AC2198-2014 [1993-10630-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

Magistrada Ponente  

AC 2198-2014  

Radicación  n°   76001  31 03 006 1993  10630 01   

(Aprobado  en sesión de veintinueve de enero  de dos mil catorce)   

Bogotá,  D.  C.,            treinta (30) de abril de  dos mil catorce (2014).   

                     

        La  Corte  procede  a  emitir  el  pronunciamiento  que  corresponde, en cuanto a la  admisibilidad  de  la  demanda presentada por los señores XXXXXXXXXXXXXXX y XXX  XXXXXXXXXXXXXXXXXX,  a  través de la cual sustentaron el recurso extraordinario  de  casación que interpusieron frente a la sentencia dictada el catorce (14) de  diciembre  del  dos mil once (2011), por la Sala Civil del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cali,  dentro  del  proceso  ordinario instaurado por el  señor  XXXXXXXXXXXXXXXXX y las sociedades XXXXXXXXXXX, XXXXXXXXXXXXXXXXXXX XXXX  e  XXXXXXXXXXXXXXXXX,  contra  los  recurrentes, la señora XXXXXXXXXXXXXXXXXX y  los herederos de XXXXXXXXXXXXXXX.   

I. ANTECEDENTES  

          En  la  demanda  se  narró  que  en  1985, la Junta Directiva de la  sociedad            XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX,   XXXXXXXX,   ente  societario  debidamente  constituido  y  registrado en la Cámara de Comercio de Cali, previa aprobación  de  la Superintendencia de Sociedades, dispuso la colocación de 1.200 acciones.   

          No  obstante,  el  representante legal, al acometer el procedimiento  para  la venta mencionada, no dio los avisos de la oferta en la forma debida, lo  que  permitió  que  algunos  accionistas,  privilegiados  con  la información,  tuvieran  la posibilidad de adquirir las acciones referidas y, a partir de ello,  habiendo  adquirido un importante número de las mismas, controlaron la empresa.   

          Las  irregularidades  denunciadas, determinantes de la intervención  de  la  autoridad  correspondiente, dieron lugar a la declaratoria de ineficacia  de  los  títulos  adquisitivos  de  las acciones mencionadas y, en su lugar, se  dispuso la repetición de la venta citada.   

          Teniendo  como  soporte  esa  descripción fáctica, la parte actora  solicitó   «reconocer la ineficacia que trata el  artículo     390     del     C.     de     Comercio    en    el    ‘CONTRATO    DE    SUSCRIPCIÓN    DE  ACCIONES’     (…)  por  no  haber dado aviso de oferta escrito dentro del  término que consagra la ley (…)».   

II. LA DEMANDA DE CASACION  

          El  actor,  invocando  el  artículo  368  del  C. de P.C., acusa la  sentencia  emitida  y  para  formalizar  dicha  censura,  plantea  tres  cargos.   

i).  El  primero  de  ellos  lo trazó por la  causal  5ª,  debido a que, según su perspectiva, no fueron llamados a procesos  todas  las  personas  que  debían  serlo, en otros términos, no se integró el  contradictorio.   

ii). El segundo, alude a una violación recta  de  la  ley,  por  ende,  el  impugnante  escogió  la vía directa de la causal  primera  y,  como  fundamento de dicha censura, expone que el Tribunal calificó  de  simulado  el instrumento que recogió la venta de las acciones de la Empresa  «XXXXXXXX».   

iii).  Y,  el  último,  bajo la misma senda  casacional,  pero  debido  a errores de hecho, optó por acusar el fallo emitido  invocando  la  vía  indirecta.  En  esta  oportunidad reprochó al fallador por  cuanto  que  calificó  de  manera  equivocada  el  contrato  que celebraron las  partes.   

III. CONSIDERACIONES  

         

          1.   Como   bien   se   sabe,   el  recurso  de  casación,  por  lo  extraordinario  y,  atendiendo  su  naturaleza,  al momento de su formulación y  posterior  sustentación,  imponen  al  censor  el  acatamiento de un mínimo de  requisitos  tanto de forma como de técnica que, al ser desconocidos, además de  impedir  que  el  fondo del debate sea abordado, lo condenan a la deserción. Su  gestor,  adicionalmente, no puede olvidar que este remedio procesal no atañe al  aspecto  fáctico  de  la controversia judicial (thema  decidendum);  menos  está  concebido  como  una nueva  oportunidad   para   debatir   el  factum  del litigio, tampoco constituye una tercera instancia. El objetivo  principal  es  escudriñar  el contenido del fallo proferido por el ad-quem  (thema  decissus),  tratando  de  visualizar   los yerros  denunciados  y,  así,  en  una  confrontación  idónea,  quebrar  la sentencia  proferida.   

         

          2.  También,  de  tiempo  atrás, ha sido plasmado por la Corte, en  multitud  de  providencias,  que  este  mecanismo  impugnativo,  como  cualquier  herramienta  de censura respecto de las decisiones emitidas por los jueces de la  República,  quien  lo  esgrima  ha de ser, únicamente, la persona afectada, es  decir,   su   evocación  sólo  puede  provenir  de  quien  tenga  interés  en  blandirlo.   

                     

          3.  Ahora,  con  el  propósito  de  derruir los cimientos del fallo  adoptado,  el  casacionista,  de  manera  inexorable,  una vez identificados los  motivos   de  la  disconformidad,  le  corresponde  adecuar  los  mismos  a  una  cualquiera  de  las  causales que el legislador autorizó en el artículo 368 de  la  norma procesal civil; empero, por supuesto, la memorada ha de corresponder a  la   naturaleza  de  la  acusación;  en  otros  términos,  las  equivocaciones  enarboladas  no pueden transitar por una senda diferente de las previstas en las  disposiciones  vigentes,  en  el  entendido  que  todas  ellas  sirven  a un fin  similar,  cual  es  infirmar  la  decisión  cuestionada,  pero con autonomía e  independencia  propias,  por  tanto, según el error de que se trate, ese camino  ha  de ser el que se avenga al sentido del reproche, concierna, eventualmente, a  errores de juicio o de actividad.   

          En   esa   perspectiva,  cuando  se  invoca  la  causal  primera  de  casación,  el recurrente no puede entremezclar los aspectos que estructuran los  errores  estrictamente  jurídicos, propios de la vía directa, con aquellos que  atañen  a  lo  factual  del  recurso, reservados para la indirecta; tampoco, se  anunció precedentemente, pueden fusionarse.   

          4.  Por  otra  parte,  los  argumentos  que  estructuran  el  ataque  formulado  no  pueden  devenir mixturados; los motivos que darían lugar a una u  otra  acusación,  una vez identificados, no se pueden agrupar, indistintamente,  en  una  misma  causal; cada fundamento debe exponerse por separado y respetando  la correspondencia con el dislate esgrimido.   

          5.  A lo dicho súmese que la impugnación debe comprender todos los  argumentos  basilares de la sentencia, los pilares de la misma, en su totalidad,  serán,  sin  excepción,  destinatarios  del reproche; en otras palabras,   aquellos   planteamientos   expuestos   por  el  fallador  y  sobre  los  cuales  fundamentó   la   decisión   adoptada,   no   pueden  quedar  desprovistos  de  confrontación,  pues  liberarlos  del  ataque  formulado  es   tanto  como  dejarlos  en  pie  y,  por  consiguiente,  siguen  sirviendo  de  soporte  a  la  determinación cuestionada.   

        6.  Plasmadas  las  anteriores  pautas, cumple decir, desde ya, que la sustentación  del  recurso extraordinario de casación, aducida por algunos de los integrantes  de  la parte demandada, en los tres cargos formulados, no satisfizo las mínimas  exigencias  contempladas  tanto en el artículo 374 del Código de Procedimiento  Civil, como por esta Corporación.   

          6.1.  Alusivo al primer embate, relacionado con la causal de nulidad  reseñada  en el numeral 9º del artículo 140 del C. de P.C., el actor sostiene  que  el  Tribunal  dictó sentencia con total desconocimiento de la integración  del  contradictorio, habida cuenta que el objeto del debate, concerniente con la  simulación  y  nulidad  relativa  de  un  negocio  jurídico, así lo imponía.   

          El  vicio denunciado refiere, ciertamente, a aquellos eventos en que  se  omiten  las notificaciones que por ley deben cumplirse o, que, atendiendo la  naturaleza  de la controversia, ha debido vincularse o emplazarse a determinadas  personas.   

          Sin  embargo, no cualquier interesado puede concurrir a vindicar las  correcciones  del  caso.  En  ese  sentido,  el  inciso  3º  del  artículo 143  ibidem,   con   claridad  evidente,  condiciona  la  posibilidad  de alegarse dicha irregularidad a que lo  haga    «sólo    (…)  la  persona  afectada»,  es  decir,  nadie  más que el sujeto procesal a quien, por falta de su convocatoria  a  proceso,  le  fueron  cercenados o vulnerados sus derechos. Y, en el presente  asunto,  quien reclama la declaratoria de nulidad no es la persona «afectada»,  pues,  tal  cual  quedó  reseñado  en  el  cargo,  quien  hipotéticamente vio  desconocidas  sus  prerrogativas fue el señor XXXXXXXXX XXXX, en cuyo nombre no  ha  concurrido  su  representante,  sino  el de la parte contraria, quien, desde  luego,  no tiene autorización para procurar enmendar los posibles desatinos del  juzgador.   

          Así lo dejó puntualizado la Corte:   

Agrégase a ello que, característico de todo  medio   impugnativo,   el  recurso  de  casación,  que  ciertamente  no  es  la  excepción,   emerge  en  función  de  sus propios fines, empero, sirve de  instrumento  procedimental  de  manera exclusiva a quien resulte afectado por la  decisión  opugnada;  en  otro términos, la persona legitimada para reivindicar  un  vicio  en  la  sentencia  proferida  y, con ello, procurar dejar a salvo sus  derechos,  es  aquella  que,  precisamente,  resulta   agraviada  con dicho  fallo,  o  a  quien la ley, según las circunstancias, le defiere la potestad de  recurrir.   

Súmase a lo dicho que en el evento de haber  existido  durante  el  trámite de la controversia, alguna irregularidad o vicio  determinante  de  una  nulidad, sin que el afectado haya puesto a consideración  del  funcionario  judicial  respectivo,  bajo las formas y tiempos que prevé la  ley,  situación  semejante,  con  su  silencio  convalidó esa actuación y, de  contera,  prescindió del derecho de impugnar o reivindicar tal situación en su  favor.  (CSJ AC 24 Oct. 2011,  Rad. 01283 01).   

          Luego,  carente  el  censor de la autorización legal para presentar  un    reproche    de    estas    características,   no   puede   validarse   su  formulación.   

          6.2.  El casacionista, en el cargo segundo, pasó por alto  que  cuando  se  traza  una  acusación  por la vía directa de la causal primera, es  decir,  por  violación  recta  de  la  ley,  no  pueden  involucrarse  aspectos  relacionados  con  lo  fáctico, solamente está autorizado para debatir asuntos  estrictamente jurídicos.    

          Sin  embargo,  en  esta  oportunidad,  el  recurrente  emprendió la  confrontación   descendiendo   a   lo   factual   del   fallo.   Obsérvese  lo  expuesto:   

«El  Tribunal  (…)  llega  a la  conclusión  errónea,  de  que  existió  simulación  relativa  en el contrato  celebrado (….)».   

«El  error  del  Tribunal  Superior  es protuberante puesto que a la relación jurídica ocurrida  entre  las partes, la compraventa mercantil de 1.600.000 acciones de XXXX, no la  acusa  de  simulación,  pero  si lo hace con el instrumento de pago del negocio  celebrado (….)».   

«Si  el  negocio  celebrado  y  querido  entre  las  partes,  para  la  compraventa   de  las  1.600.000  acciones  de XXXXXXX, es declarado en la sentencia como real y serio,  resulta  totalmente  contradictorio que diga que el instrumento acordado por las  mismas    partes   para   cumplirlo   es   simulado»  (folios 51 y 52 del cuaderno de la Corte).   

          Más adelante patentiza esa tendencia, así:   

          «(…)  Allí  no  hay  simulación, a lo  sumo  lo  único  que puede haber es una mala calificación de la operación, de  su  rótulo,  de  su  denominación.  Pero  está  muy  lejos  de  producir  una  simulación,    el    negocio    de    instrumento   de   pago   es   totalmente  válido.   (…)»   (folios  53  y  54  ib). No hay duda, es una confrontación a  los análisis o conclusiones del Tribunal.   

          Bajo  esa  orientación,  no hay temor a equivocación en cuanto que  el  recurrente  no  cuestiona  el  proceder  del  sentenciador, en el sentido de  inaplicar  la  ley,  interpretarla  erróneamente  o  hacer  operar  la  que  no  correspondía,  formas  estas  de  trasgredir  la normatividad. Lo que el censor  confuta  en su demanda de casación son las conclusiones del Tribunal, es decir,  está  en  desacuerdo  con los análisis efectuados y las inferencias extraídas  del  vínculo existente entre las partes; hay una discrepancia evidente frente a  los  razonamientos  del  fallador.  El  impugnante  desplazó  la  censura  a un  desacuerdo  en  lo  fáctico  y  no  en lo jurídico, por lo menos, no de manera  directa como así lo planteó.   

          Y  si se concluyera, eventualmente, que el error del casacionista es  de  pura  nomenclatura,  tampoco podría la Corte enderezar el reproche, pues el  impugnante  no  atinó  a  precisar  e  individualizar  qué pruebas y bajo qué  precisas   evaluaciones  se  condensan  los  errores  del  juzgador  de  segunda  instancia.   

          6.3.  El cargo tercero también acusa varias deficiencias. Se trazó  por  la causal primera, vía indirecta, debido a los errores de hecho en materia  probatoria  en que incurrió el Tribunal «acerca de la  realidad   del   negocio   y   en  la  interpretación  del  negocio   (sic)   que  celebraron las partes».   

          Sin   embargo,   al  desarrollarlo,  su  promotor,  indistintamente,  incursiona en denuncias anejas a otra clase de equivocaciones.   

          6.3.1.  Por  ejemplo,  empieza  por decir que si el fallador «(…)  se  hubiese dado cuenta de los errores que plantan los  demandantes  en  sus  pretensiones  tanto  de  la  demanda  inicial  como  de la  acumulada  (…)».  Denuncia  esta  que  trasluce  un  hipotético  error  en la interpretación de la demanda y, en particular, de sus  pretensiones,    planteamiento    distante    de    los   errores   en   materia  probatoria.    

          6.3.2.  Además,  a  folio  63,  expresamente  dijo:  «Las  pruebas  dejadas  de  observar (….)  y  que  deben  ser  analizadas  en  conjunto  son  las  siguientes:».  Anuncio  que concierne con un error de  derecho,  en  la  medida  en  que el desconocimiento del artículo 187 del C. de  P.C.  (relacionado  con la valoración conjunta), involucra una equivocación de  disciplina  probatoria;  es un desconocimiento de la norma que gobierna la forma  en  que  deben evaluarse los elementos de juicio incorporados al plenario.    

          6.3.3.  Agrégase  a  lo  dicho  que  el  Tribunal  en  la sentencia  cuestionada afirmó:   

La Sala, frente a los dos texto copiados, de  los  que  no  tomamos  ahora en cuenta los valores en pesos ya analizados antes,  reconoce  sin  ambages  que  contienen  una coincidencia adicional a las seis ya  relacionadas  y  se  pregunta:  ¿esta coincidencia de que la enajenación   del  lote  de terreno de propiedad del comprador XXXXXXXXXXXXXX a los vendedores  XXXXXXXXX  corresponde  al  pago  de  parte del precio tendremos que descartarla  como  quiere  el  abogado de los demandados, o ambos documentos son plena prueba  del  querer, de la voluntad, de la intención real de las dos partes de enajenar  la  una  y  aceptar  los  otros  el  predio, no como resultado de un contrato de  compraventa,   sino  como  pago  en  la  forma  dicha.   

          Y agregó:   

                      

          Ante  esos  planteamientos,  el  recurrente, entre otros argumentos,  dijo:   

          «No  sabemos  de dónde le ve el Tribunal  simulación  a  un  instrumento  de pago acordado por las partes para cumplir el  contrato   principal   (…)»   (folios   60   y  61  idem).   

          Insistimos  que  es totalmente absurdo que declarando la ocurrencia,  certeza  y  validez  del  negocio fundamental de la compraventa de las 1.600.000  acciones   de   XXXXXXX,   a   renglón   seguido  declare  la  simulación  del  instrumento   que acuerdan las mismas partes para pagar el precio. Allí no  hay  simulación,  a lo sumo lo único que puede haber es una mala calificación  de  la  operación,   de  su  rótulo,  de su denominación. Pero esto  está  muy lejos de producir una simulación,  el negocio de instrumento de  pago  es  totalmente  valido;  si  al  Tribunal  Superior  no le gustó  la  denominación  que  le  dieron  las  partes, bien podía corregirla. Por ello se  equivoca  al declararlo simulado. De paso viola o vulnera, además del principio  de   autonomía   (artículo  16  del  Código  Civil),  el  principio   de  conservación  y  de utilidad del negocio jurídico consagrado en los artículos  1501  y  1620  del  Código Civil, en virtud  del cual el intérprete   debe  optar  por  el camino que conduzca a la validez y no a la destrucción del  negocio       (folio       61,       ídem).   

          De  las  dos  citas,  es  decir,  lo  afirmado  por el Tribunal y lo  replicado  por  el  recurrente,  surge que el impugnante no confutó lo deducido  por  el  fallador  alrededor de la existencia de la simulación. La sentencia es  categórica  al  decir  que las partes al momento de celebrar la compraventa, lo  que   realmente   quisieron   convenir  fue  un  pago  parcial  respecto  de  la  negociación  de  las  acciones  y,  para  ello,  los  compradores (demandantes)  entregaron  el predio referido; empero, el acusador no replica esta conclusión,  la  dejó  incólume. Tampoco dijo nada sobre los dos contratos valorados por el  fallador  y  de  cuya  confrontación  logró  inferir la simulación pregonada.   

          7.  Bajo esas circunstancias, no queda otra alternativa que declarar  inadmisible  la demanda y, por ello mismo, desierto el recurso formulado. Por lo  anterior, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil,   

RESUELVE:  

          Primero.   INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por los señores XXXXXXXXXXXXXX  y XXXX XXXXXXXXX.   

          Segundo.           Consecuencialmente,              DECLARAR              desierto   el   recurso   de  casación  interpuesto.   

Tercero.     Ejecutoriada   esta   providencia,  el  expediente  deberá  retornar  al  Tribunal  de  origen.  La  Secretaría dejará las constancias del  caso.   

NOTIFÍQUESE  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

                     Ref: Exp., 05360 31 03 001  2005 00257 01   

                    1.1.  En  cumplimiento  de  tales  postulados, pertinente resulta referir que al  promotor  de  la censura le corresponde, entre otros requerimientos, cumplir con  una  acusación  completa,  es  decir, que las razones expuestas como fundamento  del  recurso,  sin  exclusión,  deben  comprender  todos los aspectos sobre los  cuales  el  Tribunal  hizo  descansar la sentencia emitida. No puede perderse de  vista  que  el  fallo,  al  llegar  a esta Corporación, arriba impregnado de la  presunción  de  legalidad,  por  ello,  al no confutar alguno de los argumentos  basilares  de  la  decisión  recurrida, comporta dejarlo incólume y, por ello,  intangible  a  la impugnación extraordinaria, por ahí mismo, el ataque deviene  frustráneo.   

                    1.2.  A  lo  anterior  debe  agregarse  que la sustentación de los  cargos  formulados,  ha  de  estar  en  sintonía con la motivación y resolución de la  sentencia  cuestionada, en otros términos, la censura no puede estar dirigida a  puntales  diferentes  a  los  expuestos  por  el  Tribunal  cuando  definió  la  instancia;  sin  resistencia  de ninguna índole el reproche deberá focalizarse  en  los  pilares del fallo, no puede vislumbrarse desenfoque alguno.     

                      2.1.  En  efecto,  en el  único  cargo  aducido,  el libelista dejó de lado combatir, de manera frontal,  algunos  de  los  argumentos  del ad-quem que  le  sirvieron  de  basamento  a  la determinación cuestionada.   

                      2.1.1.  Por  ejemplo, el  fallador  expuso:  “la  competencia se limita a los  motivos  de inconformidad expuestos por el recurrente,  concretamente  en  si  procedía la negación de las pretensiones  teniendo  en  cuenta  que  no  se  configuró   el contrato de suministro, para en su  lugar  dictar  sentencia  declarativa  y  de condena”  (reverso   del   folio  19,  cuaderno  del  Tribunal).  En  otras  palabras,  la  Corporación  de  segunda  instancia  consideró que sólo podía, por razón de  competencia,  evaluar  la  existencia  o  no  de  un  contrato  de suministro y,  ciertamente, así procedió en su labor decisoria.   

                    Bajo esa perspectiva, si el  actor  pretendía  a  través  del  recurso  formulado  que la Corte evaluara la  actuación  del  juez  de  segundo  grado,  en procura de establecer la eventual  omisión  en  el  reconocimiento  de  la  deuda  existente,  asunto diferente al  contrato   de   suministro,  debió,  primeramente,  remover  lo  que  el  mismo  sentenciador fijó como límites de su potestad falladora.   

                     Obsérvese que a folio 29,  del  cuaderno de la Corte, el recurrente afirma: “El  protuberante   error   del  Tribunal  consiste  en  que  al  analizar   los  testimonios   antes  señalados  solo llega a la  conclusión  de  que  no  hubo  contrato de suministro. El Tribunal debió en su  análisis  de  los  testimonios  ir al fondo del asunto y determinar que lo  que  hubo entre las partes fue una relación comercial  de la cual quedaron  pendientes   unas   obligaciones   a   cargo   de   los   demandados” (hace notar la Sala).   

                      En sentir del impugnante,  la  sentencia  debió abordar antes que el contrato de suministro, la existencia  o no de la deuda de los demandados para con la actora.   

                             Sin  embargo,  como  el  mismo  Tribunal  lo fijó al inicio de la  decisión  emitida,  su  labor únicamente  comprendería  el  estudio de si hubo o no contrato de suministro,  luego,  dejó por fuera otros aspectos del litigio. Por ello, en sentir de dicho  juzgador  no  tenía  la  posibilidad  de abordar asuntos diferentes y, bajo esa  perspectiva,   la   queja   del   casacionista  en  cuanto  que  “debió   en   su   análisis   de   los  testimonios   ir al fondo del asunto y determinar  que  lo  que  hubo  entre  las  partes  fue  una  relación comercial de la cual  quedaron  pendientes  unas  obligaciones  a  cargo de los demandados”, no resulta accesible, pues, desde el  comienzo  quedó  claro que dicho juzgador no tenía potestad o competencia para  tal  ‘análisis’,   determinación   que  se  muestra  pasible en el recurso bajo examen.   

                      Como no se cuestionó por  parte  del  impugnante  ese  punto,  la  Corte  no  puede entrar a evaluar si el  fallador  incurrió  en  la equivocación denunciada, en la medida en que lo que  no  haga  parte  del  recurso  no  está  al  alcance del Tribunal de Casación:  “lo  que  está  al  margen  de  la  acusación  es  intangible  para la Corte” (Sent. de 27 de febrero de  2001, Exp. 5987).   

                      2.1.2.  Pero,  frente al  tema,  surge  otra  deficiencia insuperable para la Corte, cual es la fusión de  argumentos  en  una  misma  causal,  cuando, en rigor, corresponden a diferentes  sendas casacionales.   

                    En el evento de aceptar, en  vía  de  hipótesis,  que  esta  Corporación puede incorporar en el estudio la  omisión  en  que  pudo  incurrir el Tribunal, queda en evidencia el error de la  acusación,  en  cuanto que el dislate atribuible al funcionario correspondería  a  un  asunto anejo a la incongruencia de los fallos judiciales, en la medida en  que  la  determinación  proferida  no  abarcó  la situación que subyace en la  controversia  surgida  y,  así,  de manera concreta, lo reprocha el recurrente:  “  (…)  se  declare   la  existencia  de una  relación  negocial  entre las partes y se condene a la parte  demandada al  pago  de la suma pretendida en la demanda” (folio 31,  demanda de casación).   

                      No se trata, entonces, de  valorar  pruebas  para  concluir  sobre la existencia de la deuda, no, el asunto  gira  alrededor  de  la  ausencia  de  ‘análisis’,  por  parte  del  Tribunal al verdadero quid del problema, lo que no le permitió  percatarse y declarar la existencia de la obligación.   

                      2.1.3.  Agrégase,  a lo  dicho,  otro  motivo  de  jerarquía  suficiente  para  evidenciar  la  falta de  idoneidad del cargo propuesto.   

                       Según  el  impugnante,  “Si  el  Tribunal  hubiera mirado las pruebas antes  anotadas,  se  habría  dado cuenta de la existencia de la obligación reclamada  cuya  fuente   es  el contrato anteriormente aludido, independientemente de  cuál  sea su naturaleza”. En otras palabras, para el  gestor  del  recurso,  no importaba qué nombre (nomen  iuris),  le  debía  ser  dispensado  a  la  relación  existente  entre  la  actora y los demandados; lo que contaba para sus intereses  era   la   declaratoria   de  existencia  del  crédito  y  la  orden  para  ser  pagada.   

                        Y  planteado  en  esos  precisos  términos  su reproche, surge, prontamente, que bajo la perspectiva de  esta  impugnación,  tal postura resulta ser una novedad, pues en ninguna de las  dos  instancias  fue,  debida  y  oportunamente,  incorporada  tal situación al  estudio pertinente.   

                    Nótese que el actor, en el  escrito  de  demanda  (folios  5  a  9,  cuaderno  principal),  solicitó  a  la  jurisdicción   que   se   declarara   que:  “entre  demandantes  y demandados se efectúo un contrato de asociación y de suministro  de  equipos  en  virtud del cual quedaron pendientes unas devoluciones de dinero  por   hacer   de   los  demandados  al  demandante”.   

                      

                         De  manera  que,  las  obligaciones  existentes  y, en particular, los dineros reclamados en el libelo,  tenían  como fuente la relación contractual denunciada, es decir, ‘el   contrato  de  asociación  y  de  suministro”.   En  ese  marco  litigioso  se  desenvolvió  la  actividad  del  funcionario  judicial;  luego,  si  hoy  en  día,  se  le reprocha la decisión  adoptada  bajo  el pretexto de que no declaró la existencia de las obligaciones  sin  importar  el  origen  contractual  de  donde  derivaban,  no  trasluce otra  percepción  que  el asunto así descrito es novedoso y, atendiendo los cánones  de la impugnación extraordinaria, debe ser desechado.   

                           3.  Lo  expuesto  en  precedencia  conduce,  inevitablemente,  a  la  deserción  de  la  censura,  por  ello,  la  Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Civil,   

RESUELVE:  

Primero.  Inadmitir  la demanda de casación  atrás citada.   

                     Segundo.  Subsecuentemente,  declarar desierto el recurso de casación formulado  por la parte demandante.   

                     Tercero.  Ejecutoriada  esta  providencia,  el  expediente  deberá  retornar al  Tribunal   de   origen.   La  Secretaría  dejará  las  constancias  del  caso.   

Notifíquese  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

                                              “Independientemente  de  la  causal  de  casación  invocada,  tal  cual  lo  prevé el artículo 374 del C. de P. C., al  censor   le  compete  presentar  los  cargos  propuestos  en  forma  “clara  y  precisa”,  requerimiento que comporta, por un lado, exponerlos de manera   nítida,  aprehensibles sin mayores o complejos análisis; por otro, exhibir una  acusación  completa, es decir, que todos los aspectos que sirven de basamento a  la  sentencia  emitida  deben  estar  involucrados  en el ataque. Las anteriores  precisiones  responden  a  la naturaleza dispositiva del recurso extraordinario,  pues,  la  Corte,  por ordenación legal, no puede abordar el estudio de asuntos  diferentes  a  los  referidos  por  el  recurrente  en el reproche expresado, ni  desviar  la  propuesta  impugnativa,  por  tanto,  resulta imprescindible que el  actor plasme todos los aspectos en que fundamenta su causa”.   

                    “En  el entendido que los orígenes y los objetivos  que  caracterizan  recursos como el que es objeto de estudio, difieren de manera  significativa  dependiendo  del  error  exteriorizado,  el legislador contempló  diferentes   causales   en   función   de   la   presentación  idónea  de  la  correspondiente  denuncia  (art.  368 C. de P. C.); premisa de la cual emerge la  autonomía  e  independencia  de los motivos que justifican acudir en casación,  así  como  de  las  sendas previstas para ello. Bajo esa orientación es claro,  entonces,  que al promotor de este remedio procesal le está vedado fusionar una  y  otra de estas, como, también, revolver o entremezclar aquéllos (Autos de 15  de   febrero   de  2007,  Exp.  2001  00357  01  y  14  de  diciembre  de  2011,  2005-00075-01)”.   

                    “En  los  eventos  en que la causal invocada sea la  primera,  en  cuanto que la misma contempla dos modalidades de impugnar el fallo  cuestionado,  esto es, la vía directa o la indirecta, según el yerro atribuido  al  ad-quem,  el casacionista al patentizar los términos de su inconformidad no  puede  confundirlas  ni enarbolar, de manera simultánea, similares motivaciones  alrededor  de las cuales fueron construidas. Por esta razón, las equivocaciones  que  refieran  a  temas  estrictamente  jurídicos,  cuyo  examen  comprometa el  primero  de  los  caminos  mencionados,  deben  trazarse  en  forma soberana con  respecto  a  las  relacionadas  con  asuntos  fácticos  o  cuestiones meramente  probativas,  para  las cuales, la normatividad, tiene signado un cauce diferente  (vía   indirecta);   además,   dado   que  estas,  conjunta  o  separadamente,  resultarían  suficientes  para sustentar una acusación en casación, no pueden  aparecer   mixturados   (Entre   otros,   auto  de  13  de  octubre  2011,  Exp.  2003-00269-01)”  (auto  de 12 de septiembre de 2012,  Exp., 2009 00176 01).   

Bogotá, D. C., treinta y uno (31) de mayo de  dos mil trece (2013).   

Ref.   Exp.  76001 31 03 002 2001 00075 01   

    

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