AC2016-2014 [2005-00015-01]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN CIVIL  

Magistrado Ponente:  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

AC2016-2014  

Bogotá,  D. C., veintitrés (23) de abril de  dos mil catorce (2014)   

Discutido y aprobado en Sala de veinte (20) de  noviembre de dos mil trece (2013)   

REF.: 11001-3103-030-2005-00015-01  

         

Se  decide  sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  con  la  que el Banco XXXXXXXXXXXXXX en Liquidación pretende sustentar  el  recurso de casación interpuesto contra la sentencia de 25 de julio de 2012,  proferida  por  la  Sala  Civil  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá, en el proceso ordinario del recurrente contra XXXXXXXXXXX.   

A cuyo propósito se considera:  

1.            En  el  libelo  se  pidió  declarar  al  demandado       civilmente       responsable,      contractual –principalmente-            y  extracontractualmente  –de  manera  subsidiaria-,  por  el  incumplimiento de las obligaciones derivadas del  contrato    de    prestación    de    servicios    profesionales   –de  abogado- suscrito con la actora, y  que  dicha inobservancia se derivó de la negligencia y mal manejo que aquel dio  a  los  trámites judiciales que se le encomendaron; en consecuencia, condenarlo  al  pago  de  los  daños y perjuicios causados, las costas y gastos del proceso  (fls. 76 a 83, cdno.1).   

2.            El  Juez  Quince  Civil  del Circuito de  Descongestión  de  Bogotá,  en  providencia de 30 de noviembre de 2011, halló  probadas  las  excepciones  esgrimidas por el convocado y negó las pretensiones  de la demanda (fls. 269 a 284, cdno. 4).   

El     ad  quem,  al  desatar  las  apelaciones  interpuesta  por  activa,  confirmó  la decisión del a quo (fls. 48 a 72, cdno. de 2ª inst.).   

3.            Inconforme  con  el  pronunciamiento  de  segunda  instancia,  el  demandante  propuso  recurso  de casación, el cual fue  concedido por el Tribunal y admitido por la Corte.   

4.            Surtido el traslado de rigor, el quejoso  sustentó  la  impugnación extraordinaria formulando dos cargos contra el fallo  de  segunda  instancia,  cimentados  en  la primera causal de casación (6 a 26,  cdno. de la Corte).   

a)            En  el  primer  reproche,  formulado  al  amparo  del  numeral  1º  del  articulo 368 del Código de Procedimiento Civil,  endilga  al  Tribunal  la vulneración de los artículos 1546, 1602, 1603, 1613,  1973,  2063,  2069,  2142,  2144,  2341 y 2356 del Código Civil y 396 de la ley  procedimental      “en     apreciación     del  contrato” (fl. 40).   

Pasa   a   aseverar  que  el  juzgador  no  “puede”  alejarse  del  objeto  del  contrato,  consistente  en  el  levantamiento del fuero sindical de  varias  personas  para  proceder  a  terminar  los  contratos de trabajo; que el  demandado  faltó  a  la  verdad  y  despreció  los procedimientos, tal como se  desprende  de  las  respuestas  a  las  preguntas  11 y 13 del interrogatorio de  parte;  que  la  conclusión  del ad quem es  equivocada,  pues “le falta claridad  y  precisión  en  sus razonamientos, ya que el mandato era expreso para asuntos  judiciales  y  hay plena prueba de los mismos, se contradice la evidencia por el  Tribunal” (fls. 20 y 21).   

Culmina indicando que al estar demostrado que  el    demandado    actuó    “sin   previsión   y  prudencia” e incumplió sus obligaciones, se le debe  condenar  a  indemnizar  los  perjuicios  causados;  que  el  fallador desconoce  “que   hubo  grave  incumplimiento  y  culpa,  que  señalan  y  lo demuestran los hechos de la demanda”;  que  están  acreditados  “los elementos propios de  nexo  causal  y el daño producido”; y que se omitió  considerar     los     artículos     1603,    1604    y    2155    ibídem,   pues   el   convocado   debe  “responder  por  la  culpa en el cumplimiento de su  encargo”, siendo a él a quien corresponde la prueba  de  la  diligencia y cuidado, por lo cual se debió indagar y determinar si puso  este  todos  los medios a su alcance para honrar su débito, contexto en el cual  el  yerro  denunciado  radica  en la “apreciación y  reconocimiento  del incumplimiento y responsabilidad del Togado, quien actuó de  manera   negligente   y   produjo  omisiones  que  afectaron  los  derechos  del  Banco” (fls. 22 y 23).   

b)            El segundo ataque, basado también en el  primero  de  los  motivos  de  casación, censura la violación indirecta de los  artículos  2341  y  2356  del  Código  Civil,  177, 180, 251, 254, y 258 de la  compilación  procedimental,  como consecuencia de los errores de derecho en que  incurrió  el  Tribunal  “en  la no apreciación de  alguna prueba” (fl. 23).   

Endilga al ad quem  el haber omitido la obligación de decretar pruebas de  oficio,    “necesarias    y   útiles”,  toda  vez  que  “el restarle valor  probatorio  a  las  copias  existentes  emanadas  de  los  procesos objeto de la  acción  y  de  las  peticiones  de  la  demanda,  y  siendo estos los elementos  esenciales  del  juicio  en  el  expediente,  surgía  la necesidad de la prueba  oficiosa   Art.  180  del  C.P.C.”  puesto  que  las  evidencias  “en  referencia fueron allegadas con la  demanda  y  hay  aceptación  de  los  documentos  por  el demandado” (fls. 23 y 24).   

Asegura  que de dichos medios demostrativos,  apreciados  en  conjunto con los informes rendidos por el convocado, relativos a  las  actuaciones  surtidas  en  los  litigios  laborales,  se  concluye  que  la  “ausencia    de    atención,    diligencia    y  cuidado”  de  aquel  generó perjuicios a la entidad  crediticia (fl.24).   

Por  último,  se refiere al “caso  Vega  Melo Rafael”, señalando que  “no   podía   inferir   el   juzgador  de  manera  fraccionada  el  interrogatorio  de  parte  y  los  documentos  aportados,  para  restarle  importancia  a  los mismos, fracciona la prueba y no ejerce una unidad  inescindible   de   los   documentos   (…)   al   no  decretar  la  prueba  de  oficio”;  que “desconoce  el  fallador  que  hubo  incumplimiento”,  y que las  evidencias   no   decretadas  demuestran  claramente  que  XXXX  “desatendió  los  procesos  encomendados  (…)  por  la  falta  de  vigilancia y actuación” en ellos.   

Para  concluir, indica que por la incidencia  de   las   documentales  aportadas,  el  Tribunal  debió  decretar  su  recaudo  oficiosamente.   

5.             Debido   al   carácter   excepcional,  extraordinario   y   dispositivo  del  recurso  de  casación,  el  ordenamiento  jurídico  presta  una  alta,  particular y necesaria atención a los requisitos  formales  de  la  demanda que lo sustenta, de manera que cuando la censura omite  atender  las  exigencias  establecidas  en el Código de Procedimiento Civil, se  impone inadmitir el medio impugnativo.   

En  este  orden  de ideas, resulta relevante  para  desatar  el  asunto  que ocupa la atención de la Corte el numeral 3° del  artículo  374  ídem, según  el  cual,  para  la  admisión  de  la  demanda de casación, el impugnante debe  exponer  “los  fundamentos  de  cada  acusación en  forma   clara   y   precisa”,   y   “si  se  trata  de  la  causal  primera”,  señalar  las  normas de derecho sustancial -aplicables al asunto- que considere  vulneradas.  Así mismo, cuando la vulneración del ordenamiento jurídico se le  atribuye    a    que   el   ad   quem   incurrió  en error de hecho, resulta imperativo que “el  recurrente lo demuestre”, por no ser  el recurso en cierne una tercera instancia.   

La   claridad  fuerza  al  casacionista  a  estructurar    su    ataque    de    forma    tal    que   sea   “perceptible  por  la  inteligencia  sin  duda ni confusión, o sea,  fácil  de  entender  no sólo en su presentación sintáctica, sino también en  su   construcción   lógica”,   mientras   que  la  precisión  lo  obliga  a  que  “la  acusación sea  exacta,  rigurosa  (…)  que contenga todos los datos  que  permitan  individualizarla  dentro  de la esfera propia de la causal que le  sirve  de  sustento” (Sent.  Cas.  Civ.  No.  114  de  15  de  septiembre  de  1994); así, de reprocharse al  juzgador  el  haber  transgredido  la ley sustancial, la denuncia debe señalar,  sustentar  y demostrar con rigor, el error que se le endilga a aquél, indicando  la  vía  y la clase del mismo, desvirtuando uno a uno los argumentos y soportes  del  fallo  cuya presunción de legalidad y acierto pretende dejarse sin efecto,  sin  abandonar  en  su  desarrollo,  ni siquiera un instante, el camino escogido  para ello.   

Análogamente, la Sala de manera pacífica ha  enseñado    que    los    ataques   –en   casación-,   contra   la   providencia   definitoria   de  una  controversia  judicial,  han  de  comprender y derribar, imperiosamente, todos y  cada  uno de los fundamentos, soportes o pilares esenciales de la sentencia cuya  presunción  de  legalidad  se  pretende  destruir, sin que resulte procedente o  suficiente  atacar  sólo  algunos  de  ellos,  dejando incólumes los otros. En  efecto,   habida   cuenta   de   la  mencionada  naturaleza  dispositiva  de  la  impugnación   y  la  imposibilidad  que  de  allí  se  deriva  para  completar  oficiosamente  la  acusación,  en  un  sinnúmero  de  pronunciamientos  se  ha  señalado  que  “por  vía  de la causal primera de  casación  no  cualquier  cargo  puede recibirse, ni puede tener eficacia legal,  sino  tan  sólo  aquellos  que  impugnan  directa  y  completamente  los  fundamentos  de la sentencia o las  resoluciones  adoptadas  en ésta; de allí que haya predicado repetidamente que  los  cargos operantes en un recurso de casación únicamente son aquellos que se  refieren  a  las  bases  fundamentales  del  fallo  recurrido,  con el objeto de  desvirtuarlas  o  quebrarlas,  puesto que si alguna de ellas no es atacada y por  sí  misma  le  presta  apoyo suficiente al fallo impugnado éste debe quedar en  pie,  haciéndose  de  paso  inocuo el examen de aquellos otros desaciertos cuyo  reconocimiento  reclama  la censura” (Sent. Cas. Civ.  No.  027  de  27  de  julio  de  1999;  subrayas  fuera de texto), por lo que la  prosperidad  de  la censura dependerá de “que  se  refiera  directamente  a  las  bases  en  verdad importantes y decisivas en la construcción jurídica sobre la  cual  se  asienta  la sentencia” (Sent. Cas. Civ. No.  002  de  25  de  enero  de  2008) y “exista completa  ‘armonía  de la demanda  de  casación  con  la  sentencia  en cuanto a la plenitud del ataque, es decir,  porque  aquella  combate  todas  y  cada  una  de las apreciaciones jurídicas y  probatorias        que        fundamentan       la       resolución’  (Auto  034  de 12 de marzo de 2008,  expediente  00271)”  (Autos  de  15 de enero y 29 de  julio de 2010 y 9 de mayo de 2011).   

6.            Al cotejar la sentencia cuestionada, con  los  reproches  esgrimidos  por  el  casacionista, encuentra la Corporación que  éstos  no  cumplen  con  las  premisas jurisprudenciales atrás iteradas y, por  tanto, los cargos resultan inadmisibles.   

Pues  bien,  la  censura  así  planteada no  precisa   la  vía  escogida  ni  indica  la  clase  de  error  que  endilga  al  ad  quem,  desatendiendo al  rompe  la  exigencia  de  exactitud  contenida  en el artículo 374 ibídem.   

Por  otra  parte,  no  obstante referirse al  quebrantamiento   de   la   ley   sustancial   “en  apreciación  del contrato”, lo que conduce a inferir  que  se  plantea, dentro de la vía indirecta, la comisión de un yerro fáctico  en  el estudio del negocio jurídico, nada dice el cargo con respecto a la forma  en  la cual se habría presentado la indebida apreciación del mandato ni en que  radicó  o  donde  estuvo  el  desatino  cometido  por el fallador en torno a la  observación   física   de   dicha   evidencia,  limitándose  a  expresar  que  “no se puede apartar el juzgador del objeto para lo  cual  se  contrato  al  togado  (…),  como  lo  es  el Levantamiento del Fuero  Sindical  y cuyo fin era lograr la autorización para poder terminar el contrato  de  trabajo”, omitiendo especificar o concretar donde  estuvo  el  extravío  del  juez  colegiado  y como se refleja en la providencia  atacada,   es  decir,  pasando  por  alto  demostrar  la  equivocación  que  se  denuncia.   

Ahora bien, lo mismo sucede con la acusación  relativa  a  un  presunto  “error en apreciación y  reconocimiento  del incumplimiento y responsabilidad”  del  demandado, toda vez que el impugnante no individualiza las probanzas en que  soporta  su  afirmación,  así  como  tampoco  indica  cuales fueron los medios  demostrativos  dejados  de  apreciar  u  observados  deficientemente, puesto que  transcribe  algunos  apartes  de  los  hechos  del  libelo  primitivo  y  de  la  declaración  del  profesional  del  derecho  accionado,  para  luego exponer su  visión  de  lo  que de allí se desprende, sin contrastarla en forma alguna con  el  contenido  de la providencia del Tribunal, particularmente, con el análisis  del material probatorio desarrollado en la misma.   

Adicionalmente,   a   pesar   de   que  el  ad  quem fundó su decisión  en  que  las  evidencias no tenían mérito suficiente para acreditar el daño y  el  nexo  causal, o en otros términos, se basó en la ausencia de demostración  de  los  elementos  de  la responsabilidad civil, la impugnación no se ocupa de  desvirtuar  dichas  conclusiones  mediante  la  debida  confrontación  entre el  análisis  probatorio  efectuado  por  aquel  y  la  realidad  que  las  pruebas  reflejan.  Sobre  el  particular, “(…) al unísono  jurisprudencia  y  doctrina,  de  manera  constante  han sostenido que frente al  recurso  de  casación  y tratándose de ataques montados sobre la existencia de  supuestos  desaciertos  fácticos  en  la  apreciación  de la prueba, no son de  recibo  las  simples  conjeturas  ni  tampoco  ensayos  argumentales ordenados a  instaurar   probables  entendimientos  de  la  realidad  distintos  al  que  fue  consignado  en  la  sentencia (…)” (Sent. Cas. Civ.  No.  003  de 1º de febrero de 1993, reiterada en Sent. Cas. Civ. No. 061 de 1º  de  julio  de  2008),  luego,  la  actividad  desplegada por el recurrente, para  demostrar   los   errores   del  ad  quem,  “(…) no puede quedarse apenas en su  enunciación  sino  que  debe  señalarlos  en  forma concreta y específica, en  orden  a  lo  cual  tendrá que precisar los apartes relativos a cada una de las  falencias  de valoración probatoria, confrontando la realidad que resulta de la  prueba  con la errada ponderación efectuada por el sentenciador, tarea esta que  no  queda  cabalmente  satisfecha si el censor se contrae apenas a plantear, por  más  razonado  que  ello  resulte,  lo  que  desde su perspectiva debió ser el  juicio  del  Tribunal,  por  supuesto  que un relato de ese talante no alcanza a  constituir    una    crítica    al    fallo   sino   apenas   un   alegato   de  instancia” (Sent. Cas. Civ. No. 056 de 8 de abril de  2005).   

Finalmente,  al plantearse el cargo con base  en  la  comisión de yerros fácticos, la censura estaba compelida a observar de  manera  rigurosa  la exigencia técnica relacionada con el combate del conjunto,  no  de  uno o varios sino de todos los fundamentos centrales de la decisión que  refuta,  así  como  de  todos aquellos medios probatorios que fueron tenidos en  cuenta   para   apoyar  los  razonamientos  que  le  dieron  la  convicción  al  ad quem de que las súplicas  debían    despacharse    adversamente,   pues   se   reitera,   “la  acusación de un fallo por error de hecho manifiesto o error de  derecho   en   la   estimación   de   pruebas  no  puede  prosperar  cuando  se  refiere”  solo a algunos de sus cimientos esenciales  o  “a  una  o  algunas”  evidencias,   si   los   otros   pilares  esenciales  del  proveído  “constituyen  un  soporte  suficiente  de  la decisión” caso en el  cual,  “el cargo no puede prosperar por no ajustarse  a  la  técnica  de  la  casación (…)” (Sent. Cas.  Civ.  de  11  de abril de 1972. G. J. t., CXLII, pág. 140, reiterada en auto de  14 de diciembre de 2010, exp. 01258).   

Ciertamente,   el  juzgador  señaló  que  “del  acervo  probatorio  lo  que  se desprendería  sería,  a  lo  sumo,  que  se  habría  incurrido  en alguna demora”  en las notificaciones, y que algunos trámites se demoraron por  la  insuficiencia  de  los  poderes otorgados para demandar a las organizaciones  sindicales.   De  igual  manera  indicó  “que  por  ninguna  de  tales  circunstancias,  ni  porque  el  demandado no se las hubiese  comunicado  oportunamente  a  su  mandante”,  se  le  podría   condenar   a   pagar  los  perjuicios  reclamados  en  “esta  acción  indemnizatoria”, toda vez  que  los  pagos efectuados por la actora a sus trabajadores eran “una  obligación que le correspondía satisfacer (…) en virtud de  los  correspondientes  contratos  de trabajo”; que no  existe  relación  de  causalidad  entre  la  negligencia  o  descuido que se le  atribuye  a Álvarez y las conciliaciones y pagos efectuados por la convocante a  sus  empleados;  que  las  obligaciones  del  abogado  eran  de  medio  y  no de  resultado;  que  en  el  caso  de  XXXXXXXXXXXXXX  la justicia laboral negó las  pretensiones,  lo  que  se traduce en que la jurisdicción civil no puede volver  sobre  el  punto, y que en otros asuntos el profesional del derecho sí informó  a  su  cliente  lo  acontecido  en los trámites a su cargo (fls. 68 a 71). Pues  bien,  correspondía  al casacionista discutir, enfrentar y combatir, uno a uno,  los anteriores argumentos, sin que así lo haya hecho.   

En  consecuencia,  el  primer reproche no se  abre paso a trámite.   

b)            La  segunda  imputación, enderezada con  base  en  el  numeral  1º del artículo 368 del Código de Procedimiento Civil,  contiene dos defectos que impiden su admisión:   

El primero de ellos, que adicionalmente riñe  con  la  claridad  exigible  al libelo en esta sede, consiste en que, a pesar de  denunciar  la  vulneración  de  dos  normas sustanciales, los artículos 2341 y  2356  del  Código Civil, éstas no resultan relevantes para el caso, conforme a  la  estructuración  del  cargo  mismo. En efecto, se acusa al Tribunal de haber  cometido  un  yerro  iuris en  la  apreciación  probatoria,  en  la  medida  en  que no decretó una prueba de  oficio,  omisión  que hizo que “no pudiera entender  la  responsabilidad por la falta de vigilancia y actuación en los procesos, los  que  demostrarían  que  hubo  culpa de su parte [refiriéndose al demandado] en  NO  cumplir  con el mandato  de  levantar  el  fuero  sindical  buscado” (fl. 26;  subrayas  fuera  de  texto),  o  lo  que es igual, se increpa al juzgador por no  haberse  percatado  del  incumplimiento  contractual,  y no obstante ello, se le  reprocha  la  vulneración  de  las  normas  que  disciplinan la responsabilidad  aquiliana y la derivada del ejercicio de actividades peligrosas.   

De  lo anterior se colige que este ataque no  cumple  con  las  exigencias  descritas  para  la  admisión  de  la  demanda de  casación,  pues,  jamás  se  esgrimió  como  vulnerada  una  norma sustancial  aplicable  a  la  responsabilidad civil contractual, sin parar mientes en que el  requisito   en   cuestión  “en  la  actualidad  se  satisface   cabalmente   señalando   cualquiera   de   las   normas” sustanciales  que    “constituyendo  base  esencial del fallo impugnado o habiendo debido  serlo,  hubiese sido quebrantada por el sentenciador”  (Auto No. 180 de 11 de julio de 2000, exp. 1798).   

La segunda falencia radica en la ausencia de  demostración  del  error  y  su trascendencia, es decir, si las evidencias cuyo  decreto  oficioso  se  echa  de  menos,  estaban  encaminadas  a  demostrar  que  “la  ausencia  de  atención,  diligencia y cuidado  acarrean  al  Banco  XXXXXXXXXXXXX  en  liquidación  consecuencias  económicas  adversas”,   el   inconforme  debió  apuntalar  su  argumentación  señalando  la  manera  específica  en  que  dichas  evidencias  influirían  en  la  decisión del ad quem,   qué   elementos  de  juicio  relevantes  aportarían,  y  cómo  llevarían  al  juzgador  a  apartarse de las conclusiones a las que arribó con  respecto   de  los  procesos  laborales  cuyas  copias  auténticas  sí  fueron  incorporadas al plenario.   

7.            Son  las  anteriores  razones  más  que  suficientes,  entonces, para deducir la ineptitud de los cargos contenidos en la  demanda en estudio para ser admitida a trámite.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de     Justicia,     en     Sala     de     Casación     Civil,    RESUELVE:   

PRIMERO:              INADMITIR     la    demanda    arriba  mencionada.   

SEGUNDO:              DECLARAR  DESIERTO,  en consecuencia,  el      recurso      de      casación      interpuesto     por     la              convocante   contra   la  sentencia  de  procedencia y fecha referidas.   

Notifíquese.  

MARGARITA CABELLO BLANCO  

RUTH MARINA DÍAZ RUEDA  

FERNANDO GIRALDO GUTIÉRREZ  

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ  

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ    

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