SC9100-2014 [2006-00146-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL   

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

Magistrado  Ponente   

SC9100-2014  

Radicación           n°  1100131030272006-00146-01   

(Aprobada en Sala de cinco (05) de mayo de dos  mil catorce (2014).)   

           

Bogotá  D.C.,  once (11) de julio de dos mil  catorce (2014).   

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  la  parte  demandante  contra  la  sentencia dictada el 1° de  octubre  de  2012, por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá,  dentro  del  proceso ordinario promovido por el Edificio Rio Claro  Propiedad  Horizontal  frente a la Empresa de Energía de Bogotá S. A. -Empresa  de Servicios Públicos E.E.B. (E.S.P.)- y Codensa S.A. E.S.P.   

I.- EL LITIGIO  

                      

1.-   La  actora pide se declare que en  1982  fue ubicada en su edificación una subestación eléctrica perteneciente a  la  Empresa  de  Energía  de  Bogotá  S.A. Empresa de Servicios Públicos, y a  partir  del  23  de  octubre  de  1996  a  Condensa  S.A.  E.S.P.;  y  que estas  infringieron  la  prohibición  contenida  en  el  artículo 34 de la Ley 142 de  1994,  por  cuanto  no  le  han retribuido la ocupación del área por la citada  máquina.  En  consecuencia,  reclama  sean  condenadas  a pagar el monto que se  demuestre  en  el  litigio  o,  en su defecto, la suma de doscientos un millones  seiscientos  mil  pesos ($201.600.000), con su corrección monetaria e intereses  legales, por la utilización de aquél  espacio.   

Subsidiariamente, solicita se señale que con  el  usufructo  de  la  franja  de  terreno  donde  está  situado el equipo, las  demandadas  se  enriquecieron  y  la accionante se empobreció correlativamente,  sin  mediar  causa  legal. Como corolario, deprecó condenar a aquellas a cubrir  el  valor  que se acredite por el disfrute de dicha superficie, desde 1982 hasta  el  día  en  que  se  verifique  tal  pago, “con la  correspondiente  corrección  monetaria…más  intereses  moratorios  a la tasa  más   alta   permitida”  (fls.  71  y  72  del  c.  1).   

2.-     La     causa     petendi  se  sintetiza así (fls. 68 a 70  ibídem):   

a.-) La propiedad horizontal, que se sometió  al  régimen de la Ley 675 de 2001 mediante la escritura pública n° 4637 de 21  de  noviembre  de  2002  otorgada  en  la  Notaría Doce de este Círculo, está  situada en la calle 116 n° 36-29 de Bogotá.   

b.-)   En el sótano de la edificación  de   cinco   plantas   funciona  una  “subestación  eléctrica”  que ocupa una zona de veintiocho metros  cuadrados,  desde  el  mismo  momento  en  el que se construyó el inmueble, que  “data  más  o  menos  del año 1982”.   

c.-)  Consciente  Codensa de la prohibición  legal  de mantener privilegios, comenzó con los propietarios de los predios una  campaña  para regular la situación jurídica en la que operan las “estaciones”.   

d.-)  De  acuerdo  con  las  dimensiones del  espacio  ocupado  por  las  convocadas  y  las  características  propias  de la  edificación,  el valor mensual del canon de arrendamiento dejado de cancelar se  estima en setecientos mil pesos ($700.000).   

3.-  Notificadas de la admisión del libelo,  las accionadas se pronunciaron de esta forma:   

a.-)  La  Empresa de Energía se opuso a las  pretensiones,   salvo   a  la  primera,  y  adujo  en  su  defensa  “la      inexistencia      de      obligación     que     genere  indemnización”      y      la      “prescripción”    (fls.    105   a  111).   

b.-) Condensa S.A. E.S.P. se resistió a las  súplicas  y propuso las defensas de “falta de causa  para  demandar  por existencia de servidumbre”,   “ausencia         de         empobrecimiento  correlativo”,              “prescripción”  y  la  “genérica”     (fls.     137    a  141).   

4.-  La  sentencia  de  primera  instancia  declaró  probadas  las excepciones de “inexistencia  de  obligación  que  genere  indemnización”  y  la  “ausencia         de         empobrecimiento  correlativo”;   y,   en   consecuencia,  negó  las  aspiraciones   del   escrito   introductor    (fls.  347  a  354,  cuaderno  1).     

          5.-   Apelada  por  la parte vencida, la decisión se confirmó  integralmente  por  el  superior,  mediante fallo de 1º de octubre de 2012, que  recurrió en casación ese mismo extremo.   

II.-     FUNDAMENTOS     DEL     FALLO  IMPUGNADO   

Su resumen es el que sigue:  

1.-  Para  definir  el  problema  jurídico  importa  establecer  el  carácter  vinculante  que  pueda  tener el contrato de  arrendamiento  celebrado  en  1982 entre el antiguo propietario del edificio con  la Empresa de Energía de Bogotá.   

2.- La reclamación principal se sustenta en  una    supuesta   conducta   violatoria   de   las   normas   sobre   prácticas  discriminatorias,  abusivas  o  restrictivas  de la competencia; mientras que la  subsidiaria en un enriquecimiento sin causa.   

3.-   Se   desestima   la   primera   por  cuanto:   

a.-)   El artículo 34 de la Ley 142 de  1994   versa   sobre   las   relaciones  entre  competidores  que  disputan  las  preferencias de la clientela en un mercado.   

b.-)  Ese  precepto no aplica al caso porque  entre  las  partes  en  contienda  no existe competencia alguna que llegue a ser  objeto  de estudio para determinar “si es o no justa  la  emulación que pueda tildarse como restringida en cuanto al uso del suelo en  la   operación   de   la   subestación   eléctrica   instalada”.   

c.-)   Los  hechos  discutidos datan de  1982,  y por ello, mal podría cobijarlos una disposición expedida en 1994, por  el  carácter  irretroactivo  de  la  ley,  que  surte  efectos  a  partir de su  promulgación  o  de la fecha que ella establezca, pero nunca para interferir en  las  relaciones  negociales  consumadas  con  anterioridad  a su vigencia.    

d.-)  Adicionalmente,  en  todo  contrato se  entiende  incorporada la normatividad que rige al tiempo de su celebración, sin  que las nuevas preceptivas puedan alterar los pactos preexistentes.   

e.-) Las circunstancias debatidas tampoco es  factible  calificarlas  de  actos  y conductas de competencia desleal, pues, por  una  parte,  la  actora  no  indicó a cuál de “los  tipos      de      deslealtad     legal     se     ajusta      ‘el       privilegio’   injustificado atribuido a las  demandadas  como  de  aquellos  que contrarían la buena fe mercantil, las sanas  costumbres   mercantiles,   los   usos   honestos   en   materia   industrial  o  comercial”;  y,  por  la otra, no se advierte que el  proceder  cuestionado  corresponda  a  la  cláusula  general  contenida  en  el  artículo  7º  de  la  Ley 256 de 1996, que, además, no gobierna la deslealtad  competitiva   alegada,   que   data   de   antes   de   su   entrada   en  vigor  (1982).        

          4.- Se niegan la súplica subsidiaria porque:   

a.-)  El enriquecimiento alegado tuvo origen  en  el  convenio  suscrito  entre el antiguo dueño del inmueble y la empresa de  energía,  aspecto  que descarta de plano el cuasicontrato invocado, esto es, la  inexistencia    de    una    causa    justificante   del   beneficio   lucrativo  reportado.   

b.-) Como la relación debatida está regida  por  dicho  acuerdo,  aún vigente, el desequilibrio económico aquí aducido es  objeto de acciones distintas a la ejercida.   

c.-)   En todo caso, en el pleito no se  discute  la  existencia  y  vigencia de ese pacto, ni la entrega de la tenencia,  sino  la oponibilidad del mismo frente a la administradora de los bienes comunes  del predio en el que está instalada la subestación eléctrica.   

Acá,  aunque  no  figura el acto expreso de  transferencia  de  los  derechos y obligaciones derivados del arrendamiento o su  cesión  por  Fernando  Ruíz  y  Cía.  Ltda.  al  Edificio Rio Claro Propiedad  Horizontal;  lo  cierto  es  que  al  constituirse  ésta  luego  de ajustado el  contrato  quedaron  atados  a  ella  como  excepción a la regla “res   inter   alios   acta”,  derivada  de   “la  naturaleza  del objeto sobre el cual  recae   el   acto  o  contrato”,  surtiendo  efectos  respecto  de  los  copropietarios  de  los  bienes comunes, entre ellos, la zona  arrendada.   

Esa  secuela surge de la clase de patrimonio  que  soporta  las  consecuencias contractuales (habent  causam  auctoris propter rem singulam). Por tal motivo,  la  accionante  no es un tercero en la aludida relación, siéndole aplicable la  premisa  doctrinaria,  a  cuyo  tenor:  “los  actos  jurídicos  realizados  por los antecesores de quien adquiere una cosa a título  singular  le  aprovechan   y  le perjudican como si él hubiera intervenido  personalmente en tales actos”.   

Es  más,  la  oponibilidad  del  acuerdo de  voluntades   a  los  actuales  litigantes  se  evidencia  con  las  pruebas  recaudadas, así:    

1°.-)  La copia auténtica del contrato  de  arrendamiento  de  22 de enero de 1982, entre Fernando Ruíz y Cía. Ltda. y  la  Empresa  de  Energía  Eléctrica  de  Bogotá,  según  el  cual el primero  entregó  al  otro  la  tenencia  de  un  local de la calle 116 N°36-29 para la  instalación  de  la  subestación  de  servicio,  por  un término de cincuenta  años,  pactando  un  canon de cincuenta pesos por todo ese lapso, dinero que el  arrendador declaró haber recibido por anticipado.   

2°)  El  folio  de  matrícula  50N 429274,  muestra  que  el  arrendador  era  el  dueño  del  inmueble  para  la  fecha de  suscripción  del  convenio  y  luego  lo  sometió  al  régimen  de  propiedad  horizontal  bajo  el  nombre  de  Edificio  Rio Claro P. H., según consta en la  escritura 1204 de 21 de julio de 1982.    

3°) En la relación negocial participó como  arrendataria  la  Empresa  de  Energía  Eléctrica  de  Bogotá,  que  después  transfirió  los  derechos  de  la  subestación  a Codensa S.A., sin oposición  alguna de la otra estipulante.   

4°) Los testimonios de Miguel Rueda Silva y  Oscar  Ballén  Herreño dan cuenta del actual funcionamiento y mantenimiento de  la  subestación,  y  que ello es permitido  por la demandante, corroborado  con   las   repuestas   evasivas   de  su  representante  legal  y  “el mismo contexto de la demanda”.   

Esto  muestra  la  subsistencia del vínculo  jurídico  en  cuestión  entre los actuales contendientes procesales, en virtud  de  la  “‘causahabiencia contractual’”, ya que  persisten en ejecutar y permitir el desarrollo de su objeto.   

III.- LA   DEMANDA  DE  CASACIÓN   

El libelo con el que se sustenta el recurso  extraordinario  contiene  dos cargos enfilados por la  causal      primera,     cuyo     análisis   se   acometerá   en  el  orden  lógico   planteado;        más   si   se   repara   en   que   el   inicial   concierne   a   la  pretensión    principal,    y   el   otro   a   la  subsidiaria.   

PRIMER CARGO  

Con apoyo en la causal primera del artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  se  acusa  el  fallo de violar por  interpretación errónea, el artículo 34 de la Ley 142 de 1994.   

En la fundamentación se expone:  

a.-)   El  inciso  inicial del precepto  infringido   tiene   dos  “segmentos”:  El  primero señala que “‘Las  empresas de servicios públicos,  en  todos  sus  actos  y  contratos, deben evitar privilegios y discriminaciones  injustificados’”.  El  segundo    dispone    que    a    esas   compañías   compete   “abstenerse  de toda práctica que tenga la capacidad, el propósito  o  el efecto de generar competencia desleal o de restringir en forma indebida la  competencia”.   

Por lo tanto, regula situaciones distintas, a  manera  de  prohibición.  Una consiste en evitar privilegios y discriminaciones  injustificados  en todos sus actos y contratos; y la otra, en abstenerse de toda  practica  que pueda generar competencia desleal o restrictiva de la competencia.   

El  fallador se equivocó al entender que el  precepto  se  circunscribía  a  reglar  la  relación  entre  competidores, sin  advertir  que  contiene  un  postulado  general  aplicable  a  todos los actos y  contratos  celebrados  por  las  empresas de servicios públicos, incluyendo los  que las vinculan con los usuarios y con terceros.   

                     

          La       Ley       142      de      1994      no      define      la  expresión                     “privilegios”  empleada  en  el  artículo  en  cuestión,  por  lo  que acudiendo a su sentido natural y  obvio,  destacado  en  el  Diccionario de la Real Academia Española, el vocablo  corresponde  a  la  “exención de una obligación o  venta  exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por  determinada circunstancia propia”.   

          Significa,  entonces,  que  la  normatividad  impone  a las aludidas  entidades  como  regla  prohibitiva  la  de evitar a toda costa la existencia de  exenciones  de  obligaciones  o  ventajas  exclusivas  a  su  favor en todos sus  actos.    

         

          La  Corte  Constitucional  en  la sentencia C-066 de 1997 determinó  que  las actuaciones y contratos de los entes prestadores de servicios públicos  domiciliarios  deben  someterse  a  los  principios  consagrados  en  el título  preliminar  de  la  comentada  ley,  a  saber:  eficiencia,  eficacia,  calidad,  información,  no  abuso  de  la  posición  dominante, acceso, participación y  fiscalización  de  los  servicios,  cobro  solidario y equitativo, neutralidad,  legalidad, esencialidad, garantía a la libre competencia, etc.   

          El   sentenciador   bajo   el   pretexto  de  que  la  normativa  es  irretroactiva  desconoció   que  también es de vigencia inmediata, lo que  comporta  que  a  partir de su promulgación cobija las circunstancias fácticas  descritas  en  ella,  incluyendo  las  que  surjan  con  posterioridad y las que  estaban en desarrollo.   

          Y  es  que,  según lo explica la doctrina, la nueva preceptiva debe  aplicarse  a  “los hechos, relaciones y situaciones  jurídicas  nuevas  y  aún  a las consecuencias de las relaciones y situaciones  jurídicas existentes”.   

CONSIDERACIONES  

1.-  La demandante solicitó declarar que en  el  sótano  de la edificación en la que se ubica la propiedad horizontal está  instalada  una  subestación  eléctrica  desde  1982,  con lo que se vulnera la  prohibición  legal  prevista en el artículo 34 de la Ley 142 de 1994, relativa  a  que  las  empresas  de  servicios públicos domiciliarios eviten “privilegios”  en  sus  actos,  al no  pagarle  por  la  ocupación  y utilización de esa maquinaria. En consecuencia,  pidió   condenar   a   las  convocadas  a  cancelarle  doscientos  un  millones  seiscientos  mil  pesos  ($201.600.000),  más los intereses legales, o el valor  que se acredite en el proceso.   

En  subsidio,  deprecó  se  señale que las  citadas  se han enriquecido injustificadamente con el uso dela respectiva área,  veintiocho  metros cuadrados, por lo que deben girarle la cifra que se demuestre  en el litigio.   

2.-  El  Tribunal confirmó la sentencia del  a-    quo,  que declaró probadas las excepciones de  mérito  de  “inexistencia  de  la  obligación que  genere     indemnización”     y     “ausencia     de    empobrecimiento    correlativo”,  y  negó las aspiraciones del pliego introductor, por estimar que  la  norma  en  mención  no  aplica  al  caso  debatido,  por  versar  sobre las  relaciones  entre  competidores que se disputan las preferencias de la clientela  en  un  mercado,  y  por  cuanto  no  es  posible darle alcance retroactivo para  cobijar una situación que viene desde 1982.   

3.- La impugnante aduce, en síntesis, que el  juzgador   se   equivocó   al   entender   que  el  artículo  34  ibídem,  se  circunscribió  a reglar la  relación  entre  competidores,  sin  advertir que contiene un postulado general  aplicable  a  todos  los  actos  y  contratos  celebrados  por  las  empresas de  servicios  públicos,  incluyendo  los  que  las vinculan con los usuarios y con  terceros.   

4.-  Para  que  haya  violación  de  normas  sustanciales  por  vía  directa,  se  requiere  que el recurrente demuestre los  falsos  juicios  que  de  ellas hizo el sentenciador, bien sea porque no tuvo en  cuenta  las  que  gobernaban el caso, aplicó preceptos que le son completamente  ajenos  o,  a pesar de  haber acertado en su selección, les dio un alcance  que no tienen.   

Como  en  reiteradas  oportunidades  lo  ha  advertido  la  Corte,  entre  ellas,  en sentencia CSJ SC, de 17 de noviembre de  2005,   Rad.   7567,  reiterada  CSJ  SC  de  15  de  noviembre  de  2012,  Rad.  2008-00322,    

“…Corresponde, por ende, a una causal de  pleno  derecho,  encaminada  a  develar una lesión producida durante el proceso  intelectivo  que  realiza  el  fallador,  por acción u omisión, en la labor de  escogencia  y  exégesis  de  la  regulación  que  considera  aplicable, con un  resultado  ajeno  al  querer del legislador (…) En tal sentido ha precisado la  Corte  que  la ‘violación  directa  de  las  normas sustanciales, que como motivo de casación contempla la  causal  primera  del  artículo 368 ibídem, acontece cuando el sentenciador, al  margen  de  toda  cuestión probatoria, deja de aplicar al caso controvertido la  disposición  sustancial a que debía someterse y, consecuentemente, hace actuar  las  que  resultan  extrañas  al  litigio,  o  cuando  habiendo  acertado en la  disposición  rectora  del asunto, yerra en la interpretación que de ella hace,  y  que, por lo mismo, cuando el ataque en casación se funda en la causal que se  comenta,  compete  al  recurrente  centrar  sus juicios exclusivamente sobre los  textos   legales   que   considere   inaplicados,   indebidamente   aplicados  o  erróneamente   interpretados,   prescindiendo,   desde   luego,   de  cualquier  consideración  que  implique  discrepancia  con las apreciaciones fácticas del  sentenciador,   cuestión   esta   que   sólo   puede  abordarse  por  la  vía  indirecta”.   

5.- Los hechos con trascendencia para adoptar  esta  decisión,  indiscutibles  por  invocarse  la violación directa de la ley  sustancial, son los siguientes:   

a.-) Que según el certificado de matrícula  n°  50N-429274,  que  corresponde  al inmueble ubicado en la calle 116 36-30 de  Bogotá,  el  propietario  del  bien en 1982 era la sociedad Fernando Ruiz &  Cía.  Ltda.,  el  reglamento  de propiedad horizontal se formalizó mediante la  escritura  pública  1204 de 21 de julio de 1982 otorgada en la Notaría Doce de  esta  ciudad; y el acogimiento a las disposiciones de la Ley 675 de 2001 se hizo  a  través  del instrumento 4637 de 21 de noviembre de 2002, emanado de la misma  oficina (fls. 26 a 28).   

b.-) Que el 22 de enero de 1982 se suscribió  un  contrato de arrendamiento entre Fernando Ruiz & Cía. Ltda., arrendador,  y  la  Empresa  de  Energía  Eléctrica  de  Bogotá,  inquilina,  “para     la     instalación     de    una    subestación    de  servicio”  en el citado predio, pactándose un canon  de   cincuenta   pesos   ($50)   por   el   término  de  cincuenta  años  (fl.  102).   

c.-)  Que Codensa S.A. E.S.P. se constituyó  como  empresa  de  servicios  públicos domiciliarios en escritura 4610 de 23 de  octubre  de  1997, proveniente de la Notaría Treinta y Seis de la capital de la  República (fl. 144).   

6.-  El ataque que ahora analiza la Sala en  relación  al entendimiento que el Tribunal dio al artículo 34 de la Ley 142 de  1994,  tiene  idéntico  contenido  al  primero  que  la  Corte  estudió  en la  sentencia  CSJ  SC de 19 de dic. de 2012, Rad. 2006-00164-01, precisamente en un  proceso  en  el  que  se  plantearon  las  mismas  pretensiones,  frente  a  una  situación fáctica de contornos similares al presente asunto.   

Por lo tanto, si ya la Corporación cumplió  en  ese  instante  su  labor de unificación de la jurisprudencia en torno a tal  punto  de  derecho,  los  argumentos  que allá se expresaron para desestimar la  censura,   sirven   acá   para   concluir,   igualmente,  el  fracaso  de  este  reproche.   

Los  razonamientos  de  la  sentencia  de  casación citada, son los siguientes:   

“Es  principio  rector  de  la actividad  judicial   el   indagar   por   el   ‘verdadero      sentido’  de  las  normas jurídicas, tal como lo manda el artículo 26 del  Código   Civil,  estatuto  que  además  de  establecer  algunos  criterios  de  interpretación  (textual,  lógico,  histórico, sistemático), prohíbe la que  se  hace  de  manera  insular  para  ampliar o restringir la extensión que deba  darse  a  la  ley (artículo 31 ibídem). Uno de tales criterios considera a las  reglas   jurídicas  como  elementos  de  un  sistema,  razón  por  la  que  la  interpretación  de  las  mismas  se  orienta  hacia  su armonización dentro de  éste,  con  el  fin  de evitar incompatibilidad de unas normas con otras, o que  éstas  sean  contrarias  al  propio  conjunto  normativo.  En  relación con la  disposición  legal presuntamente mal interpretada, no puede soslayarse que ella  hace  parte  del  Título  II de la Ley 142 de 1994, que contiene el régimen de  los  actos  y  contratos de las empresas de servicios públicos domiciliarios, y  por   ende  tal  acápite  regula  dos  tipos  de  operaciones  diferentes:  los  contratos,   y   los   actos.  Los  primeros  deben  interpretarse  ‘en  la  forma  que mejor garantice la  libre   competencia   y   que   mejor   impida   los   abusos  de  la  posición  dominante’  (artículo  30);  a  la  par  que  los  segundos,  según  expresión  que ciertamente tiene  carácter    general,   se   rigen   ‘exclusivamente  por  las  reglas  del  derecho  privado’ (artículo 32), normas que armonizan  con  las que persiguen evitar prácticas comerciales restrictivas, y con las que  prohíben  y  sancionan  los  actos  de competencia desleal. Es por ello que las  disposiciones  del  mencionado  Título II de la Ley 142 de 1994, por la vía de  la  protección  a la libre competencia, se orientan a salvaguardar los derechos  de  los  usuarios  del respectivo servicio público domiciliario. Ahora bien, no  desconoce  la  Corte que el inciso primero del citado artículo 34 de la Ley 142  de     1994     contiene     dos     supuestos     de     hecho     ‘separados  por  una  coma  (,)  y una  (y)’  tal como afirma el  recurrente,  pero  ambos  se encuentran orientados a la misma y única finalidad  ya   mencionada.  En  efecto,  la  segunda  parte  de  la  norma  establece  una  prohibición  que  se  enmarca  en  el aludido criterio de interpretación, pues  ordena    a    las    empresas   de   servicios   públicos   que   ‘en     todos     sus    actos    y  contratos’  se abstengan  de  ‘toda  práctica que  tenga  la  capacidad, el propósito o el efecto de generar competencia desleal o  de     restringir     en     forma     indebida    la    competencia’.  De  manera que si esta parte de la  norma  reiteró  la  proscripción  general  de incurrir en actos de competencia  desleal  y  en  prácticas comerciales restrictivas, debe colegirse que la parte  inicial      del     artículo     –cuya  hermenéutica  se puso en entredicho- se refiere a otra clase  de  situaciones, aunque, se repite, en el marco de una misma orientación. Dicha  disposición       consagra       que      tales      empresas      ‘en  todos sus actos y contratos (…)  deben   evitar   privilegios   y   discriminaciones   injustificados’,   y   puesto   que  las  conductas  consistentes  en  privilegiar  y  discriminar,  para  que  sean  completas en su  significado  requieren un complemento (porque no sería admisible desde el punto  de  vista  normativo que se privilegiaran o se discriminaran a sí mismas), debe  entenderse  que la correcta interpretación de la norma conduce a considerar que  los   ‘actos’  que  se  deben  evitar  son los que  establezcan   privilegios   o   realicen   actos  discriminatorios  ‘injustificados’  a favor o en contra de los usuarios  de  los  servicios,  pues en función de ellos es que existe la normatividad que  los  regula,  y  son  quienes  en  últimas se benefician de que tal régimen se  desarrolle  en  forma  libre  y en un ambiente de sana competencia. A propósito  del  aserto  anterior,  obsérvese  en la norma cuya correcta interpretación se  cuestiona,   la   atinada   utilización  de  verbos  transitivos  (privilegiar,  discriminar),  los  que  tal  como  lo  señala  la Real Academia Española, son  aquellos  que  se  construyen  con complemento directo, pues si no lo tienen, no  incorporan  una  idea  completa  (v.  gr.  el  verbo  hacer,  ya  que siempre es  necesario  especificar qué se hace). Precisamente lo que acaba de decirse es lo  que  explica que las empresas de servicios públicos de manera unilateral puedan  establecer  privilegios  o  discriminaciones,  entre  los  usuarios, que, por no  tratarse  de  actos  injustificados,  serían  considerados  como  un  legítimo  ejercicio  de  la  libre  empresa;  tal el caso de la facultad para ‘determinar  libremente las tarifas de  venta       a       medianos      y      pequeños      consumidores’  respecto de usuarios o consumidores  no     regulados     bajo     el    régimen    denominado    de    ‘libertad     vigilada’  (artículos  14.11  y  88 de la Ley  142).  En  consecuencia,  sería  excediendo  las  facultades conferidas por ese  estrecho  margen  de “libertad vigilada” en el que las empresas de servicios  públicos  podrían  desarrollar  las  ‘prácticas  discriminatorias,  abusivas  o restrictivas’  de  que trata, para prohibirlas, el  inciso  primero del artículo 34 de la Ley 142 de 1994. Depurado el real sentido  de  la  disposición  estudiada, coincide la Sala, en parte, con la apreciación  del  recurrente  en  el  sentido  de advertir un error en la interpretación que  respecto  del  artículo  34  de  la Ley 142 de 1994 efectuó el Tribunal, en la  precisa  medida  en  que  su análisis no fue completo. No obstante, dado que la  decisión  censurada  se  enmarcó  en  el  ámbito  de  la  prestación  de los  servicios  públicos,  el  anotado desatino hermenéutico resulta intrascendente  ya  que  su  enmienda  no  conduciría  a  modificar la decisión desestimatoria  emitida  por  los  juzgadores  de  instancia.  En  efecto, el extremo demandante  pretendió  ver  en  la norma invocada algo que ella en realidad no expresa: que  el    legislador    estableció    como    prohibición   la   de   ‘evitar     privilegios’  injustos  a  favor  de  las  mismas  empresas  de  servicios  públicos,  lo  que  condujo al actor a subsumir en esa  disposición  un  supuesto  fáctico  no regulado allí, ya que él no actuó en  calidad  de consumidor o usuario de ese servicio público. La utilización de un  área    en    el    semisótano    del    Edificio  Torre  de  la 64 en nada se  relaciona  con  las situaciones regladas que, como se dijo en precedencia, hacen  referencia  únicamente  a la prestación de un servicio público en condiciones  de  igualdad a favor de los usuarios, y en desarrollo de la libre competencia en  el  mercado.  Por consiguiente, aunque en la interpretación de la norma base de  la  decisión  se  hubiera  incurrido  en  el error anotado, de todas maneras la  pretensión  del  actor carecía de vocación para salir airosa. En este sentido  poco  importa  el  ámbito  temporal  de aplicación de la Ley 142 de 1994, pues  aunque  podía  regular situaciones de hecho que se encontraban en desarrollo al  momento  de  su  entrada  en  vigencia,  de  conformidad  con  lo previsto en el  artículo  189  -salvo  las  excepciones en materia de transición legislativa-,  ello  resulta  inane  para determinar el sentido de la decisión, puesto que, se  insiste,  es  el  fundamento  fáctico  alegado  en la demanda que dio origen al  proceso  el  que  no se enmarca en el supuesto de hecho de la norma invocada, de  lo  que  surge su natural inaplicabilidad. Finalmente, debe anotarse que tampoco  resultó  pertinente  la  insular  cita  de la sentencia C-066 de 1997 traída a  colación  por el casacionista, toda vez que el estudio de constitucionalidad no  versó  sobre  la  norma  cuya  interpretación  se cuestionó en el proceso que  ocupa  la  atención  de la Sala, aunado a que en dicho fallo lo que se analizó  fue  ‘si la regulación de  la  prestación  de  los servicios públicos domiciliarios, en tanto sometida al  régimen  del  derecho  privado  por  mandato  de  la  ley 142 de 1994, viola la  Constitución   convirtiéndose,   como   lo   afirma   el  demandante,  en  una  ‘privatización’    de    la   reglamentación   de   tales   servicios’.   

En suma, advertido como está que el uso de  una  parte  de  un sótano de un edificio para la operación de una estación de  servicio  eléctrico  no encaja dentro de los aspectos regulados en la norma que  sustenta  la  pretensión  principal,  artículo  34  de  la Ley 142 de 1994, la  intrascendencia  del  cargo  aflora  como  motivo  para señalar que el mismo no  prospera.   

SEGUNDO CARGO  

          Con   apoyo   en   la  causal  primera  de  casación,  denuncia  la  vulneración  indirecta  de  los  artículos  8° de la Ley 153 de 1887, 831 del  Código  de  Comercio  y  306  del  Código  de  Procedimiento Civil, por cuanto  incurrió  en  error  de  hecho  en  la apreciación de la demanda, la escritura  pública  4637  de  2002,  los  interrogatorios absueltos por los representantes  legales   de   las  opositoras  y  “los  documentos  visibles a folios 26 a 28 y 102”.   

          En su desarrollo, explica:   

          1.-   En  el  escrito  introductor del pleito se afirmó que la  actora  no  ha  suscrito  con las convocadas convenio alguno, en virtud del cual  haya  cedido temporalmente de manera gratuita la tenencia de la zona donde está  instalada   la   subestación,   ni   ha   recibido   contraprestación  por  el  funcionamiento de la misma dentro del edificio (hecho undécimo).   

          2.-   La  documental  obrante  a  folio  102  fue  suscrita por  Fernando  Ruíz  y  Cía.  Ltda.,  en condición de propietaria, y la Empresa de  Energía  Eléctrica  de  Bogotá,  sin  que  contenga  una nota de cesión o de  transferencia  a  favor  de  otra  persona, por lo que únicamente vincula a sus  estipulantes,  amén de que indica que la subestación se instalará en un local  ubicado   en   la   calle   116   N°36-39,   sin  precisar  la  extensión  del  área.   

          El  Tribunal  alteró el contenido de esa convención, porque dedujo  de  ella que los litigantes eran sucesores de los contratantes primigenios y que  asumieron las obligaciones allí pactadas.   

          3.-  La  escritura  pública  4637  acredita  que  el  edificio  fue  sometido  al  régimen  de propiedad horizontal de que trata la Ley 182 de 1948.  De  ahí  se  desprenden dos hechos: a.-) Que esta normatividad no hacía surgir  una  persona  jurídica  distinta de los condueños individualmente considerados  (artículo  11),  sino que ellos están representados por un administrador; b.-)  Que  no  era factible que el condominio adquiriera obligaciones o derechos antes  de su constitución en propiedad horizontal.   

          El  edificio adquirió personería jurídica el 16 de enero de 2002,  día  en que fue registrado el instrumento público que ajustó el reglamento de  propiedad  horizontal  a la Ley 675 de 2001.  Por tal razón, no hay manera  de  sostener  que  la  actora  es  sucesora  de  quien  firmó  el  contrato  de  arrendamiento.   

          4.-     El    ad   quem  pretirió el interrogatorio absuelto por el representante legal de  la  Empresa  de Energía de Bogotá, quien confesó que no era propietaria de la  subestación  eléctrica,  por  cuanto  sus  activos  los transfirió a Codensa,  manifestación corroborada por el gerente de ésta.   

          Ese  hecho  evidencia,  por un lado, la terminación del contrato de  arrendamiento;  y,  por  el otro, que la actual dueña del equipo es una persona  jurídica  distinta  a  la  que  suscribió  dicho  pacto,  además,  que no hay  convenio  con el Edificio Rio Claro, que justifique la tenencia de la zona donde  está el dispositivo eléctrico en cuestión.   

          5.-   El  reproche es trascendente, porque de no haber alterado  el  texto  de  la  convención e ignorado las demás pruebas, la conclusión del  juzgador  sería  que  el  contrato  no  vinculaba  a  la demandante y no le era  oponible.   Por  lo  tanto,  habría  advertido  la  inexistencia  de causa  jurídica  que  avalara  la  utilización  por  las  accionadas  de la franja de  terreno  en la que por más de veinte años ha estado la subestación, sin pagar  ninguna suma.   

CONSIDERACIONES  

1.- La demandante solicitó declarar que en  el  sótano  de la edificación en la que se ubica la propiedad horizontal está  instalada  una  subestación  eléctrica  desde  1982,  con lo que se vulnera la  prohibición  legal  prevista en el artículo 34 de la Ley 142 de 1994, relativa  a  que  las  empresas  de  servicios públicos domiciliarios eviten “privilegios”  en  sus  actos,  al no  pagarle  por  la  ocupación  y utilización de esa maquinaria. En consecuencia,  pidió  condenar  a  las  convocadas a pagarle la suma de doscientos un millones  seiscientos  mil  pesos  ($201.600.000),  más los intereses legales, o el valor  que se acredite en el proceso.   

En  subsidio,  deprecó  se señale que las  citadas  se han enriquecido injustificadamente con el uso dela respectiva área,  veintiocho  metros  cuadrados,  por  lo  que  deben  cancelarle  la cifra que se  demuestre en el litigio.   

2.-  El Tribunal confirmó la sentencia del  a-    quo,  que declaró probadas las excepciones de  mérito  de  “inexistencia  de  la  obligación que  genere     indemnización”     y     “ausencia     de    empobrecimiento    correlativo”,  y  negó  las aspiraciones del pliego introductor, al estimar que  la  norma  en  mención  no  aplica  al  caso  debatido,  por  versar  sobre las  relaciones  entre  competidores que se disputan las preferencias de la clientela  en  un  mercado,  y  por  cuanto  no  es  posible darle alcance retroactivo para  cobijar  una  situación  que  viene  desde  1982.  La  súplica  subsidiaria la  descartó  porque  el  espacio  que  ocupa  la maquinaria tiene como génesis un  convenio  suscrito  entre  el  antiguo  dueño  del  inmueble  y  la  empresa de  energía,  que  descarta la inexistencia de una causa justificante del beneficio  lucrativo reportado.   

3.- La impugnante aduce que se incurrió en  error  de  hecho  en  la valoración de la demanda, el contrato de arrendamiento  suscrito  en 1982, la escritura pública que contiene el reglamento de propiedad  horizontal  de la accionante, el folio de matrícula inmobiliaria del edificio y  las  declaraciones  de  parte  de las convocadas, lo que en su sentir condujo al  Tribunal  a  considerar  que  no estaban cumplidos los supuestos necesarios para  que    prosperara    la    pretensión    eventual    de   enriquecimiento   sin  causa.   

4.-  La  vía  indirecta  invocada  por  el  recurrente  en  la  modalidad  de  error  de hecho en la valoración probatoria,  sucede  de  manera  ostensible  cuando  el  juzgador  supone,  omite o altera el  contenido  de  las pruebas, siempre y cuando dicha anomalía influya en la forma  como  se desató el debate, de tal manera que de no haber ocurrido otro fuera el  resultado,    lo    que    debe    aparecer    palmario    o    contundentemente  demostrado.   

Sobre  el  punto,  en  sentencia  de  21 de  febrero  de  2012,  Rad.  2004-00649,  reiterada  el 24 de julio siguiente, Rad.  2005-00595-01, indicó la Sala que   

“[E]l error de hecho, que como motivo de  casación  prevé  el  inciso  segundo,  numeral  primero, del artículo 368 del  Código  de Procedimiento Civil, ocurre cuando se supone o pretermite la prueba,  entendiéndose  que incurrirá en la primera hipótesis el juzgador que halla un  medio  en  verdad  inexistente  o  distorsiona  el  que  sí  obra para darle un  significado  que  no contiene, y en la segunda situación cuando ignora del todo  su  presencia  o  lo  cercena  en  parte,  para,  en  esta última eventualidad,  asignarle   una  significación  contraria  o  diversa.  El  error  ‘atañe  a  la  prueba  como  elemento  material  del  proceso, por creer el sentenciador que existe cuando falta, o que  falta  cuando  existe,  y  debido  a  ella  da  por  probado  o  no  probado  el  hecho’   (G.   J.,  T.  LXXVIII,  página  313) (…) Denunciada una de las anteriores posibilidades, el  impugnador  debe  acreditar  que la falencia endilgada es manifiesta y, además,  que  es  trascendente  por  haber  determinado la resolución reprochada, de tal  suerte  que,  de  no  haberse  incurrido  en esa sinrazón, otra hubiera sido la  resolución   adoptada   (…)  Acorde  con  la  añeja,  reiterada  y  uniforme  jurisprudencia  de  la Corporación, el yerro fáctico será evidente o notorio,  ‘cuando   su   sólo  planteamiento       haga       brotar      que      el      criterio’     del     juez     ‘está  por  completo divorciado de la  más    elemental   sindéresis;   si   se   quiere,   que   repugna   al   buen  juicio’, lo que ocurre en  aquellos    casos   en   que   él   ‘está         convicto        de        contraevidencia’ (sentencias de 11 de julio de 1990 y  de  24  de enero de 1992), o cuando es ‘de  tal  entidad que a primer golpe de vista ponga de manifiesto la  contraevidencia  de  la  determinación  adoptada  en  el fallo combatido con la  realidad   que   fluya   del   proceso’  (sentencia 146 de 17 de octubre de 2006, exp. 06798-01); dicho en  términos  diferentes,  significa  que  la  providencia  debe aniquilarse cuando  aparezca  claro  que  ‘se  estrelló  violentamente  contra  la lógica o el buen sentido común, evento en  el  cual  no  es  nada  razonable  ni  conveniente  persistir  tozudamente en el  mantenimiento  de  la  decisión  so  pretexto de aquella autonomía’   (G.   J.,   T.   CCXXXI,  página  644)”.   

5.- Tiene incidencia en la decisión que se  está adoptando, lo siguiente:   

a.-) Que según el certificado de matrícula  inmobiliaria  n°  50N-429274,  que  corresponde al inmueble ubicado en la calle  116  36-30  de Bogotá, el propietario del bien en 1982 era la sociedad Fernando  Ruiz  &  Cía.  Ltda.,  el  reglamento de propiedad horizontal se formalizó  mediante  la  escritura  pública  1204  de  21  de julio de 1982 otorgada en la  Notaría  Doce  de  esta  ciudad; y el acogimiento a las disposiciones de la Ley  675  de  2001 se hizo a través del instrumento 4637 de 21 de noviembre de 2002,  emanado de la misma oficina (fls. 26 a 28).   

b.-)  Que  el  22  de  enero  de  1982  se  suscribió  un  contrato de arrendamiento entre Fernando Ruiz & Cía. Ltda.,  arrendador,   y  la  Empresa  de  Energía  Eléctrica  de  Bogotá,  inquilina,  “para  la  instalación  de  una  subestación  de  servicio”  en el citado predio, pactándose un canon  de   cincuenta   pesos   ($50)   por   el   término  de  cincuenta  años  (fl.  102).   

c.-) Que CONDENSA S.A. E.S.P. se constituyó  como  empresa  de  servicios  públicos domiciliarios en escritura 4610 de 23 de  octubre  de  1997, proveniente de la Notaría Treinta y Seis de la capital de la  República (fl. 144).   

d.-)  Que en el hecho once de la demanda se  indicó:  “De  acuerdo con el respectivo reglamento  de  propiedad  industrial, el cuarto y las respectiva subestación existen desde  el  mismo  momento  en  que  [se]  construyó el Edificio Rio Claro –  Propiedad Horizontal, que data más  o menos del año 1982” (fl. 70).   

e.-)  Que  al  contestar el pliego inicial,  Codensa  expresó  que  al tiempo de su constitución, la Empresa de Energía de  Bogotá   le   aportó   el  establecimiento  de  comercio  de  distribución  y  comercialización   de  energía,  en  el  que  “se  incluyó  la  subestación  referida  por  el demandante, por ser ella parte del  negocio de distribución” (fl. 138).   

f.-)  Que en el interrogatorio absuelto por  el  representante  legal  de  la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá, este  contestó:   “EEB   no   es   propietaria   de  la  subestación  [ubicada en el Edificio Rio Claro] por cuanto todos los activos de  distribución  fueron  transferidos  a la empresa Codensa […] Es cierto que la  EEB  transfirió  a  Codensa  las subestaciones en los términos indicados en la  escritura   mencionada   [4619   de   23   de  octubre  de  1997]” (fl. 207).   

g.-)  Que  en  su declaración de parte, la  representante   legal   de   Codensa  dijo  que  su  prohijada  es  “la  propietaria  de todos los equipos que se encuentran ubicados  dentro   del   edificio   [Rio   Claro   PH]”  (fl.  209).   

6.-  No  se advierte la estructuración del  yerro endilgado, por lo siguiente:   

a.-)  Expone  la  parte  recurrente  que el  Tribunal  alteró el texto del contrato visible a folio 102 del expediente, para  deducir   del   mismo   la  existencia  de  una  cesión  a  favor  de  terceras  personas.   

De  las  consideraciones  pertinentes  del  juzgador  sobre  ese  medio de acreditación, en manera alguna aflora la alegada  desfiguración  del acuerdo de voluntades, pues, puntualmente se consignó en la  providencia  que  “el  contrato  suscrito entre los  antecesores  sustanciales  de las partes, acordando la tenencia de una parte del  edificio  en  la  calle  116  n°  36.29,  a  favor de la Empresa de Energía de  Bogotá  a  cambio de una contraprestación económica pagada anticipadamente al  propietario    del    inmueble    y   arrendador   del   inmueble”.   

Ahora  bien, la transmisión de los efectos  de  ese  pacto,  vistas  en  estricto  sentido  las  cosas,  se  dedujo  por  el  ad-quem  de otros elementos  de  acreditación,  como  fueron  la  escritura  en  la  que  se  formalizó  el  reglamento  de  propiedad  horizontal  y  la  de  constitución  de Codensa como  empresa de servicios públicos domiciliarios.   

Por  lo  tanto,  la crítica que se hace al  sentencia  de  segundo  grado,  en  cuanto  dio  por sentada la oponibilidad del  contrato  de  arrendamiento  de 1982 a la aquí accionante, más que un esfuerzo  por  develar  la  existencia de un yerro de naturaleza probatoria, se constituye  en  un alegado propio de instancia, en el que el censor expone su propia visión  de los hechos.   

b.-) El Tribunal no efectuó en su sentencia  expresa  ponderación  de las declaraciones de los representantes legales de las  demandadas;  sin  embargo, esa omisión no es trascendente, pues, en ellas no se  hizo  nada  diferente  a  convalidar  lo que concluyó el fallador, esto es, que  EEEB   “transfirió”  a  Codensa  el  establecimiento  comercial  de  venta de energía eléctrica, y con  ello,   los   contratos   de  arrendamiento,  incluido  el  que  posibilitó  la  instalación   y   operación   de   una   subestación   en   el  Edificio  Rio  Claro.   

“La  entrega  de la tenencia del terreno  donde  se  ubica  la estación eléctrica a la parte pasiva por quien al momento  de  hacerlo,  era  su pleno propietario, esto es, tanto de las unidades privadas  como  de  las  áreas comunes, constituyó un acto de su liberalidad que en nada  se  oponía  a los atributos propios del derecho de dominio en cabeza suya y que  gravó  por el término del contrato el inmueble para su disfrute por la entidad  tenedora  o arrendataria (o sus causahabientes, como ocurren en esta oportunidad  atendiendo  a  que  entre  otros  activos,  la  Empresa  de  Energía de Bogotá  transfirió  a  Codensa  S.  A.  ESP  la  subestación eléctrica ubicada en las  instalaciones  del  Edificio  Rio  Claro)  con prescindencia de la transferencia  posterior  del  derecho  de  dominio a los compradores de unidades privadas que,  por  serlo, adquieren simultáneamente una parte alícuota del dominio sobre los  bienes comunes”.   

c.-) Adicionalmente, en lo que atañe a las  restantes  pruebas  señaladas como indebidamente apreciadas (demanda, escritura  4637  de  2002  y  certificado  de  instrumentos  públicos),  no  se observa el  estricto  cumplimiento  de  la  carga  técnica  de  singularizar  los yerros de  apreciación,   verbigracia,   preterición   o   suposición,   limitándose  a  descripciones como la del folio 12 del cuaderno de la Corte:   

“Si  el  Tribunal no hubiera alterado el  texto  del contrato visible a folio 102 y no hubiera ignorado las demás pruebas  mencionadas  en  el encabezamiento del cargo, ha debido concluir que el contrato  vinculaba   a   sus   suscriptores   y   nunca   a   mi  mandante”.   

7.-  Por  último, advierte la Sala en este  cargo  idéntica deficiencia a la encontrada en la segunda censura que ocupó la  atención  de  la  Corte  en  la  sentencia  de  19  de  diciembre de 2012, Rad.  2006-00164-01, esto es, que   

“[E]l   argumento  central  del  fallo  censurado  en  punto de las pretensiones subsidiarias no fue discutido, esto es,  la  inexistencia  de  un  enriquecimiento  sin  causa,  por  la  presencia de un  contrato  de  arrendamiento,  acto jurídico que justifica la tenencia en cabeza  de  las  demandadas del área de terreno dentro del edificio demandante. En este  orden   de   ideas,   aunque   el   análisis   fáctico   y  jurídico   que   efectuó  el  juzgador      ad     quem  pudiera ser discutible, y al margen de  si  la  Corte  lo  prohíja  o  no,  lo cierto es que tal proceder hermenéutico  llega   al   escenario  de  la  casación       acompañado      de      una  presunción  de legalidad y acierto, la cual debe ser  desvirtuada    por    el    recurrente,    dentro   de   los   parámetros  de  la específica causal primera  que  invoca,  en  la  modalidad  de  error  de  hecho  (vía       indirecta),       mediante       la  singularización     y    demostración     de     evidentes    y    trascendentes    errores    en    la  contemplación  objetiva  del  material  probatorio,  situación que no se dio en este caso, pues el censor  tan   solo   expuso   su   particular  visión  del  asunto, insuficiente de suyo  para  quebrar  el  fallo  del  Tribunal. En  relación  con asuntos de este temperamento, la Sala, de manera  reiterativa,   ha   señalado   que   ‘sólo  cuando la tesis que expone la censura es la única admisible  es  procedente  abrirle paso al recurso’  (Cas.  Civ., sentencia del 31 de enero de 2005, Exp. 7872), en el  entendido  de  que  ‘allí  donde  se  (…)  enseñoree  la  dubitación,  no puede salir airoso el recurso  extraordinario  de  casación,  cuya  procedencia  privativamente  finca  en  la  certeza,     en     sí     misma    ajena    a    la    hesitación’  (Cas.  Civ.,  sentencia  del  31 de  marzo  de  2003,  Exp.  7141). En otras palabras, un fallo judicial ‘no  se  puede  socavar  mediante  una  argumentación  que  se  limite  a  esbozar  un  nuevo  parecer, por ponderado o  refinado  que sea, toda vez que, in abstracto, tanto respeto le merece a la Sala  el  criterio que en esos términos exponga la censura, como el que explicitó el  fallador      para      soportar      su      decisión     judicial’  (Cas.  Civ.,  sentencia  del  5  de  febrero de 2001, Exp. 5811)”.   

Por  lo  expuesto, el cargo no sala avante.   

8.-  Ante  la  improsperidad del recurso de  casación  se impone condenar en costas a la impugnante, conforme a lo dispuesto  en      el      inciso      final     del     artículo     375     ibídem,  las  cuales deberá liquidar la  secretaría,  incluyendo  por concepto de agencias en derecho el valor que aquí  se fijará, para lo que se tiene en cuenta que hubo réplica.   

DECISIÓN  

En    mérito    de    las   anteriores  consideraciones,  la  Sala  de  Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia,  administrando  justicia  en  nombre de la República8 y por autoridad de la ley,  NO  CASA la sentencia dictada  el  1° de octubre de 2012, por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Bogotá, dentro del proceso de la referencia.   

                    

Se  condena  en  costas  del  recurso  de  casación  al recurrente. Por concepto de agencias en derecho inclúyase la suma  de  seis  millones  de pesos ($6.000.000), a distribuir por partes iguales entre  los favorecidos, demandados.   

Notifíquese y devuélvase  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

    

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