumplimiento  de  lo  ordenado,  y la recurrente, después de la  decisión   de   conceder  el  remedio,  guardó  silencio  y  tampoco  ofreció  constituir caución.   

2.- Duarte León pidió la revocatoria de la  precitada  determinación,  argumentando  que esta no corresponde a la realidad,  por  cuanto  en  el  plenario,  a  folio  47 del cuaderno 2, obra solicitud suya  requiriendo  la  reproducción  de copias, cumpliendo así con la carga procesal  echada  de  menos  en  el  pronunciamiento  fustigado. Agregó que, con todo, la  Corte  “antes  de resolver sobre el recurso, debió  pronunciarse  sobre  el  particular,  para  que  la  demandada  que hace uso del  recurso  extraordinario  pudiera  posteriormente  proceder  al  suministro de lo  indispensable,  para  luego  resolver oportunamente sobre la admisibilidad de la  casación”.   

3.-  A  la  reposición  se  le imprimió el  trámite  del  artículo  349  del  Código de Procedimiento Civil, y dentro del  traslado  respectivo  la  actora se opuso a su prosperidad, alegando que el mero  reclamo  para  obtener  el  fotocopiado  de  las  piezas  no  es suficiente para  verificar      las     exigencias     del     artículo     371     ibídem.   

II.   CONSIDERACIONES   

1.-  El  artículo  235  de la Constitución  Política  otorga  a la Corte Suprema de Justicia la atribución de “actuar  como  tribunal de casación”,  sin  entrar  en  el  detalle  de  lo  que esa específica función significa. En  consecuencia,  es  la  ley  la  que determina cuáles son los fines del recurso,  frente  a qué providencias es procedente, los motivos o causales por los que es  viable  conducir el ataque, la oportunidad para interponerlo, los efectos que su  formulación acarrea, entre otros aspectos.   

Eso  no  significa,  por  supuesto,  que las  previsiones  del  legislador  y  la  interpretación que de ellas haga la Corte,  puedan  alejarse  de  los  mandatos  constitucionales  de  un  Estado  Social de  Derecho,  verbigracia el debido proceso, la seguridad jurídica, la primacía de  los  derechos  de  la  persona  y  la  prevalencia  de  lo  sustancial sobre las  formalidades procesales.   

Es  decir,  que  si  bien  el  ordenamiento  jurídico    prevé   que   la   casación   es   un  recurso extraordinario   y  excepcional,  cuyas  funciones  esenciales  son  la  unificación  de  la  jurisprudencia  y  proveer  la  realización  del  derecho  objetivo,  art.  365  del  C.  de  P.  C.,  no  puede  perderse  de vista que la  impugnación  en  cuestión tiene arraigo constitucional concreto, que viene del  art. 235 de la C. P.   

De  tal  suerte que, como lo ha indicado la  Corte   Constitucional,  la  “casación  no  es  un  concepto  vacío  sino  que tiene un contenido esencial, que goza de protección  constitucional”  (C.C.  C-1065 de 2000), por lo que  la  rigurosidad  de  sus  exigencias  formales  no  puede llevarse al extremo de  “hacer   inocuo   un  derecho  sustancial   ”  (C.C.                  T-1306         de  2001).   

2.- Para la resolución de la reposición en  relación  con  el auto que declaró inadmisible y, en consecuencia, desierto el  recurso de casación en comento, tiene incidencia:   

a.-) Que el 12 de septiembre de 2012, la Sala  Civil-Familia  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar revocó  la  sentencia  del  a-quo que  denegó  las  súplicas  principales  y  subsidiarias de la demanda ordinaria de  Javier,  José  Catalino  y  Liliam  Duarte  Fernández  contra Dexy del Rosario  Duarte  León;  y a cambio, declaró absolutamente simuladas las compraventas de  inmuebles  suscritas entre Celso Duarte Barbosa y Dexi del Rosario Duarte León,  ordenó  la  cancelación  de  las  respectivas  escrituras  públicas  y de sus  anotaciones  en  los  folios  de matrícula e indicó que los predios materia de  los  negocios  integran  la  masa  sucesoral del causante Duarte Barbosa y deben  devolverse  junto con los frutos producidos (fls. 32 a 42 del c. de apelación).   

c.-)  Que  el  16  de  octubre  ulterior, la  recurrente      radicó      memorial      peticionando      al     ad-quem       que       “al  momento  de  admitir  el  recurso  […] se sirva ordenar la  expedición   de   copias,   a   [su]   costa,   para   la   ejecución   de  la  sentencia” (fl. 47).    

d.-)  Que  en  el  proveído  que otorgó el  “recurso”,   nada  se  dispuso sobre las reproducciones (fl. 101).   

e.-)  Que  posteriormente,  la impugnante no  insistió  en  su  expedición  y tampoco deprecó la constitución de caución.   

3.-      En      el     sub-exámine, ninguna discusión se da en  torno  a que el fallo reprochado contiene una orden ejecutable. Tampoco está en  entredicho,  que  el  Tribunal  en  el  auto que otorgó el recurso de casación  omitió  ordenar  al  interesado suministrar lo necesario para que se expidieran  las   copias   que   garantizaran   el   cumplimiento  de  lo  decidido,  y  que  posteriormente   a   ese  olvido,  el  censor  no  elevó  reclamación  alguna.   

En   estado   de   cosas,   en   principio  correspondería  a la Corte declarar la inadmisibilidad de la impugnación, y su  consecuente  deserción,  porque, siguiendo a pie juntillas la jurisprudencia de  la Sala,   

“[S]i el sentenciador deja de impartir esa  orden,  no por eso el censor queda relevado de cumplir con la carga de solicitar  y  pagar las copias que correspondieren, pues, como expresamente lo determina el  inciso  cuarto  del  citado  artículo,  en eventos como los señalados a él le  corresponde  ‘solicitar su  expedición    para   lo   cual   suministrará   lo   indispensable’,  desde luego que en cumplimiento de  esta  particular  carga  le compete actuar frente a las omisiones en que incurra  el  juzgador en esta específica temática, a efectos de propiciar la orden para  la  compulsación,  como  que,  de  no  hacerlo,  generaría la ocasión para la  inadmisión  y  consecuente  deserción del medio de impugnación”   (CSJ   AC,   jun.  15  de  2005,  Rad.  2003-00481-01,   reiterado   CSJ  AC  marzo  8  de  2011,  Rad.  2008-00685-01).   

4.-  Sin  embargo,  una  circunstancia  no  contemplada  en  el  anterior  precedente  y  aún  no  tanteada  por  la Corte,  descuella  como  relevante  dentro  de  este  caso,  y  reside  en  que antes de  concederse  la  casación,  la  recurrente  solicitó  expresamente  al Tribunal  “ordenar  la  expedición  de copias” (fl. 47).   

En  aras  de establecer si con la mencionada  petición,  la  censora cumplió la carga procesal impuesta en el inciso 4° del  artículo   371   ibídem,  cumple señalar:   

a.-) Las “cargas  procesales”  emanan  de  la  ley, y su propósito es  procurar  la  colaboración  de  las  partes  dentro del proceso, en aras de que  realicen  actuaciones  que redundan en su beneficio, que de no cumplirlas, traen  consecuencias adversas para quienes se les imponen.   

Ellas,   acorde   con  la  jurisprudencia,   

“…son  aquellas situaciones instituidas  por  la  ley  que comportan o demandan una conducta de realización facultativa,  normalmente  establecida  en  interés  del  propio  sujeto y cuya omisión trae  aparejadas  para  él  consecuencias  desfavorables,  como la preclusión de una  oportunidad  o  un  derecho  procesal  e inclusive hasta la pérdida del derecho  sustancial  debatido  en  el  proceso  […]  se caracterizan porque el sujeto a  quien  se  las impone la ley conserva la facultad de cumplirlas o no, sin que el  Juez  o  persona  alguna  pueda  compelerlo  coercitivamente  a  ello,  todo  lo  contrario  de  lo  que sucede con las obligaciones; de no, tal omisión le puede  acarrear  consecuencias desfavorables. Así, por ejemplo probar los supuestos de  hecho      para    no    recibir    una    sentencia    adversa’   […]   la  omisión  de  su  realización  puede  traer  consecuencias  desfavorables  para éste, las cuales  pueden  ir  desde  la preclusión de una oportunidad o un derecho procesal hasta  la  pérdida  del  derecho  material,  dado  que  el  sometimiento  a las normas  procedimentales  o  adjetivas,  como formas propias del respectivo juicio, no es  optativo  para  quienes acuden al mismo con el objeto de resolver sus conflictos  jurídicos,  en  tanto que de esa subordinación depende la validez de los actos  que  de  ellas  resulten  y  la  efectividad de los derechos sustanciales. No se  puede  perder  de  vista,  entonces, que la observancia de las formas propias de  cada  juicio,  supone  también  el  desarrollo  de los principios de economía,  oportunidad,  lealtad,  imparcialidad  y  celeridad  procesales,  en  aras de la  igualdad  de  las  personas, éste último gracias al sometimiento de las causas  idénticas  a  procedimientos  uniformes. Obviar tales formas en las actuaciones  judiciales  o  administrativas preestablecidas, impide alegar el desconocimiento  del   derecho   sustancial   reclamado,   ya  que  se  estaría  sustentando  la  frustración    del    interés    perseguido    en    la    propia    culpa   o  negligencia”.   (C.  C.  C-1512  de  2000,  citada por CSJ AC de 17 de feb. de 2014, Rad. 2003-00016-01).   

b.-)  El  artículo  371  del  Código  de  Procedimiento   Civil,  aún  vigente,  cuando  la  sentencia  atacada  contiene  mandatos  ejecutables,  traslada  al  recurrente  en  casación  las  siguientes  “cargas”:   

1°) Entregar, en el término de tres días,  lo  pertinente  para  que  se  expidan  las  copias  que el Tribunal estime como  indispensables  en  el  auto  que concede la impugnación extraordinaria (inciso  3°), y,   

2°)   Solicitar  su  expedición,  si  el  ad-quem no las ordena en su  proveído  y  el censor las “considera necesarias”  (inciso 4°).   

El  incumplimiento  de  tales  “cargas”,  viene  precisando la Sala,  trae  como  consecuencia la deserción del recurso, salvando la hipótesis en la  cual,  a  pesar  de  ser  ejecutable  la sentencia del Tribunal, este, de manera  concreta,  niega  equivocadamente las copias, evento en el que la Corte sostiene  que  es  preciso,  llegado  el  expediente  a  esta  Corporación, dar una nueva  oportunidad  para que acá se sufraguen las expensas, so pena de la consecuencia  procesal ya descrita.   

Es así como en providencia, CSJ AC, de 21 de  agosto de 2008, Rad. 1996-08781-01, señaló la Corte:   

“En este orden de ideas, puede concluirse  que   en   los   casos  en  que  hay  un  pronunciamiento  expreso  –y equivocado- del Tribunal enderezado  a  abstenerse  de ordenar la expedición de las copias, no es viable declarar en  forma  automática  o  indiscriminada  la  deserción  del recurso, dado que una  medida  semejante  resulta  en  extremo  severa  con  el  recurrente, por cuanto  equivaldría  a  imponerle  la carga adicional de doblegar o superar la opinión  del  Tribunal,  cosa  que no solo no está prevista en la ley, sino que desborda  los   cauces   normales   dentro   de   los   cuales  debe  ser  sustanciada  la  impugnación”.   

c.-)  Cuando cualquiera de los litigantes en  un  proceso  eleva  una solicitud concreta, resulta connatural al debido proceso  que  la  autoridad  judicial  competente  dé respuesta a ella específicamente,  motivándola con razones jurídicas y probatorias.   

De  esta  manera,  ha  indicado  la  Corte,  que   

“[E]l  deber  de  motivar  las decisiones  judiciales,  en  cuanto  muestra la manera de ejercer la autoridad, hace visible  la  decisión  y  se erige en un componente esencial del debido proceso, pues en  el  Estado  Social de Derecho a todo poder creado le corresponde un control como  su  correlato  necesario,  en  lo  cual  va  envuelta la legitimidad del sistema  jurídico.  La  participación de todos en el control de la forma como se cumple  la  función judicial, supone la publicidad de las decisiones y de modo concreto  que  las razones del juez sean públicas y visibles, premisa a partir de la cual  ellas  pueden  ser  sometidas al escrutinio de las partes y de los órganos  de  control  estatuidos en la Constitución y, porqué no, de la sociedad entera  […]   En   ese  orden  de  ideas,  un  ordenamiento  jurídico   evolucionado   sólo   considera   admisibles   aquellas  decisiones  fundamentadas  en  juicios,  criterios  o razones claramente identificables, las  que  por  ser visibles, puedan examinarse desde una perspectiva externa al autor  de  la  decisión. Además, la decisión judicial supone, las más de las veces,  la  escogencia  entre  diversas alternativas, lo cual implica que son admisibles  varias  formas  de  solución  para  un  mismo  asunto; por ello, el sentido del  fallo,  puede  ser  apenas una de las opciones elegibles dentro de un repertorio  de  posibilidades que emulan por ganar la adhesión del autor y de todos quienes  por  ella  sean  afectados.  Así las cosas, la exigencia de motivación lleva a  que  el  juez  muestre  cuál es el método y el camino recorrido para arribar a  una  decisión  que  opta  entre  las muchas disyuntivas admisibles. En suma, la  debida  fundamentación  facilita un rastreo aproximado sobre cuáles fueron las  motivaciones  que  llevaron  al  juez a elegir, por eliminación o por grados de  aceptabilidad,  entre  las  varias  alternativas en competencia, para extraer de  ellas  la  resolución  que  se  acompasa  con  los  dictados  de  la  justicia.  Así  las  cosas,  la  exigencia de motivación tiene  como  función  de  máxima  importancia,  no  sólo  procurar  el acierto, sino  también  demostrar  que  el  juez  tiene el genuino propósito de proscribir la  arbitrariedad,  adherir  al  ordenamiento  jurídico  y  facilitar  la  crítica  externa,  en  particular de las instancias encargadas de controlar la decisión,  mediante  una  labor  de  contraste  con  el  sistema de normas y valores que el  ordenamiento  consagra” (CSJ  SC de 29 de agost. de 2008, Rad. 2004-00729-01).   

En  el  anterior  orden  de  ideas,  si  la  recurrente  pidió expresamente al ad-quem  que  al  momento  de  conceder el recurso de casación ordenara la  expedición  de  copias  a su costa para la ejecución de la sentencia, con ello  obligaba  a esa Corporación para que realizara un pronunciamiento puntual sobre  el  tema,  satisfaciéndose  de  paso  la  carga  procesal  que  el ordenamiento  jurídico,  inciso  4°  del  artículo  371 del C. de P. C., ha trasladado a la  impugnante.   

Entender  lo  contrario  implicaría,  de un  lado,   avalar   una    incongruencia   omisiva  o ex-silentio   de   un  juzgador,  y  del otro, a partir de ella y no obstante que el olvido vulnera una  garantía  superior,  generar  una  consecuencia  procesal  adversa  para  quien  tempestivamente  formuló  un recurso, y anteladamente manifestó su voluntad de  asumir los gastos que ello conllevara.    

En consecuencia, la hermenéutica que mejor  armoniza  con  una  lectura sistemática e integral del ordenamiento, es aquella  según   la  cual,  la  solicitud  para  que  el  Tribunal  se  pronuncie  sobre  reproducciones,  cuando  se  estiman  necesarias,  es  posible realizarla por el  censor  aún  antes  del  auto que se emita sobre la concesión de la casación.  Una  aproximación  antagónica  del asunto, serviría únicamente al propósito  de  mantener un sistema procesal  draconiano e inflexible, superado a todas  luces con la Constitución de 1991.   

5.-  En  síntesis, como en el sub-exámine   la   demandada   deprecó  expresamente  las  copias;  y  en  el  proveído  que concedió el aludido medio  impugnativo  el  Tribunal  omitió  pronunciarse  sobre  ellas,  privando  a  la  recurrente  de  la oportunidad para cumplir la carga procesal de sufragarlas, es  del caso revocar la providencia recurrida.    

A  cambio,  se subsanará la preterición en  este  escenario,  en  aplicación  del principio de la economía procesal, pues,  ningún  sentido  tendría  permitir  en este momento el regreso del asunto solo  para  que el ad-quem disponga  unas  fotocopias que a la Corte, donde se encuentra ahora el proceso, le resulta  viable  ordenar,  y  cuya  expedición  así  como  remisión al juez de primera  instancia la puede hacer la secretaría de esta Sala.   

Las  copias  que  se  requieren  y se ordena  expedir son las siguientes:   

     

a. Demanda.     

     

a. Contestación.     

     

a. Fallos de primera y de segunda instancia, y     

     

a. La presente providencia.     

Consecuentemente, se advertirá al recurrente  que   si  oportunamente  no  paga  las  expensas  necesarias  para  expedir  las  preproducciones  pertinentes,  se declarará la deserción del recurso, conforme  lo dispone el artículo 371 del Código de Procedimiento Civil.   

III.- DECISIÓN  

En armonía con lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Civil,   

RESUELVE  

Primero: Revocar el auto  impugnado,  en  cuanto  inadmitió  y,  en  consecuencia,  declaró  desierta la  casación de que aquí se trata. En su lugar,   

Segundo: Disponer  que  previo  a  decidir  sobre  la admisión del recurso, la censora suministre,  dentro  del  término  de  tres días contados a partir de la ejecutoria de este  proveído,  lo  necesario para que la Secretaría de esta Sala expida las copias  arriba       relacionadas,      y      las      envíe      al      a-quo para que proceda al cumplimiento de  la sentencia atacada.   

Tercero:  Prevenir a la  obligada  que  de  no  acatar  lo  aquí  señalado,  se  declarará desierta la  impugnación extraordinaria.   

Cuarto: Ordenar a  la  secretaría  que  controle los términos, deje constancia expresa previa del  valor de las copias para facilitar su pago y las expida.   

Quinto: Ingresar  el  expediente al Despacho para adoptar la decisión que en derecho corresponda,  una vez cumplido lo anterior.   

Sexto: Reconocer  personería  al  abogado  Charles  David  Chávez  Bruges  como  apoderado de la  demandada,  en  los  términos  del  poder  que  obra  a  folio  31 del presente  cuaderno.   

Notifíquese y Cúmplase  

JESUS  VALL  DE  RUTÉN  RUIZ   

(Presidente   de   la  Sala)   

MARGARITA   CABELLO  BLANCO   

ALVARO  FERNANDO  GARCIA  RESTREPO   

FERNANDO    GIRALDO  GUTIÉRREZ   

ARIEL    SALAZAR  RAMIREZ   

LUIS   ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA     

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