SC11276-2014 [2009-00329-01]

2014

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    República    de  Colombia      

Corte   Suprema   de   Justicia   

Sala de Casación Civil  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

Magistrado Ponente  

SC11276-2014  

Radicación           n.°  73001-31-10-005-2009-00329-01   

(Aprobado  en  Sala de nueve de junio de dos  mil catorce)   

Bogotá, D. C., veintiséis (26) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

Se decide el recurso de casación interpuesto  contra  la  sentencia de 12 de enero de 2012, proferida por el Tribunal Superior  del Distrito Judicial de Ibagué, Sala Civil-Familia.   

1. ANTECEDENTES  

1.  La  demandante  María Cecilia González  Cortés    solicitó   se   declarara   que   entre   ella   y   “Julio  César Bermeo Vargas”, fallecido,  formaron    una    unión    marital    de    hecho,   con   las   consecuencias  inherentes.   

2. Sostiene la actora, como fundamento de lo  anterior,  que convivió con Bermeo Vargas, desde febrero de 2004 hasta el 16 de  agosto  de  2008, cuando se produjo la muerte de éste, pero con efectos legales  a  partir  del  6 de junio de 2006, fecha de disolución de la sociedad conyugal  del causante con Nubia Inés Galindo de Bermeo.     

3.  Los  hijos  del  interfecto, Juan Carlos  Bermeo  Peralta,  Elsa  Gineth Bermeo González, Angie Daniela Bermeo Cárdenas,  Andrés  Felipe  Bermeo  Torres,   Diana  Mercedes  y César Augusto Bermeo  Galindo,   se  opusieron  a  las  súplicas,  por  cuanto  durante  la  afirmada  relación,  su  padre  estaba  casado  e igualmente convivió con Elsa González  Canal, María Elsi Cárdenas Gómez y Mariluz Torres Ramírez.   

El  curador  ad  litem  de los herederos indeterminados del causante se  atuvo  a  cuanto  resultare  probado  en  el  proceso;  y Fabio Alexander Bermeo  González,  declarado  judicialmente  hijo  del  fallecido,  quien fue vinculado  también como demandado, guardó absoluto silencio.    

4.  El Juzgado Quinto de Familia de Ibagué,  mediante  fallo  de  30  de mayo de 2011, negó las pretensiones, y concedido el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la actora, en el oficio remisorio del  expediente   al   superior   se   indicó   como   demandado  a  “Norberto Alvarado Patiño”.   

5.  El  acta  individual  de  reparto  en el  Tribunal,  se  refiere  al  litigio de María Cecilia González Cortés frente a  “Norberto      Alvarado     Patiño”,  y  la  alzada  admitida,  al  decir del auto de 13 de julio de  2011,  a  un  asunto  de  la  apelante contra “Julio  César Bermeo Cárdenas”.   

2. LA PROVIDENCIA IMPUGNADA  

1.  En  los  antecedentes,  al extractar las  pretensiones,  el  ad quem se  refirió  al  proceso  de  María  Cecilia González Cortés contra herederos de  “Julio    César   Bermeo   Cárdenas”.   

2.  Seguidamente,  con  base  en  el acta de  conciliación  de  27  de  febrero  de  2008,  celebrada por Julio César Bermeo  Vargas  y  Mariluz Torres Ramírez, el Tribunal dejó probada una unión marital  de  hecho  entrambos y la disolución de la sociedad patrimonial, lo cual, dijo,  coincidía  con  lo  afirmado  por los testigos Graciela Perdomo, Miguel Antonio  Moncaleano Padilla y Ernesto Varón Salazar.   

Aludió  de  la  sentencia  de 6 de junio de  2006,  proferida  por  el  Juzgado Cuarto de Familia de Ibagué, la cesación de  efectos  civiles  del matrimonio católico de Julio César Bermeo Vargas y Nubia  Inés  Galindo  de  Bermeo, y la disolución de la respectiva sociedad conyugal.   

Discurrió  sobre  el  trato  de compañeros  permanentes  entre  María  Cecilia  González  Cortés  y  Julio  César Bermeo  Vargas,  como lo vertió la testigo Mélida González Méndez, y lo corroboraron  los  también  declarantes  Luis  Alberto  Bermeo  Vargas,  Roger Andrés Botero  Ramírez  y  Julio César Rincón Castaño, a quienes contestemente les constaba  que  “(…)  esa pareja se comportaba como marido y  mujer (…)”.   

3.  Para  el  juzgador de segundo grado, del  análisis  conjunto  de  las  pruebas acopiadas, incluyendo el interrogatorio de  los  demandados,  se  infería  la  simultaneidad  de relaciones de Julio César  Bermeo  Vargas,  entre  febrero de 2004 y el 16 de agosto de 2008, pues éste en  un  mismo  período convivió con Mariluz Torres Ramírez y la demandante María  Cecilia  González  Cortés,  además  de  también haber estado con María Elsy  Cárdenas.   

En  esas circunstancias, señaló, la unión  marital  de  hecho  reclamada  se  excluía,  debido  a  que  no se reunían los  requisitos  de  permanencia  y singularidad, y porque después del 27 de febrero  de  2008,  cuando  Bermeo  Vargas  acabó  su “(…)  relación  con  la  señora  Torres,  hasta el 16 de agosto de 2008 (…)”,  fecha  de  su  muerte,  no  alcanzó  a  convivir  con la  pretensora   el   término   exigido   en   la   ley  para  dar  “(…)  apertura  a  la  sociedad  patrimonial reclamada”.   

4.  Así las cosas, el Tribunal confirmó el  fallo apelado.   

3. LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Tres   cargos  fueron  formulados  por  la  demandante  recurrente.  La Corte resolverá primeramente, aunados, el segundo y  el  tercero,  los  cuales denuncian errores de actividad, por cuanto unos mismos  supuestos  fácticos  se  bifurcan  en  dos  causales de nulidad procesal.    

1.  En  común,  la  censura  resalta (i) la  remisión    al    Tribunal    de    un    expediente   contra   “Norberto  Alvarado  Patiño”;  (ii)  el  acta  individual de reparto correspondiente a un asunto frente a “Norberto  Alvarado  Patiño”;  (iii) el  ingreso  al despacho de la magistrada ponente de esa específica actuación y de  ninguna  otra;  (iv) la admisión de la alzada, según el auto de 13 de julio de  2011,  en  un  litigio  donde  es  demandado  “Julio  César  Bermeo  Cárdenas”;  (v)  el  traslado  para  alegar,  por tanto, en un proceso distinto; y (vi) la emisión del fallo atacado  en  una  contienda que vincula a “herederos de Julio  César Bermeo Cárdenas y otros”.    

Sentado  lo  anterior,  la actora identifica  como  sus  demandados a “Juan Carlos Bermeo Peralta,  César  Augusto  Bermeo  Galindo,  Diana  Marcela  Bermeo Galindo, Angie Daniela  Bermeo  Cárdenas,  Andrés  Felipe Bermeo Torres, Elsa Gineth Bermeo González,  Fabio  Alexander Bermeo González, herederos determinados de Julio César Bermeo  Vargas,  y  los herederos indeterminados de éste”, y  no   a   “Norberto   Alvarado  Patiño”   ni   a   “Julio   César  Bermeo  Cárdenas”,   ni   a   los   herederos   de   este  último.   

2.  Ante la falta de coincidencia del nombre  de   los   realmente   convocados,   para   la  impugnante,  el  “(…)  trámite  de  segunda  instancia  (…)  tuvo  lugar  en  el  interior  y  alrededor  de  un proceso completamente diferente (…)”.   

En  su sentir, la apelación contra el fallo  del  juzgado  no  ha  sido  resuelto,  por cuanto: (i) el expediente remitido al  superior  fue uno distinto; (ii) el reparto nada tiene que ver con la actuado en  primera  instancia; (iii) la admisión de la alzada y el traslado no ha ocurrido  para  el asunto de que se trata; (iv) y la sentencia atacada no se emitió en el  proceso    de    María    Cecilia   González   Cortés   contra   los   arriba  citados.   

3.  Frente  a  lo  expuesto,  la actora, con  fundamento  en  el  artículo 368, numeral 5 del Código de Procedimiento Civil,  acusa  la  providencia  en  cuestión de estar afectada de los vicios procesales  absolutos  contemplados  en  el  artículo  140,  numerales  2 y 3, ibídem.   

3.1.  En el cargo segundo, debido a la falta  de  competencia  funcional,  pues  por lo dicho, para proferirla, el Tribunal no  adquirió  esa  específica  y  precisa  facultad,  en tanto fue agotada en otra  actuación.   

3.2.  En  el  cargo  tercero,  al  haberse  pretermitido   íntegramente   la   segunda   instancia,  dado  que,  según  lo  consignado,   el   ad  quem  “(…)  al  parecer  desata  una  alzada  de  otro  proceso,  pero  no  la  interpuesta  y  concedida contra la sentencia de primera  instancia  (…)”,  y en la foliatura, con relación  al  recurso  de  apelación,  no  existe ninguna decisión ceñida a los sujetos  efectivamente en contienda.   

4.  Solicita  la  censura,  por lo tanto, se  declare  la nulidad de lo actuado a partir del auto de 13 de junio de 2011, y se  proceda de conformidad.   

CONSIDERACIONES  

1. En el proceso, es cierto, se involucraron  como  demandados  a  los  señores  Juan  Carlos  Bermeo Peralta, César Augusto  Bermeo  Galindo,  Diana  Marcela Bermeo Galindo, Angie Daniela Bermeo Cárdenas,  Andrés  Felipe  Bermeo  Torres,  Elsa  Gineth Bermeo González, Fabio Alexander  Bermeo  González,  todos  en  calidad de herederos determinados de Julio César  Bermeo Vargas, y a los herederos indeterminados de este último.   

Frente   a  lo  anterior,  relativo  a  la  identificación  del  extremo  pasivo,  las  inconsistencias resaltadas en ambos  cargos  saltan  de  bulto.  Primero,  por  cuanto  de manera alguna aparece como  contendiente    el   señor   “Norberto   Alvarado  Patiño”,   cual  se  hizo  constar  en  el  oficio  remisorio  del  expediente  al  Tribunal  y en el acta de reparto del recurso de  apelación  contra  la  sentencia del juzgado; y segundo, porque el convocado no  responde   al   nombre   de  “Julio  César  Bermeo  Cárdenas”,     ni    al    de    “(…)  herederos  determinados  e  indeterminados  de  Julio César  Bermeo  Cárdenas(…)”,  según  se  señaló en el  auto  admisorio  de  la  alzada  y  en  los  antecedentes del fallo recurrido en  casación.   

2. En ese orden, todo se reduce a establecer  si  esas  irregularidades,  limitadas,  se repite, a la individualización de la  parte  demandada, desde el egreso del expediente del juzgado, se subsumen en las  hipótesis  normativas  de  las  nulidades  procesales  alegadas  en  una y otra  acusación.   

2.1.  El  ejercicio  de  las  atribuciones  conferidas  constitucional  y legalmente a los jueces, no se refiere sólo a los  distintos  grados de conocimiento y a la diferenciación entre primera y segunda  instancia,  sino también al ramo de las funciones, porque como tiene dicho esta  Corporación,  la  competencia  funcional  atañe  tanto  a  la  “(…)   distribución   vertical   de  la  misma  (…)”,  como  a  la  “(…)  especialidad  jurisdiccional   para   conocer   de   un   caso   particular  (…)”1.   

Si  la asignación de ese específico factor  se  encuentra  reservada  a la ley, en correspondencia, su adquisición debe ser  ajena  a  las incidencias procesales. La distinción, desde luego, es relevante,  pues  si  los  trámites  judiciales  se  erigen en medios para materializar esa  precisa  facultad,  los errores en uno y otro campo no pueden ser los mismos. En  relación  con un asunto determinado, la competencia funcional tiene como factor  directo  de  parangón  el propio ordenamiento positivo, en cambio, el contraste  en  la  actividad  es  indirecta,  por  cuanto  se  hace de cara a los trámites  desarrollados.   

“[El]  conocimiento         del        ‘superior’,  juez   de  segunda  instancia,  surge  con  ocasión  de  la  presencia  de  las  condiciones  que  el  legislador  ha  establecido  para  la  adquisición de esa  competencia  (funcional); exigencias que no son otras distintas a las señaladas  por  los  artículos  351  y  352  [del  Código  de  Procedimiento Civil], como  requisitos  para  la concesión y admisibilidad del recurso de apelación, a los  cuales  debe aunarse los generales para todo recurso, siendo en su totalidad los  siguientes:  a) que la providencia sea apelable; b) que el apelante se encuentre  procesalmente  legitimado  para  recurrir; c) que la providencia impugnada cause  perjuicio  al recurrente, por cuanto le fue total o parcialmente desfavorable, y  d)  que  el  recurso  se  interponga  en  la  oportunidad  señalada por la ley,  consultando    las    formas    por    ella    misma    establecidas”2.   

En  esa  línea,  la  competencia  funcional  únicamente   puede  echarse  de  menos,  de  una  parte  cuando,  no  obstante,  concederse   y  admitirse  el  recurso  de  apelación,  se  ha  incumplido  uno  cualquiera  de  los  requisitos  establecidos  para el efecto, bien frente a una  providencia  inapelable,  ya al haberse interpuesto por persona ilegitimada, ora  de  manera  inoportuna;  y  de  otra,  cuando  cumplidas  dichas  exigencias, se  recibió a trámite pese a encontrarse desierto.   

2.2.  El  artículo  31  de la Constitución  Política,  erige  el  principio  procesal  de  la doble instancia, derivado del  recurso  de  apelación  y  del  grado  jurisdiccional  de  consulta, salvo, las  excepciones consagradas en la ley.   

Si el asunto no se encuentra excepcionado, la  omisión   o  la  exclusión  inopinada  del  grado  funcional  de  competencia,  constituye  una afrenta al derecho fundamental de defensa, pues priva a la parte  beneficiada  de  tener sendos juzgamientos e implica materializar los efectos de  una providencia que no estaría ejecutoriada.   

Por  esto,  el  vicio procesal se estructura  cuando  el  superior,  al  tenor de lo previsto en el artículo 140, numeral 3º  del   Código   de   Procedimiento   Civil,  “(…)  pretermite   [resolver]   íntegramente   (…)”  la  segunda  instancia,  por  descuido  u  olvido,  o  se  abstiene  de  decidir sin  justificación,  pero  no  cuando emite un pronunciamiento, dado que en ese caso  el  blanco  de  ataque sería la providencia y no el proceso. Desde luego, si se  trata  de  una  omisión parcial, el error sería de otro temperamento, alegable  por  una  causal  de  nulidad  distinta,  mas  no  por la senda seleccionada. La  pretermisión, al decir de la Sala:   

“(…) no puede  ser  meramente  parcial,  sino  total,  o  sea  que debe comprender ‘íntegramente     la    respectiva  instancia’  (…).  En  otras  palabras, el desconocimiento parcial y momentáneo del derecho a la doble  instancia,  no  se  subsume  en  la hipótesis normativa, y por ende es ajeno al  fenómeno    de   nulidad   procesal   que   se   viene   examinando”3.   

Frente a la filosofía de la nulidad procesal  en  comento, en realidad, en casación no hay posibilidad de alegarla, porque si  la  segunda  instancia  no  se  ha decidido mediante sentencia, nada habría que  recurrir  extraordinariamente.  Lo mismo acontece con la ausencia de fallo en el  grado  inferior,  pues  su  existencia  se  erige como necesaria para hablar del  recurso  de  apelación y de la consulta. Y el punto destella con luz propia, si  se  tiene  en  cuenta  que la procedencia del recurso de casación, es por regla  general  contra las sentencias de segunda instancia, salvo la excepcionalidad de  la      casación      per     sáltum.    

3.  Aplicadas  las anteriores directrices al  caso,  ninguno  de  los  hechos  alegados  en  los  cargos segundo y tercero, se  subsume  en  las  causales  de  nulidad  procesal  invocadas.  En  efecto:    

3.1.  La falta de competencia funcional, por  cuanto   las  irregularidades  presentadas,  respecto  a  la  identificación  o  mención  de  la  parte  demandada,  a  partir de la remisión del expediente al  Tribunal,  nada  tiene  que  ver  con  los  requisitos  de  procedibilidad de la  alzada.   

3.2. Con relación a la preterición íntegra  de  la  segunda  instancia,  porque  si  la  decisión del recurso de apelación  interpuesto  por  la parte demandante contra la sentencia del juzgado se hubiere  omitido,  la  Corte  no  estaría contestando el medio de impugnación de que se  trata.   

4.  Por lo demás, desde el punto de vista  del  grado  de  la  competencia  y  de  las  funciones,  lo  cual  la censura no  cuestiona,   el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Ibagué,  Sala  Civil-Familia,  era el llamado a resolver el recurso de apelación que interpuso  contra el fallo del Juzgado Quinto de Familia de la misma ciudad.   

Y  si  en  la  remisión  del  expediente al  superior  y  en  el acta de reparto el nombre de la parte demandada no coincide,  atañe  a  errores  sin proyección alguna, pues al fin de cuentas, se trata del  mismo  proceso.  Primero,  la identificación de la actora se realizó de manera  correcta;  y  segundo, el hecho no condujo a ninguna confusión, al punto que la  apelante,  ahora recurrente en casación, supuestamente agraviada, descorrió el  traslado conferido.   

Lo  mismo  se  predica de la admisión del  recurso  de  apelación  en un proceso contra “Julio  César   Bermeo   Cárdenas”,  cuando  el  causante  involucrado  respondía  al  nombre de “Julio César  Bermeo  Vargas”,  por concernir a un hecho superado.  En  efecto,  siendo atípico como causal de nulidad procesal, en cuanto al decir  de  esta  Corporación,  “(…) no hay irregularidad  capaz   de   estructurar   nulidad   adjetiva   sin   ley   específica  que  la  establezca”4,   al   no   reclamarse   la  irregularidad  oportunamente,  se considera subsanada (artículo 140, parágrafo  único del Código de Procedimiento Civil).   

Finalmente, el señalamiento en la sentencia  de    los    “(…)   herederos   determinados   e  indeterminados    de    Julio    César   Bermeo   Cárdenas   (…)”,  hace  relación  a  un  simple  error  de  designación,  a un  lapsus calami, puesto que en  otros     apartes,     indistintamente,    el    ad  quem  aludió  a  “Julio  César  Bermeo Vargas”. Por ejemplo, cuando mencionó  la  audiencia de conciliación entre éste y Mary Luz Torres Ramírez, así como  la  sentencia  de  cesación  de efectos del matrimonio contraído por aquel con  Nubia  Inés  Galindo, y al acometer el análisis crítico de las pruebas.    

5.  Las nulidades procesales solicitadas, en  consecuencia, no son de recibo.   

3.2. CARGO PRIMERO  

1.  Denuncia  la violación indirecta de los  artículos  113,  116,  140  y  1820  del  Código Civil; 42 de la Constitución  Política;  1 y 2, literal b), de la Ley 54 de 1990; y 5, 6 y 11 de la Ley 25 de  1992.   

2.1. Tergiversó la conciliación en equidad  de  27 de febrero de 2008, porque su contenido no indica, como se le hizo decir,  la  unión  marital  de  hecho entre Julio César Bermeo Vargas y Mariluz Torres  Ramírez,  hasta  esa  data,  concomitante  con  la  de María Cecilia González  Cortés,  pues  sin  especificar  las  circunstancias  de  tiempo y lugar en que  aquella   tuvo   ocurrencia,   el   acta   sólo  menciona  una  “(…)    relación    (…)    en   el   pasado   (…)”,   la  “(…)  separación  de  las  partes     (…)”     y     la    “(…)  disolución  y liquidación de la sociedad patrimonial entre  compañeros permanentes (…)”.   

2.2.  Cercenó  los interrogatorios de Elsa  González  Canal,  madre  de  la  menor  Elsa Gineth Bermeo González, sobre que  Mariluz  Torres  Ramírez  y  Julio  César Bermeo Vargas, “(…) [n]o  convivieron,  ninguna  convivimos  con  él (…)”;  de  César Augusto Bermeo Galindo, quien relativo a esa pareja  contestó       “(…)      no      convivieron  (…)”;  de  Diana Marcela Bermeo Galindo, acerca de  la   simple   relación   “sentimental”   entrambos;   de   Juan   Carlos   Bermeo  Peralta,  sobre  que  “(…)    no    me    consta    (…)”;  y  de  María  Elsy  Cárdenas  Gómez,  progenitora  de Angie  Daniela  Bermeo Cárdenas, la respuesta “(…) yo no  conviví  con  él  de  lleno (…)”, “(…)  sost[uve] intimidad (…)”, hasta  agosto  de 2008, “(…) cuando me entregaba la cuota  de alimentos (…)”.   

   

2.3. Alteró los testimonios de quienes dijo  habían  sido  coincidentes  con  la  referida  diligencia  de conciliación, en  cuanto  a  la unión marital de hecho entre Julio César Bermeo Vargas y Mariluz  Torres  Ramírez,  desde  el  6  de  junio  de  2006,  hasta  el 16 de agosto de  2008.   

El  de  Graciela  Perdomo,  puesto  que  se  refirió   a   hechos  sucedidos  en  el  2004,  amén  de  que  “(…)  no sabía que (…) Mary Luz era la señora de César Bermeo  (…)”.  El  de  Miguel  Antonio Moncaleano Padilla,  porque  le  consta  esa  supuesta convivencia “(…)  desde   el   año   2008   hasta  la  fecha  antes  de  morir  (…)”,  aunque en contradicción y sin sentido afirmó frecuentar a la  citada  señora,   “(…)  hace 12 o 15 años,  sabía  que  convivía  con  el señor Bermeo (…) desde hacía uno (sic.) ocho  años  (…)”;  y el de Ernesto Varón Salazar, pues  únicamente  atinó  a decir que Julio César “(…)  frecuentaba  a  la  señora  Elsa  González,  porque en la misma casa vivía la  señora   Mary   Luz  (….),  como  para  el  año  de  1980  (…)”.   

2.4.  Omitió  apreciar  la declaración de  Nubia  Inés  Galindo  de  Bermeo,  quien  conocía  a Mariluz Torres Ramírez y  sabía  de  las  visitas de su esposo, “(…) tenía  un  hijo  con  él,  les  pagaba el arriendo pero no vivía con ella, él vivía  solo      en  la  casa, me consta porque yo pasaba todos los  días  y  veía  el  carro de él en el parqueadero en la casa (…)”.   

3.  Para  la  impugnante,  en  contra de la  conclusión  del  Tribunal,  los  medios de convicción reseñados no demuestran  una  unión marital de hecho entre Mariluz Torres Ramírez y Julio César Bermeo  Vargas,  durante  el  tiempo  reclamado  de convivencia permanente y singular de  éste con María Cecilia González Cortés.   

En ese interregno, sostiene, las pruebas en  cuestión   apenas   ponen   de  presente  visitas,  encuentros  esporádicos  y  ocasionales,    simples   relaciones   carnales   y   atenciones,    hechos  insuficientes,  por  sí,  para  dar por establecido, en términos legales, otro  vínculo  de  igual  naturaleza  entre  Bermeo  Vargas con una cualquiera de las  señoras  Elsa  González Canal, María Elsy Cárdenas Gómez, Mélida González  Gómez o la misma Mariluz Torres Ramírez.    

Es  más,  agrega, las pruebas documentales  adosadas  por  el  extremo  pasivo, omitidas por el ad  quem,  tampoco acreditan, durante el período aludido,  una  de  esas  relaciones,  con  características  maritales.  El  de  la Unión  Temporal,  Magisterio  Sur  (folio  58,  C-1),  en  relación con Mariluz Torres  Ramírez,  certifica  la condición de usuaria activa y de beneficiaria de Julio  César  Bermeo  Vargas,  como  cónyuge  o  compañera,  nada más. La copia del  carnet  del  folio 59, ni siquiera menciona al causante; y el de los folios 60 y  61,  alude a la afiliación del fallecido a SaludCoop EPS y de su desafiliación  el 30 de junio de 2004.   

Fuera de lo anterior, la sentencia aseveró  haberse  recogido el interrogatorio de Mariluz Torres Ramírez, pero en realidad  ese  medio  de  convicción  no  fue  recibido, configurándose así un yerro de  facto por suposición de una prueba inexistente.    

4.  En adición, al decir de la recurrente,  las  pruebas  tenidas  en  cuenta  para dejar probada la unión marital de hecho  entre  María Cecilia González Cortés y Julio César Bermeo Vargas, sí dieron  “(…)    mayores    detalles   (…)”,  contrario  a  lo  afirmado  por  el  Tribunal,  producto de no  haberlas mirado en su integridad.   

Mélida  González  Gómez, madre del menor  demandado,  Fabio  Alexander Bermeo González, en el interrogatorio dijo conocer  a  González  Cortés,  desde  el 2007, a raíz del proceso de investigación de  paternidad     contra    Julio    César    Bermeo    Vargas:    “(….)  Ellos  convivían  como  marido  y  mujer (…)”,  “(…)  él  la  mandaba  a hacer  vueltas  (…)” y “(…)  ella  fue a ver si el niño se parecía a él (…)”,  le  consta  porque  “(…)  yo fui a esa casa y él  estaba      ahí      con      la      señora     Cecilia     (…)”.   

Luis  Alberto  Bermeo  Vargas,  hermano del  causante,   conoció   a   María  Cecilia  González  Cortés  como  compañera  permanente  de  aquel,  más o menos “(…) desde el  año  2003  (…)”,  cuando  su  esposa  Nubia Inés  Galindo  “(…) se fue de la casa (…)”,  se la llevó a vivir allí, “(…)  siempre  estuvieron  juntos  (…)”, hasta su muerte,  “(…)   como  marido  y  mujer  (…)”,  le  conseguía  trabajo,  le suministraba recursos y la puso a  estudiar  enfermería,  “(…) yo me enteré de esto  porque  yo  fui allá, tenía su pieza y luego se fueron a vivir a la residencia  donde vive actualmente (…)”.   

En  el  mismo  sentido Roger Andrés Botero  Ramírez,  médico  de  profesión,  quien por haber vivido como arrendatario de  Julio  César  Bermeo  Vargas y de María Cecilia González Cortés, en la misma  casa,  durante dos años y medio, desde el primer semestre de 2005, le consta la  convivencia  permanente  de  los  antes  citados,  hasta  la  muerte  de aquél,  “(…)  era  lo  normal  de  una  familia, mercaban  juntos,  salían  (…)”,  él cubría los gastos de  alimentación y servicios.   

Julio  César Rincón Castaño, licenciado,  compañero  de docencia de Bermeo Vargas, desde 1981, sabe de la relación, pues  fuera  de  haberlo  escuchado  de  éste,  a  finales  de  2006, fue a su casa a  desarrollar  una  actividad  laboral,  y  la señora Cecilia, a quien igualmente  conocía,    por    haber    sido   profesor   de   su   hija,   “(…)    nos    atendió    (…)”   y  “(…) hasta la muerte de Julio me consta que ellos  convivieron (….)”.   

El  testimonio  de  Adolfo Niño Murcia, el  cual  fue  preterido,  conductor de una buseta de Julio César Bermeo Vargas, en  2008,  hasta  cuando  murió,  a  quien  en todo caso conocía con anterioridad,  manifestó  que  éste  le presentó a María Cecilia González Cortés, como su  esposa,   después,  por  instrucciones  de  él,  ella  recibía  las  cuentas,  “vivían  (…)  cuando yo iba los encontraba a los  dos  ahí,  se  comportaban  como  esposos (…)”, le  decía    “negrita”,  “mi amor”.   

Lo narrado por los testigos coincide con lo  expuesto   por   María   Cecilia  González  Cortés  en  el  también  omitido  interrogatorio  decretado de oficio. Inclusive, con lo manifestado por el propio  Julio  César  Bermeo Vargas ante el Notario Tercero del Círculo de Ibagué, el  11  de  agosto de 2008, sobre que hacía “(…) vida  marital  de  hecho  desde  hace  dos años y medio con la señora María Cecilia  González    Cortés   (…)”,   cuya   valoración  igualmente fue preterida.   

5.  Por  último,  según  la  censura,  el  Tribunal,  al  decir  que  Julio  César  Bermeo  Vargas,  entre “(…)  febrero  de 2004 y el 16 de agosto de 2008 (…)”,  mantuvo simultaneidad de relaciones, malinterpretó la demanda  y  la audiencia prevista en el artículo 101 del Código de Procedimiento Civil,  donde  quedó  fijado  que  la  unión  marital  de  hecho pedida, incluyendo la  sociedad  patrimonial,  fue  desde  el  “(…) 6 de  junio   de   2006   hasta   el   16   de   agosto   de   2008  (…)”.   

6.  Concluye  la  recurrente,  los  errores  probatorios  denunciados  llevaron al juzgador de segunda instancia a no dar por  establecida  la  unión  marital  de  hecho  reclamada,  dentro  de los confines  señalados,    todo    con    incidencia    en    las    disposiciones   legales  citadas.   

7.  Solicita,  consiguientemente,  casar el  fallo impugnado, revocar el del juzgado y acceder a lo implorado.   

CONSIDERACIONES  

1.  Contrastada la sentencia atacada con el  contenido  del  cargo,  ninguna  discrepancia  nota la Corte entre el Tribunal y  María  Cecilia  González  Cortés,  la recurrente en casación, respecto de la  unión  marital  de hecho que ésta afirma conformó con el extinto Julio César  Bermeo Vargas.   

El  juzgador  de  segundo grado, en efecto,  tuvo  por  establecida dicha relación, entre “(…)  febrero  de  2004  a  16  de  agosto  de 2008 (…)”,  fundado  en  los  testimonios  de Mélida González Méndez, Luis Alberto Bermeo  Vargas,  Roger  Andrés  Botero  Ramírez  y  Julio  César Rincón Castaño, de  quienes  dijo  les constaba que “(…) esa pareja se  comportaba como marido y mujer (…)”.   

En concordancia, la censura, a partir de las  mismas     declaraciones,     recaba     la     existencia    de    ibídem     relación,     desde    el  “(…)  6 de junio de 2006 hasta el 16 de agosto de  2008   (…)”.  Inclusive,  adiciona  a  ese  elenco  demostrativo,  la confesión ante notario del propio Julio César Bermeo Vargas,  efectuada  el 11 de agosto de 2008; la declaración de Adolfo Niño Murcia; y lo  manifestado  en  el  interrogatorio  por  la demandante María Cecilia González  Cortés;    elementos    de    juicio    todos    los    cuales   acusa   fueron  omitidos.       

2.  En  ese  orden,  los  errores  de hecho  probatorios  relacionados  con  la  existencia  de  la  unión  marital de hecho  investigada, se descartan por completo.   

2.1.  El  cercenamiento  de unos medios, en  cuanto  no  dieron mayores detalles acerca de la comentada relación, los cuales  se  dice  fueron  inobservados, porque simplemente se dirigen a corroborarla. En  palabras  de  la  Sala,  “(…)  si el sentenciador  contempla  las  pruebas  tal  como  ellas  se  ofrecen,  sin hacerles decir nada  distinto  de lo que las mismas manifiestan, entonces no podría censurársele en  casación  por error de hecho en la apreciación de las mismas (…)”5.   

2.2. Igual cosa se predica de los elementos  de  convicción  preteridos,  pues  aceptando en gracia de discusión ese acervo  como  prueba  del  trato  de  compañeros  permanentes en cuestión, su mención  aparece   implícita,   pues   si,   apreciándolas,  se  encauzan  a  la  misma  conclusión,   la   Corte   tiene   explicado   que  en  ese  caso  se  presenta  “(…)           una          ‘deficiencia de expresión’  y  no  en  concreto  un  error  de  ‘apreciación  probatoria’  (…)”6.   

2.3.  La única divergencia de la censura y  el  ad quem se observa en el  tiempo  de  duración  de  la  unión  marital  de  hecho.  Sin  embargo,  en la  hipótesis  de tergiversación de la demanda y de la audiencia del artículo 101  del   Estatuto   Adjetivo,  las  falencias  no  trascienden  a  la  conclusión.   

Si  bien  en  esos  actos  procesales  la  demandante  solicitó  se  declarara  la  existencia de la relación en comento,  desde  el  “(…) 6 de junio de 2006 hasta el 16 de  agosto  de  2008  (…)”,  en  tanto  el Tribunal la  enmarcó  entre“(…) febrero de 2004 a 16 de agosto  de  2008  (…)”,  cierto  es, este último período  comprende  a  aquél.  El  error  sólo  se  habría  presentado  en  el  evento  contrario.   

3.  Ahora,  como  las  pretensiones  fueron  negadas,  se  observa, el Tribunal no lo hizo de manera inopinada, sino a partir  de   encontrar   demostrado   que   el  causante  Julio  César  Bermeo  Vargas,  “(…)  en  un  mismo  período  (…)”,  mantuvo  “(…)  simultaneidad de  relaciones  (…)”  con  Mariluz  Torres  Ramírez y  María Cecilia González Cortés.   

Lo  anterior,  según  el  “acta  de  conciliación  celebrada  el  27 de febrero de 2008 en la  cual  los  compañeros permanentes Mariluz Torres Ramírez y Julio César Bermeo  Vargas  ponen  fin  a  esa relación y declaran disuelta la sociedad patrimonial  entre   ellos  procedente  de  la  unión  marital  de  hecho  (…)”.  Todo  en  coincidencia  con  lo afirmado por Graciela Perdomo,  Miguel  Antonio  Moncaleano  Padilla  y  Ernesto Varón Salazar, “(…)  quienes  fueron  testigos de la convivencia entre esa pareja  como marido y mujer (…)”.   

En  sentir del ad  quem,  desde  el  27  de  febrero  de 2008, fin de esa  unión  marital de hecho, hasta el 16 de agosto de 2008, fecha del fallecimiento  de  Bermeo Vargas, éste no alcanzó a convivir mínimo dos años con la señora  González  Cortés,  para  dar  “(…) apertura a la  sociedad  patrimonial  (…)”.  Y  la  sentencia  de  cesación  de efectos civiles del matrimonio católico de Nubia Inés Galindo de  Bermeo  y  Julio  César  Bermeo  Vargas, proferida el 6 de julio de 2006 por el  Juzgado   Cuarto   de   Familia   de   Ibagué,   mostraba  que  “(…)  antes  no  podía  nacer  ninguna  otra sociedad patrimonial  entre   cualquiera  de  dichos  cónyuges  con  otra  persona  (…)”.   

4.  Frente  a ese panorama, reclamada en el  caso  la  unión  marital de hecho desde el “(…) 6  de  junio  de 2006 (…)”, pasa a examinarse si entre  esta  última  data  y el 27 de febrero de 2008, fecha de la referida avenencia,  el  extinto Julio César Bermeo Vargas convivió como pareja en forma permanente  y      singular      con      Mariluz      Torres     Ramírez,     quid  al  cual,  precisamente,  al fin de  cuentas, se reduce la polémica.   

4.1.  En lo pertinente, conforme al resumen  de  los  hechos  contenidos  en la mentada acta de conciliación, la convocante,  señora   Mariluz   Torres   Ramírez,   hace  alusión  a  una  “(…)    relación    (…)    en   el   pasado   (…)”  con  Julio César Bermeo Vargas, producto de la cual procrearon  un  hijo,  nacido  el  4  de  agosto de 1999, de la cual, acorde con lo pactado,  “han       decidido      separarse”,  disolver la sociedad patrimonial entre compañeros permanentes  y dejar pendiente su liquidación.   

Según  el  Tribunal,  el  citado  medio de  prueba  pone de presente que el “(…) 27 de febrero  de   2008   (…)”,   corresponde  a  la  fecha  de  terminación  de  la  unión marital de hecho entre Julio César Bermeo Vargas y  Mariluz Torres Ramírez.   

Confrontado lo expuesto, salta a la vista el  error  de  fijación  objetiva  denunciado,  puesto que si allí se habla de una  “(…)    relación    (…)    en    el   pasado  (…)”,  la  misma  no  podía  tener  como  límite  temporal   la   memorada   fecha.  Por  lo  mismo,  en  lo  concerniente  a  que  “han       decidido      separarse”,  disolver la sociedad patrimonial entre compañeros permanentes  y  dejar  pendiente su liquidación, también debe entenderse referida al pasado  y  no al presente, por la potísima razón de que no se puede hablar actualmente  de algo que ya sucedió.   

4.2.  Sin  desconocer  la existencia de esa  otra  unión  marital  de  hecho, se pasa a examinar si los testimonios traídos  por       el       juzgador       de       grado,      como      “coincidente[s]”   de  su  conclusión,  fijan techo temporal a dicha relación.   

Ernesto  Varón  Salazar,  residente  en el  Barrio  Claret,  quien  no  conoce  a la demandante, dice que el “profe”,     el     señor    Bermeo,  “(…)  frecuentaba  a  la  señora Elsa González,  porque  en  la  misma casa vivía la señora Mary Luz (…), en el Barrio Claret  (….),  como para el año de 1980 (…) hasta cuando la señora Mary Luz se fue  (…)”.   

Miguel Antonio Moncaleano Padilla, respecto  de   Julio   César   Bermeo  Vargas  y  “Mary  Luz  Torres”,     a    quien    conoce    “(…)    hace    unos    12   o   15   años   (…)”,  dijo  que  “(…)  vivieron  como  marido  y  mujer  (…),  esa  convivencia me consta desde el año 2008 hasta la  fecha  antes  de  él  morir  (…)”, aunque “(…)  sabía  (…)  que  convivían  desde  hace unos ocho  años (…)”.    

Graciela Perdomo, sostiene que Julio César  Bermeo  vivía  al  frente  de su casa, desde “(…)  septiembre   de  2004  (…)”,  con  “(…)   Mary   Luz   y   el   niño   de   ellos  (…)”,  “(…) no sabía que (…) era la  señora  (…)”,  “(…)  vivió   ahí   hasta   dos   meses   antes   de   su  muerte  (…)”,  y  le consta porque “(…) llegaba  a   almorzar   y   (…)   le   veía   cuando  salía  [del]  baño  en  toalla  (…)”.   

Contrastado   el   contenido   de   las  declaraciones,  si  para  el  sentenciador acusado la unión marital entre Julio  César  Bermeo  Vargas  y  Mariluz  Torres Ramírez, se extendió hasta el 27 de  febrero    de    2008,    prima   facie,  el  error  de  hecho  enrostrado  surge  evidente, porque como se  observa,  no  es  cierto  que  en  el  punto  los  testigos sean “coincidente[s]”.   

Ernesto Varón Salazar, fuera de no referir  en  concreto  esa  relación,  evoca  hechos  acaecidos  en 1980 y no señala la  época  en  que  la  “(…)  señora Mary Luz se fue  (…)”.   El   tiempo   de   convivencia   que   le  “consta”   a   Miguel  Antonio  Moncaleano  Padilla,  “(…)  desde el año  2008    hasta    la    fecha    antes    de    él    morir    (…),     el  ad-quem lo excluyó; y en lo  demás,      simplemente     “sabía”  que  convivían  hace  ocho  años,  sin  indicar la fuente del  conocimiento.  Y el hito temporal de que habla Graciela Perdomo, “(…)   hasta  dos  meses  antes  de  su  muerte  (…)”,  como  se  observa,  es  distinto  al del Tribunal.     

5.  En ese orden, de las reseñadas acta de  conciliación  y  prueba  testimonial,  resulta  contraevidente  concluir que la  unión  marital  de  hecho  entre  Julio  César  Bermeo Vargas y María Cecilia  González   Cortés,   únicamente  surgió  a  partir  del  27  de  febrero  de  2008.   

De  otra  parte,  al  saberse  de  análoga  “(…)    relación    (…)    en    el   pasado  (…)”  de  Julio  César  Bermeo Vargas con Mariluz  Torres  Ramírez,  cual  se  acepta  en el cargo, sin que de esas mismas pruebas  emerja   la   fecha  de  terminación,  tampoco  podía  seguirse,  so   pena  de  contrariar  la  evidencia  existente, que se extendió hasta el 27 de febrero de 2008.   

Por   lo  mismo,  al  no  descartarse  la  convivencia  marital  de  Julio  César Bermeo Vargas y María Cecilia González  Cortés,  entre  el  6  de junio de 2006, fecha indicada en la demanda, hasta el  citado  27  de  febrero  de 2008, concluir en el campo de las pruebas que en ese  interregno   el  causante  mantuvo  simultaneidad  de  relaciones  de  la  misma  naturaleza,  se  muestra  contrario  a los hechos acreditados, con incidencia en  las normas acusadas como violadas.   

6. Aunque lo anterior es suficiente para el  éxito  de  la acusación, al denunciarse la comisión de otros errores de hecho  en  la  apreciación probatoria, en la lógica de lo expuesto, el estudio sería  de  recibo  en  la  medida que se dirijan a poner de presente la fecha precisa o  aproximada  hasta  la  cual se extendió la unión marital de hecho declarada en  la  mencionada  acta  de  conciliación,  porque  si  se  enderezan a cuestiones  distintas,  el  resultado  dicho  no  cambiaría, de ahí que ninguna incidencia  tendría   la  omisión,  suposición  o  tergiversación  de  otros  medios  de  convicción. En palabras de la Sala:   

“(…)  la  ‘mera  circunstancia  de  que  en  un  fallo  no  se  cite  determinada prueba o parte del contenido de la  misma,  no  implica error manifiesto de hecho, a menos que de haber apreciado el  ad-quem   tal  medio  de  convicción,  la  conclusión del pronunciamiento ciertamente hubiere tenido que  ser     distinta     a     la     adoptada     por    el    fallador’”7.   

En  el  resto del cargo, la censura desvió  esa  atención,  pues  en  términos  generales, al margen de que sea cierto, lo  cual  será  objeto  de  análisis  en  la  sentencia  sustitutiva,  encauzó su  actividad  a probar contra la audiencia de conciliación, vale decir, a negar la  unión  marital  de hecho declarada por los mismos compañeros permanentes Julio  César Bermeo Vargas y Mariluz Torres Ramírez.   

La  Corte,  por lo tanto, se ve relevada de  resolver  los  errores  correlativos  (numerales  2.2.,  2.4  y 3, compendio del  cargo),  esto  es, a establecer, en la dirección indicada por la censura, si el  Tribunal  supuso  el  interrogatorio  de Mariluz Torres Ramírez; si omitió las  pruebas  documentales  relacionadas  con  la  seguridad  social,  así  como  la  declaración   de   Nubia   Inés  Galindo  de  Bermeo;  o  si  tergiversó  los  interrogatorios  de  César  Augusto  y  Diana  Marcela  Bermeo Galindo, de Juan  Carlos  Bermeo  Peralta,  de  María  Elsy  Cárdenas Gómez y de Elsa González  Canal,  estas  dos últimas, madres de las menores, Elsa Gineth Bermeo González  y Angie Daniela Bermeo Cárdenas.   

7.  En  consecuencia,  al  salir  avante el  cargo,  en  los  términos  indicados,  sería  el caso proferir la sentencia de  reemplazo,  pero  antes  se  estima necesario, en aplicación del artículo 372,  inciso  2 del Código de Procedimiento Civil, decretar de oficio la práctica de  pruebas.   

4. DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en nombre de la  República   de   Colombia   y   por   autoridad   de   la   Ley,   CASA  la sentencia de 12 de enero de 2012,  proferida  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Ibagué, Sala  Civil-Familia,  en  el  proceso  ordinario  de  María Cecilia González Cortés  contra  herederos  determinados  e indeterminados de Julio César Bermeo Vargas.   

Acorde    con    lo    anunciado,    se  ordena:   

a)   Tener,   para   los   fines  legales  consiguientes,  como  elemento  de convicción, la manifestación efectuada ante  el  Notario  Tercero  del  Círculo de Ibagué por el señor Julio César Bermeo  Vargas,  el  11  de  agosto  de 2008, sobre los hechos investigados, pues pese a  allegarse  al  momento  de  recibirse  el  interrogatorio  de  la  señora  Elsa  González  Canal,  la  jurisdicción  no  adoptó  ninguna  decisión  sobre  su  incorporación  al  proceso,  en  tanto  el fallador de primera instancia no las  tuvo  en cuenta por haber sido aportada “(…) fuera  de la etapa probatoria (…)”.   

b) Allegar copia auténtica de la demanda de  cesación  de efectos civiles del matrimonio católico de Nubia Inés Galindo de  Bermeo  contra  Julio  César Bermeo Vargas, y de su contestación, al igual que  de  los  interrogatorios absueltos por las partes, a cuyo efecto se oficiará al  Juzgado Cuarto de Familia de Ibagué.   

Igualmente,  copia auténtica de lo actuado  en  el  proceso  ordinario  de declaración de unión marital de hecho promovido  por  Mariluz  Torres  Ramírez  contra Julio César Bermeo Vargas, en el Juzgado  Tercero   de   Familia   de   Ibagué,  para  lo  cual  se  librará  el  oficio  correspondiente.   

Ante  la  prosperidad  del recurso, ningún  pronunciamiento sobre costas se impone.   

CÓPIESE Y NOTIFÍQIUESE  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUÍZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA    

1  Sentencia de 14 de diciembre de 2011, expediente 01489.   

2  Sentencia 172 de 22 de septiembre de 2000, expediente 5362.   

3  Sentencia 030 de 21 de marzo de 2000, expediente 5198.   

4 Cas.  Civ. Sentencia 065 de 25 de mayo de 2000, expediente 5489.   

5  Sentencias  081  de  21  de  septiembre  de  1998,  CCLV-652,  segundo semestre,  reiterando   doctrina   anterior;   y   de   8  de  abril  de  2014,  expediente  00138.   

6  Sentencia  de  11 de junio de 2011, expediente 00591. Evocando jurisprudencia de  095  de 27 de julio de 2007, expediente 00718; de 5 de mayo de 1998 (CCLII-1355)  y 092 de 17 de mayo de 2001.   

7  Sentencia  de 16 de diciembre de 2010 expediente 2003-00502, reiterando doctrina  anterior.     

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