AC4832-2014 [2014-01449-00]

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  CIVIL   

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Magistrado Ponente  

AC4832-2014  

Radicación           N°  11001-02-03-000-2014-01449-00   

Bogotá,  D.C.,  veintiuno (21) de agosto de  dos mil catorce (2014)   

Se  decide lo que en derecho corresponda en  relación  con  la  admisión a trámite de la demanda contentiva del recurso de  revisión  formulado  por la  UNIÓN  DE  EMPRESARIOS  DE  APUESTAS PERMANENTES DEL  ATLÁNTICO  S.A., contra la sentencia de 18    de  diciembre      de  2012    proferida  por la Sala Civil Familia   del  Tribunal      Superior     del     Distrito     Judicial     de     Barranquilla,  en  el  proceso  abreviado de restitución de inmueble  arrendado     que     ella     promovió        contra       Arnulfo Gómez Gómez.   

CONSIDERACIONES  

1.  Al  tenor  de  lo  dispuesto  en  los artículos 382 y 383 del   Código    de    Procedimiento    Civil,  la  demanda  por  medio  de  la  cual  se  interponga  el recurso  extraordinario  de  revisión  deberá  contener,  so pena de inadmisión, entre  otros,  “4.  La  expresión de la causal invocada y  los    hechos    concretos    que    le    sirven    de   fundamento”.   

De  cara  al  principio  dispositivo  que  gobierna  este  recurso  extraordinario  y,  por tanto, teniendo presente que la  Corte  no  puede  enmendar  o  complementar la demanda, los hechos concretos que  le  sirven de fundamento al  recurrente     deben     ser     puestos de presente  en  el  libelo para hacer evidente su concordancia con  la     causal     o    causales    invocadas.    Ha  reiterado  la  Corte,  en  efecto, que   

desde  un  comienzo  debe  el  recurrente  justificar  por  qué  considera fundada la causal de revisión que alega. Desde  luego    que,    en    ese    contexto,   el   recurrente   tiene   ‘una  carga argumentativa cualificada,  consistente  en formular una acusación precisa con base en enunciados fácticos  que  guarden  completa  simetría  con  la causal de revisión que se invoca, al  punto  que  pueda  entenderse  que  la  demostración   de  esos   supuestos,  en  principio,  haría  venturoso  el  ataque.  Dicho  de otro modo,  corresponde  al  recurrente  explicar  por  qué considera que la sentencia debe  revisarse  y,  para  ello, ha de hacer una presentación que permita establecer,  desde  un  comienzo,  que  existen  motivos idóneos que justifican el inicio de  este  trámite, destinado, como se sabe, a impedir la solidificación definitiva  de  la  cosa  juzgada.  De  ahí  que  si  el recurrente no expresa la causal de  revisión  que  pretende  hacer  valer,  o no pone de presente los hechos que la  configurarían,  la  demanda no puede servir de percutor para la actividad de la  Corte;  igual sucede, cuando se advierte que los hechos que expone el impugnador  no  tienen  idoneidad  para configurar la causal de revisión que se alega, caso  en  el  cual  la demanda tampoco tiene vocación para ser admitida, no sólo por  el  incumplimiento de un perentorio requisito legal, sino porque si en gracia de  discusión  se tolerara esa deficiencia, tendría que adelantarse una actuación  judicial  que,  a buen seguro, ningún resultado arrojaría, máxime si se tiene  en  cuenta  que  por la dispositividad del recurso y por la importancia que para  el  ordenamiento  tiene  el  principio  de la seguridad jurídica, el juez de la  revisión  no  puede  hacer  pronunciamientos  oficiosos, ni salirse del preciso  marco   de   referencia   planteado   por  el  censor  (CSJ  ARC de 2 de diciembre  de  2009,  rad. 2009-01923,  transcrito  en  providencias  posteriores  como en proveído del 27 de agosto de  2012,       rad.  11001-0203-000-2012-01285-00).   

En efecto, el cargo lo desarrolla la parte  recurrente   indicando  que  el  ad-quem  concluyó  «que la prueba documental  acredita  que  hubo  un  acuerdo  verbal  que  redujo  el  valor  del precio del  arrendamiento» (fl. 19) y por ende no se configuró  la  mora  endilgada  al arrendatario, lo cual «viola  lo  previsto  en  los  arts.  1627,  1653  a 1655 del Código Civil… porque lo  cierto  es  que  el  acreedor  recurrente  nunca  otorgó  carta  de pago por lo  debido» (fls. 18 y 19).   

Que  «viola lo  previsto  en  los arts. 1522 y 1608 del C.C.» ya que  «no   existe  en  el  proceso  ningún  fundamento  fáctico,  ni  en  el ordenamiento alguno jurídico, para sostener que el deudor  demandado  no  incurrió  en mora, porque objetivamente con el hecho de no haber  pagado  la  obligación  el  día  en  que  se  venció  el  plazo  ya estaba en  mora»   (fl.   20),   de   donde   «como   en   este   caso  se  trata  de  obligaciones  sometidas  a  plazo  no  era necesario  formular  requerimiento  al deudor para constituirlo en mora, era suficiente con  el  vencimiento  de  éste;  por  tanto,  no  está  conforme  a  derecho  el  argumento  que  soporta  la  sentencia  recurrida relativo a que el señor Arnulfo Gómez Gómez no incurrió  en mora» (fl. 21).   

Y  que  «la  sentencia  recurrida  no  podía  concluir, como erróneamente lo hizo, que hubo  novación  del  contrato  para  reducir  el  valor del precio del arrendamiento,  porque  no  se  dan  los  presupuestos  legales  para  que  opere  esta forma de  extinción     de    las    obligaciones»    (fl.  21).   

Sin embargo, tal  censura  no  observa  que,  en  relación con el motivo de revisión aludido, la  jurisprudencia ha establecido lo siguiente:   

La  muestra  recogida, evidencia de manera  ostensible  la imposibilidad de ocultar que los defectos de argumentación son y  han   sido  causa  de  aniquilación  de  los  fallos  judiciales.  Además,  la  recensión  hecha demuestra abrumadoramente el efecto deletéreo que tiene sobre  una  sentencia  el déficit absoluto de argumentación y cómo a pesar de que en  todos  los  casos  examinados  en sede constitucional las providencias mostraban  objetivamente   unas   razones,   ellas   fueron  obviamente,  inaceptables  por  insuficientes,  precarias  o contradictorias como ya se vio. Por supuesto que en  tales  casos  la  presencia  objetiva de argumentos no fue bastante para dar por  cumplida  la  exigencia  de  motivar,  pues  en  cada caso se determinó que los  argumentos     eran     intolerables,     y    apenas    cumplían    como    la  apariencia.   

Y  visto  el  anterior panorama, en lo que  atañe  con  el  recurso  de  revisión,  la  posibilidad de plantear la nulidad  originada  en  la  sentencia  tiene  el  mayor  significado,  pues  se trata del  juzgamiento  intrínseco  del  acto más importante de un juicio, con el cual se  expresa   la   soberanía   del   Estado   y   se  extingue  definitivamente  la  jurisdicción.   

…  

Se  ha  dicho  usualmente  que  la nulidad  originada  en  la  sentencia,  cuando  de  argumentación  se  trata,  supone la  ausencia  total  de  motivación.  No  obstante,  en  ese  contexto  casi sería  imposible  hallar  una  sentencia  totalmente carente de razones, lo cual impone  que  en el camino de aplicar la carencia de argumentos como fuente de la nulidad  de  la  sentencia,  sea  necesario un esfuerzo adicional, ya que normalmente los  juzgadores  abonan  algunos  motivos  para  decidir,  de  modo  que  resultaría  estéril  la  búsqueda  de  una  sentencia radicalmente ayuna de fundamentos. A  partir  de  esta circunstancia, parece necesario dejar sentado como premisa, que  no  basta  la presencia objetiva de argumentos en la sentencia para que el fallo  quede  blindado  y a resguardo de la nulidad, pues la mirada debe penetrar en la  médula  misma  del acto de juzgamiento, para averiguar si la motivación puesta  apenas  tiene  el  grado de aparente, y si de ese modo puede encubrir un caso de  verdadera  ausencia  de  motivación; de esta manera, el juez de la revisión no  puede  negarse  a  auscultar  los  argumentos y su fuerza, tomando recaudos, eso  sí,  para  no  hacer  del  recurso  de revisión una tercera instancia espuria.  Desde  luego  que  en  ese  ejercicio  de  desvelar la nulidad en la sentencia a  partir  de la carencia o precariedad grave de la motivación, y en presencia del  cumplimiento  apenas  formal  del  deber  de dar argumentos, podría el juez del  recurso  de  revisión  caer  en  la  tentación de sustituir los argumentos del  fallo,  por otros que considerara de mejor factura, lo cual desnaturalizaría el  recurso  de revisión e invadiría los terrenos de otras formas de impugnación,  en  franco desdoro del principio de la cosa juzgada. No obstante, la prudencia y  buen  juicio  del  juez colectivo que conoce del recurso de revisión, es prenda  suficiente  de  que tal cosa no ocurrirá. (CSJ SCR, 29  de agosto de 2008, rad. 11001020300020040072901).   

En  efecto, la  parte     recurrente     en    sus    críticas    no  desarrolló una      causal     de     nulidad  originada   en   la   sentencia  que  se  acusa  en  revisión  teniendo  en  cuenta  la  jurisprudencia  relativa  a  la  motivación  de  dicha  providencia,  pues   aunque  menciona  de   paso  la  carencia  absoluta  de  esta omite  explicitar   las   razones   por  las  cuales  la  argumentación  del  fallador  cuestionada, no   solo   es   controvertible   sino  definitivamente  una  mera  apariencia  o remedo de motivación. Es apreciable que la sociedad promotora del  recurso  extraordinario  argumenta motivos diversos,  esto  es,  que  el ad-quem  incurrió  en  indebida  valoración  probatoria  y que vulneró el ordenamiento  jurídico  sustancial,  específicamente los        artículos  1522,  1627, 1653 a 1655  y  1608 del Código Civil, razón por  la  cual colige el despacho que habrá de inadmitirse  el    libelo    a    fin    de   que   sean   clarificados   por   la     recurrente     los  hechos  en  los  cuales  sustenta la  protesta  extraordinaria  de que se trata.   

        Se   repite,  a  pesar  de  endilgarle  carencia      absoluta      de      motivación  «en  derecho»  a la aludida decisión,             la            crítica  apunta  a  destacar  la  supuesta  inobservancia de diversos mandatos legales de orden sustancial, lo que  pone  al descubierto que sí contiene cimientos, solo  que  la  parte  actora  no los comparte. De  no  ser  así  no cabría afirmar, como lo hace la demandante,  que  «no  está conforme a derecho el argumento que  soporta   la   sentencia   recurrida»   (fl.  21),  pues  si  una providencia  carece      de      motivación     -como  aduce la demanda-, por ese mismo  sendero           se           imposibilitaría       establecer  si   están    o    no    ajustados   al   ordenamiento   jurídico  sus  argumentos, por inexistentes.   

        Así  mismo,  aunque  la  providencia es calificada de confusa, lo  que  extracta la Corte es que la demandante sí la comprendió pero que está en  desacuerdo con la valoración probatoria en ella contenida.   

4. En atención  a   lo   anterior  y  en  aplicación  del  inciso  primero  del  artículo  383  ídem,     resulta  improcedente   admitir   el   recurso  de  revisión  y     por    tanto    la    Corte    procederá         en consecuencia.   

En  virtud  de lo expuesto, de conformidad  con  lo  preceptuado  en  el  inciso  3°  del  artículo  383  del  Código  de  Procedimiento     Civil,     en     armonía    con    el    382    ídem,   y  en  concordancia  con  el  artículo  84  ejusdem, el  Suscrito  Magistrado  de  la  Sala  de  Casación  Civil  de la Corte Suprema de  Justicia,             RESUELVE:   

PRIMERO:  Inadmitir    la   demanda   de   revisión   a   fin   de   que   sean  subsanados    los  defectos  anteriormente  anotados.   

SEGUNDO:  Se  concede  a  la   parte  interesada    un    plazo    de    cinco   (5)   días   para   ello, so pena de rechazo.   

Del  escrito  respectivo deberá allegarse  copia    para    el    archivo    y   el    traslado    a    la          demandada.   

        TERCERO.  Se  reconoce al abogado  Andrés  Salcedo    Salazar    como    apoderado      judicial     de              la  recurrente  en  los  términos  del  poder  a  él conferido.   

Notifíquese,  

JESÚS VALL DE RUTÉN RUIZ  

Magistrado    

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