SC9486-2014 [2006-00650-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

Magistrado Ponente  

SC9486-2014  

Radicación           No.  11001-31-03-027-2006-00650-01   

(Aprobado  en sesión de ocho de abril de dos  mil catorce)   

Bogotá D. C., dieciocho (18) de julio de dos  mil catorce (2014)   

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por la Sala  Civil  de Descongestión del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá,  dentro del proceso ordinario de la referencia.   

I. ANTECEDENTES  

A. La pretensión  

          Jesús  Fernando  Ramírez Carrillo, Luis Antonio Carrillo Candelo y  la  sociedad J. E. Jaimes Ingenieros S.A., en su condición de integrantes de la  Unión Temporal Servicios   

Integrales de Caldas convocaron a juicio a la  Aseguradora  Solidaria  de  Colombia  Ltda.  y  a  la Central Hidroeléctrica de  Caldas  S.A.  E.S.P.  – CHEC  S.A.  E.S.P.,  para  que,  previa  su citación y audiencia, se declarara que la  última  incumplió  la relación jurídica sustancial consignada en el contrato  de prestación de servicios celebrado con ella.   

          En  consecuencia,  reclamaron  que  se  condenara  a  la  empresa de  servicios     públicos     a     pagar     la    suma    de    $485’169.905,oo     por    concepto    de  perjuicios   materiales  y  el  equivalente a mil salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  a  título  de  daño  moral,  con  el reconocimiento de la  indexación correspondiente.   

          Por  último,  pidieron  que se ordenara a la compañía aseguradora  abstenerse  de  pagar la póliza otorgada para garantizar el cumplimiento de las  obligaciones contractuales.   

B. Los Hechos  

1.  La  CHEC  S.A.  E.S.P.  efectuó una solicitud pública de ofertas para contratar la prestación  de   servicios   relacionados  con  la  lectura  de  medidores,  el  reparto  de  facturación  y  control  de  instalaciones por no pago del servicio de energía  eléctrica   (suspensión,   corte   y   reconexión)  a  los  usuarios  de  los  departamentos de Caldas y Risaralda.   

2. La Unión Temporal  Servicios  Integrales  de  Caldas  participó  en  dicha  convocatoria y se hizo  acreedora  de  la  adjudicación del contrato No. 104, el cual se celebró el 28  de abril de 2004.   

3.  Las condiciones  del  referido convenio difieren de lo previsto en los términos de referencia de  la  licitación  pública,  pese  a  lo  cual,  aprovechándose  de su posición  dominante,  la  hidroeléctrica obligó al representante legal de la contratista  a suscribirlo.   

4.  En la cláusula  cuarta  del  pacto  se  indicó  que  los  servicios  objeto de la misma debían  prestarse  en  el  plazo  de  veintiún  meses, salvo los correspondientes a los  municipios  de  la  zona  centro,  que  tendrían  una  duración de doce meses.   

5.  El  valor  del  detrimento  económico  por  las actividades no ejecutadas en el área referida,  ascendió         a         $165’681.106,oo.    

6.   Además,  la  demandada  se  negó  a  generar  las órdenes de servicio correspondientes a la  revisión  previa  de instalaciones domiciliarias en cuantía de $94’319.303,64 y las relacionadas con otras  labores     objeto     del    contrato    por    valor    de    $260’000.410,04,  con  lo cual incumplió lo  acordado.   

7.   El  14  de  diciembre  de  2004,  la demandada dio por terminado el vínculo contractual con  fundamento  en  que la parte demandante había incumplido sus obligaciones al no  realizar  la  toma  de  lectura  de  los  medidores  en  4000  inmuebles  de los  municipios  de  Supía,  Riosucio,  Pácora,  Aguadas,  Pueblo  Rico, Salamina y  Aranzazu.   

8.  La  entidad  demandada  no  pudo  demostrar  de manera objetiva, clara y exacta, si la unión  temporal  realizó  o no, las lecturas en terreno, en tanto el método utilizado  para  determinar  la  cantidad señalada por ese concepto (muestreo aleatorio de  reportes de consumo), no fue aprobado por la firma contratista.   

9.  Aún  si  se  aceptara   la   indicada  metodología,  debería  interpretarse  que  las  4000  mediciones  corresponden  a  un 20.04% de error de lectura, con lo cual solo 800  reportes  serían  equivocados, lo que equivale al 0.76% del total de visitas en  domicilio practicadas entre agosto y septiembre de 2004.   

10. El cumplimiento  de  las  obligaciones de los demandantes se garantizó mediante la constitución  de  una  póliza de seguro expedida por la demandada Aseguradora Solidaria S.A.,  cuyo pago reclamó la empresa de servicios públicos.   

C. El trámite de las instancias  

1.  La  demanda se  admitió  en  providencia de 19 de julio de 2007, la cual ordenó dar traslado a  los convocados al litigio.    

2.  La  Central  Hidroeléctrica  de  Caldas  S.A.  E.S.P. se opuso a las pretensiones y formuló  las    excepciones   que   denominó   «inexistencia  de  incumplimiento  del contrato por parte de la CHEC  S.  A. E.S.P» y «falta    de   competencia».   

Por  su  parte,  la  compañía  aseguradora  demandada    planteó   como   defensas   de   mérito   las   de   «improcedencia  de  la  pretensión  en  contra  de  la  Aseguradora  Solidaria  de  Colombia»,  «inexistencia de obligación indemnizatoria derivada  del    contrato    de    seguro»,    «prescripción   de   las   acciones   derivadas   del  contrato  de  seguro»   además  de  la  conocida          como          «genérica».    

3. Los demandantes  reformaron  el  libelo  para  adicionarlo  en  el  sentido  de  que la CHEC S.A.  también  había  incumplido  el  contrato  al  no  suministrar  los  terminales  portátiles,  baterías  recargables  y  demás  accesorios  indispensables para  realizar  la lectura de los medidores de energía eléctrica, según lo acordado  en la cláusula decimoquinta.    

4.  La sentencia de  primera  instancia  declaró probada la excepción de ausencia de incumplimiento  de   la   empresa  de  servicios  públicos,  y  en  consecuencia,  denegó  las  pretensiones  de  la demanda.   

Adujo la juzgadora que la hidroeléctrica no  incumplió   sus  obligaciones,  por  cuanto  el término de ejecución del  contrato  en  los municipios de la zona centro fue modificado antes de que aquel  se    celebrara    a    través    del   documento   denominado   «adendo  No.  2»,  el  cual  reformó  lo  relativo   al   procedimiento   de   revisión   previa   de  las  instalaciones  domiciliarias  de los usuarios, dejándolo a cargo de los demandantes y no de la  empresa  generadora  de energía, de ahí que fuera innecesario expedir órdenes  de  servicio  para  que se ejecutara esa labor, y por ende, de dicha omisión no  se derivó incumplimiento alguno.       

Con  fundamento en el informe rendido por la  interventoría,  dio  por probado que la sociedad demandada terminó el convenio  con  la  unión temporal en razón del incumplimiento de sus obligaciones, entre  ellas  la  de  tomar la lectura de los medidores de consumo con los instrumentos  adecuados,    es    decir   con   los   «terminales  portátiles»,  cuya  entrega quedó demostrada con la  versión  que suministraron los testigos, a quienes encontró claros, precisos y  concordantes  en relación con la falta de uso de tales equipos para realizar la  labor de medición en las áreas rurales.     

5. Inconforme con lo  resuelto,   la   parte   actora   interpuso   el  recurso  de  apelación.    

6. Mediante fallo de  9   de   diciembre   de   2011,   el  Tribunal  confirmó  lo  decidido  por  el  juzgador.   

D. La providencia impugnada  

El           ad-quem  sostuvo  que  la  conducta de la  demandada  de no ordenar la ejecución del contrato en los municipios de la zona  centro   desde  el  mes  de  abril  de  dos  mil  cuatro,   no  constituía  incumplimiento  de  sus obligaciones, porque dicha entidad modificó el plazo de  prestación  de servicios en esa área antes de que se celebrara dicho convenio,  mediante  una  adición  que  efectuó  al  numeral  1.8.4  de  los términos de  referencia de la licitación pública.   

En  efecto,  en  virtud de la «adenda  No.  2», emitida con anterioridad  a  la  presentación  de  ofertas  en  la  que  participaron los demandantes, se  estipuló  que  «las  actividades correspondientes a  los  Municipios  de la Zona Centro, comenzarán a ejecutarse a partir del mes de  enero  de  2005,  con  una duración, por tanto, de doce (12) meses, exceptuando  las  de  los  municipios de Palestina, Marsella y la zona rural de Manizales que  iniciarán   su   ejecución   en   el   mes   de   abril   de  2004».1   

A partir de dicha modificación, quedó claro  para  las  partes  que  los  servicios  objeto  de  la  relación contractual se  prestarían  a  partir del mes de enero de 2005 y por un período de doce meses,  de  allí  que -consideró- eran inexistentes los perjuicios cuya indemnización  se reclamó.   

En  lo referente a las revisiones de predios  por  causa  de  desviaciones significativas o consumos anormales, de acuerdo con  el  numeral  1.1.2.  de  las  condiciones  generales de la solicitud pública de  ofertas,  correspondía  a  la  unión  temporal  tomar  el reporte del medidor,  compararlo  con  la lectura anterior de la empresa y en caso de encontrar algún  error,   proceder   a  «diligenciar  el  formato  de  revisión    previa».2   

Luego,  esa  labor  no  estaba a cargo de la  empresa  prestadora de servicios públicos, la que, por tanto, no incumplió sus  obligaciones    al    no    haber    emitido   órdenes   para   generar   dicho  servicio.   

II.  LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Los demandantes formularon tres cargos que se  resolverán en el mismo orden en que fueron planteados.   

PRIMER CARGO  

Con fundamento en la causal quinta, se alegó  que  en  el  proceso se incurrió en el motivo de nulidad previsto en el numeral  1°  del  artículo  140  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  dado  que  el  conocimiento  del  mismo  correspondía  a  distinta  jurisdicción.     

La  acusación  se  fundó en que la Central  Hidroeléctrica  de  Caldas  S.A.  es  una empresa de servicios públicos mixta,  circunstancia  en  virtud  de  la  cual  el  litigio  debió  tramitarse ante la  jurisdicción  administrativa  de  conformidad con lo establecido en la Ley 1107  de  2006  que  modificó el artículo 82 del Código Contencioso Administrativo,  pues  en  virtud  de  esa reforma, es aquella a la que le corresponde juzgar las  controversias     originadas    en    «la  actividad  de  las entidades públicas incluidas las sociedades  de   economía   mixta  con  capital  público  superior  al  50%…».   

CONSIDERACIONES  

1.  El       legislador       erigió       como      causales  de  nulidad  procesal  únicamente  aquellos  hechos  que  constituyen  un  evidente  quebrantamiento  de las normas  básicas  de  procedimiento  o que desconocen el derecho de las partes a ejercer  su defensa.   

Tales situaciones se encuentran contempladas  en  el  artículo  140  del  ordenamiento  adjetivo  como  motivos  taxativos  y  excepcionales  que  pueden  conducir al juzgador a declarar la nulidad parcial o  total    del    proceso,    siendo    uno    de   ellos   el   de   «falta   de  jurisdicción»,     vicio     que    se       considera      no  susceptible  de saneamiento o convalidación, pues -según     lo     ha    sostenido  la doctrina jurisprudencial de  la  Corte-  su    consagración    positiva   está   dirigida   a   «conservar    las    bases    de   la  organización  judicial  y  la  estructuración  misma  del  proceso»    (CSJ    SC,    14    Ago.    1995,   Rad.   4268).     

2.  La    jurisdicción,   entendida   como  manifestación   concreta   de   la  soberanía  del  Estado,     entraña  la  potestad  de  impartir  justicia   a   través   de   la  aplicación  del  derecho  a    los   conflictos  sometidos  al  conocimiento de los funcionarios  investidos  de aquella, de lo que deviene que   no  es  posible dejar al arbitrio de las partes o del juez la  facultad   de   atribuirse  competencia  para  dirimir  un  determinado  asunto.   

De ahí      que      la     Constitución  Política   y   la   ley  instituyeron   distintas  jurisdicciones  y  dentro  de ellas determinaron el juez competente para conocer  los     diversos     tipos     de     controversias.   

Los capítulos II  a  IV  del  Título  VIII  de  la  Carta  Magna hacen  referencia   a   la   jurisdicción   ordinaria,  la  contencioso      administrativa,     la  constitucional  y las jurisdicciones  «especiales»,     conformadas    estas    últimas  por  las autoridades de los  pueblos              indígenas   y  los  jueces  de  paz.3   

La          Ley    Estatutaria    de   Administración   de   Justicia          -por      su      parte-  estableció que la Rama Judicial del  Poder  Público  está  constituida  por los órganos que integran las distintas  jurisdicciones,   siendo   aquellas   la   ordinaria,   la   de  lo  contencioso  administrativo,    la    constitucional    y   las  especiales:  penal  militar, indígena y justicia de  paz4,   que  ejercen     la    indicada    función  pública con las limitaciones fijadas  por el ordenamiento jurídico   

3. La  discusión  planteada en el cargo,  precisamente  se  relaciona con la atribución legal  para    conocer    y    dirimir    la    diferencia  contractual surgida entre  las  partes  del  proceso,  pues,  en  criterio  del  casacionista,        aquel        debió    tramitarse    ante    la    jurisdicción    contencioso  administrativa,   y   como   la   litis  fue  conocida  y  resuelta  por funcionarios de la jurisdicción  ordinaria,  se incurrió,  según     sostuvo,  en   causa   de   nulidad   insaneable.   

3.1.  En  orden a proveer    sobre    dicho   ataque,   es  necesario  analizar la normatividad aplicable a  la  materia  a  fin  de  establecer  a  cuál de las  jurisdicciones   mencionadas   correspondía   el   conocimiento   del  litigio.   

El  primer  referente normativo está dado  por  la Ley 142 de 1994 que  desarrolló  el  mandato  constitucional de definir el régimen jurídico de los  servicios       públicos       domiciliarios5,  la cual en sus artículos 31  y 32 señaló lo siguiente:   

Artículo  31:  Los contratos que celebren  las  entidades  estatales  que prestan los servicios  públicos  a  que se refiere esta ley, y que tengan por objeto la prestación de  esos  servicios,  se  regirán por el parágrafo 1 del artículo 32 de la ley 80  de  1993  y  por la presente ley, salvo en lo que la  presente ley disponga otra cosa.   

Artículo   32.   Salvo   en  cuanto  la  Constitución  política  o  esta  ley  dispongan  expresamente lo contrario, la  constitución,  y  los actos de todas las empresas de  servicios  públicos,  así como los requeridos para  la  administración  y  el  ejercicio  de los derechos de todas las personas que  sean  socias  de  ellas,  en lo no dispuesto en esta  ley,  se  regirán exclusivamente por las reglas del derecho privado.   

La regla precedente se aplicará inclusive  a  las  sociedades en las que las entidades públicas sean parte, sin atender al  porcentaje  que  sus aportes representen dentro del capital social, ni a la  naturaleza  del  acto  o el derecho que ejerce… (se  destaca).   

3.2. Por su parte,  la  Ley  143  de 1994 que reglamentó la «generación,    interconexión,    trasmisión,   distribución   y  comercialización   de   electricidad   en  el  territorio  nacional»,  determinó en su artículo 8º que el  «régimen de contratación  aplicable  a  las  empresas  públicas  que  presten  el  servicio  de  energía  eléctrica  será  el del derecho privado»6 (subrayado no  es   del   texto),  con  la  única  salvedad  de  las  controversias  que versen sobre el ejercicio de cláusulas exorbitantes, pues en  el  evento  de  que  la  Comisión  de  Regulación  de  Energía  y Gas tornara  obligatoria   su  estipulación,  lo  concerniente  a  las  mismas  «se  sujetará  al  Estatuto  General de  Contratación       de       la       Administración       Pública».   

El  artículo  76  de  la  citada  normativa  dispuso,   además,   que  los  actos  y  contratos  salvo  los  de  empréstito  «celebrados   por   las  sociedades           por          acciones7  en  las cuales las entidades  oficiales  tengan  participación  en  su  capital  social,  sin  atención a la  cuantía  que  dicha  participación  represente, se regirán por las normas del  derecho privado».   

De  los  anteriores textos legales se deduce  que,  por  regla  general, el derecho común es el llamado a regular los actos y  contratos  de  las  empresas de servicios públicos cualquiera sea su naturaleza  (privadas,  oficiales  o  mixtas), y solo de manera excepcional ha de recurrirse  al  Estatuto  General  de  Contratación  de  la  Administración Pública, cuya  aplicación  está  reservada  a  lo  relativo a las cláusulas excepcionales al  derecho  común  cuando  estas  se  hubieren  incluido  por  imposición  de las  comisiones  reguladoras  o  con su autorización, razón por la que el ejercicio  de  esas  facultades  que  sitúan  a  la  empresa  en un plano desigual con los  particulares,  ha  sido  objeto  de  control  por  la  jurisdicción contencioso  administrativa,    en    tanto    las    demás    controversias    –se   colige-  están  sometidas  a  la  justicia ordinaria.      

3.3.  Si  bien  el  artículo  75  de  la  Ley  80  de  1993 indicó que el juzgador competente para  resolver  los  conflictos  derivados  de los contratos estatales lo era el de la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo, en la materia específica de  servicios  públicos domiciliarios -tal como se explicó en forma precedente- el  estatuto  que  los  rige  (Ley  142 de 1994) previó que, por regla general, las  normas  de contratación pública no eran aplicables, de ahí que la atribución  de  competencia  para  el conocimiento de los litigios que involucraran a dichas  entidades,  necesariamente  debía  efectuarse  atendiendo  lo  reglado  por  la  codificación  procesal  de  asuntos  civiles,  la  cual asignó a los jueces de  dicha  especialidad el conocimiento de los asuntos no atribuidos por ley a otras  jurisdicciones, entre ellas la administrativa.   

En  ese  orden,  el artículo 82 del Código  Contencioso  Administrativo,  antes de la reforma introducida por la Ley 1107 de  20068,  señaló  que  la jurisdicción contencioso administrativa había  sido  instituida  para  juzgar los litigios de esa misma naturaleza «originados  en  la  actividad  de  las  entidades  públicas  y  de  las  personas  privadas  que  desempeñen funciones  propias   de  los  distintos  órganos  del  Estado».   

El  artículo  83  de  ese  estatuto, por su  parte,  aludió  a que la función jurisdiccional se ejercía sobre «los  actos administrativos, los hechos,  las  omisiones,  las operaciones administrativas y los contratos administrativos  y  privados  con  cláusula  de  caducidad  de  las entidades públicas y de las  personas   privadas   que   ejerzan   funciones   administrativas…».   

De  las  citadas disposiciones se colige que  las   controversias   contractuales  de  las  empresas  de  servicios  públicos  domiciliarios   se  excluyeron  del  conocimiento  de  la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo,  pues la prestación de un servicio público no fue  considerada   como   una   función   a  la  que  per  se  le  reconociera como exclusiva de los órganos del  Estado,  y  que  necesariamente implicara el ejercicio de la autoridad inherente  al mismo.   

Lo  anterior  por cuanto solo en caso de que  fuera  necesario  que  los  señalados  prestadores  hicieran  uso de potestades  estatales  como  las  coercitivas, la imposición de determinadas conductas o la  expedición  de  actos  unilaterales,  habría  lugar  a estimar que respecto de  dichas   facultades   cumplieron   funciones   propias  de  los  organismos  del  Estado9;  en  lo  demás,  el  criterio  imperante  es  el  de que aquellos  operadores  (particulares,  oficiales  o  mixtos)  desarrollaban  una  actividad  económica.   

Entonces,  los  conflictos  que no guardaran  relación  con  el  ejercicio  de  una función pública por parte de la entidad  prestadora   de   servicios,   no   se   consideraban   litigios  de  naturaleza  administrativa,  y  por  ende,  esa  jurisdicción  carecía de competencia para  resolverlos,  debido a la falta de correspondencia con las hipótesis señaladas  en el artículo 82 del aludido estatuto.   

3.4. Posteriormente,  la  Ley  446  de  1998  modificó  el  numeral  5º  del  artículo  132  de  la  codificación     contenciosa     administrativa10,  en  virtud  de lo cual  asignó  a  los  tribunales  de  esa  jurisdicción  el  conocimiento en primera  instancia,   entre   otros   asuntos,   de   los   referentes  a  los  contratos  celebrados  «por  entidades  prestadoras  de  servicios públicos domiciliarios,  cuando  su  finalidad esté vinculada directamente a  la  prestación del servicio»  en  caso  de  que  la  cuantía  fuera  superior a 500 salarios mínimos legales  mensuales   vigentes,   en  tanto  radicó  en  los  jueces  administrativos  la  competencia  para  resolver  esos  mismos  conflictos si el monto no excedía el  límite         que        se        indicó11 (se  subraya).   

Aunque  la vigencia de la indicada normativa  en   lo   concerniente   a   la  competencia  del  ad  quem12,   se   supeditó   a   la  entrada  en  funcionamiento  de los juzgados administrativos (artículo 164) -lo que ocurrió  años                    después13   

–  era manifiesta la voluntad del legislador  de  restringir  la  competencia  de  aquellos  órganos  a  dirimir las acciones  referidas  a  los  negocios  jurídicos  cuya  finalidad  estuviera directamente  ligada  a  la  prestación  del  servicio público, lo que constituye apenas una  especie  limitada  dentro  de las controversias contractuales de las E.S.P., las  que   necesariamente,   salvo   esa   excepción,   debían  resolverse  por  la  jurisdicción ordinaria.   

Sobre el alcance de ese imperativo, esta Sala  precisó      que      la      vinculación     al     servicio     «no  debe  ser expresión que signifique  cualquier    conexidad;   tal   connotación   debe  involucrar  una  relación directa, un nexo servicio-empresa-usuario, pues de lo  contrario,  cualquier  actividad  de  la  empresa  oficial  que presta servicios  públicos  alcanzaría  tal calificación»,     con    lo    que    «se   desvirtuaría  la  diferencia  que  pretendió  establecer  el  legislador,  por  supuesto  que, a partir de una relación laxa, aparente, salvo  los  casos  excluidos,  todos  los  demás  corresponderían  a la jurisdicción  especial,     aspecto     no    querido    por    el    ordenamiento».   

Y agregó:  

          Las  normas  memoradas, al darse a la tarea de indicar que algunos  contratos  deberían  ser  juzgados  por  la  justicia  ordinaria y otros por la  contencioso  administrativa, pretendió, sin temores a equivocación, vincular a  ésta  última,  por  excepción  y  no  por  regla,  aquellas controversias que  indiscutidamente  respondían  al  carácter  especial de esa jurisdicción; por  tanto,  ésta no conoce de aquellos asuntos que si bien resultan relacionados en  alguna  medida  con  el  objeto social de la empresa prestadora del servicio, no  necesariamente   devienen   vinculados  directamente  con  el  mismo.  Así,  la  adquisición  de ciertos equipos o cosas, bien puede  encajar  en  el objeto social de la empresa, pero no tener relación directa con  la prestación del servicio ofrecido.   

Resta  por  agregar  que como se trata de  normas  relativas  a  la  jurisdicción y competencia, tales preceptos deben ser  objeto  de  una  interpretación restrictiva, lo que conduce a creer que como el  legislador  no atribuyó a la jurisdicción de lo contencioso administrativo una  competencia  general,  es  palpable, entonces, que el criterio respecto de ésta  fue  selectivo” (CSJ SC,  12  Feb. 2008, Rad. 2000-00205-01) (sublíneas no son  originales).   

3.5.  En  el año  2001,  la  Ley  689 modificó el artículo 31 de la Ley 142 de 1994, con lo cual  el  régimen  de  contratación  allí previsto quedó definido en los términos  siguientes:   

Los  contratos que celebren las entidades  estatales  que  prestan los servicios públicos a los que se refiere esta ley no  estarán  sujetos  a  las disposiciones del Estatuto General de Contratación de  la  Administración  Pública,  salvo  en  lo  que la presente ley disponga otra  cosa».   

Las Comisiones de Regulación podrán hacer  obligatoria  la  inclusión,  en ciertos tipos de contratos de cualquier empresa  de     servicios    públicos,    de    cláusulas  exorbitantes  y  podrán  facultar,  previa  consulta  expresa  por  parte de las empresas de servicios públicos domiciliarios, que se  incluyan  en  los  demás.  Cuando la inclusión sea  forzosa,  todo  lo  relativo  a  tales  cláusulas  se  regirá,  en  cuanto sea  pertinente,  por  lo  dispuesto en la Ley 80 de 1993, y los actos y contratos en  los  que  se  utilicen esas cláusulas y/o se ejerciten esas facultades estarán  sujetos  al  control  de la jurisdicción contencioso administrativa… (se destaca).   

Del  mencionado  precepto  se  deduce  con  nitidez  la  atribución  asignada a la jurisdicción ordinaria para dirimir las  discusiones  referidas  a  los convenios y contratos celebrados por las empresas  prestadoras  de servicios públicos domiciliarios, con la única salvedad de que  tuvieran  origen  en  la  materialización  de  las  potestades otorgadas por el  derecho  público  a  través  de  estipulaciones  que  no  son  propias  de una  relación  de simetría entre los contratantes (cláusulas exorbitantes), lo que  se  justifica  por  su  manifestación en actos administrativos, cuyo control en  sede judicial no puede ser acometido por los jueces civiles.   

Además,  no  obstante que se aludió a que  las   controversias   sobre  los  contratos  en  los  que  se  recurra  a  tales  disposiciones   serían   conocidas   por   las  autoridades  judiciales  de  lo  contencioso    administrativo,   esa   previsión   debe   armonizarse   en   su  interpretación  con  lo  estatuido  por el artículo 82 del Código Contencioso  Administrativo,  que  circunscribió  el ámbito de aquella al juzgamiento de lo  relativo    al    cumplimiento    de    «funciones  administrativas» como examen de la legalidad de estas  y  no  al  de  aspectos  diferentes  a las mismas, y con el artículo 132 de esa  codificación  que  limitó  el  conocimiento  de los mencionados órganos a los  contratos  celebrados  por  las  entidades  prestadoras  de  servicios públicos  domiciliarios    exclusivamente    cuando    su    finalidad   estuviera   atada  inescindiblemente            a            la           prestación           del  servicio.            

3.6.  Ratifica el  criterio  expresado,  la variación que la Ley 689 introdujo sobre el parágrafo  del   artículo   39   de   la  Ley  142  de  199414,  toda  vez  que  según esa  disposición,  salvo  los  convenios  de  concesión  para  el  uso  de recursos  naturales  o  del medio ambiente, los otros pactos allí contemplados (contratos  especiales  del  sector  de  servicios  públicos) están regidos por el derecho  privado,   y  si  estos  no  se  hallan  disciplinados  por  las  reglas  de  la  contratación  administrativa  a  pesar  de la importancia de su objeto y de que  pueden    celebrarse    entre   entidades   de   carácter   estatal15   

, eso deja en evidencia que el conocimiento  de  la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo  ha sido marcadamente  excepcional.   

Asimismo,  la  Ley 816 de 2003 fijó reglas  para   que   en   sus   necesidades   de  contratación,  las  entidades  de  la  administración  pública adoptaran criterios objetivos que permitieran apoyar a  la  industria  nacional,  indicándose  que  debía  entenderse  que  los  entes  compelidos  a  implementar  esa conducta eran aquellos que de acuerdo con la Ley  489   de  1998  correspondían  a  ese  sector  y  específicamente  contempló:  «Se exceptúan las empresas  prestadoras  de servicios públicos domiciliarios que se regirán por las normas  de  Derecho Privado de conformidad con lo preceptuado en la Ley 142 de 1994 y la  Ley        689        de       2001».   

3.7. De la reseña  normativa  que  precede  se  extrae  como  conclusión  que la competencia de la  jurisdicción  contencioso  administrativa,  en  lo  que  tiene  que ver con las  controversias  contractuales  de las empresas prestadoras de servicios públicos  domiciliarios  se  encuentra limitada a los siguientes asuntos: 1) El control de  legalidad  de  las cláusulas exorbitantes consignadas en esos convenios; 2) los  conflictos  generados  en  relación  con  esas  estipulaciones excepcionales al  derecho    común,    las    cuales   –por  definición-  suponen el ejercicio de potestades públicas y 3)  los  litigios  referentes  a  los  contratos celebrados por esas entidades, cuya  finalidad   se   hubiera  vinculado  a  la  prestación  del  servicio  público  domiciliario  a  través  de  una  relación directa, es decir, con un verdadero  nexo          «servicio         –      empresa      –  usuario»  como  el  regulado  en  los  artículos  128  a  133  de  la  Ley 142 de 1994 en  concordancia con la primera parte de su artículo 31.   

3.8.  Finalmente,  acorde  con  la  reforma efectuada por la Ley 1107 de 2006 sobre el artículo 82  de  la  codificación  contencioso  administrativa,  esa  jurisdicción  -en  lo  pertinente  para  el tema planteado en el cargo- se instituyó para «juzgar  las  controversias  y  litigios  originados  en  la actividad de las entidades públicas incluidas las sociedades  de  economía  mixta  con  capital  público  superior  al 50% y de las personas  privadas  que  desempeñen  funciones  propias  de  los  distintos  órganos del  Estado».   

Con  todo,  el parágrafo del artículo 2°  estableció que «   sin  perjuicio  de  lo previsto en el presente artículo, se  mantiene  la  vigencia  en materia de competencia, de las Leyes 142 de 1994, 689  de     2001     y    712    de    2001».   

Aunque  el  precitado  cuerpo normativo fue  objeto  de  derogación  expresa  por  la  Ley  1437  de  2011  (artículo 309),  contentiva   del   nuevo   Código  de  Procedimiento  Administrativo  y  de  lo  Contencioso  Administrativo,  lo  que  concierne  a dicha reglamentación merece  especial  análisis  por  parte  de  la  Corte,  dado  que  -en  criterio de los  impugnantes-  de  la  misma deriva el presunto vicio generador de la nulidad del  proceso  en  el  que  se  profirió  la  sentencia  impugnada, pues tal precepto  atribuyó  competencia a la justicia contenciosa administrativa para conocer las  causas  judiciales en las que fueran parte las sociedades de economía mixta con  capital público superior al 50%.   

4.   Sobre  el  particular,  la  Sala  considera  que, contrario a lo que expresa la censura, la  alegada    invalidez    no    adquirió    configuración,   por   dos   razones  fundamentales:   

4.1.  La primera,  por  cuanto  aunque  es  cierto  que  la Ley 1107 de 2006 sustituyó el criterio  material  o  funcional  como  factor  de  distribución  de  competencias por el  puramente  «orgánico», y  en  este  lo  determinante  es  la pertenencia a la estructura del Estado, dicha  reforma  no acarreó de manera inexorable que la jurisdicción ordinaria hubiera  perdido  la  facultad  de  conocer los conflictos originados en los contratos de  las  empresas  de  servicios  públicos  domiciliarios,  pues  el parágrafo del  artículo  segundo,  de  manera  expresa,  dispuso que permanecían vigentes las  reglas  de  competencia fijadas en la Ley 142 de 1994, modificada por la Ley 689  de 2001.    

Esta Corporación, en pretérita oportunidad  resolvió  un cargo que se estructuró en la presunta verificación de un motivo  de  invalidación procesal bajo críticas similares a las formuladas ahora, ante  las cuales expresó lo siguiente:   

(…) para el  legislador  las  reglas  de  la  Ley 142 de 1994, que determinan los parámetros  para  fijar  la  jurisdicción  y  la  competencia en esos asuntos, conservan su  efecto  vinculante,  de  modo que en manera alguna puede afirmarse que el cambio  que  trajo  consigo  la  Ley  1107  de  2006  tiene  los  efectos  que  adujo el  casacionista.   

Por  manera  que  aún  admitiendo que el  artículo  1º  de  la  Ley  1107  de 2006 modificó el ámbito decisorio de los  jueces  administrativos  para  asignarles  el  conocimiento  de  los procesos de  responsabilidad  seguidos  contra  “sociedades  de economía mixta con capital  público  superior  al 50%”, ello no sería suficiente para entender que aquí  se  configuró el vicio nulitivo mencionado (falta de  jurisdicción),  en  tanto  que la misma ley previó  que  la  especialidad  de  la jurisdicción llamada a conocer del caso cuando se  presentó  la  demanda  conforme  a  las  pautas de la Ley 142 de 1994, o sea la  civil, debía conservar el poder decisorio de ahí en adelante.   

Así  las  cosas,  ha  de  concluirse que  definida  la  jurisdicción  inicialmente  a  favor  de  los jueces civiles, los  funcionarios  adscritos  a  ella  eran los encargados de decidir el conflicto en  las  instancias permitidas por la ley, sin que sea admisible la hibridación que  ahora  defiende  el recurrente (CSJ SC, 28 Abr. 2009,  Rad. 2001-00902-01).   

Idéntica posición expuso en las sentencias  proferidas   por   esta   Sala   el   4   de   noviembre  de  2009  (Rad.  2004-00182-01)  y  el 13 de mayo de  2010  (Exp. 2001-00161-01), en  la segunda de las cuales sostuvo:   

                                         (…) la expedición de la Ley 1107 de  2006,  que  modificó  el  “Objeto  de  la  jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo”,  en  nada  varía  la  competencia de los jueces civiles para  conocer   del  asunto,  como  quiera  que  si  bien  el  artículo  1º  de  esa  normatividad  estableció  que  aquella  jurisdicción  “está instituida para  juzgar  las controversias y litigios originados en la actividad de las entidades  públicas  incluidas  las  sociedades  de  economía  mixta con capital público  superior  al 50% y de las personas privadas que desempeñen funciones propias de  los  distintos  órganos  del  Estado”, también precisó en el parágrafo del  artículo  2º  que “sin perjuicio de lo previsto en el presente artículo, se  mantiene   la   vigencia   en   materia  de  competencia,  de  las  Leyes  142  de  1994, 689 de 2001 y 712  de 2001.   

                    (…)  desde  la  promulgación  de  la  Ley  142 de 1994 y  luego,   con   las   modificaciones  que  introdujo  la  Ley  689  de  2001,  la  jurisdicción  de  lo contencioso administrativo sólo ha venido conociendo, por  excepción,  de  los  procesos  relacionados  con  los  actos  jurídicos de las  empresas  que  prestan  servicios  públicos  domiciliarios, a condición de que  guardaran  relación  con contratos en los cuales se hubiesen pactado cláusulas  exorbitantes,  o  que la misma ley así lo dispusiera expresamente, o cuando los  hechos  debatidos  tuvieran  relación  directa  con el servicio prestado por la  “entidad  oficial”  o  en  aquellos eventos en los cuales se controvirtieran  actos  administrativos  que  se  hayan  dictado  en  desarrollo  de la relación  usuario-cliente.  Los demás casos, ya sea de responsabilidad contractual, y con  más  veras  los  relativos  a  la  responsabilidad aquiliana -como la que aquí  alegó  el  demandante-,  se ha entendido que corresponden a los jueces civiles,  de  acuerdo con las reglas generales de jurisdicción y competencia (subrayado es del texto).   

En  ese  orden de ideas, no es acertada una  interpretación  del  artículo  1°  de  la Ley 1107 que pretenda desconocer la  previsión  contenida en la misma conforme a la cual cuando se trata de empresas  prestadoras  de servicios públicos domiciliarios, las reglas de competencia son  las  determinadas  en  la  normatividad  que  estableció  el régimen jurídico  especial de dichas entidades.     

4.2.  La  segunda  razón  que conduce a desestimar los argumentos de los impugnantes reside en que  atendida  la  regulación  legal  vigente,  las  empresas de servicios públicos  mixtas  no  son  equiparables a las sociedades de economía mixta mencionadas en  el artículo 1° de la Ley 1107 de 2006.   

En  el  marco del ordenamiento superior, el  régimen  jurídico  del  sector  de  los  servicios públicos se concibió como  especial,   perspectiva  bajo  la  que  debe  interpretarse  la  reglamentación  contenida  en la Ley 142 de 1994, en la cual las empresas de servicios públicos  mixtas16   constituyen   una  especie  comprendida  en  el  género  de  las  «empresas      de      servicios      públicos  domiciliarios»,   categoría   que  es  autónoma  e  independiente,  de  ahí  que  se  impone  diferenciarlas  de  las sociedades de  economía mixta.   

Las   mencionadas  entidades  tienen  una  naturaleza  jurídica  especial que las distingue de otros tipos societarios, lo  que  tiene fundamento en la necesidad de procurar la adecuada prestación de los  servicios  públicos  como  inherente a la finalidad social del Estado, de allí  que  su  fuente  jurídica  se encuentre en el artículo 365 de la Constitución  Política  y  en  la Ley 142 de 1994, en tanto las sociedades de economía mixta  encuentran  fundamento en el numeral 7° de los artículos 150 y 300 de la Carta  Magna,      el      numeral      6°      del     canon     313     ejusdem  y  el artículo 97 de la Ley 489  de 1998.   

Aún  si en las empresas cuyo objeto sea el  de  prestar  los  comentados  servicios, confluyen capital privado y público en  cualquier  proporción, su régimen jurídico particular impide que se les pueda  tener     como     «sociedades    de    economía  mixta»,  lo  que  no obsta para que hagan parte en el  orden  nacional,  del  sector  descentralizado  de  la  Rama Ejecutiva del Poder  Público.   

4.3. Desenlace del  análisis  efectuado,  es  que  no  se incurrió en el vicio que los recurrentes  alegaron  como  motivo de inconformidad para censurar la sentencia proferida por  el  ad  quem, por cuanto la  controversia  era  susceptible de resolverse por la jurisdicción ordinaria y no  por  la  contencioso  administrativa  en  consideración  a  la especialidad del  régimen  jurídico  al que se encuentra sometida la persona jurídica demandada  (de  derecho  privado),  y a que el convenio celebrado por las partes no ostenta  una  vinculación  directa con la prestación del servicio público domiciliario  encargado  a  la  Central Hidroeléctrica de Caldas S.A. E.S.P., ni el conflicto  que  se  ventiló  en  el  proceso  versaba  sobre  el  ejercicio  de  funciones  administrativas  por  esa  entidad  o  respecto  de  los  poderes  otorgados por  cláusulas exorbitantes.    

Aún si se prescindiera del argumento de que  la  Ley  1107  de 2006 dejó vigente la competencia establecida en la Ley 142 de  1994,  habría  que  reparar  en  que  la  misma  señaló  que la jurisdicción  contencioso  administrativa  debía  conocer  las controversias originadas en la  actividad       de       las       «entidades  públicas  incluidas  las sociedades de economía mixta  con  capital  público  superior al 50%»,   categoría   en   la   que,  según  se  explicó,  no  están  comprendidas  las empresas prestadoras de los servicios mencionadas, en tanto la  Ley  1437  de 2011 que sustituyó esa normativa comenzó a regir después de que  se   definió   la   litis   en   las  instancias.17      

En   consecuencia,   no   prospera   el  ataque.   

SEGUNDO CARGO  

Bajo  el  amparo  de  la  causal primera se  denunció  la  violación  directa  de los artículos 1609 del Código Civil por  aplicación  indebida  y  1500,  1610,  1613,  1614,  1617  y  2200 de esa misma  normatividad, por falta de aplicación.   

En   desarrollo  de  la  acusación,  los  impugnantes  aseveraron  que  para  confirmar  el  fallo proferido en la primera  instancia,  el  Tribunal se apoyó en el artículo 1609 del Código Civil, norma  que  le  sirvió  de  excusa  para  no  conceder la indemnización de perjuicios  reclamados  por  la  demandante,  los cuales se derivan del incumplimiento de la  empresa que la contrató.   

El    ad  quem partió de la existencia de un comodato entre las  partes   con  ocasión  de  la  entrega  de  los  terminales  portátiles  a  la  contratista  con  sus  accesorios,  necesarios  para  efectuar  la  actividad de  lectura  de los medidores instalados en los predios de los usuarios del servicio  de   energía   eléctrica;   empero,   «la  realidad  procesal  demuestra  todo  lo  contrario, esto es, no  aparece     la     evidencia    de    este    tipo    de    contrato».   

Al cometer la infracción por recta vía de  la   forma   señalada,   el   ad  quem  ignoró   «el  incumplimiento  de  las  obligaciones  de  la demandada y de paso desconoció el  derecho  de  la  parte  demandante  a  reclamar  el  pago a la indemnización de  perjuicios».18   

Lo  anterior por cuanto de haberse detenido  en  los  elementos  del  contrato  de  comodato al analizar lo referente a si la  demandada  cumplió  o  no  sus  obligaciones,  sin  duda  habría concluido que  aquella  tenía  la  carga  de probar que entregó los elementos necesarios para  tomar  los  registros  de  consumo  de  los  clientes  de  la empresa, según lo  previsto  en  la  cláusula  decimoquinta  del  contrato,  y  como  no  lo hizo,  incurrió en el alegado yerro jurídico.   

Si se hubiesen aplicado los artículos 1500  y  2200  del  Código  Civil  a  la resolución de la controversia, la decisión  habría  sido  distinta,  pues  el  juez  colegiado se habría visto compelido a  «valorar probatoriamente el  incumplimiento»  de la CHEC  S.A.  E.S.P.19      

CONSIDERACIONES  

1.  La acusación  por  transgresión  directa  de  los  preceptos  sustanciales  supone  una total  conformidad  del  censor  con  la  valoración  que el juzgador ha realizado del  material  probatorio.   Así  lo  ha  aceptado  la jurisprudencia de manera  constante  e  invariable, al destacar que la técnica del recurso extraordinario  exige  plantear  el  desacuerdo  en el plano netamente jurídico, sin referencia  alguna  a la ponderación de los medios demostrativos.  (CSJ  SC,  14  Ene  2005,  Rad. 7550; CSJ AC, 26 May  2009,  Rad.  2002-00002;  10  Feb  2011,  Rad.  1999-00283;  9  May  2012,  Rad.  2006-00223;  29  Oct  2013,  Rad.  2008-01178,  entre  otros).      

Con  otras  palabras,  al  recurrente no le  está  permitido  plantear  algún reparo en relación con los resultados que en  el  terreno de la cuestión fáctica hubiere encontrado el sentenciador, pues la  inconformidad  ha  de circunscribirse a un discurso de estricta hermenéutica en  relación  con  los textos legales aplicados, aquellos que se dejaron de lado, o  a  los  que  se  les  dio  una interpretación distinta de la que rectamente les  corresponde.      

1.1.   En   la  sustentación  del  cargo,  los  demandantes se limitaron a insistir en que como  consecuencia  de  no  aplicar los artículos 1500, 1610, 1613, 1614, 1617 y 2200  -algunos  de los cuales ni siquiera son normas sustanciales- se aplicó en forma  indebida  el artículo 1609 de la codificación civil; empero, no demostraron el  yerro  in  iudicando que se  endilgó       al       ad      quem.      

A   los   inconformes  les  correspondía  justificar   que   las   disposiciones  legales  presuntamente  ignoradas,  eran  necesariamente  las  que  debían hacerse actuar para solucionar la litis,  y  explicar  las  razones por las  cuales  resultaba indebida la aplicación del canon que sirvió de fundamento al  Tribunal  para  desestimar  las súplicas de la demanda, todo a efectos de poner  de  presente la manera en que se verificó el desafuero o equivocación alegada,  y  después  de  tal  análisis,  evidenciar que el error jurídico condujo a la  definición  de  la  especie  litigiosa  en  forma que resulta contraventora del  ordenamiento positivo.   

2. En contravía de  las  reglas  técnicas  que  demarcan la vía directa, el ataque se fundó sobre  apreciaciones  subjetivas  que  dejan entrever una discrepancia con el estudio y  ponderación  que el fallador ejecutó en relación con las pruebas relativas al  cumplimiento  de  las  prestaciones convenidas en el contrato que debía atender  la  Central  Hidroeléctrica  de  Caldas  S.A.  E.S.P.,  toda  vez  que  lo  que  específicamente  se  reprochó  es  que  el  Tribunal  no se hubiera detenido a  razonar  sobre  la  falta  de  demostración  de  los  elementos  del negocio de  comodato  que  debía perfeccionarse con la entrega de los aparatos de medición  requeridos  para  llevar  a cabo una de las labores contratadas, y por esa vía,  tener  como  acreditado el incumplimiento de la prestadora del servicio público  de energía eléctrica.   

En  ese  orden,  si pretendía dirigirse el  cuestionamiento  contra la apreciación del juzgador de segundo grado relativa a  la  ausencia  de  comprobación de la inobservancia por parte de la CHEC S.A. de  las  obligaciones que adquirió con la contratista, conclusión a la que arribó  después  de  estudiar  la  cláusula  segunda del mencionado contrato, el anexo  número  2 y el numeral 1.1.2 del anexo número 1, cuyos pasajes más relevantes  transcribió  en  la  providencia recurrida, y de los testimonios recaudados, de  los  cuales derivó la prueba del cumplimiento de la prestación relacionada con  el  suministro  de  los  elementos portátiles de lectura, no era la directa, la  senda idónea para plantear la imputación.    

          La  forma  en  que se estructuró la censura se advierte equivocada,  pues  no procedía incluir en ella lo que debió ser objeto de reclamo a través  de vulneración indirecta de normas sustanciales.   

2.1. En relación  con  lo que se analiza, esta Sala ha señalado que las vías directa e indirecta  a  las que puede acudir el censor para alegar la violación de la ley sustancial  son    «antagónicas   e  irreconciliables»,  razón  por  la  que no es admisible que recurra «indistintamente  a  una o a la otra, es decir, que no queda librado  a   su   arbitrio   escoger  alguna,  sino  que  su  elección  la  imponen  las  circunstancias  precisas  de  cada  caso» (CSJ  SC,  8  Feb.  2002,  Rad.  6019, reiterada en CSJ AC, 2 Sep.  2008, Rad. 2005-00060-01).   

Luego,  el  recurrente  debe  sustentar sus  imputaciones  por la vía directa cuando «los  errores  atribuibles al juzgador hubiesen ocurrido en un plano  de  estricta  juridicidad».  En  cambio,  en  el  evento  de  que sus discrepancias  estén   relacionadas  con  los  hechos  debatidos  en  el  proceso,  el  censor  «debe  acudir  a  la  vía  indirecta»20.     La    primera,    en  contraposición  a  la  segunda, exige que el inconforme efectúe una acusación  referente  a  los  textos legales que estime soslayados, o aquellos aplicados de  forma  indebida,  o  a  los  que se proporcionó una errada interpretación, con  total  y  absoluta  prescindencia  de  cualquier juicio valorativo que suponga o  entrañe  desacuerdo  con  la  apreciación  que  el  sentenciador  efectuó  en  relación con las pruebas.   

3.  El  ataque se  apartó  de  las  reglas  técnicas que rigen el recurso extraordinario, pues el  objeto   de   la   censura   no   fue  –como  debió  serlo-  el  quebranto originado en yerros del juzgador  acerca  de  la  existencia,  validez y alcance de los preceptos sustanciales que  debieron  servirle  o le sirvieron para dirimir las diferencias suscitadas entre  las  partes  (error  iuris  in  iudicando),  por  lo  que  el  mismo  se  torna  inane,  y  en mérito de esa  consideración, el cargo debe negarse.   

TERCER CARGO  

En la causal primera de casación se apoyó  la  acusación  que  se  hizo  consistir  en  que  el  sentenciador  violó  los  artículos  1609  del Código Civil por aplicación indebida y 1500, 1610, 1613,  1614,  1617 y 2200 de ese mismo estatuto, además de los artículos 174 y 187 de  la  codificación  instrumental  civil  en  razón  de  su falta de aplicación.   

Lo  precedente como consecuencia de errores  de  hecho que se cometieron al preterir la valoración del pliego de condiciones  de  la  licitación pública; apreciar erróneamente el contrato No. 104.04 y el  adendo  No. 2 del mismo, teniendo como demostrado, sin estarlo, y con fundamento  en  las  declaraciones recibidas en el juicio, que la demandada no incumplió la  señalada convención.    

Alegaron  los  impugnantes  que  el  pacto  suscrito  no  se  sujetó  en su totalidad a las condiciones de la invitación a  licitar,  incumpliéndose  el  negocio  al  no  generar las órdenes de servicio  correspondientes  a  los  servicios  contratados  en  cuanto al procedimiento de  revisión  previa  de  instalaciones  domiciliarias, y porque no suministró los  equipos  de  medición  (terminales  portátiles, baterías recargables y demás  accesorios)  requeridos  para  la  toma  de lecturas del consumo del servicio de  energía eléctrica en los predios de los usuarios.   

Tal     atestación     –manifestaron-  constituye una negación  indefinida  que  no  fue  redargüida  en  juicio,  por lo que al desconocer esa  circunstancia   se   infringieron   de  manera  indirecta  las  normas  citadas.   

El  objeto del convenio referido consistió  básicamente  en  la  ejecución  de  los  servicios  integrales  de procesos de  lectura  de medidores, reparto de facturación y control de instalaciones por no  pago  del  servicio  en los municipios de las zonas centro, norte y occidente de  Caldas y Risaralda.     

Aunque el «adendo  2  ítem  13»  modificó  el  numeral  1.8.4  de  los  términos  de  referencia relativo al tiempo de ejecución, el Tribunal cercenó  el  contenido de esta prueba, pues si bien es cierto que fue variada la fecha de  inicio  de  la  prestación  de  servicios  en los municipios de la zona centro,  también   lo  es  que  no  se  alteró  el  período  de  realización  de  los  procedimientos  contratados  para  aquella  porción territorial, de ahí que se  apreciaron  equivocadamente  el contrato y su adición, lo que determinó que el  ad quem no hubiera concluido  que    «existió    el  incumplimiento     pretendido     por     la     parte    demandante».21   

La  CHEC  S.A.  partió  de  un  supuesto  incumplimiento  de  la  unión  temporal  que  le  permitió  terminar de manera  anticipada  la  relación  contractual,  aunque  había  sido  ella quien había  incumplido  sus obligaciones porque no entregó los instrumentos requeridos para  prestar  el servicio de toma de lectura de medidores de energía eléctrica, tal  como  se  obligó en la cláusula decimoquinta del convenio, en la que se pactó  que   dicha   parte   suministraría  «las   terminales   portátiles,   baterías   recargables  y  demás  accesorios…»22.   

Sin embargo, la aludida probanza se apreció  de  manera  equivocada,  y  el  Tribunal  no  atendió  que no existía medio de  convicción  con  respaldo  en  el  cual  fuera  posible  tener  por  demostrado  «el  suministro  de  los  terminales  portátiles  para  la toma de lecturas de los medidores de energía,  esto  es,  la  existencia de un comodato».23    

En cuanto atañe a la prueba testimonial en  que  se  apoyó el sentenciador, aquel incurrió en tergiversación de la misma,  porque  las  declaraciones  versan sobre un aspecto de orden fáctico ajeno a la  debida  ejecución  del contrato por parte de la demandada, pues refirieron a la  dificultad  de  trasladar  los  equipos  de  medición  portátiles  a las zonas  peligrosas,  hecho  diferente  del  que  se alegó como causa de incumplimiento,  esto  es,  que  la  empresa  CHEC  S.A.  E.S.P.  no realizó la entrega de tales  dispositivos.   

De  no  incurrir  en  los  yerros fácticos  denunciados,  la  sentencia  habría  declarado  que la enunciada omisión de la  hidroeléctrica   constituía   desatención   de   la   mencionada  prestación  contractual  y  por  ende,  no  quedaba  alternativa  distinta  que  revocar  la  sentencia   proferida   por  el  a  quo  para,  en su lugar, condenar al pago de los perjuicios reclamados en  la demanda.   

CONSIDERACIONES  

1. Respecto del error  de  hecho  previsto  en  la causal primera de casación, esta Corte ha sostenido  que  el impugnante tiene la carga de identificar los medios de convicción sobre  los  cuales  recae el equívoco del juzgador, además de explicar si respecto de  ellos  se incurrió en preterición, suposición, o si el desatino radicó en la  alteración  de  su contenido material, y demostrar que la valoración efectuada  en  la  sentencia  recurrida  amén  de  absurda  o  contraria a la realidad del  proceso, genera el quebranto de la ley sustancial.   

En  el  caso  bajo  estudio, el  ad  quem  consideró que no se hallaban  demostrados  los  supuestos para deducir el incumplimiento contractual atribuido  a  la  Central  Hidroeléctrica  de  Caldas S.A. E.S.P. y por ello, confirmó el  fallo   de   primera   instancia,   desestimatorio   de  las  súplicas  de  los  demandantes.   

A  dicha conclusión, la censura le imputó  dos  desaciertos  fácticos  diferentes:  uno, respecto del contrato y el adendo  No.  2  que  modificó  los  términos  de  la  invitación pública a presentar  ofertas  para  la  contratación  de  los servicios requeridos por la empresa de  servicios  públicos  mixta  y,  otro, frente a los testimonios que sirvieron al  juzgador  para  colegir  que  no  se  presentó  el alegado incumplimiento de la  cláusula  decimoquinta  del  contrato  No.  104.04  celebrado  por  las partes.   

2. En relación con  la  primera  de  las  acusaciones,  es  necesario reparar en que el sentenciador  desestimó  el  reproche  de  los  promotores  del juicio relacionado con que la  demandada  impidió que la prestación de los servicios convenidos tuviera lugar  desde  el mes de abril de dos mil cuatro en los municipios correspondientes a la  zona  centro  del  área  de  operaciones,  porque  dicho aspecto fue materia de  modificación  antes de que se celebrara el contrato No. 104.04, y respecto a la  revisión  previa  de  instalaciones domiciliarias, encontró acreditado que esa  labor  se  asignó  a  la Unión Temporal Servicios Integrales de Caldas, por lo  que  devenía infundado el reproche sobre su inejecución atribuible únicamente  a  la  contratante.  Tales inferencias son resultado del análisis que acometió  el   Tribunal   de   la   solicitud   pública   de  ofertas  y  sus  ulteriores  variaciones.    

2.1.  Respecto de  las  probanzas  señaladas  en  la  acusación,  la Corte advierte lo siguiente:   

          En  el  numeral  1.8.4 de los términos de referencia se indicó que  el   «contrato  para  el  desarrollo  de las actividades descritas en el objeto de esta solicitud pública  de  ofertas, se celebrará por un término de 21 meses contados a partir del mes  de   abril   de  2.004».24   

          Por    su    parte,    el    documento    denominado    «ADENDO  No.  2», modificó mediante el  numeral  13,  la  cláusula  anterior,  por  lo  que con la reforma introducida,  quedó así:   

El  contrato  para  el  desarrollo de las  actividades  descritas  en  el  objeto de esta solicitud pública de ofertas, se  celebrará  por  un  término  de 21 meses contados a partir del mes de abril de  2.004.   

En el anexo 2 se detalla el mes de inicio  y  el  número  de períodos a contratar para cada una de las actividades. Es de  anotar  que las actividades correspondientes a los Municipios de la Zona Centro,  comenzarán  a ejecutarse a partir del mes de enero de 2.005, con una duración,  por  tanto,  de doce (12) meses, exceptuando las de los municipios de Palestina,  Marsella  y la zona rural de Manizales que iniciarán su ejecución en el mes de  abril              de             2004.25   

          El    parágrafo    de    la    cláusula    cuarta   del   convenio  especificó:   

         

PLAZO.  El  término  de  duración  del  presente  contrato  será  de veintiún (21) meses contados a partir del acta de  iniciación.   

          En  relación  con  la revisión previa de instalaciones, el numeral  1.1.2 de los términos de referencia era del tenor siguiente:   

         PROCESOS DE REVISIÓN PREVIA:   

Son las revisiones domiciliarias que deben  efectuarse  por  causa  de  desviaciones  significativas  o  consumos anormales,  programadas  por  CHEC  S.  A.  E.S.P.,  consistentes  en  verificar la lectura,  efectuar   las   pruebas   técnicas  al  medidor  de  energía  y  revisar  las  instalaciones  eléctricas  a  los inmuebles, con el fin de aclarar el aumento o  la disminución del consumo.   

Las  principales actividades del proceso,  son:   

       Lectura  del medidor: El operario tomará la lectura del medidor y  efectuará  la  comparación de la lectura en revisión; de encontrarse error de  lectura  se  procede a diligenciar el formato de revisión previa y devolverlo a  la   CHEC   S.   A.   E.S.P.,   para   la   respectiva   refacturación   de  la  cuenta.27   

          2.2.   Al  cotejar  los  aludidos  medios  persuasivos  con  lo  que  de  ellos se aseveró en la providencia impugnada, se  concluye  que  el  ad quem no  cometió  el error fáctico que le enrostró el acusador, pues no se aprecia que  hubiere  alterado,  tergiversado  o  cercenado  su contenido objetivo, y como lo  tiene    dicho   la   jurisprudencia   «si  el  sentenciador  contempla  las  pruebas  tal  como  ellas  se  ofrecen,  sin  hacerles  decir nada distinto de lo que ellas mismas manifiestan,  entonces  no  podría  censurársele  en  casación  por  error  de  hecho en la  apreciación     de     las    mismas».28   

          Es  preciso recordar que se incurre en equivocación de facto cuando  se  extrae  «una conclusión  probatoria  que  no  se aviene a los elementos de persuasión y que se aleja sin  mediar  explicación  razonable  y  en  forma  ostensible  del  significado  que  aquellos  ofrecen  en  realidad, pues no encaja lógicamente dentro del marco de  las  alternativas  probatorias  posibles».29   

          2.3.   Luego,   si  la  apreciación  que  efectuó  la  censura  de  las  referidas  probanzas  no  se  erige en la única  admisible  y  por  el  contrario,  la realizada por el juez de segunda instancia  revela  una  contemplación  material  acorde  con  el contenido objetivo de las  mismas,  en  tanto  -de  manera  razonable-  concluyó  que  la duración de las  actividades  contratadas  que  debían  realizarse  en  la  “zona centro” no  podía  exceder  el  tiempo  total  fijado  como  de  vigencia del contrato aún  habiendo   iniciado   posteriormente,  no  encuentra  la  Sala  que  se  hubiere  configurado  el  defecto  de  valoración que adujo la censura,  para   cuya    demostración   -se   insiste-   no  resulta  suficiente  presentar  deducciones  antagónicas a las expuestas en la sentencia, porque ellas solas no  tienen entidad para revelar desacierto alguno.   

3.  En  lo  que  respecta  a  los testimonios, cuya ponderación cuestionaron los impugnantes, no  encuentra  la  Sala  que  se  hubiera  demostrado  el  supuesto  error  de hecho  atribuido al sentenciador.    

En  efecto,  el  Tribunal  consideró  que  resultó  infundada la alegación de que «la  CENTRAL  HIDROELECTRICA  DE  CALDAS  S. A. E.S.P. incumplió la  cláusula  décimo  quinta del contrato 104.04, en tanto dicha afirmación no se  acompañó     de     prueba    alguna»,   y  en  oposición  a  ese  argumento  «es   basto  el  recaudo  testimonial   que   en   sentido   contrario   se   ofreció   al   juzgador  de  instancia».30   

Frente  a dicha reflexión, los impugnantes  afirmaron  que  el  ad  quem  «supone,  se  imagina,  la  prueba  de  que  la  demandada  si  entregó  los  equipos  a  que se refiere la  cláusula  15  del  contrato en cuestión»31, y que dado  que  «no  precisó  a qué  prueba  se  refería  en  concreto,  es  del  caso  señalar  que si lo fue a la  testimonial  que analizó la sentencia del a quo…incurre en tergiversación de  la   misma»,   pues   las  declaraciones     rendidas    dentro    del    proceso    recaen    «sobre un aspecto fáctico completamente  ajeno  al  cumplimiento  del contrato por parte de la empresa demandada; pues es  claro  que  una  cosa  es  que  la  empresa  CHEC  S. A. ESP hubiese cumplido su  obligación  contractual  de  entregar los equipos a que se refiere la cláusula  15  del  contrato  104.04  y  otra, muy distinta, que en el método de medición  empleado  por  los  operadores  de la unión temporal demandante, se dificultaba  trasladar    los   terminales   portátiles   a   zonas   peligrosas».32   

3.1.    Las  conclusiones  del  sentenciador  no fueron desvirtuadas por los recurrentes, por  cuanto  no  cumplieron  su  carga de demostrar la alteración, tergiversación o  cercenamiento  del  contenido  material  de  los  testimonios  recibidos  en  el  proceso.   

La razón de lo precedente reside en que la  censura  no identificó con exactitud las declaraciones sobre las cuales recayó  supuestamente   el  yerro  valorativo,  las  que  debía  separar  y  considerar  aisladamente,  colocando  de  presente  los  hechos cuya demostración emerge de  cada  uno  de  esos  testimonios  y  confrontando  su contenido objetivo con las  inferencias  que  del  conjunto  de dichas pruebas extrajo el Tribunal, y de esa  manera  dejar  al  descubierto  que  la  tesis  sostenida  en el fallo frente al  cumplimiento  por parte de la CHEC S.A. de la disposición convencional relativa  a  la  entrega  de  los  medidores  portátiles, es contraevidente, y por tanto,  insostenible.    

Sobre    este   puntual   aspecto,   la  jurisprudencia  ha  explicado que si el censor acude a la vía indirecta y alega  que  el  juzgador incurrió en desatinos de orden fáctico, le corresponde hacer  expresa  mención  de  cada  una  de  las probanzas respecto de las cuales aquel  habría  incurrido  en la anotada infracción, y adicionalmente, alegar un yerro  del    que   se   puedan   predicar   las   características   de   «ser          evidente         y  transcendente»   en   la  decisión    adoptada,    es   decir,   «tan  grave y notorio que a simple vista  se  imponga  a  la mente, sin mayor esfuerzo ni raciocinio o en otros términos,  de  tal  magnitud  que  resulta  absolutamente  contrario  a  la  evidencia  del  proceso». (CSJ SC, 18 Dic. 2012, Rad. 2007-00071-01 y  CSJ SC, 13 Sep. 2013, Rad. 1998-37459-01).   

De  ese  modo, si el recurrente se limita a  exponer  su  visión  contraria  sobre  la  forma  en  que  debió realizarse la  ponderación  del  acervo  probatorio,  esa  enunciación  por  si  sola  no  se  considera  suficiente para demostrar el equívoco del administrador de justicia,  porque  con  ella  apenas  expresa  su  inconformidad con el pronunciamiento que  emitió,  sin ocuparse, tal como se le exige, de desvirtuar las bases esenciales  del  mismo,  labor  mucho  más  exigente y calificada que se erige en requisito  para que prospere el ataque en sede extraordinaria.     

3.2. En casos como  el  presente,  en  el  que  el fallador arribó a una determinada conclusión al  ponderar  las  declaraciones  recibidas  en  el  proceso sin precisar en cuáles  testimonios  específicamente  se  apoyó  tal  consideración, porque en vez de  ello     hizo     referencia     de     manera     general    al    «recaudo     testimonial»33 que apreció el a  quo, al censor no le bastaba manifestar  que  con  el aludido grupo de testimonios no se demostró el cumplimiento de las  obligaciones  de  su  contraparte,  sino  que  era imprescindible y forzoso, que  hubiera  procedido  a  separar  y  considerar  en forma aislada cada uno de esos  medios  de convicción, los cuales fueron unidos o mezclados por el ad  quem;  seguidamente, debió demostrar  qué   hechos   emergían  de  tales  pruebas  individualmente  consideradas,  y  confrontar  su  contenido  con  el que de los mismos extrajo el administrador de  justicia  para  acreditar el yerro evidente objeto de la denuncia, y luego dejar  claro  de  qué  manera  se produjo la violación de las normas sustanciales que  invocó.   

Sin embargo, los demandantes no procedieron  de  la  señalada  manera,  pues en lugar de analizar los testimonios recaudados  uno  por  uno,  destacando  lo  que  objetivamente  revelaba cada declaración a  efectos   de   compararlo  con  la  conclusión  expuesta  por  el  ad  quem  y de poner de presente tanto el  yerro  de  apreciación que le endilgaron como su incidencia en el fallo y en la  transgresión  de  normas  sustanciales,  se  refirieron  de manera general a la  prueba                  «testimonial»,  para     indicar     tan     solo     que     aquella     versó    «sobre un aspecto fáctico completamente  ajeno    al    cumplimiento    del    contrato   por   parte   de   la   empresa  demandada»34,  sin  aclarar  si  eso  se  predicaba  de  todas  las  declaraciones  recepcionadas o de algunas de ellas, o  únicamente  de  una  de  esas  pruebas, con lo que el ataque deviene en extremo  precario,  porque  no  se  enderezó  a  probar  la  deficiencia  alegada, ni el  quebranto  de  la  ley  que supuestamente pretendía que se corrigiera a través  del recurso de casación.       

3.3. En virtud de  la  desatención  de la mencionada carga por parte de los impugnantes, no fueron  desvirtuadas  las presunciones de legalidad y acierto que amparan a la sentencia  materia  del reproche y, en consecuencia, se mantiene en pie, la conclusión del  juzgador  relativa a que la entidad del sector eléctrico, contrario a lo que se  adujo  en  la  demanda,  sí  cumplió  su  obligación  de entregar los equipos  portátiles,  baterías  recargables y demás elementos necesarios para tomar la  lectura  de  los medidores de consumo instalados en los predios de los usuarios,  deducción   que,   por   razón  de  la  deficiencia  de  la  censura,  resulta  indiscutible en esta sede extraordinaria.   

Por las razones que se dejan consignadas,  se concluye que tampoco este cargo está llamado a prosperar.   

4.  Ante  el  fracaso  del  recurso,  se  condenará  a  los recurrentes al pago de las costas  causadas con ocasión del mismo.   

III. DECISIÓN  

Por  lo  anteriormente  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Civil, administrando justicia en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley NO  CASA  la sentencia proferida el 9 de diciembre de 2011  por  la Sala Civil de Descongestión del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de Bogotá dentro del proceso ordinario de la referencia.   

Costas del recurso extraordinario a cargo de  los  impugnantes.  Tásense  por  Secretaría,  incluyendo la suma de $6.000.000  como  agencias  en  derecho  a  favor  de  la  parte  demandada en virtud de que  formuló oposición.   

En su oportunidad, devuélvase el expediente  a la Corporación de origen.   

NOTIFÍQUESE  

JESUS VALL DE RUTÉN RUIZ  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS  ARMANDO  TOLOSA  VILLABONA     

1  Adendo 2.   

2 Folio  57, c. 11   

3  Artículos 234 a 247.   

4  Artículos 11 y 12.   

5  Artículo 365 de la Constitución Política.   

6  Parágrafo.   

7  El  artículo  17  de  la  Ley  142  de 1994 establece que las empresas de servicios  públicos    son    sociedades   por   acciones.   Únicamente   las   entidades  descentralizadas  prestadoras  de  los  mismos  que  no  se  acojan  a esa forma  societaria,  podrán  transformarse  en  empresas industriales y comerciales del  Estado.   

8  Derogada  por el artículo 309 de la Ley 1437 de 2011 que contiene el Código de  Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso Administrativo.   

9 Las  cláusulas  exorbitantes  están consagradas en los artículos 15 a 19 de la Ley  80 de 1993.   

10 El  artículo  40 de la Ley 446 de 1998 que introdujo la reforma fue derogado por la  Ley 1437 de 2011, vigente desde el 2 de julio de 2012.   

11  Artículo 42.   

12 La  Ley  954,  promulgada  el  27  de abril de 2005, readecuó en forma temporal las  competencias   fijadas   por   la   Ley   446  de  1998,  mientras  entraban  en  funcionamiento los jueces administrativos.   

13 Los  juzgados  administrativos  iniciaron  labores en el año 2006, por virtud de los  Acuerdos  3321,  3345  y  3409  expedidos por la Sala Administrativa del Consejo  Superior de la Judicatura.   

14  Artículo 4 de la Ley 689 de 2001.   

15  Dichos  negocios  jurídicos  versan  sobre  la  administración  profesional de  acciones  (39.2);  la  transferencia  de  la  propiedad  o del uso y goce de los  bienes   destinados   a   la  prestación  de  los  servicios  públicos,  o  de  tercerización   de   las   actividades   de  las  E.SP.  oficiales  (39.3);  la  interconexión  requerida  para  cumplir  el  objeto principal de esas entidades  (39.4)   y   la   extensión   de   la   cobertura   de   un  servicio  público  (39.5).   

16 De  acuerdo  con  el  artículo 14 de la Ley 142, en tales entidades existen aportes  iguales  o  superiores  al  50%  de su capital, que provienen de la Nación, las  entidades   territoriales   o   las   entidades  descentralizadas  de  aquellas.   

17 El  nuevo   Código   de   Procedimiento   Administrativo   y   de   lo  Contencioso  Administrativo entró en vigencia el 2 de julio de 2012.   

18  Folio 19, c. Corte.   

19  Folio 20, c. Corte.   

20  Ibídem.   

22  Folio 262, c. 1.   

23  Folio 23, c. Corte.   

24  Folio 88, c. 1.   

25  Folio 144, c. 1.   

26  Folio 254, c. 1.   

27  Folio 158, c. 1.   

28  CXVII,   174.     

29  CCXXVIII, 1267.   

30  Folio 57, cuaderno 11.   

31  Folio 24, c. Corte.   

32  Folio 25, c. Corte.   

33  Folio 57, c. de segunda instancia.   

34  Folio 25, c. Corte.     

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