SC10051-2014 [1997-00455-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

Magistrada Ponente  

SC10051-2014  

Radicación           n°  47001-31-03-004-1997-00455-01   

Bogotá  D.C., treinta y uno (31) de julio de  dos mil catorce (2014).   

(Aprobado en sesión de siete de julio de dos  mil catorce)   

Decide  la  Corte  el  recurso  de casación  interpuesto  por  José  Jaime  Pacheco  Gámez,  frente a la sentencia de 20 de  enero  de  2012  proferida  por  la Sala Civil Familia del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Santa Marta, en el proceso de oposición al deslinde   que  él  formuló a continuación del adelantado a instancia de la Corporación  Nacional   de   Turismo   -C.N.T.-,  hoy  Ministerio  de  Comercio  Industria  y  Turismo.   

I.           ANTECEDENTES   

1.   Inicialmente,  la  citada  entidad  solicitó    llevar   a   cabo   el   «deslinde   y  amojonamiento»   entre   los   predios   denominados  «Salinas Marítimas de Pozos Colorados»    de    su    propiedad,    y    «El  Charquito» de Rosario Pacheco de Rodríguez, ubicados  en el corregimiento de Gaira, municipio de Santa Marta.   

2. El fundamento de esa aspiración admite la  siguiente síntesis:   

a).  Mediante escritura pública n° 3539 de  29  de  setiembre de 1978 otorgada en la notaría 14 del círculo de Bogotá, la  C.N.T.  adquirió  la propiedad del inmueble «Salinas  Marítimas   de   Pozos   Colorados»  que  tiene  una  superficie    de   64   hectáreas   8.973.75   mts2  «(64  Mts  (sic)   8.973.75  Mts.  2)»,     alinderado     en     el    hecho    segundo    del    escrito  introductorio.   

b).  El  inmueble  de  la demandada tiene un  área  de  4  hectáreas 530 Metros cuadrados (4 Hs 530  Mts2)    y  su colindancia se encuentra consignada en el instrumento público  n°  768  de  3  de  setiembre  de  1986, conferida en la Notaría Segunda de la  capital del Magdalena.   

c). La accionada ha querido ejercer posesión  y  tener  dominio  sobre  una zona que no le pertenece y en razón a que resulta  difícil  señalar  con  claridad los linderos precisos de los terrenos, se hace  necesario  su  cercado  o  señalización  (fls. 1-4 c.  1).   

3.  La demanda fue admitida con auto de 6 de  febrero  de  1988  por  el  Juzgado  2°  Civil  del  Circuito  de  Santa  Marta  (fl. 59 c. 1).   

4.  Por  auto  de  7  de  febrero de 1991 se  dispuso  vincular  como  demandado a José Jaime Pacheco Gámez al aparecer como  propietario  del  predio  objeto  del  juicio, registrado al folio de matrícula  inmobiliaria   n°  080-0002476  de  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  la  nombrada  ciudad,  al  haberlo  adquirido  por  prescripción  adquisitiva  de  dominio  según sentencia del 3 de junio de 1987; así mismo en  proveído  dictado en audiencia de 12 de octubre de 1995 se ordenó citar a Luis  Herrera  (fls.  7-10  c.  5 y 258-264 c.1).   

5.  Notificada  la  accionada  «Rosario  Pacheco  de  Rodríguez»,  se  opuso  a  las  pretensiones  de  deslinde, porque el predio de la entidad actora  cuenta  con  tres  alinderaciones,  dos  de  ellas contenidas en el «instrumento  público  n° 3539 de 29 de septiembre de 1978 de la  Notaría  14  del  círculo  de  Bogotá», las cuales  difieren   de   las   reales   u  originarias  consignadas  en  la  «escritura    pública    n°   0717   de   26   de   febrero   de  1971»  de  la  «Notaría  Segunda»  de esta capital, por la cual, la Nación le  trasfirió  el  inmueble «Salinas Marítimas de Pozos  Colorados»  al  Instituto  Colombiano  de  Bienestar  Familiar,  linderos  que  se registraron en el «folio  de   matrícula   inmobiliaria   n°   080-0002251»,  «los  cuales deben ser los que se consulten al fijar  la  línea de cerramiento entre los predios en conflicto, en caso de que llegare  a     prosperar    tal    acción».    (fls. 40-44 c.1).   

Por  su  parte,  el  convocado  «José  Jaime  Pacheco Gámez», efectuó  similares   planteamientos  a  los  anteriores,  precisando  que  es  el  actual  propietario  del  predio  «El Charquito»    y   no   la   señora   «Rosario   Pacheco   de   Rodríguez»,  agregando   que  existen  dictámenes  periciales  conclusivos  de  «que  el predio Salinas Marítimas de Pozos Colorados es imposible  de    identificar»   desprendiéndose   más   bien  «que la C.N.T. es quien posee áreas no comprendidas  en  la  alinderación  de  sus  títulos» (fls. 103-108 c.1).   

Así  mismo,  Luis  Herrera  en su respuesta  expresó  que  no debían prosperar las súplicas de la demandante, debido a que  él  es poseedor durante «más de 20 años y de buena  fe  de  un  lote  que  mediante  inspección  judicial  demostraré  su cabida o  extensión»      (fl.     280     c.1).   

6.  El  Juzgado,  en  diligencia  de  1° de  octubre  de  1993, declaró «improcedente el deslinde  solicitado  por  la  Corporación Nacional de Turismo por no ser colindantes los  predios  en  conflicto  de  acuerdo  con  las  pruebas  analizadas»     (fl.    181-185    c.1)  y  en providencia de 20 de octubre de 1994, el superior funcional,  revocó  la  anterior  determinación y dispuso efectuar el deslinde, al estimar  la   existencia   de   colindancia   (flS.  49-62  C.  14).   

7. En «diligencia  de   3   de   febrero   de   1995»,  el  a  quo  de  conocimiento trazó la línea  divisoria,  para  lo cual tuvo en cuenta las medidas que del predio «El  Charquito» aparecen en la sentencia  del  juicio  de pertenencia a través del cual «José  Jaime  Pacheco  Gámez» fue declarado dueño del mismo  (fls.       195-201       c.       1).   

8. Frente al deslinde, el nombrado convocado  formuló  demanda  de oposición pretendiendo que «se  declare  que (…) le asiste el derecho de conservar en su poder  la franja  de   terreno   objeto   de  la  objeción»,  la  cual  identifica,  «por: a) no estar comprendida dentro de  los  linderos  escriturarios  que  identifican  al  predio Salinas Marítimas de  Pozos  Colorados;  b)  pertenecer  esta  al predio El Charquito; y c) haber sido  adquirida  esta  por  este  por usucapión extraordinaria por haberla poseído y  explotado  pacífica,  pública,  continua  e ininterrumpidamente por más de 20  años  con  ánimo de señor y dueño»;  y que en  consecuencia,  se  modifique  la  línea  divisoria trazada, señalándola en el  lugar  en  que se encontraba el «19 de marzo de 1995,  fecha   en   que  se  dio  inicio  a  la  diligencia  de  deslinde»;  así  mismo  pide  que  se protocolice el fallo y se «condene    en   costas   a   la   parte   opositora».  En  subsidio  depreca  el  pago de mejoras puestas en el área en  cuestión.   

El  cimiento  de  tales  súplicas admite el  siguiente compendio:   

a).  La  Corporación  Nacional  de  Turismo  solicitó  fijar  la  «línea divisoria»  entre  su  terreno  y  el  de  la demandada, y para ello requirió  practicar  inspección  judicial  con  la  intervención  de peritos con miras a  «determinar    técnicamente    la   localización  topográfica   de   los   linderos   escriturarios»,  refiriendo  que dentro del «predio Salinas Marítimas  de   Pozos   Colorados»,   según   la  «escritura  3539  de  29  de  septiembre  de  1978  otorgada en la  Notaría    14   de   Bogotá»,   fue   «levantada  una  construcción  rústica  que  basa  su derecho de  existencia  a  estar  localizada  en  una  franja  de terreno de propiedad de la  señora  Rosario  Pacheco  de  Rodríguez,  quien  soporta la afirmación con la  escritura  n°  768  del  3  de  septiembre  de  1968 de la Notaría Segunda del  Círculo  de  Santa Martha», lo que indica que el lote  de  esta  se  hallaría  comprendido  dentro  del  referido  predio «Salinas     Marítimas     de    Pozos    Colorados»,   «lo   que  equivaldría  a  no  ser  colindantes o contiguos entre sí».   

b).     Señala    que    «Rosario  Pacheco  de  Rodríguez»  fue  demandada    por   ser   poseedora   inscrita   de   la   heredad   «El   Charquito»,   alinderado  en  la  «escritura   pública   674   de   9  de  abril  de  1987».   

c). Que mediante sentencia de pertenencia de  3  de  junio  de  1987  proferida  por  el  Juzgado 2° Civil del Circuito de la  capital  del  Magdalena  «a  favor  de  José  Jaime  Pacheco  Gámez,  fue  saneado  parte  del  dominio  del  inmueble denominado El  Charquito», dado que por sus cuatro costados presenta  linderos con mayor longitud de los reseñados en dicha providencia.   

d).  Agrega  que  luego  de  ser  vinculado  «José    Jaime    Pacheco    Gámez»  al trámite de deslinde, este contestó la demanda y solicitó que  pericialmente   se  identificara  e  individualizara  el  inmueble  «Salina  Marítimas de Pozos Colorados»,  de  acuerdo  con  los  «linderos  contenidos  en sus  títulos,  escritura  pública  0717  del  26  de  febrero de 1971»  para  luego  precisar  si  dicho  bien era el mismo descrito en el  libelo  y  poseído por la C.N.T., e igualmente, que con la ayuda de implementos  técnicos,     se    fijara    la    línea    divisoria    de    los    predios  involucrados.   

e). En diligencia judicial de 19 de marzo de  1993,  los auxiliares de la justicia concluyeron «que  el  predio  El  Charquito  no  tiene  colindancia  directa  con  el  lote  de la  Corporación  Nacional  de  Turismo,  y  solo por el lado oeste lo sería con la  línea  férrea  al  medio  cuyo  punto  más  cercano  es  la parte norte de la  estación  Pozos  Colorados,  punto  de partida para medir la distancia hacia el  sur  de  442,35  metros  lineales y al este 162 metros lineales. Por la anterior  circunstancia  es  físicamente  imposible  señalar  el  lugar  por  donde debe  trazarse  la  línea  divisoria  que  ha  de separar los inmuebles vinculados al  proceso  de  deslinde aludido», por lo que reafirmados  los   peritos   una  y  otra  vez  en  su  dictamen,  el  despacho  declaró  la  improcedencia del deslinde.   

f).  También  refiere  que  la parte actora  apeló  y  el  Tribunal  Superior  de  Santa  Marta  dispuso que se realizara la  diligencia  de  demarcación, razón por la cual, «el  despacho  de  la  competencia decidió desconocer el acervo probatorio existente  (…)  y  ordenó a los (…) peritos proceder a señalar en el terreno única y  exclusivamente  la alinderación, a su parecer, identificatoria del predio de la  parte  demandada, es decir que se practicara el deslinde en base en los títulos  del  colindante, como si se tratara de situación similar a la del numeral 2 del  art.  461  del  C.  de  P.  C.  en  que el demandante en deslinde es el poseedor  material   no   inscrito   con   más  de  un  año  de  posesión»,  y  que  el juzgado, mediante auto de 3 de febrero de 1995, ubicó  los  linderos  del «predio El Charquito»  señalados  en  la  sentencia  de declaración de pertenencia, sin  guardar relación con lo pedido por la demandante.   

g).  Culmina  expresando  que  si  bien,  en  criterio  del  juez,  la franja objeto de la oposición no está comprendida por  los   linderos   de   la   sentencia   de   pertenencia   agraria,  «sí   lo   está   por  los  linderos  generales  del  predio  El  Charquito»,  señalados en las escrituras 674 de 9 de  abril  de 1987 y 1257 del siguiente 23 de junio, mediante la cual se desenglobó  este  predio  en  tres,  demostrándose  «que no hace  parte  (…)  del  predio  Salinas Marítimas de Pozos Colorados (…) Esa misma  franja   de  terreno  (…)  inició  a  poseerla  José  Jaime  Pacheco  Gámez  aproximadamente  hace  más  de  veinte  (20)  años,  mediante actos positivos,  públicos,  pacíficos,  lícitos  e  ininterrumpidos,  con  ánimo  de señor y  dueño  y  sin  reconocer  en  otras personas dominio alguno respecto del mismo,  como  lo son su cerramiento, limpieza, explotación agrícola y pecuaria a menor  escala  y  el  adelanto  de  construcciones  en  material, etc. Por lo que se ha  configurado  en  su  favor la usucapión extraordinaria, fundada en el carácter  de    poseedor    del   opositor,   quien   la   ha   adquirido»   (fls. 203-214 c.1).   

9.  Notificada  la  Corporación Nacional de  Turismo,  respondió  oponiéndose  a  lo  pretendido,  pidió  que  se  declare  infundada  la  objeción,  se  apruebe el deslinde realizado el 3 de febrero del  citado  año, se ordene la entrega a ella de la franja de terreno ocupada por el  opositor,  registrar  la  sentencia  y  condenar  en  costas a este. Así mismo,  formuló  las  defensas  que denominó propiedad de la  franja  de  terreno  materia de la objeción en cabeza de una entidad de derecho  público:    Corporación    Nacional   de   Turismo,  inexistencia  de todo título del demandante sobre la  franja   de   terreno   materia   de   la   objeción,  carencia de todo derecho del demandante en oposición  a  seguir  ocupando  la  franja  de terreno materia de la oposición,     las    demás    que    resulten  probadas,  soportadas  en  que  la  parte del inmueble  disputada,  es  de  la  aludida  entidad  (fls. 243-252  c.1).   

Igualmente presentó demanda de reconvención  en  la  que  solicita  declarar  que le pertenece el dominio pleno y absoluto de  «la franja de terreno» que  alindera,  se  disponga que José Jaime Pacheco Gámez se la restituya, al igual  que  se  condene  a  este  a  pagarle  los  frutos  naturales y civiles, por ser  poseedor  de  mala fe y que por ello, no está obligada a indemnizar las mejoras  útiles referidas en el precepto 966 del Código Civil.   

En sustento de lo pretendido refiere lo que a  continuación se extracta:   

La Corporación Nacional de Turismo, mediante  escritura  pública  3539  de  29  de  septiembre  de  1978 de la Notaría 14 de  Bogotá,  registrada  en  el folio de matrícula inmobiliaria n° 080-0002251 de  la  Oficina  de Registro de Instrumentos Públicos de Santa Marta, le compró al  Instituto  Colombiano  de  Bienestar  Familiar  la  heredad  denominada  Salinas  Marítimas  de  Pozos  Colorados,  como  cuerpo cierto, habiéndose realizado el  alinderamiento  técnico  con referencia al plano que se protocolizó y consigna  en el escrito introductorio.   

Señala así mismo, que el I.C.B.F. adquirió  dicho  bien  raíz  por compra efectuada a la nación, por medio de «escritura    pública    n°    717   de   26   de   febrero   de  1971»  otorgada  en  la  Notaría 2ª del círculo de  Bogotá  y  registrada  en  el  actual  folio  de  matrícula  inmobiliaria  n°  080-0002251.   

Que  de  la  referida  heredad, «José   Jaime  Pacheco  Gámez»  ocupa  indebidamente,  como poseedor de mala fe, una franja de terreno que demarca, por  lo  que  la  CNT está legitimada para reclamar que se le restituya la posesión  material   de   tal   área   (fl.   1-8).   

La demanda de reconvención fue admitida por  auto  de  18  de  abril  de 1995 y el reconvenido la contestó oponiéndose a lo  solicitado,  al no existir identidad  entre la fracción de tierra descrita  por  el  reivindicante  como  objeto  de su petición y la perteneciente al lote  «El Charquito», materia de  oposición  al  deslinde, a más de que «el predio de  mayor  extensión al que, según afirma el reivindicante, pertenece la franja de  terreno  pedida en la respectiva demanda, no existe, sus linderos no son los que  corresponden  al  predio  denominado Salinas Marítimas de Pozos Colorados y que  fuera  transferido  por la nación al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar  mediante   escritura   717    del   26  de  febrero  de  1971»,  inscrita  en  el  «folio de matrícula  inmobiliaria   n°  080-0002251  de  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  Santa  Marta»,  en donde se encuentran  transcritos  los  linderos  que  verdaderamente  lo  identifican. Adicionalmente  formuló    las    siguientes    «excepciones   de  mérito»:   carencia  de  dominio  en el actor o reivindicante sobre la cuota de la cosa singular que pide  se  le restituya, o como se denomine, falta de posesión del único demandado en  la  totalidad  de  la  franja  objeto  de la reivindicación o como se denomine,  falta  de  singularización  de  la  cosa a la que hipotéticamente pertenece la  cuota  de  la  misma  que  se  reivindica o como se denomine, falta de identidad  entre  el  bien poseído con el que expresa la cláusula segunda de la escritura  3539  del  29  de  septiembre  de 1978 de la notaría 14 de Bogotá –títulos aducidos por el actor- y los  expresados  en  la  demanda,  o  como  se denomine, las demás que se llegaren a  probar  en  el  desarrollo  del  proceso,  las  cuales  sustenta  en  que  la  zona  pedida  en  reivindicación, no es idéntica en sus  linderos,   medidas   y  cabida  con  la  que  es  objeto  de  oposición  a  la  delimitación   fijada   (fls.  1-8  c.2).   

10.   El  despacho  judicial  al que le  fueron  reasignadas  las diligencias, con fallo de 18 de marzo de 2009, decidió  «no   declarar   la  prescripción  adquisitiva  de  dominio»  del  inmueble  con  matrícula inmobiliaria  080-0002251  de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Santa Marta,  solicitada  por  José  Jaime  Pacheco  Gámez  González,  por  no  ser un bien  susceptible    de    prescripción;    «declar[ó]  injustificada   la   oposición   al   deslinde   y  amojonamiento»  dispuesto  por  el  Juzgado 2° Civil del Circuito en auto de 3 de  febrero  de  1995;  ratificó  la  línea  divisoria  de  los señalados predios  «por  los  lados  este y parte del lindero sur de la  Corporación  Nacional de Turismo y que vendrían ser los linderos Oeste y Norte  del  predio  El  Charquito  la  comprendida  en  las líneas G-D y D-B del plano  levantado  para  la  diligencia  realizada  el  día 3 de febrero de 1995 en las  extensiones  en  ella  señalada»; dispuso realizar el  amojonamiento      como      se      determinó      en     tal     «diligencia»,   entregarle  a  la  entidad  demandada  la  franja  de  terreno  alinderada  y ocupada por el actor,  registrar   tanto   el   acta  de  deslinde  cómo  la  sentencia,  levantar  la  inscripción de la demanda y condenar en costas al actor.   

Mediante providencia complementaria de 25 de  junio  de  2009  «desestim[ó]  las  excepciones  de  mérito  propuestas  por la (…) demandada en (…) reconvención»,     declaró     que    le    pertenece    a    la    «Corporación  Nacional  de  Turismo  hoy  Ministerio  de Comercio  Industria  y  Turismo» la franja de terreno alinderada  en  auto  de  3 de febrero de 1995 «que hace parte de  uno  de  mayor  extensión  (….)  [con]  folio  de matrícula inmobiliaria n°  080-0002251  de la oficina de registro de instrumentos públicos de Santa Marta,  y  cuyos  linderos  se  encuentran  en  la  escritura  pública  3539  del 29 de  septiembre   de   1978   otorgada   en   la  Notaría  Catorce  de  Santafé  de  Bogotá»,  porción  de  tierra  que  le  ordenó  al  opositor  devolverle  a  aquella entidad (fls. 263-272,  333-337 c.1A).   

11.  La  sentencia  de  primer  grado  y  su  complementación   fueron   apeladas   por   el  accionante  y  el  ad  quem  la  modificó  en el sentido de  revocar,  tanto  la determinación de «no declarar la  prescripción   adquisitiva   de  dominio»,  como  la  atinente  al otorgamiento de las pretensiones de la demanda de reconvención; la  adicionó  en  cuanto  a  «concede[r] la pretensión  subsidiaria  de  reconocimiento  de  mejoras,  pretendida por la parte opositora  demandante»,  la confirmó en lo demás y condenó en  costas al apelante.   

En decisión de 27 de abril de 2012, negó la  adición  solicitada  por el promotor del litigio (fls.  48-67, 79-82).   

II.                 FUNDAMENTOS      DEL      FALLO  IMPUGNADO   

El  Tribunal, después de resumir lo que fue  el  trámite  del  proceso,  sintetizar  la  sentencia  recurrida y precisar los  motivos  de la alzada, indicó que este juicio declarativo es derivado de uno de  deslinde,  el  cual  tiene  como  finalidad  definir  los linderos de dos o más  predios   colindantes,   respecto   de   los   cuales   exista   duda   de   sus  límites.   

Seguidamente  precisó  que las pretensiones  del  opositor  estaban  dirigidas  a  que  se declare que le asiste el derecho a  conservar   en   su  poder  la  franja  de  terreno  materia  de  la  objeción,  «por  no estar comprendida  dentro   de  los  linderos  escriturarios  que  identifican  al  predio  Salinas  Marítimas   de   Pozos  Colorados»,  pues  la  misma  pertenece  al  inmueble  «El Charquito»  de  su  propiedad,  adquirido  por  vía  de  usucapión  y que en  consecuencia,  «se modifique  la  línea  divisoria  trazada  en  la diligencia de 3 de febrero de 1995 por el  despacho  de  conocimiento, para que se señale en el lugar en que se hallaba el  día   19  de  marzo  de  1995,  fecha  en  que  se  da  inicio  a  la  referida  diligencia»,  agregando  que  aunque  el «opositor»    no   lo   hizo   antes,  posteriormente  y  en subsidio, solicitó las mejoras puestas en el área objeto  de la controversia.   

El  Tribunal  comparó  las  súplicas  del  «opositor» con lo decidido  por  el  a  quo, advirtiendo  falta  de  coincidencia,  dado  que «por ningún lado  asoma  que  se haya formulado demanda de pertenencia»,  aspecto  analizado  por  este,  lo  que  llevó  al ad  quem a estimar que no tenía necesidad de estudiar ese  aspecto,  sino  únicamente  lo  relacionado con las pretensiones del actor y la  demanda de mutua petición.   

Indicó  entonces, que el tema central de la  alzada  era  determinar si se mantenía o modificaba la línea divisoria o si se  reconocían  las  mejoras,  en  caso  de fracasar las iniciales aspiraciones del  «opositor».   

En  esa dirección anotó que en el trámite  del  deslinde,  los  peritos  «insistieron en que los  predios           el          ‘Charquito’ y  ‘Salinas  Marítimas  de  Pozos  Colorados’, no eran  colindantes,  por  los  linderos oeste, este y norte, pues entre los dos predios  se  encuentra  la  línea  férrea,  zona  que  es de propiedad de Ferrocarriles  Nacionales  de  Colombia,  pero  en el extenso expediente no se encontró prueba  que  la  zona  de  línea  férrea,  se le haya cedido a la extinta ‘Ferrocarriles     Nacionales    de  Colombia’,   o   que  constituya una servidumbre».   

Agrega    que   como   el   a  quo  encontró  que el opositor obtuvo  por  usucapión  una  porción  inferior  a  la  que estaba ocupando, igualmente  concluyó  que  dichas  heredades sí eran colindantes y que la franja discutida  correspondía a la entidad estatal.   

El     ad  quem  también  señala  que en virtud de que el actor  controvierte   la  anterior  inferencia,  a  este  le  correspondía  fundar  su  oposición  en  la  existencia de yerro en la fijación de la línea divisoria o  alegar  que  la  había  adquirido  por prescripción, demostrando su posición,  pero  que  en  lugar  de haber procedido así, lo que hizo fue argüir que en el  proceso    de   adjudicación   se   ‘saneó    parte    del   dominio   del   inmueble   denominado   el  Charquito’, sin optar por  una  u  otra  posibilidad  de las antes indicadas, por lo que su apreciación se  tornaba  personal e infundada, mayor aún, cuando en el juicio de pertenencia se  le  reconoció  lo  que  solicitó,  es  decir,  las mismas medidas «sin  que se hiciera mención que la posesión se extendiera sobre  un  metraje  adicional,  desbordando  lo  pedido.  Pero  además que esa heredad  respecto  de  la  cual  se  le  reconociera haberla adquirido por prescripción,  colindaba  por  los linderos norte y oeste con la entonces Corporación Nacional  de Turismo».   

A  partir  de  analizar  las  inspecciones  judiciales  practicadas  en  los  trámites  de  deslinde  y  de  oposición, el  juzgador     de     segundo     grado     concluyó    que    el    «opositor»  extendió sus linderos más  allá  de  lo  que  le  fue  otorgado  en «proceso de  pertenencia»  y  de contera, recortó los límites de  los   terrenos   de  «Salinas  Marítimas  de  Pozos  Colorados»,  en lo que corresponde a los «linderos   sur,   oeste,   este  y  norte  del  bien  de  Pacheco  Gámez»,  reiterando  que  por  ello ocupaba un área  mayor  a  la  reconocida en «el fallo de declaración  de pertenencia».   

Así  mismo, el ad  quem   indica   que  aunque  en  las  actuaciones  de  «deslinde  y  oposición»  los  peritos  planimetraron  los  terrenos descritos en las escrituras públicas  «que  constituyen  los  títulos  antecedentes  del  predio  Salinas Marítimas de Pozos Colorados»  y  presuntamente  presentan  inconsistencia,  impidiendo que coincidan en todos sus  costados,  «ello  no  cambia la situación anterior,  como  tampoco  da  lugar  a  que  en el trámite ordinario a continuación de un  proceso  de  deslinde  y  amojonamiento,  se legalice una situación como la que  fuera   encontrada   frente   al   predio   del  aquí  demandante»  que  estima,  supera  el  tamaño  del  que le fue concedido en el  «proceso      de      pertenencia».   

El sentenciador destaca que en esta clase de  procesos,  no  se  trata  de  revisar  la  real coincidencia de las «medidas  y  linderos» de los inmuebles  en  controversia,  sino  determinar  si  estos  son o no colindantes; así mismo  señala  que  lo  planteado  por el apelante no es una razón para oponerse a un  deslinde  y  que de acuerdo con el título de adquisición de su predio, la Sala  encuentra que aquellos sí son contiguos.   

El sentenciador, al revisar la extensión de  terreno  que  el  opositor  adquirió en pertenencia, encontró que la misma era  inferior  a  la que tenía en su poder, es decir, ostentaba una parte mayor, sin  que  tuviera  derecho  a  ella,  ya  que  era  de su vecina, en este caso, de la  «Corporación   Nacional  de  Turismo»,   agregando  que  esa  condición  «no  cambia  por  las  imprecisiones  en  la  descripción  que puedan existir en los  títulos      de      adquisición      de      ese     colindante».   

Así  mismo, el Tribunal expuso «que  del  material  probatorio obrante en el plenario, tales como  documentos  escriturarios  y  diligencias  de  inspección  judicial,  llevan  a  concluir  que  la  línea  divisoria  trazada  en  los terrenos en disputa en la  diligencia   del   3  de  febrero  de  1995,  debe  aprobarse  o  mantenerse  en  firme»;  y  adicionalmente,  que como el «predio  ‘El  Charquito’  colinda  por  los   costados  norte  y  oeste»  con  el  denominado  «Salinas Marítimas de Pozos Colorados»,  entonces  se tornaba infundada la modificación solicitada por el  apelante,   lo  que  daba  lugar  al  examen  de  su  petición  subsidiaria  de  reconocimiento   de   mejoras   que   no   fue  analizada  por  el  a  quo,  debido  a  que este se dispuso a  estudiar  «la  presunta solicitud de declaración de  pertenencia  por  parte del opositor»  a pesar de  que  no  la  formalizó  en  la  oposición  o en «la  subsiguiente demanda ordinaria».   

En   esa   dirección,   el   ad  quem  señala  que  a pesar de que el  precepto  466  del Código de Procedimiento Civil no precisa la oportunidad para  alegarlas,  hay  dos  momentos,  «la  diligencia  de  deslinde  y  amojonamiento  cuando  se  acepta la línea divisoria»  y «la formulación de la oposición con  la  presentación  de  la  demanda  ordinaria», aunque  según  un  tratadista  que  cita  indica que también puede efectuarse luego de  concluido  el  proceso  ordinario,  en  la diligencia de entrega, y como en este  asunto,  ese  pedimento  se  hizo  al  formalizarse  la oposición, aunque no se  concretó     en     «en     el    acápite    de  peticiones»,   se   imponía  decidir  al  respecto,  señalando  que  su  reconocimiento  no  depende  solo  de  si  hay prueba de su  existencia,   sino  de  que  se  trate  de  «mejoras  necesarias  y  útiles»,  pues mal se haría conceder  las  que  son  insignificantes  para  el titular del predio, ya que la razón de  ellas  «es  evitar  que  a  quien se le restituya un  bien,    se    enriquezca    injustificadamente    con    el    actuar   de   su  colindante».   

Con    base    en    la    «diligencia  de  deslinde  y  amojonamiento  de  3  de  febrero de  1995»,     el     ad  quem   determinó   que   las   mejoras  se  hallaban  constituidas   por   «un   pozo   de  agua  con  su  caseta»,  unos  «árboles  frutales»  y  «dos piezas  construidas  en  bloque y cemento y techo de eternit»,  agregando  que  a  pesar  de  que  la  «Corporación  Nacional  de  Turismo,  no  le  tiene  uso  específico  al predio»,     «el    pozo    y    (…)    la  construcción»  ostentan  la  virtud  de  aumentar el  precio  de cualquier inmueble, por lo que requería acceder a lo impetrado, pero  al  no hallarse acreditado su monto, con sustento en el inciso 2° del artículo  339  ibídem debía condenar  al  pago  en  abstracto, y que con ese objetivo, se tramitaría incidente dentro  de los 20 días siguientes a la ejecutoria del fallo.   

En   relación   con   la   demanda   de  reconvención,  en  la  que la «Corporación Nacional  de   Turismo»  pretende  la  reivindicación  de  la  porción  de terreno materia del pleito de «deslinde    y    amojonamiento»,   el  ad  quem  estimó  que  se  tornaba  inoficioso  tal  pedimento,  puesto  que «se  estaría   obteniendo   lo  mismo  que  en  el  proceso  principal»,  y  que  en  este  caso,  la  juez  de  primera instancia terminó  «reconociendo  por  segunda  ocasión, al decidir la  demanda   reivindicatoria,  lo  que  tácitamente  había  hecho  al  negarse  a  modificar   el   deslinde»,  pues  también  ordenó  «la entrega de la franja de terreno alinderada en la  diligencia  del  3 de febrero de 1995 a favor de [aquella entidad]»,  por  lo que dicha contrademanda ha debido ser rechazada de plano,  sin  embargo  como  esa  irregularidad  no genera nulidad, se remitiría a lo ya  decidido     respecto    del    libelo    principal,    quedando    «relevada  la  Sala  de estudiar las excepciones formuladas por el  opositor  demandante, en la apelación frente al punto de la calificación de la  buena  o  mala  fe  de  quien  está  ocupando franja (sic) que corresponde a su  colindante»    (fls.  48-67, 79-82).   

III.  DEMANDA DE CASACIÓN  

El impugnante formula cinco cargos contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal;  el  inicial, con sustento en el cuarto  motivo    de    casación,    por    reformatio   in  pejus;   el   siguiente  por  incongruencia;  el  3°  sustentado  en  la  inicial  causal  al  incurrir  en violación recta de la ley  sustancial  y  los dos finales apoyados en el mismo cimiento, pero por quebranto  indirecto.  Para  su  estudio,  la  Corte abordará ab  initio  los  que  denuncian vicios de actividad, en el  orden     propuesto;     luego     los     relativos     a    la    «infracción   indirecta»  que   conjuntará   por   tener  fundamentos  similares  y  ameritar  reflexiones    comunes,    y    por    último,    el   que   denuncia   agravio  directo.   

CARGO PRIMERO  

1. Con sustento en la causal prevista en el  numeral  4°  del  precepto  368 del Código de Procedimiento Civil, se acusa la  sentencia    de    haber   desconocido   el   principio   de   la   «reformatio  in  pejus», dado que siendo  el opositor apelante único, le hizo más gravosa su situación.   

2. En dirección a demostrar el reproche, el  censor, en compendio, expone lo que a continuación se registra:   

En  el  numeral  inaugural  de  la  parte  resolutiva   del   fallo   del   a   quo    se    dispuso   «no   declarar   la  prescripción  adquisitiva  de  dominio» respecto del  inmueble  con  matrícula  inmobiliaria 080-0002251 de la Oficina de Registro de  Instrumentos  Públicos  de  Santa  Marta, alegada por el demandante José Jaime  Pacheco  González,  «por no ser un bien susceptible  de  prescripción» y en igual ordinal de la decisión  del  ad quem, se revocó tal  determinación,   rebasando   los   límites   de   la  apelación  con  la  que  esencialmente  se  buscaba  que  se  «declarara a su  favor    la    prescripción    adquisitiva    de    dominio    de   la   franja  discutida».   

Agrega  que  ante ese panorama, el Tribunal  solo      contaba     con     «dos     escenarios  posibles»,  confirmar  lo decidido por el juzgador de  primer  grado  o  acceder a lo pretendido por el impugnante, más no reformar la  sentencia  en  su  perjuicio,  «al declararse la Sala  relevada  de  hacer  el estudio  sobre la usucapión de la franja discutida  como  tema  debatido  en  el  plenario»,  con  lo que  sorprendió  al  único  recurrente, quien al no poder controvertir esos motivos  fue sometido a un estado de indefensión.   

Sostiene   que   al   pedir  «que  se declarara que le asiste el derecho de conservar la franja  objeto  de  la oposición por haberla adquirido por prescripción adquisitiva de  dominio»   estaba  solicitando  la  declaración  de  usucapión  y  que  por  eso  en el hecho 10° de su libelo aludió a que venía  poseyendo  la franja de terreno aproximadamente hacía unos 20 años, con ánimo  de  señor  y  dueño,  señalando  los  actos por él desplegados, «por   lo  que  se  ha  configurado  en  su  favor  la  usucapión  extraordinaria»,  y  que  en  razón de ello reclamó  como  pruebas  los  testimonios  de Luis Herrera y David Romero, e igualmente la  CNT,    en    reconvención   demandó   la   reivindicación   de   la   franja  discutida.   

Así  mismo  indica  que  en  virtud  de la  teoría   esgrimida   por   el   a   quo  para  negarle  la usucapión, dirigió su apelación a derrumbarla  esgrimiendo   que  «la  franja  discutida  no  está  comprendida  dentro  de los linderos escriturarios del predio Salinas Marítimas  de   Pozos   Colorados»   y   que  de  todas  formas  «sí  era  susceptible  de declararse como adquirida  por  el opositor por (…) [el citado modo]»,  concluyendo  que el yerro denunciado  se  estructura  porque el «ad quem desconoció que el  opositor  hubiera  solicitado la usucapión de la franja discutida»  y  ello  torna  más  gravosa  su  condición  al ser «apelante único».   

Por  ello  pide  casar la sentencia y en su  lugar  «acced[er]  a  la pretensión contenida en el  literal  c)  del punto 1, del capítulo de peticiones de la demanda ordinaria de  oposición al deslinde».   

CONSIDERARIONES  

1. Es principio constitucional que cuando de  la   alzada   se   trata,   al   ad  quem   le   está   vedado   agravar   la  situación  del  «único  recurrente», proscripción que  el  artículo  357  del  Código de Procedimiento Civil recoge indicando que esa  forma  de impugnación «se entiende interpuesta en lo  desfavorable  al  apelante,  y  por  lo  tanto el superior no podrá enmendar la  providencia  en  la  parte que no fue objeto del recurso, salvo que en razón de  la  reforma  fuere  indispensable hacer modificaciones sobre puntos íntimamente  relacionados con aquella».   

Ahora,  cuando  el  mencionado sentenciador  rebasa  tal  limitante  y  desmejora  la posición de ese exclusivo censor, este  queda  facultado  para  acusar  lo  decidido,  con  sustento en el 4° motivo de  casación  que  lo estructura el hecho de «[c]ontener  la  sentencia  decisiones  que  hagan más gravosa la situación de la parte que  apeló  o  la  de aquélla para cuya protección se surtió la consulta, siempre  que  la  otra no haya apelado ni adherido a la apelación, salvo lo dispuesto en  el inciso final del artículo 357».   

En  relación  con  la  citada institución  procesal,  la  Corte,  en  sentencia  CSJ  SC,  7  oct. 2009, rad. 2003-00164-01  expuso:   

(…)       ‘como  una  limitante  del  poder  de  decisión  del  juez  de segunda instancia, se erige el principio prohibitivo de  la     reformatio     in     pejus,     conforme     al     cual    ‘la apelación se entiende interpuesta  en  lo  desfavorable  al apelante, y por lo tanto el superior no podrá enmendar  la  providencia  en  la parte que no fue objeto del recurso, salvo que en razón  de   la   reforma   fuere   indispensable   hacer  modificaciones  sobre  puntos  íntimamente          relacionados          con          aquélla…’   

Dicho  postulado  que desde antaño había  consagrado  el  art.  357  del  C.  de P. Civil, hoy tiene el rango de principio  constitucional  al tenor de lo dispuesto por el art. 31 de la C. P., hallando su  justificación  en  el  sistema  dispositivo  y su concreción en los principios  legales  de  la  personalidad  del  recurso y la congruencia de la sentencia, en  tanto  se  impugna  lo perjudicial y es ese agravio el que mide el interés para  recurrir,  y a su vez determina el thema de decisión del ad quem como actividad  de  parte  en  el  curso  y  al  interior del proceso, para dar así lugar a una  causal  de  casación  específica,  la  del  num.  4  del art. 368 del C. de P.  Civil.   

Según  lo tiene averiguado la doctrina de  la  Corporación,  el  principio  en  comentario  resulta  vulnerado  cuando  se  presentan   las   siguientes   circunstancias:  a)  vencimiento  parcial  de  un  litigante,  b)  apelación  de una sola de las partes, porque la otra no lo hizo  ni  principal  ni  adhesivamente, c) que el juez de segundo grado haya empeorado  con  su  decisión  la  situación del único recurrente, y d) que la reforma no  verse  sobre  puntos  íntimamente  relacionados  con  lo  que  fue objeto de la  apelación’  (…).   

Así  mismo,  en fallo CSJ SC, 9 jul. 2008,  rad. 2002-00017-01 señaló:   

En   consecuencia,  según  la  doctrina  reseñada,  el  superior,  al  decidir  la  apelación  en  su  laborío  podrá  confirmar  la  providencia  recurrida  y,  en  tanto,  la  decisión,  o sea, la  resolución  del asunto conserve su identidad, esto es, sea la misma, apreciada,  cotejada  o  confrontada objetivamente con la impugnada, no se conculca la regla  prohibitiva   de  la  reforma  en  perjuicio,  como  tampoco,  cuando  siéndole  permitido, la modifica favoreciendo al apelante.   

Desde luego, la vulneración de la reforma  peyorativa  sólo  se  encuentra  en  la  parte  resolutiva como una alteración  relevante  de  la  situación jurídica preexistente con caracteres manifiestos,  ostensibles,  evidentes  e  incontestables  de los cuales se presente un notorio  detrimento o quebranto de los intereses del recurrente.   

Y,  en casación CSJ SC, 25 ene. 2008, rad.  2002-00373-01 recordó:   

‘Reformar  en  perjuicio  es,  (…)  innovar  la sentencia apelada de modo tal que el fallo de  segunda  instancia lesione el interés jurídico del impugnante único.  Lo  que,  a  contrario  sensu,  indica  que  no  cualquier enmienda a la providencia  recurrida  configura  desconocimiento del aludido principio, sino únicamente la  que  represente  un  desmejoramiento  de  la  situación  procesal que ya había  logrado    la    parte    apelante    en    la   primera   instancia’ (…).   

2.  Para efectos de corroborar o desvirtuar  la  presencia  del  yerro  imputado,  se  torna  indispensable  cotejar la parte  decisional  del  fallo  apelado, con la de segundo grado, en lo que es motivo de  censura.   

En   aquel,   según  ya  se  expuso,  el  a quo resolvió «1.  No  declarar la prescripción adquisitiva de dominio sobre el  inmueble  ubicado  en  el corregimiento de Gaira de la ciudad de Santa Marta con  la   matrícula   inmobiliaria   080-0002251   de  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  Santa Marta, alegada por el demandante señor José  Jaime  Pacheco  Gámez  González  contra,  Corporación  Nacional de Turismo de  Colombia,   por  no  ser  un  bien  susceptible  de  prescripción».   

A su turno, el ad  quem  al  desatar  la  alzada  determinó «[r]evocar   el   numeral   1°  de  la  precitada  sentencia,  de  conformidad   con   las   apreciaciones   expuestas»,  proveimiento  que  sustentó en que «por ningún lado  asoma    que    se   haya   formulado   demanda   de   pertenencia».   

3.  El  anterior  paralelo evidencia que el  opositor  apelante  llegó  a segunda instancia, sin derecho alguno que sobre la  franja  de  terreno objeto de controversia le hubiera reconocido la sentencia de  primer  grado,  y  en  esas  mismas condiciones prosiguió con la determinación  adoptada  por  el  Tribunal,  lo  que  descarta  la  modificación  en perjuicio  pregonada por el impugnante extraordinario.   

Si   bien   es   cierto  que  la  aludida  Corporación         utilizó         la         expresión         «revocar»,  lo que en la práctica hizo  fue    reafirmar    la    negativa    a   reconocerle   a   aquel   «derecho»  alguno  sobre  «la         franja         de         terreno         [materia]  de  la objeción»,  solo  que  por  razones  distintas a las que esgrimió el juez de  conocimiento  y  en  esa  medida no es dable predicar que se reformó el inicial  fallo   menoscabando   la   situación  del  «único  apelante»,  pues  se  itera, éste no contaba con una  posición  mínimamente  favorable  que  hubiese tenido que ser respetada por el  Tribunal,   circunstancia   que  por  tanto,  excluye  una  acusación  por  esa  causa.   

En relación con el deber que pesa sobre el  casacionista  de  acreditar  el  desmedro  que  le  ocasionó  la  decisión del  ad  quem,  respecto  de  la  situación  que  traía  de  la  instancia anterior, la Sala en fallo CSJ SC, 29  sep. 2005, rad. 1995-7241-01, sostuvo:   

La  causal  cuarta de casación, según lo  prevé  el  artículo  368  ibídem,  tiene lugar cuando la providencia contiene  ‘decisiones  que  hagan  más  gravosa  la  situación  de  la parte que apeló o la de aquella para cuya  protección  se  surtió  la  consulta,  siempre  que la otra no haya apelado ni  adherido     a     la     apelación’;  de  allí  que  cuando  con  base  en ella se ataca el fallo del  tribunal,  el  embate  respectivo debe estar dirigido a evidenciar la situación  más  perjudicial  surgida  en  la decisión de segundo grado con relación a la  del  a-quo,  lo  que  equivale  decir  que  un  cargo de esta naturaleza implica  desarrollar  la  tarea  de  parangonar  la determinación del juzgado con la del  ad-quem,  tras  lo cual habrá de brillar, sin mayores elucubraciones, que la de  éste,  en  lo  inherente  a  los derechos de ese apelante único, le produjo un  agravio  en  la  medida  en  que,  sin  que  debiera  hacerlo,  comprometió los  intereses  de  esa  parte  más  allá  de como aquél lo hizo. De manera que la  demostración   ha   de   consistir,  ha  dicho  la  Corporación,  ‘no  desde  luego en el simple lamento  del  recurrente  por  el  pretendido  agravio  que se le ha inferido, sino, como  mínimo,  en  la  presentación  de  las  circunstancias ciertas y concretas que  conforman  el deterioro de su situación por causa o con motivo de la apelación  del fallo de primer grado (…).   

Como  en este embate, el censor no precisó  las  razones  por  las  cuales,  la  negativa  del  a  quo  a  otorgarle  derechos sobre la franja de terreno  discutida  resultó desmejorada con la sentencia del Tribunal que tampoco se los  reconoció,  es  claro  que  el  yerro  denunciado  quedó  sin  demostrar, pero  además,   dado   que  aquel  llegó  a  segunda  instancia  con  una  decisión  desfavorable    que    se    mantuvo,    la   reforma   en   perjuicio   no   se  estructura.   

Por lo expuesto, la acusación planteada no  prospera.   

CARGO SEGUNDO  

Con apoyo en la causal 2ª del artículo 368  del   Código   de  Procedimiento  Civil,  el  recurrente  acusa  el  fallo  del  ad  quem  de  no  estar  en  «consonancia  con  las  pretensiones  primera (1ª),  segunda   (2ª)   y  tercera  (3ª)  de  la  demanda  de  deslinde»,  al  confirmar los numerales 2° a 9° de la providencia de primer  grado.   

En  procura de acreditar el señalado error  in  procedendo, el libelista  expone lo que a continuación se compendia.   

Refiere que en el hecho 2 de la «demanda  de  deslinde» se identificó y  describió  el  predio  «Salinas Marítimas de Pozos  Colorados»,  se hizo alusión al instrumento público  3539  de 29 de septiembre de 1978 de la Notaría 14 del círculo de Bogotá y se  transcribieron  los  linderos  consignados  en su cláusula 2ª, indicándose en  los  «hechos 3° y 6°» que  la  zona  disputada  se  halla exclusivamente «dentro  del  predio  descrito en el hecho 2 de la demanda», no  «dentro  de  ningún  otro  inmueble, ni mucho menos  dentro  de  un predio denominado lote número dos, descrito en la cláusula 5 de  la  [mencionada  escritura],  ni  se  solicitó  que el deslinde se practicara con base al título por el cual  adquirió  el  opositor  demandante,  o  que  se  utilizara  plano  topográfico  alguno».   

Agrega  que cuando los peritos acudieron al  referido    plano,   supuestamente   protocolizado   en   aquella   «escritura   pública»,   «dictaminaron  que  muchos  de los datos que contiene dicho plano,  ‘no correspondían a los  que   aparecían   en  las  escrituras’»   y   que   con  antelación  habían  informado  que  la  heredad  «Salinas  Marítimas de  Pozos   Colorados»  estaba  integrado  por  los lotes números «uno»  y «dos» y que  dentro   de   éste   último   «está  incluido  El  Charquito»,  omitiendo  aquellos  dictaminar,  y  el  ad   quem   apreciar  que  «verdaderamente,   plano  y  cláusula  5°  hablan  realmente  es de tres (3) lotes de terreno denominándose el tercero de ellos la  zona  de  ferrocarril»,  la  que se encuentra ubicada  dentro de los dos anteriores.   

Que  a  pesar  de  lo pedido por la CNT, el  Tribunal  acudió  al título del demandante «no solo  para  encontrar  establecido  que  los  predios sí eran colindantes, sino (…)  para  asignarle  a  la  entidad  demandante en deslinde y amojonamiento, por las  vías  de  hecho, sin que materialmente existiera en los autos documentos que lo  demostrara,  un  derecho  de  dominio,  propiedad  y posesión material sobre la  franja  discutida», bajo el argumento de que sin tener  derecho,  aquel  extendió sus linderos más allá de lo que se le otorgó en el  proceso  de  pertenencia  y  recortó los de «Salinas  Marítimas  de Pozos Colorados», cuando el fallador ha  debido  efectuar  la  delimitación  con  base  en  los  linderos verificados en  diligencia  de  deslinde  y  «que  aparecían  en el  título  del derecho de dominio invocado y acompañado en la demanda de deslinde  y  amojonamiento  por el demandante (art. 461, numeral 1°, C.P.C.) y que fueron  plasmados  en las respectivas actas de esas fechas y en el hecho 2 de la demanda  de  deslinde,  como  los identificativos del contenido espacial del predio de su  propiedad».   

A  partir  de  lo  expuesto,  pide casar la  sentencia  del  ad quem y en  su   reemplazo   revocar  la  del  a  quo    para    aceptar    las    pretensiones    de   su   demanda   de  oposición.   

CONSIDERACIONES  

1. El principio de congruencia de los fallos  judiciales  se halla consignado en el artículo 305 del Estatuto Procesal Civil,  norma  que  demarca  el  ámbito dentro del cual el sentenciador ejerce su poder  decisorio  e impone que lo resuelto en el fallo observe absoluta correspondencia  «con  los  hechos  y  las  pretensiones  aducidos  en  la  demanda  y en las demás oportunidades que [tal]  Código  contempla, y con las excepciones que aparezcan probadas y hubieren sido  alegadas   si   así  lo  exige  la  ley».   

Sobre  el  particular, la Sala en sentencia  CSJ SC, 20 sep. 2013, rad. 2007-00493 recordó:   

‘la  inconsonancia  de  la  sentencia  constituye un vicio de procedimiento que puede  revestir         tres        formas        diferentes:         ‘como esta norma procesal (C. de P.C.,  art.  305)  establece  un  determinado  comportamiento  del  juez al proveer, la  inobservancia  de  ella  por parte de éste implica un vicio de actividad que se  traduce  en  el  pronunciamiento  de un fallo incongruente, ya sea porque en él  decide  sobre  cuestiones  no  pedidas  (extra petita) o sobre más de lo pedido  (ultra  petita),  u  omite  la  decisión  en  todo  o  en  parte, acerca de las  pretensiones       o       de       las       excepciones      (…)’   [citra  petita].   

2.  Para  establecer  si  se  estructura el  segundo  motivo  de  casación  consagrado en el precepto 368 del C. de P.C., se  deben   contrastar  los  supuestos  fácticos,  las  súplicas  y  las  defensas  propuestas,  con  la  parte  resolutiva  de  la  determinación  impugnada,  sin  perjuicio  de  los  eventos  en  los  que  el  legislador  autoriza pronunciarse  oficiosamente,  pues  el  resultado  que  arroje tal ejercicio es lo que permite  determinar  si  la  providencia  rebasó  los  contornos  de  los aludidos actos  procesales,    si    ello    implicó    que   la   misma   fuera   «ultra,      extra      o      citra  petita»  y de contera, si se  cometió   tal   yerro   in   procedendo.   

3.  En  el presente asunto, se recuerda, la  entidad    actora    CNT    solicitó    llevar    a    cabo   el   «deslinde  y  amojonamiento»  entre los  predios  denominados  «Salinas  Marítimas  de Pozos  Colorados»   de   su   propiedad,   y   «El  Charquito»  de  Rosario Pacheco de  Rodríguez,  a  lo  cual  se  accedió  en  diligencia  de  3 de febrero de 1995  (fls.    195-201    c.1),  demarcación   que   avaló  el  ad  quem  en  el  fallo  impugnado  extraordinariamente confirmatorio del de  primer    grado    que   «ratific[ó]   la   línea  divisoria»       indicada       en       aquella  oportunidad.   

El censor advierte incongruente la decisión  del  Tribunal  debido  a  que  el  deslinde no se realizó con base en los datos  insertos  en  los  títulos  del  demandante,  sino  del  accionado  y  por ello  terminó,  no  solo  fijando  linderos  distintos  a  los que ostenta el llamado  «Salinas Marítimas de Pozos Colorados»,  sino  que  dejó  en  posesión  a la CNT de un terreno que no le  pertenece,   no  obstante  que  en  la  «demanda  de  deslinde» se identificó y describió esta heredad, a  la  vez  que  los  peritos  dictaminaron  que muchos de los datos insertos en el  plano    del    citado    inmueble,    «no    correspondían    a    los    que    aparecían    en   las  escrituras»,  a  más  de  hallarse integrado por los  lotes  números  «uno»  y  «dos»  y  que  dentro  de  éste      último     «está     incluido     El  Charquito»,    aunque    los   expertos   omitieron  «dictaminar»,   y   el  ad   quem   «apreciar»  que  en  realidad  se trata  «de  tres  (3)  lotes  de  terreno denominándose el  tercero  de  ellos  la  zona  de ferrocarril», ubicado  dentro de los dos anteriores.   

4. Al adentrarse la Corte en el estudio del  embate,  se  evidencia  la  improcedencia  del  mismo  dado  que en el fondo, lo  planteado  involucra  la  apreciación  de  los  elementos  materiales de prueba  incorporados  a  la  actuación y en esa medida, el yerro no sería «in   procedendo»,  sino  «in   judicando»,  denunciable  por  la  causal primera de casación.   

En  efecto,  para  sustentar  el mencionado  error  de actividad, el impugnante alude entre otros aspectos, a que en el hecho  2°   de   la   «demanda  de  deslinde»   fue  descrito  el predio «Salinas  Marítimas    de   Pozos   Colorados»,   habiéndose  transcrito  los  linderos  consignados  en  la  cláusula  2ª  de  la escritura  pública  3539  de  29  de  septiembre de 1978 de la Notaría 14 del círculo de  Bogotá  y que en los «hechos 3° y 6°»  del  escrito  introductorio  se  describió  la zona disputada y a  pesar  de  ello,  se  trazó  la línea divisoria desatendiendo esos datos y con  soporte en el título del convocado.   

Como puede apreciarse, el censor ataca es la  providencia  adoptada  en  la  diligencia  que  dispuso la delimitación y no la  sentencia  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación  que  desató  la  oposición al deslinde.   

Adicionalmente,   cabe  señalar  que  la  determinación  del  Tribunal  no fue inopinada, sino que la adoptó con base en  los  medios  de  convicción  aducidos al proceso, fundamentalmente la decisión  judicial  que  declaró  a  José  Jaime  Pacheco  Gámez titular del derecho de  dominio   de   una   fracción   del   inmueble   conocido   como   «El   Charquito»,  y  las  «inspecciones  judiciales» realizadas a  los  fundos  involucrados,  de  donde  entonces,  ese análisis de los medios de  persuasión, descarta la equivocación propuesta.   

Respecto   del  dislate  y  la  temática  esbozada,  la  Sala,  en  sentencia  CSJ  SC,  2  jun. 2010, rad. 1995-09578-01,  sostuvo:   

‘(…)  la   falta   de   consonancia   (…)   ‘ostenta   naturaleza   objetiva,  al  margen   de   las   consideraciones  normativas,  la  valoración  probatoria  o  eventuales  yerros  de  juzgamiento, y no se estructura por simple divergencia o  disentimiento    con   la   decisión’.  A  este  propósito,  tiene  dicho  la  Sala  que,  ‘la  trasgresión  de  esa  pauta  de  procedimiento   no   puede   edificarse  sobre  la  base  de  controvertirse  el  juzgamiento  del  caso,  porque el error se estructura, únicamente, tratándose  de  la  incongruencia  objetiva, cuando se peca por exceso o por defecto (ultra,  extra  o  mínima petita)’  (…).     Del     mismo    modo    ‘…nunca  la disonancia podrá hacerse consistir en que el tribunal  sentenciador  haya  considerado  la  cuestión  sub-judice de manera diferente a  como  la  aprecia  alguna  de  las partes litigantes, o que se haya abstenido de  decidir  con  los  puntos  de vista expuestos por alguna de estas…’    (XLIX,    307),    ‘la  carencia  de  armonía  entre  lo  pedido  y  lo  decidido,  referida  como  es al contenido de la sentencia, ha de  buscarse,  en  línea  de  principio,  en  la  parte  resolutiva  de  la  misma,  ‘pues   la  causal  no  autoriza  ni  puede  autorizar  a entrar en el examen de las consideraciones que  han   servido   al   juzgador   como   motivos   determinantes   de   su   fallo  (…).   

‘(…)  En  cuanto   a   esta   particular  cuestión,  tiene  dicho  la  Sala  ‘que la causal segunda de casación se  halla  instituida para enmendar el vicio de procedimiento que se presenta cuando  el  sentenciador,  por  exceso  o por defecto, se aparta del cuadro de instancia  que  traza  la  demanda  y  las excepciones propuestas por el demandado o que el  juez  deba  declarar  de oficio; en lo que concierne con la presente acusación,  en  verdad, un fallo puede resultar incongruente, en la especie extra petita, si  decide  sobre  algo  que no fue pedido en la demanda o con respaldo en hechos no  fundantes  de  la misma, pues la actividad del juez debe ceñirse a los hechos y  pretensiones  consignados  en el libelo introductor, según dispone el artículo  305  del  C.  P. Civil. Pero tal conducta reprochable como constitutiva de error  in  procedendo,  se detecta cuando el fallador, sin referirse a los términos ni  al  contenido de la demanda, esto es sin mediar ningún juicio sobre la misma ni  sobre  la  interpretación  que  debe  dársele,  decide  el litigio a partir de  peticiones  no  formuladas  en  la demanda, ni expresa ni implícitamente, a las  cuales  alude  el  fallo  de  sopetón  y  de  modo  inopinado  para las partes,  revelándose  allí  un  proceder  que,  por  abrupto, muestra inmediatamente la  trasgresión  de  los  límites que configuran el litigio llevado a conocimiento  de  la  jurisdicción.  Si, por el contrario, el sentenciador se pronuncia en un  determinado  sentido  como  consecuencia  de  haber  apreciado e interpretado la  demanda,  a  raíz de lo cual fija los hechos y peticiones de la misma que en su  sentir  estructuran  la  disputa  judicial de que conoce, y como consecuencia de  ese  ejercicio  cae  en  la equivocación consistente en considerar uno o varios  hechos  ajenos  a  la  causa  o  en  definir  una  petición  que  no le ha sido  formulada,   deviene   la   ocurrencia   de  un  error  de  juicio  –error    in   judicando–, como que en tal caso el fallador no  ha  obrado  de  manera  impensada,  para  cuya  enmienda se halla establecida la  causal    primera    de    casación’   (Sent.   cas.   civ.   de   8   de  abril  de  2003,  expediente  7844).   

‘En idéntico  sentido,  ‘la diferencia  entre  el  error  in  procedendo, tipificador de la incongruencia, y el error de  hecho  en  que se pueda caer al apreciar la demanda, propio de la causal primera  de  casación,  no  se  ha  desdibujado a raíz de la innovación introducida al  citado  numeral  2 del artículo 368, ya que en el primer evento el juzgador, al  considerar  los  hechos  sustentantes de la pretensión, no hace cosa distinta a  la  de  despreocuparse  de la demanda para tomar únicamente en cuenta aquéllos  que,  de  acuerdo con su personal criterio, resultan dignos de ser valorados. En  la  segunda hipótesis, por el contrario, el juez parte de obedecer la regla que  le  habla de la sujeción a los hechos de la demanda, más cuando pretende fijar  el  sentido de la misma resulta alterándolos siendo éste el motivo por el cual  aquí  ya  no  se  ha  atinado  hablar  de  desatención  o  prescindencia de la  demanda’.   

5. Por lo expuesto, el reproche planteado no  prospera.   

CARGO CUARTO  

1.   Con respaldo en la primera causal  del  artículo  368  del Código de Procedimiento Civil, el actor acusa el fallo  del  Tribunal  de  quebrantar  indirectamente los artículos 673, 762, 765, 780,  2512,  2513,  2517,  2518,  2527  y  2531 del Código Civil y 407 del Código de  Procedimiento  Civil,  por  errores  de hecho derivados de la apreciación de la  demanda  ordinaria  de  oposición  al  deslinde, lo que condujo a inaplicar las  disposiciones  reguladoras  de  los  derechos  de posesión y prescripción como  medios para adquirir el dominio de las cosas.   

2.  En  sustento  de  dicha  acusación, el  censor expone lo que seguidamente se compendia:   

No  obstante  que  en  el libelo genitor se  plantearon  pretensiones autónomas e independientes, el sentenciador creyó que  se  trataban de consecuenciales o dependientes unas de otras y no tuvo en cuenta  su  afirmación  de que había adquirido por usucapión extraordinaria la franja  de  terreno  discutida, para lo cual dirigió su actividad a probar los actos de  señorío, los que fueron declarados por David Romero.   

Agrega   que  también  controvirtió  la  eficacia  y  legalidad  del  título  con  el  que  el  demandante  del deslinde  respaldó  su  derecho,  así  como  los  linderos  plasmados  en las escrituras  públicas  que  constituyen  los  antecedentes  jurídicos  de  ese título y su  confrontación   con  el  plano  protocolizado  en  la  n°  3539,  pretendiendo  demostrar  que  la porción de tierra discutida no hace parte del predio Salinas  Marítimas  de  Pozos  Colorados y que por ello, esta no puede reputarse como de  propiedad de la CNT, y tampoco imprescriptible.   

Recuerda que sus peticiones se dirigieron a  que  «se declare que a José Jaime Pacheco Gámez le  asiste  el  derecho  a  conservar  en su poder la franja de terreno objeto de la  oposición  al  deslinde,  por  (…)  haber  sido adquirida ésta por éste por  usucapión  extraordinaria por haberla poseído y explotado pacífica, pública,  continua  e  ininterrumpidamente  por  más  de  20 años con ánimo de señor y  dueño  [al] pertenecer esta  al   predio   El   Charquito»,   y  que  por  tanto,  «se  modifique  la  línea  divisoria  trazada en la  diligencia  del  3  de febrero de 1995 por el despacho de conocimiento, para que  se  señale  en el lugar en que se hallaba el día 19 de marzo de 1995, fecha en  que  se  da  inicio  a  la  referida  diligencia»,  y  subsidiariamente  pidió  «las mejoras puestas en la  franja de terreno objeto de la correspondiente oposición (…)».   

Agrega   que    frente   a   tales  aspiraciones,  la  Corporación  ad  quem  «tenía el  deber    legal    de    pronunciarse»,   despachando  favorablemente  una  de  ellas; sin embargo, interpretó erróneamente el libelo  introductorio,  alteró  su  contenido  objetivo y omitió su análisis, pues se  consideró  «relevada  de  estudiar  la solicitud de  usucapión  planteada por el opositor como una de sus pretensiones de la demanda  ordinaria»,   vulnerando   así   las  disposiciones  invocadas  y  los  derechos  del  accionante  a  que se declare que adquirió la  señalada  franja  de terreno por prescripción adquisitiva de dominio, a la vez  que  estimó  injustificada  la  oposición al deslinde y le reconoció a la CNT  derechos inexistentes.   

Denota  que  frente  a  la  petición  del  opositor  de  que  se declare la usucapión a su favor, la CNT presentó demanda  de  reconvención  solicitando  la  reivindicación  de  la zona que dijo ser la  discutida,  pero  como  el  Tribunal  eliminó  aquel  pedimento, cometió yerro  trascendente,  puesto  que  la defectuosa apreciación del escrito introductorio  lo  llevó  a confirmar el fallo del a quo  y  a  denegar  las  pretensiones,  revocando  el numeral 1° de la  sentencia  apelada  «por  inexistencia  del petitum,  respecto  a  la  pretensión  de  la  usucapión» y a  considerarse relevado de estudiar tal solicitud.   

CARGO QUINTO  

1.   Fundado  en la primera causal del  artículo  368  del  Código de Procedimiento Civil, el actor acusa la sentencia  del  Tribunal  de  quebrantar  indirectamente  los preceptos 673, 762, 765, 780,  900,  1495,  1501,  1618,  1622, 1849, 1857, 1866, 1867, 1871, 1874, 1875, 1880,  1884,  1889, 2512, 2513, 2517, 2518, 2527 y 2531 del Código Civil, 407 y 461 de  la   inicial   normatividad  citada,  por  errores  de  hecho  derivados  de  la  «defectuosa  apreciación de algunas pruebas y en la  falta de apreciación de otras».   

2.  El  censor  en  pro  de  acreditar  la  existencia  de  los  yerros  denunciados,  expone  lo  que  a  continuación  se  extracta:   

a).  No  dio por demostrado estándolo, que  las   experticias   practicadas   en   desarrollo   del   proceso   «dictaminaron  que  las  escrituras  públicas que constituyen los  títulos   antecedentes  del  predio  Salinas  Marítimas  de  Pozos  Colorados,  presentan  inconsistencias  que impiden la coincidencia en un plano de todos sus  costados,  y  que  la franja objeto de la oposición no está comprendida dentro  de   dicho   inmueble»;   igualmente,   al  dar  por  acreditado,    sin    que    así    fuere    que    la   aludida   «franja»,      integra      aquella  heredad.   

b).  «No dar por  demostrado,   estándolo»  que  en  las  peritaciones  efectuadas   a   aquel   inmueble   e   incorporadas  como  pruebas  trasladadas  «se dictaminó que la franja objeto de la oposición  no  hace  parte  del  predio Salinas Marítimas de Pozos Colorados».   

c).  «No dar por  demostrado,  estándolo»  que el instrumento público  674  de  9  de  abril  de 1987 de la Notaría 2ª de Santa Marta, la Resolución  0555  de  21 de mayo de 1993 del Ministerio de Comercio Exterior, las escrituras  0717,   cláusula   1ª   de   26   de  febrero  de  1971  y  3539  «cláusulas   2°   y  3°»  de  29  de  septiembre  de  1978  de  las  «Notarías 2ª y 14 de  Bogotá»,  respectivamente,  la  hoja  2 del folio de  matrícula  inmobiliaria  n°  080-2251 y el contenido del hecho 2 de la demanda  de  deslinde  permiten  determinar  «el  verdadero y  único  contenido  espacial  del  predio vendido con señalamiento de linderos y  como    un    cuerpo    cierto,   denominado   Salinas   Marítimas   de   Pozos  Colorados»  y  que  dentro  de  los  linderos de este  «no  está  comprendida  la  franja  objeto  de  la  oposición   al   deslinde,   que   fue   pedida   en   prescripción   por   el  opositor».   

d).  «Dar  por  demostrado,   no   estándolo»   que   el   inmueble  «Salinas Marítimas de Pozos Colorados»  adquirido por la Corporación Nacional de Turismo en los términos  de  la  «cláusula 2° de la escritura 3539 del 29 de  septiembre  de  1987,  de  la  Notaría  14  de Bogotá, y declarado como cuerpo  cierto  en  la cláusula 3° de esa misma escritura, geográfica y espacialmente  se  identifica  por los linderos contenidos en la cláusula 5°, como conformado  por  el  lote número uno y el lote número dos, quedando comprendida dentro del  lote  número  dos  la  franja  objeto  de la oposición al deslinde. Alteró el  contenido  material  de  la  referida escritura con agregados que no aparecen en  ella,  (el  que  el  cuerpo  cierto  Salinas Marítimas de Pozos Colorados está  conformado  por  todo  el  contenido dentro de los linderos de la cláusula 5°)  suponiendo   la   prueba   del   hecho   equivocadamente  añadido».   

   

e). Indica, citando casación de 22 de junio  de  1989,  que en los juicios de deslinde, la prueba principal que ha de tenerse  en  cuenta  de preferencia, es la que se deriva de los títulos de propiedad que  establezcan  en  el  sitio la prolongación y el límite, dado que esta clase de  actuaciones  no  pueden confundirse con las de reivindicación del dominio y que  si  en  un  proceso  ordinario  de  deslinde  una  parte  pretende demostrar con  testimonios  que ha estado en posesión de la porción de terreno disputada y la  otra  quiere acreditar esa situación con título inscrito, debe prevalecer este  último  medio  de  persuasión,  precisando  que  en  el  presente caso, la CNT  «carece  de título inscrito que respalde derecho de  dominio  sobre  las  áreas  geográficas  ocupadas  por  la franja objeto de la  oposición,   la   cual   fue   pedida  en  prescripción  por  el  opositor  al  deslinde».   

f). Invocando fallo de 21 de octubre de 1954  de  esta  Corporación,  dice  que  las declaraciones que una persona haga en un  instrumento  público  respecto de la extensión de los linderos de un inmueble,  no  puede  perjudicar  a  los dueños de los predios vecinos, por lo que en este  caso  el  cambio  que se hizo en la cláusula quinta de la escritura 3539 del 29  de  setiembre  de  1978  en  la  que  se modificó la medida de los límites del  «predio     Salinas     Marítimas    de    Pozos  Colorados» originalmente señalados en las cláusulas  1ª  de  la  «escritura  0717  del  26 de febrero de  1971» y 2ª de la «3539 de  29    de    septiembre    de   1978»,   «no  sirve  para  fundar  exitosamente  la pretensión de deslinde  promovida  por  la  C.N.T.,  o  la oposición que en reconvención dicha entidad  estatal  efectuó  en  contra de la demanda ordinaria de oposición al deslinde,  como  (…)  [tampoco] puede  servir  de  fundamento  a  las  decisiones  tomadas en la sentencia impugnada en  casación».   

Agrega que la mutación en la extensión de  los   linderos   del  señalado  terreno  efectuado  en  la  cláusula  5ª  del  instrumento  público  3539  alteró  los «originales  dentro  de  los cuales nunca ha estado comprendido el predio El Charquito, ni la  franja objeto de oposición al deslinde».   

         

g).  Igualmente  acusa al Tribunal de haber  omitido  evaluar  la «escritura 674 del 9 de abril de  1987,  Not.  2ª  Santa  Marta  de  aclaración de linderos otorgada por Rosario  Pacheco  de  Rodríguez,  la  resolución  0555  del  21  de  mayo  de  1993 del  Ministerio  de Comercio Exterior, la escritura 0717 del 26 de febrero de 1971 de  la  notaría 2 de Bogotá cláusula 1, la escritura 3539 del 29 de septiembre de  1978  de la notaría 14 de Bogotá cláusulas 2 y 3, el certificado inmobiliario  de  folio  080-2251»  que  muestran  los límites del  predio     «Salinas     Marítimas    de    Pozos  Colorados»,  las inconsistencias de ellos y que desde  antes  de  la  venta  efectuada  por  la  nación  al  ICBF en 1971 «ya  desde  1963  el  predio  El  Charquito  existía  jurídica y  registralmente  y  ocupaba  el  mismo  espacio  físico y geográfico que hoy es  motivo  de  controversia y durante los siete (7) años que dicho inmueble estuvo  en  poder de esa entidad estatal, hasta cuando en 1978 los transfirió a la CNT,  ésta  no  ejerció  ninguna acción legal encaminada a recuperar extensiones de  terreno  que  bajo  la  hipótesis  de  estar  incluidas  dentro de sus linderos  escriturarios,  acusara  de  estar  siendo  abarcadas por linderos del predio El  Charquito».   

          h).  Sostiene que la CNT recibió materialmente del ICBF únicamente  lo  comprendido  dentro de la demarcación determinada en el objeto del contrato  y  señalada  en  la  escritura  de  venta,  pues era físicamente imposible que  aquella  «hubiera  recibido  materialmente áreas de  terreno  que  ya se encontraban ocupadas por el predio El Charquito, incluida la  franja  hoy  discutida,  independientemente  de si las áreas ocupadas por dicho  predio  eran mayores a las que posteriormente le fueron definidas y comprendidas  dentro  de  los lindes de la sentencia del proceso de pertenencia, o título por  el  cual  adquirió el opositor demandante», a más de  que  al  ICBF  le  era legalmente prohibido entregar más terreno del que había  comprado.   

i). El censor también acusa al Tribunal de  haber  apreciado indebidamente los dictámenes de los peritos y por tanto fallar  en contra de lo que ellos expresan.   

Así,  indica  que  el  rendido  por  Luís  Bermúdez  y  Lilia Gelvis, incluyendo su ampliación, no le sirvió al juzgador  para    tener    por    demostrado    «que   el   predio   Salinas   Marítimas  de  Pozos  Colorados,  de  conformidad  a los linderos contenidos en la cláusula 1ª de la escritura 0717,  y   especialmente  en  la  cláusula  2ª  de  la  escritura  3539,  que  fueron  transcritos  en  el hecho 2° de la demanda de deslinde, no comprenden dentro de  sí  la  franja objeto de la oposición al deslinde, solicitada en prescripción  extraordinaria  por  el  opositor,  amén  de ser imposible para los peritos, al  pretender   planimetrarlo,   hacer   que   en   un  plano  coincidan  todos  sus  lados»;    que    con  prescindencia  de  esa  probanza,  la  Sala  fundada en el título del demandado  esgrimió   erradamente  que  las  heredades  sí  eran  colindantes  y  que  la  extensión  que  excedía  la  otorgada  a Jaime Pacheco Gámez en el proceso de  declaración   de  pertenencia,  era  de  propiedad  del  colindante C.N.T.   

Agrega,   que   la   argumentación   del  sentenciador  es  contradictoria,  puesto  que  a pesar de estimar que la prueba  pericial  corrobora  que  en  las  escrituras  públicas del predio «Salinas  Marítimas de Pozos Colorados»  se  describen  varios  terrenos  con  topografías  diferentes  entre  sí y que  ninguno  de  estos  se  puede  hacer  coincidir  en un plano todos sus costados,  termine  diciendo  que  debe aprobarse o mantenerse en firme la línea divisoria  trazada  «de  acuerdo  con  el  material  probatorio  obrante  en  el  plenario  (documentos escriturarios y diligencia de inspección  judicial),   cuando  dicho  material   probatorio  lo  que  indica  es  lo  contrario  de  lo  que  la  sala  concluyó».   

j).  Que  igualmente omitió considerar los  dictámenes    trasladados   de   los   procesos   reivindicatorios   promovidos  separadamente  por Joaquín Campo Campo y José Antonio Días Granados contra la  Corporación  Nacional de Turismo, coincidentes con los rendidos en este pleito,  tanto  en la fase de deslinde como de la oposición, por Franklin Guevara Leotur  y  Gustavo  Gnecco Correa, lo mismo que por Luis Sney Bermúdez Granados y Lilia  Piedad  Gelvis Avendaño, todos los cuales concluyen en la falta de colindancia,  que  la  propiedad  denominada «Salinas Marítimas de  Pozos  Colorados»  no  comprende  la franja objeto de  «oposición al deslinde» y  que  el  levantamiento topográfico arroja la conformación de dos inmuebles que  se  denominaron  «lote  número  uno  y lote número  dos»  que difieren en tamaño, rumbos, medidas de sus  linderos  y figura geométrica con respecto al inmueble descrito en la cláusula  2ª  de  la  escritura  3539,  «quedando comprendido  dentro  del  denominado  lote  número dos la totalidad del predio el Charquito,  incluida     la     franja     objeto     de     la     oposición».   

k).  También  anota  que tanto en litigios  civiles,  como  en los adelantados ante el Tribunal Administrativo del Magdalena  se  han  practicado  experticias  y  realizado  planos topográficos con miras a  identificar  el  «predio salinas marítimas de pozos  colorados»   obteniéndose   como  conclusión   «que    dicho   inmueble   presenta   una   triple  alinderación,  una  primera  contenida  en  escritura 0717 del 26-02-1981 de la  notaría  2°  de  Bogotá,  una segunda contenida en la cláusula segunda de la  escritura  3539  del  29-09-1987  de  la  notaría  14  de Bogotá y una tercera  alinderación  contenida  en  la  cláusula  quinta  de esa misma escritura 3539  (…);  que  la  segunda y tercera de esas alinderaciones difieren entre sí y a  su  vez  son  totalmente  distintas  de la alinderación original y primogénita  contenida   en   la   primera   de   las   escrituras   públicas   relacionada,  específicamente  en cuanto a sus rumbos y medidas, a tal punto que en todas las  peritaciones  se  concluye  que  el  predio  al que dichas escrituras y linderos  dicen   referirse   no   permiten   la  identificación  técnica,  jurídica  y  geográfica  de  dicho  inmueble»,  y que el mismo no  abarca   parte   alguna   del   que   originalmente  se  denominó  «El  Charquito  y  mucho  menos  la franja objeto de oposición al  deslinde».   

l).  Igualmente  alude  a  los  dictámenes  rendidos  por  Fernando Galofre y Óscar  Corvacho, al igual que por Werner  Stuve  Arroyo y Algemiro Maya, para destacar las inconsistencias que hallaron en  la  alinderación del inmueble «Salinas Marítimas de  Pozos  Colorados»  y  la  imposibilidad,  no  solo de  identificarlo,  sino  de  cerrar  el  polígono  en  un plano, con las distintas  medidas   que  de  él  existen  en  los  títulos, expertos que además se  refieren  a  la  franja  de  terreno ocupada por José Jaime Pacheco; que según  aquellos,  «[e]sta indefinición crea una confusión  con  respecto a la franja de terrenos situados entre la línea del ferrocarril y  la  carretera»,  por  cuanto un área que es poseída  por  la CNT «no queda comprendida en la alinderación  suministrada  por  el  demandante»  e  igualmente que  «existe  una  franja de terreno de aproximadamente 6  hectáreas,  en  una  longitud  de  556 Mts. a lo largo de la línea férrea que  queda   excluida   (…)  de  él,  según  la  alinderación  suministrada  por  demandante  y demandado, la cual está siendo poseída por el señor José Jaime  Pacheco».   

          Refiere   el  censor,  que  con  las  peritaciones  y  los  títulos  antecedentes  de  la  heredad  «Salinas Marítimas de  Pozos    Colorados»   se   puede   determinar  que  el  espacio  físico  y  geográfico    en    el   que   se   presenta   la   inexactitud,   «es  el  mismo que desde el año 1963 ocupa el predio El Charquito  y    la    franja    objeto   de   la   oposición   al   deslinde».    

Por ello, es errónea la argumentación del  Tribunal   atinente   a  que  si  bien  los  peritos  dijeron  que  «los  predios El Charquito y Salinas Marítimas de Pozos Colorados  no  eran  colindantes  por  los linderos oeste, este y norte, pues entre los dos  predios   se   encuentra  la  línea  férrea,  zona  que  es  de  propiedad  de  Ferrocarriles  Nacionales  de  Colombia», exponga así  mismo   que  no  existe  prueba  de  que  esa  «zona  férrea»  le  hubiera  sido  cedida  a  este  último  organismo o que constituyera una servidumbre.   

m).  Que  yerra  también al estimar que el  título  mediante el cual el opositor demandante adquirió en pertenencia era el  que  servía  para  establecer  la  colindancia  entre los predios materia de la  controversia  y  que  procediera  a dejarle a la CNT la parte ocupada por aquel,  con  el  argumento  de  que  no  tenía derecho sobre ella, por ser de la citada  entidad,   lo   que   a  su  vez  le  sirvió  al  ad  quem  para  considerar  equivocadamente  que la franja  objeto  de  la oposición era imprescriptible, desconociendo las imprecisiones e  inconsistencias  existentes  y  advertidas por el mismo sentenciador, recalcando  que  el aludido ente «nunca tuvo derecho de dominio o  propiedad  y  mucho  menos  posesión  material» sobre  dicha área.   

Manifiesta  que esas inferencias las obtuvo  por  no  haber  analizado la «escritura 0717 de 26 de  febrero     de     1971»    y    la    «cláusula  2ª  de la 3539» citadas, en  las  que  consta  que  el  predio  de la CNT «colinda  ‘…   atravesando  la  línea   del   ferrocarril  en  una  longitud  de  cuarenta  metros  veinticinco  centímetros  (40.25  mts.  con  terrenos  de  propiedad  de  los  ferrocarriles  nacionales»,  y por no estimar el señalamiento de la  demarcación  inserta  en  los  instrumentos públicos, en los planos y en todos  los  dictámenes  que  insisten  en  la  falta  de colindancia directa entre los  citados terrenos.   

Denota  que el ad  quem  además,  en perjuicio de la verdad, de la ley y  del  recurrente  en casación, interpretó erróneamente las cláusulas 2, 3 y 5  del  contrato  de  compraventa  suscrito  entre  el ICBF y la CNT recogido en la  «escritura  3539  de  29 de septiembre de 1987 de la  notaría  14  de  Bogotá»,  en la que consta la cosa  vendida  con  indicación  de  linderos y como cuerpo cierto, por lo que aquella  entidad  entregaba  materialmente  y  esta  recibía,  solo  lo que «rezaba  en la cláusula 2ª, en armonía con la cláusula 8°, el  inmueble     Salinas     Marítimas     de     Pozos     Colorados».   

          Agrega   que  «si  el  ad  quem  hubiera  aplicado  estrictamente  el contenido de la cláusula 5° de la citada escritura  3539,  o  la  delimitación  solicitada por la CNT, simplemente era improcedente  por  cuanto  el predio El Charquito quedaría comprendido en su totalidad dentro  del  denominado lote numero dos y dejarían de ser vecinos para estar uno dentro  del  otro,  o la delimitación solicitada por la CNT necesariamente tendría que  haberse  hecho  entre  el lote numero dos y El Charquito y entre ese tercer lote  denominado     zona     del    ferrocarril    y    El    Charquito».   

         

n). También señala que el Tribunal omitió  considerar  los indicios que se desprenden de los documentos antes relacionados,  como   las   escrituras   públicas,  planos  y  las  demandas  reivindicatorias  instauradas  por  José Antonio Díaz Granados y Máximo Campo contra la CNT, de  los  cuales  debía  extraer «que la franja objeto de  la  oposición  al  deslinde, nunca ha estado comprendida dentro de los linderos  que  identifican  al  predio  que  fuera vendido con señalamiento de linderos y  como  cuerpo  cierto,  denominado Salinas Marítimas de Pozos Colorados (…) la  cual  fue  solicitada en prescripción extraordinaria adquisitiva de dominio por  parte  del  opositor  al deslinde» y que si bien en el  instrumento  público  3539  se  incluyó  la  cláusula 5ª para introducir una  alinderación  con  mayor  extensión,  la  misma «es  ilegítima  y se excluye de los elementos probatorios a considerar al momento de  efectuar  el  análisis  lógico  jurídico  que  lleve  al  ad quem a dictar la  sentencia».   

ñ).  Finaliza  indicando que la situación  fáctica   ignorada,   la   defectuosa   apreciación  de  algunas  pruebas,  la  alteración  y  preterición  de  otras  condujeron  al  juzgador  a  revocar la  declaración  de  prescripción  extraordinaria  adquisitiva  de  dominio  de la  «franja   objeto   de  la  oposición»  solicitada  por  el  actor,  así como a declarar injustificada la  «oposición        al        deslinde        y  amojonamiento»  y  a ratificar la línea divisoria de  «los  predios  El  Charquito y Salinas Marítimas de  Pozos  Colorados»,  por  los  lados  este y parte del  lindero sur de la Corporación Nacional de Turismo.   

Que a partir de tales equivocaciones, no dio  por  probado,  estándolo, que «entre los dos predios  vinculados  al  deslinde,  se  interpone un  (…) tercero ajeno al proceso  (…)  denominado Zona del Ferrocarril»; que dentro de  lo  vendido a la CNT «no quedó comprendida la franja  objeto  de  la  oposición»; que sobre las áreas que  «Jaime Pacheco Gámez extendió la lindes señaladas  en  la  declaración  de  pertenencia,  la  CNT  no  tenía derecho de dominio y  propiedad,  ni  ejercía posesión material», y que el  ICBF  le  entregó  a  esta  únicamente  lo  comprendido dentro de los linderos  señalados  en la cláusula 2ª de la escritura 3539 de 29 de septiembre de 1978  de   la   notaría   14   de   Bogotá,   referidos   al  inmueble  «Salinas     Marítimas     de    Pozos    Colorados».   

Que en razón de los yerros protuberantes y  trascendentes,  el  ad  quem  vulneró  indirectamente  las  normas relacionadas en el cargo y favoreció a la  Corporación  Nacional  de  Turismo,  dado  que  le atribuyó, sin prueba que lo  permita,  «unos  derechos  de  posesión,  dominio y  propiedad  (…)  sobre  el  área geográfica correspondiente a la que ocupa la  franja   objeto   de   la  oposición  al  deslinde,  que  dicha  entidad  nunca  tuvo».   

3. Pide, en consecuencia, casar la sentencia  impugnada   extraordinariamente,  revocar  de  del  a  quo   y   conceder   las   súplicas  del  libelo  de  «oposición      al      deslinde».    

CONSIDERACIONES  

1.           Los  fundamentos  torales  del fallo del  Tribunal,  en  lo  que  respecta  a  las  pretensiones  incoadas  en  el escrito  introductorio  y  reproches  en  casación,  se  reducen a dos, a cuyo examen se  limitará la actuación de la Corte.   

El primero, estriba en que como el opositor  no  formuló  demanda de pertenencia, sino que lo reclamado por él se concretó  a  «que  se  declare  que  le  asiste  el derecho de  conservar    en    su    poder    la   franja   de   terreno   materia   de   la  oposición»,    el    a  quo  se  había equivocado al adentrarse en el estudio  atinente   a   la   «prescripción  adquisitiva  extraordinaria  de  dominio»,  por lo que se imponía  revocar   lo   resuelto   al   respecto   y   lo   relevaba  de  analizar  dicho  tema.   

El segundo, que debido a que el actor estaba  ocupando  una parte de terreno superior a la que le fue otorgada en la sentencia  de  3  de junio de 1987, proferida en el juicio de pertenencia que él promovió  contra  Rosario  Pacheco  de Rodríguez, actuación en la que no hizo mención a  estar  poseyendo  un metraje adicional al que solicitó y le fue concedido, ello  demostraba  que ostentaba una porción que no le pertenecía, dado que era de la  citada  entidad,  máxime  cuando en aquel trámite refirió que la «heredad  respecto  de la cual se le reconociera haberla adquirido  por  prescripción,  colindaba  por  los  linderos norte y oeste con la entonces  Corporación  Nacional  de  Turismo»,  razón  por la  cual,  la decisión del a quo  de  ratificar la línea divisoria teniendo en cuenta los linderos del predio del  opositor, merecía ser confirmada.   

2.  Frente  a  las  cardinales conclusiones  precedentes,  el  recurrente  le  atribuye  yerro fáctico al juzgador porque al  decir  que  no  había  formulado declaración de pertenencia, malinterpretó la  demanda   en  la  que  pidió «declar[ar] que le  asiste  el  derecho  de conservar en su poder la franja de terreno materia de la  oposición»  por hallarse fuera de los límites de la  propiedad  de la Corporación Nacional de Turismo y tener en posesión la franja  objeto  de  oposición  que  hace parte del fundo «El  Charquito»;  que  así mismo apreció equivocadamente  unos  elementos  de juicio y omitió el análisis de otros indicativos de que la  porción  de  tierra  materia de discusión no se halla comprendía dentro de la  demarcación  del inmueble que la aludida entidad le compró al ICBF.   

3. Como aspecto preliminar, se recuerda que  el  recurso de casación está orientado a juzgar la sentencia impugnada y no el  litigio  en  sí  mismo  considerado,  pues  de  hacerlo,  mutaría aquel en una  tercera  instancia,  que  la  ley  no  prevé.  En consecuencia, tal reproche se  dirige  a  que  la  Corte  determine,  dentro  de  los  límites trazados por la  censura,  si  el  fallo combatido está o no ajustado al ordenamiento sustancial  o,  en  su  caso,  al  procesal; sin desconocer, claro está, que el juzgador de  conocimiento   goza   de  una  discreta  autonomía  para  apreciar  los  medios  demostrativos,  según  los  dictados  de  la  sana  crítica,  esto  es, que se  encuentra  bajo  el apremio de enjuiciarlos con soporte en el sentido común, la  lógica y las reglas tanto de la ciencia como de la experiencia.   

Lo  anterior  explica la razón por la que,  cuando  el  ataque  se  construye  sobre la base de haberse cometido un error de  hecho  que  como  vía  indirecta  integra  la  1ª  causal del precepto 368 del  Código   de  Procedimiento  Civil,  su  acreditación  presupone,  entre  otras  exigencias,  que  la inferencia probatoria atacada sea abiertamente contraria al  contenido  objetivo de la prueba, lo cual comporta que sólo se estructure en la  medida  en  que  el desacierto sea tan notorio que a simple vista se manifieste,  sin  mayor  esfuerzo  ni  raciocinio,  o,  lo  que es igual, de tal magnitud que  resulte ostensiblemente contrario a la evidencia del proceso.   

Sobre  el  punto, la Corte en sentencia CSJ  SC4428-2014 reiteró:   

De conformidad con lo expuesto, cuando en el  recurso  extraordinario  de  casación  se  critica  el  fallo  del ad   quem   por  comportar  «errores      fácticos»,   el  ataque  no  debe  orientarse  a  contraponer   los   juicios   valorativos  que  puedan  admitir  los  medios  de  convicción,  sino  a  mostrar las equivocaciones observables sin obstáculo, es  decir,  evidentes  y relevantes en las que incurrió el juzgador, concretando su  señalamiento,  dado  que  se  trata de un reproche de existencia, atinente a la  materialidad de la prueba.   

4. Con miras a verificar la presencia de los  errores  endilgados  por  el recurrente, seguidamente se registran los elementos  de   persuasión   con   trascendencia   para   la   decisión   que   se  está  adoptando.   

a).  Escritura  Pública  n° 0717 de 26 de  febrero  de 1971 otorgada en la Notaría Segunda del círculo de Bogotá, por la  cual,  la  Nación  –  Ministerio  de  Obras  Públicas  transfirió en venta al  Instituto   Colombiano  de  Bienestar  Familiar  «el  inmueble     conocido     como     ‘Salinas      Marítimas      de     Pozos     Colorados’,   ubicado   en  jurisdicción  del  Corregimiento  de  Gaira, Municipio de Santa Marta, con una cabida aproximada de  sesenta  y  cinco  hectáreas  dos  mil  setecientos  cuarenta  y  siete  metros  cuadrados  con  catorce  decímetros  cuadrados  (65 Mts. 2.747.14 M.2.) con sus  construcciones,  mejoras  y  anexidades  y  comprendido dentro de los siguientes  linderos  generales ‘Desde  el  punto  nor-occidental  del lote, intersección con la esquina sur-occidental  de  la  Urbanización  Micro-Refugio, en dirección al sur, y en longitud de mil  ciento  setenta y dos metros con treinta y ocho centímetros (1.172.38 M) con el  Mar  Caribe  hasta  encontrar  la  esquina  nor-occidental  de  la Urbanización  Irotama,  de  este  punto en línea quebrada, en dirección al oriente siguiendo  la  cerca divisoria en una longitud de doscientos veintiséis metros con treinta  y   nueve   centímetros   (226,39   Mts),   con   la  Urbanización Irotama; de este punto en dirección al  sur,  en  línea recta, en una longitud de cuarenta metros cuarenta centímetros  (40,40   Mts),   cerca   de  por  medio  con  la  vía  de  propiedad  de  dicha  Urbanización;  de  este  punto, en dirección al oriente, en línea recta hasta  encontrar  la vía del ferrocarril que conduce a Santa Marta, en una longitud de  doscientos  diez  metros con veinticinco centímetros (210,25 Mts), con terrenos  de  propiedad de la Urbanización Irotama, de este punto, siguiente (sic)   la  línea  del  ferrocarril,  en  dirección  al norte, en una longitud de setecientos cincuenta y tres metros con  setenta  y cinco centímetros (753,75 Mts), con una línea férrea que conduce a  Santa  Marta;  de  este  punto,  en  dirección  al nor-este, en una longitud de  ciento  cuarenta  metros  con  noventa centímetros (140,90 Mts), y cerca de por  medio  con  terrenos  de  propiedad  del  señor  Barrenche,  hasta encontrar la  carretera  que  conduce  a  Santa  Marta;  de  este  punto, en línea recta y en  dirección  al  occidente, atravesando la línea del ferrocarril en una longitud  de  cuarenta  metros  veinticinco  centímetros  (40,25  Mts),  con  terrenos de  propiedad  de  los  Ferrocarriles  Nacionales,  de este punto, en línea recta y  dirección  al  norte  siguiendo  la  línea  del ferrocarril en una longitud de  doscientos  veintiséis  metros  con treinta y cinco centímetros (226, 35 Mts),  con  el  ferrocarril de Santa Marta; de este punto, en línea recta y dirección  al  Occidente  en  una  longitud  de doscientos veinticinco metros con setenta y  cinco  centímetros  (225,  75 Mts), hasta encontrar el punto de partida esquina  nor-occidental  del  lote,  con  terrenos  de  la  propiedad de la Urbanización  Micro-refugio».  (fls. 24-26  c. 2).   

b).  «Escritura  pública  n°  3539  de  29  de  septiembre  de  1978»  autorizada  por  la notaría 14 del círculo de Bogotá, por medio de la cual el  Instituto  Colombiano  de Bienestar Familiar vende a la Corporación Nacional de  Turismo  de  Colombia,  el  aludido  predio  «Salinas  Marítimas  de Pozos Colorados», en la que se anuncia  que  se  enajena una cantidad  superior  a  la anterior, pero que «constituye cuerpo  cierto,  es  decir, que su transferencia se hace sin consideración a la cabida,  la  cual no obstante, se precisa en sesenta y cuatro hectáreas (64 hs) ocho mil  novecientos  setenta  y tres metros cuadrados con setenta y cinco decímetros de  metro  cuadrado  (8.973.75  mtrs  2  (…)».  En  su  cláusula   quinta    se  consignó  «[q]ue  la  alindación,  actualizada  y  definitiva  del  inmueble cuya mayor extensión es  objeto  de  la venta que efectúa mediante este instrumento público se precisa,  en  armonía  con el plano que se protocoliza (…)».  Allí  mismo,  se  indican  las  fracciones, puntos y coordenadas que integran e  identifican  el  referido  inmueble,  señalando  que  se  halla formado por dos  partes,   una   que  corresponde  al  «lote  número  1»   y  otra  al  «lote  número    2»    (fls.    9-22    c.2).   

c). Plano en el que se aprecia que además  de  la  heredad  descrita  en  la  citada  «escritura  0717   de   26   de  febrero  de  1971»,   se  involucra  otro,  de  menor  extensión.   (fl. 23 c.2).   

d).  Folio  de  matrícula inmobiliaria n°  080-0002251   correspondiente   al  precitado  terreno,  en  el  que  se  hallan  registrados  los  citados  actos  jurídicos (fl. 27 c.  2).   

e).  Sentencia  de  3  de  junio  de  1987  proferida  por  el  Juzgado  2°  Civil  del Circuito de Santa Martha dentro del  proceso  de pertenencia por «prescripción agraria de  corto  tiempo»  promovido  por  José  Jaime  Pacheco  Gámez  contra  Rosario  Elena  Pacheco  de Rodríguez, en la cual se declaró a  aquel  «dueño  absoluto,  por haberlo adquirido por  prescripción  agraria  de  corto  tiempo,  del  fundo  denominado  ‘El        Charquito’, ubicado en el caserío ‘La           Paz’,  corregimiento  de  Gaira,  en  el  municipio  de  Santa  Marta  (…)  delimitado de la siguiente manera: Norte: en  ciento  treinta  y  cinco  metros  (135  mts),  con  terrenos de propiedad de la  Corporación  Nacional de Turismo; Sur, en cien metros (100.00 mts) con terrenos  de  propiedad  de  Inversiones  La Esperanza; Este, en extensión de trescientos  cuarenta   y  cuatro  metros  (344.00  mts)  con  terrenos  de  Israel  Socarras  Martínez,  carretera  Santa  Marta  Ciénaga  en medio; Oeste, en extensión de  trescientos  cuarenta  y cuatro metros (344.00 mts) con terrenos de propiedad de  la  Corporación  Nacional  de  Turismo,  línea  férrea en medio»    (fls.    37-41    c.11).   

f).  Experticia  y adición realizada en la  etapa  de  deslinde que antecedió al juicio de oposición al mismo, por Gustavo  Gnecco   Correa   y   Franklin   Guevara   Leotur  quienes  dan  cuenta  de  las  inconsistencias  de las medidas del inmueble «Salinas  Marítimas   de   Pozos   Colorados»  y   concluyen   que  los  predios  involucrados  no  son  colindantes  (fls.         175-177         c.1).   

g).  Dictamen  elaborado  al  interior  del  trámite  de  la  oposición  por  Lilia  Piedad  Gelvis  Avendaño  y Luis Sney  Bermúdez   Granados,   quienes   igualmente   encontraron   falencias   en   la  identificación  del  indicado  bien y establecieron la falta de vecindad con el  denominado     «El    Charquito»    (fls. 355-371 c 1).   

5.  Como quiera que el juicio de oposición  que  ahora  ocupa  la  atención  de la Sala surgió de la decisión adoptada en  diligencia  de  3 de febrero de 1995 en la que el juzgado 2° Civil del Circuito  de  Santa  Marta  trazó  la «línea divisoria de los  predios  El  Charquito  y  Salinas  Marítimas  de Pozos Colorados»,  este  último  de  la  Corporación  Nacional  de  Turismo,  cabe  señalar  ab  initio, que lo  concerniente   al   deslinde  y  amojonamiento,  comporta  una  controversia  de  linderos,  que  generalmente  deviene  de  la  oscuridad  e  imprecisión de las  respectivas  demarcaciones  que ostentan los terrenos limítrofes, por lo que la  pretensión  al respecto, se encamina a que mediante sentencia judicial se ponga  fin  al  estado  de  incertidumbre  y  se reconozca la realidad de la condición  limítrofe,  sin agregar o recortar nada a los derechos preexistentes, es decir,  que  lo  perseguido  es retornar las cosas al estado anterior al surgimiento del  motivo de duda.   

Por eso, el artículo 900 del Código Civil  faculta  a  los  titulares  del  dominio  de  predios  adyacentes para buscar la  delimitación   de  estos,  señalando  que  «[t]odo  dueño  de  un predio tiene derecho a que se fijen los limites que lo separan de  los  predios  colindantes,  y  podrá  exigir  a  los  respectivos  dueños  que  concurran  a  ello, haciéndose la demarcación a expensas comunes».  Con  ese propósito, debe acudirse a los respectivos «títulos  de propiedad», dictámenes de  expertos,  testimonios  y  a todos los elementos de persuasión con capacidad de  ilustrar la genuina situación.   

Surtido  el  trámite  correspondiente,  de  establecerse  que  las  heredades  no  son  colindantes, al juez le corresponde,  mediante    auto,    «declarar   improcedente   el  deslinde»,  pues  este  depende  del  imprescindible  requisito  de  vecindad;  empero,  si  el señalado presupuesto se satisface, de  acuerdo  con  lo  previsto  en  el  canon 464 del Código de Procedimiento Civil  «señalará  los linderos y hará colocar mojones en  los  sitios  en  que  fuere  necesario,  para demarcar ostensiblemente la línea  divisoria».   

El  numeral  3°  del  señalado  precepto  dispone  que  «[s]i ninguna de las partes se opone al  deslinde,  o  la  oposición  fuere  parcial,  el  juez las pondrá o dejará en  posesión  de  los respectivos terrenos con arreglo a la línea fijada en lo que  no  fue  objeto  de  oposición.  En  el  primer  caso, pronunciará allí mismo  sentencia,    declarando    en    firme    el    deslinde    (…)».   

Si     se    presenta    «oposición  total  o  parcial», la ley  autoriza   a   la   parte   inconforme   para   que  formule  esta  «mediante  demanda  en  la  cual  podrá  alegar  los derechos que  considere  tener  en  la  zona discutida y solicitar el reconocimiento y pago de  mejoras  puestas  en  ella», bajo los lineamientos del  artículo   465   ibídem.   

Sobre  el  particular, la Sala en fallo CSJ  SC, 6 jul. 2007, rad. 7802 expuso:   

‘La finalidad  primordial  de la acción de deslinde es la de fijar la materialidad del lindero  o   línea   de   separación  entre  los  terrenos  o  predios  y  ‘ello pone en claro que el deslinde en  sí,  por  su objeto y fines, no controvierte otra cosa que la línea concreta y  definida  de  separación sobre el terreno de los predios adyacentes. El juez se  encuentra  llamado  a  garantizar  la  paz  y la seguridad de los dueños de los  predios  colindantes  por  medio  de  la  línea  que  señala  donde termina el  señorío  de  cada  uno  y  empieza  el de los demás. Por eso la ley le ordena  dejar  ‘a  las partes en  posesión  de  los  respectivos terrenos, con arreglo a la línea, si ninguna de  las   partes  se  opone’  -artículo  464  del  Código  de  Procedimiento  Civil- o como obvio, cuando no  triunfa  la  oposición’  (G.J  CIX,  148)…El  deslinde  es una típica contención entre propietarios o  titulares  de  derecho  real de terrenos contiguos, y quien promueve una acción  de  este  linaje  está  reconociendo  el  derecho  de  dominio  o propiedad del  demandado,  aunque  pretende  que por la jurisdicción y por la vía del proceso  correspondiente  se determine de manera definitiva cuál es la línea material o  espacial  que  divide  o  separa  sus  predios que hasta ese momento es confusa,  equívoca  e incierta” (Cas. Civ., sentencia de 14 de agosto de 1995, exp. No.  4040).   

6. Si la demostración del error de hecho en  la  valoración  probatoria  requiere, entre otros elementos, que la conclusión  censurada  sea  abiertamente  contraria  al  contenido  objetivo  de  la prueba,  significa  entonces  que  su  configuración  ha de ser manifiesta, esto es, que  para  establecerlo  no resulte necesario acudir a elaboradas razones o a sutiles  disquisiciones,  porque  de  ser  así el yerro no salta de bulto a la vista, ni  emerge  de  su  sola  enunciación  y,  de  contera, carecería del carácter de  evidente exigido para estructurarlo.   

Dada la particular naturaleza del recurso de  casación,  y  concretamente  que  este  no encarna una tercera instancia que le  permita  al recurrente asentar desinhibidamente su parecer en torno a los medios  de  convicción  recaudados, es esencial, para efectos de su prosperidad, que se  configure  el  factor  de  la contraevidencia del juicio del sentenciador y, por  ende,  que  el censor deba orientar su labor impugnativa a mostrar los palmarios  desaciertos  en  la  apreciación de los medios de convicción, determinando los  que fueron objeto de la equivocación y cómo los afectó.   

Adicionalmente, según lo ha precisado esta  Corporación,  entre  otras  decisiones,  en  fallo  CSJ  SC,  3 mar. 2006, rad.  1999-0026,   

(…) para el éxito de un ataque por error  de     hecho     se     requiere,    de    un    lado,    acusar    ‘todos  los  puntales  probatorios que  adujo  del  Tribunal’, y  del  otro,  demostrar  un  yerro  manifiesto,  en lo que atañe a la prueba como  elemento  material del proceso, porque el juzgador supone su presencia cuando no  existe,  deforma  su contenido, o estando el medio probatorio no es visto por el  Juez,    campo    en    el    que    corresponde    al    censor:   ‘a)  singularizar  la  prueba  que  se  considera  mal  apreciada,  precisando  por qué no fue estimada, o por qué fue  mal  valorada;  b) efectuar una comparación, un parangón, entre la conclusión  errada  del  Tribunal  y  aquella  que  realmente era la debida; c) acreditar la  evidencia  del  error,  es  decir, que no se requerían mayores elucubraciones o  análisis  para  establecer su estructuración, y d) la trascendencia del yerro,  esto  es,  demostrar su contraevidencia con la conclusión que extrae la censura  que,  en últimas, debe traducirse en la única opción o alternativa  para  solucionar  el  litigio’.   

7. De conformidad con lo que se ha expuesto  emerge  que el censor no demostró la equivocación del Tribunal y menos con los  perfiles de protuberante y trascendente.   

En  efecto,  frente  la inferencia judicial  inicialmente  combatida,  según la cual «por ningún  lado   asoma   que   se  haya  formulado  demanda  de  pertenencia»  por  parte  del  opositor,  este  solo  se  limita  a  sostener lo  contrario,  esto  es,  que  sí  lo  hizo,  sin detenerse a realizar la debida e  inexorable   labor  de  cotejo  entre  lo  que  objetivamente  reza  el  escrito  introductorio   y   la   inferencia   que   a   partir   del   mismo  obtuvo  el  sentenciador.   

Si bien el recurrente esgrime que solicitó  declarar  «que a José Jaime Pacheco Gámez le asiste  el  derecho  de  conservar  en  su poder  la franja de terreno objeto de la  objeción   (…)»,   no   hay   duda   de  que  esa  argumentación    resulta   insuficiente   para   evidenciar   el   «error  de  hecho»  planteado en que se  funda   el   ataque,   porque   en   realidad   de   allí   no   «asoma  que  se  haya formulado demanda de pertenencia», como lo advirtió la Corporación de segundo grado.   

Es  más,  si  se  tienen  en  cuenta  las  exigencias   normativas   de   la  «declaración  de  pertenencia»,  no  se  muestra  desfasada la referida  interpretación  judicial  y  como además la omisión denunciada no se halla en  el  fundamento  de  la  petición  consistente  en que se declare «que  le  asiste el derecho de conservar en su poder  la franja  de  terreno  objeto  de la objeción (…) por a) no estar comprendida dentro de  los  linderos  escriturarios  que  identifican  al  predio Salinas Marítimas de  Pozos  Colorados;  b)  Pertenecer  esta  al predio El Charquito; y c) haber sido  adquirida  esta  por  este  por usucapión extraordinaria por haberla poseído y  explotado  pacífica,  pública,  continua  e ininterrumpidamente por más de 20  años  con  ánimo  de  señor y dueño», entonces, se  itera,  el yerro protuberante, de bulto y trascendente, necesario para derrumbar  la decisión combatida, no se estructura.   

La  ausencia de acreditación del equívoco  planteado  la  corrobora  el hecho de que en el escrito introductorio no consta,  contra  quien  se  dirigía  la  acción,  ni  que se haya allegado «el     certificado     del     registrador     de    instrumentos  públicos» con los datos impuestos por el numeral 5°  del   canon   citado,   como   tampoco   el  requerimiento  de  los  respectivos  emplazamientos  que  la  misma  norma  indica  y  menos  que  estos  se hubieran  realizado  y  en  fin,  que  se  haya  observado el trámite que la «declaración  de  pertenencia» impone.   

Si ello es así y el censor omitió su labor  de   hacer  el  contraste  respectivo  tendiente  a  denotar  que  a  pesar  del  cumplimiento  de lo anterior, el juzgador desconoció esa realidad, se itera, el  dislate quedó sin demostrar y por tanto no merece acogimiento.   

Similar  razonamiento soporta el ataque por  el   cual   se  le  atribuye  al  Tribunal  desatino  fáctico  derivado  de  la  apreciación  equivocada  de  unos medios de persuasión y preterición de otros  indicativos  de  que  la porción de tierra materia de la oposición no se halla  comprendía     dentro    de    los    linderos    del    predio    «Salinas  Marítimas de Pozos Colorados»  y  que  la Corporación Nacional de Turismo carece de título de la parte que le  fue otorgada por virtud del deslinde.   

Según se ha expuesto, el derecho de dominio  le  otorga  a su titular la facultad de solicitar la demarcación judicial de la  línea  divisoria  de  su  predio,  respecto   de  los  aledaños,  con  la  finalidad  de  establecer  la  extensión  de la propiedad de cada uno de ellos,  para  lo  cual  el  sentenciador  ha de valerse del examen de los títulos, y en  algunos    casos,    de    las    declaraciones    de   testigos   y   conceptos  periciales.   

Cabe señalar que la tarea de evaluación de  los  medios  de  convicción  ha  sido  reservada  privativamente al juzgador de  instancia,  dada  la  naturaleza  misma  de  la  función  judicial, lo que debe  desarrollar  con  una  discreta  autonomía, esto es, una moderada libertad para  persuadirse  racionalmente,  limitada, en línea de principio, por las reglas de  la  sana  crítica.  Por  ello  en  sede  de casación, se impone respetar dicho  ejercicio,  a  menos  que  errores protuberantes justifiquen su infirmación, lo  que    ocurriría,    cuando   la   evaluación   de  los  elementos de  persuasión  únicamente  admite  la  tesis   que  propone  el  recurrente,  frente a la realidad procesal  que  por  tanto  hace  aflorar contraevidente la formulada por el  fallador;      pero     si     la     decisión     judicial    no  se  aparta  de  las  alternativas  de  razonable  apreciación  que ofrezca la prueba o que,  frente   a   ella,  no  se  muestra  como  un  dislate  inconcebible, la acusación  no puede prosperar.   

De  acuerdo  con  lo  anterior, si a partir  «del  material  probatorio  obrante  en el plenario,  tales    como   documentos   escriturarios,   y   diligencias   de   inspección  judicial»,    el    ad  quem  concluyó  «que  la  línea  divisoria  trazada  en los terrenos en disputa en la diligencia del 3 de  febrero   de   1995,   debe   aprobarse   o  mantenerse  en  firme»,  pues  al  cotejar el título con el que el opositor adquirió por  usucapión    el    dominio    del    fundo    «El  Charquito», evidenció que ostentaba una parte que no  le  correspondía,  dado que le pertenece a la Corporación Nacional de Turismo,  la  Corte no advierte que dicha inferencia comporte el yerro fáctico enrostrado  al  juzgador,  con  las  características de protuberante y trascendente, porque  esa lectura se muestra igualmente admisible.   

En  efecto,  si se repara en el instrumento  por  medio  del  cual  la  citada  entidad  obtuvo  la  propiedad  del  inmueble  «Salinas Marítimas de Pozos Colorados»,  esto  es,  la  escritura pública n° 3539 de 29 de septiembre de  1978  autorizada por la Notaría 14 del círculo de Bogotá, que valga destacar,  es   anterior   al  que  le  confirió  la  propiedad  del  predio  «El  Charquito» al opositor -sentencia  de  3  de  junio  de  1987-, se  encuentra  que  lo  vendido  por  el  Instituto Colombiano de Bienestar Familiar  «constituye   cuerpo   cierto,  es  decir,  que  su  transferencia  se  hace  sin consideración a la cabida, la cual no obstante, se  precisa  en  sesenta  y cuatro hectáreas (64 hs) ocho mil novecientos setenta y  tres  metros  cuadrados  con  setenta  y  cinco  decímetros  de  metro cuadrado  (8.973.75 mtrs 2 (…)».   

Obsérvese  que  en  aquel  instrumento  se  precisó  que el bien raíz enajenado por la Nación –  Ministerio  de  Obras  Públicas  a  la  Corporación  Nacional  de  Turismo  de  Colombia,  en  armonía  con  el  plano protocolizado,  tiene  la  siguiente  demarcación:  «Partiendo  del  Punto    L-1    de    coordenadas   1’726.44.85  Norte  y  983.311.42 Este y con un rumbo de Sur 7 grados  11  minutos  y 45 segundos Este a una distancia de 180.63 metros se encuentra el  punto  L-2 a partir del cual con rumbo Sur 3 grados 27 minutos 9 segundos Este a  una  distancia  de 84.19 metros se encuentra el punto L-3, a partir del cual con  rumbo  Sur  4  grados  24  minutos  19  segundos. Este a una distancia de 117.56  metros  se  encuentra el punto L-4, a partir del cual con rumbo Sur 16 grados 09  minutos  04 segundos Este a una distancia de 266.31 metros se encuentra el punto  L-5,  a  partir  del  cual con rumbo Sur 17 grados 49 minutos 54 segundos Este a  una  distancia de 171.25 metros se encuentra el punto L-6, a partir del cual con  rumbo  Sur  25  grados  35 minutos 44 segundos, Este y a una distancia de 123.72  metros  se  encuentra el punto L-7, a partir del cual con rumbo Sur 30 grados 49  minutos  27 segundos. Este a una distancia de 11.26 metros se encuentra el punto  L-8,  a  partir del cual con rumbo Sur 39 grados 19 minutos 46 segundos Este y a  una  distancia  de  8.02 metros se encuentra el punto L-9, a partir del cual con  rumbo  Sur 34 grados 18 minutos 06 segundos Este a una distancia de 40.53 metros  se  encuentra  el  punto  L-10,  a  partir  del  cual con rumbo sur 26 grados 34  minutos  12 segundos Este a una distancia de 105.17 metros se encuentra el punto  L-11,  a  partir  del cual con rumbo Sur 17 grados 21 minutos 06 segundos Este a  una  distancia de 14.72 metros se encuentra el punto L-12, a partir del cual con  rumbo  Sur  9 grados 26 minutos 34 segundos Este a una distancia de 43.58 metros  se  encuentra  el  punto  L-13,  a  partir del cual con rumbo Norte 65 grados 34  minutos  01  segundos Este a una distancia de 38.95 metros se encuentra el punto  L-14,  a  partir  del cual con rumbo Sur 31 grados 55 minutos 53 segundos Este a  una  distancia de 10.66 metros se encuentra el punto L-15, a partir del cual con  rumbo  Sur  52 grados 16 minutos 15 segundos Este a una distancia de 4.13 metros  se  encuentra  el  punto  L-16,  a  partir  del  cual con rumbo sur 14 grados 20  minutos  42  segundos Este a una distancia de 12.15 metros se encuentra el punto  L-17,  a  partir  del cual con rumbo Sur 40 grados 57 minutos 41 segundos Este a  una  distancia de 14.16 metros se encuentra el punto L-18, a partir del cual con  rumbo  Sur 66 grados 13 minutos 37 segundos Este a una distancia de 31.95 metros  se  encuentra  el  punto  L-19,  a  partir  del  cual con rumbo Sur 44 grados 55  minutos  13 segundos Este, a una distancia de 25.43 metros se encuentra el punto  L-20,  a  partir  del  cual con rumbo Sur 67 grados 57 minutos 08 segundos Sur a  una  distancia de 82.90 metros se encuentra el punto L-21, a partir del cual con  rumbo  Sur  49 grados 26 minutos 59 segundos Este a una distancia de 1.28 metros  se  encuentra el punto L-22, a partir del cual con rumbo Sur 3 grados 37 minutos  01  segundos Este a una distancia de 449.05 metros se encuentra el punto L-23, a  partir  del  cual  con  rumbo  Sur  87  grados 02 minutos 15 segundos este a una  distancia  de  99.45  metros  se  encuentra el punto L-24, a partir del cual con  rumbo  Sur  87  grados  34  minutos  28 segundos Este, a una distancia de 103.26  metros  se  encuentra el punto L-25, a partir del cual con rumbo Norte 19 grados  23  minutos  24  segundos  Este  a una distancia de 43.07 metros se encuentra el  punto  L-26,  a  partir del cual con rumbo Norte 8 grados 16 minutos 01 segundos  Este  a  una distancia de 155.58 metros se encuentra el punto L-27, a partir del  cual  con  rumbo  Norte  8 grados 25 minutos 27 segundos Este a una distancia de  34.03  metros  se  encuentra  el punto L-28, a partir del cual con rumbo Norte 1  grado  32 minutos 18 segundos Oeste a una distancia de 57.74 metros se encuentra  el  punto  L-29,  a  partir  del  cual  con  rumbo Norte 18 grados 51 minutos 34  segundos  Oeste  a  una  distancia de 75.55 metros se encuentra el punto L-30, a  partir  del  cual  con  rumbo Norte 19 grados 07 minutos 02 segundos Oeste a una  distancia  de  195.48  metros  se encuentra el punto L-31, a partir del cual con  rumbo  Norte  19  grados  16 minutos 32 segundos Oeste a una distancia de 191.66  metros  se  encuentra el punto L-32, a partir del cual con rumbo Norte 22 grados  30  minutos  52  segundos Oeste a una distancia de 102.37 metros se encuentra el  punto  L-34,  a partir del cual con rumbo Norte 21 grados 30 minutos 34 segundos  Oeste  a una distancia de 292.56 metros se encuentra el punto L-36, a partir del  cual  con  rumbo Norte 20 grados 55 minutos 15 segundos Oeste a una distancia de  69.48  metros  se  encuentra el punto L-37, a partir del cual con rumbo Norte 21  grados  22  minutos  59  segundos  Oeste  a  una  distancia  de 110.07 metros se  encuentra  el punto L-38, a partir del cual con rumbo Norte 21 grados 06 minutos  09  segundos  Oeste a una distancia de 164.57 metros se encuentra el punto L-40,  a  partir  del cual con rumbo Norte 21 grados 21 minutos 26 segundos Oeste a una  distancia  108.05 metros se encuentra el punto L-41, a partir del cual con rumbo  Norte  21  grados  14 minutos 49 segundos Oeste a una distancia de 241.15 metros  se  encuentra  el  punto  L-43,  a  partir  del  cual con rumbo Sur 67 grados 52  minutos  13  segundos  Oeste  a  una  distancia de 229.36 metros se encuentra de  nuevo  el punto L-1, linderos que corresponden al lote  número  1, cuya área resultante es de 52 hectáreas  9.510  metros cuadrados. Los linderos correspondientes  al  lote número 2 son: A partir del punto L-33, cuyas  coordenadas        son:        1’725.522.06  Norte  y  983.945.36  Este con rumbo Norte 66 grados 10  minutos  17 segundos Este a una distancia de 109.03 metros se encuentra el punto  L-44,  a  partir del cual con rumbo Norte 14 grados 25 minutos 07 segundos Oeste  a  una  distancia de 117.75 metros se encuentra el punto L-49, a partir del cual  con  rumbo  Norte  11  grados  53  minutos  50 segundos Oeste a una distancia de  171.44  metros  se encuentra el punto L-50, a partir del cual con rumbo Norte 16  grados  13  minutos  48  segundos  Oeste  a  una  distancia  de 152.31 metros se  encuentra  el punto L-51, a partir del cual con rumbo Norte 33 grados 04 minutos  22  segundos  Oeste a una distancia de 120.23 metros se encuentra el punto L-52,  a  partir  del cual con rumbo Norte 47 grados 22 minutos 32 segundos Oeste a una  distancia  de  156.96  metros  se encuentra el punto L-53, a partir del cual con  rumbo  Norte  47  grados  53 minutos 57 segundos Oeste a una distancia de 110.87  metros  se  encuentra el punto L-54, a partir del cual con rumbo Norte 48 grados  29  minutos  12  segundos  Oeste a una distancia de 43.95 metros se encuentra el  punto  L-42,  a  partir  del cual con rumbo Sur 20 grados 43 minutos 26 segundos  Este  a  una  distancia de 86.22 metros se encuentra el punto L-39, a partir del  cual  con  rumbo  Sur  21  grados 17 minutos 05 segundos Este a una distancia de  646.11  metros  se  encuentra  el punto L-35, a partir del cual con rumbo Sur 20  grados  52  minutos  41  segundos  Este  a  una  distancia  de  107.05 metros se  encuentra  de  nuevo  el  punto  L-33 con el cual se configura el perímetro del  lote  número  2,  cuya área es de 9 hectáreas 7.870 metros cuadrados. La zona  del  ferrocarril  comprendida  entre  el  lote  número 1, y el lote número 2 y  delimitada  entre  los  puntos  L-32  – L-34 – L-36 – L-37 – L-38 -L-40 – L-41 –  L-42  – L-39 -L-35 – L-33 y L-32 mide 2 hectáreas 2.955 metros cuadrados por lo  cual  el  predio  cuya  mayor extensión es objeto de  venta  tiene  un  área total resultante de la sumatoria del lote número 1 lote  número   2   y  la  zona  del  ferrocarril  es  de  65  hectáreas  825  metros  cuadrados»   (sublíneas  fuera de texto).   

Igualmente, en el  apartado  sexto  del señalado instrumento público se  plasmó  que  de  la  «la  alindación  general,  técnica y actualizada contenida en la cláusula anterior  se  excluye,  y  por  consiguiente  no  es  objeto  de la venta que el Instituto  Colombiano  de  Bienestar Familiar hace a la Corporación Nacional de Turismo de  Colombia  por  este  instrumento  público,  el lote de una extensión de un mil  ochocientos   cincuenta  y  un  metros  cuadrados  con  veinticinco  decímetros  cuadrados  (1.851.25  M2), lote que actualmente ocupan Prudencio y Olga Camargo,  contra  quienes  cursa  proceso  reivindicatorio  en apelación ante el Tribunal  Superior  de  Santa  Marta  en  virtud  de  acción  instaurada por el Instituto  Colombiano  del Bienestar Familiar como poseedor inscrito y se halla comprendido  por  los  siguientes  linderos  técnicos  tomados del plano de que da cuenta la  cláusula  cuarta  de  esta escritura. ‘A    partir    del   punto   L-4   de   coordenadas   1’726.064.39  Norte  y  983.398.15 Este  con  rumbo  Norte 65 grados 57 minutos 24 segundos Este a una distancia de 27.34  metros  se  encuentra  el  punto a, a partir del cual con rumbo Sur 24 grados 01  minutos  20  segundos Este a una distancia de 20.46 metros se encuentra el punto  b,  a  partir del cual con rumbo Sur 22 grados 52 minutos 13 segundos Este a una  distancia  de  40.32 metros se encuentra el punto c, a partir del cual con rumbo  Sur  65  grados  46 minutos 16 segundos Oeste a una distancia de 33.62 metros se  encuentra  el punto d, a partir del cual con rumbo Norte 16 grados 55 minutos 29  segundos  Oeste  a  una  distancia  de  46.32  metros se encuentra el punto e, a  partir  del  cual  con  rumbo Norte 18 grados 28 minutos 31 segundos Oeste a una  distancia  de 17.96 metros se encuentra de nuevo el punto L-4, punto de partida.  El   área  del  polígono  atrás  alindado  es  de  1.851.25  mtrs2  o  0.1851  hectáreas».   

Véase  así mismo, que en el «instrumento  público  n° 717 de 26 de  febrero  de 1971 otorgado en la Notaría 2ª del círculo de Bogotá», consta que lo vendido por la Nación  –  Ministerio  de Obras Públicas, al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar  fue  «una  cabida  aproximada  de  sesenta  y  cinco  hectáreas   dos  mil  setecientos  cuarenta  y  siete metros cuadrados con  catorce   decímetros  cuadrados  (65  Hts.  2.747.14  m.2.)»,   cantidad  que  guarda  similitud  con  la  enajenada a la Corporación Nacional de Turismo y la  excluida  de  dicha  venta,  esto  es,  «sesenta  y cuatro hectáreas (64 Hs) ocho mil novecientos setenta y  tres  metros  cuadrados  con setenta y cinco  decímetros de metro cuadrado  (8.973.75     mtrs    2),    más    «un  mil ochocientos cincuenta y un metros cuadrados con veinticinco  decímetros  cuadrados  (1.851.25  M2, lo que arroja un  total  de  «65 hectáreas  825 metros cuadrados»   

Si  adicionalmente  se  repara  en  que  la  delimitación  llevada  a  cabo  tuvo presente el título de propiedad del fundo  «El  Charquito»  que  el  opositor  adquirió  por  «prescripción  agraria de  corto  tiempo»,  sin  recortarle nada, la conclusión  del  juzgador,  según  la  cual,  «se observa que el  predio       ‘El  Charquito’  colinda  por  los  costados  norte  y  oeste  con  aquel  que  se  denomina  ‘Salinas    Marítimas    de   Pozos  Colorados’,  y  que  el  primero  mencionado confrontada la sentencia del 3 de junio de 1987, dictada por  el  Juzgado  Segundo  Civil del Circuito de Sana Marta, se insiste que extendió  sus  lindes  más  allá  de  lo  que  le fue otorgado en proceso de pertenencia  recortando  los  límites  de  los  terrenos  de  Salinas  Marítimas  de  Pozos  Colorados,  ello  en  lo que corresponde a los linderos sur, oeste, este y norte  del  bien  de  Pacheco  Gámez, con cuyas pruebas se pudo constatar que el área  que  ocupa  es  mayor  a  la reconocida en el precitado fallo de declaración de  pertenencia    (…)»,   no   evidencia   el   yerro  protuberante  o  de  bulto,  pues  a  pesar de que la exposición del recurrente  pueda   coexistir,   debe   preferirse  la  deducción  judicial,  por  hallarse  respaldada de la presunción de legalidad y acierto.   

8.  En cuanto a las inferencias que obtiene  el  censor  de  los  distintos dictámenes periciales incorporados al plenario y  que  las  enfatiza  en  procura  de  la  acreditación  del  error  endilgado al  ad  quem, se advierte que al  no  exponer  la  argumentación  suficiente  para  dejar  al  descubierto que la  deducción  del  Tribunal  atinente  a  la  colindancia  del predio «El      Charquito»     con  el denominado «Salinas Marítimas de  Pozos   Colorados»,  por  los  costados  «norte  y  oeste»  y  que  los linderos  fijados  en  la  diligencia  de  deslinde son los que corresponden a cada predio  «tal    como    rezan   (…)   los   instrumentos  escriturarios»,  también  dejó  sin  demostrar  el  dislate enrostrado.   

9.  Ahora  bien,  dado  que los títulos de  propiedad  ilustran  las  fronteras  a  tenerse  en cuenta para el trazado de la  línea  divisoria  y esos medios de convicción, en juicios como el actual,  deben  examinarse  prevalentemente, entonces la imputación que el impugnante le  hace  al  ad  quem de haber  omitido  considerar  los  indicios  de  los  que se podía extraer que la franja  materia  del  debate  «nunca  ha  estado comprendida  dentro  de  los  linderos  que  identifican  al  predio  que  fuera  vendido con  señalamiento  de  linderos  y como cuerpo cierto, denominado Salinas Marítimas  de  Pozos Colorados (…) la cual fue solicitada en prescripción extraordinaria  adquisitiva   de  dominio  por  parte  del  opositor  al  deslinde»,  no  evidencia  la  equivocación  que por ese aspecto también le  enrostra,  menos cuando el recurrente omite el contraste que le incumbe entre lo  extraído  del  hecho  indicador,  conocido o comprobado y lo que al respecto el  juzgador vio o dejó de apreciar.   

En  materia de indicios, específicamente,  el  impugnante tiene la carga de demostrar que las inferencias elaboradas por el  juzgador  fueron  manifiestamente  erróneas, si es que la decisión se basó en  ellas.   En   tal   caso,   sólo   cuando  el  razonamiento  del  juez  resulta  contraevidente,  hay  lugar  a la configuración de un error de hecho ostensible  que  tenga  la  virtualidad de quebrar el argumento que haya constituido la base  fundamental del fallo censurado.   

En    cambio,    cuando   –como ocurren en este caso–  el fallador no cimenta su decisión  en  pruebas  indirectas,  entonces  el  cargo  que  se  sustenta en una falta de  apreciación  del  indicio, está abocado a demostrar que a partir de los hechos  probados  en  el  proceso  y  a  la  luz  de  los dictados de las máximas de la  experiencia,  se  imponía  al  juez  la obligación de elaborar unas hipótesis  indiciarias  que  resultaban evidentes y que habrían variado sustancialmente el  sentido  del  fallo,  no  obstante  lo  cual  el  funcionario  judicial dejó de  considerarlas al momento de dictar la sentencia.   

“En    la   casación   –tiene  dicho  esta  Sala–   el  error  de  hecho  por  la  no  apreciación  de  los  indicios se puede presentar porque el sentenciador ignore  la  presencia del hecho indiciario, siempre y cuando, claro está, la existencia  de  éste  se  halle  satisfactoriamente  fijada  o,  al  contrario,  porque sin  estarlo,  lo  suponga.  O  porque  viéndolo,  se  abstenga de extraer de él la  inferencia  que lógicamente corresponde, o extraiga una que sea contraevidente.  O,  en  fin,  porque,  no  obstante  ver  los  distintos  indicios,  cuando  son  contingentes,   no   los   relacione   o  concatene  a  fin  de  apreciarlos  en  conjunto’  (…).   

      

Cabe  adicionar que para lograr el objetivo  de   derruir   el   fallo   del  ad  quem,  al censor no le era suficiente endilgarle a aquel la comisión de  yerro  fáctico  con  el  ofrecimiento  de  su propia visión de los hechos y la  formulación  de  su  particular  apreciación de las pruebas que los verifican,  sino  que  le  resultaba  indispensable  demostrar  que  su planteamiento era el  único  admisible  y  de  contera  que  el  del  juzgador no podía pervivir por  absurdo, ilógico o contraevidente.   

No  se  olvide  que  cuando  las sentencias  arriban   a   la   Corte   como  consecuencia  de  esta  clase  de  impugnación  extraordinaria,  lo  hacen  amparadas por la presunción de acierto, tanto en la  apreciación  de  los  hechos  como  en  la aplicación de la ley, y dado que el  Tribunal  goza  de  cierta  autonomía  en  la  estimación  de las pruebas, sus  conclusiones  al  respecto  deben respetarse en casación, mientras el censor no  demuestre  que  al  efectuar  tal  estudio,  este incurrió en error evidente de  hecho o de valoración.   

Sobre el particular, la Corte, en fallo CSJ  SC, 27 feb. 2002, rad. 6197 dijo:   

La  distinta apreciación que de la prueba  haga  el  recurrente  no  sirve para invalidar el fallo combatido, ni aún en el  caso  en  que  la  Corte  pueda diferir del criterio que haya tenido el juzgador  para  llegar  a  las  conclusiones  motivo  del  ataque…;  doctrina  que viene  apuntalada   de   antaño   cuando   ha   expresado  también  que  ‘para que los juicios del sentenciador  de  instancia  no  admitan  censura  en  casación,  basta  que  no degeneren en  arbitrariedad,  por  no  situarse  ostensiblemente  afuera  del  sentido común,  aunque  se  pueda  organizar  otro  análisis  de  los  medios  probatorios más  profundo  y sutil, más severo, más lógico o de mayor juridicidad en sentir de  la  critica o de la misma Corte. Y aún en el evento de que un nuevo estudio del  haz  probatorio  produjera vacilaciones más o menos intensas sobre el acierto o  desatino  del  sentenciador  en las conclusiones fácticas, mientras no aparezca  que  existe  contraevidencia,  es  obvio  que la ruptura del fallo acusado sólo  podría fundarse en la certeza y no en la duda (…).   

10.  Por  lo  esgrimido,  los  cargos  bajo  estudio, no prosperan.   

CARGO TERCERO  

          1.  Se  cimienta  en  la causal primera del canon 368 del Código de  Procedimiento   Civil,   cuestionándose  el  fallo  impugnado  de  «violación    directa    de   la   ley   sustancial»  por  interpretación  errónea  de  los  artículos 900 y 1889 del  Código  Civil, al igual que el 461 de aquel estatuto adjetivo, lo que condujo a  la  indebida  aplicación  de  los preceptos 1501, 1618, 1622, 1849, 1857, 1867,  1871, 1875 y 1884 del texto legal sustancial reseñado.   

          2.  Luego  de  memorar  lo  normado  por  algunas  de las señaladas  disposiciones,  el  impugnante  precisa que el ad quem  a    fin   de   determinar   que   el   «predio  Salinas  Marítimas  de  Pozos  Colorados  constituye  un  inmueble   vendido   con   señalamiento   de   linderos   y   como   un  cuerpo  cierto», tuvo en cuenta la norma pertinente, esto es,  el    «artículo   1889   del   C.C.»,  pero  erró  «al  considerar  que  el  contenido  espacial  de  un  inmueble  vendido  de  tal  forma, puede superar el  contenido  de  lo realmente comprendido dentro de los linderos que le señalaron  dicha[s] características en  la   respectiva   compraventa»,   y   en  cuanto  al  «precepto   900  ídem»,  sostiene  que  contempla el derecho del dueño de un bien raíz, a fin de que se  fijen  los  linderos que lo separan de los predios colindantes, lo cual comporta  la  posibilidad para el convocado de que «el deslinde  se   haga  fijando  los  límites  del  predio  de  propiedad  de  quien  lo  ha  demandado»,  aunque a partir de la exigencia prevista  en  el  numeral  2º  del  canon  461  del ordenamiento de los ritos procesales,  advierte    que   contempla   una   excepción   en   favor   del   «poseedor  material  no  inscrito,  que  demanda el deslinde de un  predio  y del que obviamente carece de título de dominio inscrito»,   confiriéndole   el   derecho   a   fin   de   que  «el   deslinde   se   practique  con  base  en  los  títulos  del  colindante»,  y  por  el  contrario, la regla general  impone  que  «el deslinde se debe practicar con base  en  los  títulos  de quien demanda», y de ahí que el  actor  tenga  la  carga  de  probar  «hasta dónde se  extienden  los  linderos  de  un  predio  del cual se afirma ser propietario con  título inscrito».   

Para  el caso, asevera que se infringió la  señalada  norma  sustancial,  en  la  medida  que el  fallador,  con  los  errados  criterios  interpretativos  (…),  otorgó  a  un  propietario  con  título  inscrito,  el  derecho que solo le asiste al poseedor  material  no  inscrito,  cual es, el que se fijen los límites que lo separan de  los   predios   colindantes   con   base   a  los  títulos  del  colindante,  y  concomitantemente  desconoció  al  demandado  en  deslinde, el derecho a que se  fijaran  los  límites  del predio de quien lo demandó con base, precisamente a  los  linderos  contenidos  en  los  títulos  inscritos  de  ese  demandante  en  deslinde,   y   agrega   al   final  del  cargo,  que  los límites que se fijarían habrían de ser los que  se  verificaron  al  examinar  los  linderos  que  aparecen  en los títulos del  derecho  que  la C.N.T. invocó y acompañó con la demanda de deslinde, como lo  señala  el  artículo 464, numeral 1º C.P.C., y no los plasmados en el título  del  colindante  demandado  en deslinde, acudiendo a este último como el único  elemento  idóneo  para  la  confirmación  de  la línea divisoria fijada en la  etapa  del  deslinde, pero producto del error acusado, la Sala resultó mediante  la  sentencia  impugnada,  otorgando  a  quien  se  dijo dueño de un predio, el  derecho  a  que  se fijen los límites de los predios colindantes (El Charquito)  que   separan   a   esos  predios  colindantes  del  predio  de  él.   

          Luego    de    aludir    al    contenido    de    los   «artículos   1501,   1618,  1622,  1849,  1857,  1866,  1867  del  C.C.», normas que en su orden, tratan aspectos de los  elementos              característicos             del             «contrato»,  a  algunas  reglas para la  interpretación    del    mismo,   a   la   definición   de   la   «compraventa»,  a  su  objeto  y  a  la  «venta     como    cuerpo    cierto»,  sostiene  que  resultaron transgredidos, por errado entendimiento  del   «concepto   de  cuerpo  cierto  y  venta  con  señalamiento  de  linderos,  y  desconociendo  que  el  I.C.B.F. y la C.N.T. se  pusieron  de acuerdo en la cosa vendida», aspecto este  que  pasó  por  alto  el sentenciador, porque a pesar de seleccionar y entender  correctamente   la  norma,  determina  unos  alcances  diferentes  al  que realmente esta tiene sobre el caso concreto, cuales son, que  la  demarcación  de  un  inmueble  que  ha  sido  vendido  con señalamiento de  linderos  y  como  un cuerpo cierto, pueda extenderse más allá de los límites  que  las  voluntades  del vendedor y comprador le señalaron en la cláusula del  respectivo  título  traslaticio  de  dominio,  en  que se haya materializado la  transferencia,  y  que además esa demarcación pueda efectuarse consultando los  linderos  del opositor al deslinde, y no con base a los linderos de los títulos  de  quien  demanda  en  deslinde,  máximo  cuando  el demandante en deslinde ha  invocado    la    calidad    de    propietario    con    derecho    de   dominio  inscrito»,     y     agrega    que    «al   perfeccionar   la  compraventa,  el  I.C.B.F.  y  la  C.N.T.  convinieron  y  delimitaron  por  escritura  pública,  la  cosa  objeto  de  la  compraventa,  sin  designar  dentro  del  objeto  esencial  del  contrato, mayor  extensión  de  terreno alguna que se pudiera llegar a considerar como parte del  objeto de la venta».   

          Adicionalmente,  el impugnante le endilga al juzgador la afectación  de   «los   artículos   1871,   1875  y  1884  del  C.C.»,  debido a que «hizo  transitar  una  parte  del  terreno discutido, en el ámbito de la venta de cosa  ajena,  con apariencia de aquellas que se miran como del comprador, por haberlas  adquirido  el  vendedor  con posterioridad a la venta, confundiendo la identidad  de  lo  que,  en  cumplimiento  de  su obligación contractual, el vendedor debe  entregar al comprador».   

          3.  Concluye solicitando casar la sentencia recurrida y que en la de  remplazo  se  reconozca  al opositor el derecho a conservar la franja de terreno  identificada   en   la   demanda   ordinaria   de   oposición  al  deslinde,  y  consecuentemente,  se  modifique la línea divisoria trazada en la diligencia de  demarcación  de  linderos,  dejándola como se encontraba para la época en que  se dio inicio a la misma.   

          1.   Tomando  en  cuenta los antecedentes de litigio, los temas  que   involucra   el   reproche   examinado  y  la  vía  seleccionada  para  el  encauzamiento   de   la   acusación,   se  torna  pertinente  reiterar  que  la  «acción  de  deslinde y amojonamiento»  encuentra  respaldo  en el artículo 900 del Código Civil, el que  consagra  que  «[t]odo  dueño  de  un  predio tiene  derecho  a  que se fijen los límites que lo separan de los predios colindantes,  y  podrá  exigir a los respectivos dueños que concurran a ello, haciéndose la  demarcación   a   expensas   comunes»,  habiéndose  establecido  con  base  en  esta disposición, los requisitos de que se trate de  predios  vecinos  o  contiguos,  obviamente  de  dueño  distinto,  y que por la  imprecisión  en  los títulos en cuanto a las demarcaciones de los límites, se  presenten  dudas  para  verificar  hasta  dónde  se  extiende  su área o   superficie,  determinado  el  inciso  1º  del  artículo  460  del  Código  de  Procedimiento   Civil,  que  «[p]ueden  demandar  el  deslinde   y  amojonamiento  el  propietario  pleno,  el  nudo  propietario,  el  usufructuario  y  el  comunero del bien que se pretenda deslindar, y el poseedor  material     con     más     de     un    año    de    posesión».   

          Por   su   lado,   la   «oposición  al  deslinde»,   que  es  la  controversia  a que se refiere el proceso donde se profirió el fallo impugnado,  al  tenor  de  la  regla 1ª del precepto 465 ibídem,  tiene   por   finalidad   el  debate  acerca  de  los  «derechos       del      opositor»   en la zona discutida, y de ser el  caso,   solicitar   el   reconocimiento   y  pago  de  las  mejoras  puestas  en  ella.   

   

          Acerca  del  primero  de  los señalados mecanismos procesales, esta  Corporación  en  fallo  CSJ  SC,  1º  jun.  2005, rad. 7802, en lo pertinente,  expuso:   

Al  respecto  ha  señalado  la Corte, que  ‘[e]l  artículo  900  del  Código Civil consagra el derecho que tiene  todo  propietario de solicitar y obtener la individualización específica de su  predio  frente  al  de su vecino, (…)  La acción por medio de la cual se  hace  efectivo  éste  derecho  es  la  acción  de deslinde, la que los romanos  llamaron  actio  finium regundorum, que es el procedimiento necesario para fijar  la  línea  de  separación o de división entre dos predios vecinos o contiguos  que  no  tienen  edificaciones medianeras a través de la colocación de marcas,  hitos  o  signos  materiales  que  sirvan en adelante para identificar de manera  clara,   precisa   y   concreta   los  terrenos  en  cuestión  (…)   Las  características  principales  de  la  acción  de deslinde son las de ser real,  inmueble,  imprescriptible,  facultativa para los dueños de predios colindantes  y  obligatoria  para  el propietario a quien se demanda (…)  La finalidad  primordial  de la acción de deslinde es la de fijar la materialidad del lindero  o   línea   de   separación  entre  los  terrenos  o  predios  y  ‘ello pone en claro que el deslinde en  sí,  por  su objeto y fines, no controvierte otra cosa que la línea concreta y  definida  de  separación  sobre  el terreno de los predios adyacentes.  El  juez  se  encuentra llamado a garantizar la paz y la seguridad de los dueños de  los  predios  colindantes  por  medio  de la línea que señala donde termina el  señorío  de  cada  uno  y  empieza  el de los demás. Por eso la ley le ordena  dejar  ‘a  las partes en  posesión  de  los  respectivos terrenos, con arreglo a la línea, si ninguna de  las   partes  se  opone’  -artículo  464  del  Código  de  Procedimiento  Civil- o como obvio, cuando no  triunfa  la  oposición’  (G.J  CIX,  148) (…) El deslinde es una típica contención entre propietarios  o  titulares de derecho real de terrenos contiguos, y quien promueve una acción  de  este  linaje  está  reconociendo  el  derecho  de  dominio  o propiedad del  demandado,  aunque  pretende  que por la jurisdicción y por la vía del proceso  correspondiente  se determine de manera definitiva cuál es la línea material o  espacial  que  divide  o  separa  sus  predios que hasta ese momento es confusa,  equívoca   e  incierta’  (Cas. Civ., sentencia de 14 de agosto de 1995, exp. No. 4040).   

          Y  con  relación al segundo, en la sentencia CSJ SC, 14 abr. 2000,  rad. 5042, se sostuvo:   

Por   la   propia   naturaleza   de  los  acontecimientos,  esto  es,  por  el  desdoblamiento  fáctico de las relaciones  interpersonales,  en la fijación de los linderos entre predios contiguos, puede  suceder  que las partes, sin más discusión, acepten irrestrictamente la línea  demarcatoria  que  señale  el Juez, previo examen de los títulos exhibidos por  ellas;  pero  también  puede  ocurrir  que tan solo la acepten en parte, o que,  definitivamente,  persista  el  desacuerdo.  Cuando  una u otra cosa ocurren, la  discrepancia  envuelve  entonces  una diferencia atinente al ámbito espacial de  sus  propiedades, es decir, que existe una evidente contención sobre el derecho  de  dominio,  razón  por  la  cual  el  Código  de  Procedimiento Civil, en el  artículo   465,   reguló   la  manera  como  debe  formularse  la  oposición,  imprimiéndole,     desde     ese     momento     al    litigio,    ‘el     trámite     del    proceso  ordinario’,   con  una  particular diferencia en el término del traslado de la demanda.   

Es   así  como  esta  Corporación,  en  providencia  del  24  de  abril de 1984, reiterada en auto 068 del 3 de junio de  1988,    puntualizó    que    no    ‘puede  afirmarse  entonces  que  el  único  objeto  del proceso de  deslinde  y  amojonamiento  es  la  fijación  de  linderos  de  acuerdo con los  títulos,  y  que  en  él  toda  otra  cuestión  es  totalmente extraña a sus  fines.   Esto  puede  ser  cierto  en la etapa especial del proceso, la que  implica  una aceptación de la titularidad no discutida y el amojonamiento es el  resultado  o  la  expresión  del contenido espacial de tales títulos; no en la  etapa  ordinaria  en  la  cual,  para determinar la legalidad o ilegalidad de la  demarcación  hecha, tienen que estudiarse hechos referentes al dominio alegados  por     el    inconforme    como    motivo    de    su    oposición’.   

Al  fin  y  al cabo, el problema jurídico  basilar  en el proceso en comento, finca en la determinación de los linderos de  los  predios  en  litigio,  unas  veces  porque se han desdibujado, otras porque  aparecen   intrincados   o   confusos   al  confrontar  los  respectivos   documentos   escriturarios,   en  concreto  por  la  falta  de  precisión de los títulos en la determinación de  aquellos  –  muy  a  pesar  de  lo  exigente  que  es  la  ley  en  punto  de la  estipulación  contractual  enderezada  a  fijarlos  (art.  31  Dec.  960/71) -,  circunstancia  esta  que, de ordinario, hace necesario acudir a declaraciones de  testigos  y  al concepto de peritos, para, examinados los títulos, señalar los  linderos  y colocar los mojones en los sitios en que fuere necesario, en orden a  ‘demarcar ostensiblemente  la   línea   divisoria’  (nral. 2 art. 464 ib.).   

       2.     En   punto   de  la  violación directa de la ley sustancial, modalidad esta en  que  se  funda  la  acusación, cabe acotar que para su adecuación formal, debe  estar  sustentada  en un análisis claro y preciso de los preceptos sustanciales  que   regulan  el  asunto  materia  de  la  controversia,  de  tal  manera  que  se  ponga al descubierto el equívoco del juzgador, ya sea porque a  pesar  de  elegir  la  norma  en  la que técnicamente se subsumen los supuestos  fácticos  que  componen  el  litigio,  le  da  unos  alcances que franquean los  parámetros  jurídicos,  o  aminora  sus efectos hasta llegar a distorsionar su  verdadero  sentido,  o  cuando  se  apoya  en  una  disposición  que  no  es la  adecuada,   resaltándose   que   en   cualquiera   de  esos  eventos,  la  discrepancia  de  la  censura no podrá apartarse ni cuestionar las conclusiones  probatorias  del  sentenciador, de ahí que las reflexiones deben concretarse al  ámbito meramente jurídico.   

       Con   relación   a   la  «violación  directa»  en  el  fallo C.SJ SC, 16 may. 2013, rad.  2005-00131-01, en lo pertinente, se sostuvo:   

Acerca del entendimiento del aludido motivo  de  casación  invocado  como sustento de la acusación y en torno a la técnica  para  sustentarlo,  insistentemente  ha  dicho la Corte Suprema que ‘(…)  se trata de un reproche que se  desarrolla  en un campo estrictamente jurídico, cuya prosperidad depende de que  el  impugnador  consiga  demostrar  la  falta  de  aplicación  de los preceptos  llamados  a  gobernar el caso, la actuación de los que no resultan pertinentes,  o  la incorrecta interpretación de aquéllos (…) la actividad dialéctica del  impugnador  tiene  que  realizarse  necesaria  y  exclusivamente  en torno a los  textos   legales   sustanciales   que   considere   no  aplicados,  o  aplicados  indebidamente,  o  erróneamente  interpretados;  pero en todo caso con absoluta  prescindencia  de  cualquier  consideración  que  implique  discrepancia con el  juicio   que   el   sentenciador   haya  hecho  en  relación  con  las  pruebas  (…)’  (sent. cas. de 7  de diciembre de 2012, exp. 2006-00017).   

También  ha  iterado  que se caracteriza,  porque  ‘(…)  el  juez  quebranta  derechamente  la  ley,  esto  es, que realiza un juicio reglamentario  completamente  equivocado  y  alejado  de  lo que las normas reconocen, mandan o  prohíben,  por  cuanto  esta  clase  de  violación  del ordenamiento jurídico  ‘se da independientemente  de  todo  yerro en la estimación de los hechos, o sea, sin consideración de la  convicción  que  haya tenido en cuenta el sentenciador en su juicio’  (CCXXXI, sentencia 24 de octubre de  1994).   

          3.   Al examinar los argumentos del impugnante, se constata que  lo  planteado  no  corresponde  a  alguna  de  las  variables concernientes a la  violación  de  la  ley  sustancial,  sino  a  un tema probatorio, puesto que en  esencia  su protesta se funda en que el sentenciador se basó en el «título  del  opositor» para dirimir la  controversia,  cuando  para  el  caso  la  demandante  del  deslinde no adujo su  condición  de  poseedora  material,  sino  la  de  dueña, de ahí que no fuera  admisible  pretender  que  la  demarcación  se  hiciera  tomando  en cuenta los  «títulos» del colindante  convocado;  derivando  de  ahí  inclusive,  el desconocimiento del «contrato  de  compraventa» por aquella  celebrado  para la adquisición del inmueble cuya delimitación promovió, en el  que  constan  sus  linderos  y  medidas,  y  de  esa  manera  se  le  favoreció  entregándole una mayor extensión.   

          No  obstante que se invocan como vulneradas algunas disposiciones de  orden  sustancial,  el  tema  central  de  la  acusación, solo guarda relación  directa  con  el  artículo  461 del Código de Procedimiento Civil, que precisa  los  requisitos y anexos especiales de la «demanda de  deslinde  y  amojonamiento»,  y  en  su  numeral 2º,  prescribe:  «Cuando fuere el caso, la prueba siquiera  sumaria  sobre  la  posesión material que ejerza el demandante y certificación  del  registrador  de  que  su  derecho  no  se  encuentra inscrito. En  esta  situación, podrá solicitar que el deslinde se practique  con   base   en  los  títulos  del  colindante»  (se  resalta),   siendo   esta  una  regla  de  naturaleza  probatoria     cuya     aplicación     podrá    reclamar    el    «poseedor  material con más de un año de posesión»,  cuando  sea quien promueva la «acción  de  deslinde»,  y  en el evento de ser inobservada la  vía  indirecta  por error de derecho es la que refulge adecuada para cuestionar  la decisión.   

          Ahora,  lo atinente al desconocimiento u omisión de tomar en cuenta  el   título   enarbolado   por   la   convocada  a  enfrentar  la  «oposición  al  deslinde», para efectos  de  establecer  la  dimensión de su derecho en la franja de terreno en disputa,  no   es  un  aspecto  que  concierna  de  manera  frontal  con  el  «derecho  sustancial», sino que comporta  es  un  desatino  fáctico, ya que implica preterición o falta de valoración o  apreciación  de  un  elemento  de  persuasión,  por  lo  que  su alegación en  casación  debe  darse  «vía indirecta»,   por   la   variante  del  «error  de  hecho».   

4.   Es  evidente  entonces,  que el  censor  no ajustó el ataque a la técnica casacional, por lo que su prosperidad  queda  truncada,  sin  que  pueda  remediarse  esa  situación,  porque la Corte  oficiosamente  no  está  facultada  para  enderesarlo,  en aras de propiciar su  examen  en  el escenario que válidamente corresponda, dado que es al impugnante  a  quien le compete formular la acusación con la exposición de los fundamentos  en  forma clara y precisa (artículo 374 del Código de  Procedimiento Civil).   

          5.   Lo  así  analizado  conlleva  a  la  improsperidad  de la  impugnación  extraordinaria,  la  imposición de costas a su proponente, según  lo  previsto  en  el  inciso  final,  artículo 375 del Código de Procedimiento  Civil,  y  el  señalamiento  de agencias en derecho como lo dispone el precepto  392  ibídem, modificado por  el  19  de  la  Ley 1395 de 2010, para lo cual se tendrá en cuenta que la parte  opositora    no    replicó    la    «demanda   de  casación».   

V.           DECISIÓN   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero: No casar  la  sentencia  proferida  el  20  de enero de 2012 por la Sala Civil Familia del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santa  Marta,  en  el juicio de  oposición al deslinde, de la referencia.   

Segundo:  Condenar   en   costas  al  recurrente en casación.   

Tercero:  Incluir en la correspondiente  liquidación  que  efectuará  la secretaría, la suma de tres millones de pesos  ($3.000.000), por concepto de agencias en derecho.   

Cuarto:  Devolver   la   actuación  surtida al Tribunal de origen.   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *